{"id":1264,"date":"2009-11-01T00:00:00","date_gmt":"2009-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1264"},"modified":"2020-02-23T11:49:10","modified_gmt":"2020-02-23T10:49:10","slug":"un-ejemplo-de-pereza-y-comunismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1264","title":{"rendered":"Un ejemplo de pereza y comunismo"},"content":{"rendered":"<p>Revista de la Casa de las Am\u00e9ricas\/Rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>En defensa de Cuba y en memoria de Paul Lafargue<\/p>\n<p><i>El trabajo ocupa todo el tiempo y no queda nada de \u00e9l para la Rep\u00fablica y los amigos.<\/i> <i>Jenofonte<\/i><\/p>\n<p>El 13 de agosto de 1866, Carlos Marx escribi\u00f3 la siguiente carta al novio de su hija Laura, un cubano llamado Paul Lafargue:<\/p>\n<p>Usted me permitir\u00e1 hacerle las siguientes observaciones:<\/p>\n<p>1\u00ba Si quiere continuar sus relaciones con mi hija tendr\u00e1 que reconsiderar su modo de \u2018hacer la corte\u2019. Usted sabe que no hay compromiso definitivo, que todo es provisional; incluso si ella fuera su prometida en toda regla, no deber\u00eda olvidar que se trata de un asunto de larga duraci\u00f3n. La intimidad excesiva est\u00e1, por ello, fuera de lugar, si se tiene en cuenta que los novios tendr\u00e1n que habitar la misma ciudad durante un per\u00edodo necesariamente prolongado de rudas pruebas y de purgatorio (&#8230;). A mi juicio, el amor verdadero se manifiesta en la reserva, la modestia e incluso la timidez del amante ante su \u00eddolo, y no en la libertad de la pasi\u00f3n y las manifestaciones de una familiaridad precoz. Si usted defiende su temperamento criollo, es mi deber interponer mi raz\u00f3n entre ese temperamento y mi hija (&#8230;).<\/p>\n<p>2\u00ba Antes de establecer definitivamente sus relaciones con Laura necesito serias explicaciones sobre su posici\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Mi hija supone que estoy al corriente de sus asuntos. Se equivoca. No he puesto esta cuesti\u00f3n sobre el tapete porque, a mi juicio, la iniciativa deber\u00eda haber sido de usted. Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obrar\u00eda de la misma forma (&#8230;). Pero, en lo que est\u00e9 en mi manos, quiero salvar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre<a name=\"sdfootnote1anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote1sym\">1<\/a>.<\/p>\n<p>Aparte de su \u201ctemperamento criollo\u201d, Marx le reprochaba tambi\u00e9n a su futuro yerno una cierta tendencia a la pereza: \u201cla observaci\u00f3n me ha demostrado que usted no es trabajador por naturaleza, pese a su buena voluntad y sus accesos de actividad febril\u201d.<\/p>\n<p>El autor del <i>Manifiesto comunista<\/i> no pod\u00eda por aquel entonces sospechar la extraordinaria relevancia que iba a tener para el destino del socialismo el asunto que acababa de mencionar: la pereza.<\/p>\n<p><b>1. Socialismo y cultura proletaria. <\/b><\/p>\n<p>Sin duda, Marx tampoco pod\u00eda sospechar el naufragio antropol\u00f3gico y la ins\u00f3lita degradaci\u00f3n moral y pol\u00edtica que traer\u00edan en el futuro de la tradici\u00f3n comunista los intentos estalinistas, mao\u00edstas o coreanos de instaurar una \u201ccultura proletaria\u201d, un \u201cculto al trabajo\u201d bajo el imperativo de la industrializaci\u00f3n a ultranza. Bien es cierto que la industrializaci\u00f3n (concebida como un \u201cgran salto adelante\u201d para el que no hab\u00eda que reparar en costes humanos) ven\u00eda exigida por la correlaci\u00f3n de fuerzas internacional, en la que el \u201csocialismo real\u201d estaba obligado a competir con el capitalismo o resignarse a ser aniquilado. En esto \u00faltimo estaban todos de acuerdo, aunque se discut\u00edan los ritmos y los medios. En 1920, en el IX Congreso del Partido, Trotsky se mostr\u00f3 incluso resueltamente favorable a la militarizaci\u00f3n del trabajo y de los sindicatos:<\/p>\n<p>\u201cHay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplaz\u00e1ndolos y dirigi\u00e9ndolos como si fuesen soldados&#8230; La obligaci\u00f3n de trabajar alcanza su m\u00e1s alto grado de intensidad durante la transici\u00f3n del capitalismo al socialismo&#8230; Los \u2018desertores\u2019 del trabajo deber\u00e1n ser incorporados a batallones disciplinarios enviados a campos de concentraci\u00f3n\u201d (&#8230;) \u201cLa militarizaci\u00f3n es impensable sin la militarizaci\u00f3n de los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un r\u00e9gimen en el que cada trabajador se considere como un soldado del trabajo, que no puede disponer libremente de s\u00ed mismo; si recibe una orden de traslado, debe ejecutarla; si no la ejecuta ser\u00e1 un desertor y castigado en consecuencia. \u00bfY qui\u00e9n se cuidar\u00e1 de esto? El sindicato. El sindicato crea el nuevo r\u00e9gimen. Es la militarizaci\u00f3n de la clase obrera\u201d.<a name=\"sdfootnote2anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote2sym\">2<\/a><\/p>\n<p>Los razonamientos de Trotsky estremecen por su claridad y por su contundencia; ni siquiera se muerde la lengua al hacer una apolog\u00eda del trabajo forzado e incluso de la \u201cutilidad\u201d del esclavismo: \u201c\u00bfEs verdad, realmente, que el trabajo obligatorio es siempre improductivo?&#8230; Estamos ante el prejuicio liberal m\u00e1s lamentable y miserable: los reba\u00f1os de esclavos tambi\u00e9n eran productivos (&#8230;), el trabajo obligatorio de los esclavos fue en su tiempo un fen\u00f3meno progresista\u201d (<i>ibid<\/i>., p. 354).<\/p>\n<p>Como es sabido, el Partido se neg\u00f3 entonces a seguir el camino propuesto por Trotsky: la militarizaci\u00f3n del trabajo no puede justificarse \u2013se concluir\u00eda- m\u00e1s que en caso de guerra. Ahora bien, a la vista de la historia posterior del siglo XX, un cierto trotskismo todav\u00eda podr\u00eda preguntar \u00bfy cu\u00e1ndo dej\u00f3 la URSS de estar en guerra entre 1920 y 1991? Trotsky, al menos, era partidario de hablar con claridad, de decir la verdad: as\u00ed est\u00e1n las cosas, as\u00ed tenemos que proceder. O proletarizamos e industrializamos la URSS de forma masiva, o perdemos la (pr\u00f3xima) guerra (que ser\u00e1 tanto m\u00e1s inminente cuanta m\u00e1s debilidad mostremos).<\/p>\n<p>En esos momentos, Stalin se inclinaba por las opci\u00f3n m\u00e1s moderada (al igual que Lenin). Sin embargo, tras el par\u00e9ntesis de la NEP<a name=\"sdfootnote3anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote3sym\">3<\/a>, optar\u00e1 por la superindustrializaci\u00f3n a ultranza, rebasando incluso las antiguas propuestas trotskistas. Con la diferencia de que Stalin ya no se pod\u00eda permitir decir la verdad. \u201cAl terror, Lenin y Trotsky lo llamaron a terror; llamaron represi\u00f3n a la represi\u00f3n, y, al hambre, hambre\u201d<a name=\"sdfootnote4anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote4sym\">4<\/a>. Stalin, en cambio, proletariz\u00f3 el campo sovi\u00e9tico pretendiendo \u201cque exist\u00eda un movimiento \u2018espont\u00e1neo\u2019 de la \u2018mayor\u00eda abrumadora de campesinos pobres hacia las formas colectivas de explotaci\u00f3n. De la noche a la ma\u00f1ana, los campesinos se hab\u00edan hecho entusiastas de la colectivizaci\u00f3n\u201d<a name=\"sdfootnote5anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote5sym\">5<\/a>. En noviembre de 1929, el Comit\u00e9 Central constat\u00f3 que exist\u00eda esa aspiraci\u00f3n popular generalizada; el 5 de enero de 1930, dict\u00f3 el decreto de colectivizaci\u00f3n y el 20 de febrero se anunci\u00f3 que el 50 % de los campesinos ya se hab\u00edan integrado en granjas colectivas. Todo ello, se pretend\u00eda, era una decisi\u00f3n espont\u00e1nea de la poblaci\u00f3n campesina. A causa de este proceso, murieron centenares de miles de personas, pero, pese a ello, jam\u00e1s se dej\u00f3 de aludir al principio leninista del \u201ctrabajo voluntario\u201d. Y para generar la ilusi\u00f3n de voluntariedad, hac\u00eda falta instituir toda una \u201ccultura proletaria\u201d, un \u201cculto al trabajo\u201d, una mistificaci\u00f3n de la clase obrera y una entronizaci\u00f3n de los \u201cvalores proletarios\u201d. El resultado fue una nueva religiosidad, mucho m\u00e1s abyecta que la del cristianismo o el islam, vertebrada por el culto a la personalidad de Stalin.<\/p>\n<p>El \u201cculto al trabajo\u201d se llev\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s lejos en la China mao\u00edsta, primero con el \u201cgran salto adelante\u201d y, luego, en el marco de la \u201crevoluci\u00f3n cultural\u201d. Frente a todo ello, no cabe duda de que la militarizaci\u00f3n trotskista del proceso laboral habr\u00eda resultado menos indigna: pues, aunque desconocemos cu\u00e1l habr\u00eda sido su coste humano, para implantarla no hac\u00eda falta mentir. Para instaurar una \u201ccultura proletaria\u201d, en cambio, se impon\u00eda infantilizar a toda la poblaci\u00f3n, generalizar una execrable minor\u00eda de edad vigilada por polic\u00edas y delatores. En el ej\u00e9rcito se obedecen \u00f3rdenes. Pero para vestir a la necesidad con los ropajes de la virtud y a la sumisi\u00f3n con el halo de la voluntariedad (e incluso de la espontaneidad) hac\u00eda falta todo un tinglado cultural y religioso.<\/p>\n<p>No es el momento de discutir ahora cu\u00e1nto hubo de necesario o de inevitable en todo este proceso por el que el \u201csocialismo real\u201d se vio obligado a industrializarse a ultranza, en mucho menos tiempo y con muchos menos recursos coloniales de los que hab\u00eda gozado el capitalismo. Una cosa es que fuera imprescindible y otra que fuese deseable por s\u00ed mismo; y el \u201cculto al trabajo\u201d, el obrerismo, la cultura proletaria, no argumentaban lo primero, sino que ensalzaban lo segundo.<\/p>\n<p>Por aquel entonces, adem\u00e1s, todav\u00eda se cre\u00eda que la econom\u00eda socialista era en su esencia mucho m\u00e1s productiva que la capitalista. El capitalismo, en efecto, se consideraba una camisa de fuerza para el desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, un lastre del progreso y del crecimiento econ\u00f3mico. La realidad era muy distinta, sin embargo. El capitalismo es un sistema en el que el conjunto de la poblaci\u00f3n est\u00e1 sometida al chantaje de trabajar (en lo que sea, como sea, al ritmo que sea) o morir de hambre. Se trata, adem\u00e1s, de un sistema productivo que necesita acelerarse todos los d\u00edas, en una ininterrumpida acumulaci\u00f3n ampliada. El capitalismo \u2013como dijeron Wallerstein y Galbraight- es como un rat\u00f3n en una rueda: corre m\u00e1s deprisa a fin de correr m\u00e1s deprisa. El socialismo, por el contrario, puede permitirse ralentizar la marcha. Puede permitirse incluso pararse o decrecer sin que crujan sus estructuras productivas. Adem\u00e1s, bajo el socialismo la poblaci\u00f3n no est\u00e1 sometida al chantaje del hambre o el trabajo excesivo. En consecuencia, para lograr un ritmo de trabajo equivalente al del capitalismo har\u00eda falta un voluntarismo ins\u00f3lito \u2013y, tal y como ha sido hist\u00f3ricamente m\u00e1s habitual, much\u00edsima polic\u00eda.<\/p>\n<p>Sin duda que -como decimos- la b\u00fasqueda imperiosa de la productividad le vino siempre exigida al socialismo por la necesidad de combatir y competir con el capitalismo exterior. Pero reconocer esto no es, en el fondo, m\u00e1s que dar la raz\u00f3n a Trotsky y aceptar que el socialismo jam\u00e1s dej\u00f3 de estar en guerra y que, por lo tanto, jam\u00e1s se pudo permitir ralentizar la marcha. Fue la guerra y no la esencia del socialismo la que impon\u00eda la productividad. En esas condiciones, era muy dif\u00edcil hacerse cargo de que el propio Marx hab\u00eda sido cualquier cosa menos obrerista y que, al hablar del comunismo, hab\u00eda puesto mucho m\u00e1s el acento en el ocio que en la productividad:<\/p>\n<p>\u00abEl reino de la libertad s\u00f3lo comienza all\u00ed donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuaci\u00f3n a finalidades exteriores. Allende el reino de la necesidad empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en s\u00ed mismo, el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo s\u00f3lo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base. La reducci\u00f3n de la jornada laboral es la condici\u00f3n b\u00e1sica\u00bb<a name=\"sdfootnote6anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote6sym\">6<\/a>.<\/p>\n<p><b>2. El comunismo como derecho a la pereza.<\/b><\/p>\n<p>Cualquiera que sea el grado de inevitabilidad del culto al trabajo en la historia pasada del socialismo, es obvio que hoy se impone insistir en una direcci\u00f3n enteramente opuesta. El capitalismo ha llevado al planeta a una situaci\u00f3n insostenible, en la que seguir creciendo indefinidamente equivale a un suicidio seguro a no muy largo plazo. La Tierra se ha quedado peque\u00f1a para las necesidades de reproducci\u00f3n ampliada del capital. El agotamiento de los recursos y el cambio clim\u00e1tico son realidades incuestionables. Al tiempo, el coste humano que requiere semejante ritmo productivo es estremecedor. Incluso en el Primer Mundo se habla ya de implantar la jornada de 65 horas semanales. Pero, adem\u00e1s, basta sumar dos y dos para comprender que la condici\u00f3n <i>sine qua non<\/i> de esta productividad suicida exige que el Tercer Mundo permanezca en una situaci\u00f3n humanamente insostenible. El 20 % de la humanidad consume ahora el 86 % de la producci\u00f3n mundial. Pretender que el 80 % restante est\u00e1 destinado a alcanzar niveles de consumo semejantes es incompatible con la supervivencia del planeta; pero pretender que no deben alcanzarlos jam\u00e1s es inmoral, probablemente es, incluso, racista.<\/p>\n<p>Ahora bien, este cambio de mentalidad no deber\u00eda coger de improviso a la tradici\u00f3n marxista. Precisamente Paul Lafargue, el yerno de Marx<a name=\"sdfootnote7anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote7sym\">7<\/a> con quien comenz\u00e1bamos estas l\u00edneas, defini\u00f3 en 1880 el comunismo como el \u201cderecho a la pereza\u201d de la humanidad, en una obra clarividente, que part\u00eda del comentario de un texto de Arist\u00f3teles: \u00absi cada uno de los instrumentos pudiera realizar por s\u00ed mismo su trabajo, cuando recibiera \u00f3rdenes, o al preverlas; y como cuentan de las estatuas de D\u00e9dalo o de los tr\u00edpodes de Hefesto, de los que dice el poeta que &#8216;entraban por s\u00ed solos en la asamblea de los dioses&#8217;, de tal modo que las lanzaderas tejieran por s\u00ed solas y los plectros tocaran la c\u00edtara, para nada necesitar\u00edan ni los maestros de obra sirvientes, ni los amos esclavos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl sue\u00f1o de Arist\u00f3teles \u2500 comenta Lafargue \u2500 es nuestra realidad. Nuestras m\u00e1quinas de h\u00e1lito de fuego, de infatigables miembros de acero y de fecundidad maravillosa e inextinguible, cumplen d\u00f3cilmente y por s\u00ed mismas su trabajo sagrado, y a pesar de esto, el esp\u00edritu de los grandes fil\u00f3sofos del capitalismo permanece dominado por el prejuicio del sistema salarial, la peor de las esclavitudes. A\u00fan no han alcanzado a comprender que la m\u00e1quina es la redentora de la Humanidad, la diosa que rescatar\u00e1 al hombre de las <i>sordidae<\/i> artes y del trabajo asalariado, la diosa que le dar\u00e1 comodidades y libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Para Lafargue el socialismo y el comunismo deber\u00edan asegurar, ante todo, el \u00abderecho a la pereza\u00bb, que es, a su vez, la clave por la que el hombre ha conquistado y puede conquistar la posibilidad del ocio, en el cual germinan todas sus dignidades racionales: la ciencia, el arte, el derecho, la pol\u00edtica. El capitalismo nos ha tra\u00eddo una sociedad en la que se ha hecho realidad, por primera vez en la historia, el milagro de Arist\u00f3teles; pero, sin embargo, el inmenso potencial de ocio liberado no ha desprendido a la humanidad en absoluto de las cargas del trabajo y tampoco le ha otorgado ning\u00fan derecho a la pereza, ning\u00fan descanso. El hecho es m\u00e1s bien que nunca se ha trabajado tanto y a un ritmo tan suicida como cuando las lanzaderas se han puesto a tejer solas. Trabajamos, en realidad, en una econom\u00eda muy primitiva, en la que el esfuerzo por supervivir suprime la posibilidad de vivir. En efecto, una sociedad que gasta todas sus energ\u00edas en reproducirse ampliadamente hasta el infinito es una sociedad tan primitiva (desde un punto de vista antropol\u00f3gico) como una sociedad que gasta todas sus energ\u00edas en la pura subsistencia. La revoluci\u00f3n neol\u00edtica permiti\u00f3 al ser humano trascender el puro ciclo de la supervivencia biol\u00f3gica. El capitalismo, parad\u00f3jicamente, ha movilizado la infinita potencia de tres revoluciones industriales, esquilmando todos los recursos del planeta, para devolver al ser humano a la prehistoria<a name=\"sdfootnote8anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote8sym\">8<\/a>.<\/p>\n<p>El capital acumula capital para seguir acumulando capital. La humanidad trabaja m\u00e1s para trabajar m\u00e1s a\u00fan. Ni siquiera la constataci\u00f3n de un inevitable suicidio ecol\u00f3gico sirve para detener este rodar hacia el abismo. No se puede uno cansar de repetir que nadie tuvo, por tanto, m\u00e1s raz\u00f3n que Paul Lafargue, hace ya m\u00e1s de un siglo. La superioridad del socialismo no consist\u00eda en su m\u00e1s alta productividad, sino, por el contrario, en su capacidad de detenerse, de ralentizar, de frenar. No necesitamos correr m\u00e1s, necesitamos pararnos. El socialismo deb\u00eda de haber instituido una cultura del pereza, no una cultura proletaria. Si no pod\u00eda hacerlo en su momento, ahora tenemos la ocasi\u00f3n de proclamarlo a los cuatro vientos: la humanidad tiene derecho a la pereza.<\/p>\n<p>Tal y como exig\u00eda Lafargue, la jornada laboral deber\u00eda de poder guardar alg\u00fan tipo de relaci\u00f3n inversa con el aumento de la productividad del trabajo. Y as\u00ed ser\u00eda, en efecto, en una econom\u00eda estatalizada. En el socialismo siempre es posible discutir (en el Parlamento, pongamos por caso) si la aparici\u00f3n de nuevas tecnolog\u00edas deber\u00eda traducirse de inmediato en una reducci\u00f3n general de la jornada laboral (de modo que la sociedad adquirir\u00eda <i>la misma riqueza<\/i> en menos tiempo, destinando al ocio o la pereza el restante) o si convendr\u00eda, por el contrario, conservar la jornada laboral para aumentar el volumen de riqueza. El motivo por el que las sociedades socialistas \u00abreales\u00bb \u2013y Cuba es aqu\u00ed un caso inclasificable, como vamos a ver- jam\u00e1s pudieron permitirse ese lujo no parece que sea otro, se diga lo que se diga, que el que jam\u00e1s pudieron decidir pol\u00edticamente otra cosa que el emplearse en un \u00abcomunismo de guerra\u00bb en el que siempre era necesario trabajar m\u00e1s para seguir trabajando m\u00e1s, ya que esto era lo que hac\u00eda el enemigo. S\u00f3lo que el enemigo lo hac\u00eda por una necesidad de su sistema econ\u00f3mico y ellos por la decisi\u00f3n pol\u00edtica de no sucumbir frente a su agresi\u00f3n. Ahora bien, fueran cuales fueran los problemas de las econom\u00edas socialistas \u00abreales\u00bb, lo que seguro que no se planteaba era la necesidad de seguir produciendo m\u00e1s, en peores condiciones laborales, a causa de que se hubiera producido demasiado. Y sin embargo, este es el pan de cada d\u00eda bajo las condiciones capitalistas de producci\u00f3n: trabajar siempre m\u00e1s es el imperativo de toda posibilidad de trabajar y, si hay paro, es porque no se ha trabajado bastante (lo que parece patentemente absurdo, pero al mismo tiempo bien evidente para cualquier empresario que ve su empresa al borde de la quiebra). Las empresas tienen que producir siempre m\u00e1s, por mucho que hayan producido ya (y esto incluso en plena crisis de sobreproducci\u00f3n), si no quieren sucumbir a las crisis econ\u00f3micas y dejar de producir completamente. Los asalariados, mientras tanto, tienen que trabajar siempre m\u00e1s, si no quieren dejar de trabajar por completo y engrosar las filas del paro. Este engranaje no puede pararse nunca. Las manzanas, la mantequilla o los cereales pueden llegar a ser suficientes y los misiles para destruir el mundo pueden llegar a sobrar. Pero bajo condiciones capitalistas de producci\u00f3n ni las manzanas son manzanas, ni los misiles son misiles si no son antes, de forma mucho m\u00e1s esencial, una ocasi\u00f3n para el beneficio empresarial, es decir, eso que los marxistas llamamos <i>plusvalor<\/i> . Puede haber manzanas o misiles de sobra, pero el plusvalor ser\u00e1 siempre escaso. Si ma\u00f1ana quiere poderse producir algo, manzanas o misiles o lo que sea, es preciso que hoy se haya producido m\u00e1s plusvalor que ayer. Ello tambi\u00e9n trae sus problemas: si se produce m\u00e1s plusvalor del que puede absorber el mercado, la riqueza no puede ser transformada en dinero y, entonces, no es posible seguir poniendo en marcha el proceso. Pero el absurdo llega hasta el extremo de que el \u00fanico remedio a la sobreproducci\u00f3n de plusvalor es producir todav\u00eda m\u00e1s, con la esperanza siempre de hundir a las empresas de la competencia y lograr imponerse en el mercado. De ah\u00ed que, en una crisis econ\u00f3mica, pol\u00edticamente no se pueda hacer nada, ni, de hecho, \u00abconvenga\u00bb hacer nada \u2500 y, en efecto, as\u00ed lo proclaman los economistas hayekianos \u2500 , pues no se puede hacer nada en una situaci\u00f3n en la que todo remedio coincide enteramente con la enfermedad.<\/p>\n<p>Aunque, por supuesto, hay una cosa que s\u00ed se puede hacer: cambiar de juego. Pero para eso hace falta cambiar de tablero (o como dec\u00eda la letra de la Internacional, \u201ccambiar de base\u201d).<\/p>\n<p><b>3. Cuba y la herencia de Lafargue.<\/b><\/p>\n<p>Para instituir un \u201cderecho a la pereza\u201d hace falta que el Derecho mismo tenga alguna eficacia institucional sobre la sociedad. Esto es una obviedad, al menos dicho en abstracto. Sin embargo, la cosa dista mucho de resultar obvia desde el momento en que se intentan poner ejemplos.<\/p>\n<p>El presupuesto m\u00e1s elemental de los pa\u00edses que actualmente se llaman a s\u00ed mismos \u201cEstados de Derechos\u201d o \u201cdemocracias constitucionales\u201d es que las cuestiones importantes que afectan a la vida social se deciden pol\u00edticamente, a partir de la argumentaci\u00f3n y contrargumentaci\u00f3n parlamentaria. Esas decisiones se plasman en \u201cleyes\u201d. \u201cEstado de Derecho\u201d no significa otra cosa que el hecho de que la sociedad obedece a lo que las leyes dicen, en unas condiciones, claro est\u00e1, en la que las leyes remiten al ordenamiento constitucional y el ordenamiento constitucional remite a su vez a la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos humanos.<\/p>\n<p>La realidad, por supuesto, dista mucho de ser as\u00ed. Esa idea presupone, ante todo, que las cuestiones importantes se deciden pol\u00edticamente. Pero la pura verdad es que la instancia pol\u00edtica jam\u00e1s ha tenido menos relevancia que en la actualidad. Las opciones pol\u00edticas por las que puede optar la ciudadan\u00eda en Europa o en EEUU no se diferencian demasiado (dem\u00f3cratas o republicanos, o, por ejemplo, en Espa\u00f1a, PSOE o PP), pero los respectivos ministros de econom\u00eda son, sencillamente, indistinguibles. Lo que se decide en la arena de la econom\u00eda pesa infinitamente m\u00e1s que todos los debates pol\u00edticos en el Parlamento. No vivimos en sistemas parlamentarios, sino en dictaduras econ\u00f3micas con fachada parlamentaria.<\/p>\n<p>Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en lo que significa que el programa de ATTAC haya sido considerado ut\u00f3pico e izquierdista por todas las autoridades pol\u00edticas europeas. \u00bfEra una utop\u00eda la idea de cargar con un 0,01 % de pol\u00edtica las transacciones financieras no productivas? \u00bfLa instancia pol\u00edtica no tiene ni siquiera el poder de aportar una cent\u00e9sima de decisiones en la arena de la econom\u00eda? Ahora nos encontramos con lo que ya sab\u00edamos, que \u00edbamos camino del abismo. Sin embargo, ni a\u00fan as\u00ed puede la instancia pol\u00edtica hacer otra cosa que rendirse a la autoridad surrealista de las fuerzas econ\u00f3micas. El mismo d\u00eda que se destinaban 700.000 millones de d\u00f3lares para salvar a la Banca, la FAO hab\u00eda solicitado 30.000 millones para salvar del hambre a 1.000 millones de personas. Salvar a los bancos result\u00f3 realista. Salvar a las personas, ut\u00f3pico, aunque fuese mucho m\u00e1s barato.<\/p>\n<p>El sistema capitalista ha hecho realidad los chistes m\u00e1s surrealistas y, en cambio, ha convertido en ut\u00f3pico al mism\u00edsimo sentido com\u00fan. J\u00fazguese por sus resultados: seg\u00fan un c\u00e1lculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al d\u00eda con 2 d\u00f3lares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendr\u00eda que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de a\u00f1os. Por un anuncio de zapatillas deportivas <i>Nike<\/i>, Michael Jordan cobr\u00f3 m\u00e1s dinero del que se hab\u00eda empleado en todo el complejo industrial del sureste asi\u00e1tico que las fabricaba. Esto es la realidad. Gravar con un impuesto m\u00ednimo el capital financiero es una utop\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Pero, como dec\u00edamos antes, el surrealismo de la cruda realidad ha llegado mucho m\u00e1s all\u00e1: la supervivencia misma del planeta se ha convertido en utop\u00eda. El capitalismo no puede mantener la tasa de ganancia sin crecimiento. Y cuanto m\u00e1s se agotan los recursos energ\u00e9ticos, el crecimiento resulta m\u00e1s y m\u00e1s caro, lo que afecta a su vez a la tasa de ganancia. Pero el capitalismo solo puede huir hacia delante, acelerando a\u00fan m\u00e1s el ritmo de crecimiento, en un proceso que ser\u00eda infinito si no fuera porque, desdichadamente, el mundo no lo es.<\/p>\n<p>Si los sistemas pol\u00edticos del primer mundo fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estar\u00eda discutiendo ahora una gr\u00e1fica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del <i>Global Footprint Network<\/i> (California)<a name=\"sdfootnote9anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote9sym\">9<\/a>. Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atenci\u00f3n. Y sin embargo, la gr\u00e1fica resulta demoledora para las m\u00e1s firmes certezas de la clase pol\u00edtica occidental y, por supuesto, para los criterios m\u00e1s evidentes de sus votantes. Sobre todo, en un mundo pol\u00edtico en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del \u201cdesarrollo sostenible\u201d.<\/p>\n<p>La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el \u00cdndice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per c\u00e1pita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH \u201calto\u201d cuando es igual o superior a 0\u20198, estableciendo que, en caso contrario, los pa\u00edses no est\u00e1n \u201csuficientemente desarrollados\u201d. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que ser\u00eda preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un pa\u00eds dado. Wackernagel y su equipo hicieron los c\u00e1lculos para 93 pa\u00edses entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobrar\u00eda a\u00fan m\u00e1s de la mitad del planeta. Pero Burundi est\u00e1 muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0\u20193 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos har\u00edan falta tres planetas Tierra. EEUU tiene tambi\u00e9n buena nota en desarrollo humano; pero su \u201chuella ecol\u00f3gica\u201d es tal que har\u00edan falta m\u00e1s de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.<\/p>\n<p>Repasando el resto de los 93 pa\u00edses, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule <i>El mundo suspende en desarrollo sostenible. <\/i>Como no hay m\u00e1s que un planeta Tierra, es obvio que s\u00f3lo los pa\u00edses que se sit\u00faen en el \u00e1rea coloreada de la gr\u00e1fica (por encima de un 0\u20198 en IDH, sin sobrepasar el n\u00famero 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. S\u00f3lo los pa\u00edses comprendidos en esa \u00e1rea ser\u00edan un modelo pol\u00edtico a imitar, al menos para aquellos pol\u00edticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no est\u00e9n dispuestos a defender su derecho (\u00bfquiz\u00e1s racial, divino o hist\u00f3rico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo.<\/p>\n<p>Ahora bien, ocurre que el \u00e1rea en cuesti\u00f3n est\u00e1 pr\u00e1cticamente vac\u00eda. Hay un solo pa\u00eds en el mundo que \u2013por ahora al menos\u2013 tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba.<\/p>\n<p>La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar porque es f\u00e1cil advertir que la mayor parte de los balseros cubanos huyeron y huyen del pa\u00eds buscando ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reivindicando su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo somos los consumidores estadounidenses o europeos. De acuerdo: tendr\u00edamos muy poca verg\u00fcenza, desde luego, si conden\u00e1semos la pretensi\u00f3n de los dem\u00e1s de imitar el modo como devoramos impunemente el planeta. Pero se reconocer\u00e1 que la imagen medi\u00e1tica del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen los balseros cubanos es del consumo responsable en busca del Para\u00edso del consumo suicida y, por intereses estrat\u00e9gicos de acoso a Cuba, se les recibe como h\u00e9roes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como se hace con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi (a quienes se trata como una plaga de la que hay que protegerse).<\/p>\n<p>Y a un nivel m\u00e1s general, la cosa es a\u00fan m\u00e1s interesante. Es muy significativo que el \u00fanico pa\u00eds sostenible del mundo sea un pa\u00eds socialista. Suele ser un lugar com\u00fan entre los economistas que el socialismo result\u00f3 ruinoso e ineficaz desde un punto de vista econ\u00f3mico. Sorprende que, en un mundo como \u00e9ste, la falta de competitividad pueda a\u00fan considerarse una acusaci\u00f3n de peso. En t\u00e9rminos de desarrollo sostenible, la econom\u00eda socialista cubana parece ser m\u00e1ximamente competitiva. En t\u00e9rminos de desarrollo suicida, no cabe duda, el capitalismo lo es mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>Frente a esta din\u00e1mica suicida, debemos exigir el derecho a pararnos. No podemos permitir que las autoridades econ\u00f3micas mundiales sigan convenciendo a la humanidad de que \u201ccrecer\u201d por debajo del 2 \u00f3 3% es catastr\u00f3fico y proponiendo como soluci\u00f3n a los pa\u00edses pobres que imiten a los ricos. En el FMI, el BM, la OMC y el G8 saben perfectamente que es materialmente imposible un crecimiento universal. El planeta no da para tanto. Cuando proponen ese modelo saben que, en realidad, est\u00e1n defendiendo algo muy distinto: que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez m\u00e1s altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra soluci\u00f3n final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las v\u00edctimas, nos encerramos nosotros a salvo de lo que es, sin duda \u2013as\u00ed se lo o\u00ed decir en Cuba a Osvaldo Mart\u00ednez<a name=\"sdfootnote10anc\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote10sym\">10<\/a>-, el \u201carma de destrucci\u00f3n masiva m\u00e1s potente de la historia: el sistema econ\u00f3mico internacional\u201d.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote1sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote1anc\">1<\/a> La traducci\u00f3n y algunas referencias y datos han sido tomados del \u201cEstudio preliminar\u201d \u2013un texto excelente, por cierto- que Manuel P\u00e9rez Ledesma antepone a la edici\u00f3n castellana de <i>El derecho a la pereza <\/i>de Paul Lafargue (Editorial Funamentos, Madrid, 1991).<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote2sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote2anc\">2<\/a> Citado en Bettelheim, C.: <i>Las luchas de clases en la URSS. Primer Periodo (1917-1923)<\/i>, Siglo XXI Editores, p. 353.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote3sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote3anc\">3<\/a> NEP: La Nueva Pol\u00edtica Econ\u00f3mica (1921-1929) se caracteriz\u00f3 por una cierta \u201clibertad de comercio\u201d y por dejar a los campesinos un margen de iniciativa mayor comparado con su situaci\u00f3n durante el \u201ccomunismo de guerra\u201d (1918-1920).<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote4sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote4anc\">4<\/a> Mart\u00ednez Marzoa, F.: <i>De la revoluci\u00f3n<\/i>, Alberto Coraz\u00f3n Editor, Madrid, 1976, p.143.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote5sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote5anc\">5<\/a> <i>Ibid<\/i>., p. 137.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote6sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote6anc\">6<\/a> Marx, K.: <i>El capital<\/i>, Libro III, Cap\u00edtulo XLVIII, Siglo XXI, vol. 8, p. 1044.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote7sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote7anc\">7<\/a> Paul Lafargue se cas\u00f3 finalmente con Laura Marx el 2 de abril de 1868. Su actividad pol\u00edtica en el seno de la AIT fue incansable, tanto en Francia como en Espa\u00f1a. Finalmente, Paul y Laura se suicidaron juntos el 26 de noviembre de 1911, tras haber pasado la tarde en un cine de Par\u00eds y haber compartido una bandeja de pasteles. Lafargue dej\u00f3 la siguiente nota: \u201cSano de cuerpo y esp\u00edritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras otro los placeres y los goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas f\u00edsicas e intelectuales, paralice mi energ\u00eda y acabe con mi voluntad, convirti\u00e9ndome en una carga para m\u00ed mismo y para los dem\u00e1s. Desde hace a\u00f1os me he prometido no sobrepasar los setenta a\u00f1os; he fijado la \u00e9poca del a\u00f1o para mi marcha de esta vida, y preparado el modo de ejecutar mi decisi\u00f3n: un inyecci\u00f3n hipod\u00e9rmica de \u00e1cido cianh\u00eddrico. Muero con la suprema alegr\u00eda de tener la certeza de que muy pronto triunfar\u00e1 la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco a\u00f1os\u201d (citado por Manuel P\u00e9rez Ledesma en <i>ob.cit.<\/i>, p. 75)<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote8sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote8anc\">8<\/a> Esta idea ha sido ampliamente desarrollada en las obras de Santiago Alba Rico <i>Las reglas del caos. Apuntes para una antropolog\u00eda del mercado<\/i>, Anagrama, 1998 y <i>La ciudad intangible. Ensayo sobre el fin del neol\u00edtico<\/i>, Hiru, 2001. Tambi\u00e9n en su reciente publicaci\u00f3n <i>Capitalismo y Nihilismo<\/i>, Akal, 2008.<\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote9sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote9anc\">9<\/a> Cfr. Wackernagel, M.: <i>World failing on sustainable development ,<\/i> en<\/p>\n<p><u><a href=\"http:\/\/www.newscientist.com\/article\/mg19626243.100-world-failing-on-sustainable-development.html\">http:\/\/www.newscientist.com\/article\/mg19626243.100-world-failing-on-sustainable-development.html <\/a><\/u><\/p>\n<p><a name=\"sdfootnote10sym\"><\/a><a href=\"http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=94176#sdfootnote10anc\">10<\/a> Cfr. Mart\u00ednez, O.: <i>La compleja muerte del neoliberalismo<\/i>, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un ejemplo de pereza y comunismo<\/p>\n<p>Carlos Ferrn\u00e1ndez Liria<\/p>\n<p>Revista de la Casa de las Am\u00e9ricas\/Rebeli\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[1245],"class_list":["post-1264","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-materiales-para-la-refundacion-comunista","tag-paul-lafargue"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1264","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1264"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1264\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}