{"id":1142,"date":"2009-05-17T00:00:00","date_gmt":"2009-05-17T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1142"},"modified":"2020-02-23T14:56:16","modified_gmt":"2020-02-23T13:56:16","slug":"para-una-psicologia-del-consumidor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1142","title":{"rendered":"Para una psicolog\u00eda del consumidor"},"content":{"rendered":"<p>Pero no s\u00f3lo se trata de la memoria. El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Gunther Anders alertaba en 1980, pocos a\u00f1os antes de su muerte, sobre el verdadero peligro que acecha hoy a la civilizaci\u00f3n humana y sobre la nueva fuente de culpa e inmoralidad: \u201cno la sensualidad ni la improbidad ni la relajaci\u00f3n de costumbres, ni siquiera la explotaci\u00f3n, sino la falta de imaginaci\u00f3n\u201d. Asociada a sus ojos al desarrollo tecnol\u00f3gico capitalista cuyo punto de no retorno lo constituye la siempre olvidada Hiroshima, Anders explor\u00f3 desde la d\u00e9cada de los 50 lo que \u00e9l llamaba \u201cdeclive prometeico\u201d para se\u00f1alar la desproporci\u00f3n existente entre nuestras acciones y nuestras representaciones, entre lo que somos capaces de hacer y lo que somos capaces de imaginar. La relaci\u00f3n entre el dedo banal que libera la bomba y los 200.000 muertos cinco mil metros m\u00e1s abajo, en medio de una orqu\u00eddea de humo, resulta inconcebible para una imaginaci\u00f3n finita, suspendiendo as\u00ed la conmensurabilidad emp\u00edrica del orden moral neol\u00edtico. Esta fractura o desproporci\u00f3n \u2013el \u201cdeclive\u201d entre el hombre y sus productos- se traduce psicol\u00f3gica y socialmente en la agnosia, t\u00e9rmino que Anders rescata de la psiquiatr\u00eda para describir la incapacidad del hombre, inscrita en la consistencia material del mundo y en su mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, para reaccionar de un modo moralmente proporcionado frente a las consecuencias de sus acciones. El caso de Hiroshima es ejemplar: mientras que Claude Eatherly, el piloto que se\u00f1al\u00f3 la ciudad como objetivo del primer ataque nuclear, acab\u00f3 encerrado en un manicomio militar por sus \u201csentimientos de culpa\u201d y tratado como un enfermo y un criminal, los otros \u201ch\u00e9roes\u201d de Hiroshima recibieron y aceptaron homenajes populares, el coronel Thibet, al mando del Enola Gay, se mostr\u00f3 orgulloso de su acci\u00f3n y se declar\u00f3 dispuesto a repetirla y el presidente Truman, \u00faltimo responsable del bombardeo, al final de su vida s\u00f3lo se arrepent\u00eda fr\u00edvolamente de \u201cno haberse casado antes\u201d. A estos ejemplos de \u201ccolapso de la imaginaci\u00f3n\u201d \u2013indiferencia normalizada, agnosia socialmente integrada- podr\u00edamos a\u00f1adir hoy algunas decenas m\u00e1s con tan s\u00f3lo asomarnos a las noticias y declaraciones relacionadas con la guerra de Iraq o con la reciente \u201cinvasi\u00f3n de Espa\u00f1a\u201d por parte de los inmigrantes subsaharianos retenidos en jaulas y abandonados luego en el desierto. La imaginaci\u00f3n finita del hombre, que opera horizontalmente de un particular a otro, a trav\u00e9s de conductores concretos, no tiene capacidad para representarse de un modo \u00e9tico y afectivo los excesos de una tecnolog\u00eda que mata desde el aire y en cifras inasimilables para la conciencia (seg\u00fan un modelo rutinariamente aceptado como disculpable o incluso humanitario frente al horror absoluto de Auschwitz); como tampoco puede \u201cimaginar\u201d \u2013m\u00e1s all\u00e1 de Anders- la conexi\u00f3n entre un acto banal y placentero (el consumo de carne o la compra de un nuevo tel\u00e9fono m\u00f3vil) y la muerte de millones de personas en Indonesia o en el Congo. La ilimitaci\u00f3n del capitalismo, como la de la tinaja de Wang, desborda y colapsa esa imaginaci\u00f3n neol\u00edtica que s\u00f3lo sabe establecer relaciones entre concreciones anal\u00f3gicas inmediatas. En ese sentido, el \u00e9xito de las telenovelas o \u201cculebrones\u201d de la televisi\u00f3n se debe en parte a que sigue ofreci\u00e9ndonos a los ind\u00edgenas del Primer Mundo, c\u00f3mo \u00faltimo reducto en medio de fuerzas abstractas descomunales, un universo antropol\u00f3gicamente reducido y familiar, una sociedad manejable a la medida de nuestra capacidad para juzgar y decidir, ya superada por la complejidad causal del mundo globalizado. La contradicci\u00f3n entre la \u201cfamiliaridad\u201d de los programas de televisi\u00f3n y la \u201cimpersonalidad\u201d de las fuerzas que operan en el mundo, en las que nuestra imaginaci\u00f3n no puede penetrar, explica por otra parte uno de los rasgos dominantes de la psicolog\u00eda del consumidor; es decir, m\u00e1ximo sentimentalismo y m\u00e1xima indiferencia.<\/p>\n<p>Obviamente, el colapso de la memoria y de la imaginaci\u00f3n comporta el consiguiente colapso de la raz\u00f3n, la cual no puede funcionar a partir de puros objetos temporales que desaparecen en el acto mismo de su aparici\u00f3n (im\u00e1genes raps\u00f3dicas, presente puro, red sincr\u00f3nica de gestos in-significantes) y a partir de los cuales no se puede forjar ning\u00fan concepto. Esta triple derrota neol\u00edtica \u2013de la memoria, la imaginaci\u00f3n y la raz\u00f3n- se traduce en un nihilismo est\u00e9tico-psicol\u00f3gico espont\u00e1neo del que podemos destacar r\u00e1pidamente al menos tres rasgos:<\/p>\n<p>&#8211; La agnosia o, m\u00e1s radicalmente, la imposibilidad de la experiencia. A los consumidores nunca nos pasa nada. Disueltos en el continuo presente del hambre, desbordados en nuestra capacidad de representaci\u00f3n por la propia hechura tecnol\u00f3gica-mercantil de los acontecimientos, roto nuestro compromiso m\u00e1s elemental con la realidad por la propia sobre-complejidad de sus est\u00edmulos, los consumidores no necesitamos ya ser \u201cenga\u00f1ados\u201d o \u201cdistraidos\u201d; no es que se nos \u201centretenga\u201d o se nos mantenga \u201calienados\u201d mediante manipulaciones m\u00e1s o menos sofisticadas y conscientes. Ya casi no es necesario. A los consumidores no nos falta conciencia sino experiencia. La in-diferencia, inscrita en la forma mercanc\u00eda como en la tinaja de Wang, se convierte en la normalidad de la percepci\u00f3n, en sus s\u00edntesis interiorizada y natural. Por primera vez \u2013podr\u00eda decirse- una sociedad lo sabe todo y no experimenta nada. El \u201cdeclive prometeico\u201d entre lo que podemos hacer y lo que podemos imaginar es paralelo a este otro entre lo que podemos saber y lo que podemos sentir. \u00bfQu\u00e9 tiene que pasar, qu\u00e9 tiene que haber pasado siempre ya para que, pase lo que pase, nunca pase nada, nunca nos pase nada? La caracter\u00edstica de la sociedad capitalista hiperindustrial es precisamente la de que en ella no hay nada oculto, nada que sacar a la luz, nada que atraer a la superficie; la de que en ella \u2013es decir- la realidad se oculta precisamente porque se muestra siempre a la vista. Marx, Freud, Nietzsche voltearon el forro de la historia y del psiquismo y lo extendieron bajo el sol. Ahora todo es superficie: lo sabemos todo, lo vemos todo, podemos desearlo todo sin sublimaciones ni rodeos: no nos ocurre nada. El capitalismo ha sobrevivido no s\u00f3lo a sus resistencias y revoluciones; ha sobrevivido \u2013m\u00e1s decisivo- a su propio autoconocimiento. All\u00ed donde han colapsado la memoria y la imaginaci\u00f3n, conocimiento y experiencia quedan definitivamente fracturados, en celdas discontinuas, y el aumento de la informaci\u00f3n es paralelo a una disminuci\u00f3n de la experiencia. El totalitarismo del conocimiento va acompa\u00f1ado \u2013y s\u00f3lo por eso el capitalismo puede permit\u00edrselo- de un nihilismo de la sensibilidad. Bloqueado ese pasaje, de la informaci\u00f3n a la experiencia, queda asimismo desactivado el motor de todo cambio: la acci\u00f3n. En los centros hiperindustriales, el capitalismo necesita recurrir cada vez menos a la represi\u00f3n o a la manipulaci\u00f3n: le basta con suprimir el sujeto mismo de la experiencia.<\/p>\n<p>&#8211; La anomia o, m\u00e1s radicalmente, el colapso de la responsabilidad. La insistencia en el modelo Auschwitz all\u00ed donde domina en realidad la estructura Hiroshima mantiene la ilusi\u00f3n inoperante de una moral neol\u00edtica en la que el consumidor \u2013como el piloto del F-16- no tienen nada que reprocharse. Nuestros actos disuelven su responsabilidad en una red de consecuencias complejas, aplazadas e inimaginables, cuyas conexiones ya no pueden establecerse con la simplicidad etiol\u00f3gica que regula la relaci\u00f3n entre un cuchillo y un cad\u00e1ver. Matar desde el aire, matar desde el supermercado, matar desde la televisi\u00f3n, matar con un dedo, matar con un voto, matar con un tenedor, son finalmente incidencias meteorol\u00f3gicas en el seno de una naturaleza autogestionada (el mercado) en la que nunca pasa nada y que est\u00e1 ocupada sin centro por el heredero de Dios; es decir, Nadie. Sin memoria para encadenar el tiempo ni imaginaci\u00f3n para conectar el espacio, la psicolog\u00eda del consumidor se abandona a la inocencia terrible de la discontinuidad libidinal, a la sincron\u00eda ingenua y destructiva del ello y del objeto del deseo. Claude Eatherly fue una anomal\u00eda en el r\u00e9gimen normalizado del \u201cdeclive prometeico\u201d; a causa de un exceso de imaginaci\u00f3n, de una especie de santidad o hero\u00edsmo visual, experiment\u00f3 al mismo tiempo el dolor de los otros y su propia responsabilidad. Pero Thibet y Truman eran desgraciadamente normales y med\u00edan desde el neol\u00edtico acciones impuestas desde la sobrehumanidad y cuyas consecuencias se extraviaban tambi\u00e9n en un medio sobrehumano. Auschwitz puede ser inexplicable, pero es en cualquier caso imaginable y, por lo tanto, punible. La estructura Hiroshima \u2013que es la estructura misma del mercado- desborda toda imaginaci\u00f3n y convierte de hecho a los consumidores en inocencias banales exentas de toda responsabilidad. El \u201cdeclive prometeico\u201d, en definitiva, impone la necesidad de una nueva penalidad y de una nueva moralidad fundada \u2013como expresa el t\u00edtulo de un libro de Anders- \u201cm\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la conciencia\u201d.<\/p>\n<p>&#8211; La afasia o, m\u00e1s radicalmente, la imposibilidad del contrato. Si el sujeto ya no es ni sujeto de experiencia ni sujeto de responsabilidad, \u00bfqu\u00e9 es? La transformaci\u00f3n de todos los objetos espaciales en objetos temporales y la sincron\u00eda entre el flujo de la conciencia y el flujo del tiempo social, ce\u00f1ido a la sucesi\u00f3n de im\u00e1genes y de mercanc\u00edas, conduce a lo que Bernard Stiegler denomina \u201cmiseria simb\u00f3lica\u201d; es decir, a la suspensi\u00f3n del \u201cprincipio de individuaci\u00f3n\u201d y con \u00e9l a la imposibilidad de una convergencia tr\u00f3fica en el mundo com\u00fan. La sociedad de consumo, considerada la m\u00e1s individualista de la historia, consiste parad\u00f3jicamente en una negaci\u00f3n ininterrumpida de las condiciones de toda individuaci\u00f3n de la memoria y la experiencia a favor de una simple hiperinflaci\u00f3n de egos estereotipados, cerrados e id\u00e9nticos como m\u00f3nadas e incapaces por eso mismo de constituir una \u201ccomunidad\u201d. El \u201csujeto\u201d ha sido definitivamente sustituido por un ello industrialmente formateado en su aislamiento: un ello que discurre al mismo tiempo que el flujo de los entes y el de los otros ellos y que s\u00f3lo comparte con los dem\u00e1s su radical falta de consistencia (otro t\u00e9rmino muy stiegleriano). Una sociedad de consumo es una sociedad en la que el aislamiento absoluto viene determinado por una integraci\u00f3n tambi\u00e9n absoluta: el hecho de que todos miramos por separado al mismo tiempo las mismas cosas que pasan. El \u201cyo\u201d en la \u00e9poca de su reproductibilidad t\u00e9cnica agota todo su contenido en una privatizaci\u00f3n en serie del estereotipo. La psicolog\u00eda del consumidor es un acto de guerra permanente contra los otros (contra el \u201cnosotros\u201d) porque constituye, m\u00e1s abajo, un acto de guerra contra las condiciones mismas del contrato social, de la credibilidad y del lenguaje. Eso es lo que quiere decir miseria \u201csimb\u00f3lica\u201d, la pobreza estructural para la producci\u00f3n de \u201cs\u00edmbolos\u201d; es decir, para la construcci\u00f3n de consistencias y co-pertenencias a partir de la actividad de egos diferenciados. Incluso si no mat\u00e1semos desde el aire y desde el televisor, desde el supermercado y con el tenedor, incluso si ninguna imaginaci\u00f3n santificada pudiese establecer el mapa de las conexiones mortales entre la banalidad cotidiana de Occidente y la destrucci\u00f3n del resto del mundo, incluso si pudi\u00e9semos permitirnos nuestro h\u00e1bitos y nuestros gustos, el dominio del ello industrial en el mercado comporta de hecho, en cada una de sus manifestaciones, un atentado contra el marco de entendimiento entre los hombres. Incluso si esa est\u00e9tica y esa psicolog\u00eda no multiplicara, como la tinaja de Wang, los cad\u00e1veres, matar\u00eda en todo caso la estructura misma \u2013psicol\u00f3gica y pol\u00edtica- de eso que convencionalmente hemos llamado \u201chombre\u201d.<\/p>\n<p>A \u201cla opci\u00f3n preferencial por los pobres\u201d, a la \u201copci\u00f3n preferencial por los otros\u201d que predicaba Mart\u00edn-Bar\u00f3 se opone \u201cla opci\u00f3n preferencial por el ello\u201d, que es la opci\u00f3n de todo un orden social y material sostenido por multinacionales, ej\u00e9rcitos y\u2026 psic\u00f3logos. La sociedad de consumo, en efecto, es una sociedad psiquiatrizada de arriba abajo en la que especialistas tutelan y acompa\u00f1an a este individuo industrial desde su nacimiento hasta su muerte; prueba, sin duda, de la insostenibilidad mental del consumidor, pero acusaci\u00f3n tambi\u00e9n contra los psic\u00f3logos y psiquiatras, los cuales han aceptado por convertirse en algo as\u00ed como abogados del ello a la medida de la sincronizaci\u00f3n de las conciencias en el mercado. Tengo que acabar y apenas si puedo ya apoyarme en la lectura de Egolatr\u00eda, un libro extraordinario escrito por el psiquiatra espa\u00f1ol Guillermo Rendueles, para se\u00f1alar la singular coincidencia entre los tres rasgos arriba mencionados (agnosia, anomia y afasia) y los resultados de la pr\u00e1ctica psiqui\u00e1trica occidental, tal y como \u00e9l los denuncia. Los resumo a continuaci\u00f3n con alguna libertad verbal:<\/p>\n<p>&#8211; Desdramatizaci\u00f3n de los acontecimientos. Despu\u00e9s de un divorcio, antes de un examen, como consecuencia de un accidente, un fracaso laboral o una p\u00e9rdida irreparable (la muerte, por ejemplo, de un ser querido), la presencia autom\u00e1tica del psiquiatra o del psic\u00f3logo est\u00e1 destinada a bloquear la experiencia individual y social del \u00abduelo\u00bb, cuya lenta maduraci\u00f3n amenaza con ralentizar o entorpecer la \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb del yo flexible reclamado por la sociedad post-moderna. Como con los 3.000 muertos de Macondo, nunca pasa nada, a uno nunca le pasa nada de lo que deba extraer una lecci\u00f3n, conservar un recuerdo o deducir una acci\u00f3n. En una caricatura extrema, podr\u00edamos decir que incluso el asesino es conducido al psiquiatra, no para que \u00e9ste valore la concurrencia de factores psicol\u00f3gicos en la comisi\u00f3n del delito, sino para que no se \u00abtraumatice\u00bb por lo que ha hecho.<\/p>\n<p>Irresponsabilizaci\u00f3n de la conducta. Si no pasa nada, las cosas no las hace nadie y las acciones no se examinan a la luz de una instancia decisoria (sujeto \u00e9tico o psicol\u00f3gico) sino del placer que reportan: del derecho a la \u00abrealizaci\u00f3n personal\u00bb a remolque de los sucesivos \u00abyo\u00bb contextuales y superficiales, sin costuras causales, que se suceden en el cuerpo y de los \u00abdeseos\u00bb que los dominan. El psiquiatra, que bloquea el \u00abduelo\u00bb, normaliza la ausencia de sujeto como rutina del derecho postmoderno. La responsabilidad queda reservada para los pueblos no occidentales y, en Europa y los EEUU, para los fumadores.<\/p>\n<p>Privatizaci\u00f3n del conflicto. En un texto anterior (incluido en un libro todo \u00e9l recomendable, IKE, retales de la reconversi\u00f3n, de Ladinamo Libros, 2004), Guillermo Rendueles hab\u00eda demostrado de un modo inobjetable, a partir del caso de las trabajadoras de IKE encerradas en la f\u00e1brica en defensa de sus puestos de trabajo y luego conducidas a su consulta como v\u00edctimas de distintos \u00abtrastornos\u00bb y \u00abdes\u00f3rdenes\u00bb neur\u00f3ticos o depresivos, hab\u00eda demostrado -digo- la envidiable salud mental de unas mujeres cuyo \u00abmalestar\u00bb se presentaba, y adquir\u00eda rasgos \u00abprivados\u00bb, como consecuencia de una derrota colectiva. El psiquiatra -en este caso el propio autor- se ve\u00eda obligado a tratar como un desarreglo psicol\u00f3gico y privado un problema pol\u00edtico y colectivo cuya soluci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda ser, por tanto, pol\u00edtica y colectiva y cuyo car\u00e1cter pol\u00edtico y colectivo (el del problema y el de la soluci\u00f3n) era ignorado por las propias pacientes, las cuales acud\u00edan angustiadas al consultorio para una \u00abreconversi\u00f3n\u00bb individual. La psiquiatrizaci\u00f3n masiva de la poblaci\u00f3n, de un modo premeditado o no, funciona de hecho como una privatizaci\u00f3n institucional del conflicto pol\u00edtico, mediante la cual se \u00abpsicologiza\u00bb el paro, el trabajo precario, la explotaci\u00f3n laboral y el llamado mobbing o \u00abacoso psicol\u00f3gico\u00bb de los empleados. Una sociedad reducida a los puros v\u00ednculos privados -contratos bilaterales cada vez m\u00e1s fugaces- y tutelada por una tropilla de mec\u00e1nicos-psic\u00f3logos es una sociedad en la que finalmente -cito experiencias desgraciadamente reales- el sindicato de una empresa defiende a sus afiliados de los malos tratos del jefe coste\u00e1ndole una terapia o regal\u00e1ndole un \u00abmanual de autoayuda\u00bb y los empleados de una instituci\u00f3n aceptan como creativa y eficaz la propuesta de masajearse rec\u00edprocamente los pies en las horas de descanso para combatir el estr\u00e9s.<\/p>\n<p>Las conclusiones son claras: si la liberalizaci\u00f3n del hambre, la privatizaci\u00f3n de la mirada y la \u201cmiseria simb\u00f3lica\u201d que la acompa\u00f1an son al mismo tiempo la respuesta y la causa del nihilismo capitalista, incapaz de hacer diferencias entre cepillos, monedas y cad\u00e1veres, la \u201csalud mental\u201d pasa necesariamente por una recuperaci\u00f3n \u2013precisamente- de la experiencia, la responsabilidad y la comunidad. Esa, creo, era de alguna manera la propuesta de Mart\u00edn-Baro. La verdad ni cambia nada ni cura a nadie. \u00bfO s\u00ed? La verdad es no s\u00f3lo curativa sino tambi\u00e9n transformadora de las condiciones del mundo s\u00f3lo cuando re\u00fane, agrupa, socializa, frota, funde y solivianta las desdichas privadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para una psicolog\u00eda del consumidor<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo se trata de la memoria. El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Gunther Anders alertaba en 1980, pocos a\u00f1os antes de su muerte, sobre el verdadero peligro que acecha hoy a la civilizaci\u00f3n humana y sobre la nueva fuente de culpa e inmoralidad: \u201cno la sensualidad ni la improbidad ni la relajaci\u00f3n de costumbres, ni siquiera la explotaci\u00f3n, sino la falta de imaginaci\u00f3n\u201d. Asociada a sus ojos al desarrollo tecnol\u00f3gico capitalista cuyo punto de no retorno lo constituye la siempre olvidada Hiroshima, Anders explor\u00f3 desde la d\u00e9cada de los 50 lo que \u00e9l llamaba \u201cdeclive prometeico\u201d para se\u00f1alar la desproporci\u00f3n existente entre nuestras acciones y nuestras representaciones, entre lo que somos capaces de hacer y lo que somos capaces de imaginar. La relaci\u00f3n entre el dedo banal que libera la bomba y los 200.000 muertos cinco mil metros m\u00e1s abajo, en medio de una orqu\u00eddea de humo, resulta inconcebible para una imaginaci\u00f3n finita, suspendiendo as\u00ed la conmensurabilidad emp\u00edrica del orden moral neol\u00edtico. Esta fractura o desproporci\u00f3n \u2013el \u201cdeclive\u201d entre el hombre y sus productos- se traduce psicol\u00f3gica y socialmente en la agnosia, t\u00e9rmino que Anders rescata de la psiquiatr\u00eda para describir la incapacidad del hombre, inscrita en la consistencia material del mundo y en su mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, para reaccionar de un modo moralmente proporcionado frente a las consecuencias de sus acciones. El caso de Hiroshima es ejemplar: mientras que Claude Eatherly, el piloto que se\u00f1al\u00f3 la ciudad como objetivo del primer ataque nuclear, acab\u00f3 encerrado en un manicomio militar por sus \u201csentimientos de culpa\u201d y tratado como un enfermo y un criminal, los otros \u201ch\u00e9roes\u201d de Hiroshima recibieron y aceptaron homenajes populares, el coronel Thibet, al mando del Enola Gay, se mostr\u00f3 orgulloso de su acci\u00f3n y se declar\u00f3 dispuesto a repetirla y el presidente Truman, \u00faltimo responsable del bombardeo, al final de su vida s\u00f3lo se arrepent\u00eda fr\u00edvolamente de \u201cno haberse casado antes\u201d. A estos ejemplos de \u201ccolapso de la imaginaci\u00f3n\u201d \u2013indiferencia normalizada, agnosia socialmente integrada- podr\u00edamos a\u00f1adir hoy algunas decenas m\u00e1s con tan s\u00f3lo asomarnos a las noticias y declaraciones relacionadas con la guerra de Iraq o con la reciente \u201cinvasi\u00f3n de Espa\u00f1a\u201d por parte de los inmigrantes subsaharianos retenidos en jaulas y abandonados luego en el desierto. La imaginaci\u00f3n finita del hombre, que opera horizontalmente de un particular a otro, a trav\u00e9s de conductores concretos, no tiene capacidad para representarse de un modo \u00e9tico y afectivo los excesos de una tecnolog\u00eda que mata desde el aire y en cifras inasimilables para la conciencia (seg\u00fan un modelo rutinariamente aceptado como disculpable o incluso humanitario frente al horror absoluto de Auschwitz); como tampoco puede \u201cimaginar\u201d \u2013m\u00e1s all\u00e1 de Anders- la conexi\u00f3n entre un acto banal y placentero (el consumo de carne o la compra de un nuevo tel\u00e9fono m\u00f3vil) y la muerte de millones de personas en Indonesia o en el Congo. La ilimitaci\u00f3n del capitalismo, como la de la tinaja de Wang, desborda y colapsa esa imaginaci\u00f3n neol\u00edtica que s\u00f3lo sabe establecer relaciones entre concreciones anal\u00f3gicas inmediatas. En ese sentido, el \u00e9xito de las telenovelas o \u201cculebrones\u201d de la televisi\u00f3n se debe en parte a que sigue ofreci\u00e9ndonos a los ind\u00edgenas del Primer Mundo, c\u00f3mo \u00faltimo reducto en medio de fuerzas abstractas descomunales, un universo antropol\u00f3gicamente reducido y familiar, una sociedad manejable a la medida de nuestra capacidad para juzgar y decidir, ya superada por la complejidad causal del mundo globalizado. La contradicci\u00f3n entre la \u201cfamiliaridad\u201d de los programas de televisi\u00f3n y la \u201cimpersonalidad\u201d de las fuerzas que operan en el mundo, en las que nuestra imaginaci\u00f3n no puede penetrar, explica por otra parte uno de los rasgos dominantes de la psicolog\u00eda del consumidor; es decir, m\u00e1ximo sentimentalismo y m\u00e1xima indiferencia.<\/p>\n<p>Obviamente, el colapso de la memoria y de la imaginaci\u00f3n comporta el consiguiente colapso de la raz\u00f3n, la cual no puede funcionar a partir de puros objetos temporales que desaparecen en el acto mismo de su aparici\u00f3n (im\u00e1genes raps\u00f3dicas, presente puro, red sincr\u00f3nica de gestos in-significantes) y a partir de los cuales no se puede forjar ning\u00fan concepto. Esta triple derrota neol\u00edtica \u2013de la memoria, la imaginaci\u00f3n y la raz\u00f3n- se traduce en un nihilismo est\u00e9tico-psicol\u00f3gico espont\u00e1neo del que podemos destacar r\u00e1pidamente al menos tres rasgos:<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1142","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-condiciones-de-vida"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1142","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1142"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1142\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1142"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1142"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1142"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}