{"id":1045,"date":"2009-02-08T00:00:00","date_gmt":"2009-02-08T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1045"},"modified":"2020-02-25T04:48:43","modified_gmt":"2020-02-25T03:48:43","slug":"mamadou-va-a-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1045","title":{"rendered":"Mamadou va a morir"},"content":{"rendered":"<p><b>Viajar contra los otros<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\">Rebeli\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><b><i>Prologo a \u201cMamadou va a morir. El exterminio de inmigrantes en el Mediterr\u00e1neo\u201d, de Gabriele del Grande. Ediciones del Oriente y del Mediterr\u00e1neo. 2009. Traducido del italiano por Esther Habas Castro y Alfonso Morandeira. N\u00ba de p\u00e1ginas: 288 &#8211; ISBN: 978-84-96327-51-1 &#8211; PVP 18 euros<\/i><\/b><\/p>\n<p>No nos hagamos ilusiones. Por muy variada que nos parezca la oferta de las agencias de viaje y por muy abigarrados y coloridos que se nos ofrezcan los mapas, en este mundo s\u00f3lo se puede viajar en dos direcciones: o contra los otros o hacia ellos. Contra los otros, el as\u00ed llamado Occidente no deja de organizar expediciones militares y cruceros de lujo, giras de negocios y <i>rallys<\/i> espectaculares, operaciones de bolsa y visitas a las Pir\u00e1mides. El viaje hacia los otros, por el contrario, es sistem\u00e1ticamente impedido, desacreditado o despreciado.<\/p>\n<p>Bajo el capitalismo globalizador, incompatible con plazas abiertas, asambleas y \u00e1goras, s\u00f3lo hay dos \u201clugares\u201d antropol\u00f3gicos de inscripci\u00f3n individual: el \u201cpasillo\u201d, utop\u00eda ultraliberal de la circulaci\u00f3n sin obst\u00e1culos, y el \u201cmuro\u201d, que revela su fracaso. En el Pasillo giran sin cesar las mercanc\u00edas, las armas, la informaci\u00f3n, el dinero, los turistas. En el Muro se quedan enganchados una y otra vez los pobres, los \u201cterroristas\u201d, los inmigrantes. Son estos dos \u201clugares\u201d, apenas porosos, espalda el uno del otro, los que construyen la sensibilidad y el comportamiento de los que est\u00e1n atrapados en ellos. En la experiencia del viaje -contra los otros o hacia ellos- es la direcci\u00f3n del desplazamiento y el medio de transporte, marcas de jerarqu\u00eda global, los que determinan estructuralmente la autoestima del viajero y su percepci\u00f3n del otro y, por lo tanto, la recepci\u00f3n en destino. Contra los otros, vamos blandamente y reclamando gratitud y recibiendo aplausos; hacia los otros, se va a trompicones y pidiendo disculpas y recibiendo azotes. El turista entra en Africa como los acuerdos comerciales y las directivas europeas, desde el aire y desde lo alto, en avi\u00f3n o en crucero de lujo, y se comporta -y es tratado- como si procediese de su alma el valor de sus divisas. Al inmigrante se le obliga a entrar en Europa a ras de tierra y por agujeros, como las ratas y los insectos, y tiene que hacerse perdonar, con sumisi\u00f3n y bajos salarios, su irreductible condici\u00f3n animal (y la necesidad que tienen de \u00e9l).<\/p>\n<p>Bajo el capitalismo globalizador, s\u00f3lo hay ya dos posibles desplazamientos en el espacio, en direcciones opuestas y paralelas: el turismo y la emigraci\u00f3n. A\u00fan m\u00e1s: ya no hay ni razas ni sexos ni caracteres; ni espa\u00f1oles ni franceses ni senegaleses ni filipinos; s\u00f3lo turistas e inmigrantes, relaciones entre turistas, relaciones entre inmigrantes y sordos intercambios desiguales entre turistas e inmigrantes. El turista es turista tambi\u00e9n en su pa\u00eds de origen porque all\u00ed tambi\u00e9n se limita a mirar y porque la presencia inmigrante, molesta y pruriginosa, lo eleva simb\u00f3licamente por encima de su clase y lo disuelve ilusoriamente en un grupo nacional revalorizado por el deseo del forastero. El inmigrante es tambi\u00e9n inmigrante en su propio pa\u00eds porque tambi\u00e9n all\u00ed es objeto de precauciones y sospechas y se ve ininterrumpidamente separado de los visitantes, sin m\u00e1s pasajes que la astucia o la mendicidad, por muros y polic\u00edas que confirman la peligrosa exterioridad de los nativos.<\/p>\n<p>Pero la diferencia entre los dos \u201clugares\u201d -el Pasillo y el Muro- dibuja oposiciones subjetivas cuando menos sorprendentes.<\/p>\n<p>Los turistas son llevados, acarreados, dirigidos y entretenidos; los inmigrantes -como recordaba John Berger- \u201cson los m\u00e1s emprendedores de su generaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Los turistas viajan encerrados en confortables <i>lager<\/i>, clientes de su propia prisi\u00f3n; los inmigrantes, hasta que se les encierra por existir, son libres.<\/p>\n<p>Los turistas son consumidores livianos sin ra\u00edces, aventados por placeres superficiales de orden canibal\u00edstico (devorar viandas, souvenirs e im\u00e1genes); los inmigrantes viajan guiados por la nostalgia (el \u201cdoloroso deseo de regresar\u201d) y por eso, en medio de las dificultades, conservan sus costumbres y sus valores de origen. Llevan el alacr\u00e1n de la realidad clavado en el cuerpo.<\/p>\n<p>Los turistas visitan; los inmigrantes viajan. Los turistas est\u00e1n siempre llegando a s\u00ed mismos; los inmigrantes progresan y arriesgan. \u201cPara ir de Palermo a T\u00fanez\u201d -resume de forma lacerante Gabriele del Grande- \u201cbastan 47 euros, diez horas y un carnet de identidad; el viaje a la inversa puede costar 2000 euros, a\u00f1os de desierto y, a veces, la muerte\u201d. Los turistas son, pues, corderos; los inmigrantes aventureros.<\/p>\n<p>Los turistas, porque tienen papeles, no son \u201cpersonas\u201d sino puras personificaciones de un Estado soberano que avala su pasaporte y su moneda; los inmigrantes sin papeles (porque se han desecho de los de origen y no han recibido otros en destino), abandonados por su Estados infrasoberanos, cuerpos completamente a la intemperie, son individuos puros. Los turistas son abstracciones colectivas; los inmigrantes, concreciones individuales.<\/p>\n<p>Los turistas, por eso mismo, son locales, nacionales, para-humanos; los inmigrantes son <i>el hombre desnudo y total<\/i>. La condici\u00f3n universal que Marx atribu\u00eda al proletariado la encarnan hoy, y por las mismas razones, los inmigrantes.<\/p>\n<p>Los turistas, en fin, son un poco c\u00f3micos; los inmigrantes son \u00e9picos.<\/p>\n<p>El viaje contra los otros -a trav\u00e9s de las leyes migratorias y los peri\u00f3dicos, de los centros comerciales y la televisi\u00f3n- est\u00e1 tan asentado en nuestra experiencia que somos incapaces incluso de reconocer la incoherencia de nuestro rechazo. Una sociedad que cultiva los refinamientos de la compasi\u00f3n, que ha inventado el colonialismo y la literatura de viajes, que sigue recordando a Marco Polo, a Stanley y a Peary, que admira los relatos de superaci\u00f3n y se deja fascinar por las peque\u00f1as epopeyas de nuestros peri\u00f3dicos, \u00bfpor qu\u00e9 no se emociona ante las peripecias de estos aventureros modernos -los \u00fanicos que quedan ya- capaces de recorrer varias veces el continente africano, escapar de prisiones, sobrevivir al desierto, combatir el oleaje, para dar de comer a unos ni\u00f1os lejanos o casar a una hermana sin recursos? Una sociedad que juega en bolsa, que elogia el riesgo y la competitividad, que ensalza el individualismo y condena la intervenci\u00f3n del Estado, \u00bfpor qu\u00e9 no admira esta expresi\u00f3n m\u00e1xima -tr\u00e1gica y heroica- de la \u201ciniciativa privada\u201d enfrentada a todos los obst\u00e1culos, sobrepuesta a todas las trabas, liberada de todo proteccionismo estatal? Una sociedad, en fin, que descubri\u00f3 y dice defender los derechos humanos, que valora literaria y cinematogr\u00e1ficamente a los rebeldes y los justicieros, que aprueba las \u201cintervenciones humanitarias\u201d en favor de la democracia, \u00bfpor qu\u00e9 no se inclina con respeto ante estos miles de africanos que, arrostrando todos los peligros, jug\u00e1ndose y a veces perdiendo la vida, recorren distancias casi infinitas para entrar en Europa y reivindicar de hecho la Declaraci\u00f3n de DDHH de la ONU y la igualdad natural entre los seres humanos? Ocurre, como sabemos, todo lo contrario. Las virtudes de los inmigrantes se convierten parad\u00f3jicamente en ventajas para nuestros mercados y pu\u00f1ales para ellos. Que sean emprendedores, obstinados y aventureros, que sientan nostalgia y tengan ra\u00edces garantiza la \u201cselecci\u00f3n natural\u201d de nuestra mano de obra semi-esclava, asegura en los pa\u00edses de origen la reproducci\u00f3n de un ej\u00e9rcito inmigrante de reserva mantenido por las remesas del exterior (sin gastos sociales para los Estados africanos dependientes y corruptos) y conjura el peligro de revoluciones y cambio pol\u00edticos \u201cdesestabilizadores\u201d en el Tercer Mundo. Que sean individuos puros y hombres desnudos los deja completamente desprotegidos y expuestos a toda clase de atropellos y violencias: precisamente porque son s\u00f3lo humanos carecen de todo derecho.<\/p>\n<p>El resultado es \u00e9ste: en una direcci\u00f3n hay 160 millones de inmigrantes en todo el mundo que han dejado sus pa\u00edses para levantar casas, recoger cosechas y cuidar ancianos y nosotros los recibimos a palos. En direcci\u00f3n contraria, hay 600 millones de turistas -casi siempre los mismos- que todos los a\u00f1os van a fotografiar fotograf\u00edas, reforzar dependencias neocoloniales y desbaratar recursos econ\u00f3micos y culturales y exigen y obtienen a cambio reconocimiento y protecci\u00f3n. Los constructores se ahogan en el mar; los destructores van a los pa\u00edses de origen de las v\u00edctimas a celebrarlo.<\/p>\n<p>Los turistas y los inmigrantes se cruzan en el camino -hacia arriba y hacia abajo- sin tocarse ni reconocerse jam\u00e1s, como si viajasen en dos \u00e9pocas paralelas o perteneciesen a especies diferentes.<\/p>\n<p>Pero finalmente tienen que tropezar.<\/p>\n<p>El 10 de agosto de 2007 tuvo lugar el encuentro fabuloso entre las especies. Una gran nave de lujo, el crucero Jules Verne, de 152 metros de eslora, 15.000 toneladas de desplazamiento y con 470 turistas espa\u00f1oles a bordo, salv\u00f3 a 12 na\u00fafragos que flotaban a la deriva despu\u00e9s de que se hubiese hundido la fr\u00e1gil patera en la que viajaban. Al menos quince cad\u00e1veres fueron recogidos tambi\u00e9n y trasladados en helic\u00f3ptero a Malta. Los supervivientes fueron atendidos en cubierta -separados, naturalmente, del pasaje- de graves problemas de hipotermia y deshidrataci\u00f3n; algunos presentaban tambi\u00e9n severas quemaduras y todos hab\u00edan escurrido sus \u00faltimas fuerzas tratando de mantenerse a flote en medio de las olas. La reacci\u00f3n de los pasajeros fue dispar. Algunos se quejaron de la alteraci\u00f3n del programa, de falta de informaci\u00f3n o de la interrupci\u00f3n de algunos servicios durante las horas que dur\u00f3 la operaci\u00f3n de rescate. Otros, en cambio, aceptaron solidariamente el contratiempo y confesaron sentirse impresionados y conmovidos por el acontecimiento. En todo caso -y esto es lo inquietante y revelador- la noticia servida por los peri\u00f3dicos (a partir del despacho original de Europa Press) no era el drama de los inmigrantes sino precisamente la \u201csolidaridad\u201d y la \u201cconmoci\u00f3n\u201d de los turistas: la \u201caventura\u201d inesperada que les hab\u00eda proporcionado la agencia, casi al final del viaje, y que hab\u00eda que a\u00f1adir a la an\u00e9cdota del taxista, a la del vendedor de alfombras y a la del lig\u00f3n de la Medina. Las declaraciones de una pasajera reflejan muy bien el tono general de los testimonios y el foco de atenci\u00f3n escogido por los periodistas, determinante a su vez de la percepci\u00f3n narcisista -viaje contra los otros- de la tragedia ajena: \u201cFue impactante (la visi\u00f3n de una de las mujeres rescatadas). Gritaba desesperada y lloraba como una Magdalena porque hab\u00eda perdido a su beb\u00e9 de nueve meses en el agua. Ella le vio hundirse, fue traum\u00e1tico\u201d. Algunas madres consideraban asimismo que la situaci\u00f3n de excepci\u00f3n generada en el barco por la presencia de los na\u00fafragos pod\u00eda ser \u201ctraum\u00e1tica\u201d para sus hijos y que los \u201canimadores\u201d contratados por la agencia deb\u00edan haberlos distra\u00eddo con juegos y espect\u00e1culos -cuando quiz\u00e1s era una buena oportunidad para explicar algunas cosas sencillas y terribles a los ni\u00f1os. Ning\u00fan periodista, en cualquier caso, se interes\u00f3 por los na\u00fafragos mismos, ni por sus nombres ni por sus peripecias ni por su destino ulterior. S\u00f3lo a trav\u00e9s de las declaraciones de un pasajero nos enteramos de que hablaban correctamente ingl\u00e9s y proced\u00edan de Eritrea; y la historia termina felizmente con el alivio de que las autoridades del pa\u00eds aceptasen trasladar a los supervivientes a Malta (cuyos centros de \u201cacogida\u201d, verdaderos campos de concentraci\u00f3n, han sido denunciados ante el parlamento europeo por las condiciones ignominiosas en las que se mantiene a los reclusos). Tambi\u00e9n por la declaraci\u00f3n de un pasajero, que atribuye a esa causa el \u201cdescontrol\u201d en el barco, llegamos a saber curiosamente que, adem\u00e1s del capit\u00e1n, Vitali Medvedenko, la mayor parte de la tripulaci\u00f3n -es decir, los verdaderos salvadores, ignorados por los medios de comunicaci\u00f3n- son asimismo inmigrantes: ucranianos, rumanos, cubanos, contratados por la marca espa\u00f1ola <i>Cruceros Visi\u00f3n <\/i>bajo condiciones que tampoco a ning\u00fan periodista le parece interesante investigar. La noticia del drama angustioso de unos inmigrantes salvados de la muerte por otros inmigrantes se convierte as\u00ed en la haza\u00f1a de unos turistas espa\u00f1oles solidarios que aceptan retrasar unas horas su programa de ocio organizado y a los que \u201cconmociona\u201d deliciosamente esta experiencia adicional; es decir, una humana y refrescante noticia veraniega que acepta como natural y casi ecol\u00f3gico el flujo de turistas e inmigrantes en direcciones opuestas y con medios injuriosamente desiguales y que reivindica como simp\u00e1tica y emocionante la rara intersecci\u00f3n entre las dos corrientes paralelas.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas antes, el 8 de agosto del 2007, siete pescadores tunecinos hab\u00edan salvado a 44 emigrantes naufragados a 14 millas de la isla italiana de Lampedusa. Atendiendo a la petici\u00f3n de socorro del capit\u00e1n Yenzeri, cuatro patrulleras italianas acudieron al encuentro del barco de pesca. Una vez en Lampedusa, los pescadores no fueron recibidos como h\u00e9roes ni entrevistados por periodistas encandilados por la solidaridad de los tunecinos. Fueron detenidos, encarcelados durante 32 d\u00edas -sin poder siquiera telefonear a sus familias- y est\u00e1n ahora a la espera de un juicio por \u201cfavorecimiento de la inmigraci\u00f3n clandestina\u201d que les puede costar entre 1 y 15 a\u00f1os de c\u00e1rcel. Cumplieron con las leyes del mar y de la humanidad, que obligan a socorrer a los n\u00e1ufragos, y chocaron con las leyes de la UE, que prohiben la compasi\u00f3n. De esta noticia, que recoge precisamente Gabriele del Grande en uno de los informes mensuales de Fortaleza Europa (fortresseurope.blogspot.com), el observatorio que \u00e9l mismo fund\u00f3 en 2006, se pueden extraer dos conclusiones. La primera, en efecto, es que la divisi\u00f3n turista\/inmigrante es tan estricta y funcional que, mientras que los turistas son siempre inocentes y a veces hasta solidarios, los solidarios africanos son siempre \u201cinmigrantes\u201d o -valga decir- sospechosos, lo que revela sin duda -y alimenta- el nuevo racismo estructural dominante en Europa. La segunda conclusi\u00f3n es de orden material y humanitario y la expone el propio del Grande en el citado informe: \u201cEn cualquier caso, el da\u00f1o est\u00e1 hecho: en la mar ha corrido la voz. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, n\u00e1ufragos supervivientes han denunciado la indiferencia de pesqueros y barcos mercantes frente a botes que se iban a pique. Ahora, por m\u00e1s que absuelvan a los 7 tunecinos, \u00bfqui\u00e9n se atrever\u00e1 a socorrer a nadie si el precio son a\u00f1os de prisi\u00f3n o el secuestro de su barco? Es una cuesti\u00f3n de hondo calado, pues sin el auxilio de los pescadores el mar se cobrar\u00e1 muchas m\u00e1s v\u00edctimas\u201d. \u00bfA qui\u00e9n le importa? Si la compasi\u00f3n es un delito, la indiferencia es legal; y pronto, por este camino, la agresi\u00f3n ser\u00e1 una haza\u00f1a.<\/p>\n<p>Italia, vanguardia hoy de la decadencia fascistizante de Europa como otrora lo fuera de la emancipacion y la lucha, conserva sin embargo una tradici\u00f3n de riguroso periodismo comprometido que contrasta con la mansedumbre fr\u00edvola de nuestros medios de comunicaci\u00f3n. As\u00ed, en los \u00faltimos a\u00f1os, algunos libros imprescindibles han tratado de emprender ese viaje hacia los otros que el turismo medi\u00e1tico obstruye y desprecia por igual para abordar desde el otro lado la dura experiencia de la emigraci\u00f3n: el estremecedor \u201cI fantasmi di Portopalo\u201d de Giovanni Bellu, el brillante \u201cA sud di Lampedusa\u201d de Stefano Liberti y este acusador \u201cMamadou va a morir\u201d que aqu\u00ed presentamos y del que es autor el joven y valiente periodista italiano Gabriele del Grande. Lo que hace del Grande es lo contrario que los cronistas espa\u00f1oles de la \u201caventura\u201d del Jules Verne: localiza muy bien el verdadero lugar de los acontecimientos y el verdadero acontecimiento. El lugar de los acontecimientos es la patera hundida y no el crucero de lujo; el verdadero acontecimiento es la muerte evitable de quince eritreos y no la impresi\u00f3n que \u00e9sta produce en 420 turistas traum\u00e1ticamente separados durante unos minutos de sus martinis y sus cervezas. Para localizar el lugar de los acontecimientos y el verdadero acontecimiento basta un m\u00ednimo de decencia humana; para ocuparse de ellos hace falta un esfuerzo adicional que pocos periodistas est\u00e1n dispuestos a acometer y muy pocos peri\u00f3dicos -mitad por ideolog\u00eda, mitad por econom\u00eda- a financiar. El viaje contra los otros y el turismo medi\u00e1tico se imponen tambi\u00e9n -y configuran fatalmente las conciencias- porque cuestan menos trabajo y menos dinero que la exploraci\u00f3n de la realidad y del dolor que la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Gabriele del Grande tiene el m\u00ednimo de decencia humana para localizar una noticia y el coraje profesional, cada vez m\u00e1s raro, para contarla. A lo que antes se llamaba sencillamente \u201cperiodismo\u201d hoy lo llamamos \u201cperiodismo comprometido\u201d. Comprometido con su trabajo, comprometido con la decencia humana, del Grande sabe que el lugar de los acontecimientos no es una patera aislada cerca de Malta sino todo el mar Mediterr\u00e1neo y parte del Atl\u00e1ntico y Africa entera y todo el tercer Mundo y la Europa candada y arrogante y el capitalismo globlizador que determina una severa cartograf\u00eda del sufrimiento humano. Y sabe que el verdadero acontecimiento no es la muerte de 15 eritreos y el encarcelamiento de 12 en los <i>lager<\/i> de Malta sino la masacre de al menos 1.581 seres humanos s\u00f3lo en el a\u00f1o 2007 y la reclusi\u00f3n, tortura y abandono de cientos de miles de ellos en campos de concentraci\u00f3n y desiertos en Europa y en el norte de Africa: eso, pues, que sin ninguna exageraci\u00f3n el te\u00f3logo Franz Hinkelammert ha definido como un \u201cgenocidio estructural\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes son, c\u00f3mo se llaman, de d\u00f3nde vienen, con qu\u00e9 medios, por qu\u00e9 motivos, cu\u00e1nto tardan, cu\u00e1nto les cuesta, cu\u00e1nto ganan las empresas europeas expuls\u00e1ndolos de sus tierras, cu\u00e1ntos mueren, cu\u00e1nto paga la Uni\u00f3n Europea para matarlos, cu\u00e1nto cobran sus sicarios dictatoriales -Senegal, Mauritania, Marruecos, T\u00fanez, Libia- por ayudarles en el exterminio? Empe\u00f1ado en encontrar respuestas a estas preguntas, del Grande sigui\u00f3 durante meses las cambiantes rutas migratorias -de Senegal a Turqu\u00eda, del Sahara Occidental a T\u00fanez- para escuchar a estos \u201caventureros\u201d (el nombre que se dan a s\u00ed mismos) que no pueden redactar diarios de viaje ni publicar sus propios peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>En la escena final de \u201cCapitanes intr\u00e9pidos\u201d de Kipling, el alcalde de Gloucester lee frente al silencio emocionado de sus ciudadanos los nombres y edades de todos los pescadores muertos durante el a\u00f1o, agradecimiento de los vivos y supervivencia honorable de los n\u00e1ufragos. En l\u00e1pidas e inscripciones se recuerdan los nombres de los muertos de la primera y segunda guerra mundial y en el museo del Holocausto se recoge la lista de las v\u00edctimas jud\u00edas del nazismo. Todos los a\u00f1os se reproduce y se recuerda el elenco minucioso de los muertos el 11-S en las Torres Gemelas. Ninguna lista conserva, en cambio, el nombre de los cuerpos an\u00f3nimos ahogados en el Mediterr\u00e1neo y en el Atl\u00e1ntico o desaparecidos en el desierto del S\u00e1hara mientras trataban de llegar a Europa. Algunos de ellos engrosan la serie potencialmente infinita de los n\u00fameros; de otros, ni nombre ni cifra ni cuerpo, s\u00f3lo queda la sospecha de su existencia y la sospecha de nuestra miseria.<\/p>\n<p>Pero hay una lista que quiz\u00e1s s\u00ed podr\u00eda hacerse. Una muy parecida a \u00e9sa, estremecedora y brutal, que el 11 de septiembre de 1973 la junta militar chilena le\u00eda por la radio tras el golpe de Estado de Pinochet: la de los ciudadanos a los que, a lo largo de los meses y a\u00f1os siguientes, la dictadura iba a matar. Podr\u00edamos nosotros recoger los nombres vivos y calientes que aparecen en las p\u00e1ginas del libro de Gabriele del Grande y colocarlos en fila e irlos llamando, uno por uno, al pared\u00f3n:<\/p>\n<p>Mamadou va a morir.<\/p>\n<p>Romeo va a morir.<\/p>\n<p>Marcel va a morir.<\/p>\n<p>Babakar va a morir.<\/p>\n<p>Paulin va a morir.<\/p>\n<p>Michael va a morir.<\/p>\n<p>Hamdi va a morir.<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>\u201cLos que van a morir te saludan\u201d, proclamaban los gladiadores esclavos antes de emprender el combate. Los que van a morir nos acusan. El libro de del Grande demuestra sin margen de error ni escapatoria ret\u00f3rica que hay \u201cuna guerra mundial contra los pobres\u201d y que nosotros combatimos en ella.<\/p>\n<p>Por eso, porque somos tambi\u00e9n pasajeros en este viaje contra los otros que viajan hacia nosotros, no quiero dejar de reproducir las palabras que escribi\u00f3 John Berger en un bell\u00edsimo y doloroso libro sobre la emigraci\u00f3n publicado hace 35 a\u00f1os; es decir, cuando eran todav\u00eda los italianos, los espa\u00f1oles, los portugueses los que dejaban sus tierras para construir las casas de los suizos y los alemanes (cuando -como dice el t\u00edtulo de un libro de Gian Antonio Stella- \u201clos albaneses \u00e9ramos nosotros\u201d): <i>\u201cLa justicia o injusticia de un sistema social s\u00f3lo pueden juzgarse relacion\u00e1ndolas con el ser total del hombre: de otra forma lo \u00fanico que puede decidirse sobre ese sistema es si resulta eficaz o no. El principio de la igualdad es un principio revolucionario no s\u00f3lo porque desaf\u00eda la existencia de jerarqu\u00edas, sino porque afirma que todos los hombres son iguales en su plenitud. Y lo contrario es igualmente cierto: aceptar la desigualdad como natural es convertirse en un ser fragmentado, es no concebirse a uno mismo m\u00e1s que como la suma de un conjunto de conocimientos y necesidades\u201d. <\/i><\/p>\n<p>Viajar hacia los otros o contra ellos es una decisi\u00f3n de la que no depende s\u00f3lo la vida de miles de africanos, asi\u00e1ticos y latinoamericanos: de ella depende tambi\u00e9n nuestra propia dignidad como humanos civilizados; es decir, la supervivencia misma del planeta: de sus rosas, sus p\u00e1jaros, sus leyes y sus hombres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cMamadou va a morir\u201d<\/p>\n<p>Viajar contra los otros<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>Rebeli\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[45],"tags":[1305,1304,953],"class_list":["post-1045","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-proletariado-demos-multidud","tag-gabriele-del-grande","tag-mamadou-va-a-morir-el-exterminio-de-inmigrantes-en-el-mediterraneo","tag-prologos"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1045","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1045"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1045\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1045"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1045"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1045"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}