Mercado y valorización de los recursos naturales: los límites del crecimiento del capital

Joaquín Arriola

Mercado y valorización de los recursos naturales: los límites del crecimiento del capital

JOAQUIN ARRIOLA

Publicado como:

"Mercato e valorizzazione delle risorse naturali. I limiti della crescita del capitale" en Luciano Vasapollo (ed): Capitale, Natura e Lavoro. L’esperienza di "Nuestra América", Jaca Book, Milan 2008 pp. 93-106 ISBN 978-88-16-40854-8

Leer más

Resurgimiento y actualidad de lo nuclear

Eduard Rodríguez Farré, Salvador López Arnal

Introducción de Casi todo lo que usted deseaba saber algún día sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente. Libros de El Viejo Topo, Barcelona, 2008.     

La situación parecía estabilizada. A principios de 2006 existían en el mundo 443 reactores nucleares en funcionamiento localizados en 31 países que proporcionaban, aproximadamente, el 16% de la electricidad mundial. Los seis principales países productores -Estados Unidos, Francia, Japón, Alemania, Rusia y Corea del Sur- generaban las tres cuartas partes del total. Francia seguía siendo el país más “nuclearizado”. En torno al 80% de su electricidad tiene ese origen energético. En Lituania alcanzaba el 72%. Sin embargo, Austria, Noruega, Italia, Portugal, Grecia, Polonia, Chipre, Letonia, Irlanda o Dinamarca, por ejemplo, no utilizan centrales nucleares en la generación de la electricidad que consumen, y Alemania y Suecia tienen programas activos de abandono de la energía nuclear. En el conjunto de la Unión europea la energía atómica representa el 6% del consumo final, el 15% del consumo de energía comercial primaria y el 29% de la generación eléctrica[1]. En España este último dato se mueve en torno al 20%.

Según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), dependencia con sede en Viena de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en ese mismo año 2006 había 23 reactores nucleares en construcción, además de varias decenas de nuevos proyectos y propuestas.

España poseía un total de 10 instalaciones nucleares, entre las que se encontraban la central de José Cabrera, en Zorita (Guadalajara), que cesó su actividad a finales de abril de 2006 a pesar de que sus propietarios habían solicitado prolongar su actividad más allá de su fecha inicial de cierre en 2009, y la central de Vandellós I, en Tarragona, en fase de desmantelamiento. España  cuenta, además, con una fábrica de combustible nuclear en Juzbado (Salamanca) y un centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media actividad en El Cabril (Córdoba).

La energía nuclear parece, pues, que vuelve a renacer en Estados Unidos después de haber estado 30 años sin permisos para nuevas instalaciones[2]. De hecho, los poquísimos reactores que han entrado en funcionamiento durante estos años habían sido autorizados antes del accidente de 1979 en la central de la Isla de Tres Millas, cerca de Harrisburg (Pennsylvania). La industria nuclear norteamericana, que ya genera el 20% de la electricidad total del país, ha lanzado un ambicioso y enérgico plan de acción: cinco nuevos reactores funcionando en 2015, una docena en 2020 y ¡medio centenar en 2050!, unos setenta en total, lo que representaría un incremento del 68% respecto a sus 103 reactores actuales[3].

Leer más

Claves teóricas para la crisis de una época

Alberto Burgio

Claves teóricas para la crisis de una época.

l Manifesto, 26 de septiembre de 2007

Alberto Burgio

Reproducimos este texto que entresaca algunos párrafos del libro que acaba de publicar Alberto del Burgio sobre Gramsci y su potencialidad de análisis de la contemporaneidad, en el año del setenta aniversario de su muerte. El libro se titula: Por Gramsci. Crisis y potencialidad de lo moderno

Publicamos un fragmento del volumen “Por Gramsci. Crisis y potencialidad de lo moderno”. El  liberalismo como respuesta restauradora ante la expansión de los derechos del trabajo. No ha sido una salida al siglo XX. Las sociedades occidentales se encuentran metidas de lleno aún en una clásica “revolución pasiva”, que sin embargo no ha logrado una normalización del paisaje político”

Extraído de sinpermiso digital, actualización del 30 de septiembre. Traducción, Joaquín Miras

Leer más

Sobre la obra lógica de Ramon Llull. Una antología de textos de Manuel Sacristán

Manuel Sacristán, Salvador López Arnal (editor)

En una entrevista de Andreu Manresa a Anthony Bonner (“Quadern”, El País, 26 de abril de 2007), el gran lulista neoyorquino, editor de Selected Works of Ramon Llull y coautor, junto con Lola Badia, de Ramon Llull, vida, pensament i obra literaria, recordaba algunos nombres de lulistas catalanes:

“Giorgano Bruno, Descartes, Newton, Leiminz (sic!), Carl Jung, ahora Umberto Eco, hacen referencia a él [Llull]. Grandes expertos científicos lulistas son extranjeros como usted.

Son muchos y en todas partes –respondía Bonner-. En Catalunya estuvieron los hermanos Carreras i Artau, Jordi Rubió -figura muy importante-, Bohigas, y hoy en día Lola Badia, Albert Soler y Josep Perarnau, y también Jordi Gayà… Muchos.”

El propósito de esta antología es apuntar, sugerir meramente, que la lista de Bonner debería incrementarse, como es natural, con alguna entrada más. Manuel Sacristán no sólo fue discípulo de Joaquín Carreras i Artau y admiró la grandeza cívica de Jordi Rubió, sino que estudió a Ramon Llull durante su estancia en la Universidad de Münster entre 1954 y 1956, incluso antes probablemente, y en sus reflexiones lógicas, en sus manuales lógicos de introducción y en sus trabajos para la oposición a la cátedra de lógica de 1962 la presencia del autor mallorquín es manifiesta. Una de las voces que incluyó en un calendario de 1985 estaba dedicada a Ramon Llull y de su obra habló en más de una ocasión en sus clases de metodología de las ciencias sociales, dictadas en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona tras la muerte del dictador Franco. También en los apuntes editados de “Fundamentos de filosofía” de 1957 y 1958, escritos tras su vuelta de Alemania, pueden verse diversas referencias a Llull.

Entre los textos aquí seleccionados, se presentan fragmentos de la conferencia sobre el Ars Magna de Llull, hasta ahora inédita, que Sacristán impartió en Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de Münster en 1955. La traducción ha sido realizada por Marisol Sacristán Luzón y revisada por Luis Vega Reñón. Gracias a ambos.

Leer más

Notas para una discusión sobre la militancia comunista de base

Pepe Gutiérrez-Àlvarez

(*)

Salvo contadas excepciones, apenas se habla de los militantes anónimos de las filas intermedias de las organizaciones sociales. Un ejemplo bastante manifiesto es el caso de la crisis española de los años treinta, imposible de explicar sin los hombres y mujeres conscientes que articularon partidos, sindicatos y todo tipo de asociaciones, obreros en su mayoría autodidactas sin los cuales nada hubiera sido igual, y sobre los que, sólo muy parcialmente, encontramos referencias en novelas, películas u obras de teatro, y sobre los que la historiografía suele pasar de puntillas. Se podría decir que en el caso del antifranquismo militante, un espacio primordialmente ocupado por los comunistas al menos desde los años sesenta, el olvido resulta todavía mucho más agravado, y muy poco se sabe de ellos.

Entre las excepciones se cuentan especialmente algunas brillantes reflexiones de Manuel Vázquez Montalbán, uno de los más tovarich de los escritores catalanes y españoles. Así, por ejemplo, en su sugestiva introducción de las (imprescindibles) memorias de Miguel Núñez, La revolución y el deseo, incluyó esta apretada confesión: «Cada año recibo docenas de manuscritos de luchadores anónimos que pasaron del analfabetismo a la conciencia revolucionaria y al sufrimiento y que jamás verán publica­das sus memorias. Con el tiempo el número de originales va disminuyendo porque el siglo xx probablemente termi­nó en 1989 y se trata de sepultar definitivamente a sus ver­dugos y a sus víctimas1».

En estas líneas, Manolo da fe de la intensa pulsión testimonial de muchos militantes que, después de todo lo que les tocó vivir y de todo lo que les sucedió bajo la dictadura, necesitan contar su vida, explicar y explicarse. La suya es una necesidad tan auténtica y humana como escasamente accesible, pero muy pocos cuentan con posibilidades para dejar constancia de que su vida no ha sido en vano. Al llamar a la puerta de Manolo Vázquez, lo hacían con la abierta o secreta ilusión de que el autor de Asesinato en el Comité Central les comprendería, y quizás les echaría una mano, algo que, por supuesto, no le correspondía a él, ya que ésta sería la tarea propia de una entidad o entidades afines e interesadas en dar a conocer un pasado que hasta ahora ha permanecido sacrificado en el altar de las exigencias dictadas por el llamado «pacto entre caballeros», según el cual verdugos y víctimas quedarían equiparados. Sin embargo, los hechos demuestran que no ha sido así, y mientras que, por citar un solo ejemplo, la Iglesia no ha dudado en santificar a diestro y siniestro, los hombres y mujeres que sacrificaron su existencia contra la dictadura y que permanecen en el olvido.

Sin la entrega de estos hombres y mujeres anónimos, la resistencia al franquismo, y no digamos la extraordinaria implantación lograda por un partido como el PSUC, hubiera sido totalmente imposible. Como no podía ser menos, así lo reconoce explícitamente Andreu Mayayo en «La gente, primero», un significativo primer apartado de la obra colectiva Nuestra utopía. PSUC. Cincuenta años de historia de Cataluña. Mayayo escribe en un tono inequívocamente lírico: «La vida de cualquier militante merecería llenar las páginas que vienen a continuación. Hombres y mujeres que no saldrán nunca en negrita en los libros de historia, que no tendrán las satisfacciones inherentes a los dirigentes e intelectuales orgánicos que […] A pesar de todo, ellos y ellas son los auténticos protagonistas de la historia del PSUC. A todos ellos, a todas ellas, mi respeto, mi admiración, por su generosa ‘bondad’. Por eso, a pesar de los defectos y errores cometidos, los militantes del PSUC representan uno de los potenciales más valiosos con que cuenta nuestro pueblo»2. Sin embargo, dicho esto, se pasa a la página siguiente, sin considerar ningún posible «problema». La militancia está ahí, incondicional, generosa, pero muchos militantes ya no estaban presentes, se habían apartado a lo largo de sucesivas crisis, y que ya entonces, los exmilitantes formaban –con ventaja- como el “partido” mayoritario. Nada se dice de su realidad y aspiraciones.

Si dedicamos un poco de atención a estas líneas, podemos comprobar que se trata de un texto editado en 1986, o sea en un tiempo intermedio entre la gran crisis que enfrentó a eurocomunistas y prosoviéticos y la crisis final que acabaría con el propio PSUC, y sin contar siquiera con el consuelo que su sucedáneo ocupe de lejos el papel que siguieron ocupando otros partidos comunistas en el resto de Europa, a pesar de sus contradicciones.

Leer más

La revolución inoportuna

Fernando Claudín

(*)

El comienzo de la revolución española –la única revolución que tuvo lugar en Europa durante la existencia de la IC, aparte la efímera república soviética húngara de 1919­- cogió desprevenidos a los dirigentes del "partido mundial".

.En febrero, de 1930, Manuílskí, Informando ante el Ejecutivo de la Komintern, se explaya sobre "las vastas perspectivas que se abren de transformación del actual auge revolucionario de los países capitalistas avanzados y de las colonias en situación revolucionaria”. "Auge revolucionario" en los "países capitalistas avanzados" no existía en ese momento más que en la imaginación del representante de Stalin en la Internacional Comunista (IC), pero poco antes de la reunión del Ejecutivo había caído la dictadura de Primo de Rivera, y algunos de los presentes en la reunión se interrogaron sobre la significación del acon­tecimiento. Manuilski replicó: “No es en España donde se decidirá la suerte de la revolución proletaria mundial […] una huelga parcial puede tener mayor importancia para la clase obrera internacional que ese género de "revolución” a la española, efectuada sin que el partido comunista y el proletariado ejerzan su misión dirigente. “(1). Pero la revolu­ción "a la española” se empecinó en seguir adelante, pese a no estar en las previsiones de Manuilski ya la casi inexis­tencia del partido ungido por la historia con la “misión dirigente”. La sección española de la IC, en efecto, apenas contaba con 800 miembros cuando cae la monarquía, en abril de 1931. Más grave que su exigüidad numérica era su reducidísima influencia en el proletariado, y su extrema debilidad teórica (2). Rasgo, este último, común a todo el movi­miento obrero español. Ni socialistas ni anarcosindicalistas las dos grandes tendencias en que se divide el proletariado peninsular desde el siglo XIX- tenían ideas claras sobre la naturaleza del proceso revolucionario que se inicia en 1930­-1931.

Los primeros consideran que se trata de una revolución puramente burguesa y se atienen a su “programa mínimo”; la dirección de la república deben asumirla los partidos republicanos burgueses. Lo más que puede hacer el Partido Socialista es cooperar lealmente con ellos para realizar un programa de reformas que interesen también a la clase obrera española. Se dispone, en una palabra, a seguir las huellas de la socialdemocracia europea. Los anarcosindicalis­tas parten del mismo’ supuesto -la revolución es puramente burguesa- pero la conclusión operativa es radicalmente opuesta: ninguna colaboración con la república del 14 de abril. Hay que ir a la revolución social para instaurar el "comunismo libertario”. Los comunistas, faltos en los pri­meros meses de directivas claras del centro de Moscú, impro­visan guiándose por la línea general, ultraizquierdista, que sigue la IC en ese periodo. Su posición puede resumirse en las siguientes consignas: "¡Abajo la república burguesa de los capitalistas, los generales y el clero! ¡Por la república de los soviets de obreros, soldados y campesinos!”. Muy española, casi anarcosindicalista, la primera. Completamente exótica y fuera de lugar, la segunda (3).

En verdad, nadie sabía lo que iba a ser aquello, ni en Moscú ni en Madrid. A poco de ser proclamada, la “república del clero” parecía un crematorio de iglesias, y los generales comenzaban a conspirar contra la “república de los genera­les”. En un esfuerzo de clarificación, la nueva Constitución proclama que se trata de una "república de trabajadores de toda clase”. Pero los trabajadores de “primera clase” se apresuran a enviar sus capitales al extranjero, mientras que los de tercera declaran huelgas y ocupan fincas de terrate­nientes, con el notorio propósito de reducirla a república de una sola clase. La Constitución define a España como un “Estado integral”, pero admite las “autonomías”, y las nacionalidades periféricas, que soportan desde el siglo XVI el centralismo castellano, tienden a que el “Estado integral” se desintegre en tres o cuatro. Azaña anuncia la sorprendente nueva de que España “ha dejado de ser católica”, y las Cortes -que hacen a Azaña jefe del gobierno- eligen presi­dente de la república al muy católico Alcalá Zamora. Araquis­tain afirma con aplomo que “ningún pueblo es racialmente [sic] tan socialista como España”, y Unamuno sale por los fueros del “individualismo” español. Así, apenas venida al mundo, la república española ofrece mil perfiles, pero Ortega y Gasset dice muy sesudamente: “Es preciso rectificar el perfil de la república”. Todas las señoras leídas admiran la profundidad del filósofo, y mientras tanto la guardia civil comienza a “rectificar” ametrallando a los campesinos. En una palabra, la revolución “a la española” se presenta bastante embrollada, pero la IC la clasifica rápidamente en el tipo de revoluciones “democrático-burguesas” que encajan en la teoría elaborada por Lenin para… la Rusia de comienzos de siglo.

Leer más

Bocas del tiempo. Nuevo libro de Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

Bocas del tiempo(Adelanto del nuevo libro de Eduardo Galeano)El puertoLa abuela Raquel estaba ciega cuando murió. Pero tiempo después, en el sueñode Helena, la abuela veía.En el sueño, la abuela no tenía un montón de años, ni era un puñado decansados huesitos: ella era nueva, era una niña de cuatro años que estabaculminando la travesía de la mar desde la remota Besarabia, una emigranteentre muchos emigrantes. En la cubierta del barco, la abuela pedía a Helenaque la alzara, porque el barco estaba llegando y ella quería ver el puertode Buenos Aires.Y así, en el sueño, alzada en brazos de su nieta, la abuela ciega veía elpuerto del país desconocido donde iba a vivir toda su vida.El vuelo de los añosCuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largoviaje hacia el sur, desde las tierras frías de la América del Norte.Un río fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas,va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Lasmariposas vuelan sobre montañas y praderas y playas y ciudades y desiertos.Pesan poco más que el aire. Durante los cuatro mil quilómetros de travesía,unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias;pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centrode México.Allí descubren ese reino jamás visto, que desde lejos las llamaba.Para volar han nacido: para volar este vuelo. Después, regresan a casa. Yallá en el norte, mueren.Al año siguiente, cuando llega el otoño, millones y millones de mariposasinician su largo viaje.Los emigrantes, ahoraDesde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelanhuyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar ylos salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles deleguas, por los libres caminos del aire y del agua.No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano.En inmensas caravanas, marchan los fugitivos de la vida imposible.Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia elponiente.Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos ysus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero muchos más huyen de lossalarios exterminados y de los suelos arrasados.Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendocasa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso deldinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros soncadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombreque yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar.Sebastião Salgado los ha fotografiado, en cuarenta países, durante variosaños. De su largo trabajo, quedan trescientas imágenes. Y las trescientasimágenes de esta inmensa desventura humana caben, todas, en un segundo. Sumasolamente un segundo toda la luz que ha entrado en la cámara, a lo largo detantas fotografías: apenas una guiñada en los ojos del sol, no más que uninstantito en la memoria del tiempo.La historia que pudo serCristóbal Colón no consiguió descubrir América, porque no tenía visa y nisiquiera tenía pasaporte.A Pedro Alvares Cabral le prohibieron desembarcar en Brasil, porque podíacontagiar la viruela, el sarampión, la gripe y otras pestes desconocidas enel país.Hernán Cortés y Francisco Pizarro se quedaron con las ganas de conquistarMéxico y Perú, porque carecían de permiso de trabajo.Pedro de Alvarado rebotó en Guatemala y Pedro de Valdivia no pudo entrar enChile, porque no llevaban certificados policiales de buena conducta.Los peregrinos del Mayflower fueron devueltos a la mar, porque en las costasde Massachusetts no había cuotas abiertas de inmigración.La trama del tiempoTenía cinco años cuando se fue.Creció en otro país, habló otra lengua.Cuando regresó, ya había vivido mucha vida.Felisa Ortega llegó a la ciudad de Bilbao, subió a lo alto del monteArtxanda y anduvo el camino, que no había olvidado, hacia la casa que habíasido su casa.Todo le parecía pequeño, encogido por los años; y le daba vergüenza que losvecinos escucharan los golpes de tambor que le sacudían el pecho.No encontró su triciclo, ni los sillones de mimbre de colores, ni la mesa dela cocina donde su madre, que le leía cuentos, había cortado de untijeretazo al lobo que la hacía llorar. Tampoco encontró el balcón, desdedonde había visto los aviones alemanes que iban a bombardear Guernica.Al rato, los vecinos se animaron a decírselo: no, esta casa no era su casa.Su casa había sido aniquilada. Ésta que ella estaba viendo se habíaconstruido sobre las ruinas.Entonces, alguien apareció, desde el fondo del tiempo. Alguien que dijo:-Soy Elena.Se gastaron abrazándose.Mucho habían corrido, juntas, en aquellas arboledas de la infancia.Y dijo Elena:-Tengo algo para ti.Y le trajo una fuente de porcelana blanca, con dibujos azules.Felisa la reconoció. Su madre ofrecía, en esa fuente, las galletitas deavellanas que hacía para todos.Elena la había encontrado, intacta, entre los escombros, y se la habíaguardado durante cincuenta y ocho años.El pieMuchos no volvieron. Muchos de los ciudadanos del mundo que marcharon aluchar por la república española, bajo tierra española quedaron.Abe Osheroff, de la Brigada Lincoln, sobrevivió.Un balazo le había arruinado una pierna. Con un pie quieto y el otro piecaminando, regresó a su país.España fue su primera guerra perdida. Y desde entonces, llevado por su pieandariego, Abe no paró.A pesar de las traiciones y las derrotas, los palos y las cárceles, no paró.Un pie no podía, pero el otro pie quería y seguía. Un pie le decía: aquí mequedo, pero el otro decidía: ahí te llevo. Y una y otra vez ese pie, elandante, volvía al camino, porque el camino es el destino.Y ese pie cargaba con Abe a través de los Estados Unidos, de punta a punta,de mar a mar, y lo metía en líos, un lío tras otro, contra la cacería debrujas de McCarthy y la guerra de Corea y la segregación racial y la pena demuerte y el golpe de estado en Irán y el crimen de Guatemala y la carniceríade Vietnam y el baño de sangre en Indonesia y lasexplosiones nucleares y elbloqueo de Cuba y el cuartelazo en Chile y la asfixia de Nicaragua y lainvasión de Panamá y los bombardeos de Irak y de Yugoslavia y de Afganistány otra vez Irak.Abe ya tenía noventa años y seguía siendo un caminante, cuando su amigo TonyGeist le preguntó, por preguntar nomás, cómo andaba. El alzó su cabeza deleón de melena blanca y sonrió, de oreja a oreja:-Aquí ando, con un pie en la tumba y el otro pie bailando.El camino de JesúsClavado de una sola mano, Jesús de Nazaret colgaba de los restos de unapared quemada. El otro Jesús, el de Cambre, colgaba de un andamio.Jesús Babío, nacido en el pueblo de Cambre, era maestro albañil, maestrocarpintero, maestro fontanero y maestro blasfemador. Hacía bien todo lo quehacía, pero él había andado mundo y bien sabía que no había en el mundoquien pudiera superarlo en el arte de la blasfemia, que es, como la mística,un arte español. Y a blasfemazo limpio estaba Jesús, el de Cambre,reconstruyendo la iglesia de Santa María de Vigo, que había sido incendiadapor los rojos en los años de la guerra, mientras Jesús, el de Nazaret, negrode tizne, escuchaba, sin una mueca, aquellos homenajes:-Me cago en las bisagras del sagrario y en los clavos de Cristo y en susllagas y en sus espinas y me cago en la inmaculada madre que lo parió.De vez en cuando, Angel Vázquez de la Cruz se metía, de a caballo, en laiglesia en ruinas. Desde lo alto del andamio, mientras martillaba algunacuña de madera, Jesús le contaba, entre blasfemia y blasfemia, algunahistoria de sus viajes al extranjero. Aquel obrero errante había trabajadoen Inglaterra, Holanda, Noruega, Alemania, y hasta en Cataluña.Sus relatos siempre terminaban igual. Con el martillo señalaba el ventanal,invadido por los pájaros, y más allá señalaba el sendero del bosque deCambre. Nadie aparecía por allí, como no fuera algún lugareño que llevaba,montado en burro, una carga de leña. El sendero era no más que un tajo depolvo entre los árboles.-¿Lo ve? -preguntaba. Y sentenciaba:-Yo anduve muchos caminos. Y me cago en el camino del Calvario, en el caminode Santiago y en todas las autopistas. Porque sepa usted, vaya sabiendo, quetodo lo que hay para ver en el mundo, y en el alto cielo, pasa por esecaminito ahí.Itinerario de las hormigasLas hormigas del desierto asoman desde las profundidades y se lanzan a losarenales.Buscan comida por aquí, por allá; y en sus andanzas se van apartando de sucasa más y más.Mucho después regresan, desde lejos, cargando a duras penas los alimentosque han encontrado donde nada había.El desierto se burla de los mapas. La arena, revuelta por el viento, nuncaestá donde estaba. En esa ardiente inmensidad, cualquiera se pierde.Pero las hormigas recorren el camino más corto hacia su casa. Marchando enlínea recta, sin vacilar, vuelven al exacto punto de salida, y excavan hastaencontrar el minúsculo orificio que conduce a su hormiguero. Jamás confundenel rumbo, ni se meten en agujero ajeno.Nadie entiende cómo pueden saber tanto estos cerebritos que pesan unmiligramo.La ruta de los salmonesA poco de nacer, los salmones abandonan sus ríos y se marchan a la mar.En aguas lejanas pasan la vida, hasta que emprenden el largo viaje deregreso.Desde la mar, remontan los ríos. Guiados por alguna brújula secreta, nadan acontracorriente, sin detenerse nunca, saltando a través de las cascadas y delos pedregales. Al cabo de muchas leguas, llegan al lugar donde nacieron.Vuelven para parir y morir.En las aguas saladas, han crecido mucho y han cambiado de color. Lleganconvertidos en peces enormes, que del rosa pálido han pasado al naranjarojizo, o al azul de plata, o al verdinegro.El tiempo ha transcurrido, y los salmones ya no son los que eran. Tampoco sulugar es el que era. Las aguas transparentes de su reino de origen y destinoestán cada vez menos transparentes, y cada vez se ve menos el fondo de gravay rocas. Los salmones han cambiado y su lugar también ha cambiado. Peroellos llevan millones de años creyendo que el regreso existe, y que nomienten los pasajes de ida y vuelta.El castigoReina y señora fue la ciudad de Cartago, en las costas del Africa. Susguerreros llegaron a las puertas de Roma, la rival, la enemiga, y a puntoestuvieron de aplastarla bajo las patas de sus caballos y sus elefantes.Unos años después, Roma se vengó. Cartago fue obligada a entregar todas susarmas y sus naves de guerra, y aceptó la humillación del vasallaje y el pagode tributos. Todo aceptó Cartago, inclinando la cabeza. Pero cuando Romamandó que los cartagineses abandonaran la mar y se marcharan a vivir tierraadentro, lejos de la costa, porque la mar era la causa de su arrogancia y desu peligrosa locura, ellos se negaron a irse: eso sí que no, eso sí quenunca. Y Roma maldijo a Cartago, y la condenó al exterminio. Y allámarcharon las legiones.Cercada por tierra y por agua, la ciudad resistió tres años. Ya no quedabaagujero por raspar en los graneros, y habían sido devorados hasta los monossagrados de los templos: olvidada por sus dioses, habitada por espectros,Cartago cayó. Seis días y seis noches duró el incendio.Después, los legionarios romanos barrieron las cenizas humeantes y regaronla tierra con sal, para que nunca más creciera allí nada ni nadie.La ciudad de Cartagena, en las costas de España, es hija de aquella Cartago.Y es nieta de Cartago la ciudad de Cartagena de Indias, que mucho despuésnació en las costas de América. Una noche, charlando bajito, Cartagena deIndias me confió su secreto: me dijo que si alguna vez la obligaran a irselejos de la mar, también ella elegiría morir, como murió la abuela.El paso del tiempoSeis siglos después de su fundación, Roma decidió que el año empezaría elprimer día de enero.Hasta entonces, cada año nacía el 15 de marzo.No hubo más remedio que cambiar la fecha, por razón de guerra.España ardía. La rebelión, que desafiaba el poderío imperial y devorabamiles y más miles de legionarios, obligó a Roma a cambiar la cuenta de susdías y los ciclos de sus asuntos de Estado.Largos años duró el alzamiento, hasta que por fin la ciudad de Numancia, lacapital de los rebeldes hispanos, fue sitiada, incendiada y arrasada.En una colina rodeada de campos de trigo, a orillas del río Duero, yacen susrestos. Casi nada ha quedado de esta ciudad que cambió, para siempre, elcalendario universal.Pero a la medianoche de cada 31 de diciembre, cuando alzamos las copas,brindamos por ella, aunque no lo sepamos, para que sigan naciendo los libresy los años.El trueno cae y queda entre las hojas;Los animales comen las hojas y se ponen violentos;Los hombres se comen los animales y se ponen violentos;La tierra se come a los hombres y empieza a rugir como el trueno.Leyenda GuaraniEduardo Galeano

Leer más

Crónica de Lenin en 1917. Datos sobre su vida y su obra, de Gerda y Hermann Weber

Gerda Weber, Hermann Weber

     ENERO: (Día 4) Lenin rellena un cuestionario de la Oficina de Alojamiento de Zurich, donde hace constar que se dedica a escribir, que realiza «trabajos literarios y periodísticos para editores de Petrogrado», que no posee bienes, y que no es «desertor ni refractario, sino emigrante político desde la revolución de 1905»; (6): Lenin escribe a Inés Armand: «No tenemos ningún mecenas» La cuestión de sí Lenin recibió (a través de diferentes canales) dinero de fuentes alemanas, todavía continúa muy discutida y sin esclarecer también 30 de marzo, 31 de marzo a 10 de abril, 25 de abril y 4 de mayo de 1917]. Existieron los más diversos contactos entre los emigrantes rusos, y probablemente hubo dinero alemán que a través de diversos canales pasó a manos de los bolcheviques. Por otra parte, durante la guerra, el gobierno imperial alemán gastó entre 40 y 80 millones de marcos para actividades subversivas en Rusia. Queda establecido que: «Antes de mediados de 1917 no pueden demostrarse contactos directos entre Lenin y enlaces alemanes en Suiza, y tampoco los contactos indirectos resultan claros».

    (14): Lenin escribe a Inés Armand: «…créame, un trabajo cautivador es lo más importante para recobrar la salud y la tranquilidad» .(15): Lenin informa a Inés Armand que ha tenido lugar una deliberación contra «la actuación de Grimm», en la cual también ha participado un alemán del grupo «Internationale» (Paul Levi). Lenin quiere que Inés Armand se «alegre»: «gustosamente le diría a usted palabras amigables para que su corazón se aligere algo mientras no encuentre un trabajo que la llena por completo. Le estrecho la mano con fuerza. Su Lenin". (16): En una carta a Inés Armand Lenin desarrolla el siguiente plan: «Caso de que Suiza quede envuelta en la conflagración, los franceses ocuparán de inmediato Ginebra. Encontrarse en Ginebra significará estar en Francia y estar en contacto con Rusia.

      Debido a ello pienso hacerle entrega de la caja del partido (para que la lleve encima en un bolso cosido especialmente para este fin…». (19): Lenin escribe a Inés Armand: «¿Que Engels es el padre del "radicalismo pasivo"? iFalso! Nada de eso. Jamás lo podrá demostrar. (Bogdanov y cia lo intentaron y se pusieron en ridículo.». (22) : Durante un acto juvenil celebrado en la Casa del Pueblo de Zurich, Lenin pronuncia una conferencia en lengua alemana sobre la revolución de 1905. Lenin subraya que uno no debe «dejarse engañar por el actual silencio de cementerio que reina en Europa». Sin embargo, se muestra poco optimista sobre la fecha del estallido de la revolución: «Nosotros, los viejos, quizás no lleguemos a presenciar las batallas decisivas de esta futura revolución. Pero creo poder expresar la esperanza de que los jóvenes, que trabajan de forma tan excelente en el movimiento socialista de Suiza y del mundo entero, tendrán la suerte no sólo de luchar, sino también vencer en la revolución socialista que se avecinda.» (30): En una carta a Inés Armand, Lenin dice: «Todavía, estoy "enamorado" de Marx y Engels y no puedo tolerar ningún tipo de injuria contra ellos. ¡Esos sí que son auténticos hombres! De ellos puede aprenderse mucho. No debemos abandonar esta base».

      FEBRERO: (Día 1) Lenin se reúne en Olten con representantes de la asociación de Zimmervald, entre ellos Rádeck, Levi y Münzenberg. (6): Lenin participa en la asamblea general del Partido Socialdemócrata de Zurich.  (14 ): Lenin escribe a Inés Armand que en el Partido Socialdemócrata suizo existe «la base para el establecimiento de una tendencia izquierdista»: (15): Lenin escribe a su hermana María para acusar recibo de 808 y 500 francos, y le dice que no comprende «de dónde procede tanto dinero», por lo que pide las liquidaciones del editor. «Nadia me dice bromeando: vaya, te están pagando la jubilación iJa, ja! Vaya chiste con la terrible carestía de la vida y las pésimas condiciones para el trabajo a causa de los nervios destrozados». (17) Lenin escribe a Inés Armand que era «triste» que Trotsky hubiera formado un bloque con la derecha de Zimmervald. «iQué marrano es ese Trotsky! ¡Fraseologías izquierdistas y luego un bloque con la derecha contra la izquierda de Zimmervald!». (19): Lenin escribe a Inés Armand: «Últimamente me he ocupado especialmente de la actitud del marxismo para con el Estado, he reunido bastante material y, según me parece he llegado a unas conclusiones muy interesantes e importantes. ."Tengo enormes deseos de escribir sobre este tema. . . Nadia está’ enferma: ha contraído una bronquitis y está en cama con fiebre…», (22): En una carta a Inés Armand, Lenin dice: «Sólo vale la pena trabajar con la juventud.» Kruspkaya se ha restablecido.

Leer más

Los judíos bajo el bolchevismo

Edward H. Carr

            (*)

            Entre las enojosas cuestiones heredadas de la Rusia zarista y que la revolución de 1917 prometió erradicar, el antisemitismo ocupaba un lugar preeminente, Nada había de raro en ello. Con frecuencia se ha presentado la adhesión de gran número de judíos a la causal revolucionaria como justificante de los prejuicios contra ellos y las brutales medidas de represión a que se vieron sometidos. Después de la revolución, los rusos «blancos» y sus partidarios extranjeros, entre los que hay que incluir a un sector de la prensa británica, invocaron constantemente el antisemitismo, con el fin de desacre­ditar a un régimen que contaba entre sus dirigentes a varios judíos eminentes. Pero el antisemitismo era algo que estaba profundamente arraigado en las costumbres rusas tradicionales, especialmente en las zonas rurales; y en este aspecto, lo mismo que en muchos otros, los hábitos tradicionales cuestan de hacer desaparecer. La historia de los judíos en la Unión Soviética es un rosario de buenas inten­ciones gradualmente ahogadas por una praxis defectuosa y a veces malintencionada. Desde 1930, aproximadamente, los judíos ya no han vuelto a sentirse seguros en la Unión Soviética. Sin embargo, la única pregunta que, honradamente, debiéramos formularnos es sí, por lo menos en determinados períodos, su situación era más incier­ta que la de otros muchos sectores de la población.

        The jews in soviet Russia (1) es una colección de ensayos rigurosos, tanto desde el punto de vista histórico como analítico, elaborados por autores judíos y sobre diversos aspectos del problema. Tal con­centración sobre un único tema tiende a dar la impresión de una versión demasiado exhaustiva y unilateral. Pero no cabe duda de que cada uno de los autores se ha esforzado por mantener un alto nivel de objetividad y por evitar toda exageración. El profesor Schapiro, el autor de la introducción, marca la pauta al señalar que «ningún autor serio, de la talla de quienes han contribuido a estas páginas que siguen, osaría afirmar que la situación de los judíos en la Unión Soviética hoy en día es análoga a la que padecieron en la Rusia de 1883 o 1903», además de señalar que se entrevén «indicios para un optimismo moderado», incluso en la situación actual.

        Los bolcheviques, por dos razones íntimamente relacionadas, no consideraban que los judíos constituyeran una nación. En primer lugar porque aceptaban, más que el concepto alemán de nación, el concepto europeo-occidental, que definía la «nación» entre otras cosas, por la posesión de un territorio nacional. Esta carencia distin­guía a los judíos de las demás minorías nacionales de la Unión Soviética. En segundo lugar, porque les bolcheviques consideraban que las diferencias de carácter racial y religioso entre judíos y gen­tiles eran básicamente irrelevantes, y creían que el destino de los judíos era el de quedar asimilados por la población con la que con­vivían. Tal opinión era compartida por bolcheviques y mencheviques (que aún contaban con una mayor proporción de judíos entre sus filas que los bolcheviques ). Y, a principios del siglo XX, esta creencia la compartían la práctica totalidad de los liberales y muchísimos judíos influyentes de la Europa occidental.

         Esta opinión influyó en la«doctrina del partido desde sus prime­ros pasos. Al tiempo que se consideraba la existencia de minorías nacionales ucranianas o letonas en el seno del partido socialdemócrata como algo perfectamente normal, la asociación judía -el Bund­ provocaba celos y resentimientos, en parte porque competía con éxi­to con otras secciones del partido en la captación de miembros. Después de la revolución, cuando se disolvió el Bund, se creyó nece­saria o conveniente la creación de «secciones judías» (lo mismo que otras secciones nacionales) a distintos niveles, pero dentro de la organización del partido. Estas secciones se mantuvieron hasta 1930. Pero eran tratadas más bien con tolerancia que con entusiasmo, y ninguno de los dirigentes judíos del partido llegó a asociarse a ellas. Por extraño que parezca, la única figura de primera fila en la jerar­quía gubernamental que expresó públicamente sus simpatías por las aspiraciones nacionales judías fue el gentil Kalinin.

Leer más

La encuesta obrera de Karl Marx

Karl Marx, Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

Leer más