{"id":1069,"date":"2009-02-22T00:00:00","date_gmt":"2009-02-22T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1069"},"modified":"2020-02-25T04:35:01","modified_gmt":"2020-02-25T03:35:01","slug":"la-lucha-de-clases-la-patronal-espanola-y-la-izquierda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1069","title":{"rendered":"La lucha de clases, la patronal espa\u00f1ola y la izquierda."},"content":{"rendered":"<p>Sociedad postindustrial, sociedad de servicios, sociedad de la informaci\u00f3n, sociedad l\u00edquida, sociedad postmoderna, sociedad del conocimiento, sociedad de las finanzas, sociedad globalizada, sociedad t\u00e9cnico-cient\u00edfica,\u2026 Los soci\u00f3logos y los fil\u00f3sofos de la sociedad podr\u00e1n a\u00f1adir cincuenta o cien t\u00e9rminos m\u00e1s. No conozco el tema suficientemente. No insin\u00fao que todas estas nociones sean in\u00fatiles y no apunten a caracter\u00edsticas de inter\u00e9s, nada marginales, de nuestras sociedades. Alejo de mi ese c\u00e1liz. Pero acaso no sea un disparate se\u00f1alar que algunas de estas categor\u00edas intentaron e intentan desdibujar u ocultar algo tan esencial para comprender los mecanismos y las instituciones sociales como es el concepto, no marxiano originariamente pero con papel esencial en la concepci\u00f3n de la historia de la tradici\u00f3n, de la lucha de clases como motor de la historia.<\/p>\n<p>La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente, m\u00e1s estrictamente: la historia transmitida por escrito -en 1847, matizaba Engels en nota a pie de p\u00e1gina escrita cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, era pr\u00e1cticamente desconocida la prehistoria de la sociedad-, es la historia de la lucha de clases. Este es, como es sabido, el comp\u00e1s inicial del <i>Manifiesto<a title=\"\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><b>[1]<\/b><\/a><\/i>, al que segu\u00eda uno no menos esencial: hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, se\u00f1ores y siervos, maestros y oficiales, en suma, opresores y oprimidos hab\u00edan estado siempre en oposici\u00f3n entre s\u00ed, librando una lucha ininterrumpida, ora oculta, ora desembozada, una lucha que en todos los casos, entonces conocidos, hab\u00eda finalizado con la transformaci\u00f3n revolucionaria de toda la sociedad, con el alumbramiento -dif\u00edcil, con marchas atr\u00e1s, lleno de contradicciones en algunos casos, no siempre majestuoso y uniforme como un paraje estelar-\u00a0 de un modo civilizatorio, o bien con la mutua destrucci\u00f3n, en un p\u00e1ramo de horror y sin vida, de las clases beligerantes.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes Marx y Engels<a title=\"\" href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> no pudieron concretar con detalle en su op\u00fasculo las diversas formas que adquir\u00eda esa lucha ininterumpida pero apuntaron con nitidez que tal lucha no siempre se manifestaba de forma abierta y que, en ocasiones, ese combate enconado entre sectores sociales enfrentados hab\u00eda finalizado con la desaparici\u00f3n de ambos contendientes. Por lo dem\u00e1s, Marx y Engels se guardaron mucho de se\u00f1alar que esa lucha fuera siempre pac\u00edfica. Probablemente, en sus d\u00edas aciagos, que fueron muchos, pensar\u00edan lo contrario: aunque la violencia tiene gradaciones, y \u00e9stas son decisivas sin atisbo de duda, vivir con el permiso de otros, y bajo su mandato desp\u00f3tico en frecuentes y crecientes ocasiones, constituye en s\u00ed mismo un primer acto de violencia. Que la misma cuna, cuando existe, dirija, o determine en \u00faltima instancia y de manera no marginal, los pasos de toda la existencia de los seres humanos no parece una forma de vida dulce, afable y vindicable.<\/p>\n<p>La derecha, desde luego, no habla en esos t\u00e9rminos. Como m\u00ednimo cuando lo hace de puertas hacia fuera, con c\u00e1maras enfocando. Cuando habla en foros internos suele ser m\u00e1s directa. La izquierda, una parte de ella, desgraciadamente tampoco. Desde hace d\u00e9cadas. Hasta el punto que hacerlo, hablar usando esas categor\u00edas, suena a viejo, a rancio, a trasnochado, a discurso manido, a no haber superado la etapa del paleol\u00edtico inferior en la pol\u00edtica y en el lenguaje.<\/p>\n<p>Pero si bien la derecha no genera expl\u00edcitamente un discurso as\u00ed, s\u00ed que construye una pr\u00e1ctica, permanente o ininterrumpida<a title=\"\" href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, tanto da en este caso, que gira en torno a ese eje esencial. La patronal espa\u00f1ola, no es la \u00fanica desde luego, es un ejemplo destacado y de ejemplar consistencia y coherencia. Participa, como casi todas las restantes instancias del pa\u00eds que cuentan en este pa\u00eds de cuentos (y de cuentas), en un falsario discurso que consiste b\u00e1sicamente en se\u00f1alar que entre todos, con nuestro esfuerzo, cediendo en lo que haya que ceder, arrimando el hombro todo lo que sea necesario, con sacrificio y trabajo, saldremos adelante, superaremos la crisis, una crisis que parece tener su origen en alguna maldici\u00f3n divina o hist\u00f3rica, o en centros codiciosos de poder totalmente ajenos a nuestra propia evoluci\u00f3n social en estas \u00faltimas d\u00e9cadas de desigualdad, explotaci\u00f3n y corrupci\u00f3n sin freno.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n empresarial en esa construcci\u00f3n ideol\u00f3gica, en el marxiano sentido de falsa consciencia interesada, no le impide ir a lo suyo, a proseguir su marcha triunfal por el ancestral e ininterrumpido sendero de la lucha de clases. Se trata ahora, en plena crisis, con un paro que afecta a millones de ciudadanos y ciudadanas, con una situaci\u00f3n laboral que genera inseguridades, estr\u00e9s y depresiones, con un horizonte que apenas logra vislumbrarse, con amplios sectores de j\u00f3venes trabajadores que apenas entienden lo que est\u00e1 sucediendo, con padres obreros que siguen confiando para superar la gravosa situaci\u00f3n en la salida individual y en el m\u00e9rito y esforzado curr\u00edculo de sus hijos, se trata, dec\u00eda, dice la patronal, de reclamar un par\u00e9ntesis en el papel preponderante del libre mercado, instancia divinizada que hace apenas 14 d\u00edas y 43 noches era considerada absolutamente intocable, fuerza motriz que solucionaba cualquier desajuste econ\u00f3mico-social, el motor de una historia de poseedores y despose\u00eddos; de presionar todo lo indecible, y un poco m\u00e1s, para abaratar el despido, una de las pocas protecciones, cuando llega a serlo, que todav\u00eda tienen los trabajadores espa\u00f1oles que tienen un puesto fijo de trabajo, y, finalmente, la guinda del pastel, se trata de exigir, en palabras de D\u00edaz Ferr\u00e1n, este presidente \u2013y el t\u00e9rmino imprime car\u00e1cter y no es simple convenci\u00f3n- de la CEOE que tanto recuerda, acaso no casualmente, en sus rasgos y en sus actos al antiguo presidente Cuevas, que los Expedientes de Regulaci\u00f3n de Empleo, los famosos ERE, no requieran la autorizaci\u00f3n administrativa. Sin frenos, v\u00eda libre, a la marcha despiadada de la lucha contra los trabajadores (La piedad queda, si algo queda, para las fiestas de guardar y los momentos de debilidad o de encuadre period\u00edstico).<\/p>\n<p>Y no es, desde luego, que la cosa les vaya mal hasta la fecha tampoco en este \u00e1mbito. De los ERE que las empresas espa\u00f1oles, o en suelo espa\u00f1ol, presentaron en 2008, la denominada \u201cautoridad laboral\u201d autoriz\u00f3 nada y nada menos que el 92% de los casos: el Ministerio de Trabajo, el 98,5%; las Comunidades Aut\u00f3nomas, el 85%.<\/p>\n<p>El marxismo (como el anarquismo, el socialismo no entregado o el situacionismo si queremos a\u00f1adir alg\u00fan ismo no tan pr\u00f3ximo) no es una tradici\u00f3n estrictamente cient\u00edfica. Es una tradici\u00f3n de pol\u00edtica revolucionaria que genera cuando puede, e incorpora siempre que est\u00e1 alerta, conocimientos sociales, pol\u00edticos e hist\u00f3ricos, sin desde\u00f1ar el saber de otras disciplinas naturales y de saberes prete\u00f3ricos y aproximaciones art\u00edsticas. La tesis sobre Feuerbach, la \u00faltima de ellas, sigue vigente; no hay razones, hoy menos que nunca, para desecharla. Desde luego, que podemos definir con mayor precisi\u00f3n las categor\u00edas que la tradici\u00f3n usa, el lenguaje con el que intenta comprender el mundo. Hablar de la lucha de clases como enfrentamiento entre grupos sociales que ocupan lugares diferenciados y opuestos en el sistema econ\u00f3mico y en las instancias de poder de las sociedades humanas, posiblemente demande mayor clarificaci\u00f3n conceptual de algunas nociones borrosas usadas en la definici\u00f3n. Sin duda. Podemos incluso admitir la necesidad de un desarrollo te\u00f3rico que genere un concepto comparativo que permita hablar, con precisi\u00f3n, de luchas de clases m\u00e1s acentuadas en una determinada sociedad que en otra, como afirmamos que un determinado cuerpo m\u00e1s masivo que otro, o, por qu\u00e9 no, de una metrizaci\u00f3n del concepto que permita mesurar la intensidad de la lucha, como medimos la altura de un paquidermo o de los bienes acumulados, y puestos en pila y con orden, del Jefe del Estado espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Sea como fuere, admitiendo la necesidad de precisiones y desarrollos, arrojar nociones claves y perspectivas te\u00f3ricas a la basura como si se tratara de una teor\u00eda falsada o ya inservible no deja de ser una operaci\u00f3n suicida y, desde luego, poco razonable. No s\u00f3lo porque de esta forma entendemos menos y con distinta mirada, sino porque, adem\u00e1s, es muy probable que cediendo por supuesta modernidad en el lenguaje cedamos tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica, en las luchas, en los asuntos que tienen que ver con la salud, la educaci\u00f3n, el trabajo, el tiempo libre, el bienestar de las gentes y, sobre todo, con la invivible situaci\u00f3n de los grupos sociales m\u00e1s desfavorecidos. La patronal ense\u00f1a: no ceden ni un \u00e1pice, todo lo contrario, en la defensa de sus intereses. Cuando hay euforia, porque son los tiempos son buenos para la codicia y muy malos para la l\u00edrica; cuando hay crisis, porque los tiempos no permiten desahogo alguno y hay que dejarlo todo por conservar lo m\u00ednimo. Es un juego donde siempre ganan.<\/p>\n<p>En agosto de 1838, un joven Darwin escrib\u00eda en su cuaderno D un relevante argumento contrario al creacionismo: \u201cNo est\u00e1 a la altura de la dignidad de Aqu\u00e9l que presume de haber dicho: \u201cH\u00e1gase la luz\u201d y la luz se hizo, imaginar que \u00c9l haya creado una larga sucesi\u00f3n de humildes moluscos\u201d. Ese mismo d\u00eda, horas m\u00e1s tarde, en una hoja diferente, anot\u00f3 un preciso aforismo materialista con v\u00e9rtice \u00f3ntico-filos\u00f3fico no despreciable: \u201cAquel que entienda al babuino contribuir\u00e1 a la metaf\u00edsica m\u00e1s que Locke\u201d<a title=\"\" href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Apenas una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, por encargo de una asociaci\u00f3n de trabajadores insumisos, los j\u00f3venes Marx y Engels escribieron una <i>Manifiesto<\/i> donde conjeturaban y argumentaban interesantes tesis sobre la evoluci\u00f3n discontinua de la historia humana y sobre asuntos metahist\u00f3ricos anexos. Podemos revisar y modificar, obviamente, lo que estimemos poco adecuado, pero ideas esenciales, como las que Darwin defendi\u00f3 en su \u00e1mbito o los Marx y Engels en el suyo, siguen mereciendo atenci\u00f3n y cuidado al cabo del tiempo, incluso al cabo de m\u00e1s de un siglo y medio.<\/p>\n<p>Y en el caso de la tradici\u00f3n marxista, que no es paralela a la darwinista, el cuidado demanda traducci\u00f3n praxeol\u00f3gica y acci\u00f3n: son gritos en el cielo y en la tierra son actos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Uso la traducci\u00f3n de Le\u00f3n Mames: OME-9, Obras de Marx y Engels, Cr\u00edtica, Grijalbo, Barcelona, 1978 ( edici\u00f3n dirigida por Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n).<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> J\u00f3venes revolucionarios, asistentes al segundo congreso de la Liga de los Comunistas celebrado en Londres entre el 29 de noviembre y el 8 de diciembre de 1847, que recibieron el encargo de la elaboraci\u00f3n de un Manifiesto que recogiera la concepci\u00f3n y el programa de la organizaci\u00f3n. El <i>Manifiesto del Partido Comunista<\/i> se public\u00f3 por vez primera en alem\u00e1n, en Londres, en febrero de 1848. No es improbable que Marx y Engels lo escribieran en apenas quince d\u00edas, en las semanas finales de 1847.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Este es, en mi opini\u00f3n, un ejemplo destacado de discusi\u00f3n in\u00fatil y probablemente asignificativa en la tradici\u00f3n, con nefastas consecuencias te\u00f3ricas y sectarias. No es f\u00e1cil detectar anal\u00edticamente las diferencias entre una y otra concepci\u00f3n, entre la revoluci\u00f3n permanente y la ininterrumpida, y no acaba de verse qu\u00e9 proyectos pol\u00edticos realistas se enfrentaban realmente en una discusi\u00f3n que se mantuvo vigente durante d\u00e9cadas.<\/p>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> V\u00e9ase Telmo Pievani, <i>Creaci\u00f3n sin Dios.<\/i> Akal, Madrid, 2009, pp. 21-22 (traducci\u00f3n de Silvia Schettin).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador L\u00f3pez Arnal<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sociedad postindustrial, sociedad de servicios, sociedad de la informaci\u00f3n, sociedad l\u00edquida, sociedad postmoderna, sociedad del conocimiento, sociedad de las finanzas, sociedad globalizada, sociedad t\u00e9cnico-cient\u00edfica,\u2026 Los soci\u00f3logos y los fil\u00f3sofos de la sociedad podr\u00e1n a\u00f1adir cincuenta o cien t\u00e9rminos m\u00e1s. No conozco el tema suficientemente. No insin\u00fao que todas estas nociones sean in\u00fatiles y no apunten a caracter\u00edsticas de inter\u00e9s, nada marginales, de nuestras sociedades. Alejo de mi ese c\u00e1liz. Pero acaso no sea un disparate se\u00f1alar que algunas de estas categor\u00edas intentaron e intentan desdibujar u ocultar algo tan esencial para comprender los mecanismos y las instituciones sociales como es el concepto, no marxiano originariamente pero con papel esencial en la concepci\u00f3n de la historia de la tradici\u00f3n, de la lucha de clases como motor de la historia. <\/p>\n<p>La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente, m\u00e1s estrictamente: la historia transmitida por escrito -en 1847, matizaba Engels en nota a pie de p\u00e1gina escrita cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, era pr\u00e1cticamente desconocida la prehistoria de la sociedad-, es la historia de la lucha de clases. Este es, como es sabido, el comp\u00e1s inicial del Manifiesto[1], al que segu\u00eda uno no menos esencial: hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, se\u00f1ores y siervos, maestros y oficiales, en suma, opresores y oprimidos hab\u00edan estado siempre en oposici\u00f3n entre s\u00ed, librando una lucha ininterrumpida, ora oculta, ora desembozada, una lucha que en todos los casos, entonces conocidos, hab\u00eda finalizado con la transformaci\u00f3n revolucionaria de toda la sociedad, con el alumbramiento -dif\u00edcil, con marchas atr\u00e1s, lleno de contradicciones en algunos casos, no siempre majestuoso y uniforme como un paraje estelar-\u00a0 de un modo civilizatorio, o bien con la mutua destrucci\u00f3n, en un p\u00e1ramo de horror y sin vida, de las clases beligerantes. <\/p>\n<p>Los j\u00f3venes Marx y Engels[2] no pudieron concretar con detalle en su op\u00fasculo las diversas formas que adquir\u00eda esa lucha ininterumpida pero apuntaron con nitidez que tal lucha no siempre se manifestaba de forma abierta y que, en ocasiones, ese combate enconado entre sectores sociales enfrentados hab\u00eda finalizado con la desaparici\u00f3n de ambos contendientes. Por lo dem\u00e1s, Marx y Engels se guardaron mucho de se\u00f1alar que esa lucha fuera siempre pac\u00edfica. Probablemente, en sus d\u00edas aciagos, que fueron muchos, pensar\u00edan lo contrario: aunque la violencia tiene gradaciones, y \u00e9stas son decisivas sin atisbo de duda, vivir con el permiso de otros, y bajo su mandato desp\u00f3tico en frecuentes y crecientes ocasiones, constituye en s\u00ed mismo un primer acto de violencia. 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