{"id":12393,"date":"2022-09-06T05:00:31","date_gmt":"2022-09-06T04:00:31","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12393"},"modified":"2023-02-04T04:53:22","modified_gmt":"2023-02-04T03:53:22","slug":"prologo-a-la-reedicion-de-la-ilusion-del-metodo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12393","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo a la reedici\u00f3n de <i>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/i>"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Fechado el 23 de abril de 2004, FFB escribi\u00f3 este texto para la reedici\u00f3n de <\/em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<em> en formato de bolsillo por Cr\u00edtica. Junto a reflexiones de inter\u00e9s sobre met\u00e1foras cient\u00edficas y asuntos epistemol\u00f3gicos, hay aqu\u00ed, de nuevo, una defensa de una tercera cultura, amiga de ciencias y humanidades, y de la necesidad de la formaci\u00f3n cr\u00edtica de la ciudadan\u00eda en tem\u00e1ticas cient\u00edficos. Destaco un pasaje del texto: \u00abLa idea del navegar se puede precisar un poco m\u00e1s con una imagen de Otto Neurath sobre el destino de los cient\u00edficos, <\/em>imagen que ha sido la inspiraci\u00f3n principal de este libro<em>\u00bb.<br \/>\n<\/em><em>Escrito complementario: \u00abPara una cr\u00edtica de la cr\u00edtica de la ciencia.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando escrib\u00ed <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em> hace ahora casi quince a\u00f1os[1] estaba yo convencido de que la mejor filosof\u00eda de la ciencia del siglo XX es la que han elaborado, a veces fragmentariamente, los propios cient\u00edficos, sobre todo estudiosos de la naturaleza y de la vida, que dedicaron una parte de su tiempo (y tal vez no la principal) a reflexionar sobre lo que estaban haciendo realmente al hacer ciencia.<\/p>\n<p>Tal convicci\u00f3n parec\u00eda razonable y hab\u00eda sido expresada a lo largo del siglo por varios cient\u00edficos de la naturaleza, empezando por el m\u00e1s universalmente apreciado, Albert Einstein[2], quien escribi\u00f3 en una ocasi\u00f3n, polemizando con metod\u00f3logos y epistem\u00f3logos, que nadie mejor que los propios cient\u00edficos para decir, cuando se habla de ciencia, d\u00f3nde aprieta el zapato, o sea, cu\u00e1les son los problemas de fondo y de procedimiento con que el investigador se encuentra, en su b\u00fasqueda, al tratar de establecer una hip\u00f3tesis o de formular una teor\u00eda.<\/p>\n<p>He argumentado esta convicci\u00f3n, que parece razonable, tomado pie en la seria broma de un l\u00f3gico y metod\u00f3logo ruso, Alexandr Zinoviev, que ha sido al mismo tiempo, para mi gusto, uno de los grandes autores sat\u00edricos del siglo XX. La broma dice que si hay que determinar el sexo de un conejo, el cient\u00edfico de verdad caza el conejo y lo examina, mientras que el metod\u00f3logo le mira por encima, si es blanco dictamina que es conejo y, si blanca, coneja[3]. Con este <em>veneno<\/em> como ant\u00eddoto se pretende, en <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>[4], llamar la atenci\u00f3n, sobre la cautela que conviene adoptar frente a las pretensiones excesivas de la epistemolog\u00eda y de la metodolog\u00eda acad\u00e9micas. Debo aclarar ahora que esto est\u00e1 escrito en un momento en el que todav\u00eda se tend\u00eda a creer, en esos ambientes acad\u00e9micos, que el m\u00e9todo es algo as\u00ed como la llave maestra (o la ganz\u00faa) que abre todas las puertas de la ciencia o como el pasaporte que abre todas las fronteras del conocimiento.<\/p>\n<p>La institucionalizaci\u00f3n acad\u00e9mica de la epistemolog\u00eda y de la metodolog\u00eda tiene tambi\u00e9n sus razones. Y \u00e9stas son conocidas. La mayor\u00eda de los cient\u00edficos en activo no tiene tiempo ni ganas para ocuparse de teorizar sobre lo que hace cuando hace ciencia y si dispone de ese tiempo suplementario no suele dedicarlo a escribir sus reflexiones te\u00f3ricas o metodol\u00f3gicas. Deja, pues, ese campo a otros. Adem\u00e1s, al igual que ocurre en el caso de los poetas y de los narradores, tampoco los cient\u00edficos suelen ocuparse de los problemas de justificaci\u00f3n y fundamentaci\u00f3n, salvo cuando realmente sienten, en la investigaci\u00f3n pr\u00e1ctica, que les aprieta el zapato, o sea, como en el caso de los poetas y de los narradores, cuando hay que razonar el por qu\u00e9 de una nueva po\u00e9tica o los motivos de la obsolescencia de las po\u00e9ticas anteriores.<\/p>\n<p>En situaciones de normalidad, rutinaria o no, el epistem\u00f3logo o el metod\u00f3logo hace lo que suele hacer el cr\u00edtico literario o el te\u00f3rico de la literatura que trata de explicitar lo que el poeta ha inventado pero no explicitado, o de explicar lo que hay por debajo de lo que el narrador ha contado o de situar lo que el cuentista ha ocultado en su ficci\u00f3n. Viene, pues, el metod\u00f3logo o epistem\u00f3logo a cubrir un hueco, que se dice, en el campo del saber. Y si lo hace bien, con informaci\u00f3n y solvencia sobre el asunto de que se trata (la l\u00f3gica de la ciencia, la estructura de las teor\u00edas, la validaci\u00f3n de las hip\u00f3tesis) incluso puede acabar ayudando al cient\u00edfico en su tarea, de la misma manera que el cr\u00edtico de arte o el cr\u00edtico literario puede echar una mano amiga al poeta en la suya, o al menos acompa\u00f1arle, haci\u00e9ndole ver algo que \u00e9l no vio cuando estaba manos a la obra[5].<\/p>\n<p>El epistem\u00f3logo, el metod\u00f3logo y el cr\u00edtico literario suelen decir que su reflexi\u00f3n es de segundo grado, un discurso sobre el hacer o sobre el discurso sustantivo. El cient\u00edfico y el poeta suelen considerar la actividad del otro, sobre todo cuando est\u00e1n de mal humor, como parasitaria. Pero en los ratos de buen humor unos y otros reconocen que en la naturaleza hay par\u00e1sitos bondadosos y beneficiosos.<\/p>\n<p>Una vez criticados los excesos ilusorios de buena parte de la teor\u00eda general del m\u00e9todo que se ha elaborado desde fuera de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica propiamente dicha y desatadas las \u00ednfulas que a veces se ponen los par\u00e1sitos, no para acompa\u00f1ar sino para posar de originales en los teatros acad\u00e9micos, lo que queda y quedar\u00e1 en la consideraci\u00f3n te\u00f3rica de eso que llamamos ciencia es, tal como yo lo veo, la ilusi\u00f3n positiva, en la acepci\u00f3n leopardiana de la palabra: el impulso fecundo de las ilusiones de origen natural. Puesto que natural es, tanto para el cient\u00edfico como para el amigo o acompa\u00f1ante del cient\u00edfico, tratar de operar con m\u00e9todo.<\/p>\n<p>He vinculado aqu\u00ed la ilusi\u00f3n del m\u00e9todo, en lo que tiene de positiva, con la idea, tambi\u00e9n leopardiana, del navegar. En este caso se trata de un navegar que vuelve los ojos a la pr\u00e1ctica de las ciencias con un criterio falibilista y no dogm\u00e1tico. Esta idea no es nueva. Tiene que ver con la modestia, que es una virtud antigua en la historia de la ciencia. Fue expresada hace tiempo diciendo que, en los campos de la ciencia, caminamos a hombros de gigantes. As\u00ed lo pensaba ya Newton y as\u00ed lo pens\u00f3 Einstein.<\/p>\n<p>La idea del navegar se puede precisar un poco m\u00e1s con una imagen de Otto Neurath sobre el destino de los cient\u00edficos, imagen que ha sido la inspiraci\u00f3n principal de este libro: como marineros que en alta mar tienen que cambiar la forma de su embarcaci\u00f3n para hacer frente a los destrozos de la tempestad, no podr\u00e1n llevar la nave a puerto y, mientras trabajan en alta mar, tendr\u00e1n que permanecer sobre la vieja estructura de la nave y luchar contra el temporal, contra las olas desbocadas y los vientos desatados. Quien piensa as\u00ed sobre el hacer cient\u00edfico no cree ya en m\u00e9todos como ganz\u00faas o pasaportes. Y por eso, y porque quien as\u00ed piensa algo sabe de lo que significa probar el fruto del \u00e1rbol del conocimiento, atempera el racionalismo que durante tiempo ha caracterizado a una parte sustancial de la consideraci\u00f3n te\u00f3rica de la ciencia.<\/p>\n<p>Lo que he visto o entrevisto del navegar de las ciencias, de la epistemolog\u00eda y de la metodolog\u00eda en estos \u00faltimos quince a\u00f1os me ha reforzado otra de las convicciones que trataba de argumentar en <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>, a saber: esa de que no hay que descartar el efecto ben\u00e9fico de un di\u00e1logo entre el cient\u00edfico y el mero amigo del saber tocado por la docta ignorancia para, en este di\u00e1logo, actuar a la manera como en ocasiones el artista y el literato conversan con el te\u00f3rico cr\u00edtico que ha decidido dedicarles un trozo de su vida reflexiva.<\/p>\n<p>Hay al menos dos episodios de estos quince a\u00f1os que, en mi opini\u00f3n, pueden contribuir a reforzar este punto de vista.<\/p>\n<p>El primero de esos episodios, negativo y varias veces denunciado en los \u00faltimos tiempos, es la impostura de la consideraci\u00f3n posmoderna de la ciencia, del que habla y escribe de o\u00eddas sobre relatividad, incertidumbre, l\u00f3gica borrosa, fractales, entrop\u00eda y disipaci\u00f3n, para acabar dando en un metarrelato de ecos premodernos parad\u00f3jicamente elaborado en nombre de cualquier relativismo. Sobre episodios as\u00ed no cabe reaccionar haciendo la vista gorda ni tampoco a\u00f1orando el viejo positivismo o el no tan viejo neopositivismo. Lo que conviene es subrayar, una vez m\u00e1s, el meollo de la cuesti\u00f3n: la permanente dificultad del traducir nociones o teor\u00edas cient\u00edficas a un lenguaje filos\u00f3fico apropiado. Siendo esto as\u00ed, y teniendo en cuenta el ritmo actual de los descubrimientos cient\u00edficos, habr\u00e1 que acentuar la prudencia en la elecci\u00f3n de las met\u00e1foras con las que se comunica tal o cual investigaci\u00f3n, puesto que previsiblemente estas met\u00e1foras son las que har\u00e1n mella en el p\u00fablico en general[6].<\/p>\n<p>El segundo episodio, positivo \u00e9ste, tiene que ver precisamente con la forma de mediaci\u00f3n te\u00f3rica entre la ciencia y el p\u00fablico en general. Me refiero al desarrollo que ha alcanzado en estos \u00faltimos a\u00f1os la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica. No s\u00f3lo al periodismo cient\u00edfico sino tambi\u00e9n el ensayo con el que el hombre (o la mujer) de ciencia comunica al resto de los mortales sus descubrimientos. Constituye ya un colectivo respetable el de los f\u00edsicos, astrof\u00edsicos, bi\u00f3logos, genetistas, paleont\u00f3logos, neur\u00f3logos, etc. que trabajan en investigaciones punteras y que se han decidido a comunicar a los ciudadanos interesados, y en un lenguaje asequible, no s\u00f3lo los principales resultados de sus investigaciones en tal o cual disciplina sino tambi\u00e9n los problemas (metodol\u00f3gicos, filos\u00f3ficos, \u00e9tico-pol\u00edticos) con que ellos mismos se han encontrado y se encuentran al volver a probar en nuestra \u00e9poca el fruto del \u00e1rbol del conocimiento.<\/p>\n<p>El desarrollo que ha ido alcanzado la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica brota de la conciencia cada vez m\u00e1s extendida de que la ciencia es tambi\u00e9n una pieza cultural, tal vez lo m\u00e1s importante de la cultura en el mundo en que vivimos, por lo que adem\u00e1s de suscitar investigaciones y de ser ense\u00f1ada en el lenguaje de los especialistas, debe llegar a la ciudadan\u00eda. Sin el conocimiento de los resultados de algunas de estas investigaciones ni siquiera es posible hoy en d\u00eda entrar con solvencia en la discusi\u00f3n racional de muchos de los asuntos controvertidos que nos preocupan[7].<\/p>\n<p>A partir de esta percepci\u00f3n de las cosas, la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica propiciada \u00faltimamente por las propias comunidades de investigadores est\u00e1 inventando un lenguaje propio, un lenguaje que no ha sido tomado en pr\u00e9stamo de la especulaci\u00f3n externa o del diletantismo y que facilita en gran medida el di\u00e1logo con el humanista sensible y, m\u00e1s en general, con el amigo del saber.<\/p>\n<p>Esto forma parte de una tendencia que viene llam\u00e1ndose desde hace algunos a\u00f1os <em>tercera cultura<\/em>[8]. Y enlaza bien, creo, con lo que se argumenta en <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em> a prop\u00f3sito de la importancia de la met\u00e1fora en la ciencia y en la comunicaci\u00f3n de la ciencia. Pues si, como se dice, hemos de aspirar en el siglo XXI a una tercera cultura y a una ciencia con conciencia[9], el \u00e9xito de esta aspiraci\u00f3n no depender\u00e1 ya tanto de la capacidad de propiciar el di\u00e1logo entre fil\u00f3sofos y cient\u00edficos como de la habilidad y precisi\u00f3n de la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica a la hora de encontrar las met\u00e1foras adecuadas para hacer saber al p\u00fablico en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evoluci\u00f3n, los genes, la mente humana o las relaciones sociales.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo obliga, naturalmente, a prestar atenci\u00f3n no s\u00f3lo a la captaci\u00f3n de datos y a su elaboraci\u00f3n, a la estructura de las teor\u00edas y a la l\u00f3gica deductiva en la formulaci\u00f3n de hip\u00f3tesis, o sea, al m\u00e9todo de investigaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a la exposici\u00f3n de los resultados, a lo que los antiguos llamaban m\u00e9todo de exposici\u00f3n. Si se concede importancia al m\u00e9todo de exposici\u00f3n, a la forma de exponer los resultados cient\u00edficos alcanzados, y parece que nos conviene hacerlo para religar ciencia y ciudadan\u00eda, entonces hay que volver la mirada hacia dos de los cl\u00e1sicos que vivieron cabalgando entre la ciencia propiamente dicha y las humanidades: Goethe y Marx. Pues, independientemente de lo que ahora se piense de los resultados sustantivos por ellos alcanzados en el \u00e1mbito de las ciencias de la naturaleza y de la sociedad, a Goethe y a Marx les debemos, entre otras cosas valiosas, consideraciones y reflexiones sobre el m\u00e9todo de exposici\u00f3n cuyo valor se apreciar\u00e1 tanto m\u00e1s cuanto mayor sea nuestra atenci\u00f3n a la ciencia como pieza cultural[10]. Esta quiere ser la inspiraci\u00f3n de fondo de <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>Para una cr\u00edtica de la cr\u00edtica de la ciencia<\/strong>[11]<\/h3>\n<p>Opino que aquella <em>\u00ab<\/em>crisis cr\u00edtica\u00bb abordada por Husserl y por Jaspers confunde en lo esencial el objeto de su discurso. El lector que quiera volver ahora al an\u00e1lisis, distanciado y con ojos limpios, de aquella corriente de pensamiento que fue la fenomenolog\u00eda y la filosof\u00eda existencial del per\u00edodo de entreguerras se dar\u00e1 cuenta enseguida, creo, de que en ella:<\/p>\n<p>1\u00ba No siempre se distingue con la claridad suficiente, a la hora de la cr\u00edtica, entre ciencia y t\u00e9cnica, entre la investigaci\u00f3n cient\u00edfica propiamente dicha y sus aplicaciones pr\u00e1cticas;<\/p>\n<p>2\u00ba Se identifica demasiado apresuradamente el m\u00e9todo o proceder anal\u00edtico reductivo de las ciencias en general, y de las ciencias factuales en particular, con la cosificaci\u00f3n y deshumanizaci\u00f3n de los sujetos humanos que hacen ciencia o que piensan en ella;<\/p>\n<p>3\u00ba Se defiende un concepto elitista e idealizado de la ense\u00f1anza universitaria en general y del conocimiento cient\u00edfico-filos\u00f3fico en particular, inspirado en la Grecia cl\u00e1sica y en el <em>\u00ab<\/em>hombre del Renacimiento\u00bb, un concepto que era ya inmantenible, por razones econ\u00f3mico-sociales, en aquella \u00e9poca (no digamos ahora) y se juzga la institucionalizaci\u00f3n de la ciencia contempor\u00e1nea desde \u00e9l, lo que supone una ampliaci\u00f3n demasiado fuerte del pensamiento anal\u00f3gico; y<\/p>\n<p>4\u00ba Se identifica aprior\u00edsticamente, sin discusi\u00f3n previa, tres cosas que convendr\u00eda, en cambio, mantener separadas en el an\u00e1lisis: a) la ciencia como producto cognoscitivo logrado, b) la ciencia como instituci\u00f3n social y, por tanto, como pieza cultural, y c) las ideolog\u00edas filos\u00f3ficas generadas por la institucionalizaci\u00f3n de la ciencia en el siglo XX.<\/p>\n<p>La argumentaci\u00f3n de lo dicho en el primer punto exige un razonamiento m\u00e1s largo debido al hecho de que, mientras tanto, en las \u00faltimas d\u00e9cadas ha empezado a hablarse, con raz\u00f3n, de complejo tecnocient\u00edfico o de tecnociencia, cosa justificada cuando se piensa en actividades como la biotecnolog\u00eda o la ingenier\u00eda gen\u00e9tica o en otras en las cuales la separaci\u00f3n tradicional entre ciencia pura y ciencia aplicada (o tecnolog\u00eda) ya no rige.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, la acusaci\u00f3n a la ciencia de deshumanizar, ya Einstein, discutiendo precisamente preocupaciones del tipo de las de Jaspers y Husserl dijo lo esencial en su momento: en primer lugar, <em>\u00ab<\/em>el an\u00e1lisis de la sopa no tiene por qu\u00e9 saber a sopa\u00bb[12]; en segundo lugar, la admisi\u00f3n de la responsabilidad moral del cient\u00edfico no equivale a la atribuci\u00f3n de finalidades morales a la ciencia.<\/p>\n<p>Sobre el tercer punto, hay que decir que si cientificismo y oscurantismo son dos caras de la misma moneda, o mejor, dos calderos de la misma noria de las ideas, positivismo y a\u00f1oranza rom\u00e1ntica tambi\u00e9n lo son: masificaci\u00f3n, <em>\u00ab<\/em>plebeyizaci\u00f3n\u00bb, <em>\u00ab<\/em>vulgarizaci\u00f3n\u00bb son fen\u00f3menos, evidentes, de las sociedades de masas, que no hay por qu\u00e9 aceptar reconcili\u00e1ndose con una realidad intolerable pero que no ser\u00e1n superados por v\u00eda declamatoria ni recordando lo que fue la ciencia en su \u00e9poca heroica y la filosof\u00eda antes de las fragmentaci\u00f3n de las ciencias en compartimentos estancos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, un tratamiento sensato y espec\u00edfico de la diferencia \u2013que considero anal\u00edticamente importante\u2013 entre ciencia como producto cognoscitivo logrado, ciencia como pieza cultural y s\u00edntesis filos\u00f3ficas obtenidas a partir de los resultados de las ciencias, obliga a un trabajo hist\u00f3rico-filos\u00f3fico-sociol\u00f3gico para el que creo que no hay todav\u00eda estudios institucionalizados.<\/p>\n<p>Y no deja de ser curioso que esta met\u00e1fora del retorno al hogar reaparezca en el segundo Heidegger (el de <em>Hebel der Hausfreund<\/em>[13]) como <em>desideratum<\/em> armonizador del pensamiento esencial (de lo profundo, dir\u00eda Spenger) y de la ciencia para volver a cobijar calculabilidad y t\u00e9cnica de la naturaleza.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] NE. Publicado por Cr\u00edtica en 1991. El autor tuvo la gentileza de regalar un ejemplar al Grup de Filosofia del Casal del Mestre de Santa Coloma de Gramenet con la siguiente dedicatoria: <em>\u00ab<\/em>A los amigos del Grup de Filosofia de Santa Coloma, cuya labor encomiable durante estos a\u00f1os de pragmatismos se recordar\u00e1 cuando los tiempos sean mejores. Con un fuerte abrazo, Paco\u00bb.<br \/>\n[2] NE. Una cita de Albert Einstein abre el libro: <em>\u00ab<\/em>Un cient\u00edfico es un cruce de mimosa y puercoesp\u00edn\u00bb (A.E, aupado a los hombros de Arnold Berliner).<br \/>\n[3] NE. La segunda cita, donde aparece esta reflexi\u00f3n sobre conejos, fil\u00f3sofos y cient\u00edficos de Zinoviev, pertenece a un cap\u00edtulo de un libro muy apreciado por FFB: <em>\u00ab<\/em>Extractos del libro del calumniador\u00bb en <em>Cumbres abismales<\/em>.<br \/>\n[4] NE. El subt\u00edtulo: <em>Ideas para un racionalismo bien temperado<\/em>.<br \/>\n[5] NE. El autor lo hizo con varios poetas. Con Antonio Gamoneda, Jaime Gil de Biedma y Carlos Rodr\u00edguez por ejemplo. V\u00e9ase, por ejemplo, <em>\u00ab<\/em>Dimensi\u00f3n po\u00e9tica de la utop\u00eda en el mundo contempor\u00e1neo\u00bb. <em>Aventura<\/em>, n.\u00ba 3, pp. 10-24.<br \/>\n[6] NE. Una de las preocupaciones compartidas por el autor y por Manuel Sacrist\u00e1n. V\u00e9ase, por ejemplo, FFB, <em>\u00ab<\/em>Ciencias, met\u00e1foras, filosofemas y filosof\u00edas\u00bb <a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12204\">https:\/\/espai-marx.net\/?p=12204<\/a><br \/>\n[7] NE: Una perspectiva muy tenida en cuenta por el autor en sus reflexiones de filosof\u00eda moral sobre asuntos controvertidos.<br \/>\n[8] NE. V\u00e9ase F. Fern\u00e1ndez Buey, <em>Para la tercera cultura. Ensayo sobre ciencias y humanidades<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2013.<br \/>\n[9] NE. V\u00e9ase F. Fern\u00e1ndez Buey, <em>Albert Einstein. Ciencia y conciencia<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2005.<br \/>\n[10] NE. Sobre el m\u00e9todo de exposici\u00f3n en Marx, conviene recordar una conferencia del autor (in\u00e9dita hasta el momento) para estudiantes de COU y profesores de secundaria sobre <em>\u00ab<\/em>La dial\u00e9ctica\u00bb. Impartida en el Aula Magna de la UB en 1983.<br \/>\n[11] NE. Texto no fechado, desconozco si lleg\u00f3 a publicarse.<br \/>\n[12] NE. Ante ciertas cr\u00edticas filos\u00f3ficas a los conceptos usados en las teor\u00edas f\u00edsicas, exigiendo fueran comprensibles para la intuici\u00f3n com\u00fan, Einstein replic\u00f3 que la relaci\u00f3n de los conceptos de la f\u00edsica con la experiencia sensorial no es como la que existe <em>\u00ab<\/em>entre la sopa y el pollo\u00bb sino m\u00e1s bien como la que se da entre el <em>\u00ab<\/em>n\u00famero de guardarropa y el abrigo\u00bb (<em>\u00ab<\/em>F\u00edsica y realidad\u00bb [1936], en Albert Einstein, <em>Mis ideas y opiniones<\/em>, Barcelona, Antoni Bosch editor, 1983, p. 265). Ortega y Gasset recogi\u00f3 la analog\u00eda de Einstein en un libro de 1947, <em>La idea de principio en Leibniz<\/em> (Buenos Aires, EMEC\u00c9 editores, 1958, p. 41 [recientemente reeditado por el CSIC]): <em>\u00ab<\/em>En el guardarropa del teatro nos dan chapas numeradas cuando entregamos nuestros abrigos. Una chapa no se parece nada a un abrigo; pero a la serie de las chapas corresponde la serie de los abrigos, de modo que a cada chapa determinada corresponde un abrigo determinado. Imag\u00ednese que el hombre del guardarropa fuera ciego de nacimiento y conociese por el tacto los n\u00fameros en relieve que llevan las chapas. Distinguir\u00eda bien estas, o lo que es igual, las conocer\u00eda. Ante cada chapa palpada recorrer\u00eda por orden con la mano la serie de los abrigos y encontrar\u00eda el que corresponde a aquella, a pesar de que no ha visto nunca un abrigo. El f\u00edsico es este guardarropista ciego del Universo material. \u00bfPuede decirse que conoce los abrigos? \u00bfPuede decirse que conoce la Realidad? (&#8230;) Lo que la teor\u00eda f\u00edsica dice es transcendente a toda intuici\u00f3n y solo admite representaci\u00f3n anal\u00edtica, alg\u00e9brica (\u2026).\u00bb<br \/>\nEsta nota es netamente deudora de una observaci\u00f3n del compa\u00f1ero David Vila, uno de los mas grandes y profundos conocedores de la obra de Sacrist\u00e1n.<br \/>\n[13] NE. V\u00e9anse las deslumbrantes p\u00e1ginas, entre sus mejoras cosas en mi opini\u00f3n, que Manuel Sacrist\u00e1n dedica al texto de Heidegger, un apartado muy elogiado por el que fuera su disc\u00edpulo y amigo, en su tesis doctoral: M. Sacrist\u00e1n, <em>Las ideas gnoseol\u00f3gicas de Heidegger<\/em>, Barcelona: Cr\u00edtica, 1995 (presentaci\u00f3n de FFB), pp. 228-230.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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