{"id":1074,"date":"2009-03-01T00:00:00","date_gmt":"2009-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1074"},"modified":"2020-02-25T04:29:01","modified_gmt":"2020-02-25T03:29:01","slug":"solidaridad-a-sueldo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1074","title":{"rendered":"Solidaridad a sueldo"},"content":{"rendered":"<p>Revista Te\u00edna n\u00ba 20<\/p>\n<p>\u00bfEs posible interesarse por el dolor de un hombre que no es pariente nuestro, de un ni\u00f1o que no hemos educado, de una mujer a la que no hemos amado nunca? \u00bfEs posible elegir como igual estricto a un desigual lejano, como af\u00edn completo a un extranjero remoto? Si hay explicaci\u00f3n sociol\u00f3gica para la hostilidad y la indiferencia, no la hay quiz\u00e1s para esta fulgurante cristalizaci\u00f3n de simpat\u00edas cancerosas que precipitan, a partir de su composici\u00f3n qu\u00edmica misma, una intervenci\u00f3n en el mundo. Llamamos -o deber\u00edamos llamar- \u201csolidaridad\u201d al brazo armado de la compasi\u00f3n, a la solidificaci\u00f3n del compromiso: el hecho de elegir libremente la necesidad ajena, de suprimir por propia voluntad -sacudidos por el dolor o contaminados por la idea de un desconocido- las condiciones mismas que permiten este acto de libertad. La compasi\u00f3n activa que Todorov identifica con la \u201cmoral de simpat\u00eda\u201d encuentra su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la decisi\u00f3n absurda y luminosa de los solidarios suicidas que, no pudiendo soportar el sufrimiento de los jud\u00edos, se incorporaban de un salto -piedad instintiva, bondad refleja- a los vagones de ganado destinados a los <i>lager<\/i>. El compromiso activo (asociado a la \u201cmoral de principios\u201d) se resume, por su parte, en el ejemplo movilizador de los muchos comunistas o socialistas de todo el mundo que abandonaron sus casas y sus familias para morir en la guerra civil espa\u00f1ola luchando contra el fascismo. Compasi\u00f3n y compromiso, moral y pol\u00edtica, se dan cita hoy en la admirable coherencia de los cooperantes y m\u00e9dicos que deciden compartir el dolor y la lucha de los habitantes de Gaza como consecuencia de una doble intolerancia f\u00edsica e intelectual hacia el concreto sufrimiento ajeno y hacia la objetiva injusticia general.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p><b>LAZOS LIQUIDOS<\/b><\/p>\n<p>Lo s\u00f3lido, dec\u00eda Marx, se disuelve en el aire. La solidaridad -su pariente etimol\u00f3gico- tambi\u00e9n. Es cierto que el capitalismo, que licuefacta todas las consistencias y s\u00f3lo permite los v\u00ednculos d\u00e9biles y fricativos del consumo, desactiva sin interrupci\u00f3n las conexiones pol\u00edticas y morales con los otros. Pero es s\u00f3lo parcialmente cierta la afirmaci\u00f3n que pretende -mientras caen bombas, por ejemplo, sobre Gaza- que \u201ca nadie le importa el sufrimiento de los dem\u00e1s\u201d. Lo que llamamos \u201cindiferencia\u201d consiste m\u00e1s bien en una fluyente corriente de simpat\u00eda mayoritaria, originalmente justa, hacia los injustos: los ricos, los poderosos, los famosos y hasta los asesinos. Nos importa el sufrimiento de la princesa Letizia o de John Travolta, el de la soldado estadounidense que no puede adoptar un perro iraqu\u00ed o el del padre israel\u00ed que ha perdido a su hijo soldado; nos importa el dolor del millonario suicida y el del mafioso operado de pr\u00f3stata. Esta solidaridad pasiva con los fuertes, que se explica banalmente por la insistencia con que nos obligan a <i>mirarlos<\/i>, y por el gusto de igualarnos a desiguales superiores, constituye un formidable soporte social de la fuerza que, del otro lado, persigue y criminaliza la solidaridad con los d\u00e9biles y los justos.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, solidarios con los vencedores, la moral y la pol\u00edtica encogen tambi\u00e9n cada vez m\u00e1s su margen de radiaci\u00f3n a causa de la desproporci\u00f3n que existe entre lo que podemos saber y lo que podemos hacer; es decir, entre el orden de la informaci\u00f3n y el de la intervenci\u00f3n. Mientras que nuestro campo de visi\u00f3n es virtualmente ilimitado -est\u00e1n m\u00e1s cerca Australia o Pakist\u00e1n que nuestra propia cocina-, nuestro campo de intervenci\u00f3n no deja de estrecharse, hasta el punto de que al final, sin organizaci\u00f3n, sin medios, sin proyectos colectivos, el \u00fanico lugar donde podemos introducir alg\u00fan efecto es precisamente nuestra propia cocina: tanto m\u00e1s se impone este acurrucamiento en lo privado y lo dom\u00e9stico cuanto m\u00e1s libremente, sin consecuencias ni huellas, podemos pasearnos, arriba y abajo, a lo largo y a lo ancho, por el mundo exterior.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p><b>SOLIDARIDAD SIN IDEOLOG\u00cdA<\/b><\/p>\n<p>Solidaridad y sueldo comparten tambi\u00e9n la misma ra\u00edz etimol\u00f3gica. Lo \u00fanico s\u00f3lido es el sueldo; y toda una serie de intervenciones hist\u00f3ricas -econ\u00f3micas y pol\u00edticas- contra la compasi\u00f3n y el compromiso activos han acabado por desprender este ins\u00f3lito ox\u00edmoron: la solidaridad asalariada. El t\u00e9rmino mismo -\u201dsolidaridad\u201d- se presenta hoy aligerado de toda electricidad ideol\u00f3gica, escuetamente administrativo, y se utiliza para encubrir y reproducir los conflictos de clase, las desigualdades, la fuerza de los fuertes, bajo una institucionalizaci\u00f3n fraudulenta y monopolista: est\u00e1n los ej\u00e9rcitos \u201chumanitarios\u201d, dotados -estos s\u00ed- de medios y poder para la intervenci\u00f3n, con sus monstruosos soldados solidarios distribuyendo cad\u00e1veres y mantas para cubrirlos; y est\u00e1 el sarampi\u00f3n de las ONGs, filiales postmodernas de los gobiernos dedicadas -salvo excepciones- a \u201cdesmoralizar\u201d y \u201cdespolitizar\u201d todos los escenarios de pobreza o de violencia; es decir, a despuntar y vaciar de contenido el concepto original de \u201csolidaridad\u201d para convertirlo -a la medida del contrato capitalista- en un intercambio individual entre desiguales. As\u00ed es como los occidentales hemos acabado por dejar fuera a todo el resto del mundo: pagamos sueldos a solidarios especializados y nos solidarizamos -no con las v\u00edctimas, no- con los solidarios a sueldo (y con sus gobiernos). M\u00e1s all\u00e1 de ese c\u00edrculo virtuoso, s\u00f3lo hay ya desgraciados y desalmados o, lo que es lo mismo, aterrorizados y terroristas. Y cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil distinguirlos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Solidaridad a sueldo<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>Revista Te\u00edna n\u00ba 20<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-1074","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-izquierda-a-debate"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1074"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1074\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}