Las manipulaciones mediáticas sobre los soldados durante la conmemoración del armisticio

Michel Collon

El centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial ha dado una dimensión inusitada a las ceremonias de conmemoración del armisticio. La inauguración de un “Anillo de la memoria” en Nuestra Señora de Loreto por el Presidente de la República ha sido una nueva oportunidad para justificar las intervenciones militares francesas en África y en Medio Oriente. “Son nuestros soldados los que luchan aún en Mali, los que evitan masacres en África Central. Son nuestros aviadores los que luchan en Irak contra el fanatismo” declara François Hollande para subrayar que “la paz necesita soldados”. Los discursos políticos y mediáticos pronunciados durante esta conmemoración hacen aparecer al menos tres ángulos muertos: el silencio ensordecedor sobre los amotinamientos de soldados, el mutismo generalizado sobre las condiciones de los reclutamientos de los “fusileros” procedentes de las colonias, la ausencia de referencia a las modalidades de utilización de esos soldados coloniales. Estos ángulos muertos no exhaustivos están al servicio de una conclusión engañosa que se inserta a la menor oportunidad: Europa es la paz.

Silencio ensordecedor sobre los amotinados y los fusilamientos ejemplarizantes

“Patriotismo” fue una palabra profusamente repetida en el discurso de Hollande con motivo del 11 de noviembre (1). Hizo incluso un llamamiento a un “patriotismo social”, es decir, a una “unión sagrada” que uniría a aquellos cuyos intereses económicos y sociales son opuestos. Durante la Primera Guerra Mundial hubo quien rechazó esta “Unión sagrada” para una guerra que no era la suya. Henri Barbusse describió, desde 1916, el sentimiento de numerosos soldados por una guerra donde algunos mueren para el beneficio de otros:

Después de todo, ¿por qué hacemos la guerra? Porqué, no lo sabemos; pero para quién, sí que podemos decirlo. Debemos admitir que si cada nación aporta al dios de la guerra la carne fresca de quinientos jóvenes prestos a ser degollados cada día, es por el gusto de algunos dirigentes que podríamos enumerar; que los pueblos enteros van al matadero ordenados en rebaños de ejércitos para que una casta galoneada de oro escriba sus apellidos de príncipe en la Historia; también para que los adinerados que forman parte de la misma pandilla de oficialuchos, manejen más negocios […]. Y veremos si, en cuanto abramos los ojos, las diferencias entre los hombres no son las que pensamos, y las que pensamos no son tales”.(2)

Las formas de expresión del rechazo, más o menos manifiesto, a participar en la guerra son múltiples: automutilación, negativa a luchar en primera línea, incumplimiento de las órdenes, etc. Numerosos serán los “fusilados como escarmiento” después de pasar por un juicio sumario militar. Las evaluaciones cuantitativas del número de fusilados difieren. Varían entre los 500 y los 800 soldados durante toda la guerra (3) para un total de 3500 condenas por negarse a combatir. Durante el año 1917 el rechazo a la guerra se colectiviza en forma de amotinamientos. Se contabilizan 111 durante el año 1917 comportando 1700 condenas (4). Si las motivaciones de los amotinados son múltiples y heterogéneas, el rechazo a la Unión Sagrada es incontestable como demuestra la letra de la canción de Craonne escrita por un autor anónimo:

Los que tienen la pasta volverán pues nosotros la palmamos por ellos. Pero ya se acabó, pues todos los soldados harán la huelga. Les tocará a ustedes, señores peces gordos, subir al escenario. Y si quieren hacer la guerra, páguenla con su pellejo.(5)

Hasta la fecha la rehabilitación colectiva de los ajusticiados y amotinados es una reivindicación de un colectivo que reagrupa a Pensamiento Libre, La Unión pacifista, La Liga de los derechos del hombre y La Asociación republicana de los antiguos combatientes. Para no tener que rehabilitar a estas víctimas de una guerra imperialista, el 7 de noviembre de 2013 François Hollande pidió dedicar un espacio en los Inválidos a los 639 soldados fusilados por deserción durante la guerra. Esta finta trata de calmar las reivindicaciones de rehabilitación manteniendo al mismo tiempo el silencio sobre el carácter imperialista de la guerra. Los medios de comunicación contribuyen con su silencio a este quite ideológico que consiste en considerar un asunto sin tratarlo realmente.

Mutismo generalizado sobre el “reclutamiento” de los soldados coloniales.

Los soldados coloniales estuvieron presentes, en cambio, en el discurso conmemorativo del presidente. El monumento de Nuestra Señora del Loreto contiene los nombres de soldados provenientes de unos cuarenta países entre los que están las antiguas colonias. El 7 de noviembre de 2013 durante el inicio de las conmemoraciones oficiales del centenario de la Primera Guerra Mundial, el presidente de la República declara:

Cómo no inclinarnos ante los 430.000 soldados procedentes de todas las colonias, de África al Sudeste Asiático, y que tomaron parte en un guerra que no era la suya. Participaron por Francia, y ese compromiso estuvo después en el núcleo de sus legítimas exigencias de emancipación y de independencia. Francia suscribió una deuda de honor hacia sus descendientes, estén en África, en Asia o donde quiera que estén hoy son ciudadanos franceses. En el momento actual hacemos honor a esta deuda en Mali luchando contra el terrorismo y preservando, por nuestra parte, la integridad de un país democrático”. (6)

Asociar la memoria de los soldados coloniales a una intervención militar neocolonial revela una lógica de pensamiento que no ha cambiado en nada el desprecio hacia los indígenas que marcó toda la época colonial y todo el imperio colonial francés. Presentar el reclutamiento de los indígenas como un “alistamiento voluntario” es, simplemente, una mentira. Recordemos igualmente que el desprecio colonial estuvo presente hasta en el tratamiento dado a los “fusilados como escarmiento” durante la guerra. El general Foch ordena la ejecución del 10% del efectivo de una compañía de fusileros coloniales en los siguientes términos:

Las órdenes indican que se designe por sorteo a un fusilero de cada diez de la compañía que se haya negado a marchar, sin perjuicio de que los instigadores de la desobediencia puedan llegar a conocerse después. Que los fusileros que hayan sido designados en el sorteo sean paseados por el frente con un letrero en francés y en árabe que diga “cobarde” y que sean fusilados inmediatamente después”.(7)

Es cierto que la sanción colectiva formaba parte entonces del Código de los indígenas. Los soldados fusilados, ¿estaban realmente alistados voluntariamente?, ¿en qué condiciones? No es vano recordar las condiciones de alistamiento de los indígenas en el ejército en aquella época.

Antes de la imposición de los reclutamientos en 1912, los soldados coloniales se consideran únicamente “alistados voluntarios”. Los primeros “voluntarios” son esclavos rescatados por el ejército. La abolición de la esclavitud “provocó enseguida una crisis de alistamiento. Tres años después de 1848 sólo tres candidatos se habían enrolado voluntariamente. Ahora bien, se necesitaban al menos doscientos hombres para asegurar la guarnición (8)”. Este ejemplo de Senegal lo encontramos también en las otras colonias del África subsahariana. Es por tanto la dificultad en reclutar a los “voluntarios” lo que determinó la imposición del alistamiento.

Francia, subraya el historiador canadiense Myron J. Echenberg es “la única potencia que impuso el reclutamiento universal de los hombres tanto en tiempos de paz como de guerra, y esto durante casi medio siglo, desde 1912 a 1960 (9)”. Veamos cómo se llevan a cabo estos “reclutamientos” comenzando por el África subsahariana y dando la palabra al comité científico internacional de la UNESCO:

Después del comienzo de las hostilidades, mientras que sólo en el África occidental se contaba con 14.785 soldados africanos, se decidió reclutar a otros 50.000 durante el período de 1915 a 1916. Es en ese momento cuando comienza en el África francesa lo que el gobernador Angoulvant llamó “una verdadera caza del hombre” y que Jide Osuntokun calificó recientemente como una nueva trata de negros. Necesitando proveerse de un cierto contingente de reclutas, los mandos apresaban a los extranjeros y a los antiguos esclavos para evitar alistar a sus hijos o a sus parientes. Los nacimientos no estaban registrados, muchos reclutas no habían alcanzado, o lo habían hecho hacía poco, la edad reglamentaria para poder llevar armas. Pero como veremos, la campaña de reclutamiento provocó importantes revueltas y fue imposible formar tropas en las regiones rebeldes”.(10)

Las revueltas contra el reclutamiento son frecuentes. Al término de una de ellas en Mali, el gobernador François Clozel se ve obligado a admitir “la hostilidad incoercible, absoluta, definitiva, de las poblaciones hacia el reclutamiento (11)”. La situación no es mejor en el norte de África. He aquí un testimonio de revuelta contra el reclutamiento en la región de Mascara en Argelia:

La población de Sidi Daho se rebela el 21 de septiembre de 1914 oponiéndose a la partida de los cuarenta niños censados para hacer el servicio militar. Los cabecillas fueron arrestados y los jóvenes llevados a la fuerza al cuartel sin haber pasado el examen médico pertinente y sin el sorteo previsto. El ejército francés ocupó la región, instaló cañones y metralletas. Algunos detenidos no fueron liberados hasta que acabó la Primera Guerra Mundial en noviembre de 1918, otros fueron enviados a Cayena, de los que sólo uno volvió después de la Segunda Guerra Mundial”.(12)

En Asia la situación es similar. El futuro presidente Ho Chi Minh nos ofrece numerosos ejemplos en sus textos sobre la época. Citemos uno de ellos:

Si los vietnamitas estuvieran tan encantados de ser soldados, ¿por qué algunos están encadenados mientras que otros están encerrados en un colegio de Saigón esperando a ser embarcados, bajo la vigilancia de centinelas franceses con las bayonetas y los fusiles cargados? ¿Eran pues las manifestaciones sangrientas de Camboya, los motines de Saigón, de Ben Hoa y de otros lugares las muestras de la disposición para enrolarse “en masa” y “sin dudarlo”?”(13)

Economizar la sangre blanca sacrificando la sangre negra

Los discursos militares y políticos de la época sobre los soldados coloniales dejan entrever una argumentación esencialista. El período está lleno de proyectos militares: el diputado Adolphe Messimy defiende el proyecto de un ejército árabe en 1908, el coronel Charles Mangin apela a la creación de una “fuerza negra” en 1909 y el general Pennequin defiende la idea de una “fuerza amarilla” en 1912. El coronel Mangin publica su libro La fuerza negra en 1910 para argumentar su proyecto. Considerando al pueblo árabe como “el más ingobernable de todos los pueblos”, apela a las “cualidades de los negros”, concretamente “la rudeza, la resistencia, la tenacidad, el instinto de combate, el temple y una incomparable potencia de choque”. Teniendo en cuenta estas “cualidades” casi animales se esperaba que “su llegada al campo de batalla produzca en el adversario un efecto moral considerable (14)”. En la misma lógica esencialista, Mangin clasifica a los negros en “razas guerreras” que, según él, son los Mandingos, los Bambaras y los Wolofs, y en “razas no guerreras” donde se incluyen los nómadas del oeste africano.

Lógicamente, apela a una utilización masiva de los negros durante la guerra. Piensa que la guerra será una “guerra de efectivos” y que la movilización de los negros debe permitir economizar vidas de blancos. Hasta 1917 las ideas de Mangin influyeron al mando general. Nombrado, entretanto, general de brigada, Mangin es destinado al Estado Mayor en 1914. Sus ideas y concepciones influyen intensamente en el muy influyente general Nivelle. Sobre la base de esta lógica racista, la presión para el reclutamiento masivo de los negros es tan fuerte que los administradores coloniales se preocupan por las posibles consecuencias económicas. Jules Cardes, consejero del Gobernador General de la AOF, y Maurice Delafosse, director de Asuntos indígenas y musulmanes, se dirigen al ministro Maginot:

¿No se puede recordar que, a pesar de las advertencias sangrientas, el mando ha querido persistir en la guerra de efectivos? ¿No es el mando el que, para apaciguar a la opinión pública cuyo instinto acertado le haría ver con claridad, dio a entender que esta guerra de efectivos estaría alimentada con la carne negra en vez de serlo con la carne blanca? (…). Deje a este imperio africano, pobre en hombres y rico en productos, su población miserable para el abastecimiento durante la guerra y la posguerra”. (15)

Esta reacción de los administradores coloniales ante las dificultades y las consecuencias del reclutamiento forzado no es aislada. Otros administradores subrayan las consecuencias en términos de las revueltas de los indígenas. Esto conduce al ministro de las colonias a suspender los reclutamientos forzados y a utilizar solamente el reclutamiento voluntario. El tema de la economía de la carne o de la sangre blanca aparece incluso en las directivas. El general Nivelle ordena así el 2 de enero de 1917:

Es necesario conseguirlo por todos los medios posibles y no tratar con deferencia la sangre negra para poder conservar un poco de blanca (16)”. Esta postura no es aislada: de nuevo en febrero vuelve a demandar al ministro de la guerra que “el número de unidades negras puestas a mi disposición sea lo más elevado posible (tanto) por potenciar nuestros efectivos (como para permitir ahorrar, en la medida de lo posible, la sangre francesa)”. (17)

Es esta lógica la que conduce a utilizar las tropas coloniales en ciertas misiones específicas. Así, en el Camino de las Damas de la región del Aisne se utilizan para “penetrar las lineas enemigas”. De hecho existe una teorización esencialista de la táctica militar. El alto mando considera a los soldados coloniales como “tropas de choque” eficaces para abrir una brecha en el frente. En este contexto no es extraño que los soldados negros y magrebíes hayan pagado un alto tributo en los combates del Camino de las Damas. Estarán entre los primeros gaseados.

Del 16 al 30 de abril de 1917, señala François Roux, 8.000 fusileros africanos serán masacrados en el Aisne, en el Camino de las Damas con el objeto de “probar la calidad de las posiciones enemigas”. (18)

Por supuesto que los soldados coloniales no fueron más “carne de cañón” que otros durante la Primera Guerra Mundial. Esto revela simplemente que todos los soldados eran considerados como carne de cañón durante esta guerra imperialista. En cambio sí que hubo una percepción esencialista del soldado colonial que condujo a una táctica militar discriminatoria.

Los tres ángulos muertos que hemos abordado aquí rápidamente no son los únicos. No son sólo la consecuencia de la ignorancia de periodistas o políticos. Contribuyen a construir una ficción de una Europa que habría aportado la paz. Los horrores de la guerra de ayer no son atribuidos a causas económicas y políticas sino que aparecen como el resultado de la división de las naciones europeas cuya unión actual ha hecho desaparecer. Para ello conviene homogeneizar los puntos de vista y las actitudes de los participantes en la masacre imperialista: ya no existen los refractarios a la guerra en el período de 1914-1918 ni el reclutamiento forzado en las colonias y tampoco la utilización de los soldados coloniales. En cuanto a la idea de Europa como portadora de la paz demuestra una confusión entre el fin de la guerra en el continente europeo y el fin de las guerras dirigidas por los europeos. En Irak, en Afganistán, en Mali, en África central, en Costa de Marfil y, desgraciadamente, en otros numerosos países, los pueblos saben que Europa es todavía instigadora o actriz de guerra para apoderarse de las riquezas petroleras, gasísticas y mineras.

Traducido del francés al español por Begoña Gala para Investig’Action.

Fuente: http://www.michelcollon.info/Las-manipulaciones-mediaticas.html?lang=es

Notas:

1. François Hollande, despacho AFP del 11-11-2014.

2. André Loez, 14-18. Les refus de la guerre. Une histoire des mutins, Gallimard, Paris, 2010.

3. Frédéric Durdon et Pierryk Hervé, Les fusillés de la Grande Guerre, CNDP, Paris, 2011, p. 6.

4. André Loez, op. Cit.

5. La canción de Craonne es de autor desconocido. Estará prohibida hasta 1974 y se ofrecían un millón de francos-oro a quien denunciara a su autor.

6. François Hollande, discurso del 7 de noviembre de 2013,http://www.elysee.fr/declarations/

7. Citado en Jean-Calude Flament, 14-18 étions-nous bien défendu ?, Société des écrivains, Paris, 2014, p. 26.

8. Myron J. Echenberg, Les tirailleurs sénégalais en Afrique occidentale française, 1857-1960, Karthala, Paris, 2009, p. 33.

9. Ibid, p. 25.

10. Michael Crowder, La première guerre mondiale et ses conséquences, in Adu Bohaen (coord.), Histoire générale de l’Afrique, tome 7, éditions de l’UNESCO, Paris, 1987, p. 319.

11. François Clozel, citado en Marc Michel, Les Africains et la Grande Guerre : l’appel à l’Afrique : 1914-1918, Karthala, Paris, 2014, p. 39.

12. Moutassem-Mimouni Badra, Passion d’Algérie. Chroniques de tourments et d’obsessions, Karthala, Paris, 2006, pp. 43-45.

13. Ho Chi Min, Le procès de la colonisation française, in Ho Chi Min, Action et Révolution, 10-18, Paris, 1968, p.44.

14. Charles Mangin, La force noire, Hachette, Paris, 1910, p. 343.

15. Jules Cardes et Maurice Delafosse, Rapport du gouverneur général au ministre Maginot, citado in Marc Michel, op. cit., p. 62.

16. Citado en François Roux, La Grande Guerre inconnue : les poilus contre l’armée française, Les Éditions de Paris-Max Chaleil, Paris, 2006, p. 42.

17. Citado en Bastien Dez, « Dans la guerre des Toubabs ». Les tirailleurs « sénégalais » en 1913, Mémoire de recherche, Paris IV-Sorbonne, 2007, p. 13.

18. François Roux, op. cit., p. 42.

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