Europa se deshilacha entre tensiones chovinistas y xenófobas

Jesús Sánchez Rodríguez

Unos de los efectos más indeseables de la actual crisis económica en Europa ha sido el continuo ascenso de los partidos de la extrema derecha en toda Europa cabalgando sobre demagógicos discursos xenófobos que señalan a los inmigrantes como el chivo expiatorio, desviando así la mirada sobre los auténticos culpables de la crisis, el sistema capitalista en general y los especuladores financieros como punta de lanza.

En una repetición de la situación de la Europa de entreguerras, salvando por supuesto las distancias, la grave situación económica y social en ambos momentos se traduce en un ascenso de las posiciones de extrema derecha en detrimento de la izquierda.

El fenómeno comenzó a reactivarse con fuerza hace ya tres años, con el comienzo de la crisis económica y sus consecuencias sociales, y está recibiendo un nuevo impulso en estos momentos merced a la conjunción de tres fenómenos. El primero de ellos es la agravación de la crisis económica en los países más débiles, lo que ha llevado a la necesidad de poner en marcha planes de rescates para Grecia, Irlanda y Portugal, en unas condiciones tan draconianas que al final, como se está demostrando en Grecia, lo único que consiguen es agravar la situación económica de los países rescatados, con la disyuntiva de acudir a nuevas medidas de rescate o forzar la salida del euro de dichos países, con las consecuencias desestabilizadoras que acarrearía en la zona euro. Esta situación genera fuertes tensiones entre los miembros de la UE, Alemania se ha mostrado renuente a las ayudas y solo la grave situación que supondría la posible salida del euro de algunos de los países en peor situación la ha arrastrado a la aceptación de los rescates. Esta situación también es utilizada por la extrema derecha para apelar a los sentimientos más egoístas de los respectivos electorados y ganar posiciones. Su triunfo más claro hasta el momento lo ha obtenido en Finlandia, y es de prever que cunda el ejemplo entre los partidos similares de otros países. El Frente Nacional francés hace propaganda con la salida de Francia del euro.

El segundo fenómeno está relacionado con la inestable situación del mundo árabe, que es la frontera sur de Europa, y el inicio de un movimiento de desplazados originado por los distintos conflictos, especialmente en estos momentos desde Libia, hacia Europa. Sobre el fondo existente de un discurso xenófobo que apela a la expulsión de los inmigrantes, la extrema derecha agita el peligro de una oleada de refugiados para seguir ganando posiciones. De momento los dos países que están soportando la ola de refugiados originados en la guerra civil de Libia son Túnez y Egipto, porque la cantidad de refugiados que han llegado a Italia, alrededor de 20.000 es, en comparación, una cantidad insignificante.

Y sobre este fondo aparece el tercer fenómeno, que es la actitud oportunista de políticos de derechas en apuros electorales o judiciales en sus respectivos países. Es evidente que el tirón electoral de la extrema derecha con su discurso xenófobo ha provocado que la derecha europea empezase a hacerse eco de dicho discurso para retener a su electorado. Este es un efecto perverso que amplifica las posiciones de extrema derecha en los partidos de derecha liberal-conservadora. Pero ahora, dos políticos oportunistas en apuros, a la cabeza de dos importantes países europeos, han dado un paso de gran trascendencia en Europa al impulsar la suspensión del tratado de Schengen, mediante el cual eliminan los controles de las fronteras interiores entre 25 países europeos (22 de la UE y 3 extracomunitarios). A un Berlusconi acosado por multitud de procesos judiciales y escándalos económicos y sexuales, se ha sumado un Sarkozy en graves apuros electorales de cara a las presidenciales de 2012. Su posición ha sido rápidamente apoyada por Alemania, y Dinamarca ha decidido restablecer el control fronterizo sin esperar las decisiones comunitarias, tras un acuerdo de su gobierno con el xenófobo Partido Popular Danés. El resultado final seguramente sea un endurecimiento del contenido de Schengen con un recorte la libertad de movimientos, especialmente para quienes no tengan rasgos europeos.

Esta deriva europea tiene impacto en dos áreas geográficas diferentes, la propia Unión Europea y el mundo árabe. En cuanto a la primera, es evidente que va a continuar la tendencia derechista que barre al viejo continente, y que se plasmará en tres aspectos, la continuación del ascenso de la extrema derecha; el escoramiento cada vez más derechista de los partidos liberal-conservadores haciendo suyo el discurso xenófobo; y la reducción del número de gobiernos socialdemócratas: de los seis actuales, la derrota del PSOE en España es casi segura, y queda en duda si también serán derrotados en Portugal, y si, por el contrario, pueden conseguir la presidencia en Francia. Por otro lado, las dificultades económicas crecientes de Grecia y su posible contagio a Irlanda y Portugal o quizás España, merced a la continuación de los ataques especulativos de los mercados financieros internacionales, pueden tensar las tendencias egoístas en el seno de la UE, y de las propuestas de suspender o endurecer el tratado de Schengen se puede pasar a una espiral más profunda que ponga en peligro la propia construcción europea. Un escenario nunca contemplado hasta ahora.

El mundo árabe, inmerso en su propia revolución, se está viendo afectado por la situación europea (y norteamericana por supuesto). El primer impacto vino derivado de la intervención de las potencias occidentales en la guerra civil libia en que desembocó la revuelta que siguió a las de Túnez y Egipto. La intervención fue propiciada por Sarkozy en un intento de recuperar el prestigio francés tras su papel en las anteriores rebeliones en Túnez y Egipto, y su propio prestigio de cara a las presidenciales de 2012, para las cuales las encuestan le sitúan en tercer lugar. Sarkozy intentaba emular el cambio de fortuna de Margaret Thatcher tras la guerra de las Malvinas, y a él le ha intentado emular Obama con la decisión de ejecutar sin previo juicio a Bin Laden. En ambos casos las decisiones tienen que ver con situaciones electorales internas.

Las rebeliones árabes merecen todo el apoyo que se las pueda prestar para conseguir sus objetivos de libertad frente a los distintos dictadores de sus respectivos países, pero el que ofrecieron los gobiernos occidentales, incluidos los europeos, mostró rápidamente sus límites y contradicciones. La intervención en Libia dividió a los gobiernos europeos, con la puesta en escena de las diferencias entre Francia y Gran Bretaña frente a Alemania, y les llevó a mostrar rápidamente su cinismo al violar el mandato recibido por el Consejo de Seguridad de la ONU, con su intento repetido de intentar asesinar a Gadafi; y por otro lado con su política de rechazo a los refugiados, escenificado no solo con la iniciativa de suspensión del tratado de Schengen y su endurecimiento, sino con el vergonzoso episodio de denegación de ayuda por parte de sus buques de guerra a una embarcación de refugiados libios a la deriva, cuya consecuencia la muerte de 61 de ellos.

Pero no es solo Libia la fuente de contradicciones de las posiciones occidentales, incluidas las europeas. La rebelión en Bahréin fue sofocada por las tropas de Arabia, con el visto bueno occidental, dejando claro que el apoyo a los rebeldes libios había sido un caso excepcional, y posiblemente un error de cálculo inducido por Sarkozy que no se volvería a repetir. Yemen, y sobretodo Siria lo han confirmado. En este último país la rebelión está siendo sofocada con una intensa represión sangrienta del gobierno sirio que solo ha suscitado unas tímidas reacciones de condena occidentales. Las muestras de apoyo de los gobiernos occidentales a las demandas de los rebeldes, primero en Túnez, luego en Egipto y finalmente en Libia se han acabado. El temor a la desestabilización de todo el mundo árabe ha pesado finalmente en la balanza y se ha dado luz verde para acabar con la ola revolucionaria que sacude el mundo árabe. Solo falta saber cómo salir del avispero libio.

El artículo se ha iniciado con el análisis de la situación en Europa y ha derivado en los efectos que pudiera tener sobre las revoluciones árabes en curso. Pero sería injusto señalar solamente las responsabilidades de los gobiernos europeos o norteamericano y dejar de lado el reaccionario papel de otras potencias emergentes como Rusia o China, cuya posición en los acontecimientos árabes es dictada por el juego, aún más egoísta que los anteriores, de sus intereses políticos o geoestratégicos.

(*) Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la dirección: http://www.scribd.com/sanchezroje

3

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *