{"id":113,"date":"2016-03-01T00:00:00","date_gmt":"2016-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=113"},"modified":"2020-02-15T12:08:51","modified_gmt":"2020-02-15T11:08:51","slug":"pidiendo-un-mairena-desde-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=113","title":{"rendered":"Pidiendo un Mairena desde hoy"},"content":{"rendered":"<p>Pocos t\u00f3picos tan queridos en el imaginario colectivo progresista como el del viejo maestro republicano. El aspecto desali\u00f1ado refleja su poca atenci\u00f3n a la apariencia, en contraste con su rico mundo interior; el traje ra\u00eddo, la dignidad que le concede a su profesi\u00f3n pese a su pobre condici\u00f3n. El t\u00f3pico viene alimentado por no pocos personajes de ficci\u00f3n que celebran la figura, como el de Fernando Fern\u00e1n G\u00f3mez en <i>La Lengua de las mariposas<\/i>, cuya candorosa mirada parece preludiar su destino tr\u00e1gico. Es la tristeza de esos profesores comprometidos solo con la transmisi\u00f3n del saber y el amor por la naturaleza, con un humanismo de patio de colegio vinculado con el r\u00e9gimen republicano como garante del ejercicio de su profesi\u00f3n. Es la \u201cmonoton\u00eda de lluvia tras los cristales\u201d en el aula castellana del maestro Antonio Machado, paradigma de este personaje, refugio de la conciencia melanc\u00f3lica de varias generaciones de dem\u00f3cratas que, gracias a Serrat, celebraron en la privacidad de sus hogares el recuerdo de un cierto desencanto: \u201c<i>Muri\u00f3 el poeta lejos del hogar\/Le cubre el polvo de un pa\u00eds vecino\/Al alejarse le vieron llorar\/Caminante no hay camino,\/se hace camino al andar\u2026<\/i>\u201d.<\/p>\n<p>Y sin embargo ese poeta se represent\u00f3 tambi\u00e9n a s\u00ed mismo como maestro, de nombre Juan de Mairena, que disuad\u00eda a sus alumnos contra \u201cel escepticismo cansino y melanc\u00f3lico de quienes piensan estar de vuelta de todo\u201d por ser \u201cla posici\u00f3n m\u00e1s falsa y dogm\u00e1tica que pueda adoptarse. Ya es mucho que vayamos a alguna parte. Estar de vuelta, \u00a1ni so\u00f1arlo!\u201d. Machado se describi\u00f3 en su <i>Juan de Mairena<\/i> como un maestro directo, desafiante, popular, moderno, un S\u00f3crates redivivo que aguijoneaba a sus disc\u00edpulos de ficci\u00f3n para generar su propia sabidur\u00eda y expresarla en sus propias palabras. El Mairena de Machado no concibe la cultura como un tesoro oculto, sino como el ejercicio de empoderamiento en el saber de los propios estudiantes, cercano al m\u00e1s contempor\u00e1neo \u201cmaestro ignorante\u201d postulado por Jacques Ranci\u00e8re. Una emancipaci\u00f3n de la que, para Mairena, es parte constitutiva la acci\u00f3n pol\u00edtica: \u201cVosotros deb\u00e9is hacer pol\u00edtica, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros y, naturalmente, contra vosotros. Solo me atrevo que la hag\u00e1is a cara descubierta; en el peor caso con m\u00e1scara pol\u00edtica, sin disfraz de otra cosa: de literatura, de filosof\u00eda, de religi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es posible que ese Machado pol\u00edtico y populista sin complejos haya terminado sepultado bajo otra imagen, la del romanticismo del perdedor que acompa\u00f1a el imaginario <i>noventayochista<\/i>? Sin duda, el bloqueo a esa otra condici\u00f3n simb\u00f3lica y pedag\u00f3gica representada por el texto de Machado dice mucho de nuestro propio r\u00e9gimen cultural y de una llamativa desconexi\u00f3n entre sus aportaciones pedag\u00f3gicas y lo popular.<\/p>\n<p>Este bloqueo de lo popular tiene su origen en dos mecanismos psicosociales hist\u00f3ricamente identificables. En primer lugar, la interesada confusi\u00f3n de \u201clo popular\u201d con \u201clas masas\u201d, concepto que desencadena, como un acto reflejo, todas las prevenciones en el imaginario de la democracia liberal. Para Ortega y Gasset, referencia ineludible de esta lectura aristocratizante, el \u201chombre-masa\u201d es el que previamente \u201cha sido vaciado de su propia historia, sin entra\u00f1as de pasado\u201d, quien se siente \u201ccomo todo el mundo\u201d y no se angustia al sentirse id\u00e9ntico a los dem\u00e1s. A ellas opon\u00eda el fil\u00f3sofo madrile\u00f1o las \u201cminor\u00edas excelentes\u201d, eufemismo de los intelectuales, encargados de introducir la discrepancia frente al coro de la uniformidad social. El pueblo que Juan de Mairena reivindica, sin embargo, no est\u00e1 tan vac\u00edo de historia ni tiende a la indiferencia vana, al contrario: el saber popular es \u201ccultura viva y creadora de un pueblo de quien hay mucho que aprender para luego poder ense\u00f1ar bien a las clases adineradas\u201d. Si Ortega busca descifrar la figura de la \u201cmasa\u201d pasiva bajo las formas de lo popular, Mairena busca delinear la figura activa de lo popular bajo la masa.<\/p>\n<p>El segundo de los mecanismos que intervienen en este bloqueo de lo popular es la subsunci\u00f3n de las circunstancias coyunturales y particulares bajo la figura del cl\u00e1sico atemporal. Es conocido el \u201cefecto de blanqueamiento\u201d en virtud del cual el discurso institucional espa\u00f1ol de las \u00faltimas d\u00e9cadas \u2014el que prolifera con ocasi\u00f3n de efem\u00e9rides y galas de premios\u2014 ha desestimado la particularidad biogr\u00e1fica de los creadores espa\u00f1oles elev\u00e1ndoles a categor\u00eda de estatua: la homosexualidad de Garc\u00eda Lorca, el compromiso pol\u00edtico de Alberti o la militancia de Miguel Hern\u00e1ndez se convierten en an\u00e9cdotas circunstanciales que no afectan el valor atemporal de sus poemas. La cultura que propone el maestro Mairena se dirige al hombre universal, s\u00ed, pero atendiendo \u201cal hombre emp\u00edricamente dado en circunstancias de lugar y tiempo, sin excluir al animal humano en sus relaciones con la naturaleza. Pero el hombre masa no existe para nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Mairena representa as\u00ed la recuperaci\u00f3n de un estrato plebeyo desde el \u00e1ngulo de un materialismo vitalista que no excluye tampoco una mirada te\u00f3rica hacia la vida cotidiana. Lejos del intelectualismo que se afana en reducir lo contingente y abstraerlo a la universalidad del concepto, Mairena busca rebajar en cierto modo las altas \u00ednfulas de los fil\u00f3sofos no para desprestigiar a la filosof\u00eda, sino para transformarla en una herramienta m\u00e1s efectiva para las clases subalternas. Desde esta hibridaci\u00f3n de lo bajo y lo elevado se cuestiona justamente esa orientaci\u00f3n fenomenol\u00f3gico-existencial hacia las alturas aristocr\u00e1ticas, cuyo canto de sirena tanto seduc\u00eda en momentos de crisis cultural a cr\u00edticos del gregarismo de masas contempor\u00e1neo como Heidegger u Ortega. No se trata tanto de reducir y desenmascarar el falso paso a las profundidades filos\u00f3ficas mostrando su insignificancia desde una posici\u00f3n c\u00ednica, como de producir un cortocircuito entre lo supuestamente ordinario y lo supuestamente extraordinario.<\/p>\n<p>En sus sentencias y reflexiones, Mairena nos descubre que lo simple y obvio, el sentido com\u00fan popular, no es tampoco un bloque monol\u00edtico y compacto: es contradictorio, ambivalente y fragmentario; se asemeja m\u00e1s a un campo de lucha, donde es importante no dar nada por hecho, tomar partido, intervenir con urgencia y forzar los tiempos. Por ello hoy necesitamos una estrategia comunicativa que no caiga en la trampa del \u201cno es necesario crear marcos\u201d ni en la de asumir el guion abstracto del \u201cgeneralista\u201d al que continuamente se invita desde los medios. Mucha gente sostiene a menudo que \u201clos hechos hablan por s\u00ed solos\u201d. No es cierto. Continuamente utilizamos marcos, gram\u00e1ticas o estructuras mentales arraigadas en nuestro sentido com\u00fan que configuran nuestra comprensi\u00f3n del mundo para entender la realidad. De ah\u00ed la importancia de enmarcar pol\u00edticamente los hechos en los medios o de recusar el marco del adversario pol\u00edtico a la hora de monopolizar el sentido de \u201clo popular\u201d. Es m\u00e1s, lejos de dar por hecho que hay verdades de perogrullo, la pedagog\u00eda pol\u00edtica tiene que ver con el trabajo inc\u00f3modo de enmarcar ciertas \u201cverdades\u201d para que se vean precisamente como verdades de sentido com\u00fan. El sentido com\u00fan no es un don ca\u00eddo del cielo, sino siempre un trabajo con impurezas y resistencias. De nuevo el <i>Juan de Mairena<\/i> machadiano representa este compromiso concreto con la verdad. En su primer aforismo, se simula el siguiente di\u00e1logo entre el rey Agamen\u00f3n y su porquero: \u201cLa verdad es la verdad, d\u00edgala Agamen\u00f3n o su porquero\u201d, dice la voz en <i>off<\/i>. \u201cConforme\u201d, asevera el primero; \u201cno me convence\u201d, replica el segundo. El porquero, representante del pueblo, reivindica <i>desde abajo<\/i> la necesidad de construir sentido com\u00fan enmarcando la verdad en el lenguaje que le es propio, huyendo de esa generalidad abstracta.<\/p>\n<p>En un momento en el que pol\u00edticos y economistas de turno entran en los plat\u00f3s televisivos dotados de un aura sagrada, tachar esta sencillez argumentativa plebeya de \u201cdemag\u00f3gica\u201d es no esforzarse en entender esta nueva complejidad. Este gesto pol\u00edtico no pretende reducir de forma oportunista la complejidad de la realidad a lo m\u00e1s vulgar, sino traducir lo supuestamente complejo a un lenguaje m\u00e1s accesible y no por ello m\u00e1s banal. El desplazamiento es interesante porque este movimiento provoca una alteraci\u00f3n de las fronteras entre estos dos falsos extremos. En pocas palabras: si el lenguaje complejo de la tecnocracia pol\u00edtica puede dejar su jerga y enmarcarse en t\u00e9rminos m\u00e1s simples, entonces no era tan complejo como se trataba de hacernos creer; y si lo simple puede servir como traducci\u00f3n adecuada de esa presunta complejidad que en principio era accesible a unos pocos, entonces lo simple tampoco era tan simple, como nos dec\u00edan, con la excusa de hablar as\u00ed <i>por<\/i> nosotros. En esta operaci\u00f3n deconstructiva tambi\u00e9n emerge un nuevo orgullo. Acostumbrado a subestimarse y a seguir las ideas de los dirigentes, el plebeyo siempre cree que es m\u00e1s ignorante e incapaz de lo que es en realidad, pero solo se percibe as\u00ed porque el discurso elitista desde el principio ha trazado un abismo irresoluble entre la \u201calta cultura\u201d y la vulgaridad.<\/p>\n<p>Desinflar eufemismos, construir puentes aqu\u00ed y explorar este fruct\u00edfero campo intermedio entre el discurso elitista y la banalidad son tareas de las que se ocupa Juan de Mairena. En este contexto social y comunicativo, reivindicar su figura significa legitimar el valor de verdad de un discurso pol\u00edtico articulado a partir de esa gram\u00e1tica popular, de \u201clo que el pueblo piensa y siente, tal como lo siente y piensa, y as\u00ed como lo expresa y plasma en la lengua que \u00e9l, m\u00e1s que nadie, ha contribuido a formar\u201d. No se trata de una mera elecci\u00f3n externa entre \u201clos de arriba\u201d y \u201clos de abajo\u201d. Se trata de exigir para el discurso popular el mismo valor de verdad que solemos otorgar al discurso especializado por mero argumento de autoridad, pese a que no terminamos de entenderlo y aunque no priorice nuestra realidad material y existencial, una suerte de hipercorrecci\u00f3n moral nos lleva a legitimar ese discurso de aura tecnocr\u00e1tica frente a ese otro que, hablando como nosotros y poniendo nuestra circunstancia en su centro, parece menos \u201cpreparado\u201d o \u201csolvente\u201d\u2026 menos \u201cserio\u201d.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la importancia del humor en Mairena, la risa como ventaja de los oprimidos. Es la mirada burlona, pero compasiva de los Sanchos frente a ese idealismo quijotesco que suele ver gigantes donde solo hay molinos. Como escribe Bourdieu, uno de los escasos \u201cprivilegios negativos\u201d del punto de vista tradicional de los dominados, por ejemplo, de las mujeres, es \u201cno enga\u00f1arse con los juegos en los que se disputan los privilegios, y, casi siempre, de no sentirse atrapadas, por lo menos directamente, en primera persona. Pueden incluso ver su vanidad y, en la medida en que no est\u00e9n comprometidas por procuraci\u00f3n, considerar con una indulgencia divertida los desesperados esfuerzos del <i>hombre-ni\u00f1o<\/i> para hacerse el hombre y las desesperaciones infantiles a las que les arrojan sus fracasos. Pueden adoptar sobre los juegos m\u00e1s serios el punto de vista distante del espectador que contempla la tormenta desde la orilla, lo que puede acarrearles que se las considere fr\u00edvolas e incapaces de interesarse por cosas serias, como la pol\u00edtica\u201d.<\/p>\n<p>Nada tiene que ver este tono c\u00f3mico de Mairena, receptivo a \u201clas chuflas dial\u00e9cticas de los epic\u00fareos\u201d y burl\u00f3n respecto a esos fil\u00f3sofos que se comportan como \u201clos bufones de la divinidad\u201d con la iron\u00eda. Su tono se acerca a lo que Gramsci denominaba \u201csarcasmo apasionado\u201d. La iron\u00eda, consideraba el pensador sardo, puede ser adecuada para la actitud de intelectuales particulares, aislados, o sea, sin responsabilidad inmediata en la construcci\u00f3n de un mundo cultural. Este tipo de sarcasmo no est\u00e1 tan interesado en decepcionar o desmoralizar como en provocar una reflexi\u00f3n \u201caligerada\u201d, una distensi\u00f3n del <i>pathos <\/i>exagerado; pero con \u00e9l, escribe Gramsci, \u201cno se pretende destruir el sentimiento m\u00e1s \u00edntimo de aquellas ilusiones o creencias, sino su forma inmediata, vinculada con un determinado mundo que ha de perecer, el hedor de cad\u00e1ver que atraviesa los afeites de los profesionales de los <i>inmortales principios<\/i>\u201d.<\/p>\n<p>En tiempos de crisis, el escepticismo plebeyo de Mairena solo pasa por un escepticismo desilusionado para los idealistas o maximalistas que tan pronto se inflaman, embriagados por sus metas, como caen en la resaca de la melancol\u00eda. Acercarse al suelo de lo popular inmuniza frente a los dos falsos extremos. \u201cHuid de escenarios, p\u00falpitos, plataformas y pedestales. Nunca perd\u00e1is contacto con el suelo; porque s\u00f3lo as\u00ed tendr\u00e9is una idea exacta de vuestra estatura\u201d. La gente com\u00fan sabe, sin embargo, que la realidad es dura y resistente, que todo progreso real <i>cuesta<\/i>. \u201cNuestros pol\u00edticos llamados de izquierdas, un tanto fr\u00edvolos, rara vez calculan cuando disparan sus fusiles de ret\u00f3rica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser, aunque parezca extra\u00f1o, m\u00e1s violento que el tiro\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podr\u00eda significar la reivindicaci\u00f3n de un Mairena desde hoy? Implicar\u00eda, por ejemplo, romper ese bloqueo ideol\u00f3gico que nos induce casi autom\u00e1ticamente a asumir una posici\u00f3n subordinada, para reclamar un empoderamiento ya no solo de nuestro papel como sujetos de derecho, sino tambi\u00e9n, lo que no es menos importante, de nuestra sensibilidad, de nuestra experiencia corporal, de nuestro goce, de nuestra forma de hablar y comprender la vida compartida. El personaje Mairena ped\u00eda a sus alumnos de Ret\u00f3rica volcar los enunciados m\u00e1s herm\u00e9ticos en el lenguaje com\u00fan, porque solo as\u00ed su sentido pasaba el filtro de la historia colectiva y de todos los estratos sociales que contribuyen a formar nuestra habla. Expresar los asuntos pol\u00edticos en un lenguaje popular es as\u00ed m\u00e1s que una mera traducci\u00f3n: es una manera de obligarse a pensarlos desde una experiencia y una sensibilidad mundanas que se condensan de manera privilegiada en los lugares comunes del lenguaje de la calle.<\/p>\n<p><b>Fuente:<\/b> <a href=\"http:\/\/lacircular.info\/pidiendo-mairena-desde-hoy\/\">http:\/\/lacircular.info\/pidiendo-mairena-desde-hoy\/<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class='MsoNormal' style='text-align: justify;'>Acostumbrado a subestimarse y a seguir las ideas de los dirigentes, el plebeyo siempre cree que es m\u00e1s ignorante e incapaz de lo que es en realidad, pero solo se percibe as\u00ed porque el discurso elitista desde el principio ha trazado un abismo irresoluble entre la \u201calta cultura\u201d y la vulgaridad. 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