{"id":12597,"date":"2022-10-18T05:00:06","date_gmt":"2022-10-18T04:00:06","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12597"},"modified":"2023-02-04T04:51:25","modified_gmt":"2023-02-04T03:51:25","slug":"diez-aproximaciones-marxistas-y-un-anexo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12597","title":{"rendered":"Diez aproximaciones marxistas (y un anexo)"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>La carta sobre la edici\u00f3n de las obras de Adorno no est\u00e1 fechada. El escrito sobre Marcuse, firmado como \u00abEloy Segu\u00ed\u00bb (Eloy fue uno de los nombres de clandestinidad del autor, nombre tambi\u00e9n de su hijo, el profesor y escritor Eloy Fern\u00e1ndez Porta), fue publicado en <\/em>Askatasuna<em>. Por la libertad contra la barbarie, 15 de septiembre\u201315 de octubre de 1979, pp. 60-61. El texto sobre Marx es de 2000, para una revista, <\/em>G\u00e1rgola Vacas<em>, de estudiantes de filosof\u00eda de Valladolid. El dedicado a S\u00e1nchez V\u00e1zquez es de 1997, en la presentaci\u00f3n de <\/em>Filosof\u00eda y circunstancias<em>. El elogio de Pietro Ingrao est\u00e1 fechado el 1\/X\/2002, el recuerdo de Gerratana en agosto de 2000, el dedicado a Luigi Pintor en 2003 y el de Antonio Santucci de 2004. El pen\u00faltimo texto, el dedicado a Walter Benjamin, es de julio de 2007. El dedicado a Rossana Rossana de junio de 2008. <\/em><em>El anexo, respuestas a <\/em>El Pa\u00eds<em>, no est\u00e1 fechado y no he sabido averiguar si lleg\u00f3 a publicase.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>I. Sobre las edici\u00f3n de Adorno en Espa\u00f1a<\/strong><\/p>\n<p>Querido amigo[1]:<\/p>\n<p>Le agradezco el mensaje y la confianza y le doy con mucho gusto mi opini\u00f3n sobre el asunto que plantea. No creo que la existencia de la censura franquista haya jugado un papel importante en el retraso con que se public\u00f3 en Espa\u00f1a la traducci\u00f3n castellana de <em>Dial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n<\/em>. Como usted dice, algunas de las obras de Adorno ya hab\u00edan sido traducidas a principios de la d\u00e9cada de los sesenta por Manuel Sacrist\u00e1n para la editorial Ariel de Barcelona[2]. Y otros textos de Adorno fueron publicados poco despu\u00e9s, en aquella misma d\u00e9cada, en la editorial Taurus, en una colecci\u00f3n que entonces dirig\u00eda el (en gran parte adorniano) padre Aguirre[3]. Tambi\u00e9n en los setenta, antes y despu\u00e9s de la muerte de Franco, se publicaron textos de Adorno (por ejemplo, y que yo recuerde ahora, en una de las colecciones de Grijalbo que dirig\u00eda Jacobo Mu\u00f1oz[4]).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, si descartamos el papel de la censura en este caso (que, de todas formas, se tendr\u00eda que investigar) quedan tres factores a los que habr\u00eda que atender para explicar el susodicho retraso:<\/p>\n<p>1) que la estrella de Adorno declin\u00f3 considerablemente en la intelectualidad espa\u00f1ola de izquierdas a partir de 1967-1968, debido a la actitud de aqu\u00e9l ante el movimiento estudiantil de la \u00e9poca; esto era muy patente precisamente en algunos intelectuales, como Manuel Sacrist\u00e1n, que hab\u00edan contribuido a dar a conocer su pensamiento en Espa\u00f1a, que ten\u00edan considerable influencia en el mundo editorial y que podr\u00edan haber sido candidatos a traducir la obra;<\/p>\n<p>2) que haya habido problemas de derechos con la posible traducci\u00f3n de la obra al espa\u00f1ol en la d\u00e9cada de los setenta. En este caso habr\u00eda que investigar en Taurus, Pen\u00ednsula, etc. Esta es una hip\u00f3tesis, un poco especulativa la verdad, pero que no habr\u00eda que descartar, pues, por lo que s\u00e9, algo parecido ocurri\u00f3 con la publicaci\u00f3n de la traducci\u00f3n de la edici\u00f3n cr\u00edtica de los <em>Quaderni del carcere<\/em> de Antonio Gramsci (larga pugna por los derechos entre Grijalbo, en este caso, y varias editoriales latino-americanas, que finalmente se resolvi\u00f3 a favor de Era); en aquellos a\u00f1os Sur, de Buenos Aires, era una editorial prestigiosa, probablemente mejor distribuida y con m\u00e1s difusi\u00f3n que la mayor\u00eda de las editoriales espa\u00f1olas que se dedicaban a publicar ensayo y podr\u00edan haber tenido inter\u00e9s en la traducci\u00f3n de <em>Dial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n<\/em> (Taurus, Alianza, Grijalbo, etc.);<\/p>\n<p>3) que, una vez publicada la traducci\u00f3n de Sur, en Buenos Aires, se considerara, por parte de las editoriales potencialmente interesadas en Espa\u00f1a y\/o por los potenciales traductores, que ya no ten\u00eda sentido publicar otra traducci\u00f3n al espa\u00f1ol de \u00abDial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n\u00bb <em>en Espa\u00f1a<\/em>; hay que tener en cuenta que en aquella \u00e9poca las mejores editoriales de Am\u00e9rica Latina estaban bien distribuidas en Espa\u00f1a (algunas de ellas ten\u00edan casa tambi\u00e9n aqu\u00ed) y que en lo tocante a texto marxista o pr\u00f3ximo est\u00e1bamos todos acostumbrados a que gran parte de las traducciones al espa\u00f1ol se hicieran en Am\u00e9rica Latina; vuelvo a la comparaci\u00f3n: la <em>Antolog\u00eda<\/em> de Antonio Gramsci, hecha por Manuel Sacrist\u00e1n para Siglo XXI, se public\u00f3 en M\u00e9xico en 1970 e, independientemente de la censura, ese libro se distribuy\u00f3 much\u00edsimo en Espa\u00f1a antes de que, en 1976 o 77, se editara finalmente en Madrid[5]. Insisto, adem\u00e1s, en que Sur era una editorial con prestigio en los ambientes intelectuales espa\u00f1oles de aquella \u00e9poca y en que estamos hablando de la misma lengua.<\/p>\n<p>En suma, me inclino a pensar que hubo una combinaci\u00f3n de los tres factores mencionados.<\/p>\n<p>Lo del papel y dimensi\u00f3n de la censura franquista desde los a\u00f1os cuarenta hasta finales de los setenta obligar\u00eda a un discurso m\u00e1s largo. De la misma manera que le digo que en el caso de Adorno lo de la censura me parece secundario, tambi\u00e9n le dir\u00e9 que no comparto la posici\u00f3n de autores que, como Juli\u00e1n Mar\u00edas y otros, quitan importancia o relativizan tal papel. Los estudios detallados sobre el papel de la censura franquista que se han publicado durante estos \u00faltimos a\u00f1os desmienten eso.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed: la censura franquista, particularmente en lo que hace a las diversas corrientes del marxismo, tuvo, desde luego, momentos distintos y fue siempre muy selectiva. Ejemplo: permiti\u00f3 en la d\u00e9cada de los sesenta que se publicaran textos culturales, o de sociolog\u00eda de la cultura, de Antonio Gramsci y de otros marxistas al tiempo que prohibi\u00f3 la publicaci\u00f3n de textos m\u00e1s directamente pol\u00edticos de esos mismos autores. Todav\u00eda en 1976 prohibi\u00f3 una edici\u00f3n de textos gramscianos sobre consejos de f\u00e1brica[6] al tiempo que permit\u00eda editar los textos de los congresos italianos sobre Gramsci.<\/p>\n<p>Hubo un momento de apertura, a mediados de la d\u00e9cada de los sesenta (que coincidi\u00f3 con el florecimiento de un mont\u00f3n de editoriales marxistas aqu\u00ed, que publicaron obras varias de Marx y de marxistas hist\u00f3ricos y contempor\u00e1neos), pero ese per\u00edodo se acab\u00f3 en 1969 (con el estado de excepci\u00f3n de ese a\u00f1o), la casi totalidad de aquellas editoriales fueron cerradas y las medidas prohibitivas, <em>con car\u00e1cter selectivo<\/em>, insisto, se mantuvieron ya hasta la muerte del general Franco.<\/p>\n<p>Espero que lo que le digo le sea de utilidad.<\/p>\n<p>Cordialmente, Fern\u00e1ndez Buey<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>II. \u00bfQu\u00e9 nos ense\u00f1\u00f3 Herbert Marcuse?<\/strong><\/p>\n<p>No creo que sea exagerado decir que Herbert Marcuse ha sido el m\u00e1s grande de los ide\u00f3logos contempor\u00e1neos de la <em>nueva<\/em> peque\u00f1a burgues\u00eda urbana en el capitalismo tard\u00edo. El punto de partida de su original reflexi\u00f3n fue levantar acta del crep\u00fasculo de la consciencia de clase proletaria despu\u00e9s de los acontecimientos revolucionarios de los a\u00f1os veinte y treinta. Para ello Marcuse estaba muy bien situado, puesto que hab\u00eda vivido como protagonista la revoluci\u00f3n alemana de 1918 y luego conoci\u00f3 la derrota de la clase obrera de aquel pa\u00eds en el momento de ascenso del nazismo.<\/p>\n<p>Desde la constataci\u00f3n de ese ocaso ha teorizado como nadie los intereses, las necesidades, los deseos y los impulsos de estratos sociales que se formaron en el \u00e1rea cultural euro-americana con el auge del imperialismo durante aquellos a\u00f1os de los llamados \u00abmilagros\u00bb econ\u00f3micos. Es decir: los intereses y necesidades de estudiantes e intelectuales que benefici\u00e1ndose del desarrollo se opon\u00edan, sin embargo, globalmente al sistema capitalista occidental y al burocratismo de los pa\u00edses del Este de Europa. Pues en aquel movimiento y en la teorizaci\u00f3n marcusiana afloraba, por as\u00ed decirlo, la premonici\u00f3n de la pr\u00f3xima crisis paralela de las dos grandes ideolog\u00edas socioecon\u00f3micas que dominaron el sistema mundial hasta entonces: el keynesianismo y el estalinismo.<\/p>\n<p>Por eso Marcuse ha sido considerado con raz\u00f3n como el padre de los movimientos estudiantiles del Sesenta y Ocho. Y, efectivamente, sus obras <em>Eros y civilizaci\u00f3n<\/em>, <em>El hombre unidimensional<\/em>, <em>El marxismo sovi\u00e9tico<\/em>, as\u00ed como, sobre todo, su ensayo sobre la tolerancia represiva, fueron cosas muy le\u00eddas entre los estudiantes de Berkeley, de Frankfurt, de Berl\u00edn, de Roma y, aunque en menor medida y con cierto retraso, tambi\u00e9n por los estudiantes revolucionarios de Barcelona, Bilbao o Madrid.<\/p>\n<p>Lo mejor de su doctrina es, en mi opini\u00f3n, la ampliaci\u00f3n del an\u00e1lisis de Freud sobre el malestar que produce la cultura, sobre el lado malo de la civilizaci\u00f3n. Pero el juntar eso con ciertos an\u00e1lisis de Marx, particularmente acerca de la alienaci\u00f3n, le permiti\u00f3 huir del dogmatismo con que la mayor\u00eda de las corrientes deudoras de Freud elevaron el psicoan\u00e1lisis a terapia exclusivista; e hizo posible adem\u00e1s, en el caso de Marcuse, la sugestiva introducci\u00f3n de una serie de temas generalmente olvidados o poco tratados por el marxismo dominante en los a\u00f1os cincuenta y sesenta. As\u00ed por ejemplo: el papel de la subjetividad individual y de la imaginaci\u00f3n colectiva en el cambio revolucionario; o la importancia de las virtualidades integradoras del sistema en la sociedad unidimensional; o el tema de la muerte, la perfecci\u00f3n est\u00e9tica y la comprensi\u00f3n art\u00edstica de lo social.<\/p>\n<p>Tal vez, por el contrario, lo m\u00e1s flojo de su obra sea la identificaci\u00f3n del capitalismo con la sociedad industrial sin m\u00e1s (lo cual impide captar la particularidad del proceso por el que se produjo la industrializaci\u00f3n en los pa\u00edses en que fue abolida la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n); su defensa de la racionalidad interna de ese modo de producir y de vivir; sus alusiones metaf\u00f3ricas a la revoluci\u00f3n; y su concepci\u00f3n del cambio social como mera utop\u00eda siempre renovada. Con todo lo cual el an\u00e1lisis social queda a veces reducido a mero testimonio y la actividad pr\u00e1ctica a una especie de neobyronismo.<\/p>\n<p>Podr\u00eda pensarse que liquidado el movimiento estudiantil del Sesenta y Ocho poca cosa queda vigente de la doctrina de Marcuse. Y, efectivamente, si nos fij\u00e1ramos solo en la inexistencia actual de ese movimiento habr\u00eda que llegar a la conclusi\u00f3n de que tambi\u00e9n el sujeto de la transformaci\u00f3n social en el que Marcuse pens\u00f3 hace quince a\u00f1os ha sido v\u00edctima del crep\u00fasculo de la consciencia o de la integraci\u00f3n sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00bfFin de la utop\u00eda, pues? No exactamente, pues la ense\u00f1anza de un fil\u00f3sofo grande \u2013y este es el caso\u2013 no queda nunca reducida al movimiento o a la corriente social en la cual cristaliza en un primer momento. De manera que muchas de las cosas que Marcuse escribi\u00f3 en la d\u00e9cada de los sesenta siguen vivas en otros movimientos nuevos o han entrado ya a formar parte de la subcultura hoy dominante entre los j\u00f3venes. Marcuse fue uno de los primeros en probar con datos suficientes que la \u00abdial\u00e9ctica\u00bb caracter\u00edstica del marxismo sovi\u00e9tico era mero academicismo o letra muerta, ideolog\u00eda justificatoria de un sistema, alejada tanto de la ciencia social como de la voluntad de transformaci\u00f3n revolucionaria. Y eso es algo definitivamente adquirido hoy por todos aquellos que no tienen una visi\u00f3n lacayuna del poder.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s. Parcialmente Marcuse est\u00e1 presente en casi todos aquellos movimientos que surgen y se desarrollan en nuestras sociedades como consecuencia sobre todo de la crisis ideol\u00f3gica y de valores, de la crisis de esta civilizaci\u00f3n. As\u00ed, vive a\u00fan en ciertos sectores del movimiento feminista, en algunas corrientes del movimiento ecologista y, desde luego, en el conjunto de los movimientos contraculturales que sigue activos en Europa y Am\u00e9rica del Norte, como, por ejemplo, en las luchas municipales de base que constituyen el nuevo localismo. No puede ser casual el que recientemente Murray Bookchin[7], fundador del grupo norteamericano <em>Ecology Action East<\/em> y animador importante del llamado \u00abmovimiento del vecindario\u00bb, coincidiera con Marcuse en poner de manifiesto la herencia que estos grupos recogen de las ideas del Sesenta y Ocho. Y hay que considerar razonable, por lo dem\u00e1s, la negativa del propio Marcuse, en la \u00faltima entrevista que coincidi\u00f3 antes de su muerte, a aceptar la derrota de 1968 como definitiva.<\/p>\n<p>Efectivamente: algunas de las ideas de Marcuse reaparecen tambi\u00e9n en los movimientos \u00abaut\u00f3nomos\u00bb protagonizados por j\u00f3venes trabajadores o por licenciados en paro. El mismo ha indicado hace poco que la cr\u00edtica de la ideolog\u00eda del trabajo, fen\u00f3meno marginal hace diez a\u00f1os, se est\u00e1 convirtiendo en un fen\u00f3meno de masa propio de las sociedades industrialmente m\u00e1s desarrolladas; el \u00abgran rechazo\u00bb reaparece en la renuncia a la \u00e9tica tradicional del trabajo cuyas manifestaciones actuales (absentismo laboral consciente, huelgas salvajes, resistencia contra las cadenas de montaje, abandono del taylorismo, ciertas formas de sabotaje de los cronometrajes, etc), auguran una nueva fase en la historia de las luchas de las clases trabajadoras.<\/p>\n<p>Est\u00e1 por ver qu\u00e9 direcci\u00f3n acabar\u00e1n tomando desde el punto de vista sociopol\u00edtico el conjunto de esos movimientos, pues no puede olvidarse que han surgido precisamente en una \u00e9poca de crisis econ\u00f3mica en la que, por otra parte, el paro y la defensa del puesto de trabajo parecen contraponerse a los objetivos de las corrientes marcusianas y fourieristas. \u00bfQu\u00e9 puede salir de esa contraposici\u00f3n entre alergia y rechazo del trabajo, de un lado, y lucha por la reducci\u00f3n del paro obrero, de otro? Desde luego y en primer lugar una reorientaci\u00f3n del imperialismo basada en la reestructuraci\u00f3n del Estado y del capital. Eso es algo que tenemos ya ante los ojos. Pero tambi\u00e9n, y en segundo lugar, la recomposici\u00f3n m\u00e1s que probable de las clases trabajadoras en el capitalismo tard\u00edo. Y, naturalmente, para el an\u00e1lisis de esa situaci\u00f3n o, mejor dicho, para explicarse la g\u00e9nesis de ese proceso habr\u00e1 que acudir en los pr\u00f3ximos tiempos una vez a Marcuse. No solo a Marcuse. Pero tambi\u00e9n a \u00e9l.<\/p>\n<p>En cualquier caso, agotado el movimiento estudiantil y muerto Marcuse, quedar\u00e1 esa ense\u00f1anza que en su momento resalto el poeta austr\u00edaco Erich Fried[8]: con \u00e9l aprendimos a acercarnos a la libertad por un lado al que no est\u00e1bamos habituados. Y de una forma \u2013podr\u00eda a\u00f1adirse\u2013 que, al margen de tantas integraciones, de ninguna manera puede satisfacer a los poderes existentes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>III. Sobre Marx<\/strong><\/p>\n<p><em>Revista G\u00e1rgola \/ Vacas<\/em><\/p>\n<p><em>Complemento o parte de \u00abDialogando con Paco Fern\u00e1ndez Buey\u00bb, en <\/em>G\u00e1rgola Vacas. Revista de filosof\u00eda y pensamiento<em>, 2000, pp. 194-226 (alumnos de filosof\u00eda de la Universidad de Valladolid).<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n escucha hoy a Marx? De creer lo que dicen los peri\u00f3dicos y la gran mayor\u00eda de los medios de comunicaci\u00f3n, casi nadie. Pero no hay por qu\u00e9 creer eso. En el mundo hay muchas m\u00e1s cosas de las que caben en la filosof\u00eda de los periodistas.<br \/>\nHace unos a\u00f1os P. Vilar, el historiador, contestaba as\u00ed una pregunta parecida: los historiadores. Se puede generalizar: no hay historiador serio en el mundo contempor\u00e1neo que no tenga en cuenta las ideas de Marx: para dialogar o para discutir con \u00e9l, pero, por lo general, con el convencimiento de que la lectura de Marx es esencial para entender el mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u00bfS\u00f3lo los historiadores? No, no s\u00f3lo. Tambi\u00e9n las personas cultas que dan importancia al conocimiento de la historia, incluidos los economistas que no han convertido la econom\u00eda en cremat\u00edstica, en mera teor\u00eda del dinero.<\/p>\n<p>Pondr\u00e9 un ejemplo: en 1998 hubo en Par\u00eds un congreso para conmemorar el sesquicentenario de la publicaci\u00f3n de <em>El manifiesto comunista<\/em>[9]. Asistieron mil quinientos intelectuales (fil\u00f3sofos, economistas, soci\u00f3logos, historiadores, etc.) de los cinco continentes. Hab\u00eda all\u00ed much\u00edsima gente conocida de la que sale en las p\u00e1ginas de cultura de los medios de comunicaci\u00f3n. Y entre los asistentes, el acuerdo generalizado en considerar el <em>Manifiesto<\/em> como uno de los textos que m\u00e1s han influido en el siglo XX. Tambi\u00e9n hab\u00eda muchos y muy diversos puntos de vista al valorar ese texto y su vigencia. Pero una coincidencia: no se puede entender el mundo de hoy sin tener en cuenta ese escrito. Sin embargo, ni uno solo de los medios de comunicaci\u00f3n de este pa\u00eds nuestro se hizo eco de aquel congreso. Ni menci\u00f3n. En cambio, llenaron p\u00e1ginas con la informaci\u00f3n de cualquier congresillo en el que hablaba \u00abun autor de la casa\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora voy a poner otro ejemplo. Desde hace un par de meses en Asturias viene habiendo enfrentamientos dur\u00edsimos entre los trabajadores de los astilleros y la polic\u00eda como consecuencia del proceso de desindustrializaci\u00f3n que tiene lugar all\u00ed. Esa es una manifestaci\u00f3n clara de la lucha de clases aqu\u00ed y ahora. Pues bien: la informaci\u00f3n period\u00edstica de eso ha pasado a las p\u00e1ginas de econom\u00eda. Al mismo tiempo hay un enfrentamiento menor en Terrassa entre inmigrantes magreb\u00eds y antiguos inmigrantes andaluces o extreme\u00f1os y eso aparece en las primeras p\u00e1ginas de todos los peri\u00f3dicos y suscita la publicaci\u00f3n de una multitud de art\u00edculos sobre racismo, xenofobia, etc.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n entre el tratamiento de las dos cosas es otra buena raz\u00f3n para leer a Marx. Ley\u00e9ndolo se enterar\u00eda la gente de lo que hay por debajo de los llamados choques inter\u00e9tnicos (la sobreexplotaci\u00f3n de una parte de la fuerza de trabajo, la utilizaci\u00f3n funcional por el sistema del ej\u00e9rcito laboral de reserva, etc.) y, de paso, entender\u00eda de golpe lo que quiere decir en concreto que la ideolog\u00eda dominante en un momento dado son las ideas de la clase dominante.<\/p>\n<p>Leyendo a Marx no se hace uno moralmente mejor ni se convierte de golpe en un rojo luchador en favor de los derechos de los de abajo. Esto \u00faltimo depende de otros factores. Pero al menos se entera uno de en qu\u00e9 mundo vive.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n de que las personas inteligentes y sensibles sigan leyendo a Marx incluso contra la corriente dominante. Pondr\u00e9 un ejemplo particularmente significativo: Rafael S\u00e1nchez Ferlosio10. Ferlosio no ha sido nunca marxista (ni falta que le hace), a pesar de lo cual viene repitiendo desde hace alg\u00fan tiempo que en Marx est\u00e1n las claves principales para entender el mundo econ\u00f3mico-social de hoy, lo que llamamos globalizaci\u00f3n. No me cabe duda de que Ferlosio es el mejor ensayista actual en lengua castellana. Ese s\u00ed que tiene pensamiento propio, pensamiento de verdad.<\/p>\n<p>Y si lo prefer\u00eds en forma parad\u00f3jica, lo dir\u00e9: hace pocos a\u00f1os el <em>Wall Street Journal<\/em> dec\u00eda de Marx que hab\u00eda sido el m\u00e1s grande de los economistas del siglo XIX. Yo a\u00f1adir\u00eda: y los empresarios han aprendido mucho desde entonces de su cr\u00edtica al capitalismo.<\/p>\n<p>La m\u00e1s grande de las tonter\u00edas de la segunda mitad del siglo XX (y ha habido muchas) fue la decisi\u00f3n de los partidos socialistas en el sentido de abandonar \u00abel marxismo\u00bb. Tal decisi\u00f3n s\u00f3lo se explica por el hecho de que en realidad los que abandonaban no hab\u00edan le\u00eddo nunca a Marx (o conoc\u00edan su obra de o\u00eddas o empleaban la palabra en una forma ritual).<\/p>\n<p>Los pol\u00edticos profesionales son, por lo general, muy ignorantes. Tambi\u00e9n por lo general, cada vez que tienen que elegir entre dos se inclinan por el m\u00e1s tonto, por el que tiene menos pensamiento propio. Eso pasa lo mismo en los partidos pol\u00edticos de derechas que en los de izquierda. Es casi una ley general del mundo actual. Y si se puede decir que eso es casi una ley, la conclusi\u00f3n para lo que me pregunt\u00e1is ha de ser obvia: una persona estudiosa e inteligente no debe comportarse como se comportan los pol\u00edticos de profesi\u00f3n. Tampoco cuando se trata de Marx. Por lo dem\u00e1s, el propio Marx no era propiamente un pol\u00edtico; era un cr\u00edtico de la pol\u00edtica o, como se dec\u00eda entonces, un revolucionario.<\/p>\n<p>Total: que \u00absapere aude\u00bb, una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Un abrazo, PFB<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>IV. Presentaci\u00f3n de <em>Filosof\u00eda y circunstancias<\/em> de Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez en el Instituto Universitario de Cultura de la UPF<\/strong><\/p>\n<p>Con la presentaci\u00f3n del \u00faltimo libro de Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez, <em>Filosof\u00eda y circunstancias<\/em>, publicado por la Editorial Anthropos en su colecci\u00f3n \u00abPensamiento cr\u00edtico\/pensamiento ut\u00f3pico\u00bb, inauguramos las actividades del IUC de la UPF para este curso 1997-1998.<\/p>\n<p>Es un honor para el IUC tener hoy aqu\u00ed hoy, con nosotros, al profesor S\u00e1nchez V\u00e1zquez, que es doctor <em>honoris causa<\/em> por varias universidades mexicanas as\u00ed como tambi\u00e9n por las universidades espa\u00f1olas de C\u00e1diz y la UNED. El profesor S\u00e1nchez V\u00e1zquez es, sin ninguna duda, uno de los fil\u00f3sofos espa\u00f1oles del exilio que m\u00e1s ha influido en Am\u00e9rica Latina. No hay congreso latinoamericano de filosof\u00eda en el que no se recuerde la aportaci\u00f3n de S\u00e1nchez V\u00e1zquez al conocimiento de la obra del joven Marx, sus opiniones sobre est\u00e9tica desde un punto de vista marxista o su investigaci\u00f3n sobre el concepto de praxis en el filosofar de Hegel, de Feuerbach, de Marx y de Gramsci.<\/p>\n<p>He de decir que para m\u00ed es, adem\u00e1s, un motivo de alegr\u00eda acompa\u00f1ar a S\u00e1nchez V\u00e1zquez en esta presentaci\u00f3n. Y lo es por varios motivos. Para empezar, porque sus primeros libros, publicados entre 1965 y 1967, han influido decisivamente en mi formaci\u00f3n. Recuerdo bien el inter\u00e9s con que muchas personas de mi generaci\u00f3n, cuando \u00e9ramos estudiantes universitarios, le\u00edamos, aqu\u00ed, en Barcelona, dos libros excelentes del profesor S\u00e1nchez V\u00e1zquez: <em>Las ideas est\u00e9ticas de Marx<\/em> (M\u00e9xico, Era, 1965) y <em>La filosof\u00eda de la praxis<\/em> (M\u00e9xico, Grijalbo, 1967).<\/p>\n<p>En segundo lugar, por los lazos de amistad que me unen a \u00e9l desde comienzos de la d\u00e9cada de los setenta cuando trabaj\u00e1bamos, \u00e9l en M\u00e9xico y yo aqu\u00ed, con Manolo Sacrist\u00e1n, en Barcelona, para el editor Juan Grijalbo haciendo traducciones y ediciones de Gramsci, de Luk\u00e1cs, de Karel Kosik, de Lucio Colletti, de Ludovico Geymonat, de Adam Schaff, de Valentino Gerratana. Fue entonces, conversando por calles y caf\u00e9s de Barcelona, cuando conoc\u00ed personalmente a S\u00e1nchez V\u00e1zquez en varios de sus viajes a nuestra ciudad.<\/p>\n<p>En tercer lugar, y sobre todo, es para m\u00ed un motivo de alegr\u00eda acompa\u00f1arle aqu\u00ed, porque despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, y en una \u00e9poca, \u00e9sta de ahora, caracterizada por el transformismo y el transfuguismo de tantos, el profesor S\u00e1nchez V\u00e1zquez sigue siendo un ejemplo de fidelidad a lo que fue el programa intelectual y filos\u00f3fico que nos ense\u00f1\u00f3 cuando \u00e9ramos j\u00f3venes. Hay pocas oportunidades de seguir llamando maestro a alguien que lo fue en nuestra juventud.<\/p>\n<p>Esta continuidad de pensamiento en la obra de S\u00e1nchez V\u00e1zquez se puede apreciar muy bien comparando sus trabajos de los a\u00f1os sesenta, a los que me he referido antes, con lo que escribe ahora, a sus ochenta a\u00f1os: con los escritos, por ejemplo, recogidos en el libro que presentamos, <em>Filosof\u00eda y circunstancias<\/em>; pero tambi\u00e9n con lo que escribe en su otro libro reciente, <em>Cuestiones est\u00e9ticas y art\u00edsticas contempor\u00e1neas<\/em> y con su \u00faltimo ensayo (que yo conozca) que lleva por t\u00edtulo \u00abLa utop\u00eda del fin de la utop\u00eda\u00bb (publicado en la revista <em>Dial\u00e9ctica<\/em>, en la primavera de 1997),y que me resulta tan af\u00edn.<\/p>\n<p>Esta fidelidad de m\u00e1s de treinta a\u00f1os a un filosofar sobre el hombre y la sociedad desde la perspectiva marxista seguramente requiere una explicaci\u00f3n. Pues se ha de reconocer que es bastante excepcional en estos tiempos. Creo que se puede decir que tal continuidad de pensamiento se ha debido, en el caso de S\u00e1nchez V\u00e1zquez, a tres razones: a su conocimiento profundo de la historia de las ideas; a su forma cr\u00edtica, libre y equilibrada, de leer a los cl\u00e1sicos; y a su humanismo, que es parte de su humanidad: \u00abLa filosof\u00eda que se profesa revela el hombre que se es\u00bb, reza uno de los ep\u00edgrafes de <em>Filosof\u00eda y circunstancias<\/em>.<\/p>\n<p>Pues bien, una de las caracter\u00edsticas del filosofar de S\u00e1nchez V\u00e1zquez ha sido la atenci\u00f3n prestada a aquellas ideas y corrientes que hab\u00edan de resultar m\u00e1s renovadoras para el humanismo positivo de la segunda mitad de siglo XX en el \u00e1mbito del marxismo. \u00c9l ha sido uno de los primeros fil\u00f3sofos de lengua castellana en valorar, y bien, la obra del joven Marx, el de los <em>Manuscritos econ\u00f3mico-filos\u00f3fico<\/em>s de Par\u00eds sobre todo; \u00e9l ha sido uno de los primeros fil\u00f3sofos de lengua castellana en interesarse por ese fil\u00f3n de ideas renovadoras que son los <em>Quaderni del carcere<\/em> de Antonio Gramsci; \u00e9l nos dio a conocer algunas de las aportaciones m\u00e1s renovadoras e ins\u00f3litas del marxismo en el \u00e1mbito de la est\u00e9tica y de la \u00e9tica. Nos ense\u00f1\u00f3 a comparar y a distinguir entre marxismos.<\/p>\n<p>Luego, cuando a finales de la d\u00e9cada de los setenta, empez\u00f3 la \u00faltima \u00abcrisis del marxismo\u00bb y Gramsci, Althusser, Della Volpe, Colletti y otros dejaron de ser la moda en que los oportunistas les hab\u00edan convertido, S\u00e1nchez V\u00e1zquez sigui\u00f3 escribiendo y trabajando en aquel mismo marco intelectual sin rupturas de nota, sin conversiones forzadas ni arrepentimientos clamorosos. Eso s\u00ed, revisando ideas, empezando, desde luego, por las propias; pero sin \u00abcambiar de camisa\u00bb, que se dice, o de piel.<\/p>\n<p>He dado antes una raz\u00f3n de esta continuidad, que me parece admirable, en la obra de S\u00e1nchez V\u00e1zquez: la atenci\u00f3n a la historia de las ideas, la conciencia hist\u00f3rica. Y he esbozado otra raz\u00f3n que ahora quiero subrayar: su equilibrio intelectual en la defensa del marxismo, tan riguroso como alejado de toda forma dogm\u00e1tica o catequ\u00edstica.<\/p>\n<p>Este equilibrio est\u00e1 tambi\u00e9n presente en los escritos recogidos en <em>Filosof\u00eda y circunstancias<\/em>. Pondr\u00e9 s\u00f3lo dos ejemplos al respecto.<\/p>\n<p>Uno est\u00e1 contenido en sus ensayos sobre filosof\u00eda, sobre \u00abla filosof\u00eda sin m\u00e1s ni menos\u00bb, que dice \u00e9l. Y se refiere a los modos de hacer y usar la filosof\u00eda, a su reflexi\u00f3n, tan actual, acerca del por qu\u00e9 y para qu\u00e9, todav\u00eda ahora, ense\u00f1ar filosof\u00eda. Lo que ah\u00ed se aprende es rectitud y respeto por las ideas de los otros, cosa que, entre fil\u00f3sofos, es ya mucho.<\/p>\n<p>El otro ejemplo est\u00e1 en el apartado V del libro, el dedicado a fil\u00f3sofos que le fueron cercanos: Xirau, Nicol, Sacrist\u00e1n, Pereyra, Zea, Eli de Gortari. En este apartado de su libro, al dar noticia de algunos de los grandes de la filosof\u00eda hispanoamericana, S\u00e1nchez V\u00e1zquez trata con simpat\u00eda y delicadeza a otros fil\u00f3sofos contempor\u00e1neos, de los que, sin duda, disent\u00eda en cosas no secundarias. Dice de ellos lo esencial y lo dice en forma positiva. Lo que en un gremio intelectual en el que ha predominado el puntillismo hipercr\u00edtico de tantos basiliscos tambi\u00e9n es mucho.<\/p>\n<p>Ahora es norma en la academia identificar la fidelidad intelectual con el dogmatismo. Yo disiento de esa identificaci\u00f3n que se ha hecho habitual. Creo, en cambio, que el dogmatismo va casi siempre de la mano de la ignorancia, de la desmesura, o del af\u00e1n incontrolado por ser originales. Quien fue un desmesurado en su juventud suele ser un desmesurado (s\u00f3lo que, eso s\u00ed, de signo contrario) en su vejez. Y en ese caso hasta los recuerdos son desmesura.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez V\u00e1zquez, en cambio, se ha mantenido fiel a sus ideas de hace treinta a\u00f1os tal vez porque por debajo de la letra de la obra de Marx supo captar un motivo sustancial, que no siempre captaron otros marxistas contempor\u00e1neos suyos, el del <em>De omnibus dubitandum<\/em>[11]. Y porque, en las dudas (razonables dudas), supo mantener el equilibrio intelectual y propugnar el di\u00e1logo con otras tradiciones de pensamiento.<\/p>\n<p>Esto lo ha explicado muy bien Javier Muguerza[12] en la <em>laudatio<\/em> acad\u00e9mica de S\u00e1nchez V\u00e1zquez como doctor <em>honoris causa<\/em> en la UNED. Y como \u00e9l, Javier Muguerza, est\u00e1 tambi\u00e9n aqu\u00ed, con nosotros, en esta presentaci\u00f3n, no voy a insistir en ello.<\/p>\n<p>S\u00f3lo quiero a\u00f1adir, para terminar, que esta lecci\u00f3n de la duda, y del equilibrio en la duda, no tiene pretensi\u00f3n de exclusividad; no es derivaci\u00f3n genuina de una \u00fanica concepci\u00f3n del mundo: ni del marxismo ni de ninguna otra. Se puede aprender, \u00bfqu\u00e9 duda cabe?, en el marco de tradiciones distintas y a\u00fan opuestas. Se aprende, me parece, comparando y contrastando ideas. Llegar a saber eso es,sobre todo para quienes trabajamos en la Universidad, como el pan nuestro intelectual de cada d\u00eda, lo \u00fanico \u2013dicho sea pronto y r\u00e1pido\u2013 que nos permite hoy seguir usando con respeto la palabra objetividad en la docencia. A sabiendas, claro est\u00e1, de que la objetividad es tambi\u00e9n \u2013o mejor: lo sigue siendo\u2013 un ideal.<\/p>\n<p>Por todo eso tener hoy aqu\u00ed a Adolfo S\u00e1nchez V\u00e1zquez, a sus ochenta y dos a\u00f1os[13], y con un nuevo libro a cuestas, honra a nuestra Universidad.<\/p>\n<p>Le agradecemos que haya venido de M\u00e9xico para visitarnos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>V. Elogio de Pietro Ingrao<\/strong><\/p>\n<p><em>Escrito fechado el 1 de octubre de 2002. Como se\u00f1ala el autor, tres d\u00edas despu\u00e9s, Pietro Ingrao era nombrado doctor <\/em>honoris causa<em> de la Universidad de Barcelona.<\/em><\/p>\n<p>El d\u00eda 4 de octubre la Universidad de Barcelona nombrar\u00e1 doctor <em>honoris causa<\/em> a Pietro Ingrao. Eso es todo un acontecimiento que no deber\u00eda pasar desapercibido a la sociedad barcelonesa. Pues adem\u00e1s de un evento acad\u00e9mico, este nombramiento es un acto de valent\u00eda que honra a nuestra primera universidad. Es un acontecimiento acad\u00e9mico porque la universidad rinde homenaje a una de las personalidades m\u00e1s fascinantes de la historia europea del siglo XX. Y es un acto de valent\u00eda porque son contad\u00edsimas las ocasiones en que la academia se abre al reconocimiento de los m\u00e9ritos de un intelectual comunista que no ha renunciado a sus ideas. En los tiempos que corren un hecho as\u00ed tiene algo de ins\u00f3lito. Y, sin embargo, este reconocimiento es de justicia.<\/p>\n<p>A sus ochenta y siete a\u00f1os Pietro Ingrao es un s\u00edmbolo. Es historia viva de lo mejor del comunismo italiano que, a su vez, habr\u00e1 sido lo mejor que ha dado el comunismo europeo del siglo XX. Ingrao estuvo en la organizaci\u00f3n de una de las pocas huelgas contra el nazismo que se hicieron en la Europa ocupada, en 1943, en Mil\u00e1n, y sesenta a\u00f1os despu\u00e9s, hace unas semanas, ha estado en Roma en la m\u00e1s multitudiaria manifestaci\u00f3n antiautoritaria de la historia de Italia. Ya solo por eso, probablemente, cuando haya pasado del todo la resaca de la guerra fr\u00eda y se haya superado la ideolog\u00eda de la guerra de civilizaciones que hoy domina, cuando se hayan pacificado las conciencias y pueda escribirse el libro blanco del comunismo del siglo XX, Pietro Ingrao ocupar\u00e1 un lugar relevante en sus p\u00e1ginas. Tambi\u00e9n eso llegar\u00e1, es de esperar, despu\u00e9s del rosario de la aurora de la raz\u00f3n laica en que ahora estamos. Quiero suponer que con este reconocimiento a Pietro Ingrao la comunidad universitaria no s\u00f3lo hace justicia por nostalgia sino que se adelanta unos a\u00f1os a la raz\u00f3n ecu\u00e1nime que vendr\u00e1.<\/p>\n<p>Nacido en 1915, Pietro Ingrao estudi\u00f3 derecho y letras en la Italia de Mussolini. Fue all\u00ed un universitario antifascista. Desde joven se sinti\u00f3 atra\u00eddo por el cine: colabor\u00f3 con Luchino Visconti, como guionista y ayudante de direcci\u00f3n, en la pel\u00edcula <em>Ossesione<\/em>. Despu\u00e9s de la Liberaci\u00f3n, entre 1947 y 1956, dirigi\u00f3 <em>L&#8217;Unit\u00e0<\/em>, uno de los mejores peri\u00f3dicos comunistas europeos de todos los tiempos, donde se dieron cita diaria algunos de los m\u00e1s serios intelectuales italianos de la \u00e9poca. De ah\u00ed, de aquella colaboraci\u00f3n en la togliattiana \u00abbatalla de las ideas\u00bb, naci\u00f3 un periodismo culto, informado, comprometido y combativo, que en los a\u00f1os de la guerra fr\u00eda influy\u00f3 mucho no s\u00f3lo en Europa sino tambi\u00e9n en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>En las d\u00e9cadas centrales del siglo XX se dec\u00eda que Ingrao representaba la izquierda de la izquierda pol\u00edtica, la izquierda del partido comunismo italiano, el mayor, m\u00e1s culto y mejor organizado de los partidos comunistas de la Europa occidental. En 1966, en el XI Congreso del PCI, Ingrao reivindic\u00f3 el derecho a la disidencia. En 1968 presid\u00eda el grupo parlamentario comunista. En 1976 fue elegido presidente de la c\u00e1mara de diputados. Lo fue durante tres a\u00f1os. Mientras tanto Ingrao altern\u00f3 el trabajo pol\u00edtico con la presidencia del \u00abCentro de Estudios para la Reforma del Estado\u00bb, una instituci\u00f3n que impuls\u00f3 interesant\u00edsimas publicaciones, como la revista <em>Democrazia i diritto<\/em>. Cuando se hundi\u00f3 el llamado \u00abmundo socialista\u00bb y el PCI abandon\u00f3 su identidad, Ingrao qued\u00f3 en medio, fuera del PDS y fuera de Rifondazione Comunista. En 1993 se qued\u00f3 sin partido, pero no se retir\u00f3: se dio a conocer como poeta y sigui\u00f3 pensando en aquellas cosas que muchos pol\u00edticos llaman \u00abimposibles\u00bb y sin las cuales no se puede pensar de verdad. Eligi\u00f3 entonces frecuentemente la forma dialogada de comunicar y en 1998 fund\u00f3 para eso, con Rosana Rossanda, Luigi Pintor, Lucio Magri y Fausto Bertinotti, La revista de <em>Il Manifesto<\/em>.<\/p>\n<p>Siempre fue Ingrao, ya desde la \u00e9poca de Togliatti, un comunista inc\u00f3modo, independiente, con pensamiento propio, brillante en el an\u00e1lisis escrito y brillant\u00edsimo en la comunicaci\u00f3n oral de las ideas. Le recuerdo, como ejemplo admirado, en los mejores a\u00f1os del PSUC aqu\u00ed, cuando se acababa de traducir su libro <em>Las masas y el poder<\/em> (Cr\u00edtica, 1978). Le recuerdo, a\u00fan fascinado yo por su verbo fresco y pleno de matices, en una mesa redonda organizada por los j\u00f3venes comunistas en la Fiesta romana de <em>L&#8217;Unit\u00e0<\/em> cuando el PCI era todav\u00eda la principal fuerza pol\u00edtico-cultural de Italia: Ingrao ten\u00eda ya casi setenta a\u00f1os pero conectaba como nadie con las preocupaciones de los j\u00f3venes, abierto, como fue siempre, a los retos que hab\u00eda de abordar el socialismo. Le recuerdo, finalmente, ya en las horas bajas del comunismo italiano, en uno de los proyectos del \u00abCentro para la Reforma del Estado\u00bb por su agudo diagn\u00f3stico de la evoluci\u00f3n de la democracia en Europa y por su ideas innovadoras sobre la relaci\u00f3n entre los de abajo y la pol\u00edtica. \u00c9l fue de los primeros en proponer la ampliaci\u00f3n de la democracia representativa en democracia participativa. Como fue tambi\u00e9n de los primeros en darse cuenta de la importancia de la crisis ecol\u00f3gica y de la necesidad de incorporar el ecologismo al programa comunista. Y de los primeros en impulsar el nuevo pacifismo que estaba rebrotando al calor de las manifestaciones de los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>Aunque Ingrao ha sido un s\u00edmbolo para muchos aqu\u00ed, se ha traducido poco al catal\u00e1n y al espa\u00f1ol. Menos, desde luego, de lo que merec\u00eda su obra abierta y cr\u00edtica, su reflexi\u00f3n aguda sobre lo pol\u00edtico y lo social. Ingrao ha sido un pol\u00edtico cult\u00edsimo con alma de poeta. Pero su poes\u00eda \u2013<em>Il dubbio dei vincitori<\/em> (1986) <em>L&#8217;alta febbre del fare<\/em> (1994), <em>Sul calar della sera<\/em> (1990)\u2013 es casi desconocida entre nosotros. Su libro autobiogr\u00e1fico, <em>Le cose imposibili<\/em>, publicado en Italia en 1990, no ha pasado de ser aqu\u00ed un libro de culto para unos pocos, Y la principal recopilaci\u00f3n de sus escritos e intervenciones pol\u00edticas, <em>Interventi sul campo<\/em>, est\u00e1 tambi\u00e9n por traducir.<\/p>\n<p>La Universidad de Barcelona nos brinda una excelente oportunidad para dar a conocer sus ideas, las ideas de un pensador y hombre de acci\u00f3n que ha hecho mucho por la revitalizaci\u00f3n del ideario socialista, por la paz y por la pervivencia de la raz\u00f3n laica. Leyendo a Ingrao y escuchando su palabra clara los j\u00f3venes universitarios de hoy entender\u00e1n mejor la opini\u00f3n de sus padres sobre lo que fue aqu\u00ed, para nosotros, en los tiempos sombr\u00edos del franquismo, la cultura pol\u00edtica italiana. Para los viejos rojos, que seguimos admirando a Ingrao, este reconocimiento de la Universidad de Barcelona es la ocasi\u00f3n de manifestar un agradecimiento intelectual que en los a\u00f1os dif\u00edciles de la clandestinidad no pudimos o no supimos expresar. Y para la ciudadan\u00eda en general tal vez sea la ocasi\u00f3n de conocer, ya sin nostalgia, a uno de los representantes m\u00e1s preclaros de la pasi\u00f3n razonada en la \u00e9poca de la gran ilusi\u00f3n igualitaria. Que es, al fin y al cabo, nuestra \u00e9poca de siempre, la \u00e9poca de los humanos civilmente comprometidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VI. Recuerdo de Valentino Gerratana (1919-2000)<\/strong><\/p>\n<p><em>Escrito en agosto del a\u00f1o 2000. Publicado como nota editorial en el 78 de <\/em>mientras tanto<em>, oto\u00f1o del 2000.<\/em><\/p>\n<p><em>FFB fue el traductor de Valentino Gerratana, <\/em>Investigaciones sobre la historia del marxismo (I y II)<em>, Barcelona: Hip\u00f3tesis\/Grijalbo, 1975, en la colecci\u00f3n que codirigi\u00f3 junto a Manuel Sacrist\u00e1n. Existe correspondencia entre ambos. Un breve escrito del autor sobre Gerratana en nota<\/em>[14].<\/p>\n<p>I. Valentino Gerratana muri\u00f3 el 16 de junio de 2000 en Roma. Los lectores que hayan seguido esta revista[15] desde su fundaci\u00f3n recordar\u00e1n, sin duda, el nombre \u2013que aqu\u00ed ha sido citado muchas veces\u2013 y, tal vez, recuerden tambi\u00e9n alguno de sus excelentes art\u00edculos sobre Gramsci, no hace mucho tiempo traducido para <em>mientras tanto<\/em> por Josep Torrell. Por su parte, los gramscianos y m\u00e1s en general las personas que aprecian la obra de Gramsci recordar\u00e1n siempre con agradecimiento a Valentino Gerratana, ya que, desde 1975, su trabajo como editor de los <em>Quaderni del carcere<\/em> era referencia obligada en toda traducci\u00f3n o comentario del pensador sardo.<\/p>\n<p>La edici\u00f3n cr\u00edtica de los <em>Quaderni<\/em> de Antonio Gramsci, publicada por Einaudi en 1975 en cuatro vol\u00famenes, ha sido con toda seguridad el m\u00e1s alabado de los trabajos realizados por Gerratana. Por ella era conocido y apreciado, con raz\u00f3n, desde los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica a la India y desde Jap\u00f3n a los diferentes pa\u00edses de Europa. Las actas del Congreso gramsciano reunido en Formia en 1987 bajo el r\u00f3tulo \u00abGramsci nel mondo\u00bb son todav\u00eda un testimonio inigualable de la unanimidad con que estudiosos de los cinco continentes han elogiado merecidamente esta labor. Por ella fue nombrado presidente honor\u00edfico de la International Gramsci Society, que all\u00ed, en Formia, inici\u00f3 su andadura.<\/p>\n<p>Pero Gerratana no fue s\u00f3lo el mejor editor y lector de Gramsci hasta la fecha. Fue tambi\u00e9n un excelente historiador de las ideas y un intelectual permanentemente comprometido con el ideal de la liberaci\u00f3n. Valentino Gerratana entendi\u00f3 desde joven la libertad como liberaci\u00f3n y, frente a las concepciones formalistas o meramente procedimentales de la democracia, vio \u00e9sta como un proceso hist\u00f3rico en marcha. En la vida p\u00fablica actu\u00f3 siempre de acuerdo con esas convicciones: primero en el todav\u00eda gramsciano mundo \u00abgrande y terrible\u00bb de la segunda guerra mundial, cuando a\u00fan Mussolini dominaba Italia; luego, en los a\u00f1os del renacimiento del marxismo en Europa; m\u00e1s tarde, cuando Gramsci se convirti\u00f3, por politicismo estrecho, en una moda instrumental. Y as\u00ed sigui\u00f3 actuando Gerratana cuando el autodenominado \u00abpensamiento d\u00e9bil\u00bb y el presunto \u00abpensamiento \u00fanico\u00bb desplazaron el estudio de la obra de Gramsci de los programas que es preceptivo ense\u00f1ar en las facultades de humanidades y ciencias sociales y empez\u00f3 a dudarse en los ambientes intelectuales de la oportunidad de leer a quien sin duda ha sido uno de los cl\u00e1sicos del pensamiento pol\u00edtico en el siglo XX.<\/p>\n<p>Durante los largos a\u00f1os que separan la liberaci\u00f3n de Roma de la desaparici\u00f3n del \u00absocialismo real\u00bb y de la disoluci\u00f3n del partido comunista italiano, Gerratana fue un comunista laico, un comunista cr\u00edtico y al mismo tiempo leal a los ideales por los que luch\u00f3 ya en su juventud. De s\u00ed mismo habl\u00f3 y escribi\u00f3 muy poco. Apenas nos ha dejado unas cuantas p\u00e1ginas que sirvieran para trazar su biograf\u00eda en la hora de la muerte. Y ni siquiera en la hermosa introducci\u00f3n que escribi\u00f3 en 1950 para el volumen de los escritos p\u00f3stumos de Giaime Pintor, el amigo muerto con el que hab\u00eda compartido momentos dif\u00edciles en los a\u00f1os de la resistencia antifascista, hizo \u00e9l concesiones autobiogr\u00e1ficas. Como ha escrito Simonetta Fiori en una nota necrol\u00f3gica publicada en <em>La Repubblica<\/em> al d\u00eda siguiente de su fallecimiento, Gerratana prefer\u00eda echar un velo \u2013el velo del pudor\u2013 sobre su papel en los a\u00f1os de la resistencia antifascista, precisamente \u00abporque no era amante de medallas ni trofeos\u00bb.<\/p>\n<p>El que fue decano de todos los gramscianos sol\u00eda definirse a s\u00ed mismo, en privado y en broma, como \u00abun detective\u00bb. Y, en cierto modo, lo era: un detective del pensamiento, de la filolog\u00eda, de la historia de las ideas. Cuando se compara su edici\u00f3n de los <em>Cuadernos<\/em> <em>gramscianos<\/em> con la edici\u00f3n tem\u00e1tica anterior (que hab\u00eda sido inspirada y parcialmente preparada por Palmiro Togliatti) se comprende mejor el sentido de aquella autoiron\u00eda. Pues hay en su edici\u00f3n un trabajo tan paciente como inteligente de desciframiento de alusiones cruzadas, de contextualizaci\u00f3n de referencias, de dataci\u00f3n de los manuscritos, de comparaci\u00f3n entre las varias redacciones de las notas. Y un trabajo as\u00ed exige, efectivamente, una capacidad deductiva, un m\u00e9todo y un rigor intelectual parecidos a los que ten\u00eda Holmes. No es ninguna casualidad el que \u00abb\u00fasqueda\u00bb, \u00abinvestigaci\u00f3n\u00bb y \u00abm\u00e9todo\u00bb hayan sido palabras recurrentes con las que el propio Gerratana calific\u00f3 su producci\u00f3n intelectual.<\/p>\n<p>II. Valentino Gerratana hab\u00eda nacido en Scicli (Sicilia) el 14 de febrero de 1919. Estudi\u00f3 en M\u00f3dica, en Salerno y en Roma. En esta \u00faltima ciudad fue ayudante en la c\u00e1tedra de Filosof\u00eda del Derecho ocupada por Giorgio Del Vecchio. Siendo a\u00fan muy joven, entre 1938 y 1942, public\u00f3 sus primeros escritos acad\u00e9micos en la <em>Rivista internazionale di filosofia politica e sociale<\/em> y en el \u00abBolletino dell\u2019Istituto di filosofia del diritto\u00bb de la Universidad de Roma. Casi todos estos escritos juveniles son recensiones de obras contempor\u00e1neas de filosof\u00eda del derecho, bien de autores italianos (F. Battaglia, G. Gualtieri, G. Santucci, G. Candoloro), bien de cl\u00e1sicos como Campanella, Tocqueville y Sombart. De los escritos suyos de esa \u00e9poca llaman la atenci\u00f3n dos aportaciones: \u00abContributo alla teoria del diritto naturale\u00bb (1938) y \u00abPer una nuova impostazione del problema della libert\u00e0\u00bb (1941), donde discute ya con Benedetto Croce.<\/p>\n<p>A los veinticuatro a\u00f1os, durante la segunda guerra mundial, Gerratana fue uno de los promotores de la Resistencia antifascista en Roma. Queda una foto de esa \u00e9poca, reproducida hace poco en <em>La Repubblica<\/em>, en la que se le ve junto a Giaime Pintor, Geno Pampaloni, Chichi Marongiu y Carlo Salinari. Despu\u00e9s de la ca\u00edda de Mussolini, particip\u00f3 en la reconstrucci\u00f3n del partido comunista en la capital y al terminar la guerra empez\u00f3 a escribir regularmente en <em>L\u2019Unit\u00e1<\/em> y en <em>Rinascita<\/em>. Desde finales de la d\u00e9cada de los cuarenta Gerratana fue miembro del consejo de redacci\u00f3n de la revista <em>Societ\u00e0<\/em>, y colabor\u00f3 habitualmente en <em>Rinascita<\/em>, en <em>Il Contemporaneo<\/em> y en <em>Critica marxista<\/em>, publicaciones que han sido, hasta los a\u00f1os setenta, exponentes principales de la cultura marxista en Italia. Tambi\u00e9n fue uno de los promotores de Editori Riuniti. Simult\u00e1neamente, Gerratana ense\u00f1\u00f3 historia de la filosof\u00eda en las Universidades de Salerno, Siena y nuevamente Salerno (hasta su jubilaci\u00f3n, ya en la d\u00e9cada de los noventa).<\/p>\n<p>III. Gerratana ha sido un excelente historiador de las ideas y uno de los mejores conocedores del marxismo que ha dado Italia en el siglo XX. Despu\u00e9s de dialogar con Croce sobre el concepto de libertad a principios de la d\u00e9cada de los cuarenta, lo hizo con Bobbio sobre el concepto de democracia en la d\u00e9cada de los cincuenta y m\u00e1s tarde con Lucio Colletti, con Althusser y con Della Volpe sobre la interpretaci\u00f3n de la obra de Marx en la d\u00e9cada de los sesenta, o con Sebastiano Timpanaro sobre el concepto de materialismo[16] y la posibilidad de un \u00abmarxismo leopardiano\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de lo que estas referencias puedan sugerir, no era Gerratana un fil\u00f3sofo particularmente amigo de la pol\u00e9mica, sino m\u00e1s bien un pensador que interven\u00eda en la batalla de ideas s\u00f3lo en aquellos casos en que ten\u00eda la convicci\u00f3n de que \u00e9stas estaban siendo tergiversadas o trivializadas y que esta tergiversaci\u00f3n o trivializaci\u00f3n hab\u00eda de tener consecuencias pr\u00e1cticas negativas. En este sentido fue, sobre todo, un pensador de la pr\u00e1ctica y del m\u00e9todo, un hombre de la tribu de los que buscan, que supo combinar muy bien el rigor acad\u00e9mico con la pasi\u00f3n pol\u00edtica y al que nunca abandon\u00f3 el convencimiento de que el beneficio de la duda y la cr\u00edtica de las ilusiones tiene que equilibrarse con creencias anal\u00edticamente fundamentadas para que el pensamiento se haga pr\u00e1ctica, actuaci\u00f3n razonable.<\/p>\n<p>Gerratana fue siempre un hombre extremadamente reservado y muy prudente, tanto en sus juicios pol\u00edticos como en su trabajo de historiador de la ideas; un hombre alejado de los excesos, de las modas del momento y de los espect\u00e1culos intelectuales. Tal vez por eso cuando hoy, con la distancia que da el tiempo transcurrido, se releen aquellas intervenciones suyas en discusi\u00f3n con Croce, Bobbio, Althusser, Colletti o Timpanaro lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n es el respetuoso equilibrio con que trata a los cl\u00e1sicos y a sus int\u00e9rpretes, la claridad en la exposici\u00f3n de las ideas, el esfuerzo por precisar las variaciones en el uso de las grandes palabras (\u00ablibertad\u00bb, \u00abdemocracia\u00bb, \u00absocialismo\u00bb) y la coherencia de la argumentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tampoco fue Gerratana un autor de muchos libros: en los casi sesenta a\u00f1os en que se mantuvo activo como escritor y publicista apenas llegar\u00eda a publicar un centenar de ensayos, art\u00edculos y rese\u00f1as. Los m\u00e1s importantes de estos escritos fueron recogidos en dos libros: <em>Ricerche di storia del marxismo<\/em>[17] y <em>Gramsci. Problemi di metodo<\/em>.<\/p>\n<p>La primera parte de las <em>Ricerche<\/em> incluye tres de los asuntos a cuyo conocimiento m\u00e1s ha aportado Gerratana, Gramsci aparte. En primer lugar, la interpretaci\u00f3n de la obra de Rousseau y su recepci\u00f3n por Marx. En segundo lugar, la valoraci\u00f3n del <em>Anti-D\u00fchring<\/em> de Engels en la historia del marxismo. Y en tercer lugar, el papel y la fortuna de Antonio Labriola. Los tres eran temas ampliamente discutidos en Italia en la d\u00e9cada de los sesenta y siguen siendo asuntos de importancia para la comprensi\u00f3n de lo que ha sido la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del marxismo. Pero en su lectura de Rousseau, Marx, Engels y Labriola, Gerratana rebasa con mucho lo que era entonces la pol\u00e9mica italiana. Hay, adem\u00e1s, en esa primera parte de las <em>Ricerche<\/em>, un estimulante ensayo sobre \u00abMarxismo y darwinismo\u00bb[18], que es de las pocas aportaciones originales y documentadas escritas por aquellos a\u00f1os a este respecto.<\/p>\n<p>La segunda parte del libro est\u00e1 dedicada a un asunto que por entonces levantaba pasiones: los debates sobre la transici\u00f3n al socialismo. En ella Gerratana aborda la evoluci\u00f3n de la concepci\u00f3n leninista del estado, la controversia que mantuvieron los bolcheviques sobre capitalismo de estado y estado socialista o sobre c\u00f3mo se debe entender el concepto, m\u00e1s general, de \u00abformaci\u00f3n econ\u00f3mico-social\u00bb. En ese contexto discute adem\u00e1s Gerratana uno de los temas de investigaci\u00f3n que entonces hab\u00eda propuesto Louis Althusser, el de \u00ablos aparatos ideol\u00f3gicos del estado\u00bb, para aclarar a partir de ah\u00ed c\u00f3mo hay que entender \u2013pensando en el marco de una tradici\u00f3n y evitando el dogmatismo\u2013 el m\u00e9todo de Marx.<\/p>\n<p>Aunque todos y cada uno de los ensayos contenidos en este libro se aguantan por s\u00ed solos como investigaci\u00f3n historiogr\u00e1fica, la discusi\u00f3n de la \u00abcuesti\u00f3n del m\u00e9todo\u00bb es de hecho el hilo conductor de las <em>Ricerche<\/em> (como lo es tambi\u00e9n de la lectura que Gerratana ha hecho de Gramsci). Y en este aspecto las p\u00e1ginas que dedic\u00f3 a estudiar las relaciones entre historia, estructura y sistema, por un lado, y entre ciencia e ideolog\u00eda en el marxismo, por otro, son seguramente de las m\u00e1s ecu\u00e1nimes que se han escrito en cualquier momento y pa\u00eds.<\/p>\n<p>IV Para Gerratana, la ciencia, al igual que la ideolog\u00eda, est\u00e1 vinculada a una praxis social, de tal modo que, \u00abfuera de dicha praxis, no es nada\u00bb. Ahora bien, en su contrastaci\u00f3n con la pr\u00e1ctica social, el an\u00e1lisis cient\u00edfico se diferencia de la visi\u00f3n ideol\u00f3gica por el hecho de que no es s\u00f3lo, como esta \u00faltima, funcional a la praxis, sino que al mismo tiempo es funcional a la comprensi\u00f3n de dicha praxis.<\/p>\n<p>En ese cuadro te\u00f3rico cobra relevancia como instrumento metodol\u00f3gico fundamental la <em>scepsis<\/em> de la raz\u00f3n cient\u00edfica. \u00c9sta es entendida como la duda impl\u00edcita en toda b\u00fasqueda en la que no se da por anticipado el resultado de la investigaci\u00f3n que se debe alcanzar en el transcurso de la indagaci\u00f3n. En la <em>scepsis<\/em> de la raz\u00f3n cient\u00edfica la duda est\u00e1 incorporada a la certeza y es inseparable de ella. Es la vibraci\u00f3n de ese polo lo que impide que la certeza cristalice en dogmatismo y lo que asegura la continuidad del proceso cognoscitivo, de una praxis en la que la inmediatez del conocimiento emp\u00edrico sigue siendo un elemento subordinado.<\/p>\n<p>En las breves consideraciones suplementarias que Gerratana escribi\u00f3 en 1974 para la presentaci\u00f3n de la edici\u00f3n castellana de las <em>Investigaciones<\/em> hay un paso que pone de manifiesto su equilibrio, tambi\u00e9n en el debate metodol\u00f3gico: \u00abDecir que el movimiento es el elemento constitutivo de la naturaleza del marxismo, en el sentido de que la historia del marxismo resulta ser una articulaci\u00f3n directa de la estructura del mismo, tiene que significar dar primac\u00eda a la noci\u00f3n de \u00abhistoria\u00bb respecto de la noci\u00f3n de \u00absistema\u00bb [\u2026] Me doy cuenta de que esta orientaci\u00f3n entra en contraste abierto con las orientaciones antihistoricistas tan difundidas hoy en la cultura contempor\u00e1nea y en las cuales hay que incluir ciertas corrientes que pregonan su vinculaci\u00f3n al marxismo. [\u2026] Me limitar\u00e9 a hacer observar que mientras el antihistoricismo implica en todos los casos una desvalorizaci\u00f3n de la noci\u00f3n de \u00abhistoria\u00bb, la posici\u00f3n opuesta, que tiende a dar la primac\u00eda a esa noci\u00f3n, no implica en absoluto ni necesariamente la desvalorizaci\u00f3n de la noci\u00f3n de \u00absistema\u00bb o de \u00abestructura\u00bb [\u2026] No me interesa hacer una defensa indiscriminada del historicismo (algunas de cuyas formas no merecen, en mi opini\u00f3n, una defensa, sino una cr\u00edtica sin prejuicios); lo que me interesa es m\u00e1s bien una renovaci\u00f3n metodol\u00f3gica radical del mismo. Y en este campo creo que mi contribuci\u00f3n consiste s\u00f3lo en haber indicado una perspectiva y trazado una hip\u00f3tesis. La historia del marxismo [\u2026] aparece como una experimentaci\u00f3n permanente de estructuras te\u00f3ricas m\u00f3viles en tanto que corruptibles y estables en tanto que renovables, como un arsenal, en suma, en el que la conclusi\u00f3n de los trabajos no es previsible\u00bb.<\/p>\n<p>V. En la d\u00e9cada de los ochenta Gerratana sigui\u00f3 trabajando, en colaboraci\u00f3n con Antonio Santucci, en la edici\u00f3n de otros escritos de Labriola y de Gramsci. Frutos de esta colaboraci\u00f3n son la publicaci\u00f3n del <em>Epistolario de Labriola (1890-1895 y 1896-1904)<\/em> y una nueva edici\u00f3n, cr\u00edtica, de los art\u00edculos de Gramsci en <em>L&#8217;Ordine Nuovo<\/em> (1919-1920). Ya entonces, y m\u00e1s a\u00fan en sus \u00faltimos a\u00f1os, Gerratana se distanci\u00f3 del Instituto Gramsci por la lectura \u00abinstrumental\u00bb, plegada a la acci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s inmediata, que \u00e9ste estaba haciendo del pensador sardo. Tuvo que pasar entonces por la situaci\u00f3n parad\u00f3jica del comunista laico que lo sigue siendo cuando otros dejan caer el nombre y desvirt\u00faan la cosa: \u00e9l, que hab\u00eda dedicado los mejores a\u00f1os de su vida a la reconstrucci\u00f3n paciente y desinteresada de los escritos gramscianos de la c\u00e1rcel (gracias a cuya labor restituy\u00f3 el estilo \u00abfragmentario\u00bb de Gramsci, aquella escritura funcional a un pensamiento abierto, problem\u00e1tico y antidogm\u00e1tico) a\u00fan vivi\u00f3 el trance amargo de ser excluido de los actos oficiales del sesenta aniversario de la muerte de Gramsci organizados por el mismo Instituto con el que hab\u00eda preparado la edici\u00f3n cr\u00edtica de los <em>Quaderni<\/em>.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed mantuvo en estas lamentables cosas p\u00fablicas la misma discreci\u00f3n de siempre: el viejo comunista supo encajar. No pudo, en cambio, superar otras desgracias m\u00e1s \u00edntimas: la melancol\u00eda que le produjeron la muerte de un hijo todav\u00eda joven, estudiante de Nietzsche en Berl\u00edn, y, muy poco despu\u00e9s, de su mujer, Olga Apicella, cuyo nombre seguramente resultar\u00e1 familiar a los amantes de los films de Nanni Moretti.<\/p>\n<p>De Moretti, sobrino suyo, me habl\u00f3 Valentino con admiraci\u00f3n y cari\u00f1o la \u00faltima vez que le vi en Roma. A\u00fan tengo el recuerdo de aquella conversaci\u00f3n romana, en ocasi\u00f3n de un encuentro organizado por la International Gramsci Society. Y lo recuerdo no s\u00f3lo por la afectuosidad de la menci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque, adem\u00e1s de descubrirme una obra cinematogr\u00e1fica que entonces yo no conoc\u00eda, \u00e9sta fue una manera, muy propia del maestro que era, de desviar cort\u00e9smente una conversaci\u00f3n que se estaba deslizando peligrosamente hacia los t\u00f3picos jerem\u00edacos sobre los males de la izquierda. Con este desv\u00edo Gerratana quer\u00eda tal vez resaltar todav\u00eda el lado bueno del momento: la aparici\u00f3n de alguien, m\u00e1s joven, que ha conservado en im\u00e1genes el esp\u00edritu cr\u00edtico de los viejos rojos y renovado, con ese esp\u00edritu, el sano humor que se necesita para resistir en los momentos dif\u00edciles.<\/p>\n<p>Adi\u00f3s, pues, y gracias por lo que nos ense\u00f1aste, tambi\u00e9n a nosotros, Valentino Gerratana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VII. En la muerte de Luigi Pintor<\/strong><\/p>\n<p>Ha muerto Luigi Pintor[19].<\/p>\n<p>Y no he escuchado aqu\u00ed apenas una voz que recordara su vida. De \u00e9l dijo otro grande, hoy ignorado (y hasta vilipendiado) en la Italia de Berlusconi: \u00abEs el mejor analista pol\u00edtico que ha dado el comunismo italiano\u00bb[20]. Hace de eso cuarenta y tantos a\u00f1os. Era la edad de piedra. Y en la edad de piedra expulsaron a Pintor de lo que se llamaba el comunismo oficial. Pero, a pesar de ello, Pintor no pas\u00f3 a ser un <em>ex<\/em>. Fue siempre, hasta el final, un <em>es<\/em>. Sigui\u00f3 siendo un gran analista pol\u00edtico: sensible ante los cambios y ante las cosas nuevas, agudo al relacionarlas con las viejas, ir\u00f3nico e imprevisible en su decir, previsible en su hacer insobornable. Lo fue muchos a\u00f1os despu\u00e9s de que el otro nos dejara en olor de multitudes. Y lo sigui\u00f3 siendo cuando los herederos de quienes le echaron confundieron <em>la cosa<\/em> con <em>la bicha<\/em>. La iron\u00eda de la historia ha querido que, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de su expulsi\u00f3n del comunismo oficial, Pintor siguiera a\u00fan publicando un diario comunista \u00fanico, tal vez el \u00faltimo que tiene la osad\u00eda de salir a la calle con el nombre noble y antiguo de comunismo en una Italia que parece haber olvidado lo que debe a Gramsci y a Togliatti y a tantos an\u00f3nimos que amaron a Gramsci y a Togliatti.<\/p>\n<p>Pocas semanas antes de morir, Luigi Pintor escribi\u00f3 uno de sus breves y l\u00facidos editoriales en la primera p\u00e1gina de <em>Il Manifesto<\/em>. Se titulaba \u00abSenza confini\u00bb. Y empieza as\u00ed: \u00abLa izquierda italiana que conocimos ha muerto. No lo admitimos porque se abre un vac\u00edo que la vida pol\u00edtica cotidiana no admite\u00bb. La experiencia da la raz\u00f3n a los j\u00f3venes rebeldes que salen a las calles a protestar contra la guerra y contra las mentiras del Imperio, sin ver ya los confines que, seg\u00fan sus padres, hay entre la izquierda y la derecha pol\u00edtica. Esa ha sido la clave de la prolongada e ins\u00f3lita andadura de aquella publicaci\u00f3n que Luigi Pintor cre\u00f3 con Rossana Rossanda y unos pocos m\u00e1s: un tono y una forma, a la hora de las verdades, en los que los m\u00e1s j\u00f3venes pueden reconocer la experiencia de la cultura pol\u00edtica sin sentirse agredidos y en los que los m\u00e1s viejos, como yo mismo, pueden reconocer la valent\u00eda del antiguo y deshonrado <em>decir la verdad<\/em>.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que le\u00ed \u00abSenza confini\u00bb pens\u00e9: \u00abTambi\u00e9n Pintor va a morir\u00bb. No sab\u00eda entonces que \u00e9l ya estaba muy enfermo. No conoc\u00ed personalmente a Luigi Pintor. Nunca tuve la suerte de coincidir con \u00e9l en uno de tantos y tantos actos y manifestaciones del comunismo de estos \u00faltimos cuarenta a\u00f1os. Pero he ido leyendo puntualmente la mayor\u00eda de sus art\u00edculos pol\u00edticos y tambi\u00e9n sus narraciones. Y nunca habr\u00e9 coincidido tanto con alguien a quien no haya conocido, al menos en sus juicios y opiniones sobre ese pan candeal de cada d\u00eda que es la controversia pol\u00edtica (tan distinto del mendrugo tertuliano en que, aqu\u00ed y all\u00ed, se echa la lengua a pacer). Tal vez por eso, o porque los tonos y las formas me tocan, pens\u00e9 entonces: \u00abPintor va a morir. Y con \u00e9l toda una \u00e9poca, la nuestra, la m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>La tarde en que conoc\u00ed la noticia de la muerte de Luigi Pintor yo estaba leyendo <em>Arden las p\u00e9rdidas<\/em>, el \u00faltimo poemario de Antonio Gamoneda[21]. S\u00ed: arden las p\u00e9rdidas. Cuando me lleg\u00f3 la noticia de la p\u00e9rdida daba vueltas a un poema de los \u00faltimos, de \u00abClaridad sin descanso\u00bb, que empieza as\u00ed: \u00abEsta es la edad del hierro en la garganta\u00bb[22]. Y, como suele ocurrir en esas circunstancias, la qu\u00edmica neuronal, que no entiende de las bondades del an\u00e1lisis reductivo ni de confines ni contextos, me tir\u00f3 a los prados en los que crece la melancol\u00eda. Ha muerto Luigi Pintor: no estamos ya en la edad de piedra sino en la edad del hierro en la garganta. En ella arden las p\u00e9rdidas. Tambi\u00e9n para nosotros, socialmente, como colectivo que quisimos ser. Y en ese arder \u00abamas a\u00fan cuanto has perdido\u00bb. S\u00ed, al hombre y a la idea. No le conoc\u00ed, pero le le\u00ed mucho y creo saber lo que aquel hermano ten\u00eda en la cabeza mientras escrib\u00eda \u00abSenza confini\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a la idea que Pintor siempre defendi\u00f3 y que a\u00fan figura en la cabecera de <em>Il Manifesto<\/em>, vosotros, los de la edad del hierro en la garganta, no la olvid\u00e9is. Ni siquiera cuando la qu\u00edmica neuronal os lleve, desde los prados de la melancol\u00eda, al cruce de caminos entre el recuerdo de Pintor y el final de <em>Arden las p\u00e9rdidas<\/em>. Y sep\u00e1is ya, como sabe el poeta que busca las palabras para esa edad, que <em>la \u00fanica sabidur\u00eda es el olvido<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VIII. En la muerte de Antonio Santucci[23]<\/strong><\/p>\n<p>Ha muerto en Roma, a los 54 a\u00f1os, Antonio Santucci[24]. Era sin duda el mejor conocedor de la obra de Antonio Gramsci y, despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Valentino Gerratana, la persona que m\u00e1s ha hecho para difundir el pensamiento gramsciano en el mundo. De joven fue el principal colaborador de Valentino Gerratana en su excelente edici\u00f3n cr\u00edtica de los <em>Quaderni del carcere<\/em> publicada por Einaudi en 1977. Con Gerratana prepar\u00f3 tambi\u00e9n la edici\u00f3n de los escritos de Gramsci de la \u00e9poca de <em>L\u2019Ordine Nuovo<\/em> (Einaudi, Tur\u00edn, 1987).<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os fue el alma del Instituto Gramsci de Roma. All\u00ed, en aquella sede romana en la que compartieron precarios medios j\u00f3venes comunistas voluntariosos y viejos resistentes que a\u00fan recordaban los d\u00edas de la guerra de la Espa\u00f1a, acog\u00eda Antonio Santucci a los investigadores que llegaban de los cinco continentes para consultar los manuscritos gramscianos. Siempre lo hizo con una generosidad inigualable y con una simpat\u00eda que no olvidaremos. Eran tiempos en los que Gramsci formaba parte esencial de la cultura pol\u00edtica italiana y se hab\u00eda convertido en el escritor italiano m\u00e1s consultado (y tal vez le\u00eddo) en el mundo.<\/p>\n<p>Antonio Santucci puso mucho de su parte para que esto ocurriera. Y lo que es tan importante como eso: sigui\u00f3 trabajando en el mismo sentido cuando lo que hab\u00eda representado Gramsci para la cultura pol\u00edtica italiana se vino abajo, al final de la d\u00e9cada de los ochenta, y cuando empez\u00f3 a ser dif\u00edcil encontrar en librer\u00edas la edici\u00f3n cr\u00edtica de sus obras, ya en la d\u00e9cada de los noventa. En esos a\u00f1os dif\u00edciles Santucci hizo varias aportaciones sustanciales a los estudios gramscianos, aportaciones de las que quedar\u00e1n. A \u00e9l se debe la edici\u00f3n m\u00e1s completa de las cartas de Gramsci: <em>Lettere, 1908-1926<\/em> (Einaudi, Tur\u00edn, 1992) y <em>Lettere dal carcere, 1926-1937<\/em> (Sellerio, Palermo, 1996). \u00c9l edit\u00f3 la m\u00e1s amplia antolog\u00eda de los escritos de Gramsci: <em>Le opere<\/em> (Editori Riuniti, Roma, 1997).<\/p>\n<p>Las introducciones que Antonio Santucci escribi\u00f3 para \u00e9stas y otras ediciones de escritos de Gramsci tienen una particularidad dif\u00edcilmente parangonable en la ya inmensa literatura gramsciana. En ellas se junta el rigor filol\u00f3gico, el respeto escrupuloso a los textos y un equilibrio notabil\u00edsimo en la interpretaci\u00f3n de los mismos. En todas las cuestiones discutidas relativas a la vida y la obra de Gramsci, y ha habido muchas (algunas de ellas discutid\u00edsimas), la interpretaci\u00f3n de Santucci ha sido siempre decisiva. Lo ha sido por su conocimiento de los textos y de los contextos; por su alejamiento de las modas y de las instrumentalizaciones pol\u00edticas; por su prudencia al tratar los documentos nuevos que iban apareciendo; por la seria discreci\u00f3n con que abordaba las cuestiones privadas, \u00edntimas, de la vida de Gramsci; por su respeto profundo hacia la persona y sus familiares; por su equilibrio en la forma de tratar la tragedia comunista del siglo XX. Por su veracidad, en suma. No he conocido a nadie que se tomara tan en serio como \u00e9l aquella frase de Gramsci que dice que <em>la verdad es revolucionaria<\/em>. Sobre la veracidad gramsciana y sobre lo que significa mantener esta veracidad para los revolucionarios sin revoluci\u00f3n, sin comunismo (<em>Senza comunismo<\/em> fue precisamente el t\u00edtulo de una de sus \u00faltimas obras), escribi\u00f3 Santucci uno de sus mejores ensayos (Editori Riuniti, Roma, 2001).<\/p>\n<p>Siempre conservar\u00e9 en el recuerdo sus intervenciones en los congresos gramscianos: en Formia, en Cagliari, en Tur\u00edn, en Madrid. En los pasillos, en los encuentros espor\u00e1dicos, en los tiempos de descanso, Santucci bromeaba, ironizaba sobre el pasado, el presente y el futuro: sobre lo que fuimos y sobre lo que somos. Pero cuando llegaba su turno en los plenarios todo el mundo sab\u00eda que estaba escuchando lo esencial: las especulaciones en curso sobre este o aquel avatar de la vida de Gramsci, las \u00faltimas sospechas y las nuevas instrumentalizaciones pol\u00edticas se disipaban de repente con su palabra y su saber. Un saber que era tambi\u00e9n <em>saber estar<\/em>. Con su iron\u00eda, a veces con un sarcasmo no exento de melancol\u00eda, Antonio Santucci sab\u00eda orillar lo que otros estaban considerando, quiz\u00e1s presuntuosamente, descubrimientos u originalidades. Con \u00e9l Gramsci volv\u00eda a ser un cl\u00e1sico: un cl\u00e1sico del pensamiento revolucionario, un cl\u00e1sico de la acci\u00f3n comunista. Incluso al llegar a ese punto recurr\u00eda a la iron\u00eda: cuando en Formia, en 1989, se plante\u00f3 que hab\u00eda que leer a Gramsci como a un cl\u00e1sico, all\u00ed estaba Antonio Santucci para matizar, con una sonrisa, que no convendr\u00eda convertir el Instituto Gramsci en una asociaci\u00f3n acad\u00e9mica para competir con la asociaci\u00f3n de estudios sobre Dante, perdiendo con ello lo que m\u00e1s import\u00f3 al hombre Gramsci: saberse parte de una tradici\u00f3n, la tradici\u00f3n comunista, y actuar en consecuencia.<\/p>\n<p>Por eso cuando la tradici\u00f3n comunista se quebr\u00f3 en Italia Antonio Santucci qued\u00f3 fuera del Instituto Gramsci. Fue entonces uno de los fundadores de la International Gramsci Society y nos sigui\u00f3 recordando, desde ella, que no deber\u00eda haber contradicci\u00f3n entre considerar a Gramsci un cl\u00e1sico, aspirando a que este cl\u00e1sico fuera le\u00eddo y amado por todos (como quer\u00eda Togliatti), y decir sin miedo, y con verdad, que aquel hombre fue un cl\u00e1sico <em>comunista<\/em>. Esto lo dec\u00eda Santucci sin aspavientos, sin alzar la voz, evitando los tonos pol\u00e9micos, con aquella iron\u00eda seria que seguramente hab\u00eda heredado de otro de sus amores intelectuales, tan querido por Marx: Diderot.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a la obra de Antonio Santucci es poco conocida. S\u00f3lo se han traducido un par de ensayos suyos sobre Gramsci, cuando ya Gramsci hab\u00eda dejado de ser \u00abuna moda\u00bb y una parte de los antiguos gramscianos renegaron de \u00e9l. Es una l\u00e1stima, porque su lectura nos habr\u00eda enriquecido. Pero creo poder hablar en nombre de los que quedan si digo que tambi\u00e9n aqu\u00ed le recordaremos siempre.<\/p>\n<p>Adi\u00f3s y gracias, Antonio, compa\u00f1ero. S\u00e9 que <em>compa\u00f1ero<\/em> y <em>compa\u00f1\u00eda<\/em> fueron las palabras preferidas, y muchas veces repetidas, de tu espa\u00f1ol gramsciano. Incluso cuando la enfermedad y el dolor empezaron a hacer mella en tu iron\u00eda. Notaremos, y c\u00f3mo, tu falta en los congresos gramscianos. Pero recordaremos tu presencia y lo que hiciste.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>IX. Sobre Walter Benjamin<\/strong><\/p>\n<p><em>Portbou, 7\/VII\/2007, en un acto organizado por la Unidad C\u00edvica por la Rep\u00fablica en el que visitamos el monumento a Benjamin y el cementerio de Portbou, la tumba de Antonio Machado y la maternidad de Elna. Fue en un local facilitado por el Ayuntamiento de la ciudad de la maternidad republicana, en presencia de activistas de la organizaci\u00f3n y de sus amigos Miguel Casado y Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s, donde el autor intervino.<\/em><\/p>\n<p>I . El 25 de septiembre de 1940 Walter Benjamin lleg\u00f3 a Port-Vendres, para contactar con Lisa Fittko, una berlinesa antifascista, vinculada a la resistencia francesa, que ayudaba a los refugiados a cruzar la frontera franco-espa\u00f1ola. Lisa Fittko comunic\u00f3 a Benjamin que justamente en aquellos d\u00edas los caminos se hab\u00edan vuelto inseguros debido a la constante vigilancia de la polic\u00eda francesa que entonces colaboraba con la Gestapo, pero que, de todas formas, exist\u00eda una vieja ruta de contrabandistas que todav\u00eda se pod\u00eda considerar segura.<\/p>\n<p>Seguir aquel camino ten\u00eda su riesgo, porque, al parecer, Frau Fittko s\u00f3lo contaba con un croquis que le hab\u00eda hecho el alcalde de Port-Vendres, <em>monsieur<\/em> Azema, y a\u00fan no hab\u00eda sido utilizado para ayudar a los refugiados. El camino discurr\u00eda, adem\u00e1s, por la parte m\u00e1s alta de la monta\u00f1a, y esto significaba para Benjamin hacer un esfuerzo f\u00edsico muy penoso teniendo en cuenta sus dolencias card\u00edacas. A pesar de todo lo cual, Walter Benjamin acept\u00f3 sin el menor titubeo, pues el verdadero riesgo, seg\u00fan dijo a Lisa Fittko, ser\u00eda no ir.<\/p>\n<p>Hicieron primero un viaje de reconocimiento junto con la se\u00f1ora Henny Gurland y su hijo Joseph, que hu\u00edan tambi\u00e9n de la barbarie del nacional-socialismo. Durante el camino, Frau Fittko observ\u00f3 que Benjamin llevaba una cartera que parec\u00eda muy pesada, as\u00ed que le ofreci\u00f3 ayuda y le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 la llevaba consigo en ese paseo de reconocimiento. Benjamin contest\u00f3 que llevaba ah\u00ed su \u00faltimo manuscrito y que de ninguna manera pod\u00eda caer en manos de la Gestapo porque daba a ese manuscrito m\u00e1s importancia que a su propia vida.<\/p>\n<p>Continuaron el trayecto hasta llegar a una parte despejada junto a un gigantesco risco. Descansaron un momento y cuando se dispon\u00edan a regresar Benjamin dijo que \u00e9l se quedar\u00eda all\u00ed, pues ya hab\u00eda hecho la tercera parte del camino y si regresaba al pueblo, lo m\u00e1s probable es que su coraz\u00f3n no resistiera hacer nuevamente el trayecto y continuar hasta la frontera, as\u00ed que lo mejor era esperarlos en ese lugar. Benjamin permaneci\u00f3 esa noche a la intemperie y los otros tres regresaron al pueblo.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente Lisa Fittko y sus acompa\u00f1antes salieron muy temprano para confundirse con la gente del campo; caminaban aprisa y un tanto agitados. Al llegar al lugar en donde se hab\u00eda quedado Benjamin lo encontraron recostado y \u00e9l los recibi\u00f3 con una amable sonrisa. Iniciaron el trayecto entre caminos empedrados y bajo un intenso calor, subieron por las vides y las veredas inclinadas. Benjamin caminaba pausadamente y descansaba cada cierto tiempo, para no agotar todas sus energ\u00edas \u2013dec\u00eda. Finalmente, despu\u00e9s de diez largas horas de camino, y con un Benjamin desfalleciente, llegaron a la parte m\u00e1s alta de la monta\u00f1a desde donde es ve\u00eda el pueblo de Portbou. El plan de Benjamin era ir desde all\u00ed a Lisboa para viajar luego a EE.UU.<\/p>\n<p>Pero al llegar al puesto fronterizo se les inform\u00f3 de que una orden de \u00faltima hora del gobierno de Franco prohib\u00eda a la gente <em>sans nationalit\u00e9<\/em> cruzar la frontera. Se les permiti\u00f3 pasar esa noche en el hotel del pueblo pero se les dijo que al d\u00eda siguiente tendr\u00edan que ser llevados a un campamento franc\u00e9s. Benjamin y los dem\u00e1s pernoctaron en el Hotel Francia desesperanzados y con la certeza de que iban a ser entregados a la Gestapo.<\/p>\n<p>Existen varias versiones de lo ocurrido esa noche. Una de ellas dice que Benjamin fue asesinado por los nazis. Se basa en la suposici\u00f3n de una persona que entonces era camarero en la cantina de la estaci\u00f3n, Sim\u00f3 Granollers, quien dijo haber escuchado conversaciones de inspectores de la polic\u00eda y agentes de aduanas. La suposici\u00f3n de que Benjamin fue asesinado se apoya en circunstancias como que no se hizo la autopsia del cad\u00e1ver, en el misterio que rode\u00f3 el entierro del pensador alem\u00e1n y en datos que figuran en el archivo parroquial, de acuerdo con los cuales Benjamin habr\u00eda recibido la extremaunci\u00f3n antes de morir y se le hab\u00eda enterrado en un cementerio cat\u00f3lico, siendo como era \u00e9l jud\u00edo, marxista y librepensador.<\/p>\n<p>Esa versi\u00f3n parece poco fundada. Las circunstancias que aduce son f\u00e1cilmente explicables por otros motivos, sin que haya que llegar a la conclusi\u00f3n que pretende. Hay, adem\u00e1s, otros testimonios que abonan la tesis de que Walter Benjamin se suicid\u00f3: el de Lisa Fittko y el de la se\u00f1ora Gurland. El principal de estos testimonoios es el de Lisa Fittko, recogido en el libro <em>Para Walter Benjamin<\/em>, que fue editado en 1991 por la Asociaci\u00f3n de Instituciones Culturales Independientes de Alemania (ASKI). Seg\u00fan ella, Benjamin se suicid\u00f3, desesperado ante la presi\u00f3n a la que se hallaba sometido. Lo hizo con una sobredosis de la morfina que utilizaba habitualmente para paliar sus dolencias.<\/p>\n<p>Lisa Fitkko ha asegurado que la madrugada del d\u00eda de la muerte de Benjam\u00edn, \u00e9ste le llam\u00f3 a su habitaci\u00f3n y le dijo que hab\u00eda tomado morfina para matarse, pero que no se lo comentara a nadie. Hay alguna duda sobre si Lisa Fitkko estaba efectivamente en el Hotel Francia de Portbou esa madrugada. Pero quedar\u00eda el hecho de que a las siete de la ma\u00f1ana del d\u00eda 27 de septiembre Benjamin habr\u00eda llamado a la se\u00f1ora Gurland para darle una carta dirigida a su amigo Adorno, momentos antes de que perder la conciencia. Se sabe, adem\u00e1s, que la idea del suicidio no era ajena a Benjamin. Ya hab\u00eda intentado suicidarse unos a\u00f1os antes, en 1931. Cuando muri\u00f3 ten\u00eda s\u00f3lo 48 a\u00f1os. La paradoja de esta historia triste es que al d\u00eda siguiente de su muerte se permiti\u00f3 el paso hacia Espa\u00f1a a los que hab\u00edan sido compa\u00f1eros de viaje.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se ha discutido mucho sobre los papeles que Benjamin llevaba en la cartera de piel de la que no quer\u00eda separarse y que se perdieron para siempre. Uno de los amigos de Benjamin, Gershom Scholem, insinu\u00f3 que se trataba de la \u00faltima revisi\u00f3n de su gran obra inconclusa, <em>Passagen-Werk<\/em>, el Libro de los Pasajes. Pero m\u00e1s recientemente Rolf Tiedemann, el principal de los editores de su obra, se inclinaba a pensar que lo que conten\u00eda aquella cartera, entre otras cosas, era el manuscrito de las tesis sobre el concepto de historia, que ha quedado como el testamento de Benjamin.<\/p>\n<p>Sea como fuere, Coetzee, el escritor surafricano premio Nobel de literatura, ha puesto en relaci\u00f3n aquella pesada cartera que el exiliado llevaba consigo con unas palabras del propio Benjamin sobre los grandes escritores: \u00abLas obras terminadas les resultan m\u00e1s ligeras que aquellos fragmentos sobre los que llevan toda la vida trabajando\u00bb. Y a partir de ah\u00ed Coetzee propone una conclusi\u00f3n positiva de aquella triste historia de 1940 en Portbou. Escribi\u00f3 al respecto: \u00abCon su heroico aunque in\u00fatil esfuerzo por salvar su manuscrito del fuego del fascismo y llevarlo a Estados Unidos, Benjamin se convierte en un s\u00edmbolo del erudito de nuestros tiempos\u00bb.<\/p>\n<p>II. Tuvieron que pasar m\u00e1s de veinte a\u00f1os para que se produjera el redescubrimiento de Benjamin en Europa al calor de la rebeli\u00f3n estudiantil de los sesenta. Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte era ya un autor de culto. Hoy lo sigue siendo. Se le considera un autor inclasificable e irrepetible. Tan inclasificable e irrepetible que toda corriente filos\u00f3fica se lo disputa, para hacerlo suyo en el mundo intelectual euro-norteamericano. Esto se debe seguramente a la ambivalencia de algunos de sus escritos, a la complejidad de otros y a su curiosidad extrema. Esta curiosidad lo incluye casi todo aquello que fascina el letraherido en pelea constante con el mundo de lo cotidiano: desde la obra de arte en sus m\u00faltiples manifestaciones hasta el psicoan\u00e1lisis pasando por lo que llamamos historia.<\/p>\n<p>Benjamin cultiv\u00f3 m\u00faltiples g\u00e9neros. Fue traductor y te\u00f3rico de la traducci\u00f3n. Escribi\u00f3 poemas y relatos. Trabaj\u00f3 durante alg\u00fan tiempo para la radio. Escribi\u00f3 sobre experiencias con las drogas, sobre las aventuras surrealistas, sobre los libros para ni\u00f1os, sobre la violencia, sobre la fotograf\u00eda, el coleccionismo, el cine y la arquitectura. En sus escritos hay reflexiones y observaciones de ling\u00fcista, de semi\u00f3logo, de antrop\u00f3logo, de historiador, de fil\u00f3sofo y de aficionado a la teolog\u00eda. Pero no fue, profesionalmente, ninguna de esas cosas.<\/p>\n<p>La universal aceptaci\u00f3n de Benjamin tambi\u00e9n se debe, parad\u00f3jicamente, a su forma de escribir, a su estilo ensay\u00edstico, a la mirada de su \u00abfilosof\u00eda medusiana\u00bb, al car\u00e1cter a veces jerogl\u00edfico de la materializaci\u00f3n de su pensar, que, como dijo Theodor Adorno, \u00absonaba como si el pensamiento, en vez de apartar de s\u00ed las promesas de los libros infantiles y las leyendas con elegante madurez, las tomara tan al pie de la letra que su cumplimiento real se desprendiera del conocimiento mismo\u00bb. Se le suele considerar, efectivamente, como un ensayista, como un maestro del ensayo europeo de la \u00e9poca de entreguerras.<\/p>\n<p>No me voy a detener en la pol\u00e9mica que desde hace muchos a\u00f1os ha suscitado la interpretaci\u00f3n de la obra de Walter Benjamin por Adorno ni voy a proponeros mi propia lectura. Tengo que confesar que tampoco yo he conseguido todav\u00eda entender bien todo lo que Benjamin ten\u00eda en la cabeza. Adem\u00e1s, no es \u00e9ste el momento ni el lugar. En vez de eso, y teniendo precisamente en cuenta el lugar y el momento, querr\u00eda acabar con la lectura de dos sonetos que \u00e9l escribi\u00f3 en recuerdo de Friedrich Heinle, el amigo de juventud que se suicid\u00f3 en 1914. Sirvan para recordar ahora, tambi\u00e9n nosotros, la muerte de Walter Benjamin en 1940\u2026[25]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>X. Para el Libro Blanco del comunismo en el siglo XX<\/strong><\/p>\n<p><em>Texto fechado en junio de 2008. Sobre: Rossana Rossanda[26], <\/em>La muchacha del siglo pasado<em>, Foca, Madrid, 2008. La traducci\u00f3n, de Ra\u00fal S\u00e1nchez Cedillo, sigue la 2\u00aa edici\u00f3n italiana publicada por Einaudi (Tur\u00edn, 2007).<\/em><\/p>\n<p>Fuera de Italia el nombre de Rossana Rossanda empez\u00f3 a ser conocido en 1969 a ra\u00edz de la expulsi\u00f3n del partido comunista italiano del grupo <em>Il Manifesto<\/em>. Desde entonces, y a lo largo de cuarenta a\u00f1os, su nombre ha quedado asociado a esta publicaci\u00f3n, sin duda la m\u00e1s singular de las aventuras pol\u00edtico-culturales del comunismo cr\u00edtico en la segunda mitad del siglo XX. Singular porque, sin llegar a constituir propiamente un partido pol\u00edtico comunista, Rossanda y sus compa\u00f1eros de <em>Il Manifesto<\/em> han estado constantemente presentes, con sus an\u00e1lisis e intervenciones, en todos los acontecimientos pol\u00edticos, socio-econ\u00f3micos y pol\u00edtico-culturales de importancia para la izquierda revolucionaria en el mundo.<\/p>\n<p>Para valorar en sus justos t\u00e9rminos lo que ha sido esta aventura hay que tener en cuenta que hacia 1968 los comunistas se divid\u00edan por as\u00ed decirlo en dos: los que pensaban que fuera del partido no hab\u00eda \u00absalvaci\u00f3n\u00bb (en t\u00e9rminos cuasi religiosos) y los que estaban convencidos de que fuera del partido no hab\u00eda acci\u00f3n posible, al menos eficaz, para cambiar el mundo en un sentido socialista de acuerdo con los intereses de aquellos que se supon\u00eda que hab\u00edan de ser sujeto de la revoluci\u00f3n, los proletarios, los obreros de la industria. Hoy esto suena raro, pero s\u00f3lo prestando atenci\u00f3n a aquellas convicciones se puede entender bien el impacto que entonces tuvieron las palabras con las que Aldo Natoli, en nombre del grupo de <em>Il Manifesto<\/em>, se despidi\u00f3 del partido comunista: \u00abPara ser comunista no hace falta carnet\u00bb. De hecho, si se mira la cosa con una perspectiva hist\u00f3rica m\u00e1s amplia, aquella declaraci\u00f3n que Rossanda compart\u00eda entonces y sigue compartiendo hoy, no deber\u00eda haber resultado tan traum\u00e1tica como lo fue en el momento en que se hizo. Pues el fundador del comunismo moderno, Karl Marx, en el que dec\u00edan inspirarse unos y otros, hab\u00eda sido un comunista sin partido (y sin carnet) la mayor parte de su vida. Solo que en las controversias pol\u00edticas del momento esas cosas, relevantes para los historiadores, no sol\u00edan tenerse en cuenta.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n esta historia ha conocido su paradoja: veintitantos a\u00f1os despu\u00e9s de aquellos hechos Rossana Rossanda y los compa\u00f1eros de <em>Il Manifiesto<\/em> expulsados del PCI segu\u00edan haciendo una publicaci\u00f3n que se declaraba comunista mientras la direcci\u00f3n del partido que los hab\u00eda expulsado decid\u00eda dejar caer el viejo nombre y con \u00e9l la cosa misma, o sea, el concepto de comunismo, obviamente deshonrado en varios lugares del mundo en los que se impuso el denominado \u00absocialismo real\u00bb, pero no precisamente en Italia. As\u00ed, en los \u00faltimos veinte a\u00f1os <em>Il Manifesto<\/em> de Rossana Rossanda pas\u00f3 a ser uno de los pocos referentes expl\u00edcitamente comunistas con eco internacional. Eso explica, entre otras cosas no menores (como la capacidad de an\u00e1lisis pol\u00edtico y el haber sido una especie de periodista de guardia de los valores renovados de la tradici\u00f3n comunista durante a\u00f1os y a\u00f1os) que Rossana Rossanda haya acabado siendo un mito para muchas personas que, en Italia y fuera de Italia, conservaron sus ideales comunistas o los encontraron cuando sus mayores los abandonaban.<\/p>\n<p>Y mito es justamente la primera palabra con la que Rossanda ha querido enfrentarse al escribir sus recuerdos en <em>La ragazza del secolo scorso<\/em>, cuya primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en Italia hace tres a\u00f1os y que ahora acaba de ser traducida al castellano. A Rossanda, que ha defendido siempre un comunismo laico y que lleva d\u00e9cadas combatiendo toda versi\u00f3n religiosa, doctrinaria o dogm\u00e1tica del marxismo, esa palabra no le gusta ni siquiera cuando se pronuncia amablemente y con empat\u00eda. Los mitos, dice, son una proyecci\u00f3n ajena con la que ella no tiene nada que ver; algo que desazona porque trae a la memoria las l\u00e1pidas y que no puede aceptar una mujer que, como ella, se considera metida en el mundo, comprometida con su mundo y con su tiempo, a pesar de no tener partido, ni cargos, ni ser siquiera propietaria del peri\u00f3dico que ayud\u00f3 a fundar.<\/p>\n<p>Ya eso da una pista sobre la orientaci\u00f3n de las memorias de Rossanda. No hay en <em>La muchacha del siglo pasado<\/em> nada que se pueda considerar contribuci\u00f3n personal al enaltecimiento del mito. Si, a pesar de la declaraci\u00f3n inicial de su autora, a\u00fan hubiera que conservar la palabra que emplean personas que le admiran se podr\u00eda decir que la sustancia de este ensayo autobiogr\u00e1fico es la narraci\u00f3n reflexiva de la vida de una mujer, protagonista de la historia del comunismo, <em>antes<\/em> de que su actuaci\u00f3n y las circunstancias que han condicionado \u00e9sta la convirtieran precisamente en ese mito. Pues Rossanda habla en el libro de su infancia y adolescencia, de sus estudios universitarios, de su maduraci\u00f3n pol\u00edtica al final de la segunda guerra mundial, de su actividad como responsable de la pol\u00edtica cultural del PCI, de la batalla de las ideas en las d\u00e9cadas de los cincuenta y los sesenta, de los encuentros y desencuentros ocurridos durante esos a\u00f1os y de muchas otras cosas interesantes, pero termina su relato en 1969, en el momento de su expulsi\u00f3n del partido comunista, o sea, precisamente en el momento en que empez\u00f3 a ser conocida y reconocida fuera de Italia. Lo que vino despu\u00e9s de la creaci\u00f3n de <em>Il Manifesto<\/em>, los cuarenta a\u00f1os de singular aventura pol\u00edtico-cultural que han hecho de ella una leyenda, queda fuera de consideraci\u00f3n. Eso es, como ella dice al final del libro (tal vez anunciando su continuaci\u00f3n), \u00abotra historia\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco quiere Rossanda que <em>La muchacha del siglo pasado<\/em> sea le\u00eddo como un libro de historia. Y, en efecto, no es un libro en el que la protagonista de la historia pretenda combinar y amalgamar los recuerdos propios de acontecimientos vividos con la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica de los hechos, precisamente documentada, desde la perspectiva que da el tiempo pasado. En esto el libro de Rossanda se diferencia de otras memorias publicadas. Pues no son pocas las memorias de protagonistas de la historia del siglo XX en las que el que escribe o la que escribe se dedica a romper todos los espejos en los que sus contempor\u00e1neos se miraron (o dijeron que se miraban) para, al final, dejar intacto un \u00fanico espejo, el que devuelve el rostro propio idealizado, el espejo del cuento de Blancanieves que dice siempre a la madastra lo hermosa que es cuando se mira en \u00e9l.<\/p>\n<p>Rossanda sabe de los agujeros de la memoria personal y de las trampas de la memoria que se presenta a s\u00ed misma como reconstrucci\u00f3n fet\u00e9n de los hechos hist\u00f3ricos colectivos. Ha optado por narrar en primera persona, sin aducir documentos o papeles, a partir de los recuerdos propios y, casi siempre, claro est\u00e1, reflexionando sobre los hechos que recuerda mejor, o a los que presta mayor atenci\u00f3n, para valorar as\u00ed lo que ella misma hizo (o crey\u00f3 en su momento estar haciendo) y lo que hac\u00edan las personas y personajes con los que se relacion\u00f3 en aquellos a\u00f1os. El resultado es un libro que combina la calidad literaria (como reconoci\u00f3 en 2005 el jurado del premio Strega), con la honestidad intelectual; un libro que responde, tambi\u00e9n en primera persona, a la pregunta que muchos pueden hacerse hoy, en la \u00e9poca del libro negro del comunismo: c\u00f3mo se ha sido comunista y c\u00f3mo se puede seguir si\u00e9ndolo, a pesar de todo lo ocurrido y de que la misma persona que escribe es consciente de que est\u00e1 hablando de una historia que acab\u00f3 mal.<\/p>\n<p>En los primeros cap\u00edtulos de <em>La muchacha del siglo pasado<\/em>, Rossanda narra sus recuerdos de la infancia y de la adolescencia en los a\u00f1os de la Italia fascista y de la guerra con una distancia tan calculada como apreciable, sin nostalgia de la edad feliz en a\u00f1os dif\u00edciles pero sin resentimiento por los primeros tropiezos, como para que el lector pueda tener desde el principio la idea de que, al menos en su caso, el comunismo no lo encontr\u00f3 en la casa familiar. Y en ese sentido no es casual que los primeros recuerdos que valora desde las alturas de la edad, por lo que anticipan, hayan sido, por una parte, la tendencia a <em>escapar<\/em> y, por otra, la atracci\u00f3n fatal por los <em>tropiezos<\/em>, atracci\u00f3n \u00abevocada una y otra vez por los mayores como demostraci\u00f3n de una personal inclinaci\u00f3n a no estar en el mundo como dios manda\u00bb.<\/p>\n<p>Al escribir eso no est\u00e1 sugiriendo, sin embargo, la conformaci\u00f3n en su caso de un car\u00e1cter particularmente rebelde desde la m\u00e1s tierna infancia; lo cual ya dice mucho acerca de la madurez de la narradora. Como mucho dice, tambi\u00e9n, la tranquilidad de esp\u00edritu con que reconoce, sin darlo mayor importancia, sus relaciones de entonces con j\u00f3venes fascistas, que era lo habitual, o la declaraci\u00f3n de que antes de 1943 su imagen de los comunistas no haya diferido gran cosa de la que estaba difundiendo el r\u00e9gimen mussoliniano, sobre todo en los a\u00f1os de la guerra de Espa\u00f1a. Comunistas eran para ella entonces, como para tantos otros, \u00abvengadores de los pobres, violentos y temibles\u00bb.<\/p>\n<p>Una idea, \u00e9sta, que iba a cambiar radicalmente aquel mismo a\u00f1o 1943, a partir de la relaci\u00f3n que estableci\u00f3 con uno de los grandes intelectuales del momento, el fil\u00f3sofo Antonio Banfi, a trav\u00e9s del cual se produjo su aproximaci\u00f3n a los n\u00facleos comunistas que animaban la Resistencia antifascista. Incluso al llegar ah\u00ed Rossanda evita apuntarse medallas de las que predisponen favorablemente al lector para lo que va a venir despu\u00e9s. No cuenta sus actividades juveniles en la Resistencia con tonos heroicos, sino m\u00e1s bien como una consecuencia de circunstancias, entre las cuales la m\u00e1s importante fue la sorpresa, confesada tambi\u00e9n, que produjo en la estudiante universitaria el descubrimiento del v\u00ednculo comunista del fil\u00f3sofo al que apreciaba intelectualmente en aquel momento: \u00abMe vi metida. No tengo glorias de las que alardear, no ped\u00ed el diploma de partisana&#8230; Hice poco y con dificultad y errores\u00bb.<\/p>\n<p>De estas p\u00e1ginas, que corresponden a los cuatro primeros cap\u00edtulos del libro, hay al menos dos cosas que querr\u00eda subrayar. Una de ellas es el esfuerzo que Rossana ha hecho por captar y representar el ambiente cotidiano de la Italia de aquellos a\u00f1os a partir de la selecci\u00f3n de los propios recuerdos de la infancia, adolescencia y juventud. En esas p\u00e1ginas anticipa lo que va a ser el tono general de todo el libro: veracidad y equilibrio en el juicio, incluso cuando se refiere a cosas, actitudes y personas que, evidentemente, no eran de su agrado. Ni siquiera le gust\u00f3 que la pusieran \u00abMiranda\u00bb de nombre guerra, cuando entr\u00f3, en 1943, en el grupo comunista clandestino. Consideraba ese nombre \u00abimb\u00e9cil\u00bb [<em>nome cretino<\/em>], pero enseguida quita importancia al asunto.<\/p>\n<p>La segunda de las cosas que llama la atenci\u00f3n en esas p\u00e1ginas es la contenci\u00f3n con que Rossanda aborda las relaciones familiares y afectivas. Da a conocer en ellas sus aficiones literarias y art\u00edsticas, sus lecturas, su llegada a la universidad para estudiar letras y los nombres de los profesores a lo que all\u00ed apreci\u00f3, pero dedica escas\u00edsimo espacio a lo que fue la propia educaci\u00f3n sentimental y a la expresi\u00f3n de los sentimientos \u00edntimos. De sus sentimientos respecto de los familiares m\u00e1s pr\u00f3ximos dice poco y casi siempre de forma alusiva: de los padres, lo m\u00e1s relevante en el momento en que tiene que enfrentarse a su muerte; y de sus amores, de los varones con los que convivi\u00f3, de los que fueron compa\u00f1eros sentimentales (Rodolfo Banfi y K.S. Karol), apenas nada. (Tan poco dice que los editores de la obra en castellano, que se han tomado la molestia de a\u00f1adir un \u00edndice de nombres citados, ni siquiera los han incluido en \u00e9l).<\/p>\n<p>Como sabemos, por otros libros suyos, de la importancia que con el tiempo Rossana Rossanda ir\u00eda dando a la relaci\u00f3n entre actividad pol\u00edtica y educaci\u00f3n sentimental, entre lo p\u00fablico y lo privado, as\u00ed como de sus batallas en el \u00e1mbito del feminismo italiano, hay que pensar que esta brevedad, esta autocontenci\u00f3n de la memoria, en todo lo que tiene que ver con la propia vida sentimental, no es olvido sino m\u00e1s bien consecuencia de una decisi\u00f3n pensada al escribir <em>La ragazza del secolo scorso<\/em>.<\/p>\n<p>Puede que eso se deba a que este libro es sustancialmente, como ha dicho Mario Tronti en el pr\u00f3logo a la segunda edici\u00f3n italiana, el relato de un gran amor malogrado, y que ese amor es el amor entre Rossanda y el PCI. O puede tambi\u00e9n que tal autocontenci\u00f3n se derive de su particular forma de entender y de defender el papel de las mujeres en la historia, tan alejada del feminismo italiano de la diferencia, que exaltaba la conservaci\u00f3n de los valores tradicionalmente considerados femeninos. Tronti, en el par de l\u00edneas que dedica al asunto declara esto \u00abterreno minado\u00bb y pasa por ah\u00ed como de puntillas, para \u00abno saltar por los aires\u00bb, dice. Hay en esto, en cualquier caso, un rasgo de car\u00e1cter que le impulsa a uno a vincular aquel recuerdo suyo del \u00abescapar\u00bb y de los repetidos \u00abtropiezos\u00bb de la infancia con la declaraci\u00f3n ya madura, que Rossana fecha en 1962, de un impulso que conduce, que la conduce, a la huida, a la vacilaci\u00f3n, a la retirada: \u00abEl descubrimiento de que no escapaba de lo femenino. Desde entonces, cuando se trata de elecciones graves en la esfera p\u00fablica reconozco el impulso de dar un paso atr\u00e1s. Y no me parece esto una virtud pacifista, sino el reflejo de quienes durante siglos han estado fuera de la historia&#8230; Combatir pero en segundo puesto. No decidir en primera o \u00faltima instancia&#8230; No un fin de los llamados saberes femeninos\u00bb.<\/p>\n<p>Una de las cosas m\u00e1s sugestivas de este libro es, para m\u00ed, precisamente lo que queda implicado en tal declaraci\u00f3n, sobre todo si se la compara con lo que ha sido la vida pol\u00edtica de su autora desde el momento en que dice que hizo ese descubrimiento hasta ahora. O sea: la tensi\u00f3n interior que sugiere aquella tendencia al <em>paso atr\u00e1s<\/em>, a pasar a un segundo plano en el momento de las decisiones graves, en una mujer que, desde entonces y por la propia historia, ha tenido que estar tantas veces en el primer\u00edsimo plano de la esfera p\u00fablica cuando tantos varones, aquellos de las decisiones en primera o en \u00faltima instancia, vacilaban, se retiraban o negaban los ideales que un d\u00eda defendieron.<\/p>\n<p>En la parte central del libro, la que est\u00e1 dedicada propiamente al relato del amor malogrado con el PCI, a los a\u00f1os que van desde 1947 (momento en que Rossanda decide dedicarse preferentemente al trabajo pol\u00edtico despu\u00e9s de haber hecho una tesis acad\u00e9mica sobre los tratados de arte entre la Edad Media y el primer Renacimiento) hasta 1968, momento en el que empieza \u00abla otra historia\u00bb, hay recuerdos y reflexiones que, por su lucidez, pasar\u00e1n seguramente a ser parte de la otra historia del comunismo del siglo XX; observaciones que por olvido, por oportunismo o por correcci\u00f3n pol\u00edtica mal entendida, no han sido subrayadas convenientemente en estudios historiogr\u00e1ficos documentados y que aqu\u00ed son parte sustantiva del relato. Por ejemplo: el mal fario que le produjo el resultado del refer\u00e9ndum de 1946, en el que la Rep\u00fablica, seg\u00fan recuerda Rossanda, fue aprobada \u00abpor los pelos\u00bb cuando la ridiculez del rey era tan evidente; o la impresi\u00f3n negativa que tuvo ante las primeras elecciones regionales despu\u00e9s de la guerra, en la que los comunistas fueron derrotados, a pesar del papel que hab\u00edan jugado en la Resistencia. O, por poner otro ejemplo, el recuerdo de que, a pesar de su peso social y de lo que se ha dicho y repetido tantas veces despu\u00e9s sobre el poder del partido, ning\u00fan comunista hubiera podido hablar en Italia ante los micr\u00f3fonos de la radio y ante las c\u00e1maras de televisi\u00f3n hasta 1963.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista ya estrictamente pol\u00edtico, son interesant\u00edsimos los recuerdos y reflexiones de Rossanda sobre su primer viaje a Mosc\u00fa, todav\u00eda en vida de Stalin; sobre lo que represent\u00f3 para el PCI el XX Congreso del PCUS; sobre los acontecimientos de Hungr\u00eda en 1956 (y la controversia entre el grupo dirigente del PCI y algunos de los intelectuales comunistas italianos entonces); sobre la pobre impresi\u00f3n que sac\u00f3 del antifranquismo organizado durante su viaje a Espa\u00f1a a comienzos de 1962, poco antes de la huelga de los mineros de Asturias; sobre lo que vio en Cuba y de la revoluci\u00f3n cubana despu\u00e9s de la crisis de los misiles, en los meses en que se especulaba en la isla acerca del destino de Guevara; sobre el papel y la personalidad de Palmiro Togliatti; sobre el mayo franc\u00e9s de 1968 y sobre la llamada primavera de Praga, aquel mismo a\u00f1o, sofocada en agosto por los tanques sovi\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Al hacer referencia a estos acontecimientos o asuntos, que Rossana vivi\u00f3 en primera persona o que marcaron su vida pol\u00edtica a trav\u00e9s de los debates y las controversias en el PCI, he escrito aposta, con intenci\u00f3n, las palabras <em>recuerdos y reflexiones<\/em>. Pues uno de los rasgos que dan valor a esas p\u00e1ginas es que Rossanda construye el relato de los hechos a partir del recuerdo de acontecimientos vividos, o apasionadamente discutidos en su momento, pero reflexionando acerca de ellos casi siempre en dos niveles complementarios: narrando lo que pensaba o hizo ella misma en tal momento y a\u00f1adiendo por lo general lo que ha llegado a pensar sobre tales asuntos al tener en cuenta acontecimientos posteriores o al volver sobre ellos en el momento en que escribe. Obviamente, esta forma de construir la narraci\u00f3n presenta un riesgo, muy corriente y pocas veces superado en los libros de memorias: confundir lo que se pensaba en el momento con lo que se pens\u00f3 despu\u00e9s y atribuir a otros ideas, pensamientos, actitudes o posiciones que no se corresponden precisamente con lo que dijeron o hicieron entonces.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s notable del libro de Rossanda, en mi opini\u00f3n, es que en todas esas grandes cuestiones controvertidas en el movimiento comunista de aquellos a\u00f1os ha logrado distinguir bien entre lo que pensaba y lo que piensa al respecto. Y ha logrado, adem\u00e1s, comunicar al lector esa distinci\u00f3n por el procedimiento de advertir sobre la marcha, y sin cortar el relato, cu\u00e1ndo y por qu\u00e9 cambi\u00f3 de opini\u00f3n, o explicando con verosimilitud y claridad los motivos por los que ahora, cuando escribe, en 2005, piensa que tambi\u00e9n ella, como parte que era del movimiento comunista, err\u00f3, se equivoc\u00f3 o fracas\u00f3 en tal o cual momento. Hay una imagen en el libro, cuando Rossanda est\u00e1 contando los avatares de los a\u00f1os sesenta, que me parece muy ilustrativa y que enlaza adem\u00e1s con aquello de los \u00abtropiezos\u00bb. Es la imagen de la largartija. Dice Rossanda: \u00abPor entonces me pas\u00f3, a m\u00ed y a otros muchos comunistas, como a la lagartija a la que el gato mordi\u00f3 el rabo: que volvi\u00f3 a crecerle. <em>Lagartija<\/em> me parece un t\u00e9rmino apropiado. No he sido un animal de bosque, ni siquiera un gato mont\u00e9s, pero espero que tampoco una gallina\u00bb.<\/p>\n<p>Tan interesante como lo anterior: Rossanda ha construido el relato de sus recuerdos escribiendo desde la conciencia de la derrota, con el mismo esp\u00edritu cr\u00edtico de su juventud y, sin embargo, con un respeto exquisito por la mayor\u00eda de los personajes con los que se discuti\u00f3 o de los que discrep\u00f3 en el momento de los hechos que cuenta. Esto es de admirar, por raro en las memorias de los protagonistas de la historia del movimiento comunista, en las cuales, como es bien sabido, ha habido mucho cainismo y no poco veneno. Ah\u00ed veo yo la prolongaci\u00f3n madura de aquel <em>no estar en el mundo como dios manda<\/em> que le atribu\u00edan en la infancia. El ejemplo m\u00e1s patente que se puede aducir a este respecto, aunque no sea el \u00fanico, es la consideraci\u00f3n con que Rossanda ha tratado, en <em>La muchacha del siglo pasado<\/em>, a Palmiro Togliatti, el personaje m\u00e1s citado a lo largo del libro, como, por lo dem\u00e1s, es natural teniendo en cuenta el papel que \u00e9ste desempe\u00f1\u00f3 en el PCI y en la vida pol\u00edtica italiana. La advertencia sobre el paso del recuerdo a la reflexi\u00f3n es aqu\u00ed meridiana: \u00abEn la d\u00e9cada de 1970 le critiqu\u00e9 tanto como hoy le revalorizo, una vez aceptado que su objetivo no fue derribar el estado de cosas existente sino garantizar la legitimidad del conflicto.\u00bb<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil decir tanto en tan pocas palabras acerca de lo que se pensaba y de lo que se piensa para dar al mismo tiempo en el clavo sobre el aut\u00e9ntico papel pol\u00edtico del personaje, aquel mismo personaje que hab\u00eda espetado un d\u00eda a la disidente: \u00abPero aqu\u00ed \u00bfqui\u00e9n es el secretario del partido, t\u00fa o yo?\u00bb. El juicio, la valoraci\u00f3n pol\u00edtica y la reflexi\u00f3n sobre el ayer y sobre el hoy se superponen, pues, en la forma que se considera m\u00e1s positiva posible. Positiva, desde luego, para quien quiera seguir pensando en la actualidad de los problemas del comunismo sin echar la tradici\u00f3n por la borda y sin renunciar, por otra parte, al esp\u00edritu cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Hay otros muchos pasos de parecido tenor en el libro, pero mencionar\u00e9, para terminar, uno solo que creo particularmente ilustrativo a la hora de valorar el respeto por los otros y el equilibrio en que ha desembocado al fin aquel amor desgraciado. Est\u00e1 ya al final del libro y se refiere justamente al momento tal vez m\u00e1s decisivo en la vida pol\u00edtica de Rossana Rossanda: la narraci\u00f3n de los or\u00edgenes de <em>Il Manifiesto<\/em>, lo que incluye su relaci\u00f3n con Enrico Berlinger en aquellos d\u00edas de 1969 y la expulsi\u00f3n del PCI de su propio grupo. Despu\u00e9s de recordar las ya mencionadas palabras de Aldo Natoli en la reuni\u00f3n del comit\u00e9 central en la que se decidi\u00f3 la expulsi\u00f3n del grupo, Rossanda ha optado, tambi\u00e9n aqu\u00ed, por no hacer sangre a destiempo: llama \u00abamigos\u00bb a algunos de los que entonces levantaron la mano para expulsarles; deja claro que, de todas formas, el grupo de <em>Il Manifesto<\/em> era \u00abotra cosa\u00bb, una cosa distinta de aquel PCI; y acaba la narraci\u00f3n as\u00ed: \u00abNo he vuelto a contar los votos. No estaba resentida, ni, a decir verdad, conmocionada [&#8230;] Ya no \u00e9ramos de los suyos, de los nuestros\u00bb.<\/p>\n<p>De los <em>suyos<\/em>, de los <em>nuestros<\/em>: ah\u00ed est\u00e1 la clave.<\/p>\n<p>He dicho arriba que, por forma y tono, estos recuerdos de Rossana Rossanda nada tienen que ver con la socorrida reconstrucci\u00f3n del espejo que siempre dice lo hermosa que es quien se mira en \u00e9l. El espejo en el que se mira Rossanda es otro. Mario Tronti ha escrito que hay que fijarse en la foto de la cubierta del libro (que se reproduce, ampliada, en la edici\u00f3n castellana) y ve en ella otra representaci\u00f3n de la <em>melancol\u00eda<\/em>. Comparto la observaci\u00f3n: ese precioso movimiento del alma sensible, la melancol\u00eda, recorre como un hilo rojo las p\u00e1ginas que Rossanda ha dedicado al amor desgraciado y al conflicto interior que produce el desfase entre lo que se pudo hacer y lo que se hizo realmente, entre lo que se quiso y lo que no fue posible. S\u00f3lo a\u00f1adir\u00eda a la observaci\u00f3n de Tronti que, en este caso, la lucidez del an\u00e1lisis que acompa\u00f1a la imagen de la melancol\u00eda no remite necesariamente al lector a aquella profunda tristeza que la palabra denota. Al contrario: el lector con convicciones, el lector que haya tenido conciencia de la tragedia del comunismo del siglo XX, a\u00fan cerrar\u00e1 el libro de la muchacha del siglo pasado, de la comunista sin carnet, esperanzado. Pues, como dice ella, tambi\u00e9n nosotros habremos aprendido que no todo lo que no ha funcionado hist\u00f3ricamente era pol\u00edticamente err\u00f3neo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo: A preguntas de <em>El Pa\u00eds<\/em>.<\/strong><\/p>\n<p><em>De Francisco Fern\u00e1ndez Buey a Francisco Mercado (<\/em>El Pa\u00eds<em>). No he podido averiguar las preguntas que le fueron formuladas por el diario.<\/em><\/p>\n<p>A (pregunta) 1. Queda su fundamentaci\u00f3n racional de la esperanza de los explotados y oprimidos, de los humillados y ofendidos, en un mundo de desigualdades que es un esc\u00e1ndalo moral. Ellos saben o intuyen que, de todos los fil\u00f3sofos y cient\u00edficos sociales del siglo XIX, Marx fue quien m\u00e1s contribuy\u00f3 a razonar la pasi\u00f3n emancipadora y liberadora de los de abajo, de los que no tienen nada o casi nada. Queda el Marx de los pobres y proletarios cuyas obras les han ayudado en todo el mundo a autoorganizarse y a pensar con la propia cabeza. Queda su filosof\u00eda moral y pol\u00edtica desalienadora, que sigue dando que pensar a las personas generosas. Pas\u00f3 a la historia el Marx cientificista, el Marx de la supuesta superaci\u00f3n de las utop\u00edas.<\/p>\n<p>A (pregunta) 2. Marx fue fil\u00f3sofo, periodista, cient\u00edfico social y hombre de acci\u00f3n revolucionario. Todo a la vez y todo junto. Eso levanta sospechas en el mundo del idiotismo de los especialistas en el que todo parece estar permitido menos la visi\u00f3n global de conjunto y la declaraci\u00f3n expl\u00edcita del punto de vista desde de el cual se piensa, se razona y se analiza. Es dif\u00edcil, y seguramente inconveniente, dividir en trozos un pensamiento as\u00ed. Pero si hay que hacerlo, yo destacar\u00eda: como economista, su teor\u00eda de la plusval\u00eda; como fil\u00f3sofo, su cr\u00edtica de las ideolog\u00edas y de la alienaci\u00f3n; como historiador, su monumental concepci\u00f3n materialista; como periodista, su olfato ante los temas de gran alcance; como pol\u00edtico, su fundamentaci\u00f3n del internacionalismo de los de abajo y su cr\u00edtica de la pol\u00edtica al uso.<\/p>\n<p>A 3. El muro no se cay\u00f3, lo tiraron. Y lo tiraron los que estaban hartos de la manipulaci\u00f3n de Marx en nombre del privilegio de los marxistas de catecismo. De la misma manera en que fue moralmente dif\u00edcil seguir llam\u00e1ndose cristianos mientras la Inquisici\u00f3n quemaba cristianos, as\u00ed tambi\u00e9n es hoy ir contra la corriente el seguir llam\u00e1ndose comunista y marxista cuando se sabe que ese fue tambi\u00e9n el nombre de los verdugos. A corto plazo no es previsible, por tanto, una aplicaci\u00f3n pol\u00edtica extensa del punto de vista marxista.Estamos en una fase prepol\u00edtica: de repensamiento y reconfiguraci\u00f3n de la idea misma de socialismo. Pero pasar\u00e1 el tiempo, nacer\u00e1n \u00abherej\u00edas\u00bb, el marxismo se har\u00e1 laico. Y cualquier d\u00eda del siglo XXI volver\u00e1 a hablarse de Marx pol\u00edticamente en serio.<\/p>\n<p>A 4. No conozco izquierda en el mundo que no hable con respeto de la obra de Marx.<\/p>\n<p>El mundo ha cambiado mucho desde su muerte, pero no ha cambiado de base. La renovaci\u00f3n de la izquierda tiene que partir de Marx porque, entretanto, no ha aparecido una visi\u00f3n de conjunto mejor en favor de los de abajo. Hay, eso s\u00ed, an\u00e1lisis y teor\u00edas parciales m\u00e1s finas y apreciables: conocimiento antropol\u00f3gico y psicol\u00f3gico que Marx no ten\u00eda. Creo que, en la renovaci\u00f3n de la izquierda, Marx ser\u00e1 un referente, no el \u00fanico. La izquierda revolucionaria del futuro saldr\u00e1 de un di\u00e1logo entre la tradici\u00f3n que Marx inaugur\u00f3, la tradici\u00f3n anarquista-libertaria y, en nuestro \u00e1mbito cultural, las tradiciones cristianas (her\u00e9ticas) de emancipaci\u00f3n y la reconsideraci\u00f3n autocr\u00edtica de la ciencia.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] NE. No he podido averiguar el destinatario de la carta.<br \/>\n[2] NE. <em>Prismas<\/em>, Barcelona. Ariel, 1962; <em>Notas de literatura<\/em>; Barcelona: Ariel, 1962.<br \/>\n[3] NE. Jes\u00fas Aguirre, el futuro Duque de Alba.<br \/>\n[4] NE. Teor\u00eda y realidad, probablemente. FFB hace referencia a <em>La disputa del positivismo en la sociolog\u00eda alemana<\/em>, el primer ensayo publicado en la colecci\u00f3n dirigida por Jacobo Mu\u00f1oz.<br \/>\n[5] NE. Reeditada por Akal en 2013.<br \/>\n[6] NE. Con dudas por mi parte, peque\u00f1o lapsus del autor. En 1975, la editorial Anagrama publicaba, con traducci\u00f3n y prologo (\u00abEn un mundo en crisis\u00bb) de FFB: Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga, <em>Debate sobre los consejos de f\u00e1brica<\/em>. Tal vez el autor haga referencia a otro ensayo.<br \/>\n[7] NE. Varias referencias al pensador y activista norteamericano en: Jorge Riechamnn, <em>Simbi\u00f3tica. Homos sapiens en el tramado de la vida (Elementos para una \u00e9tica ecologista y animalista en el seno de una Nueva Cultura de la Tierra gaiana)<\/em>, Madrid: Plaza y Vald\u00e9s, 2022. Adem\u00e1s de amigo y compa\u00f1ero, Jorge Riechmann es, en mi opini\u00f3n (que creo comparto con Rafael D\u00edaz-Salazar), uno de los grandes disc\u00edpulos del autor. Fueron tres los libros que escribieron conjuntamente.<br \/>\n[8] NE. Poeta brechtiano muy considerado por el autor.<br \/>\n[9] NE. El autor escribi\u00f3 el pr\u00f3logo del cl\u00e1sico de Marx-Engels para su edici\u00f3n en la editorial de El Viejo Topo. En mi opini\u00f3n, uno de sus grandes textos marxistas: \u00abPara leer el <em>Manifiesto Comunista<\/em>\u00bb, homenaje tambi\u00e9n a un escrito del mismo t\u00edtulo de Manuel Sacrist\u00e1n (que este elabor\u00f3 con la ayuda de Giulia Adinolfi y Pilar Fibla).<br \/>\n[10] NE. V\u00e9ase \u00abFerlosio-Sacrist\u00e1n en el jard\u00edn del tr\u00e1gico\u00bb. En FFB, <em>Sobre Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2015. Uno de los grandes textos de cr\u00edtica literaria del autor.<br \/>\n[11] NE. Conviene dudar de todo, uno de los aforismos preferidos de Marx. El otro: \u00abNada humano me es ajeno\u00bb.<br \/>\n[12] NE. Gran fil\u00f3sofo anal\u00edtico, no fue el \u00fanico, muy amigo de Fern\u00e1ndez Buey, Sacrist\u00e1n y otros miembros del colectivo <em>mientras tanto<\/em>. Nos dej\u00f3 en 2019. Otro ejemplo de amistad anal\u00edtica: Luis Vega Re\u00f1\u00f3n (1943-2022), autor de una de las mejores aproximaciones a la obra l\u00f3gica de Sacrist\u00e1n: \u00abSobre el lugar de Sacrist\u00e1n en los estudios de l\u00f3gica en Espa\u00f1a\u00bb. En <em>Donde no habita el olvido<\/em>, Vilassar de Dalt: Montesinos, 2005, pp. 19-50.<br \/>\n[13] NE. Nacido en 1915, falleci\u00f3 en 2011. Fue entrevistado por Xavier Juncosa para los documentales: <em>Integral Sacrist\u00e1n<\/em>.<br \/>\n[14] El pasado 17 de junio muri\u00f3, en Roma, Valentino Gerratana, uno de los intelectuales marxistas m\u00e1s notables de este siglo. Gerratana hab\u00eda nacido en Sicilia en 1919. Particip\u00f3 en la resistencia antifascista. Ense\u00f1\u00f3 historia de la filosof\u00eda en la Facultad de Letras de Salerno. Durante muchos a\u00f1os fue el alma del Istituto Gramsci en Roma, donde trabaj\u00f3 intensamente en la edici\u00f3n cr\u00edtica, en cuatro vol\u00famenes, de los <em>Quaderni del carcere<\/em> de Antonio Gramsci, publicada por la Editorial Einaudi en 1977. Esta edici\u00f3n excelente, traducida a todos los idiomas cultos, ha sido durante dos d\u00e9cadas la base de los estudios gramscianos en todo el mundo.<br \/>\nValentino Gerratana fue un gran historiador de las ideas socialistas y conocedor inigualable de los cl\u00e1sicos de la tradici\u00f3n marxista. Escribi\u00f3 ensayos de mucho valor hist\u00f3rico-cr\u00edtico sobre J. J. Rousseau y sobre Antonio Labriola. Colabor\u00f3 habitualmente en revistas como <em>Rinascita<\/em>, <em>Societ\u00e0<\/em>, <em>Il Contemporaneo<\/em>, <em>Problemi del socialismo<\/em>, <em>Annali Feltrinelli<\/em> y <em>Critica marxista<\/em>. Polemiz\u00f3 fruct\u00edferamente con Norberto Bobbio sobre democracia y socialismo ya en la d\u00e9cada de los cincuenta.<br \/>\nEn 1972 recogi\u00f3 una parte importante de sus ensayos en un libro titulado <em>Investigaciones sobre la historia del marxismo<\/em>, obra muy apreciada entre los marxistas cr\u00edticos por su erudici\u00f3n y por la finura del an\u00e1lisis. Consideraba el marxismo como \u00abla principal herej\u00eda del liberalismo\u00bb y era un comunista laico que distingu\u00eda muy bien entre laicidad y laicismo. En los \u00faltimos a\u00f1os, despu\u00e9s de su jubilaci\u00f3n, Gerratana viv\u00eda retirado en Roma. Era presidente de honor de la International Gramsci Society.<br \/>\n[15] NE. <em>Mientras tanto<\/em>. FFB fue uno de los fundadores de la revista, junto a Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n, Giulia Adinolfi, Miguel Candel, Antoni Dom\u00e8nech, Mar\u00eda Jos\u00e9 Aubet, Ramon Garrabou y Rafael Argullol.<br \/>\n[16] NE. V\u00e9ase Sebastiano Timpanaro, <em>Praxis, materialismo y estructuralismo<\/em>, Barcelona: Fontanella, 1973.<br \/>\n[17] NE, El libro que el autor tradujo.<br \/>\n[18] NE. Cap\u00edtulo 2 del primer volumen de la edici\u00f3n castellana.<br \/>\n[19] NE. 17 de mayo de 2003.<br \/>\n[20] NE. \u00bfPietro Ingrao?<br \/>\n[21] NE. Uno de los poetas m\u00e1s le\u00eddos y sentidos por el autor.<br \/>\n[22] NE. \u00c9sta es la edad del hierro en la garganta. Ya.\/ Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una b\u00f3veda abandonada en la que escuchas tu propio coraz\u00f3n\/ mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y\/ te calcificas en el dolor y de tu boca\/ caen s\u00edlabas negras.\/ Vas hacia lo invisible\/ y sabes que es real lo que no existe.\/ Retienes vagamente tus causas y tus sue\u00f1os\/ (a\u00fan conservas el olor de los suicidas),\/ te alimentan la ira y la piedad.\/ Queda poco de ti: v\u00e9rtigo, u\u00f1as\/ y sombras de recuerdos.\/ Piensas la desaparici\u00f3n.\/ Acaricias\/ la tiniebla cerebral, bajas al h\u00edgado calcinado por la tristeza.\/ As\u00ed es la edad del hierro en la garganta. Ya\/ todo es incomprensible. Sin embargo,\/ amas a\u00fan cuanto has perdido.<br \/>\n[23] NE. Publicado el 8 de marzo de 2004. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2004\/03\/08\/agenda\/1078700410_850215.html\">https:\/\/elpais.com\/diario\/2004\/03\/08\/agenda\/1078700410_850215.html<\/a><br \/>\n[24] NE. El primer libro de la colecci\u00f3n \u00abPensamiento cr\u00edtico\u00bb de Los Libros de la Catarata, dirigida por Jorge Riechmann y el autor, fue: Antonio Gramsci, <em>Para la reforma moral e intelectual<\/em>: selecci\u00f3n de Francisco Fern\u00e1ndez Buey e Introducci\u00f3n de Antonio Santucci (traducida al castellano por un gran amigo de FFB: Josep Borrell).<br \/>\n[25] NE. Salvo error de este editor, uno de los sonetos, en versi\u00f3n de Pilar Estelrich, es esl siguiente: Versi\u00f3n de Pilar Estelrich: CU\u00c1N ESTRICTA LA MEDIDA DE LAMENTOS ACOPIADOS\/ CU\u00c1N INEXORABE LA ATADURA DEL SONETO\/ POR QU\u00c9 CAMINO LLEGA A \u00c9L EL ALMA\/ DE TODO AQUELLO VOY A DAR UN S\u00cdMIL\/ LAS DOS ESTROFAS QUE ME HACEN DESCENDER\/ SON EL CAMINO QUE SERPENTEA ENTRE LAS ROCAS\/ DONDE POR POCO SE OFUSCARA LA B\u00daSQUEDA DE ORFEO\/ \u00c9STE ES EL CALVERO DE LOS D\u00cdAS DEL HADES\/ CON QU\u00c9 INSISTENCIA RECLAM\u00d3 \u00c9L A EUR\u00cdDICE\/ CU\u00c1NTO LE PREVINO PLUT\u00d3N AL ENTREG\u00c1RSELA\/ NO EST\u00c1 INDICADO EN LA SENDA M\u00c1S BREVE\/ LOS TERCETOS SON TESTIMONIO MAS OCULTO\/ SIGUE C\u00d3MO ELLA LE OBEDECI\u00d3 INVISIBLE\/ HASTA AHUYENTARLA SU MIRADA LA POSTRERA RIMA.<br \/>\n[26] NE. Fallecida en Roma, 20 de septiembre de 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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