{"id":10006,"date":"2021-06-28T05:00:06","date_gmt":"2021-06-28T04:00:06","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10006"},"modified":"2021-06-28T03:16:34","modified_gmt":"2021-06-28T02:16:34","slug":"sacristan-lector-de-sartre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10006","title":{"rendered":"Sacrist\u00e1n, lector de Sartre"},"content":{"rendered":"<p><em>Pr\u00f3logo a <\/em>Sobre Sartre<em>, de Manuel Sacrist\u00e1n, en edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n Andaluz. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2021<\/em><\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Entre 1958 y 1980, a\u00f1o este \u00faltimo, precisamente, de la muerte de Jean-Paul Sartre, el fil\u00f3sofo espa\u00f1ol Manuel Sacrist\u00e1n dedic\u00f3 varios textos y conferencias a reflexionar sobre la obra del autor de <em>El ser y la nada<\/em>. En estos textos, Sacrist\u00e1n se esfuerza por dar a conocer en Espa\u00f1a la obra del fil\u00f3sofo franc\u00e9s, su obra publicada. Y hacemos esta precisi\u00f3n, que dio a conocer la obra publicada, porque para Sacrist\u00e1n, como para sus contempor\u00e1neos, hab\u00eda un Sartre oculto y subterr\u00e1neo que no comenzar\u00eda a salir a la luz hasta despu\u00e9s de su muerte, con la publicaci\u00f3n de una ingente cantidad de textos p\u00f3stumos. Sacrist\u00e1n, en una conferencia que pronunci\u00f3 al poco tiempo del fallecimiento de Sartre, err\u00f3 al considerar \u00abque salgan in\u00e9ditos de importancia\u00bb era \u00abcosa dif\u00edcil\u00bb.[1] Y estos in\u00e9ditos nos permiten tener una visi\u00f3n de Sartre que a Sacrist\u00e1n le permaneci\u00f3 vedada. A pesar de ello, los textos de Sacrist\u00e1n que presentamos a continuaci\u00f3n suponen un testimonio muy interesante y cumplen un doble objetivo: servir para conocer ciertos elementos del pensamiento sartriano y permitirnos profundizar un poco m\u00e1s en la labor de Sacrist\u00e1n como ex\u00e9geta y transmisor de la filosof\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Como decimos, Sacrist\u00e1n se ve privado de una gran cantidad de textos p\u00f3stumos que vierten luz en la evoluci\u00f3n de Sartre.[2] Sin embargo, Sacrist\u00e1n nos sit\u00faa con precisi\u00f3n ante ciertas problem\u00e1ticas: el desajuste entre <em>El ser y la nada<\/em> y la posterior producci\u00f3n te\u00f3rica de Sartre, el problema de la \u00e9tica, la pol\u00e9mica con el marxismo ortodoxo. Y pone de relieve la que, a mi modo de ver, es una de las grandes virtudes de Sartre: su capacidad para cuestionarse constantemente, para no dar nunca por cerrado el discurso, su empe\u00f1o en reflexionar siempre desde las cambiantes situaciones ante las que nos sit\u00faa el devenir hist\u00f3rico. Y precisamente ese autocuestionamiento, ese car\u00e1cter de la escritura que huye constantemente de s\u00ed misma, es lo que impide el privilegio de alguno de los textos sartrianos sobre los dem\u00e1s. Todos ellos son Sartre y ninguno llega a serlo de modo completo. Es comprensible el impacto que la \u00faltima entrevista concedida por Sartre a Benny L\u00e9vy pocas fechas antes de su muerte causara en quienes hab\u00edan tenido, en alg\u00fan momento, inter\u00e9s por la obra de Sartre. Pero no resulta conveniente concederle el privilegio hermen\u00e9utico que Sacrist\u00e1n le acuerda. Quiz\u00e1 esa sea la cuesti\u00f3n en la que manifestamos una cierta distancia[3] con las lecturas que podemos encontrar en los textos que vienen a continuaci\u00f3n: la consideraci\u00f3n excesiva que se concede a dos textos a nuestro entender menores, la citada entrevista y la conferencia de 1945 publicada en 1946 bajo el t\u00edtulo de <em>El existencialismo es un humanismo<\/em>. Obras que, como el resto de obras, o quiz\u00e1 incluso algo menos que el resto, no expresan sino un momento concreto, una preocupaci\u00f3n concreta, una situaci\u00f3n, por utilizar ese concepto tan caro al archivo sartriano.<\/p>\n<p>En todo caso, y al hilo de los textos de Sacrist\u00e1n, nos parece interesante reconstruir de alguna manera el recorrido filos\u00f3fico de Sartre, pues entendemos que ello servir\u00e1 para una mejor comprensi\u00f3n de los textos que prologamos, as\u00ed como su relaci\u00f3n, te\u00f3rica, pol\u00edtica y literaria, con Espa\u00f1a.<\/p>\n<p><strong>Sartre: escritura y pr\u00e1ctica<\/strong><\/p>\n<p>\u00abHe ido a la manifestaci\u00f3n contra la muerte de Sartre\u00bb, confesaba a su padre una tarde de abril de 1980 el hijo de Olivier Revault d\u2019Allonnes.[4] Sartre, no cabe duda, es una figura de las que hacen \u00e9poca, capaz de convocar a su entierro a una multitud que entiende que su gesto es algo m\u00e1s que una ceremonia del adi\u00f3s. Sartre escritor, Sartre fil\u00f3sofo, Sartre defensor de todas las causas que deb\u00edan ser defendidas, Sartre: voz, gesto y escritura.<\/p>\n<p>No siempre fue as\u00ed. En los albores de su labor te\u00f3rica y literaria, all\u00e1 por los a\u00f1os treinta, Sartre se mostraba ajeno a cualquier <em>compromiso<\/em> que desbordase los estrechos l\u00edmites de su mundo idiota. En las elecciones de 1936, con una guerra civil en Espa\u00f1a, con el nazismo y el fascismo perimetrando Francia, Sartre ni siquiera vota. Har\u00e1 falta que la guerra divida su vida en dos,[5] para que Sartre advierta la necesidad del compromiso, del encuentro con el otro, al que hasta entonces hab\u00eda considerado como un enemigo a batir. Hasta ese momento, su pr\u00e1ctica, y su escritura, eran la expresi\u00f3n de un individualismo radical, como puede constatarse en las p\u00e1ginas de <em>El ser y la nada<\/em>. Como bien se\u00f1ala Sacrist\u00e1n,[6] el universo te\u00f3rico de esta obra no encaja con la posterior deriva sartriana.<\/p>\n<p>Sartre, lo hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba, es un autor que se cuestiona a s\u00ed mismo. Consecuencia l\u00f3gica del constante intento de ajustar su escritura a su pr\u00e1ctica. El texto siempre va por detr\u00e1s del cuerpo, en el caso de Sartre. <em>El ser y la nada<\/em> es una obra que en el momento mismo de su publicaci\u00f3n ya supon\u00eda el pasado te\u00f3rico de un Sartre que, en un Par\u00eds ocupado, experimenta la necesidad de la acci\u00f3n resistente, que \u00e9l expresa a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de dos peque\u00f1os colectivos, <em>Sous la botte<\/em> y <em>Socialisme et libert\u00e9<\/em>.[7] A partir de aqu\u00ed, estamos en 1943, se abre una larga etapa, nada menos que diecisiete a\u00f1os, hasta la publicaci\u00f3n de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em> (1960), en la que Sartre se empe\u00f1a en teorizar su pr\u00e1ctica. En efecto, desde su paso por el campo de concentraci\u00f3n en 1939, Sartre no cesa de desarrollar una actividad pol\u00edtica que se sustanciar\u00e1, incluso, en la creaci\u00f3n de un partido pol\u00edtico en 1948, el Rassemblement D\u00e9mocratique R\u00e9volutionnaire (RDR). Una actividad pol\u00edtica que no se halla sustentada te\u00f3ricamente y que obligar\u00e1 a Sartre a un enorme esfuerzo de reelaboraci\u00f3n discursiva, buena parte del cual se produce mediante textos que no ser\u00e1n dados a la imprenta en vida del autor.<\/p>\n<p>La desorientaci\u00f3n te\u00f3rica sartriana tras la publicaci\u00f3n de <em>El ser y la nada<\/em> es evidente. La obra se cierra con el anuncio de una moral que nunca ver\u00e1 la luz como tal, pero que se halla esbozada en los <em>Cahiers pour une moral<\/em>, unos cuadernos de los que nos han quedado en torno a ochocientas p\u00e1ginas y en los que Sartre intenta perfilar un nuevo rumbo. Tal como se\u00f1ala Pierre Verstraeten, nos encontramos ante un \u00abbanco de pruebas\u00bb[8] cuyas contradicciones internas resultan tan evidentes \u2014podemos hallar hasta tres tesis no solo diferentes, sino enfrentadas\u2014 que cualquier intento de publicaci\u00f3n resulta impensable. Pero, en todo caso, cumplen una funci\u00f3n fundamental, la de permitir a Sartre visualizar esas contradicciones y, por tanto, perfilar estrategias para su superaci\u00f3n. Estrategias en las que la aproximaci\u00f3n al marxismo en los a\u00f1os cincuenta desempe\u00f1ar\u00e1 un papel importante, hasta el punto de que en la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em> considerar\u00e1 al marxismo como \u00abfilosof\u00eda insuperable de nuestros tiempos\u00bb,[9] calificaci\u00f3n no compartida por Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p><strong>\u00c9tica y marxismo: dos preocupaciones paralelas<\/strong><\/p>\n<p>A mediados de los a\u00f1os cuarenta Sartre pronuncia una conferencia que se convertir\u00e1 en uno de sus libros m\u00e1s se\u00f1alados: <em>El existencialismo es un humanismo<\/em>. Si todas las obras de Sartre responden a una problem\u00e1tica social o a una posici\u00f3n personal concreta, esta lo hace de una manera, a nuestro modo de ver, m\u00e1s acusada, hasta el punto de que su conveniencia se diluye al mismo tiempo que la situaci\u00f3n que la sustenta. No en vano nos encontramos ante una obra que gener\u00f3 un profundo estupor en el entorno de Sartre, tal como constata Michel Tournier en su obra <em>El viento par\u00e1clito<\/em>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00abEl 28 de octubre de 1945 Sartre nos convoc\u00f3. Nos precipitamos a su llamada [\u2026]. El mensaje de Sartre se pod\u00eda encerrar en cinco palabras: <em>el existencialismo es un humanismo<\/em>. Y nos cont\u00f3 una historia de guisantes en una caja de cerillas para ilustrar su pensamiento. Est\u00e1bamos aterrados. As\u00ed pues, nuestro maestro recog\u00eda de la basura donde lo hab\u00eda enterrado aquel desperdicio que apestaba a sudor y a vida interior, <em>el Humanismo<\/em>, y lo pegaba como suyo a aquella otra noci\u00f3n absurda, el existencialismo. Y todo el mundo aplaud\u00eda\u00bb.[10]<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar el estupor que manifiesta Tournier, ya que Sartre, en los a\u00f1os treinta, y m\u00e1s en concreto en las p\u00e1ginas de la m\u00e1s conocida de sus novelas, <em>La n\u00e1usea<\/em> (1938), hab\u00eda realizado, por boca de Roquentin, una feroz cr\u00edtica del humanismo. No es de extra\u00f1ar, tampoco, si tomamos en consideraci\u00f3n la cr\u00edtica que el existencialismo realiza a toda forma de esencialismo. Nos atrevemos a aventurar que el rapto humanista que sufre Sartre en 1945 es el reflejo del profundo malestar, de la intensa desaz\u00f3n, que los horrores de la guerra provocan en quienes han sido testigos de ellos y ahora, una vez finalizada, constatan los cr\u00edmenes cometidos por el nazismo. Nos hallamos ante un gesto propio del momento, pues desde diferentes \u00e1mbitos ideol\u00f3gicos \u2014marxismo, existencialismo, liberalismo\u2014 el humanismo se convierte en horizonte te\u00f3rico. Como se convertir\u00e1 en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica tras la denuncia de los cr\u00edmenes del estalinismo en el XX Congreso del PCUS, donde se establece la doctrina del <em>humanismo socialista<\/em>. Pero es un gesto, en el caso que nos ocupa, de una extremada incoherencia filos\u00f3fica, solo disculpable por los avatares de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No es, en absoluto, esa la v\u00eda por la que Sartre transitar\u00e1 para acomodar su discurso a su activismo pol\u00edtico. La referencia al humanismo desaparecer\u00e1 casi por completo de su obra. Es m\u00e1s, en la pretensi\u00f3n de construir una \u00e9tica, el humanismo no aparece como referencia. En efecto, una de las grandes preocupaciones de Sartre a lo largo de su vida fue la redacci\u00f3n de una \u00e9tica, \u00e9tica que, como tal, nunca lleg\u00f3 a redactar. Merece la pena subrayar, en este sentido, el paralelismo con otro autor por el que Sacrist\u00e1n mostr\u00f3 igualmente un enorme inter\u00e9s, Gy\u00f6rgy Luk\u00e1cs, quien tambi\u00e9n pretendi\u00f3 redactar una \u00e9tica que nunca vio la luz. Sartre redact\u00f3 varios textos sobre \u00e9tica, como los mencionados <em>Cahiers pour une morale<\/em> (1947-1948), que constituyen, sin ninguna duda, el intento de dar cumplimiento a la promesa con la que se cierra <em>El ser y la nada<\/em> referente a la redacci\u00f3n de una \u00e9tica, y, en los a\u00f1os sesenta, al menos cuatro textos, extensos, que abordan la cuesti\u00f3n. Pero Sartre nunca lleg\u00f3 a redactar esa \u00e9tica, aunque, como declar\u00f3 en una entrevista de 1969, \u00abest\u00e1 enteramente constituida en esp\u00edritu y no prev\u00e9 ya ahora m\u00e1s que problemas de redacci\u00f3n\u00bb.[11]<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n apunta una hip\u00f3tesis tremendamente juiciosa: \u00abEn cualquier caso, lo que me permito sugerir como hip\u00f3tesis es que la funci\u00f3n o el lugar que parec\u00eda que en el desarrollo del pensamiento de Sartre fuera a tener que ocupar un tratado de \u00e9tica lo ha ocupado este largo per\u00edodo, todos los a\u00f1os cincuenta, de roce, de choque y de discusi\u00f3n con el marxismo\u00bb. Y a\u00f1ade con enorme precisi\u00f3n: \u00abMenos en la teor\u00eda que en la pr\u00e1ctica\u00bb.[12] En efecto, la pr\u00e1ctica marca el camino a una teor\u00eda que, siempre a la zaga, acaba por no llegar. Pero en esta \u00e9poca convulsa y de incertidumbres te\u00f3ricas, el di\u00e1logo cr\u00edtico con el marxismo puede entenderse en el mismo \u00e1mbito de preocupaci\u00f3n que la prometida \u00e9tica. Quiz\u00e1 esa ausencia sea consecuencia de que Sartre, tras las certezas desterradas de <em>El ser y la nada<\/em>, ya no volvi\u00f3 a encontrar un terreno firme en el que asentarse. Ello lo atestigua un camino sembrado de textos no publicados (<em>Verdad y existencia<\/em>, su <em>Mallarm\u00e9<\/em>, biograf\u00eda existencial de Mallarm\u00e9,[13] el segundo volumen de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em>, entre otros).<\/p>\n<p>No cabe duda de que Sartre mantuvo una relaci\u00f3n conflictiva con el marxismo, derivada en parte, muy probablemente, de las tremendas limitaciones te\u00f3ricas del PCF, cuyo servilismo hacia las directrices sovi\u00e9ticas empobrece sobremanera sus an\u00e1lisis te\u00f3ricos. Sartre hab\u00eda mirado siempre con simpat\u00eda a Marx, incluso en sus textos m\u00e1s tempranos, pero no compart\u00eda las lecturas dogm\u00e1ticas del marxismo ortodoxo. Su primer texto en el que el marxismo adquiere un evidente protagonismo es <em>Materialismo y revoluci\u00f3n<\/em> (1946), texto en el que ya aparece la que se va a convertir en cr\u00edtica constante al marxismo ortodoxo: su olvido de la subjetividad. Sacrist\u00e1n se\u00f1ala que Sartre mantuvo diferentes pol\u00e9micas con autores marxistas, como Garaudy, Kanapa o Aragon, pero no hace referencia a la que tuvo un mayor recorrido te\u00f3rico, la que mantuvo con G. Luk\u00e1cs, precisamente como consecuencia de la publicaci\u00f3n de la obra que acabamos de mencionar. En efecto, <em>Materialismo y revoluci\u00f3n<\/em>, que, seg\u00fan Dobson,[14] Sartre redact\u00f3 despu\u00e9s de haber le\u00eddo <em>Sobre el materialismo dial\u00e9ctico y el materialismo hist\u00f3rico<\/em>, fue respondida inmediatamente por Luk\u00e1cs con otra obra, <em>\u00bfExistencialismo o marxismo?<\/em>, en la que desarrolla un feroz ataque a Sartre que, en \u00faltima instancia, no est\u00e1 sustentado en discrepancia filos\u00f3ficas insalvables, como pondr\u00e1 de manifiesto la posterior evoluci\u00f3n de ambos autores. A pesar de ello, en 1949, y quiz\u00e1 como respuesta al desembarco de Sartre en la arena pol\u00edtica con la fundaci\u00f3n del RDR, un partido de orientaci\u00f3n socialista revolucionaria, Luk\u00e1cs, convertido en voz autorizada del oficialismo marxista, acude a Par\u00eds para continuar su labor de cr\u00edtica de las propuestas sartrianas.<\/p>\n<p>Desde una perspectiva te\u00f3rica, el n\u00facleo del debate de Sartre con el marxismo tiene que ver, como acertadamente se\u00f1ala Sacrist\u00e1n, con la cuesti\u00f3n de las mediaciones. Ser\u00e1 en la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em>, pero m\u00e1s espec\u00edficamente en las \u00abCuestiones de m\u00e9todo\u00bb, que obran como su pr\u00f3logo pero que hab\u00edan aparecido de modo independiente dos a\u00f1os antes, en 1958, donde Sartre desarrolle una extensa reflexi\u00f3n en torno a las insuficiencias del marxismo ortodoxo. El marxismo oficialista ven\u00eda te\u00f1ido, desde tiempo atr\u00e1s, por un economicismo mecanicista que hab\u00eda derivado en una anal\u00edtica empobrecida en la que todo fen\u00f3meno tend\u00eda a ser explicado por factores econ\u00f3micos. Es algo que ven\u00eda siendo criticado por ciertos sectores del marxismo, como la Escuela de Fr\u00e1ncfort o por autores como Korsch y, significativamente, Luk\u00e1cs, desde los a\u00f1os veinte. Frente a ese planteamiento simplista y perezoso, Sartre se\u00f1alar\u00e1 la necesidad de construir una jerarqu\u00eda de mediaciones dentro del marxismo que permita dar cuenta mucho m\u00e1s precisa del actuar subjetivo. No se trata, en realidad, sino de volver al propio Marx, cuando se\u00f1ala en su sexta tesis sobre Feuerbach que \u00abla esencia humana es el conjunto de sus relaciones sociales\u00bb.[15] Esas relaciones sociales, esas mediaciones a las que est\u00e1 sometida la subjetividad, son las que acaban delimitando los perfiles de la misma y las que permiten explicar sus pr\u00e1cticas. Sartre, que entiende que el marxismo ortodoxo ha disuelto a la subjetividad \u00aben un ba\u00f1o de \u00e1cido sulf\u00farico\u00bb,[16] se aplica a proporcionar al marxismo una teor\u00eda de la subjetividad, que no es otra que el existencialismo. Sartre entiende el existencialismo como una teor\u00eda de la subjetividad dentro del marxismo que, al dotar a este de herramientas como el m\u00e9todo progresivo-regresivo y el psicoan\u00e1lisis existencial, multiplicar\u00e1 su eficacia anal\u00edtica. Es preciso se\u00f1alar que los planteamientos de Sartre en la <em>Cr\u00edtica<\/em> y los de Luk\u00e1cs en su <em>Ontolog\u00eda del ser social<\/em>, publicada p\u00f3stumamente en 1971, resultan de una cercan\u00eda que limita los efectos de la agria pol\u00e9mica que mantuvieron en 1949.<\/p>\n<p><strong>Sartre y Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>Preguntar sobre la relaci\u00f3n de J.-P. Sartre con Espa\u00f1a es otro modo de preguntar por la relaci\u00f3n de Sartre con la pol\u00edtica, pues Espa\u00f1a, la Espa\u00f1a de la Guerra Civil (1936-1939) y de la sanguinaria dictadura fascista del general Franco (1939-1975), es, a lo largo de buena parte del siglo xx, un tema eminentemente pol\u00edtico. Imposible eludir la carga pol\u00edtica que resuena en ese nombre: Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Es por ello por lo que la mirada de Sartre hacia Espa\u00f1a es una mirada compleja, te\u00f1ida por una relaci\u00f3n con la pol\u00edtica que dista mucho de ser sencilla. Cualquier conocedor de la obra de Sartre, de su biograf\u00eda \u2014\u00bfes acaso posible separarlas?\u2014, sabe la distancia que separa al Sartre de los a\u00f1os treinta, sumergido en los vericuetos apol\u00edticos del \u00ab<em>homme seul<\/em>\u00bb, del militante sesentayochista. Aunque lo que sigue es un ejercicio de problematizaci\u00f3n de las declaraciones de Sartre y de su entorno m\u00e1s cercano respecto de sus posiciones pol\u00edticas, daremos cr\u00e9dito a la afirmaci\u00f3n de Sartre respecto a la importancia que la Segunda Guerra Mundial tuvo en su devenir vital y filos\u00f3fico, tal como hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba. La guerra abre un imparable proceso de politizaci\u00f3n, de b\u00fasqueda del compromiso y de la acci\u00f3n colectiva. Y Espa\u00f1a queda a los dos lados de esa frontera que es la guerra.<\/p>\n<p>Si hubi\u00e9ramos de creer las declaraciones de los interesados, la Guerra Civil Espa\u00f1ola fue un Acontecimiento en la vida de Sartre y Simone de Beauvoir. Ella, en <em>La Force l\u2019\u00e2ge<\/em>, escribe, con una contundencia que debiera dejar poco lugar a la duda, que, \u00abde regreso a Par\u00eds, nos sumergimos en el drama que domin\u00f3 nuestra vida durante dos a\u00f1os y medio: la guerra de Espa\u00f1a\u00bb.[17] Merece la pena extender algo m\u00e1s la cita, por el dramatismo que de ella se desprende:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">\u00abEra una epopeya que nos llenaba de desasosiego y por la que nos sent\u00eda- mos directamente concernidos. Ning\u00fan pa\u00eds nos era m\u00e1s cercano que Espa\u00f1a [\u2026]. En febrero, la voz de La Pasionaria hab\u00eda exaltado esas esperanzas: su derrota nos hubiera alcanzado como un desastre personal. Por otro lado, sab\u00edamos que en la guerra de Espa\u00f1a se jugaba nuestro propio futuro [\u2026]. Nadie en nuestro campo dudaba de la victoria republicana. Recuerdo una cena, en el restaurante espa\u00f1ol del que he hablado y que era frecuentado exclusivamente por republicanos. Una joven cliente espa\u00f1ola se levant\u00f3 de repente y declam\u00f3 un poema a la gloria de su pa\u00eds y de la libertad; no comprend\u00edamos las palabras \u2014uno de nuestros vecinos nos indic\u00f3 el sentido general\u2014 pero fuimos conmovidos por la voz de la joven, por su rostro. Todos se levantaron y gritaron: \u00abViva la Rep\u00fablica Espa\u00f1ola\u00bb\u00bb.[18]<\/p>\n<p>Por su parte, Sartre, en una entrevista concedida en 1967 a la revista <em>Jeune Cin\u00e9ma<\/em> sobre su relato <em>El muro<\/em>, ambientado en la Guerra Civil Espa\u00f1ola, declara: \u00abCuando escrib\u00ed <em>El muro<\/em> no estaba en relaci\u00f3n con las tesis marxistas, estaba, simplemente, en revuelta total contra el hecho del fascismo espa\u00f1ol\u00bb.[19] Declaraciones de una contundencia que no debiera dejar lugar a duda alguna. Sin embargo, los hechos no parecen refrendar el entusiasmo militante de la pareja. Al parecer, el tiempo nubla los recuerdos. Comprob\u00e9moslo.<\/p>\n<p>Simone de Beauvoir comienza su apunte se\u00f1alando que acaban de regresar a Par\u00eds. No es un dato irrelevante, pues el lugar del que regresan es la Italia de Mussolini, la Italia que tomar\u00e1 partido en la contienda espa\u00f1ola y que mandar\u00e1 sus tropas a combatir en el bando fascista. En el verano de 1936, en el que, desde el 18 de julio, Espa\u00f1a se desangra, Sartre y De Beauvoir se afanan en recorrer Italia, ajenos, al parecer, a su situaci\u00f3n pol\u00edtica y a su alineamiento internacional.<\/p>\n<p>M\u00e1s significativos nos resultan otros datos. Como, por ejemplo, que entre 1936 y 1939, ese \u00abdrama que domin\u00f3 nuestra vida durante dos a\u00f1os y medio\u00bb, en palabras de De Beauvoir, no aparece mencionado ni una sola vez en la correspondencia que ella dirige a Sartre. Tambi\u00e9n se puede se\u00f1alar que ninguno de los dos participa en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que tuvo lugar en Madrid en julio de 1937 y en el que s\u00ed participaron, por ejemplo, Nizan y Malraux. O que ni siquiera firmaron la \u00abDeclaraci\u00f3n de intelectuales republicanos sobre los acontecimientos de Espa\u00f1a\u00bb, publicada en la revista <em>Commune<\/em> en diciembre de 1936. No parece, a tenor de los hechos, de las posiciones p\u00fablicas de Sartre, que realmente el conflicto espa\u00f1ol ocupara un lugar privilegiado, siquiera importante, entre las preocupaciones del autor de <em>El muro<\/em>.<\/p>\n<p><strong>J.-P. Sartre en sus textos sobre Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>Espa\u00f1a, con ese trasfondo pol\u00edtico al que hac\u00edamos referencia, aparece en diversas ocasiones en la producci\u00f3n sartriana. Cinco son los textos en los que podr\u00eda decirse que Espa\u00f1a es el tema: <em>El muro<\/em>, relato de 1937 ambientado en la Guerra Civil; las diversas referencias que se encuentran, entre 1945 y 1949, en su trilog\u00eda novel\u00edstica <em>Los caminos de la libertad<\/em>; el pr\u00f3logo de 1950 a la novela de Juan Hermanos <em>El fin de la esperanza<\/em>; un art\u00edculo, en versi\u00f3n francesa e italiana, de 1963, sobre la ejecuci\u00f3n del dirigente comunista espa\u00f1ol Juli\u00e1n Grimau; y el extenso pr\u00f3logo al libro de Gis\u00e8le Halimi, <em>Le Proc\u00e8s de Burgos<\/em>, de 1971. Excepto este \u00faltimo texto, que nos parece especialmente poco riguroso, intentaremos a continuaci\u00f3n desentra\u00f1ar la posici\u00f3n pol\u00edtica que de ellos se desprende.<\/p>\n<p>En 1937, y sin ninguna duda influido por los acontecimientos de Espa\u00f1a, Sartre publica un volumen de narraciones, <em>El muro<\/em>, que toma el t\u00edtulo de una de las mismas, ambientada en la Guerra Civil. En ella se narran las horas de cautiverio previas a la ejecuci\u00f3n de un grupo de republicanos apresados por las tropas franquistas. En el origen del texto parece hallarse un hecho biogr\u00e1fico concreto: el deseo de uno de los amigos m\u00e1s cercanos de Sartre en aquel momento, Jacques-Laurent Bost, de acudir a Espa\u00f1a a luchar en favor del bando republicano. Bost pidi\u00f3 a Sartre que hablara con Malraux para que este, a trav\u00e9s de sus contactos, le facilitara el viaje a Espa\u00f1a. La petici\u00f3n incomod\u00f3 profundamente a Sartre, quien no estaba de acuerdo con la iniciativa de Bost.[20] Surge as\u00ed un relato en el que el conflicto b\u00e9lico sirve como tel\u00f3n de fondo para una reflexi\u00f3n sobre la muerte y en el que no se encuentra ning\u00fan posicionamiento pol\u00edtico. Sartre en su texto pretende subrayar el absurdo de unas muertes que ser\u00e1n in\u00fatiles para la causa pol\u00edtica, pues la guerra est\u00e1 perdida.[21] Aparece as\u00ed uno de los temas recurrentes en su relaci\u00f3n con la guerra de Espa\u00f1a, el absurdo del compromiso con una causa que se cree perdida. Si De Beauvoir argumenta que en aquel momento nadie dudaba de la victoria republicana, Sartre la pone en cuesti\u00f3n constantemente en sus textos. Aunque quiz\u00e1 pueda verse en ello una estrategia para justificar su propia falta de compromiso, a diferencia de lo que sucede con amigos como el mencionado Bost o Fernando Gerassi. En todo caso, en <em>El muro<\/em> Sartre se libra a una reflexi\u00f3n subjetivista, fruto del malestar que le provoca la decisi\u00f3n de su amigo. Esa guerra que aparec\u00eda en los peri\u00f3dicos, que ocasionalmente se manifestaba en conversaciones y acontecimientos que pod\u00edan olvidarse con facilidad, se cuela de repente en el c\u00edrculo m\u00e1s pr\u00f3ximo de Sartre, obligando a que su mirada se pose sobre ella. Por eso, Sartre la interioriza en forma de malestar, pero de un malestar \u00edntimo, que nada tiene que ver con posiciones pol\u00edticas, con la lucha contra el fascismo. \u00c9l mismo lo confirma al subrayar que es \u00abuna reacci\u00f3n afectiva y espont\u00e1nea a la guerra de Espa\u00f1a\u00bb.[22]<\/p>\n<p>Donde s\u00ed podemos encontrar una presencia m\u00e1s s\u00f3lida y te\u00f3rica de la Guerra Civil es en la trilog\u00eda <em>Los caminos de la libertad,<\/em> y muy especialmente en el segundo volumen, <em>El aplazamiento<\/em>, publicado en 1945. Es el a\u00f1o de la famosa conferencia <em>El existencialismo es un humanismo<\/em>, en la que ya se muestran evidentes signos de alejamiento de las posiciones de <em>El ser y la nada<\/em>, en especial de su concepci\u00f3n hobbesiana de relaci\u00f3n con el Otro. Volviendo a la trilog\u00eda, es preciso subrayar su indisimulado car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico. En un tiempo de fuertes mudanzas personales, Sartre parece utilizar el texto como instrumento para clarificar su devenir vital, para repasar un itinerario personal que conllevar\u00e1 profundas repercusiones filos\u00f3ficas y pol\u00edticas. En ese sentido, la guerra, tanto la de Espa\u00f1a como la mundial, tienen una presencia constante en el texto. Ambas son acontecimientos de primera magnitud para Sartre, pues le tocan en lo m\u00e1s personal. La Guerra Civil Espa\u00f1ola, porque alcanza a su entorno m\u00e1s cercano. Ya hemos mencionado el caso de Jacques-Laurent Bost, pero hay que a\u00f1adir el de Fernando Gerassi, amigo muy pr\u00f3ximo de Sartre que decide partir hacia Espa\u00f1a en cuanto se desencadena la guerra. Decisi\u00f3n que sorprende a Sartre, pues lo consideraba un alma gemela en cuanto a su dedicaci\u00f3n al arte, en este caso la pintura, y su distanciamiento de las cosas materiales. La Segunda Guerra Mundial, porque implicar\u00e1 la movilizaci\u00f3n de Sartre y, como consecuencia, el abandono, pr\u00e1ctico y te\u00f3rico, de su idea del \u00ab<em>homme seul<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 sea el momento de recordar la deriva del pensamiento sartriano, en especial en la cuesti\u00f3n de la intersubjetividad, en los a\u00f1os cuarenta. La gran obra de referencia de esta \u00e9poca, <em>El ser y la nada<\/em>, desarrolla un planteamiento hipersubjetivista en el que la relaci\u00f3n con el Otro es siempre de conflicto, tal como, desde una perspectiva literaria, se encarga de transmitir uno de los protagonistas de <em>A puerta cerrada<\/em>, Garcin, cuando declara que \u00abel infierno son los otros\u00bb.[23] Infierno de la alteridad que solo puede ser borrado mediante el sometimiento o la aniquilaci\u00f3n del Otro. Tras la tensi\u00f3n entre los tres protagonistas a todo lo largo de la obra, esta se cierra con un \u00abpues bien, recomencemos\u00bb, que sustancia el pesimismo sartriano. Las relaciones intersubjetivas est\u00e1n te\u00f1idas de violencia, en una dial\u00e9ctica amo\/esclavo cuyo resultado necesario es el surgimiento de una subjetividad dominante. Ese es el \u00ab<em>homme seul<\/em>\u00bb al que acabamos de hacer referencia. Sin embargo, cuando se produce la publicaci\u00f3n de <em>El ser y la nada<\/em> (1943), y precisamente como consecuencia de la guerra y la movilizaci\u00f3n, las posiciones sartrianas han desbordado el texto. El individualismo radical, el necesario enfrentamiento con el Otro han sido desmentidos por una pr\u00e1ctica pol\u00edtica, en el marco de la Resistencia, que exige la acci\u00f3n com\u00fan. Y la experiencia vital de la terrible violencia de la guerra y de los horrores del nazismo pondr\u00e1n en cuesti\u00f3n tambi\u00e9n ese universo de violencia que se hab\u00eda venido teorizando hasta ese momento. Por ello, esos a\u00f1os, a partir de 1943, son a\u00f1os de b\u00fasqueda, de experimentaci\u00f3n te\u00f3rica sobre los modos de buscar la intersubjetividad y la superaci\u00f3n de la violencia. Donde de un modo m\u00e1s evidente se aprecia esto es en los p\u00f3stumos <em>Cahiers pour une morale<\/em>, en que se ensayan estrategias de aproximaci\u00f3n al Otro fuera del universo de la violencia. Aparecen figuras como la \u00abayuda\u00bb y la \u00abcolaboraci\u00f3n\u00bb[24] en el marco de una relaci\u00f3n destotalizada en el que todos los sujetos poseen el mismo nivel ontol\u00f3gico, y se perfila una propuesta de acci\u00f3n colectiva, de constituci\u00f3n de un nosotros, que anticipa lo que se teorizar\u00e1 en la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em>. En todo caso, y por lo que aqu\u00ed nos interesa, a pesar de las vacilaciones y las dudas, la violencia aparece como un problema y desaparece del \u00e1mbito de las relaciones intersubjetivas. La vida hab\u00eda modificado el texto.<\/p>\n<p>Ese cambio biogr\u00e1fico, preludio del tr\u00e1nsito filos\u00f3fico, es lo que se explicita en la novela. Mathieu, <em>alter ego<\/em> de Sartre, se ve atrapado por un mundo en el que las guerras, la de Espa\u00f1a, la mundial, se muestran obstinadamente. Pero, desde nuestro punto de vista, esa presencia tiene una dimensi\u00f3n exclusivamente subjetiva, no pol\u00edtica. La guerra nos habla, por boca de Mathieu, de un malestar individual, como el Acontecimiento que da al traste con una forma de vida. La movilizaci\u00f3n coloca a Mathieu ante un mundo cuya presencia hab\u00eda podido sortear, o cuando menos moldear, hasta ese momento. Pero \u00abde golpe el cartel se puso a apuntarle; era como si hubieran escrito su nombre con tiza en la pared, en medio de insultos y amenazas. Movilizado [&#8230;]. Es la guerra [&#8230;]\u00bb.[25] La violencia de la situaci\u00f3n queda convenientemente subrayada, pues Mathieu se siente amenazado; toma como un requerimiento personal el cartel que llama a la movilizaci\u00f3n. Pues sabe \u2014Mathieu (Sartre, que lo redacta)\u2014 que su vida ya no es la misma; incluso pudiera decirse que ya no es suya. \u00abEl porvenir de Mateo [sic] estaba ah\u00ed al descubierto, fijo y vidrioso, fuera de su campo de acci\u00f3n\u00bb.[26] Y a\u00f1ade Mathieu-Sartre:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00abAhora la guerra est\u00e1 aqu\u00ed, mi vida ha muerto; <em>era eso<\/em>, mi vida: hay que recomenzarlo todo desde el principio [\u2026]. Dejaba su vida tras s\u00ed, he hecho una muda. Cruz\u00f3 la calzada, fue a acodarse en la balaustrada, frente al mar. Se sent\u00eda siniestro y ligero; estaba desnudo, se lo hab\u00edan robado todo. Ya no tengo nada m\u00edo, ni siquiera mi pasado\u00bb.[27]<\/p>\n<p>Por su parte, la guerra de Espa\u00f1a se muestra fundamentalmente a trav\u00e9s de la relaci\u00f3n de Mathieu-Sartre con G\u00f3mez, <em>alter ego<\/em>, en este caso, de Fernando Gerassi, amigo de Sartre que, como hemos apuntado, se traslad\u00f3 inmediatamente a Espa\u00f1a para defender la Rep\u00fablica y luchar contra el fascismo. La Guerra Civil Espa\u00f1ola es un acontecimiento que anticipa el futuro de Mathieu, un presente que se ha querido ajeno, que se rechaza, aun con remordimientos, pero que se perfila en el horizonte:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00abLa guerra estaba all\u00ed \u2014se abisma Mathieu mientras come con G\u00f3mez\u2014 en la pista blanca, era el resplandor muerto del claro de luna artificial, la falsa acidez de la trompeta tapada, y ese fr\u00edo sobre el mantel, entre el olor del vino tinto y esa vejez secreta de los rasgos de G\u00f3mez. La guerra, la muerte, la derrota\u00bb.[28]<\/p>\n<p>Dejando un tanto de lado el tema de la amistad entre ambos, tanto de los personajes de ficci\u00f3n como de los reales, es la posici\u00f3n ante la Guerra Civil la que va a marcar la tensi\u00f3n que se aprecia entre G\u00f3mez y Mathieu. Se advierte a lo largo del texto un Mathieu a la defensiva, que intenta rechazar las razones para un compromiso que le impulsara a modificar su modo de vida, al tiempo que siente remordimientos por el abandono que ha sufrido la agredida democracia espa\u00f1ola. En el texto se trasluce una posici\u00f3n te\u00f3rica que ya hab\u00eda comenzado a plasmarse en los <em>Cuadernos de guerra<\/em>, a saber, la responsabilidad individual ante el devenir de los acontecimientos. El Sartre movilizado de los <em>Cuadernos<\/em> ya se muestra consciente de los efectos de la falta de compromiso pr\u00e1ctico. Por eso, la posici\u00f3n te\u00f3rica no es suficiente. Quiz\u00e1 ah\u00ed pueda estar la explicaci\u00f3n de que, a la vuelta del campo de concentraci\u00f3n, Sartre encargara a sus alumnos una redacci\u00f3n con un tema muy significativo, el remordimiento. Mathieu, antes de ser movilizado, habla ya con la voz del Sartre movilizado:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00abCallaron. Mateo no estimaba tanto a G\u00f3mez [&#8230;]. Pero se sent\u00eda culpable ante \u00e9l porque era un espa\u00f1ol. Se estremeci\u00f3. Un pez contra el vidrio del acuario. Y \u00e9l era franc\u00e9s bajo esa mirada, franc\u00e9s hasta la m\u00e9dula. Culpable. Culpable y franc\u00e9s. Ten\u00eda ganas de decirle: \u00ab\u00a1Pero qu\u00e9 diablos!, yo era intervencionista\u00bb. Pero esa no era la cuesti\u00f3n. Lo que \u00e9l hab\u00eda deseado personalmente no contaba. \u00c9l era franc\u00e9s y de nada serv\u00eda que rompiera su solidaridad con los otros franceses. Yo decid\u00ed la no-intervenci\u00f3n en Espa\u00f1a, yo no mand\u00e9 armas, yo cerr\u00e9 la frontera a los voluntarios\u00bb.29<\/p>\n<p>Pero el apoliticismo sartriano de preguerra se cuela en el texto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00ab\u2014\u00a1G\u00f3mez!, dijo de pronto Mateo. Usted es fuerte, sabe por qu\u00e9 se bate.<br \/>\n\u2014\u00bfQuiere decir que usted no lo sabr\u00eda?<br \/>\n\u2014S\u00ed, creo que lo sabr\u00eda. Pero no pensaba en m\u00ed. Hay tipos que no tienen m\u00e1s que su vida, G\u00f3mez. Y nadie hace nada por ellos. Nadie. Ning\u00fan gobierno, ning\u00fan r\u00e9gimen. Si el fascismo reemplazara aqu\u00ed a la Rep\u00fablica, ni siquiera lo advertir\u00edan. Tome un pastor de los C\u00e9vennes. \u00bfCree que sabr\u00eda por qu\u00e9 se bate?<br \/>\n\u2014Entre nosotros los pastores son los m\u00e1s rabiosos, dijo G\u00f3mez.<br \/>\n\u2014\u00bfY por qu\u00e9 se baten?<br \/>\n\u2014Depende. Los he conocido que se bat\u00edan para aprender a leer\u00bb.[30]<\/p>\n<p>Y ese apoliticismo individualista, esa posici\u00f3n a la defensiva que hemos subrayado, desembocar\u00e1 en un planteamiento a nuestro modo de ver obsceno. Sartre, especialmente atento a la autojustificaci\u00f3n retrospectiva, hace pasar a G\u00f3mez, es decir, a su amigo Fernando, por un amante de la violencia de la guerra. No se trata de una posici\u00f3n pol\u00edtica, G\u00f3mez no ha corrido a Espa\u00f1a a defender la Rep\u00fablica, la democracia, a luchar contra el fascismo; Espa\u00f1a y la guerra son el lugar de un deseo de violencia y muerte:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00ab[G\u00f3mez] Adelant\u00f3 la mano por encima del mantel, y cogi\u00f3 el antebrazo de Mateo: Mateo \u2014dijo en voz baja y lenta\u2014, la guerra es hermosa. Su rostro llameaba. Mateo trat\u00f3 de desprenderse, pero G\u00f3mez le apret\u00f3 el brazo con fuerza y continu\u00f3: A m\u00ed me gusta la guerra\u00bb.[31]<\/p>\n<p>Repugnante estrategia de justificaci\u00f3n por parte de Sartre. La distancia que le separa de Gerassi no es el compromiso de este, sino su pasi\u00f3n por la violencia. Gerassi es un violento que ha acudido a Espa\u00f1a a dar rienda suelta a sus bajos instintos; por su parte, Sartre repudia la violencia y por ello no se implica en la guerra. M\u00e1s all\u00e1 de la injusta reflexi\u00f3n sartriana, una pregunta se impone: \u00bfel que habla es el Sartre que en 1945 publica estas l\u00edneas o el Mathieu de 1939 que protagoniza la escena? La falta de compromiso parece hablarnos en favor del personaje literario de 1939, pues la biograf\u00eda sartriana refleja ya posiciones de un cierto compromiso al poco de la Ocupaci\u00f3n, como hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba. El rechazo de la violencia, sin embargo, no es propio de la preguerra; no en vano <em>El ser y la nada<\/em> describe, como hemos dicho, unas relaciones intersubjetivas marcadas por la violencia. Esto \u00faltimo nos llevar\u00eda a apostar por el redactor de 1945 como la voz que descalifica a G\u00f3mez y, con \u00e9l, el compromiso con la Rep\u00fablica espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Es decir que, frente a las declaraciones de Sartre y Simone de Beauvoir sobre el papel que la Guerra Civil Espa\u00f1ola hab\u00eda desempe\u00f1ado en sus posiciones pol\u00edticas, en su vida misma, defenderemos que, en el caso de Sartre y sus textos primeros sobre ella, lo que encontramos es la expresi\u00f3n de un malestar subjetivo, no una posici\u00f3n pol\u00edtica. Tanto en <em>El muro<\/em> como en <em>El aplazamiento<\/em> Sartre se ve interpelado por un Acontecimiento que, por la implicaci\u00f3n de su entorno, le demanda un posicionamiento. En <em>El muro<\/em>, el hecho de que finalmente Bost no acudiera al frente espa\u00f1ol a exponer su vida, permiti\u00f3 a Sartre una implicaci\u00f3n m\u00e1s alejada, un sobrevuelo que se sustancia en una reflexi\u00f3n sobre la posibilidad de una muerte que \u00e9l entiende como absurda, pues ya considera, quiz\u00e1 una excusa m\u00e1s, la guerra perdida. En <em>El aplazamiento<\/em>, por su dimensi\u00f3n autobiogr\u00e1fica y por la participaci\u00f3n de Fernando Gerassi en la guerra, la implicaci\u00f3n es m\u00e1s intensa, pero las ra\u00edces del malestar permanecen. Sartre se ve interpelado de una manera directa por un Acontecimiento que trastorna su vida y que, por tanto, decide estigmatizar. No cabe duda de que Sartre sent\u00eda simpat\u00eda por las posiciones republicanas, pero no hasta el punto de que eso pudiera significar un compromiso pol\u00edtico ni una alteraci\u00f3n de su forma de vida.<\/p>\n<p>Hay que esperar unos a\u00f1os para que su posici\u00f3n respecto a Espa\u00f1a adopte unos innegables tintes pol\u00edticos. Ser\u00e1 en 1950 cuando redacte el pr\u00f3logo para la novela <em>El fin de la esperanza<\/em> de Juan Hermanos, seud\u00f3nimo de un desconocido autor espa\u00f1ol. En dicho pr\u00f3logo, pol\u00edtica y remordimiento se dan la mano. Pero es un remordimiento que trasciende lo personal para instalarse en lo pol\u00edtico:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\">\u00abEl autor ha elegido muy bien su seud\u00f3nimo; esos espa\u00f1oles son hermanos nuestros; esperaban apasionadamente nuestra liberaci\u00f3n porque nuestra liberaci\u00f3n era tambi\u00e9n la suya. Y luego vino la liberaci\u00f3n; y no era su liberaci\u00f3n. Todo lo que nosotros hemos vivido alegremente, ellos lo han vivido en la angustia, la decepci\u00f3n y el estupor\u00bb.[32]<\/p>\n<p>Efectivamente, tras la derrota en la Guerra Civil, los republicanos espa\u00f1oles exiliados en Francia intentan prolongar el conflicto con actividad guerrillera en varias zonas monta\u00f1osas de Espa\u00f1a. Los Pirineos, el Maestrazgo, la cordillera Cant\u00e1brica cobijan n\u00facleos de maquis cuya pretensi\u00f3n es mantener vivo el conflicto para que los aliados, una vez liberada Francia, entren en Espa\u00f1a en apoyo de las fuerzas democr\u00e1ticas. Desde el otro lado de los Pirineos, incluso, se lanza, en 1944, una ofensiva con grupos de guerrilleros que ten\u00edan sus cuarteles generales en ciudades francesas como Pau.[33] Espa\u00f1a, sin embargo, fue abandonada de nuevo a las garras del fascismo. De Gaulle ordena a los guerrilleros espa\u00f1oles retirarse a 20 kil\u00f3metros de la frontera.[34] De ah\u00ed, el fin de la esperanza. De ah\u00ed que Sartre, de manera categ\u00f3rica, argumente que \u00ab<em>es demasiado tarde<\/em>\u00bb.[35]<\/p>\n<p>Finalmente, en 1963, y con ocasi\u00f3n del fusilamiento por el r\u00e9gimen franquista del dirigente comunista Juli\u00e1n Grimau, Sartre public\u00f3 un art\u00edculo en <em>Lib\u00e9ration<\/em>, los d\u00edas 27 y 28 de abril, bajo el t\u00edtulo \u00abGrimau\u00bb, en el que condenaba la acci\u00f3n del Gobierno espa\u00f1ol. Juli\u00e1n Grimau hab\u00eda sido detenido en Madrid en 1962 por miembros de la polic\u00eda secreta, tras despedirse de otro dirigente comunista, V\u00edctor D\u00edaz Cardiel. Trasladado a las dependencias de la polic\u00eda pol\u00edtica fue lanzado por una ventana, lo que le ocasion\u00f3 graves heridas, pero no la muerte. Esta le llegar\u00eda tras un juicio-farsa el 20 de abril de 1963, ante un pelot\u00f3n de fusilamiento. En su art\u00edculo, Sartre denuncia la \u00abimb\u00e9cil ferocidad del r\u00e9gimen\u00bb y advierte que solo hay \u00abuna soluci\u00f3n para Franco: la sangre, tiene que correr. Cada vez m\u00e1s: el terror solo se mantiene increment\u00e1ndose\u00bb.[36] Su simpat\u00eda hacia las posiciones comunistas queda de manifiesto.<\/p>\n<p>En todo caso, estos dos \u00faltimos textos, en los que la referencia a Espa\u00f1a est\u00e1 te\u00f1ida de pol\u00edtica, son fruto de un Sartre ya inmerso en el compromiso. Su apoliticismo de preguerra hab\u00eda ido cediendo paso a una progresiva politizaci\u00f3n, que desemboca en la fundaci\u00f3n en 1949 de un partido pol\u00edtico: el RDR. Si la mirada hacia Espa\u00f1a se vuelve pol\u00edtica, es porque la mirada sartriana se hab\u00eda hecho pol\u00edtica.<\/p>\n<p><strong>Una mirada a destiempo<\/strong><\/p>\n<p>Las l\u00edneas que anteceden desembocan en una clara conclusi\u00f3n: a pesar de las declaraciones de Sartre y Simone de Beauvoir en sentido contrario, la guerra de Espa\u00f1a no transform\u00f3 ni los posicionamientos pol\u00edticos ni las actitudes vitales de ambos. El evidente malestar por la Guerra Civil que se manifiesta en ciertos textos de Sartre tiene unas causas fundamentalmente subjetivas, no pol\u00edticas. La politizaci\u00f3n de la mirada sartriana no tiene su origen en los acontecimientos de Espa\u00f1a. Antes al contrario, la transformaci\u00f3n de la mirada sobre Espa\u00f1a, acontecida a partir de 1950, tiene su origen en una previa politizaci\u00f3n de Sartre.<\/p>\n<p>S\u00ed concedemos credibilidad a la afirmaci\u00f3n sartriana de que la Guerra Mundial dividi\u00f3 su vida en dos. No cabe duda de que el Sartre movilizado, el Sartre que pasa por el Stalag, rompe amarras con el Sartre de preguerra. Se inicia un camino hacia la politizaci\u00f3n, pero un camino sinuoso y complejo. Un camino en el que el pasado reaparece en ciertos momentos, como se puede constatar en los <em>Cahiers pour une morale<\/em>. Por eso nos preguntamos: las posiciones que se ponen de manifiesto en <em>El aplazamiento<\/em>, \u00bfcorresponden al Mathieu de 1939 o al Sartre de 1945? Probablemente, ni a uno ni a otro, sino a los dos, en una \u00f3smosis dif\u00edcilmente evitable. En todo caso, esta obra pone de manifiesto la nula carga pol\u00edtica presente en la relaci\u00f3n de Sartre con la Guerra Civil Espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Mirada a destiempo. El compromiso de Sartre con Espa\u00f1a llega tarde, muy tarde. <em>Demasiado tarde<\/em>, como \u00e9l mismo escribe. El momento de la solidaridad, ese que entendieron muchos intelectuales europeos, hubiera debido ser 1936. Pero Sartre, como Simone de Beauvoir, no se hallaba preparado para ello en fechas tan tempranas. Ser\u00e1 preciso que sus biograf\u00edas se vean alteradas por otra guerra para que germine una conciencia pol\u00edtica. Hasta ese momento, Espa\u00f1a es la geograf\u00eda de un malestar subjetivo, no el territorio en el que se est\u00e1 jugando nada menos que el destino de Europa. Espa\u00f1a fue abandonada. Las potencias democr\u00e1ticas prefirieron contemporizar con el fascismo antes que defender la democracia espa\u00f1ola. Sartre ni siquiera eso; la suya no fue una opci\u00f3n pol\u00edtica, aunque esa opci\u00f3n no pol\u00edtica tuviera, como siempre, consecuencias pol\u00edticas. El \u00ab<em>homme seul<\/em>\u00bb se empe\u00f1aba en seguir mirando desde su atalaya.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n nos encontraremos con unas p\u00e1ginas realmente interesantes, en las que uno de los fil\u00f3sofos m\u00e1s importantes del panorama espa\u00f1ol del siglo xx se aproxima a una figura de relevancia hist\u00f3rica como es el caso de Sartre. No en vano, Bernard-Henri L\u00e9vy calific\u00f3 al siglo xx como el siglo de Sartre.[37] En estas breves p\u00e1ginas hemos querido familiarizar un poco m\u00e1s a quien se aproxime a este libro con Sartre, especialmente con un Sartre, el de los p\u00f3stumos, al que Sacrist\u00e1n no tuvo acceso y que resulta imprescindible para entender la evoluci\u00f3n de la obra del autor de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em>. Sacrist\u00e1n trasluce a trav\u00e9s de sus textos preocupaciones te\u00f3ricas y pol\u00edticas que aproximaban a ambos autores y que respond\u00edan a la inquietud compartida por la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo. Esa voluntad de cambio y transformaci\u00f3n, a pesar de las evidentes distancias entre ambos, hermana a Sacrist\u00e1n y Sartre en una tarea que muchos de sus lectores e int\u00e9rpretes todav\u00eda hacemos nuestra.<\/p>\n<p>Juan Manuel Arag\u00fc\u00e9s<br \/>\nProfesor de Filosof\u00eda de la Universidad de Zaragoza<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] <em>Vid infra<\/em> p. 121.<br \/>\n[2] Sobre los p\u00f3stumos sartrianos, vid. J. M. Arag\u00fc\u00e9s, <em>El viaje del Argos. Derivas en los escritos p\u00f3stumos de J.P. Sartre<\/em>, Mira editores, Zaragoza, 1995, y J. M. Arag\u00fc\u00e9s, <em>Sartre en la encrucijada. Los p\u00f3stumos de los a\u00f1os 40<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004.<br \/>\n[3] En realidad, donde nos encontramos m\u00e1s alejados de Sacrist\u00e1n es en una cuesti\u00f3n que repite en dos ocasiones. Sacrist\u00e1n se\u00f1ala como \u00abprimer postulado \u00e9tico del existencialismo de Sartre\u00bb el principio de P\u00edndaro \u00abllega a ser lo que eres\u00bb. No podemos coincidir con ese planteamiento en la medida en que Sartre entiende el sujeto carente de una esencia definida, por lo que en modo alguno puede llegar a ser lo que es, pues ese ser carece de sentido en el planteamiento sartriano. Es m\u00e1s, la frase de P\u00edndaro nos parece que ejemplifica de modo muy conveniente el concepto sartriano de \u00abmala fe\u00bb, en el que el sujeto se entiende constituido por una esencia que no es posible modificar.<br \/>\n[4] O. Revault d\u2019Allonnes, \u00abTout homme est tout l\u2019homme\u00bb, <em>Les Temps Modernes<\/em>,<br \/>\nn.os 531-533 (1990), p. 85.<br \/>\n[5] J.-P. Sartre, \u00abAutoportrait \u00e0 soixante-dix ans\u00bb, en <em>Situations X<\/em>, Par\u00eds, Gallimard, 1976, p. 180.<br \/>\n[6]<em> Vid infra<\/em> pp. 96-97.<br \/>\n[7] A. Cohen-Solal, <em>Sartre<\/em>, Barcelona, Edhasa, 1989, p. 224.<br \/>\n[8] Pierre Verstraeten, \u00abSartre et Hegel\u00bb, <em>Les Temps Modernes<\/em>, n\u00b0 539, 1991, p. 132.<br \/>\n[9] J.-P. Sartre, <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica<\/em>, Buenos Aires, Losada, 2004, p. 10.<br \/>\n[10] M. Tournier, <em>El viento par\u00e1clito<\/em>, Madrid, Alfaguara, 1994, p. 160.<br \/>\n[11] M. Contat y M. Rybalka, <em>Les \u00c9crits de Sartre<\/em>, Gallimard, Par\u00eds, 1970, p. 426.<br \/>\n[12] <em>Vid infra<\/em> p. 117.<br \/>\n[13] J.-P. Sartre, <em>Mallarm\u00e9. La lucidez y su cara de sombra<\/em>, Madrid, Arena libros, 2008.<br \/>\n[14] A. Dobson, J.-P. <em>Sartre and the Politics of Reason<\/em>, Cambridge, Cambridge University Press, 1993, pp. 48-49.<br \/>\n[15] K. Marx, \u00abTesis sobre Feuerbach\u00bb, en J. Mu\u00f1oz, <em>Marx<\/em>, Barcelona, Pen\u00ednsula, 1988, p. 432.<br \/>\n[16] J.-P. Sartre, <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n dial\u00e9ctica I<\/em>, Buenos Aires, Losada, 2004, p. 47.<br \/>\n[17] S. de Beauvoir, <em>La Force de l\u2019 \u00e2ge<\/em>, Par\u00eds, Gallimard, 1960, p. 283. 18<br \/>\n[18] <em>Ib<\/em>., p. 283-284.<br \/>\n[19] Citado en Contat y Rybalka, <em>Les \u00c9crits de Sartre<\/em>, p. 59.<br \/>\n[20] <em>Ib<\/em>., p. 58-59.<br \/>\n[21] <em>Ib<\/em>., p. 59.<br \/>\n[22] <em>Ib<\/em>., p. 58.<br \/>\n[23] J.-P. Sartre, <em>A puerta cerrada<\/em>, Madrid, Alianza, 1981, p. 135.<br \/>\n[24] J.-P. Sartre, <em>Cahiers pour une morale<\/em>, Par\u00eds, Gallimard, 1983, pp. 285 y ss.<br \/>\n[25] J.-P. Sartre, <em>El aplazamiento<\/em>, Buenos Aires, Losada, 1948, pp. 71-72.<br \/>\n[26] <em>Ib<\/em>., pp. 72-73.<br \/>\n[27] <em>Ib<\/em>., pp. 73-74.<br \/>\n[28] <em>Ib<\/em>., p. 228.<br \/>\n[29] <em>Ib<\/em>., p. 219.<br \/>\n[30] <em>Ib<\/em>., p. 229.<br \/>\n[31] <em>Ib<\/em>.<br \/>\n[32] J.-P. Sartre, \u00abEl fin de la esperanza\u00bb, en <em>Situaciones vI<\/em>, Buenos Aires, Losada, 1968, p. 56.<br \/>\n[33] M. Usabiaga, <em>La joven guardia. Marcelo Usabiaga. Una vida de compromiso y lucha<\/em>,<br \/>\nIr\u00fan, Ikerlanak, 2012.<br \/>\n[34] M. Yusta en AA. VV., <em>Historias de maquis en el Pirineo aragon\u00e9s<\/em>, Jaca, Pirineum, 1999, p. 25.<br \/>\n[35] Sartre, \u00abEl fin de la esperanza\u00bb, p. 57.<br \/>\n[36] Contat y Rybalka, <em>Les \u00c9crits de Sartre<\/em>, p. 390.<br \/>\n[37] B.-H. L\u00e9vy, <em>Le si\u00e8cle de Sartre<\/em>, Par\u00eds, Grasset, 2000.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pr\u00f3logo a Sobre Sartre, de Manuel Sacrist\u00e1n, en edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal y Jos\u00e9 Sarri\u00f3n Andaluz. 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