¿Los imaginarios neorepublicanos liberales podrán revolucionar la democracia? Una visión desde América Latina (II)

Jorge Lora Cam

Primera parte publicada aquí.

Este modesto ensayo esta dedicado a Antoni Domènech, gran republicanista comunista, fallecido el 17 de septiembre de 2017.

José Errejón, Abdicación, monarquía, república, Tribuna VIENTO SUR, 11/06/2014 |

NEOREPUBLICANISMO LIBERAL  Y REPUBLICANISMO COMUNISTA

El debate histórico sobre republicanismo, creemos que solo se justifica  si buscamos las experiencias prácticas asociadas al aprendizaje en los combates por la democracia.  La controversia sobre republicanismo reitera de alguna manera la disputa acerca de la democracia, que en sus extremos comunistas y liberales se confrontan, habiendo muchas posiciones intermedias.  Si en el capitalismo avanzado existen complejidades en estos esfuerzos, en América Latina quedo contaminada por una oscura y vieja contienda entre liberalismo y conservadurismo. Únicamente, partiendo de la práctica, de la historia y la claridad conceptual, podremos esclarecernos. El republicanismo liberal cobra nuevos bríos ante la crisis del liberalismo y de su ideología de la representación considerada fundamento de la democracia.

Roberto Gargarella intentará precisar las diferencias que separan a republicanos liberales de los liberales. Le queda claro que ambas tradiciones no son compatibles y que en Latinoamérica se impuso el liberalismo.   Establece,

Que el republicanismo liberal en contraposición con una visión orgánica de la sociedad,  la sociedad es vista como un todo cuyas partes deben convivir armónicamente e integradas entre sí, intenta disolver cualquier distinción drástica entre el ámbito de lo público y lo privado. Otorga importancia a una ciudadanía activa, comprometida con la salud política del Estado. Mientras que el liberalismo, enfatiza en la distinción entre las esferas de lo público y lo privado; los individuos preexisten a cualquier organización social, y son más substanciales que los colectivos. La vida personal merecen ser protegida contra cualquier imposición en nombre de los demás incluyendo la preferencias gubernamentales. El estado siendo neutro no puede interferir con la moral privada de los individuos.

Otra diferencia es que las políticas orientadas a maximizar el bienestar general, para el bien común han de reconocer un limite infranqueable en los derechos individuales, amenazados por la tiranía de las mayorías. Le preocupa sostener un conjunto de derechos individuales inviolables, y a partir de allí, también, es que concibe a la libertad límite de la política democrática.

Para el republicanismo liberal, es lo inverso, los derechos deben encontrar su limite en las políticas del bien común. Se apoya en la voluntad mayoritaria. La principal amenaza, provendría de minorías opresoras. Concibe a la libertad no como libertad frente a las mayorías, sino como consecuencia del autogobierno de la comunidad: soy libre en la medida en que soy miembro de una comunidad que controla su propio destino, y participante en las decisiones que gobiernan sus asuntos. Este ideal del autogobierno será resistido por la política liberal. El republicanismo liberal subordina la organización política y económica de la sociedad a la obtención de buenos ciudadanos, mientras que el liberalismo comienza preguntándose de qué modo el gobierno debería tratar a sus ciudadanos, destacando el principio de justicia idóneo para tratar a las personas de modo considerando intereses y fines distintos. El republicano mas radical comienza preguntándose de qué modo es que los ciudadanos pueden alcanzar el autogobierno, y busca las formas políticas y las condiciones sociales que promuevan su ejercicio significativo[1].”

Entre los posmarxistas destaca el republicanismo institucional que propone incorporar  el movimiento social a las instituciones y desde allí posibilitar una nueva subjetividad cultural y cambio político, lo que implica una visión de neutralidad estatal capaz de ver por el interés general respetando la ley. De este modo se acercan al republicacionismo cívico de Pettit y Arendt que también implica un elemento participativo democratizante y en casos un cambio de políticas gubernamentales. Lo que es cierto es que la institucionalización de los movimientos se ha venido dando en Europa y en algunos regímenes progresistas de Latinoamérica sin resultados significativos. Mas bien, como es sabido, las institucionalizaciones acaban con los movimientos.  Al parecer, sus detractores creen que falta una garantía social que solo podría estar dada por un sujeto social autónomo y la construcción de otra cultura, otra sociedad y otra economía. Surge la pregunta, de que nos sirve el debate republicanista, acotado por la ideología neoliberal, frente a las estructuras de poder económico financieras y político institucionales?

Con la ayuda de Octavio Majul, a grandes rasgos podemos resumir el republicanismo institucional –a pesar de que el no lo llama institucional- desde la articulación de los conceptos de libertad, interés público y Estado con sus instituciones.  Este republicanismo  acepta la intromisión en la libertad individual, en el sujeto de libertad,  y acepta  que solo hay ausencia de dominación si un Estado interviene, la garantiza y la posibilita.: la máxima expresión de la libertad no es el individuo solitario, sino aquel que forma parte de un Estado que se la garantice[2].

Majul, sin embargo, considera que para este republicanismo el Estado puede ser la principal amenaza de dominación de los individuos e introduce  los conceptos de interés público y bien común. El interés de todos, cobra así preponderancia. En correspondencia, el enemigo principal del republicanismo es el interés privado participando del poder político. No obstante que estas ideas son muy europeas, deben aceptar que donde prime el interés particular no puede haber republicanismo. Majul observa que en la tensión entre el interés privado y el interés público se encuentra la explicación de las más grandes vicisitudes del republicanismo. Si el Estado es el garante de la libertad no lo es independientemente de la participación de la ciudadania activa. La contradicción radica en que el liberalismo cree que con una ingeniería institucional adecuada el sistema político funciona, mientras que el republicano cree que sola, la institucionalidad, tampoco basta. Ambas posiciones no han progresado. Mas aun si en los tiempos que vivimos crece el uso privado de las instituciones públicas y la concentración del poder político, abriendo la posibilidad del uso arbitrario del poder y, por ende, la utilización del poder público para favorecer el interés privado, lo que define la corrupción. La solución la encuentran en multiplicar las instancias de control del poder político ya sea con organizaciones de la sociedad civil o con la división de poderes. Al mismo tiempo hace del conjunto de las leyes y su respeto, la garantía de la libertad, el poder sea dividido y controlado, donde la ciudadanía participe principalmente mediante el control del poder político. En realidad, la relación entre ciudadano y Estado es fragil y este último cada vez menos garantiza la libertad; este republicanismo se disuelve en el neoliberalismo, que por su propia naturaleza deja de lado al espacio de lo común.

Para Steve Pincus, el liberalismo no es antagónico del republicanismo, si el gobierno expresa la voluntad y promueve el interés de lo común como un todo, lo publico, con una ciudadanía activa relacionada con la libertad y una sociedad agraria no capitalista, en donde la virtud cívica, amenazada por la corrupción,  fuera la base del poder político. Esta  ideología, que armoniza esos elementos es el liberalismo, ideas republicanas con la promoción de la sociedad comercial[3].

Continua Majul mostrándonos otra vertiente del republicanismo que ofrece una solución diferente al problema del interés privado en la política. Amplía el concepto de poder para examinar el peligro de la intromisión del interés particular en la política, centrado no tanto en poder político como en el poder extra político, principal amenaza al interés común.  Individuos y grupos de la sociedad civil o global, que poseen tal poder para determinar el asunto de todos. Un Estado que no haga frente a los grupos de interés no es un Estado republicano, y por ende, sus ciudadanos no son libres. La amenaza de la influencia del poder privado debe ser resuelta por el poder político, en la medida que la amenaza a la república son grupos que poseen poder, este republicanismo necesita de un Estado poderoso que impida su intromisión. De alli que sea negado por otros republicanos al permitir el autoritarismo político o, alimentar el populismo. En sintesis, el hombre se hace libre y tiene al Estado como la cristalización institucional[4].

Es una verdadera quimera liberal sostener que el verdadero hombre republicano es aquel que se compromete con el problema público, fomenta la participación e interviene. Y otra ilusión es colocar a las elecciones como la principal fuente de control democrático y que por ello se le llame  republicanismo democrático. En Latinoamerica y otras regiones la democracia entendida como el ejercicio del voto, se ha vuelto ineficiente para el servicio de la política. Ejercer control sobre el poder político y que el gobierno acate los deseos de la ciudadanía, no es mas que un liberalismo iluso que desconfía de la concentración de poder y por ello busca multiplicarlo difusa e institucionalmente para responder a una enorme cantidad de demandas producto de la multiculturalidad. Alli encuentran los politólogos sus tareas intelectuales e incluso laborales: como lograr la real división del poder político, la alternancia en el gobierno, la proliferación de propuestas políticas, las candidaturas independientes, la prolongación o reducción del ejercicio del poder, la creación de organismos de control del poder económico, etc.

Y con ello estamos ante otro problema de mas fondo y es que el liberalismo económico traiciona al liberalismo político. El neoliberalismo, enfatiza el aspecto económico y renuncia a la construcción política del liberalismo clásico, es una concepción empresarial y eficientista de la política para satisfacer las crecientes y diversas demandas, aquí la política es un sistema, un servicio, que satisface peticiones.

El nuevo liberalismo, que discurre por debajo de un neoliberalismo marcado por la desposesión, el expolio y la violencia,  es una construcción ideológica burguesa que se opone a un cambio radical, que sin embargo por postular la representación aparece como democrático. El republicanismo liberal es antidemocrático, para ellos la sociedad es el conjunto de individualidades pre constituidas por la razón innata, pretende un gobierno formado por representantes, pues desecha a las masas y no acepta un poder de los pobres, que serían los sujetos  de una verdadera democracia. Hablar de democracia burguesa es un oxímoron y en una América Latina en recolonización una perversión pues es imposible hablar de ella cuando la mayoría es despojada y excluida. El liberalismo en su nacimiento es antidemocrático e incluso antiparlamentario, y con mayor razón, antirrepublicano.

O como dice Julio Cesar Guanche resumiendo las ideas de Antoni Domënech

…la tradición liberal sería una tradición reciente, decimonónica, surgida como reacción a la Revolución francesa. Tiende a una visión de la ley, de ascendencia hobbesiano-utilitarista, como algo opuesto a los derechos. Tiene, además, una concepción de la «libertad» poco amiga de su inalienabilidad, así como una noción no fideicomisaria de la autoridad política. Y, en cuarto lugar, tiende a ver los derechos de propiedad como derechos de propiedad y apropiación exclusiva y excluyente, no como dimanantes de un fideicomiso[5].

Pero los poderosos dominan o están imbricados con las estructuras económico-financieras y político-institucionales, aun con la convencional separación de poderes. Por tanto, en esa posición subyace una idea unilateral: la infravaloración de la capacidad oligárquica del control político-institucional y, por tanto, la necesidad de la democratización del Estado y el reequilibrio de poder entre las fuerzas sociales y políticas. El conflicto estrictamente sociopolítico quedaría en un segundo plano, al igual que la construcción de sujetos sociales y fuerzas políticas que condicionan y conforman nuevas capacidades e instituciones. Al no priorizar el proceso relacional e histórico no superaría el reduccionismo determinista.

Se trata de la versión más conservadora del liberalismo. Los liberales igualitarios  como Rawls[6] o Dworkin[7] son una opción mas cercana a las ideas ofrecidas por el republicanismo. Ambos liberales buscan un núcleo común de la tradición democrática. Rawls, intenta ofrecer una alternativa al utilitarismo, que  dominó la tradición anglosajona del pensamiento político desde el siglo XIX. Parte de la idea de justicia con equidad, o sea, que los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos sean pensados para personas libres e iguales. Suscribe el modelo deliberativo de la democracia, que implica la participación y articulación de la gente en los distintos ámbitos, la creación de foros públicos de debate  ciudadano  para resolver los conflictos centrales que se presentan en su comunidad. Para Dworkin, considerado antipositivista, los problemas substanciales  estan  referidos a los principios morales y no a los hechos jurídicos ni a las estrategias de interpretación. Las cuestiones mas abstractas, se acreditan por su papel en la solución de problemas particulares. Ambos coinciden en que los ciudadanos tomen el control sobre los destinos de su comunidad en el ideal del autogobierno desde una critica radical y la de formulación de reformas a las instituciones básicas haciéndolas mas igualitarias valorando la igualdad cívica. Se oponen al financiamiento electoral y a la corrupción, rechazan  el pluralismo “democrático” de grupos de interés. En el sentido de estos pensadores considerados clásicos, lo más avanzado, aunque insuficiente, es el llamado ‘republicanismo cívico’ de Philip Pettit o Hannah Arent, para quienes se deben completar sus propuestas  con el cambio de políticas y modelos de sociedad, que busquen la armonía de las estructuras del poder institucional.

En oposición a este liberalismo idealista republicano, pensamos que la República es importante por que no es cosa del pasado, menos de especulaciones filosóficas, tampoco es patrimonio liberal. Por el contrario, es la forma de política popular, del bien público  y que por ella hubieron grandes combates e incluso revoluciones, en particular desde que se preconiza la igualdad, la libertad y la solidaridad. Como asunto del pueblo, las ideas republicanistas –lo mismo que las demcráticas- son parte del presente, muchos defienden el socialismo democrático que va mas alla del representacionismo liberal, como resultado, de una conjunción entre democracia y república. Como señala Boaventura de Souza Santos revolucionar la democracia y democratizar la revolución. Precisariamos que los prioritario es lo segundo, mas aun los paises colonizados.

Como veremos existen intentos de contraponer ambas concepciones. Acaso se puede dividir el poder político y el poder extra político? Un primer acercamiento conceptual nos ayudara en encontrar una respuesta.

Para Joaquín Miras Albarrán “una república es una sociedad cuyo vivir en común es asunto público, deliberado, elaborado voluntariamente en común por parte de todos sus ciudadanos[8]” Si la cultura material de vida esta regida por todos es obvio que se opone a la representación. La soberanía estará en manos del pueblo y no de elites aristocratizantes, en minorías selectas, donde la soberanía es poseída y ejercida por el congreso y el gobierno. Surge de la praxis de los pobres, de sus comunidades y sus luchas y por ello coloca a la comunidad en prioridad ontológica frente al individuo al crear la cultura material, el ethos[9] y la eticidad, ejerce dominio en comunidad y ejercita el poder en todos los ámbitos con capacidad de control de la actividad. La movilización democrática inspira el nuevo pensamiento político enlazado a tradiciones intelectuales de la libertad que solo puede darse entre iguales.

Miras Albarrán se da a la tarea de la reelaboración plebeya de la tradición republicana, a partir de la Revolución Francesa que da lugar a la primera república democrática de la Contemporaneidad. Donde se prepara y forja el pensamiento democrático, revolucionario, libertador, contemporáneo. Reconstruye la tradición republicana con la concepción de “política como actividad ejercida por la totalidad de la ciudadanía, el pueblo o demos, para dirigir desde la sociedad civil, el destino de la propia comunidad, dentro de la cual se desarrolla y alcanza su perfección el individuo”.  Desde alli define la República como una comunidad social que posee un modo de vida, una cultura material, una forma de vivir, una libertad republicana, como no dominación, no supeditación del individuo ciudadano a  ninguna voluntad individual ajena, todo ello elaborado en común por la ciudadanía. Es mas que una simple suma de individuos, que  se caracteriza solo por una ley, asi sea orgánica. No podemos prescindir de un análisis del momento histórico que vive el capitalismo en el que todos coexistimos, una condicion indispensable si no queremos incidir directamente en el riesgo del idealismo teorico o especulativo, o sea, de desacoplamiento crónico en relacion a las dinámicas reales de producción de la vida y transformación del mundo.

Desde esta perspectiva la política no puede ser una actividad restringida a los especialistas, mas bien exige la constitución del demos, la participación organizada, permanente, creativa, de la totalidad de la comunidad de ciudadanos, tanto en la producción y reproducción del ethos o vivir en común, libre, como en la deliberación soberana de la ley. Las tareas encargadas por el pueblo soberano y activo, deliberante de su destino, que asi crea su ethos y legisla su ley, a sus servidores son las de ejecución puntual de sus acuerdos. No existe República o es una falsificación, si el pueblo no es protagosnista, si no se acaba con el poder politico como ambito externo a la sociedad, si faltan estos rasgos, si no hay democratización de la propiedad y liquidación del dominio de los ricos, si no hay un proyecto económico al servicio de la liberación y, si la libertad no es un fin. 

De acuerdo con Antonio Antón, se abren nuevos procesos cívicos con una nueva perspectiva. Se ubica en la encrucijada europea actual, frente a la dinámica de la crisis del representacionismo liberal y de involución social, democrática e institucional en un espacio más disgregado y débil, bajo la hegemonía del bloque de poder liberal-conservador y del capital financero con las trasnacionales en la politica.

Compara el republicanismo con el comunitarismo, y señala que en su versión liberal se abstenía de dar algunos pasos “anti-liberales” que el comunitarismo sí los da. Tampoco los liberales otorgan una relevancia moral especial a las prácticas tradicionales de la comunidad, con su vigorosa concepción moral. Para Antón,  una defensa genuina y coherente del ideal del autogobierno, que el republicanismo pretende asumir, puede requerirle un compromiso muy fuerte con ciertos derechos “liberales” tradicionales.

El republicanismo, para evitar caer en una mera normativa procedimental, que vaya mas allá del sufragio,  con sus creativos mecanismos de elusión,  se debe completar de una democracia social y económica avanzada, sobre una  base igualitaria y la conformación de un sujeto transformador autónomo. Se trata de superar la concepción jurídica de la igualdad y de la democracia y no quedarse solo en republicanizar la democracia, sino en consolidar las garantías transformadoras socioeconómicas y político-culturales ante los bloqueos del poder oligárquico[10].

En estos tiempos de neoliberalismo, ha ocurrido mas bien, en lugares como México una contrarevolución repúblicana de derecha, desapareciendo lo publico y los principales derechos sociales, donde los individuos, las agrupaciones,  la ciudadanía, quedaron expuestos a la violencia, el desempleo, el saqueo de los público, la injusticia, la arbitrariedad, la impunidad, el secreto de Estado, la perdida de derechos y libertades, la censura y otras cuestiones sensibles como las multiples criminales formas de convivencia y supervivencia. La ley, la justicia están pendientes y por lo tanto está suspendida la República.

Fernández Liria, quien se considera un comunista,   propone algo similar,  un republicanismo ‘institucional’, en una interpretación algo restrictiva de la democracia o la democratización, como participación popular en las instituciones e imperio de la ley. Pero ese concepto va más allá de la expresión de la simple incorporación de las fuerzas transformadoras a las instituciones políticas. Además, democracia (republicanizar) es fundamentalmente igualdad jurídica y de derechos civiles y políticos y, en el mejor de los casos, posibilidad de acceso al poder gubernamental de las fuerzas del cambio, regulación de la plurinacionalidad y construcción europea más participativa.

La organización republicana de la sociedad, implica para esta izquierda populista cambios estructurales de envergadura, exige llevar a cabo una política económica, cultural y social fundamentada en los derechos, deberes e intereses de la ciudadanía, recuperar prácticamente los valores fundacionales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, el acceso a la cultura, mediante educación pública gratuita, laica, obligatoria, democrática y científica,  el derecho a una sanidad pública de calidad,  la superación de toda forma de discriminación,  el acceso a la gestión de los medios de comunicación, de acuerdo a la diversidad y complejidad de culturas e identidades existentes.

Como hemos podido observar, Joaquín Miras, es mas radical y critico de todos los republicanismos que hemos visto, Realiza de entrada un análisis punzante del liberalismo como corriente política que ha sabido convertirse en sentido común y que ha impuesto la idea según la cual la política es ingeniería social elaborada desde las administraciones del Estado por élites intelectuales en cuyos conocimientos tienen que confiar los ciudadanos para la correcta gestión de la polis. Una visión que también ha adoptado una buena parte de la izquierda y que Miras propone contrastar mediante una propuesta republicana que hunde sus raíces en algunas ideas clave de la filosofía clásica mediterránea; a saber: la necesidad de una participación permanente y creativa de la comunidad social que supere la atomización social, impulse una renovada práctica política y genere un nuevo ethos o cultura de vida, sin la cual todo proyecto emancipatorio pierde su razón de ser y viabilidad.

Seguimos en la modernidad y de ella habrá que recoger los elementos emancipatorios, desde otros lugares, desde las alteridades negadas (indígenas, negros, mujeres, lgtb, desempleados, etc) por esa modernidad, tomar las experiencias de rebeldía anticolonial, las luchas emancipatorias y por la autodeterminación, los gobiernos autónomos, las instituciones, el Estado de derecho, la economía, la crítica. Luchar desde la calle y en la red, en el campo y la ciudad, desde las potencialidades, en todos los terrenos de concreción de las prácticas de relación social en el siglo XXI.


[1] Roberto Gargarella, EL REPUBLICANISMO Y LA FILOSOFÍA POLÍTICACONTEMPORÁNEA, en  Teoría y Filosofía Política, la tradición clásica y las nuevas fronteras. Atilio Boron, Sala de Lectura – Biblioteca Virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO

[2] Octavio Majul Conte, ¿Qué es el Republicanismo?, http://www.revistaatandocabos.com.ar/que-es-republicanismo-octavio-majul-conte/, marzo 2017.

[3] 1688 La primera revolución moderna: Pincus, Steve; 2013 Acantilado.

[4] Ibíd. P.2

[5] Antoni Domenech, Memoria, ideario y práctica de la democracia, entrevista de Julio Cesar Guanche, Temas 71, jul-sep. 2013

[6] 8 Rawls, J. (1973): A Theory of Justice, Oxford University Press, Oxford.

[7] Ronald Dworkin, Los derechos en serio, editorial: ariel, 1984

[8] Joaquín Miras Albarrán, entrevista por Salvador López Arnal, Rebelión, 27/02/2017.

[9] RAE “Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”.

[10] Antón, A.  Democracia social hoy. Un nuevo ciclo sociopolítico por la democracia y la igualdad, Editorial Académica Española, 2016

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