{"id":1239,"date":"2009-10-18T00:00:00","date_gmt":"2009-10-18T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1239"},"modified":"2019-01-21T18:58:57","modified_gmt":"2019-01-21T18:58:57","slug":"solo-los-pobres-tienen-cosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1239","title":{"rendered":"S\u00f3lo los pobres tienen cosas"},"content":{"rendered":"\n<p><b>S\u00f3lo los pobres tienen cosas<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b><i>Santiago Alba Rico<\/i><\/b><\/p>\n<p><i>La Calle del Medio (Cuba)<\/i><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En nuestra vieja casa de piedra, en un pueblecito cerca de Madrid, ten\u00edamos una parra que hab\u00eda trepado durante d\u00e9cadas, agarrada al muro, para desplegar sobre el balc\u00f3n su sombra dulce de hojas y de uvas. Un d\u00eda, no la encontramos; al pie de la pared dolorosamente desnuda se alzaba un mu\u00f1\u00f3n diminuto serrado con violencia, trist\u00edsimo cimiento vegetal de la catedral derribada. Al vernos, uno de los vecinos se nos acerc\u00f3 para explicarnos con naturalidad, y casi con reproche: <\/p>\n<p>&#8211; Era un engorro. Me he comprado un coche nuevo m\u00e1s grande y ten\u00eda que maniobrar mucho para entrar en vuestra calle, exponi\u00e9ndome adem\u00e1s a que la parra me rayara la carrocer\u00eda. As\u00ed que la he talado. Era dura la condenada; he tenido que sudar para cortarla.<\/p>\n<p>Ped\u00eda casi que le agradeci\u00e9ramos el esfuerzo. Tan improcedente le parec\u00eda que un \u00e1rbol obstaculizase el camino de un coche, y tan natural esa jerarqu\u00eda, que no pod\u00eda imaginar nuestra contrariedad ni nuestra c\u00f3lera. Entre coches, la lucha habr\u00eda estado quiz\u00e1s igualada; pero entre un coche nuevo y una excrecencia natural que nadie hab\u00eda comprado, y que sal\u00eda de debajo de la tierra, el coche nuevo deb\u00eda hacer valer rutinariamente todos sus derechos.<\/p>\n<p>Las catedrales a veces crecen solas: se llaman parras o alm\u00e1cigos o colinas o glaciares. Se toman su tiempo en formarse -d\u00e9cadas, siglos o milenios- y desaparecen luego en un minuto porque obstaculizan la multiplicaci\u00f3n y disfrute de la verdadera riqueza, fabricada por la Ford o por la Sony y vendida por Wall-Mart o El Corte Ingl\u00e9s. <\/p>\n<p>El modelo mental de nuestro vecino aldeano es el de un mundo, el capitalista, en el que son los coches -las mercanc\u00edas en general- y no los \u00e1rboles los que tienen valor. Pero tampoco puede decirse, la verdad, que tengan mucho valor. Que prefiramos los coches y los televisores a las parras y las colinas no quiere decir que coches y televisores revistan a nuestros ojos el valor sagrado que para nuestros antepasados ten\u00edan ciertos \u00e1rboles o ciertas monta\u00f1as. En este mundo est\u00e1n, por as\u00ed decirlo, las criaturas que no tienen ning\u00fan valor -como los rosales, los r\u00edos y los iraqu\u00edes- y las que tienen muy poco valor, como lo son todas las que podemos comprar en el mercado. Lo hemos escrito otras veces: los espa\u00f1oles tiran a la basura sus tel\u00e9fonos celulares cada tres meses, sus ordenadores cada a\u00f1o y medio, sus coches cada dos a\u00f1os. Tiran ininterrumpidamente los pa\u00f1uelos, los papeles, las botellas, los encendedores, las cuchillas de afeitar, los bol\u00edgrafos, los Cds. Valoran m\u00e1s, claro, un trozo de pl\u00e1stico que un casta\u00f1o milenario, pero el trozo de pl\u00e1stico lo tratan sin ning\u00fan respeto y enseguida lo olvidan, lo arrinconan o lo cambian por otro semejante.<\/p>\n<p>El misterio metaf\u00edsico del capitalismo se resume en esta pregunta: una mercanc\u00eda \u00bfes realmente una <i>cosa<\/i>? Pero antes que nada: \u00bfqu\u00e9 es una cosa? Digamos que <i>cosa<\/i> es todo aquello que se rompe y que tarde o temprano no se puede ya recomponer; todo lo que est\u00e1 desprotegido, todo lo que requiere cuidados, todo lo que se vuelve irreemplazable con el paso del tiempo y cuya ausencia, por eso mismo, deja tambi\u00e9n una especie de cosa intangible y triste en su lugar. La silla que me ha soportado tantos a\u00f1os, el libro, el jarr\u00f3n, el mar, el mundo mismo son cosas. Un ni\u00f1o y un amado son cosas. Nos guste o no, en la medida en que somos <i>cuerpos<\/i> y estamos a merced de todos los dem\u00e1s, los seres humanos somos tambi\u00e9n <i>cosas<\/i>. No nos importar\u00eda ser tratados como cosas valiosas -o al menos como animales de compa\u00f1\u00eda. Pero el problema es que, bajo el capitalismo, somos tratados como mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>Antes la burgues\u00eda acumulaba muchas cosas; ahora s\u00f3lo los pobres conservan algunas pocas con verg\u00fcenza y aspiran precisamente a liberarse de ellas. Las cosas han desaparecido. Cuando algo est\u00e1 a punto de convertirse en una cosa, se corre al mercado a cambiarla por otra. Nada se rompe porque todo lo tiramos mientras a\u00fan sirve o funciona; nada llega a estar ausente porque no le damos tiempo para estar presente. El mercado capitalista constituye un \u201chombre nuevo\u201d porque establece un lugar antropol\u00f3gico sin precedentes en el que todo lo existente -todas las criaturas, naturales y artefactas- se pueden reemplazar. De los costes ecol\u00f3gicos de esta ilusi\u00f3n de intercambiabilidad y reemplazabilidad (que se alimenta de recursos finitos y de un planeta diminuto e insustituible) se habla a menudo; lo que no se dice con tanta frecuencia es que, en un mundo sin cosas, en un mundo en el que los humanos no alcanzamos ni siquiera el rango de cosas, en el que nada nunca llega a romperse, todo se puede tratar por igual sin ning\u00fan cuidado. \u00bfLas parras, los r\u00edos, los iraqu\u00edes? Son obst\u00e1culos para el mercado. \u00bfLos coches, los televisores, los trabajadores? Vamos, hermano, a comprar uno nuevo.<\/p>\n<p>Todo nuestro universo mental y cultural est\u00e1 ya configurado por esta falta radical de cuidado que acompa\u00f1a a la ilusi\u00f3n fundamental del mercado: la de que <i>todo tiene soluci\u00f3n. <\/i>La publicidad no anuncia productos concretos sino el evangelio -la buena nueva- de esta curaci\u00f3n universal: todo tiene arreglo y si usted tiene arrugas, estre\u00f1imiento, la piel seca, poco pelo, nadie le quiere, no le dan trabajo, es s\u00f3lo culpa suya. Es duro ser pobre cuando uno sabe que con un poco de dinero podr\u00eda dejar de serlo; es duro ser pobre cuando sabemos que podr\u00edamos ser incluso inmortales -y con nosotros toda la familia, que tampoco nos lo perdona- si hubi\u00e9ramos hecho bien la compra.<\/p>\n<p>Pero esta desaparici\u00f3n de las cosas no rige s\u00f3lo el universo publicitario; tambi\u00e9n el cinematogr\u00e1fico. Lo que hay que reprochar al esquema de Hollywood no es que oponga de un modo excesivamente sumario el Bien al Mal. Yo tambi\u00e9n lo hago: para m\u00ed Ren\u00e9, Antonio, Fernando, Gerardo y Ram\u00f3n son los \u201cbuenos\u201d y -por ejemplo- Kissinger, Bush y Cheney son los \u201cmalos\u201d. Lo que tiene de enga\u00f1oso, enfermizo y corruptor el esquema de Hollywood es su pretensi\u00f3n -puro reflejo del mercado- de que todos los conflictos tienen soluci\u00f3n y todas las pugnas conciliaci\u00f3n. <\/p>\n<p>No es as\u00ed: nos rompemos, nos morimos. <\/p>\n<p>No es as\u00ed: hay luchas en las que s\u00f3lo puede haber un vencedor.<\/p>\n<p>Porque nos morimos tenemos que cuidarnos los unos a los otros.<\/p>\n<p>Porque el capitalismo nos trata sin cuidado, es necesaria la revoluci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00f3lo los pobres tienen cosas<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>La Calle del Medio (Cuba)<\/p>\n<p>En nuestra vieja casa de piedra, en un pueblecito cerca de Madrid, ten\u00edamos una parra que hab\u00eda trepado durante d\u00e9cadas, agarrada al muro, para desplegar sobre el balc\u00f3n su sombra dulce de hojas y de uvas. Un d\u00eda, no la encontramos; al pie de la pared dolorosamente desnuda se alzaba un mu\u00f1\u00f3n diminuto serrado con violencia, trist\u00edsimo cimiento vegetal de la catedral derribada. 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