{"id":12627,"date":"2022-10-25T05:00:07","date_gmt":"2022-10-25T04:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12627"},"modified":"2023-02-04T04:50:48","modified_gmt":"2023-02-04T03:50:48","slug":"albert-einstein-y-el-compromiso-civico-del-cientifico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12627","title":{"rendered":"Albert Einstein y el compromiso c\u00edvico del cient\u00edfico"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Conferencia impartida el 28 de junio de 2006 en el Acto de Clausura de Curso de la Academia Malague\u00f1a de Ciencias. Publicada en el <\/em>Bolet\u00edn de la Academia Malague\u00f1a de Ciencias<em>, vol. VIII, 2006, pp. 61-67<\/em><\/p>\n<p><em>El autor hab\u00eda publicado en 2005, en Retratos de El Viejo Topo, <\/em>Albert Einstein. Ciencia y conciencia[1]<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 1: Einstein sobre el socialismo (2005).<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 2: Para la presentaci\u00f3n del <\/em>Einstein <em>en M\u00e1laga (2005)<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 3: Pr\u00f3logo de <\/em>Albert Einstein. Ciencia y conciencia<em> (2005).<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 4: Para <\/em>En lucha<em>. Albert Einstein, ciencia con conciencia (2005).<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 5: Albert Einstein sobre hechos y valores (escrito no fechado)<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 6: \u00bfHay que dejar la ciencia en manos de los cient\u00edficos? (2007)<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 7: Vivir sin Dios. Una conversaci\u00f3n con el Lama Jinpa Gyamtso y el profesor Francisco Fern\u00e1ndez Buey (2008).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. Albert Einstein (1879-1955) dej\u00f3 una profunda huella en el pensamiento del siglo pasado y esta huella es a\u00fan perceptible en el pensamiento actual. Se comprende que en 1999 hubiera, como hubo, un acuerdo tan amplio, entre cient\u00edficos y pensadores, literatos y publicistas, al considerar a Einstein como el personaje m\u00e1s influyente de un siglo, el siglo XX, que, por otra parte, conoci\u00f3 tantas manifestaciones b\u00e1rbaras que \u00e9l denunci\u00f3. Pues si ha habido un pensador del siglo XX cuya obra invita a establecer un di\u00e1logo fruct\u00edfero entre la cultura cient\u00edfica y la cultura human\u00edstica ese pensador fue precisamente Einstein.<\/p>\n<p>La obra de Einstein ha fascinado a f\u00edsicos, fil\u00f3sofos de la ciencia, dramaturgos, poetas, narradores, pedagogos y moralistas del todo el mundo, y durante d\u00e9cadas. Esta fascinaci\u00f3n se debe no s\u00f3lo a sus intuiciones en el \u00e1mbito de la f\u00edsica te\u00f3rica, a su reflexi\u00f3n sobre el proceder de la ciencia y a su aportaci\u00f3n a la comunicaci\u00f3n de descubrimientos cient\u00edficos esenciales, sino tambi\u00e9n a sus ideas sobre la relaci\u00f3n entre ciencia y religi\u00f3n, a sus opiniones sobre la paz y la guerra, a sus propuestas sobre la educaci\u00f3n de los adolescentes y hasta a su forma de estar en un mundo que le admir\u00f3 pero en el que, por lo general, \u00e9l se sent\u00eda solo y extra\u00f1o.<\/p>\n<p>La fascinaci\u00f3n por las teor\u00edas, las ideas y las opiniones de Einstein, tanto en el \u00e1mbito propiamente cient\u00edfico como en lo tocante a los asuntos p\u00fablicos m\u00e1s controvertidos, es algo que se puede observar en personajes muy distintos del siglo XX que fueron contempor\u00e1neos suyos.<\/p>\n<p>Y lo que es m\u00e1s notable: se puede observar en personajes y personas que, por formaci\u00f3n y convicciones, estuvieron muy alejadas entre s\u00ed en el espectro ideol\u00f3gico del siglo. Brecht y Popper, Max Brod y Moritz Schlick, Lawrence Durrell (en <em>El cuarteto de Alejandr\u00eda<\/em>) y Arthur Eddington, Friedrich Durrenmatt (en <em>Los f\u00edsicos<\/em>) y Bertrand Russell, Romain Rolland y Cassirer, Freud y la reina Elisabeth de B\u00e9lgica, pasando por Born, Bohr, Heisenberg, Infeld, Fok, Piotr Kapitsa, Hans Reichenbach, G\u00f6del, Ortega y Gasset, Otto Juliusburger, Paul Feyerabend, Jacques Hadamard o Mario Bunge, han dejado testimonio de la atracci\u00f3n que sintieron por tal o cual aspecto de la obra de Einstein.<\/p>\n<p>La lista anterior podr\u00eda ser m\u00e1s larga[2], desde luego, pero la que propongo aqu\u00ed resultar\u00e1 lo suficientemente ilustrativa para cualquier persona culta que tenga noticia de las diferencias ideol\u00f3gicas existentes entre los autores mencionados. Para precisar un poco m\u00e1s lo que estoy sugiriendo se podr\u00eda que a\u00f1adir que esto que digo no significa que todos los mentados hayan compartido necesariamente las ideas y opiniones de Einstein; significa s\u00f3lo (y ya es mucho) que todos ellos experimentaron la necesidad de medirse con su pensamiento.<\/p>\n<p>Dialogando con Einstein aprende, desde luego, el f\u00edsico y el ingeniero. Pero aprenden tambi\u00e9n el fil\u00f3sofo y el dramaturgo, el poeta y el narrador. Tal vez tambi\u00e9n el estadista, si quisiera aprender. Con raz\u00f3n y conciencia de lo que el hombre hab\u00eda representado, Russell escribi\u00f3 sobre \u00e9l: \u00abEinstein no s\u00f3lo era el cient\u00edfico m\u00e1s grande de su generaci\u00f3n sino tambi\u00e9n un hombre sabio, cosa bastante diferente. Si los estadistas le hubiesen escuchado, el curso de los acontecimientos humanos habr\u00eda sido menos desastroso\u00bb.<\/p>\n<p>Entre 1905 y 1917 Einstein elabor\u00f3 la teor\u00eda de la relatividad especial y general, uno de los logros m\u00e1s altos del pensamiento cient\u00edfico del siglo XX. La teor\u00eda de la relatividad cambi\u00f3 la concepci\u00f3n que los humanos ten\u00edan del universo. Muchas de las cosas que hoy se ense\u00f1an en institutos y universidades sobre el cosmos, sobre la relaci\u00f3n entre materia y energ\u00eda, sobre el movimiento de las part\u00edculas elementales y sobre las leyes generales que rigen la astrof\u00edsica son herencia de las intuiciones seminales de Einstein.<\/p>\n<p>Lo que \u00e9l nos leg\u00f3, en el \u00e1mbito de la f\u00edsica, de la cosmolog\u00eda y de la filosof\u00eda de la naturaleza, s\u00f3lo es comparable a lo que aportaron Cop\u00e9rnico, Galileo y Newton, los grandes de la \u00e9poca heroica de la ciencia. La ecuaci\u00f3n einsteniana que relaciona la energ\u00eda con la masa y la velocidad de la luz se puede comparar al c\u00e9lebre binomio de Newton, del que el poeta Pessoa dej\u00f3 dicho que fue una de las creaciones m\u00e1s hermosas de la inteligencia humana. Al decir eso Pessoa a\u00f1ad\u00eda: \u00ab\u00a1L\u00e1stima que tan pocos puedan entenderlo!\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Einstein tambi\u00e9n hizo mucho para que pudiera aumentar el n\u00famero de las personas capacitadas para entender las principales teor\u00edas de la f\u00edsica: las suyas y las de los que le precedieron. Hay en su obra al menos dos piezas excelentes de lo que luego se llamar\u00eda comunicaci\u00f3n cient\u00edfica. En 1917 public\u00f3 una exposici\u00f3n de la teor\u00eda de la relatividad (especial y general) que prescind\u00eda en lo esencial del aparato matem\u00e1tico; una exposici\u00f3n que estaba pensada para un p\u00fablico con estudios secundarios y con intereses cient\u00edficos o filos\u00f3ficos, aunque, eso s\u00ed, dispuesto a tener mucha paciencia a la hora de leer, imaginar y seguir la ilaci\u00f3n deductiva[3]. Dice entonces sacrificar, en aras de la comunicaci\u00f3n, la elegancia a la claridad, y cita expresamente una frase del te\u00f3rico Ludwig Boltzmann (1844-1906), cuya obra \u00e9l mismo hab\u00eda estudiado a\u00f1os antes: \u00abLa elegancia es cosa de sastres y zapateros\u00bb.<\/p>\n<p>En 1938, Einstein escribi\u00f3 <em>The evolution of physic<\/em>[4] y en aquellas p\u00e1ginas lograba, con la ayuda de Infeld, un equilibrio expositivo realmente memorable, tan memorable como el rigor l\u00f3gico-deductivo con que est\u00e1 escrito el libro. Eso es algo que s\u00f3lo se consigue cuando el cient\u00edfico se toma en serio la reflexi\u00f3n metodol\u00f3gica sobre el proceder de su ciencia y la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica sobre las consecuencias m\u00e1s generales de las conjeturas e hip\u00f3tesis que propone.<\/p>\n<p>Einstein fue muy consciente de esto. Por una parte, escribi\u00f3: \u00abEn tiempos como el presente, cuando la experiencia nos impulsa a buscar una nueva y m\u00e1s s\u00f3lida fundamentaci\u00f3n, el f\u00edsico no puede entregar simplemente al fil\u00f3sofo la contemplaci\u00f3n critica de los fundamentos te\u00f3ricos, porque nadie mejor que \u00e9l puede explicar con acierto d\u00f3nde le aprieta el zapato\u00bb. Y, por otra, llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la importancia de atender a las pr\u00e1cticas: \u00abSi se quiere averiguar algo acerca de los m\u00e9todos que usan los f\u00edsicos te\u00f3ricos hay que atenerse al principio siguiente: no hacer caso de sus palabras, sino fijar la atenci\u00f3n en sus actos\u00bb.<\/p>\n<p>A veces se ha querido ver en esas afirmaciones lecciones contradictorias. Pero no necesariamente lo son. A poco que se piense en lo que Einstein dice, y en los contextos en que lo dice, se llega a la conclusi\u00f3n de que el llamamiento a que el f\u00edsico filosofe sobre c\u00f3mo procede al hacer ciencia y el toque de atenci\u00f3n sobre la necesidad de no quedarse en sus palabras y atender a sus actos, a sus pr\u00e1cticas, si queremos averiguar algo sobre sus m\u00e9todos, son complementarias.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n del mundo y la concepci\u00f3n de las leyes de la naturaleza que ten\u00eda Einstein no encajan bien en ninguna de las grandes corrientes filos\u00f3ficas del siglo XX. En distintos momentos de su vida, critic\u00f3 los excesos del positivismo, del empirismo l\u00f3gico, de los idealismos (kantiano y hegeliano), de los marxismos y de los irracionalismos en ascenso.<\/p>\n<p>No tuvo una filosof\u00eda sistem\u00e1tica ni aspiraba a tenerla; pero su filosofar (su reflexi\u00f3n sobre la naturaleza, sobre las leyes que los hombres inventamos para entender lo que la naturaleza es y sobre el proceder cient\u00edfico) influy\u00f3 mucho en la evoluci\u00f3n de la mayor\u00eda de los representantes de las corrientes filos\u00f3ficas del siglo XX.<\/p>\n<p>Sin Einstein no se puede entender la evoluci\u00f3n del C\u00edrculo de Viena y del C\u00edrculo de Berl\u00edn; sin Einstein no se puede entender la evoluci\u00f3n de Russell y de Popper. Einstein est\u00e1 presente en la obra de Cassirer y en la obra de Feyerabend[5], en la obra de la mayor\u00eda de los cient\u00edficos que filosofan, como Kapitsa, y en los historiadores que saben de f\u00edsica, como Holton.<\/p>\n<p>Einstein se enfrent\u00f3 a los misterios del universo con la modestia de talante y la ambici\u00f3n de miras de los hombres grandes. Siempre pens\u00f3 que, como aquellos otros grandes pensadores de la historia de la humanidad, \u00e9l era s\u00f3lo un continuador de la obra de los cient\u00edficos que le precedieron: alguien que caminaba a hombros de gigantes.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, en las controversias te\u00f3ricas de la primera mitad del siglo XX sobre el comportamiento de los cuantos, sobre determinismo y probabilidad estad\u00edstica, aquel hombre que se presentaba a s\u00ed mismo como alguien que camina a hombros de gigantes parec\u00eda estar en di\u00e1logo permanente con una divinidad imaginada, como si \u00e9l mismo hubiera sido testigo de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este di\u00e1logo sobre las leyes de la naturaleza con una divinidad imaginada fue una constante fue llamativa en la exposici\u00f3n de sus ideas cient\u00edficas, algo que sorprendi\u00f3 a la mayor\u00eda de sus colegas y contempor\u00e1neos. Lo encontramos ya cuando estaba elaborando la teor\u00eda de la relatividad: a prop\u00f3sito de la idea de que la masa es una medida directa de la energ\u00eda que contiene un cuerpo y la equivalencia, por tanto de masa y energ\u00eda, Einstein escrib\u00eda: \u00abLa idea me atrae y me divierte, pero no puedo saber si el Se\u00f1or me est\u00e1 tomando el pelo y divirti\u00e9ndose\u00bb.<\/p>\n<p>Volvemos a encontrarlo en su cr\u00edtica a la idea del \u00abarrastre de \u00e9ter\u00bb (Michelson): \u00abEl Se\u00f1or[6] es sutil pero no artero [&#8230;] La naturaleza esconde su secreto porque es sublime, no por astucia\u00bb. Y en sus discusiones sobre mec\u00e1nica cu\u00e1ntica: \u00abLa mec\u00e1nica cu\u00e1ntica es muy impresionante. Pero una vez interior me dice que no es todav\u00eda la verdad. La teor\u00eda da mucho, pero dif\u00edcilmente nos acerca m\u00e1s al secreto del Viejo. En todo caso, estoy convencido de que \u00c9l no juega a los dados\u00bb. Incluso cuando argumenta a favor de la propia teor\u00eda de campos: \u00abLos molinos del Buen Dios se ponen por fin a moler [&#8230;] Pero no s\u00e9 si el bello castillo en el aire tiene algo que ver con la obra del Creador. \u00bfVas a preguntarme: \u00bfte ha cuchicheado Dios todo eso a la oreja?\u00bb (en carta a Besso).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n de esto han dejado testimonio, entre la atracci\u00f3n y la sorpresa, varios de sus colegas contempor\u00e1neos. Es como si se hubiera fundido en una sola persona la humildad del cient\u00edfico que sabe de qu\u00e9 est\u00e1 hablando (y huye de la ret\u00f3rica) con la conciencia de las limitaciones del conocimiento humano y con el sutil recurso, entre serio y humor\u00edstico, al di\u00e1logo con una divinidad a la que considera propicia.<\/p>\n<p>II. Humildad, conciencia, sentido del humor, di\u00e1logo ir\u00f3nico con la divinidad del cient\u00edfico esc\u00e9ptico (\u00absoy un no-creyente profundamente religioso\u00bb): tal podr\u00eda ser el fundamento de la responsabilidad moral, c\u00edvica, del cient\u00edfico en la \u00e9poca en que el ser humano, como dec\u00eda Max Weber, ha probado ya al menos por dos veces el fruto del \u00e1rbol de la ciencia[7].<\/p>\n<p>Einstein estaba convencido de que el choque hist\u00f3rico entre ciencia y religi\u00f3n[8], aquel choque que desde el siglo XVII hab\u00eda llevado a las iglesias a desautorizar a Cop\u00e9rnico, a Galileo, a Darwin y a tantos otros, fue un error.<\/p>\n<p>Un error debido, en su opini\u00f3n, a la confusi\u00f3n de campos, a la invasi\u00f3n por parte de las religiones institucionales de un \u00e1mbito que no era propiamente el suyo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de medir, calcular e imaginar las leyes que dan cuenta de lo que acostumbramos a llamar realidad, Einstein apreciaba ese otro tipo de conocimiento, sapiencial, que hay en los textos fundacionales de las grandes religiones; y, sin ser creyente, consideraba que las motivaciones \u00faltimas del cient\u00edfico no son distintas de las que inspiraron a quienes escribieron aquellos textos fundacionales de las religiones. Ironizaba sobre la fe del carbonero, pero dec\u00eda de s\u00ed mismo que era religioso en el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico de la palabra \u00abreligaci\u00f3n\u00bb, en el sentido spinoziano. Ve\u00eda la relaci\u00f3n entre la divinidad y el universo con los mismos ojos con que la vio Spinoza, el fil\u00f3sofo jud\u00edo expulsado de la sinagoga.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo es importante no s\u00f3lo para entender la obra de Einstein en su conjunto sino tambi\u00e9n para explicar su concepto de la responsabilidad c\u00edvica del cient\u00edfico. Pues la conciencia de ser jud\u00edo fue precisamente el impulso primero, en su caso, para la fundamentaci\u00f3n de esa responsabilidad.<\/p>\n<p>Einstein ha dicho, con cierta contundencia, que descubri\u00f3 por primera vez que era jud\u00edo al regresar a Alemania, desde Suiza, en 1914; y que lo descubri\u00f3, como suele ocurrir en tantos casos, por la presi\u00f3n y las imposiciones de los otros.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os veinte hizo todo lo que estaba en sus manos por ayudar a la causa de los jud\u00edos en los comit\u00e9s internacionales de los que form\u00f3 parte, viajando a los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica y a Inglaterra para apoyar a uno de los principales representantes del pueblo jud\u00edo, Chiam Weizmann, que con el tiempo ser\u00eda el primer presidente del estado de Israel.<\/p>\n<p>En 1929 Einstein se declaraba firme defensor de la idea sionista y consideraba que el objetivo de establecer un centro jud\u00edo en Palestina era digno de todos los esfuerzos. Pero cuando ten\u00eda que hablar entre los suyos, con los que \u00e9l llamaba en ocasiones la tribu, Einstein hac\u00eda siempre un esfuerzo por limpiar la causa sionista de \u00ablos sedimentos del nacionalismo\u00bb. Pon\u00eda el acento en que la suya no fue nunca una comunidad pol\u00edtica, en que el objetivo del sionismo no es pol\u00edtico sino social y cultural, en la voluntad de no ser considerados ciudadanos diferenciados de los del pa\u00eds en que habitan, en que la emancipaci\u00f3n y la autodeterminaci\u00f3n no tienen que negar los derechos de ciudadan\u00eda y, desde luego, en el entendimiento con los \u00e1rabes en la cuesti\u00f3n de Palestina: \u00abLa nuestra jam\u00e1s ha sido una comunidad pol\u00edtica y jam\u00e1s deber\u00e1 serlo. Esto constituye la \u00fanica y continuada fuente de donde se pueden extraer nuevas energ\u00edas y el \u00fanico \u00e1mbito dentro del cual se puede justificar la existencia de nuestra comunidad\u00bb.<\/p>\n<p>Einstein ha considerado el juda\u00edsmo como una tradici\u00f3n cuyos ideales habr\u00edan sido la b\u00fasqueda del saber, el amor a la justicia, la solidaridad y la independencia personal; ha pensado que estos ideales crearon un tipo de individuo que, en sus manifestaciones extremas, se caracteriza por la inestabilidad moral.<\/p>\n<p>Cuando le preguntaron, en 1934, si exist\u00eda una concepci\u00f3n del mundo jud\u00eda contest\u00f3 que, desde un punto de vista filos\u00f3fico, no se puede hablar de tal cosa. Y que el juda\u00edsmo tampoco es un credo. Ni siquiera admit\u00eda que se pudiera hablar del juda\u00edsmo como una religi\u00f3n, al menos en el sentido corriente de la palabra, que vincula la religi\u00f3n a la transcendencia. Lo que Einstein ve\u00eda en el juda\u00edsmo era alegr\u00eda y asombro desbordantes ante la belleza y la grandeza de este mundo, as\u00ed como una particular percepci\u00f3n del car\u00e1cter sagrado de la vida que, en cierta ocasi\u00f3n, ejemplific\u00f3 con un dicho atribuido a Walther Rathenau: \u00abSi un jud\u00edo dice que va a cazar para divertirse, est\u00e1 mintiendo\u00bb.<\/p>\n<p>En 1938, en un art\u00edculo solicitado por una revista neoyorquina, Einstein ampliaba esta noci\u00f3n del juda\u00edsmo como tradici\u00f3n subrayando que, m\u00e1s all\u00e1 de la fe religiosa, lo que ha unido al colectivo de los jud\u00edos a lo largo de la historia ha sido el ideal de la justicia social conjugado con el ideal de ayuda mutua y tolerancia entre los hombres. La preocupaci\u00f3n por la justicia social estar\u00eda ya en la introducci\u00f3n de un d\u00eda semanal de descanso, algo que la humanidad tiene que considerar como una aut\u00e9ntica bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta preocupaci\u00f3n por lo social habr\u00eda sido, en opini\u00f3n de Einstein, el hilo de uni\u00f3n entre Mois\u00e9s, Spinoza y Marx. La tradici\u00f3n jud\u00eda estar\u00eda sostenida por el aprecio al quehacer intelectual, a la b\u00fasqueda, a la investigaci\u00f3n, y por un fuerte esp\u00edritu cr\u00edtico que se opone a la ciega obediencia a cualquier autoridad terrenal.<\/p>\n<p>Como es comprensible, aquel sentimiento de pertenencia a la tribu o de enraizamiento se le acentu\u00f3 a Einstein con el triunfo del nacional-socialismo en Alemania y con el conocimiento de las primeras agresiones a los jud\u00edos que le siguieron. Pero incluso en esta fase de acentuaci\u00f3n del sentimiento de pertenencia mantuvo en lo esencial sus ideas sobre el juda\u00edsmo como tradici\u00f3n. Cuando en 1937-1938 empezaron a intensificarse en Palestina las hostilidades entre los colonos jud\u00edos y parte de la poblaci\u00f3n \u00e1rabe, durante un discurso que pronunci\u00f3 en la ciudad de Nueva York, en el que denunciaba el antisemitismo, Einstein reiter\u00f3 su convicci\u00f3n de que la comunidad jud\u00eda ten\u00eda que llegar a un acuerdo razonable y pac\u00edfico con los \u00e1rabes y expresaba su opini\u00f3n (aclarando que estaba hablando, en ese momento, a t\u00edtulo personal) de que este acuerdo ser\u00eda preferible a la creaci\u00f3n de un estado jud\u00edo con fronteras, ej\u00e9rcito y poder pol\u00edtico. Es m\u00e1s: en aquel discurso adelantaba ya Einstein su temor ante el peligro de que, a partir de aquella situaci\u00f3n, y por reaccionar en t\u00e9rminos precisamente de estado-naci\u00f3n, acabara desarroll\u00e1ndose un nacionalismo estrecho en las propias filas del juda\u00edsmo: \u00abYa no somos los jud\u00edos de los tiempos de los macabeos. Volver a ser una naci\u00f3n en el sentido pol\u00edtico de la palabra equivaldr\u00eda a desviarnos de la espiritualizaci\u00f3n de nuestra comunidad, de aquel legado del genio de nuestros profetas\u00bb.<\/p>\n<p>Mantuvo esta misma posici\u00f3n equilibrada hasta el final de su vida. En 1946 Einstein segu\u00eda protestando cuando se calificaba al movimiento sionista de \u00abnacionalista\u00bb. Justificaba el camino recorrido en su tiempo por Theodor Herzl, desde el cosmopolitismo al sionismo, por razones estrictamente defensivas: porque desde el affaire Dreyfus hasta la cat\u00e1strofe en la Alemania nazi, y a pesar de la progresiva integraci\u00f3n de los jud\u00edos en los diferentes pa\u00edses europeos, se les persigui\u00f3 y asesin\u00f3 no en tanto que alemanes, franceses o ingleses sino precisamente por ser jud\u00edos. Muchos, como \u00e9l mismo, habr\u00edan descubierto o redescubierto sus ra\u00edces a trav\u00e9s de la persecuci\u00f3n. En esa pol\u00e9mica volv\u00eda repetir que el sionismo no habr\u00eda sido, por tanto, un nacionalismo en sentido propio sino un movimiento de resistencia, un movimiento para la supervivencia.<\/p>\n<p>Cuando, al acabar la segunda guerra mundial, la opini\u00f3n p\u00fablica conoci\u00f3 en detalle el sufrimiento de los jud\u00edos en los campos de exterminio, Einstein volvi\u00f3 a denunciar los cr\u00edmenes del r\u00e9gimen nazi. En octubre de 1947 intervino en Nueva York en un acto conmemorativo de la resistencia de los jud\u00edos del gueto de Varsovia. All\u00ed dijo estas palabras, no exentas de melancol\u00eda: \u00abLa solemne reuni\u00f3n de hoy tiene un profundo significado. Pocos a\u00f1os nos separan del m\u00e1s horrible crimen de masas que la historia moderna tiene que relatar; un crimen cometido no por una masa de fan\u00e1ticos, sino por un fr\u00edo c\u00e1lculo del gobierno de una naci\u00f3n poderosa. El destino de las v\u00edctimas que han sobrevivido de la persecuci\u00f3n alemana es el testimonio del grado en que se ha debilitado la conciencia moral de la humanidad\u00bb.<\/p>\n<p>Incluso conociendo, como conoc\u00eda, la dimensi\u00f3n de la ofensa y el horror sufrido por su pueblo, Einstein sigui\u00f3 conservando la distancia cr\u00edtica respecto de las actuaciones del estado de Israel cuando consider\u00f3 que \u00e9stas chocaban con lo que dictaba su conciencia.<\/p>\n<p>En una situaci\u00f3n del todo excepcional, cuando, en noviembre de 1952, despu\u00e9s de la muerte de Weizmann, el primer presidente del estado de Israel, Ben Gurion le hizo una oferta para que fuera \u00e9l quien le sucediera en el cargo, rechaz\u00f3 la propuesta. Adujo entonces dos motivos. Primero contest\u00f3 en tono oficial agradeciendo el honor que se le hac\u00eda y reiterando que la relaci\u00f3n con el pueblo jud\u00edo hab\u00eda sido siempre su lazo humano m\u00e1s fuerte, pero comunicando que, precisamente por su formaci\u00f3n como cient\u00edfico, no se cre\u00eda con experiencia ni aptitudes para desempe\u00f1ar funciones p\u00fablicas de ese rango. Pero a continuaci\u00f3n declar\u00f3 a un peri\u00f3dico jud\u00edo que en su decisi\u00f3n, al rechazar el ofrecimiento, hab\u00eda contado tambi\u00e9n otra reflexi\u00f3n, a saber: la eventualidad de que el gobierno o el parlamento del estado de Israel pudieran tomar decisiones que fueran contra su propia conciencia. Como en otros muchos casos, Einstein antepon\u00eda en \u00e9ste la conciencia individual a la raz\u00f3n de estado o a la utilizaci\u00f3n de su imagen p\u00fablica incluso en favor de una causa que compart\u00eda, con la consideraci\u00f3n ahora de que \u00abel que uno no pueda influir realmente en el curso de los acontecimientos no le exime de responsabilidad moral\u00bb.<\/p>\n<p>Ya casi al final de su vida, en enero de 1955, Einstein reiteraba que el aspecto m\u00e1s importante de la pol\u00edtica jud\u00eda, aquel que deb\u00eda estar siempre presente, era el deseo de instaurar una completa igualdad para los ciudadanos \u00e1rabes con los que hab\u00eda que convivir.<\/p>\n<p>III. Tal vez lo que m\u00e1s impresiona de Einstein a estas alturas del siglo XXI es que, habiendo sido sobre todo un f\u00edsico y un matem\u00e1tico generalmente absorbido por los problemas te\u00f3ricos de la ciencia, de lo que en la \u00e9poca se llamaba la ciencia \u00abpura\u00bb, nos haya legado tantas ideas sugestivas y tantas opiniones l\u00facidas sobre el mundo \u00abimpuro\u00bb de aqu\u00ed abajo.<\/p>\n<p>Pues adem\u00e1s de f\u00edsico innovador e imaginativo, Einstein fue un humanista; y desde 1914, cuando todav\u00eda no era la leyenda que llegar\u00eda a ser, intervino frecuentemente, para decir lo que pensaba, sobre la mayor\u00eda de los problemas sociales y controversias pol\u00edticas que agobiaban a los contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Aunque en ocasiones lo niegue, Einstein no ten\u00eda un alto concepto de la especie de la que formaba parte. Varias veces a lo largo de su vida, y no s\u00f3lo en los per\u00edodos b\u00e9licos, describi\u00f3 a la especie humana como \u00abmanicomial\u00bb. Frecuentemente emple\u00f3 la palabra \u00ablocura\u00bb para referirse a los comportamientos colectivos de los humanos, sobre todo de sus dirigentes pol\u00edticos, de la autoridad, de los que mandan, de los que ven el mundo desde arriba.<\/p>\n<p>Combin\u00f3 el esp\u00edritu cr\u00edtico con un acentuado sentido del humor, en ocasiones negro. Critic\u00f3 con dureza el patriotismo prusiano y el antisemitismo, las instituciones militares y la burocracia administrativa, la barbarie que trajo al mundo el nacional-socialismo, la represi\u00f3n despiadada ejercida por el estalinismo y la reaparici\u00f3n del \u00abpoder desnudo\u00bb que represent\u00f3 el macartismo. Denunci\u00f3 la militarizaci\u00f3n y la mercantilizaci\u00f3n de la ciencia, las armas at\u00f3micas y el horror de la guerra en todas sus fases.<\/p>\n<p>A veces se ha dicho que en los asuntos humanos, en lo tocante a los problemas sociales y pol\u00edticos, Einstein era un ingenuo inveterado que se dej\u00f3 arrastrar por \u00ablas malas compa\u00f1\u00edas\u00bb. No es as\u00ed. Si su obra cient\u00edfica estuvo siempre inspirada por el realismo y por lo que se podr\u00eda llamar un racionalismo atemperado[9], su filosofar sobre los asuntos p\u00fablicos est\u00e1 recorrida por un idealismo moral que casi siempre acaba ali\u00e1ndose con la iron\u00eda. \u00c9l sab\u00eda que ser idealista cuando uno cree vivir en Babia no tiene m\u00e9rito, pero que lo tiene, y grande, seguir si\u00e9ndolo cuando se ha conocido el hedor del mundo en que se vive.<\/p>\n<p>Einstein no fue s\u00f3lo cr\u00edtico de ese mundo al que, desde la primera guerra mundial, sol\u00eda comparar como un manicomio. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 en forma positiva sobre lo que podr\u00eda ser un mundo mejor.<\/p>\n<p>Fue pacifista y supo matizar su pacifismo radical a tenor de las circunstancias que le toc\u00f3 vivir. Defendi\u00f3 la objeci\u00f3n de conciencia y la desobediencia civil frente al militarismo y el autoritarismo, pero supo decir que eso no bastaba para hacer frente a la barbarie nazi. Defendi\u00f3 el valor de la democracia ante las distintas tiran\u00edas de su \u00e9poca, pero supo decir, antes y despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, que no todo lo que navega con el nombre de democracia en nuestro mundo merece llamarse as\u00ed.<\/p>\n<p>Apoy\u00f3 al socialismo en Alemania al acabar la primera guerra mundial, cuando era todav\u00eda joven, y volvi\u00f3 a apoyarlo, ya viejo, en EE.UU. Y en 1949, en <em>Monthly Review<\/em>, supo argumentar, mejor que muchos otros fil\u00f3sofos sociales, por qu\u00e9 el socialismo (frente a la anarqu\u00eda capitalista) y qu\u00e9 socialismo (frente a la mera socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n)[10].<\/p>\n<p>Hab\u00eda en el pacifismo[11] y en el socialismo de Einstein un fondo libertario: \u00abLa conciencia\u00bb, escrib\u00eda en 1954, \u00abest\u00e1 por encima de la autoridad del Estado\u00bb.<\/p>\n<p>Hay otros muchos ejemplos del compromiso c\u00edvico de Einstein como cient\u00edfico. Acabar\u00e9 con uno que me parece particularmente relevante.<\/p>\n<p>Casi al final ya de su vida, Albert Einstein se carteaba con el fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo al que m\u00e1s apreci\u00f3: Bertrand Russell. De este carteo saldr\u00eda su \u00faltima intervenci\u00f3n importante en los asuntos p\u00fablicos. En efecto: el 11 de febrero de 1955 Russell, profundamente inquieto por la dimensi\u00f3n que estaba tomado la carrera armament\u00edstica, le propon\u00eda al cient\u00edfico encabezar una declaraci\u00f3n solemne contra las armas nucleares para evitar la guerra.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s Einstein daba su acuerdo, suger\u00eda que hab\u00eda que hacer una declaraci\u00f3n p\u00fablica firmada por personalidades cient\u00edficas de prestigio y de diferentes ideolog\u00edas y avanzaba varios nombres para contactar, se\u00f1aladamente Niels Bohr[12] y Leopold Infeld. \u00c9l mismo se ofreci\u00f3 para la gesti\u00f3n, cosa que hizo al menos con Bohr. En una nueva carta a Russell, el 4 de marzo, Einstein hac\u00eda otra sugerencia: unir al grupo de los firmantes a Albert Schweitzer.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas antes de morir a\u00fan tuvo tiempo de conocer el texto redactado por Russell[13], de dar su firma y de manifestar su acuerdo con la lista de los firmantes. Einstein muri\u00f3, a consecuencia de la rotura del aneurisma a\u00f3rtico, el 18 de abril de 1955.<\/p>\n<p>Se puede decir, por tanto, que su testamento ha sido este llamamiento a la responsabilidad c\u00edvica, \u00e9tico-pol\u00edtica, del cient\u00edfico en activo. Aquella llamada de atenci\u00f3n a la humanidad, adem\u00e1s de denunciar la carrera armamentista, subrayaba algo en lo que Einstein ven\u00eda insistiendo desde a\u00f1os atr\u00e1s: la necesidad de una nueva forma de pensar en la \u00e9poca de las armas de destrucci\u00f3n masiva.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n solemne, que dec\u00eda Russell, se suele conocer hoy con el nombre de Manifiesto Russell-Einstein. Y aunque este t\u00edtulo, como suele ocurrir en tantos casos, tal vez no haga justicia a la labor de otros cient\u00edficos firmantes del mismo, algunos de los cuales hab\u00edan dedicado muchas horas de sus vidas a denunciar el riesgo de las armas at\u00f3micas y a proponer una nueva forma de abordar los problemas internacionales de la \u00e9poca, est\u00e1 en el origen de varias de las asociaciones internacionales de cient\u00edficos responsables que han existido en la segunda mitad del siglo XX.<\/p>\n<p>Mucho se ha escrito sobre la ambivalencia del genio cient\u00edfico, precisamente a prop\u00f3sito de Einstein (Holton). Pero ambivalencia no quiere decir, en su caso, ambigu\u0308edad. Escribiendo a prop\u00f3sito de Arnold Berliner, uno de los f\u00edsicos que m\u00e1s hab\u00eda hecho a favor de la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica, Einstein recordaba un acertijo que tal vez se le puede aplicar a \u00e9l mismo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es un autor cient\u00edfico? Respuesta: un cruce de mimosa y puercoesp\u00edn\u00bb[14].<\/p>\n<p>Y, desde luego, tambi\u00e9n en Einstein hay ambivalencias y contradicciones. Es sabido que en su consideraci\u00f3n de las mujeres fue un antiguo (un pre-copernicano en esto, si se me permite la broma). Su defensa del socialismo democr\u00e1tico fue a veces acompa\u00f1ada por la exaltaci\u00f3n de un aristocraticismo de la inteligencia que otras personas que se dec\u00edan socialistas, aunque m\u00e1s inclinadas a alabar a las masas en abstracto, no llegaron a comprender bien. Y su rectificaci\u00f3n del antimilitarismo radical cuando los nazis llegaron al poder, para rectificar de nuevo despu\u00e9s de Hiroshima y Nagasaki y asumir las ideas de Gandhi, ha producido no pocas incomprensiones entre los pacifistas.<\/p>\n<p>Esta ambivalencia es parte de la fascinaci\u00f3n que produce un hombre que pas\u00f3 mucho tiempo de su vida criticando a la autoridad y a quien, como \u00e9l mismo apunt\u00f3 con gracia, el destino conden\u00f3 a ser autoridad.<\/p>\n<p>Entender lo que Einstein quer\u00eda decir cuando escrib\u00eda sobre relatividad o cuando aduc\u00eda la autoridad de una divinidad que no juega a los dados fue un reto para el pensamiento cient\u00edfico y filos\u00f3fico del siglo XX. Dialogar con lo que Einstein ten\u00eda que decirnos sobre los asuntos humanos, incluso con sus ambivalencias y contradicciones, es todav\u00eda una tarea pendiente para quienes, como \u00e9l, adem\u00e1s de amar la ciencia, se sienten dem\u00f3cratas, socialistas, pacifistas o libertarios en el siglo XXI.<\/p>\n<p>Querr\u00eda terminar reproduciendo aqu\u00ed las palabras de un amigo poeta, Vicente Luis Mora, que ha captado muy bien lo que puede dar de s\u00ed ese di\u00e1logo entre el cient\u00edfico y el humanista. Las tomo de un poema-homenaje, titulado \u00abBendito seas, Albert\u00bb, que est\u00e1 incluido en el poemario <em>Nova<\/em> (Pre-textos, 2003), cuyo esp\u00edritu comparto:<\/p>\n<p>Cualquier espacio es un espacio curvo<br \/>\nsi suficiente masa lo deforma,<br \/>\ncualquier distancia es s\u00f3lo un espejismo<br \/>\ny el tiempo es estirable por los lados<br \/>\nen esta relatividad funesta<br \/>\nparece no haber orden ni verdad<br \/>\npero sucede justo lo contrario<br \/>\nla escritura de un libro es movimiento<br \/>\nun incesante viaje por la lengua<br \/>\nsi el movimiento es r\u00e1pido \u2013si es bueno<br \/>\ny se aproxima al propio de la luz<br \/>\nel tiempo se retrasa y se comprime<br \/>\nvisiblemente el cuerpo en traslaci\u00f3n<br \/>\nno menosprecies estas conclusiones<br \/>\nmoverse es dirigirse siempre al este<br \/>\nganarle tiempo al tiempo cuando escribes<br \/>\nliteratura es postergar la muerte<br \/>\npor un albur genial \u2013bendito seas<br \/>\nA.E- aquel que m\u00e1s ha escrito,<br \/>\nel que ha viajado m\u00e1s y por m\u00e1s tiempo,<br \/>\naquel que nunca quiso regresar<br \/>\nes el m\u00e1s joven.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 1: Einstein sobre el socialismo.<\/strong><\/p>\n<p>Publicado en <em>Revista de Econom\u00eda Cr\u00edtica<\/em>, n.\u00ba 4, julio de 2005, pp. 143-146.<\/p>\n<p>Albert Einstein public\u00f3 el art\u00edculo \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 el socialismo?\u00bb en el primer n\u00famero de <em>Monthly Review<\/em>, que vio la luz, en Nueva York, en mayo de 1949. En este n\u00famero inaugural de la revista el f\u00edsico estaba bien acompa\u00f1ado: Paul M. Sweezy, Otto Nathan y Leo Huberman escrib\u00edan, respectivamente, sobre la evoluci\u00f3n reciente del capitalismo en Am\u00e9rica, la transici\u00f3n al socialismo en Polonia y el movimiento socialista en EE.UU. Sweezy y Huberman fueron miembros fundadores de <em>Monthly Review<\/em>; Nathan fue la persona que hizo las gestiones para obtener la colaboraci\u00f3n de Einstein.<\/p>\n<p>Otto Nathan (1893-1987), economista de la universidad de Nueva York, manten\u00eda una estrecha relaci\u00f3n con Einstein por lo menos desde 1934, fecha en la que hab\u00edan colaborado en la campa\u00f1a mundial a favor de la concesi\u00f3n del Premio Nobel de la Paz al pacifista Carl von Ossietzky. De ideas inequ\u00edvocamente socialistas y antimilitaristas, como se puede comprobar por las notas que puso a su edici\u00f3n de los escritos de Einstein sobre la paz, Nathan iba a ser, con Helene Dukas, albacea testamentario del f\u00edsico. En 1949 era ya el m\u00e1s \u00edntimo de los amigos de Einstein (en <a href=\"http:\/\/specialcollections.vassar.edu\/einstein\/correspondence.html\">http:\/\/specialcollections.vassar.edu\/einstein\/correspondence.html<\/a> se puede ver la correspondencia cruzada entre los dos), de manera que podemos suponer que le cost\u00f3 poco trabajo convencerle para que escribiera en <em>Monthly Review<\/em>, revista a la que \u00e9l mismo se consideraba vinculado, a pesar de que el f\u00edsico amigo s\u00f3lo hab\u00eda dedicado antes algunos p\u00e1rrafos ocasionales al asunto que hab\u00eda de tratar: el socialismo, as\u00ed en general.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de <em>Monthly Review<\/em>, que se presentaba como publicaci\u00f3n socialista independiente, provoc\u00f3 enseguida una investigaci\u00f3n del FBI[15]. En un informe secreto redactado unos meses despu\u00e9s de que saliera aquel primer n\u00famero, el FBI consideraba la revista como un \u00f3rgano de expresi\u00f3n del comunismo organizado y a sus colaboradores, agentes del partido comunista norteamericano. El mismo Einstein estaba siendo investigado pr\u00e1cticamente desde su llegada a los EE.UU. por sus ideas libertarias y socialistas. Un poco antes de que apareciera su art\u00edculo sobre el socialismo, la revista <em>Life<\/em>, en la entrega del 4 de abril de 1949, se hab\u00eda hecho eco de las sospechas de la polic\u00eda. As\u00ed que no es extra\u00f1o que a partir de la aparici\u00f3n de \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 el socialismo?\u00bb el FBI multiplicara las investigaciones y los informes sobre el cient\u00edfico. De hecho, el Departamento de Estado norteamericano parece haber visto en el art\u00edculo de Einstein algo as\u00ed como la confirmaci\u00f3n de las sospechas del FBI.<\/p>\n<p>Le\u00eddo ahora, o sea, ateni\u00e9ndose s\u00f3lo al contenido del ensayo de Einstein, todo eso suena a paranoia. Y no hay duda de que investigaciones y sospechas son parte de la paranoia de aquella fase de la \u00abguerra fr\u00eda\u00bb que culminar\u00eda en la caza de brujas de la \u00e9poca del macartismo (a Nathan, por ejemplo, acabar\u00edan retir\u00e1ndole el pasaporte norteamericano). Pero \u00absocialismo\u00bb en la paranoia de la \u00e9poca significaba casi exclusivamente prosovietismo. Y cuando se preparaba el primer n\u00famero de <em>Monthly Review<\/em> la administraci\u00f3n norteamericana estaba obsesionada con la posibilidad de que el gobierno de la URSS consiguiera hacerse con el secreto de la bomba at\u00f3mica, lo que implicaba poner bajo sospecha a todo f\u00edsico o amigo de f\u00edsicos que hubiera hecho declaraciones a favor del socialismo.<\/p>\n<p>Al reeditar, en el a\u00f1o 2000, aquel c\u00e9lebre art\u00edculo de Einstein, la redacci\u00f3n de <em>Monthly Review<\/em> lo ha acompa\u00f1ado con una nota en la que adem\u00e1s de recordar esa historia de sospechas paranoicas, que hoy es bien conocida por la descalificaci\u00f3n de los papeles del FBI, llama la atenci\u00f3n acerca de algo que conviene tener en cuenta, a saber: que incluso despu\u00e9s de que la revista <em>Time<\/em>, en 1999, proclamara a Einstein \u00abpersonaje del siglo\u00bb a\u00fan se sigue tratando de ocultar o tergiversar las simpat\u00edas socialistas del cient\u00edfico. En unos casos, los menos, por el procedimiento de airear como verdad las sospechas paranoicas de los servicios secretos sobre el v\u00ednculo de Einstein con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica estalinista; y en otros casos, lo m\u00e1s, sugiriendo que en los asuntos socio-pol\u00edticos Einstein era un ingenuo, sin pensamiento propio, que se dej\u00f3 arrastrar por las \u00abmalas compa\u00f1\u00edas\u00bb (entre ellas la de los editores de <em>Monthly Review<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>A todo eso, al presentar ahora \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 el socialismo?\u00bb, habr\u00eda que a\u00f1adir algo que no debe pasar desapercibido: en la mayor\u00eda de las reediciones del art\u00edculo de Einstein, desde los a\u00f1os cincuenta del siglo pasado y en todas las traducciones que conozco, ha desaparecido su p\u00e1rrafo final, que era precisamente una manifestaci\u00f3n de confianza en el papel de <em>servicio p\u00fablico<\/em> que, seg\u00fan Einstein, estaba llamada a jugar <em>Monthly Review<\/em> en 1949. Ese p\u00e1rrafo dec\u00eda as\u00ed: \u00abClarity about the aims and problems of socialism is of greatest significance in our age of transition. Since, under present circumstances, free and unhindered discussion of these problems has come under a powerful taboo, I consider the foundation of this magazine to be an important public service\u00bb[16].<\/p>\n<p>Hay unas cuantas cosas que un economista cr\u00edtico apreciar\u00e1 hoy al leer o releer el texto de Albert Einstein \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 el socialismo?\u00bb.<\/p>\n<p>La primera es su prudencia sobre lo que la ciencia econ\u00f3mica puede decir acerca del socialismo. Esta prudencia no es s\u00f3lo <em>captatio benevolentiae<\/em> de un f\u00edsico que empieza preguntando si alguien que, como \u00e9l mismo, no es experto en cuestiones econ\u00f3micas y sociales puede opinar con conocimiento de causa sobre la necesidad del socialismo; y que sabe, adem\u00e1s, que est\u00e1 dirigi\u00e9ndose a lectores que tendr\u00e1n mayormente formaci\u00f3n econ\u00f3mica. Es algo m\u00e1s que eso: es prudencia de un hombre que sabe lo que es el proceder cient\u00edfico propiamente dicho, como se ve enseguida cuando, al contestar afirmativamente a aquella pregunta, argumenta sobre las diferencias metodol\u00f3gicas entre las ciencias de la naturaleza y la econom\u00eda.<\/p>\n<p>El segundo aspecto apreciable para un economista cr\u00edtico, y para todo aquel que aprecie lo que en un tiempo se llam\u00f3 \u00abeconom\u00eda pol\u00edtica\u00bb, es la claridad con que Einstein expresa el fondo moral o \u00e9tico que mueve la aspiraci\u00f3n al socialismo, y que, por tanto, argumentar a favor del mismo no es s\u00f3lo cosa de la ciencia o del an\u00e1lisis econ\u00f3mico. Ah\u00ed Einstein refuerza la prudencia metodol\u00f3gica anterior: la ciencia no puede establecer fines sino s\u00f3lo aportar medios para lograr fines socio-\u00e9ticos. Raz\u00f3n por la cual hay que escapar a la infatuaci\u00f3n cient\u00edfica y asumir que los especialistas no son los \u00fanicos con derecho a expresarse sobre cuestiones que ata\u00f1en a la organizaci\u00f3n social. Afirmaci\u00f3n que, viniendo de quien viene, y en tiempos en los que dominaba el positivismo, tiene doble m\u00e9rito.<\/p>\n<p>La tercera cosa que creo que hay que subrayar en \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 el socialismo?\u00bb es la orientaci\u00f3n filos\u00f3fico-antropol\u00f3gica de la argumentaci\u00f3n, muy en consonancia con el talante \u00e9tico de la aspiraci\u00f3n al socialismo: la convicci\u00f3n de que el ser humano es<em> a la vez<\/em> un ser solitario y un ser social, que tiene que luchar permanente entre las pulsiones (ego\u00edsta y altruista) que de ah\u00ed se derivan, pero cuyas actitudes no est\u00e1n directamente determinadas sin m\u00e1s ni por la biolog\u00eda ni por el ambiente. Cierto: hay condiciones que no podemos modificar (y en esto la ciencia tendr\u00e1 cosas que decir), pero no estamos condenados por la biolog\u00eda, ni tampoco por la anarqu\u00eda econ\u00f3mica que el capitalismo crea, a aceptar la competici\u00f3n permanente, la l\u00f3gica del beneficio privado y el triunfo de las pulsiones ego\u00edstas.<\/p>\n<p>A\u00fan hay un \u00faltimo apunte en este art\u00edculo seguramente apreciable para todos, economistas cr\u00edticos y personas sensibles. Es la sencillez con que Einstein, juntando la idea marxista cl\u00e1sica del valor-trabajo con el institucionalismo de Thorstein Veblen (el autor por quien m\u00e1s simpat\u00eda sinti\u00f3 en esa \u00e9poca[17]), expone la necesidad del socialismo para salir de la crisis cultural o de civilizaci\u00f3n a la que el capitalismo ha conducido a la humanidad. Una sencillez que va unida a la claridad con que el f\u00edsico distingue lo que puede ser el socialismo de lo que, a pesar de navegar con ese nombre, todav\u00eda no lo era.<\/p>\n<p>De esas cuatro cosas, la \u00faltima, la que responde al t\u00edtulo del art\u00edculo, es hoy la m\u00e1s problem\u00e1tica. Y lo es, parad\u00f3jicamente, por lo que ahora nos parece m\u00e1s obvio: porque no siempre se ha distinguido con la sencillez y claridad de Einstein entre lo transformable y <em>las condiciones que no podemos modificar<\/em> los humanos, y entre lo que puede ser el socialismo y lo que no es.<\/p>\n<p>Einstein entiende aqu\u00ed por socialismo una sociedad en la que se han socializado los medios de producci\u00f3n, con una econom\u00eda planificada que ajusta la producci\u00f3n a las necesidades de la comunidad, redistribuye el trabajo para garantizar el sustento de todos y educa a los ciudadanos para promover sus capacidades naturales y sus responsabilidades c\u00edvicas. En sustancia: socialismo es lo que pensaron los cl\u00e1sicos del socialismo y lo que ha pensado que tiene que ser el socialismo la mayor\u00eda de la gente que aspira a ello. Pero Einstein, que ya hab\u00eda criticado con anterioridad el estalinismo y el sistema sovi\u00e9tico, advierte a sus lectores que una <em>econom\u00eda planificada no es todav\u00eda socialismo<\/em>, que una econom\u00eda planificada puede ir acompa\u00f1ada de la completa esclavitud del individuo. Por eso termina su art\u00edculo con preguntas, tan serias como simples, sobre la forma de evitar la burocratizaci\u00f3n, garantizar los derechos individuales y potenciar los contrapesos democr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Tal vez no sea esto (prudencia metodol\u00f3gica, afirmaci\u00f3n de la finalidad del socialismo como intenci\u00f3n \u00e9tica, atenci\u00f3n a la antropolog\u00eda y distinci\u00f3n clara y sencilla entre lo que puede ser y lo que no puede ser) lo que espera el ide\u00f3logo del socialismo del discurso del cient\u00edfico. Pero una cosa me parece segura: cuando vuelva a hablarse de socialismo en serio mejor ser\u00e1 partir de la punta libertaria que hay en Einstein que volver a hacer de la necesidad virtud para, en unos casos, perder la virtud y convertir en otros casos la necesidad en autoritarismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 2: Para la presentaci\u00f3n del <em>Einstein<\/em> en M\u00e1laga.<\/strong><\/p>\n<p><em>No fechado. Probablemente, oto\u00f1o de 2005.<\/em><\/p>\n<p>I. Hace unos pocos meses, en abril, se cumpl\u00edan los 50 a\u00f1os de la muerte de Einstein. No han pasado en balde, pero la leyenda que Einstein fue en vida se ha consolidado durante estos cincuenta a\u00f1os. Si uno consulta ahora a san Google, buscando a Einstein, encontrar\u00e1 12.900.000 entradas[18].<\/p>\n<p>Pues bien, lo que ahora nos re\u00fane aqu\u00ed, en la librer\u00eda Prometeo, gracias a la iniciativa de Ana Jorge y a la hospitalidad de Paco Puche[19], es una de esas 12.900.000 cosas escritas sobre Einstein. De modo que, vista la cosa as\u00ed, es como para bajar los humos a cualquier autor que pretendiera presentar su obra como original.<\/p>\n<p>Para escribir <em>Einstein: ciencia y conciencia<\/em> no he le\u00eddo, por supuesto, esos doce millones y pico de entradas sobre Einstein. As\u00ed que podr\u00e9is decir, con raz\u00f3n, seg\u00fan los humores de cada cual, que no lo s\u00e9 todo sobre Einstein o que este retrato publicado por El viejo topo es una motita en la galaxia einsteiniana.<\/p>\n<p>En cambio s\u00ed que he le\u00eddo una de las \u00faltimas noticias period\u00edsticas de san Google a la que querr\u00eda hacer referencia aqu\u00ed porque me parece relevante. Es una noticia de la agencia EFE, que cita al diario <em>Jerusalem Post<\/em>. Dice as\u00ed: \u00abLa Universidad Hebrea de Jerusal\u00e9n, que es heredera de los escritos y otros bienes de Albert Einstein, informa que recibir\u00e1 de la Corporaci\u00f3n Walt Disney dos millones seiscientos mil d\u00f3lares durante 50 a\u00f1os por utilizar el nombre del autor de la teor\u00eda de la relatividad para una l\u00ednea de juguetes educativos, \u2018Baby Einstein\u2019. El juguete llevar\u00e1 adem\u00e1s la impresi\u00f3n del logotipo de la Universidad. La Corporaci\u00f3n Walt Disney emplear\u00e1 el nombre de Einstein en un libro con p\u00e1ginas de material pl\u00e1stico para que los ni\u00f1os peque\u00f1os puedan jugar con \u00e9l en la ba\u00f1era, y en un juguete musical que, al ser activado, les dice a los ni\u00f1os: <em>Tienes que ser Einstein para saber c\u00f3mo apagarlo<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta la fecha, las autoridades universitarias hab\u00edan rechazado tres ofrecimientos, uno de ellos por el derecho a emplear la imagen del sabio en un concierto de la cantante Madonna; el segundo de una firma que pretend\u00eda utilizar su imagen para promover la venta de vodka; y el tercero, del Departamento de Defensa de los EE.UU., para impulsar uno de sus programa. Comentado su acuerdo con la Walt Disney, la susodicha Universidad ha declarado a los medios de comunicaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n que \u00abEinstein estar\u00eda encantado al conocer la noticia\u00bb.<\/p>\n<p>II. Osease: que cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Einstein, al menos en esto de la manipulaci\u00f3n de la imagen del cient\u00edfico, estamos donde est\u00e1bamos. Pero es casi seguro que si se hubiera enterado de una cosa como \u00e9sta el viejo Einstein habr\u00eda reaccionado recurriendo al humor. Muy probablemente con buen humor. Y no porque apreciara lo que Walt Disney representa, sino por los ni\u00f1os, porque a Einstein le gustaba dialogar con los ni\u00f1os, explicarles c\u00f3mo se apagan y c\u00f3mo se encienden los utensilios que se apagan y se encienden y algunas otras cosas a las que daba m\u00e1s importancia que a esa trivialidad. Cosas como: c\u00f3mo educarse para la paz, c\u00f3mo aprender m\u00fasica con provecho, c\u00f3mo aprender matem\u00e1ticas sin ser un genio o c\u00f3mo salirse de un reba\u00f1o de ovejas cuando la autoridad de turno quiere convertirnos en ovejas&#8230;<\/p>\n<p>En varias de biograf\u00edas que he le\u00eddo para escribir este retrato que presentamos ahora se dice que, adem\u00e1s de ser un genio cient\u00edfico, Einstein ten\u00eda un car\u00e1cter infantil. Y a veces se a\u00f1ade que cuando trataba de asuntos no cient\u00edficos, o sea, de asuntos p\u00fablicos controvertidos, socio-pol\u00edticos o \u00e9tico-pol\u00edticos, Einstein no s\u00f3lo era infantil sino de un ingenuo incorregible. Sintom\u00e1ticamente, esas cosas se suelen decir de Einstein, en algunas de las biograf\u00edas, al enjuiciar su pacifismo y su antinacionalismo durante los a\u00f1os de la primera guerra mundial, o su aproximaci\u00f3n a los consejistas anarco-comunistas durante la revoluci\u00f3n alemana[20], o la radicalizaci\u00f3n de sus preocupaciones sociales en la Europa de entreguerras; o al comentar su carta al presidente Roosevelt en 1939, su oposici\u00f3n a la carrera armamentista al acabar la segunda guerra mundial, su reiterada propuesta de un gobierno mundial para hacer frente al peligro de guerra at\u00f3mica, su defensa de la desobediencia civil en la \u00e9poca del macartismo, su toma de partido a favor del socialismo en la <em>Monthly Review<\/em> o la reafirmaci\u00f3n del gandhismo y la no-violencia en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida.<\/p>\n<p>De crear a algunos de estos bi\u00f3grafos, Einstein habr\u00eda sido una especie de vizconde demediado que alcanzaba las m\u00e1s altas cumbres de la inteligencia humana cuando se pon\u00eda a hacer c\u00e1lculos matem\u00e1ticos sobre la estructura del universo y luego met\u00eda la pata una y otra vez, por infantilismo (o por \u00ablas malas compa\u00f1\u00edas\u00bb, como sugiere alg\u00fan que otro bi\u00f3grafo), al ocuparse de los asuntos p\u00fablicos de este mundo terrenal.<\/p>\n<p>Ha sido la insistencia de algunos bi\u00f3grafos en este Einstein demediado, genio-infantil, el principal impulso que me ha llevado a escribir este retrato para El viejo topo. Y no \u2013tengo que confesarlo\u2013 porque crea yo en la imposibilidad material del genio cient\u00edfico infantil o del cient\u00edfico inapto (e incluso inepto) para los asuntos p\u00fablicos, que ha habido casos as\u00ed a lo largo de la historia y en el presente, sino porque tal interpretaci\u00f3n no me cuadraba con la lectura que iba haciendo precisamente de aquellos escritos en los que Einstein aborda algunos de los principales problemas socio-pol\u00edticos de la \u00e9poca en que le toc\u00f3 vivir.<\/p>\n<p>III. Me preguntaba yo qu\u00e9 tiene de ingenuo o de infantil un hombre que escribe, en su juventud, que \u00abel hambre y el amor son y seguir\u00e1n siendo instintos tan importantes de la vida que, si se olvidan otros hilos conductores, casi todo se puede explicar por ellos\u00bb; o que \u00abser idealista cuando se vive en Babia no tiene ning\u00fan m\u00e9rito pero lo tiene, en cambio, el seguir si\u00e9ndolo cuando se ha conocido el hedor de este mundo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfPuede realmente llamarse ingenuo o infantil a hombre que ha escrito, en su vejez, que \u00abla supremac\u00eda de los tontos es insuperable y est\u00e1 garantizada para siempre\u00bb, para a\u00f1adir a rengl\u00f3n seguido que \u00abpor suerte, la falta de coherencia de estos mismos tontos alivia el terror de su despotismo\u00bb; o que \u00ablos contrastes y contradicciones que pueden pervivir permanente en un cr\u00e1neo hacen ilusorios todos los sistemas de los optimistas y de los pesimistas pol\u00edticos\u00bb?<\/p>\n<p>Era yo consciente de que, aun teniendo esto en cuenta, se puede contestar a la pregunta anterior diciendo que s\u00ed, que, efectivamente, hay en la obra de Einstein muchos aforismos y pensamientos de ese tenor y que, en cierto modo, atendiendo a ellos, habr\u00eda que llegar a la conclusi\u00f3n de que Einstein no fue s\u00f3lo un f\u00edsico matem\u00e1tico sino tambi\u00e9n un fil\u00f3sofo de la naturaleza y un pensador humanista, pero que no obstante \u2013y ahora no s\u00f3lo como f\u00edsico sino como pensador\u2013 en sus intervenciones p\u00fablicas sigui\u00f3 comport\u00e1ndose como un ni\u00f1o, ingenuamente. Pues, al fin y al cabo, tambi\u00e9n ha habido y hay pensadores (e incluso fil\u00f3sofos de profesi\u00f3n) que no se enteran de lo que vale un peine cuando pasan de la teor\u00eda a la acci\u00f3n en los asuntos p\u00fablicos de este mundo nuestro.<\/p>\n<p>Pues bien: creo que si alg\u00fan m\u00e9rito tiene este retrato m\u00edo es que, adem\u00e1s de mostrar con cierto detalle que la obra de Einstein no es s\u00f3lo interesante desde el punto de vista de la historia de la ciencia sino tambi\u00e9n desde la perspectiva de la historia de las ideas en general, pone de manifiesto, o al menos as\u00ed me lo parece, que tambi\u00e9n <em>las razones<\/em> que Einstein adujo para defender las causas que defendi\u00f3 (la del pueblo jud\u00edo, la del pacifismo, la del socialismo democr\u00e1tico, la del gandhismo&#8230;) eran s\u00f3lidas, nada ingenuas y menos a\u00fan infantiles.<\/p>\n<p>Tal vez se pueda decir que en la obra no propiamente cient\u00edfica de Einstein hay mucho \u00abpensamiento crudo\u00bb (en el sentido en que Bertolt Brecht empleaba esta expresi\u00f3n) y mucho pensamiento dial\u00f3gico, no sistem\u00e1tico, pero muy poca ingenuidad. Prueba esto \u00faltimo la importancia recurrente que tienen en su obra las palabras <em>extra\u00f1eza<\/em> (referida a \u00e9l mismo), <em>locura<\/em> (en referencia a la especie de la que es parte) y <em>misterio<\/em> (en referencia al universo y a lo que se es).<\/p>\n<p>Como ha se\u00f1alado Holton, hay, s\u00ed, una gran <em>ambivalencia<\/em> en Einstein, una ambivalencia no exenta de contradicciones. Pero incluso esa ambivalencia, que hace dif\u00edcil meterlo en uno de los cajones establecidos por la filosof\u00eda en general, por la filosof\u00eda de la ciencia en particular o por la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica, es fruct\u00edfera.<\/p>\n<p>Lo fue ya en vida del propio Einstein: sin \u00e9l no se puede explicar el desarrollo de la filosof\u00eda de la ciencia entre 1930 y 1960. Y lo es m\u00e1s a\u00fan 50 a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, pues incluso en el \u00e1mbito en que cosech\u00f3 mayores cr\u00edticas -el del pensamiento \u00e9tico-pol\u00edtico\u2013 lo que dijo y escribi\u00f3 nos parece ahora, por comparaci\u00f3n con lo que dijeron y escribieron otros muchos grandes contempor\u00e1neos suyos, prudente y sabio, <em>discreto en su rebeld\u00eda frente al absolutismo y el poder desnudo y digno en sus relaciones (que las tuvo) con los de arriba, con los poderosos<\/em>.<\/p>\n<p>Basta con releer su correspondencia con Freud, fijarse bien en los argumentos de \u00abQu\u00e9 es socialismo?\u00bb o volver sobre sus escritos acerca de la paz y la responsabilidad del cient\u00edfico en la \u00e9poca de las armas de destrucci\u00f3n masiva para darse cuenta de que, tambi\u00e9n en estas cosas, Einstein estaba elaborando un pensamiento, una nueva forma de pensar, que nos toca directamente. Si se me permite la broma, dir\u00eda que, para estas cosas de las que estoy hablando, la f\u00f3rmula <strong>E=mc2<\/strong> se podr\u00eda traducir as\u00ed: <em>la <strong>E<\/strong>mancipaci\u00f3n (de la humanidad) ser\u00e1 igual a la <strong>m<\/strong>ultitud (activa) con <strong>c<\/strong>onciencia al <strong>c<\/strong>uadrado<\/em>&#8230;<\/p>\n<p>Y en cuanto a las contradicciones, \u00bfqui\u00e9n nos las tiene? Lo ingenuo, lo de verdad infantil, es pretender no haberlas tenido. No lo es, en cambio, saber que hay que hay que cargar dignamente, y con humor, con esa cruz a la que llamamos contradicci\u00f3n. Y Einstein lo sab\u00eda. Por lo menos al final de su vida. Dijo a este respecto: \u00abPara castigarme por mi desprecio de la autoridad, el destino me convirti\u00f3 a m\u00ed mismo en una autoridad\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 3. Pr\u00f3logo de <em>Albert Einstein. Ciencia y conciencia.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Se cumplen ahora cien a\u00f1os de la publicaci\u00f3n, en <em>Annalen der Physik<\/em>, de los art\u00edculos en que Einstein dej\u00f3 formulada la teor\u00eda de la relatividad especial. Y se cumplen tambi\u00e9n cincuenta a\u00f1os de la muerte del f\u00edsico que fue unas cuantas cosas m\u00e1s. En los cincuenta a\u00f1os que transcurrieron desde la publicaci\u00f3n, en 1905, de aquellos art\u00edculos pioneros que cambiaron el curso de la f\u00edsica hasta la muerte de Einstein, en 1955, \u00e9ste se hab\u00eda convertido en una leyenda en vida. Y, en los siguientes cincuenta a\u00f1os transcurridos desde que nos dej\u00f3 hasta la fecha en que escribo, esta leyenda no ha dejado de crecer.<\/p>\n<p>Se trata de un caso ins\u00f3lito en la historia de la ciencia, que de todas las historia de la historia era la menos amiga de las leyendas. Pero al mismo tiempo es un caso que dice mucho sobre un siglo que ha elevado a la ciencia a las m\u00e1s altas cumbres y ha convertido el pensamiento cient\u00edfico no s\u00f3lo en compa\u00f1ero inseparable del pensamiento filos\u00f3fico sino, hasta cierto punto, en parte sustancial de lo que se podr\u00eda llamar sentido com\u00fan <em>ilustrado<\/em> de la humanidad.<\/p>\n<p>Muy pocos personajes del siglo XX, incluidos aquellos pol\u00edticos o humanistas que en vida fueron adorados por el gran p\u00fablico, habr\u00e1n tenido el honor de ser honrados hasta tal punto por sus contempor\u00e1neos. Cuando Einstein abandon\u00f3 Alemania, huyendo del nazismo, para instalarse en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica era ya una leyenda. Su nombre aparec\u00eda en los principales medios de comunicaci\u00f3n de todo el mundo con una frecuencia rara trat\u00e1ndose de un cient\u00edfico. La cultura norteamericana contribuy\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a hacer de \u00e9l una leyenda fuera de los departamentos universitarios y de los laboratorios dedicados a investigar las leyes de la naturaleza.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, desde el t\u00e9rmino de la segunda guerra mundial, Einstein recib\u00eda m\u00e1s cartas y consultas que la mayor\u00eda de los personajes medi\u00e1ticos de la \u00e9poca (incluidos pol\u00edticos y humanistas). Le escrib\u00edan f\u00edsicos y estudiantes de secundaria; matem\u00e1ticos y pedagogos; pacifistas y reinas; c\u00f3nsules y fil\u00f3sofos; objetores de conciencia y abridores de ojos. Y lo que es m\u00e1s llamativo: le escrib\u00edan y consultaban muchas personas de la calle que nunca le trataron personalmente ni le conoc\u00edan apenas de nada. Algunas de esas personas le levantaron monumentos en sus pueblos y otras le preguntaban o le ped\u00edan consejo sobre los asuntos m\u00e1s variopintos: qu\u00e9 pensaba sobre la estado de la educaci\u00f3n en la \u00e9poca; c\u00f3mo se ve el mundo desde las alturas de la teor\u00eda de la relatividad; qu\u00e9 hay que hacer para convertirse en un buen matem\u00e1tico; qu\u00e9 relaci\u00f3n hay entre ciencia y religi\u00f3n; c\u00f3mo construir una cultura de la paz; por d\u00f3nde empezar para lograr el establecimiento de un gobierno mundial en un mundo dividido; qu\u00e9 piensa un f\u00edsico de la m\u00fasica; qu\u00e9 quer\u00eda decir cuando dec\u00eda que <em>Dios no juega a los dados<\/em>; o c\u00f3mo ve\u00eda un cient\u00edfico el socialismo (el \u00abrealmente existente\u00bb y el otro, aquel que alg\u00fan d\u00eda tendr\u00eda que existir).<\/p>\n<p>Lo notable es que Einstein, que sol\u00eda contestar con paciencia y dedicaci\u00f3n la mayor\u00eda de las cartas que recib\u00eda y la mayor\u00eda de las preguntas que se le hac\u00edan (incluso aqu\u00e9llas que cualquier otro hubiera considerado intempestivas), siempre pens\u00f3 que era un misterio indescifrable la causa por la que se le honraba tanto, se le consultaba tanto y se le solicitaba tanto. Cuando afirmaba que eso, en su caso, era un misterio no lo dec\u00eda por posar o por coqueter\u00eda intelectual. Lo cre\u00eda realmente as\u00ed. Esta creencia tiene que ver con la modestia, con la humildad del cient\u00edfico. Y es a\u00fan m\u00e1s notable que el que contestara cartas intempestivas de remitentes a veces desconocidos. Le parec\u00eda una paradoja el que un individuo como \u00e9l, que se consideraba un raro, un extra\u00f1o, un viajero solitario, un constructor de ecuaciones cuyo significado s\u00f3lo entend\u00eda una minor\u00eda de los cient\u00edficos contempor\u00e1neos, pudiera estar convirti\u00e9ndose en eso que ahora llamamos un personaje medi\u00e1tico.<\/p>\n<p>Que, al acabar la centuria y hacer repaso de los grandes hombres que en el mundo han sido, la revista <em>Time<\/em> diera a Einstein el t\u00edtulo p\u00f3stumo de <em>mente del siglo XX<\/em>, entre tantos grandes nominados, se debe sin duda a su contribuci\u00f3n, como f\u00edsico, a la formulaci\u00f3n de la teor\u00eda especial y general de la relatividad; teor\u00eda que, efectivamente, como se ha dicho tantas veces, cambi\u00f3 nuestra concepci\u00f3n del universo. Pero se puede pensar que este t\u00edtulo, sobre cuya justicia parecen coincidir por una vez Agamen\u00f3n y su porquero, no se ha debido s\u00f3lo a que Einstein haya sido un cient\u00edfico genial sino tambi\u00e9n a lo que \u00e9l mismo alud\u00eda, modestamente, con la palabra <em>misterio<\/em> y que ahora sabemos que no era tal.<\/p>\n<p>Se puede pensar, pues, que este nuevo reconocimiento, al acabar el siglo XX, se debe a que Einstein fue un cient\u00edfico cl\u00e1sico de los que ya no quedan (o apenas quedan), es decir, un cient\u00edfico-fil\u00f3sofo que sabe pensar en los problemas sustantivos de su ciencia, en las cuestiones de m\u00e9todo y en las derivaciones m\u00e1s generales de las teor\u00edas que inventa, y a que ha sido, <em>a la vez<\/em>, un pensador que sabe que la ciencia es tambi\u00e9n una pieza cultural y que, sabi\u00e9ndolo, anticipa (sobre todo en sus \u00faltimos a\u00f1os, justamente cuando se siente solo o en minor\u00eda) lo que podr\u00edamos llamar la <em>primera autocr\u00edtica de la ciencia<\/em> en un mundo en el que \u00e9sta, la ciencia misma, est\u00e1 mostrando ya su lado malo, su peor cara: la de la infatuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de f\u00edsico grande, Einstein ha sido tambi\u00e9n un cient\u00edfico particularmente sensible ante los problemas socio-pol\u00edticos de su \u00e9poca y un librepensador humanista. No escribi\u00f3 de forma sistem\u00e1tica sobre los asuntos que suelen ocupar a los fil\u00f3sofos licenciados, pero al contestar a preguntas y solicitudes de tantas personas distintas (entre ellas no pocos fil\u00f3sofos) leg\u00f3 a la humanidad pensante y sufriente un <em>corpus<\/em> de ideas y opiniones cuyo inter\u00e9s y pregnancia ha puesto de manifiesto el paso del tiempo. Este otro aspecto de la vida y de la obra de Einstein, el de librepensador, no siempre se ha subrayado como conviene. Pero al cabo del tiempo, cuando se hace el esfuerzo de reconstruir con calma lo que fueron sus ideas y opiniones sobre la guerra y la paz, sobre la condici\u00f3n humana, sobre la ciencia en su historia, sobre la responsabilidad del cient\u00edfico en la \u00e9poca de las armas de destrucci\u00f3n masiva, sobre la educaci\u00f3n, sobre la religi\u00f3n, sobre el juda\u00edsmo y sobre el socialismo, se entiende mejor aquella atracci\u00f3n que el hombre Einstein produc\u00eda y que \u00e9l consider\u00f3 siempre un misterio.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a trabajar sobre la obra de Einstein hace veinte a\u00f1os mientras ense\u00f1aba metodolog\u00eda de las ciencias sociales en la Universidad de Valladolid. Me interesaban entonces dos cosas: su consideraci\u00f3n te\u00f3rica de la ciencia y la ambivalencia de su pacifismo. Eran aqu\u00e9llos a\u00f1os en los que, por una parte, la filosof\u00eda de la ciencia se separaba inequ\u00edvocamente del positivismo y del neopositivismo y, por otra, sent\u00edamos la posibilidad de una guerra librada con armas nucleares como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Me parec\u00eda entonces que la concepci\u00f3n einsteniana de la ciencia y el pacifismo de Einstein constitu\u00edan una excelente br\u00fajula para orientarse en tiempos de perplejidades ideol\u00f3gicas y de tinieblas.<\/p>\n<p>Publiqu\u00e9 los resultados de aquella reflexi\u00f3n en la revista <em>mientras tanto<\/em> y luego, en italiano, en un volumen titulado <em>Albert Einstein filosofo della pace<\/em> (Gangemi Editori, Roma, 1989). Casi simult\u00e1neamente hice de Einstein tema principal para una memoria acad\u00e9mica que pretend\u00eda moverse entra la filosof\u00eda de la ciencia en acto y la preocupaci\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica. Pero por entonces empezaron a editarse los primeros vol\u00famenes de <em>The Collected Papers of Albert Einstein<\/em>, con documentaci\u00f3n nueva e in\u00e9dita, e interrump\u00ed aquella reflexi\u00f3n a sabiendas de que la investigaci\u00f3n en curso en la Universidad hebrea de Jerusal\u00e9n y en la Universidad de Princeton iba a proporcionar una visi\u00f3n mucho m\u00e1s amplia, detallada y completa del hombre Einstein que la que hab\u00edamos tenido hasta entonces. As\u00ed que agradezco ahora a Miguel Riera la oportunidad que me ha dado de volver, en este a\u00f1o Einstein y adem\u00e1s en una colecci\u00f3n de biograf\u00edas, sobre aquel <em>misterio<\/em> que me sigue pareciendo fascinante para toda persona que se interese por la historia de las ideas. Lo que sigue en este libro sobre ciencia y conciencia es un primer resultado de esa fascinaci\u00f3n que tambi\u00e9n yo siento.<\/p>\n<p>Cuando en 1984 empec\u00e9 a trabajar en este ensayo sobre Einstein pensaba dedic\u00e1rselo a Manuel Sacrist\u00e1n[21] para celebrar sus sesenta a\u00f1os. Siendo yo un joven estudiante de filosof\u00eda, Sacrist\u00e1n me hizo ver la importancia de Einstein no s\u00f3lo como cient\u00edfico sino tambi\u00e9n como pensador influyente en el filosofar no-licenciado del siglo XX. Por desgracia, fui muy lento en la redacci\u00f3n del texto, o tal vez quise mirar demasiado el diente del caballo antes de regalarlo, como aconseja Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, y Sacrist\u00e1n muri\u00f3 antes de lo que esper\u00e1bamos quienes le quer\u00edamos. Ahora, mejorado el texto, o al menos eso espero, lo dedico a su memoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 4. Para <em>En lucha<\/em>. Albert Einstein: ciencia con conciencia<\/strong><\/p>\n<p><em>Texto no fechado. <\/em>En lucha<em> es (o era) el \u00f3rgano de expresi\u00f3n de la UCE (Unificaci\u00f3n Comunista de Espa\u00f1a). Adem\u00e1s de ilustrar la enorme capacidad did\u00e1ctica del autor, un ejemplo m\u00e1s de la ausencia de sectarismo en su comportamiento pol\u00edtico-intelectual.<\/em><\/p>\n<p>Albert Einstein dej\u00f3 una profunda huella en el pensamiento del siglo XX. Se comprende que en 1999 hubiera un acuerdo muy amplio entre cient\u00edficos y pensadores en considerarle el personaje m\u00e1s influyente de un siglo que, por otra parte, conoci\u00f3 tantas manifestaciones b\u00e1rbaras que \u00e9l denunci\u00f3.<\/p>\n<p>Entre 1905 y 1917 Einstein elabor\u00f3 la teor\u00eda de la relatividad especial y general, uno de los logros m\u00e1s altos del pensamiento cient\u00edfico. Con ella cambi\u00f3 la concepci\u00f3n que los humanos tenemos del universo. Muchas de las cosas que hoy sabemos sobre el cosmos, sobre la relaci\u00f3n entre materia y energ\u00eda, sobre el movimiento de las part\u00edculas elementales y sobre las leyes que rigen la astrof\u00edsica es herencia de las intuiciones seminales de Einstein. Lo que \u00e9l nos leg\u00f3 en el \u00e1mbito de la f\u00edsica y de la filosof\u00eda de la naturaleza s\u00f3lo es comparable a lo que aportaron Cop\u00e9rnico, Galileo y Newton, los grandes de la \u00e9poca heroica de la ciencia. Su idea de que la energ\u00eda es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado se puede comparar al c\u00e9lebre binomio de Newton, del que el poeta Pessoa dej\u00f3 dicho que fue una de las creaciones m\u00e1s hermosas de la inteligencia humana.<\/p>\n<p>Einstein se enfrent\u00f3 a los misterios del universo con la modestia de talante y la ambici\u00f3n de miras de los hombres grandes. Siempre pens\u00f3 que, como aquellos otros grandes pensadores de la historia de la humanidad, \u00e9l era un continuador de la obra de cient\u00edficos que le precedieron: alguien que caminaba <em>a hombros de gigantes<\/em>. Pero al mismo tiempo, en las controversias te\u00f3ricas del siglo XX sobre el comportamiento de los quantos, sobre determinismo y probabilidad estad\u00edstica, Einstein parec\u00eda estar en di\u00e1logo permanente con una divinidad imaginada. Uni\u00f3 la humildad del cient\u00edfico que sabe de qu\u00e9 hablando y huye de la ret\u00f3rica con la conciencia de las limitaciones de nuestros conocimientos y con el recurso, entre serio y humor\u00edstico, al di\u00e1logo con una divinidad propicia.<\/p>\n<p>Tal vez por esto Einstein estaba convencido de que el choque hist\u00f3rico entre ciencia y religi\u00f3n, aquel choque que desde el siglo XVII hab\u00eda llevado a las iglesias a desautorizar a Cop\u00e9rnico, a Galileo a Darwin y a tantos otros, fue un error. Un error debido a la confusi\u00f3n de campos, a la invasi\u00f3n por parte de las religiones institucionales de un \u00e1mbito que no era propiamente el suyo. Einstein apreciaba el conocimiento sapiencial que hab\u00eda en los textos fundacionales de las grandes religiones y, sin ser creyente, consideraba que las motivaciones \u00faltimas del cient\u00edfico no son distintas de las que tuvieron quienes escribieron aquellos textos fundacionales de las religiones. Se consideraba religioso en el sentido spinoziano; ve\u00eda la relaci\u00f3n entre la divinidad y el universo con los ojos de Spinoza.<\/p>\n<p>Su visi\u00f3n del mundo y su concepci\u00f3n de las leyes de la naturaleza no encajan en ninguna de las grandes corrientes filos\u00f3ficas del siglo XX. En distintos momentos de su vida Einstein critic\u00f3 los excesos del positivismo, del empirismo l\u00f3gico, de los idealismos (kantiano y hegeliano), de los marxismos y de los irracionalismos en ascenso. No tuvo una filosof\u00eda sistem\u00e1tica; pero su filosofar, su reflexi\u00f3n sobre la naturaleza, sobre las leyes que los hombres inventamos para entender lo que la naturaleza es y sobre el proceder cient\u00edfico, influy\u00f3 mucho en la evoluci\u00f3n de la mayor\u00eda de los representantes de aquellas corrientes. Sin Einstein no se puede entender la evoluci\u00f3n del C\u00edrculo de Viena y del C\u00edrculo de Berl\u00edn; sin Einstein no se puede entender la evoluci\u00f3n de Russell y de Popper. Einstein est\u00e1 presente en la obra de Cassirer y en la obra de Feyerabend, en cient\u00edficos que filosofan como Kapitsa y en historiadores que saben de f\u00edsica como Holton.<\/p>\n<p>Pero tal vez lo que m\u00e1s impresiona de Einstein a estas alturas del siglo XXI es que habiendo sido un f\u00edsico y un matem\u00e1tico absorbido por los problemas te\u00f3ricos de la ciencia, de lo que en la \u00e9poca se llamaba la ciencia \u00abpura\u00bb, nos haya legado tantas ideas sugestivas y tantas opiniones l\u00facidas sobre el mundo \u00abimpuro\u00bb de aqu\u00ed abajo. Pues adem\u00e1s de f\u00edsico grande, Einstein fue un humanista; y desde 1914, cuando todav\u00eda no era la leyenda que llegar\u00eda a ser, intervino frecuentemente en la mayor\u00eda de los problemas sociales y controversias pol\u00edticas que agobiaban a los contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Einstein no ten\u00eda un alto concepto de la especie de la que formaba parte. Varias veces a lo largo de su vida describi\u00f3 a la especie humana como \u00abmanicomial\u00bb. Frecuentemente emple\u00f3 la palabra \u00ablocura\u00bb para referirse a los comportamientos colectivos de los humanos, sobre todo de los dirigentes pol\u00edticos, de los de arriba. Combin\u00f3 el esp\u00edritu cr\u00edtico con un acentuado sentido del humor, en ocasiones negro. Critic\u00f3 duramente el patriotismo prusiano y el antisemitismo, las instituciones militares y la burocracia administrativa, la barbarie del nacional-socialismo y la represi\u00f3n estalinista, el \u00abpoder desnudo\u00bb representado por el macartismo. Critic\u00f3 la militarizaci\u00f3n de la ciencia, las armas at\u00f3micas y la guerra en todas sus fases.<\/p>\n<p>A veces se ha dicho que en los asuntos humanos, en lo que hace a los problemas sociales y pol\u00edticos, Einstein era un ingenuo. No es as\u00ed. Si su obra cient\u00edfica estuvo siempre inspirada por el realismo, por un racionalismo atemperado, su filosofar sobre los asuntos p\u00fablicos est\u00e1 recorrida por un idealismo moral que tiene como aliada a la iron\u00eda. \u00c9l sab\u00eda que ser idealista cuando se vive en Babia no tiene m\u00e9rito, pero que lo tiene seguir si\u00e9ndolo cuando se conoce el hedor del mundo en que se vive. No fue s\u00f3lo cr\u00edtico de ese mundo que a veces comparaba como un manicomio. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 en positivo sobre lo que podr\u00eda ser un mundo mejor.<\/p>\n<p>Einstein fue pacifista y supo matizar su pacifismo a tenor de los acontecimientos del mundo. Defendi\u00f3 la objeci\u00f3n de conciencia y la desobediencia civil frente al militarismo pero supo decir que eso no bastaba frente a la barbarie nazi. Defendi\u00f3 el valor de la democracia ante las distintas tiran\u00edas de la \u00e9poca, pero supo decir, antes y despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, que no todo lo que navega con ese nombre en nuestro mundo merece llamarse as\u00ed. Apoy\u00f3 al socialismo en Alemania cuando era todav\u00eda joven y volvi\u00f3 a apoyarlo, ya viejo, en EE.UU. Y en 1949 supo argumentar, mejor que muchos otros fil\u00f3sofos sociales, por qu\u00e9 el socialismo (frente a la anarqu\u00eda capitalista) y qu\u00e9 socialismo (frente a la mera socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n).<\/p>\n<p>Hubo en el pacifismo y en el socialismo de Einstein un fondo libertario. A veces ambivalente y no exento de contradicciones (por ejemplo, en su consideraci\u00f3n de las mujeres fue un antiguo, un pre-copernicano en esto, si se me permite la broma). Dialogar con \u00e9l, incluso con sus ambivalencias y contradicciones, es todav\u00eda una tarea pendiente para el socialista del siglo XXI.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 5. Albert Einstein sobre hechos y valores<\/strong><\/p>\n<p><em>Texto no fechado.<\/em><\/p>\n<p>Einstein se ocup\u00f3 en varias ocasiones de otro tema que en sus a\u00f1os de madurez parece haber considerado central: el de los l\u00edmites del an\u00e1lisis reductivo y del formalismo propio del conocimiento cient\u00edfico positivo. De un matem\u00e1tico como Einstein no se puede esperar precisamente desprecio del formalismo en ciencia. Al contrario: para \u00e9l era obvio que si se quiere evitar la imprecisi\u00f3n del lenguaje ordinario no hay m\u00e1s remedio que dedicarse a la matem\u00e1tica. Pero, dicho eso, como a\u00f1ade en una carta a Born, reconoc\u00eda que el objetivo de la precisi\u00f3n s\u00f3lo se logra <em>a costa de una claridad completamente abstracta<\/em>, de manera que el contenido vivo y la claridad pueden acabar haci\u00e9ndose incompatibles, se rechazan mutuamente[22]. Durante alg\u00fan tiempo Einstein pens\u00f3 que este rechazo o esta incompatibilidad se estaba viviendo de un modo completamente dram\u00e1tico en el campo de la f\u00edsica. Por lo general, tendi\u00f3 a explicar la limitaci\u00f3n del an\u00e1lisis reductivo y de los formalismos de dos maneras.<\/p>\n<p>En primer lugar, aludiendo a las dificultades del proceder cient\u00edfico para dar cuenta de complejos fenomenol\u00f3gicos en los que interviene un n\u00famero de factores demasiado grande. En ese caso \u2013argumentaba Einstein\u2013 el m\u00e9todo cient\u00edfico, limitado por su propia naturaleza al an\u00e1lisis, no puede captar conexiones que son de generalidad profunda. Tal afirmaci\u00f3n est\u00e1 implicando la necesidad de mantener un punto de vista generalizador, globalizador, junto al an\u00e1lisis reductivo del proceder cient\u00edfico positivo. Por otra parte, Einstein acepta la distinci\u00f3n b\u00e1sica seg\u00fan la cual la ciencia trata de lo que es, mientras que, en cambio, acerca del <em>deber ser<\/em> no tiene nada que decir. Pero en este punto sus esfuerzos por encontrar mediaciones entre ambos planos revelan una oscilaci\u00f3n que va desde la mutua tolerancia entre ciencia y sentimiento religioso hasta el reconocimiento de la posibilidad de fundamentar racionalmente ciertas concepciones del mundo.<\/p>\n<p>Algunos pasos de sus escritos parecen estar sustentando, en efecto, la idea de que se trata de dos mundos irreductibles, irremisiblemente separados, por lo que el \u00e1mbito del deber ser, de los valores, del sentido y de la finalidad de la existencia apenas es susceptible de tratamiento racional. En cualquier caso, en las declaraciones que hizo sobre sus propias actividades esta separaci\u00f3n entre el plano cient\u00edfico y el \u00e1mbito de los valores es muy radical. Por ejemplo, en una carta escrita el 20 de agosto de 1949, dec\u00eda: \u00abMi trabajo cient\u00edfico tiene como motor una pasi\u00f3n ardiente e irresistible dirigida a comprender los secretos de la naturaleza, y ning\u00fan otro sentimiento. Mi amor a la justicia y la lucha por contribuir a mejorar las condiciones de vida de los hombres son completamente independientes de mis intereses cient\u00edficos. Seg\u00fan esto, desde un punto de vista objetivo resultar\u00eda absurdo buscar el sentido de nuestra existencia individual\u00bb. Einstein se ha referido varias veces a una opini\u00f3n ajena seg\u00fan la cual tal vez la especie humana no tenga por qu\u00e9 seguir existiendo sobre la Tierra, siempre para a\u00f1adir que tal opini\u00f3n no puede refutarse por procedimiento racionales.<\/p>\n<p>Ahora bien, la falta de fundamento cient\u00edfico-racional del sentido de la existencia humana individual y colectiva tampoco tiene por qu\u00e9 conducir necesariamente al pesimismo acerca de la vida del hombre en la Tierra. Optimismo y pesimismo son para Einstein estados de \u00e1nimo que cuando intentan convertirse en concepto global o en pensamiento filos\u00f3fico resultan dar en vulgaridades. Como escribi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n a Edwing Born, el sentido o la finalidad de la existencia es algo que se capta inmediatamente o no se capta, el resultado, una vez m\u00e1s, de una especie de intuici\u00f3n previa: el sentido de la existencia se intuye, no se explica. De ah\u00ed que haya dos tipos de desesperaci\u00f3n o de existencia desdichada: la que convierte un estado de \u00e1nimo en generalizaci\u00f3n antropol\u00f3gica acerca de la falta de sentido de la propia vida y de la de los dem\u00e1s, y la que es consecuencia del intento de argumentar en forma probatoria un significado progresivo o positivo de la vida humana.<\/p>\n<p>El l\u00edmite del racionalismo cl\u00e1sico frente a la problem\u00e1tica existencial es, para Einstein, su actitud de retroceso ante el misterio y el asombro, aquel miedo \u00abenfermizo\u00bb a la metaf\u00edsica que, en su opini\u00f3n, se hab\u00eda adue\u00f1ado del filosofar contempor\u00e1neo precisamente en las manifestaciones m\u00e1s pr\u00f3ximas al saber cient\u00edfico; y la desembocadura del pesimismo generalizado es el nihilismo. Pero ante tales limitaciones contrapuestas cabe tambi\u00e9n \u2013y \u00e9sta tendr\u00eda que ser la actitud del cient\u00edfico que conoce los l\u00edmites de su saber y se atreve a reflexionar acerca de los presupuestos y de las finalidades de la ciencia\u2013 establecer una distinci\u00f3n clara entre los planos cient\u00edfico-racional y moral-existencial con sus respectivos universos de discurso; distinci\u00f3n \u00e9sta que, en opini\u00f3n de Einstein, permite asumir con distanciada modestia, docta ignorancia y sentido del humor, dentro de lo que cabe, la perenne contradicci\u00f3n de la vida humana.<\/p>\n<p>En una de sus exposiciones sobre los l\u00edmites de la concepci\u00f3n puramente racional de la existencia Einstein introduce, sin embargo, ciertos matices que son de inter\u00e9s en este contexto, porque precisan hasta qu\u00e9 punto es posible fundamentar racionalmente objetivos y finalidades propios de la concepci\u00f3n del mundo y que, por su naturaleza, escapan a la argumentaci\u00f3n probatoria o demostrativa que es propia del an\u00e1lisis reductivo. En esa exposici\u00f3n repite Einstein su anterior razonamiento acerca de la limitaci\u00f3n de este tipo de an\u00e1lisis practicado por la ciencia, aduciendo ahora que el m\u00e9todo cient\u00edfico s\u00f3lo puede mostrar c\u00f3mo se relacionan los hechos entre s\u00ed y c\u00f3mo est\u00e1n mutuamente condicionados; pero, a continuaci\u00f3n, al referirse a la relaci\u00f3n entre medios o instrumentos y finalidades u objetivos, aclara que el conocimiento cient\u00edfico de lo que es \u00abno abre la puerta <em>directamente<\/em> a lo que deber\u00eda ser\u00bb. Distingue luego Einstein entre \u00abciertos fines\u00bb, para lograr los cuales el an\u00e1lisis reductivo proporciona instrumentos poderosos, y \u00abel objetivo \u00faltimo en s\u00ed\u00bb, el cual est\u00e1 vinculado al anhelo de alcanzarlo y procede de otra fuente distinta de la ciencia.<\/p>\n<p>El matiz que introduce el adverbio <em>directamente<\/em> y la distinci\u00f3n entre \u00abciertos fines\u00bb y \u00abobjetivo \u00faltimo\u00bb parecen estar sugiriendo ah\u00ed que son posibles mediaciones o intermediaciones entre la captaci\u00f3n intuitiva de objetivos y finalidades \u00faltimas humanas y el conocimiento cient\u00edfico-instrumental de la realidad. Esta sugerencia resulta reforzada en el mismo texto por el uso que se hace en \u00e9l de las expresiones <em>m\u00e9todo cient\u00edfico<\/em>, <em>conocimiento objetivo<\/em> y <em>pensamiento inteligente<\/em>. El primero de ellos se emplea para hacer referencia a la explicaci\u00f3n de hechos mutuamente interrelacionados; el segundo \u2013conocimiento objetivo\u2013 para aludir a los instrumentos que ayudan a lograr ciertos fines; y el tercero para nombrar un tipo de captaci\u00f3n cognitiva que entra tambi\u00e9n, indirectamente, en la configuraci\u00f3n de objetivos y juicios \u00e9ticos.<\/p>\n<p>Se sigue de ah\u00ed que <em>el pensamiento inteligente<\/em> del que habla Einstein puede jugar cierto papel en la delimitaci\u00f3n de aquellos objetivos y finalidades que escapan a la metodolog\u00eda cient\u00edfica, puesto que en determinadas circunstancias, seg\u00fan su opini\u00f3n, dicho pensamiento arroja luz acerca de la relaci\u00f3n entre medios y fines. A\u00fan m\u00e1s expl\u00edcito en el reconocimiento de la posibilidad de racionalizar la elecci\u00f3n de fines \u2013por as\u00ed decirlo\u2013 <em>intermedios<\/em> entre el objetivo \u00faltimo y los hechos susceptibles de explicaci\u00f3n cient\u00edfica es este otro paso: \u00abLa ciencia, en la medida en que capta conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad o incompatibilidad de objetivos y valoraciones\u00bb[23].<\/p>\n<p>\u00bfEquivale esto a decir que podemos decidir sobre finalidades y valores mediante una argumentaci\u00f3n razonable e inteligente basada en \u00faltima instancia en el conocimiento cient\u00edfico? No es seguro que la respuesta de Einstein sobre la plausibilidad racional de las valoraciones con base cient\u00edfica haya sido positiva. Es seguro, en cambio, que en lo que respecta a las finalidades \u00faltimas, esto es, a lo que en cierto momento llama las definiciones fundamentales en cuanto a objetivos y valores, siempre pens\u00f3 que quedaban fuera del alcance de la ciencia. En la medida en que tales definiciones fundamentales son parte esencial del entramado de la vida humana, se comprende que Einstein haya postulado la dependencia y subordinaci\u00f3n, no l\u00f3gica sino existencial, de la ciencia respecto de la afirmaci\u00f3n de valores en el plano moral.<\/p>\n<p>Hay momentos y contextos en los que Einstein no alude a otras formas de afirmaci\u00f3n de valores, objetivos o finalidades fundamentales que no se hallen directa o indirectamente relacionadas con el sentimiento religioso (en sentido amplio) y en los que, por tanto, no distingue entre fe religiosa y creencia laica que intenta fundamentar un concepto inmanentista del mundo en los datos b\u00e1sicos del conocimiento cient\u00edfico positivo. Pero en otros casos y contextos Einstein distingue con mucha radicalidad entre religi\u00f3n y moral, diferenciado lo que es el sentimiento que se experimenta ante la belleza, simplicidad y estructura del universo y la moralidad, que es cosa de los humanos, pero que puede no tener que ver con la idea de Dios, y el sentimiento religioso propiamente dicho. Al llegar a este punto, y despu\u00e9s de afirmar la superioridad social-existencial del conocimiento moral sobre el conocimiento cient\u00edfico, Einstein sol\u00eda remitirse a la sabidur\u00eda cl\u00e1sica (occidental y oriental). En septiembre de 1937 escrib\u00eda a este respecto que el conocimiento y la habilidad no pueden conducir por s\u00ed solos a la humanidad hacia un orden feliz y digno, por que \u00e9sta, la humanidad, tiene toda la raz\u00f3n al colocar a quienes proclaman ideas morales y valores elevados por encima de los que descubren verdades objetivas. Cita Einstein, en ese contexto, a Buda, a Mois\u00e9s y a Jes\u00fas de Nazaret. Y en diciembre de 1950, respondiendo a una larga carta de un estudiante de la universidad de Rutgers, que le preguntaba por la raz\u00f3n de ser del hombre en la tierra y que mencionaba expl\u00edcitamente a Pascal para desmarcarse claramente de la apuesta religiosa, Einstein contesta matizando:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Cuando hablamos del motivo y de la meta de una acci\u00f3n, lo \u00fanico que nos preguntamos es esto: \u00bfqu\u00e9 tipo de deseo se puede satisfacer, qu\u00e9 acciones permiten realizar estos deseos y qu\u00e9 consecuencias, indeseables o no, pueden tener tales acciones? Tambi\u00e9n podemos, desde luego, hablar claramente de la meta de una acci\u00f3n cuando se sit\u00faa uno desde el punto de vista de la comunidad a que el individuo pertenece. En este caso el fin de la acci\u00f3n debe satisfacer tambi\u00e9n, al menos indirectamente, los deseos de los individuos que constituyen la sociedad. Pues bien, si me pregunta usted sobre la raz\u00f3n o el fin de la sociedad considerada globalmente, la pregunta no tiene sentido. Tiene m\u00e1s sentido, desde luego, interrogarse sobre la raz\u00f3n o la significaci\u00f3n de la naturaleza en general [&#8230;] Sin embargo, todos tenemos la sensaci\u00f3n de que es muy razonable e importante preguntarnos c\u00f3mo deber\u00edamos intentar conducir nuestras existencias. En mi opini\u00f3n, la respuesta es: satisfacer los deseos y las necesidades de todos en la medida de lo posible y lograr la armon\u00eda y la belleza en las relaciones humanas. Esto presupone una buena dosis de discernimiento, educaci\u00f3n y dominio de uno mismo. Es innegable que los griegos instruidos y los viejos sabios orientales tuvieron un nivel mucho m\u00e1s elevado en este campo, de importancia capital, que lo que es corriente hoy en nuestras escuelas y universidades[24].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 6. \u00bfHay que dejar la ciencia en manos de los cient\u00edficos?<\/strong><\/p>\n<p><em>Conferencia impartida en la UNED de Barbastro (Huesca), 22\/XI\/2007.<\/em><\/p>\n<p>I. Para contestar bien a esta pregunta conviene empezar con algunas distinciones de car\u00e1cter metodol\u00f3gico que no siempre se hacen en el debate actual. Pido perd\u00f3n por las repeticiones si lo que voy a decir ha aparecido ya en conferencias anteriores.<\/p>\n<p>Las distinciones metodol\u00f3gicas que yo creo de inter\u00e9s para nuestro tema ser\u00edan estas:<\/p>\n<p>I.1. Entre ciencia propiamente dicha o teor\u00eda cient\u00edfica (lo que tradicionalmente se llamaba <em>ciencia b\u00e1sica<\/em>) y <em>tecnolog\u00eda<\/em> o aplicaciones tecnol\u00f3gicas, pr\u00e1cticas, de las teor\u00edas cient\u00edficas.<\/p>\n<p>Esta es una distinci\u00f3n muy elemental, pero vale la pena mantenerla todav\u00eda hoy, teniendo en cuenta que algunas de las corrientes filos\u00f3ficas m\u00e1s difundidas en Europa (desde Heidegger hasta las filosof\u00edas deconstructivistas) tienden a identificar ciencia b\u00e1sica y tecnolog\u00eda. para luego internarse en una cr\u00edtica desaforada del car\u00e1cter \u00abdeshumanizador\u00bb de la ciencia moderna.<\/p>\n<p>I.2. Entre ciencia como <em>proceso<\/em> de conocimiento, lo que incluye aspectos psico-sociol\u00f3gicos del descubrimiento cient\u00edfico, y ciencia como <em>producto<\/em> logrado, es decir, las leyes o teor\u00edas (por provisionales que \u00e9stas sean) establecidas en tales o cuales \u00e1mbitos del conocimiento, y que es lo que se ense\u00f1a como ciencia en las instituciones educativas, en tal o cual momento hist\u00f3rico determinado.<\/p>\n<p>Una cosa son los vericuetos psico-sociol\u00f3gicos a trav\u00e9s de la cuales el cient\u00edfico hace tal o cual descubrimiento y otra el producto cognoscitivo logrado (las leyes o teor\u00edas alcanzadas).<\/p>\n<p>I.3. Entre conocimiento cient\u00edfico propiamente dicho y ciencia <em>como pieza cultural<\/em> en el mundo actual. Pues por mucho que las leyes o teor\u00edas establecidas en tal o cual \u00e1mbito cient\u00edfico s\u00f3lo sean suficientemente conocidas por los especialistas en ese \u00e1mbito, la ciencia es tambi\u00e9n una pieza cultural, parte de la cultura del ser humano de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda se puede hablar de cultura cient\u00edfica en un sentido amplio. Y no hay que oponer la cultura cient\u00edfica a lo que llamamos cultura acentuando la vertiente literaria de la alta cultura o de la cultura ilustrada.<\/p>\n<p>I.4. Entre investigaci\u00f3n cient\u00edfico y tecno-cient\u00edfica y <em>pol\u00edtica de la ciencia<\/em>. Puede haber, y de hecho hay, investigaci\u00f3n cient\u00edfica excelente en el marco de pol\u00edticas cient\u00edficas deplorables.<\/p>\n<p>El cient\u00edfico en tanto que cient\u00edfico, en su laboratorio o en su trabajo, puede hacer abstracci\u00f3n, y la hace muchas veces, de la pol\u00edtica cient\u00edfica imperante. Pero en tanto que ciudadano ha de preguntarse, como los dem\u00e1s ciudadanos, por el marco en el que hace ciencia y por las consecuencias que su actividad tiene en la sociedad en que vive. <em>No hay que pedirle m\u00e1s responsabilidad que a los otros ciudadanos, pero tampoco menos<\/em>.<\/p>\n<p>Esto es algo que vio muy bien Einstein entre 1945 y 1955. Y vale la pena seguir atendiendo a lo que fue su pensamiento.<\/p>\n<p>II. Paso ahora a exponer algunas implicaciones de los distingos anteriores:<\/p>\n<p>II.1. Aunque en algunos \u00e1mbitos punteros la fusi\u00f3n entre ciencia y tecnolog\u00eda es ya un hecho desde hace tiempo, todav\u00eda resulta operativa la distinci\u00f3n entre ciencia y tecnolog\u00eda en muchos y diferentes \u00e1mbitos. Por tanto, conviene especificar de qu\u00e9 \u00e1mbito o \u00e1mbitos estamos hablando cuando nos planteamos la pregunta.<\/p>\n<p>En l\u00edneas generales se puede decir: a) que el lapsus de tiempo necesario entre un descubrimiento cient\u00edfico en el \u00e1mbito de la ciencia b\u00e1sica y sus aplicaciones tecnol\u00f3gicas se ha reducido considerablemente; y b) que en los \u00e1mbitos punteros ya no hay lapso.<\/p>\n<p>II.2. Sobre la ciencia como producto logrado, o sea, sobre las teor\u00edas o hip\u00f3tesis cient\u00edficas relevantes en la mayor\u00eda de los \u00e1mbitos, el p\u00fablico, la gente, la sociedad civil, o como quiera decirse, tiene poco que decir. Ah\u00ed lo sensato es ilustrarse, aprender, y por lo general, desaprender acerca de teor\u00edas e hip\u00f3tesis anteriores. Como dec\u00eda Einstein, en este plano son los propios cient\u00edficos quienes saben d\u00f3nde les aprieta el zapato.<\/p>\n<p>II.3. La ciencia entendida como proceso de descubrimientos cient\u00edficos es un objeto de estudio de la historia y la sociolog\u00eda. El asunto ah\u00ed es dilucidar por qu\u00e9 v\u00edas y que factores condicionaron el que se haya llegado a tales o cuales explicaciones.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-sociol\u00f3gica de la ciencia es muy importante por el papel que est\u00e1n jugando las comunidades cient\u00edficas, pues el proceso de descubrimiento no es un asunto estrictamente individual; los grupos de investigaci\u00f3n, las revistas, los departamentos e institutos juegan ahora un papel sustantivo. Es evidente que en este plano tienen cosas importantes que decir no s\u00f3lo los cient\u00edficos sino tambi\u00e9n otros sectores de la sociedad que se dedican a la historia, la sociolog\u00eda o la filosof\u00eda de la ciencia.<\/p>\n<p>II.4. Como la ciencia es hoy en d\u00eda una pieza cultural sustancial en nuestras sociedades y como sus teor\u00edas tienen repercusiones pr\u00e1cticas inmediatas o mediatas importantes y forma, adem\u00e1s, parte, de la ense\u00f1anza reglada en general, conviene tener clara la relaci\u00f3n con otras piezas culturales o manifestaciones del conocimiento.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que convenga impulsar, de un lado, la comunicaci\u00f3n cient\u00edfica, o sea, la comunicaci\u00f3n de los resultados de las teor\u00edas cient\u00edficas a un p\u00fablico amplio, no especializado; y que convenga, de otro lado, que los cient\u00edficos tengan una formaci\u00f3n human\u00edstica amplia. Para que los cient\u00edficos y el p\u00fablico en general puedan discutir sobre pol\u00edticas cient\u00edficas con conocimiento de causa se necesita superar el hiato existente entre lo que Snow llamaba las dos culturas.<\/p>\n<p>II.5. Resulta obvio que la pol\u00edtica de la ciencia no puede ser cosa de los cient\u00edficos mismos. La jerarquizaci\u00f3n de las l\u00edneas de investigaci\u00f3n cient\u00edfica y cient\u00edfico-t\u00e9cnica tiene consecuencia sociales y \u00e9tico-pol\u00edticas inmediatas y mediatas. En ese \u00e1mbito es en el que se puede decir, con Bacon, que la ciencia es poder, da poder. Implica y tiene que interesar, por tanto, a la sociedad en su conjunto.<\/p>\n<p>Es en este \u00e1mbito, el de la pol\u00edtica de la ciencia, en el que hay que contestar a la pregunta que da t\u00edtulo a la conferencia. Y creo que, hechos los distingos anteriores, se llega claramente a la conclusi\u00f3n de que, efectivamente, <em>en este \u00e1mbito<\/em>, y lo subrayo, no hay que dejar la ciencia en manos de los cient\u00edficos en activo exclusivamente. Pero tampoco, como se pretende a veces, en manos de los \u00e9ticos licenciados, de los pol\u00edticos profesionales o de los llamados representantes de la sociedad en una democracia representativa.<\/p>\n<p>En lo que sigue dar\u00e9 mi opini\u00f3n a este respecto.<\/p>\n<p>III. No hay ninguna raz\u00f3n fuerte para concluir que haya que dejar exclusivamente en manos de los \u00e9ticos licenciados o titulados el planteamiento y la resoluci\u00f3n de los problemas \u00e9ticos derivados de la ciencia y de la tecno-ciencia en nuestras \u00e9poca. De acuerdo con lo que dijo Ferrater Mora en su <em>Etica pr\u00e1ctica<\/em>[25] conviene escuchar tambi\u00e9n en esto la opini\u00f3n de los cient\u00edficos.<\/p>\n<p>Ahora bien, cuando se compara lo que dicen los \u00e9ticos a este respecto con lo que dicen, por ejemplo, genetistas, ingenieros gen\u00e9ticos y especialistas en biotecnolog\u00eda. no s\u00f3lo se percibe que mientras entre los primeros hay una coincidencia muy amplia en contra de la clonaci\u00f3n de humanos (o de partes de organismos humanos) y entre los segundos hay divergencias notables, sino algo m\u00e1s preocupante, a saber: que entre estos \u00faltimos hay una tendencia cada vez m\u00e1s patente a cambiar de opini\u00f3n (y de forma bastante dr\u00e1stica) a medida que avanzan las investigaciones y se obtienen importantes medios financieros para las mismas.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed, e introducir el tema de la mercantilizaci\u00f3n de la tecnociencia en una econom\u00eda globalizada, hay que decir que la discusi\u00f3n \u00e9tica sobre clonaci\u00f3n desemboca necesariamente en consideraciones pol\u00edticas: de pol\u00edtica sanitaria, de pol\u00edtica cient\u00edfica, de pol\u00edtica econ\u00f3mica, de pol\u00edticas p\u00fablicas, de pol\u00edtica sensu estricto. Y conviene a\u00f1adir que no es posible separar tales consideraciones del punto de vista jur\u00eddico o legalizador de las opciones \u00e9ticas.<\/p>\n<p>Aunque por razones metodol\u00f3gicas siempre es bueno delimitar los campos y admitir la divisi\u00f3n t\u00e9cnica del trabajo, la dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica del problema \u00e9tico obliga, por tanto, en este caso a decir algo m\u00e1s. Y teniendo en cuenta todos los factores analizados, admitiendo el punto de vista bio\u00e9tico expresado por Engelhardt, Dworkin y Jonas, y siempre desde el supuesto \u00e9tico pluralista por el momento mayoritariamente admitido, es posible llegar a algunas conclusiones en el marco de una \u00e9tica p\u00fablica pr\u00e1ctica:<\/p>\n<p>1. No se puede prohibir en investigaci\u00f3n b\u00e1sica. O sea, prohibir en investigaci\u00f3n b\u00e1sica no es moralmente sano, ni (probablemente) realizable, ni jur\u00eddicamente deseable. En esto, y conociendo el reiterado efecto perverso de las prohibiciones en nombre de principios absolutizadores, parece todav\u00eda aceptable el viejo principio moderno e ilustrado: <em>ante la duda, en favor de la libertad<\/em>.<\/p>\n<p>2. Pero, teniendo en cuenta las limitaciones del proceder por ensayo y error en \u00e1mbitos en los cuales el riesgo de error puede ser equiparable a la cat\u00e1strofe, es posible, razonable y necesario proponer moratorias en algunos campos, se\u00f1aladamente en aquellos:<\/p>\n<p>a] que afectan directamente a la experimentaci\u00f3n con animales y seres humanos;<\/p>\n<p>b] que suscitan dudas fundadas sobre las aplicaciones no contrastadas;<\/p>\n<p>c] en los que una parte relevante de la comunidad cient\u00edfica tiene dudas fundadas; y<\/p>\n<p>d] estas dudas coinciden con preocupaciones serias de la opini\u00f3n p\u00fablica informada.<\/p>\n<p>En consideraciones de este tipo se basa la introducci\u00f3n razonable del <em>principio de precauci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>3. Para que las moratorias sean efectivas no basta ya el principio deliberativo de origen aristot\u00e9lico; se necesita <em>control<\/em> a tres niveles:<\/p>\n<p>a) autocontrol en la comunidad cient\u00edfica correspondiente mediante normas deontol\u00f3gicas expl\u00edcitas (no generalidades);<\/p>\n<p>b) control legislativo mediante normas jur\u00eddicas expl\u00edcitas parlamentariamente aprobadas y, dada la globalizaci\u00f3n de la econom\u00eda, con validez en el \u00e1mbito internacional; y<\/p>\n<p>c) control social de los dos controles anteriores a trav\u00e9s de las asociaciones ciudadanas (no s\u00f3lo de los ciudadanos directamente afectados en cada caso).<\/p>\n<p>4. Para que el control social del autocontrol cient\u00edfico y del control legislativo sea efectivo se necesita:<\/p>\n<p>a) cultura cient\u00edfica de la ciudadan\u00eda a la altura de los tiempos (pues eso es lo que significa ahora \u00abopini\u00f3n p\u00fablica informada\u00bb);<\/p>\n<p>b) educaci\u00f3n espec\u00edfica sobre los problemas particulares en discusi\u00f3n;<\/p>\n<p>c) asociaciones mixtas en defensa de los derechos del ciudadano; y<\/p>\n<p>d) asociaciones de cient\u00edficos preocupados y\/o comprometidos con conciencia de las derivaciones negativas de la mercantilizaci\u00f3n de la ciencia y de la importancia de la autonom\u00eda en la investigaci\u00f3n cient\u00edfica; e] presi\u00f3n ciudadana sobre los partidos pol\u00edticos parlamentarios en los que, en general, hay todav\u00eda muy poca conciencia de la importancia de las pol\u00edticas cient\u00edficas y de la pr\u00e1ctica irreversibilidad de las pol\u00edticas cient\u00edfico-tecnol\u00f3gicas aprobadas sin apenas discusi\u00f3n acerca de las consecuencias de las mismas a plazo medio y largo.<\/p>\n<p>En suma, no puede haber pol\u00edtica razonable para el siglo XXI que no ponga el acento program\u00e1tico principal en la pol\u00edtica cient\u00edfica.<\/p>\n<p>IV. Ejemplo pr\u00e1ctico. para empezar por lo m\u00e1s pr\u00f3ximo. Declaraci\u00f3n UPF:<\/p>\n<p>En lo referente a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y t\u00e9cnica, la UPF se regir\u00e1 por los principios de responsabilidad, sostenibilidad y precauci\u00f3n. Esto supone, respectivamente, prestar la atenci\u00f3n debida a las previsibles necesidades de las generaciones futuras, respetar el medio ambiente para evitar desequilibrios ecol\u00f3gicos locales o planetarios y autocontenci\u00f3n en el planteamiento y puesta en pr\u00e1ctica de aquellas investigaciones que, en condiciones de incertidumbre, puedan da\u00f1ar o afectar sustancialmente a la salud de los seres humanos.<\/p>\n<p>En aplicaci\u00f3n de los principios de sostenibilidad y precauci\u00f3n la UPF fomentar\u00e1 la cultura de la paz, la conciencia ecol\u00f3gica y el sentido de responsabilidad \u00e9tica de sus investigadores tanto en el \u00e1mbito de la investigaci\u00f3n cient\u00edficamente propiamente dicha como en lo relativo a las aplicaciones t\u00e9cnicas y a la comunicaci\u00f3n a la sociedad de los resultados alcanzados en dichas investigaciones.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, y en aplicaci\u00f3n de estos mismos principios, la UPF hace suya la propuesta de los cient\u00edficos responsables en el sentido de potenciar la transferencia de fondos dedicados a la investigaci\u00f3n militar a investigaciones de car\u00e1cter civil y pac\u00edfico y, consiguientemente, renunciar\u00e1 a aquellos proyectos cuya finalidad sea fomentar la carrera de armamentos as\u00ed como a todo tipo de investigaci\u00f3n con fines inequ\u00edvocamente b\u00e9licos, belicistas o militaristas.<\/p>\n<p>De acuerdo con estos principios y en atenci\u00f3n a los art\u00edculos 3 y 4 de los estatutos, que proclaman la independencia de la instituci\u00f3n y el fomento en ella de los valores c\u00edvicos y sociales propios de una sociedad democr\u00e1tica, la UPF evitar\u00e1 la colaboraci\u00f3n con empresas dedicadas al negocio de las armas y al desarrollo armamentista en sus distintas formas. Por tanto, la UPF no establecer\u00e1 convenios ni firmar\u00e1 contratos con grupos empresariales vinculados a la industria de la guerra y en particular con aquellas empresas dedicadas a la construcci\u00f3n tanques, aviones de combate, cazabombardeos, sistemas electr\u00f3nicos para misiles, sistemas de inteligencia dise\u00f1ados para la guerra electr\u00f3nica, digitalizaci\u00f3n de armas o producci\u00f3n de componentes de aplicaci\u00f3n directa a la fabricaci\u00f3n de armamento de cualquier tipo.<\/p>\n<p>V. La reflexi\u00f3n sobre ciencia y \u00e9tica en este cambio de siglo y de milenio vuelve a enlazar con el viejo mito fundacional de los \u00e1rboles del Para\u00edso. A la consideraci\u00f3n de que ciencia y t\u00e9cnica se funden en un complejo \u00fanico dominado en gran parte por la mercantilizaci\u00f3n corresponde la proposici\u00f3n de una \u00e9tica que tiene como centro la salvaguardia de la vida: de la vida del ser humano y de la naturaleza con la que interact\u00faa. La \u00e9tica se hace, sobre todo, bio\u00e9tica, \u00e9tica de la vida, \u00e9tica de lo viviente y de la supervivencia. No es casual que el profesor de Princeton Lee M. Silver titule su reflexi\u00f3n sobre la investigaci\u00f3n tecnocient\u00edfica puntera precisamente \u00abVuelta al Ed\u00e9n\u00bb[26]. Ni es casual que el fil\u00f3sofo Hans Jonas haya recuperado la vieja y reiterada leyenda del diluvio como met\u00e1fora para hacernos pensar sobre una \u00e9tica de la vida con sentido de la responsabilidad.<\/p>\n<p>Hans Jonas subraya un aspecto interesante del mito del diluvio universal en su versi\u00f3n judeo-cristiana, a saber: que despu\u00e9s de un primer momento en que la divinidad, ante la maldad existente en el mundo, se arrepiente de haber creado al ser humano y decreta el diluvio con las palabras \u00abh\u00e1gase la justicia y perezca el mundo\u00bb, acaba inclin\u00e1ndose, sin embargo, por un pacto, por una nueva alianza con el <em>homo sapiens<\/em>. Esta nueva alianza se basa en la aceptaci\u00f3n impl\u00edcita de un objetivo m\u00e1s modesto que el del hombre perfecto y paradis\u00edaco, en un rechazo de la perfectibilidad. Jonas sugiere que de ah\u00ed se puede hacer seguir la necesidad de una \u00e9tica de la imperfecci\u00f3n, de la modestia, de la humildad, como diciendo: si la divinidad vuelve sobre sus pasos para acabar aceptando modestamente la imperfecci\u00f3n de su propia creaci\u00f3n, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00eda de hacer lo mismo el hombre que sabe y que con el saber tiene poder sobre los otros y sobre la naturaleza?<\/p>\n<p>La priorizaci\u00f3n de la mesura no es, sin embargo, un rasgo espec\u00edfico de las \u00e9ticas de base religiosa ni siquiera necesariamente de las \u00e9ticas que reivindican de manera expl\u00edcita una vuelta a la metaf\u00edsica. Se puede y se debe poner en relaci\u00f3n esta noci\u00f3n de la mesura con el car\u00e1cter deliberativo propuesto para la \u00e9tica en sus or\u00edgenes griegos. Arist\u00f3teles dej\u00f3 dicho que en las cuestiones importantes nos hacemos aconsejar de otros porque desconfiamos de nosotros mismos y no nos creemos suficientes para decidir. La deliberaci\u00f3n concierne precisamente a aquellas decisiones importantes cuyo resultado no es claro o presumimos que es indeterminado. Este es el caso ante la mayor\u00eda de los temas implicados en la ingenier\u00eda gen\u00e9tica arriba enumerados. No se trata s\u00f3lo de pedir consejo a los \u00e9ticos. Se trata de algo m\u00e1s. Y por eso parece razonable el punto de vista deliberativo que se ha ido imponiendo en comisiones y comit\u00e9s nacionales e internacionales interdisciplinarios pero preocupados sobre todo por la bio\u00e9tica cuando han de proponer decisiones ante esas cuestiones.<\/p>\n<p>Ahora bien, de la misma manera que ha habido a lo largo de la historia varias \u00e9ticas y no una sola Etica habr\u00eda que decir ahora que no hay una bio\u00e9tica sino varias. Me parece conveniente subrayar esto para evitar una contraposici\u00f3n muy recurrente pero forzada: \u00e9ticos o bio\u00e9ticos (como si hubiera una sola \u00e9tica) <em>versus<\/em> cient\u00edficos o genetistas (como si hubiera un solo punto de vista acerca de la ciencia o acerca de las l\u00edneas de investigaci\u00f3n de la gen\u00e9tica). La \u00fanica forma de discutir en serio sobre los problemas derivados de la tecnociencia es empezar por aceptar el fracaso (relativo) del proyecto filos\u00f3fico moral moderno, ilustrado, ecum\u00e9nico y universalista, y partir del reconocimiento de que en nuestra sociedad posmoderna, o como quiera denominarse, tenemos que esforzarnos por hacer compatibles varias concepciones morales. A estas alturas de la historia no hay una visi\u00f3n moral secular dotada de contenido, can\u00f3nica, para todas las personas ni siquiera en nuestro \u00e1mbito cultural.<\/p>\n<p>Esto implica aceptar la diferencia entre \u00abmoralidad can\u00f3nica dotada de contenido\u00bb y \u00abmoralidad de procedimiento\u00bb basada en la idea de los \u00abextra\u00f1os morales\u00bb, esto es, de la alteridad u otreidad en el plano \u00e9tico. Al no compartir una visi\u00f3n moral que permita encontrar soluciones dotadas de contenido en las controversias morales, hay que resolver por mutuo acuerdo, por consenso. Tambi\u00e9n en el caso de las controversias relacionadas con la ingenier\u00eda gen\u00e9tica. Me parece acertada en esto la f\u00f3rmula de Engelhardt para una fundamentaci\u00f3n de la bio\u00e9tica: \u00abUn marco moral por medio del cual los individuos pertenecientes a comunidades morales diferentes puedan considerarse vinculados por una estructura moral com\u00fan y puedan apelar a una bio\u00e9tica tambi\u00e9n com\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, no una \u00e9tica com\u00fan, sino una <em>lingua franca<\/em> moral com\u00fan. Es interesante se\u00f1alar que, en l\u00edneas generales esta perspectiva de Engelhardt, que se configura discutiendo con el ecumenismo cosmopolita en filosof\u00eda moral, coincide, en su reconocimiento del pluralismo \u00e9tico, con el esfuerzo de R. Dworkin, al abordar otros problemas clave de la controversia \u00e9tica contempor\u00e1nea (discutiendo, en este caso, tanto con las \u00e9ticas de base religiosa como con el liberalismo esencialista) en <em>El dominio de la vida<\/em>[27]. Es un error dar por supuesto a estas alturas que, en las controversias actuales sobre los problemas que nos preocupan, existe algo as\u00ed como una \u00fanica bio\u00e9tica basada en una \u00fanica \u00e9tica de base religiosa (o una \u00fanica bio\u00e9tica secular). Ni siquiera la existencia de creencias religiosas compartidas garantizan posiciones \u00e9ticas comunes sobre este tema en el marco de la misma tradici\u00f3n. Y lo mismo puede decirse del punto de vista secular que se inspira en la asunci\u00f3n (cr\u00edtica o no) del proyecto moral ilustrado. Que esta situaci\u00f3n de hecho tenga que ser interpretada como una \u00abcat\u00e1strofe\u00bb (\u00abcrisis terminal de valores\u00bb, dicen algunos) o como una \u00abliberaci\u00f3n\u00bb (por fin se puede discutir sin cortapisas autoritarias, dicen otros) desde el punto de vista de la filosof\u00eda moral es harina de otro costal. Y no nos detendremos en ello aqu\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Anexo 7. Viure sense D\u00e9u. Conversa amb el Lama Jinpa Gyamtso28 i el professor Francisco Fern\u00e1ndez Buey (Vivir sin Dios. Una conversaci\u00f3n con el Lama Jinpa Gyamtso y el profesor Francisco Fern\u00e1ndez Buey).<\/strong><\/p>\n<p><em>Francesc Rovira, <\/em>Dialogal<em>[29], primavera de 2008.<\/em><\/p>\n<p>Son muchos los que no creen en el Dios de las grandes religiones monote\u00edstas, el Dios \u00fanico creador del universo, omnisciente y omnipotente, misericordioso y justo. Pero no todos los que no creen en Dios creen lo mismo sobre la vida humana, sobre sus l\u00edmites, sobre sus posibilidades, sobre c\u00f3mo vivir. Para hablar de todo esto, hemos reunido a dos ateos muy distintos: un budista y un marxista.<\/p>\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 no creen en Dios?<\/strong><\/p>\n<p>Lama Jinpa Gyamtso: Dios es un obst\u00e1culo en el camino para descubrir la verdadera naturaleza de la realidad. La noci\u00f3n de Dios implica la dualidad permanente, implica que siempre habr\u00e1 Dios y, ante ellos, un \u00abyo\u00bb. Y todo el camino budista es un camino para desmontar la ilusi\u00f3n del yo como entidad permanente e independiente, y darse cuenta de que la realidad, incluidos nosotros, es no dual. Adem\u00e1s, la noci\u00f3n de Dios, aparte de estar llena de contradicciones, nos impide reconocer nuestra capacidad de ser mucho m\u00e1s de lo que somos al condenarnos a ser eternamente imperfectos en comparaci\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>Francisco Fern\u00e1ndez Buey: Quiz\u00e1s hay que empezar indicando que lo que se puede demostrar es la existencia de algo, no su inexistencia, y que por tanto la carga de la prueba recae en lo que afirma una existencia, no en lo que la niega[30]. Dicho esto, yo no veo evidencia de la existencia de un ser de las caracter\u00edsticas de Dios. La raz\u00f3n moderna ha mostrado que todas las supuestas pruebas de la existencia de Dios son incluyentes: no son pruebas o demostraciones. La idea de Dios ha sido creada por los hombres como respuesta a los miedos de la especie. Hemos trasladado a los dioses los valores que consideramos mejores para afrontar estos miedos.<\/p>\n<p>LJ: Dios no es m\u00e1s que un \u00absuperyo\u00bb. Nosotros somos un peque\u00f1o yo y \u00e9l es un yo inmenso. Por tanto, \u00a1es el peor de los yos!<\/p>\n<p>FFB: Y entonces algunos pretenden ser como dioses, y esto es una desgracia. Jesucristo es un ejemplo moral dif\u00edcilmente igualable, por lo que, normalmente, la imitaci\u00f3n de Cristo tiene consecuencias muy negativas.<\/p>\n<p>LJ: El mundo est\u00e1 lleno de gente que intenta creerse que son un buda. Es un defecto de la naturaleza humana. De todas formas, creo que podemos cambiar nuestra forma de entender, de percibir, de reaccionar ante las cosas, hasta alcanzar el estado de buda, que es un estado de comprensi\u00f3n y compasi\u00f3n absolutas. La prueba m\u00e1s palpable es que existen seres humanos extraordinarios que con sus actos se comportan realmente como un buda. Yo conozco. Y esto es bueno, porque el buda no tiene ego, s\u00f3lo existe por los dem\u00e1s. Tambi\u00e9n debe ser posible llegar a ser como Jes\u00fas. Si hubo uno, \u00bfpor qu\u00e9 no puede haber otro?<\/p>\n<p>FFB: Pero la historia muestra que todo gran ideal \u00e9tico acaba teniendo desarrollos perversos. Existe un abismo entre el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a y la Inquisici\u00f3n Espa\u00f1ola, o entre la idea de una sociedad radicalmente igualitaria y Stalin, o entre la idea de libertad y lo que ha tra\u00eddo el liberalismo hist\u00f3rico. Nos hacemos unas ilusiones que acaban desembocando en desilusiones. Si no reconocemos los l\u00edmites de nuestros ideales y la imperfecci\u00f3n del ser humano, existe el riesgo de convertir el mundo que queremos mejorar en un mundo a\u00fan peor.<\/p>\n<p>LJ: El budismo considera que tenemos l\u00edmites f\u00edsicos, pero no mentales. Si podemos amar a diez personas, \u00bfpor qu\u00e9 no once? Si podemos querer once, \u00bfpor qu\u00e9 no a mil? \u00bfPor qu\u00e9 no diez mil, o diez millones? \u00bfPor qu\u00e9 no todo el mundo? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el l\u00edmite de la estimaci\u00f3n?<\/p>\n<p>FFB: Yo dir\u00eda que tambi\u00e9n en esto hay un l\u00edmite.<\/p>\n<p><strong>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el l\u00edmite?<\/strong><\/p>\n<p>FFB: En el cerebro. La propia naturaleza impone l\u00edmites tanto en lo que se refiere al conocimiento como al punto de vista moral. Debemos ser prudentes y comprensivos ante estas limitaciones materiales. Es imposible ser altruista las 24 horas del d\u00eda. El gusanillo de la conciencia casi desaparece cuando el pr\u00f3jimo se encuentra lejos, y es que no es posible soportar el sufrimiento del mundo si el pr\u00f3jimo ya no es el vecino pr\u00f3ximo, sino la humanidad entera. Comparto la intenci\u00f3n moral de ese amor universal, pero me parece una imposibilidad material con muchos riesgos. Creo que es mejor pensar que somos s\u00f3lo una cosita en ese universo. Si hubiera un Dios, no tengo ninguna duda de que ese amor universal ser\u00eda una de sus propiedades. Pero nosotros no somos dioses.<\/p>\n<p>L.J.: Yo discrepo. Cuando uno entiende la vida y los sufrimientos de alguien, no se trata de que uno mismo tambi\u00e9n sufra, sino de entender a esa persona, y entonces uno puede sentir cari\u00f1o por ella. Si conoci\u00e9ramos los porqu\u00e9s y los trasfondos de todos los seres, uno por uno, sentir\u00edamos cari\u00f1o por todos ellos. Nuestro amor no se diluye por tener diez personas queridas en vez de una.<\/p>\n<p><strong>\u00bfEs esto realista?<\/strong><\/p>\n<p>L.J.: El camino budista parte de constatar algo obvio: somos imperfectos. Pero Buda no se conform\u00f3 con esto y descubri\u00f3 la forma de salir de ella. \u00bfNo es muy pesimista resignarse a creer que siempre seremos imperfectos y que debemos moderarnos y no querer ser m\u00e1s de lo que somos?<\/p>\n<p>FFB: Es el pesimismo de la inteligencia. Y despu\u00e9s viene el optimismo de la voluntad. Pero el punto de partida creo que siempre debe ser el pesimismo de la inteligencia. Ante la muerte, los miedos u otros problemas de la condici\u00f3n humana, es necesaria una actitud racional. En mi caso, estoicismo no significa, en absoluto, resignaci\u00f3n o pasividad. Por el contrario, defiendo que el ser humano no debe reconciliarse con la realidad existente, que me parece deplorable desde el punto de vista moral. La vida de los seres humanos sobre esta tierra es una tragedia, pero creo que se puede ser feliz con una vida basada en la combinaci\u00f3n del conocimiento y el amor a los dem\u00e1s, aunque de ambas cosas s\u00f3lo podamos disponer en una cantidad limitada.<\/p>\n<p>L.J.: \u00a1Saber y compasi\u00f3n son precisamente las dos piernas del camino budista!<\/p>\n<p><strong>Quienes creen en Dios a menudo encuentran en \u00e9l la fuente de los principios morales. \u00bfUstedes en los que fundamentan su \u00e9tica?<\/strong><\/p>\n<p>LJ: La \u00e9tica budista no se basa en la obediencia a unos mandamientos que se imponen, sino en la comprensi\u00f3n de cu\u00e1les son las consecuencias de las acciones, si generan sufrimiento o felicidad, a corto ya largo plazo. Cuando uno comprende cu\u00e1les son estas consecuencias, entonces sabe claramente que hay acciones que no deben realizarse.<\/p>\n<p>FFB: Estoy de acuerdo con la importancia de la reflexi\u00f3n sobre los efectos de nuestras acciones y comportamientos. Creo que en buena parte est\u00e1 a base de comparar comportamientos que se han formado las nociones de bien o de mal en la conciencia moral del ser humano. Tambi\u00e9n creo que estas nociones tienen un cierto car\u00e1cter intuitivo. Creo que, a diferencia de otras especies, en el ser humano existe un instinto moral.<\/p>\n<p><strong>\u00bfEs mejor que la \u00e9tica se aguante por s\u00ed misma, o que venga dada &#8216;de arriba&#8217;?<\/strong><\/p>\n<p>FFB: Desde el punto de vista del comportamiento moral, creo que la creencia o increencia en un ser superior es bastante secundaria, porque de hecho todos podemos compartir ciertos valores. Dicho esto, creo que es muy dif\u00edcil mantener la coherencia desde el punto de vista de una \u00e9tica revelada por un Dios. Las ilusiones creadas por la creencia en un ser que revela los valores son peligrosas, porque ante ciertas desgracias surge un gran desencanto. \u00ab\u00bfC\u00f3mo es posible que Dios lo haya permitido?\u00bb Sin embargo, una filosof\u00eda inmanentista, que ser\u00e1 m\u00e1s bien estoica, no se hace ilusiones sobre el mundo.<\/p>\n<p>L.J.: Yo estoy en medio. Estoy de acuerdo en que no hace falta Dios para tener una \u00e9tica, pero no pienso que la \u00e9tica tenga que provenir de la intuici\u00f3n individual, porque puede ser un s\u00e1lvese quien pueda, un nihilismo moral. Cada uno puede tener intuiciones diferentes y justificar sus actos de formas diferentes, y por tanto no puede haber una \u00e9tica colectiva. Hoy en d\u00eda hay casos de personas que cometen cr\u00edmenes horribles pero que conscientemente no tienen la idea de estar da\u00f1ando. Ante esto, yo prefiero una \u00e9tica basada en un Dios, si esta \u00e9tica fomenta el bienestar de todos y evita generar sufrimiento.<\/p>\n<p>FFB: Yo no comparto la afirmaci\u00f3n, tan extendida, que si Dios ha muerto todo est\u00e1 permitido. Al contrario. Muerto Dios, no todo est\u00e1 permitido. Simplemente las cosas se complican un poco porque es necesario fundamentar de otro modo el comportamiento humano. Muerto Dios, lo que s\u00ed est\u00e1 permitido es la reflexi\u00f3n libre y la discusi\u00f3n racional sobre lo que est\u00e1 permitido y lo que no, sobre la conciencia moral individual y colectiva de los individuos. Muerto Dios, podemos comparar libremente las finalidades y comportamientos que se plantean desde convicciones \u00e9ticas diferentes. Podemos descubrir, por ejemplo, que el altruismo es un valor que puede compartirse desde \u00e9ticas diferentes.<\/p>\n<p>LJ: \u00bfQu\u00e9 crees que hay despu\u00e9s de la muerte?<\/p>\n<p>FFB: Nada. La desaparici\u00f3n.<\/p>\n<p>LJ: Esto es importante y es abismalmente diferente de lo que cree un budista. Si sabes que ciertas acciones tendr\u00e1n consecuencias en otras vidas, esto puede hacer que var\u00edes tu conducta en esta vida. Pero si crees que despu\u00e9s de la muerte todo se acaba, puedes pensar que estar\u00e1s mejor mirando simplemente por ti mismo prescindiendo de los dem\u00e1s. En este caso, \u00bfpor qu\u00e9 deber\u00eda ser altruista?<\/p>\n<p>FFB: Porque todo se juega en este mundo. Creo que la superioridad de una moral laica radica en que mi comportamiento altruista o ego\u00edsta no est\u00e1 condicionado ni por la autoridad de un Dios ni por lo que pueda haber en otra vida.<\/p>\n<p><strong>Hay un t\u00f3pico que afirma que las sociedades que creen menos en Dios tienen m\u00e1s inclinaci\u00f3n en el <em>carpe diem<\/em> en su versi\u00f3n m\u00e1s ego\u00edsta\u2026<\/strong><\/p>\n<p>FFB: Creo que, estad\u00edsticamente, encontrar\u00edas tantos hedonistas entre creyentes en Dios como entre ateos. Porque esto forma parte de las contradicciones de los seres humanos. En mi experiencia me he encontrado con personas con creencias que estaban muy bien desde el punto de vista moral y con gente que ten\u00eda las mismas creencias, pero que desde el punto de vista moral no estaban tan bien. No niego que la idea de un castigo o un premio despu\u00e9s de la muerte tenga incidencia en el comportamiento de la persona. Pero para m\u00ed tiene m\u00e1s la memoria colectiva de lo que has hecho en la vida, que es lo que queda despu\u00e9s de la muerte. Puedo pensar que mi comportamiento no va a ser bien comprendido, o que voy a dejar un mal ejemplo, y eso me condicione.<\/p>\n<p><strong>Ustedes comparten no creer en la existencia del Dios del monote\u00edsmo. \u00bfPero qu\u00e9 hay de las divinidades del pante\u00f3n budista?<\/strong><\/p>\n<p>L.J.: No son lo m\u00e1s importante. Lo importante es llegar al estado de buda. Pero es cierto que el budismo acepta la existencia de muchos dioses, en el sentido de entidades sutiles, invisibles por nosotros, con otra forma de existencia y que pueden tener influencia sobre nosotros. Hasta cierto punto, Buda tambi\u00e9n puede considerarse una especie de divinidad, y hay muchas divinidades que son como representaciones de las cualidades de buda. En nuestro estado dualista, este potencial que es el estado de buda lo podemos representar como imagen externa. Podemos rezar a esa imagen externa y abrirnos a su influencia. Esta dualidad es aceptable, pero es temporal, relativa, ya que finalmente debemos llegar al estado en el que ya no hay separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>FFB: Me parece preferible la influencia del ejemplo de personas concretas e hist\u00f3ricas que pueden inspirar nuestro comportamiento moral. Dan un ejemplo de que es posible seguir. Naturalmente, como humanos que son, son imperfectos y tienen contradicciones. A m\u00ed me resultan simp\u00e1ticos los dioses de los griegos, que tienen las mismas pasiones, contradicciones y problemas que los humanos, porque son la transposici\u00f3n directa de nuestros l\u00edos. Pero muchas divinidades intermedias acaban tendiendo a la perfecci\u00f3n de la gran divinidad de los monote\u00edsmos.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1 ]NE. En carta de 29\/XII\/2004 dirigida a Miguel Riera a prop\u00f3sito de la publicaci\u00f3n de Albert Einstein: ciencia y consciencia, se\u00f1alaba el autor:<\/p>\n<p>\u00abMiguel:<br \/>\nAqu\u00ed tienes el texto sobre Einstein en papel y en disquette.<br \/>\nAdjunto un par de fotos de AE , que son, de las muchas que hay, las que m\u00e1s me gustan: la que tiene mejor definici\u00f3n es la primera; la segunda tiene la gracia de que est\u00e1 fumando, prueba irrefutable de la falibilidad de la ciencia&#8230; (no es obligatorio poner foto en la cubierta).<br \/>\nCosas que faltan:<br \/>\n1. Una nota bibliogr\u00e1fica: que ser\u00e1 breve (dos o tres folios).<br \/>\n2. Fotos del personaje. Encontrar\u00e1s cantidad en google. Se puede ir a: <a href=\"http:\/\/www.alberteinstein.info\">http:\/\/www.alberteinstein.info<\/a>. <a href=\"http:\/\/www.westegg.com\/einstein\">http:\/\/www.westegg.com\/einstein<\/a> <a href=\"http:\/\/www.th.physik.uni-frankfurt\">http:\/\/www.th.physik.uni-frankfurt<\/a>. En esas p\u00e1ginas hay tambi\u00e9n reproducciones de manuscritos etc. No s\u00e9 si hay que pedir permisos.<br \/>\n3. Convendr\u00eda que alguien echara un vistazo al texto antes de darlo a picar; yo lo he revisado, pero seguramente quedar\u00e1n cositas. Como creo que se lee bien, a lo mejor hasta te divierte hacerlo.<br \/>\n4. Como ver\u00e1s, ha quedado bastante m\u00e1s largo de lo previsto. La versi\u00f3n corta ten\u00eda el problema de que era demasiado biogr\u00e1fico-descriptiva; \u00e9sta tambi\u00e9n, pero al menos puedo ir dialogando de vez en cuando con el personaje. Si eso plantea problemas para la colecci\u00f3n prevista y hay que cambiar de idea (o de colecci\u00f3n) t\u00fa decides.<br \/>\n5. Supongo que habr\u00e1 muchos fastos einsteinianos durante el 2005 (que es el cincuentenario de la muerte de AE y el centenario de la teor\u00eda de la relatividad especial o restringida). He visto que los de las UNESCO empiezan pronto. Tenlo en cuenta porque, como habr\u00e1 mucha competencia, valdr\u00eda la pena anunciarlo pronto a las librer\u00edas y dem\u00e1s.<br \/>\n6. A lo mejor, teniendo en cuenta lo anterior, puedes conseguir alguna ayuda oficial para la edici\u00f3n.\u00bb<br \/>\n[2] Cf. G. Holton &amp; Y. Elkana (eds.) (1982): Albert Einstein. Historical and cultural perspectivas. The Centennial Symposium in Jerusalem, Princeton University Press, New Jersey.<br \/>\n[3] NE. Albert Einstein, <em>Sobre la teor\u00eda de la relatividad especial y general<\/em>, Madrid: Alianza Editorial, 1984 (traducci\u00f3n de Miguel Paredes Larrucea).<br \/>\n[4] NE. Albert Einstein y Leopold Infeld, <em>La evoluci\u00f3n de la f\u00edsica<\/em>, Barcelona: Editorial Salvat, 1986.<br \/>\n[5] NE. V\u00e9ase FFB, <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>, Barcelona: Cr\u00edtica, 1991, reedici\u00f3n en bolsillo en 2004, con nuevo pr\u00f3logo del autor. (\u00abPr\u00f3logo a la reedici\u00f3n de <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>.\u00bb <a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12393\">https:\/\/espai-marx.net\/?p=12393<\/a>).<br \/>\n[6] NE. Sobre las posiciones de FFB sobre la existencia Dios y asuntos complementarios, v\u00e9ase al anexo 5.<br \/>\n[7] NE. Sobre <em>El \u00e1rbol de la ciencia<\/em> de P\u00edo Baroja, v\u00e9ase FFB, <em>Para la tercera cultura. Ensayo sobre ciencias y humanidades<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2013, pp. 259-263.<br \/>\n[8] NE. <em>Ibidem<\/em>, pp. 395-401.<br \/>\n[9]. NE. Expresi\u00f3n que el autor usar\u00e1 en repetidas ocasiones. Por ejemplo, en el subt\u00edtulo de <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo<\/em>: \u00abIdeas para un racionalismo bien temperado\u00bb.<br \/>\n[10] NE. V\u00e9ase anexo 1.<br \/>\n[11] NE. V\u00e9ase FFB, \u00ab\u00bfFue Einstein un pacifista ingenuo e incoherente?\u00bb. En FFB, Jordi Mir y Enric Prat (eds.), <em>Filosof\u00eda de la paz<\/em>, Barcelona: Icaria,2010, pp. 191-212.<br \/>\n[12] NE. Sobre la lucidez cient\u00edfica y la sabidur\u00eda y coraje pol\u00edticos de Niels Bohr, v\u00e9ase Peter Watson, <em>Historia secreta de la bomba at\u00f3mica<\/em>, Barcelona: Cr\u00edtica, 2020.<br \/>\n[13] NE. \u00abManifiesto Russell-Einstein. Una declaraci\u00f3n sobre armas nucleares\u00bb. <a href=\"https:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/manifiesto-russell-einstein-una-declaracion-sobre-armas-nucleares\/\">https:\/\/www.elviejotopo.com\/topoexpress\/manifiesto-russell-einstein-una-declaracion-sobre-armas-nucleares\/<\/a><br \/>\n[14] NE. Una de las dos citas (la otra es de A. Zinoviev) que abren <em>La Ilusi\u00f3n del m\u00e9todo. Ideas para un racionalismo bien temperado<\/em>, Barcelona: Cr\u00edtica, 1991.<br \/>\n[15] NE. V\u00e9ase Fred Jerome, <em>El expediente Einstein. El FBI contra el cient\u00edfico m\u00e1s famoso del siglo XX<\/em>, Barcelona: Planeta, 2002.<br \/>\n[16] NE. \u00abLa claridad sobre los objetivos y problemas del socialismo es de suma importancia en nuestro tiempo de transici\u00f3n. Dado que, en las circunstancias actuales, la discusi\u00f3n libre y sin trabas de estos problemas se ha convertido en un tab\u00fa poderoso, considero que la fundaci\u00f3n de esta revista es un importante servicio p\u00fablico.\u00bb<br \/>\n[17] NE. Curiosamente tambi\u00e9n Veblen fue un autor muy estudiado y reconocido por Rafael S\u00e1nchez Ferlosio.<br \/>\n[18] NE. El 15 de octubre de 2022, consultando por \u00abAlbert Einstein\u00bb, 164.000.000.<br \/>\n[19] NE. Editor, librero, luchador incansable contra la industria criminal del amianto, amigo del autor (tambi\u00e9n de este anotador) falleci\u00f3 en 2021.<br \/>\n[20] NE. Tambi\u00e9n el autor estuvo interesado en ellos.<br \/>\n[21] NE. Son tambi\u00e9n varias las referencia a Einstein en la obra de Sacrist\u00e1n, maestro, amigo y compa\u00f1ero del autor. Sacrist\u00e1n falleci\u00f3 el 27 de agosto de 1985, diez d\u00edas antes de cumplir 60 a\u00f1os.<br \/>\n[22] Carta de Einstein a Born, del 15 de enero de 1927.<br \/>\n[23] Sobre el tema de la relaci\u00f3n entre hechos y valores: A. Einstein, <em>Mis ideas y opiniones<\/em> cit., p\u00e1gs. 27, 32 y ss. y 42-43.<br \/>\n[24] La carta ha sido incluida por H. Dukas y B. Hoffmann en la recopilaci\u00f3n citada que lleva por t\u00edtulo <em>Albert Einstein, The human side, New glimpses from his Archives<\/em>.<br \/>\n[25] NE. Tal vez <em>Etica aplicada. Del aborto a la violencia<\/em>, Madrid: Alianza, 1981. Autor\u00eda de Jos\u00e9 Ferrater Mora y Priscilla Cohn.<br \/>\n[26] NE. Madrid, Taurus.<br \/>\n[27] NE. Barcelona. Ariel, 1998.<br \/>\n[28] El Lama Jinpa Gyamtso naci\u00f3 en Terrassa en 1954. Conoci\u00f3 el budismo en 1982, se hizo monje en 1989, y fue investido como lama en 2000. Dirige los centros Samye Dzong de budismo tibetano que hay en Espa\u00f1a.<br \/>\n[29] NE. <em>Quadern de l\u2019Associaci\u00f3 UNESCO pel Di\u00e0leg interreligi\u00f3s<\/em>.<br \/>\n[30] NE. En la l\u00ednea de lo apuntado por Sacrist\u00e1n en su c\u00e9lebre nota al pie de p\u00e1gina de su pr\u00f3logo al <em>Anti-D\u00fchring<\/em> y tambi\u00e9n en lo defendido por Norwood Hanson Russell en \u00abEl dilema del agn\u00f3stico\u00bb. La nota del primero:<br \/>\n\u00abUna vulgarizaci\u00f3n demasiado frecuente del marxismo insiste en usar laxa y anacr\u00f3nicamente (como en tiempos de la \u201cfilosof\u00eda de la naturaleza\u201d rom\u00e1ntica e idealista) los t\u00e9rminos \u201cdemostrar\u201d, \u201cprobar\u201d y \u201crefutar\u201d para las argumentaciones de plausibilidad propias de la concepci\u00f3n del mundo. As\u00ed se repite, por ejemplo, la inepta frase de que la marcha de la ciencia \u201cha demostrado la inexistencia de Dios\u201d. Esto es literalmente un sinsentido. La ciencia no puede demostrar ni probar nada referente al universo como un todo, sino s\u00f3lo enunciados referentes a sectores del universo, aislados y abstractos de un modo u otro. La ciencia emp\u00edrica no puede probar, por ejemplo, que no exista un ser llamado Abracadabra abracadabrante, pues, ante cualquier informe cient\u00edfico-positivo que declare no haberse encontrado ese ser, cabe siempre la respuesta de que el Abracadabra en cuesti\u00f3n se encuentra m\u00e1s all\u00e1 del alcance de los telescopios y de los microscopios, o la afirmaci\u00f3n de que el Abracadabra abracadabrante no es perceptible, ni siquiera positivamente pensable, por la raz\u00f3n humana, etc. Lo que la ciencia puede fundamentar es la afirmaci\u00f3n de que la suposici\u00f3n de que existe el Abracadabra abracadabrante no tiene funci\u00f3n explicativa alguna de los fen\u00f3menos conocidos, ni est\u00e1, por tanto, sugerida por \u00e9stos.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, la frase vulgar de la \u201cdemostraci\u00f3n de la inexistencia de Dios\u201d es una ingenua torpeza que carga el materialismo con la absurda tarea de demostrar o probar inexistencias. Las inexistencias no se prueban; se prueban las existencias. La carga de la prueba compete al que afirma existencia, no al que no la afirma.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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