{"id":12135,"date":"2022-07-12T06:34:21","date_gmt":"2022-07-12T05:34:21","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12135"},"modified":"2023-02-04T04:54:47","modified_gmt":"2023-02-04T03:54:47","slug":"barry-commoner-un-cientifico-con-conciencia-de-especie-y-conocimiento-del-valor-de-la-ciudadania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12135","title":{"rendered":"Barry Commoner, un cient\u00edfico con conciencia de especie y conocimiento del valor de la ciudadan\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 har\u00e1 diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un art\u00edculo suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. Comenzamos con este art\u00edculo sobre el gran ecologista estadounidense Barry Commoner.<\/em><\/p>\n<p><em>Publicaci\u00f3n original:\u00a0 <\/em>mientras tanto<em>, 50, 1992.<br \/>\n<\/em><em>Edici\u00f3n y notas al pie de p\u00e1gina de Salvador L\u00f3pez Arnal.<br \/>\n<\/em><em>Escrito fechado en marzo de 1992.<\/em><\/p>\n<p><em>En Cl\u00e1sicos del Pensamiento Cr\u00edtico, una colecci\u00f3n que Francisco Fern\u00e1ndez Buey (1943-2012) fund\u00f3 junto a su disc\u00edpulo, compa\u00f1ero y amigo Jorge Riechmann, se ha publicado recientemente <\/em>Antolog\u00eda. Barry Commoner: ecolog\u00eda y acci\u00f3n social<em>, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2022 (edici\u00f3n de Jorge Riechmann e Iranzu Tellechea).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pocas personas habr\u00e1n influido tanto en los movimientos medioambientales de las dos \u00faltimas d\u00e9cadas como el bi\u00f3logo y ecologista norteamericano Barry Commoner. Activista contra las armas at\u00f3micas ya en los a\u00f1os de la primera guerra fr\u00eda, cuando m\u00e1s intensos y frecuentes fueron los experimentos nucleares en la atm\u00f3sfera, Commoner empez\u00f3 a publicar en 1958 un bolet\u00edn, <em>Nuclear Information<\/em>, que en 1964 pasar\u00eda a llamarse <em>Scientist and Citizen<\/em>, embri\u00f3n de lo que luego, ya en 1969, ser\u00eda la revista mensual <em>Environment<\/em>, todav\u00eda en activo y una de las m\u00e1s antiguas publicaciones ecologistas de los EEUU. Esta misma evoluci\u00f3n suya desde la protesta contra los experimentos nucleares con fines militares a la cr\u00edtica del uso de la energ\u00eda nuclear para la producci\u00f3n de electricidad[1] sintetiza muy bien lo que ha sido igualmente en Europa el paso del antimilitarismo de izquierda de los a\u00f1os cincuenta al ecologismo social de los setenta.<\/p>\n<p>Bastante antes de la presentaci\u00f3n de <em>Los l\u00edmites del crecimiento<\/em> (1972), primer informe al Club de Roma, que populariz\u00f3 la problem\u00e1tica medioambiental, Commoner era conocido ya en los EEUU de Norteam\u00e9rica por un interesante ensayo titulado <em>Ciencia y supervivencia<\/em> (1966) en el que llamaba la atenci\u00f3n acerca de los riesgos implicados en el complejo tecnocient\u00edfico contempor\u00e1neo y denunciaba la orientaci\u00f3n cada vez m\u00e1s biocida de la civilizaci\u00f3n industrial bajo el capitalismo.<\/p>\n<p><em>Ciencia y supervivencia<\/em> fue uno de esos aldabonazos necesarios que conmueven a la opini\u00f3n p\u00fablica informada en el momento oportuno. Aquel libro, tan breve como sugerente, part\u00eda del an\u00e1lisis de uno de los acontecimientos sociol\u00f3gicamente m\u00e1s interesantes de la \u00e9poca: las consecuencias del c\u00e9lebre apag\u00f3n que, inesperada e inexplicablemente, dej\u00f3 sin luz a una parte considerable del territorio norteamericano y de Canad\u00e1, en noviembre de 1965. En <em>Ciencia y supervivencia<\/em> (que no ser\u00eda traducido al castellano hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s[2]) Commoner llam\u00f3 la atenci\u00f3n acerca de algunos aspectos preocupantes de las pol\u00edticas tecnocient\u00edficas en curso, un asunto que todav\u00eda ahora sigue siendo motivo frecuente de apasionadas controversias.<\/p>\n<p>Ya en la primera de sus publicaciones m\u00e1s influyentes Commoner denunciaba el car\u00e1cter infundado del optimismo tecnol\u00f3gico de los nuevos aprendices de brujo (cient\u00edficos, t\u00e9cnicos, estadistas) en tiempos que renuevan sin cesar el mito de Fausto. Y lo hac\u00eda mostrado c\u00f3mo la reducci\u00f3n al m\u00ednimo del tiempo necesario para pasar de la investigaci\u00f3n pura a las aplicaciones tecnol\u00f3gicas hace aumentar considerablemente el riesgo de estas para las poblaciones. De ah\u00ed pasaba Commoner a la explicaci\u00f3n de la magnitud de los accidentes y de la dimensi\u00f3n de las cat\u00e1strofes tecnocient\u00edficas en la d\u00e9cada de la creencia ingenua en que todo est\u00e1 bajo control.<\/p>\n<p>En la parte positiva de su argumentaci\u00f3n, Commoner ha defendido la necesidad de interesar a los ciudadanos en el proceso de discusi\u00f3n y aprobaci\u00f3n de las pol\u00edticas cient\u00edficas; afirma, en suma, la importancia que tiene democratizar la toma de decisiones acerca de unas pol\u00edticas de investigaci\u00f3n y desarrollo que una vez aprobadas dif\u00edcilmente pueden ser revisadas o revocadas, debido al enorme coste de la inversi\u00f3n que ha sido puesta en juego. Una conclusi\u00f3n se impone: hay que replantearse la forma tradicional del proceder habitual por ensayo y error; romper con la inercia en los asuntos cient\u00edfico-t\u00e9cnicos, Y conviene hacerse tambi\u00e9n una pregunta: \u00bfexiste, o puede existir, alg\u00fan otro procedimiento metodol\u00f3gico mejor que \u00e9ste[3]?<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os de la \u00abprimavera ecologista\u00bb (1969-1973) Commoner tuvo un papel decisivo en la conformaci\u00f3n de la conciencia popular sobre la crisis ambiental. Este influyente papel (no solo en los EEUU de Norteam\u00e9rica, sino tambi\u00e9n en la Europa occidental y hasta en los primeros n\u00facleos ecologistas, muy minoritarios, de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) se ha debido a una particularidad tan rara como universalmente apreciada: la combinaci\u00f3n en una misma persona de esp\u00edritu cient\u00edfico y de las convicciones del activista social.<\/p>\n<p>Y se comprende. Commoner, que lleva treinta a\u00f1os trabajando en el Centro para el estudio de la biolog\u00eda de los sistemas naturales ubicado en un principio en la Universidad Washington de San Louis (Missouri) y m\u00e1s recientemente en el Queens College de New York, ha realizado estudios especializados acerca del impacto medioambiental de los distintos tipos de producci\u00f3n industrial, sobre los efectos de la dioxina en poblaciones animales y humanas, o en relaci\u00f3n con la utilizaci\u00f3n de la biomasa vegetal y del alcohol et\u00edlico como fuentes de energ\u00eda alternativa. Al mismo tiempo que profundizaba su investigaci\u00f3n cient\u00edfica, Commoner ha seguido siendo uno de los m\u00e1s destacados cr\u00edticos de la energ\u00eda nuclear de fisi\u00f3n, fue hace a\u00f1os candidato a las elecciones presidenciales de los EEUU con el partido de los Ciudadanos[4] y, \u00faltimamente, ha asesorado desde su centro de investigaci\u00f3n a los movimientos vecinales que luchan en favor de soluciones alternativas a la incineraci\u00f3n standard de los residuos s\u00f3lidos urbanos. Commoner se ha declarado partidario del reprocesamiento cuasiintegral de los desperdicios urbanos y ha participado tanto en la preparaci\u00f3n de encuestas a este respecto como en experiencias ciudadanas que, en diferentes localidades norteamericanas, tratan de difundir dicho punto de vista.<\/p>\n<p>Fruto de esta combinaci\u00f3n de la actividad profesional, cient\u00edfica, y del activismo pol\u00edtico-social durante los a\u00f1os sesenta y setenta son dos libros excelentes, en los que Barry Commoner se revela, adem\u00e1s, como un insuperable divulgador de problemas cient\u00edficos, o tecnocient\u00edficos, nada f\u00e1ciles de explicar al gran p\u00fablico (desde algunas de las implicaciones de la segunda ley de la termodin\u00e1mica[5] hasta las insuficiencias te\u00f3ricas de los que los economistas llaman \u00abinternalizar las externalidades\u00bb econ\u00f3micas).<\/p>\n<p>Estos dos libros llevan por t\u00edtulo <em>El c\u00edrculo que se cierra<\/em> (1971) y <em>La escasez de energ\u00eda<\/em> (1976), ambos traducidos en Espa\u00f1a por Plaza y Jan\u00e9s a finales de la d\u00e9cada de los setenta[6]. En ellos Barry Commoner adelantaba, con tantas previsi\u00f3n como eficacia literaria, un interesant\u00edsimo e inquietante an\u00e1lisis de varios de los grandes problemas medioambientales cuya gravedad han acabado reconociendo la comunidad internacional y los gobiernos de los principales pa\u00edses industrializados.<\/p>\n<p>Aunque, sin duda, no las suficientes para hacer cambiar el curso de las cosas, fueron muchas las personas sensibles que, entre 1970 y 1980, en EEUU y en Europa, tomaron conciencia, a trav\u00e9s de estos ensayos de Commoner, de la importancia del fen\u00f3meno de la eutrofizaci\u00f3n[7] para nuestros lagos, o de las lluvias \u00e1cidas, o de la magnitud del efecto invernadero y de la dimensi\u00f3n de sus consecuencias futuras para el clima del planeta, o del peligro que representaban las centrales nucleares en funcionamiento, o del progresivo encarecimiento comparativo de la energ\u00eda el\u00e9ctrica de origen nuclear, o de las negativas consecuencias inmediatas de la habitual manipulaci\u00f3n de los datos sobre el riesgo de las tecnolog\u00edas duras con el fin de atenuar las preocupaciones y los miedos de la opini\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, para muchos de nosotros, Barry Commoner ha sido en estos a\u00f1os un ejemplo vivo de cient\u00edfico representativo de la nueva manera de pensar que exig\u00edan los redactores del Manifiesto Russell-Einstein[8]: un profesional con conciencia de especie, atento al valor de la participaci\u00f3n ciudadana en la planificaci\u00f3n cient\u00edfico-t\u00e9cnica, con responsabilidad social.<\/p>\n<p><strong>Hacer las paces con el planeta<\/strong><\/p>\n<p>Tras <em>Ciencia y supervivencia<\/em> (1966), <em>El c\u00edrculo que se cierra<\/em> (1971) y <em>La escasez de energ\u00eda<\/em> (1976), t\u00edtulos, todos ellos, publicados por Plaza Jan\u00e9s, acaba de aparecer en castellano (Barcelona, Cr\u00edtica, 1992) el \u00faltimo libro de Barry Commoner: <em>Making Peace whith the Planet<\/em>, traducido como <em>En paz con el planeta<\/em>. Este t\u00edtulo no debe llamar a enga\u00f1o. No se trata, naturalmente, de la primera y feliz constataci\u00f3n de la existencia de un estado del bienestar econ\u00f3mico-ecol\u00f3gico ya alcanzado, ya logrado; sino de la nueva expresi\u00f3n de un anhelo, eso s\u00ed, cada vez m\u00e1s compartido, y por m\u00e1s personas, a medida que van haci\u00e9ndose patentes las manifestaciones negativas de la incipiente crisis ecol\u00f3gica. Se trata, pues, del creciente deseo ecopacifista de hacer las paces con el planeta, de un ensayo, en suma, que tiene tanto de anal\u00edtico como de normativo. Y nos llega este libro de Commoner, muy oportunamente, en el preciso momento en que la comunidad europea discute sobre las medidas a adoptar en estos a\u00f1os para combatir el deterioro de la capa de ozono y se abre ya, en nuestro pa\u00eds, la pol\u00e9mica sobre las futuras plantas incineradoras de los residuos s\u00f3lidos urbanos.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo libro de Commoner es, en primer lugar, un agudo balance cr\u00edtico de las ocasiones perdidas, durante los \u00faltimos veinte a\u00f1os, para hacer frente a la crisis medioambiental. Pero es tambi\u00e9n, y sobre todo, un llamamiento esperanzado a la comunidad internacional, a los gobiernos y a las gentes, particularmente a las gentes, a los ciudadanos conscientes, a la opini\u00f3n p\u00fablica informada, en favor de iniciar un cambio de rumbo hacia una econom\u00eda de paz, ecol\u00f3gicamente fundamentada, ahora que el costos\u00edsimo enfrentamiento de las \u00faltimas d\u00e9cadas entre EEUU de Norteam\u00e9rica y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica ha terminado[9].<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo conclusivo de su libro Commoner ha calculado que una cantidad aproximadamente igual a la gastada por las grandes potencias en la producci\u00f3n de armamentos durante los \u00faltimos a\u00f1os de la d\u00e9cada de los 80 es la que hace falta para propiciar una regeneraci\u00f3n ecol\u00f3gica del planeta Tierra que d\u00e9, adem\u00e1s, satisfacci\u00f3n a los mil millones de hambrientos[10] que hay en los pa\u00edses pobres de este mundo dividido. De modo que si esto se lograra en los pr\u00f3ximos a\u00f1os, la enormidad de lo gastado en armas que ahora est\u00e1n siendo destruidas por obsoletas, sin haber sido usadas (felizmente), pasar\u00eda a la historia de la Humanidad como un nuevo cap\u00edtulo del viejo cuento de furia y ruido contado por el imb\u00e9cil de turno. Hacer las paces con el planeta supondr\u00eda, por tanto, pacificar tambi\u00e9n la conciencia de la Humanidad.<\/p>\n<p>El libro de Commoner est\u00e1 lleno de agudas sugerencias cr\u00edticas y de notables propuestas de actuaci\u00f3n. Una de estas sugerencias es la caracterizaci\u00f3n de la crisis medioambiental como resultado (imprevisto, inesperado) de un acoplamiento innatural, de un desencuentro o encontronazo, entre tecnoesfera y ecosfera: los procesos c\u00edclicos, conservadores, homoest\u00e1ticos y coherentes, propios de la ecosfera, chocan con los procesos lineales, innovadores pero ecol\u00f3gicamente desarmonizadores de la tecnoesfera creada por los humanos. Hay en esta caracterizaci\u00f3n una pretensi\u00f3n equilibrada de tres puntos de vista ecologistas que acent\u00faan de manera unilateral el papel solo negativo de toda tecnolog\u00eda o que reducen la crisis ecol\u00f3gica a un problema de sobrecarga, por la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica, en la base natural del mantenimiento de la vida sobre el planeta.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de Commoner se diferencia tambi\u00e9n de la queja ambientalista, tantas veces interesada, que culpabiliza de los desequilibrios en el medio ambiente al conjunto de la especie humana, a todos y cada uno de los individuos miembros de la misma. En paz con el planeta delimita culpabilidades y sabe a quien dirigirse a la hora de exigir responsabilidades. Precisamente por ello Commoner ha puesto mucho \u00e9nfasis en aclarar la relaci\u00f3n existente entre la crisis medioambiental y el dominio casi absoluto de la l\u00f3gica del beneficio inmediato en las econom\u00edas de mercado. Esto no quiere decir que en las econom\u00edas planificadas a las que se dio el nombre de socialismo las cosas hayan ido mejor. Pero consolarse con una observaci\u00f3n as\u00ed, a estas alturas de la historia, ser\u00eda consuelo de tontos.<\/p>\n<p>Se puede sostener que hay incompatibilidad entre la l\u00f3gica del beneficio generalmente adoptada por las empresas privadas (una l\u00f3gica que en la \u00e9poca de la crisis de la cultura socialista y de la afirmaci\u00f3n del neoliberalismo ha pasado a determinar tambi\u00e9n la actuaci\u00f3n de las empresas p\u00fablicas) y el mantenimiento de las constantes medioambientales, puesto que de las opciones tecnol\u00f3gicas posibles tiende a seleccionarse aquella que sea \u00abm\u00e1s productiva\u00bb en el sentido capitalista de la palabra, esto es, que produzca beneficios econ\u00f3micos en el menor lapso de tiempo posible.<\/p>\n<p>Commoner aduce a este respecto dos ejemplos igualmente concluyentes. El primero es un ejemplo de los a\u00f1os cincuenta, cuando la industria norteamericana, en un momento en el que se estaban desarrollando ya prototipos de autom\u00f3viles ecol\u00f3gicamente m\u00e1s aceptables, impuso los modelos m\u00e1s grandes y contaminantes, con el consabido argumento de que \u00abminiautom\u00f3viles son minibeneficios\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo ejemplo es de ahora mismo. Nos lo proporciona la controversia entre los movimientos ecologistas europeos y norteamericanos y las principales empresas fabricantes de los gases CFC[11], que han contribuido decisivamente al deterioro de la capa de ozono. Una vez m\u00e1s, tambi\u00e9n en esta oportunidad, a la hora de tomar medidas, que son ya urgentes y un\u00e1nimemente exigidas por la comunidad cient\u00edfica, la l\u00f3gica del beneficio privado (el derecho sagrado a la conservaci\u00f3n del capital invertido) interfiere la racionalidad colectiva pidiendo, en este caso, tiempo para recuperar la inversi\u00f3n de capital, un tiempo que, a juzgar por las recientes comprobaciones sobre los efectos del agujero de la capa de ozono en plantas y animales de Groenlandia y de Chile, no tenemos ya, y que, por otra parte, no se suele pedir, en cambio, para experimentar suficientemente tantos productos como se lanzan al mercado alegremente, y cuyos efectos secundarios sufren luego las poblaciones m\u00e1s desfavorecidas o peor informadas.<\/p>\n<p>Del an\u00e1lisis de ejemplos como estos, y de su antigua convicci\u00f3n seg\u00fan la cual hay que pedir tiempo antes de lanzarse a empresas megal\u00f3manas potencialmente peligrosas para los humanos y no despu\u00e9s de la confirmaci\u00f3n de las peores previsiones de aquellos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos que fueron m\u00e1s cautos, o m\u00e1s responsables socialmente, o menos proclives a la justificaci\u00f3n del beneficio privado, Commoner saca argumentos para: 1) defender, contra la corriente (al menos en Norteam\u00e9rica), una opci\u00f3n ecosocialista[12]; 2) criticar a fondo el concepto de riesgo m\u00ednimo medio, tan aplicado por estadistas y tecn\u00f3cratas cada vez que hay que justificar determinadas tecnolog\u00edas en discusi\u00f3n, desde las centrales nucleares a las incineradoras de residuos urbanos.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo dedicado a las incineradoras es particularmente pertinente. En paz con el planeta confirma que las primeras incineradoras de residuos urbanos en funcionamiento en EEUU arrojaron y arrojan al ambiente cantidades de dioxinas que pueden ser muy peligrosas para los humanos que las soportan. Reconocido lo cual es previsible ya una situaci\u00f3n pr\u00f3xima en la que los pa\u00edses subdesarrollados y las regiones o comarcas subdesarrolladas de los pa\u00edses industrialmente desarrollados se convertir\u00edan en incineradoras de estercoleros generados por los principales pa\u00edses y zonas ricas.<\/p>\n<p>Para que tal cosa no llegue a ocurrir, agudizando a\u00fan m\u00e1s las desigualdades actuales entre pa\u00edses y comarcas, habr\u00eda que hacer las paces con el planeta, o sea, habr\u00eda que empezar por hacer caso de Barry Commoner cuando propone el reprocesamiento cuasiintegral de los residuos urbanos, dedicar a la regeneraci\u00f3n ecol\u00f3gica del planeta el total del porcentaje del PIB dedicado durante los \u00faltimos a\u00f1os a las armas y estudiar en serio la posibilidad de pasar a una utilizaci\u00f3n descentralizada de energ\u00edas y tecnolog\u00edas de transici\u00f3n, alternativas al petr\u00f3leo y a la energ\u00eda nuclear.<\/p>\n<p>Las p\u00e1ginas dedicadas a la alternativa econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica y a la valoraci\u00f3n de lo hecho hasta ahora por los movimientos medioambientales son, como, por otra parte, era de esperar, las m\u00e1s pol\u00e9micas del libro. Primero, porque ya han sido escritas con tono pol\u00e9mico (al actualizar una vieja pol\u00e9mica con P. R. Ehrlich y otros autores que data de comienzos de los 70 o al criticar la direcci\u00f3n que ha ido imponi\u00e9ndose en algunos de los principales movimientos ecologistas norteamericanos). Segundo, porque algunas de las propuestas alternativas de Commoner al uso de la energ\u00eda nuclear, del petr\u00f3leo y del carb\u00f3n para los pr\u00f3ximos a\u00f1os o al tipo de incineraci\u00f3n de los residuos urbanos que se ha impuesto hasta el momento chocan por el momento con ciertas dificultades t\u00e9cnicas o socioecon\u00f3micas, o tienen que competir con otros proyectos alternativos, algunos de ellos pensados fuera de los EEUU de Norteam\u00e9rica y menos condicionados, consiguientemente, por la problem\u00e1tica de aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>En lo que hace a la orientaci\u00f3n de la protesta ecologista actual, Barry Commoner piensa que hay que pasar del ambientalismo \u00abblando\u00bb, que se limita a poner el acento en el control de las energ\u00edas y tecnolog\u00edas contaminantes, a un ecologismo \u00abduro\u00bb, m\u00e1s atento a lo social y a las pol\u00edticas en curso. La tarea, pues, de los movimientos ecologistas del momento no ser\u00eda simplemente controlar, sino prevenir. Commoner pone mucho \u00e9nfasis pol\u00e9mico en este punto estrat\u00e9gico, porque considera que limitarse a exigir el control ciudadano de la evoluci\u00f3n y desarrollo de las pol\u00edticas tecnol\u00f3gicas y de los sistemas energ\u00e9ticos ha resultado ya insuficiente en las d\u00e9cadas pasadas; solo ha servido para poner algunos parches y ayudar a mejorar relativamente el tipo de contaminaci\u00f3n producida por los autom\u00f3viles en las grandes ciudades.<\/p>\n<p>La importancia que Commoner da a la previsi\u00f3n y a las actuaciones globales alternativas para evitar que una mejora cualitativa se pierda por el empeoramiento cuantitativo (por ejemplo, en el control de los gases de los autom\u00f3viles y motocicletas tan limitado por el aumento del n\u00famero de autom\u00f3viles y motos de circulaci\u00f3n) tiene, adem\u00e1s, una consecuencia pr\u00e1ctica nada despreciable: los movimientos ecologistas deber\u00edan preocuparse m\u00e1s de la fundamentaci\u00f3n tecnocient\u00edfica de las propias propuestas alternativas, vincularse m\u00e1s estrechamente a los colectivos de cient\u00edficos socialmente comprometidos o responsables y dedicar m\u00e1s tiempo al estudio.<\/p>\n<p>Al abordar el tema del estudio en el seno de los movimientos y organizaciones ecologistas actuales, Commoner est\u00e1 pensando preferentemente en una opci\u00f3n que es objeto de controversia tanto en los EEUU de Norteam\u00e9rica como en Europa, la relativa al tipo de descentralizaci\u00f3n industrial y administrativa requerida por la reorientaci\u00f3n ecol\u00f3gica de las econom\u00edas. En este punto se muestra partidario de la descentralizaci\u00f3n, que favorece la correcci\u00f3n de gigantismo industrial imperante en las \u00faltimas d\u00e9cadas as\u00ed como la puesta en pr\u00e1ctica de renovadas agriculturas biol\u00f3gicas; pero considera, en cambio, como una exageraci\u00f3n ideol\u00f3gica la direcci\u00f3n que est\u00e1n adoptando los movimientos ecorregionalistas o biolocalistas al postular la modificaci\u00f3n de las fronteras existentes con criterios solo ecol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, al discutir con P. R. Ehrlich (<em>The Population Bomb<\/em>, New York, Ballantine, 1968 y <em>The Population Explosion<\/em>, New York, Simon and Schuster, 1990) as\u00ed como aquellos autores de orientaci\u00f3n neomalthusiana que ponen el acento en resolver prioritariamente los problemas demogr\u00e1ficos de los pa\u00edses pobres, Barry Commoner declara con mucha fuerza que hay ya tecnolog\u00edas (aunque poco usadas hasta hora) compatibles con la tutela de la ecoesfera y con la posibilidad de alimentar el total de la poblaci\u00f3n mundial. A partir de estas tecnolog\u00edas alternativas, y con los fondos que antes se gastaban en una demencial carrera armament\u00edstica, deber\u00eda ser posible, seg\u00fan Commoner, crear un sistema productivo que pueda crecer y desarrollarse en armon\u00eda con el ambiente; un sistema, en suma, que produzca alimentos lo suficientemente abundantes como para cubrir las necesidades de seis mil millones de seres humanos, con m\u00e1quinas eficientes, transportes r\u00e1pidos, casas decorosas y energ\u00edas limpias.<\/p>\n<p>Tampoco ignora Commoner cuantos obst\u00e1culos pol\u00edtico-sociales y cu\u00e1ntos prejuicios culturales habr\u00e1 que superar para lograr hacer realidad un sistema as\u00ed. El primero de estos obst\u00e1culos (expl\u00edcitamente tratado en el cap\u00edtulo de conclusiones) es lo que \u00e9l mismo llama \u00abel horror de los norteamericanos al socialismo\u00bb. <em>Making Peace with the Planet<\/em> est\u00e1 escrito entre 1989 y 1990. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando aparece la traducci\u00f3n castellana, seguramente habr\u00e1 que lamentar, con Commoner, que ese obst\u00e1culo no sea ya solo norteamericano.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] Francisco Fern\u00e1ndez Buey, junto con Manuel Sacrist\u00e1n, Antoni Dom\u00e8nech, V\u00edctor R\u00edos, Eduard Rodr\u00edguez Farr\u00e9 y oros amigos y amigas, fue un activista del CANC (Comit\u00e9 Antinuclear de Catalu\u00f1a).<br \/>\n[2] Un peque\u00f1o lapsus del autor. Fue publicado en enero de 1971.<br \/>\n[3] Sobre estas tem\u00e1ticas, Francisco Fern\u00e1ndez Buey, <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo. Ideas para un racionalismo bien temperado<\/em>, Barcelona: Cr\u00edtica, 1991 (edici\u00f3n de bolsillo, con nuevo pr\u00f3logo del autor, en Cr\u00edtica, 2004).<br \/>\n[4] Citizens Party, elecciones presidenciales de 1980, 233.052 votos.<br \/>\n[5] V\u00e9ase \u00abUn poquito de f\u00edsica, un poquito de matem\u00e1ticas, un poquito de econom\u00eda pol\u00edtica\u00bb, segundo cap\u00edtulo del cl\u00e1sico de Jorge Riechmann, <em>El socialismo puede llegar solo en bicicleta<\/em>, Madrid: Los Libros de la catarata, 2022 (edici\u00f3n revisada y ampliada), pp. 73-116.<br \/>\n[6] Editados respectivamente en castellano en 1973 y 1977. <em>La escasez de energ\u00eda<\/em> es el t\u00edtulo en espa\u00f1ol de <em>The Poverty of Power<\/em>.<br \/>\n[7] Proceso de contaminaci\u00f3n de las aguas en lagos, balsas, r\u00edos, embalses, etc, proceso provocado por el exceso de nutrientes en el agua, principalmente nitr\u00f3geno y f\u00f3sforo, procedentes mayoritariamente de las actividades humanas.<br \/>\n[8] Texto redactado por Bertrand Russell y apoyado por Albert Einstein, firmado en Londres el 9 de julio de 1955. <a href=\"http:\/\/istas.net\/descargas\/escorial04\/material\/dc01.pdf\">http:\/\/istas.net\/descargas\/escorial04\/material\/dc01.pdf<\/a><br \/>\n[9] El autor escribe despu\u00e9s de la desarticulaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.<br \/>\n[10] Se calcula entre 720 y 811 millones de personas sufrieron hambre en 2020 en todo el mundo, unas 161 millones m\u00e1s que el a\u00f1o anterior. Una buena parte de la diferencia entre la cifrada citada por FFB y las cifras actuales (que de nuevo se incrementan) est\u00e1 en el haber de la Rep\u00fablica Popular de China.<br \/>\n[11] Los gases clorofluorocarburos, clorofluorocarbonos o gases clorofluorocarbonados son gases derivados de los hidrocarburos saturados obtenidos mediante la sustituci\u00f3n de \u00e1tomos de hidr\u00f3geno por \u00e1tomos de fl\u00faor y\/o cloro principalmente. Son los gases que destruyen la capa de ozono.<br \/>\n[12] As\u00ed se definir\u00e1 el autor en ocasiones. Tambi\u00e9n como ecocomunista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 har\u00e1 diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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