{"id":12642,"date":"2022-10-28T05:00:22","date_gmt":"2022-10-28T04:00:22","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12642"},"modified":"2022-10-27T23:36:33","modified_gmt":"2022-10-27T22:36:33","slug":"un-planeta-en-llamas-deberia-el-movimiento-climatico-abrazar-el-sabotaje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12642","title":{"rendered":"Un planeta en llamas \u2013 \u00bfDeber\u00eda el movimiento clim\u00e1tico abrazar el sabotaje?"},"content":{"rendered":"<div class=\"post-content\">\n<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\">\n<div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start\">\n<div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\">\n<div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\">\n<div class=\"fusion-text fusion-text-1\">\n<p>En 1957, cuando el auge econ\u00f3mico de posguerra dio lugar a una \u00ab<a href=\"https:\/\/www.anthropocene.info\/great-acceleration.php\">gran aceleraci\u00f3n<\/a>\u00bb en el uso de energ\u00eda de hidrocarburos, un grupo de cient\u00edficos que trabajaba para una compa\u00f1\u00eda petrolera de Texas llamada Humble Oil (que despu\u00e9s se llamar\u00eda ExxonMobil) <a href=\"http:\/\/www.rapidshift.net\/smoke-fumes-the-deep-history-of-oil-and-climate-change\/\">se embarc\u00f3 en un estudio<\/a> motivado por la creciente preocupaci\u00f3n p\u00fablica sobre la contaminaci\u00f3n del aire y por nuevas investigaciones acerca de las consecuencias de la quema de combustibles f\u00f3siles. Lo que encontraron fue que \u00abla enorme cantidad de di\u00f3xido de carbono\u00bb presente en la atm\u00f3sfera estaba relacionada con la \u00abquema de combustibles f\u00f3siles\u00bb. Sesenta y cinco a\u00f1os despu\u00e9s, la realidad ha demostrado ser peor que sus hallazgos. Debido a la quema sin l\u00edmites de combustibles f\u00f3siles y la consiguiente emisi\u00f3n de enormes cantidades de CO2, el mundo se dirige ahora hacia los <a href=\"https:\/\/www.washingtonpost.com\/climate-environment\/2022\/04\/04\/climate-change-report-united-nations-ipcc\/\">3,2 \u00baC<\/a> de calentamiento por encima de los niveles preindustriales. En la \u00faltima Conferencia de la ONU sobre el cambio clim\u00e1tico, los dirigentes all\u00ed reunidos llegaron, de nuevo, a un total de <a href=\"https:\/\/news.mongabay.com\/2021\/11\/cop26-are-climate-declarations-and-emission-reduction-pledges-legally-binding\/#:~:text=COP26%3A%20Are%20climate%20declarations%20and%20emission%20reduction%20pledges%20legally%20binding%3F,-by%20Justin%20Catanoso&amp;text=As%20such%2C%20it%20is%20not,harmful%20carbon%20emissions%20and%20policies.\">cero compromisos vinculantes<\/a> para reducir esas emisiones. Y a pesar de la ret\u00f3rica verde, solo el <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/d41586-022-00540-6\">6 %<\/a> de los paquetes de est\u00edmulos fiscales aplicados por las naciones del G20 en 2020 y 2021 han contribuido a reducir las emisiones, incluso cuando los beneficios de las empresas petroleras han alcanzado <a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/08a4bff4-29c3-46ac-b026-7202afddb794\">niveles de r\u00e9cord<\/a>. Adem\u00e1s de la inacci\u00f3n de los Gobiernos, tambi\u00e9n ha quedado claro que el sector privado no nos va a salvar. Se nos ha dicho que los inversores ben\u00e9volos podr\u00edan redirigir el capital y sacarlo de los sectores energ\u00e9ticos sucios hacia las industrias verdes del futuro. Pero la promesa de unas \u00abfinanzas socialmente responsables\u00bb ha demostrado ser en su mayor\u00eda un <a href=\"https:\/\/www.bloomberg.com\/graphics\/2021-what-is-esg-investing-msci-ratings-focus-on-corporate-bottom-line\/\">fraude<\/a>. A pesar de que prometi\u00f3 hacer lo contrario, <a href=\"https:\/\/www.reuters.com\/markets\/us\/facing-texas-pushback-blackrock-says-it-backs-fossil-fuels-2022-02-17\/\">Blackrock<\/a>, el principal gestor de activos del mundo, ha continuado invirtiendo en empresas de combustibles f\u00f3siles, y la producci\u00f3n de <a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/bf2e81ee-74e2-4064-a893-78088b1abcc1\">carb\u00f3n<\/a> \u2013el combustible f\u00f3sil m\u00e1s sucio de todos\u2013 est\u00e1 en alza.<\/p>\n<p>Mientras tanto, como ni los Estados ni el capital est\u00e1n haciendo mucho para reducir las emisiones de CO2, estas <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/d41586-021-03036-x\">se han recuperado<\/a> completamente de su ca\u00edda pand\u00e9mica. En <a href=\"https:\/\/phys.org\/news\/2022-03-global-carbon-dioxide-emissions-rebounded.html\">2021<\/a>, el mundo bati\u00f3 dos desalentadores r\u00e9cords: el nivel m\u00e1s alto registrado de emisiones de CO2 en la historia y el mayor crecimiento absoluto anual. A\u00f1o tras a\u00f1o, los pa\u00edses del Norte Global <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/d41586-021-02846-3\">retrasan la prometida financiaci\u00f3n clim\u00e1tica<\/a> para el Sur Global, que ha contribuido menos a la crisis pero sufre sus peores consecuencias. En lugar de la redistribuci\u00f3n, los Gobiernos del Sur Global pueden esperar lo que Daniela Gabor e Isabella Weber llaman \u00ab<a href=\"https:\/\/www.ft.com\/content\/1d2dcdc4-4de2-4e87-ab1f-574a32c5e0e2\">terapia de choque del carbono<\/a>\u00bb, en la que los pr\u00e9stamos del FMI vienen condicionados a la adopci\u00f3n de mecanismos regresivos de fijaci\u00f3n de precios al carbono y recortes a los subsidios a los combustibles. Las condiciones geopol\u00edticas est\u00e1n a\u00f1adiendo le\u00f1a al fuego. A ra\u00edz de la invasi\u00f3n rusa de Ucrania, los Gobiernos de EE UU y Europa est\u00e1n posponiendo sus compromisos de energ\u00eda renovable.<\/p>\n<p>Sin embargo, el reino del capitalismo f\u00f3sil se enfrenta a una feroz resistencia. Durante la oleada de huelgas estudiantiles de 2019, <a href=\"https:\/\/fridaysforfuture.org\/\">la juventud de todo el mundo<\/a> denunci\u00f3 la injusticia generacional de heredar un planeta en llamas. En EE UU ha habido un aluvi\u00f3n de exitosas campa\u00f1as en oposici\u00f3n a los nuevos proyectos de oleoductos y plantas energ\u00e9ticas y extractoras. En Memphis, una coalici\u00f3n por la justicia ambiental par\u00f3 el <a href=\"https:\/\/www.southernenvironment.org\/news\/victory-for-southwest-memphis-byhalia-pipeline-is-done\/\">oleoducto de Byhalia<\/a>, que iba a cruzar los barrios negros del sur de la ciudad; en Luisiana, la resistencia de la poblaci\u00f3n desbarat\u00f3 el proyecto de la terminal de exportaci\u00f3n de petr\u00f3leo de <a href=\"https:\/\/grist.org\/climate-energy\/oil-terminal-cancelled-in-louisianas-plaquemines-parish\/\">Plaquemines<\/a>, que, entre muchos otros perjuicios, habr\u00eda sido construida sobre un cementerio de esclavos. Tras seis a\u00f1os de organizaci\u00f3n, los activistas clim\u00e1ticos de Virginia Occidental a Carolina del Norte han forzado a Duke Energy y Dominion Energy a cancelar el oleoducto <a href=\"https:\/\/slate.com\/human-interest\/2020\/07\/atlantic-coast-pipeline-canceled-victory-lawsuits-appalachia-virginia-north-carolina.html\">Atlantic Coast<\/a>. La naci\u00f3n Lumni y sus aliados han ayudado a evitar la construcci\u00f3n de una terminal de exportaci\u00f3n de carb\u00f3n en el <a href=\"https:\/\/www.sierraclub.org\/sierra\/how-one-washington-county-took-fossil-fuel-industry-and-won\">condado de Whatcom en Washington<\/a>; al otro lado del Estado, grupos ecologistas han ayudado a evitar que el Gobierno conceda permisos para una refiner\u00eda de metano en Kalama. En las Grandes Llanuras, tras m\u00e1s de una d\u00e9cada de lucha contra el <a href=\"https:\/\/www.nrdc.org\/stories\/what-keystone-pipeline\">oleoducto Keystone XL<\/a> \u2013que habr\u00eda transportado petr\u00f3leo de arenas bituminosas extra\u00eddo de debajo del bosque boreal de Alberta, Canad\u00e1, a refiner\u00edas en la costa del Golfo de Texas\u2013 el presidente Biden revoc\u00f3 el permiso transfronterizo y TC Energy abandon\u00f3 el proyecto.<\/p>\n<p>Estas campa\u00f1as han seguido estrategias muy variadas. Los movimientos liderados por ind\u00edgenas como los defensores del agua en Standing Rock son distintos de lo que Kai Bosworth llama \u00ab<a href=\"https:\/\/www.upress.umn.edu\/Plone\/book-division\/books\/pipeline-populism\">populismo de oleoducto<\/a>\u00bb (movimientos compuestos sobre todo por terratenientes rurales blancos y ecologistas de base), y ambos, a su vez, difieren de las comunidades negras y latinas que luchan contra el racismo medioambiental. Pero todos ellos han compartido un aspecto clave: la no violencia. Las excepciones \u2013un pu\u00f1ado de activistas que han destruido maquinaria por su cuenta\u2013 solo confirman la regla. En EE UU, el compromiso de los activistas clim\u00e1ticos con el pacifismo imposibilita el da\u00f1o a la propiedad, por no hablar de la agresi\u00f3n f\u00edsica a ejecutivos de la industria f\u00f3sil. Pero a pesar de estos heroicos esfuerzos, las corporaciones siguen emitiendo impunemente y los Estados contin\u00faan retrasando cualquier acci\u00f3n para detenerlas. Y, mientras tanto, el mundo se calienta cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Es este consenso sobre el activismo pac\u00edfico frente a la insensatez de la \u00e9lite lo que rechaza Andreas Malm. <i>C\u00f3mo dinamitar un oleoducto <\/i>no te explicar\u00e1 c\u00f3mo volar un oleoducto, pero tratar\u00e1 de convencerte de que los esfuerzos por desmantelar f\u00edsicamente los tent\u00e1culos infraestructurales del capitalismo f\u00f3sil est\u00e1n hist\u00f3ricamente fundamentados, son estrat\u00e9gicamente inteligentes, y un imperativo moral. \u00abHa habido un tiempo para el movimiento clim\u00e1tico gandhiano; quiz\u00e1 ahora es el momento para un movimiento fanoniano\u00bb, afirma la pen\u00faltima l\u00ednea del libro. Ese \u00abquiz\u00e1\u00bb es performativamente ambivalente; se sit\u00faa entre la predicci\u00f3n y la provocaci\u00f3n. Si bien los deslizamientos entre estos modos ret\u00f3ricos permean el texto, una cosa es cristalina: para Malm, el movimiento clim\u00e1tico necesita atacar la crisis en su ra\u00edz, desactivando uno a uno los \u00abaparatos de emisi\u00f3n de CO2\u00bb.<\/p>\n<p>Andreas Malm lleva varios a\u00f1os tras la pista de los perpetradores de uno de los mayores cr\u00edmenes de la historia: la descarga de cientos de miles de millones de toneladas de di\u00f3xido de carbono a la atm\u00f3sfera, con consecuencias fatales (los investigadores estiman que puede atribuirse a las temperaturas extremas causadas por el cambio clim\u00e1tico un exceso de <a href=\"https:\/\/www.bloomberg.com\/news\/articles\/2021-07-07\/climate-change-linked-to-5-million-deaths-a-year-new-study-shows?sref=apOkUyd1\">5 millones<\/a> de muertes al a\u00f1o). El viaje empez\u00f3 con su libro <i>Capital f\u00f3sil<\/i>. En \u00e9l, trataba de refutar esas historias positivistas de la energ\u00eda que muestran el pasado como un arco que se inclina hacia los combustibles f\u00f3siles y explicar, en su lugar, que la revoluci\u00f3n de los combustibles f\u00f3siles de los a\u00f1os 20 y 30 del siglo XIX era el resultado de conflictos de clase din\u00e1micos en lugar de una progresi\u00f3n inevitable. El agua, apunta, era al fin y al cabo abundante y gratis, y los molinos de agua, m\u00e1s potentes y fiables que los tempranos motores de vapor al comienzo de la era industrial. La adopci\u00f3n de motores de vapor y carb\u00f3n se debi\u00f3 a que los propietarios de los molinos quer\u00edan resolver un problema que dificultaba sus esfuerzos para asegurarse una oferta de trabajo fiable y disciplinada: el hecho de que hubiera fuentes de agua corriente desaprovechadas distribuidas por el campo, mientras que la gente estaba concentrada en pueblos y ciudades. Al utilizar los motores de carb\u00f3n y vapor en lugar de los r\u00edos y los molinos de agua, encontraron la forma de dominar mejor tanto a los trabajadores como a la naturaleza \u2013y as\u00ed pavimentar el camino para una era de crecimiento economico sin precedentes entre chimeneas que expulsaban el di\u00f3xido de carbono que calienta el planeta\u2013.<\/p>\n<p>En <i>El progreso de esta tormenta<\/i>, Malm se salta casi dos siglos y pasa del estudio acad\u00e9mico de la historia a las teor\u00edas cada vez m\u00e1s populares entre los propios acad\u00e9micos. Dirige su ira pol\u00e9mica a la torre de marfil, donde, insiste, un buen n\u00famero de prominentes fil\u00f3sofos, ge\u00f3grafos y soci\u00f3logos han jugado el papel de tontos \u00fatiles para los capitalistas f\u00f3siles al arrasar con la distinci\u00f3n entre la sociedad humana y la naturaleza no humana. Ocultar la responsabilidad de la clase dominante en el cambio clim\u00e1tico no era, por supuesto, el objetivo de esos acad\u00e9micos que buscaban reincorporar a los humanos en la \u00abtrama de la vida\u00bb (por usar el t\u00e9rmino de Jason Moore) o recuperar la agencia de la naturaleza no humana (la \u00abteor\u00eda del actor red\u00bb de Bruno Latour) e incluso de la \u00abmateria\u00bb (el \u00abnuevo materialismo\u00bb de Jane Bennet). Pero al mezclar lo social y lo natural, sostiene Malm, estos acad\u00e9micos renunciaron a considerar a los humanos, y espec\u00edficamente a los humanos capitalistas, culpables de la excesiva destrucci\u00f3n de la tierra. Para Malm, la \u00fanica forma de oponerse a esta destrucci\u00f3n es retener \u00abla singularidad de la agencia humana\u00bb y la dicotom\u00eda social\/natural que esta garantiza. La agencia, despu\u00e9s de todo, se encuentra en el coraz\u00f3n tanto de la complicidad de las \u00e9lites como de la capacidad de las masas: \u00abLa guerra pol\u00edtica contra una clase dominante cada vez m\u00e1s pestilente demanda manuales repletos de binarios\u00bb.<\/p>\n<p>Recogiendo su propio guante, Malm entonces public\u00f3 algunos materiales de este estilo. <i>White Skin, Black Fuel<\/i>, escrito por \u00e9l y un colectivo de otros 20 autores, explicaba c\u00f3mo la extrema derecha se ha movilizado en defensa del capital f\u00f3sil, transformando el negacionismo de la propaganda en un principio fundamental de reacci\u00f3n etnonacionalista. <i>Corona, Clima, Chronic Emergency<\/i> termina con una visi\u00f3n de \u00abcomunismo ecol\u00f3gico de guerra\u00bb, en la que propone expropiar el capital f\u00f3sil sin compensaci\u00f3n y escalar masivamente las tecnolog\u00edas verdes. Su \u00faltimo manual, <i>C\u00f3mo dinamitar un oleoducto<\/i>, tiene como objetivo provocar en el movimiento clim\u00e1tico un estado de rabia colectiva adecuado para afrontar el reto de una cat\u00e1strofe planetaria. Entre el pasado revolucionario y un futuro ut\u00f3pico, argumenta, est\u00e1 el pesado <i>impasse<\/i> del presente: \u00abla inercia extraordinaria del modo de producci\u00f3n capitalista frente a la reacci\u00f3n de la Tierra\u00bb. Las opciones son el fatalismo o el sabotaje. Malm nos ruega que optemos por la segunda.<\/p>\n<p><i>C\u00f3mo dinamitar un oleoducto<\/i> puede dividirse en tres partes: la historia de la resistencia al cambio clim\u00e1tico, las estrategias que ha adoptado y las que deber\u00eda adoptar, y la moralidad de sus acciones. Para Malm, los anales del activismo clim\u00e1tico pueden entenderse en dos planos relacionados. El primero es el activismo clim\u00e1tico de corto plazo que mostr\u00f3 una trayectoria prometedora de crecimiento y desaf\u00edo entre 2006 y 2019. A pesar de cumplir a rajatabla con la no violencia, este movimiento, seg\u00fan Malm, fue disruptivo \u2013con un \u00abimpresionante repertorio\u00bb de \u00abbloqueos, ocupaciones, sentadas, desinversi\u00f3n, huelgas escolares, apag\u00f3n de centros urbanos, la t\u00e1ctica propia del campo clim\u00e1tico\u00bb, que demostraban la <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/history\/etol\/newspape\/isj\/1968\/no034\/berger.htm\">observaci\u00f3n de John Berger<\/a> de que la l\u00f3gica de la protesta no es la persuasi\u00f3n moral sino la amenaza cre\u00edble\u2013. El segundo plano de la historia del activismo clim\u00e1tico es la <i>longue dur\u00e9e<\/i> del fermento social que parte de las revueltas de esclavos, el abolicionismo, las sufragistas, los levantamientos anticoloniales, la lucha por la libertad negra, y el movimiento contra el apartheid. Esta historia m\u00e1s larga, seg\u00fan Malm, es directamente relevante para el m\u00e1s reciente ciclo del activismo clim\u00e1tico: es la raz\u00f3n por la que estos activistas abrazan el pacifismo \u2013y es tambi\u00e9n la raz\u00f3n, argumenta Malm, por la que no deber\u00edan\u2013. Grupos como Sunrise Movement o Extinction Rebellion, afirma, se suscriben a una imagen suavizada de los diversos movimientos emancipatorios del pasado \u2013borrando por tanto cualquier atisbo de violencia y llegando a las conclusiones t\u00e1cticas equivocadas a partir de sus propias confabulaciones\u2013. Malm no se anda con rodeos: \u00abLa \u201cpsicolog\u00eda del pacifismo estrat\u00e9gico\u201d es \u201cun ejercicio de represi\u00f3n activa\u201d; su narrativa aceptada es una \u201cmezcla de hipocres\u00eda y falsificaci\u00f3n\u201d y \u201cun fetiche, fuera de la historia, sin relaci\u00f3n con la \u00e9poca\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>Para oponerse a este fetiche, Malm dedica diecis\u00e9is p\u00e1ginas a refutar de manera sistem\u00e1tica el revisionismo pacifista, con animadas explicaciones del abolicionismo armado de John Brown, la masiva campa\u00f1a de incendios provocados de las sufragistas, la \u00abviolencia subalterna\u00bb desde Irlanda a Argelia, la autodefensa armada y los disturbios urbanos en el movimiento por los derechos civiles, y la destrucci\u00f3n de la propiedad por parte de La Lanza de la Naci\u00f3n durante la lucha contra el apartheid. Estos movimientos victoriosos no solo emplearon la violencia defensiva y ofensivamente, sino que, insiste Malm, sus organizadores dejaron tras de s\u00ed un historial de sabidur\u00eda pr\u00e1ctica sobre las razones por las que la violencia a veces es necesaria. El Congreso Nacional Africano ofreci\u00f3 una teor\u00eda del poder que combinaba \u00abel martillo de la lucha armada\u00bb y el \u00abyunque de la acci\u00f3n masiva\u00bb, y la Uni\u00f3n Social y Pol\u00edtica de las Mujeres demostraba que su lema \u00abHechos, no palabras\u00bb pod\u00eda hacer a\u00f1icos la dominaci\u00f3n de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>\u00bfNecesita el movimiento clim\u00e1tico hechos, y no palabras, como hicieron estas luchas emancipatorias de anta\u00f1o? Seg\u00fan Malm, s\u00ed. La crisis clim\u00e1tica es causa y consecuencia de la desigualdad, argumenta, con los menos responsables siendo los m\u00e1s vulnerables a sus estragos, y los m\u00e1s c\u00f3mplices, saliendo pr\u00e1cticamente ilesos \u2013todo lo cual apunta a la necesidad, desde su punto de vista, de acci\u00f3n violenta\u2013. Pero Malm no especifica qui\u00e9n resulta m\u00e1s da\u00f1ado. \u00bfDeber\u00eda este grupo definirse en t\u00e9rminos geogr\u00e1ficos (por ejemplo, las poblaciones de las islas del Pac\u00edfico que est\u00e1n inund\u00e1ndose), los pa\u00edses de menor renta, todo el Sur Global, o un subconjunto de estos \u00faltimos con el mayor nivel de \u00ab<a href=\"https:\/\/www.thelancet.com\/journals\/lanplh\/article\/PIIS2542-5196(20)30196-0\/fulltext\">vulnerabilidad clim\u00e1tica multidimensional<\/a>\u00bb? \u00bfDeber\u00eda entenderse sociol\u00f3gicamente, ya sea demarcado por lo que W.E.B. Du Bois llam\u00f3 \u00abla l\u00ednea de color global\u00bb o por los contornos de los pueblos ind\u00edgenas y sus territorios ancestrales, o por clase econ\u00f3mica \u2013los trabajadores del mundo unidos\u2013? \u00bfMejor en t\u00e9rminos generacionales, con no solo la juventud actual, sino todos los humanos no nacidos que vivir\u00e1n las letales consecuencias de la insensatez de sus predecesores?<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n, en otras palabras, es el sujeto revolucionario de la crisis clim\u00e1tica? \u00bfQui\u00e9n es el agente del cambio hist\u00f3rico? Sin una respuesta a estas preguntas, la idea de organizar protestas masivas y disruptivas que no eviten destruir la propiedad del capital f\u00f3sil parece desalentadora. Incluso si se pudiera identificar a los antagonistas estructurales del capitalismo f\u00f3sil, la existencia emp\u00edrica de tal grupo, o conjunto de grupos, es una precondici\u00f3n insuficiente para que tomen acci\u00f3n decidida hacia un objetivo compartido. La diferencia entre una clase en s\u00ed y una clase para s\u00ed, por usar los t\u00e9rminos marxianos, es la diferencia entre la inacci\u00f3n colectiva y la acci\u00f3n colectiva, y Malm no identifica las condiciones bajo las cuales las masas de los m\u00e1s perjudicados por el calentamiento global podr\u00edan reconocer sus reivindicaciones compartidas y su potencial combinado para cavar la tumba del capital f\u00f3sil (o, mejor, mantener los combustibles f\u00f3siles enterrados donde est\u00e1n). De hecho, si acaso, Malm sugiere que los grupos m\u00e1s perjudicados son insuficientemente militantes. Especialmente en el Sur Global, apunta, el sabotaje contra la infraestructura f\u00f3sil \u00abbrilla por su ausencia\u00bb, teniendo en cuenta que all\u00ed se encuentran la mayor\u00eda de los objetivos de protesta y el desproporcionado impacto del calentamiento global. La gente del Sur Global, argumenta \u00abpodr\u00eda agonizar por ella (la crisis clim\u00e1tica); raramente ve un medio para contraatacar\u00bb.<\/p>\n<p>Pero la estrecha definici\u00f3n que hace Malm de \u00abcontraatacar\u00bb corre el riesgo de minimizar lo que es sin duda el activismo antiextractivista m\u00e1s efectivo del mundo. Puede estar en lo cierto al decir que estos activistas en su mayor parte renuncian al sabotaje. Pero s\u00ed ponen sus cuerpos y erigen bloqueos y otras barreras f\u00edsicas \u2013y lo hacen frente a la represi\u00f3n estatal y corporativa\u2013. Y, al contrario de lo que dice Malm, este activismo de alto riesgo es de hecho m\u00e1s probable que tenga lugar en pa\u00edses de las capas m\u00e1s bajas de la jerarqu\u00eda global. <a href=\"https:\/\/iopscience.iop.org\/article\/10.1088\/1748-9326\/abc197\">Un reciente megaestudio<\/a> de los movimientos antiextractivistas del mundo concluye que entre 1997 y 2019, poco menos de un cuarto de los 371 casos de protestas contra la extracci\u00f3n de combustibles f\u00f3siles, oleoductos o plantas de refinamiento tuvieron lugar en pa\u00edses de rentas altas, mientras que casi la mitad se dieron en pa\u00edses de rentas bajas o medio-bajas. Es cierto que la gran mayor\u00eda de la protesta del Sur Global es \u00abpacifista\u00bb seg\u00fan la definici\u00f3n de Malm \u2013aunque eso no necesariamente implica ausencia de fuerza por ambas partes\u2013. El 40% de los casos de protesta contra oleoductos resultaron en criminalizaci\u00f3n estatal o violencia clara, e incluso asesinatos. Dado el respeto que Malm muestra por la valent\u00eda, deber\u00eda quitarse el sombrero ante los defensores latinoamericanos de la tierra y el agua, <a href=\"https:\/\/www.aljazeera.com\/news\/2021\/9\/13\/environmental-defenders-killed-in-record-numbers-in-2020-report\">cuyas cifras de asesinados<\/a> son superiores a los activistas de cualquier parte del mundo.<\/p>\n<p>Si esto no cuenta como \u00abcontraatacar\u00bb, tampoco lo hace la larga historia de voladuras de oleoductos en el Sur Global, principalmente en \u00c1frica y Oriente Pr\u00f3ximo. Malm s\u00ed dedica varias p\u00e1ginas a estos actos de sabotaje. Pero ninguna de estas acciones satisface sus estrictos criterios: \u00abLos aparatos que emiten CO2 han sido f\u00edsicamente alterados durante dos siglos por grupos subalternos contrarios a las pol\u00edticas para las que han servido \u2013automatizaci\u00f3n, apartheid, ocupaci\u00f3n\u2013, pero todav\u00eda no como las fuerzas destructivas que son por s\u00ed mismas\u00bb. Esta es una afirmaci\u00f3n curiosa. En el estudio citado anteriormente, entre los motivos que llevan a las comunidades de primera l\u00ednea a resistir frente a los combustibles f\u00f3siles (de nuevo, acciones concentradas de manera desproporcionada en el Sur Global) son la \u00abp\u00e9rdida de biodiversidad\u00bb, la \u00abcontaminaci\u00f3n del aire\u00bb, la \u00abcontaminaci\u00f3n del suelo y el agua\u00bb y la \u00abp\u00e9rdida de tierra\u00bb; para los oleoductos y el <i>fracking<\/i> en particular, otro motivo es el \u00abcalentamiento global\u00bb. Estos movimientos claramente ven la infraestructura del capitalismo f\u00f3sil tal como la ve Malm: destructiva en s\u00ed y por s\u00ed misma. Simplemente no siempre ven el cambio clim\u00e1tico como el \u00fanico o el principal perjuicio, sino que se centran en los impactos medioambientales y sociales localizados \u2013impactos que tambi\u00e9n tienen implicaciones atmosf\u00e9ricas\u2013. (Tras la industria f\u00f3sil, la deforestaci\u00f3n tropical es el segundo mayor contribuyente al calentamiento global).<\/p>\n<p>La idea de que el sabotaje y otras formas de acci\u00f3n directa contra el capitalismo f\u00f3sil cuentan como tales solo si las pancartas y los c\u00e1nticos de los manifestantes hacen referencia a partes de carbono por mill\u00f3n o denuncian a ejecutivos petroleros no solo minimiza artificialmente la extensi\u00f3n de la resistencia; tambi\u00e9n va en contra de todo lo que hemos aprendido sobre lo que inspira el activismo clim\u00e1tico y medioambiental real. M\u00e1s all\u00e1 de los estrechos confines de quienes ya est\u00e1n implicados, o de quienes tienen suficiente seguridad material para protegerse de los estragos inmediatos, palpables y, por tanto, locales del capitalismo f\u00f3sil, una estrategia que dependa de una promesa abstracta de mitigar el cambio clim\u00e1tico est\u00e1 destinada a fracasar a la hora de organizar a las propias masas que Malm dice priorizar.<\/p>\n<p>En todo el libro de <i>C\u00f3mo dinamitar un oleoducto<\/i>, Malm se muestra expl\u00edcitamente preocupado por la necesidad de un movimiento de base amplio que involucre a millones de personas. Lejos de impulsar una teor\u00eda de la vanguardia, tiene cuidado de enhebrar la aguja de la militancia y la movilizaci\u00f3n masiva, afirmando que ambas est\u00e1n dial\u00e9cticamente interrelacionadas, m\u00e1s que mutuamente enfrentadas. Hasta este momento, critica el ecosabotaje de los 80, 90 y principios de los 2000 por su nihilismo y aventurerismo: seg\u00fan Malm, era sobre todo un martillo sin un yunque. Pero en un estado permanente de emergencia clim\u00e1tica, el c\u00e1lculo t\u00e1ctico de Malm cambia. El precario equilibrio entre el vanguardismo y la movilizaci\u00f3n masiva da lugar a la \u00abley de una tendencia a la receptividad\u00bb a que la violencia \u00abcrezca en un mundo que se calienta\u00bb. (Se podr\u00eda preguntar si esta \u00abley\u00bb tambi\u00e9n aplica a los partidarios del fascismo f\u00f3sil, y qu\u00e9 riesgos podr\u00eda esto suponer para los saboteadores). Sugiere que esta nueva receptividad a la violencia podr\u00eda atraer a nuevos participantes, manifestantes que a\u00fan no est\u00e1n, a quienes el permanente pacifismo del movimiento les repele, m\u00e1s que inspirarles seguridad.<\/p>\n<p>Si bien es indudablemente cierto que algunos se \u00absentir\u00edan atra\u00eddos\u00bb por el sabotaje, Malm parece haber revertido aqu\u00ed la causalidad. Los movimientos masivos no brotan de las espaldas de lobos solitarios; m\u00e1s bien, es en momentos de movilizaci\u00f3n masiva cuando puede surgir la violencia espont\u00e1nea (o planeada). Es decir, durante el enorme levantamiento ocasionado por el asesinato policial de George Floyd, el incendio de una comisar\u00eda en Mine\u00e1polis recibi\u00f3 una aprobaci\u00f3n generalizada: el <a href=\"https:\/\/www.newsweek.com\/54-americans-think-burning-down-minneapolis-police-precinct-was-justified-after-george-floyds-1508452\">54 % de la poblaci\u00f3n estadounidense<\/a> pens\u00f3 que el acto estaba justificado. Mover la opini\u00f3n p\u00fablica sobre un evento tan incendiario como prenderle fuego a la propia infraestructura de \u00abla ley y el orden\u00bb fue una tarea herc\u00falea. Es imposible imaginar un giro tan dram\u00e1tico, aunque fugaz, en la ventana de Overton sin que hubiera millones de personas en las calles \u2013entre 15 y 26 millones para ser precisos\u2013, en un levantamiento de meses, el mayor y m\u00e1s extendido movimiento de protesta en la historia estadounidense. En otras palabras, la teor\u00eda del flanco radical funciona en ambos sentidos: el radicalismo puede legitimar posturas que son moderadas en comparaci\u00f3n, pero la protesta multitudinaria que es considerada relativamente pac\u00edfica es necesaria para que la violencia tenga este efecto.<\/p>\n<p>A decir verdad, Malm probablemente estar\u00eda de acuerdo. Pero al establecer la violencia como una soluci\u00f3n al actual <i>impasse<\/i> del movimiento clim\u00e1tico, flirtea con la propaganda por el hecho, la idea de que los actos pol\u00edticos violentos despiertan por s\u00ed mismos a las masas durmientes. Malm observa que la ausencia de \u00abun solo disturbio u ola de destrucci\u00f3n de propiedades\u00bb, normalmente tomada como una se\u00f1al del \u00e9xito del pacifismo, bien podr\u00eda ser tambi\u00e9n prueba del \u00abfracaso del movimiento a la hora de lograr profundidad social, articular los antagonismos que atraviesan esta crisis y, no menos importante, hacerse con un activo t\u00e1ctico\u00bb. \u00bfEs la violencia un resultado o una causa de la profundidad social? Y, exactamente, \u00bfc\u00f3mo se articulan los \u00abantagonismos\u00bb? La misma historia de lucha social violenta intermitente que Malm relata provee alguna gu\u00eda: conceptos abstractos como la concentraci\u00f3n atmosf\u00e9rica de di\u00f3xido de carbono o los trabajos globales del capitalismo f\u00f3sil no compelen por su cuenta grandes cantidades de gente a implicarse en una acci\u00f3n colectiva potencialmente fatal. Son los efectos palpables cotidianos de esos fen\u00f3menos planetarios \u2013la p\u00e9rdida de tierra y fuentes de sustento, la destrucci\u00f3n de los h\u00e1bitats y las v\u00edas navegables, la intimidaci\u00f3n y la brutalidad\u2013 lo que incit\u00f3 a la gente a unir fuerzas e incluso arriesgar sus vidas en batallas muy asim\u00e9tricas con empresas multinacionales protegidas por el brazo represor del Estado.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, nuestro reto no es persuadir a las comunidades que est\u00e1n en primera l\u00ednea para que resistan en base a las emisiones globales en lugar de en base a la contaminaci\u00f3n local, ni animar a utilizar la violencia a quienes en el Norte Global ya est\u00e1n implicados en Fridays for Future, Ende Gel\u00e4nde y Extinction Rebellion. M\u00e1s bien, parece que el reto consiste en reclutar a mucha m\u00e1s gente de la que ya est\u00e1 movilizada por cualquiera de estos grupos, independientemente de las decisiones t\u00e1cticas que tomen en el calor de la batalla. Malm comprende la importancia de organizar a los desorganizados: \u00abUn movimiento clim\u00e1tico que no quiere comerse a los ricos, con toda el hambre de quienes luchan por poner la comida sobre la mesa, nunca da en el blanco\u00bb. Pero su acento contin\u00faa en incitar a la \u00abrabia social\u00bb en lugar de cultivar una base social.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo final, Malm reflexiona sobre la base moral del sabotaje de oleoductos y conecta con una suerte de fe secular reminiscente del reciente tratado de Martin Haglund, <i>Esta vida<\/i>. Primero aniquila el fatalismo clim\u00e1tico: la \u00abreificaci\u00f3n de la desesperanza\u00bb, argumenta, es en s\u00ed misma \u00abuna contradicci\u00f3n performativa\u00bb que pretende meramente describir, desde la comodidad de un sof\u00e1, la certidumbre del apocalipsis mientras se disuade activamente a la gente de tomar acci\u00f3n. Esto es tambi\u00e9n emp\u00edricamente falso, porque \u00abcada gigaton\u00bb de emisiones de carbono \u00abimporta\u00bb. A Malm, por contra, le interesa un tipo distinto de fatalismo. Inspir\u00e1ndose en el levantamiento del gueto de Varsovia, apela a la \u00abnobleza\u00bb del martirio: \u00abLa muerte era cierta y aun as\u00ed continuaron luchando. Nunca jam\u00e1s puede ser demasiado tarde para este gesto\u00bb.<\/p>\n<p>Para Malm, el imperativo moral de actuar contra todo pron\u00f3stico surge de un deber tanto con el pasado como con el futuro. Cada nueva generaci\u00f3n mira hacia quienes la precedieron, insiste, pregunt\u00e1ndose si sus antepasados \u00abhicieron cola voluntariamente para el horno, o si algunas personas lucharon como jud\u00edos que sab\u00edan que iban a ser asesinados\u00bb. Pero en tanto que las temperaturas extremas de hoy en d\u00eda son solo un \u00abaperitivo\u00bb de lo que est\u00e1 por venir, cada generaci\u00f3n tambi\u00e9n mira hacia delante, sabiendo que tambi\u00e9n ser\u00e1 juzgada por sus descendientes. La consciencia hist\u00f3rica es tambi\u00e9n una conciencia hist\u00f3rica; es aqu\u00ed donde la estrategia y la moral se encuentran.<\/p>\n<p>Todos los movimientos tienen m\u00e1rtires, ya sea en el sentido literal de quienes se exponen al peligro por la causa o, m\u00e1s figuradamente, quienes no vivir\u00e1n para ver los frutos de sus esfuerzos. Pero para que los activistas tengan opciones de sacarnos de la senda hacia el peligroso calentamiento, necesitamos ver en el transcurso de nuestras vidas \u2013no tras generaciones de lucha\u2013 un cambio dram\u00e1tico en el sistema energ\u00e9tico que impulsa la econom\u00eda global. Una transformaci\u00f3n tan r\u00e1pida y de tal magnitud requiere absolutamente un salto de fe secular: la creencia tenaz en que las cosas podr\u00edan y deben ser de otra manera. Y esto bien puede requerir un compromiso fortalecido por el sabotaje y los muchos y graves riesgos que eso supone.<\/p>\n<p>Por todas estas razones, cuando el movimiento clim\u00e1tico de millones de personas est\u00e9 reagrupado y preparado para continuar su trayectoria de crecimiento y militancia, <i>C\u00f3mo dinamitar un oleoducto<\/i> deber\u00eda ser lectura obligatoria para sus cuadros. Su potente prosa, su emocionante oda al coraje y la disciplina, y la fidelidad al legado de la violencia popular en pos de la emancipaci\u00f3n lo convierten en una cr\u00edtica convincente de la piedad del pacifismo actual. Pero a pesar de estas virtudes, el libro no ofrece respuestas a los constantes desaf\u00edos de crear colectividades, unidas tanto por la leg\u00edtima rabia y la esperanza, como por una estrategia y visi\u00f3n compartidas, y que sostengan sus acciones en las tormentosas d\u00e9cadas que vienen. \u00bfQui\u00e9nes son los enterradores del capitalismo f\u00f3sil, y cu\u00e1les son sus fuentes de impulso? \u00bfCu\u00e1les son sus preocupaciones y ansiedades cotidianas, y c\u00f3mo se relacionan con la crisis clim\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 les impide unirse ahora, y qu\u00e9 facilitar\u00eda su movilizaci\u00f3n en el futuro? \u00bfY c\u00f3mo se les podr\u00eda convencer de que, a pesar de las apariencias y su experiencia, es cierto que est\u00e1 en su mano cambiar el mundo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este art\u00edculo fue originalmente publicado bajo el t\u00edtulo \u00ab<a href=\"https:\/\/www.thenation.com\/article\/culture\/andreas-malm-climate-politics\/\"><em>A planet in flames \u2013 Should the climate movement embrace sabotage?<\/em><\/a>\u00bb en la revista <em>The Nation<\/em>.\u00a0 El texto ha sido traducido del ingl\u00e9s por Ram\u00f3n N\u00fa\u00f1ez Pi\u00f1\u00e1n.<\/p>\n<p>Fuente de esta traducci\u00f3n: <a href=\"https:\/\/contraeldiluvio.es\/planeta-llamas-deberia-movimiento-climatico-abrazar-sabotaje\/\">https:\/\/contraeldiluvio.es\/planeta-llamas-deberia-movimiento-climatico-abrazar-sabotaje\/<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1957, cuando el auge econ\u00f3mico de posguerra dio lugar a una \u00abgran aceleraci\u00f3n\u00bb en el uso de energ\u00eda de<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":12643,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1563],"tags":[],"class_list":["post-12642","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-crisis-ecosocial"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12642","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12642"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12642\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12643"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12642"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12642"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12642"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}