{"id":10376,"date":"2021-09-25T05:00:54","date_gmt":"2021-09-25T04:00:54","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10376"},"modified":"2021-09-25T17:39:46","modified_gmt":"2021-09-25T16:39:46","slug":"praga-y-el-fin-de-la-historia-1993-entrevista-con-alain-finkielkraut","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10376","title":{"rendered":"Praga y el fin de la historia (1993). Entrevista con Alain Finkielkraut"},"content":{"rendered":"<p><strong>Alain Finkielkraut: Actualmente se tiende en Europa a considerar la Primavera de Praga o bien como una revuelta insuficientemente desprendida de la visi\u00f3n comunista del mundo, o bien como la prefiguraci\u00f3n infortunada de la Revoluci\u00f3n de Terciopelo. \u00bfComparte usted uno u otro de esos sentimientos? \u00bfVale m\u00e1s la copia democr\u00e1tica de 1989 que el borrador de 1968 con su idea de la \u00abtercera v\u00eda\u00bb? \u00bfHa sido vengada la Primavera checa por la ca\u00edda del muro y la llegada de los disidentes al poder? \u00bfO bien hab\u00eda otras posiciones, otras ambiciones y, en ese caso, se trata de una ocasi\u00f3n hist\u00f3rica malograda e irrecuperable?<\/strong><\/p>\n<p>Karel Kos\u00edk: La Primavera de Praga tuvo un extra\u00f1o destino: fue condenada y enterrada dos veces, por los vencedores de ayer y los de hoy. Sus primeros enterradores fueron los normalizadores de 1968; ayudados por la invasi\u00f3n sovi\u00e9tica, restablecieron en el pa\u00eds la dictadura burocr\u00e1tica policiaca que hab\u00eda sido amenazada de muerte por la protesta popular, y condenaron a la Primavera de Praga como una contrarrevoluci\u00f3n. Su veredicto sobre la Primavera de Praga est\u00e1 enunciado en un documento llamado <i>Lecci\u00f3n<\/i>, que se convirti\u00f3 en la interpretaci\u00f3n oficial de la historia. Quien deseara conservar su empleo, publicar, presentarse en p\u00fablico, hacer una carrera, deb\u00eda repetir los axiomas de ese tratado ideol\u00f3gico y condenar p\u00fablicamente a los revisionistas, los oportunistas de derecha, los renegados, los contrarrevolucionarios que, se dec\u00eda, estaban minando las <strong>\u00ab<\/strong>bases del socialismo\u00bb en Checoslovaquia. La segunda ceremonia f\u00fanebre de la Primavera de Praga ocurri\u00f3 en nuestros d\u00edas, en 1993, una vez que los <i>nuevos<\/i> vencedores llevaron a sus inspiradores y a sus actores a la tumba. El Parlamento checo adopt\u00f3 una <i>ley<\/i>, firmada por el presidente Vaclav Havel, que proclamaba que el periodo entre 1948 y noviembre de 1989 era una etapa durante la cual la sociedad hab\u00eda sido violada \u2013a lo largo de cuarenta a\u00f1os\u2013 por una organizaci\u00f3n <i>criminal<\/i>: el Partido Comunista. Uno de los parlamentarios escribi\u00f3, en su explicaci\u00f3n y su defensa de la ley mencionada, que los pol\u00edticos de la Primavera de Praga hab\u00edan seguido siendo guardianes de un campo de concentraci\u00f3n pero que, a diferencia de sus malvados predecesores, se hab\u00edan mostrado amables (<i>Rud\u00e9 Pravo<\/i>, 18 de junio de 1993.)<\/p>\n<p>Si se quiere comprender la esencia de la Primavera de Praga, no se puede olvidar esa <i>doble<\/i> condena. \u00bfPor qu\u00e9 repudian los <i>vencedores<\/i>, los pasados y los actuales, a la Primavera de Praga o menosprecian su sentido, lo tachan de asunto terminado y aconsejan olvidar el acontecimiento lo m\u00e1s pronto posible?<\/p>\n<p>Los dos escritos, la <i>Lecci\u00f3n<\/i> de 1970 lo mismo que la <i>ley anticomunista<\/i> de 1993, son documentos dignos de atenci\u00f3n; si nada de lo que dicen de la Primavera de Praga es cierto, nos ense\u00f1an en cambio mucho sobre sus autores: traicionan su relaci\u00f3n con la realidad y se convierten en el testimonio perdurable, fijado por escrito, de la ridiculez de los dos vencedores. La <i>Lecci\u00f3n<\/i> prescrib\u00eda a la sociedad la forma en que deb\u00eda considerar su pasado inmediato y dictaba a todos los que deseaban hacerse valer la forma en que deb\u00edan comportarse. La ley anticomunista de los vencedores de hoy determina la mirada sobre el pasado seg\u00fan una <i>norma jur\u00eddica<\/i>, cosa inaudita y sin precedente y que no es posible m\u00e1s que en el pa\u00eds de Josef Svejk y de Franz Kafka.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el punto en com\u00fan entre vencedores tan diferentes \u2013los colaboradores de ayer, partidarios del <strong>\u00ab<\/strong>socialismo real\u00bb, y los dem\u00f3cratas de hoy\u2013 que los lleva a rechazar la Primavera de Praga y a manifestar una incomprensi\u00f3n semejante de su sentido? \u00bfEst\u00e1n condenados los vencedores (\u00bftodos? \u00bfla mayor parte?) a gobernar imagin\u00e1ndose que su dominaci\u00f3n est\u00e1 asegurada hasta el fin de los tiempos y que no hay ninguna alternativa a su programa y a su pr\u00e1ctica? Un a\u00f1o despu\u00e9s de que fue aplastada la Primavera de Praga, los normalizadores de entonces acaparaban todo el poder, con la loca esperanza de que no hab\u00eda fuerza en el mundo capaz de barrerlos. Bastaron veinte a\u00f1os, cortos en una perspectiva hist\u00f3rica pero cruelmente largos desde el punto de vista individual, para que un sistema que parec\u00eda todopoderoso naufragara y para que, de la noche a la ma\u00f1ana, su corrupci\u00f3n y su putrefacci\u00f3n salieran a la luz. Para el vencedor de hoy, el sistema de <strong>\u00ab<\/strong>la econom\u00eda de mercado\u00bb es no solo la \u00faltima palabra de la historia sino el orden <i>natural<\/i>, largamente buscado y al fin felizmente encontrado, que corresponde a la esencia del hombre e instaura la <i>normalidad<\/i> sobre la Tierra.<\/p>\n<p>Las palabras clave para empezar a comprender la Primavera de Praga y la \u00e9poca moderna son <strong>\u00ab<\/strong>norma\u00bb y <strong>\u00ab<\/strong>normalidad\u00bb. \u00bfQu\u00e9 es lo normal en el siglo XX, qu\u00e9 norma distingue a lo normal de lo anormal, a lo natural de lo artificial y de lo fabricado? La Primavera de Praga es un acontecimiento del siglo XX; es inseparable de su problem\u00e1tica y de ah\u00ed que sin ella sea incomprensible. Quien ha vivido la uni\u00f3n entre la Primavera de Praga y la \u00e9poca moderna y reflexionado sobre ella se preguntar\u00e1 con toda raz\u00f3n si los europeos, y por lo tanto los checos, deb\u00edan esperar hasta 1980 para que el norteamericano Francis Fukuyama les recordara, siguiendo al emigrado ruso Alexandre Kojeve, la vieja idea de Hegel sobre el <strong>\u00ab<\/strong>fin de la historia\u00bb\u00bb. La Historia lleg\u00f3 a su fin en 1806, dijo Hegel, y se acab\u00f3 con la batalla de Jena. El sentido com\u00fan se niega a admitir semejante afirmaci\u00f3n y objeta: \u00bfC\u00f3mo habr\u00eda podido tener fin la historia, cuando es evidente que prosigue, que ocurren cambios continuamente y que todos los d\u00edas nos traen algo nuevo? Esas objeciones son el resultado de un malentendido. Hegel no negaba los cambios y la evoluci\u00f3n; lo que hac\u00eda era llamar la atenci\u00f3n sobre el hecho de que lo esencial ya hab\u00eda pasado y de que todo lo que viniera despu\u00e9s no har\u00eda sino desarrollar, prolongar, diluir el sistema establecido. \u00bfNo pasa nada nuevo? Al contrario: el <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb se impone por el hecho de que siempre ocurre algo nuevo, lo m\u00e1s nuevo suplanta a lo nuevo, lo nuevo nace para caer en desuso de inmediato o un segundo m\u00e1s tarde pero, en esa corriente incesante de novedades, no nace nada nuevo: lo nuevo, lo mismo que lo m\u00e1s nuevo, est\u00e1 herido de esterilidad y de inesencialidad exactamente igual que lo que lo ha precedido. La esencia de la Historia moderna y de su <strong>\u00ab<\/strong>fin\u00bb es el incremento de lo inesencial, la suplantaci\u00f3n de lo esencial por lo accesorio, la substituci\u00f3n de lo uno por lo otro: la gente es devorada por la avidez de lo accesorio, por la acumulaci\u00f3n de lo secundario y, al mismo tiempo, lo esencial se les escapa.<\/p>\n<p>Cada \u00e9poca est\u00e1 determinada por la relaci\u00f3n que las personas tienen con la realidad y por lo tanto consigo mismas. Esa relaci\u00f3n determinante crea el <i>paradigma <\/i>de la \u00e9poca. El paradigma de la \u00e9poca antigua es la <i>tetraktys<\/i>, la t\u00e9trada formada por los mortales y los Dioses, la Tierra y el Cielo, sobre la cual se funda la <i>Polis<\/i>, exactamente igual que la filosof\u00eda, la arquitectura, la poes\u00eda l\u00edrica. El paradigma de la ra cristiana se concentra en torno a la relaci\u00f3n del hombre con Dios, fuente de la imaginaci\u00f3n que engendr\u00f3 las rotondas y las catedrales, el canto gregoriano, las pinturas y las esculturas. El paradigma de la \u00e9poca moderna se caracteriza por la emancipaci\u00f3n del hombre que se libera de las trabas de la Edad Media, religiosas y temporales, y que desea servirse en todo de su raz\u00f3n. Pero ese hombre no aspira solamente a ser libre; se esfuerza adem\u00e1s en convertirse en amo y due\u00f1o de la naturaleza. Esa <i>dualidad<\/i>, que asocia a la libertad y la dominaci\u00f3n <i>sobre <\/i>la realidad, es por supuesto fatal. El hombre moderno domina la realidad, la transforma en una realidad f\u00e1cil de manipular y disponible, cuando fabrica instrumentos, m\u00e1quinas, aparatos, y sobre todo cuando construye todo un sistema perfectible que comprende la ciencia, la t\u00e9cnica, la econom\u00eda. Ese sistema produce en proporciones grandiosas artefactos, informaciones, placeres. La \u00e9poca moderna se caracteriza por el incremento, la elevaci\u00f3n gradual de la producci\u00f3n y de la riqueza; su medida es el <i>rebasamiento <\/i>de toda medida, sea la que fuere \u2013es decir, la desmesura. El sistema moderno es una una transformaci\u00f3n continua en la cual la realidad se cambia en realidad calculable y disponible puesta al servicio del hombre. Pero ese sistema posee adem\u00e1s la notable propiedad de transformar incluso a los hombres. El hombre moderno que, al principio, en la \u00e9poca de Descartes, Diderot, Mozart, Kant, intentaba y pensaba su emancipaci\u00f3n de la dependencia de las autoridades como un despegue y un vuelo (<i>Auf-kl\u00e4rung<\/i>), que se sent\u00eda y viv\u00eda como un sujeto heroico en marcha hacia la libertad, cae cada vez m\u00e1s bajo la dependencia de su propia creaci\u00f3n, del sistema para crear una riqueza inconmensurable. Entonces se produce la sustituci\u00f3n fatal: la \u00e9poca moderna es de un subjetivismo desatado en el que el hombre, el sujeto de anta\u00f1o, est\u00e1 cada vez m\u00e1s atado por las fuerzas del sistema de producci\u00f3n y se convierte en su prisionero y su objeto. Los papeles cambian: el sistema que debe servir al hombre se convierte en el amo, un pseudosujeto que degrada a las personas al rango de accesorios de <i>su <\/i>funcionamiento y de <i>su <\/i>desarrollo: las personas son condenadas al papel de objetos impotentes, que se mueven en el seno del mecanismo de esa maquinaria en marcha, incapaces de liberarse de sus entra\u00f1as. La realidad de hoy, la \u00e9poca del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb, es la de un grandioso <strong>\u00ab<\/strong>sistema de necesidades\u00bb expansivo y en expansi\u00f3n en el que las personas se reducen, es decir se rebajan, al rango de productores y consumidores. Este sistema es adem\u00e1s el \u00fanico y la realidad m\u00e1s alta: a su lado y, ante todo, por debajo de ella, no hay ninguna otra, nada diferente, nada independiente, y lo arrastra todo en su engranaje.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa pues el <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb? \u00bfLa Historia llega a su t\u00e9rmino? De ning\u00fan modo: lo que ha llegado a su t\u00e9rmino, es la historia del <i>paradigma moderno<\/i>. Es una historia que ha llegado al t\u00e9rmino de su raz\u00f3n, es decir de su capacidad de comprender lo que ocurre con justicia y de actuar de manera adecuada: <i>su <\/i>raz\u00f3n ha dejado de consistir en la unidad de comprender y saber, elegir y conducirse de manera responsable: ha ca\u00eddo en el nivel de un simple componente subalterno del sistema en funcionamiento. Esa historia est\u00e1 igualmente al final de su imaginaci\u00f3n, pervertida de manera unilateral como inventividad t\u00e9cnica orientada hacia la facilidad y la prioridad de la vida, y ya no hacia una vida que ser\u00eda buena. En la medida en que, en el siglo XX, en la \u00e9poca del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb, del nihilismo desatado, de la amenaza total que pesa sobre el mundo, aparece la imaginaci\u00f3n creadora, no lo hace sino como <i>protesta <\/i>y <i>revuelta <\/i>contra el paradigma en el poder, en oposici\u00f3n a \u00e9l, y para describir su <i>horror <\/i>(la obra de Franz Kafka) o para burlarse de su esterilidad y elevar a la risa a la altura del elemento esencial del saber cr\u00edtico (la obra del contempor\u00e1neo de Kafka, compatriota suyo de Praga, Jaroslav Hasek). Pertenece a la esencia, es decir a la contra-verdad de ese paradigma, el confundir la raz\u00f3n con la racionalizaci\u00f3n, la imaginaci\u00f3n con la inventividad t\u00e9cnica, y de ah\u00ed que proclame que cada uno de sus grandes descubrimientos es el comienzo de una nueva \u00e9poca de la historia: despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, la humanidad entr\u00f3 en la era at\u00f3mica: hoy, al decir de los ide\u00f3logos, comienza la era de los microprocesadores, de los ordenadores, el futuro pertenece a las pulgas. En realidad, todos esos inventos t\u00e9cnicos y racionales de conquista no son m\u00e1s que etapas del paradigma moderno, paradigma obsoleto y agotado y con una evidencia horripilante revelan su contra-verdad y su perversi\u00f3n: la era de las pulgas anuncia que el hombre como ser <i>determinado <\/i>por su relaci\u00f3n con la verdad no entra en consideraci\u00f3n para ese sistema: es in\u00fatil y superfluo y no representa m\u00e1s que un obst\u00e1culo a los desarrollos ulteriores.<\/p>\n<p>En la Europa central \u2013y as\u00ed, luego de un rodeo, respondo a su pregunta\u2013 se manifiesta con una relevancia inusual la naturaleza mistificadora del paradigma moderno. Si nosotros nos liberamos del fetichismo ideol\u00f3gico que se complace en la cifra 40 (la desgracia hist\u00f3rica se redujo a cuarenta a\u00f1os de comunismo) y ha fijado en ella su mirada, y si examinamos la historia de la Europa central a partir del giro innegable que fue la capitulaci\u00f3n de Munich, es decir, de 1938 hasta ahora, en un intervalo de tiempo de cincuenta y cinco a\u00f1os, comprobamos lo siguiente: ese breve periodo hist\u00f3rico abunda en desplazamientos y transferencias de bienes, en alternancia de los tipos m\u00e1s diversos de expropiaci\u00f3n y de apropiaci\u00f3n. Luego de la ocupaci\u00f3n de Checoslovaquia por la Alemania nazi, se confiscaron los bienes de los jud\u00edos, luego los bienes de aquellos a quienes los nazis designaban como enemigos del III Reich. Luego del fin de la guerra, fueron los bienes de los colaboradores, de los alemanes desplazados, los que fueron confiscados, pero tambi\u00e9n los de los capitalistas, los hacendados, los nobles, la iglesia, los campesinos, los rentistas, los artesanos, y pasaron a las manos del Estado, que se convirti\u00f3 en el propietario exclusivo no s\u00f3lo de las cosas sino tambi\u00e9n del capital humano, con todo el poder para disponer de sus posesiones, administradas y dirigidas por la burocracia policiaca, a su gusto y seg\u00fan su antojo. Actualmente esos bienes son redistribuidos de nuevo, devueltos a la nobleza, a la Iglesia, a los antiguos propietarios o a sus herederos. Al Estado todopoderoso, para el cual los ciudadanos eran sujetos y \u00e9l mismo su tutor absoluto, lo sucedi\u00f3 despu\u00e9s de 1989 la figura principal del <i>nouveau riche<\/i>; la jerarqu\u00eda social se transforma, lo mismo que sus llamados valores. La dictadura an\u00f3nima de la polic\u00eda y de la burocracia es reemplazada por la dictadura an\u00f3nima del mercado \u2013y de su esp\u00edritu,<\/p>\n<p>Todas esas inmensas transferencias de bienes, esos procesos contradictorios de expropiaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n tras los cuales se disimulan las historias individuales (asesinatos, suicidios, codicia, avaricia, desesperaci\u00f3n), se desarrollan <i>en el interior<\/i> del paradigma moderno en el poder, sin poner para nada en duda su realidad o su legitimidad. El paradigma moderno de la \u00e9poca prevalece, aunque de otra manera y con diferentes resultados, en las dos formas de propiedad que han dominado el siglo XX, la propiedad privada capitalista y la propiedad estatal burocr\u00e1tica. En ese proceso continuo de redistribuci\u00f3n de bienes su apropiaci\u00f3n y su expropiaci\u00f3n cuando la esperanza de enriquecimiento se convierte en una quimera enceguecedora, en esa expropiaci\u00f3n emp\u00edrica y vulgar, se produce un proceso m\u00e1s profundo, oculto, invisible: una expropiaci\u00f3n metaf\u00edsica en la cual la gente es despojada en masa, cotidianamente y sin hacer diferencia, de aquello que les es m\u00e1s propio y m\u00e1s esencial, cuando son expulsados de su relaci\u00f3n con el Ser, con la verdad o con la ley y lanzados a un proceso en el que reina lo accesorio y lo secundario, lo falso, lo cierto a medias. Esa expropiaci\u00f3n metaf\u00edsica afecta a todo el mundo; a los que se apropian como a los que son expropiados, los excluye de la realizaci\u00f3n fundadora y liberadora con lo que es, de tal modo que como seres sin fundamento y sin apoyo, sin el poder de orientarse en el curso efectivo de las cosas, zozobran en la corriente despiadada de la inversi\u00f3n (<i>Verkehrung<\/i>). La Primavera de Praga rechaz\u00f3 claramente el stalinismo o, como se lo llam\u00f3 m\u00e1s tarde, el <strong>\u00ab<\/strong>socialismo real\u00bb, pero tampoco se inclin\u00f3 hacia la <i>normalidad <\/i>de la segunda parte del mundo encarnada por el capitalismo (o, como ahora se dice, p\u00fadica y precavidamente, sin que se tenga el valor de penetrar al fondo de las cosas: la econom\u00eda de mercado). Porque la Primavera de Praga se desviaba de la norma que, en una parte del mundo de entonces, era considerada como <i>normalidad<\/i>, y porque pon\u00eda en duda la legitimidad de ese mundo, se llama a su represi\u00f3n <i>normalizaci\u00f3n<\/i>: el pueblo, la naci\u00f3n, la sociedad fueron lanzados <i>por la fuerza<\/i> a las relaciones inversas que reinaban como normalidad y norma. En comparaci\u00f3n con ellos, la Primavera de Praga constitu\u00eda una <i>excepci\u00f3n <\/i>inadmisible.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la norma y la normalidad <i>contempor\u00e1neas <\/i>rechazan a la Primavera de Praga como una anormalidad que, esta vez, es <i>completamente insensata<\/i>, puesto que intentaba algo imposible: encontrar <strong>\u00ab<\/strong>una tercera v\u00eda\u00bb entre el capitalismo y el socialismo. Pero en el momento en que qued\u00f3 claro que el capitalismo vencedor de nuestros d\u00edas, como el <strong>\u00ab<\/strong>socialismo real\u00bb en quiebra, han salido de la <i>misma <\/i>fuente, del paradigma de la \u00e9poca moderna y de su <strong>\u00ab<\/strong>fin\u00bb, aparece el verdadero <i>sentido <\/i>de la Primavera de Praga: pon\u00eda en duda la legitimidad del <strong>\u00ab<\/strong>socialismo real\u00bb pero adem\u00e1s hac\u00eda aparecer un matiz (un simple matiz) de duda sobre el paradigma de la \u00e9poca moderna en su totalidad, sobre sus dos formas en el poder.<\/p>\n<p>Su pregunta sobre lo que eran entonces las posturas de la Primavera checa revela el sentido y la substancia de ese acontecimiento: lo que estaba en juego eran las instituciones establecidas; la iniciativa popular que pon\u00eda en duda <i>desde abajo<\/i> los dogmas inveterados de la pol\u00edtica. No importa cu\u00e1l deb\u00eda ser el resultado de ese experimento: por s\u00ed solo ese hecho, el desarrollo de siete meses de reformas, de los siete primeros d\u00edas de la invasi\u00f3n y de los siete primeros meses de la ocupaci\u00f3n (hasta la ca\u00edda de Dubcek) en los que, bajo condiciones terribles, se mantuvieron sin embargo casi todas las libertades, da prueba de una <strong>\u00ab<\/strong>tentativa heroica\u00bb que no se puede comparar a una <strong>\u00ab<\/strong>tercera v\u00eda\u00bb falaz y p\u00e9rfida. No: no era una pobre v\u00eda de compromiso, destinada al fracaso por su debilidad intr\u00ednseca, incluso sin intervenci\u00f3n exterior. La Primavera de Praga no era una tercera v\u00eda condenada a la desaparici\u00f3n, al fracaso, al olvido, sino que <i>perdura <\/i>como un resplandor y como el presentimiento de la \u00fanica v\u00eda que puede salvar a la humanidad de la cat\u00e1strofe global: un t\u00edmido borrador de la imaginaci\u00f3n a partir del cual nacer\u00e1 un d\u00eda un nuevo paradigma. Las revueltas de 1968 en varios pa\u00edses del viejo y el nuevo continente, en el <strong>\u00ab<\/strong>Occidente\u00bb y en el <strong>\u00ab<\/strong>Este\u00bb de entonces, pusieron un signo de interrogaci\u00f3n sobre la legitimidad del paradigma hist\u00f3rico en el poder e hicieron entender que su poder creador estaba agotado, que el <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb necesitaba un <i>nuevo<\/i> paradigma.<\/p>\n<p><strong>A. F.: \u00abPara la ecolog\u00eda, basta con preservar el entorno. La filosof\u00eda juzga que hay que salvar al mundo\u00bb, escribi\u00f3 usted en agosto de 1968. Salvar al mundo, no transformarlo: es una inflexi\u00f3n capital. \u00bfQu\u00e9 sentido le da usted? \u00bfQu\u00e9 significa aqu\u00ed y ahora un juicio filos\u00f3fico semejante? \u00bfLiberadas de la hipoteca marxista, nuestras sociedades se deciden por ese camino?<\/strong><\/p>\n<p>K. K.: Ser prisionero del paradigma contempor\u00e1neo en el poder significa limitarse a la defensa del entorno (<i>Umwelt<\/i>), mientras que la \u00e9poca ordena salvar al mundo (<i>Welt<\/i>). La salvaci\u00f3n del mundo puede realizarse \u00fanicamente como un cambio de paradigma, es decir como un cambio de la relaci\u00f3n <i>fundamental <\/i>y <i>fundadora <\/i>que las personas tienen con lo que es, incluido su propio yo. El cambio de paradigma es id\u00e9ntico al cambio de la medida: puesto que hoy, en el marco del paradigma en el poder, se aceptan las medidas (<i>die Massnahmen<\/i>) y, sin embargo, la medida rebasada y no satisfactoria, la medida invertida, la medida-desmesura (<i>die Masslosigkeit<\/i>) subsiste, la devastaci\u00f3n del planeta y de los hombres contin\u00faa, en el mundo se hace realidad cada vez m\u00e1s fatalmente un antimundo, como los bajos fondos de Dostoievski, como un sistema que funciona sin consideraci\u00f3n por nada. \u00bfQu\u00e9 medidas hay que tomar para salvar al mundo? Ninguna medida puede salvar al mundo, mientras la humanidad no se libere del paradigma en el poder de esa medida cuya esencia es la desmesura, la inversi\u00f3n y la contra-verdad. Dos manifestaciones flagrantes de esa medida invertida, devastadora y destructora: la industria de armamentos y la exportaci\u00f3n de m\u00e1quinas asesinas engendran como medida compensatoria la ayuda humanitaria. La destrucci\u00f3n global de la naturaleza requiere instituciones, organizaciones, sociedades de defensa del entorno. La salvaci\u00f3n del mundo supone el ascenso de otro paradigma ya que el paradigma actualmente en el poder se realiza y se reproduce como una amenaza permanente sobre el mundo, y todo lo que se hace o se emprende no consiste m\u00e1s que en simples medidas que son ejecutadas por el dictado de una medida cuya duplicidad y contra-verdad siguen estando ocultas a sus ejecutores.<\/p>\n<p>En una carta del 13 de noviembre de 1925, Rainer Maria Rilke escribi\u00f3: <strong>\u00ab<\/strong>(&#8230;) sobre nosotros acuden en tropel cosas vac\u00edas e indiferentes, cosas aparentes, simulacros de vida.\u00bb Al decir del poeta, la \u00e9poca moderna es la era de los simulacros, de las meras imitaciones, de los artificios, de los suced\u00e1neos. Es una \u00e9poca que no conoce ya las cosas que creaban el car\u00e1cter familiar de un medio y a trav\u00e9s de las cuales se transmit\u00edan de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n la humanidad y la projimidad. Nuestra \u00e9poca ya no sabe lo que es un pozo, una torre, una casa, una manzana, un \u00e1guila que gira en el cielo. Estamos inundados de simulacros que se nos imponen por su agresividad y su impertinencia.<\/p>\n<p>Es una desgracia \u2013y ha tenido consecuencias\u2013 que Rilke y, despu\u00e9s, Heidegger hayan dado a ese car\u00e1cter f\u00e1ctico de la \u00e9poca moderna el nombre falso y tendencioso de <strong>\u00ab<\/strong>americanismo\u00bb. As\u00ed naci\u00f3 el sentimiento de que los problemas de la \u00e9poca moderna ligados al <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb llegaban de Europa desde otro continente y se hab\u00edan importado de otra cultura, cuando se trata en verdad de un producto europeo y nada m\u00e1s que europeo. Europa no se ha americanizado sino que, como los Estados Unidos y Jap\u00f3n, ha entrado en la fase final del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb.<\/p>\n<p>Nietzsche expres\u00f3, con una idea profunda, que el personaje principal de la \u00e9poca moderna y del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb hab\u00eda resultado <strong>\u00ab<\/strong><em>der Schauspieler<\/em>\u00bb (<i>La gaya ciencia<\/i>, 356). Ser\u00eda un error traducir ese t\u00e9rmino como <strong>\u00ab<\/strong>comediante\u00bb. El <i>Schauspieler <\/i>es aquel que se muestra en p\u00fablico, aquel que se exhibe ante una asistencia. El <i>Schauspieler <\/i>necesita espectadores y todo lo que lleva a cabo est\u00e1 destinado a un p\u00fablico. El <i>Schauspieler <\/i>es un actor cuya exhibici\u00f3n tiene en vilo a los espectadores; es el centro de la atenci\u00f3n y vive arregl\u00e1ndoselas para estar continuamente a la vista del p\u00fablico, cuya mirada y cuyo reconocimiento reclama una y otra vez. El <i>Schauspieler<\/i> es el hombre del instante y el amo del momento presente. Todo lo que emprende es para este momento, su vida se alimenta de lo que es precisamente ahora, pasa de un ahora a otro y al siguiente, puesto que cada ahora desaparece precisamente en el instante en que ejecuta su representaci\u00f3n. Su dominio es el de lo moment\u00e1neo. Es a tal punto dependiente del p\u00fablico y de su opini\u00f3n que el humor moment\u00e1neo de este \u00faltimo es lo que determina su destino. El <i>Schauspieler <\/i>es el amo del p\u00fablico en la medida en que es el centro de la atenci\u00f3n y en que los espectadores le otorgan sus favores, pero es igualmente esclavo del p\u00fablico puesto que depende por completo de su opini\u00f3n. Y puesto que la opini\u00f3n p\u00fablica cambia y nada hay m\u00e1s variable que ella, la importancia y la popularidad del <i>Schauspieler <\/i>aumentan o disminuyen en funci\u00f3n de las variaciones de su humor.<\/p>\n<p>El <i>Schauspieler <\/i>de Nietzsche es interiormente parecido al <strong>\u00ab<\/strong>sofista\u00bb que Hegel consideraba la figura caracter\u00edstica de la \u00e9poca moderna. La \u00e9poca moderna tiene numerosos puntos en com\u00fan con el periodo decadente de la Roma antigua y su decadencia y su vacuidad se concentran precisamente en el personaje del sofista (<strong>\u00ab<\/strong><i>Die Zeit der r\u00f6hmischen Kaiser hat viel Ahnlichkeit mit derunsrigen<\/i>\u00bb: <strong>\u00ab<\/strong>la \u00e9poca de los emperadores romanos tiene muchas semejanzas con la nuestra\u00bb). Aqu\u00ed y all\u00e1 el hombre se reduce a una abstracci\u00f3n, una criatura que persigue designios prosaicos y que act\u00faa por mero inter\u00e9s. No es v\u00edctima de las circunstancias pero, en cuanto elemento de esas circunstancias invertidas, sacrifica a su ego\u00edsmo y a su avidez de comodidades y de placeres a la naturaleza, la cultura, las ideas, el honor, la moral, el pensamiento. El hombre es la medida de todas las cosas, pero el hombre reducido a la estrechez de sus deseos y de sus finalidades particulares. No hay lugar para lo sublime donde reina el sofista (<strong>\u00ab<\/strong><i>Alles H\u00f6here ist ausgezogen<\/i>\u00bb: <strong>\u00ab<\/strong>Todo lo m\u00e1s alto est\u00e1 excluido\u00bb).<\/p>\n<p>El polo opuesto del <i>Schauspieler <\/i>es el constructor (<i>der Baumeister<\/i>). A diferencia del <i>Schauspieler<\/i>, que encarna la instantaneidad y el car\u00e1cter ef\u00edmero de los momentos, el trabajo del constructor marca la durabilidad y su obra tiene la misi\u00f3n de sobrevivir al instante presente, de sobrevivir durante generaciones. Las palabras que expresan la variedad de la obra del constructor \u2013casa, fortaleza, bastimento, muralla, molino\u2013 indican algo firme y s\u00f3lido que se defiende contra la instantaneidad y lo provisional. El constructor no trabaja para los espectadores ni su obra se dirige a la opini\u00f3n p\u00fablica. El arquitecto que edificaba una iglesia no imaginaba espectadores curiosos que se instalaran o se pasearan en torno a la construcci\u00f3n o por el interior, examinando los detalles y haciendo de su obra un producto de <strong>\u00ab<\/strong>consumo est\u00e9tico\u00bb. La iglesia no est\u00e1 construida para un p\u00fablico sino para una comunidad. El p\u00fablico es una comunidad degradada, una comunidad en descomposici\u00f3n. La iglesia es uno de los lugares en que la comunidad se re\u00fane y celebra su adhesi\u00f3n. De ah\u00ed que la arquitectura no tenga nada en com\u00fan con la opini\u00f3n p\u00fablica, con su inconstancia y su variabilidad. Al <i>Schauspieler <\/i>lo rodea una asistencia caprichosa, un p\u00fablico con <i>su <\/i>opini\u00f3n, gritando r\u00edtmicamente, aclamando de inmediato y abucheando m\u00e1s r\u00e1pido todav\u00eda mientras que el constructor-arquitecto no tiene m\u00e1s que un solo acompa\u00f1ante: la comuna y su durabilidad.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca moderna el <i>Schauspieler <\/i>releg\u00f3 al constructor a un segundo plano: se convirti\u00f3 en el preferido del p\u00fablico, y ese cambio se\u00f1ala que la Comunidad se ha desmembrado y ha cedido el lugar al p\u00fablico. La gente ya no se re\u00fane en el seno de una comunidad sino que se dispersa en lugares p\u00fablicos destinados a lo ef\u00edmero y a las variaciones del humor. Cuando el constructor queda relegado a una posici\u00f3n subordinada y el <i>Schauspieler <\/i>toma la batuta, todo, sin excluir la vida privada ni la pol\u00edtica ni la vida cultural, se transforma en <i>espacio <\/i>de exhibici\u00f3n y el <i>Schauspieler <\/i>se vuelve omnipresente. Y puesto que el <i>Schauspieler <\/i>se convierte en un amo que decide, pone en escena la realidad como una sucesi\u00f3n ininterrumpida de im\u00e1genes, las personas viven la realidad sobre su pantalla y la diferencia entre la realidad y la imagen proyectada se borra. La imagen aparece como la realidad misma, y la realidad no resulta real m\u00e1s que cuando es proyectada como imagen y se presenta a los <i>espectadores <\/i>como un espect\u00e1culo. Cuando el constructor queda relegado al segundo plano y su lugar es <i>ocupado <\/i>por el <i>Schauspieler <\/i>es la apariencia la que se convierte obligatoriamente en la categor\u00eda principal de la \u00e9poca. Solo aquel que se exhibe y se muestra cotidianamente en p\u00fablico <i>es<\/i>: una vez que cesa de mostrarse, desaparece y cesa de ser. No es el hombre en s\u00ed mismo lo que es importante, es, como se dice actualmente, su imagen. El hombre es una imagen y la imagen <i>hace <\/i>al hombre. La vida p\u00fablica es una arenca en la que los <i>Schauspieler <\/i>de todos los estilos y de todas las edades concurren por su imagen. Viven su vida como un esfuerzo incesante, sin descansar y sin tomar aliento, para tener una imagen, mejorar su imagen, perfeccionarla, estar siempre en primer lugar en el concurso de popularidad. Todos los <i>Schauspieler<\/i>, tr\u00e1tese de cantantes, boxeadores, jugadores de tenis o pol\u00edticos, luchan cotidianamente para ganar el favor del p\u00fablico y cuidan celosamente su lugar en el orden de sus preferencias. Aquel que se mantiene el mayor tiempo en lo alto de la escala es <i>importante <\/i>y se considera por encima de todos. Quienes est\u00e1n en el centro de la popularidad de la opini\u00f3n p\u00fablica, de las encuestas, representan las cumbres de la cultura moderna: a ellos se dirige la admiraci\u00f3n, son reconocidos como h\u00e9roes y se les muestra un respeto propio de las estrellas de la \u00e9poca contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>El <i>Schauspieler <\/i>es la figura del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb. Su esencia es la imitaci\u00f3n. El <i>Schauspieler <\/i>reproduce, pone en escena, realiza, dirige y ejecuta a escala lo que la \u00e9poca, como <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb organiza en grande, el <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb es una imitaci\u00f3n en grande y una grandiosa producci\u00f3n de suced\u00e1neos.<\/p>\n<p>La historia llega a su t\u00e9rmino, la historia est\u00e1 agotada, y en ese agotamiento est\u00e1 a tal punto debilitada que ya no imita sino lo que ya ha sido imitado, puesto que ha perdido toda imaginaci\u00f3n creadora. Los productores del confort moderno y del bienestar son al mismo tiempo, en una sola persona, los ejecutores del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb. Pero los realizadores inconscientes del <strong>\u00ab<\/strong>fin de la Historia\u00bb son igualmente los enterradores de ese fin y as\u00ed, esperemos, los preparadores inconscientes de <i>otro <\/i>comienzo.<\/p>\n<p>[*] Entrevista aparecida originalmente como <strong>\u00ab<\/strong>Le Printemps de Prague, la \u00abfin de l&#8217;Histoire\u00bb et le Schauspieler\u00bb en <i>Le Messager Europe\u00e9n<\/i>, n\u00ba 7, noviembre de 1993. La traducci\u00f3n al espa\u00f1ol, a cargo de Aurelio Asiain, apareci\u00f3 en la revista <i>Vuelta<\/i>, febrero de 1994. P\u00e1gs. 9 a 13.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/decenciaycritica.blogspot.com\/2021\/09\/praga-y-el-fin-de-la-historia.html\">https:\/\/decenciaycritica.blogspot.com\/2021\/09\/praga-y-el-fin-de-la-historia.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alain Finkielkraut: Actualmente se tiende en Europa a considerar la Primavera de Praga o bien como una revuelta insuficientemente desprendida<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":10394,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1563,8],"tags":[],"class_list":["post-10376","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-crisis-ecosocial","category-filosofia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10376","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10376"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10376\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10394"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10376"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10376"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10376"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}