{"id":10667,"date":"2021-11-08T05:00:05","date_gmt":"2021-11-08T04:00:05","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10667"},"modified":"2021-11-08T02:41:24","modified_gmt":"2021-11-08T01:41:24","slug":"por-cuatro-naranjos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10667","title":{"rendered":"Por cuatro naranjos"},"content":{"rendered":"<p>En su largo poema r\u00edo, poema-libro, <em>Medianoche, <\/em>el escritor palestino Murid Barguti (Deir Gassane, 1944 \u2013 Am\u00e1n, 2021) evoca una escena de infancia que le ofrece el punto de partida para explorar la analog\u00eda entre el poeta, considerado un <em>extra\u00f1o<\/em> en el contexto social, y el exiliado. El ni\u00f1o se deja envolver en el huerto por el intenso olor del azahar hasta que se marea; su abuelo, mientras lo sujeta para que no caiga, se burla de \u00e9l \u2013\u00abPero, hombre, \u00bfte vas a morir por cuatro naranjos?\u00bb\u2013, y le ofrece despu\u00e9s la intimidad de una profec\u00eda: \u00abescribir\u00e1s poemas, como Abdelwahab. \/ \u2013\u00bfQui\u00e9n es Abdelwahab, abuelo? \/ \u2013El loco del pueblo. \/ No hac\u00eda m\u00e1s que escribir poemas, y poemas fue lo que dej\u00f3\u00bb. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abMe vas a tener preocupado toda la vida\u00bb. As\u00ed, el poeta, una conciencia <em>demasiado <\/em>sensible, quedar\u00eda <em>fuera<\/em> por su incapacidad para la vida normal. Barguti no olvida esta ra\u00edz y quiz\u00e1 por eso su po\u00e9tica se obsesiona por suturar las fisuras \u2014quiz\u00e1, m\u00e1s bien, boquetes\u2014 por los que escapa sin remedio la realidad. Y el exilio ser\u00eda la primera de ellas.<\/p>\n<p>Aunque en el mundo \u00e1rabe es un reconocido poeta, en Occidente se ha difundido sobre todo, traducido a numerosas lenguas, su relato autobiogr\u00e1fico <em>He visto Ramala<\/em>; de su obra po\u00e9tica hay dos antolog\u00edas en ingl\u00e9s y la que en 2019 prepar\u00f3 en castellano Luis Miguel Ca\u00f1ada, <em>Mi reino es de este mundo \u2014<\/em>que recoge completo <em>Medianoche<\/em>.<\/p>\n<p><em>He visto Ramala<\/em> reconstru\u00eda el primer viaje de regreso, en 1996, del poeta a su tierra natal: una estancia de un mes despu\u00e9s de treinta a\u00f1os de exilio. Y, como tal vez era inevitable, \u00aba pesar de los momentos de jovialidad y euforia \u2014anota Edward Said\u2014, esta novela del retorno describe m\u00e1s el exilio que la vuelta a la patria. Aqu\u00ed reside su dimensi\u00f3n tr\u00e1gica y su sugerente precariedad\u00bb. No es ya que lo describa, sino que levanta una imagen precisa del exilio palestino, de sus diferencias con los m\u00e1s conocidos entre nosotros: frente al m\u00edtico exilio republicano en M\u00e9xico o el exilio en Espa\u00f1a de argentinos y uruguayos durante sus prolongadas dictaduras militares, el de los palestinos es siempre n\u00f3mada, y multiplicado por los sucesivos rechazos de los pa\u00edses donde se les va acogiendo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_105471\" class=\"wp-caption alignright\" data-shortcode=\"caption\" aria-describedby=\"caption-attachment-105471\"><figcaption id=\"caption-attachment-105471\" class=\"wp-caption-text\"><\/figcaption><\/figure>\n<p>En 1967 Murid Barguti estaba estudiando Lengua y Literatura Inglesa en la universidad de El Cairo, y hac\u00eda un examen de Lat\u00edn \u2014el antepen\u00faltimo de su carrera\u2014 en el momento en que lleg\u00f3 la noticia del comienzo de la Guerra de los Seis D\u00edas; al enterarse, ya hab\u00eda ca\u00eddo Ramala. El estudiante se convirti\u00f3 en un exiliado. All\u00ed se cas\u00f3 con Radwa Ashur, novelista egipcia y compa\u00f1era de estudios; a los cinco meses de nacer su \u00fanico hijo, el presidente Sadat firm\u00f3 la paz con Israel \u2014tras perder tambi\u00e9n la guerra de 1973\u2014 y expuls\u00f3 a todos los palestinos; Barguti tard\u00f3 otros 17 a\u00f1os en poder volver a Egipto y vivir con su familia. Apenas, unas vacaciones compartidas con los dos en Budapest, el encuentro con su esposa en algunos congresos literarios. \u00abDe Bagdad a Beirut, luego a Budapest, a Amm\u00e1n y de nuevo a El Cairo: imposible aferrarse a un lugar\u00bb. El poeta cuenta c\u00f3mo nunca volvi\u00f3 a coincidir con los intelectuales egipcios de su edad, los que hab\u00edan sido sus compa\u00f1eros de aprendizaje. O el rito de repartir cada vez las plantas de su casa, las \u00fanicas pertenencias dom\u00e9sticas, entre los provisionales amigos del pa\u00eds que iba tambi\u00e9n a dejar. La precariedad referida por Said se cifra a la inversa en estos versos: \u00abUn planeta donde las cuerdas de tender la ropa est\u00e9n llenas \/ y los platos de arroz rebosen, \/ donde una tetera crepite sobre el fuego \/ y todos nos sentemos a la mesa con mantel de s\u00e9samo y tertulia\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, el regreso que cuenta <em>He visto Ramala <\/em>se da inevitablemente como registro contradictorio de emociones; en palabras de Said: \u00abHabiendo hecho yo mismo un viaje similar a Jerusal\u00e9n (tras una ausencia de 45 a\u00f1os) conozco muy bien la mezcla de emoci\u00f3n, felicidad, lamento, tristeza, sorpresa, enfado\u2026\u00bb, y cree \u00e9l que nadie como Barguti ha conseguido que estos sentimientos e ideas vivan con tanta verdad en la narraci\u00f3n del destierro. Pues la experiencia del destierro queda determinada, en primer lugar, por ser colectivo: en aquella \u00abtierra prometida\u00bb hab\u00eda ya habitantes antes del \u00e9xodo sionista, viv\u00eda all\u00ed gente que fue progresivamente desplazada, expulsada, despose\u00edda, hasta sumar los seis millones de refugiados que hoy se dispersan por m\u00faltiples pa\u00edses, adem\u00e1s de los que viven un cotidiano acoso en las ciudades de Palestina, en un <em>apartheid <\/em>que les despoja de derechos. El destierro \u2014privaci\u00f3n de la tierra, indica el t\u00e9rmino\u2014 es colectivo, y Barguti explica que solo pudo reunirse con su familia en di\u00e1spora, padres y hermanos, en 1968 en Amm\u00e1n, en 1978 en Doha, o se detiene en el singular papel del tel\u00e9fono en esa vida. Es una visi\u00f3n de los exilios desdobl\u00e1ndose en pliegues lo que <em>He visto Ramala <\/em>me aporta en relaci\u00f3n con otros relatos le\u00eddos estos a\u00f1os. Aunque tambi\u00e9n me ha vuelto la imagen del piso en que viv\u00eda Mahmud Darwish en la d\u00e9cada de los 80, en Par\u00eds, ofrecida \u2014como sin querer\u2014 por una joven periodista armenio-libanesa que le hace una larga entrevista, la del paseo que dan por el entorno al concluir, el comentario sobre las tiendas y los bares, la g\u00e9lida sensaci\u00f3n de vida ausente. Describe Barguti a alguien que se acuesta, tarde en la noche: \u00abAprieta contra su cuerpo la colcha \/ y deja encendidas las luces de la casa\u00bb. Una espera tan imprecisa como la amenaza. Y el peso de la soledad.<\/p>\n<p>Todo desde 1967 \u2014o desde 1948\u2014 es provisional, una imprecisa espera: \u00ab\u00bfhabr\u00e1 vida antes de la muerte?\u00bb El relato, la memoria, trazan las coordenadas; y, cada vez que se les ponen palabras, se oyen los poemas. No s\u00e9 si esto es una ley general de la escritura, quiz\u00e1 lo sea; pero, repasando mis notas de lectura, me doy cuenta de que funciona as\u00ed: tengo presente la atm\u00f3sfera de <em>He visto Ramala<\/em>, puedo desgranar su proliferaci\u00f3n compleja de emociones y, en cambio, cuando cito a Barguti, recurro a los poemas. Hay, sin embargo, dos momentos del relato que imponen su voz y eso los muestra como claves del sentido. En el primero, el viajero cruza el puente sobre el Jord\u00e1n, que sirve de frontera, los controles de la polic\u00eda israel\u00ed a la entrada del territorio <em>aut\u00f3nomo <\/em>palestino. La ambig\u00fcedad de toda la situaci\u00f3n. El r\u00edo ya no suena como sonaba durante la infancia, apenas lleva agua; al llegar, \u00e9l no sabe si Palestina existe: cada vez que indica unas luces o unos edificios y pregunta, le dicen que es un asentamiento; pero la discusi\u00f3n en el taxi colectivo, cuando intentan ayudarle a encontrar la direcci\u00f3n a la que se dirige, muestra la intimidad de una vida en com\u00fan, los habitantes que se conocen entre s\u00ed, los nombres que sirven de referencia. Proporcionan las gentes apenas un fondo reconocible para una cadena de hechos que se sienten sin realidad, como carencia, igual que el sonido del r\u00edo. Y, as\u00ed, la reflexi\u00f3n en el puente: \u00ab\u00bfSe trata de un momento pol\u00edtico? \u00bfO sentimental? \u00bfO social? \u00bfUn momento real? \u00bfSurrealista? \u00bfUn momento corporal? \u00bfIntelectual?\u00bb<\/p>\n<p>En el segundo momento el viajero va al cercano Deir Gassane, donde naci\u00f3 y vivi\u00f3 hasta los siete a\u00f1os, el lugar de aquel huerto de naranjos. Aflora de pronto la infancia, trayendo personajes variados y vivos que lo llenan todo, dando el tono de un mundo sin dudas pol\u00edticas ni el peso de la melancol\u00eda: vida aut\u00f3noma, que vale a\u00fan por s\u00ed, que les da fuerza y sentido a todas estas <em>memorias<\/em>, quiz\u00e1 porque las recarga de realidad. Llega la primavera, ese espect\u00e1culo de la energ\u00eda de la vida en su renovarse siendo la misma. Unos versos describen un potrillo, \u00abse revuelca patas arriba, \/ restriega la grupa en la tierra, \/ da coces a unos demonios que solo \u00e9l ve, \/ y sigue jugando\u00bb.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed, se dir\u00eda que la obra de Barguti propone una doble lectura de la condici\u00f3n palestina, que conlleva inseparable su toma de postura personal. Es una sostenida reflexi\u00f3n en torno a la existencia de una realidad y, tambi\u00e9n, acerca de la implicaci\u00f3n en su po\u00e9tica, en las opciones de escritura que adopta. As\u00ed, el caso de los palestinos, en su car\u00e1cter extremo, trasciende de s\u00ed mismo y parece permitir pensar el mundo, del mismo modo que, en otros tiempos, lo pudo propiciar la condici\u00f3n jud\u00eda.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfHay acaso en todo el mundo un pa\u00eds como este al que nadie sabe a ciencia cierta c\u00f3mo llamar?\u00bb, se pregunta Barguti y, aunque abundan los fen\u00f3menos contempor\u00e1neos de p\u00e9rdida de realidad, ninguno resulta tan significativo, por lo que implica de prolongada y evidente construcci\u00f3n de un <em>relato<\/em> que sustituye a los hechos. Es dif\u00edcil no percibir la excepcionalidad de Israel, el trato de favor y silencio internacional que recibe su sistem\u00e1tica empresa de limpieza \u00e9tnica, de anexi\u00f3n por la fuerza de territorios; o la diferencia que se hace entre <em>sus<\/em> ultraortodoxos y otros an\u00e1logos, de otras religiones y lugares, que <em>el mundo<\/em> declara como muy peligrosos y aberrantes; o un sistema policial que realiza largas detenciones sin que deba dar a conocer el motivo o la acusaci\u00f3n. Cada vez tiene m\u00e1s vigencia la pregunta que se hac\u00eda Jos\u00e9-Miguel Ull\u00e1n en un poema de <em>Raz\u00f3n de nadie: \u00ab<\/em>Un Kafka palestino, \u00bfpor qu\u00e9 no?\u00bb<\/p>\n<p>Es el desplazamiento de la realidad por un relato que llega a asentarse como nueva realidad, apoy\u00e1ndose solo en la fuerza aplastante y en una especie de derecho teol\u00f3gico (\u00abla tierra prometida\u00bb), a la manera (\u00abTierra Santa\u00bb) de la vieja empresa de los cruzados: \u00abAl otro lado de la ventana, \/ monte de olivos que perdieron su paz antigua \/ y santificaron quienes desde hace siglos \/ repiten el mismo ensalmo, \/ esos que desempolvaron \/ escrituras, hallazgos \/ y pergaminos. \/ Montes de estrellas y corderos, \/ de cruces y resurrecciones\u00bb. Hay, s\u00ed, una ventana y hay montes, y en ello quiz\u00e1 se reconoce la literatura palestina. Una Jerusal\u00e9n no celestial, sino pobre y abigarrada, explotando de vitalidad y energ\u00eda, como aquella a la que llega desde Bel\u00e9n el ni\u00f1o de <em>El primer pozo, <\/em>la memorable narraci\u00f3n de Yabra Ibrahim Yabra, para empezar la ense\u00f1anza secundaria.<\/p>\n<p>Por eso, las excavadoras \u2014las que en 1948 arrasaron m\u00e1s de quinientos pueblos para hacerle sitio al nuevo estado de Israel, y desde entonces no han dejado de actuar\u2014 son el mejor emblema de esta p\u00e9rdida de realidad, porque la muestran f\u00edsicamente: \u00abAhora ya es posible demostrar que lo ocurrido \/ nunca ocurri\u00f3\u00bb. Uno de los libros de Barguti se titula <em>La l\u00f3gica de los seres <\/em>y est\u00e1 compuesto por di\u00e1logos de breves frases que dir\u00edan las cosas; uno de sus m\u00ednimos poemas puede resumir el car\u00e1cter del discurso que se ha impuesto en Palestina: \u00abLe dice el im\u00e1n a la esquirla: \/ tienes plena libertad \/ para ir donde quieras\u00bb.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito personal, el trastorno de lo real se reconoce n\u00edtidamente en rasgos que desbordan lo anecd\u00f3tico para funcionar como condiciones existenciales. As\u00ed, la confusi\u00f3n permanente entre lo cotidiano y lo extraordinario, pues la vida habitual no deja de estar puntuada por formas de interrupci\u00f3n de la vida; y, si esto es un desdichado atributo de nuestra \u00e9poca, que puede incluir desde los frecuentes tiroteos en los Estados Unidos a las im\u00e1genes que la televisi\u00f3n graba en los campos de refugiados, no cabe duda de que la vida palestina lo incorpora como constitutivo desde hace m\u00e1s de siete d\u00e9cadas. Tambi\u00e9n se manifiesta el trastorno de lo real en el desplazamiento de los tiempos personales, en una forma de temporalidad que mutila las dimensiones del tiempo, sus posibilidades y matices, su genuina cualidad variable: me he referido antes a la sensaci\u00f3n de espera sin fin, y a ello se suma la percepci\u00f3n de que solo el pasado tiene consistencia, bien remitiendo a los recuerdos anteriores al exilio o bien, para los m\u00e1s j\u00f3venes, a una \u00e9poca ya m\u00edtica que se transmite en los relatos orales y de la mano de los escritores. <em>La medianoche<\/em> es, para Barguti, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el espacio insoportable de este reconocimiento existencial, de este vivir trastornado: \u00abY todo lo escabroso me resulta llevadero \/ excepto el dur\u00edsimo trayecto de dos pasos \/ que separa mi silla de mi cama \/ cuando cae la noche\u00bb.<\/p>\n<p>Se encuentra en un libro suyo de 1980, <em>Poemas de la acera, <\/em>una imagen conocida del lector de poes\u00eda, la del traje vac\u00edo, que aparece, por ejemplo, en Antonio Gamoneda, para mostrar la presencia en la vida familiar del padre muerto, o en Leopoldo Mar\u00eda Panero, para expresar la muerte en vida de quien se siente ya en \u00abla otra orilla\u00bb. En Barguti representa el exilio: \u00abColgado sigue all\u00e1 \/ su cintur\u00f3n de cuero\u00bb \u2014y \u00abuna cintura vac\u00eda\u00bb se siente, puede palparse, en la soledad de la casa; pero lo que toma ah\u00ed relieve es la intensa materialidad de las cosas: \u00abel par de zapatos que dej\u00f3 se han resecado, \/ sus camisas blancas de verano \/ dormidas siguen en las baldas\u00bb: el deterioro del cuero, la blancura de la tela, los pliegues. La po\u00e9tica conecta con la conciencia de p\u00e9rdida de realidad, responde a ella y la activa. Se dir\u00eda m\u00e1s: la acci\u00f3n pol\u00edtica de Barguti se da en la escritura al cumplir las exigencias de la escritura misma. Nunca fue un militante ni particip\u00f3 en los grandes debates p\u00fablicos, aunque no haya ocultado sus opiniones; pero su acceso a la pol\u00edtica se da en el punto en que esta se cruza con la vida, en el punto en que se hace lengua, se hace indistinta del mundo del poeta.<\/p>\n<p>As\u00ed, una p\u00e1gina de <em>He visto Ramala <\/em>explica cu\u00e1ndo entendi\u00f3 la postura que requer\u00eda la ocupaci\u00f3n, la larga, eterna ocupaci\u00f3n: \u00abCuando descubr\u00ed la exactitud de lo corp\u00f3reo y la veracidad de los cinco sentidos, sobre todo el de la vista. Cuando descubr\u00ed la justicia y la genialidad de la c\u00e1mara, que ofrece su imagen, por mucho ruido que pueda haber en la realidad, con un murmullo apenas perceptible. Me esforc\u00e9 cuanto pude por librarme de la poes\u00eda que linda con la simpleza del himno\u00bb. No se trata de ingenuidad respecto a las trampas de la percepci\u00f3n, a las ilusiones de la imagen, sino de un trabajo por captar el murmullo de lo que existe, en vez de encender e idealizar himnos. Porque el eje de todos los problemas es el problema de la realidad: acosada, desplazada, falsificada, eliminada \u2014y el llamado <em>realismo<\/em> no ofrece respuesta porque ni siquiera ha escuchado la pregunta.<\/p>\n<p>Barguti suele fechar sus poemas, que crecen en un momento concreto y no en otro. Escribe <em>la l\u00f3gica de los seres, <\/em>tratando de percibir su existencia en forma de voz. Y busca replicarla: \u00abNo necesitan las nubes \/ hablar del rel\u00e1mpago o del trueno que llevan dentro\u00bb. Es seco, no lo impregna todo de <em>sentido<\/em>, prefiere nombrar y dejar que las cosas se posen y hagan su efecto.<\/p>\n<p>La escucha necesita una sensibilidad flexible, una antena dispuesta. Un plegarse, componer acorde, en lugar de una autoridad o una doctrina: \u00abTiene el cuerpo su danza, \/ incluso contra las cuerdas\u00bb. Hacer del verso esta danza f\u00edsica de las cosas requiere el trabajo concreto de la atenci\u00f3n. Barguti opta por el verso libre que, en la tradici\u00f3n \u00e1rabe, parece ser m\u00e1s arduo, m\u00e1s condicionado por el peso y los h\u00e1bitos de la poes\u00eda cl\u00e1sica, por el brillo de los pies m\u00e9tricos y la rima, por la elocuencia o esplendor de la ret\u00f3rica, por todo aquello que no deja o\u00edr ya sino su propio \u00e9nfasis. La lucha de los movimientos por la poes\u00eda moderna en el mundo \u00e1rabe tal vez a\u00fan est\u00e9 por decidir; pero no hay pensamiento libre que parta de modelos o patrones, no lo hay donde predominen la ornamentaci\u00f3n y la complacencia narcisista. No lo hay quiz\u00e1 sin el verso libre. Es muy recomendable \u2013y no solo para la tradici\u00f3n \u00e1rabe\u2013 el an\u00e1lisis que Kadhim Jihad Hassan realiz\u00f3 de la <em>revoluci\u00f3n <\/em>que en el Irak de finales de 1947 hizo surgir el verso libre \u00e1rabe, en las voces de la poeta Nazik al Malaika, y de Al Sayyab y Al Bayati, con todas sus dimensiones culturales y est\u00e9ticas.<\/p>\n<p>Y ser\u00eda tanto por aquello (la p\u00e9rdida de la realidad) como por esto (el espesor de la ret\u00f3rica y el canon) por lo que \u00abel humor y la burla constituyen \u2014en palabras de Barguti\u2014 dos elementos imprescindibles para la literatura \u00e1rabe y palestina\u00bb. Por eludir lo pat\u00e9tico y lo tonalmente amplificado, por desmentir la ordenada armon\u00eda de lo anal\u00f3gico, por afilar la mirada y encontrar el pliegue imposible de la alegr\u00eda: \u00abVoy a re\u00edr con los nuestros que a\u00fan no han muerto \/ y con lo que de m\u00ed no ha muerto todav\u00eda\u00bb. La libertad imprevista que trae la iron\u00eda, su chispa de ida y vuelta.<\/p>\n<h3>Lecturas.\u2013<\/h3>\n<p>Murid Barguti, <em>He visto Ramala. <\/em>Presentaci\u00f3n de Edward W. Said. Traducci\u00f3n de I\u00f1aqui Guti\u00e9rrez de Ter\u00e1n. Guadarrama, <a href=\"https:\/\/www.orienteymediterraneo.com\/portfolio\/barguti-murid\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ediciones del Oriente y del Mediterr\u00e1neo<\/a>, 2002.<\/p>\n<p>\u2013\u2013, <em>Mi reino es de este mundo. <\/em>Edici\u00f3n y traducci\u00f3n de Luis Miguel Ca\u00f1ada. Guadarrama, Ediciones del Oriente y del Mediterr\u00e1neo, 2019.<\/p>\n<p>Kadhim Jihad Hassan, \u201cNaissance du po\u00e8me arabe en vers libres\u00a0\u00bb, en <em>Le labyrinthe et le g\u00e9om\u00e8tre. <\/em>Lonrai, \u00c9ditions Aden, 2008.<\/p>\n<p>Ivana Marchalian, <em>Je soussign\u00e9 Mahmoud Darwich. <\/em>Arl\u00e8s, Actes Sud, 2015.<\/p>\n<p>Jos\u00e9-Miguel Ull\u00e1n, <em>Raz\u00f3n de nadie. <\/em>Madrid, Ave del Para\u00edso, 1994.<\/p>\n<p>Yabra Ibrahim Yabra, <em>El primer pozo. <\/em>Traducci\u00f3n de Mar\u00eda Luz Comendador y Luis Miguel Ca\u00f1ada. Guadarrama, Ediciones del Oriente y del Mediterr\u00e1neo, 2008.<\/p>\n<p><iframe loading=\"lazy\" title=\"Presentaci\u00f3n de &quot;Mi reino es de este mundo&quot;, de Murid Barguti\" width=\"800\" height=\"450\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/5LPmI9eX9MI?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>Fuente: <strong><em>Tamtampress<\/em><\/strong> (<a href=\"https:\/\/tamtampress.es\/2021\/06\/27\/por-cuatro-naranjos\/\">https:\/\/tamtampress.es\/2021\/06\/27\/por-cuatro-naranjos\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su largo poema r\u00edo, poema-libro, Medianoche, el escritor palestino Murid Barguti (Deir Gassane, 1944 \u2013 Am\u00e1n, 2021) evoca una<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":10668,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[1773],"class_list":["post-10667","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-murid-barguti"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10667","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10667"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10667\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10668"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10667"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10667"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10667"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}