{"id":1244,"date":"2009-10-18T00:00:00","date_gmt":"2009-10-18T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1244"},"modified":"2020-02-23T12:04:13","modified_gmt":"2020-02-23T11:04:13","slug":"los-brigadistas-ocultos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1244","title":{"rendered":"Los brigadistas ocultos"},"content":{"rendered":"<p><i>Cumplidos ya los setenta a\u00f1os del fin de <\/i><i>la Guerra Civil<\/i><i>, quedan todav\u00eda episodios oscuros de aquella contienda que apenas son conocidos. Entre estos, la peripecia de los brigadistas negros que, procedentes de Estados Unidos, se enrolaron para luchar en defensa de <\/i><i>la Rep\u00fablica<\/i><i> espa\u00f1ola. La fot\u00f3grafa, ensayista y cr\u00edtica de arte Mireia Sent\u00eds (de cuya obra se presenta una retrospectiva en el Arts Santa M\u00f2nica, hasta el 10 de enero) descubri\u00f3 el rastro de estos brigadistas en Nueva York, investig\u00f3 su historia y la relata ahora para &#8216;Cultura|s&#8217;<\/i><\/p>\n<p><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p>En el a\u00f1o 2002, en un garaje de bicicletas del Lower East Side de Nueva York, encontr\u00e9 un par de cajas abarrotadas de libros. Un letrero de cart\u00f3n, con letras a l\u00e1piz, rezaba: \u00ab50 centavos\u00bb. Entre ellos, descubr\u00ed Mississippi to Madrid. Memoirs of a black american in the Spanish Civil War. A lo largo de sus p\u00e1ginas, James Yates (1906-1993) relata el camino que le condujo desde las tierras sure\u00f1as estadounidenses hasta la guerra civil espa\u00f1ola. Poliz\u00f3n a bordo de un tren, lleg\u00f3 a Chicago en plena adolescencia. El intenso fr\u00edo que padeci\u00f3 como trabajador en las c\u00e1maras frigor\u00edficas de un matadero le ense\u00f1\u00f3 la primera lecci\u00f3n de supervivencia.<\/p>\n<p>Pero el inter\u00e9s de su libro no radica \u00fanicamente en la singular peripecia de Yates, ni en sus comentarios acerca de personajes como Carrillo, Negr\u00edn, Companys, Durruti, la Pasionaria o Malraux, sino en su prop\u00f3sito de rastrear la participaci\u00f3n de los afroamericanos alistados en la brigada Lincoln, primera fuerza armada estadounidense no segregada de la historia. Muy al contrario de lo que ocurr\u00eda en la vida diaria de su pa\u00eds, los brigadistas negros no se hallaban apartados de la colectividad.<\/p>\n<p>En busca de documentaci\u00f3n, acud\u00ed a la sede de la brigada Lincoln en Nueva York, un peque\u00f1o despacho decorado con carteles de la Espa\u00f1a republicana. All\u00ed me recibi\u00f3 Mosess Fishman, secretario de la organizaci\u00f3n, uno de los muchos jud\u00edos &#8211; casi un tercio de sus integrantes-que combatieron en la Lincoln. Mientras seleccionaba libros y desgranaba recuerdos, son\u00f3 el tel\u00e9fono. Al cabo de un rato, le o\u00ed transmitir su p\u00e9same y unas palabras de consuelo: \u00abDedic\u00f3 toda su vida a luchar en favor de causas justas\u00bb. Tras colgar el auricular, se levant\u00f3 de su silla cojeando &#8211; otro recuerdo espa\u00f1ol-y se dirigi\u00f3 hacia el lugar donde colgaba la lista con los nombres de los veteranos. Tach\u00f3 uno de ellos, y suspir\u00f3: \u00abPronto me tocar\u00e1 a m\u00ed\u00bb. Fishman muri\u00f3 en el 2007, a los 92 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n de los negros estadounidenses en la contienda espa\u00f1ola apenas se comenz\u00f3 a investigar a mediados de los a\u00f1os ochenta, coincidiendo con la publicaci\u00f3n deMississippi to Madrid. Hasta entonces, fueron los brigadistas menos visibles, no s\u00f3lo en Espa\u00f1a, sino en su propio pa\u00eds. Desde una perspectiva hist\u00f3rica, las Brigadas Internacionales representan la primera experiencia de una fuerza voluntaria global movilizada por un mismo ideario. En total, cruzaron nuestra frontera unos 38.000 soldados, procedentes de 53 pa\u00edses. Los norteamericanos, congregados en la brigada Lincoln, sumaban unos tres mil. Su media de edad, 27 a\u00f1os, hac\u00eda de ellos los m\u00e1s j\u00f3venes e inexpertos. Alrededor de un centenar eran negros, y aproximadamente la mitad de estos murieron o desaparecieron en las batallas del Jarama, Brunete, Belchite, Teruel y el Ebro. Unos cuantos reposan para siempre en tierra espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Oliver Law fue sin duda el m\u00e1s destacado brigadista negro. Hab\u00eda luchado en la Primera Guerra Mundial y marc\u00f3 un hito en la historia de su pa\u00eds cuando, en el curso de la Guerra Civil, se convirti\u00f3 en el primer afroamericano al mando de un batall\u00f3n norteamericano. Durante su visita a la brigada Lincoln, un coronel del ej\u00e9rcito estadounidense le mir\u00f3 extra\u00f1ado: \u00abVeo que lleva usted uniforme de comandante\u00bb. Hasta 1950, en la guerra de Corea, Estados Unidos no procedi\u00f3 a la integraci\u00f3n de sus tropas. Law muri\u00f3 en uno de los episodios m\u00e1s sangrientos de la batalla de Brunete, cuando al frente de sus voluntarios intentaba tomar el cerro del Mosquito, en julio de 1937. Su sucesor, Doug Roach, no logr\u00f3 sobrevivir a la pulmon\u00eda que contrajo en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Cuando Franco encabez\u00f3 el golpe de Estado contra la Rep\u00fablica, Estados Unidos continuaba sumido en la Depresi\u00f3n. Por todo el pa\u00eds proliferaban las hunger marches, manifestaciones contra el hambre, en solicitud de trabajo y ayudas estatales. En tales circunstancias, el Partido Comunista crec\u00eda con rapidez. Dentro de \u00e9l, los afroestadounidenses constitu\u00edan un grupo relativamente peque\u00f1o, pero muy comprometido. La mayor\u00eda de los voluntarios que combatieron en Espa\u00f1a proced\u00edan de sus filas. Los comunistas estaban convencidos de que toda posici\u00f3n radical contra la explotaci\u00f3n exig\u00eda la unidad internacional.<\/p>\n<p>En 1927, tras la celebraci\u00f3n en Bruselas de una conferencia de la Liga contra la Opresi\u00f3n Colonial, en la que intervino una delegaci\u00f3n afroamericana, no fueron pocos los que se pasaron a las filas comunistas. Adem\u00e1s, el partido prestaba apoyo jur\u00eddico a la comunidad negra -como en el famoso caso de Scottboro Nine, en el que nueve j\u00f3venes negros fueron acusados de violar en 1931 a dos mujeres blancas en Scottboro (Alabama)-, y auxiliaba a los desahuciados que de la noche a la ma\u00f1ana perd\u00edan su hogar y pasaban a poblar las aceras de las ciudades industriales. Por \u00faltimo, el partido patrocinaba la publicaci\u00f3n de The Liberator, portavoz de los internacionalistas afroamericanos, cuyas p\u00e1ginas pon\u00edan de manifiesto las ra\u00edces comunes de la pobreza y el racismo.<\/p>\n<p>El bombardeo de Etiop\u00eda durante la invasi\u00f3n de Mussolini en 1935 -poco antes de que Hitler rehusara entregar la medalla de oro al atleta negro Jesse Owens durante los Juegos Ol\u00edmpicos de Berl\u00edn de 1936- supuso la plataforma de uni\u00f3n definitiva para la gente negra. El avance del fascismo en la antigua Abisinia afectaba directamente al conjunto de la comunidad afroamericana. La Iglesia Baptista Abisinia de Harlem, fundada en 1809, era una de las m\u00e1s importantes, y la invocaci\u00f3n al pa\u00eds africano figuraba tambi\u00e9n en el himno de la Universal Negro Improvement Association, instituida en 1917 por Marcus Garvey bajo el lema \u00abRegreso a \u00c1frica\u00bb.La decisi\u00f3n de no intervenci\u00f3n adoptada por la Sociedad de Naciones impuls\u00f3 a muchos afroamericanos, ya fuesen nacionalistas, panafricanistas, internacionalistas, socialistas o comunistas, a alistarse como voluntarios. Sin embargo, Selassie, emperador de Etiop\u00eda, desisti\u00f3 de la idea de aceptar tropas extranjeras, al mismo tiempo que Estados Unidos declaraba ilegal, bajo p\u00e9rdida de la ciudadan\u00eda norteamericana, el alistamiento en ej\u00e9rcitos de otros pa\u00edses. Los voluntarios decidieron entonces recaudar medicinas y alimentos, pero pronto comprobaron que tampoco la ayuda llegaba a su destino.<\/p>\n<p>Aunque algunos l\u00edderes rechazaban la idea de que Espa\u00f1a y Etiop\u00eda formasen parte de la misma lucha, muchos intelectuales y artistas afroamericanos acogieron la causa republicana como propia. Ve\u00edan a nuestro pa\u00eds como una extensi\u00f3n del problema et\u00edope: el avance del fascismo. Peri\u00f3dicos negros -The Courrier, de Pittsburgh;\u00a0The Afro-American, de Baltimore; The Daily World, de Atlanta;\u00a0The Defender, de Chicago,\u00a0The Amsterdam News, de Nueva York\u2026- se declararon partidarios de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola. Las colectas y campa\u00f1as de apoyo a Etiop\u00eda fueron desviadas hacia nuestro pa\u00eds, y famosos m\u00fasicos -Cab Calloway, Fats Waller, Count Basie, W. C. Handy, Eubie Blake\u2026- celebraron conciertos ben\u00e9ficos. Incluso Paul Robeson se traslad\u00f3 a Espa\u00f1a en 1938, para dar \u00e1nimos a unas tropas ya por entonces bastante agotadas. Acerca de la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola, fue el t\u00edtulo del primer escrito de James Baldwin, con s\u00f3lo 12 a\u00f1os; al igual que Noam Chomsky, con apenas 10, oficiar\u00eda su bautismo literario con un art\u00edculo dedicado a la ca\u00edda de Barcelona.<\/p>\n<p>El corresponsal m\u00e1s seguido por los afroamericanos fue Langston Hughes, quien publicaba en The Afro-American, pero colaboraba tambi\u00e9n en el bolet\u00edn de las Brigadas Internacionales, Volunteer for Liberty. Hughes se interes\u00f3 especialmente por los marroqu\u00edes que peleaban al lado de Franco. Su poema Carta desde Espa\u00f1a muestra la perplejidad que le causaba el hecho de que un pueblo colonizado luchara junto a los insurgentes: \u00abHoy capturamos a un moro herido \/ Era tan oscuro como yo \/ Le dije, chico qu\u00e9 haces aqu\u00ed \/ peleando contra gente libre?\u00bb. Conoci\u00f3 a Lorca, a quien tradujo, y a Nicol\u00e1s Guill\u00e9n, junto al que viaj\u00f3 por primera vez a Espa\u00f1a; hablaba castellano, pues vivi\u00f3 parte de su adolescencia en M\u00e9xico, pa\u00eds en el que resid\u00eda su padre. Tras visitar Barcelona, Valencia y algunos frentes, se instal\u00f3 durante seis meses en Madrid, donde coincidi\u00f3, bajo las bombas, con Hemingway, Lillian Hellman, W. H. Auden, Stephen Spender&#8230;<\/p>\n<p>Aparte de Yates, otro brigadista afroamericano publicar\u00eda una autobiograf\u00eda centrada en su experiencia espa\u00f1ola: Harry Haywood, autor de Black bolshevik. Se conserva, adem\u00e1s, una importante colecci\u00f3n epistolar de Kanute Frankson, nativo de Jamaica, as\u00ed como un libro de poemas p\u00f3stumo: Take no prisoners, de Ray Durem, a quien Hughes incluy\u00f3 en la antolog\u00edaNew negro poets. Durem se enamor\u00f3 de una enfermera norteamericana en el hospital que la brigada instal\u00f3 en Villa Paz, la antigua residencia de verano de Alfonso XIII en Saelices (Cuenca). Tuvieron una hija nacida en Espa\u00f1a, a la que llamaron Dolores, en honor de Dolores Ib\u00e1rruri, la Pasionaria.<\/p>\n<p>Alonzo Watson, el primer brigadista afroamericano ca\u00eddo en combate, fue rebautizado por sus compa\u00f1eros como Crispus Attucks, nombre del primer negro ca\u00eddo en la guerra de la Independencia norteamericana de 1776. Algunos soldados proced\u00edan de familias mixtas de afroamericanos y nativoamericanos, como Oscar Hunter o Frank Alexander, siouxhablante. Salaria Kee, la \u00fanica mujer negra presente en Espa\u00f1a, era una enfermera a quien la Cruz Roja hab\u00eda rechazado por prejuicios raciales. Hubo dos pilotos afroamericanos: el universitario Jim Peck y el dise\u00f1ador aeron\u00e1utico Paul Williams. George Waters, el m\u00e1s joven, ten\u00eda 18 a\u00f1os y conduc\u00eda ambulancias. Luchell McDaniels se gan\u00f3 el sobrenombre de el Fant\u00e1stico, porque lanzaba granadas como si se tratara de pelotas de b\u00e9isbol. Burt Jackson, top\u00f3grafo y dibujante, colabor\u00f3 a su regreso en las mejores publicaciones afronorteamericanas. Admiral Kilpatrick, que hab\u00eda estudiado durante cuatro a\u00f1os en la escuela Lenin de Mosc\u00fa, perdi\u00f3 la pierna izquierda. A Tom Brown le salv\u00f3 la vida el ser confundido con un soldado marroqu\u00ed cuando por error se introdujo en las l\u00edneas enemigas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del contingente afronorteamericano, unos dos mil afrocaribe\u00f1os se integraron en diferentes batallones de las Brigadas Internacionales, incluida la Lincoln, caso de Pierre Duval -considerado cubano, a pesar de nacer en el sur de Francia, de padre africano y madre vasca, emigrantes primero a Cuba y luego a EE. UU.- o el puertorrique\u00f1o Carmelo Delgado, capturado y ejecutado por los sublevados. Arnold Donowa, odont\u00f3logo oriundo de Trinidad, fue el \u00fanico m\u00e9dico negro de la brigada, y cuando regres\u00f3 a Norteam\u00e9rica continu\u00f3 arreglando gratis los dientes a los veteranos. No quiero dejar de mencionar al californiano-nip\u00f3n Jack Shirai, un cocinero sumamente apreciado, capaz de preparar los invariables garbanzos de tan diversas maneras que parec\u00edan cada vez un plato diferente. \u00abCuando volvamos a casa, montar\u00e9 un restaurante en el que ninguno de vosotros tendr\u00e1 que pagar\u00bb, dec\u00eda. Pese a las protestas de sus camaradas de la Lincoln, Shirai quiso probarse en la l\u00ednea de fuego, encontrando la muerte en su primera contienda.<\/p>\n<p>Acerca del trato que recibieron en Espa\u00f1a, los brigadistas negros coinciden: aunque por todas partes despertaban la curiosidad de la poblaci\u00f3n nativa, nunca fueron tratados de modo diferente a sus compatriotas de piel blanca. Vaughn Love, oriundo de Chatanooga (Tennessee), relata que en cierta ocasi\u00f3n un campesino le ofreci\u00f3 un pa\u00f1uelo para que se limpiara la cara. Cuando le explic\u00f3 que era negro, el campesino le abraz\u00f3 con estas palabras: \u00ab\u00a1Ah, s\u00ed, los esclavos negros! Nosotros s\u00f3lo estamos a un paso de serlo\u00bb.<\/p>\n<p>La perspectiva que aguardaba a los supervivientes -regresar a un pa\u00eds segregado, con un historial izquierdista y casi siempre sin pasaporte- no era precisamente halag\u00fce\u00f1a. Sin embargo, los ex combatientes de la brigada Lincoln formaron un grupo cohesionado, que ayud\u00f3 a resistir el intenso acoso sufrido por sus miembros durante la era McCarthy. Losvalb (Veterans of the Abraham Lincoln Brigade) mantuvieron una l\u00ednea pol\u00edtica clara y constante: permanecieron en contacto con los prisioneros pol\u00edticos republicanos, se implicaron en la lucha contra el ej\u00e9rcito nazi, combatieron por los derechos civiles, se opusieron a la guerra de Vietnam, a las intervenciones militares en Latinoam\u00e9rica, al apartheid de Sud\u00e1frica\u2026<\/p>\n<p>Al enrolarse, Yates lo hizo como los dem\u00e1s, es decir, de forma ilegal, e incluso con mayor dificultad que otros: \u00abEn Mississippi, a los negros no nos daban pasaporte\u00bb. Ante la imposibilidad de obtener el visado norteamericano para Espa\u00f1a, la mayor\u00eda de los voluntarios pasaban por el despacho de las Brigadas Internacionales en Par\u00eds, dirigido por Josip Broz, el futuro presidente Tito de Yugoslavia. Luego, cruzaban clandestinamente los Pirineos al amparo de la noche. Aparte de conducir ambulancias y camiones de v\u00edveres, Yates fue ch\u00f3fer de Hughes y de Hemingway. Repatriado junto a otros heridos, ten\u00eda previsto alojarse con sus compa\u00f1eros en unas habitaciones reservadas por la brigada Lincoln en Manhattan.<\/p>\n<p>Al ser rechazado por el color de su piel, el resto del grupo, en solidaridad, se neg\u00f3 a alojarse en el hotel. La dura realidad del retorno, confiesa, le golpe\u00f3 m\u00e1s fuerte que una bala espa\u00f1ola. Yates llegar\u00eda a dirigir la sede neoyorquina del Greenwich Village de la Asociaci\u00f3n Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP), en la que Obama pronunci\u00f3 en julio del 2009 un importante discurso con motivo del centenario de su fundaci\u00f3n. El autor deMississippi to Madrid\u00a0a\u00fan regres\u00f3 en 1986 a Espa\u00f1a, donde pudo besar a una Pasionaria de 91 a\u00f1os y decirle: \u00ab\u00a1Aqu\u00ed estamos!\u00bb. Era su respuesta a las palabras que la dirigente comunista pronunci\u00f3 en oto\u00f1o de 1938 como despedida a las tropas internacionales: \u00abVolved a nuestro lado. Aqu\u00ed encontrar\u00e9is patria los que no ten\u00e9is patria\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cumplidos ya los setenta a\u00f1os del fin de la  Guerra Civil, quedan todav\u00eda episodios oscuros de aquella contienda que apenas son conocidos. Entre estos, la peripecia de los brigadistas negros que, procedentes de Estados Unidos, se enrolaron para luchar en defensa de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola. La fot\u00f3grafa, ensayista y cr\u00edtica de arte Mireia Sent\u00eds (de cuya obra se presenta una retrospectiva en el Arts Santa M\u00f2nica, hasta el 10 de enero) descubri\u00f3 el rastro de estos brigadistas en Nueva York, investig\u00f3 su historia y la relata ahora para &#8216;Cultura|s&#8217;<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 2002, en un garaje de bicicletas del Lower East Side de Nueva York, encontr\u00e9 un par de cajas abarrotadas de libros. Un letrero de cart\u00f3n, con letras a l\u00e1piz, rezaba: &quot;50 centavos&quot;. Entre ellos, descubr\u00ed Mississippi to Madrid. Memoirs of a black american in the Spanish Civil War. A lo largo de sus p\u00e1ginas, James Yates (1906-1993) relata el camino que le condujo desde las tierras sure\u00f1as estadounidenses hasta la guerra civil espa\u00f1ola. Poliz\u00f3n a bordo de un tren, lleg\u00f3 a Chicago en plena adolescencia. El intenso fr\u00edo que padeci\u00f3 como trabajador en las c\u00e1maras frigor\u00edficas de un matadero le ense\u00f1\u00f3 la primera lecci\u00f3n de supervivencia.<\/p>\n<p>Pero el inter\u00e9s de su libro no radica \u00fanicamente en la singular peripecia de Yates, ni en sus comentarios acerca de personajes como Carrillo, Negr\u00edn, Companys, Durruti, la  Pasionaria o Malraux, sino en su prop\u00f3sito de rastrear la participaci\u00f3n de los afroamericanos alistados en la brigada Lincoln, primera fuerza armada estadounidense no segregada de la historia. 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