{"id":11024,"date":"2022-01-12T05:00:00","date_gmt":"2022-01-12T04:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=11024"},"modified":"2022-01-11T21:09:53","modified_gmt":"2022-01-11T20:09:53","slug":"cuatro-dias-en-madrid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=11024","title":{"rendered":"Cuatro d\u00edas en Madrid"},"content":{"rendered":"<p><em>Publicado en TopoExpress el pasado 9 de enero. <\/em><\/p>\n<p><em>Tal d\u00eda como hoy en 1908 nac\u00eda en Par\u00eds Simone de Beauvoir, referente del feminismo. En abril de 1945, tras realizar un viaje al Madrid de la post-guerra, public\u00f3 sus impresiones en este art\u00edculo en <\/em>Combat<em>, el peri\u00f3dico franc\u00e9s de la Resistencia.<\/em><\/p>\n<p>A las diez de la ma\u00f1ana hemos dejado atr\u00e1s la oscura masa de El Escorial, que fue devastado por la guerra civil, y con las casas a\u00fan en ruinas. Ahora el tren est\u00e1 cruzando una meseta rocosa cubierta de escarcha blanca. Y de pronto, sin suburbios para anunciarlo, surge Madrid. Mirando a trav\u00e9s de la puerta, veo las secciones de un gran edificio destripado a la izquierda, sobre la estaci\u00f3n de tren. Es la residencia universitaria m\u00e1s remota.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Taxi!\u00bb Una sola palabra, e instant\u00e1neamente hice un salto en el tiempo. Me transportan a una gran ciudad de antes de la guerra. Junto a la carretera llena de taxis y autom\u00f3viles, masas de peatones, atestados de personas. Las aceras est\u00e1n oscuras entre la gente.<\/p>\n<p>Las calles de Alcal\u00e1 y la Gran V\u00eda est\u00e1n llenas de deslumbrantes y lujosas tiendas: hay zapatillas, bolsos de cuero, medias de seda, vestidos, corbatas, impermeables, relojes, joyas, cestas de frutas confitadas, cajas de chocolate, ropa, trajes, camisas, etc. No recuerdo que los comercios de Faubourg-St-Honor\u00e9 fueran m\u00e1s brillantes en el momento de su esplendor. En los bares, caf\u00e9s y grandes pasteler\u00edas, el caf\u00e9 con leche y el chocolate fluyen r\u00e1pidamente. En teor\u00eda, el az\u00facar y el pan est\u00e1n racionados, pero la famosa frase \u00abSi no tienen pan, d\u00e9jalos comer pasteles\u00bb, se aplica exactamente aqu\u00ed. La clase alta rica f\u00e1cilmente lo hace sin pan; en lugar de eso, comen peque\u00f1os panecillos hechos con leche que llaman \u00absuizos\u00bb, croissants, pasteles rellenos de crema\u2026 Y los caf\u00e9s y pasteler\u00edas pueden suministrar az\u00facar a su discreci\u00f3n. En teor\u00eda, en los restaurantes est\u00e1n regulados, pero en realidad todos los restaurantes, a la vista de todos, sirven a cada cliente lo que \u00e9l desee pedir.<\/p>\n<p><strong>La nueva neutralidad<\/strong><\/p>\n<p>Aturdida y deslumbrada, con los ojos parpadeando, subo hacia la Puerta del Sol. En el camino, veo una ventana dedicada a la propaganda alemana. Enormes fotograf\u00edas muestran a una mujer alemana en el trabajo y al Volksturm, sonriendo ampliamente, api\u00f1\u00e1ndose en las oficinas de reclutamiento. Las frases heroicas prometen la victoria con letras grandes y negras. No lejos de all\u00ed, tambi\u00e9n hay una oficina de propaganda en ingl\u00e9s. Todo el mundo sabe que esta simetr\u00eda es una mentira y conoce la ayuda que Espa\u00f1a a\u00fan brinda a Alemania. Pero lo que aprendo aqu\u00ed es cu\u00e1nto ha reinado la Gestapo en Madrid; como una amante. Por ejemplo, ha exigido y obtenido la expulsi\u00f3n de un obispo polaco de 80 a\u00f1os y de otras figuras polacas destacadas. Por otro lado, sus esfuerzos para crear un antisemitismo espa\u00f1ol, a trav\u00e9s de campa\u00f1as de prensa y todo tipo de propaganda, han sido en vano. No hay jud\u00edos en Espa\u00f1a, ya que fueron expulsados en el siglo XVI, y la colonia creada por los refugiados en el Este est\u00e1 protegida por los habitantes de esta pen\u00ednsula como espa\u00f1oles, no como jud\u00edos. Incluso se siente una gran ternura por ellos porque han conservado intactas las tradiciones espa\u00f1olas m\u00e1s antiguas. Ahora, los simpatizantes alemanes m\u00e1s obstinados admiten c\u00ednicamente que ha llegado el momento de \u00abvoltear sus abrigos\u00bb y en los peri\u00f3dicos que he visto se observa una estricta neutralidad.<\/p>\n<p><strong>La abundancia aparente<\/strong><\/p>\n<p>Paso por las empalizadas de madera usadas para esconder los escombros de dos grandes edificios pulverizados durante la guerra civil, y salgo de Alcal\u00e1 con alivio. Esta ma\u00f1ana hac\u00eda mucho fr\u00edo, pero ahora el sol golpea la ancha avenida que est\u00e1 llena de un lujo que me hace sentir inc\u00f3moda. Por la calle Mayor, entro en las calles estrechas y sombr\u00edas que son el coraz\u00f3n densamente poblado de Madrid. Aqu\u00ed tambi\u00e9n hay una abundancia asombrosa. Las calles est\u00e1n ruidosas con la gente. Grupos de gente, j\u00f3venes y ni\u00f1os, se aferran a la parte posterior y lateral de los tranv\u00edas que se sacuden. Las tiendas est\u00e1n llenas de ropa y comida: vendedores de frutas con sus enormes racimos de pl\u00e1tanos y canastas de naranjas y mandarinas; pescader\u00edas donde se cortan gambas rosadas y at\u00fan con sangre; en las grandes barras se encuentran colgados jamones, salchichas, cordero con piel y tambi\u00e9n corderitos con lana negra rizada; cochinillos cortados por la mitad se muestran en platos grandes; hay enormes quesos redondos, huevos, mazapanes, mermeladas de membrillo, chocolates y pasas.<\/p>\n<p>Bajo el arco de la alcald\u00eda de la Plaza Mayor y alrededor de la Plaza de Cascorro, hay vendedores ambulantes de aceitunas, almendras, suizos, caramelos, tijeras de az\u00facar rosa, ca\u00f1as de az\u00facar rojas, tortas para asar, rosquillas de todo tipo: planas, infladas, redondas, retorcidas. Tambi\u00e9n caminan alrededor con cestas llenas de cigarrillos y peque\u00f1as hogazas de pan. El pan y los cigarrillos est\u00e1n racionados, pero se venden ilegalmente a plena vista, sin tomar precauciones.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s abajo, al final de la Plaza de Cascorro y en las calles vecinas, se establece una especie de mercadillo en el que se vende de todo: telas, sabanas, fon\u00f3grafos, relojes de alarma, sartenes, chalecos taurinos, chales, tenedores y novelas populares con portadas de colores vibrantes. Y alrededor de la plaza, a lo largo de las calles, hay tabernas oscuras y frescas, decoradas con azulejos, abiertas para los comercios. En la oscuridad se pueden ver enormes barriles llenos de vino, con otros suspendidos del techo, y en el mostrador hay platos de gambas, langostinos, patatas fritas y aceitunas.<\/p>\n<p><strong>Tres d\u00edas de trabajo por una comida<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed que la primera impresi\u00f3n al llegar a Madrid es un sentimiento de abundancia extraordinaria, una vida generosa y f\u00e1cil; pero la percepci\u00f3n cambia tan pronto como se ve el precio de las cosas. Un trabajador no cualificado o una criada ganan aproximadamente 9 pesetas por d\u00eda, y un trabajador cualificado gana de 12 a 15 pesetas. Pero en la zona de Alcal\u00e1, una comida sencilla cuesta 15 pesetas, una comida decente 25 y una buena comida cuesta entre 40 y 50 pesetas. Un caf\u00e9 con leche cuesta 1,5 pesetas, un suizo 1 peseta y un pedazo de pastel 2 pesetas.<\/p>\n<p>Comparando estos precios con los del mercado negro en Francia, se puede afirmar que la relaci\u00f3n entre los precios y los salarios de la clase trabajadora es aproximadamente la misma. En ambos casos, una buena comida en un restaurante representa un trabajo de dos a tres d\u00edas y un hojaldre de crema supone la sexta parte del salario diario de un trabajador. La diferencia es que la comida es mejor y m\u00e1s variada en Madrid, y los pasteles m\u00e1s f\u00e1ciles de encontrar. El lujo no es clandestino; se muestra, pero esto es una ventaja s\u00f3lo para los ricos.<\/p>\n<p>Lo que es mucho m\u00e1s importante tener en cuenta es que no s\u00f3lo la mercanc\u00eda vendida en la Gran V\u00eda, sino que incluso la de la Calle Mayor son pr\u00e1cticamente inaccesibles para la clase trabajadora. Los suministros m\u00e1s necesarios est\u00e1n racionados. En cuanto al pan, se permiten 100, 150 o 200 gramos por d\u00eda, seg\u00fan un ingreso mayor o menor. Si se le permite a un trabajador 200 gramos por d\u00eda, debe comprar cualquier pan adicional a un precio m\u00e1s alto que el del impuesto. Las patatas y los garbanzos, que son la base de la comida espa\u00f1ola, se distribuyen en cantidades rid\u00edculamente insuficientes. En el mercado negro, un kilogramo de garbanzos puede alcanzar las 10 pesetas. En cuanto a los alimentos no racionados, un huevo cuesta 1 peseta, un kilogramo de carne 20, los tomates y los pl\u00e1tanos cuestan 1,6 pesetas. As\u00ed que la clase trabajadora no come huevos, ni leche, ni carne, ni verduras, ni frutas. Le pregunt\u00e9 a un amigo: \u00ab\u00bfqu\u00e9 comen?\u00bb Y me respondi\u00f3: \u00abse comen la punta de los dedos\u00bb, y agreg\u00f3: \u00abvete a caminar por Tetu\u00e1n y Vallecas. Eso te informar\u00e1 mejor que cualquier cosa\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Miseria suburbana<\/strong><\/p>\n<p>Tom\u00e9 el metro y me dirig\u00ed a Vallecas. El metro es lo \u00fanico que no es caro en Madrid. El precio de un billete var\u00eda entre 0,10 y 0,20, por lo que incluso para los pobres, el transporte tiene un precio razonable y es conveniente. Al d\u00eda siguiente, fui a dar un paseo por el barrio de Tetu\u00e1n, en el extremo norte de Madrid. Tetu\u00e1n est\u00e1 construido sobre colinas frente a la Sierra Nevada. Al sureste de la ciudad, Vallecas es m\u00e1s industrial, rodeada por un paisaje de ferrocarriles y f\u00e1bricas. Pero hay profundas similitudes entre estos dos barrios. El recorrido por ambos es a lo largo de una avenida larga, recta y ancha, donde se pueden encontrar tiendas, tabernas y cines, con grandes edificios nuevos pintados en colores suaves que se alzan aqu\u00ed y all\u00e1. Pero si uno va a 20 metros a la derecha o a la izquierda, se encuentra en el coraz\u00f3n de una regi\u00f3n extra\u00f1a que ya no es una ciudad, sino una zona, y donde caminar por ella s\u00f3lo un instante es suficiente para entender que, aunque el r\u00e9gimen ha prohibido el reclutamiento en Madrid, no ha disminuido la miseria al hacerlo. Ya no hay calles, sino caminos de tierra recortada bordeados de casas con techos de tejas rojas. No se encuentra ni una sola tienda. Los ni\u00f1os caminan descalzos y, a menudo, se visten con harapos, con la espalda descubierta. Hombres y mujeres usan alpargatas o zapatillas, y nunca zapatos. Padres, ni\u00f1os, cabras y gallinas se amontonan dentro de las min\u00fasculas chozas cuyos interiores oscuros se pueden ver a trav\u00e9s de las puertas abiertas. En los d\u00edas fr\u00edos y lluviosos (y el invierno es duro en Madrid, y las lluvias son fuertes), debe ser terrible vivir en estas casas y caminar por la tierra empapada. En los d\u00edas soleados, viven fuera.<\/p>\n<p>En los umbrales, las mujeres ba\u00f1an a sus hijos, frotan su ropa y hacen sus reparaciones. Hacen una tremenda cantidad de lavado y se pueden ver trapos remendados y descoloridos en todas partes, sec\u00e1ndose al sol entre los pollos y las cabras, ya que la menor cantidad de tela es terriblemente costosa. Deben usar su ropa hasta que se caiga en pedazos. La vida es muy dura para las mujeres. No hay agua en las casas y se puede ver a las ni\u00f1as muy peque\u00f1as que traen agua de la fuente en cubos que son demasiado pesados para ellas. No hay combustible, y para tener un poco de carb\u00f3n hay que permanecer en una larga fila. As\u00ed que las mujeres tienen un aire acosado a su alrededor. Est\u00e1n vestidas de negro, prematuramente viejas y feas debido a la preocupaci\u00f3n. Los hombres parecen menos sombr\u00edos; sienten la dureza de su condici\u00f3n, pero no son aplastados por ella. Por eso, la miseria en Madrid, por m\u00e1s profunda que sea, no es s\u00f3rdida. Los ni\u00f1os juegan, las j\u00f3venes se r\u00eden, los hombres hablan entre ellos con voces alegres. La pobreza no los ha convertido en ganado resignado; siguen siendo hombres vivos, hombres que se rebelan y tienen esperanza.<\/p>\n<p><strong>Muriendo por vivir<\/strong><\/p>\n<p>Al salir de Tetu\u00e1n, recorr\u00ed el lugar que sol\u00eda ser el campus universitario. En el centro de la ciudad, quedan algunos vestigios de la guerra civil: un edificio destruido en Alcal\u00e1, algunos escombros cerca del Palacio Real y la estaci\u00f3n de trenes del Norte. Pero el campus universitario, pulverizado por bombas y carcasas, a\u00fan est\u00e1 lejos de ser reconstruido. En este inmenso p\u00e1ramo \u2014 desnudo, agrietado y desigual\u2014 se pueden ver secciones de casas, partes de paredes, edificios decapitados y vastas ruinas de ladrillos secos, sazonados como los antiguos ba\u00f1os termales romanos. Se est\u00e1n construyendo nuevos edificios. Ya hay edificios grandes y brillantes que se alzan a lo largo del campus. Pero las peque\u00f1as villas al norte de las tierras bald\u00edas est\u00e1n destruidas, casi demolidas. Incluso en el campus, explotan los restos de las casas y las paredes en ruinas; la guerra todav\u00eda est\u00e1 muy cerca.<\/p>\n<p>\u00bfCerca del pasado o cerca del futuro? Dos d\u00edas antes de mi llegada a Madrid, tres bombas explotaron en la sede de un sindicato de la Falange, y dos falangistas murieron. Una multitud de trabajadores, empleados y estudiantes se reunieron en una manifestaci\u00f3n grandiosa en su funeral, a la que deb\u00edan asistir para evitar sanciones graves. Diecisiete comunistas fueron fusilados oficialmente en represalia, y \u00bfqui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos en secreto? Ellos disparan mucho en Madrid. Torturan. Como cerca de la calle Lauriston en Par\u00eds durante el reinado de la Gestapo, hay barrios donde los gritos de las v\u00edctimas durante la noche impiden que la gente duerma.<\/p>\n<p>Un breve paso por Madrid es suficiente para sentir cu\u00e1n inestable es el orden y el equilibrio actuales. Sin libertad, el menor esfuerzo hacia la justicia no se ve aqu\u00ed. Y, sin embargo, los espa\u00f1oles no han perdido nada de su vida y su ardor. Sienten la opresi\u00f3n y la injusticia. Ellos quieren vivir, aman la vida \u00bfDebe ser que, una vez m\u00e1s, en nombre de esta voluntad y este amor, estar\u00e1n obligados a elegir la muerte?<\/p>\n<p>Fuente: \u00abQuatre jours \u00e0 Madrid\u00bb, publicado en el n\u00famero de <em>Combat Magazine<\/em> del domingo 15 y lunes 16 de abril de 1945.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/cuatro-dias-en-madrid\/\">https:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/cuatro-dias-en-madrid\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en TopoExpress el pasado 9 de enero. 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