{"id":12023,"date":"2022-06-21T05:00:09","date_gmt":"2022-06-21T04:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12023"},"modified":"2022-06-20T23:27:00","modified_gmt":"2022-06-20T22:27:00","slug":"la-cultura-de-la-clase-obrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12023","title":{"rendered":"La cultura de la clase obrera"},"content":{"rendered":"<p><em>La rica e inquietante obra de Richard Hoggart <\/em>The Uses of Literacy<em> plantea la tesis de que \u00abuna<\/em><br \/>\n<em>\u2018cultura obrera\u2019 tradicional, basada en la influencia colectiva del barrio, se encuentra bajo serio<\/em><br \/>\n<em>riesgo de erosi\u00f3n frente a la \u2018cultura de masas\u2019 de los media comerciales\u00bb. Los temores de Ho<\/em><em>ggart est\u00e1n basados primordialmente en su observaci\u00f3n individual (que ha sido fruct\u00edferamente<\/em><br \/>\n<em>confinada a su propia localidad de Yorkshire), as\u00ed como a una variada evidencia literaria. Desde<\/em><br \/>\n<em>nuestra perspectiva, el libro de Hoggart plantea un n\u00famero de preguntas fascinantes: \u00bfson estas<\/em><br \/>\n<em>conclusiones v\u00e1lidas exclusivamente para un estereotipo regional en particular? \u00bfDiferir\u00eda un re-<\/em><br \/>\n<em>levamiento directo de la reacci\u00f3n de los lectores del an\u00e1lisis de contenido de las publicaciones<\/em><br \/>\n<em>realizado por Hoggart? (Despu\u00e9s de todo, el hombre real puede no ser el de la imagen que la<\/em><br \/>\n<em>prensa presenta). \u00bfCu\u00e1les son las barreras m\u00e1s efectivas frente a la invasi\u00f3n del \u00abmundo de algo<\/em><em>d\u00f3n de az\u00facar\u00bb? \u00bfTiene raz\u00f3n Hoggart al enfatizar tanto factores \u00abindescriptibles\u00bb como la re<\/em><em>novaci\u00f3n c\u00edclica de los lazos familiares? En la siguiente secci\u00f3n, Raymond Williams discute algu<\/em><em>nos asuntos generales que surgen de la obra de Hoggart; otros colaboradores abordan su aplica<\/em><em>ci\u00f3n a problemas o regiones en particular. <\/em><\/p>\n<p>Las viejas preguntas parecen muchas veces tan superadas como las viejas respuestas: o pueden estar escondidas bajo el indeleble garabato del error. La pregunta \u00ab\u00bfqu\u00e9 es la cultura obrera?\u00bb trae a la mente, para muchos de nosotros, un tipo particular de viejo argumento sectario, cuando no las desgastadas frases de un programa pol\u00edtico para las artes. No obstante, en la Gran Breta\u00f1a contempor\u00e1nea, muchas de las preguntas que afectan al movimiento obrero de forma m\u00e1s radical son muy claramente de orden cultural. Debemos estar agradecidos con Richard Hoggart, quien dice que su libro <em>The Uses of Literacy<\/em> trata \u00absobre los cambios en la cultura de la clase obrera durante los \u00faltimos treinta o cuarenta a\u00f1os\u00bb, por darnos la oportunidad de revisar otra vez esta pregunta general en nuestros propios t\u00e9rminos intermedios.<\/p>\n<p>La idea de \u00abcultura\u00bb es, en cualquier contexto, notoriamente dif\u00edcil de usar, por lo que debo empezar por dejar en claro algunos de los cambios hist\u00f3ricos que ha atravesado y la consecuente complejidad de su significado contempor\u00e1neo. Hasta la revoluci\u00f3n industrial, la palabra \u00abcultura\u00bb serv\u00eda para indicar un proceso de entrenamiento, primero de las plantas y los animales, luego, por analog\u00eda, de los seres humanos y la mente humana. A comienzos del siglo XIX, esta idea de proceso se extendi\u00f3 a \u2014y fue dominada por\u2014, la idea de cultura como un producto: un estado o h\u00e1bito adquirido. El primero de los nuevos significados de \u00abcultura\u00bb, en este sentido absoluto, era un \u00abestado o h\u00e1bito mental\u00bb, una materializaci\u00f3n, en t\u00e9rminos idealistas (Coleridge, Newman), del esfuerzo del hombre por alcanzar la perfecci\u00f3n espiritual y normal. Este significado, que est\u00e1 obviamente relacionado con la idea m\u00e1s temprana de proceso, fue luego r\u00e1pidamente conectado con un sentido descriptivo m\u00e1s pr\u00e1ctico (Carlyle), en el cual el t\u00e9rmino \u00abcultura\u00bb fue utilizado para referirse a los registros de este esfuerzo humano en el arte, la ciencia y el conocimiento. La \u00abcultura\u00bb se convirti\u00f3 en la materia de tal obra; la equivalencia exclusiva con las artes no ocurri\u00f3 hasta la segunda mitad del siglo (Ruskin y la \u00abNueva est\u00e9tica\u00bb). Sin embargo, mientras esta especializaci\u00f3n estaba en progreso, la relaci\u00f3n del arte, la ciencia y el conocimiento con el esfuerzo com\u00fan del hombre hacia la civilizaci\u00f3n estaba preparando la base para un nuevo y muy importante sentido (Taylor), seg\u00fan el cual \u00abcultura\u00bb termin\u00f3 por significar \u00abtodo un modo de vida\u00bb. Estos sentidos centrales han sobrevivido hasta nuestro propio tiempo, y no es cuesti\u00f3n de elegir o definir uno correcto, sino simplemente de reconocer esta complejidad hist\u00f3rica. Debemos, desafortunada- mente, reconocer tambi\u00e9n los sedimentos emotivos de la palabra. Por un lado, desde Arnold, ha habido una extendida asociaci\u00f3n de la palabra \u00abcultura\u00bb con otras como \u00abprecioso\u00bb y \u00abpretencioso\u00bb, al punto que hablar de \u00abcultura obrera\u00bb parece bastante absurdo: la clase obrera, al ser pr\u00e1ctica y dura, nada puede tener que ver con tal cosa. Por otro lado, la palabra \u00abcultura\u00bb ha sido tomada por las clases medias para describir su propia condici\u00f3n y sus propias actividades; una vez m\u00e1s, el t\u00e9rmino \u00abcultura obrera\u00bb suena absurdo: el car\u00e1cter com\u00fan de la clase obrera es precisamente aquello contra lo que la cultura est\u00e1 en contra. Es entonces en este confuso terreno que la indagaci\u00f3n debe comenzar: los hombres no pueden elegir la historia en la que han nacido.<\/p>\n<p>Si tomamos primero el sentido de cultura como \u00abarte y conocimiento\u00bb encontramos que la \u00abcultura obrera\u00bb ha sido definida a menudo. Ha sido considerada, ante todo, a partir de aquellos restos de cultura folkl\u00f3rica tales como, digamos, las baladas industriales, las pancartas sindicales, el <em>music-hall<\/em>; luego, ha sido tambi\u00e9n definida en base a contribuciones individuales, realizadas por trabajadores aislados, a la tradici\u00f3n general. Respeto el entusiasmo que han generado estos dos tipos de obras, que ciertamente necesitan ser mejor conocidas y apreciadas. Pero las primeras, aunque no est\u00e1n exactamente muertas, son, a mediados del siglo XX, fragmentarias y magras. Valorarlas all\u00ed d\u00f3nde han sobrevivido es razonable, pero poner un gran e idealizado \u00e9nfasis en ellas es rid\u00edculo. Las contribuciones individuales, tambi\u00e9n, deben ser respetadas, pero casi sin excepci\u00f3n cargan con las marcas inevitables de los hombres excluidos del <em>mainstream<\/em> por las presiones de una sociedad de clase. Idealizar tal obra, pretender que es mejor que lo que es, presta un servicio muy peque\u00f1o a la tradici\u00f3n de la clase obrera. Pues esta definici\u00f3n de \u00abcultura obrera\u00bb conlleva impl\u00edcitamente, como su opuesto, la clasificaci\u00f3n de toda obra en el <em>mainstream<\/em> del arte y del conocimiento como \u00abburguesa\u00bb. Esta clasificaci\u00f3n sol\u00eda ser utilizada regularmente, por razones pol\u00edticas, en base a una teor\u00eda general de la cultura inadecuada. Sin embargo uno puede ver hoy que tal clasificaci\u00f3n es a la vez falsa y peligrosa. Es peligrosa porque permite a la burgues\u00eda reclamar como su orgullo y creaci\u00f3n una gran tradici\u00f3n cultural que puede entonces ser f\u00e1cilmente contrastada con la escasez de lo que ofrecemos como \u00abcultura obrera\u00bb. Mucha gente preocupada por las artes ha sido enga\u00f1ada, pol\u00edticamente, por este motivo. Sus lealtades y juicios sociales se han antepuesto, muy usualmente, por este sentimiento de que lo que valoran, en arte y conocimiento, tiene en cierto sentido que ser consolidado contra los reclamos del movimiento obrero. La oposici\u00f3n es, por supuesto, innecesaria, porque no existe de hecho una ecuaci\u00f3n simple entre la dominaci\u00f3n de una clase econ\u00f3mica y la producci\u00f3n de arte y literatura. Hay una relaci\u00f3n, evidentemente, pero mucho m\u00e1s complicada de lo que hemos supuesto. En la obra del <em>mainstream<\/em> del siglo XIX, por ejemplo, hay una gran parte de oposici\u00f3n consciente a la burgues\u00eda y sus ideas, as\u00ed como cierta oposici\u00f3n inconsciente. Al mismo tiempo hay por supuesto una gran adhesi\u00f3n consciente a la sociedad burguesa as\u00ed como una gran adhesi\u00f3n inconsciente, incluso en obras de cr\u00edtica social que solemos valorar. Lo que se precisa es un an\u00e1lisis particular, y cuando hayamos hecho esto veremos que, con todos los errores, el <em>mainstream<\/em> fue, en grados variables, humano y liberador en formas que la burgues\u00eda, como clase econ\u00f3mica, no pod\u00eda. Adem\u00e1s, una tradici\u00f3n cultural no es s\u00f3lo compleja sino continuamente selectiva. Lo que sobrevive de un per\u00edodo de dominaci\u00f3n burguesa en las sociedades en las que la clase obrera est\u00e1 en camino a alcanzar el poder es una entidad diferente a la cultura original del periodo previo. La cultura adquirida de una clase por otra es, en el momento mismo de la adquisici\u00f3n, mucho m\u00e1s la posesi\u00f3n de una nueva clase que de aquella clase bajo cuya dominaci\u00f3n fue producida. Los procesos de cambio hist\u00f3rico, y de una tradici\u00f3n cultural selectiva, aseguran que el <em>mainstream<\/em> cultural sea siempre general en su car\u00e1cter, sino en su distribuci\u00f3n, y \u00e9ste es un punto esencial a recordar. Construir, contra esto, una \u00abcultura obrera\u00bb artificial es da\u00f1ino en todo sentido. M\u00e1s a\u00fan, cuando se trata de las actitudes de una clase econ\u00f3mica con respecto al <em>mainstream<\/em>, debemos se\u00f1alar que el r\u00e9cord del movimiento obrero, aunque no perfecto, es al menos bueno. La \u00abmultitud cochina\u00bb (<em>swinish multitude<\/em>) cuya corrupci\u00f3n Burke profetiz\u00f3 no ha pisoteado el arte y el conocimiento sino que, como movimiento pol\u00edtico, ha luchado duramente para destapar los canales a trav\u00e9s de los cu\u00e1les \u00e9stos puedan fluir. El \u00e9nfasis en limpiar los canales es justo, y es una actividad m\u00e1s relevante, ahora y en el futuro, que aquellos programas artificiales de una cultura socialista de los cu\u00e1les todav\u00eda o\u00edmos hablar. Es improbable que el arte que puede ser definido de antemano tenga alg\u00fan valor. El intento de tal definici\u00f3n se origina en una concepci\u00f3n de la historia y la cultura como asuntos divisibles en per\u00edodos simples y r\u00edgidos, determinados por interrelaciones mec\u00e1nicas, m\u00e1s que como procesos de cambio y respuesta continua. Una sociedad socialista no necesita definir su cultura de antemano, sino limpiar los canales, de modo que en vez de hacer intentos por adivinar una f\u00f3rmula exista la oportunidad de que el esp\u00edritu humano ofrezca una respuesta completa a una vida que se despliega continuamente en toda su variedad y riqueza concretas.<\/p>\n<p><strong>Cultura comercial<\/strong><\/p>\n<p>Hallo poco sentido, por lo tanto, en las definiciones de la cultura obrera \u2014pasada, presente o futura\u2014 que hasta el d\u00eda de hoy han sido populares en el campo. Pero al mismo tiempo debo rechazar una versi\u00f3n extremadamente da\u00f1ina de la \u00abcultura obrera\u00bb que se ha vuelto significativamente popular en los \u00faltimos treinta o cuarenta a\u00f1os. Esta iguala la cultura obrera con la cultura comercial de masas que ha crecientemente dominado nuestro siglo. El libro de Richard Hoggart ha sido le\u00eddo en esta l\u00ednea, y no del todo sin justificaci\u00f3n. La caracter\u00edstica de los medios de tal cultura es que las t\u00e9cnicas que hacen la distribuci\u00f3n masiva posible requieren una concentraci\u00f3n considerable de capital. Cuando, en Inglaterra, estas t\u00e9cnicas se volvieron accesibles, pasaron naturalmente a manos de la burgues\u00eda comercial, de modo que su uso se volvi\u00f3, y ha permanecido, caracter\u00edsticamente capitalista en sus m\u00e9todos de producci\u00f3n y distribuci\u00f3n. Hay cierta evidencia del intento consciente de explotar la extensi\u00f3n entre la clase obrera de la alfabetizaci\u00f3n, particularmente por parte de los nuevos peri\u00f3dicos imperialistas de los noventas. De cualquier modo, la llegada de estas t\u00e9cnicas a la sociedad capitalista deb\u00eda conducir a la explotaci\u00f3n que de hecho ha ocurrido. La clase obrera, por su propia exposici\u00f3n en esta sociedad, fue por supuesto destinada al rol de consumidora. Pero es la exposici\u00f3n lo que debemos atender, no el hecho de que se consuma. En la pr\u00e1ctica, estos medios de comunicaci\u00f3n han penetrado en todas las clases: las lecturas y entretenimientos de la burgues\u00eda ordinaria (tan distinta como secci\u00f3n profesional) son indistinguibles, generalmente, de las lecturas y los entretenimientos ordinarios de la clase obrera. Igualar la cultura comercial con la clase obrera es, entonces, un error desde ambos lados.<\/p>\n<p>El problema persiste, pero no precisamos agregarle a sus dificultades una f\u00f3rmula enga\u00f1osa. Existe el problema del control democr\u00e1tico de estos medios de comunicaci\u00f3n, pues aqu\u00ed se plantea una elecci\u00f3n clara, dado el capital involucrado, entre las formas existentes de propiedad y un tipo de propiedad social. Existe el problema adicional de un sistema educativo realmente adecuado, que haga a m\u00e1s sujetos m\u00e1s libres de usar estos medios de comunicaci\u00f3n cr\u00edticamente. Profundizar con m\u00e1s detalle en cualquiera de estos problemas est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de mis objetivos en el presente trabajo, pero no debemos dejar de verlos tal como son haciendo a una secci\u00f3n de los consumidores responsable, directa o indirectamente, por la producci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Retomo ahora la cultura en su otro gran sentido, \u00abtodo un modo de vida\u00bb. Ser\u00eda por cierto sorprendente si una clase expuesta y en lucha hubiese realizado una contribuci\u00f3n mucho m\u00e1s articulada a esta cultura en un sentido m\u00e1s espec\u00edfico, pero aqu\u00ed, en este campo m\u00e1s general, la contribuci\u00f3n ha sido distintiva e importante. Existe por supuesto alg\u00fan peligro en hablar, en t\u00e9rminos generales, de \u00abla forma de vida de la clase obrera\u00bb. Los elementos que uno encuentra all\u00ed son parcialmente el resultado de su experiencia directa <em>como una clase obrera<\/em>, pero tambi\u00e9n parcialmente una continuaci\u00f3n de los h\u00e1bitos regionales y tradicionales. Existe siempre el riesgo de tomar una parte por el todo, y de tomar una caracter\u00edstica regional por una caracter\u00edstica de clase. Un buen ejemplo de esto es la forma en que muchos, incluyendo a Richard Hoggart, se refieren al \u00abdialecto de la clase obrera\u00bb. No existe por supuesto tal cosa: el \u00fanico dialecto de clase en Gran Breta\u00f1a es aquel de las clases medias y altas; las restantes variaciones son regionales. Es una pena cuando los integrantes de la clase obrera consideran su dialecto regional como inferior, y aceptan como \u00abbuen ingl\u00e9s\u00bb el dialecto de clase estandarizado. Por otra parte, de poco sirve idealizar los dialectos regionales cuando la expansi\u00f3n de las comunicaciones est\u00e1 produciendo inevitablemente nuevos tipos de normas. Cuando se asume que un dialecto de clase existente es un ideal definitivo hacia el cual debemos movilizarnos se crean tensiones innecesarias en lo que de otra manera ser\u00eda un proceso selectivo m\u00e1s natural. Lo mismo es cierto sobre otros h\u00e1bitos regionales que han sobrevivido en la clase obrera mientras fueron rechazados por una clase media ansiosa por alcanzar, debido a razones pol\u00edticas y econ\u00f3micas, una evidente uniformidad. El movimiento inevitable es hacia una comunidad m\u00e1s fuertemente unida, y el \u00fanico peligro es el intento de definir los est\u00e1ndares de tal comunidad en los t\u00e9rminos de clase existentes, m\u00e1s que limpiar los canales y permitir una contribuci\u00f3n general a la forma de vida com\u00fan.<\/p>\n<p><strong>Proletariado semi-adosado[1]<\/strong><\/p>\n<p>El asunto se confunde por causa de otra f\u00f3rmula que se ha vuelto popular: aquella del \u00abproletariado semi-adosado\u00bb. Se supone que como la gente obrera se muda a nuevos tipos de casas, adquiere nuevos productos como autos, equipos de televisi\u00f3n y lavarropas, se est\u00e1 volviendo, en ese proceso, menos proletaria y m\u00e1s burguesa. Pero pocos que hayan sido alguna vez pobres, que hayan vivido en casas en malas condiciones y que no hayan tenido propiedades personales han querido conservar esa simplicidad que otros les asignaron y que, a distancia, admiraron. Estos cambios son cambios en el uso personal de las cosas, y no tienen nada que ver con volverse \u00abburgu\u00e9s\u00bb en ning\u00fan sentido real. El burgu\u00e9s del siglo XIX no era menos burgu\u00e9s porque no ten\u00eda ninguna de estas cosas que hoy son consideradas como s\u00edmbolos burgueses, y por cierto esta forma de mirar las diferencias de clase es completamente externa y mec\u00e1nica. La \u00abforma de vida de la clase obrera\u00bb no es el suburbio, ni la antecocina y la olla de cobre, ni la gorra y la camiseta, aunque estas hayan sido, y en cierta medida sigan siendo, las caracter\u00edsticas externas de la vida de clase obrera, atravesadas por ciertas variaciones regionales y ciertos rasgos de cada momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>\u00bfPero existe, entonces, alguna diferencia significativa entre las formas de vida de la clase obrera y de la burgues\u00eda? \u00bfNo desaparecer\u00e1n estas diferencias cuando el mundo semi-adosado se extienda y ciertos bienes de consumo se vuelvan m\u00e1s baratos? Uno puede comprender las ventajas de este punto de vista para ciertos comentaristas y pol\u00edticos contempor\u00e1neos. Pero una cultura, todo un modo de vida, jam\u00e1s es reductible a sus artefactos. Una forma de vida es un uso de los recursos para un prop\u00f3sito humano particular. En el caso de la propiedad personal ordinaria, estos prop\u00f3sitos se superponen y se vuelven incluso id\u00e9nticos, a pesar de las diferencia de clase. Pero, en un campo m\u00e1s amplio, los prop\u00f3sitos en el uso de recursos pueden diferir significativa y vitalmente. Aqu\u00ed est\u00e1 de hecho presente la distinci\u00f3n entre clase obrera y burgues\u00eda. Como clases, est\u00e1n comprometidas con visiones diferentes y alternativas de la naturaleza y los prop\u00f3sitos de la sociedad de formas totalmente distintas, y consecuentemente con diferentes versiones de las relaciones humanas. \u00c9sta sigue siendo la distinci\u00f3n cultural m\u00e1s importante de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>La principal contribuci\u00f3n cultural de la clase obrera en este pa\u00eds ha sido la instituci\u00f3n democr\u00e1tica colectiva, formada para alcanzar un beneficio social general. Es verdad que la clase media progresista es capaz de establecer instituciones que funcionan democr\u00e1ticamente en s\u00ed mismas, pero es siempre caracter\u00edstico de estas instituciones el ser, en definitiva, exclusivas: no pueden, partiendo de s\u00ed mismas, ser extendidas hasta cubrir a la sociedad como un todo. Muchas organizaciones de la clase obrera por supuesto comienzan como grupos de inter\u00e9s de un tipo similar, pero su caracter\u00edstica es su m\u00e1s amplia asociaci\u00f3n no s\u00f3lo con otros grupos similares sino hasta el punto de alcanzar a cubrir \u2014o apuntar a cubrir\u2014 los intereses de toda la sociedad. El crecimiento del movimiento laborista representa la instancia primaria de este fen\u00f3meno. Es ciertamente caracter\u00edstico de la cultura obrera que haya elegido poner el \u00e9nfasis en extender relaciones. Los afectos y las lealtades primarias, primero a la familia, luego al barrio, pueden de hecho ser directamente extendidas a las relaciones sociales como un todo, de modo que la idea de una sociedad democr\u00e1tica colectiva est\u00e1 a la vez basada en la experiencia directa y disponible, como una idea, para otros que deseen suscribir a ella. La clase obrera no tiene por cierto el monopolio de estas virtudes primarias, en particular la lealtad a la familia cercana. Pero la idea burguesa de las relaciones sociales \u2014 una sociedad de hombres libres con igualdad de oportunidades para competir\u2014 no es s\u00f3lo una causa de tensi\u00f3n en s\u00ed misma, llevando a intentos abiertos o encubiertos de limitar tales oportunidades, sino que es adem\u00e1s una causa de tensi\u00f3n inmediata en tanto los valores de la familia no pueden extenderse a la sociedad como un todo \u2014un hombre trabaja para su familia, pero compite contra otros hombres que hacen lo mismo\u2014. Gran parte de los males reales y las desilusiones de nuestro siglo han provenido de esta tensi\u00f3n pr\u00e1ctica en hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p><strong>Familia, barrio, sociedad<\/strong><\/p>\n<p>Pero la clase media liberal fue capaz de una reforma menor dentro de su idea de sociedad: la sustituci\u00f3n de la pr\u00e1ctica de la competici\u00f3n por la idea de servicio. A veces, por supuesto, la idea de servicio es una racionalizaci\u00f3n evidente del inter\u00e9s individual, pero ha sido igualmente la base de muchas vidas dedicadas. El hecho es, sin embargo, que la idea de servicio no es (aunque lo aparente) una extensi\u00f3n de las lealtades primarias comparables a aquella que ha alcanzado la idea de sociedad de la clase obrera. Pues el servicio es com\u00fanmente a una autoridad o una instituci\u00f3n existente, que pone l\u00edmites a su capacidad de extensi\u00f3n a la sociedad en su totalidad; y, m\u00e1s a\u00fan, es a menudo en la pr\u00e1ctica misma una negaci\u00f3n de las lealtades y los afectos, sobre los cuales las demandas de servicio deben tomar prioridad. El extraordinario consentimiento que instituciones tan caracter\u00edsticamente burguesas como la escuela inglesa otorgan a la separaci\u00f3n es un excelente ejemplo de esto. La familia inmediata es en cierto punto quebrada con el fin de preparar a algunos de sus miembros para un servicio que es pensado como mucho mayor y m\u00e1s importante. La profunda desconfianza de tales procedimientos por parte de la gente de clase obrera en este pa\u00eds es entendible. Para ellos la familia, el barrio y la sociedad deben, para ser satisfactorios, ser continuos y coextensivos: ninguno de ellos puede ser bueno si involucra sacrificar o debilitar a los otros. El elemento autoritario inherente a la idea de servicio tambi\u00e9n es percibido.<\/p>\n<p><strong>Valores mayoritarios-ideales minoritarios<\/strong><\/p>\n<p>Es importante subrayar estas diferencias culturales b\u00e1sicas ahora, cuando se nos ofrecen de hecho tres versiones de sociedad: el \u00abestado de oportunidades\u00bb (competici\u00f3n burguesa); el capitalismo de bienestar (servicio burgu\u00e9s \u2014el patr\u00f3n de pensamiento de mucho l\u00edderes del Partido Laborista\u2014); socialismo (la idea de la clase obrera de la sociedad como una totalidad democr\u00e1tica colectiva). Gran parte de nuestro argumento pol\u00edtico se confunde \u2014y gran parte de nuestra controversia es causada por\u2014 la energ\u00eda que fluye hacia una u otra de estas versiones desde las disposiciones culturales b\u00e1sicas. La calidad de la discusi\u00f3n pol\u00edtica puede ser fuertemente profundizada si estas cosas son comprendidas. Es por supuesto un corolario que la vida de la clase obrera no es primariamente pol\u00edtica, aunque pueda usualmente ser vista como tal desde afuera o por abstracci\u00f3n. El efecto pol\u00edtico de la vida de la clase obrera es el producto de las lealtades y los afectos, en la familia y el barrio, que constituyen la sustancia inmediata de esta vida y que Richard Hoggart ha descrito tan inteligente y elocuentemente. Por supuesto, s\u00f3lo una minor\u00eda es realmente activa a nivel pol\u00edtico, pero no debemos confundirnos por las ideas burguesas de la naturaleza de una minor\u00eda. Seg\u00fan \u00e9stas, una minor\u00eda es normalmente pensada de forma aislada, auto-defensiva, opuesta a los valores de la mayor\u00eda. El liderazgo pol\u00edtico e industrial de la clase obrera es, de manera evidente, una minor\u00eda de un tipo distinto. No est\u00e1 aislada, sino que es la representaci\u00f3n articulada de una extensi\u00f3n de los valores primarios a los campos sociales. No es auto-defensiva, pues busca consistentemente operar en el comportamiento y los intereses de la mayor\u00eda. No se opone a los valores de la mayor\u00eda, sino que busca definirlos en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios y en un contexto diferente: la prueba de su \u00e9xito general en esto, contra el detalle de la desilusi\u00f3n y la decepci\u00f3n locales, es la existencia de las instituciones de la gran mayor\u00eda que est\u00e1n siendo construidas hoy en d\u00eda. Es objetado, por Hoggart y otros, que estas instituciones tengan un tono predominantemente materialista. Pero el materialismo de la clase obrera \u2014el mejoramiento colectivo de la vida com\u00fan\u2014 es objetivamente, en nuestras circunstancias, un ideal humano. Los afectos primarios se expanden por todos lados pues (en donde otros, bajo las tensiones descritas, ven muchas razones) la clase obrera no ve raz\u00f3n en su experiencia por la que estos valores primarios no deber\u00edan convertirse en los valores de la sociedad entera.<\/p>\n<p>He estado describiendo por supuesto caracter\u00edsticas de clase. Dentro de ella, casi cualquier tipo de variaci\u00f3n de respuesta individual es posible, y la experiencia de nuestra sociedad actual alienta algunas de ellas, con el consiguiente debilitamiento de la clase como un todo. Una y otra vez, las oportunidades de una colmena de tipo burgu\u00e9s han sido ofrecidas a personas seleccionadas de la clase obrera, y muchas han sido aceptadas, a veces como una expl\u00edcita traici\u00f3n a la clase. Incluso donde la traici\u00f3n es imposible, como en un hombre de la profundad lealtad a su propia gente como Hoggart, la separaci\u00f3n causada por el aprovechamiento de las oportunidades dentro del marco burgu\u00e9s puede crear sus propias profundas tensiones y dificultades. Estos son asuntos reales, aunque cuando todas las oportunidades sean tomadas, y unas pocas se hayan disipado, la corriente principal de la vida de la clase obrera continuar\u00e1, en su propia direcci\u00f3n, ofreciendo, como hemos visto, una idea de sociedad bajo la cual todos pueden nuevamente unirse.<\/p>\n<p><strong>Las masas y la corriente principal<\/strong><\/p>\n<p>Lo que la mayor\u00eda de nosotros ve si mira hacia atr\u00e1s en la vida de una familia y un barrio de clase obrera es una conformidad compulsiva que a la vez valoramos y tememos. La valoramos como una fuente de fortalecimiento para la clase: la solidaridad real que ha sido preservada y enriquecida. La valoramos, incluso si la cuestionamos, por su moralidad. Esa estrecha \u00abrespetabilidad\u00bb de gran parte de la vida de clase obrera es f\u00e1cilmente observable, y uno puede fastidiarse con ella. Pero esta es una moralidad de gente que no tiene otro capital que a s\u00ed misma, y Hoggart tiene raz\u00f3n en valorarla tan fuertemente. Los intelectuales socialistas han acentuado demasiado frecuentemente, en la pr\u00e1ctica y en la teor\u00eda, una cr\u00edtica de esta \u00abresponsabilidad\u00bb que es a la vez simple y da\u00f1ina. Un intelectual aislado, o un rebelde de su propia clase, construye demasiado f\u00e1cilmente, como su virtud, el exilio (el oponente orgulloso y principista de una sociedad falsa) o, peor a\u00fan, el vagabundeo (el inconformista despreciado y rechazado, que es visto como moral dentro de la amplia inmoralidad). De hecho, mientras estas posiciones son siempre explicables en t\u00e9rminos personales, y pueden, en un determinado estadio, ser los \u00fanicos puntos posibles para posicionarse, el pensamiento y el sentimiento que se desprenden de ellas son y han sido muy da\u00f1inos. Las virtudes son en el mejor de los casos negativas, y est\u00e1n en desventaja incluso frente a la m\u00e1s estrecha moralidad social. Pues mientras la seguridad de los grupos crezca la moralidad cambiar\u00e1 y se profundizar\u00e1, y \u00e9ste, m\u00e1s que el rumbo del exilio o el vagabundeo, es el patr\u00f3n de crecimiento.<\/p>\n<p>Pero hay, finalmente, en este h\u00e1bito conformista que de otro modo ser\u00eda positivo, un peligro. Especialmente en per\u00edodos de transici\u00f3n, la existencia de este sentimiento es una invitaci\u00f3n permanente a la explotaci\u00f3n por parte de individuos o camarillas. En estos tard\u00edos cincuentas, somos conscientes de este peligro por sobre todas las cosas pero, mientras combatimos las camarillas, recordemos que la oportunidad de una transformaci\u00f3n valiosa de la sociedad s\u00f3lo puede darse en los t\u00e9rminos de una cultura obrera. No hay masas que capturar, sino tan s\u00f3lo una corriente principal a la que sumarse. Es posible que sea en este punto que los dos grandes sentidos de la cultura \u2014por un lado, las artes, las ciencias y el conocimiento; por el otro, una forma de vida completa\u2014 sean valiosamente reunidos, en un esfuerzo com\u00fan de madurez.<\/p>\n<p><strong>Nota<\/strong><\/p>\n<p>[1] El t\u00e9rmino semi-adosado (<em>semi-detached<\/em>) refiere a un tipo de vivienda familiar caracter\u00edstico de Gran Breta\u00f1a, tradicionalmente asociado a la clase media. Las casas semi-adosadas son construidas en pares que comparten una pared (N. de los T.).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Comentario a Hoggart, Richard: The Uses of Literacy: Aspects of Working-Class Life, Londres, Chatto, 1957 publicado originalmente en Universities &amp; Left Review, Verano 1957, Vol.1, N\u00b02. Traducci\u00f3n de Juli\u00e1n Delgado y Vanina Soledad L\u00f3pez. Publicada con autorizaci\u00f3n de los herederos de Raymond Williams.<\/p>\n<p>Fuente: <em>Rey Desnudo: revista de libros. <\/em>A\u00f1o V, No. 10, Oto\u00f1o 2017. <a href=\"https:\/\/dialnet.unirioja.es\/descarga\/articulo\/6061578.pdf\">https:\/\/dialnet.unirioja.es\/descarga\/articulo\/6061578.pdf<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La rica e inquietante obra de Richard Hoggart The Uses of Literacy plantea la tesis de que \u00abuna \u2018cultura obrera\u2019<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":11969,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[],"class_list":["post-12023","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12023","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12023"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12023\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/11969"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12023"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12023"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12023"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}