{"id":10917,"date":"2021-12-19T05:00:26","date_gmt":"2021-12-19T04:00:26","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10917"},"modified":"2021-12-15T06:12:42","modified_gmt":"2021-12-15T05:12:42","slug":"la-verdad-como-compromiso-politico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=10917","title":{"rendered":"La verdad como compromiso pol\u00edtico"},"content":{"rendered":"<p>Rese\u00f1as de los libros:<br \/>\n<em>-Sobre Jean-Paul Sartre \/ <\/em>Manuel Sacrist\u00e1n. Zaragoza, Prensa de la Universidad de Zaragoza, 2021<br \/>\n<em>-El trabajo cient\u00edfico de Marx y su noci\u00f3n de ciencia<\/em> \/ Manuel Sacrist\u00e1n. Barcelona, Editorial Montesinos, 2020<br \/>\n<em>-La noci\u00f3n de ciencia en Manuel Sacrist\u00e1n<\/em> \/ Jos\u00e9 Sarri\u00f3n. Madrid, Dykinson, 2017<\/p>\n<p>Cosas raras que pasan. En poco tiempo, tres libros con Manuel Sacrist\u00e1n como protagonista. Dos como autor y uno acerca de su obra. No es escasa la cosecha, si se tiene en cuenta la indiferencia general con la que su obra ha sido tratada durante tantos a\u00f1os. Una indiferencia que habr\u00eda sido mucho mayor si no fuera por la extraordinaria labor de Salvador L\u00f3pez Arnal, quien, con un paciencia excepcional y sin apenas ayudas, ha realizado un minucioso y esmerado trabajo de recuperaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n de sus trabajos con pocos paralelos en nuestro mundo filos\u00f3fico[1]. Tambi\u00e9n aqu\u00ed est\u00e1 presente, como prologuista al libro-tesis de Sarri\u00f3n, en la edici\u00f3n anotada del trabajo de Sacrist\u00e1n sobre la idea de ciencia en Marx y en la compilaci\u00f3n y edici\u00f3n de los escritos sobre Sartre. Cualquier aproximaci\u00f3n contempor\u00e1nea a la obra del fil\u00f3sofo ha de comenzar por agradecer su exquisito y paciente empe\u00f1o. Cada uno de los vol\u00famenes en los que L\u00f3pez Arnal ha intentado \u2013y conseguido\u2013 ordenar los dispersos escritos de Sacrist\u00e1n es una muestra de buen hacer: referencias cruzadas, sistematizaci\u00f3n conceptual, ampliaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica. De hecho, si se siguen con paciencia sus glosas y anotaciones, cualquiera de ellos puede oficiar como presentaci\u00f3n del pensamiento de Sacrist\u00e1n.\u00a0 Una labor realizada, y no est\u00e1 de m\u00e1s decirlo, con enorme discreci\u00f3n en m\u00e1s de un sentido: sin protagonismo, evitando patrimonializar la obra y disimulando el primoroso trabajo que se oculta detr\u00e1s de sistematizaciones que \u2013de bien trabados que est\u00e1n los pasajes- nos permiten seguir con naturalidad textos de procedencia bien dispar. Una dedicaci\u00f3n de muchos a\u00f1os que solo se puede entender desde la admiraci\u00f3n que L\u00f3pez Arnal profesa por un maestro al que pudo escuchar en muchas ocasiones \u2013tiene registradas clases y conferencias\u2013 pero con el que apenas cruz\u00f3 unas pocas palabras. Para decirlo con Max Weber, Sacrist\u00e1n oficiar\u00eda para L\u00f3pez Arnal como un profeta ejemplar[2]. En alg\u00fan lugar tocaba el reconocimiento de su empe\u00f1o. Y este no es el peor.<\/p>\n<p><strong>Los intelectuales<\/strong><\/p>\n<p>En <em>Sobre Jean-Paul Sartre<\/em>, Manuel Sacrist\u00e1n, un fil\u00f3sofo espa\u00f1ol realmente comprometido, escribe sobre el fil\u00f3sofo franc\u00e9s que tanto escribi\u00f3 sobre el compromiso. No hay exageraci\u00f3n en mi descripci\u00f3n del primero. Lo s\u00e9 por la parte de su vida en la que pude acompa\u00f1arlo, como ayudante de c\u00e1tedra y en diversas empresas pol\u00edtico-editoriales, entre ellas la revista <em>Mientras tanto<\/em>. Pero como la memoria es traicionera y debemos evitar inverificables privilegios epist\u00e9micos, ah\u00ed va la opini\u00f3n de Mario Bunge, fil\u00f3sofo poco dado a efusiones sentimentales, hablando de su encuentro en 1966: \u00abMe cont\u00f3 algo de lo que hac\u00eda. Se ganaba la vida traduciendo, porque obviamente como antifranquista que era no pod\u00eda ense\u00f1ar. Entonces le pregunt\u00e9 si no le gustar\u00eda, si no le convendr\u00eda, irse afuera durante un par de a\u00f1os, en particular le dije que yo ten\u00eda muy buena relaci\u00f3n con la fundaci\u00f3n Alexander von Humboldt en Alemania, y que pod\u00eda ayudarle a conseguir una beca. Me dijo: \u201cNo, gracias, mi puesto est\u00e1 aqu\u00ed en Espa\u00f1a, tengo que seguir luchando contra el franquismo\u201d. Yo nunca hab\u00eda o\u00eddo a una persona decirme algo parecido porque evidentemente comportaba un sacrificio personal muy grande. Era un hombre de grandes dotes intelectuales. Podr\u00eda haber hecho much\u00edsimo m\u00e1s si hubiera tenido tranquilidad y una fuente de ingresos que le hubiese permitido dedicarse exclusivamente a la investigaci\u00f3n. Despu\u00e9s tuvimos una correspondencia cuando yo le dej\u00e9 el original de mi libro, <em>La investigaci\u00f3n cient\u00edfica<\/em>, que por cierto tradujo espl\u00e9ndidamente. Creo que de todos mis traductores ha sido el mejor. No era f\u00e1cil porque empleo palabras tomadas de varias ciencias y en aquella \u00e9poca, pr\u00e1cticamente, no hab\u00eda filosof\u00eda de la ciencia en castellano, de modo que \u00e9l ten\u00eda que introducir neologismos para poder hacer la traducci\u00f3n\u00bb[3].<\/p>\n<p>De Sartre y su compromiso, tambi\u00e9n abundan opiniones. Sobre todo, las suyas. Aqu\u00ed resulta oportuna la distinci\u00f3n entre \u00abuso\u00bb y \u00abmenci\u00f3n\u00bb, que una cosa es hablar del compromiso y otra practicarlo. Y es que, despu\u00e9s de examinar sus quehaceres, resulta inevitable preguntarse si Sartre, que emborron\u00f3 cientos de p\u00e1ginas escribiendo acerca la necesidad del compromiso con la sociedad, tuvo tiempo para ocuparse de estudiar la sociedad, obligaci\u00f3n primera del acad\u00e9mico comprometido. Predicar no es dar trigo. Raymond Aron, cuando glosaba el narcisismo de los te\u00f3ricos del compromiso, que tanto lo despreciaron a \u00e9l, tan comprometido, atin\u00f3 con el diagn\u00f3stico al referirse a Sartre y sus amigos, si es que se pod\u00edan considerar tales, pues resultar\u00eda m\u00e1s ajustado hablar de \u00abcortesanos\u00bb: consideraban m\u00e1s importante para la revoluci\u00f3n el \u00faltimo art\u00edculo de Sartre en <em>Les Temps Modernes<\/em> que una huelga general[4]. De su escasa sensibilidad y hasta de su cobard\u00eda en las horas dif\u00edciles de la ocupaci\u00f3n sobran las pruebas[5]. Sarah Bakewell, en <em>El caf\u00e9 de los existencialistas<\/em>, recuerda como Beauvoir \u00abse sorprend\u00eda de lo poco que se hab\u00edan preocupado ella y Sartre a principios de los a\u00f1os treinta contemplando el auge del nazismo en Alemania (\u2026). Le\u00edan los peri\u00f3dicos, dec\u00eda, pero en aquellos tiempos les interesaban m\u00e1s las historias de asesinatos o rarezas psicol\u00f3gicas, como las hermanas Papin, que hab\u00edan matado a los empleadores para los que trabajaban como criadas (\u2026). Tales incidentes eran curiosidades de la conducta humana, mientras que el auge del fascismo parec\u00eda algo abstracto\u00bb. El intento de explicaci\u00f3n \u2013o de justificaci\u00f3n\u2013de la ensayista norteamericana resulta muy iluminador, tambi\u00e9n para entender nuestro tiempo: \u00abA veces, las personas mejor educadas eran las menos inclinadas a tomarse a los nazis en serio, considerando que eran demasiado absurdos para durar (\u2026). En cualquier caso, la mayor\u00eda de los que estaban en desacuerdo con la ideolog\u00eda de Hitler pronto aprendieron a guardarse sus opiniones. Si pasaba un desfile nazi por la calle, o bien se escabull\u00edan de la vista o hac\u00edan el saludo obligatorio como todo el mundo, dici\u00e9ndose que aquel gesto no significaba nada si no cre\u00edas en \u00e9l\u00bb[6].<\/p>\n<p>S\u00ed, hab\u00eda no poca frivolidad en Sartre. Con el tiempo, \u00e9l mismo -con reglones torcidos\u2014 lo admitir\u00eda. La hab\u00eda, primero, en su vocaci\u00f3n de sistema, de aparecer como \u00abun fil\u00f3sofo muy especulativo, muy deseoso de construir sistem\u00e1ticamente grandes conjuntos de pensamiento bajo t\u00edtulos tan importantes como, por ejemplo, <em>El ser y la nada<\/em>\u00bb, para decirlo con las palabras de Sacrist\u00e1n, quien, al hilo de la \u00faltima entrevista del fil\u00f3sofo franc\u00e9s, subraya las palabras de Sartre cuando declara su alejamiento de aquella aspiraci\u00f3n a facturar una gran filosof\u00eda que acostumbra a ser simple especulaci\u00f3n logorreica. Y tambi\u00e9n hab\u00eda frivolidad en su gestualidad, en su componer el gesto ante el espejo: \u00abnunca estuve desesperado, lo que pasa es que como estaba de moda Kierkegaard (\u2026) constru\u00ed escritos, y p\u00e1ginas y p\u00e1ginas, sobre la desesperaci\u00f3n, que no s\u00e9 lo que es\u00bb[7].<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n estaba en otras empresas, que reclamaban acompasar vida y pensamiento. Sus acotaciones a las far\u00e1ndulas parisinas resultan iluminadoras. En 1978, en una entrevista \u2013que despu\u00e9s de concederla se neg\u00f3 a publicar \u00a0aduciendo \u00abel car\u00e1cter excesivamente personal del texto y el posible efecto desmovilizador que su lectura podr\u00eda provocar entre las gentes de izquierda\u00bb\u2013 se expresaba con brutal claridad: \u00abMi conclusi\u00f3n en los a\u00f1os 66-68 es que el intelectual es todo lo contrario: un payaso siniestro, un par\u00e1sito por definici\u00f3n que en cada una de sus payasadas no est\u00e1 haciendo m\u00e1s que asegurar el dominio de la clase dominante, sea esta clase la burgues\u00eda de aqu\u00ed o sea la burgues\u00eda burocr\u00e1tica de un pa\u00eds como la Uni\u00f3n mal llamada \u201csovi\u00e9tica\u201d. Para m\u00ed el intelectual es el personaje m\u00e1s siniestro de nuestra cultura. Pero no el intelectual al que Aranguren estar\u00eda dispuesto a criticar, es decir, el f\u00edsico nuclear. No. A m\u00ed el intelectual que me parece m\u00e1s siniestro es el supuestamente cr\u00edtico, el que con su cr\u00edtica est\u00e1 constantemente desarmando a la clase oprimida, a la clase explotada, el intelectual que somos los profesores de filosof\u00eda. \u00c9sta fue otra raz\u00f3n de inhibici\u00f3n. Yo llegu\u00e9 a la convicci\u00f3n de que incluso el te\u00f3rico marxista, el intelectual de tipo tradicional [\u2026] es un grupo parasitario de la clase explotadora y que su lucha cr\u00edtica es simplemente el permanente intento de reservarse un trozo parasitario de plusval\u00eda para \u00e9l\u00bb[8].<\/p>\n<p>Al leer esas consideraciones quiz\u00e1 algunos se acuerden de otras parecidas de un compa\u00f1ero de generaci\u00f3n, y amigo de juventud, S\u00e1nchez Ferlosio, en un c\u00e9lebre art\u00edculo publicado en <em>El Pa\u00eds<\/em> \u00abLa cultura, ese invento del gobierno\u00bb: \u00abLos llamados intelectuales, teniendo precisamente por gaje del oficio el de no respetar nada ni a nadie, no pueden sentir respeto alguno hacia s\u00ed mismos (\u2026). Nunca nadie recurre a los llamados intelectuales tom\u00e1ndolos en serio, como s\u00f3lo demostrar\u00eda el que los reclamase, no para pasear sus meros nombres remuneradamente, sino para pedirles alguna prestaci\u00f3n an\u00f3nima y gratuita (\u2026). Mas no se quiere, no se necesita su posible utilidad valga lo que valiere \u2013\u00e9sta, acaso, hasta estorba\u2013, sino la decorativa nulidad de sus famas y sus firmas. Es como para sospechar si no habr\u00e1 alguna especie de instinto subliminal que incita a reducir a los intelectuales a la condici\u00f3n de borrachines de c\u00f3ctel, borrachines honor\u00edficos de consumici\u00f3n pagada, para dar lustre a los actos con el hueco sonido de sus nombres, a fin de que se cumpla enteramente la clarividente profec\u00eda del chotis: \u201cEn Chicote un agasajo postinero \/ con la crema de la intelectualidad\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>El art\u00edculo de S\u00e1nchez Ferlosio se public\u00f3 en 1984, seis a\u00f1os despu\u00e9s de la entrevista de Sacrist\u00e1n, in\u00e9dita en ese momento, y en la que, dicho sea de paso, Sacrist\u00e1n reconoc\u00eda su admiraci\u00f3n y querencia por el autor de <em>Alfanhu\u00ed<\/em>, novela que hab\u00eda rese\u00f1ado a poco de publicarse. Lo hac\u00eda con unas palabras que quiz\u00e1 ayuden a entender parcialmente su mencionada apelaci\u00f3n al \u00abcar\u00e1cter demasiado personal\u00bb como raz\u00f3n para desautorizar la publicaci\u00f3n de la entrevista[9]: \u00abhab\u00eda intelectuales a los que ya mucho antes que a m\u00ed les hab\u00eda pasado lo mismo: la inhibici\u00f3n. Sobre todo, a uno al que yo quiero mucho, y con el que tengo una gran afinidad y fijaci\u00f3n er\u00f3tica, aparte de que he aprendido mucho de \u00e9l: Rafael S\u00e1nchez Ferlosio\u00bb.[10] Sea cual sea la explicaci\u00f3n \u00faltima, parecen fuera de toda duda las coincidencias entre los dos amigos al valorar al gremio. Tambi\u00e9n existen no pocos paralelos en sus trayectorias biogr\u00e1ficas, en un af\u00e1n de verdad que, por solitario, por no encontrar el cobijo propicio de las comunidades acad\u00e9micas o pol\u00edticas, reclamaba coraje y anhelo de autenticidad. \u00a0Y cierta aspereza \u2013sobre la que algo m\u00e1s dir\u00e9 m\u00e1s tarde\u2013 que alg\u00fan zascandil (Xavier Rubert de Vent\u00f3s, por no hablar a humo de pajas) confundir\u00e1 con dogmatismo[11].<\/p>\n<p>Definitivamente, eran otra gente. Se tomaban en serio. Una disposici\u00f3n que queda bien recogida en otro pasaje sin desperdicio \u2013y son muchos\u2013 de la no publicada entrevista, en el que confesaba que a \u00e9l le interesaba \u00absaber c\u00f3mo son las cosas. A m\u00ed el criterio de verdad me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero\/falso por las palabras v\u00e1lido\/no v\u00e1lido, coherente\/incoherente, consistente\/inconsistente; no. Para m\u00ed las palabras buenas son verdadero y falso, como en la lengua popular, como en la tradici\u00f3n de la ciencia. Igual en Perogrullo y en nombre del pueblo que en Arist\u00f3teles.\u00a0 Los de v\u00e1lido\/no v\u00e1lido son los intelectuales, en este sentido: los t\u00edos que no van en serio\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1n recogidas en pocas l\u00edneas algunas claves de la reflexi\u00f3n del fil\u00f3sofo espa\u00f1ol: por as\u00ed decir, una unidad de inspiraci\u00f3n, ese tomarse en serio, en su compromiso, son la idea de verdad y su desprecio hacia los intelectuales. Volver\u00e9 sobre ello.<\/p>\n<p>Pero, antes de seguir, me temo que no sobra un elemental recordatorio de qui\u00e9n era Manuel Sacrist\u00e1n. En principio, la tarea no lleva mucho tiempo, porque lo inmediato, lo que recoger\u00eda una entrada de una hipot\u00e9tica wiki de la filosof\u00eda, es poca cosa. Por un suponer: \u00abfil\u00f3sofo marxista (\u00e9l habr\u00eda preferido comunista), autor de una tesis sobre Heidegger, introductor de la filosof\u00eda de la ciencia y la l\u00f3gica moderna en Espa\u00f1a\u00bb. Si acaso, su aprecio y afinidad en asuntos del conocimiento con el l\u00f3gico y fil\u00f3sofo W. O. Quine, a quien tantas veces tradujo. Y poco m\u00e1s que quepa en esa hipot\u00e9tica enciclopedia filos\u00f3fica. Eso s\u00ed, el poco m\u00e1s reclama una explicaci\u00f3n con muchas l\u00edneas. Aportaciones propias, no muchas: algunas apreciaciones sobre el principio de la pr\u00e1ctica, la idea de dial\u00e9ctica o el conocimiento de lo particular[12], casi todas dispersas, en escritos circunstanciales, como pr\u00f3logos, notas al pie, clases y conferencias a cuenta de otros asuntos. Jos\u00e9 Sarri\u00f3n menciona 390 escritos en su libro. Y traducciones, miles de p\u00e1ginas traducidas, no siempre con entusiasmo (como \u00abuna mierda inclasificable\u00bb, <em>El var\u00f3n domado<\/em> de Esther Vilar o \u00abun trivial ensayo de otra luk\u00e1csiana, A. Heller\u00bb)[13]. Unas 30.000 p\u00e1ginas, seg\u00fan c\u00e1lculo de Albert Domingo Curto.<\/p>\n<p>Diversas circunstancias materiales, sociales y profesionales, ayudan a entender el car\u00e1cter fragmentario de sus escritos. Tambi\u00e9n, algunas espec\u00edficamente pol\u00edticas, esbozadas en la descripci\u00f3n de Bunge. Porque Sacrist\u00e1n dedic\u00f3 muchas horas de su vida a la militancia pol\u00edtica, en el sentido m\u00e1s amplio y noble del sintagma: escritos de ocasi\u00f3n, preparaci\u00f3n de actividades, correspondencia y ayuda a presos, tareas sindicales, clases de alfabetizaci\u00f3n para trabajadores. Unas actividades que, en tiempos de clandestinidad, exig\u00edan, adem\u00e1s de coraje, tiempo. Tiempo para ellas y tiempo para ganarse la vida, cuando la vida se complicaba.<\/p>\n<p>Pero, a mi parecer, las condiciones materiales y pol\u00edticas no bastan para explicar la ausencia de \u00absistema filos\u00f3fico\u00bb en Sacrist\u00e1n. Tampoco las personales, esa \u00abhuida del trabajo cient\u00edfico\u00bb a la que alude en una anotaci\u00f3n personal para justificar sus muchos compromisos personales[14]. Hay tambi\u00e9n una genuina reflexi\u00f3n que, dicho sea de paso, complica los peregrinos intentos de insertarlo en genealog\u00edas, hisp\u00e1nicas o continentales: cre\u00eda, con s\u00f3lidas razones, que la filosof\u00eda en el sentido cl\u00e1sico hab\u00eda perdido todo sentido, si alguna vez lo tuvo. Sacrist\u00e1n participaba de la convicci\u00f3n (\u00abinfiel par\u00e1frasis de un <em>motto<\/em> de Kant\u00bb, en sus propias palabras) de que no hay filosof\u00eda, saber filos\u00f3fico, sino filosofar, ejercicio de la raz\u00f3n apegado a problemas, a retos circunstanciales precisos. Desde su punto de vista, que no era solo suyo, sino el de la mejor filosof\u00eda del siglo veinte, estaba fuera de lugar la aspiraci\u00f3n a una \u00abconcepci\u00f3n redonda y completa del \u201cmundo\u201d o del \u201cser\u201d, o del \u201cSer\u201d\u00bb, a un \u00absaber filos\u00f3fico sustantivo superior a los saberes positivos\u00bb. De ah\u00ed su propuesta de suprimir las secciones de filosof\u00eda de las facultades de letras, que hace a alguien \u00abespecialista en Nada (la may\u00fascula ser\u00e1 consuelo de algunos). Su t\u00edtulo le declara conocedor del Ser en general sin saber nada serio de ning\u00fan ente en particular\u00bb. Si acaso, habr\u00eda lugar para una filosof\u00eda que, en la vecindad de las ciencias, o las artes, reflexione, a ciencia \u2013o actividad art\u00edstica\u2013 pasada, materializada en alg\u00fan tipo de Instituto interdisciplinar de Escuela de Altos Estudios, en la que pudieran encontrar cobijo investigadores o doctorandos, conocedores de conocimientos reales, los propios de las ciencias particulares.<\/p>\n<p>Su propuesta se sosten\u00eda en dos convicciones. Seg\u00fan la primera, ya apuntada, lo que tradicionalmente se ha entendido por saber filos\u00f3fico no son m\u00e1s que pseudo-teor\u00edas, construcciones al servicio de motivaciones ajenas a la ciencia, sostenidas en usos impropios de los esquemas inferenciales y no susceptibles de control emp\u00edrico. En breve:\u00a0 no habr\u00eda un conocimiento filos\u00f3fico sustantivo por encima de los saberes positivos. Su juicio se refer\u00eda al ejercicio tradicional del filosofar, pero tambi\u00e9n alcanzaba a sus contempor\u00e1neos, y con m\u00e1s rotundidad, pues estos \u2013testigos de la ciencia moderna y del an\u00e1lisis filos\u00f3fico\u2013 ten\u00edan acceso a otras maneras de hacer. Valga como testimonio su valoraci\u00f3n de autores entonces \u2013y ay, todav\u00eda\u2014 de moda, a quienes le\u00eda porque no le quedaba otro remedio: \u00abla lectura de Barthes y de L\u00e9vi-Strauss, por ejemplo, no me ha servido m\u00e1s que para conocerles. Barthes, sobre todo, es un pensador muy mediocre y una caricatura del cient\u00edfico. No hablemos de Foucault\u00bb[15]. La otra convicci\u00f3n matizaba el alcance de la primera: hay lugar para una reflexi\u00f3n leg\u00edtima, que \u2013sin fervor, pero sin traici\u00f3n a una parte de la historia del concepto\u2014se puede llamar \u00abfilos\u00f3fica\u00bb, concentrada en los fundamentos, los m\u00e9todos y las perspectivas de conocimiento cient\u00edfico y de las pr\u00e1cticas, tambi\u00e9n las art\u00edsticas. Para Sacrist\u00e1n, si nos tom\u00e1bamos en serio esas dos tesis, deb\u00edamos cerrar las facultades de filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Esa era la implicaci\u00f3n institucional, pero ahora me interesan otras que tienen que ver con su obra, con su car\u00e1cter fragmentario y para la ocasi\u00f3n. Y con su recepci\u00f3n. Las ideas expuestas en el p\u00e1rrafo anterior se corresponden, en un sentido general, con\u00a0 el programa de la filosof\u00eda anal\u00edtica: una exigencia de clarificaci\u00f3n conceptual e inferencial que se traduce, por una parte, en la atenci\u00f3n al conocimiento cient\u00edfico, fuente \u00faltima de nuestra mejor informaci\u00f3n sobre el mundo, y, por otra, en un tarea de desactivaci\u00f3n del empachado lenguaje propio de la filosof\u00eda tradicional, \u00a0tan dispuesta a la especulaci\u00f3n incontrolada, a elaborar \u00abteor\u00edas\u00bb ajenas a las investigaciones emp\u00edricas. Simple cordura que, aplicada a una tradici\u00f3n como la marxista, con tantos vicios escol\u00e1sticos, se traduc\u00eda en un saludable programa: a) valorar las aportaciones de Marx como cient\u00edfico social a la luz de conocimiento disponible, lo que, entre otras cosas, supon\u00eda admitir que, m\u00e1s temprano que tarde, sus teor\u00edas estar\u00edan llamadas bien a descartarse bien a incorporarse \u2013con las debidas modificaciones\u2013 al activo de una teor\u00eda social sin calificativos (marxista, de clase, revolucionaria, cr\u00edtica); b) deslindar la parte normativa, valorativa, el ideario socialista, de un conocimiento positivo que encontraba su justificaci\u00f3n \u00faltima en su provecho para intervenir sobre el mundo; c) explorar las tesis filos\u00f3ficas cultivadas por la tradici\u00f3n marxista siempre toscamente (que es como negar su existencia, pues no hay teor\u00eda sin formulaci\u00f3n expl\u00edcita) con las herramientas de la filosof\u00eda anal\u00edtica \u2013y, tambi\u00e9n, con las del conocedor de la historia \u00a0de la filosof\u00eda\u2013, sin ning\u00fan af\u00e1n por \u00absalvar\u00bb m\u00e9todos que no eran m\u00e9todos (la dial\u00e9ctica) o convertir la filosof\u00eda en baremo de la calidad de conocimiento cient\u00edfico16. Si uno se toma en serio ese programa, resulta improbable que se proponga levantar \u00absistemas filos\u00f3ficos\u00bb. Estar\u00e1 antes por reflexiones parciales, casi siempre en la vecindad de resultados de genuina teor\u00eda social o de estudios sobre el estado del mundo, y, si acaso, en disecciones de textos cl\u00e1sicos. Vamos, una parte de lo que Sacrist\u00e1n har\u00eda en su vida acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente podr\u00e1 el lector actual sopesar la relevancia que tan sencillas \u2013y hasta obvias\u2013 consideraciones pod\u00eda llegar a tener en la t\u00f3xica, por dogm\u00e1tica y doctrinaria, atm\u00f3sfera intelectual del marxismo espa\u00f1ol de hace medio siglo. Y no solo del espa\u00f1ol, que por entonces se alcanzaban c\u00e1tedras en la Sorbona citando a Marx como fuente de autoridad. De filosof\u00eda y de ciencias sociales: en aquellos mismos d\u00edas nuestro ministro de Universidades iniciaba una mete\u00f3rica carrera en Sociolog\u00eda citando como autoridad epist\u00e9mica a quien citaba a Marx como autoridad[17], a un Althusser analfabeto en teor\u00eda de la ciencia y no muy suelto en la obra del jud\u00edo de Tr\u00e9veris, seg\u00fan confesar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde[18]. \u00a0Suced\u00eda en Francia y, menos toscamente, en Italia, donde, por otros caminos, tambi\u00e9n Lucio Colletti y Umberto Cerroni defend\u00edan la cientificidad de Marx[19]. \u00a0Si as\u00ed estaban las cosas en pa\u00edses con tramas institucionales civilizadas, imaginen como ser\u00edan en la academia espa\u00f1ola, envilecida por la dictadura, y tambi\u00e9n, por el sectarismo resistencialista.<\/p>\n<p>En principio, cabe pensar que, con ese cuadro, el programa de Sacrist\u00e1n ten\u00eda mucho camino por recorrer. Pero no fue as\u00ed. No lo fue, en principio, por la escasa disposici\u00f3n de los potenciales destinatarios, empecinados en \u2013o incapacitados para\u2013 atender a cualquier consideraci\u00f3n que pudiera socavar el cuerpo doctrinal que apuntalaba sus vidas pol\u00edticas o acad\u00e9micas: a mayor debilidad m\u00e1s cerrilismo. Lo de Russell: \u00abLas controversias son m\u00e1s salvajes sobre los asuntos en que no hay evidencia alguna en ninguna direcci\u00f3n. La persecuci\u00f3n se utiliza en la teolog\u00eda, no en la aritm\u00e9tica, ya que en la aritm\u00e9tica hay conocimiento, pero en teolog\u00eda s\u00f3lo hay opiniones\u00bb. A\u00fan peor: es conocido que, cuando hemos empe\u00f1ado la biograf\u00eda en una empresa, nos resistimos a apearnos de ella. Los costes hundidos de los economistas. Sucede con los matrimonios, las inversiones en bolsa y, no menos, con las ideas. Y con una izquierda que hab\u00eda invertido muchos recursos en defender que \u2013para decirlo con el fandango revolucionario\u2013 \u00abel marxismo es pura ciencia y no verdades de fe\u00bb. No se pod\u00edan permitir la menor duda. Sencillamente no cab\u00eda la posibilidad de ensombrecer las teor\u00edas y los an\u00e1lisis que supuestamente inspiraban las pr\u00e1cticas pol\u00edticas, por m\u00e1s menesterosos que fueran las teor\u00edas y los an\u00e1lisis.\u00a0 As\u00ed se funcionaba en la saturada atm\u00f3sfera antifranquista: frente a una derecha contaminada por la dictadura, la izquierda se arrog\u00f3 una excelencia que extend\u00eda no solo a la indiscutible superioridad moral de sus militantes sino a la doctrina que pretend\u00eda avalar el hero\u00edsmo. Para muestra, este bot\u00f3n del Jorge Sempr\u00fan activista en la Complutense que anota con convicci\u00f3n en su informe al PCE: \u00abEl ambiente est\u00e1 siendo bueno. Hay campo y se est\u00e1 empezando a abonar cient\u00edficamente\u00bb[20]. El fandango.<\/p>\n<p>Pero no solo la patol\u00f3gica atm\u00f3sfera y su cerril b\u00fasqueda de asideros complicaban cultivar el mensaje de Sacrist\u00e1n. Hab\u00eda algo m\u00e1s, que ayuda a explicar buena parte de la suerte (buena o mala) de su obra. Un algo m\u00e1s de inter\u00e9s filos\u00f3fico: la propia naturaleza del producto que imped\u00eda un desarrollo por parte de los disc\u00edpulos al modo en el que, despu\u00e9s de Newton, Lagrange desarrollar\u00e1 la mec\u00e1nica cl\u00e1sica o, despu\u00e9s de Thomson muchos otros, comenzando por Rutherford, mejorar\u00e1n la teor\u00eda at\u00f3mica. Por usar imprecisamente el ya de por s\u00ed impreciso l\u00e9xico popularizado por T.S. Kuhn, el paradigma de Sacrist\u00e1n no encontr\u00f3 su traducci\u00f3n en ciencia (o filosof\u00eda) normal, en aplicaciones de la teor\u00eda a sucesivos \u00e1mbitos de la realidad. \u00a0No lo encontr\u00f3 porque no pod\u00eda encontrarlo, porque sus reflexiones no eran tesis te\u00f3ricas, sino metate\u00f3ricas: una propuesta program\u00e1tica que comenzaba por drenar el campo, por recordar que mucho de lo que se dec\u00eda no se pod\u00eda decir porque no ten\u00eda sentido cabal. \u00a0Sus juicios no eran teor\u00edas sociales o filos\u00f3ficas, sino, si acaso, consideraciones \u2013muy generales\u2013 acerca de c\u00f3mo deb\u00edan ser las teor\u00edas sociales o filos\u00f3ficas.\u00a0 Como el conocido aforismo (\u00abDe lo que no se puede hablar es mejor callarse\u00bb) que cerraba el <em>Tractatus<\/em>, era un mensaje de una vez, que, si era correcto, reclamaba silencio: una elaborada argumentaci\u00f3n cuya conclusi\u00f3n, tomada en serio, obliga a abandonar el campo, al menos en el mismo registro que hab\u00eda permitido llegar hasta all\u00ed. A partir de ah\u00ed hay que ponerse en harina, en lo verdaderamente importante, en el conocimiento del mundo. O en su transformaci\u00f3n, como en 1845 hab\u00eda recomendado Marx a los fil\u00f3sofos en su fatigada tesis <em>sobre Feuerbach<\/em>. Lo que no cab\u00eda era seguir repitiendo el mensaje indefinidamente, a riesgo de que perdiera su sentido o \u2013a\u00fan peor\u2013 se acabara por contradecir (pragm\u00e1ticamente) a s\u00ed mismo: una vez terminada la obra hay que retirar el andamio. Lo dem\u00e1s eran eternos brindis al sol y (\u00a1ay!) doctrinarismo, perpetua recreaci\u00f3n sin desarrollo, porque no cab\u00eda desarrollo. Las reflexiones de Sacrist\u00e1n no permit\u00edan el sacristanismo.<\/p>\n<p>A lo sumo, tomarse en serio el programa esbozado por Sacrist\u00e1n pasaba, ante todo, por explorar teor\u00edas sociales espec\u00edficas, llamadas a integrarse en el curso normal de las distintas disciplinas, si acaso, con el a\u00f1adido de cierto grado de autoconciencia filos\u00f3fica. \u00a0O por precisar conceptos o modelos presentes en las teor\u00edas: explicaciones funcionales, mecanismos, causalidad, gen, etc. Lo que antes denominaba \u00abcambiar de registro\u00bb. \u00a0Y en tercer lugar, tambi\u00e9n, en lo que ten\u00eda de singularidad su marxismo, \u00a0y en otro cambio de registro, cab\u00eda \u2013o m\u00e1s bien, era obligado\u2013\u00a0 cultivar lo que Sacrist\u00e1n llamaba \u00abel principio de la pr\u00e1ctica\u00bb que reclama disponer de un conocimiento \u2013no te\u00f3rico\u2013 encarnado en nuestros tratos directos con la realidad, el tipo de conocimiento que, por ejemplo, se materializa en el artesanado, la actividad art\u00edstica, y sobre todo, en una acci\u00f3n pol\u00edtica que, si se quiere racional, ha de integrar los distintos conocimientos \u2013inevitablemente parciales, de diversos sistemas abstractos\u2013 que proporcionan las ciencias particulares. La intenci\u00f3n \u00faltima ser\u00eda obtener, mediante la composici\u00f3n de las diversas abstracciones \u2013de relaciones entre propiedades\u2013 de las ciencias, \u00abun concreto de pensamiento\u00bb (Marx), un conocimiento de lo particular, imprescindible para la pr\u00e1ctica bien fundada, para una acci\u00f3n que \u2013a diferencia de la ciencia\u2013 no trata con informes sobre el mundo (propiedades), sino con el mundo. Pero esa reflexi\u00f3n tampoco admit\u00eda la recreaci\u00f3n te\u00f3rica; solo cab\u00eda formularla e inmediatamente despu\u00e9s pasar a la acci\u00f3n: \u00a0precisamente por lo que dec\u00eda, porque la pr\u00e1ctica apunta a la relaci\u00f3n directa con el mundo real, a diferencia del conocimiento abstracto, que cristaliza en proposiciones referidas al funcionamiento de ciertas propiedades (f\u00edsicas, econ\u00f3micas, sociol\u00f3gicas, etc.) del mundo real, sobre las que s\u00ed disponemos de teor\u00edas cient\u00edficas. (La ciencia no conoce \u2013ni tiene teor\u00edas sobre\u2013 la Luna, sino \u2013sobre\u2013 su di\u00e1metro, trayectoria, atm\u00f3sfera, etc. Como dir\u00edan los cl\u00e1sicos, no hay ciencia de lo particular).<\/p>\n<p>El desarrollo de la teor\u00eda social que pudiera encontrarse en Marx no era cosa de fil\u00f3sofos; quedaba en manos de los investigadores. Que los ha habido. De hecho, con desigual fortuna, algunos economistas\u00a0\u00a0 \u2013destacadamente la escuela de Cambridge\u2013 llevaban en ello bastante tiempo, sin sombra de dogmatismo, tomando a Marx como uno de los eslabones de una teor\u00eda econ\u00f3mica que ten\u00eda su gran cl\u00e1sico en David Ricardo[21]. Y, con mayor autoconciencia filos\u00f3fica, en los mismos a\u00f1os en que Sacrist\u00e1n invitaba a calibrar la herencia de Marx con el tamiz de la filosof\u00eda de la ciencia, un programa parecido al suyo se desarrollaba en los mejores departamentos de filosof\u00eda y ciencias sociales del mundo anglosaj\u00f3n, cristalizando en trabajos emp\u00edricos y te\u00f3ricos sobre teor\u00eda de la historia, las clases sociales y la explotaci\u00f3n o normativos, como la propuesta de la renta b\u00e1sica[22].\u00a0 Sacrist\u00e1n lleg\u00f3 a tiempo de conocer parciamente esos resultados \u2013que algunos llevamos a <em>Mientras tanto<\/em>, la revista que dirig\u00eda\u2013 y de apreciarlos. Pero, fuera de alguna consideraci\u00f3n al paso, no ejerci\u00f3 el g\u00e9nero que animaba a cultivar. Se\u00f1al\u00f3 la l\u00ednea de avance pero no camin\u00f3 por ella. Pero eso, tan importante, repetido mil veces, no supone avance alguno. Lo dicho: tomar en serio Sacrist\u00e1n implicaba evitar el sacristanismo. Recordar las tesis un par de veces, si acaso, y \u00aba las cosas\u00bb, para decirlo con Ortega.<\/p>\n<p>O no. Porque, a la vista de nuestro panorama pol\u00edtico-intelectual, quiz\u00e1 no resulte tan ocioso repetir el mensaje de Sacrist\u00e1n. Y es que, por m\u00e1s que sean otros los vientos de la historia, se haya ido disolviendo el ambiente doctrinario frente al cual se hab\u00edan levantado sus reflexiones y nuestros departamentos universitarios cada vez se parezcan m\u00e1s \u2013para bien y para mal\u2013 a los de otras partes del mundo acad\u00e9micamente civilizado, todav\u00eda persisten f\u00f3siles de aquel mundo t\u00f3xico, como nos lo record\u00f3 la aparici\u00f3n de Podemos, un partido que, de atenernos a sus mimbres intelectuales, parec\u00eda teletransportado de los a\u00f1os m\u00e1s tenebrosos y deshonestos de la izquierda. Y no por sus menciones a Marx: solo maltratando mucho los conceptos se pueden reconocer en cualquier tradici\u00f3n no ya marxista, sino elementalmente socialista. Al escuchar a Pablo Iglesias mostrar \u2013y justificar\u2013 su desprecio a la verdad\u00a0 \u2013y de eso va, entre otras cosas, el populismo\u2013 resulta inevitable acordarse de aquellas l\u00edneas del autor del <em>Manifiesto Comunista<\/em> que con frecuencia recuperaba Sacrist\u00e1n: \u00aba un hombre que intenta acomodar la ciencia a un punto de vista que no provenga de ella misma (por errada que pueda estar la ciencia), sino de fuera, un punto de vista ajeno a ella, tomado de intereses ajenos a ella, a ese hombre la llamo canalla\u00bb[23].<\/p>\n<p>Pero no hay que enga\u00f1arse. Los reci\u00e9n llegados, sin inocencia ni disculpa, son irrecuperables. Quienes blasonan de despreciar la verdad, resultan impermeables a razones y datos. Toda la ch\u00e1chara en torno a la hegemon\u00eda y los significantes vac\u00edos, no son m\u00e1s que coartadas intelectuales para decorar un guion para el que la disputa de ideas exige el desprecio a la b\u00fasqueda de la verdad y a la defensa de la objetividad, un guion, eso s\u00ed, de suma utilidad cuando se defiende alguna variante \u2013entre peronista y mao\u00edsta\u2013 de la reeducaci\u00f3n cultural. Tambi\u00e9n aqu\u00ed muy alejados del Marx maduro, que en <em>La Cr\u00edtica al Programa de Gotha<\/em>, mostraba su indignaci\u00f3n ante la ideologizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n: \u00abEso de \u201ceducaci\u00f3n popular a cargo del Estado\u201d es absolutamente inadmisible. \u00a1Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas p\u00fablicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de ense\u00f1anza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa, completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia (\u2026). Es, por el contrario, el Estado el que necesita recibir del pueblo una educaci\u00f3n muy severa\u00bb.<\/p>\n<p>Consideraciones como estas resultan incomprensibles para quien desprecia la verdad. Vamos, que, si se piensa bien, ni siquiera la persistencia de atm\u00f3sferas intelectuales como la que propici\u00f3 la existencia de Podemos, justifican quedarse en la repetici\u00f3n del mensaje original de Sacrist\u00e1n. Su mensaje, como dec\u00eda, era mensaje de una sola vez, esto es, terminada la argumentaci\u00f3n, precisamente por lo que dec\u00eda, no queda m\u00e1s que cambiar de tercio, ir a otra cosa: lo dem\u00e1s eran permanentes brindis al sol y (\u00a1ay!) doctrinarismo, una eterna recreaci\u00f3n sin desarrollo, porque no cab\u00eda desarrollo.<\/p>\n<p>Una tentaci\u00f3n que, ciertamente, no siempre se evit\u00f3, favorecida por circunstancias diversas: una universidad \u2013y, por extensi\u00f3n, un mundo intelectual\u2013 alejada de los mecanismos de criba de ideas propios de la buena academia; la militancia clandestina del fil\u00f3sofo, que, a\u00fan contra su voluntad, complicaba una aproximaci\u00f3n natural tanto a su obra como a su persona,\u00a0 imponiendo otras menos transparentes,\u00a0 propicias a veneraciones y fobias; la mencionada naturaleza gen\u00e9rica de los desarrollos de Sacrist\u00e1n, que en la medida que no eran \u2013ni pod\u00edan ser\u2013 un conjunto de proposiciones expl\u00edcitamente formuladas (la versi\u00f3n m\u00e1s idealizada de las teor\u00eda cient\u00edficas), complicaba a los potenciales disc\u00edpulos el conocimiento de si realmente estaban\u00a0 \u00abdentro\u00bb o \u00abfuera\u00bb de la herencia te\u00f3rica y allanaba el camino a\u00a0 disputas escol\u00e1sticas, tan frecuentes en las tribus filos\u00f3ficas, que acostumbran a conducir a fatigosas \u2013y est\u00e9riles\u2013 hermen\u00e9uticas acerca de \u00ablo que verdaderamente quer\u00eda decir\u00bb, un procedimiento de \u00abresoluci\u00f3n\u00bb de debates que carece de sentido cuando nos enfrentamos a genuinas teor\u00edas[24]. Unas circunstancias que encontraban un caldo de cultivo favorable en el car\u00e1cter fragmentario de sus trabajos, explicable en buena medida por una actividad clandestina que, en sus propias palabras, \u00abera un h\u00e1ndicap para el trabajo intelectual duradero. De aqu\u00ed que escogiera conscientemente, como f\u00f3rmula para escribir, el texto corto, el art\u00edculo, el ensayo, el pr\u00f3logo\u00bb[25]. El paciente trabajo de sistematizaci\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal al menos ha contribuido a mitigar esa dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Un dogmatismo imposible<\/strong><\/p>\n<p>La indiferencia montaraz y la fascinaci\u00f3n acr\u00edtica no fueron las \u00fanicas reacciones ante la obra \u2013y la persona\u2013 de Sacrist\u00e1n. Quiz\u00e1 la m\u00e1s instintiva entre ciertos fil\u00f3sofos <em>\u00e0 la page<\/em> \u2013o <em>\u00e0 la gauche divine<\/em>\u2013 fue acusarlo, velada o expl\u00edcitamente, de dogm\u00e1tico. Si se reconoc\u00eda en la tradici\u00f3n del marxismo y mostraba dureza \u2013casi impaciencia\u2013 ante la deshonestidad o la frivolidad intelectual, no necesitaban mucho m\u00e1s. Y si lo necesitaban, el ecosistema allanaba el camino: la urgente politizaci\u00f3n de aquellos a\u00f1os, en los que las aproximaciones intelectuales parec\u00edan requerir filiaciones pol\u00edticas y, a qu\u00e9 negarlo, \u00a0una cierta \u00abcontenci\u00f3n sentimental\u00bb o \u00abdespersonalizaci\u00f3n\u00bb \u00a0del fil\u00f3sofo en el trato personal[26], que produc\u00eda efectos inhibitorios incluso entre los m\u00e1s cercanos y, a\u00fan m\u00e1s, entre quienes, inseguros de sus ideas, no se atrev\u00edan exponer sus discrepancias, temerosos de que se entendieran, antes que como desacuerdos intelectuales, como deslealtades a la persona o, a\u00fan peor, a \u00abla izquierda\u00bb.<\/p>\n<p>No resulta complicado desmentir la pertinencia del calificativo de dogm\u00e1tico. Pocas personas menos sectarias en el debate intelectual, como ejemplificaban su aprecio por Hayek, Popper y tantos otros cr\u00edticos del comunismo. Lo previsible en quien se toma en serio. Las mismas razones que llevaban a despreciar a los fr\u00edvolos compa\u00f1eros de viaje est\u00e1n en el origen de tales simpat\u00edas: \u00abA m\u00ed, si digo la verdad, no me importa con quien coincida, como cualquiera que no tiene m\u00e1s objeto que decir la verdad. A m\u00ed no me importa que la doctrina de la lucha de clases de Marx le venga de un polic\u00eda reaccionario prusiano, Von Stein, como le ven\u00eda. Lo que importa es lo que se dice. En el momento en el que se empieza a preguntar para qu\u00e9 sirve, qui\u00e9n lo inspira, en ese mismo momento el que hace esas preguntas insidiosas es \u00e9l, el que se est\u00e1 escondiendo, muchas veces por pura defensa, sin saberlo y sin mala intenci\u00f3n, est\u00e1 intentando esconder la inseguridad de su propio \u00e1nimo, porque \u00e9l no se ha lanzado del todo a decir la verdad\u00bb[27]. La disposici\u00f3n exactamente contraria a la de quienes lo se\u00f1alaban como dogm\u00e1tico.<\/p>\n<p>Hay m\u00e1s razones para descalificar la acusaci\u00f3n. Otra, acorde con la anterior consideraci\u00f3n, resulta casi obvia: la incompatibilidad de principio entre la disposici\u00f3n dogm\u00e1tica y la dedicaci\u00f3n a la filosof\u00eda de la ciencia, esto es, al estudio de las estrategias de fundamentaci\u00f3n de los argumentos. En contadas \u2013porque, como dec\u00eda, no desarroll\u00f3 el programa que defend\u00eda\u2013 pero exquisitas p\u00e1ginas, Sacrist\u00e1n se servir\u00e1 de las herramientas de la disciplina para mostrar el desprop\u00f3sito del materialismo dial\u00e9ctico y la insolvencia del marxismo cientificista. Y una tercera, la propia biograf\u00eda, un pesimismo propio de alguien que descree \u2013tambi\u00e9n aqu\u00ed con el \u00a0Popper de <em>La miseria del historicismo<\/em>\u2013 de todo sentido de la historia, de todo inexorable buen curso, y que est\u00e1 en el origen de su decisi\u00f3n de vetar la publicaci\u00f3n \u2013por su efecto desmovilizador\u2013 de la entrevista varias veces mencionada. All\u00ed reconoc\u00eda su \u00abp\u00e9rdida de convicci\u00f3n sobre los esquemas de pensamiento pol\u00edtico-cultural cl\u00e1sicos del movimiento obrero mayoritario en Europa occidental\u00bb.\u00a0 Suced\u00eda, por cierto, en los mismos a\u00f1os en que estudia y prepara la edici\u00f3n de la obra de Gramsci y, como el\u00a0 italiano, tambi\u00e9n experimenta el des\u00e1nimo, y hasta la \u00abinhibici\u00f3n\u00bb, su manera de referirse a la depresi\u00f3n: \u00abestoy seguro de que uno de los factores de mi inhibici\u00f3n de escribir, de intervenci\u00f3n pol\u00edtica y cultural o pol\u00edtica ha sido la evidencia final, para m\u00ed, de que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso hist\u00f3rico-pol\u00edtico en el que \u00e9l hab\u00eda intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total\u00bb[28]. Con los a\u00f1os, los estudiosos de la obra del italiano han confirmado el diagn\u00f3stico, no solo el evidente abatimiento de los <em>Quaderni del carcere<\/em>, sino algo m\u00e1s serio y hondo, que queda, por ejemplo, recogido en una estremecedora carta del 27 de febrero de 1933 escrita a su cu\u00f1ada Tania: \u00ab<em>Certe volte ho pensato che tutta la mia vita fosse un grande (grande per me) errore<\/em>\u00bb[29].<\/p>\n<p>Solo desde un genuino af\u00e1n de verdad resultan inteligibles dudas como las anteriores: quien desprecia la verdad carece de criterio regulador y no contempla inseguridades. Y Sacrist\u00e1n dud\u00f3 mucho, hasta romper con muchas tesis centrales de su tradici\u00f3n heredada, precisamente porque le importaba conocer c\u00f3mo son realmente las cosas. La radical revisi\u00f3n se puede reconocer en asuntos que formaban parte del guion sobre el que se hab\u00eda construido el socialismo de Marx, y que, andando el tiempo, han mostrado unas implicaciones sociales y pol\u00edticas que entonces pocos atendieron. Sacrist\u00e1n llam\u00f3 tempranamente \u2013muy tempranamente\u2013 la atenci\u00f3n sobre los riesgos de la tecnociencia, en particular de la ingenier\u00eda gen\u00e9tica, cuyos peligros potenciales (lanzar un virus letal con el genoma modificado) superar\u00edan con creces unos beneficios indiscutibles (pero siempre limitados) que no ignoraba; los problemas medioambientales y la imposibilidad de levantar las sociedades bajo el supuesto de la abundancia de recursos naturales; la relevancia de los conocimientos (de la sociobiolog\u00eda) sobre la naturaleza humana para entender y organizar las sociedades. No hab\u00eda sombra de irracionalismo o anticientificismo en esas preocupaciones, al rev\u00e9s, sus argumentos se sosten\u00edan en la mejor ciencia disponible. Y, desde luego, cada una de esas l\u00edneas enfilaba contra tesis cl\u00e1sicas, emp\u00edricas o pol\u00edticas, de la izquierda: la indiscutible bondad del crecimiento de las fuerzas productivas, entre las que se inclu\u00eda la tecnociencia; la abundancia infinita de recursos que har\u00eda posible una sociedad comunista desinteresada por el problema del poder pol\u00edtico y los criterios de distribuci\u00f3n (si hay de todo para todos no hay que preocuparse acerca de qu\u00e9 quiere qui\u00e9n \u00a0ni de establecer l\u00edmites a los deseos de consumo de las poblaciones); una defensa de la igualdad (o del altruismo) fundamentada en una presunta igualdad natural y\/o en alguna variante de la tabla rasa, la hip\u00f3tesis de que somos buenos de f\u00e1brica, o infinitamente maleables, y por tanto, buenos por adoctrinamiento, esto es, mediante socializaciones forzadas, como los campos de reeducaci\u00f3n encargados de forjar \u00abhombres nuevos\u00bb. \u00a0\u00a0De hecho, ante las investigaciones que respaldaban los argumentos de Sacrist\u00e1n la mayor parte de la izquierda adopt\u00f3 la peor disposici\u00f3n intelectual: negarlas, descalificarlas, como sucedi\u00f3 con la sociobiolog\u00eda de Wilson; o ponerlas en duda de la peor manera, como sucedi\u00f3 con los informes del club de Roma, elaborados, seg\u00fan esa izquierda, al dictado del capital con la intenci\u00f3n de frenar las demandas de consumo de los pobres del mundo. La reacci\u00f3n previsible en los empe\u00f1ados en salvar dogmas.<\/p>\n<p>No, las acusaciones de dogmatismo no encuentran avales en sus escritos. No hab\u00eda en Sacrist\u00e1n af\u00e1n alguno de defensa de la teor\u00eda marxista, si es que hay alguna cosa que se pueda llamar teor\u00eda marxista. Tales acusaciones respond\u00edan m\u00e1s bien a reacciones fr\u00edvolas ante la radicalidad de un compromiso que algunos pudieron experimentar como una interpelaci\u00f3n personal. Que, ocasionalmente, lo era, pero solo cuando una vez desmontados los argumentos, no cab\u00eda otra explicaci\u00f3n de la insistencia en la sinraz\u00f3n que la deshonestidad intelectual. Entonces s\u00ed que aparec\u00eda el tono arisco acompa\u00f1ado de una severa austeridad, nada excepcional en las tradiciones revolucionarias igualitarias, que bien se pod\u00eda confundir con intransigencia. Tampoco facilitaba las cosas la solemnidad, casi lit\u00fargica, de la que se revest\u00eda su entorno. A veces, quienes por all\u00ed and\u00e1bamos parec\u00edamos depositarios de un saber herm\u00e9tico inaccesible a los no iniciados, como si se hubiera transmitido por \u00f3smosis. O as\u00ed parec\u00edan entenderlo algunos. Es posible, como tantas otras cosas. Por mi parte creo que, si queremos entender las descalificaciones, resulta m\u00e1s promisorio interpretarlas como manifestaciones del esquivo trato con la verdad de los acusadores y, si se quiere, de sus prioridades: cuando preocupa m\u00e1s uno y su imagen que \u00a0conocer el mundo, no se experimenta la satisfacci\u00f3n de \u00abquien prefiere que los otros tengan raz\u00f3n\u00bb, para decirlo con Borges; de quien se olvida que \u00ab<em>dire la verit\u00e0, arrivare insieme alla verit\u00e0, \u00e8 compiere azione comunista e rivoluzionaria<\/em>\u00bb, por repetir\u00a0 fielmente la maltratada cita de\u00a0Gramsci.\u00a0 La psicolog\u00eda sabe mucho de estos se\u00f1alamientos.<\/p>\n<p>Lo indiscutible es que no careci\u00f3 Sacrist\u00e1n de entereza para emplazar a los suyos a mirar de frente la realidad y su propio pasado. Por ejemplo, en febrero de 1978, en una conferencia ante un p\u00fablico en el que no faltaban estalinistas, cuando no dud\u00f3 en afirmar que \u00abel estalinismo ha sido una tiran\u00eda sobre la poblaci\u00f3n sovi\u00e9tica, una tiran\u00eda asesina sobre el proletariado sovi\u00e9tico y conservar la nostalgia de eso es est\u00fapido y criminal\u00bb[30]. Sencillamente, les estaba llamando \u00abest\u00fapidos y criminales\u00bb. Y si quieren una consideraci\u00f3n m\u00e1s actual, en estos tiempos de superioridades morales, recuerden c\u00f3mo tambi\u00e9n aqu\u00ed se desmarcaba del te\u00f3rico del compromiso: \u00abese izquierdismo metaf\u00edsico es algo con lo que, al hablar de Sartre, uno, que es de izquierda como lo soy yo, no tiene m\u00e1s remedio que mostrar su desacuerdo. Eso es una injusticia especulativa absolutamente inadmisible, eso es convertir los conceptos izquierda y derecha en entidades metaf\u00edsicas. Entonces resulta que la derecha es siempre canalla, cosa en primer lugar absurda y en segundo lugar calumniosa, si se me permite la expresi\u00f3n\u00bb. Al leer esas palabras uno no puede evitar acordarse del Camus que en su pol\u00e9mica \u2013brutal, e indecente en las formas\u2013 con Sartre y sus mariachis escrib\u00eda \u00abSi yo creyera que la verdad es de derechas, all\u00ed estar\u00eda\u00bb.[31]. Una convicci\u00f3n inseparable de otra, recogida en sus apuntes, y que describe impecablemente \u2013por activa o por pasiva\u2013 a los protagonistas de la famosa disputa: \u00abla verdad no puede subsistir sin una vida verdadera\u00bb[32].<\/p>\n<p>No estoy seguro de que Sartre hubiera entendido consideraciones como las anteriores. Son palabras que, en el fondo, le emplazaban. Para el autor de <em>Les mains sales<\/em> (<em>Las manos sucias<\/em>), aquella obra de teatro que tantos interpretaron como una justificaci\u00f3n del estalinismo, los hechos eran negociables y el autoenga\u00f1o ten\u00eda disculpa. La verdad solo importa si nos conviene. La actitud m\u00e1s despreciable que se puede imaginar en un fil\u00f3sofo, la propia de quien no se toma en serio. Nos lo record\u00f3 Bernard Williams, uno de los m\u00e1s grandes fil\u00f3sofos de los tiempos recientes, en su insuperable defensa de la verdad, cuando llamaba a sonrojase ante un colega capaz de escribir: \u00abno me importa lo m\u00e1s m\u00ednimo si todos y cada uno de los \u201cacontecimientos\u201d de los que informa Casta\u00f1eda (en sus trabajos sobre el chamanismo) \u201cocurrieron\u201d alguna vez\u00bb.[33] Por cierto que Williams, en ese mismo ensayo, estableci\u00f3 para siempre una jerarqu\u00eda moral que, en este caso, es jerarqu\u00eda intelectual: \u00abDurante bastantes a\u00f1os, las gentes biempensantes de la izquierda intelectual siguieron a Sartre en su cruda marginaci\u00f3n de Camus, en su desd\u00e9n hacia lo que se presentaba como el necio humanismo, el moralismo subjetivo y la incompetencia filos\u00f3fica de Camus. Puede que Camus haya sido un fil\u00f3sofo menos profesional que Sartre, pero no est\u00e1 claro que fuera peor fil\u00f3sofo. Lo que con toda seguridad es cierto es que fue un hombre m\u00e1s honesto y su autoridad intelectual descansa en ese hecho\u00bb.[34] No creo que Sacrist\u00e1n hubiese discrepado de ese diagn\u00f3stico[35].<\/p>\n<p><strong>La idea de ciencia de Marx<\/strong><\/p>\n<p><em>El trabajo cient\u00edfico de Marx<\/em> es la transcripci\u00f3n \u2013soberbiamente anotada y editada por L\u00f3pez Arnal y David Vila, hasta el punto de que el texto original apenas ocupa un tercio de las p\u00e1ginas del libro\u2013 de una conferencia impartida en la Fundaci\u00f3n Mir\u00f3 en 1978. Supuso un cierto par\u00e9ntesis en el quehacer intelectual de su autor, en unos a\u00f1os en los que buena parte de sus actividades, lecturas e intervenciones, estaban consagradas a lecturas y reflexiones m\u00e1s pol\u00edtico-pr\u00e1cticas. Sacrist\u00e1n, vuelve a \u2013y parece disfrutar con\u2013 la disecci\u00f3n hist\u00f3rica m\u00e1s cl\u00e1sica, ayudado ocasionalmente con las herramientas del an\u00e1lisis filos\u00f3fico: \u00ab[Mi intenci\u00f3n es hacer] lo que he llamado filolog\u00eda, es decir, hablar del pensamiento de Marx, no presentar continuaci\u00f3n \u2013buena o mala, productiva o est\u00e9ril\u2013 de su pensamiento. Y no por deseo de escurrir el bulto, ni porque crea que un cl\u00e1sico haya de ser siempre objeto de lectura filol\u00f3gica, sino porque me parece que entre las varias cosas buenas que se pueden sacar de una situaci\u00f3n de crisis, de cambio de perspectiva, est\u00e1 la posibilidad de restaurar el estudio de las ideas sobre una buena base hist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n<p>La tesis que sostiene Sacrist\u00e1n es sencilla. Presenta dos partes. Seg\u00fan la primera, en Marx hay tres ideas de ciencia, no dos, la opini\u00f3n m\u00e1s extendida entre marx\u00f3logos: <em>Science<\/em>, la normal, la de Darwin o Newton; <em>Kritik<\/em>, la ciencia como cr\u00edtica, propia de los j\u00f3venes hegelianos; y <em>Wissenschaft<\/em>, la hegeliana, \u00abuna noci\u00f3n de origen plat\u00f3nico que engloba el conocimiento de las esencias, la metaf\u00edsica\u00bb.\u00a0 La segunda parte, m\u00e1s original, casi extravagante, pero bien documentada, argumenta que Marx llega a su idea m\u00e1s madura de ciencia por el camino torcido de su retorno, en torno a 1850, a Hegel: \u00abel elemento m\u00e1s anticient\u00edfico de su formaci\u00f3n \u2013el hegelianismo\u2013 es el que lleva a Marx a lo m\u00e1s cient\u00edfico de su obra. Mientras no recupera a Hegel, otros elementos de su horizonte intelectual \u2013la filosof\u00eda cr\u00edtica de los j\u00f3venes hegelianos, la de Feuerbach y el socialismo franc\u00e9s\u2013 impiden que su estudio de los cl\u00e1sicos de la econom\u00eda pol\u00edtica fructifique en una concepci\u00f3n cient\u00edfica propia, pues hacen que la ciencia econ\u00f3mica, con sus cifras medias, le parezca solo una infamia\u00bb.<\/p>\n<p>Salvo para aquellos convencidos \u2013como el personaje de Woody Allen\u2013 de que la brillantez de <em>Guerra y Paz<\/em> se pueda condensar en la afirmaci\u00f3n \u00abva de Rusia\u00bb, para todos los dem\u00e1s la calidad de una exposici\u00f3n se mide por sus matices, por su arquitectura argumental y por la solvencia emp\u00edrica de cada uno de sus juicios, lo que, cuando se est\u00e1 en labores exeg\u00e9ticas, como es el caso, requiere la buena documentaci\u00f3n contextual de las afirmaciones. Y en ambos terrenos se mueve con soltura Sacrist\u00e1n, fil\u00f3sofo de la ciencia y competente como historiador de la filosof\u00eda, como hab\u00eda demostrado en sus entradas historiogr\u00e1ficas en la Enciclopedia Espasa-Calpe, equivalente en espa\u00f1ol a la Enciclopedia Brit\u00e1nica. Ese buen hacer se muestra especialmente cuando se enfrenta a asuntos especialmente tortuosos como la recreaci\u00f3n pedag\u00f3gica de la dial\u00e9ctica de Hegel, un reto que pocos han superado; en particular, cuando reconstruye \u00abla metodolog\u00eda como desarrollo\u00bb.\u00a0 En lo esencial, nos dir\u00e1, con esa idea se quiere expresar la convicci\u00f3n de que la argumentaci\u00f3n que explica X no debe ser una cadena de razonamientos ajenos a X, sino que ha de consistir en la exposici\u00f3n del desple\u00adgarse de X. Por eso mismo, la argumentaci\u00f3n por necesidades externas al objeto, que no sean espec\u00edficamente suyas \u2013por ejemplo, la l\u00f3gica gene\u00adral, o la matem\u00e1tica, o la mec\u00e1nica, etc.\u2013, no ser\u00eda cient\u00ed\u00adfica, porque no es verdaderamente necesaria.<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n destaca lo estrafalario de tan peculiar idea de explicaci\u00f3n, ajena a las habituales en teor\u00eda de la ciencia, aunque, sin duda, muy coherente con la ontolog\u00eda idealista hegeliana: \u00abUn monismo idealista como el de Hegel no puede ver como explicaci\u00f3n del ser m\u00e1s que la <em>explicatio<\/em>, el despliegue o desarrollo del ser. Si no hay m\u00e1s que una cosa de referencia en el mundo del conocimiento, tambi\u00e9n la explicaci\u00f3n de esa cosa tiene que estar dentro de ella: no puede haber m\u00e1s argumentaci\u00f3n explicativa de esa cosa que la exposici\u00f3n de su desarrollo\u00bb. Y la hace inteligible: \u00abEl criterio de esta metodolog\u00eda hegeliana es considerar cient\u00edfica solo la explicaci\u00f3n por lo que se podr\u00eda llamar la ley interna de desarrollo del objeto, entendida como algo que no se puede captar desde fuera. Una buena manera de imaginarse qu\u00e9 quiere decir eso, cuando uno no tiene gran inter\u00e9s por estudiar la filosof\u00eda hegeliana, es pensar en un s\u00edmil org\u00e1nico, en el desarrollo de un cuerpo vivo, y hacerse cargo de que este ideal metodol\u00f3gico del desarrollo, de la idea de ciencia como desarrollo del objeto, consistir\u00eda en que el tratado cient\u00edfico reprodujera el desarrollo de aquel organismo desde el germen hasta la muerte, visto desde dentro, en vez de explicarlo por necesidades externas\u00bb. Pero inmediatamente despu\u00e9s de hacernos inteligible la trama, aparece el fil\u00f3sofo anal\u00edtico que muestra alguno de sus trucos. Por ejemplo, cuando nos se\u00f1ala la confusi\u00f3n que se da en Hegel entre lo \u00ababstracto\u00bb y lo \u00abvago\u00bb, entendemos esa extra\u00f1a idea hegeliana, tambi\u00e9n contraria al sentido com\u00fan, seg\u00fan la cual el conocimiento, que reproduce la evoluci\u00f3n y el despliegue mismo del Ser, avanza desde lo \u00ababstracto\u00bb (confundido con lo \u00abindeterminado\u00bb) inicial hasta llegar a \u00ablo concreto\u00bb (confundido con \u00ablo preciso\u00bb, \u00ablo determinado\u00bb).<\/p>\n<p>La peculiaridad, nos dir\u00e1 Sacrist\u00e1n, es que ese extravagante guion, en manos del autor de <em>El Capital<\/em>, baqueteado a esas alturas (1850) en la ciencia social del momento \u2013en particular, en la econom\u00eda pol\u00edtica\u2013, acaba resultando epist\u00e9micamente productivo. Marx recoge esas ideas de Hegel y, como \u00e9l, \u00abtambi\u00e9n habla de ascenso de lo abstracto a lo concreto contra el uso, corriente hoy, por el cual se suele decir que se asciende de lo concreto a lo abstracto\u00bb, de Bobby al concepto perro. Ahora bien, al substituir la ontolog\u00eda idealista de Hegel por otra que \u00e9l considera materialista, se ve obligado a tener en cuenta la concreci\u00f3n material y corrige la idea hegelia\u00adna del ascenso de lo abstracto a lo concreto introduciendo la distinci\u00f3n entre un concreto material y un concreto intelectual, de pensamiento o conocimiento. \u00abEl conoci\u00admiento arranca de lo concreto material y obtiene prime\u00adro un producto abstracto. Luego el pensamiento va com\u00adponiendo los sencillos abstractos iniciales hasta conse\u00adguir, ascendiendo, concretos de pensamiento. La <em>Entwicklung<\/em> hegeliana se configura as\u00ed como una composici\u00f3n o s\u00edntesis con arranque emp\u00edrico, y as\u00ed queda de mani\u00adfiesto el elemento m\u00e1s interesante y sensato de la meto\u00addolog\u00eda hegeliana o dial\u00e9ctica: la valoraci\u00f3n del conoci\u00admiento sint\u00e9tico de lo concreto, contrapuesta al lema cl\u00e1\u00adsico <em>non est scientia de particularibus<\/em>\u00bb. Ese producto intelectual, totalizador, es interesante para el historiador y, especialmente, para la acci\u00f3n pol\u00edtica racional, que act\u00faa sobre el mundo, no sobre informes de ciertos aspectos de la realidad, que es de lo que se ocupan las distintas ciencias particulares. Ese \u00abconcreto de pensamiento\u00bb, para decirlo con Marx, es un producto final, \u00abs\u00edntesis de multiplicidad de determinaciones\u00bb, las abordadas por las distintas ciencias. Estamos, s\u00ed, ante la anatom\u00eda \u00faltima del antes visto principio de la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>El ensayo-conferencia de Sacrist\u00e1n, comprimido aqu\u00ed en un par de p\u00e1rrafos, est\u00e1 apuntalado con diversas digresiones de inter\u00e9s para marxistas y marx\u00f3logos: acerca del m\u00e9todo dial\u00e9ctico; la competencia cient\u00edfica de Marx (de quien se conservan unas mil p\u00e1ginas de c\u00e1lculos y reflexiones matem\u00e1ticas)[36]; los trastornos del marxismo cientificista (Althusser, Colletti) y de la filosof\u00eda parisina de aquellos d\u00edas; las relaciones de Marx con la econom\u00eda pol\u00edtica de su tiempo; los precedentes (Spinoza, Leibniz) de la idea de conocimiento de lo particular, etc. Y tambi\u00e9n de otras provechosas para los interesados en teor\u00eda y sociolog\u00eda de la ciencia <em>strictu sensu<\/em>:\u00a0 la metodolog\u00eda del desarrollo y la idea de globalidad; la funci\u00f3n de las met\u00e1foras filos\u00f3ficas; las relaciones entre ciencia y metaf\u00edsica; la pertinencia de la distinci\u00f3n entre m\u00e9todo de exposici\u00f3n y m\u00e9todo de descubrimiento; la relaci\u00f3n entre ciencia y entornos materiales e ideol\u00f3gicos, etc. Esos y otros asuntos merecen pertinentes glosas de los editores en forma de notas que remiten a otros escritos de Sacrist\u00e1n en donde son objeto de desarrollo, y, ocasionalmente, a otros autores que interesaron al fil\u00f3sofo, aunque \u2013puestos a decirlo todo\u2013 se echan a faltar referencias a reflexiones aparecidas con posterioridad a la conferencia y que, obviamente, Sacrist\u00e1n no pod\u00eda conocer.<\/p>\n<p><strong>La idea de ciencia en Sacrist\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>El tercer libro, <em>La noci\u00f3n de ciencia en Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, cuyo t\u00edtulo remite directamente al ensayo anterior, procede de una tesis doctoral. Y se nota. Ocasionalmente, para mal: huida de los potenciales avisperos, reiteraciones, exceso de cautela al valorar al autor, escasa contextualizaci\u00f3n en las coordenadas filos\u00f3ficas hisp\u00e1nicas y cierta rigidez en el orden expositivo, regido menos por los asuntos que por la particularidad de cada texto glosado. Y casi siempre, para bien: buena documentaci\u00f3n, claridad, sistematicidad y pulcros avales filol\u00f3gicos a la hora de opinar. Entre esos activos no es m\u00e9rito menor haberse sumergido \u2013casi siempre con la ayuda de L\u00f3pez Arnal\u2013 en materiales no publicados o de dif\u00edcil acceso, entre los que destacan un libro sobre \u00ablos problemas del conocimiento\u00bb, cuya escritura se interrumpe en los a\u00f1os sesenta; \u00a0una conferencia sobre \u00abla funci\u00f3n de la ciencia en la sociedad contempor\u00e1nea\u00bb; \u00a0transcripciones de sus clases en la facultad de econ\u00f3micas; parte de\u00a0 su correspondencia, y notas personales, entre ellas aquella \u2013m\u00e1s arriba mencionada (nota 14)\u2013 en la que confesaba que quiz\u00e1 sus incursiones en el mundo editorial no obedec\u00edan tan solo a la necesidad de ganarse la vida, sino que \u00abes posible que fueran tambi\u00e9n un indicio de huida\u00a0 del trabajo cient\u00edfico\u00bb. Sarri\u00f3n, en lo esencial, nos presenta una cabal explotaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n de esos materiales, lo que no es poco teniendo en cuenta la procedencia de los materiales.<\/p>\n<p>En todo caso, el ensayo, a pesar del t\u00edtulo, no se agota en \u2013o no llega a, dir\u00edan algunos\u2013 la teor\u00eda de la ciencia. Sin ir m\u00e1s lejos, una parte importante del cap\u00edtulo dedicado a las ideas l\u00f3gicas de Sacrist\u00e1n se ocupa de circunstancias socio-institucionales (su papel como introductor de la l\u00f3gica en Espa\u00f1a), un largo cap\u00edtulo de la primera parte (\u00abLa problem\u00e1tica ecologista en la filosof\u00eda de la ciencia de Manuel Sacrist\u00e1n\u00bb) solo muy forzadamente se puede considerar como teor\u00eda de la ciencia, otro sobre Bertrand Russell se concentra casi exclusivamente en las ideas pol\u00edticas del coautor de los <em>Principia Mathematica<\/em> y una parte entera de la tesis (la tercera) se ci\u00f1e a la relaci\u00f3n de Sacrist\u00e1n con autores marxistas que poco o nada escribieron sobre teor\u00eda de la ciencia (o que cuando escribieron, mejor que se hubieran callado, como es el caso de Althusser). En ese sentido, el texto se puede entender mejor como una detallada exposici\u00f3n de las ideas filos\u00f3ficas de Sacrist\u00e1n, entre las que se incluyen las referidas a l\u00f3gica o teor\u00eda de la ciencia sobre el paisaje de fondo \u2013no exhaustivo\u2013 del <em>state of the art<\/em> en los d\u00edas en los que Sacrist\u00e1n escrib\u00eda sus trabajos. La exposici\u00f3n de c\u00f3mo estaban las cosas en tales asuntos resulta razonablemente completa, e incluso, en ocasiones se hace alguna cala hist\u00f3rica, como sucede, por ejemplo, en teor\u00eda del conocimiento. Eso s\u00ed, el lector no debe esperar un an\u00e1lisis a partir de lo que hoy sabemos de filosof\u00eda de la l\u00f3gica o de la ciencia, pues apenas hay referencias a desarrollos recientes en esos \u00e1mbitos.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, fuera de la limpieza de los argumentos, que es lo valioso en el filosofar, no se encuentra una especial originalidad en la obra de Sacrist\u00e1n en esos dominios. Y es normal. Al fin y al cabo, se trata de \u00e1reas en las que se dispone de conocimiento consolidado y compartido y, cuando no se dispone, que tambi\u00e9n sucede, las discrepancias est\u00e1n razonablemente perfiladas, hay acuerdo acerca de los problemas importantes y sobre su busilis. Ya saben: lo de Russell y las controversias salvajes en teolog\u00eda que no se dan en la buena ciencia. Y mal que bien la investigaci\u00f3n filos\u00f3fica de inspiraci\u00f3n anal\u00edtica ha ido consolidando resultados en teor\u00eda de la ciencia: nadie reivindica el verificacionismo, las defensas de la falsaci\u00f3n son muy matizadas y no se contempla la posibilidad de un lenguaje observacional desprovisto de cargas te\u00f3ricas. Y si no se tienen resultados, al menos, se tienen retos, lo que, en este negocio, viene a ser casi lo mismo. Si me permiten la exageraci\u00f3n, pedir originalidad en estos terrenos \u2013y m\u00e1s en las condiciones en las que Sacrist\u00e1n trabajaba\u2013 ser\u00eda como reclamar ideas propias a un profesor de f\u00edsica de part\u00edculas sin acceso a aceleradores de part\u00edculas o revistas acad\u00e9micas: solo est\u00e1 al alcance de unos pocos. As\u00ed las cosas, en Sacrist\u00e1n, se encuentran adscripciones razonadas a puntos de vista m\u00e1s o menos compartidos en filosof\u00eda. Incluso se encuentran adscripciones a opiniones compartidas \u2013a la altura de su tiempo\u2013 en disciplinas emp\u00edricas relevantes para la teor\u00eda del conocimiento, como la fisiolog\u00eda o la psicolog\u00eda. Algo que ten\u00eda su m\u00e9rito si se piensa en c\u00f3mo estaban por entonces las universidades espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>As\u00ed sucede, por ejemplo, con su matizado alineamiento con las concepciones de la l\u00f3gica de su maestro Heinrich Scholz, un te\u00f3logo protestante que experiment\u00f3 una ca\u00edda del caballo tras la lectura de los <em>Principia\u00a0<\/em>de Alfred North Whitehead y Bertrand Russell, cambiando su \u00e1rea de investigaci\u00f3n a la l\u00f3gica matem\u00e1tica y sus fundamentos filos\u00f3ficos (una circunstancia, esa condici\u00f3n de l\u00f3gico con preocupaci\u00f3n por los fundamentos de la disciplina, \u00a0que est\u00e1 en el origen \u2013entre muchas otras cosas\u2013 de su admiraci\u00f3n por Quine). En todo caso, no est\u00e1 de m\u00e1s recordar que sus estudios de l\u00f3gica, en M\u00fcnster, transcurren entre 1954 y 1956 y, con los a\u00f1os, se mitigar\u00e1 su dedicaci\u00f3n, entre otras razones porque resultaba imposible estar al d\u00eda en la disciplina y dedicarse a otras cosas. Y \u00e9l se dedic\u00f3 a muchas otras cosas. Apenas volver\u00e1 sobre estos territorios, salvo tangencialmente, cuando al reflexionar sobre los intentos de formalizar la dial\u00e9ctica se ocupe de las propuestas de abordar tesis ontol\u00f3gicas con l\u00f3gicas paraconsistentes, en particular de la obra de Lorenzo Pe\u00f1a o de Newton da Costa, unas reflexiones que, si no me he despistado, no menciona Sarri\u00f3n. Aunque, puestos a hacer un inventario de ausencias, se echa a faltar un tratamiento sistem\u00e1tico de su relaci\u00f3n con Ortega, un fil\u00f3sofo importante para Sacrist\u00e1n no solo en su juventud (aunque no ciertamente para sus ideas en teor\u00eda de la ciencia).<\/p>\n<p>M\u00e1s persistente ser\u00e1 su inter\u00e9s por Carnap, Neurath y, sobre todo, Quine, seguramente el fil\u00f3sofo de la ciencia \u2013y de la l\u00f3gica\u2013 con el que m\u00e1s se identificaba, algo que recoge cumplidamente el ensayo. No creo exagerar si digo que, aunque se mostr\u00f3 receptivo a los trabajos de Popper y Kuhn (yo mismo asist\u00ed, como alumno y ayudante a seminarios sobre sus obras) y critic\u00f3 \u2013con Quine\u2013 las variantes m\u00e1s toscas del neopositivismo, siempre se reconoci\u00f3 hijo intelectual de la gran filosof\u00eda de la ciencia del siglo XX, la de Viena y, tambi\u00e9n, la de Berl\u00edn, en particular, de los trabajos de Reichenbach sobre la inducci\u00f3n. De hecho, en los \u00faltimos a\u00f1os, cuando parec\u00eda imponerse una filosof\u00eda de la ciencia poco comprometida con una idea fuerte de verdad (Kuhn-Lakatos-Feyerabend), entre bromas y veras, se mostraba partidario de alentar un manifiesto positivista, que m\u00e1s all\u00e1 de la etiqueta \u00abpositivista\u00bb \u2013pues no faltan positivistas convencidos de que las teor\u00edas son, antes que pinturas del mundo o retratos verdaderos, simples \u00abeconom\u00edas del pensamiento\u00bb que atinan en sus predicciones\u2013\u00a0 era un modo de repetir aquella proclamaci\u00f3n de su compromiso insobornable con la idea de verdad mencionada m\u00e1s arriba: \u00abA m\u00ed el criterio de verdad me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero\/falso por las palabras v\u00e1lido\/no v\u00e1lido, coherente\/incoherente, consistente\/inconsistente; no. Para m\u00ed las palabras buenas son verdadero y falso\u00bb.\u00a0 Una opini\u00f3n que, dicho sea de paso, cuesta hacer compatible con su aprecio por Quine.[37]<\/p>\n<p><strong>La verdadera originalidad<\/strong><\/p>\n<p>La minuciosa investigaci\u00f3n de Sarri\u00f3n no lleva a deslumbrantes conclusiones. Es normal. Sencillamente, no hab\u00eda originalidad en las opiniones del fil\u00f3sofo en teor\u00eda de la ciencia. Y como no las hab\u00eda, no se pueden encontrar. No las hab\u00eda, ni pod\u00eda haberlas. Tampoco lo pretend\u00eda. Sacrist\u00e1n ten\u00eda el suficiente sentido de la realidad como para saber hasta d\u00f3nde pod\u00eda llegar con su dedicaci\u00f3n incompleta a la investigaci\u00f3n y en condiciones de aislamiento intelectual y acad\u00e9mico. No se puede descubrir con una lupa casera lo que reclama el microscopio electr\u00f3nico ni levantar teor\u00edas sobre el cosmos cuando solo se tiene acceso a los libros de la biblioteca del barrio. Su propio conocimiento de teor\u00eda de la ciencia le evitaba incurrir en adanismos intelectuales tan comunes entre fil\u00f3sofos de casino provincianos, adictos a la falacia del <em>cherry picking<\/em> para explicar el mundo con ocurrencias de caf\u00e9, y, tambi\u00e9n, entre algunos cient\u00edficos sociales, incluso oreados, no menos dispuestos a hilvanar con cuatro datos convenientemente seleccionados teor\u00edas sobre la sociedad red, la sociedad l\u00edquida, la del riesgo y lo que se lleve esta temporada.<\/p>\n<p>La originalidad de Sacrist\u00e1n se encuentra en una disposici\u00f3n de tipo general, de racionalidad pr\u00e1ctica, esto es, racionalista y pol\u00edtico-personal, de la que su radical compromiso \u2013casi propio de un activista\u2013 con la verdad es un corolario. Sus razones epist\u00e9micas, por as\u00ed decir, ten\u00edan una ra\u00edz moral. Bajo ese supuesto se entiende mejor su mirada sobre la ciencia y sobre el conocimiento en general, incluido su \u00e9nfasis en la importancia de la pr\u00e1ctica \u2013el trabajo material y la intervenci\u00f3n pol\u00edtica, por precisar algo\u2013 como origen y justificaci\u00f3n final del conocimiento. Y tambi\u00e9n se entienden sus reflexiones sobre la ciencia como instituci\u00f3n, que le condujo a perspicaces anticipaciones, infrecuentes en aquella hora incluso entre fil\u00f3sofos de la ciencia de oficio. Ya se han mencionado algunas: los riesgos de la tecnociencia o las implicaciones de la ciencia como nueva y poderosa fuerza productiva. La novedad no radicaba en reconocer esos cambios en el mundo, algo que estaban haciendo desde diversas perspectivas \u2013eso s\u00ed, como como elefantes en cacharrer\u00eda\u2013 no pocos fil\u00f3sofos irracionalistas escasamente versados en qu\u00e9 es la ciencia: desde los contraculturales hasta algunos miembros de la sociolog\u00eda cr\u00edtica. Sacrist\u00e1n \u2013y esa era la importante diferencia\u2013 atender\u00eda a esas se\u00f1ales sin abandonar el compromiso racionalista y con conocimiento en serio de aquello en que consiste la ciencia: los matices, la trama argumental. \u00a0Desde esa peculiar sensibilidad hay que entender un juicio que repet\u00eda con frecuencia en los \u00faltimos a\u00f1os: \u00abla bondad epist\u00e9mica de la ciencia es la que hace inquietante su \u2013potencial\u2013 maldad moral\u00bb. No dudaba de su calidad, solo que juzgaba que su justificaci\u00f3n \u00faltima, racional, se dilucidaba en territorios pr\u00e1ctico-pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Esa perspectiva pol\u00edtico-moral, filos\u00f3fica pero tambi\u00e9n pr\u00e1ctico-vital, se traduc\u00eda en un af\u00e1n de verdad personal \u2013marxista, si se entiende en el sentido de reflexi\u00f3n con vocaci\u00f3n pr\u00e1ctica\u2013 que asoma tambi\u00e9n en sus duras apreciaciones sobre esos intelectuales p\u00fablicos que no se tomaban a s\u00ed mismos en serio \u2013en su sentir, casi todos\u2013 y que se traduc\u00eda en la antes vista actitud desabrida ante las imposturas. Ya se han citado algunos pasos. Hay m\u00e1s, y m\u00e1s rotundos. Por ejemplo, en la entrevista varias veces citada: \u00abResulta que la diferencia fundamental \u2013de la cultura obrera\u2013 con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podr\u00eda decir, reconoce que existe la muerte, como reconoce el pueblo. <strong>El pueblo sabe que uno muere<\/strong>. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empe\u00f1a en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser c\u00e9lebre, hacerse un nombre, destacar\u2026 esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante. En cambio, en la cultura obrera est\u00e1 la modestia porque est\u00e1 el reconocimiento de la muerte. Cada generaci\u00f3n muere y luego sigue otra. Y los h\u00e9roes obreros son, en general, h\u00e9roes an\u00f3nimos, mientras que los h\u00e9roes intelectuales tienen dieciocho apellidos, cuarenta antepasados, influencias de escuelas y todas esas leches de los intelectuales tradicionales\u00bb.<\/p>\n<p>Esa ser\u00eda, a mi parecer, la peculiaridad de Sacrist\u00e1n. Antes que estas o aquellas consideraciones sobre la ciencia, un af\u00e1n de verdad personal \u2013de autenticidad, si queremos tirar del maltratado concepto\u2013 que hilvanaba sus compromisos epist\u00e9micos, sus ideas en teor\u00eda de la ciencia, con sus opiniones sobre quienes trapichean con palabras. Y respetar ese mismo af\u00e1n nos obliga a nosotros a reconocer que no siempre ten\u00eda raz\u00f3n en esos desplazamientos. Incluso estando de acuerdo con su defensa de una idea fuerte de verdad y con sus juicios acerca del gremio intelectual no hay una continuidad fuerte entre unas cosas y otras. O mejor dicho, no hay una continuidad entre los malos argumentos filos\u00f3ficos y las indecencias morales de los fil\u00f3sofos. Ah\u00ed est\u00e1 Richard Rorty, tan cercano al posmodernismo en sus tesis (dudas) sobre la verdad y la objetividad, y al que \u2013por defensor de la cl\u00e1sica socialdemocracia\u2013 uno no imagina entreg\u00e1ndose a las tesis de la izquierda reaccionaria, aunque todo podr\u00eda ser. Creo, y en alg\u00fan lugar lo he defendido, que ciertas ideas epist\u00e9micas allanan el camino a algunas formas de relativismo pol\u00edtico[38], pero me costar\u00eda m\u00e1s relacionar esas tesis con la frivolidad intelectual[39]. Esta, indiscutible en ciertos empe\u00f1os intelectuales, a mi parecer, se entiende mejor desde los dise\u00f1os institucionales de calibraci\u00f3n de ideas. Por resumir mucho: no es que sean tramposos quienes cultivan penosas disciplinas, sino que es la propia din\u00e1mica de las penosas disciplinas la que produce \u2013y hasta favorece y atrae a los\u2013 tramposos[40].<\/p>\n<p><strong>Addenda: otros tiempos, otras gentes<\/strong><\/p>\n<p>Y, adem\u00e1s, estaban las circunstancias. Las circunstancias de todos. La dureza de Sacrist\u00e1n al enjuiciar a los intelectuales p\u00fablicos, como se vio, tambi\u00e9n estaba en Ferlosio. Y en Gustavo Bueno, autor de un trabajo intitulado \u00abLos intelectuales: los nuevos impostores\u00bb preparado para un <em>Congreso Internacional de Escritores para la defensa de la cultura<\/em>, que pretend\u00eda conmemorar cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s el celebrado con el mismo t\u00edtulo en Valencia en 1937: el fil\u00f3sofo asturiano, despu\u00e9s de redactado su escrito, devolvi\u00f3 los billetes de avi\u00f3n que le hab\u00edan remitido para asistir al Congreso. Para explicar esa unidad de juicio no podemos acudir a unas afinidades intelectuales que objetivamente son escasas. De hecho, Sacrist\u00e1n y Bueno manten\u00edan opiniones discrepantes \u2013con exageraci\u00f3n retrospectiva se ha hablado de pol\u00e9mica\u2013 acerca de la ubicaci\u00f3n institucional de la filosof\u00eda. Las diferencias entre los tres eran muchas, en biograf\u00eda, formaci\u00f3n e ideas pol\u00edticas o filos\u00f3ficas, y en decisiones vitales, pero la dureza en la valoraci\u00f3n de los intelectuales y el desprecio a la inautenticidad eran id\u00e9nticas. Los tres de la misma quinta: Sacrist\u00e1n de 1925; Ferlosio de 1927; Bueno de 1924.<\/p>\n<p>Ellos ven\u00edan de otro mundo, de unos compartidos ecosistemas generacionales muy alejados de las nuestros. Duros y dif\u00edciles. En ausencia de sistemas normales de reconocimiento y calibraci\u00f3n de las comunidades cient\u00edficas, acostumbradas al debate cr\u00edtico y a criterios expl\u00edcitos de selecci\u00f3n de ideas y personas, el carisma, la adulaci\u00f3n y las afinidades pol\u00edticas se impon\u00edan a las buenas razones y a la excelencia investigadora. Y no olvidemos un aislamiento intelectual del que cuesta hacerse una idea, el propio de una dictadura y, si se quiere, de las restricciones tecnol\u00f3gicas: hoy desde la pantalla de nuestro ordenador podemos acceder a exquisitas revistas acad\u00e9micas, actualizadas fuentes de datos e incluso a los cursos de los mejores departamentos universitarios de mundo.[41] Trabajaban con lo que pod\u00edan, con lo que ten\u00edan a mano, que, obviamente, no era lo mejor, y discut\u00edan \u2013si hab\u00eda ocasi\u00f3n\u2013 en unos asfixiantes ambientes universitarios con los pocos que andaban por all\u00ed, quienes, temerosos \u2013con raz\u00f3n o sin ello\u2013 de jugarse el futuro cada vez que abr\u00edan la boca, la abr\u00edan poco o solo para asentir.\u00a0 Quiz\u00e1 por eso recreamos pol\u00e9micas que nunca llegaron a ser.<\/p>\n<p>Alguna vez he le\u00eddo que la falta de un contexto acad\u00e9micamente civilizado es responsable de que no haya cuajado una genuina tradici\u00f3n de filosof\u00eda espa\u00f1ola. Me cuesta compartir esa opini\u00f3n. M\u00e1s bien hay razones para pensar que las tradiciones \u00abnacionales\u00bb encuentran ecosistemas favorables en las autarqu\u00edas. Desde lo de Darwin en Las Gal\u00e1pagos sabemos que el aislamiento reproductivo est\u00e1 en el origen de las singularidades biol\u00f3gicas. Ya saben, como el gas\u00f3geno. Y, claro, con el gas\u00f3geno se llega tarde y mal a lo conocido por todos; eso s\u00ed, con el convencimiento de haber inventado la p\u00f3lvora. En todo caso, si as\u00ed fuera, si esa es la causa de que no podamos hablar de \u00abfilosof\u00eda espa\u00f1ola\u00bb (otra cosa es filosof\u00eda en Espa\u00f1a), pues qu\u00e9 quieren que les diga: que no hay mal que por bien no venga; que bienvenida sea la autarqu\u00eda. La falta de un pensamiento espa\u00f1ol no me inquieta lo m\u00e1s m\u00ednimo.\u00a0 En realidad, me resulta mucho m\u00e1s inquietante cualquier adjetivo nacional que califique a la filosof\u00eda o a la ciencia: lo de ciencia alemana entusiasmaba mucho a los nazis, como le gustaba recordar a Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>En ocasiones, la exposici\u00f3n limitada a la informaci\u00f3n presenta algunas ventajas. Comenzamos a disponer de resultados emp\u00edricos que muestran las patolog\u00edas de saturaci\u00f3n de publicaciones:[42] publicaciones con rendimientos marginales decrecientes, en el mejor de los casos; un af\u00e1n por publicar que se impone al af\u00e1n de verdad; dependencias de la senda marca por las citas, que retroalimentan siempre las mismas ideas y ahogan innovaciones; problemas para aceptar lo que no forma parte del <em>mainstream<\/em>, con lo que no operan genuinos criterios de reconocimiento de la calidad.[43] Y en las disciplinas filos\u00f3ficas, las cosas resultan a\u00fan m\u00e1s complicadas. Cuando uno vuelve a la <em>\u00c9tica nicom\u00e1quea\u200b<\/em> no puede evitar la sensaci\u00f3n de que, en determinados asuntos y disciplinas, resulta m\u00e1s provechosa la compa\u00f1\u00eda de pocos pero doctos libros suficientemente frecuentados, la conversaci\u00f3n con los muertos, que muchas de las lecturas de los m\u00e1s reputados <em>Journals<\/em> de filosof\u00eda moral de los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero no hay que enga\u00f1arse recreando lo que nunca fue. S\u00ed, la nostalgia es un error. \u00a0Las atm\u00f3sferas cerradas son insanas. Y, ciertamente, aquel mundo propici\u00f3 patolog\u00edas de la peor academia, aquella en la que no hay reglas de competencia institucionalizadas para identificar las mejores ideas y, con ellas, los mejores investigadores: encapsulamientos y cerrilismos intelectuales; encelamiento en ideas obsoletas; autoritarismo y adulaci\u00f3n de santones; m\u00e9todos de cooptaci\u00f3n asociados antes al servilismo que al m\u00e9rito; sectarismos y, su inevitable compa\u00f1\u00eda, encanallamientos tribales. Y as\u00ed fueron con frecuencia aquellos mundos que no cabe mirar con nostalgia. La pregunta es inmediata: \u00bfc\u00f3mo habr\u00eda sido nuestra historia intelectual reciente en un contexto pol\u00edtico cultural civilizado? Y otras, derivadas de la anterior: \u00bfcu\u00e1ntos fil\u00f3sofos, economistas, soci\u00f3logos que, por una raz\u00f3n u otra, recibieron reconocimiento en aquellos a\u00f1os como titanes del pensamiento o la teor\u00eda habr\u00edan sobrevivido en una cultura acad\u00e9mica normal? \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda sido de las mismas gentes en otros entornos m\u00e1s normales? Y no solo las disciplinas \u00abhumanistas\u00bb. Pienso, por ejemplo, en Faustino Cord\u00f3n, un farmac\u00e9utico de formaci\u00f3n que acab\u00f3 dedic\u00e1ndose a la biolog\u00eda evolutiva y lleg\u00f3 a proponer una singular teor\u00eda evolutiva que abarcaba desde las prote\u00ednas hasta los animales. La desarroll\u00f3 en tres vol\u00famenes; nada que ver con el sistema habitual de publicaci\u00f3n de ideas en las comunidades cient\u00edficas, mediante art\u00edculos. Sus libros atra\u00edan, sospecho, antes la atenci\u00f3n de los profanos que la de los investigadores de oficio, entre otras cosas porque sus tesis se presentaban como \u00abmarxistas\u00bb o \u00abdial\u00e9cticas\u00bb. No estoy diciendo \u2013tampoco descartando\u2013 que fuera un lun\u00e1tico. De hecho, posteriormente he dado con alg\u00fan trabajo acad\u00e9mico que desarrollaba ideas que recuerdo haberle le\u00eddo a \u00e9l por primera vez. En particular la tesis de que <em>Cocinar hizo al hombre<\/em>, para decirlo con el t\u00edtulo de un libro suyo; siempre en libros.[44] Simplemente estoy hablando de aquel mundo. Porque lo que acabo de decir de Cord\u00f3n se podr\u00eda decir de muchos otros. Por ejemplo, de Castilla del Pino, aunque, ciertamente, a este, en sus negocios p\u00fablicos, le fuera bastante mejor.<\/p>\n<p>Ese era el problema, que en aquellos mundos no era f\u00e1cil deslindar el trigo de la paja. Las reputaciones se levantaban por las razones m\u00e1s extravagantes, incluidas las pol\u00edticas. Todos and\u00e1bamos a ciegas, fi\u00e1ndonos de heur\u00edsticas tan pedestres como qui\u00e9n hab\u00eda traducido qu\u00e9. En muchos casos, nunca sabremos a ciencia cierta si nos equivocamos con nuestros maestros. Buena cosa era si no acabamos entregados de por vida a defender desatinos.\u00a0 Por mi parte, no tengo duda de que Sacrist\u00e1n, en ese otro mundo, habr\u00eda hecho otras cosas. Su falta de originalidad era un modo discreto de reconocer realistamente en qu\u00e9 mundo se mov\u00eda. De reconocer, que no aceptar. Ante todo, no mentirse. Tampoco nosotros al volver sobre aquellos tiempos.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1]. Justo es reconocer la buena disposici\u00f3n de la editorial el Viejo Topo, en donde Salvador L\u00f3pez ha publicado buena parte de sus trabajos de recuperaci\u00f3n. Y tampoco se pueden ignorar, entre otros, los esfuerzos de Juan Ram\u00f3n Capella, autor de una biograf\u00eda pol\u00edtica (<em>La pr\u00e1ctica de Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, Madrid, Trotta, 2005) o de Albert Curto Domingo, editor de dos trabajos de Sacrist\u00e1n: <em>El orden y el tiempo<\/em> (Madrid, Trotta, 1998) y <em>Lecturas de filosof\u00eda moderna y contempor\u00e1nea<\/em> (Madrid, Trotta, 2007). Tambi\u00e9n se puede encontrar informaci\u00f3n \u2013y agudas reflexiones\u2013 sobre Sacrist\u00e1n en el reciente libro de Victor M\u00e9ndez Baiges, <em>La tradici\u00f3n de la intradici\u00f3n. Historia de la filosof\u00eda espa\u00f1ola entre 1843 y 1973<\/em> (Madrid, Tecnos, 2021), pp. 388-ss, incluido el \u00abincidente\u00bb de su fracasada oposici\u00f3n en1962 a catedr\u00e1tico de L\u00f3gica en la Universidad de Valencia, cuando era el \u00fanico competente sobre la materia en la sala, incluidos los miembros del tribunal (pp. 430-ss).<br \/>\n[2]. \u00abAquel hombre que se\u00f1ala a los dem\u00e1s con su propio ejemplo el camino de la salvaci\u00f3n\u00bb (<em>Econom\u00eda y Sociedad<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1996, p. 361-362). Para muestra, entre muchas, esta apreciaci\u00f3n, que L\u00f3pez Arnal deja al pasar, en una nota de su pr\u00f3logo al libro de Sarri\u00f3n: \u00abCoincid\u00ed con \u00e9l en dos ocasiones en un autob\u00fas, el n\u00famero 7, que le llevaba desde la Facultad de Econ\u00f3micas a su casa de Diagonal\/Avenida de Sarri\u00e0. La forma en que Sacrist\u00e1n trataba a los conductores de autobuses hac\u00eda que estos se quedar\u00e1n extra\u00f1ados\u2026 y felices. Algunos hemos aprendido esa conducta\u00bb.<br \/>\n[3]. <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/el-intelectual-tiene-un-deber-para-con-su-sociedad-de-dar-ejemplo\/\">https:\/\/rebelion.org\/el-intelectual-tiene-un-deber-para-con-su-sociedad-de-dar-ejemplo\/<\/a>.<br \/>\n[4]. <em>El opio de los intelectuales<\/em>, Buenos Aires, Siglo XX, 1979, p. 216.<br \/>\n[5]. cf. R. Aronson, <em>Camus y Sartre. La historia de una amistad y la disputa que le puso fin<\/em>, Valencia, Universitat de Val\u00e8ncia, 2006. A mi parecer, no se entiende la pol\u00e9mica entre Camus y Sartre sin atender a la mala conciencia (para expresarse en la jerga del segundo) de Sartre por sus cobard\u00edas, en contraste con el coraje mostrado por el primero. Sartre, en su carta-respuesta en agosto de 1952 desde las p\u00e1ginas de <em>Les Temps Modernes<\/em>, arrancaba: \u00abQuerido Camus, nuestra amistad no ha sido f\u00e1cil, pero la echar\u00e9 de menos, si la terminas hoy. Si la rompes hoy, es sin duda porque estaba destinada a romperse. Muchas cosas nos acercaban, pocas nos separaban. Pero aun este poco ya era demasiado: la amistad, tambi\u00e9n ella, tiene tendencia al totalitarismo: hay que optar entre el acuerdo en todo o el distanciamiento (\u2026) Por desgracia, me has provocado tan intencionadamente y en tono tan injurioso, que no puedo callar sin deshonrarme. Contestar\u00e9, pues, sin irritaci\u00f3n ninguna pero, por primera vez desde que te conozco, sin miramientos. Tu combinaci\u00f3n de vanidad mon\u00f3tona y vulnerabilidad siempre disuade a la gente de decirte la verdad lisa y llana. El resultado es que te has convertido en la v\u00edctima de una prepotencia deprimente que esconde tus problemas \u00edntimos y que t\u00fa seguramente llamar\u00edas moderaci\u00f3n mediterr\u00e1nea. M\u00e1s temprano que tarde alguien te lo hubiera dicho: m\u00e1s vale que sea yo\u00bb, \u00abR\u00e9ponse \u00e0 Albert Camus\u00bb, recogida en Albert Camus, <em>La r\u00e9volte et la libert\u00e9<\/em>, Hors-s\u00e9rie, Le Monde, 2010, pp. pp. 84-85. Camus, sin ir tan lejos, no se hab\u00eda quedado corto en su escrito, cuando se refer\u00eda a \u00abesos intelectuales burgueses que quieren purgar sus or\u00edgenes al precio incluso de la contradicci\u00f3n y de querer violentar su inteligencia\u00bb y confiesa \u00abestar un poco harto de verme, y de ver sobre todo a viejos militantes que no rehusaron ninguna de las luchas de su \u00e9poca, recibir sin tregua lecciones de eficacia de unos censores que lo \u00fanico que colocaron en el sentido de la historia fue su sill\u00f3n\u00bb, <em>Obras<\/em> 3, Madrid, Alianza, 1996, p. 428. La acusaci\u00f3n a Sartre de burgu\u00e9s y de compromiso oportunista y tard\u00edo (cuando no de cobarde) atraviesa el escrito. La primera de ellas ser\u00e1 recurrente. Pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, un pr\u00f3logo para <em>Caliban<\/em>, la revista de Jean Daniel, arrancaba: \u00abCasi todos los escritores franceses que pretenden hablar hoy en nombre del proletariado han nacido de padres acomodados o ricos\u2026\u00bb, citado en Herbert Lottman, <em>Albert Camus<\/em>, Madrid, Taurus, 1987, p. 577. De hecho, la menci\u00f3n \u00aba colocar su sill\u00f3n del lado de la historia\u00bb tiene su historia. En los d\u00edas de la liberaci\u00f3n y de <em>Combat<\/em>, cuando Camus se arriesgaba en serio y Sartre, al que no se le conoc\u00edan actos de resistencia, con estilo pomposo le dec\u00eda que quer\u00eda \u00abreunirse con la historia\u00bb, el fil\u00f3sofo, en tareas de vigilancia ante un posible sabotaje alem\u00e1n, se qued\u00f3 dormido en un sill\u00f3n de la Com\u00e9die-Fran\u00e7aise, Camus lo despert\u00f3 con una iron\u00eda entonces afectuosa: \u00ab\u00a1Has girado la butaca del teatro en la direcci\u00f3n de la historia\u00bb, R. Aronson, <em>Camus y Sartre<\/em>. Op. Cit., p. 43.<br \/>\n[6]. \u00abComo escribi\u00f3 m\u00e1s tarde el psic\u00f3logo Bruno Bettelheim de aquel periodo, pocas personas arriesgar\u00edan su vida por una cosa tan insignificante como levantar un brazo\u2026 sin embargo, as\u00ed es como se va minando todo poder de resistencia de las personas, y al final la responsabilidad y la integridad tambi\u00e9n desaparecen\u00bb, Sarah Bakewell, <em>En el caf\u00e9 de los existencialistas<\/em>, Barcelona, Ariel, 2016 (edici\u00f3n digital).<br \/>\n[7]. Las citas son de Sacrist\u00e1n al glosar las frivolidades recordadas en la entrevista del Sartre. Vale decir que se muestra comprensivo: \u00abEsto es un fen\u00f3meno muy com\u00fan no necesariamente malo. Es muy frecuente encontrar en los fil\u00f3sofos de importancia, sobre todo en las \u00e9pocas o en las formulaciones de su primera edad, una cierta demagogia (\u2026) Esto se puede encontrar, no solo en fil\u00f3sofos con un filosofar tirando a rom\u00e1ntico, como los existencialistas, sino incluso en fil\u00f3sofos logicistas del tipo de Popper\u00bb.<br \/>\n[8]. \u00abCon su funci\u00f3n supuestamente cr\u00edtica, lo que hacen es intentar fundamentar y robustecer su identidad frente a la clase dominada, cuya rebeli\u00f3n, naturalmente, les comprometer\u00eda de un modo definitivo porque es de quien procede el trozo de plusval\u00eda, mediado por la clase explotadora, que ellos devoran\u00bb recogida en Salvador L\u00f3pez Arnal y Pere de la Fuente, <em>Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, Barcelona, Destino,1996, pp. 100-101.<br \/>\n[9]. Aunque seguramente pesaba m\u00e1s \u00abel efecto desmovilizador\u00bb, la \u00abp\u00e9rdida de convicci\u00f3n sobre los esquemas de pensamiento pol\u00edtico-cultural cl\u00e1sicos del movimiento obrero mayoritario en Europa occidental, particularmente en el movimiento comunista de los a\u00f1os sesenta y cuatro, sesenta y cinco, sesenta y seis, sesenta y siete y tambi\u00e9n sesenta y ocho (el sesenta y ocho fue la traca final, claro)\u00bb y sus estudios de la obra de Gramsci, sobre lo que algo m\u00e1s dir\u00e9. El tono de Sacrist\u00e1n es muy gramsciano. Cuesta no acordarse de lo que Sacrist\u00e1n escrib\u00eda a su amigo Xavier Folch poco despu\u00e9s de la invasi\u00f3n de Checoslovaquia: \u00abTal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra \u201cindignaci\u00f3n\u201d me dice poco. El asunto me parece lo m\u00e1s grave ocurrido en muchos a\u00f1os, tanto por su significaci\u00f3n hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece s\u00edntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmaci\u00f3n de las peores hip\u00f3tesis acerca de esa gentuza, confirmaci\u00f3n de las hip\u00f3tesis que siempre me resist\u00ed a considerar. La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia\u00bb. Recogida en Salvador L\u00f3pez Arnal (editor) <em>Conversaciones sobre Manuel Sacrist\u00e1n<\/em> p. 61. (<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/docs\/53432.pdf\">https:\/\/rebelion.org\/docs\/53432.pdf<\/a>).<br \/>\n[10]. Y contin\u00faa: \u00abA \u00e9l el ataque de silencio y de inhibici\u00f3n le hab\u00eda entrado mucho antes que a m\u00ed hace much\u00edsimos a\u00f1os. Rafael es un pesimista hist\u00f3rico y radical que piensa que la historia es una larga evoluci\u00f3n de mal en peor. Es un antiprogresista al pie de la letra, que piensa que la historia acabar\u00e1 el d\u00eda que ya no haya peor, en el supuesto de que tenga fin; si no, ser\u00e1 una carrera hacia el mal infinito. A trav\u00e9s de la marginalidad y del silencio que yo ya hab\u00eda vivido a trav\u00e9s de la persona de Rafael, aunque inconscientemente, me di cuenta de que lo que me pasaba a m\u00ed le hab\u00eda pasado a \u00e9l\u00bb. La preocupaci\u00f3n por \u00abla inhibici\u00f3n\u00bb era un inter\u00e9s compartido, seg\u00fan se infiere de la lectura de su correspondencia (de lo que hay disponible, una carta de Sacrist\u00e1n fechada el 16 de septiembre de 1963, (copia disponible en la biblioteca de la Facultad de Econom\u00eda y Empresa de la Universidad de Barcelona). <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/carta-de-manuel-sacristan-a-rafael-sanchez-ferlosio\/\">https:\/\/rebelion.org\/carta-de-manuel-sacristan-a-rafael-sanchez-ferlosio\/<\/a>.<br \/>\n[11]. En su necrol\u00f3gica en La Vanguardia (28\/08\/1985) destacaba \u00absu condici\u00f3n de Juez. Su sola presencia era una apelaci\u00f3n al rigor y la responsabilidad. Su falta nos deja a todos un poco m\u00e1s libres seguir no haciendo lo que debemos\u00bb.<br \/>\n[12]. Cierto es que. imbricando esas tres ideas, hay una elaboraci\u00f3n muy singular que, sin embargo, nunca llega a elaborar sistem\u00e1ticamente. Para Sacrist\u00e1n, la mejor idea de dial\u00e9ctica aspira a un conocimiento de lo particular (totalidades concretas) que integre \u2013sin oponerse\u2013 los conocimientos de las diversas ciencias, en una suerte de composici\u00f3n de abstracciones (la ciencia es siempre conocimiento de lo universal), un conocimiento de lo particular que permitir\u00eda guiar racionalmente las intervenciones en el mundo, tambi\u00e9n las pol\u00edticas (el principio de la pr\u00e1ctica). Volver\u00e9 sobre ello. En todo caso, Sacrist\u00e1n deja claro que la dial\u00e9ctica no es una l\u00f3gica ni un m\u00e9todo (alternativos o superiores a la l\u00f3gica matem\u00e1tica o al m\u00e9todo cient\u00edfico). Otra cosa es que se interesara por resultados de las disciplinas formales que pod\u00edan ayudar a precisar algunas tesis de la dial\u00e9ctica tradicional: l\u00f3gicas paraconsistentes, an\u00e1lisis no est\u00e1ndar, teor\u00eda de conjuntos borrosos. Sus escritos sobre estos asuntos en M. Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n, <em>Sobre dial\u00e9ctica<\/em> (edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal), (pr\u00f3logo de Miguel Candel\/ep\u00edlogo de F\u00e9lix Ovejero), Barcelona, El viejo Topo, 2009.<br \/>\n[13]. En 1972 en una carta a Javier Pradera, citada por Jos\u00e9 Sarri\u00f3n, p. 168.<br \/>\n[14]. \u00abA esa situaci\u00f3n de poco estudio por razones de obst\u00e1culos objetivos se sum\u00f3 una abulia parcial que tal vez sea lo m\u00e1s importante de todo: en vez de aprovechar todo el tiempo libre para el estudio cient\u00edfico-filos\u00f3fico, gast\u00e9 mucho tiempo en cosas como el art\u00edculo sobre Heine (\u2026). Pero es posible que (entre los otros factores que intervienen) fueran tambi\u00e9n un indicio de huida del trabajo cient\u00edfico (subrayado en rojo en el manuscrito), por impon\u00e9rseme los obst\u00e1culos materiales o externos\u00bb, Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n, <em>M.A.R.X.<\/em> (edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal) pr\u00f3logo Jorge Riechmann\/ep\u00edlogo de Enric Tello), El Viejo Topo, Barcelona, 2013, p. 58.<br \/>\n[15]. Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n, <em>M.A.R.X.<\/em>, op. Cit. p. 58.<br \/>\n[16]. Como har\u00e1 se\u00f1aladamente el estalinismo en su apuesta en contra de la buena ciencia gen\u00e9tica y a favor de las tesis de Trofim Lysenko, ambientalistas, supuestamente mucho m\u00e1s ajustadas al Diamat. J. B. S. Haldane, seguramente el genetista m\u00e1s importante de la \u00e9poca, se dej\u00f3 llevar por sus convicciones comunistas, y no dud\u00f3 en apoyar a Lysenko en p\u00fablico, aunque en privado, en las reuniones de partido, sosten\u00eda lo contario. V\u00e9ase Diane B. Paul, \u00abA War on Two Fronts: J. B. S. Haldane and the Response to Lysenkoism in Britain\u00bb, <em>Journal of the History of Biology<\/em>, vol. 16, n\u00fam. 1 (primavera de 1983), pp. 1-37, Dicho eso, justo es recordar que la reacci\u00f3n contra Lysenko tambi\u00e9n fue ideologizada, no solo emp\u00edrica. Realmente constituye un experimento natural de los sesgos ideol\u00f3gicos en la ciencia. Cf. William de Jong-Lambert, <em>The Cold War Politics of Genetic Research. An Introduction to the Lysenko Affair<\/em>, Dordrecht, Springer, 2012.<br \/>\n[17]. Castells sostendr\u00e1 haber utilizado la epistemolog\u00eda althusseriana como base te\u00f3rica para establecer una alternativa cient\u00edfica marxista a la sociolog\u00eda urbana, cf. L. J. Marais, \u00abA critique of aspects of Louis Althusser\u2019s epistemology as employed\u00bb, <em>Tesis<\/em>, 1984.<br \/>\n[18]. Althusser escribi\u00f3 una suerte de autobiograf\u00eda intelectual en la que reconoc\u00eda que ten\u00eda una cultura filos\u00f3fica \u00abde o\u00eddas\u00bb, que buena parte de su labor intelectual hab\u00eda sido un camelo, que era \u00abtodo artificios e imposturas, y nada m\u00e1s, (\u2026) que no conoc\u00eda nada de historia de la filosof\u00eda y casi nada de Marx\u00bb. El fil\u00f3sofo que estaba empecinado en destacar el car\u00e1cter cient\u00edfico del marxismo, que sazonaba sus escritos con continuas apelaciones a la epistemolog\u00eda, nos contaba que era un \u00abignorante total, tanto de Carnap, Russell, Frege, en consecuencia del positivismo l\u00f3gico, como de Wittgenstein, y de la filosof\u00eda anal\u00edtica inglesa\u00bb, Louis Althusser, <em>El porvenir es largo<\/em>, Destino, Barcelona, 1992, p. 221pp. 196-197. p. 235.<br \/>\n[19]. Con todo, Italia era otra cosa. Basta con pensar en los economistas \u00abmarxistas\u00bb, muchos de ellos en estrecha conexi\u00f3n con la escuela de Cambridge (cf. M\u00e1s abajo nota 21).<br \/>\n[20]. Soledad Fox, <em>Ida y vuelta. La vida de Jorge Sempr\u00fan<\/em>, Barcelona, Debate, 2016 (ed. Digital), cap. 5<br \/>\n[21]. Por lo general, sin mayores preocupaciones de fidelidad filol\u00f3gica a Marx. Y en algunos casos, con resultados de calidad, como fue el caso del economista que estaba en el origen de la escuela de Cambridge, Piero Sraffa y su original reconstrucci\u00f3n de la teor\u00eda del valor de inspiraci\u00f3n ricardiana (antes que marxiana). Sraffa, \u00edntimo de Gramsci (a quien visitaba en la c\u00e1rcel) y de Wittgenstein (aunque parece falsa la extendida leyenda que lo considera la fuente de inspiraci\u00f3n del cambio de ideas entre el <em>Tractatus<\/em> y las <em>Investigaciones<\/em>. Franco Lo Piparo, <em>Il professore Gramsci e Wittgenstein. Il linguaggio e il potere<\/em>, Roma, Donzelli Editore, 2014).<br \/>\n[22]. Lo que se ha llamado \u00abMarxismo anal\u00edtico\u00bb: G. A. Cohen, Jon Elster, John Roemer, Erik Olin Wright, Philippe Van Parijs, entre otros. S\u00ed llama la atenci\u00f3n que Sacrist\u00e1n no mostrase inter\u00e9s \u2013o no tuviera conocimiento\u2013 de la filosof\u00eda pol\u00edtica de corte anal\u00edtico. No se puede olvidar que la <em>Teor\u00eda de la Justicia<\/em>, de John Rawls aparece en 1971.<br \/>\n[23]. No es una \u00fanica defensa de la buena ciencia por parte de Marx. Marx, en el Ep\u00edlogo a la Segunda Edici\u00f3n de <em>El Capital<\/em> (1872), descalificaba a aquellos economistas para los que \u00abno se trataba de si determinado teorema era o no verdadero, sino de si resultaba perjudicial, c\u00f3modo o molesto, de si infring\u00eda o no las ordenanzas de la polic\u00eda. Los investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo, y los estudios cient\u00edficos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las perversas intenciones de la apolog\u00e9tica\u00bb.<br \/>\n[24]. Hay un poema (\u00abEl disc\u00edpulo\u00bb) de Jos\u00e9 Agust\u00edn Goytisolo, que describe bien a qu\u00e9 me refiero: \u00abSe aferr\u00f3 a su cad\u00e1ver \/ todav\u00eda caliente. Dijo: \/ No le toqu\u00e9is ya m\u00e1s \/ que as\u00ed era el muerto: \/ me pertenece; es m\u00edo.\/ \u00c9l hab\u00eda pasado \/ largos a\u00f1os de tedio \/ junto al Maestro. Quiso \/ ser su heredero: hundi\u00f3 \/ su frente sobre el polvo\/no pens\u00f3 por s\u00ed mismo \/ y repet\u00eda siempre \/ la voz del otro. Ahora \/ quiere su recompensa \/ su cad\u00e1ver y su t\u00edtulo \/ de disc\u00edpulo amado\u00bb, <em>Poes\u00eda completa<\/em>, Barcelona, Lumen, 2009, p. 170.<br \/>\n[25]. <em>M.A.R.X.<\/em>, op. Cit. p. 49.<br \/>\n[26]. Albert Domingo, \u00abManuel Sacrist\u00e1n: Avatares e iron\u00eda de una lucidez cr\u00edtica\u00bb, en Jacobo Mu\u00f1oz y F.J. Mart\u00edn (eds.), <em>Manuel Sacrist\u00e1n: raz\u00f3n y emancipaci\u00f3n<\/em>, Madrid, Biblioteca Nueva, 2017, (edici\u00f3n digital).<br \/>\n[27]. <em>Karl Marx<\/em>, op. Cit. p. 54.<br \/>\n[28]. <em>Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, op. Cit. p. 99. A principios de los 70 Sacrist\u00e1n entr\u00f3 durante un par de a\u00f1os en un estado de depresi\u00f3n (\u00aberan empresas herc\u00faleas lograr que se levantara de la cama o de un sill\u00f3n, o que comiera algo\u00bb, cuenta su hija, Vera Sacrist\u00e1n en una entrevista). Son precisamente los a\u00f1os en los que acaba de publicar su <em>Antolog\u00eda<\/em> de Gramsci y tiene un mayor conocimiento del triste final del pensador italiano. Para ese volumen Sacrist\u00e1n hab\u00eda escrito un estudio socio-biogr\u00e1fico que se interrumpe en la detenci\u00f3n de Gramsci y a su ingreso en prisi\u00f3n en 1926. Posteriormente se ha publicado con el t\u00edtulo <em>El orden y el tiempo<\/em> (edici\u00f3n de Albert Domingo Curto) Madrid, Trotta 2013.<br \/>\n[29]. Franco Lo Piparo, <em>I due carceri di Gramsci. La prigione fascista e il labirinto comunista<\/em>, Roma, Donzelli, 2012.<br \/>\n[30]. \u00abSobre el estalinismo\u00bb, Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n, <em>Seis conferencias<\/em>, edici\u00f3n de Salvador L\u00f3pez Arnal, Barcelona, El Viejo Topo, 2014, p. 46.<br \/>\n[31]. A. Camus, \u00abRebeli\u00f3n y servidumbre\u00bb, <em>Obras<\/em>, 3, op cit , p. 411.<br \/>\n[32]. <em>Ibidem<\/em>, p. 233.<br \/>\n[33]. Bernard Williams, <em>Verdad y veracidad<\/em>, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 22<br \/>\n[34]. <em>Ibidem<\/em>, p. 23.<br \/>\n[35]. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar el temprano inter\u00e9s de Sacrist\u00e1n, en los a\u00f1os 50, por Simone Weil, a cuya obra dedic\u00f3 varios art\u00edculos, cf. Laureano Bonet, \u00abManuel Sacrist\u00e1n, Simone Weil y el personalismo: unos textos in\u00e9ditos\u00bb, <em>Mientras tanto<\/em>, 1995, n. 63, pp. 29-46.<br \/>\n[36]. \u00abQue el Instituto sovi\u00e9tico no ha editado hasta ahora (probablemente con muy buen criterio)\u00bb, a\u00f1ad\u00eda Sacrist\u00e1n en un escrito de 1964.<br \/>\n[37]. La cr\u00edtica a la distinci\u00f3n entre juicios anal\u00edticos (aquellos en los que el predicado no a\u00f1ade informaci\u00f3n al sujeto, para decirlo a la antigua, como \u00abel perro es un animal\u00bb) y juicios sint\u00e9ticos (en los que s\u00ed a\u00f1ade, como \u00abEspa\u00f1a es una monarqu\u00eda\u00bb) est\u00e1 en el origen de muchas cr\u00edticas a la idea tradicional de verdad: si no hay tal distinci\u00f3n, nosotros decidimos qu\u00e9 es un enunciado sobre el mundo, sint\u00e9tico (esto es, verdadero o falso) y qu\u00e9 es un enunciado sobre las palabras, anal\u00edtico (las definiciones). Y en el mismo sentido se puede entender su tesis \u2013continuaci\u00f3n de la anterior\u2013 de que en la actividad cient\u00edfica no contrastamos hip\u00f3tesis aisladas sino conjuntos de enunciados (incluidas teor\u00edas) cada vez que hacemos una contrastaci\u00f3n y somos nosotros quienes decidimos qu\u00e9 es lo que estamos poniendo a prueba. Es lo que se llama la tesis Duhem-Quine. De hecho, Richard Rorty se apoy\u00f3 en dos tesis de Quine (sobre \u00abla indeterminaci\u00f3n de la traducci\u00f3n\u00bb y \u00abla inescrutabilidad de la referencia\u00bb), para defender su radical relativismo, cf. <em>La filosof\u00eda y el espejo de la naturaleza<\/em>, Madrid, C\u00e1tedra, 1983. \u00c1lvaro Delgado-Gal, al comentar este texto, ha resumido mejor que yo la incompatibilidad que estoy destacando: \u00abMe intriga la pasi\u00f3n de Sacrist\u00e1n por Quine, dado el concepto de verdad que aqu\u00e9l defend\u00eda. Quine es en el fondo un coherentista. La verdad ser\u00eda predicable de las teor\u00edas, no de las proposiciones sueltas. Las \u00fanicas susceptibles de ser declaradas verdaderas o falsas son ciertas oraciones cuya estructura gramatical y contenido sem\u00e1nticos est\u00e1n abiertos a infinitas interpretaciones. Esas oraciones son el trasunto quineano, claro, de las viejas proposiciones observacionales, luego de haber pasado por el tamiz y la cocina quineanas. Todo esto me aburre ahora. Prefiero lo que cuenta Sacrist\u00e1n\u00bb.<br \/>\n[38]. En la introducci\u00f3n a <em>Sobrevivir al naufragio<\/em> (Barcelona, P\u00e1gina ind\u00f3mita, 2020) sostuve que dos tesis muy extendidas entre fil\u00f3sofos (la indistinci\u00f3n entre sint\u00e9tico y anal\u00edtico y entre juicios de valor y juicios de hecho) han allanado el camino a los postmodernismos pol\u00edticos.<br \/>\n[39]. Quiz\u00e1 haya que acudir al moralismo de su defensa de la verdad para explicar la dificultad de Sacrist\u00e1n para percibir el (potencial) relativismo de Quine, sobre el que he llamado la atenci\u00f3n en la nota 37. En todo caso, en su aprecio importaban, y mucho, tanto sus ideas en filosof\u00eda de la l\u00f3gica y su claridad expositiva, la limpieza de su escritura.<br \/>\n[40]. Las disciplinas no ofrecen criterios precisos \u2013y compartidos\u2013 para calibrar la calidad. Y, en esos casos, se imponen diversas patolog\u00edas (entre ellas las propias de los mercados de informaci\u00f3n asim\u00e9trica). F\u00e9lix Ovejero, <em>El compromiso del creador<\/em>, Barcelona, Galaxia-Gutenberg, 2014.<br \/>\n[41]. Con todo, la biblioteca de la Facultad de Econ\u00f3micas de la Universidad de Barcelona, donde trascurri\u00f3 buena parte de la vida docente de Sacrist\u00e1n, fue un oasis en cuanto al fondo de publicaciones. En buena parte gracias a la labor del propio Sacrist\u00e1n, junto con Fabi\u00e1n Estap\u00e9 y Jordi Nadal.<br \/>\n[42]. De todos los art\u00edculos cient\u00edficos escritos, la mitad han aparecido en los \u00faltimos doce a\u00f1os, Dashun Wang, Albert-L\u00e1szl\u00f3 Barab\u00e1si, <em>The Science of Science<\/em>, Cambridge, Cambridge University Press, 2021<br \/>\n[43]. Al examinar 1.800 millones de citas entre 90 millones de art\u00edculos en 241 temas, encontramos que una avalancha de art\u00edculos no conduce a la rotaci\u00f3n de ideas centrales en un campo, sino m\u00e1s bien a la osificaci\u00f3n del canon, Johan S. G. Chu, James A. Evans, \u00abResearch Article Slowed canonical progress in large fields of science\u00bb, <em>PNAS<\/em>, Oct. 2021.<br \/>\n[44]. Esa tesis la ha defendido con solvencia Richard Wrangham, quien tambi\u00e9n acab\u00f3 publicando su libro: <em>Catching Fire: How Cooking Made Us Human<\/em>. Nueva York: Basic Books, 2009.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Revista de libros <\/em>(<a href=\"https:\/\/www.revistadelibros.com\/la-verdad-como-compromiso-politico\/\">https:\/\/www.revistadelibros.com\/la-verdad-como-compromiso-politico\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1as de los libros: -Sobre Jean-Paul Sartre \/ Manuel Sacrist\u00e1n. Zaragoza, Prensa de la Universidad de Zaragoza, 2021 -El trabajo<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":10920,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,10],"tags":[1630,1800,1799,993,917,1798],"class_list":["post-10917","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","category-manuel-sacristan","tag-el-trabajo-cientifico-de-marx-y-su-nocion-de-ciencia","tag-jose-sarrion","tag-la-nocion-de-ciencia-en-manuel-sacristan","tag-manuel-sacristan","tag-resenas","tag-sobre-jean-paul-sartre"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10917","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10917"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10917\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10920"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10917"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10917"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10917"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}