{"id":1138,"date":"2009-05-10T00:00:00","date_gmt":"2009-05-10T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1138"},"modified":"2020-02-23T15:28:55","modified_gmt":"2020-02-23T14:28:55","slug":"la-miseria-de-la-abundancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1138","title":{"rendered":"La miseria de la abundancia"},"content":{"rendered":"<p><i>Conferencia<\/i><i> pronunciada en el marco de la VII Conferencia Internacional de Psicolog\u00eda Social de la Liberaci\u00f3n, Liberia (Costa Rica).<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Me siento enormemente honrado de estar ante ustedes esta tarde, pero tambi\u00e9n un poco -c\u00f3mo decirlo- intimidado o desplazado. En medio de tantos y tan autorizados especialistas que trabajan sobre el terreno, interviniendo en la resoluci\u00f3n de conflictos concretos y a menudo, imagino, en condiciones dif\u00edciles y hasta personalmente arriesgadas, me presento ante ustedes como un hu\u00e9sped un poco abstracto, intruso en disciplinas cuyos secretos exceden con mucho mis competencias. No soy psic\u00f3logo ni soci\u00f3logo y jam\u00e1s tendr\u00eda la audacia de calificarme de \u00abfil\u00f3sofo\u00bb, esa especie ya extinguida cuyo recuerdo mantienen vivo a duras penas algunos profesores de universidad condenados tambi\u00e9n a inminente desaparici\u00f3n por disposici\u00f3n del mercado. Un fil\u00f3sofo es alguien que madruga mucho, que se despierta antes que las cosas o al mismo tiempo que ellas, y para eso se necesita tiempo o, m\u00e1s exactamente, una calidad de tiempo incompatible con la sucesi\u00f3n industrial de los acontecimientos y con el imperativo moral de intervenir en ellos. Capturadas en la \u00f3rbita vertiginosa de las mercanc\u00edas, las cosas han nacido siempre ya y apenas si tenemos tiempo de se\u00f1alarlas con el dedo antes de verlas desaparecer en el horizonte. Si a algo vengo dedic\u00e1ndome muy modestamente en estos \u00faltimos a\u00f1os es, pues, al oficio de \u00abse\u00f1alador\u00bb, no ya con el ambicioso prop\u00f3sito de entender o hacer entender sino con el mucho m\u00e1s humilde de indicar, para que se vean,\u00a0<i>las cosas que pasan<\/i>, en el doble sentido de que \u00absuceden\u00bb y \u00abse suceden\u00bb. En alguna ocasi\u00f3n me he presentado como un \u00abmodesto agitador pol\u00edtico-literario\u00bb, pero a\u00fan eso, y entre ustedes, y en un congreso que lleva el nombre de Mart\u00edn-Bar\u00f3, me resulta un poco arrogante, pues un discurso s\u00f3lo es decisivo, s\u00f3lo es movilizador, si moviliza contra \u00e9l las fuerzas que combate. Ignacio Mart\u00edn-Bar\u00f3, en efecto, pudo medir toda la importancia de su palabra por la salvaje y criminal acci\u00f3n que la silenci\u00f3 para siempre. Uno de los tristes privilegios de los intelectuales europeos es el de poder decir todav\u00eda incluso la verdad, si tal cosa se nos pasase por la cabeza, y seguir vivos y hasta comprarnos una casa y recibir un aplauso, no en virtud de la mayor tolerancia de nuestros gobiernos sino de su mayor capacidad para establecer un r\u00e9gimen de garant\u00edas; es decir, un r\u00e9gimen que garantice que, se diga lo que se diga, el decir no decide nada o, como lo expres\u00f3 el primer ministro italiano Berlusconi tras aceptar que los estadounidenses hab\u00edan mentido en el caso Calipari, asesinado por los marines en las calles de Iraq, que \u00abla verdad no cambia nada\u00bb. De esta \u00abnada\u00bb de los privilegios, eje de la autopercepci\u00f3n misma de las as\u00ed llamadas sociedades occidentales, me he venido ocupando en los \u00faltimos a\u00f1os, tratando de llamar la atenci\u00f3n sobre algunos rasgos de una cultura o est\u00e9tica de la abundancia cuyas ilusiones nihilistas incluyen la confianza ciega en la naturalidad y eternidad de nuestras ventajas, y esto a pesar de los muchos signos que anuncian (en el terreno econ\u00f3mico, ecol\u00f3gico y tambi\u00e9n pol\u00edtico) el fin de todas las eternidades y de todas las naturalezas.<\/p>\n<p>Lo que distingue a las izquierdas antiglobalizadoras o anticapitalistas, o como quieran ustedes llamarlas, es que se repiten mucho, dicen siempre las mismas cosas. Pero repetir, all\u00ed donde se repite una y otra vez la l\u00f3gica implacable de la destrucci\u00f3n, es resistir: repetir la casa que han derribado los soldados, repetir el gesto que han castigado los verdugos, repetir la canci\u00f3n que duerme al ni\u00f1o que ha despertado el hambre y repetir tambi\u00e9n, en mi caso de un modo mucho menos heroico, las palabras que los poderosos preferir\u00edan desterrar del diccionario. Por eso, porque me repito en todo caso demasiado, me gusta introducir mis mon\u00f3tonas intervenciones con un cuento diferente en cada ocasi\u00f3n. Los cuentos son como ganz\u00faas que abren muchas puertas o como navajas suizas cuya utilidad material se revela, de pronto, en una situaci\u00f3n dif\u00edcil: son la respuesta pr\u00e1ctica a un problema o a un dilema, los cuales, al mismo tiempo, iluminan uno de sus innumerables -pero no infinitos- sentidos narrativos.<\/p>\n<p>En este caso quiero empezar cont\u00e1ndoles un cuento chino, pero no en el sentido en que son \u00abcuentos chinos\u00bb -met\u00e1fora muerta del racismo decimon\u00f3nico- las noticias de los peri\u00f3dicos o los discursos de los pol\u00edticos sino un cuento de la China milenaria, un cuento popular de Oriente que demuestra la variedad formal y la comunidad tem\u00e1tica de las obras colectivas, por encima de las culturas y las fronteras.<\/p>\n<p>Es un cuento corto y, bien mirado, terrible. Wang, un campesino pobre que apenas si pod\u00eda alimentar a su familia, encontr\u00f3 un d\u00eda una gran tinaja vac\u00eda y la llev\u00f3 a su casa. Mientras la limpiaba, el cepillo se le cay\u00f3 dentro y la tinaja de pronto se llen\u00f3 de cepillos: cepillos y m\u00e1s cepillos y, por cada uno que sacaba Wang, otro surg\u00eda m\u00e1gicamente de su interior. Durante algunos meses, la familia Wang vivi\u00f3 de vender cepillos en el mercado y su situaci\u00f3n, sin llegar a ser ni siquiera desahogada, mejor\u00f3 notablemente. Pero un d\u00eda, mientras sacaba cepillos de la tinaja, a Wang se le cay\u00f3 una moneda y entonces la tinaja se llen\u00f3 de monedas: monedas y m\u00e1s monedas que se reproduc\u00edan y multiplicaban a medida que Wang las sacaba a manos llenas. La familia Wang se convirti\u00f3 as\u00ed en la m\u00e1s rica de la aldea y, tantas eran las monedas que produc\u00eda la tinaja y tantas las ocupaciones de la familia, que los Wang encargaron al abuelo, ya inservible para los placeres del mundo, la tarea de sacarlas con una pala y acumularlas sin cesar en un rinc\u00f3n, monta\u00f1as y monta\u00f1as de oro que aumentaban y se renovaban a un ritmo que ning\u00fan despilfarro pod\u00eda superar. Durante algunos meses m\u00e1s la familia Wang fue feliz. Pero el abuelo era viejo y d\u00e9bil y un d\u00eda, inclin\u00e1ndose sobre la tinaja, sufri\u00f3 un desmayo, cay\u00f3 en el interior y se muri\u00f3 dentro. Y entonces la tinaja se llen\u00f3 inmediatamente de abuelos muertos: cad\u00e1veres y cad\u00e1veres que hab\u00eda que sacar y enterrar sin esperanza de acabar la tarea, infinitos viejitos sin vida que segu\u00edan apareciendo en el fondo inagotable de la tinaja. As\u00ed, la familia Wang emple\u00f3 todo su dinero y todo el resto de su vida en enterrar un mill\u00f3n de veces al abuelo muerto.<\/p>\n<p>El cuento de Wang, por un lado, nos habla del sue\u00f1o de la abundancia, mitema com\u00fan a todas las tradiciones populares del planeta: la rueca m\u00e1gica, la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces, la gallina de los huevos de oro, la cornucopia, la bolsa sin fondo, la mesa que se llena de manjares al conjuro de una palabra. Pero al contrario que en otras f\u00e1bulas o leyendas de la tradici\u00f3n europea, en el cuento chino la abundancia se tuerce al final en una maldici\u00f3n, se convierte en una pesadilla, como en esos castigos del infierno griego en los que el esfuerzo renovado e infinito del condenado s\u00f3lo serv\u00eda para restablecer una y otra vez la situaci\u00f3n inicial. Por otro lado, la fabulilla china, que transmite algunos mensajes simples propios del confucionismo popular (los peligros de la codicia o la necesidad de respetar a los ancianos), desprende un sentido nuevo al inscribirla en un contexto nuevo; y lo que aqu\u00ed nos interesa de ella es esa asociaci\u00f3n entre la abundancia y la muerte, entre la reproducci\u00f3n de riqueza y la reproducci\u00f3n de cad\u00e1veres. As\u00ed mirada, la tinaja m\u00e1gica de Wang, que multiplica indistintamente cepillos, monedas y muertos, nos resulta de pronto mucho m\u00e1s familiar.<\/p>\n<p>Dec\u00eda Michel Foucault que, al contrario que las revolucionarias, las utop\u00edas del capitalismo se hacen siempre realidad. Pero ser\u00eda m\u00e1s exacto decir -lo que es mucho m\u00e1s terrible- que el capitalismo hace realidad precisamente las utop\u00edas revolucionarias, pero vir\u00e1ndolas en maldici\u00f3n, como en el cuento de Wang. Las hilanderas aut\u00f3matas de Arist\u00f3teles se materializan como una fuente de hambre y de explotaci\u00f3n en las maquiladoras; el \u00abcontrol del clima\u00bb de Fourier se verifica bajo la forma de tsunamis, ciclones y desaparici\u00f3n de especies vegetales y animales; el hombre completo y vers\u00e1til de Marx que habr\u00eda de superar la divisi\u00f3n del trabajo y la especializaci\u00f3n alienante (\u00abcazadores por la ma\u00f1ana, pescadores al mediod\u00eda, pastores por la tarde y cr\u00edticos literarios despu\u00e9s de cenar\u00bb) se ha hecho realidad en la deslocalizaci\u00f3n y desprofesionalizaci\u00f3n del capitalismo globalizador y su traum\u00e1tica \u00abflexibilidad\u00bb laboral; la \u00abrevoluci\u00f3n permanente\u00bb y el \u00abmundo nuevo\u00bb del socialismo se cumplen todos los d\u00edas bajo el hechizo de las mercanc\u00edas y la renovaci\u00f3n incesante de una fuerza brutal que no admite nada definitivamente constituido (ni casas ni leyes ni cuerpos).<\/p>\n<p>El cuento de Wang, mil a\u00f1os antes de su aparici\u00f3n, ilumina tres rasgos elementales del capitalismo: i-limitaci\u00f3n, in-suficiencia, in-diferencia. Volveremos enseguida a ellos.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme ahora que les cuente otros \u00abcuentos\u00bb, tomados de aqu\u00ed y de all\u00e1 y reunidos en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os. Los encadeno un poco al azar con la confianza de que, bajo su aparente heterogeneidad, mostrar\u00e1n en el fondo de la tinaja de Wang sus conexiones org\u00e1nicas.<\/p>\n<p>Dominique La Pierre estaba en la India el 11 de septiembre del 2001, en Bophal, donde el 2 de diciembre de 1984 una f\u00e1brica de pesticidas perteneciente a la compa\u00f1\u00eda estadounidense Union Carbide mat\u00f3 entre 16.000 y 30.000 personas, y nos recordaba desde all\u00ed una cita del The Wall Street Journal: \u201cSabiendo que una vida norteamericana vale aproximadamente 500.000 d\u00f3lares y que el PNB de la India s\u00f3lo representa el 1,7 % del de EEUU, se puede estimar que una vida india s\u00f3lo vale 8000 d\u00f3lares\u201d.<\/p>\n<p>El n\u00famero de adictos a la hero\u00edna ha crecido en Pakist\u00e1n de pr\u00e1cticamente cero en 1979 a 2 millones de adictos hoy gracias a la pol\u00edtica de la CIA y a su apoyo prestado primero a los mujahidin contra la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, despu\u00e9s a la Alianza del Norte contra los talib\u00e1n y hoy al gobierno t\u00edtere de Karzai.<\/p>\n<p>EEUU mantiene en Ecuador la base a\u00e9rea de Manta en virtud de un acuerdo anticonstitucional con Washington, en cuyo art\u00edculo XIX se dispone que el gobierno del Ecuador \u201crenuncia a reclamar todo da\u00f1o, p\u00e9rdida o destrucci\u00f3n de bienes gubernamentales a consecuencia de actividades relacionadas con este acuerdo o por concepto de lesiones o muertes del personal ecuatoriano en el desempe\u00f1o de sus obligaciones\u201d. Este acuerdo forma del Plan Colombia, que a su vez forma parte de un proyecto norteamericano de control de la Amazon\u00eda, la mayor reserva de agua dulce, ox\u00edgeno limpio, flora y fauna del planeta, proyecto formulado por primera vez en los a\u00f1os 80 bajo el nombre de FINRAF (Farmer International Reserve of Amazone Forest), cuya necesidad se justifica as\u00ed: \u201cSu fundaci\u00f3n se debi\u00f3 al hecho de que la Amazon\u00eda est\u00e1 ubicada en Sudam\u00e9rica, en una de las regiones m\u00e1s pobres del planeta y formada por pa\u00edses crueles, autoritarios e irresponsables. Esta parte era una parte de ocho distintos y extra\u00f1os pa\u00edses, que en la mayor\u00eda de los casos son reinos de la violencia, comercio de drogas, analfabetismo y de pueblos primitivos y sin inteligencia\u201d.<\/p>\n<p>En noviembre del 2001 y bajo los auspicios de la ONU se aprueba el primer Tratado Internacional sobre recursos gen\u00e9ticos para la alimentaci\u00f3n y la agricultura en el que se establece el derecho de los agricultores a conservar, utilizar, intercambiar y vender semillas de sus propias fincas. EEUU y Jap\u00f3n se abstienen.<\/p>\n<p>Los ind\u00edgenas de origen maya de M\u00e9xico denunciaban el 25 de mayo del 2003 que el pozal, un alimento milenario usado tambi\u00e9n por sus virtudes curativas, ha sido registrado en EEUU a nombre de nueve personas. Las grandes empresas quieren patentar tambi\u00e9n los g\u00fcipiles y algunos motivos t\u00edpicos de la ancestral artesan\u00eda mejicana, propiedad de la cultura colectiva. Entre tanto en Internet, es sabido, se pueden comprar trofeos de la guerra de Iraq, que los marines han arrancado a los cad\u00e1veres, pero tambi\u00e9n c\u00e9lulas humanas de ind\u00edgenas huorani, quechuas, karitiana o suru\u00ed, entre otros muchos otros pueblos de la tierra. Como es sabido, cuando el m\u00e9dico estadounidense Paul Farmer, autor de un libro imprescindible sobre ese pa\u00eds, lleg\u00f3 a Haiti a mediados de los 80, escuch\u00f3 historias demenciales sobre vampiros estadounidenses que chupaban la sangre de los haitianos; eran ciertas: durante a\u00f1os la empresa de capital estadounidense Hemo-Caribbean and Co. se hab\u00eda dedicado al \u00abtr\u00e1fico de sangre\u00bb extrayendo plasma a los haitianos m\u00e1s pobres en beneficio de un pu\u00f1ado de hemof\u00edlicos norteamericanos que pod\u00edan permit\u00edrselo.<\/p>\n<p>En abril de 2002, Percy Schmeiser, agricultor canadiense de 70 a\u00f1os que llevaba toda su vida plantando colza, es denunciado por un vecino por tener entre sus plantas algunas procedentes de semillas transg\u00e9nicas de colza. El juez le condena a pagar 200.000 d\u00f3lares. No importa c\u00f3mo hayan llegado all\u00ed. Sabemos que el proyecto de la multinacional Monsanto de controlar las semillas para vender sus herbicidas se basa en la patente de Terminator, una semilla est\u00e9ril que EEUU, Canad\u00e1 y la UE acaban de aceptar, amenazando con esterilizar, a trav\u00e9s de cruces accidentales, el conjunto de las semillas de dos continentes.<\/p>\n<p>Dos grandes multinacionales francesas controlan el 40% del mercado mundial del agua: Vivendi y Lionnaise de Aguas. La privatizaci\u00f3n del agua en La Paz (Bolivia) en el 2002 amenaz\u00f3 directamente la supervivencia de la poblaci\u00f3n. En el barrio de Alto Lima, a 4000 metros de altura, no hay luz de noche porque la electricidad ha sido privatizada y tampoco llega ya el agua y si llega es de baja calidad o contaminada, pues Lionnaise ahorra en cloro y filtros. La ducha ha sido sustituida por ba\u00f1os p\u00fablicos de pago. En varios barrios de Alto Lima el suministro fue cortado hace varios meses. Denis Crevel, experto del BID (Banco Intern. Del Desarrollo) declaraba en diciembre de 2000: \u201cLa poblaci\u00f3n tiene malos h\u00e1bitos porque cree que el servicio deber\u00eda ser gratuito mientras que el agua es un bien social pero tambi\u00e9n econ\u00f3mico\u201d. Cuatro de cada diez habitantes del planeta, unos 2.500 millones de personas, carecen de agua suficiente y unos 1.000 millones utilizan normalmente agua insalubre.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a hay 26 millones de autom\u00f3viles privados, 6 veces m\u00e1s que en la India o China, cuya poblaci\u00f3n supera en 57 veces la de Espa\u00f1a. En el mundo hay unos 800 millones de coches privados que producen 1300 millones de toneladas de di\u00f3xido de carbono (el 17% del total), 120 millones de mon\u00f3xido de carbono (60%), 35 de \u00f3xidos de nitr\u00f3geno (42%) 25 de hidrocarburos (40%) 9 millones de toneladas de part\u00edculas (13%) y 3 millones de \u00f3xidos de azufre (3%). El coche acorta la vida un promedio de 820 horas. Uno de cada cien automovilistas morir\u00e1 en accidente. 7000 personas mueren en Espa\u00f1a todos los a\u00f1os. Medio mill\u00f3n en el mundo. Los coches cubren ya, literalmente, el 2% de la superficie de EEUU y de Europa y s\u00f3lo el parque m\u00f3vil de Madrid ocupa el equivalente a 5.000 campos de f\u00fatbol.<\/p>\n<p>El pasado 20 de mayo se anunciaba que una cuarta parte de los mam\u00edferos de la tierra se extinguir\u00e1 en los pr\u00f3ximos treinta a\u00f1os. Hay once mil especies de animales y plantas en peligro, de las que 1000 son mam\u00edferos.<\/p>\n<p>El 19 de marzo nos enter\u00e1bamos de que 3250 km2 (con un volumen de 720.000 millones de toneladas de hielo) de una plataforma de hielo de la Ant\u00e1rtida formada hace 12.000 a\u00f1os se ha hundido en 35 d\u00edas.<\/p>\n<p>La empresa petrol\u00edfera americana Exxon-Mobil est\u00e1 siendo investigada en Indonesia, tras ser denunciada por nueve supervivientes, por haber pagado a militares indonesios que asesinaron, torturaron, violaron y secuestraron (en el orden que quieran ustedes) a decenas de personas que viv\u00edan en un edificio propiedad de la compa\u00f1\u00eda en la provincia de Aceh.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo de mayo del 2005, el investigador Dale Allen Pfeiffer demuestra que, enfrentados al inevitable pico del petr\u00f3leo y la correspondiente crisis energ\u00e9tica y alimentaria, EEUU tendr\u00e1 que deshacerse en los pr\u00f3ximos cincuenta a\u00f1os de 92 millones de personas si quiere mantener sus niveles de crecimiento y consumo; el resto del mundo deber\u00e1 suprimir a 4.250 millones de seres humanos.<\/p>\n<p>Durante la crisis argentina del 2002, la compa\u00f1\u00eda espa\u00f1ola Iberia compr\u00f3 cada boeing de aerol\u00edneas argentinas por 1 d\u00f3lar.<\/p>\n<p>Curiosas conexiones entre la econom\u00eda y la vida: la multinacional SMAK despide a 22.000 trabajadores a principios de mayo e inmediatamente se dispara el valor de sus acciones, como un globo que se deshiciese de lastre. Las acciones de Bayer subieron tambi\u00e9n gracias a la amenaza del Anthrax en octubre del 2001. En las \u00faltimas semanas, lo sabemos, la alerta de gripe aviar ha hecho subir como la espuma las acciones de la farmac\u00e9utica Roche, que monopoliza y se niega a liberar la patente del \u00fanico medicamento probadamente eficaz contra la enfermedad. Entre tanto y seg\u00fan declaraciones del experto Kent Campbell del pasado 25 de agosto, bastar\u00edan \u00abmosquiteros, peque\u00f1as cantidades de insecticida y algunas medicinas para salvar cada d\u00eda la vida de 3.000 ni\u00f1os africanos enfermos de malaria\u00bb.<\/p>\n<p>En Francia, seg\u00fan un interesante art\u00edculo publicado por LMD, 50 ejecutivos se reparten 1213 cargos directivos de las m\u00e1s importantes compa\u00f1\u00edas nacionales o multinacionales instaladas en el pa\u00eds. Encabeza la lista Yves Carcelle, que acumula 42 puestos de direcci\u00f3n, 5 de administrador, 10 de representante permanente y otras dos con funciones no especificadas.<\/p>\n<p>La privatizaci\u00f3n de los trenes en Inglaterra produce en 8 a\u00f1os 9 accidentes con m\u00e1s de cincuenta muertos y centenares de heridos. El propio gobierno admite que desde la privatizaci\u00f3n en 1994 en 26 estaciones el tren se ha saltado al menos cinco veces el sem\u00e1foro en rojo.<\/p>\n<p>A finales de diciembre del 2003 Akhtar Muhammed, padre afgano de diez hijos, despu\u00e9s de haber vendido sus pocos animales, sus alfombras, los utensilios de cocina y hasta las vigas de su casa, fue al mercado y cambi\u00f3 a dos de sus hijos (Sher de 10 a\u00f1os, y Baz de 5) por unos sacos de trigo.<\/p>\n<p>En un d\u00eda cualquiera, tomado al azar, el 25% de las mujeres occidentales est\u00e1 siguiendo una dieta. Un 50% est\u00e1 termin\u00e1ndola, interrumpi\u00e9ndola o comenz\u00e1ndola. La industria diet\u00e9tica mueve al a\u00f1o 32.000 millones de d\u00f3lares; la cosm\u00e9tica, 20.000 millones; la ciruj\u00eda pl\u00e1stica 300 millones. Cerca de 300.000 espa\u00f1oles se sometieron el a\u00f1o pasado a alg\u00fan tipo de intervenci\u00f3n quir\u00fargica, lo que sit\u00faa a Espa\u00f1a a la cabeza de Europa en este honroso ranking. Un reportaje del prestigioso diario espa\u00f1ol El Pa\u00eds explicaba con toda naturalidad las razones de esta pasi\u00f3n de autorreforma permanente del cuerpo: \u00abson personas que no quieren perder oportunidades laborales por unas ojeras\u00bb.<\/p>\n<p>En respuesta a la demanda de armas por parte de los ciudadanos americanos despu\u00e9s del 11-S (un 25% de aumento) la casa Beretta fabrica una pistola de 9 mm. llamada\u00a0<i>Permanecemos Unidos<\/i>\u00a0con la bandera americana grabada en las cachas. Otro fabricante de armas de NY tiene un modelo llamado\u00a0<i>Seguridad de la Patria. En EEUU hay 200 millones de armas privadas, 30000 muertos al a\u00f1o por arma de fuego y 2 millones de reclusos en las c\u00e1rceles.<\/i><\/p>\n<p>A medida que desciende la delincuencia, aumenta en EEUU la poblaci\u00f3n carcelaria. El Complejo de Industria de Prisiones es uno de los sectores econ\u00f3micos de m\u00e1s crecimiento en EEUU y sus inversiones se reflejan en Wall Street. Cobrando entre 17 centavos y 1,5 d\u00f3lar por hora, seg\u00fan los Estados, los presos estadounidenses, en su mayor\u00eda negros e hispanos, producen el 100% de los accesorios militares (cascos, portamuniciones, chalecos, cantimploras), el 98% de la pintura y los pinceles, el 92% de todos los equipos para armar cocinas, el 36% de todos los utensilios dom\u00e9sticos, el 21% de todos los muebles de oficina.<\/p>\n<p>En Colombia se arruina la industria lechera local. Se ha pasado de importar 4.000 toneladas en 1993 a 25.000 en 2002. Pastrana baj\u00f3 los aranceles del 20% al 6,9% y Uribe ha mantenido obviamente la misma pol\u00edtica. Los 24 pa\u00edses m\u00e1s ricos del mundo invierten 370.000 millones en subsidios al sector alimenticio, 50.000 de ellos al sector lechero.<\/p>\n<p>En 1930, inmediatamente despu\u00e9s de la crisis del 29, 80 millones de personas pasaban hambre en el mundo. Hoy son 800 millones.<\/p>\n<p>Los consumidores espa\u00f1oles gastaron en el a\u00f1o 2000 251.259 millones de euros; es decir, 478.042 euros por minuto. Los incrementos de los \u00faltimos cuatro a\u00f1os permiten calcular que el a\u00f1o pasado los consumidores espa\u00f1oles gastaron cada minuto m\u00e1s de medio mill\u00f3n de euros.<\/p>\n<p>Las historias y los ejemplos se podr\u00edan multiplicar al infinito, pero baste esta peque\u00f1a rapsodia para convocar una imagen. Volvamos ahora a la tinaja m\u00e1gica de Wang, a su capacidad para producir ilimitadamente y a su incapacidad para hacer diferencias.<\/p>\n<p>El capitalismo, que genera historias como las arriba encadenadas, no s\u00f3lo reproduce una econom\u00eda sino que, para hacerlo, tiene que construir o reformar una psicolog\u00eda y una sociedad; es, por decirlo con Kafka, \u00abal mismo tiempo un estado del mundo y un estado del alma\u00bb. Ese \u00abdoble estado\u00bb -objetivo y subjetivo- se levanta, como su condici\u00f3n y su motor, en el\u00a0<i>hambre libre y universal<\/i>, el cual ilumina, apenas cambiando una sola letra, la inversi\u00f3n y negaci\u00f3n del objeto mismo de las declaraciones de Derechos del Hombre.<\/p>\n<p>En otros textos e intervenciones he tratado de explicar de un modo sencillo la singularidad antropol\u00f3gica del capitalismo. A partir de la observaci\u00f3n del historiador ingl\u00e9s Eric Hobsbawn, seg\u00fan la cual el verdadero acontecimiento del siglo XX habr\u00eda sido el fin del neol\u00edtico, he tratado de exponer esta ruptura como un restablecimiento hiperindustrial de las condiciones m\u00e1s primitivas, como un retroceso sobrehumano al paleol\u00edtico. Veamos. Mientras ha durado el neol\u00edtico, hay algo muy b\u00e1sico, muy esquem\u00e1tico, pero en definitiva muy serio, que han compartido todas las sociedades de la tierra, con independencia de sus diferencias ideosincr\u00e1sicas y de sus fricciones de sentido. Todas las sociedades de la tierra han aceptado que hay tres formas de tratar las cosas o tres clases de cosas, seg\u00fan se las aborde con la boca, con las manos o con los ojos. Digamos que mientras ha durado el neol\u00edtico todos hemos distinguido, m\u00e1s all\u00e1 de las convenciones y arbitrariedades taxon\u00f3micas, entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar.<\/p>\n<p>Las cosas de comer u objetos propiamente de consumo ci\u00f1en el reducto del hambre. Los \u00abcomestibles\u00bb o \u00abconsumibles\u00bb son aquellos entes que no llegan nunca a tener suficiente consistencia ontol\u00f3gica porque su aparici\u00f3n es casi simult\u00e1nea a su desaparici\u00f3n; no llegan a ser cosas porque su cumplimiento es su destrucci\u00f3n y nunca llegan a salir, pues, de la naturaleza de la que proceden. El alimento es el medio inmanente de la supervivencia biol\u00f3gica y el hambre, siempre renovada, siempre ilimitada, siempre\u00a0<i>encima<\/i>\u00a0del objeto, siempre con el objeto\u00a0<i>dentro<\/i>, siempre r\u00e1pida, siempre imparable, siempre individual, siempre presente, define el \u00e1mbito de los ciclos y repeticiones naturales, del trabajo penoso y la reproducci\u00f3n sexuada contra el que los griegos trataron de construir un espacio p\u00fablico. Para los griegos, en efecto, la ausencia de l\u00edmites asociada a la pura supervivencia (<i>apeir\u00f3n<\/i>) era subhumana, impropia de una \u00abvida buena\u00bb, y la confinaban por eso en el gineceo y en la erg\u00e1stula, lugares de la pura reproducci\u00f3n de la vida a partir de los cuales imaginaron los castigos infligidos a los condenados en el Hades (S\u00edsifo, T\u00e1ntalo, las Danaides, Erisicti\u00f3n). Al contrario que el arte o la pol\u00edtica, el hambre es privada (<i>idiot\u00e9s<\/i>) y no ocupa ni reclama ning\u00fan espacio com\u00fan. Para que una manzana est\u00e9 en alg\u00fan lugar hay que pintarla; para que est\u00e9 fuera y podamos verla hay que dedicarle un poema. Ver es renunciar a comer. Comun-icarse es renunciar al canibalismo. En su sentido m\u00e1s amplio -guerra, sexo, alimento-, el hambre es la victoria de lo que Freud llamaba el\u00a0<i>ello<\/i>.<\/p>\n<p>Las cosas de usar u objetos fungibles son el resultado y la causa de una mediaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza a partir de la cual el flujo biol\u00f3gico se convierte propiamente en un \u00abmundo\u00bb; es decir, en una exterioridad frente a la cual el hombre toma conciencia de s\u00ed mismo. Los instrumentos salidos de la mano y los utensilios que producen, dotados de forma, introducen dep\u00f3sitos materiales de memoria y pro-yectos organizados que mantienen al hombre en una perspectiva temporal continua en ambas direcciones. Usar un objeto es recordar con los dedos el conocimiento y las relaciones sociales -cristalizadas en tradiciones, ense\u00f1anzas y ceremonias comunes- que lo han producido y que \u00e9l determina. Pero usar un objeto es olvidar tambi\u00e9n su presencia objetiva y que este olvido, fruto de la proximidad del cuerpo, lo desgaste, lo erosione, lo envejezca. En otras sociedades el uso, que devuelve lentamente el objeto a la naturaleza de la que procede, aprecia y valoriza -como soporte de personalidad a\u00f1adida- el objeto usado.<\/p>\n<p>Tenemos finalmente las cosas de mirar o \u00abmaravillas\u00bb (del lat\u00edn\u00a0<i>mirabilia<\/i>, literalmente \u00abcosas dignas de ser miradas\u00bb). Todos los pueblos de la tierra han decidido colectivamente, en una especie de plebiscito cultural ininterrumpido, renunciar a comerse y al mismo tiempo\u00a0<i>inutilizar<\/i>\u00a0ciertos objetos que por esto mismo, en alg\u00fan sentido, religiosos o no, tendr\u00e1n un valor sagrado: objetos de culto, edificios p\u00fablicos, monumentos, obras de arte y tambi\u00e9n criaturas de la ciencia (desde los n\u00fameros a las estrellas). Al contrario que las cosas de comer o las de usar, las maravillas no est\u00e1n\u00a0<i>aqu\u00ed<\/i>, no est\u00e1n en m\u00ed, sino\u00a0<i>ah\u00ed<\/i>, lejos del alcance de la boca y de las manos. Que no est\u00e9n al alcance de la boca ni de las manos no significa que est\u00e9n s\u00f3lo al alcance de la mente; al contrario, si est\u00e1n al alcance de la mente es porque, estando\u00a0<i>ah\u00ed\u00a0<\/i>y no\u00a0<i>aqu\u00ed<\/i>, est\u00e1n\u00a0<i>al alcance de todos<\/i>. Eso es lo que quiere decir el bell\u00edsimo y rotundo verbo impersonal \u00abhay\u00bb (el \u00abhab\u00eda una vez\u00bb con el que todo cobra existencia en los cuentos), fuente de toda objetividad y de toda comunidad. La importancia del monumento no estriba en su significado hist\u00f3rico sino en que genera la distancia a partir de la cual podemos mirarlo; la estatua produce la plaza, funda el espacio donde se re\u00fanen los hombres, se reconocen rec\u00edproca existencia y se conceden el m\u00ednimo de igualdad y de diferencia para el intercambio. A partir del \u00abhay\u00bb, por oposici\u00f3n al \u00abfluir\u00bb, se construyen los \u00abs\u00edmbolos\u00bb, en su sentido griego original; es decir, la posibilidad del contrato, la comunicaci\u00f3n y la copertenencia: la posibilidad misma de todo conocimiento y de todo acuerdo. Las \u00abmaravillas\u00bb, que nos detienen en el camino, son la garant\u00eda \u00faltima contra el solipsismo; su sola existencia al alcance de la vista presupone las condiciones de una estructura mental compartida, de un espacio p\u00fablico mental en com\u00fan; a partir de esas condiciones se podr\u00e1 o no hacer pol\u00edtica, pero sin ellas -sin las maravillas- toda pol\u00edtica (buena o mala), como toda cultura (mejor o peor), ser\u00e1 sencillamente imposible. Es a eso, en t\u00e9rminos muy groseros, a lo que Kant llamaba \u00abjuicio\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, el capitalismo es el primer orden econ\u00f3mico-social que no reconoce esta diferencia. Es la primera sociedad de la tierra que no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar. Es la primera sociedad hist\u00f3ricamente conocida que trata por igual una manzana, un hombre, un martillo y una catedral. Es el primer r\u00e9gimen de producci\u00f3n e intercambio que convierte todos los entes por igual \u2013pan, coches, semillas, ciudades y las propias im\u00e1genes de estas cosas- en comestibles. Es a esto a lo que llamamos \u201cprivatizar\u201d la riqueza; es decir a\u00a0<i>idiotizarla<\/i>\u00a0\u2013seg\u00fan la etimolog\u00eda griega- a la medida del hambre, siempre inmanente y circular. Es a esta locura a lo que llamamos \u201cconsumo\u201d como caracter\u00edstica parad\u00f3jica de una civilizaci\u00f3n que se juzga a s\u00ed misma en la cima del progreso: comerse una mesa, comerse una casa, comerse una estatua, comerse un paisaje. Pero una sociedad que no distingue entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar, porque se las come todas por igual, es una sociedad primitiva, la m\u00e1s primitiva que jam\u00e1s haya existido, una sociedad de pura subsistencia que necesita convocar toda la riqueza del mundo y emplear todos los medios tecnol\u00f3gicos \u2013ellos mismos objetos de consumo- para su estricta y desnuda reproducci\u00f3n biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La indiferencia, insuficiencia e ilimitaci\u00f3n del hambre se materializa en la forma mercanc\u00eda, cuya m\u00e1xima perfecci\u00f3n exige que la aparici\u00f3n y desaparici\u00f3n del objeto coincidan en un solo acto. Las armas, mercanc\u00edas ideales que s\u00f3lo pueden usarse una vez o cuyo uso tautol\u00f3gico \u2013m\u00e1s a\u00fan- puede consistir en su pura acumulaci\u00f3n ilimitada, son el\u00a0<i>metron<\/i>\u00a0o medida de todas las mercanc\u00edas; la aceleraci\u00f3n del proceso de renovaci\u00f3n del mercado, la velocidad creciente del vaiv\u00e9n acumulaci\u00f3n\/destrucci\u00f3n, con el lubricante de la obsolescencia inducida, convierte todas las cosas en puros pasajes o transiciones inasibles para el uso. En este sentido la semilla Terminator de la casa Monsanto cumple y simboliza el destino natural de toda mercanc\u00eda como un mondo veh\u00edculo de autodestrucci\u00f3n. Pero al mismo tiempo las armas, que destruyen lo que miran y al mismo tiempo que lo miran, son tambi\u00e9n la medida del consumidor hiperindustrial: el consumidor destruye con los ojos el objeto de su deseo y la mirada se convierte as\u00ed en un puro \u00f3rgano de digesti\u00f3n. El fil\u00f3sofo franc\u00e9s Bernard Stiegler ha llamado la atenci\u00f3n sobre la hegemon\u00eda de los objetos temporales sobre los objetos espaciales en el horizonte de una percepci\u00f3n dominada por la industria de la reproducci\u00f3n de im\u00e1genes (televisi\u00f3n, inform\u00e1tica, el acontecimiento en\u00a0<i>tiempo real<\/i>), pero no se trata, a mi juicio, de un simple desdoblamiento fantasm\u00e1tico sino de una radical desontologizaci\u00f3n del mundo. No es que los objetos temporales dominen sobre los espaciales sino que los objetos espaciales, transformados todos en mercanc\u00edas y sometidos a una aceleraci\u00f3n secuencial vertiginosa \u2013un empuj\u00f3n temporal a su finitud- han acabado por devenir todos ellos objetos temporales: las mesas, las catedrales, los tel\u00e9fonos, las lavadoras, los cuerpos mismos,\u00a0<i>pasan<\/i>, como las notas de una melod\u00eda. No es que las im\u00e1genes hayan acabado por desplazar a las cosas sino que las cosas mismas, renovadas a una velocidad incompatible con el uso y con la mirada, se vuelven todas ellas\u00a0<i>im\u00e1genes<\/i>: im\u00e1genes de s\u00ed mismas que desfilan y sucumben \u2013aparici\u00f3n\/desaparici\u00f3n- a un ritmo acelerado, como en una secuencia de cine. Una imagen no es m\u00e1s que<i>una<\/i><i> cosa acelerada<\/i>, perecida, comida, y las im\u00e1genes televisivas son en realidad im\u00e1genes de im\u00e1genes exteriores, de manera que la lavadora o el tel\u00e9fono m\u00f3vil se ofrecen como publicidad de s\u00ed mismos, y no como objetos de uso, y la publicidad de la lavadora o del tel\u00e9fono m\u00f3vil, orientada a seducir la mirada, es s\u00f3lo\u00a0<i>un comestible m\u00e1s<\/i>. La utop\u00eda amorosa de la m\u00edstica y militante Simone Weil, seg\u00fan la cual \u201cm\u00e1s all\u00e1 del cielo, en el pa\u00eds habitado por Dios, comer y mirar ser\u00edan una misma operaci\u00f3n\u201d, la ha hecho realidad tambi\u00e9n el capitalismo, como todas, y una vez m\u00e1s volteada, torcida o pervertida, como una maldici\u00f3n y no como una gracia. Simone Weil pensaba en un alma con labios; el capitalismo ha construido una mirada con dientes que se come tambi\u00e9n con los ojos, desprovistas radicalmente de existencia, las im\u00e1genes que previamente se ha comido con la boca. La realidad no ha sido derrocada en la televisi\u00f3n sino en el mercado.<\/p>\n<p>Las mercanc\u00edas son, pues, armas de destrucci\u00f3n masiva, armas que se autodestruyen en el acto mismo de su nacimiento y que destruyen as\u00ed tanto la \u201ccosa\u201d que llevan dentro como al hombre que la ha producido. Una sociedad de consumo no es una sociedad de intercambio generalizado, como se dice, sino de destrucci\u00f3n generalizada. Una sociedad de consumo no es una sociedad de abundancia, como se pretende, sino una sociedad de\u00a0<i>miseria total<\/i>. Su propia necesidad de producci\u00f3n ilimitada y su propia incapacidad para hacer diferencias la convierte en la primera sociedad de la historia\u00a0<i>sin cosas<\/i>\u00a0y, por lo tanto, en lo contrario de un \u201cmundo\u201d. El capitalismo es un nihilismo.<\/p>\n<p>Como la tinaja de Wang, el capitalismo no hace distinciones entre cepillos, monedas y cad\u00e1veres. Pero no s\u00f3lo no hace diferencias entre cosas de comer, cosas de usar y cosas de mirar; no s\u00f3lo no hace diferencias entre bienes universales, bienes generales y bienes colectivos; tampoco puede hacer diferencias \u2013por eso mismo- entre guerra y paz, entre derecho y violencia, entre inocentes y culpables, entre civiles y militares, entre accidente y atentado, entre verdad y mentira. Y ninguna Cruz Roja, ninguna Amnist\u00eda Internacional, ning\u00fan Estado de Derecho, ning\u00fan Observatorio de Medios, ni en la periferia ni \u2013llegado el caso- en los centros capitalistas, podr\u00e1 impedir que estas diferencias dejen de ser operantes.<\/p>\n<p>La tinaja m\u00e1gica de Wang, que necesita producir y destruir ilimitadamente y que no puede hacer diferencias, es el capitalismo. Pero no es m\u00e1gica. La tinaja es la tierra y los hombres que la pueblan; y ni la tierra puede ser explotada sin l\u00edmite ni los hombres pueden ser ininterrumpidamente atropellados sin que opongan resistencia.<\/p>\n<p>Sin l\u00edmites no hay cosas; ni tampoco hombres. D\u00e9jenme que les cuente ahora otra historia que dej\u00e9 antes en el fondo de la tinaja de Wang.<\/p>\n<p>En marzo del 2001 la compa\u00f1\u00eda petrol\u00edfera AGIP, quinta refinadora de Europa, con un capital invertido en todo el mundo de 4616 millones de euros, que ha visto aumentar sus beneficios en los \u00faltimos ocho a\u00f1os en un 297% y con capacidad para producir 850000 barriles diarios, firma un contrato con las comunidades huaorani de Ecuador, a las que, a cambio de ceder parte de su territorio para prospecciones petrol\u00edferas en la regi\u00f3n de Pastaza, se compromete a entregar \u2013literalmente- \u201c50 kilos de arroz y 50 de az\u00facar, dos cubos de grasa, una bolsa de sal, un silbato de \u00e1rbitro y dos balones de f\u00fatbol, quince platos, quince tazas y un armario con 200 d\u00f3lares en medicinas en una \u00fanica partida\u201d (denuncia hecha por Acci\u00f3n Ecol\u00f3gica de Ecuador).<\/p>\n<p>De entrada, esta historia muestra sin duda hasta qu\u00e9 punto las multinacionales del capitalismo globalizador constituyen la prolongaci\u00f3n natural \u2013mental y material- de la empresa colonial iniciada en Am\u00e9rica hace 500 a\u00f1os; y, como su prolongaci\u00f3n natural, los agentes de la nueva colonizaci\u00f3n transportan la misma mentalidad contable, la misma visi\u00f3n despectiva del otro que sus predecesores. Los directivos de la AGIP conceb\u00edan esta infame operaci\u00f3n como un intercambio desigual entre \u2013por un lado- hombres maduros, pragm\u00e1ticos y respetables y \u2013por otro- un pu\u00f1ado de ind\u00edgenas atravesados en el camino del progreso cuya ignorancia e ingenuidad infantil iba a encontrar satisfacci\u00f3n en una poquitas cosas concretas. \u00bfPoquitas? \u00bfCu\u00e1l habr\u00eda sido un precio justo y suficiente por ceder su territorio? Hoy sabemos que los hourani de Pastaza rechazaron la oferta y siguen luchando por sus tierras, pero si denunciaron entonces el contrato no fue porque las cosas ofrecidas por la AGIP fueran pocas sino porque de nada sirven las cosas si se ha perdido la tierra. Pero, bien mirada, la oferta desproporcionada de la compa\u00f1\u00eda italiana tiene una vertiente muy bonita y rinde en realidad homenaje a ese ind\u00edgena imaginario que no pod\u00eda dejar de aceptar el trato y a su peque\u00f1o mundo medido y atinado. \u00bfSe hubiesen dejado enga\u00f1ar de haberse dejado enga\u00f1ar? \u00bfQui\u00e9n se enga\u00f1a cuando cambia\u00a0<i>una taza<\/i>\u00a0para beber caf\u00e9 por 850.000 barriles de petr\u00f3leo? Hay una perspectiva antropol\u00f3gica inconsciente, y tambi\u00e9n una auto-acusaci\u00f3n ignorada, en el desprecio mercantil de la AGIP. Los t\u00e9rminos del acuerdo exponen de un modo ejemplar la oposici\u00f3n irreconciliable entre dos sistemas de proporciones y dos condiciones antropol\u00f3gicas, entre el \u201cno mundo\u201d y el mundo, entre el \u201cfluir\u201d y el \u201chaber\u201d, entre la miseria de la abundancia y las \u201ccosas\u201d de la pobreza. Hay que estar muy desesperado y muy hambriento para querer apoderarse a toda costa, sin desde\u00f1ar el enga\u00f1o o el crimen, de m\u00e1s tierras, m\u00e1s petr\u00f3leo, m\u00e1s casas, m\u00e1s televisores, m\u00e1s coches, m\u00e1s riqueza virtual; y hay que estar muy satisfecho, muy tranquilo, muy bien pertrechado, hay que valorar mucho las criaturas y los l\u00edmites, hay que medir muy bien las ventajas de los objetos para apreciar el tesoro de quince tazas y un silbato de f\u00fatbol. Entre un crecimiento del 297% y un bal\u00f3n, unos platos y unas medicinas, la raz\u00f3n, la imaginaci\u00f3n, la moral, la salud y la poes\u00eda no tienen dudas. Entre un crecimiento del 297% y un cuenco de arroz, cualquier hombre sensato elegir\u00e1 el arroz. El contrato ofrecido por la AGIP a los hourani de Pastaza revela al mismo tiempo la desmesura abstracta del capitalismo y la hechura concreta del mundo emancipado, la fuerza irrealizante de la globalizaci\u00f3n realmente existente y el contenido exacto de la civilizaci\u00f3n ut\u00f3pica por la que hemos de luchar: unas tazas, unos platos, alimentos con que llenarlos, un bal\u00f3n para jugar, algunos antibi\u00f3ticos y cuatro o cinco cosas m\u00e1s. El contrato racista de la AGIP es en realidad un programa de liberaci\u00f3n; el ind\u00edgena hourani despreciado por sus directivos \u2013capaz de apreciar una taza y de disfrutar haciendo sonar un silbato- se parece bastante al hombre socialista, tal y como yo lo concibo; es decir, al hombre\u00a0<i>normal<\/i>\u00a0que hay que conquistar y que el capitalismo est\u00e1 a punto de superar para siempre.<\/p>\n<p>Llamemos \u201chombre\u201d \u2013en virtud de un acuerdo, si se quiere, convencional- a esta criatura finita, aproximada, irregular, bastante lenta, capaz de hacer diferencias elementales, que desprendi\u00f3 el neol\u00edtico y ahora est\u00e1 a punto de extinguirse junto con once mil especies de animales y plantas. El contrato ofrecido por la AGIP revela precisamente este combate contra el hombre, la contradicci\u00f3n insalvable entre dos modelos sociales y psicol\u00f3gicos que yo he resumido numerosas veces con la f\u00f3rmula: \u201cpoco es bastante; mucho es ya insuficiente\u201d.<\/p>\n<p>El hombre es poco; es decir, bastante: esa reducida constelaci\u00f3n de objetos (y las condiciones que las garantizan) que permite mantener abierto un \u201cmundo\u201d. Por debajo y por encima de ese nivel hay infrahumanidad y sobrehumanidad e infrahumanidad y sobrehumanidad coinciden en que\u00a0<i>a ambas les faltan siempre cosas<\/i>. La cotidianeidad social del capitalismo es la de un sistema que mantiene a la mayor parte de la poblaci\u00f3n por debajo de la humanidad mientras retiene a una minor\u00eda local por encima de ella: en uno y otro lado, por debajo y por encima del hombre, domina\u00a0<i>el hambre generalizado<\/i>. El infrahumano tiene hambre; el sobrehumano tiene\u00a0<i>m\u00e1s hambre<\/i>. La abundancia capitalista es tan miserable como la miseria que provoca en sus vastas periferias; ha superado ya ese nivel a partir del cual la vida es siempre y s\u00f3lo\u00a0<i>una permanente carencia<\/i>. La as\u00ed llamada sociedad de consumo es una sociedad que se fundamenta en, y se explica por,\u00a0<i>lo que todav\u00eda no tiene<\/i>.<\/p>\n<p>El capitalismo sit\u00faa permanentemente al hombre por debajo y por encima de s\u00ed mismo, se reproduce sin descanso produciendo infrahumanidad y sobrehumanidad. La pregunta que se impone naturalmente incluye, pues, una doble cuesti\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ntas cosas tiene que conquistar un africano o un latinoamericano para llegar a ser un hombre? Pero tambi\u00e9n: \u00bfcu\u00e1ntas cosas hay que quitarle a un consumidor europeo o estadounidense para que vuelva a ser un hombre? En t\u00e9rminos puramente contables \u2013en n\u00famero de cosas- la pobreza est\u00e1 mucho m\u00e1s cerca de la mesopotamia o l\u00ednea media de la humanidad que la riqueza.<\/p>\n<p>El hambre no s\u00f3lo marca la existencia biol\u00f3gica del llamado Tercer Mundo sino tambi\u00e9n la consistencia est\u00e9tica y psicol\u00f3gica del occidente presuntamente desarrollado. En algunos \u2013muchos- lugares de la tierra el hambre es una forma de morir; en otros, los menos, el hambre es una forma de comer, de vestir, de hablar, de pensar, de mirar, de escoger.<\/p>\n<p>El hombre, dec\u00edamos, es\u00a0<i>poco<\/i>, es\u00a0<i>bastante<\/i>: una memoria finita, una imaginaci\u00f3n finita, una raz\u00f3n finita, un cuerpo finito, un hatillo de cosas finitas. No se puede entender, pues, en qu\u00e9 consiste la psicolog\u00eda del hambre que caracteriza al consumidor capitalista sin explorar previamente el triple colapso que\u00a0<i>la ausencia de cosas de la abundancia<\/i>\u00a0opera sobre la memoria, la imaginaci\u00f3n y la raz\u00f3n. Me detendr\u00e9 brevemente en estos tres puntos.<\/p>\n<p>La est\u00e9tica y la psicolog\u00eda de la abundancia giran en torno al concepto de\u00a0<i>novedad<\/i>. La renovaci\u00f3n permanente de las mercanc\u00edas, que convierte los objetos espaciales en objetos temporales, barre del mundo todos los dep\u00f3sitos materiales de memoria: vivimos en la primera civilizaci\u00f3n de la historia que no deja \u201cruinas\u201d, que se reconstituye hasta tal punto deprisa que no deja ni siquiera \u201crestos\u201d o \u201cf\u00f3siles\u201d que sirvan de testimonio de un estilo muerto o de un camino abandonado. Como dec\u00eda el soci\u00f3logo estadounidense Richard Sennet, de la Nueva York de fibra \u00f3ptica y cristal quedar\u00e1n en el futuro muchas menos huellas que de la Roma Imperial. Al mismo tiempo, la continuidad temporal queda fragmentada en un desfile de acontecimientos-mercanc\u00eda, desplazados y negados por su propia singularidad advenediza, sin\u00a0<i>aufhebung<\/i>\u00a0posible, y que se suceden de manera tan r\u00e1pida que en realidad\u00a0<i>no sucedennunca<\/i> (ni en ning\u00fan lugar). El car\u00e1cter \u201chist\u00f3rico\u201d de todos los acontecimientos (\u201cuna final hist\u00f3rica\u201d, \u201cuna boda hist\u00f3rica\u201d, \u201cun acuerdo hist\u00f3rico\u201d, titulan todos los d\u00edas los medios de comunicaci\u00f3n) entra\u00f1a la abolici\u00f3n de la historia misma; los acontecimientos caen del cielo, fuera de toda genealog\u00eda, sin inscribirse ya jam\u00e1s en esa cadena de causas y efectos que los conecta entre s\u00ed y a nuestro presente. El fetichismo de la mercanc\u00eda en relaci\u00f3n con el tiempo se llama \u201cnoticia\u201d (\u201cnouvelle\u201d en franc\u00e9s, \u201cnueva\u201d en castellano antiguo). Parad\u00f3jicamente, nuestra capacidad sin precedentes para archivar tecnol\u00f3gicamente el pasado es inseparable de nuestra incapacidad para recordarlo y, m\u00e1s importante, para\u00a0<i>vivirlo<\/i>. La repetici\u00f3n de la novedad, la novedad como repetici\u00f3n, caracter\u00edstica del presente perpetuo del hambre, ha acabado por aplastar toda perspectiva y toda profundidad temporal. No tenemos pasado, no tenemos historia, no tenemos apenas biograf\u00eda; somos nuevos cada ma\u00f1ana en una renovaci\u00f3n ininterrumpida que aspira tr\u00e1gicamente a una sincron\u00eda de destrucci\u00f3n con el objeto del deseo. El instante \u2013guisante- es la agon\u00eda de un punto intenso que no puede durar.<\/p>\n<p>Pero la cara incusa de la novedad, su rev\u00e9s tenebroso, es la\u00a0<i>caducidad<\/i>, el terror tambi\u00e9n permanente a la obsolescencia anidado en la psicolog\u00eda del consumidor. La obsolescencia est\u00e1 inscrita en la ley misma de la renovaci\u00f3n acelerada de las mercanc\u00edas como su amenaza y su elipsis. Es ya lo \u00fanico reprimido en una cultura sin sublimaci\u00f3n, el \u00faltimo puritanismo en una sociedad que ha liberado el\u00a0<i>ello<\/i>\u00a0bajo la luz del sol. Es el \u00faltimo fantasma de un cuerpo enteramente profano, sin sombras ni rendijas: la duraci\u00f3n, la corrupci\u00f3n material, la mancha irreversible contra la que no hay posible jab\u00f3n. La obsolescencia se convierte en la maldici\u00f3n de un cuerpo que, frente al mercado, como frente a la m\u00e1quina, es siempre viejo, caduco, limitado, primitivo, imperfecto. La est\u00e9tica y la psicolog\u00eda del consumidor implican (consisten en) una permanente lucha, tit\u00e1nica y finalmente in\u00fatil, contra la obsolescencia insidiosa, contra la memoria incrustada en el cuerpo, contra el tiempo latente, sordo y repentinamente explosivo. Necesita ocultar, borrar, reprimir los muertos que lleva dentro y los que produce en el exterior. La est\u00e9tica del consumidor es la est\u00e9tica de la eternidad ilusoria, el rechazo tecnol\u00f3gico,\u00a0<i>aparatos\u00edsimo<\/i>, materializado en artilugios y rituales, de la vejez y de la muerte: el alumbrado nocturno de las grandes ciudades, por ejemplo, que destierra las sombras amenazadoras de los callejones y oculta las estrellas, testigos de nuestra finitud, revela todo el derroche ecol\u00f3gico que acompa\u00f1a a una ansiedad enfermiza. Hay que quemar el mundo para proclamar el triunfo ilusorio sobre la muerte mediante un Mediod\u00eda Perpetuo. En este sentido, la est\u00e9tica del mercado comparte este rasgo con todas las ideolog\u00edas imperiales que, desde la Roma de Augusto al III Reich alem\u00e1n, han predicado y escenificado la sobrehumanidad de los hombres: la afirmaci\u00f3n \u2013es decir- de la propia eternidad asociada a ceremonias materiales de exhibici\u00f3n espectacular. El triunfo romano o las paradas militares organizadas por Hitler, teatros vivos destinados a representar la invulnerabilidad e inmortalidad del Imperio, tienen hoy su equivalente industrial en el ininterrumpido espect\u00e1culo de las vallas publicitarias, los escaparates comerciales siempre nuevos y las luces siempre encendidas, como el fuego de Vesta, de las grandes avenidas. En realidad los anuncios de coches, perfumes, electrodom\u00e9sticos, cosm\u00e9ticos o comidas preparadas no hacen publicidad de productos concretos; hacen publicidad de la eternidad del sistema. Dentro de \u00e9l, cada individuo es a su vez un imperio inmortal que refleja y reproduce la ilusi\u00f3n total, nutrida desde fuera por la muerte tranquilamente asumida de millones y millones de hombres.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo se trata de la memoria. El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Gunther Anders alertaba en 1980, pocos a\u00f1os antes de su muerte, sobre el verdadero peligro que acecha hoy a la civilizaci\u00f3n humana y sobre la nueva fuente de culpa e inmoralidad: \u201cno la sensualidad ni la improbidad ni la relajaci\u00f3n de costumbres, ni siquiera la explotaci\u00f3n, sino la falta de imaginaci\u00f3n\u201d. Asociada a sus ojos al desarrollo tecnol\u00f3gico capitalista cuyo punto de no retorno lo constituye la siempre olvidada Hiroshima, Anders explor\u00f3 desde la d\u00e9cada de los 50 lo que \u00e9l llamaba \u201cdeclive prometeico\u201d para se\u00f1alar la desproporci\u00f3n existente entre nuestras acciones y nuestras representaciones, entre lo que somos capaces de hacer y lo que somos capaces de imaginar. La relaci\u00f3n entre el dedo banal que libera la bomba y los 200.000 muertos cinco mil metros m\u00e1s abajo, en medio de una orqu\u00eddea de humo, resulta inconcebible para una imaginaci\u00f3n finita, suspendiendo as\u00ed la conmensurabilidad emp\u00edrica del orden moral neol\u00edtico. Esta fractura o desproporci\u00f3n \u2013el \u201cdeclive\u201d entre el hombre y sus productos- se traduce psicol\u00f3gica y socialmente en la\u00a0<i>agnosia<\/i>, t\u00e9rmino que Anders rescata de la psiquiatr\u00eda para describir la incapacidad del hombre, inscrita en la consistencia material del mundo y en su mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, para reaccionar de un modo moralmente proporcionado frente a las consecuencias de sus acciones. El caso de Hiroshima es ejemplar: mientras que Claude Eatherly, el piloto que se\u00f1al\u00f3 la ciudad como objetivo del primer ataque nuclear, acab\u00f3 encerrado en un manicomio militar por sus \u201csentimientos de culpa\u201d y tratado como un enfermo y un criminal, los otros \u201ch\u00e9roes\u201d de Hiroshima recibieron y aceptaron homenajes populares, el coronel Thibet, al mando del\u00a0<i>Enola<\/i><i> Gay<\/i>, se mostr\u00f3 orgulloso de su acci\u00f3n y se declar\u00f3 dispuesto a repetirla y el presidente Truman, \u00faltimo responsable del bombardeo, al final de su vida s\u00f3lo se arrepent\u00eda fr\u00edvolamente de \u201cno haberse casado antes\u201d. A estos ejemplos de \u201ccolapso de la imaginaci\u00f3n\u201d \u2013indiferencia normalizada, agnosia socialmente integrada- podr\u00edamos a\u00f1adir hoy algunas decenas m\u00e1s con tan s\u00f3lo asomarnos a las noticias y declaraciones relacionadas con la guerra de Iraq o con la reciente \u201cinvasi\u00f3n de Espa\u00f1a\u201d por parte de los inmigrantes subsaharianos retenidos en jaulas y abandonados luego en el desierto. La imaginaci\u00f3n finita del hombre, que opera horizontalmente de un particular a otro, a trav\u00e9s de conductores concretos, no tiene capacidad para representarse de un modo \u00e9tico y afectivo los excesos de una tecnolog\u00eda que mata desde el aire y en cifras inasimilables para la conciencia (seg\u00fan un modelo rutinariamente aceptado como disculpable o incluso humanitario frente al horror absoluto de Auschwitz); como tampoco puede \u201cimaginar\u201d \u2013m\u00e1s all\u00e1 de Anders- la conexi\u00f3n entre un acto banal y placentero (el consumo de carne o la compra de un nuevo tel\u00e9fono m\u00f3vil) y la muerte de millones de personas en Indonesia o en el Congo. La\u00a0<i>ilimitaci\u00f3n<\/i>\u00a0del capitalismo, como la de la tinaja de Wang, desborda y colapsa esa imaginaci\u00f3n neol\u00edtica que s\u00f3lo sabe establecer relaciones entre concreciones anal\u00f3gicas inmediatas. En ese sentido, el \u00e9xito de las telenovelas o \u201cculebrones\u201d de la televisi\u00f3n se debe en parte a que sigue ofreci\u00e9ndonos a los ind\u00edgenas del Primer Mundo, c\u00f3mo \u00faltimo reducto en medio de fuerzas abstractas descomunales, un universo antropol\u00f3gicamente reducido y familiar, una sociedad manejable a la medida de nuestra capacidad para juzgar y decidir, ya superada por la complejidad causal del mundo globalizado. La contradicci\u00f3n entre la \u201cfamiliaridad\u201d de los programas de televisi\u00f3n y la \u201cimpersonalidad\u201d de las fuerzas que operan en el mundo, en las que nuestra imaginaci\u00f3n no puede penetrar, explica por otra parte uno de los rasgos dominantes de la psicolog\u00eda del consumidor; es decir,\u00a0<i>m\u00e1ximo sentimentalismo<\/i>\u00a0y\u00a0<i>m\u00e1xima indiferencia<\/i>.<\/p>\n<p>Obviamente, el colapso de la memoria y de la imaginaci\u00f3n comporta el consiguiente colapso de la raz\u00f3n, la cual no puede funcionar a partir de puros objetos temporales que desaparecen en el acto mismo de su aparici\u00f3n (im\u00e1genes raps\u00f3dicas, presente puro, red sincr\u00f3nica de gestos in-significantes) y a partir de los cuales no se puede forjar ning\u00fan\u00a0<i>concepto<\/i>. Esta triple derrota neol\u00edtica \u2013de la memoria, la imaginaci\u00f3n y la raz\u00f3n- se traduce en un nihilismo est\u00e9tico-psicol\u00f3gico espont\u00e1neo del que podemos destacar r\u00e1pidamente al menos tres rasgos:<\/p>\n<p>&#8211; La\u00a0<i>agnosia<\/i>\u00a0o, m\u00e1s radicalmente, la imposibilidad de la experiencia. A los consumidores nunca\u00a0<i>nos pasa nada<\/i>. Disueltos en el continuo presente del hambre, desbordados en nuestra capacidad de representaci\u00f3n por la propia hechura tecnol\u00f3gica-mercantil de los acontecimientos, roto nuestro compromiso m\u00e1s elemental con la realidad por la propia sobre-complejidad de sus est\u00edmulos, los consumidores no necesitamos ya ser \u201cenga\u00f1ados\u201d o \u201cdistraidos\u201d; no es que se nos \u201centretenga\u201d o se nos mantenga \u201calienados\u201d mediante manipulaciones m\u00e1s o menos sofisticadas y conscientes. Ya casi no es necesario. A los consumidores no nos falta conciencia sino experiencia. La in-diferencia, inscrita en la forma mercanc\u00eda como en la tinaja de Wang, se convierte en la normalidad de la percepci\u00f3n, en sus s\u00edntesis interiorizada y natural. Por primera vez \u2013podr\u00eda decirse- una sociedad\u00a0<i>lo sabe todo y no experimenta nada<\/i>. El \u201cdeclive prometeico\u201d entre lo que podemos hacer y lo que podemos imaginar es paralelo a este otro entre lo que podemos saber y lo que podemos sentir. \u00bfQu\u00e9 tiene que pasar, qu\u00e9 tiene que haber pasado siempre ya para que, pase lo que pase, nunca pase nada,\u00a0<i>nunca nos pase nada<\/i>? La caracter\u00edstica de la sociedad capitalista hiperindustrial es precisamente la de que en ella no hay nada oculto, nada que sacar a la luz, nada que atraer a la superficie; la de que en ella \u2013es decir- la realidad se oculta precisamente porque\u00a0<i>se muestra siempre a la vista<\/i>. Marx, Freud, Nietzsche voltearon el forro de la historia y del psiquismo y lo extendieron bajo el sol. Ahora\u00a0<i>todo es superficie<\/i>: lo sabemos todo, lo vemos todo, podemos desearlo todo sin sublimaciones ni rodeos:\u00a0<i>no nos ocurre nada<\/i>. El capitalismo ha sobrevivido no s\u00f3lo a sus resistencias y revoluciones; ha sobrevivido \u2013m\u00e1s decisivo-\u00a0<i>a su propio autoconocimiento<\/i>. All\u00ed donde han colapsado la memoria y la imaginaci\u00f3n, conocimiento y experiencia quedan definitivamente fracturados, en celdas discontinuas, y el aumento de la informaci\u00f3n es paralelo a una disminuci\u00f3n de la experiencia. El totalitarismo del conocimiento va acompa\u00f1ado \u2013y s\u00f3lo por eso el capitalismo puede permit\u00edrselo- de un nihilismo de la sensibilidad. Bloqueado ese pasaje, de la informaci\u00f3n a la experiencia, queda asimismo desactivado el motor de todo cambio: la acci\u00f3n. En los centros hiperindustriales, el capitalismo necesita recurrir cada vez menos a la represi\u00f3n o a la manipulaci\u00f3n: le basta con suprimir\u00a0<i>el sujeto mismo de la experiencia<\/i>.<\/p>\n<p>&#8211; La anomia o, m\u00e1s radicalmente, el colapso de la responsabilidad. La insistencia en el modelo Auschwitz all\u00ed donde domina en realidad la estructura Hiroshima mantiene la ilusi\u00f3n inoperante de una moral neol\u00edtica en la que el consumidor \u2013como el piloto del F-16- no tienen nada que reprocharse. Nuestros actos disuelven su responsabilidad en una red de consecuencias complejas, aplazadas e inimaginables, cuyas conexiones ya no pueden establecerse con la simplicidad etiol\u00f3gica que regula la relaci\u00f3n entre un cuchillo y un cad\u00e1ver. Matar desde el aire, matar desde el supermercado, matar desde la televisi\u00f3n, matar con un dedo, matar con un voto, matar con un tenedor, son finalmente incidencias meteorol\u00f3gicas en el seno de una naturaleza autogestionada (el mercado) en la que nunca pasa\u00a0<i>nada<\/i>\u00a0y que est\u00e1 ocupada sin centro por el heredero de Dios; es decir,\u00a0<i>Nadie<\/i>. Sin memoria para encadenar el tiempo ni imaginaci\u00f3n para conectar el espacio, la psicolog\u00eda del consumidor se abandona a la inocencia terrible de la discontinuidad libidinal, a la sincron\u00eda ingenua y destructiva del\u00a0<i>ello<\/i>\u00a0y del objeto del deseo. Claude Eatherly fue una anomal\u00eda en el r\u00e9gimen normalizado del \u201cdeclive prometeico\u201d; a causa de un exceso de imaginaci\u00f3n, de una especie de santidad o hero\u00edsmo visual, experiment\u00f3 al mismo tiempo el dolor de los otros y su propia responsabilidad. Pero Thibet y Truman eran desgraciadamente normales y med\u00edan desde el neol\u00edtico acciones impuestas desde la sobrehumanidad y cuyas consecuencias se extraviaban tambi\u00e9n en un medio sobrehumano. Auschwitz puede ser inexplicable, pero es en cualquier caso imaginable y, por lo tanto, punible. La estructura Hiroshima \u2013que es la estructura misma del mercado- desborda toda imaginaci\u00f3n y convierte\u00a0<i>de hecho<\/i>\u00a0a los consumidores en inocencias banales exentas de toda responsabilidad. El \u201cdeclive prometeico\u201d, en definitiva, impone la necesidad de una nueva penalidad y de una nueva moralidad fundada \u2013como expresa el t\u00edtulo de un libro de Anders- \u201cm\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la conciencia\u201d.<\/p>\n<p>&#8211; La afasia o, m\u00e1s radicalmente, la imposibilidad del contrato. Si el sujeto ya no es ni sujeto de experiencia ni sujeto de responsabilidad, \u00bfqu\u00e9 es? La transformaci\u00f3n de todos los objetos espaciales en objetos temporales y la sincron\u00eda entre el flujo de la conciencia y el flujo del tiempo social, ce\u00f1ido a la sucesi\u00f3n de im\u00e1genes y de mercanc\u00edas, conduce a lo que Bernard Stiegler denomina \u201cmiseria simb\u00f3lica\u201d; es decir, a la suspensi\u00f3n del \u201cprincipio de individuaci\u00f3n\u201d y con \u00e9l a la imposibilidad de una convergencia tr\u00f3fica en el mundo com\u00fan. La sociedad de consumo, considerada la m\u00e1s individualista de la historia, consiste parad\u00f3jicamente en una negaci\u00f3n ininterrumpida de las condiciones de toda individuaci\u00f3n de la memoria y la experiencia a favor de una simple hiperinflaci\u00f3n de egos estereotipados, cerrados e id\u00e9nticos como m\u00f3nadas e incapaces por eso mismo de constituir una \u201ccomunidad\u201d. El \u201csujeto\u201d ha sido definitivamente sustituido por un\u00a0<i>ello<\/i>\u00a0industrialmente formateado\u00a0<i>en su aislamiento<\/i>: un\u00a0<i>ello<\/i>\u00a0que discurre\u00a0<i>al mismo tiempo<\/i>\u00a0que el flujo de los entes y el de los otros\u00a0<i>ellos<\/i>\u00a0y que s\u00f3lo comparte con los dem\u00e1s su radical falta de\u00a0<i>consistencia<\/i>\u00a0(otro t\u00e9rmino muy stiegleriano). Una sociedad de consumo es una sociedad en la que el aislamiento absoluto viene determinado por una integraci\u00f3n tambi\u00e9n absoluta: el hecho de que\u00a0<i>todos miramos por separado<\/i>\u00a0<i>al mismo tiempo las mismas cosas que pasan<\/i>. El \u201cyo\u201d en la \u00e9poca de su reproductibilidad t\u00e9cnica agota todo su contenido en una privatizaci\u00f3n en serie del estereotipo. La psicolog\u00eda del consumidor es un acto de guerra permanente contra los otros (contra el \u201cnosotros\u201d) porque constituye, m\u00e1s abajo, un acto de guerra contra las condiciones mismas del contrato social, de la credibilidad y del lenguaje. Eso es lo que quiere decir miseria \u201csimb\u00f3lica\u201d, la pobreza estructural para la producci\u00f3n de \u201cs\u00edmbolos\u201d; es decir, para la construcci\u00f3n de consistencias y co-pertenencias a partir de la actividad de egos diferenciados. Incluso si no mat\u00e1semos desde el aire y desde el televisor, desde el supermercado y con el tenedor, incluso si ninguna imaginaci\u00f3n santificada pudiese establecer el mapa de las conexiones mortales entre la banalidad cotidiana de Occidente y la destrucci\u00f3n del resto del mundo, incluso si pudi\u00e9semos permitirnos nuestros h\u00e1bitos y nuestros\u00a0<i>gustos<\/i>, el dominio del\u00a0<i>ello<\/i>\u00a0industrial en el mercado comporta\u00a0<i>de hecho<\/i>, en cada una de sus manifestaciones, un atentado contra el marco de entendimiento entre los hombres. Incluso si esa est\u00e9tica y esa psicolog\u00eda no multiplicara, como la tinaja de Wang, los cad\u00e1veres, matar\u00eda en todo caso la estructura misma \u2013psicol\u00f3gica y pol\u00edtica- de eso que convencionalmente hemos llamado \u201chombre\u201d.<\/p>\n<p>A \u201cla opci\u00f3n preferencial por los pobres\u201d, a la \u201copci\u00f3n preferencial por los otros\u201d que predicaba Mart\u00edn-Bar\u00f3 se opone \u201cla opci\u00f3n preferencial por el\u00a0<i>ello<\/i>\u201d, que es la opci\u00f3n de\u00a0<i>todo un orden social y material<\/i>\u00a0sostenido por multinacionales, ej\u00e9rcitos y\u2026 psic\u00f3logos. La sociedad de consumo, en efecto, es una sociedad psiquiatrizada de arriba abajo en la que especialistas tutelan y acompa\u00f1an a este individuo industrial desde su nacimiento hasta su muerte; prueba, sin duda, de la insostenibilidad mental del consumidor, pero acusaci\u00f3n tambi\u00e9n contra los psic\u00f3logos y psiquiatras, los cuales han aceptado por convertirse en algo as\u00ed como\u00a0<i>abogados del ello<\/i>\u00a0a la medida de la sincronizaci\u00f3n de las conciencias en el mercado. Tengo que acabar y apenas si puedo ya apoyarme en la lectura de\u00a0<i>Egolatr\u00eda<\/i>, un libro extraordinario escrito por el psiquiatra espa\u00f1ol Guillermo Rendueles, para se\u00f1alar la singular coincidencia entre los tres rasgos arriba mencionados (agnosia, anomia y afasia) y los resultados de la pr\u00e1ctica psiqui\u00e1trica occidental, tal y como \u00e9l los denuncia. Los resumo a continuaci\u00f3n con alguna libertad verbal:<\/p>\n<p>&#8211; Desdramatizaci\u00f3n de los acontecimientos. Despu\u00e9s de un divorcio, antes de un examen, como consecuencia de un accidente, un fracaso laboral o una p\u00e9rdida irreparable (la muerte, por ejemplo, de un ser querido), la presencia autom\u00e1tica del psiquiatra o del psic\u00f3logo est\u00e1 destinada a bloquear la experiencia individual y social del \u00abduelo\u00bb, cuya lenta maduraci\u00f3n amenaza con ralentizar o entorpecer la \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb del yo flexible reclamado por la sociedad post-moderna. Como con los 3.000 muertos de Macondo, nunca pasa nada,\u00a0<i>a uno nunca le pasa nada<\/i>\u00a0de lo que deba extraer una lecci\u00f3n, conservar un recuerdo o deducir una acci\u00f3n. En una caricatura extrema, podr\u00edamos decir que incluso el asesino es conducido al psiquiatra, no para que \u00e9ste valore la concurrencia de factores psicol\u00f3gicos en la comisi\u00f3n del delito, sino para que no se \u00abtraumatice\u00bb por lo que ha hecho.<\/p>\n<p>&#8211; Irresponsabilizaci\u00f3n de la conducta. Si no pasa\u00a0<i>nada<\/i>, las cosas no las hace\u00a0<i>nadie<\/i>\u00a0y las acciones no se examinan a la luz de una instancia decisoria (sujeto \u00e9tico o psicol\u00f3gico) sino del placer que reportan: del derecho a la \u00abrealizaci\u00f3n personal\u00bb a remolque de los sucesivos \u00abyo\u00bb contextuales y superficiales, sin costuras causales, que se suceden en el cuerpo y de los \u00abdeseos\u00bb que los dominan. El psiquiatra, que bloquea el \u00abduelo\u00bb, normaliza la ausencia de sujeto como rutina del derecho postmoderno. La responsabilidad queda reservada para los pueblos no occidentales y, en Europa y los EEUU, para los fumadores.<\/p>\n<p>&#8211; Privatizaci\u00f3n del conflicto. En un texto anterior (incluido en un libro todo \u00e9l recomendable,\u00a0<i>IKE, retales de la reconversi\u00f3n<\/i>, de Ladinamo Libros, 2004), Guillermo Rendueles hab\u00eda demostrado de un modo inobjetable, a partir del caso de las trabajadoras de IKE encerradas en la f\u00e1brica en defensa de sus puestos de trabajo y luego conducidas a su consulta como v\u00edctimas de distintos \u00abtrastornos\u00bb y \u00abdes\u00f3rdenes\u00bb neur\u00f3ticos o depresivos, hab\u00eda demostrado -digo- la envidiable salud mental de unas mujeres cuyo \u00abmalestar\u00bb se presentaba, y adquir\u00eda rasgos \u00abprivados\u00bb, como consecuencia de una derrota colectiva. El psiquiatra -en este caso el propio autor- se ve\u00eda obligado a tratar como un desarreglo psicol\u00f3gico y privado un problema pol\u00edtico y colectivo cuya soluci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda ser, por tanto, pol\u00edtica y colectiva y cuyo car\u00e1cter pol\u00edtico y colectivo (el del problema y el de la soluci\u00f3n) era ignorado por las propias pacientes, las cuales acud\u00edan angustiadas al consultorio para una \u00abreconversi\u00f3n\u00bb individual. La psiquiatrizaci\u00f3n masiva de la poblaci\u00f3n, de un modo premeditado o no, funciona de hecho como una\u00a0<i>privatizaci\u00f3n institucional del conflicto pol\u00edtico<\/i>, mediante la cual se \u00abpsicologiza\u00bb el paro, el trabajo precario, la explotaci\u00f3n laboral y el llamado\u00a0<i>mobbing<\/i>\u00a0o \u00abacoso psicol\u00f3gico\u00bb de los empleados. Una sociedad reducida a los puros v\u00ednculos privados -contratos bilaterales cada vez m\u00e1s fugaces- y tutelada por una tropilla de mec\u00e1nicos-psic\u00f3logos es una sociedad en la que finalmente -cito experiencias desgraciadamente reales- el sindicato de una empresa defiende a sus afiliados de los malos tratos del jefe coste\u00e1ndole una terapia o regal\u00e1ndole un \u00abmanual de autoayuda\u00bb y los empleados de una instituci\u00f3n aceptan como creativa y eficaz la propuesta de masajearse rec\u00edprocamente los pies en las horas de descanso para combatir el estr\u00e9s.<\/p>\n<p>Las conclusiones son claras: si la liberalizaci\u00f3n del hambre, la privatizaci\u00f3n de la mirada y la \u201cmiseria simb\u00f3lica\u201d que la acompa\u00f1an son al mismo tiempo la respuesta y la causa del nihilismo capitalista, incapaz de hacer diferencias entre cepillos, monedas y cad\u00e1veres, la \u201csalud mental\u201d pasa necesariamente por una recuperaci\u00f3n \u2013precisamente- de la experiencia, la responsabilidad y la comunidad. Esa, creo, era de alguna manera la propuesta de Mart\u00edn-Baro. La verdad ni cambia nada ni cura a nadie. \u00bfO s\u00ed? La verdad es no s\u00f3lo curativa sino tambi\u00e9n transformadora de las condiciones del mundo s\u00f3lo cuando re\u00fane, agrupa, socializa, frota, funde y solivianta las desdichas privadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La miseria de la abundancia<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>Conferencia pronunciada en el marco de la VII Conferencia Internacional de Psicolog\u00eda Social de la Liberaci\u00f3n, Liberia (Costa Rica).<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1138","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-condiciones-de-vida"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1138","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1138"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1138\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1138"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1138"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1138"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}