Superarán otros seres humanos este momento gris y amargo…

Salvador López Arnal

A pesar de los oscuros e incontables apoyos recibidos. A pesar de las palabras de amistad otorgadas por un ex primer ministro español de extrema derecha defensor de la invasión de Iraq y de golpes de Estado en Venezuela. A pesar de las orientaciones y consejos apuntados desde embajadas intervencionistas imperiales A pesar del control ejercido en canales de televisión. A pesar de los medios casi infinitos que han abonado una candidatura multimillonaria, la izquierda y las fuerzas democráticas chilenas han estado a punto de evitar la victoria de Sebastián Piñera, un economista formado en Harvard que asegura haber visto el golpe de Estado de 1973 por televisión [1], un político berlusconiano de extremísima derecha dueño de la principal aerolínea chilena, del principal club de fútbol del país y de un canal de televisión, un político-empresario de ambición ilimitada y principios muy limitados que galopa a lomo de dos partidos fascistoides, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, una fuerza ultraconservadora dirigida por pinochetistas convencidos que fueron colaboradores directos del general golpista asesino, un ciudadano multimillonario que no sólo se opone a la interrupción del embarazo sino que está dispuesto a perseguirla sea cual sea la circunstancia que lo motive.

La izquierda chilena, los partidos y organizaciones de izquierda y democráticos, los movimientos sociales y ciudadanos, tanto los que han votado la otra candidatura como los que no lo han hecho porque han creído que otra opción era preferible, han conseguido una grandiosa movilización que ha sido apoyada por más de tres millones de ciudadanos y ciudadanas y que enseña el camino, el difícil camino que permite avanzar.

La izquierda chilena sabe que transita además por un sendero abonado desde hace décadas: el sendero de la dignidad. Cultivar ese inmenso legado, un legado que no sólo permanece sino que crece y crece sin límites, uniendo generaciones y voluntades, es parte esencial de su identidad. Los ejemplos se agolpan. Este que apunto a continuación es uno de ellos, uno entre muchos, uno que merece ser recordado

Cuando Salvador Allende llegó a Nueva York en diciembre de 1972 a exponer en un discurso memorable ante la Asamblea General de la ONU las conspiraciones de empresas multinacionales contra el Estado de Chile, George Bush, el director de la CIA en 1976, el presidente usamericano en 1988, el padre asesor de Bush II, del invasor de Iraq y Afganistán, entonces embajador de la Administración Nixon ante la ONU, solicitó ser recibido por el dirigente chileno. La reunión duró el tiempo del siguiente diálogo:

Allende: Quiero reiterar a su Gobierno que el pueblo de Chile desea tener las mejores relaciones dentro del mutuo respeto. No identifico al pueblo de EE.UU con las acciones de la CIA en los asuntos internos de mi país

Bush: “Señor presidente, la CIA es también el pueblo de EE.UU.”

Allende, levantándose del sillón: “Señor Embajador, le ruego que se retire”.

Bush, sonrojado y confuso balbuceó: “Señor Presidente, ¿he dicho algo improcedente?”.

Lo había dicho: no era algo improcedente, era un insulto, un insulto a la inteligencia y a la voluntad de un socialista indomable. Allende no dudó un instante:“La entrevista ha terminado. Adiós”, le espetó al embajador del Imperio.

La rabia de la indignación y la resistencia corre veloz por las venas de la ciudadanía de izquierdas y democrática, de Chile y de tantos otros lugares del mundo, la misma sustancia, exactamente el mismo material, que hace ahora 70 años hizo que un poeta-embajador mostrase su internacionalismo y su fraternidad con la II República española y un médico socialista recibiera jubiloso al exilio republicano en Valparaíso, el mismo espíritu solidario de rebeldía que permitió a la camarada Violeta Parra componer y cantar estos versos inolvidables:

Así el mundo quedó en duelo

y está llorando a porfía

por Federico García

con un doliente pañuelo

no pueden hallar consuelo

las almas con tal hazaña

qué luto para la España

qué vergüenza en el planeta

de haber matado un poeta

nacido de sus entrañas.

Chile sigue llorando a Rodríguez y Recabarren y prosigue incansable su marcha por senderos de dignidad, de resistencia, de lucha socialista, sin claudicar, sabiendo de las dificultades y del enorme poder del adversario, prosiguiendo ese combate porque sabe que “el pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar y tampoco puede humillarse”.

Siguen abiertas las grandes alamedas por donde transita, lo hace ya, el hombre y la mujer libres que están ya construyendo una sociedad mejor.

PS: La asociación Casa Chile Alicante se ha visto obligada a cancelar un acto en homenaje a Salvador Allende que tenía previsto celebrar este mes de enero en la Casa de la Cultura de Onil [3]. Les recuerdo el motivo: la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) [4] advirtió a los organizadores que no habían solicitado los permisos para hacer uso -¡uso!- de los poemas de Neruda y la música de Víctor Jara que estaba previsto interpretar para homenajear al presidente chileno. Ni que decir tiene que el acto se organizaba sin ánimo de lucro, con el objetivo de acercar a la ciudadanía la obra de Neruda y Víctor Jara, y homenajear al presidente mártir. Parece claro por quien hubiera votado la Sociedad General de Autores y Editores en las elecciones chilenas.

Notas:

[1] Público, 18 de enero de 2010, p. 15.

[2] Tomado de Joan E Garcés, “Prólogo”. En Salvador Allende, Presente, Madrid, Público-Pensamiento crítico (enero de 2010), pp. 16-17

[3] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98890

[4] ¿Habrá que empezar a usar términos fuertes para referirnos a la SGAE, tipo insaciable lobby empresarial pseudoartístico, mafia musical hispánica, poder fáctico fuertemente relacionado con otros poderes fácticos? ¿Exagero? No sé. Y si les diesen por extender su ámbito y exigir pagos por el “uso” del teorema de Pitágoras o la ley de la gravedad galileana.

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