{"id":126,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=126"},"modified":"2020-02-13T12:51:16","modified_gmt":"2020-02-13T11:51:16","slug":"guerra-preventiva-americanismo-y-antiamericanismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=126","title":{"rendered":"Guerra preventiva, americanismo, y antiamericanismo"},"content":{"rendered":"<p>Mito y realidad en el antiamericanismo de izquierdas<\/p>\n<p>La invasi\u00f3n de Irak, en marzo de 2003, estuvo acompa\u00f1ada de un curioso fen\u00f3meno ideol\u00f3gico: el intento de silenciar a un movimiento de protesta sin precedentes y de grandes dimensiones, acus\u00e1ndolo de antiamericanismo. Con nuevas guerras asomando en el horizonte, este supuesto antiamericanismo fue y contin\u00faa siendo considerado como algo m\u00e1s que una posici\u00f3n pol\u00edtica err\u00f3nea. Es considerado como una enfermedad, un s\u00edntoma de desajuste con la modernidad y de indiferencia a los fundamentos de la democracia. Esta enfermedad \u2013se alega- incluye a los antiamericanos de la derecha y de la izquierda y se\u00f1ala una de las peores p\u00e1ginas de la historia europea. Por lo tanto, la conclusi\u00f3n que se extrae es que la cr\u00edtica a Washington y a la guerra preventiva representa una amenaza real. Ser\u00eda f\u00e1cil responder a esto se\u00f1alando al antieurope\u00edsmo, con una larga tradici\u00f3n detr\u00e1s de \u00e9l, que se instala en el otro lado del Atl\u00e1ntico. Es muy significativo que en este clima ideol\u00f3gico y pol\u00edtico nadie recuerde el terror ejercido por le Ku Klux Klan en nombre del \u201camericanismo puro\u201d, o del \u201camericanismo cien por cien\u201d, frente a los negros y los blancos acusados de desafiar la supremac\u00eda blanca (en MacLean 1994, 4-5, 14). As\u00ed mismo nadie parece recordar la caza de brujas de McCarthy contra los sostenedores de ideas o sentimientos no americanos.<\/p>\n<p>Consideremos entonces la cuesti\u00f3n principal. \u00bfExiste alg\u00fan fundamento hist\u00f3rico para la equiparaci\u00f3n entre antiamericanismo de izquierdas y de derechas? Evidentemente, el joven Marx declara que los Estados Unidos eran \u201cel pa\u00eds de la completa emancipaci\u00f3n pol\u00edtica\u201d y \u201cel ejemplo m\u00e1s perfecto del estado moderno\u201d, que aseguraba el dominio de la burgues\u00eda sin excluir a priori a ninguna clase social del disfrute de los derechos civiles (ver Losurdo 1993, 21-22). Ya puede verse en esto una cierta indulgencia: dif\u00edcilmente ausentes, en los Estados Unidos las discriminaciones de clase adoptaban una forma \u201cracial\u201d.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de Engels es a\u00fan m\u00e1s dr\u00e1sticamente pro-americana. Despu\u00e9s de establecer una distinci\u00f3n entre la \u201cabolici\u00f3n del estado\u201d desde la perspectiva comunista, feudal y burguesa, agrega: \u201cEn las naciones burguesas la abolici\u00f3n del estado significa la reducci\u00f3n del poder estatal al nivel del de Norteam\u00e9rica. Ah\u00ed, los conflictos de clase se desarrollan s\u00f3lo de forma incompleta; los enfrentamientos entre las clases est\u00e1n constantemente camufladas por la emigraci\u00f3n al Oeste de la superpoblaci\u00f3n proletaria. \u00abLa intervenci\u00f3n del poder estatal, reducida al m\u00ednimo en el Este, no existe en el Oeste\u201d (Marx y Engels 1955, 7: 288). M\u00e1s que un ejemplo de la abolici\u00f3n del estado (incluso en el sentido burgu\u00e9s), el Oeste aparece como el sin\u00f3nimo de un crecimiento del \u00e1mbito de la libertad: no hay ninguna referencia al sufrimiento de los indios americanos, as\u00ed como est\u00e1 silenciada la esclavitud de los negros. La posici\u00f3n es similar en <i>Or\u00edgenes de la familia, la propiedad privada y el Estado<\/i>: Estados Unidos es mencionado como el pa\u00eds donde, al menos durante determinados per\u00edodos de su historia y \u00e1reas geogr\u00e1ficas, el aparato pol\u00edtico y militar separado de la sociedad tiende a desaparecer (Marx y Engels 1955, 21: 166). El a\u00f1o es 1884: en ese momento la poblaci\u00f3n negra no s\u00f3lo est\u00e1 privada\u00a0 de los derechos civiles adquiridos inmediatamente despu\u00e9s de la Guerra Civil, sino que est\u00e1 sometida a un sistema de apartheid y sujeta a una violencia que incluye las formas m\u00e1s crueles de linchamiento. En el Sur de los Estados Unidos el estado era probablemente d\u00e9bil; mucho m\u00e1s fuerte era el Ku Klux Klan, una expresi\u00f3n de la sociedad civil que, sin embargo, pod\u00eda ser el lugar de ejercicio de un poder brutal como ese. Justo un a\u00f1o antes de la publicaci\u00f3n del libro de Engels, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos declaraba inconstitucional una ley que prohib\u00eda la segregaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n de color en los centros de producci\u00f3n y en los servicios (como los ferrocarriles) administrados por compa\u00f1\u00edas privadas, con el argumento de que tales compa\u00f1\u00edas estaban exentas de cualquier interferencia gubernamental.<\/p>\n<p>Es importante observar, al nivel de pol\u00edtica internacional, que Engels parece hacerse eco de la ideolog\u00eda del destino manifiesto tal como sugiere su celebraci\u00f3n de la guerra librada contra M\u00e9xico: gracias al \u201ccoraje de los voluntarios americanos\u201d, \u201cla hermosa California fue arrebatada a los indolentes mexicanos que no sab\u00edan que hacer con ella\u201d. Aprovechando la ventaja que le otorgaban estas enormes conquistas \u201clos din\u00e1micos Yankees\u201d hab\u00edan insuflado nueva vida a la producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de riqueza, al \u201ccomercio mundial\u201d, y a la difusi\u00f3n de la \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d (<i>Zivilisation<\/i>) (Marx y Engels 1955, 6: 273 &#8211; 275). Engels pasa por alto un hecho destacado en esa misma \u00e9poca por los abolicionistas norteamericanos: la expansi\u00f3n de los Estados Unidos significaba la expansi\u00f3n de la esclavitud.<\/p>\n<p>En la historia del movimiento comunista es bien conocida la influencia del taylorismo y el fordismo en Lenin y Gramsci. En 1923 Nikolai Bujarin llega a\u00fan m\u00e1s lejos al afirmar que: \u201cNecesitamos el marxismo m\u00e1s el americanismo\u201d (en Figes 2003, 24). Un a\u00f1o despu\u00e9s, Stalin parece considerar al mismo pa\u00eds que particip\u00f3 en la intervenci\u00f3n contra la Rusia sovi\u00e9tica con tanta admiraci\u00f3n que advierte a los cuadros del partido que si realmente aspiran\u00a0 a realizar los \u201cprincipios del leninismo\u201d deber\u00e1n asimilar \u201cel pragm\u00e1tico esp\u00edritu americano\u201d. Aqu\u00ed, \u201cAmericanismo\u201d y \u201cpragm\u00e1tico esp\u00edritu americano\u201d significan no s\u00f3lo esp\u00edritu positivo sino tambi\u00e9n rechazo a los prejuicios, lo que ellos consideran en definitiva democracia. Como Stalin explica en 1932, Estados Unidos es ciertamente un pa\u00eds capitalista; sin embargo, \u201clas tradiciones industriales y la pr\u00e1ctica productiva tienen algo de democr\u00e1tico en s\u00ed, lo que no puede decirse de las viejas naciones capitalistas en Europa, donde el esp\u00edritu de la aristocracia feudal pervive\u201d (ver Losurdo 1997, 81-86).<\/p>\n<p>De alg\u00fan modo, Heidegger tiene raz\u00f3n al criticar a Estados Unidos y a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica por representar, desde un punto de vista filos\u00f3fico, la misma cosa: \u201cla t\u00e9cnica desbocada\u201d y \u201cla transformaci\u00f3n del hombre en masa\u201d (ver Losurdo, 2001). No hay duda que los bolcheviques consideran muy atrayentes los conceptos norteamericanos del \u201cmelting pot\u201d (\u201ccrisol de pueblos\u201d) y el \u201cself-made man\u201d. En cambio, encontraban otros aspectos de los norteamericanos absolutamente repugnantes. En 1924, <i>Correspondance Internationale<\/i> (la versi\u00f3n francesa del \u00f3rgano de la Internacional Comunista) publicaba un art\u00edculo escrito por un joven indochino inmigrante en los EE UU, en el que pod\u00eda leerse que sent\u00eda gran admiraci\u00f3n por la Revoluci\u00f3n Americana, mientras que se horrorizaba por la pr\u00e1ctica del linchamiento de los negros en el Sur. Uno de esos espect\u00e1culos de masas est\u00e1 descrito crudamente: \u201cEl negro es cocinado, flameado y quemado, ya que debe morir dos veces en lugar de una. Entonces es ahorcado, o con m\u00e1s exactitud, lo que queda de su cuerpo es colgado &#8230;. Cuando todos han tenido suficiente, el cad\u00e1ver es descolgado. La soga es cortada en peque\u00f1os trozos, cada uno de los cuales ser\u00e1 vendido por tres a cinco d\u00f3lares\u201d. Sin embargo el rechazo al sistema de supremac\u00eda blanca, no acarreaba una condena general de los Estados Unidos: s\u00ed, el Ku Klux Klan pose\u00eda toda \u201cla brutalidad del fascismo\u201d, pero ser\u00eda derrotado, no s\u00f3lo por los negros, jud\u00edos y cat\u00f3licos (todas v\u00edctimas en diferentes grados), sino por \u201ctodos los americanos decentes\u201d (en Wade 1997, 203-4). Dif\u00edcilmente puede calificarse esto de anti-americanismo indiscriminado.<\/p>\n<p><b>Un \u201cmaravilloso pa\u00eds del futuro\u201d<\/b><\/p>\n<p>Es un indochino quien compara el Ku Klux Klan con el fascismo, pero las similitudes de ambos movimientos son evidentes tambi\u00e9n para los autores norteamericanos de la \u00e9poca. Con frecuencia, y tanto positiva como negativamente, los hombres vestidos de blanco del Sur de los EE UU son comparados con los \u201ccamisas negras\u201d italianos y los \u201ccamisas pardas\u201d alemanes. Despu\u00e9s de se\u00f1alar las similitudes entre el Ku Klux Klan\u00a0 y el movimiento nazi, un acad\u00e9mico norteamericano de la \u00e9poca llega a la siguiente conclusi\u00f3n: \u201cSi la Depresi\u00f3n no hubiera golpeado a Alemania tan duramente, el nacionalsocialismo podr\u00eda ser hoy considerado como lo es a veces el Klan: una curiosidad hist\u00f3rica predestinada al fracaso\u201d (MacLean 1994, 184). En otras palabras, lo que explica el fracaso del Imperio Invisible en los Estados Unidos y el advenimiento del Tercer Reich en Alemania son los contextos econ\u00f3micos diferentes, m\u00e1s que las distancias en la historia ideol\u00f3gica y pol\u00edtica. Esta afirmaci\u00f3n puede resultar un poco excesiva. S\u00f3lo se revela una parte de la verdad cuando se hace referencia a la contribuci\u00f3n fundamental de los Estados Unidos y otros pa\u00edses (en primer lugar la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) en la lucha contra la Alemania de Hitler y las potencias del Eje para acallar las cr\u00edticas contra la conducta pol\u00edtica habitual de Washington. La otra parte de la historia tiene que ver con el importante papel desempe\u00f1ado por los movimientos reaccionarios y racistas americanos como inspiradores de la agitaci\u00f3n que condujo al poder a Hitler en Alemania.<\/p>\n<p>Ya en los a\u00f1os veinte se constituyeron las relaciones, intercambios y colaboraciones entre el Ku Klux Klan y la extrema derecha alemana para promover el racismo contra la gente de color y los jud\u00edos. A\u00fan en 1937, el ide\u00f3logo nazi Alfred Rosenberg exaltaba a los Estados Unidos como un \u201cmaravilloso pa\u00eds del futuro\u201d, que ten\u00eda el m\u00e9rito de haber formulado la brillante \u201cidea de un estado racial\u201d, una idea que deb\u00eda ponerse en pr\u00e1ctica, \u201ccon un poder joven\u201d a trav\u00e9s de la expulsi\u00f3n y deportaci\u00f3n de \u201cnegros y amarillos\u201d (Rosenberg 1937, 673). S\u00f3lo es necesario considerar las leyes sancionadas inmediatamente despu\u00e9s de la llegada de los nazis al poder para advertir como se parec\u00eda a la situaci\u00f3n en el sur de los EE UU. Obviamente, en Alemania la posici\u00f3n de los alemanes de origen jud\u00edo correspond\u00eda a la de los afro-americanos en el sur estadounidense. Hitler distingu\u00eda claramente, incluso en el \u00e1mbito jur\u00eddico, la posici\u00f3n de los arios en relaci\u00f3n con los jud\u00edos y los pocos mulatos viviendo en Alemania (al final de la Primera Guerra Mundial tropas de color pertenecientes al ej\u00e9rcito franc\u00e9s hab\u00edan participado en la ocupaci\u00f3n del pa\u00eds). \u201cLa cuesti\u00f3n negra\u201d, escrib\u00eda Rosenberg, \u201ces el\u00a0 m\u00e1s urgente de todos los asuntos decisivos en los Estados Unidos\u201d;\u00a0 y una vez que la absurda noci\u00f3n de igualdad dejaba de ser aplicada a los negros, dejaba de haber motivo para que no se extrajeran tambi\u00e9n \u201clas consecuencias necesarias para amarillos y jud\u00edos\u201d (Rosenberg 1937, 668-69).<\/p>\n<p>Nada de esto puede sorprender. Desde el momento que el fundamento del proyecto nazi era la construcci\u00f3n de un estado racial, \u00bfqu\u00e9 otro posible modelo exist\u00eda en esa \u00e9poca? Rosenberg menciona Sud\u00e1frica, que deb\u00eda permanecer s\u00f3lidamente en manos de \u201cmanos n\u00f3rdicas y blancas\u201d (gracias a las correspondientes \u201cleyes\u201d contra los \u201cindios\u201d as\u00ed como \u201cnegros, mulatos y jud\u00edos\u201d), y serv\u00eda como un \u201cs\u00f3lido baluarte\u201d\u00a0 para\u00a0 defenderse de la amenaza representada por el \u201cdespertar negro\u201d (Rosenberg 1937, 666). Sin embargo, hasta cierto punto Rosenberg\u00a0 sabe que la pol\u00edtica segregacionista sudafricana estaba ampliamente inspirada por el sistema de supremac\u00eda blanca surgido en los Estados Unidos despu\u00e9s de la Reconstrucci\u00f3n (Noer 1978, 106-7, 115, 125). Por lo tanto, fijaba su atenci\u00f3n sobre este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Existe adem\u00e1s otra raz\u00f3n por la que la rep\u00fablica americana representa una inspiraci\u00f3n para el Tercer Reich. El objetivo de Hitler no consiste en un expansionismo colonial al uso sino en un imperio continental creado con la anexi\u00f3n y germanizaci\u00f3n de territorios vecinos del este. Alemania era convocada a expandirse en Europa del Este como si fuera el Salvaje Oeste, tratando a los \u201cnativos\u201d de la misma forma en que los indios americanos hab\u00edan sido tratados (ver Losurdo 1996, 212-16), sin perder de vista el modelo americano, al que el F\u00fchrer exaltaba por su \u201cfuerza interior sin precedentes\u201d (Hitler 1939, 153-54). Inmediatamente despu\u00e9s de la invasi\u00f3n Hitler procede a desmembrar Polonia: una parte es directamente incorporada al Gran Reich (de la cual son expulsados los polacos); el resto es transformado en \u201cGobierno General\u201d dentro del cual los polacos viven en \u201cuna especie de reserva\u201d, como declara el Gobernador General Hans Frank: los polacos est\u00e1n \u201cbajo jurisdicci\u00f3n alemana\u201d, aunque no son \u201cciudadanos alemanes\u201d (en Ruge y Schumann 1977, 36). Aqu\u00ed el modelo americano es seguido casi literalmente: no podemos evitar advertir el enorme parecido con la condici\u00f3n de los indios americanos.<\/p>\n<p><b>El Estado Racial en Alemania y los Estados Unidos<\/b><\/p>\n<p>El modelo americano deja una profunda se\u00f1al incluso en el \u00e1mbito de las categor\u00edas y el ling\u00fc\u00edstico. El t\u00e9rmino <i>Untermensch<\/i> (subhombre), que desempe\u00f1a un papel central y destructivo en la teor\u00eda y pr\u00e1ctica del Tercer Reich, no es m\u00e1s que una traducci\u00f3n de Under Man. El nazi Rosenberg es bien consciente de ello, y expresa su admiraci\u00f3n por el autor americano Lothrop Stoddard, quien acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino, que aparece como subt\u00edtulo \u2013 <i>The Menace of the Under Man<\/i> (La amenaza del subhombre)- de un libro publicado por primera vez en Nueva York en 1922 y traducido al alem\u00e1n (<i>Die Drohung des Untermenschen<\/i>) tres a\u00f1os m\u00e1s tarde. Respecto a su significado, Stoddard afirma que sirve para se\u00f1alar a la masa de \u201csalvajes y b\u00e1rbaros\u201d, \u201cesencialmente incivilizables e incorregiblemente hostiles a la civilizaci\u00f3n\u201d, quienes deben ser tratados de modo radical para evitar el colapso de la civilizaci\u00f3n. Incluso antes de ser elogiado por Rosenberg, Stoddard hab\u00eda sido recomendado por dos presidentes norteamericanos (Harding y Hoover). M\u00e1s tarde fue recibido con honores en Berl\u00edn, donde no s\u00f3lo se entrevist\u00f3 con las figuras m\u00e1s representativas de la eugenesia nazi, sino tambi\u00e9n con los m\u00e1s altas autoridades del r\u00e9gimen, incluido Hitler, quien ya hab\u00eda comenzado su campa\u00f1a para diezmar y dominar a los <i>Untermenschen<\/i>, los \u201cnativos\u201d de Europa del Este.<a name=\"_ftnref1\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn1\"> [1] <\/a><\/p>\n<p>En los Estados Unidos de la supremac\u00eda blanca, as\u00ed como en la Alemania en poder del movimiento nazi, el programa para reestablecer la jerarqu\u00eda racial\u00a0 estaba estrechamente vinculado a los proyectos de eugenesia. En primer t\u00e9rmino, se alentaba a los mejores para que procrearan, para evitar el riesgo de \u201csuicidio racial\u201d (<i>Rassenselbstmord<\/i>) que pend\u00eda sobre los blancos. En 1918 da la voz de alarma Oswald Spengler, quien cita a Theodore Roosevelt (Spengler 1980, 683). Por supuesto, la advertencia de Roosevelt contra el espectro del \u201csuicidio racial\u201d o la \u201chumillaci\u00f3n racial\u201d acompa\u00f1aba a su denuncia de la \u201cdisminuci\u00f3n de la tasa de nacimientos en las razas superiores\u201d, o sea que \u201cen el antiguo stock de americanos nativos\u201d. Obviamente no se refer\u00eda a los nativos americanos \u201csalvajes\u201d\u00a0 sino a los WASP (Blancos Anglosajones y Protestantes) (ver Roosevelt 1951, 1: 487).<\/p>\n<p>Segundo, una separaci\u00f3n insuperable deb\u00eda crearse entre las razas destinadas a obedecer y las destinadas a mandar, preservando a estas \u00faltimas de cualquier desgaste y prepar\u00e1ndolas para enfrentar y aplastar la revuelta de las razas esclavas, las que, siguiendo el liderazgo bolchevique, hab\u00edan comenzado a expandirse por todo el mundo. Aqu\u00ed tambi\u00e9n los hallazgos de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica son sorprendentes. <i>Erbgesundheitslehre<\/i> (Educaci\u00f3n para la salud hereditaria) o <i>Rassenhygiene<\/i> (Higiene racial) , otra palabra clave de la ideolog\u00eda nazi, no es m\u00e1s que la traducci\u00f3n al alem\u00e1n del t\u00e9rmino <i>eugenics<\/i> (eugenesia) la nueva ciencia inventada en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX por Francis Galton. No es casual que esta nueva ciencia sea recibida tan favorablemente en los EE UU, donde la relaci\u00f3n entre las \u00abtres razas\u00bb y los \u00abnativos\u00bb por una parte, y la creciente masa de inmigrantes pobres, por otra, es particularmente problem\u00e1tica. Mucho antes de la llegada de Hitler al poder, en v\u00edsperas de la Primera Guerra Mundial, se publica en Munich un libro titulado <i>Die Rassenhygiene in den Vereinigten Staaten von Nordamerika<\/i> (La higiene racial en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica), que ya en su t\u00edtulo se\u00f1ala a los EE UU\u00a0 como un modelo de \u00abhigiene racial\u00bb. El autor, G\u00e9za von Hoffmann, vicec\u00f3nsul del Imperio Austro-H\u00fangaro en Chicago, exalta a los EE UU por la \u00ablucidez\u00bb y \u00abpura raz\u00f3n pr\u00e1ctica\u00bb que ha demostrado en afrontar, con la energ\u00eda necesaria, a un problema muy importante que es a menudo ignorado: en los EE UU violar las leyes que proh\u00edben las relaciones sexuales y el matrimonio interraciales pod\u00eda ser castigado con diez a\u00f1os de prisi\u00f3n. No s\u00f3lo pod\u00edan ser perseguidos y condenados los responsables de esos actos, sino tambi\u00e9n sus c\u00f3mplices (Hoffmann 1913, 9: 67-68). Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1923, un m\u00e9dico alem\u00e1n, Fritz Lenz, se queja del retraso de Alemania respecto a EE UU en lo que se refiere a la \u00abhigiene racial\u00bb (Lifton 1986, 23). A\u00fan despu\u00e9s del acceso de los nazis al poder, los ide\u00f3logos y \u00abcient\u00edficos\u00bb de la raza continuaban insistiendo: \u00abAlemania tiene mucho que aprender de las medidas adoptadas por los norteamericanos: ellos saben lo que deben hacer\u00bb (G\u00fcnther 1934, 465).<\/p>\n<p>Las medidas de eugenesia aplicadas despu\u00e9s de la captura del poder por los nazis (<i>Machtergreifung<\/i>) se dirigen a impedir el riesgo de <i>Volkstod<\/i> (Lifton 1986, 25),\u00a0 la \u00abmuerte de la naci\u00f3n\u00bb o de la raza. Una vez m\u00e1s el tema es el del suicidio racial. Para impedir el suicidio de la raza blanca, que significar\u00eda el fin de la civilizaci\u00f3n, no se debe dudar en poner en pr\u00e1ctica las medidas m\u00e1s rigurosas, las soluciones m\u00e1s dr\u00e1sticas, con relaci\u00f3n a las \u00abrazas inferiores\u00bb (Roosevelt 1951, 2:377). Merece se\u00f1alarse que ya hab\u00eda aparecido una cierta noci\u00f3n de una \u00absoluci\u00f3n final\u00bb respecto a la cuesti\u00f3n negra en un libro publicado en Boston en 1913 (Fredrickson 1987, 258 nota). M\u00e1s tarde, por supuesto, los nazis teorizaron e intentaron llevar a cabo la \u00absoluci\u00f3n final\u00bb (<i>Endl\u00f6sung<\/i>) a la \u00abcuesti\u00f3n jud\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p><b>El nazismo como proyecto mundial de \u00absupremac\u00eda blanca\u00bb<\/b><\/p>\n<p>En el curso de su historia, los Estados Unidos han tenido que afrontar directamente los problemas resultantes del contacto entre diferentes \u00abrazas\u00bb y el influjo de numerosos inmigrantes procedentes de todo el mundo. Por otra parte, el violento movimiento racista que surgi\u00f3 al final del siglo XIX es una respuesta a la Guerra Civil y al per\u00edodo de reconstrucci\u00f3n que le sigui\u00f3. En tanto que los antiguos propietarios esclavistas se vieron transformados repentinamente en rebeldes, sin derechos pol\u00edticos, los negros pasaban de ser esclavos a ser ciudadanos con pleno ejercicio de sus derechos pol\u00edticos. Estos a menudo pasaron a integrar las instituciones representativas, tanto como legisladores as\u00ed como administradores, adquiriendo poder sobre sus antiguos propietarios.<\/p>\n<p>Consideramos ahora las experiencias y emociones que subyac\u00edan a las convulsiones que condujeron al nazismo. Durante los siglos XIX y XX, el Ku Klux Klan y los te\u00f3ricos de la \u00absupremac\u00eda blanca\u00bb denominaron a los Estados Unidos posteriores a la esclavitud con su masiva entrada de inmigrantes procedentes de los pa\u00edses europeos menos desarrollados e incluso de Oriente, un \u201ccivilizaci\u00f3n mestiza\u201d (MacLean 1994, 133) o un \u201cgent\u00edo de cloaca\u201d (Grant 1917, 81). De manera an\u00e1loga, Hitler en <i>Mein Kampf <\/i>describe a su Austria natal como un ca\u00f3tico \u201cconglomerado de pueblos\u201d, una \u201cBabilonia de gente\u201d, un \u201creino babil\u00f3nico\u201d desgarrado por el \u201cconflicto racial\u201d (Hitler 1939, 74, 79, 39, 80). En Austria la cat\u00e1strofe parece inminente: la \u201ceslavizaci\u00f3n\u201d y la \u201cdesaparici\u00f3n del elemento germano\u201d (<i>Entdeutschung<\/i>) progresan, y el ocaso de la raza superior que ha colonizado y civilizado al Oriente est\u00e1 pr\u00f3ximo (Hitler 1939, 82). La Alemania a la que Hitler va a vivir ha presenciado una convulsi\u00f3n sin precedentes desde el final de la Primera Guerra Mundial, una conmoci\u00f3n comparable a la que recorri\u00f3 el Sur estadounidense despu\u00e9s de la Guerra Civil. M\u00e1s grave a\u00fan que la p\u00e9rdida de sus colonias es que Alemania se vea obligada a soportar una ocupaci\u00f3n militar por tropas multirraciales de las potencias vencedoras y parec\u00eda haber sido transformada en una \u201cmezcolanza racial\u201d (Hitler 1939, 439). Alimentando este terror de que el fin de la civilizaci\u00f3n estaba pr\u00f3ximo estaba la Revoluci\u00f3n de Octubre, llamando a la rebeli\u00f3n de los pueblos colonizados y parec\u00eda confirmar ideol\u00f3gicamente el \u201chorror\u201d de la ocupaci\u00f3n militar negra. La Revoluci\u00f3n de Octubre estalla y se afirma en un \u00e1rea poblada por pueblos tradicionalmente considerados al margen de la civilizaci\u00f3n. Del mismo modo en que los abolicionistas fueron denominados en el Sur estadounidense como \u201camantes de los negros\u201d y traidores a su propia raza, los socialdem\u00f3cratas y especialmente los comunistas son considerados por Hitler como traidores a la raza germ\u00e1nica y occidental. En \u00faltimo t\u00e9rmino, el Tercer Reich se presenta como un intento para impedir , bajo condiciones de guerra total y de guerra civil internacional, el fin de la civilizaci\u00f3n, el suicidio de Occidente y de la raza superior creando un r\u00e9gimen de supremac\u00eda blanca en una escala mundial, y bajo hegemon\u00eda alemana.<\/p>\n<p><b>\u00bfAntisemitismo y antiamericanismo? Spengler y Ford<\/b><\/p>\n<p>La campa\u00f1a contra aquellos que se atreven a criticar la pol\u00edtica de guerra preventiva de Washington, tradicionalmente vincula antiamericanismo con antisemitismo. Nuevamente, ante esto, uno no puede m\u00e1s que asombrarse por la ausencia de memoria hist\u00f3rica. \u00bfAlguien recuerda el elogio del Ku Klux Klan por \u201cel genuino americanismo de Henry Ford\u201d? (MacLean 1994, 90). Ampliamente admirado, el magnate automovil\u00edstico condena a la Revoluci\u00f3n Bolchevique acus\u00e1ndola de ser en primer lugar el producto de una conspiraci\u00f3n jud\u00eda, e incluso funda una revista, el <i>Dearborn Independent<\/i>, que publica art\u00edculos reunidos en 1920 en un \u00fanico volumen titulado <i>El Jud\u00edo Internacional<\/i>. El libro se transforma inmediatamente en una referencia b\u00e1sica del antisemitismo internacional, hasta el punto que, m\u00e1s que ning\u00fan otro, se le atribuye el \u00e9xito de los notorios <i>Protocolos de los Sabios de Zion<\/i>. Es verdad que Ford fue obligado a abandonar esta campa\u00f1a, pero para ese entonces su libro hab\u00eda sido traducido al alem\u00e1n y hab\u00eda adquirido gran popularidad. Nazis destacados, como von Schirach e incluso Himmler posteriormente reconocer\u00e1n haber sido inspirados o motivados por Ford. Himmler, en particular, afirma haber comprendido \u201cel peligro del juda\u00edsmo\u201d s\u00f3lo despu\u00e9s de leer el libro de Ford: \u201cPara los nacionalsocialistas fue una revelaci\u00f3n\u201d similar a la lectura de los <i>Protocolos de los Sabios de Si\u00f3n<\/i>. \u201cEsos dos libros nos mostraron el camino para librar a la humanidad infestada por el mayor enemigo de todas las \u00e9pocas, el jud\u00edo internacional\u201d. Himmler parafrasea el t\u00edtulo de libro de Ford. Esos testimonios pueden no ser una evidencia contundente, pero una cosa es segura: en los encuentros de Hitler con Dietrich Eckart, el antisemita Henry Ford est\u00e1 entre los m\u00e1s citados de cuantos ejercieron influencia en \u00e9l. Y, de acuerdo con Himmler, tanto el libro de Ford como los <i>Protocolos<\/i>, jugaron un papel \u201cdecisivo\u201d (<i>ausschlaggebend<\/i>) no s\u00f3lo en su formaci\u00f3n personal sino tambi\u00e9n en la del F\u00fchrer.<a name=\"_ftnref2\"><\/a><a title=\"\" href=\"#_ftn2\"> [2] <\/a><\/p>\n<p>Aqu\u00ed tambi\u00e9n se evidencia el car\u00e1cter insustancial de un contraste esquem\u00e1tico entre Europa y los EE UU, como si la plaga del antisemitismo no afectara tanto a Europa como a los Estados Unidos. En 1933 Spengler consideraba necesario aclarar este punto: la judeofobia que \u00e9l confesaba abiertamente no deber\u00eda confundirse con el racismo \u201cmaterialista\u201d t\u00edpico de \u201clos antisemitas en Europa y Am\u00e9rica\u201d (Spengler 1933, 157). El antisemitismo biol\u00f3gico que se agitaba impetuosamente en el otro lado del Atl\u00e1ntico es considerado excesivo a\u00fan por un autor como Spengler, quien se expresa sin reparos contra la cultura e historia jud\u00eda a trav\u00e9s de sus escritos. Por esta raz\u00f3n, entre otras, Spengler es considerado t\u00edmido e inconsecuente por los nazis. Sus preferencias se sit\u00faan en otra parte: <i>El Jud\u00edo Internacional<\/i> contin\u00faa siendo publicado con honores en el Tercer Reich, y con pr\u00f3logos que enfatizan el singular m\u00e9rito hist\u00f3rico de su autor (por haber sacado a la luz la \u201ccuesti\u00f3n jud\u00eda\u201d), \u00a1as\u00ed c\u00f3mo lo que se consideraba una l\u00ednea de continuidad entre Henry Ford y Adolf Hitler! (ver Losurdo 1991, 84-85).<\/p>\n<p>La pol\u00e9mica actual sobre el antiamericanismo y el antieurope\u00edsmo es ingenua: parece ignorar los intercambios culturales y las influencias rec\u00edprocas que han tenido Am\u00e9rica y Europa. En la inmediata primera posguerra, Croce no tiene ning\u00fan reparo en destacar la influencia que Theodore Roosevelt tuvo sobre Enrico Corradini, el dirigente nacionalista que se incorpor\u00f3 al partido fascista (Croce 1967, 251). A comienzos del siglo XX, el estadista norteamericano hab\u00eda realizado un sonado viaje a Europa, en el curso del cual hab\u00eda recibido un doctorado <i>honoris causa<\/i> en Berl\u00edn\u00a0 y conseguido \u2013seg\u00fan Pareto- numerosos \u201caduladores\u201d (Pareto 1988, 1241-42, &#8216;1436). La representaci\u00f3n de los EE UU como una especie de espacio sagrado, inmune a las plagas y horrores de Europa, es sobre todo un producto de la Guerra Fr\u00eda. No debe pasarse por alto el intercambio de ideas entre los dos continentes: el norteamericano Stoddard acu\u00f1\u00f3 una palabra clave del discurso ideol\u00f3gico nazi (<i>Untermensch<\/i> subhombre), pero Stoddard, a su vez, estudi\u00f3 en Alemania y ley\u00f3 las teor\u00edas tan caras a Nietszche con relaci\u00f3n al superhombre (<i>\u00dcbermensch<\/i>) (Losurdo 2002, 886-87). Adem\u00e1s, mientras Alemania observaba con admiraci\u00f3n a la tierra de la supremac\u00eda blanca, reaccionaba con repugnancia a la noci\u00f3n de \u201cmelting pot\u201d. Rosenberg refiere con disgusto que en Chicago hay una \u201cgran catedral [cat\u00f3lica]\u201d que \u201cpertenece a los negros\u201d. Hay incluso un \u201cobispo negro\u201d que celebra misa: eso se\u00f1ala el \u201ccultivo\u201d de un \u201cfen\u00f3meno bastardo\u201d (Rosenberg 1937, 471). A su vez, Hitler denuncia la \u201csangre jud\u00eda\u201d que fluye por las venas de Franklin Delano Roosevelt, de cuya mujer se dice que tiene un \u201caspecto negroide\u201d (Hitler 1952-54, 2: 182, conversaciones fechadas en 1 de julio de 1942).<\/p>\n<p><b>Los Estados Unidos, Occidente, y la \u201cDemocracia del pueblo dominante\u201d<\/b><\/p>\n<p>Con lo expuesto hasta ahora resulta claro que la teor\u00eda seg\u00fan la cual el antiamericanismo de derechas y de izquierdas coinciden est\u00e1 basado en la ideolog\u00eda y el mito. En realidad, los mismos elementos criticados por la tradici\u00f3n izquierdista que comienza con el abolicionismo y se contin\u00faa con el movimiento comunista, son considerados positivamente e incluso con entusiasmo por la derecha. Lo que es apreciado por unos es rechazado por los otros. Sin embargo ambas orientaciones se encuentran con la paradoja que ha caracterizado a los EE UU desde su fundaci\u00f3n, una paradoja que fue articulada en el siglo XVIII por el escritor brit\u00e1nico Samuel Jonson: \u00bfC\u00f3mo es que podemos o\u00edr los gritos de libertad m\u00e1s estridentes de los propietarios de esclavos? (en Foner 1998, 32).<\/p>\n<p>Es un hecho comprobado: la democracia se desarroll\u00f3 en el seno de la comunidad blanca simult\u00e1neamente con la esclavizaci\u00f3n de los negros y la deportaci\u00f3n de los indios americanos. En veintid\u00f3s de los primeros treinta y seis a\u00f1os como naci\u00f3n independiente, la presidencia estuvo en manos de propietarios de esclavos. Tambi\u00e9n eran propietarios de esclavos quienes redactaron la Declaraci\u00f3n de Independencia y la Constituci\u00f3n. Sin esclavitud (y la correspondiente segregaci\u00f3n racial) no se puede entender la \u201clibertad americana\u201d: las dos est\u00e1n vinculadas, cada una apuntala a la otra (Morgan 1975). Mientras esta \u201cpeculiar instituci\u00f3n\u201d asegura el firme control sobre las clases \u201cpeligrosas\u201d en los \u00e1mbitos de producci\u00f3n, la expansi\u00f3n hacia el Oeste sirve para desactivar el conflicto social transformando al proletariado potencial en una clase de propietarios agrarios, aunque a expensas de los pueblos que debieron ser expulsados o aniquilados.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la Guerra de la Independencia, la democracia norteamericana experiment\u00f3 un nuevo despliegue durante la presidencia de Jackson en la d\u00e9cada de 1830: la extensi\u00f3n del sufragio y la eliminaci\u00f3n en gran parte, de las restricciones relacionadas con la propiedad en la comunidad blanca eran concomitantes con la rigurosa deportaci\u00f3n de los indios americanos y con el creciente resentimiento y violencia contra los negros. Lo mismo puede afirmarse para el per\u00edodo comprendido entre el final del siglo XIX y la mitad de la segunda d\u00e9cada del siglo XX. La denominada Era Progresiva est\u00e1 caracterizada indudablemente por numerosas reformas democr\u00e1ticas (como la elecci\u00f3n directa de los miembros del Senado, el voto secreto, la introducci\u00f3n de elecciones primarias y de instituciones de refer\u00e9ndum, etc.); sin embargo es un per\u00edodo especialmente tr\u00e1gico para la poblaci\u00f3n negra (el blanco de los escuadrones del terror del Ku Klux Klan) y los indios americanos (expulsados de sus \u00faltimos territorios y sometidos a una brutal aculturaci\u00f3n con la intenci\u00f3n de despojarles incluso de su identidad cultural.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con esta paradoja de su historia, numerosos intelectuales norteamericanos han hablado de \u201cHerrenvolk democracy\u201d, o sea de democracia s\u00f3lo para \u201cse\u00f1ores\u201d (para usar una expresi\u00f3n del tipo de las que Hitler era aficionado) (Berghe 1967; Fredrickson 1987). Una clara l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre blancos, de un lado, y negros y pieles rojas, del otro, promoviendo relaciones basadas en la igualdad en el seno de la comunidad blanca. Los miembros de una aristocracia de clase o color tend\u00edan a considerarse \u201ciguales\u201d; la desigualdad impuesta a los excluidos es el reverso de esta relaci\u00f3n basada en la igualdad entre aquellos que ejercen el poder para excluir \u201cinferiores\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfDebemos entonces comparar negativamente a Europa con los Estados Unidos? Podr\u00eda ser un grave error. En realidad, la categor\u00eda \u201cdemocracia del pueblo dominante\u201d puede ser \u00fatil para explicar la historia de Occidente como totalidad. Desde el final del siglo XIX y en los comienzos del siglo XX, la extensi\u00f3n del sufragio en Europa march\u00f3 a la par con la colonizaci\u00f3n y la imposici\u00f3n de relaciones laborales serviles y semiserviles en los pueblos sometidos. El gobierno por medios legales en Europa\u00a0 est\u00e1 fuertemente entrelazado con la voluntad burocr\u00e1tica y la violencia policial, y el estado de sitio en las colonias. En \u00faltimo an\u00e1lisis, es el mismo fen\u00f3meno que ocurre en los EE UU, excepto que en Europa es menos evidente porque los pueblos colonizados vive del otro lado del oc\u00e9ano.<\/p>\n<p><b>Misi\u00f3n imperial y fundamentalismo cristiano en la historia norteamericana<\/b><\/p>\n<p>Es a un nivel diferente donde captamos las diferencias reales en el desarrollo pol\u00edtico e ideol\u00f3gico entre Europa y los EE UU. Profundamente marcada por la Ilustraci\u00f3n, Europa al final del siglo XIX experimenta una a\u00fan mayor secularizaci\u00f3n: los disc\u00edpulos tanto de Marx como de Nietszche est\u00e1n convencidos de la \u201cmuerte de Dios\u201d. En los EE UU la situaci\u00f3n es muy diferente. De este forma explica en 1899 la revista <i>Christian Oracle<\/i> su decisi\u00f3n de cambiar su denominaci\u00f3n por la de <i>Christian Century<\/i>: \u201cCreemos que el pr\u00f3ximo siglo ser\u00e1 testigo de triunfo del cristianismo jam\u00e1s vistos, y que ser\u00e1 m\u00e1s verdaderamente cristiano que cualquiera de los precedentes\u201d (en Olasky 1992, 135).<\/p>\n<p>En ese momento se est\u00e1 librando una guerra con Espa\u00f1a, acusada por los dirigentes norteamericanos de haber injustamente denegado a Cuba su derecho a la libertad e independencia, y adem\u00e1s por haber empleado, contra una isla \u201ctan pr\u00f3xima a nuestras fronteras\u201d, medidas que repugnan el \u201csentido moral del pueblo de los Estados Unidos\u201d y representan una \u201cdesgracia para la civilizaci\u00f3n cristiana (en Commager 1963, 2:5). Aqu\u00ed, la se\u00f1a indirecta a la doctrina Monroe y el llamado a una cruzada en nombre de la democracia est\u00e1n fuertemente ligados con el fin de condenar a un pa\u00eds cat\u00f3lico y santificar una guerra librada para confirmar el potente papel de la Norteam\u00e9rica imperial. Luego, el presidente McKinley explicar\u00e1 que la decisi\u00f3n de anexar las Filipinas procedi\u00f3 de la inspiraci\u00f3n del \u201cTodopoderoso\u201d quien, despu\u00e9s de escuchar las incesantes plegarias del presidente, al fin, en una noche de insomnio, le liber\u00f3 de toda duda e indecisi\u00f3n. No habr\u00eda sido adecuado dejar la colonia en manos de Espa\u00f1a, o entregarla \u201ca Francia o Alemania, nuestros rivales comerciales en Oriente\u201d. Ni, por la misma raz\u00f3n, ser\u00eda correcto dejar las Filipinas a los propios filipinos, quienes eran \u201cincapaces de autogobernarse\u201d y habr\u00edan permitido que su pa\u00eds se deslizara hacia un estado de \u201canarqu\u00eda y desgobierno\u201d a\u00fan peor que el que resultara de la\u00a0 dominaci\u00f3n espa\u00f1ola:<\/p>\n<p>Para nosotros no hay otra alternativa que hacernos cargo de todo, y educar a los filipinos, civilizarlos y cristianizarlos, y por la gracia de Dios hacer lo mejor que podamos por ellos, como compa\u00f1eros nuestros por los que Cristo tambi\u00e9n muri\u00f3. Entonces me dirig\u00ed al lecho y me dorm\u00ed profundamente.\u00a0 (En Millis 1989, 384).<\/p>\n<p>Hoy conocemos los horrores perpetrados durante la represi\u00f3n del movimiento independentista en las Filipinas: la guerrilla realizada por los filipinos fue enfrentada con la destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica de campos y ganado, el confinamiento masivo de la poblaci\u00f3n en campos de concentraci\u00f3n donde fueron v\u00edctimas de la hambre y las enfermedades, e incluso en algunos casos, el asesinato de todos los varones mayores de diez a\u00f1os (McAllister Linn 1989, 27, 23).<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de las dimensiones de los \u201cda\u00f1os colaterales\u201d, la marcha de la ideolog\u00eda imperial-religiosa de la guerra se reactiva triunfalmente durante la Primera Guerra Mundial. Inmediatamente despu\u00e9s de la intervenci\u00f3n estadounidense, en una\u00a0 carta a la Colonel House, Wilson dice a sus \u201caliados\u201d: \u201cCuando la guerra se acabe podremos forzarlos a que acepten nuestra forma de pensar, ya que en ese momento desear\u00e1n, entre otras cosas, estar financieramente en nuestras manos (en Kissinger 1994, 224). No hay duda de que exist\u00eda \u201cun s\u00f3lido componente de <i>realpolitik<\/i>\u201d (Hecksher 1991, 298) en la postura de Wilson respecto a Am\u00e9rica Latina y al resto del mundo. Esto, sin embargo no impidi\u00f3 a Wilson\u00a0 hacer la guerra como si se tratara de una cruzada real, incluso en el sentido literal del t\u00e9rmino: los soldados norteamericanos eran \u201ccruzados\u201d, los agentes de un \u201clogro trascendente\u201d (Wilson 1927, 2:45, 414), de una \u201cguerra santa, la m\u00e1s sagrada en toda la historia\u201d (en Rochester 1977, 58), una guerra destinada a abogar por la paz, la democracia, y los valores cristianos en todo el mundo. Una vez m\u00e1s, los intereses materiales y geopol\u00edticos y las ambiciones imperiales estaban inextricablemente ligadas a una conciencia misionera y democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>La misma plataforma ideol\u00f3gica es aplicada a otos conflictos en el siglo XX, siendo la Guerra Fr\u00eda particularmente ejemplar en este aspecto. John Foster Dulles, era definido por Churchill como \u201cun severo puritano\u201d. Dulles se enorgullece de que \u201cnadie en el Departamento de Estado conoce\u00a0 la Biblia como yo\u201d. Su fervor religioso no es de ning\u00fan modo un asunto privado: \u201cestoy convencido que aqu\u00ed tenemos la necesidad de hacer que nuestros pensamiento y pr\u00e1cticas pol\u00edticas reflejen con la mayor fidelidad la convicci\u00f3n religiosa de que el hombre tiene su origen y destino en Dios\u201d (Kissinger 1994, 534-35). Junto a esta fe, se cuelan otras categor\u00edas teol\u00f3gicas fundamentales en la lucha pol\u00edtica en el plano internacional: los pa\u00edses neutrales que reh\u00fasan tomar parte en\u00a0 la cruzada contra la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica est\u00e1n en \u201cpecado\u201d, \u201cmientras los Estados Unidos, a la cabeza de la misma cruzada, representan el \u201cpueblo moral\u201d por definici\u00f3n (en Freiberg 1992, 42-43). El l\u00edder de ese pueblo quien se distingue tanto por su moralidad y su proximidad a Dios es, en 1983, Ronald Reagan. Provocar\u00e1 que la Guerra Fr\u00eda llegue a su cl\u00edmax, el cual se\u00f1alar\u00e1 la derrota del enemigo ateo, con palabras con ecos teol\u00f3gicos: \u201cEn el mundo hay pecado y maldad, y las Escrituras y Jes\u00fas nuestro se\u00f1or nos han ordenado oponernos a ello con todo nuestro poder\u201d (en Draper 1994, 33).<\/p>\n<p>En su discurso inaugural, Clinton no est\u00e1 menos inspirado religiosamente que sus predecesores o su sucesor: \u201cHoy celebramos el misterio de la renovaci\u00f3n americana\u201d. Luego de recordar el pacto entre \u201cnuestros fundadores\u201d y \u201cel Todopoderoso\u201d, Clinton enfatiza: \u201cNuestra misi\u00f3n es eterna\u201d (Lott 1994, 366). Aline\u00e1ndose con esta tradici\u00f3n, y radicaliz\u00e1ndola a\u00fan m\u00e1s, George W. Bush conduce su campa\u00f1a electoral con un aut\u00e9ntico dogma: \u201cNuestra naci\u00f3n es la elegida de Dios y encargada por la historia para ser un modelo de justicia para el mundo\u201d (Cohen 2000).<\/p>\n<p>En la historia de los EE UU resulta claro que la religi\u00f3n est\u00e1 llamada a desempe\u00f1ar un papel pol\u00edtico fundamental en el plano internacional. Somos testigos de una tradici\u00f3n pol\u00edtica norteamericana que se expresa abiertamente en t\u00e9rminos teol\u00f3gicos. Las \u201cdoctrinas\u201d pronunciadas por los presidentes norteamericanos evocan m\u00e1s las enc\u00edclicas y dogmas proclamados por las jerarqu\u00edas de la iglesia cat\u00f3lica, que las declaraciones de los l\u00edderes europeos. Los discursos inaugurales norteamericanos son real y verdaderamente ceremonias sacras. Me limitar\u00e9 a dos ejemplos. En 1953, despu\u00e9s de invitar a su audiencia a inclinarse ante \u201cel Todopoderoso\u201d, Eisenhower se dirigi\u00f3 a \u00c9l directamente: \u201cTodo funcionar\u00e1 para el bien de nuestro amado pa\u00eds y T\u00fa gloria. Amen\u201d (Lott 1994, 302). Aqu\u00ed la identificaci\u00f3n entre Dios y Norteam\u00e9rica es particularmente llamativa. Medio siglo m\u00e1s tarde, no ha cambiado mucho. Hemos visto como comienza Clinton el discurso inaugural de su mandato, pero vale la pena observar tambi\u00e9n como acaba. Despu\u00e9s de citar \u201cEscrituras\u201d el nuevo presidente acaba diciendo: \u201cDesde la cima de esta monta\u00f1a de celebraci\u00f3n o\u00edmos la llamada a prestar servicio en el valle. Hemos o\u00eddo las trompetas, hemos cambiado la guardia. Ahora de nuevo cada uno en lo suyo y con la ayuda de Dios, debe responder a la llamada. Gracias y Dios los bendiga\u201d (Lott 1994, 369). Nuevamente los EE UU son aclamados como la ciudad en la cima de la monta\u00f1a, la ciudad bendita de Dios. En su discurso luego de su reelecci\u00f3n, Clinton se sinti\u00f3 en la necesidad de agradecer a Dios por haberle hecho nacer norteamericano.<\/p>\n<p>Esta ideolog\u00eda, o teolog\u00eda misionera, ha sido siempre mal recibida en Europa. Es bien conocida la iron\u00eda de Clemenceau respecto a los Catorce Puntos de Wilson: \u00a1Dios mismo estaba satisfecho con s\u00f3lo diez mandamientos! En 1919, en una carta privada, John Maynard Keynes llama a Wilson \u201cel mayor impostor de la Tierra\u201d (en Skidelsky 1989, 444).<\/p>\n<p>Freud es a\u00fan m\u00e1s expl\u00edcito en relaci\u00f3n con la tendencia de Wilson a verse como investido con una misi\u00f3n divina: una \u201cinequ\u00edvoca insinceridad, ambig\u00fcedad, y una inclinaci\u00f3n a negar la verdad\u201d. El k\u00e1iser Guillermo II ya hab\u00eda reivindicado ser \u201cun hombre favorecido por la Divina Providencia\u201d (Freud 1995, 35-36). Pero en este caso Freud se equivoca, y corre el riesgo de confundir dos tradiciones ideol\u00f3gicas realmente distintas. Es cierto que el emperador alem\u00e1n tambi\u00e9n tend\u00eda a atribuir motivaciones religiosas a sus ambiciones expansionistas: frente a las tropas que parten a China, invoca la \u201cbendici\u00f3n de Dios\u201d para lo que ser\u00eda una brutal empresa para aplastar la rebeli\u00f3n de los Boxers y defender la \u201cCristiandad\u201d (R\u00f6hl 2001, 1157). Tambi\u00e9n es cierto que el emperador considera a los alemanes como \u201cel pueblo elegido de Dios\u201d (R\u00f6hl 1993, 412). Hitler tambi\u00e9n, reivindica haberse sentido llamado a realizar \u201cel trabajo del Se\u00f1or\u201d, y afirma su deseo de obedecer la voluntad del \u201cOmnipotente\u201d (Hitler 1939, 70, 439), ya que los alemanes son \u201cel pueblo de Dios\u201d (en Rauschning 1940, 227). El eslogan <i>Gott mit uns<\/i> (Dios con nosotros) es bien conocido.<\/p>\n<p>Sin embargo, no deber\u00eda exagerarse la importancia de esas declaraciones y motivaciones ideol\u00f3gicas. En Alemania (la patria de Marx y Nietszche) el proceso de secularizaci\u00f3n estaba muy avanzado. La invocaci\u00f3n de la \u201cbendici\u00f3n de Dios\u201d por\u00a0 Guillermo II\u00a0\u00a0 no es tomado en serio ni siquiera por los nacionalistas extremos. De acuerdo con uno de los m\u00e1s agudos entre ellos (Maximilian Harden), el retorno de \u201clos d\u00edas de las Cruzadas\u201d es rid\u00edculo, como lo es el grandioso intento de \u201cconvertir al\u00a0 mundo al Evangelio\u201d; \u201cestos visionarios y especuladores deambulan alrededor de Dios\u201d\u00a0 (R\u00f6hl 2001, 1157). Cierto, a\u00fan antes de su acceso al trono, el futuro emperador aclama a los alemanes como \u201cel pueblo de Dios\u201d, pero uno de los primeros en burlarse de \u00e9l es su propia madre, la hija de la reina Victoria, quien ante todo le interesaba reivindicar la preeminencia de Inglaterra\u00a0 (R\u00f6hl 1993, 412).<\/p>\n<p>En Europa los mitos geneal\u00f3gicos imperiales se neutralizan, hasta cierto punto,\u00a0 unos a otros; las familias reales estaban relacionadas entre ellas, y por lo tanto cada una de ellas se identificaba con ideales y mitos geneal\u00f3gicos imperiales que eran al mismo tiempo diferentes y contradictorios. Esos ideales y genealog\u00edas quedaron desacreditadas por la catastr\u00f3fica experiencia de las dos guerras mundiales. Y, a pesar de su derrota, el combate de una d\u00e9cada de los militantes comunistas contra el imperialismo y en nombre de la igualdad entre naciones, ha dejado su marca en la conciencia europea. El resultado es evidente: en Europa, cualquier misi\u00f3n imperial o elecci\u00f3n directa por Dios de una naci\u00f3n es inconcebible. No hay lugar para esta ideolog\u00eda imperial-religiosa, que en cambio juega un papel central en los EE UU.<\/p>\n<p>Respecto a Alemania, la transici\u00f3n hist\u00f3rica del Segundo al Tercer Reich est\u00e1 caracterizada\u00a0 por una oscilaci\u00f3n entre la nostalgia por un paganismo guerrero, centrado en el culto de Wotan, y al aspiraci\u00f3n de hacer del cristianismo una religi\u00f3n nacional llamada a legitimar la misi\u00f3n imperial del pueblo alem\u00e1n. Quienes impulsaron esta \u00faltima meta de modo m\u00e1s concienzudo fueron los Deutsche Christen o \u201cCristianos alemanes\u201d. No era un objetivo realista, dado que el proceso de secularizaci\u00f3n hab\u00eda progresado no s\u00f3lo en la sociedad alemana sino tambi\u00e9n en la misma teolog\u00eda protestante (acuden a mi mente los casos de Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer). Adem\u00e1s, desde el momento en que los dirigentes del Tercer Reich tend\u00edan a apoyar el paganismo, dif\u00edcilmente podr\u00eda esperarse que el objetivo cristiano reuniera muchos partidarios. La historia de los EE UU, por otra parte, est\u00e1 marcada por la tendencia a transformar la tradici\u00f3n judeo-cristiana en una especie de religi\u00f3n nacional que consagra el <i>excepcionalismo<\/i> del pueblo norteamericano y la misi\u00f3n sagrada que se le ha confiado. \u00bfNo es este entrelazamiento de religi\u00f3n y pol\u00edtica sin\u00f3nimo de fundamentalismo? No es casual que el t\u00e9rmino <i>fundamentalismo<\/i> es utilizado por primera vez en \u00e1mbitos del protestantismo norteamericano como un rasgo positivo del cual se sienten orgullosos.<\/p>\n<p>Las deficiencias de las opiniones de Freud y Keynes pueden ser ahora mejor comprendidos: por supuesto cualquier administraci\u00f3n norteamericana tendr\u00e1 sus hip\u00f3critas, sus intrigantes y sus c\u00ednicos; pero no hay motivos para dudar de la sinceridad de Wilson o, actualmente, de Bus Jr. No debe olvidarse el hecho de que los EE UU no son una verdadera sociedad\u00a0 secular: el 70 por ciento de los norteamericanos cree en el diablo, y m\u00e1s de un tercio de los adultos afirma que Dios habla con ellos directamente (Gray 1998, 126; Schlesinger Jr. 1997). Adem\u00e1s, \u00e9ste es un elemento de fortaleza, no de debilidad. La placentera convicci\u00f3n de que uno representa una causa sagrada y divina facilita no s\u00f3lo la constituci\u00f3n de un frente unido en tiempos de crisis sino tambi\u00e9n la represi\u00f3n o trivializaci\u00f3n de las p\u00e1ginas m\u00e1s oscuras de la historia estadounidense. Indudablemente, durante la Guerra Fr\u00eda Washington patrocin\u00f3 sangrientos golpes de estado en Am\u00e9rica Latina y coloc\u00f3 a brutales dictadores militares en el poder; en Indonesia, en 1965, promovi\u00f3 la masacre de cientos de miles de comunistas o sus simpatizantes. Sin embargo, a pesar de lo desagradables que puedan ser, esos detalles no deterioran la santidad de la causa personificada por el \u201cImperio del Bien\u201d.<\/p>\n<p>Weber se aproxima a la verdad cuando durante la Primera Guerra Mundial censura la \u201cmoralina\u201d norteamericana (Weber 1971, 144). \u201cMoralina\u201d no es una mentira, ni es hipocres\u00eda consciente: es la hipocres\u00eda de quienes son capaces de mentirse a s\u00ed mismos. Es similar a la falsa conciencia de la cual habla Engels. En Keynes y Freud vemos al mismo tiempo la fuerza y la debilidad de la Ilustraci\u00f3n. Mientras Europa era inmune a la ideolog\u00eda imperial-religiosa que entusiasmaba al otro lado del Atl\u00e1ntico, sin embargo era incapaz de comprender totalmente la mezcla de fervor religioso y moral, por una parte, y la clara y abierta persecuci\u00f3n del dominio pol\u00edtico, econ\u00f3mico y militar del mundo, por otra. Sin embargo es esta amalgama, o m\u00e1s bien en esta explosiva combinaci\u00f3n, este peculiar fundamentalismo, el que constituye actualmente la gran amenaza a la paz mundial. M\u00e1s que a una espec\u00edfica naci\u00f3n, el fundamentalismo isl\u00e1mico se refiere a una comunidad de personas quienes, no sin raz\u00f3n, afirman ser el objetivo de pol\u00edticas de agresi\u00f3n y ocupaci\u00f3n militar. El fundamentalismo norteamericano, en cambio, trasfigura e intoxica a un bien definido pa\u00eds que, designado y autorizado por Dios, considera al orden internacional actual y a las leyes humanitarias irrelevantes. Es dentro de este marco que deben ser situadas la deslegitimaci\u00f3n de la ONU, el desprecio a la Convenci\u00f3n de Ginebra, y las amenazas proferidas no s\u00f3lo contra enemigos sino tambi\u00e9n contra sus \u201caliados\u201d en la OTAN.<\/p>\n<p><b>Las campa\u00f1as contra la \u201cdrapetoman\u00eda\u201d y el anti-americanismo<\/b><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de combatir el \u201cmal\u201d y defender los valores cristianos y norteamericanos, la guerra contra Irak (sin hacer menci\u00f3n de otras guerras en el horizonte) pretende expandir la democracia por todo el mundo. \u00bfHasta donde es cre\u00edble este prop\u00f3sito? Retornemos por un momento al joven indochino que en 1924 denunciaba el linchamiento de negros. M\u00e1s tarde volvi\u00f3 a su pa\u00eds, y ah\u00ed adopt\u00f3 el nombre que ser\u00eda mundialmente conocido: Ho Chi Minh. \u00bfDurante los incesantes bombardeos norteamericanos, record\u00f3 tal vez el dirigente vietnamita los horrores perpetrados contra los negros por los defensores de la supremac\u00eda blanca? En otros t\u00e9rminos, \u00bfla emancipaci\u00f3n de los afro-americanos y su adquisici\u00f3n de los derechos civiles realmente se\u00f1alan un cambio, o son los EE UU todav\u00eda una \u201cHerrenvolk democracy\u201d, con la excepci\u00f3n de que ahora los excluidos no son m\u00e1s los que est\u00e1n dentro de la madre patria, sino fuera, como ha sido en el caso de la \u201cdemocracia\u201d europea?<\/p>\n<p>Podemos examinar la cuesti\u00f3n desde una perspectiva diferente, considerando la reflexi\u00f3n hecha por Kant: \u201c\u00bfQu\u00e9 es un monarca absoluto? Es aquel que cuando decide que debe haber guerra, esta se produce\u201d. Kant est\u00e1 se\u00f1alando no a los estados del Antiguo R\u00e9gimen sino a Inglaterra, con su siglo de desarrollo liberal a sus espaldas (Kant 1900, 90 nota). De acuerdo con la posici\u00f3n kantiana, el actual presidente de los EE UU deber\u00eda ser considerado un d\u00e9spota por dos motivos. Primero, debido al surgimiento en la \u00faltima d\u00e9cada de una \u201cpresidencia imperial\u201d que, cuando se embarca en acciones militares, frecuentemente las presenta al Congreso como <i>fait accompli<\/i> (hecho consumado). Pero estamos a\u00fan m\u00e1s interesados en el segundo aspecto: es la Casa Blanca la que soberanamente determina cuando las resoluciones de la ONU son vinculantes o no; es la Casa Blanca la que soberanamente decide que pa\u00edses son \u201cestados delincuentes\u201d y si es legal someterlos a embargos que causar\u00e1n el sufrimiento de toda una poblaci\u00f3n, o al fuego infernal de bombas de racimo o de uranio empobrecido, cuyos efectos infligir\u00e1n da\u00f1o y sufrimiento durante a\u00f1os despu\u00e9s de la finalizaci\u00f3n del conflicto. Soberanamente la Casa Blanca decide la ocupaci\u00f3n militar de esos pa\u00edses, por el tiempo que considera necesario, condenando a los dirigentes de esos pa\u00edses y sus \u201cc\u00f3mplices\u201d a prolongadas penas de prisi\u00f3n. Contra ellos, y contra los \u201cterroristas\u201d, incluso es legitimado el \u201casesinato selectivo\u201d, o m\u00e1s bien, un asesinato que es cualquier cosa menos selectivo, como el bombardeo de un restaurante porque se cre\u00eda que Saddam Hussein pod\u00eda estar ah\u00ed. Claramente, las garant\u00edas legales no se aplican a los \u201cb\u00e1rbaros\u201d. En realidad, una cuidadosa observaci\u00f3n de, por ejemplo, la Patriot Act, revela que quedan fuera de la protecci\u00f3n de ley incluso quienes, sin ser \u201cb\u00e1rbaros\u201d en el estricto sentido de la palabra, son sospechosos de participar en sus actividades.<\/p>\n<p>El origen de la expresi\u00f3n \u201cestados delincuentes\u201d es interesante. En Virginia, entre los siglos XVII y XVIII, cuando los semi-esclavos, es decir esclavos temporarios de piel blanca, intentaban huir y eran capturados, eran marcados con la letra R (por Rogue [delincuentes o canallas]): lo que los hac\u00eda inmediatamente reconocibles y les imped\u00eda escapar. M\u00e1s tarde el problema de identificaci\u00f3n fue resuelto sustituyendo los semi-esclavos por esclavos negros: el color de la piel hac\u00eda innecesario marcarlos: por lo que negro fue sin\u00f3nimo de ser un delincuente o canalla. Ahora, estados completos son marcados de este modo. La \u201cHerrenvolk democracy\u201d se resiste a desaparecer.<\/p>\n<p>Esta es una vieja historia. Lo nuevo es la creciente intolerancia que Washington tiene por sus \u201caliados\u201d. Tambi\u00e9n a ellos se les exige a seguir con humildad la voluntad de la naci\u00f3n elegida por Dios. Es ahora claramente comprensible la perplejidad y la reacci\u00f3n negativa provocada por el presidente norteamericano que se comporta como si fuera un soberano mundial, sin el control de ning\u00fan organismo internacional. Esta es la escandalosa enfermedad que los ide\u00f3logos de la guerra condenan como anti-americanismo. Si bien singular, la reacci\u00f3n no deja de tener precedentes hist\u00f3ricos. A mediados del siglo XIX el sistema esclavista estaba plenamente vigente en el Sur norteamericano. Sin embargo comenzaron a surgir dudas: crec\u00eda el n\u00famero de esclavos fugitivos. Esto no s\u00f3lo alarmaba a los ide\u00f3logos de la supremac\u00eda blanca, tambi\u00e9n les confund\u00eda. \u00bfPorqu\u00e9 una persona \u201cnormal\u201d huye de una sociedad tan bien ordenada y tan en sinton\u00eda con la jerarqu\u00eda natural? Deb\u00eda ser alg\u00fan tipo de plaga, un disturbio psicol\u00f3gico. \u00bfPero cu\u00e1l? En 1851 Samuel Cartwright, un cirujano y psic\u00f3logo de Luisiana, afirm\u00f3 haber encontrado finalmente una explicaci\u00f3n, que comparti\u00f3 con los lectores de una importante publicaci\u00f3n cient\u00edfica, el <i>New Orleans Medical and Surgical Journal<\/i>. Utiliz\u00f3 una palabra del griego antiguo <i>\u03b4\u03c1\u03b1\u03c0\u03b5\u03c4\u03b5\u03c3<\/i> (drapetes) que significaba esclavo fugitivo, Cartwright triunfalmente concluy\u00f3 que el trastorno psicol\u00f3gico, la enfermedad que causaba que los esclavos negros se fugaran, era la \u201cdrapetoman\u00eda\u201d (en Eakin 2000). La actual campa\u00f1a iniciada contra el anti-americanismo tiene mucho en com\u00fan con la realizada contra la drapetoman\u00eda hace m\u00e1s de un siglo y medio.<i> <\/i><\/p>\n<p>DOMENICO LOSURDO<\/p>\n<p><i>lstituto di Science Filosofiche e Pedagogiche<\/i><\/p>\n<p><i>ViD Bramante <\/i>16<\/p>\n<p><i>61029 Urbino (PU) <\/i>Italy<\/p>\n<p><i>d.losurdo@uniurb.it<\/i><\/p>\n<p><b>Bibliograf\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Berghe, Pierre L. van den. 1967. <i>Race and Racism: A Comparative Perspective. <\/i>New York, London, Sydney: Wiley.<\/p>\n<p>Caben, Richard. 2000. \u00abNo, Mr. Lieberman, America Isn&#8217;t Really God&#8217;s Country.\u00bb <i>lntemational Herald Trihune <\/i>(8 September): 7. (The article incorrectIy speaks of Lieberman, but this is corrected the next day, on p.6.)<\/p>\n<p>Commager, Henry S. (ed.). 1963. <i>Documents ol American History. <\/i>Seventh edition. 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Con nuevas guerras asomando en el horizonte, este supuesto antiamericanismo fue y contin\u00faa siendo considerado como algo m\u00e1s que una posici\u00f3n pol\u00edtica err\u00f3nea. Es considerado como una enfermedad, un s\u00edntoma de desajuste con la modernidad y de indiferencia a los fundamentos de la democracia. Esta enfermedad &#8211;se alega- incluye a los antiamericanos de la derecha y de la izquierda y se\u00f1ala una de las peores p\u00e1ginas de la historia europea. Por lo tanto, la conclusi\u00f3n que se extrae es que la cr\u00edtica a Washington y a la guerra preventiva representa una amenaza real. Ser\u00eda f\u00e1cil responder a esto se\u00f1alando al antieurope\u00edsmo, con una larga tradici\u00f3n detr\u00e1s de \u00e9l, que se instala en el otro lado del Atl\u00e1ntico. Es muy significativo que en este clima ideol\u00f3gico y pol\u00edtico nadie recuerde el terror ejercido por le Ku Klux Klan en nombre del &#8220;americanismo puro&#8221;, o del &#8220;americanismo cien por cien&#8221;, frente a los negros y los blancos acusados de desafiar la supremac\u00eda blanca (en MacLean 1994, 4-5, 14). As\u00ed mismo nadie parece recordar la caza de brujas de McCarthy contra los sostenedores de ideas o sentimientos no americanos.<\/p>\n<p>Consideremos entonces la cuesti\u00f3n principal. \u00bfExiste alg\u00fan fundamento hist\u00f3rico para la equiparaci\u00f3n entre antiamericanismo de izquierdas y de derechas? Evidentemente, el joven Marx declara que los Estados Unidos eran &#8220;el pa\u00eds de la completa emancipaci\u00f3n pol\u00edtica&#8221; y &#8220;el ejemplo m\u00e1s perfecto del estado moderno&#8221;, que aseguraba el dominio de la burgues\u00eda sin excluir a priori a ninguna clase social del disfrute de los derechos civiles (ver Losurdo 1993, 21-22). Ya puede verse en esto una cierta indulgencia: dif\u00edcilmente ausentes, en los Estados Unidos las discriminaciones de clase adoptaban una forma &#8220;racial&#8221;.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de Engels es a\u00fan m\u00e1s dr\u00e1sticamente pro-americana. Despu\u00e9s de establecer una distinci\u00f3n entre la &#8220;abolici\u00f3n del estado&#8221; desde la perspectiva comunista, feudal y burguesa, agrega: &#8220;En las naciones burguesas la abolici\u00f3n del estado significa la reducci\u00f3n del poder estatal al nivel del de Norteam\u00e9rica. Ah\u00ed, los conflictos de clase se desarrollan s\u00f3lo de forma incompleta; los enfrentamientos entre las clases est\u00e1n constantemente camufladas por la emigraci\u00f3n al Oeste de la superpoblaci\u00f3n proletaria. &quot;La intervenci\u00f3n del poder estatal, reducida al m\u00ednimo en el Este, no existe en el Oeste&#8221; (Marx y Engels 1955, 7: 288). M\u00e1s que un ejemplo de la abolici\u00f3n del estado (incluso en el sentido burgu\u00e9s), el Oeste aparece como el sin\u00f3nimo de un crecimiento del \u00e1mbito de la libertad: no hay ninguna referencia al sufrimiento de los indios americanos, as\u00ed como est\u00e1 silenciada la esclavitud de los negros. La posici\u00f3n es similar en Or\u00edgenes de la familia, la propiedad privada y el Estado: Estados Unidos es mencionado como el pa\u00eds donde, al menos durante determinados per\u00edodos de su historia y \u00e1reas geogr\u00e1ficas, el aparato pol\u00edtico y militar separado de la sociedad tiende a desaparecer (Marx y Engels 1955, 21: 166). El a\u00f1o es 1884: en ese momento la poblaci\u00f3n negra no s\u00f3lo est\u00e1 privada  de los derechos civiles adquiridos inmediatamente despu\u00e9s de la Guerra Civil, sino que est\u00e1 sometida a un sistema de apartheid y sujeta a una violencia que incluye las formas m\u00e1s crueles de linchamiento. En el Sur de los Estados Unidos el estado era probablemente d\u00e9bil; mucho m\u00e1s fuerte era el Ku Klux Klan, una expresi\u00f3n de la sociedad civil que, sin embargo, pod\u00eda ser el lugar de ejercicio de un poder brutal como ese. Justo un a\u00f1o antes de la publicaci\u00f3n del libro de Engels, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos declaraba inconstitucional una ley que prohib\u00eda la segregaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n de color en los centros de producci\u00f3n y en los servicios (como los ferrocarriles) administrados por compa\u00f1\u00edas privadas, con el argumento de que tales compa\u00f1\u00edas estaban exentas de cualquier interferencia gubernamental.<\/p>\n<p>Es importante observar, al nivel de pol\u00edtica internacional, que Engels parece hacerse eco de la ideolog\u00eda del destino manifiesto tal como sugiere su celebraci\u00f3n de la guerra librada contra M\u00e9xico: gracias al &#8220;coraje de los voluntarios americanos&#8221;, &#8220;la hermosa California fue arrebatada a los indolentes mexicanos que no sab\u00edan que hacer con ella&#8221;. Aprovechando la ventaja que le otorgaban estas enormes conquistas &#8220;los din\u00e1micos Yankees&#8221; hab\u00edan insuflado nueva vida a la producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de riqueza, al &#8220;comercio mundial&#8221;, y a la difusi\u00f3n de la &#8220;civilizaci\u00f3n&#8221; (Zivilisation) (Marx y Engels 1955, 6: 273 &#8211; 275). Engels pasa por alto un hecho destacado en esa misma \u00e9poca por los abolicionistas norteamericanos: la expansi\u00f3n de los Estados Unidos significaba la expansi\u00f3n de la esclavitud.<\/p>\n<p>En la historia del movimiento comunista es bien conocida la influencia del taylorismo y el fordismo en Lenin y Gramsci. En 1923 Nikolai Bujarin llega a\u00fan m\u00e1s lejos al afirmar que: &#8220;Necesitamos el marxismo m\u00e1s el americanismo&#8221; (en Figes 2003, 24). Un a\u00f1o despu\u00e9s, Stalin parece considerar al mismo pa\u00eds que particip\u00f3 en la intervenci\u00f3n contra la Rusia sovi\u00e9tica con tanta admiraci\u00f3n que advierte a los cuadros del partido que si realmente aspiran  a realizar los &#8220;principios del leninismo&#8221; deber\u00e1n asimilar &#8220;el pragm\u00e1tico esp\u00edritu americano&#8221;. Aqu\u00ed, &#8220;Americanismo&#8221; y &#8220;pragm\u00e1tico esp\u00edritu americano&#8221; significan no s\u00f3lo esp\u00edritu positivo sino tambi\u00e9n rechazo a los prejuicios, lo que ellos consideran en definitiva democracia. Como Stalin explica en 1932, Estados Unidos es ciertamente un pa\u00eds capitalista; sin embargo, &#8220;las tradiciones industriales y la pr\u00e1ctica productiva tienen algo de democr\u00e1tico en s\u00ed, lo que no puede decirse de las viejas naciones capitalistas en Europa, donde el esp\u00edritu de la aristocracia feudal pervive&#8221; (ver Losurdo 1997, 81-86).  <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[31],"tags":[],"class_list":["post-126","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-eeuu"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/126","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=126"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/126\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=126"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=126"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=126"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}