{"id":12699,"date":"2022-11-08T05:00:42","date_gmt":"2022-11-08T04:00:42","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12699"},"modified":"2023-02-04T04:50:13","modified_gmt":"2023-02-04T03:50:13","slug":"en-paz-con-la-naturaleza-etica-y-ecologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12699","title":{"rendered":"En paz con la naturaleza: \u00e9tica y ecolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Comunicaci\u00f3n presentada en el XV Congreso de teolog\u00eda, Madrid 6-10 septiembre de 1995. Escrito publicado (sin seguridad por mi parte) en AA.VV, <\/em>Ecolog\u00eda y cristianismo<em>. Madrid. Centro Evangelio y Liberaci\u00f3n, 1996<\/em>[1]<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 1: Movimientos sociales nuevos (1981).<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 2: Ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza (1998).<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 3: Esteban Medina entrevista a FFB (2003).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. Querr\u00eda argumentar aqu\u00ed cuatro ideas que pueden ser de utilidad, me parece, para la fundamentaci\u00f3n de una \u00e9tica y de una pol\u00edtica ecol\u00f3gicas a la altura de este final de siglo [XX].<\/p>\n<p>La primera idea es que no existe en nuestro mundo naturaleza virgen y que, por tanto, la b\u00fasqueda o la restauraci\u00f3n de la naturaleza intocada es para los humanos una contrautop\u00eda desde hace mucho tiempo. S\u00f3lo hay naturaleza humanizada. A pesar de ello, o precisamente por ello, es comprensible que los hombres y mujeres de nuestra \u00e9poca oscilen habitualmente entre el retorno a\u00f1orante a la \u00abnaturaleza perdida\u00bb y el avance hacia la naturaleza en b\u00fasqueda de una nueva armon\u00eda.<\/p>\n<p>La segunda idea que quiero argumentar se puede formular as\u00ed: la naturaleza es amoral, carece de toda moralidad, en el sentido de que no hay en ella principios sobre normas, costumbres y comportamientos; por tanto, la naturaleza permanece muda sobre uno de los problemas que m\u00e1s nos preocupa a los hombres, el problema del mal. La maravillosa visi\u00f3n del cielo estrellado sobre m\u00ed[2] tal vez me ponga en disposici\u00f3n an\u00edmica de luchar contra el mal en esta tierra, pero la ley moral no viene de tal visi\u00f3n. La ley moral es cosa nuestra, de los humanos. No podemos pedir a la naturaleza reciprocidad moral. El discurso pr\u00e1ctico sobre la ley moral incluye, claro est\u00e1, numerosas f\u00e1bulas antropomorfizadoras de la naturaleza, pero esas f\u00e1bulas no quitan ni ponen sobre la amoralidad de la naturaleza; s\u00f3lo est\u00e1n indicando que probablemente los humanos no podemos vivir sin met\u00e1foras[3].<\/p>\n<p>La tercera idea es esta: de la Ecolog\u00eda, o sea, de la consideraci\u00f3n cient\u00edfica de las interrelaciones entre las especies (una de las cuales, pero s\u00f3lo una, es el hombre) y su medio natural, el medio en que viven estas especies (en que vivimos) no se sigue l\u00f3gicamente (en el sentido de no se deduce) una \u00e9tica ecologista y menos a\u00fan un s\u00f3lo punto de vista o paradigma ecologista. La Ecolog\u00eda, tal como la conocemos actualmente, proporciona algunas de las condiciones de posibilidad para que el hombre de finales del siglo XX pueda vivir en paz con la naturaleza, en armon\u00eda con su medio; pero la Ecolog\u00eda no dice c\u00f3mo el hombre habr\u00e1 de actuar y comportarse en la pr\u00e1ctica para lograr esto: ni siquiera implica que para los hombres haya una, y solo una, manera de vivir en paz con la naturaleza.<\/p>\n<p>La cuarta idea es un desarrollo de la tercera: no s\u00f3lo hay varios ecologismos posibles sino que existen ya, en el mundo actual, diversas manifestaciones de estos distintos tipos de ecologismo. Elegir entre ellos, decidir acerca de qu\u00e9 ecologismo para el final de siglo, es algo que acaba implicando tambi\u00e9n a los ideales de las personas y de los grupos sociales. La crisis ecol\u00f3gica tiene varios planos. Y se produce, adem\u00e1s, en el mundo contempor\u00e1neo, en \u00edntima relaci\u00f3n con crisis sociales y culturales, en la medida, justamente, en que la actividad de los hombres es un factor muy importante de aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p>Teniendo esto en cuenta, o sea, juntando la preocupaci\u00f3n ecol\u00f3gica y la preocupaci\u00f3n por los problemas socioculturales, tratar\u00e9 de argumentar a favor de una ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza que aspira a la igualdad social pero trata de ser respetuosa con la diversidad natural y sociocultural.<\/p>\n<p>II. La naturaleza pura, virgen en sentido estricto, hace mucho tiempo que no existe en el planeta Tierra. O para decirlo con un poco m\u00e1s de precisi\u00f3n: s\u00f3lo existe algo as\u00ed en poqu\u00edsimos lugares. La naturaleza virgen es desde hace algunos siglos en Europa un estado de excepci\u00f3n. Es comprensible que la gran literatura europea del siglo XX se haya permitido la broma de mantener que \u00abla naturaleza se ha acabado\u00bb (una broma anterior a la toma de conciencia de la crisis ecol\u00f3gica, todo hay que decirlo). Tal es el tenor de un c\u00e9lebre di\u00e1logo entre Hamm y Clov en <em>Final de partida<\/em> de Samuel Beckett: ya no hay naturaleza; la naturaleza nos ha olvidado (\u00bfa qui\u00e9nes? \u00bfa Hamm y Clov?, \u00bfa los humanos que, como se sabe, no tienen cabida en el para\u00edso terrenal?, \u00bfa aquella parte de la humanidad que ha perdido los ideales?).<\/p>\n<p>Si no se quiere pensar sobre la naturaleza de una manera \u00abtan enrevesada\u00bb como declaran hacerlo en ese mismo contexto los personajes de Beckett, entonces lo m\u00e1s sensato es aceptar que lo que existe mayormente es naturaleza humanizada. Naturaleza humanizada [<em>Vermenschlichte Natur<\/em>] es una expresi\u00f3n que tomo de los manuscritos redactados por Karl Marx en Par\u00eds en 1844, llamados generalmente \u00abecon\u00f3mico-filos\u00f3ficos\u00bb. \u00abNaturaleza humanizada\u00bb era para el joven Marx (y lo sigue siendo para nosotros) naturaleza artificial [<em>K\u00fcnstlischte Natur<\/em>], o sea, naturaleza transformada por la intervenci\u00f3n del hombre mediante su trabajo.<\/p>\n<p>La humanizaci\u00f3n de la naturaleza a lo largo de la historia ha sido ambivalente, ambigua, como toda obra humana considerada en su globalidad. Humanizar quiere decir cultivar. Y cultivar quiere decir primero \u00abartificializar\u00bb, o sea, apropiarse de los recursos naturales, dominar el medio ambiente en que vive, se desarrolla y se reproduce el hombre junto con otras especies, transformar, en suma, la naturaleza mediante el trabajo y las t\u00e9cnicas. Humanizar, en este sentido, es crear una \u00absegunda naturaleza\u00bb.<br \/>\nPero cultivar la naturaleza quiere decir tambi\u00e9n para el hombre, en segundo lugar, humanizarla en un sentido art\u00edstico. Es obvio que cuando hoy hablamos de vivir en paz con la naturaleza estamos pensando en alg\u00fan tipo de armon\u00eda que prioriza la relaci\u00f3n est\u00e9tico-art\u00edstica sobre la relaci\u00f3n t\u00e9cnica del hombre con la naturaleza.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo caracter\u00edstico de la relaci\u00f3n del hombre con su medio ambiente es la persistencia de esta doble humanizaci\u00f3n de la naturaleza a lo largo la historia: la humanizaci\u00f3n t\u00e9cnica y la humanizaci\u00f3n art\u00edstica. Como el dios Jano, la relaci\u00f3n del hombre con la naturaleza tiene dos caras.<\/p>\n<p>Por lo general, cuando el hombre tiene tiempo para ocuparse de y con la naturaleza predomina la humanizaci\u00f3n art\u00edstica, bien sea en la forma de cultivo desinteresado de trozos de naturaleza espec\u00edficos para mejorar su aspecto desde el punto de vista de la contemplaci\u00f3n, bien en la forma de conversi\u00f3n en obra de arte de determinados productos naturales (la enolog\u00eda est\u00e1 haciendo maravillas en esto), bien en la forma de representaci\u00f3n pict\u00f3rica o po\u00e9tica, por ejemplo, con la finalidad de gustar, de motivar la experiencia est\u00e9tica de los humanos. No es ninguna casualidad el que a finales del siglo XX junto a la conciencia de la crisis ecol\u00f3gica se haya difundido tanto, en los medios art\u00edsticos, la voluntad de transformar la naturaleza en arte. Deber\u00eda saberse ya, pero \u00e9sta es una de esas verdades que hay que ir repitiendo una otra y otra vez, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, para que no se pierdan. Lo dir\u00e9 como lo dec\u00eda Manuel Sacrist\u00e1n en una celebrada rese\u00f1a del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> de Ferlosio[4]: lo que por lo general llamamos \u00abnaturalidad\u00bb o \u00abespontaneidad\u00bb cotidiana es lo m\u00e1s antinatural que existe, en la medida en que es el resultado de las influencias sociales. Ser naturales y ser sensibles en el plano art\u00edstico es algo que lleva tiempo: la naturalidad se la tiene que construir cada cual. Se dice que el arte imita a la naturaleza, y, efectivamente, a veces lo hace; pero el arte es laboriosa construcci\u00f3n del <em>homo faber<\/em>.<\/p>\n<p>La naturalidad del arte procede de la naturaleza del hombre artista, pero la naturaleza del hombre artista tiene su origen en la tambi\u00e9n natural necesidad de no ser natural en sentido absoluto, esto es, de ser arti-ficioso, constructor, laborioso. Como las v\u00edas directas a la naturaleza absoluta est\u00e1n cerradas para el hombre, lo que podemos hacer, en este plano, es y ser\u00e1 siempre algo artificioso, artificial. De ah\u00ed que la mayor parte de las veces lo que consideramos \u00abnatural\u00bb en la intervenci\u00f3n del hombre sea, en cambio, el resultado de una complicad\u00edsima dial\u00e9ctica entre naturaleza y cultura.<\/p>\n<p>III. Vivir en paz con la naturaleza implica tener tiempo para contemplar, cultivar y humanizar el entorno en un sentido art\u00edstico. Esto ha sido algo m\u00e1s bien excepcional en la historia de los pueblos que han compuesto hasta ahora la especie que nos esforzamos en llamar humanidad. Lo habitual ha sido, en cambio, la falta de tiempo para la contemplaci\u00f3n y para el cultivo art\u00edstico de la naturaleza (o para inspirarse pict\u00f3ricamente o po\u00e9ticamente en ella). Gran parte de la historia de la humanidad, como la de otras especies animales, ha tenido que ser dedicada a luchar por la subsistencia contra la naturaleza adversa.<\/p>\n<p>De hecho la naturaleza humanizada s\u00f3lo empieza a ser amiga del hombre cuando \u00e9ste ha logrado ya la satisfacci\u00f3n de sus necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas, m\u00e1s vitales: las calor\u00edas y prote\u00ednas suficientes para la superviviencia y reproducci\u00f3n. Mientras tanto, la naturaleza ha sido para el hombre una de estas dos dos cosas: el enemigo m\u00e1s fuerte con el que cotidianamente hay que enfrentarse para seguir viviendo o aquello que proporciona los bienes alimentarios b\u00e1sicos para la subsistencia.<\/p>\n<p>A lo largo de esta historia de humanizaci\u00f3n de la naturaleza y de enfrentamiento con ella el hombre ha visto en la naturaleza algo a lo que ten\u00eda que oponer su fuerza o su trabajo. Pero, por eso mismo, cuando ha empezado a sentirse relativamente seguro en ella cultiv\u00e1ndola, en aquellos lugares excepcionalmente benignos desde el punto de vista del clima, se la ha representado como algo de lo que pod\u00eda obtener recursos de forma indefinida y gratuita, sin pagar por ello y para siempre.<\/p>\n<p>En nuestra historia ha habido al menos dos factores que han contribuido a hacer sentir entre los hombres como muy insatisfactoria, y hasta como antinatural, su relaci\u00f3n con la naturaleza. Uno de ellos ha sido la hasta ahora insuperable no-contemporaneidad de las culturas que han existido en una misma \u00e9poca. El otro factor, \u00edntimamente relacionado con esta no-contemporaneidad de las culturas, ha sido la dificultad de pensar el largo proceso hist\u00f3rico de humanizaci\u00f3n de la naturaleza como un proceso complejo, dial\u00e9ctico o en espiral, pero nada lineal, que tiene dos caras inseparables: la t\u00e9cnica y la art\u00edstica.<\/p>\n<p>Desde los inicios de la industrializaci\u00f3n del agro y de la aplicaci\u00f3n de la qu\u00edmica a la agricultura el conflicto entre manipulaci\u00f3n artificial, tecnol\u00f3gica, de la naturaleza y contemplaci\u00f3n o representaci\u00f3n art\u00edstica de la misma se ha ido haciendo cada vez m\u00e1s agudo. La conciencia de la relaci\u00f3n entre humanidad y naturaleza se ha hecho desgraciada y se ha escindido. En nuestro marco cultural no hemos logrado todav\u00eda salir de esa escisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La conciencia burguesa se representa lo mejor de s\u00ed misma (esto es, la capacidad tecnocient\u00edfica para superar la miseria y la escasez en gran escala) como lo m\u00e1s lamentable, en la medida misma en que la t\u00e9cnica, por definici\u00f3n, lo desnaturaliza todo; por otra parte, la conciencia burguesa se vuelve, en lo art\u00edstico, a\u00f1orantemente hacia los restos de naturaleza intacta y califica una y otra vez a estos restos de para\u00edso perdido.<\/p>\n<p>S\u00f3lo puede ver una de las caras de Jano de cada vez. Por ello, porque vive en la escisi\u00f3n, cuando justifica la manipulaci\u00f3n tecnol\u00f3gica de la naturaleza como inherente al proyecto humano tiene que idealizar la tecnolog\u00eda realmente existente (como si no hubiera otra posible). Y cuando se vuelve hacia la naturaleza para su defensa, reconociendo tambi\u00e9n aqu\u00ed que el hombre es el animal de la <em>hybris<\/em>, del exceso, tiene que idealizar la naturaleza realmente existente con el recuerdo de lo que fueron los parajes, que no volver\u00e1n, de nuestra infancia.<\/p>\n<p>IV. Naturaleza humanizada y enajenaci\u00f3n de la naturaleza humana son, pues, las dos caras de la raz\u00f3n cient\u00edfico-tecnol\u00f3gica en la \u00e9poca moderna. Lo caracter\u00edstico de lo que se llama modernidad ha sido crear las condiciones de posibilidad para una nueva relaci\u00f3n hombre\/naturaleza en t\u00e9rminos de humanizaci\u00f3n y al mismo tiempo crear las condiciones para la cosificaci\u00f3n, para la conversi\u00f3n del hombre en objeto, para la alienaci\u00f3n humana. Lo dijo Marx y se ha repetido luego muchas veces: en nuestros d\u00edas toda cosa parece ir gr\u00e1vida de su contrario. Vemos que la maquinaria dotada de su maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y lo devora hasta el agotamiento. Un extra\u00f1o conjuro transforma las fuentes de riqueza en fuerzas de miseria. Las victorias de la ciencia parecen pagarse con la p\u00e9rdida de car\u00e1cter[5].<\/p>\n<p>A medida que domina la naturaleza, el hombre parece sometido por otros hombres o por su propia vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre el oscuro trasfondo de la ignorancia. Todos nuestros inventos y todo nuestro progreso parece desembocar en la dotaci\u00f3n de las fuerzas materiales con vida espiritual y la conversi\u00f3n de la vida en est\u00fapida fuerza material.<\/p>\n<p>Esta es una idea profundamente sentida entre los mejores representantes de distintas tradiciones emancipatorias. La encontramos, en una forma parecida, ya en el siglo XX, en Simone Weil[6]. Por lo que respecta a la naturaleza, el hombre parece pasar, por etapas, de la esclavitud a la dominaci\u00f3n. Al mismo tiempo, la naturaleza pierde gradualmente su car\u00e1cter divino y la divinidad, asume progresivamente, forma humana. Por desgracia, esta emancipaci\u00f3n es s\u00f3lo una aduladora apariencia. En realidad en estas etapas superiores, la acci\u00f3n humana continua siendo, en general, pura obediencia al aguij\u00f3n brutal de una necesidad inmediata, s\u00f3lo que, en adelante, en lugar de estar acosado por la naturaleza, el hombre est\u00e1 acosado por el hombre. Por lo dem\u00e1s, la presi\u00f3n de la naturaleza sigue haci\u00e9ndose sentir, aunque indirectamente, porque la opresi\u00f3n se ejerce por la fuerza y a fin de cuentas toda fuerza brota de la naturaleza.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, contra lo que querr\u00eda concluir un pensamiento s\u00f3lo progresista de la historia humana, civiliz\u00e1ndose mediante sus t\u00e9cnicas de dominio de la naturaleza el ser humano se naturaliza al mismo tiempo; y se naturaliza en un sentido moralmente peyorativo, se convierte \u00e9l mismo en dominador de otros hombres. Esta contradictoria forma de vida que representan la persistencia de la alienaci\u00f3n y de la cosificaci\u00f3n junto al progreso de la cultura material de los hombres resulta a\u00fan m\u00e1s llamativa, en el plano mundial, a finales del siglo XX. Por una parte, el desarrollo de las nuevas tecnolog\u00edas ha permitido en las sociedades avanzadas liberar a una parte de los hombres de los esfuerzos y sufrimientos f\u00edsicos del trabajo manual. Esta liberaci\u00f3n de las manos parece posibilitar en principio un aumento de la conciencia y el excedente de consciencia permitir\u00eda, a su vez, una mayor armon\u00eda del hombre con la naturaleza. De hecho, as\u00ed es para una peque\u00f1a minor\u00eda. Pero, por otra parte, la reducci\u00f3n del trabajo manual no siempre crea excedente de consciencia, sino que tambi\u00e9n da lugar al consumismo y a la aparici\u00f3n de nuevas enfermedades ps\u00edquicas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la exasperaci\u00f3n de la no-contemporaneidad de las culturas hace todav\u00eda m\u00e1s aguda la brecha ya existente entre diversos tipos de trabajo, de manera que hoy en d\u00eda mientras una minor\u00eda se encuentra efectivamente en condiciones de pacificar la relaci\u00f3n humana con la naturaleza, la mayor\u00eda de los hombres se dividen entre el tipo robot-replicante y el tipo nuevo-esclavo-sin-ning\u00fan-derecho (ya sin el derecho siquiera a ser explotados a trav\u00e9s del trabajo \u201clibre\u201d, asalariado).<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n es la que da sentido hoy en d\u00eda a una reflexi\u00f3n de Hegel recogida por Ernst Bloch, seg\u00fan la cual el Para\u00edso es una reserva natural en la que no tiene cabida el hombre. Me explico: s\u00f3lo en un sentido muy restringido podemos vivir en paz con la naturaleza cuando hay condiciones para ello mientras en el resto del mundo se profundiza el expolio y la depredaci\u00f3n de la naturaleza misma y de nuestros hermanos. Esto quiere decir que, para el hombre, vivir en paz con la naturaleza implica pacificaci\u00f3n de las conciencias, pero la pacificaci\u00f3n de las conciencias no es moralmente posible mientras sigan existiendo las enormes diferencias sociales que hay en el mundo. En cierto modo la modernidad de la cultura euronorteamericana vive con el alma dividida entre el olimpismo goethiano y la consciencia desventurada: entre la realidad que es para unos pocos el goce arm\u00f3nico de la naturaleza humanizada y la otra realidad que es para los m\u00e1s la consciencia de la tragedia que representa esta persistencia de la desigualdad y de la injusticia, del mal social.<\/p>\n<p>V. Entro ahora en la argumentaci\u00f3n de la segunda idea enunciada: la inutilidad de la b\u00fasqueda de consejos morales en la naturaleza. Hay que decir que es comprensible que la percepci\u00f3n de la persistencia del mal en la sociedad incline al ser humano a buscar consuelo en la naturaleza. Hoy como ayer, el cielo de agosto estrellado sobre nuestras cabezas parece encender la luz de las conciencias de los hombres y hasta pacificarlas. No me detendr\u00e9 aqu\u00ed en el an\u00e1lisis de las diversas formas hist\u00f3ricas de mitificaci\u00f3n antropom\u00f3rfica de la naturaleza. Bastar\u00e1 con decir que lo que llamamos progreso t\u00e9cnico, sentido experimentalmente por una parte de la humanidad como nuevo impulso hacia la desigualdad, ha tenido siempre su otra cara en el a\u00f1orado retorno a la naturaleza. Los mitos de la \u00abedad dorada\u00bb, del \u00abestado de naturaleza\u00bb, del \u00abbuen salvaje\u00bb, de la \u00abnaturaleza incontaminada\u00bb se reiteran con formas distintas, una y otra vez, a medida que van aumentando los desfases y los contrastes entre la civilizaci\u00f3n o cultura europea (luego euronorteamericana) y las otras. La conciencia de la alteridad, o sea, de la presencia de otras culturas que existen simult\u00e1neamente a la nuestra pero que, por as\u00ed decirlo, no son contempor\u00e1neas, ha acentuado la importancia del mito en la cultura occidental, sobre todo, en Europa, desde el siglo XVI.<\/p>\n<p>Pero, vista la cosa desde otra perspectiva, se puede decir que en el \u00e1mbito de la cadena de los seres vivos el <em>Homo sapiens sapiens<\/em> es un depredador natural como los otros.<\/p>\n<p>Su forma natural de depredar y, por tanto, de causar mal en la naturaleza no es, cualitativamente, demasiado diferente de la que tienen otras especies. Es s\u00f3lo mucho m\u00e1s potente. Y a finales del siglo XX esa potencia est\u00e1 llegando a la posibilidad misma de decidir negativamente (mediante la tecnolog\u00eda militar de la muerte) la suerte del planeta.<\/p>\n<p>Las guerras y las injusticias sociales han hecho que se extendiera la idea de que el hombre es un lobo para el hombre. Ya esto significa una moralizaci\u00f3n de la naturaleza.<\/p>\n<p>Moralizaci\u00f3n que, adem\u00e1s, resulta ingenua a la luz de la paleontolog\u00eda del siglo XX. Pues en la naturaleza, siempre desde el punto de vista de nuestras ideas morales, hay seres vivos \u00abpeores\u00bb que los lobos. Desde el punto de vista de eso que solemos llamar bondad y armon\u00eda el comportamiento de los icneum\u00f3nidos, especie de avispas cuyas larvas practican el endoparasitismo en orugas de mariposas, pulgones y ara\u00f1as devor\u00e1ndolas poco a poco, aunque respetando el sistema nervioso y el coraz\u00f3n de sus v\u00edctimas para que \u00e9stas se mantengan vivas, no es precisamente un ejemplo edificante. Quiero suponer que nadie, entre los humanos, querr\u00eda volver a esta naturaleza.<\/p>\n<p>Por eso la tendencia antropom\u00f3fica a moralizar sobre la naturaleza ha dado lugar a dos actitudes tambi\u00e9n contradictorias. Primera: afirmar que la naturaleza encierra mensajes morales para los humanos, y, haciendo observar que la mayor\u00eda de los comportamientos animales son moralmente positivos, concluir que los humanos deber\u00edamos comportarnos (salvando lo que haya que salvar) como los animales (\u00abbondadosos\u00bb). Este es el punto de vista m\u00e1s ingenuo. Pero cabe una segunda actitud que parte de la misma premisa y concluye, sin embargo, que la moralidad de los humanos consiste precisamente en hacer lo contrario de lo que observamos en la naturaleza: la moralidad es b\u00e1sicamente cultura y cultura es b\u00e1sicamente lo que se opone al estado natural, primitivo.<\/p>\n<p>Ahora bien, tenemos serias razones para pensar que la naturaleza es precisamente lo que parece: no contiene mensajes morales para el ser humano. Las respuestas a los problemas \u00e9ticos no est\u00e1n inscritas en la naturaleza. El estado objetivo del mundo natural no nos ense\u00f1a c\u00f3mo debemos alterarlo o preservarlo de la manera m\u00e1s \u00e9tica.<\/p>\n<p>La pregunta acerca de si debemos comportarnos como palomas o como serpientes puede ser estimulante de la imaginaci\u00f3n pero, desgraciadamente, aporta muy poco a nuestro problema \u00e9tico. No hay respuesta a la pregunta de por qu\u00e9 existe tanta crueldad en la naturaleza como no la hay a la pregunta acerca de por qu\u00e9 hay animales que parecen comportarse bondadosamente, como los delfines. Las orugas no sufren para ense\u00f1arnos algo; su comportamiento viene impuesto por el juego de la evoluci\u00f3n.<br \/>\nNo vamos a encontrar, pues, una \u00e9tica ecol\u00f3gica por mayor conocimiento de la ecolog\u00eda ni por mayor observaci\u00f3n de los comportamientos y conductas en la naturaleza. O por lo menos no s\u00f3lo a partir de ah\u00ed. En la dial\u00e9ctica naturaleza\/cultura el ser humano tiene que encontrar un punto de equilibrio que le es propio. Esto se ve con mucha claridad en el caso de la higiene. La higiene ha sido artificializaci\u00f3n, por v\u00eda cultural, de la relaci\u00f3n del hombre con la naturaleza. Vivir ecol\u00f3gicamente en paz con la naturaleza no implica s\u00f3lo, ni prioritariamente, como se dice a veces, volver a la naturaleza. Implica algo m\u00e1s que eso; implica, una vez m\u00e1s, humanizar la naturaleza. Aunque esta vez la humanizaci\u00f3n de la naturaleza obligue a una naturalizaci\u00f3n de los conocimientos sociales, o sea, al reconocimiento de los l\u00edmites de una forma cultural establecida desde hace siglos que no es precisamente la m\u00e1s adecuada desde una perspectiva global de las relaciones entre los seres vivos.<\/p>\n<p>Quiero, pues, concluir este punto diciendo que la elaboraci\u00f3n de una \u00e9tica de base ecol\u00f3gica tiene que ocuparse necesariamente tambi\u00e9n del otro plano: de la cultura material humana contempor\u00e1neamente expresada en la tecnolog\u00eda y en la ciencia. Y que, por tanto, tan insuficiente es el principio del \u00abvolvamos a la naturaleza\u00bb como la jeremiada, tan habitual hoy en d\u00eda, contra toda ciencia y toda tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>VI. He dicho al principio que de la consideraci\u00f3n cient\u00edfica de las interrelaciones entre las especies y su medio natural no se deduce una \u00e9tica ecologista y menos a\u00fan un s\u00f3lo punto de vista o paradigma ecologista. Llegamos as\u00ed a la tercera idea que querr\u00eda argumentar: la Ecolog\u00eda, tal como la conocemos actualmente, proporciona algunas de las condiciones de posibilidad para que el hombre de finales del siglo XX pueda vivir en paz con la naturaleza, en armon\u00eda con su medio; pero la Ecolog\u00eda no dice c\u00f3mo el hombre habr\u00e1 de actuar y comportarse en la pr\u00e1ctica para lograr esto: ni siquiera implica que para los hombres haya una, y solo una, manera de vivir en paz con la naturaleza.<\/p>\n<p>Puesto que entramos en el campo de las relaciones entre ciencia y \u00e9tica, entre conocimiento cient\u00edfico y valores morales, lo mejor es pararse un momento en el lugar cl\u00e1sico en que se plante\u00f3 tal asunto, en Max Weber. Hay una idea de Max Weber que me parece de mucho inter\u00e9s y que conviene reproducir aqu\u00ed. Dice as\u00ed:<br \/>\n\u00abEl destino de una \u00e9poca cultural que ha comido del \u00e1rbol de la ciencia es el de tener que saber que no podemos deducir el sentido de los acontecimientos mundiales del resultado de su estudio, por muy completo que \u00e9ste sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nosotros mismos. Tambi\u00e9n hemos de saber que los \u201cideales\u201d nunca pueden ser producto de un saber emp\u00edrico progresivo. Y, por lo tanto, que los ideales supremos que m\u00e1s nos conmueven s\u00f3lo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros.\u00bb<\/p>\n<p>Me inspiro en esto para la reflexi\u00f3n que sigue sobre las mediaciones entre conocimiento cient\u00edfico y pr\u00e1cticas ecologistas. Entre el saber cient\u00edficamente adquirido de algo bastante complejo como son las relaciones ecol\u00f3gicas, o el entorno medioambiental del hombre, y la definici\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica, pongamos por caso, ecosocialista hay muchas y distintas mediaciones. Un saber positivo como el ecol\u00f3gico nos obliga a ser cr\u00edticos respecto de determinadas pol\u00edticas (por ejemplo, desarrollistas, industrialistas, caracter\u00edsticas de una civilizaci\u00f3n expansivamente dominadora de la naturaleza), sin que de esto se siga inexorablemente, por otra parte, una determinada alternativa.<\/p>\n<p>Primera mediaci\u00f3n aclarada: el conocimiento positivo procedente de la ecolog\u00eda hace en la actualidad m\u00e1s plausibles unas pol\u00edticas econ\u00f3micas (medioambientalistas, que armonicen naturaleza y sociedad) que otras (industrialistas, productivistas, ignorantes del coste ecol\u00f3gico de las operaciones econ\u00f3micas).<\/p>\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n aqu\u00ed entre la muy plausible negaci\u00f3n de toda pol\u00edtica econ\u00f3mica industrialista que no tenga en cuenta el coste ecol\u00f3gico y la plausible afirmaci\u00f3n, en positivo, de una pol\u00edtica econ\u00f3mica ecol\u00f3gicamente respetuosa hay, por as\u00ed decirlo, asimetr\u00eda l\u00f3gica: la ecolog\u00eda hace plausible la negaci\u00f3n de todas las pol\u00edticas econ\u00f3micas industrialistas de tipo tradicional, pero, en positivo, s\u00f3lo sugiere que habr\u00eda que rectificar tales pol\u00edticas con una orientaci\u00f3n medioambientalista. Deja, por tanto, completamente abierto el campo de las expectativas en lo alternativo. Dicho de otra manera: el estado actual de la ecolog\u00eda hace m\u00e1s razonable un programa socioecon\u00f3mico respetuoso de la naturaleza y atento al principio de la distribuci\u00f3n intergeneracional de determinados recursos que un programa cl\u00e1sico que apueste exclusivamente por el crecimiento econ\u00f3mico cuantitativo. Pero del estado actual del saber ecol\u00f3gico no se sigue: ni una (y s\u00f3lo una) elaboraci\u00f3n sint\u00e9tica posible de los datos ecol\u00f3gicos con los econ\u00f3mico-sociales, ni (mucho menos) una (y solo una) alternativa ecologista. Creerse lo primero, o sea, que la ecolog\u00eda funda una (y s\u00f3lo una) nueva s\u00edntesis te\u00f3rica (el paradigma ecologista, como dicen algunos) es un error conceptual que est\u00e1 llevando a muchos ecologistas a decir tonter\u00edas (irracionalistas, adem\u00e1s). Y creerse lo segundo es otro error, por precipitaci\u00f3n e indistinci\u00f3n entre mediaciones, que acaba llevando antes o despu\u00e9s al oportunismo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Segunda mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar, sin caer en la falacia naturalista, del saber positivo que proporciona la ecolog\u00eda a \u00abhip\u00f3tesis generales\u00bb, \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprogramas de investigaci\u00f3n\u00bb o \u00abparadigmas\u00bb razonables en el sentido de: a) hechos plausibles por la ecolog\u00eda, b) internamente coherentes y c) concordantes con los resultados de otros saberes cient\u00edficos ineludibles para la \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprograma\u00bb o lo que sea. Esta segunda mediaci\u00f3n es, tal como yo lo veo, previa a la discusi\u00f3n sobre las posibles formas del ecologismo en tanto que teor\u00eda pol\u00edtico-moral. Puesto que, con independencia de c\u00f3mo lo llamemos, este trabajo te\u00f3rico exige la ordenaci\u00f3n, sistematizaci\u00f3n, estructuraci\u00f3n y articulaci\u00f3n sint\u00e9tica de datos procedentes de muy diferentes ciencias (ecolog\u00eda, ecolog\u00eda humana, etolog\u00eda, biolog\u00eda, demograf\u00eda, psicolog\u00eda, socioeconom\u00eda, etc.) parece razonable concluir aqu\u00ed que caben, plausiblemente tambi\u00e9n, varias s\u00edntesis o programas en competici\u00f3n. Propongo, provisionalmente, aceptar la caracterizaci\u00f3n de este trabajo como \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb (en el sentido que han dado al t\u00e9rmino los autores vinculados al<br \/>\nClub de Roma). Llamar\u00e9 dogmatismo no a la afirmaci\u00f3n de una de estas s\u00edntesis en funci\u00f3n de la declaraci\u00f3n previa de las prioridades te\u00f3ricas (lo cual me parece razonablemente respetable en principio), sino a la ignorancia de otras s\u00edntesis que, por priorizar otros datos cient\u00edficos, compiten con la nuestra (= ignorancia que no es docta). En este \u00e1mbito uno tiene todo el derecho a llevar su \u00abhip\u00f3tesis previa\u00bb hasta el final l\u00f3gico de sus posibilidades; pero se convierte en un \u00abdogm\u00e1tico\u00bb si (por desconocimiento o por enamoramiento de la propia s\u00edntesis) se niega a la comparaci\u00f3n con otras s\u00edntesis posibles o en acto.<\/p>\n<p>Tercera mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar de la s\u00edntesis reflexiva (o reelaboraci\u00f3n de los resultados cient\u00edficos sint\u00e9ticamente formulada) a la propuesta de teor\u00edas pol\u00edtico-morales coherente con ella, racionalmente practicables y expresables en t\u00e9rminos de pol\u00edtica econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica alternativa. En este plano las dificultades aumentan enormemente. Primero, porque las variables en juego se multiplican al tener que contar necesariamente con intereses y voluntades individuales y colectivas no s\u00f3lo muy diferentes sino contrapuestos. Segundo, porque a pesar de que en el sistema-mundo actual coinciden en el tiempo varias y muy diferentes culturas, \u00e9stas no son contempor\u00e1neas en sentido estricto, lo cual es una complicaci\u00f3n adicional en la estimaci\u00f3n de intereses y voluntades en principio pr\u00f3ximas. Tercero, porque toda teor\u00eda pol\u00edtico-moral respetuosa de los resultados cient\u00edficos y elaborada en el marco de una determinada s\u00edntesis reflexiva aspira a hacerse pr\u00e1ctica sociopol\u00edtica (y en algunos casos no s\u00f3lo aspira sino que predica la necesidad de ello), lo cual obliga a que nos aclaremos paralelamente sobre: a\/ la relaci\u00f3n medios\/fines, b\/ el tipo de praxis apropiada para cambiar el mundo, c\/ los sujetos potencialmente interesados en ello, d\/ la pedagog\u00eda m\u00e1s apropiada para neutralizar alienaciones y obnubilaciones temporales de la consciencia de los m\u00e1s, etc. etc. Cuarto, porque las teor\u00edas pol\u00edtico-morales establecidas con anterioridad a la \u00abnueva problem\u00e1tica\u00bb se rigen por la ley de la inercia cultural y elaboran en seguida explicaciones <em>ad hoc<\/em> para seguir manteniendo su vigencia (de forma tal que en per\u00edodos hist\u00f3ricos como el que vivimos se hace habitual la adopci\u00f3n defensiva incluso de argumentos de teor\u00edas ideol\u00f3gicamente contrarias).<\/p>\n<p>VII. Ya una enumeraci\u00f3n tan simple como \u00e9sta sugiere que las teor\u00edas pol\u00edtico-morales respetuosas de los resultados de la ecolog\u00eda y conectadas a las s\u00edntesis de la \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb tendr\u00e1n que contar tambi\u00e9n con la aportaci\u00f3n de otros saberes (psicolog\u00eda, sociobiolog\u00eda, pedagog\u00eda, teor\u00eda pol\u00edtica, teor\u00eda de la comunicaci\u00f3n y de la informaci\u00f3n, etc, etc.). Y se comprende que, interviniendo tantas y tan diferentes variables al llegar a este plano, el arco de las teor\u00edas pol\u00edtico-morales declaradamente ecologistas se abra tanto como el arco pol\u00edtico existente.<\/p>\n<p>Esto nos sit\u00faa directamente en la cuarta idea que querr\u00eda argumentar aqu\u00ed. De hecho, ha habido y hay ecologistas y ecologismos de todos los colores. La explicaci\u00f3n m\u00e1s plausible de esta proliferaci\u00f3n de ecologismos ahora es que ha producido un cruce entre la aceptaci\u00f3n generalizada de que hay que integrar en una nueva s\u00edntesis los resultados de la ecolog\u00eda (de ah\u00ed la coincidencia en lo verde) y la reafirmaci\u00f3n de que hay diferentes maneras de entender la sociedad buena o los viejos ideales de democracia, igualdad, solidaridad, fraternidad, armon\u00eda con la naturaleza,etc. (de ah\u00ed los econacionalismos, los ecosocialismos, los ecocomunismos, los ecoliberalismos y los ecofascismos).<\/p>\n<p>Las formas de llegar al ecologismo son, en efecto, varias y variopintas. Cada cual puede hacer mentalmente su enumeraci\u00f3n. Lo interesante en este plano no es una discusi\u00f3n acerca de los motivos (aducidos, atribuidos o reales) por los que las gentes se hacen ecologistas en nuestro mundo. Y menos a\u00fan promover esa discusi\u00f3n en nombre de alguna supuesta coherencia ecologista por definir. Sobre este punto (al que desgraciadamente se dedica a\u00fan mucho tiempo) no me parece que se pueda ir m\u00e1s all\u00e1 del viejo consejo: paciencia con los motivos aducidos por los dem\u00e1s y mesura en la expresi\u00f3n de las convicciones propias.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tan poco? Porque la formulaci\u00f3n de teor\u00edas pol\u00edtico-morales globales o globalizadoras que incluyen creencias y propugnan cl\u00e1usulas de coherencia teor\u00eda\/pr\u00e1ctica son siempre asuntos abismales en los que pasarse un pel\u00edn puede suponer el propiciar que otros, menos acostumbrados al c\u00e1lculo racional y a la distinci\u00f3n entre planos, se arrojen al abismo (irracionalista: aqu\u00ed Luk\u00e1cs ense\u00f1a), bien sea por no atreverse a pensar con coherencia todas las implicaciones pr\u00e1cticas de la teor\u00eda concreta en el momento dado, bien porque el confuso pensamiento de tales problemas desespera y pone negros a muchos.<\/p>\n<p>VIII. Pero afirmadas la necesidad de la paciencia, la mesura y la discreci\u00f3n en esto de los paradigmas \u00e9tico-pol\u00edticos hay que elegir. La perplejidad es para los humanos un estado interesante siempre que no acabe convirti\u00e9ndose en duda eterna. C\u00f3mo, pues, elegir entre los ecologismos realmente existentes hoy en d\u00eda. Creo que al introducir esta pregunta estamos obligados, una vez m\u00e1s, a regresar de la naturaleza a la sociedad, a plantearnos, por tanto, nuevamente los problemas econ\u00f3mico-sociales en relaci\u00f3n con los problemas ecol\u00f3gicos. Llamo ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza a la opci\u00f3n en favor de un ecologismo social consciente a la vez de los l\u00edmites del crecimiento y de que vivimos en una pl\u00e9tora miserable con enormes diferencias y desigualdades en todo lo esencial para la vida de los humanos.<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza, tal como apareci\u00f3 en el f\u00f3rum alternativo de Brasil, en 1992, se caracteriza por: a\/ la rectificaci\u00f3n del concepto lineal, ilustrado, de progreso; b\/ la cr\u00edtica del eurocentrismo que ha caracterizado incluso las opciones econ\u00f3mico-sociales m\u00e1s avanzadas del \u00faltimo siglo, c\/ la reconsideraci\u00f3n de la creencia laica y la autocr\u00edtica de la ciencia, y d\/ la propuesta de un di\u00e1logo entre tradiciones de liberaci\u00f3n o de emancipaci\u00f3n en las distintas culturas hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Para empezar el ecologismo social se opone el industrialismo desarrollista que ha sido caracter\u00edstico del capitalismo hist\u00f3rico, pero tambi\u00e9n a la utilizaci\u00f3n mercantil del ecologismo, ya que, como era de esperar en un mundo dominado por el mercado y por el fetiche del dinero, la producci\u00f3n supuestamente ecol\u00f3gica, o bienintencionadamente ecol\u00f3gica (que de todo hay), se est\u00e1 convirtiendo en negocio de unos cuantos, en beneficio privado, en pasto de la publicidad y en ocasi\u00f3n para el llamamiento a un \u00abnuevo tipo\u00bb de consumismo. La l\u00ednea verde del sistema productivo capitalista empieza a cotizar en la Bolsa. Lo verde vende[7].<\/p>\n<p>Se est\u00e1 abriendo as\u00ed un nuevo flanco al enfrentamiento entre pa\u00edses ricos (muy industrializados y muy competitivos) y pa\u00edses empobrecidos (cada vez m\u00e1s identificados con las reservas ecol\u00f3gicas del planeta o, en su defecto, con centros de producci\u00f3n de drogas ilegales). Se habla ya del gran trueque-fin-de-siglo: deuda externa por ecolog\u00eda (y supresi\u00f3n de la producci\u00f3n de drogas en los pa\u00edses pobres para hacerlo, tal vez legal y moderadamente, en los pa\u00edses ricos del Norte: segundo negocio mundial despu\u00e9s del tr\u00e1fico de armas). Pero se habla de ello, por lo general, desde un punto de vista etnoc\u00e9ntrico. Lo que quiere decir: disfrazando el discurso una vez m\u00e1s de universalismo y cubri\u00e9ndolo con el manto de valores \u00e9ticoecol\u00f3gicos, como la conciencia de especie, usurpados al ecologismo social.<\/p>\n<p>Como en la \u00e9poca del primer colonialismo, el gran argumento del <em>ecocolonialismo<\/em> de ahora se centra en las cosas que, siendo de todos (o habiendo sido de todos), no son de nadie y, por consiguiente, se supone que han de caer bajo el control de quienes pueden utilizarlas <em>convenientemente<\/em>. No es casual que, de acuerdo con este discurso, quienes pueden hacer un uso conveniente de los recursos ecol\u00f3gicos del planeta sean los mismos que en otro momento hist\u00f3rico deb\u00edan hacer un uso conveniente de las minas y tierras americanas, africanas o asi\u00e1ticas. Entonces en nombre de la superioridad t\u00e9cnica y cultural. Ahora en nombre de la superioridad t\u00e9cnica y cultural y de la conciencia ecol\u00f3gica de la especie.<\/p>\n<p>IX. El movimiento ecologista actual se halla perplejo y dividido ante las propuestas de internacionalizaci\u00f3n. La exigencia de una autoridad mundial para hacer frente a la crisis ecol\u00f3gica ha sido desde hace d\u00e9cadas una reivindicaci\u00f3n de los movimientos medioambientalistas contra el liberalismo estrecho de la econom\u00eda mercantil del industrialismo; pero, por otra parte, se hace cada vez m\u00e1s evidente que la limitaci\u00f3n de las soberan\u00edas nacionales est\u00e1 trayendo consigo una reduplicaci\u00f3n del dominio de las empresas transnacionales en el Imperio \u00danico en contra de los intereses de las poblaciones de los pa\u00edses m\u00e1s pobres, sin que esta nueva forma de dominaci\u00f3n universal se haya traducido por el momento en resoluci\u00f3n de los problemas ecol\u00f3gicos m\u00e1s acuciantes.<\/p>\n<p>Los movimientos ecologistas que han surgido durante los \u00faltimos a\u00f1os en los pa\u00edses pobres y la parte m\u00e1s consciente del ecologismo social de los EEUU de Norteam\u00e9rica, Jap\u00f3n y Europa empiezan a ver con mucha desconfianza los llamamientos a la internacionalizaci\u00f3n de la Amazonia en nombre de la conciencia de especie (y a veces sin admitir siquiera la condonaci\u00f3n de la deuda externa de aquellos pa\u00edses), porque, una vez m\u00e1s, observan ah\u00ed la existencia de un doble lenguaje, de un doble criterio para hablas y juzgar de lo que hacen ellos y de lo que hacemos nosotros.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la propuesta de una \u00e9tica ecol\u00f3gica no nos exime de volver a hacer la prueba del nueve de la coherencia entre el decir y el hacer: el mismo presidente europeo[8] que en nombre del ecologismo planetario propone la internacionalizaci\u00f3n del problema del Amazonas ha hecho la vista gorda ante los atentados criminales de sus agentes secretos contra los ecologistas que molestan los intereses de la industria nuclear francesa y permite el tr\u00e1fico de especies en extinci\u00f3n cuando se trata de cubrir necesidades de las propias \u00e9lites. Ha sido la Comunidad Europea, la comunidad de la Europa de la tolerancia y de la conciencia autocr\u00edtica sobre los efectos perversos del primer colonialismo, la primera en proponer juiciosas medidas para detener la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica de la zona amaz\u00f3nica y de la Ant\u00e1rtida. Esta misma Europa que presiona a los pa\u00edses latinoamericanos para que reduzcan sus grandes proyectos industriales con impacto ecol\u00f3gico negativo parece haber heredado tambi\u00e9n la vieja moral del c\u00ednico inquisidor que clama siempre contra los simples de la iglesia y ense\u00f1a a los m\u00e1s pr\u00f3ximos la gran verdad: haced lo que yo digo que hay que hacer, no lo que yo hago.<\/p>\n<p>El desenlace de esta doble batalla que se inici\u00f3 en Brasil en 1992 depender\u00e1 en gran parte de que la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza caiga en la cuenta de que el ecologismo mercantil, el ecologismo del negocio, se est\u00e1 disfrazando ya con otra \u00e9tica universalista para cubrir as\u00ed una nueva forma de colonizaci\u00f3n del antiguo tercer mundo en la que sus ciudadanos ser\u00e1n parte de la reserva natural tolerada y sus tierras vertederos de las basuras contaminantes de los ricos o sede de las industrias m\u00e1s peligrosas creadas por \u00e9stos y prohibidas por sus leyes. Naturalmente, la alternativa a esta nueva colonizaci\u00f3n que se otea en el horizonte no es destruir la Amazon\u00eda en nombre del nacionalismo de la otra Am\u00e9rica imitando, mal y a destiempo, lo que hicieron los burgueses de la primera industrializaci\u00f3n, los antepasados de quienes hoy les piden que no sean como fueron ellos entonces.<\/p>\n<p>La gran tarea del otro ecologismo, del ecologismo social e internacionalista de los pr\u00f3ximos tiempos, ser\u00e1 aprender a moverse, a ambos lados del Atl\u00e1ntico, evitando los dos escollos, el neocolonialista y el neonacionalista. Lo cual no va a ser nada f\u00e1cil, desde luego. La d\u00e9cada en la que estamos tiene todo el aspecto de ir a convertirse en una d\u00e9cada reaccionaria: el universalismo que ahora se renueva no apunta hacia la utop\u00eda racional, hacia la ciudad regulada por la participaci\u00f3n democr\u00e1tica de hombres y mujeres; apunta m\u00e1s bien hacia formas autoritarias. Desgraciadamente, el final de la utop\u00eda socialista ha dejado en toda Europa una peligrosa resaca. El desconcierto y la desorientaci\u00f3n crecen en todas partes. Tambi\u00e9n en los movimientos ecologistas. El malestar de la cultura y la ausencia de expectativas hacen que mucha gente se vuelva contra sus vecinos; y las grandes migraciones del final de siglo parecen estar convirtiendo al racismo en la ideolog\u00eda funcional del capitalismo triunfante. En tales condiciones no se puede descartar una utilizaci\u00f3n autoritaria de las convicciones ecologistas de los europeos.<\/p>\n<p>Todo el mundo que quiere saberlo lo sabe ya: no se puede seguir viviendo como se ha vivido en las \u00faltimas d\u00e9cadas, por encima de las posibilidades de la econom\u00eda real y contra la naturaleza. Lo sorprendente es que ahora empiecen a decirlo quienes ten\u00edan la responsabilidad de haberlo dicho hace tiempo, los ministros de econom\u00eda. Pero al constatar lo pantanoso de un terreno que parec\u00eda tan s\u00f3lido son muchas las personas que pierden toda noci\u00f3n seria de democracia, de lo que fue la participaci\u00f3n de las masas en la pol\u00edtica, de lo que fueron la \u00abizquierda\u00bb y la \u00abderecha\u00bb pol\u00edticas de las \u00faltimas d\u00e9cadas. En esta confusi\u00f3n anida una vez m\u00e1s el peligro del recurso a los irracionalismos.<\/p>\n<p>Ser s\u00f3lo ecologistas en un mundo as\u00ed es muy insuficiente. Por eso unos buscan el complemento a la palabra y lo declaran con autosuficiencia y presunci\u00f3n, y otros la complementan en la pr\u00e1ctica sin dar nombre de momento al nuevo h\u00edbrido. Todo indica que tambi\u00e9n para el ecologismo social, alternativo, llega el momento de la verdad. Para abordar una tarea como la que puede imaginarse en tiempos tan dif\u00edciles lo primero y m\u00e1s urgente es encontrar la manera de que los partidarios de esta ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza puedan comunicar a las buenas gentes que la reconversi\u00f3n ecol\u00f3gico-econ\u00f3mica planetaria del futuro obliga a cambios radicales en el sistema consumista hoy dominante en casi todo el mundo industrialmente avanzado: a cambios revolucionarios en la forma de vida de los privilegiados de los pa\u00edses ricos, porque los recursos no renovables escasean y porque no es materialmente posible universalizar el tipo de vida caracter\u00edstico del americanismo a toda la poblaci\u00f3n mundial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 1: Movimientos sociales nuevos<\/h3>\n<p><em>Esquema de la conferencia impartida por el autor en la Escuela Massana de Barcelona, el 9\/XI\/1981. FFB era entonces profesor asociado de la Facultad de Econ\u00f3micas de la UB (departamento de Metodolog\u00eda de las Ciencias Sociales).<\/em><\/p>\n<p><strong>Premisa<\/strong>: limitaci\u00f3n de la exposici\u00f3n a feminismo, ecologismo, pacifismo.<\/p>\n<p>1. <strong>Antecedentes y evoluci\u00f3n<\/strong>: diferencias.<\/p>\n<p>a. <strong>Feminismo<\/strong><\/p>\n<p>En la cultura anglosajona, luego de las revoluciones americana y francesa: derechos de la mujer, igualdad entre hombre y mujer. Ya a finales del XVIII. En relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n de las minor\u00edas (en especial los negros en USA). Pero tambi\u00e9n en hombres: Fourier, Engels; tambi\u00e9n en los poetas y m\u00fasicos rom\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Renace como movimiento de masas en los sesenta de este siglo y toma un sentido generalizado en todo el mundo capitalista. Por su historia toma dos direcciones que a\u00fan se enfrentan en el movimiento: espec\u00edficamente feminista en cuanto que separado \u2013al menos organizativamente del movimiento emancipatorio general\u2013; como parte del movimiento m\u00e1s general en favor de la liberaci\u00f3n y la emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Explicar la razones de estas direcciones.<\/p>\n<p><strong>Problema<\/strong>: valores femeninos, lucha de clases y consciencia feminista.<\/p>\n<p>[<em>Notas manuscritas del autor<\/em>:<\/p>\n<p>Relaci\u00f3n con liberalismo y tolerancia religi\u00f3n: argumento contra la religi\u00f3n y las teor\u00edas de la superioridad natural (biol\u00f3gicas) del var\u00f3n sobre la mujer.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de la mujer como medida del progreso social. Pero tambi\u00e9n ver lo femenino como salvaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>El problema puede formularse as\u00ed: \u00bfse trata de generalizar los valores de la subcultura femenina \u2013sensibilidad, falta de agresividad competitiva, paz y paciencia\u2013 o bien se trata de rechazar esos valores como interiorizaci\u00f3n de las imposiciones del var\u00f3n y luchar por corregir los valores masculinos?]<\/p>\n<p>b. <strong>Ecologismo<\/strong>.<\/p>\n<p>Antecedente en la primera revoluci\u00f3n industrial: consideraci\u00f3n de la naturaleza, razones est\u00e9ticas, romanticismo, oposici\u00f3n a la m\u00e1quina de vapor y al ferrocarril; pero tambi\u00e9n reacci\u00f3n obrera al maquinismo y al empobrecimiento de los valores artesanos. Muy minoritario por la aceptaci\u00f3n generalizada de una idea unilateral del progreso. Como movimiento social reaparece en los a\u00f1os sesenta\/setenta, pero esta vez promovido por razones cient\u00edficas. Primer informe del Club de Roma, opiniones de ec\u00f3logos y bi\u00f3logos, etc. Tambi\u00e9n diferentes direcciones pol\u00edtico-sociales; grupos bastante distintos: defensa del patrimonio natural, enlace con el naturismo tradicional, razones est\u00e9ticas, razones antinucleares, orientaci\u00f3n ecol\u00f3gico-social.<\/p>\n<p><strong>Problema<\/strong>: naturaleza y cultura; ecologismo como ideolog\u00eda.<\/p>\n<p>[<em>Notas manuscritas del autor<\/em>:<\/p>\n<p>\u00bfSe puede defender un punto de vista ecol\u00f3gico y al mismo tiempo seguir viviendo y consumiendo seg\u00fan los patrones de la civilizaci\u00f3n que se critica?<\/p>\n<p>\u00bfBasta el punto de vista ecologista para comprender el fondo de la problem\u00e1tica contempor\u00e1nea?]<\/p>\n<p>c. <strong>Pacifismo<\/strong>.<\/p>\n<p>En este caso los antecedentes son m\u00e1s antiguos. Pero limitaci\u00f3n desde el punto de vista de la modernidad: primera guerra mundial, pacifismo y gandhismo: desobediencia civil como medio de resistencia y factor de liberaci\u00f3n. Nueva dimensi\u00f3n de la guerra desde Hiroshima; el pacifismo en la era nuclear. El resurgir del pacifismo en nuestra d\u00e9cada, factores explicativos.<\/p>\n<p><strong>Problema<\/strong>: pacifismo y lucha de clases interior y en el plano internacional.<\/p>\n<p>2. <strong>Resumen y observaciones<\/strong>:<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n cient\u00edfico\/t\u00e9cnica ha hecho caer tres t\u00f3picos tradicionales de la civilizaci\u00f3n europea (y probablemente humana) que han aguantado durante siglos incluso por encima de importantes transformaciones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>1) La idea de la superioridad natural (biol\u00f3gica) del var\u00f3n sobre la hembra.<\/p>\n<p>2) La idea de un progreso constante e indefinido de las fuerzas productivas como base del mejoramiento cierto de la vida del hombre.<\/p>\n<p>3) La idea de que la guerra es simplemente la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios y que, por tanto, ha de prepararse la guerra para alcanzar la paz. Se trata de tres pilares b\u00e1sicos de nuestra civilizaci\u00f3n. Por lo que su ca\u00edda permite hablar de una crisis de civilizaci\u00f3n o de cultura.<\/p>\n<p>Lo que estos movimientos sociales nuevos est\u00e1n planteando en el fondo, de una forma consciente o inconsciente, es el tema de una nueva cultura, de una nueva civilizaci\u00f3n. El principal problema que se plantea es este que constituye la disyuntiva de nuestro mundo: o mantener la dimensi\u00f3n expansiva de la civilizaci\u00f3n tal como la conocemos desde el Renacimiento, lo cual en su dimensi\u00f3n actual solo puede conducir a una nueva guerra mundial, cat\u00e1strofes ecol\u00f3gicas, hambres, etc, o corregir esa dimensi\u00f3n expansiva por v\u00edas racionales, lo que supone nuevo concepto de ciencia, igualitarismo radical, austeridad planificada, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 2: Ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza<\/h3>\n<p><em>Borrador de trabajo del cap\u00edtulo \u00abEcolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza en la mundializaci\u00f3n del capitalismo\u00bb (En Jorge Riechmann y FFB, <\/em>Trabajar sin destruir. Trabajadores, sindicatos y ecologismo<em>, Madrid: Ediciones HOAC, 1998, pp. 35-76).<\/em><\/p>\n<p>El problema de los juicios de valor en relaci\u00f3n con el conocimiento cient\u00edfico-social se lo plante\u00f3 por vez primera, al parecer, el economista ingl\u00e9s Sidgwik, en sus <em>Principles of Political Economy<\/em> (1883) al diferenciar entre el razonamiento acerca de \u00ablo que hay\u00bb y el razonamiento acerca de lo \u00abque deber\u00eda ser\u00bb. Sidgwik. muchas veces recordado, escribi\u00f3: \u00abHe tenido en general cuidado de evitar afirmaciones dogm\u00e1ticas sobre cuestiones pr\u00e1cticas. Es muy raro, supuesto que alguna vez ocurra, el que las cuestiones econ\u00f3micas pr\u00e1cticas con que se enfrenta el estadista se puedan decidir sin vacilaci\u00f3n por medio de un razonamiento abstracto que proceda de principios elementales. Para resolver correctamente esas cuestiones se requiere com\u00fanmente un conocimiento completo y exacto de los hechos del caso; y la dificultad que presenta la averiguaci\u00f3n de estos hechos es a menudo tan grande que impide conseguir conclusiones positivas por un procedimiento estrictamente cient\u00edfico\u00bb &lt;citado por J.A Schumpeter, <em>Historia<\/em>, nota 11 p\u00e1g. 883 de la traducci\u00f3n castellana&gt;<\/p>\n<p>El propio JAS formula as\u00ed la diferencia entre juicios de hecho y juicios de valor: \u00abEl \u00abdebe\u00bb, o sea, el precepto o el consejo se puede reducir para nuestros fines a un enunciado que afirma preferencia o deseabilidad. La diferencia importante entre un enunciado de esa naturaleza (por ejemplo: es deseable conseguir mayor igualdad econ\u00f3mica) y el enunciado de una relaci\u00f3n (por ejemplo: dada una determinada renta nacional, la cantidad de individuos que intentan ahorrar depende, entre otras cosas, del modo como se distribuya dicha renta) se manifiesta en el hecho de que la aceptaci\u00f3n de este \u00faltimo depende exclusivamente de las reglas l\u00f3gicas de la observaci\u00f3n y de la inferencia, mientras que la aceptaci\u00f3n del primero (los \u201cjuicios de valor\u201d) requiere siempre, adem\u00e1s, la aceptaci\u00f3n de otros juicios de valor\u00bb (ibid. 833).<\/p>\n<p>Esta problem\u00e1tica es la que recoge M. Weber para reformularla en los t\u00e9rminos ya conocidos de \u00abdesvinculaci\u00f3n axiol\u00f3gica\u00bb. Hay una idea de MW que me parece clave y que conviene reproducir aqu\u00ed: \u00abEl destino de una \u00e9poca cultural que ha comido del \u00e1rbol de la ciencia es el de tener que saber que no podemos deducir el sentido de los acontecimientos mundiales del resultado de su estudio, por muy completo que \u00e9ste sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nostos mismos. Tambi\u00e9n hemos de saber que los \u201cideales\u201d nunca pueden ser producto de un saber emp\u00edrico progresivo. Y, por lo tanto, que los ideales supremos que m\u00e1s nos conmueven s\u00f3lo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros\u00bb.<\/p>\n<p>Me inspiro en esto para siguiente reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Puede ocurrir que los juicios de valor \u00ab\u00faltimos\u00bb a los que nos remontamos al preguntar por determinada preferencia del individuo sean comunes a todos los hombres normales de un determinado ambiente &lt;valores o prejuicios ampliamente compartidos por el conjunto de la especie o por los miembros de una determinada cultura&gt;. En tal caso aquella diferencia no acarrear\u00e1 muchas consecuencias. Por ejemplo, no plantea mayores dificultades la afirmaci\u00f3n del m\u00e9dico que nos dice <em>que el consejo que da se sigue de premisa cient\u00edficas<\/em> pues el juicio de valor implicado (el juicio que hablando estrictamente es extracient\u00edfico) es com\u00fan a todos los hombres normales de nuestro medio cultural: casi todos queremos decir lo mismo cuando hablamos de la salud y casi todos consideramos deseable disfrutar de ella &lt;Pero incluso en ese \u00e1mbito hay que tener en cuenta las discusiones acerca de otros \u00abconsejos m\u00e9dicos\u00bb basados en consideraciones cient\u00edficas como el aborto, la eutanasia, etc.&gt; Algunas pol\u00edticas p\u00fablicas, en el campo de la sanidad, se basan en consensos as\u00ed.<\/p>\n<p>No obstante, la cosa se complica en cuanto que pensamos en la persistencia de los contrastes y discrepancias que normalmente existen a la hora de actuar entre personas que, sin embargo, entienden los resultados de una ciencia de la misma forma. Un ejemplo claro y actual es lo que ocurre entre ecolog\u00eda, ecologismo y pol\u00edticas p\u00fablicas de orientaci\u00f3n medioambientalista.<\/p>\n<p>Entre el saber cient\u00edficamente adquirido de algo bastante complejo como son las relaciones ecol\u00f3gicas, o el entorno medioambiental del hombre, y la definici\u00f3n pol\u00edtica, pongamos por caso, ecosocialista hay muchas y distintas mediaciones. Un saber positivo como el ecol\u00f3gico nos obliga a ser cr\u00edticos respecto de determinadas pol\u00edticas (por ejemplo, desarrollistas, industrialistas, caracter\u00edsticas de una civilizaci\u00f3n expansivamente dominadora de la naturaleza), sin que de esto se siga inexorablemente, por otra parte, una determinada alternativa.<\/p>\n<p>Primera mediaci\u00f3n aclarada: el conocimiento positivo procedente de la ecolog\u00eda hace en la actualidad m\u00e1s plausibles unas pol\u00edticas econ\u00f3micas (medioambientalistas, que armonicen naturaleza y sociedad) que otras (industrialistas, productivistas, ignorantes del coste ecol\u00f3gico de las operaciones econ\u00f3micas).<\/p>\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n aqu\u00ed entre la muy plausible <em>negaci\u00f3n<\/em> de toda pol\u00edtica econ\u00f3mica industrialista que no tenga en cuenta el coste ecol\u00f3gico y la plausible <em>afirmaci\u00f3n<\/em>, en positivo, de una pol\u00edtica econ\u00f3mica ecol\u00f3gicamente respetuosa hay, por as\u00ed decirlo, asimetr\u00eda l\u00f3gica: la ecolog\u00eda hace plausible la negaci\u00f3n <em>de todas<\/em> las pol\u00edticas econ\u00f3micas industrialistas de tipo tradicional, pero, en positivo, s\u00f3lo sugiere que habr\u00eda que rectificar tales pol\u00edticas con una orientaci\u00f3n medioambientalista. Deja, por tanto, completamente abierto el campo de las expectativas en lo alternativo. Dicho de otra manera: el estado actual de la ecolog\u00eda hace m\u00e1s razonable un programa socioecon\u00f3mico respetuoso de la naturaleza y atento al principio de la distribuci\u00f3n intergeneracional de determinados recursos que un programa cl\u00e1sico que apueste exclusivamente por el crecimiento econ\u00f3mico cuantitativo. Pero del estado actual del saber ecol\u00f3gico no se sigue: ni una (y s\u00f3lo una) elaboraci\u00f3n sint\u00e9tica posible de los datos ecol\u00f3gicos con los econ\u00f3mico-sociales, ni (mucho menos) una (y solo una) alternativa ecologista. Creerse lo primero, o sea, que la ecolog\u00eda funda una ( y s\u00f3lo una) nueva s\u00edntesis te\u00f3rica (el paradigma ecologista, como dicen algunos) es un error conceptual que est\u00e1 llevando a muchos ecologistas a decir tonter\u00edas (irracionalistas, adem\u00e1s). Y creerse lo segundo es otro error, por precipitaci\u00f3n e indistinci\u00f3n entre mediaciones, que acaba llevando antes o despu\u00e9s al oportunismo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Segunda mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar, sin caer en la falacia naturalista, del saber positivo que proporciona la ecolog\u00eda a \u00abhip\u00f3tesis generales\u00bb, \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprogramas de investigaci\u00f3n\u00bb o \u00abparadigmas\u00bb razonables en el sentido de: a) hechos plausibles por la ecolog\u00eda, b) internamente coherentes y c) concordantes con los resultados de otros saberes cient\u00edficos ineludibles para la \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprograma\u00bb o lo que sea. Esta segunda mediaci\u00f3n es, tal como yo lo veo, previa a la discusi\u00f3n sobre las posibles formas del ecologismo en tanto que teor\u00eda pol\u00edtico-moral. Puesto que, con independencia de c\u00f3mo lo llamemos, este trabajo te\u00f3rico exige la ordenaci\u00f3n, sistematizaci\u00f3n, estructuraci\u00f3n y articulaci\u00f3n sint\u00e9tica de datos procedentes de muy diferentes ciencias (ecolog\u00eda, ecolog\u00eda humana, etolog\u00eda, biolog\u00eda, demograf\u00eda, psicolog\u00eda, socioeconom\u00eda, etc.) parece razonable concluir aqu\u00ed que caben, plausiblemente tambi\u00e9n, varias s\u00edntesis o programas en competici\u00f3n. Propongo, provisionalmente, aceptar la caracterizaci\u00f3n de este trabajo como \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb (en el sentido que han dado al t\u00e9rmino los autores vinculados al Club de Roma). Llamar\u00e9 <em>dogmatismo<\/em> no a la afirmaci\u00f3n de una de estas s\u00edntesis en funci\u00f3n de la declaraci\u00f3n previa de las prioridades te\u00f3ricas (lo cual me parece razonablemente respetable <em>en principio<\/em>), sino <em>a la ignorancia de otras s\u00edntesis que, por priorizar otros datos cient\u00edficos, compiten con la nuestra<\/em> (= ignorancia que <em>no es docta<\/em>). En este \u00e1mbito uno tiene todo el derecho a llevar su \u00abhip\u00f3tesis previa\u00bb hasta el final l\u00f3gico de sus posibilidades; pero se convierte en un \u00abdogm\u00e1tico\u00bb si (por desconocimiento o por enamoramiento de la propia s\u00edntesis) se niega a la comparaci\u00f3n con otras s\u00edntesis posibles o en acto.<\/p>\n<p>Tercera mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar de la s\u00edntesis reflexiva (o reelaboraci\u00f3n de los resultados cient\u00edficos sint\u00e9ticamente formulada) a la propuesta de teor\u00edas pol\u00edtico-morales coherentes con ella, racionalmente practicables y expresables en t\u00e9rminos de pol\u00edtica econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica alternativa. En este plano las dificultades aumentan enormemente. Primero, porque las variables en juego se multiplican al tener que contar necesariamente con intereses y voluntades individuales y colectivas no s\u00f3lo muy diferentes sino contrapuestos. Segundo, porque a pesar de que en el sistema-mundo actual coinciden en el tiempo varias y muy diferentes culturas, \u00e9stas <em>no son contempor\u00e1neas<\/em> en sentido estricto, lo cual es una complicaci\u00f3n adicional en la estimaci\u00f3n de intereses y voluntades en principio pr\u00f3ximas. Tercero, porque toda teor\u00eda pol\u00edtico-moral respetuosa de los resultados cient\u00edficos y elaborada en el marco de una determinada s\u00edntesis reflexiva aspira a hacerse pr\u00e1ctica sociopol\u00edtica (y en algunos casos, como el del marxismo, no s\u00f3lo aspira sino que predica la necesidad de ello), lo cual obliga a que nos aclaremos paralelamente sobre: a\/ la relaci\u00f3n medios\/fines, b\/ el tipo de praxis apropiada para cambiar el mundo, c\/ los sujetos potencialmente interesados en ello, d\/ la pedagog\u00eda m\u00e1s apropiada para neutralizar alienaciones y obnubilaciones temporales de la consciencia de los m\u00e1s, etc. etc. Cuarto, porque las teor\u00edas pol\u00edtico-morales establecidas con anterioridad a la \u00abnueva problem\u00e1tica\u00bb se rigen por la ley de la inercia cultural y elaboran en seguida explicaciones <em>ad hoc<\/em> para seguir manteniendo su vigencia (de forma tal que en per\u00edodos hist\u00f3ricos como el que vivimos se hace habitual la adopci\u00f3n defensiva incluso de argumentos de teor\u00edas ideol\u00f3gicamente contrarias).<\/p>\n<p>Ya una enumeraci\u00f3n tan simple como \u00e9sta sugiere que las teor\u00edas pol\u00edtico-morales respetuosas de los resultados de la ecolog\u00eda y conectadas a las s\u00edntesis de la \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb tendr\u00e1n que contar tambi\u00e9n con la aportaci\u00f3n de otros saberes (psicolog\u00eda, sociobiolog\u00eda, pedagog\u00eda, teor\u00eda pol\u00edtica, teor\u00eda de la comunicaci\u00f3n y de la informaci\u00f3n, etc, etc.).Y se comprende que, interviniendo tantas y tan diferentes variables al llegar a este plano, el arco de las teor\u00edas pol\u00edtico-morales declaradamente ecologistas se abra tanto como el arco pol\u00edtico existente. De hecho, ha habido y hay ecologistas y ecologismos de todos los colores. La explicaci\u00f3n m\u00e1s plausible de esta proliferaci\u00f3n de ecologismos ahora es que ha producido un cruce entre la aceptaci\u00f3n generalizada de que hay que integrar en una nueva s\u00edntesis los resultados de la ecolog\u00eda (de ah\u00ed la coincidencia <em>en lo verde<\/em>) y la reafirmaci\u00f3n de que hay diferentes maneras de entender la sociedad buena o los viejos ideales de democracia, igualdad, solidaridad, fraternidad, armon\u00eda con la naturaleza,etc. (de ah\u00ed los econacionalismos, los ecosocialismos, los ecocomunismos, los ecoliberalismos y los ecofascismos).<\/p>\n<p>Las formas de llegar al ecologismo son, en efecto, varias y variopintas. Cada cual puede hacer mentalmente su enumeraci\u00f3n. Lo interesante en este plano no es una discusi\u00f3n acerca de los motivos (aducidos, atribuidos o reales) por los que las gentes se hacen ecologistas en nuestro mundo. Y menos a\u00fan promover esa discusi\u00f3n en nombre de alguna supuesta coherencia ecologista por definir. Sobre este punto (al que desgraciadamente se dedica a\u00fan mucho tiempo) no me parece que se pueda ir m\u00e1s all\u00e1 del viejo consejo: <em>paciencia<\/em> con los motivos aducidos por los dem\u00e1s y <em>mesura<\/em> en la expresi\u00f3n de las convicciones propias.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tan poco?<\/p>\n<p>Porque la formulaci\u00f3n de teor\u00edas pol\u00edtico-morales globales o globalizadoras que incluyen creencias y propugnan cl\u00e1usulas de coherencia teor\u00eda\/pr\u00e1ctica son siempre asuntos abismales en los que pasarse un pel\u00edn puede suponer el propiciar que otros, menos acostumbrados al c\u00e1lculo racional y a la distinci\u00f3n entre planos, se arrojen al abismo (irracionalista: aqu\u00ed Luk\u00e1cs ense\u00f1a), bien sea por no atreverse a pensar con coherencia todas las implicaciones pr\u00e1cticas de la teor\u00eda concreta en el momento dado, bien porque el confuso pensamiento de tales problemas desespera y pone negros a muchos. (Por cierto, algo as\u00ed debe de estar pasando para que aumente tanto el n\u00famero de sacerdotes, nigromantes, sectarios, fundamentalistas, astr\u00f3logos, echadores de cartas, sanadores y dem\u00e1s ralea <em>que coinciden<\/em>, eso s\u00ed, en una vaporosa, vaga y equ\u00edvoca afirmaci\u00f3n del \u00abparadigma\u00bb ecologista).<\/p>\n<p>II. Hace treinta a\u00f1os, en la \u00e9poca de la Conferencia de Estocolmo, la mayor\u00eda de los dirigentes de los pa\u00edses empobrecidos del mundo consideraba los problemas medioambientales como un asunto exclusivo de los estados ricos e industrializados. Alguno de estos dirigentes lleg\u00f3 incluso a denunciar el medioambientalismo naciente como una coartada utilizada por los privilegiados para mantener las desigualdades existentes en el mundo. Esta era tambi\u00e9n la actitud del tercermundismo europeo. Se dec\u00eda entonces que el problema central de los pa\u00edses pobres era el hambre.<\/p>\n<p>Pero la contraposici\u00f3n entre hambrunas y crisis ecol\u00f3gicas, entre preocupaci\u00f3n social y preocupaci\u00f3n ecol\u00f3gica, se ha revelado falsa, al menos planteada en esos t\u00e9rminos excluyentes. Existe una relaci\u00f3n muy directa entre deterioro ambiental, empobrecimiento y hambrunas. Esto \u00faltimo se hecho ya muy evidente durante los \u00faltimos a\u00f1os. El tiempo transcurrido desde la Conferencia de Estocolmo ha puesto de manifiesto que los desequilibrios ecol\u00f3gicos no son s\u00f3lo problemas espec\u00edficos de las poblaciones de los pa\u00edses econ\u00f3micamente muy desarrollados, sino que pueden llegar a afectar a toda la especie humana.<\/p>\n<p>En ciertos casos la crisis y las cat\u00e1strofes ecol\u00f3gicas est\u00e1n afectando ya m\u00e1s directamente a las poblaciones de los pa\u00edses pobres que a las de los pa\u00edses ricos. Algunas de las m\u00e1s desgraciadas cat\u00e1strofes ecol\u00f3gicas de los \u00faltimos tiempos se han producido precisamente en zonas pobres del planeta con ecosisteas fr\u00e1giles y en las que el capitalismo aprovecha la mano de obra barata para instalar algunas de sus plantas con efectos potenciales muy peligrosos. Lo que hoy sabemos sobre Bhopal es significativo. En los pa\u00edses pobres o empobrecidos de Asia, Africa y Am\u00e9rica Latina (as\u00ed como en las regiones subdesarrolladas de los pa\u00edses del primer mundo) se han ido juntado las consecuencias de la pobreza con los efectos del peor tipo de contaminaci\u00f3n ambiental.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n se ha visto agudizada por la constante transferencia, desde los pa\u00edses ricos del Norte a los pa\u00edses pobres del Sur, de t\u00e9cnicas e industrias altamente contaminantes o con elevado riesgo para la vida de los hombres y otras especies animales y vegetales. Empresas que no pod\u00edan ser instaladas ya en pa\u00edses altamente industrializados porque la presi\u00f3n popular ha obligado a promulgar una legislaci\u00f3n medioambiental restrictiva, se implantan ahora en pa\u00edses pobres aprovechando precisamente la inexistencia de legislaci\u00f3n al respecto o la facilidad que all\u00ed suele haber para la sobreexplotaci\u00f3n de la mano de obra. Ya en 1990 varias organizaciones medioambientalistas internacionales informaban de que millones de toneladas de residuos t\u00f3xicos hab\u00edan sido transferidos a pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo entre 1987 y 1989. Entre los pa\u00edses africanos afectados por la transferencia de residuos de alta peligrosidad est\u00e1n Guinea Bissau, Sierra Leona, Nigeria, Namibia, Zimbawe y Djibouti. Este proceso se ha acentuado desde entonces.<\/p>\n<p>Es en ese contexto en el que ha nacido una corriente espec\u00edfica del ecologismo social que se suele presentar como ecolog\u00eda pol\u00edtica de pobreza. Se dio a conocer en 1992 en la contraconferencia que se celebr\u00f3 en R\u00edo de Janeiro en 1992 y todav\u00eda en la d\u00e9cada de los noventa se consolid\u00f3 en el Foro medioambientalista de Costa Rica. Desde entonces ha conocido una fuerte implantaci\u00f3n en el \u00e1rea amaz\u00f3nica, sobre todo en Brasil, dentro y fuera del movimiento de los sin tierra (MST).<\/p>\n<p>Esta corriente del ecologismo social da mucha importancia a la interrelaci\u00f3n existente entre el expolio productivista de la naturaleza, el desplazamiento y exclusi\u00f3n de las poblaciones ind\u00edgenas, el aumento de las desigualdades y la persistencia de la pobreza.<\/p>\n<p>III. De entre los varios ecologismos que han fructificado en el mundo durante estas dos \u00faltimas d\u00e9cadas el m\u00e1s interesante y el m\u00e1s cargado de razones es el ecologismo social. \u00c9ste atiende simult\u00e1neamente a las causas socioecon\u00f3micas del empobrecimiento de los pa\u00edses y a la interrelaci\u00f3n existente entre la vieja r\u00e9mora de la desigualdad social y los desequilibrios medioambientales que afectan a muchas regiones de Latinoam\u00e9rica, Africa, Asia y la Europa oriental cuyos ecosistemas son particularmente fr\u00e1giles. El ecologismo social sabe que, para avanzar hacia la naturaleza y armonizar las relaciones con ella, debemos atender nuevamente a los problemas socioecon\u00f3micos. Sabe tambi\u00e9n que existe una relaci\u00f3n directa entre neocolonialismo, sobreexplotaci\u00f3n, cat\u00e1strofes ecol\u00f3gicas y empobrecimiento de las poblaciones. Y por eso postula una nueva teor\u00eda de las necesidades materiales y espirituales, una teor\u00eda que es cr\u00edtica del industrialismo y del consumismo inducidos y se muestra, a la vez, sensible y atenta con las formas de humanizar la naturaleza que han sido propias de las culturas campesinas tradicionales.<\/p>\n<p>La forma que el ecologismo social ha ido tomando en estos \u00faltimos tiempos entre las personas conscientes de estos pa\u00edses empobrecidos es lo que suele llamarse ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza. La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza es una opci\u00f3n en favor de un ecologismo social que atiende simult\u00e1neamente a los l\u00edmites del crecimiento y al hecho de que vivimos en una \u00abpl\u00e9tora miserable\u00bb con enormes diferencias y desigualdades en todo lo esencial para la vida de los humanos. La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza naci\u00f3 en Africa, Asia y Am\u00e9rica Latina como respuesta a los problemas socio-ecol\u00f3gicos percibidos por las poblaciones ind\u00edgenas. En su origen est\u00e1n las protestas, y tambi\u00e9n propuestas alternativas, de mujeres de Kenia y de la India y de sindicalistas sensibles en Brasil en la d\u00e9cada de los ochenta. Este origen no es casual, pues es sabido que en muchos pa\u00edses africanos y asi\u00e1ticos son las mujeres del campo, sobre cuyos hombros recae gran parte del trabajo productivo, quienes m\u00e1s sufren la crisis ecol\u00f3gica, los ataques a la biodiversidad, el empobrecimiento de los suelos cultivables, la desertificaci\u00f3n y la escasez de agua. Y, por otra parte, en las selvas brasile\u00f1as es cada vez m\u00e1s evidente que las nuevas formas de esclavitud y de explotaci\u00f3n del trabajo asalariado, que ni siquiera permiten la sindicaci\u00f3n, tienen mucho que ver con los ataques al entorno natural y a las culturas tradicionales.<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza empez\u00f3 a cuajar en el F\u00f3rum Alternativo de Brasil, en 1992, y se caracteriza desde entonces por cuatro rasgos: 1.\u00ba Propone una rectificaci\u00f3n radical del concepto lineal, ilustrado, de progreso; 2.\u00ba Descarta el punto de vista euroc\u00e9ntrico (luego euro-norteamericano) que ha caracterizado incluso las opciones econ\u00f3mico-sociales tenidas por m\u00e1s avanzadas en el \u00faltimo siglo; 3.\u00ba Avanza una reconsideraci\u00f3n de la creencia laica basada en la asunci\u00f3n de la autocr\u00edtica de la ciencia contempor\u00e1nea y en la cr\u00edtica del complejo tecnocient\u00edfico que domina el mundo; 4.\u00ba Solicita un di\u00e1logo entre tradiciones de liberaci\u00f3n o de emancipaci\u00f3n en las distintas culturas hist\u00f3ricas para avanzar hacia nuevo humanismo, hacia un humanismo atento a las diferencias culturales y respetuoso del medio ambiente. En este sentido la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza enlaza bien con lo que se ha llamado teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, aunque pide a \u00e9sta que no acent\u00fae su particularidad religiosa sino que, precisamente en nombre de las necesidades socioecol\u00f3gicas, se abra a las otras creencias no espec\u00edficamente religiosas, esto es, que se haga \u00abfilosof\u00eda (laica) de la liberaci\u00f3n\u00bb. Este es un punto que vista que argument\u00f3 muy bien Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde cuando era presidente de la Casa de Nicaragua en Barcelona.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza, por ejemplo, en la versi\u00f3n que de ella han dado Leonardo Boff y otros autores, no s\u00f3lo se opone el industrialismo desarrollista que ha sido caracter\u00edstico del capitalismo hist\u00f3rico, sino tambi\u00e9n a la utilizaci\u00f3n mercantil del ecologismo. Y argumenta en este punto que, como era de esperar en un mundo dominado por el mercado y por el fetiche del dinero, la producci\u00f3n supuestamente ecol\u00f3gica, meramente conservacionista o bienintencionadamente ecol\u00f3gica (que de todo hay), corre el peligro de convertirse en negocio de unos cuantos, en beneficio privado, en pasto de la publicidad y en ocasi\u00f3n para el llamamiento a un \u00abnuevo tipo\u00bb de consumismo. Constata que la l\u00ednea <em>verde<\/em> del sistema productivo capitalista empieza a cotizar en la Bolsa de valores mercantiles, porque <em>lo verde vende<\/em>.<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza hace observar que se est\u00e1 abriendo un nuevo flanco en el enfrentamiento entre pa\u00edses ricos (muy industrializados y muy competitivos) y pa\u00edses empobrecidos (cada vez m\u00e1s identificados con las reservas ecol\u00f3gicas del planeta o, en su defecto, con centros de producci\u00f3n de drogas ilegales). Subraya c\u00f3mo algunas de las instituciones monetarias internacionales propician algo as\u00ed como un trueque-fin-de-siglo: deuda externa por ecolog\u00eda; y c\u00f3mo, por lo general, en esa propuesta de trueque sigue dominado un punto de vista etnoc\u00e9ntrico. Lo que incluye un matiz nuevo respecto del viejo colonialismo: el discurso se disfraza, una vez m\u00e1s, de universalismo pero se cubre con el manto de valores \u00e9ticoecol\u00f3gicos, como la conciencia de especie, usurp\u00e1ndolos al ecologismo.<\/p>\n<p>La gran tarea de la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza y del ecologismo social e internacionalista de los pr\u00f3ximos tiempos ser\u00e1 seguramente aprender a moverse, a ambos lados del Atl\u00e1ntico, evitando dos escollos: el neocolonialista y el neonacionalista. Lo cual no va a ser nada f\u00e1cil, desde luego. Pues el malestar de la cultura y la ausencia de expectativas hacen que mucha gente se vuelva contra sus vecinos; y las grandes migraciones del final de siglo parecen estar convirtiendo a la xenobofia en la ideolog\u00eda funcional del capitalismo triunfante.<\/p>\n<p>En suma, lo que la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza viene a decirnos es que no se puede seguir viviendo como se ha vivido en las \u00faltimas d\u00e9cadas, por encima de las posibilidades de la econom\u00eda real y contra la naturaleza. Que el modo de vida consumista de los pa\u00edses ricos no es universalizable porque su generalizaci\u00f3n chocar\u00eda con l\u00edmites ecol\u00f3gicos insuperables. Y que en nuestro mundo actual ser s\u00f3lo ecologistas es ya insuficiente.<\/p>\n<p>Para hacer realidad lo que ahora es todav\u00eda un proyecto, un horizonte, la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza, surgida en los pa\u00edses empobrecidos, tiene que enlazar con las personas sensibles del mundo rico y convencer a las buenas gentes de que la reconversi\u00f3n ecol\u00f3gico-econ\u00f3mica planetaria del futuro obliga a cambios radicales en el sistema consumista hoy dominante en casi todo el mundo industrialmente avanzado. Pues el desarrollo sostenible implica cierta autocontenci\u00f3n y la autocontenci\u00f3n implica austeridad. Pero para que \u00abausteridad\u00bb sea una palabra creible para las mujeres y varones del mundo empobrecido es necesario que antes, o simult\u00e1neamente, seamos austeros quienes hoy vivimos del privilegio.<\/p>\n<p>IV. Hay un aspecto de la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza que tiene particular importancia para el ecologismo social europeo que propugna pensar globalmente y actuar localmente. Se trata de la cr\u00edtica al neocolonismo que instrumentaliza la conciencia ecol\u00f3gica de las poblaciones y que muchas veces pasa desapercibido a los ojos del medioambientalismo europeo.<\/p>\n<p>Los principales representantes de la ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza est\u00e1n denunciando la aparici\u00f3n de un eco-colonialismo que act\u00faa ahora de forma parecida a como lo hizo el primer colonialismo hist\u00f3rico en el siglo XVI. Al igual que entonces, el eco-colonialismo del presente, potenciado por los gobiernos de las grandes potencias y a veces por las empresas transnacionales, centra su discurso en las cosas que, siendo de todos (o habiendo sido de todos), no son de nadie, de donde deduce que tales cosas han de ser patrimonio de la humanidad. El problema surge cuando este discurso implica, falazmente, que el control y la gesti\u00f3n de este patrimonio de la humanidad ha de recaer en quienes pueden utilizarlos convenientemente. Pues resulta que, de hecho, quienes pueden hacer un uso conveniente de los recursos ecol\u00f3gicos del planeta son los mismos (o los descendientes de los mismos) que en otro momento hist\u00f3rico pod\u00edan hacer un uso \u00abconveniente\u00bb de las minas y tierras americanas, africanas o asi\u00e1ticas. En el pasado esa pretensi\u00f3n se bas\u00f3 en la superioridad t\u00e9cnica y cultural. Ahora se pretende basarla tambi\u00e9n en la conciencia ecol\u00f3gica de la especie.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica al eco-colonialismo camuflado de universalismo ecol\u00f3gico planetario ha cuajando en Brasil, Ecuador y Per\u00fa discutiendo los proyectos de conservaci\u00f3n de la zona amaz\u00f3nica, del pantanal del Matto Grosso o de utilizaci\u00f3n comercial de ciertos r\u00edos, como el r\u00edo Paraguay, entre Brasil y Bolivia. Esta es zona clave para analizar la relaci\u00f3n existente entre la problem\u00e1tica medioambiental y los efectos negativos de la globalizaci\u00f3n. Pues una de cosas que entran en juego aqu\u00ed, cuando se habla de salvar la zona amaz\u00f3nica o el equilibrio fluvial es precisamente la soberan\u00eda y el control de bienes que pueden considerarse patrimonio de la humanidad pero que est\u00e1n enclavados en territorios de poblaci\u00f3n ind\u00edgena y sobre los que, por otra parte, los estados aducen t\u00edtulos de propiedad.<\/p>\n<p>En la actualidad tienen soberan\u00eda sobre la regi\u00f3n amaz\u00f3nica ocho estados sudamericanos y un estado europeo (Francia). Pero soberan\u00eda quiere decir, en este caso, intereses particulares sobre una zona clave para el planeta: el Amazonas vierte al Oc\u00e9ano casi el 18 % del total del agua dulce drenada desde tierra firme; la selva amaz\u00f3nica alberga casi un tercio de las reservas gen\u00e9ticas del mundo, lo que la convierte en una reserva fundamental de principios activos probablemente b\u00e1sicos para curar enfermedades y para potenciar la alimentaci\u00f3n en los a\u00f1os venideros; la desaparici\u00f3n de aquella selva supondr\u00eda un impulso complementario al ya grave efecto invernadero creado por las emisiones industriales.<\/p>\n<p>A partir de esos datos resultan comprensibles los constantes llamamientos a considerar la lucha contra la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica en la Amazonia como un asunto de todos los humanos, como un problema vital para la especie. Y la propuesta de internacionalizaci\u00f3n de la Amazon\u00eda arranca justamente de estos datos. Pero el movimiento ecologista se halla dividido ante las propuestas de internacionalizaci\u00f3n. Por una parte, la exigencia de una autoridad mundial para hacer frente a la crisis ecol\u00f3gica ha sido desde hace d\u00e9cadas una reivindicaci\u00f3n de los movimientos medioambientalistas contra el liberalismo estrecho de la econom\u00eda mercantil del industrialismo. Por otra parte, se hace cada vez m\u00e1s evidente que la limitaci\u00f3n de las soberan\u00edas nacionales y la exclusi\u00f3n de los campesinos ind\u00edgenas est\u00e1n trayendo consigo una reduplicaci\u00f3n del dominio de las empresas transnacionales en el Imperio, lo que va en contra de los intereses de las poblaciones de los pa\u00edses m\u00e1s pobres, sin que esta nueva forma de dominaci\u00f3n universal se haya traducido tampoco, al menos por el momento, en resoluci\u00f3n de los problemas ecol\u00f3gicos m\u00e1s acuciantes.<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza, tal como en perfila en Am\u00e9rica Latina, ve con mucha desconfianza los llamamientos a la internacionalizaci\u00f3n de la Amazonia en nombre de la conciencia de especie (y a veces sin admitir siquiera la condonaci\u00f3n de la deuda externa de aquellos pa\u00edses), porque, una vez m\u00e1s, observa ah\u00ed la existencia de un doble lenguaje, de un doble criterio para hablar y juzgar de lo que hacen \u00abellos\u00bb y de lo que hacemos \u00abnosotros\u00bb. Conviene escuchar a los dirigentes de la Uni\u00f3n de Naciones Ind\u00edgenas cuando dicen: \u00abLos europeos hablan mucho de salvar la Amazonia. Pero no vemos ninguna preocupaci\u00f3n por el ser humano que vive aqu\u00ed. S\u00f3lo piensan en salvar los bosques, las tierras, los animales\u00bb.<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda pol\u00edtica de la pobreza llama cr\u00edticamente la atenci\u00f3n, en este contexto, sobre el hecho de que con argumentos universalistas pero con intereses etnoc\u00e9ntricos parecidos se dijo, en la \u00e9poca del primer colonialismo, que se iba a salvar la buena tierra californiana del primitivo y perezoso indio mexica. Y concluye record\u00e1ndonos, a los europeos, algo que deber\u00edamos saber ya: no es la primera vez en la historia que la usurpaci\u00f3n de las grandes y buenas palabras por los dominadores conduce al etnocidio. Conciencia ecol\u00f3gica y conciencia de especie lo son, son buenas palabras. Conviene que sepamos c\u00f3mo suenan en los labios de las personas que mejor conocen lo que est\u00e1 en juego en las tierras, los r\u00edos y los pantanos en que vivieron sus antepasados.<\/p>\n<h3>Anexo 3: Sergio Medina entrevista a F. Fern\u00e1ndez Buey<\/h3>\n<p><em>Fechada el 28\/02\/2003. <a href=\"https:\/\/www.lainsignia.org\/2003\/febrero\/cul_085.htm\">https:\/\/www.lainsignia.org\/2003\/febrero\/cul_085.htm<\/a><\/em><\/p>\n<p><strong>1. Como fil\u00f3sofo, \u00bfc\u00f3mo se define?<\/strong><\/p>\n<p>Me considero marxista desde que ten\u00eda veinte a\u00f1os. Me he formado en la tradici\u00f3n comunista marxista y trato de pensar en ese \u00e1mbito sobre los principales problemas del mundo actual. Aprecio poco la filosof\u00eda acad\u00e9mica o licenciada y mucho el filosofar. Filosofar, para m\u00ed, es reflexionar con consciencia y esp\u00edritu cr\u00edtico sobre asuntos pr\u00e1cticos, p\u00fablicos, sentidos por la colectividad. Entiendo el filosofar como una reflexi\u00f3n de segundo grado que se apoya en saberes adquiridos (principalmente saberes cient\u00edficos) o en pr\u00e1cticas de las que uno tiene experiencia y de las que puede ocuparse con conocimiento de causa. Opino que la filosof\u00eda de nuestra \u00e9poca tiene que ser filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica. Nada humano me es ajeno. Pero como ignoro much\u00edsimas cosas sobre la humanidad, prefiero ocuparme de las que me tocan m\u00e1s y creo conocer mejor: sus desgracias, sus desventuras.<\/p>\n<p><strong>2. \u00bfCu\u00e1l dir\u00eda que es la l\u00ednea base de su pensamiento?<\/strong><\/p>\n<p>Soy materialista, ateo, me apasiona la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica y defiendo con convicci\u00f3n el papel positivo de las utop\u00edas[9]. En el an\u00e1lisis de los problemas que me tocan y sobre los que creo que puedo decir algo, me gu\u00edo por tres principios que considero ya sentido com\u00fan ilustrado de lo mejor de la humanidad. El primer principio dice que no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino su ser social el que determina la conciencia. El segundo principio dice que somos los seres humanos quienes hemos creado a los dioses y no al rev\u00e9s. El tercer principio dice que los hombres, en sociedad, s\u00f3lo se plantean en serio aquellos problemas para los que existen ya algunas condiciones materiales de resoluci\u00f3n. Como este \u00faltimo es un principio sobre cuya aplicaci\u00f3n caben dudas apuesto por la utop\u00eda como horizonte, como ideal regulador de nuestros comportamientos posibles.<\/p>\n<p><strong>3. \u00bfQu\u00e9 le lleva a centrarse en desarrollar filosof\u00eda pol\u00edtica y moral y no en sistemas metaf\u00edsicos por ejemplo?<\/strong><\/p>\n<p>Una filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica arranca de los problemas p\u00fablicos controvertidos, \u00e9tico-pol\u00edticos, y trata de analizarlos y argumentar con razones sobre la mejor soluci\u00f3n para las personas implicadas. Busca las razones desde dentro. Es en esto inmanentista. Y metodol\u00f3gicamente se inspira en el proceder del cient\u00edfico. Es m\u00e1s: acude a los saberes cient\u00edficos para ilustrarse cuando hay dudas morales de fondo en la controversia (es el caso del aborto, de la eutanasia, de la clonaci\u00f3n, etc.). Lo hace a sabiendas de que las ciencias ayudan a plantear bien el problema aunque no deciden sobre su resoluci\u00f3n. Los sistemas metaf\u00edsicos construyen especulativamente mundos te\u00f3ricos omniabarcadores y luego deducen de ah\u00ed lo que hay que hacer, aunque este hacer entre en conflicto con los l\u00edmites medioambientales o con los l\u00edmites de la condici\u00f3n humana. La filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica entiende que los saberes cient\u00edficos s\u00f3lo nos dicen lo que <em>no<\/em> nos conviene hacer (porque ese hacer, por ejemplo, va contra los l\u00edmites de la naturaleza). Es m\u00e1s modesta.<\/p>\n<p><strong>4. \u00bfCree que la \u00e9tica y la filosof\u00eda pol\u00edtica se interrelacionan actualmente en la practica o ello es pura coincidencia?<\/strong><\/p>\n<p>Entiendo la pol\u00edtica como una prolongaci\u00f3n de la \u00e9tica. Y, en ese sentido, como \u00e9tica de lo colectivo. El ser humano es un animal que tiene <em>logos<\/em> (verbo, palabra) y vive en sociedad. Lo que hace individualmente, c\u00f3mo act\u00faa, repercute siempre en los otros, en sus conciudadanos. Es, por tanto, un animal c\u00edvico que se retrata o deja de retratarse en la relaci\u00f3n con otros, en la esfera p\u00fablica (amplia o restringida). La filosof\u00eda pol\u00edtica ha sido siempre reflexi\u00f3n sobre las relaciones entre \u00e9tica y pol\u00edtica. En el mundo moderno, que es un mundo socialmente dividido, la filosof\u00eda pol\u00edtica ha tenido que fundamentar la autonom\u00eda de lo pol\u00edtico para salir al paso de la hipocres\u00eda suprema de una \u00c9tica (de base religiosa) en la que se ciscaban los mismos que la predicaban y, de paso, mataban a los otros. En nuestro tiempo, que es ya posmoderno, ocurre lo contrario: se ciscan en la pol\u00edtica, entendida como participaci\u00f3n de los ciudadanos en la cosa p\u00fablica, la mayor\u00eda de los que se dedican profesionalmente a ella.<\/p>\n<p><strong>5. \u00bfSon malos tiempos para la filosof\u00eda?<\/strong><\/p>\n<p>No creo que haya habido nunca buenos tiempos para la filosof\u00eda. Desde Petrarca sabemos: \u00abPobre y desnuda vas, Filosof\u00eda\u00bb[10]. Cuando la filosof\u00eda ha adoptado los ringorrangos de la Academia o se ha disfrazado con los vestiditos de la moda se ha puesto a un paso de la muerte, como la moda misma. O sea, que en principio no veo razones para ponerse melanc\u00f3lico. Filosofar en serio ha sido siempre sufrir, ir pobre y desnudo por el mundo y contra la corriente. Son, en cambio, malos tiempos para la filosof\u00eda licenciada. Quiero decir: en comparaci\u00f3n con otras licenciaturas. La ley de la oferta y la demanda es en esto terrible. Y los responsables del sistema educativo se rigen casi exclusivamente por ella. Con decir que para ser licenciado en filosof\u00eda basta con 5 de nota media en el bachillerato y para ser periodista se necesita un 7 o un 7,5 est\u00e1 dicho todo.<\/p>\n<p><strong>6. \u00bfEs mejorable el sistema democr\u00e1tico actual?<\/strong><\/p>\n<p>Manifiestamente mejorable, como se dec\u00eda a\u00f1os atr\u00e1s de las fincas de los oligarcas. Para empezar, casi todos los te\u00f3ricos de la democracia admiten que, hablando con propiedad, el sistema existente no es democr\u00e1tico, o sea, en \u00e9l no gobierna el pueblo. Dicen que lo hace, que gobierna, por derivaci\u00f3n. Y a eso es a lo que llamamos democracia representativa. Pero la representaci\u00f3n actual, en todos los pa\u00edses en que hay democracia representativa, es muy deficiente. Lo es por razones materiales: los de arriba est\u00e1n sobrerrepresentados y los de abajo infrarrepresentados. Y lo es tambi\u00e9n por razones t\u00e9cnicas o formales: la tecnificaci\u00f3n y profesionalizaci\u00f3n de la representaci\u00f3n pol\u00edtica deja fuera, o al margen de las decisiones importantes, a la gran mayor\u00eda de las poblaciones. Por eso se habla tanto, y con raz\u00f3n, de prolongar la democracia representativa en una democracia participativa.<\/p>\n<p><strong>7. \u00bfC\u00f3mo valora la izquierda actual?<\/strong><\/p>\n<p>Si por izquierda se entiende los partidos pol\u00edticos parlamentarios que se dan ese nombre o al que se les atribuye, mi valoraci\u00f3n es negativa. Hay diferencias, desde luego. Y yo estoy en Izquierda Unida porque esas diferencias a\u00fan existen, por comparaci\u00f3n, no por convicci\u00f3n. Veo con preocupaci\u00f3n que esa opci\u00f3n va perdiendo realidad social y que las otras izquierdas parlamentarias autoproclamadas van aceptando uno tras otro la mayor\u00eda de los conceptos tradicionales de la derecha social. Estoy seguro de que hay excepciones muy respetables en las bases de estos partidos pol\u00edticos y entre sus votantes, personas que protestan por la asimilaci\u00f3n progresiva de las ideolog\u00edas neoliberales. Pero esto, teniendo en cuenta el martilleo medi\u00e1tico constante y el poder de los aparatos, es poca cosa. Cambiar\u00e9 de opini\u00f3n el d\u00eda que vea a una obrera (o a un obrero de f\u00e1brica no \u00abliberado\u00bb) en alguno de los Parlamentos. De momento me parece preferible hablar de \u00abarriba\u00bb y \u00ababajo\u00bb que de \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb.<\/p>\n<p><strong>8. \u00bfY el activismo de las nuevas generaciones?<\/strong><\/p>\n<p>Entre los j\u00f3venes hay un desprecio, comprensible por lo que he dicho, pero a veces desproporcionado, hacia lo que llaman \u00abpol\u00edtica\u00bb. Hablando con ellos uno tiene la impresi\u00f3n de que entienden por \u00abpol\u00edtica\u00bb exclusivamente la pol\u00edtica institucional, la pol\u00edtica de los partidos, la alta pol\u00edtica. En cambio, no consideran \u00abpol\u00edtica\u00bb su propia actividad, su compromiso c\u00edvico o su participaci\u00f3n en movimientos y organizaciones cr\u00edticos y alternativos. Esto se refleja en las contestaciones a las encuestas, que son muy significativas. El lado bueno de este punto de vista, muy extendido entre los j\u00f3venes rebeldes, es su cr\u00edtica a lo que habr\u00eda que llamar, hablando con propiedad, \u00abpolitiquer\u00eda\u00bb y la inspiraci\u00f3n libertaria de dicha cr\u00edtica, que hace pasar a primer plano lo que es sustancial, los problemas globales y locales, socio-econ\u00f3micos, medioambientales, de g\u00e9nero, etc. Su lado malo es que al aceptar de momento la noci\u00f3n restringida (y pervertida) de la pol\u00edtica como politiquer\u00eda se corre el riesgo de caer en el cinismo en cuanto se toca algo que se parece al poder, incluso al podercito. De ah\u00ed las transformaciones clamorosas a la politiquer\u00eda de no pocos activistas en cuanto les ofrecen ir en una lista electoral.<\/p>\n<p><strong>9. \u00bfC\u00f3mo valora los medios de comunicaci\u00f3n en este pa\u00eds?<\/strong><\/p>\n<p>Ah, pero \u00bfhay medios de comunicaci\u00f3n este pa\u00eds? Agradezco la buena noticia porque me hab\u00eda hecho a la idea de que s\u00f3lo quedaban medios de intoxicaci\u00f3n, manipulaci\u00f3n y alienaci\u00f3n de las conciencias, aparte de algunas revistas electr\u00f3nicas y de otras pocas en papel a las que se las trata como si fueran la bicha. En la sociedad del espect\u00e1culo en que vivimos los medios lo son, mayormente, de incomunicaci\u00f3n. Lo que un d\u00eda fue \u00abcuarto poder\u00bb es, por lo general, parte o correa de transmisi\u00f3n del poder en s\u00ed, del poder desnudo. Puedes saber a qu\u00e9 fracci\u00f3n del poder pertenece el medio en el mismo momento en que el locutor abre la boca, por los titulares de los peri\u00f3dicos o por el formato del telediario. Los medios se comunican entre ellos mismos, generan lo noticiable, determinan las agendas pol\u00edticas y dan la palabra, en las horas de mayor audiencia, a los mismos en los que estaban pensando al generar la noticia. La gente de abajo, los \u00abpresuntos implicados\u00bb, a los que se supone que habr\u00eda que comunicar algo, s\u00f3lo aparecen para balbucear unas pocas palabras que ratifiquen lo que previamente se ha decidido que es importante. La mayor\u00eda de las personas sensatas que conozco comparten una frase: \u00abVeo, oigo y leo el medio en que menos insultado me siento\u00bb.<\/p>\n<p><strong>10. \u00bfQu\u00e9 opini\u00f3n le merecen qu\u00e9 actualmente aparezcan fil\u00f3sofos en televisi\u00f3n opinando en tertulias del tipo <em>Gran hermano<\/em>?<\/strong><\/p>\n<p>Perdone mi ignorancia, pero no veo nunca tertulias de ese tipo. He o\u00eddo hablar de una familia de fil\u00f3sofos que se dedica a exhibirse en alg\u00fan programa de televisi\u00f3n dando \u00abfundamento\u00bb metaf\u00edsico a las supuestas bondades del opio del pueblo posmoderno, supongo que a cambio de favores monetarios que luego sirven para fundamentar, tambi\u00e9n metaf\u00edsicamente, el nuevo materialismo contra el viejo opio del pueblo. Mi maestro, Manuel Sacrist\u00e1n[11], que era un fil\u00f3sofo de verdad aunque no sol\u00eda proclamarlo, dec\u00eda hace ya a\u00f1os que los metaf\u00edsicos son muy pr\u00e1cticos para con sus cosas. He tenido ocasi\u00f3n de comprobar que es as\u00ed en m\u00e1s de un caso. Pero, en fin, no s\u00e9 qu\u00e9 credibilidad tiene ahora el materialismo metaf\u00edsico aplicado al famoseo.<\/p>\n<p><strong>11. \u00bfA qu\u00e9 achaca la falta de esp\u00edritu cr\u00edtico en la sociedad?<\/strong><\/p>\n<p>Aunque hay en la sociedad menos esp\u00edritu cr\u00edtico del que yo querr\u00eda, tampoco me gustar\u00eda exagerar a este respecto. Durante los \u00faltimos meses hemos asistido en este pa\u00eds a varias de las manifestaciones m\u00e1s numerosas de su historia. Manifestaciones contra la guerra, contra la globalizaci\u00f3n neoliberal, contra el terrorismo, contra la pol\u00edtica educativa, contra la mala gesti\u00f3n en el caso de una cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica sin precedentes, contra el Plan Hidrol\u00f3gico Nacional. Y en algunos lugares cuyo nombre casi no se puede pronunciar, tambi\u00e9n contra la ilegalizaci\u00f3n de partidos pol\u00edticos o contra el cierre del \u00fanico peri\u00f3dico que se publicaba \u00edntegramente en euskera. Todas estas manifestaciones son cr\u00edticas. Cr\u00edticas de un mundo de desigualdades, del autoritarismo, del ordeno y mando y de la ineptitud de los que gobiernan. Para ir a esas manifestaciones y proclamar en ellas lo que se piensa se necesita esp\u00edritu cr\u00edtico. Es posible incluso que estemos asistiendo a un cambio de fase. Y no ser\u00eda la primera vez que los dirigentes pol\u00edticos fueran los \u00faltimos en enterarse.<\/p>\n<p><strong>12. \u00bfC\u00f3mo valora fen\u00f3menos como el foro social de Porto-Alegre y la condena medi\u00e1tica que a veces se hace de ellos?<\/strong><\/p>\n<p>Lo de Porto-Alegre me parece el fen\u00f3meno sociopol\u00edtico m\u00e1s importante de los \u00faltimos a\u00f1os. Ah\u00ed han nacido tres cosas que sin dudan est\u00e1n llamadas a tener gran repercusi\u00f3n en el pr\u00f3ximo futuro. La primera es un movimiento sociopol\u00edtico de car\u00e1cter global, un movimiento de movimientos en el que por primera vez desde que vivimos en mundo bipolar se encuentran gentes de los cinco continentes con esp\u00edritu cr\u00edtico y conciencia de cu\u00e1les son los principales problemas de la Humanidad. La segunda es que, tambi\u00e9n por primera vez en muchos a\u00f1os, se percibe que otro mundo es posible, o sea, que hay alternativas positivas y viables a la globalizaci\u00f3n neoliberal. Y la tercera es la recuperaci\u00f3n de un concepto sano de democracia, de un concepto no meramente especulativo, sino inspirado en experiencias concretas en las que est\u00e1 participando ya mucha gente, en la misma ciudad de Porto-Alegre y en otras ciudades brasile\u00f1as.<\/p>\n<p><strong>13. \u00bfEst\u00e1 de acuerdo con Francis Fukuyama en que los derechos humanos universales son un mero producto de la cultura europea inaplicable para quien no comparte esta tradici\u00f3n particular?<\/strong><\/p>\n<p>No suelo estar de acuerdo con Francis Fukuyama en nada. Y en esto tampoco, al menos en la forma en que queda expresado aqu\u00ed. Lo que llamamos derechos humanos son, obviamente, un producto de la cultura europea. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que no se suele decir es que son derechos conquistados, no otorgados, derechos por lo que ha habido que luchar en Europa durante siglos. Y lo que es m\u00e1s importante: derechos cuyo mantenimiento y ampliaci\u00f3n depende de la continuidad de esa lucha. Esto lo sab\u00edan ya las primeras mujeres feministas, los negros y los j\u00f3venes que combatieron para que tales derechos no lo fueran s\u00f3lo de varones, blancos y adultos. La universalizaci\u00f3n de los derechos humanos, por tanto, estar\u00e1 en funci\u00f3n de la generalizaci\u00f3n de las luchas por la emancipaci\u00f3n a los cinco continentes. No veo que exista gen ni identidad cultural espec\u00edfica que se oponga a esto en \u00c1frica o en Asia. Lo que s\u00ed veo es que ha habido y sigue habiendo (en Europa y en EE.UU) un uso instrumental del concepto \u00abderechos humanos\u00bb para justificar el colonialismo y el imperialismo, destruir lenguas y culturas y favorecer la homogenizaci\u00f3n cultural imperial. Esto \u00faltimo es lo que hay que criticar.<\/p>\n<p><strong>14. \u00bfOtro mundo es posible?<\/strong>[12]<\/p>\n<p>S\u00ed, es posible. Y es necesario. Es necesario porque el mundo en que vivimos sigue siendo un esc\u00e1ndalo, una pl\u00e9tora miserable en la que las desigualdades conducen anualmente a la muerte a millones de personas mientras la minor\u00eda tiene mucho m\u00e1s de lo que necesita. El actual modo de producir y de consumir es enemigo de los pobres, de la naturaleza y de la raz\u00f3n. Por eso hay que cambiarlo: hacerlo m\u00e1s justo, m\u00e1s igualitario y m\u00e1s habitable. Cuando se dice que eso es posible no se est\u00e1 implicando ninguna truculencia ni invocando alg\u00fan nuevo diluvio universal. Simplemente se est\u00e1 dando una forma concreta y adecuada a lo que en otros tiempos, desde el Renacimiento hasta el siglo XX, se expres\u00f3 en Europa en la forma (literaria o metaf\u00f3rica) de las utop\u00edas. Ahora un mundo m\u00e1s justo, m\u00e1s igualitario y m\u00e1s habitable no es s\u00f3lo un deseo de pobres desventurados. Es un horizonte que tiene a su favor lo mejor de la prospecci\u00f3n cient\u00edfica (econ\u00f3mica, ecol\u00f3gica, sociol\u00f3gica, antropol\u00f3gica). Que lo que es posible llegue a ser realidad depender\u00e1, como siempre, de la capacidad de presi\u00f3n de los de abajo y de la capacidad de resistencia de los de arriba. En un mundo tan armado como el nuestro, y teniendo en cuenta de qui\u00e9n son las armas, la diferencia entre el peso de lo primero y el peso de lo segundo es demasiado grande. Por tanto, una de las primeras cosas que habr\u00eda que conseguir, cuando el conflicto entre Davos y Porto Alegre se generalice, es desarmar al mundo. Empezando por el Imperio.<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<p>[1] NE. Se public\u00f3 posteriormente en Alicia Dur\u00e1n y Jorge Riechmann (Coord.), <em>Genes en el laboratorio y en la f\u00e1brica<\/em>. Editorial Trotta, Madrid, 1998, p\u00e1gs 177-197.<br \/>\n[2] NE. I. Kant, <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica<\/em>: \u00abDos cosas llenan mi \u00e1nimo de creciente admiraci\u00f3n y respeto, a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre m\u00ed y la ley moral dentro de m\u00ed\u00bb.<br \/>\n[3] NE. V\u00e9ase FFB, \u00abCiencias, met\u00e1foras, filosofemas y filosof\u00edas\u00bb. <a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12204\">https:\/\/espai-marx.net\/?p=12204<\/a><br \/>\n[4] NE. V\u00e9ase Manuel Sacrist\u00e1n, \u00abUna lectura del <em>Alfanhu\u00ed<\/em> de Rafael S\u00e1nchez Ferlosio\u00bb (<em>Laye<\/em>, 24, 1954). En <em>Lecturas<\/em>, Barcelona: Icaria, 1985, pp. 65-87.<br \/>\n[5] Karl Marx: \u00abEn nuestros d\u00edas toda cosa parece estar pre\u00f1ada de su contrario. Vemos c\u00f3mo la maquinaria, dotada de la maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y devora hasta el agotamiento. Un extra\u00f1o conjuro transforma las nuevas fuentes de riqueza en fuentes de miseria. Las victorias de la ciencia parecen pagarse con la p\u00e9rdida de car\u00e1cter. A medida que domina la naturaleza el hombre parece sometido por otros hombres o por su propia vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre el oscuro trasfondo de la ignorancia. Todos nuestros inventos y todo nuestro progreso parece desembocar en un dotar a las fuerzas materiales de vida espiritual y en la conversi\u00f3n de la vida en est\u00fapida fuerza material.\u00bb Uno de los textos marxianos seleccionados por FFB para la exposici\u00f3n \u00abLos faros del siglo XX\u00bb (3 de diciembre de 1988-3 de enero de 1989, en colaboraci\u00f3n con M\u00e1ximo). <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/una-antologia-de-francisco-fernandez-buey-para-los-faros-del-siglo-xx-y-2\/\">https:\/\/rebelion.org\/una-antologia-de-francisco-fernandez-buey-para-los-faros-del-siglo-xx-y-2\/<\/a><br \/>\n[6] NE. V\u00e9ase FFB. <em>Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2020 (edici\u00f3n de Jordi Mir Garcia y SLA).<br \/>\n[7] NE. Recordemos que el autor escribe en 1995.<br \/>\n[8] NE. Fran\u00e7ois Mitterrand.<br \/>\n[9] NE. V\u00e9ase FFB, <em>Utop\u00edas e ilusiones naturales<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2007 (dise\u00f1o y composici\u00f3n del interior: Neus Porta i Tallada).<br \/>\n[10] NE. Pobre y desnuda vas, Filosof\u00eda\/ dice la muchedumbre aplicada a mil ganancias.\/ Puesto que pocos compa\u00f1eros tendr\u00e1s por tu otro camino,\/ tanto m\u00e1s te pido, esp\u00edritu gentil,\/ que no abandones tu magn\u00e1nima empresa.<br \/>\n[11] NE. V\u00e9ase FFB, <em>Sobre Manuel Sacrist\u00e1n<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2015 (edici\u00f3n de Jordi Mir Garcia y SLA).<br \/>\n[12] NE. V\u00e9ase FFB, <em>Gu\u00eda para una globalizaci\u00f3n alternativa. Otro mundo es posible<\/em>, Barcelona: Ediciones B, 2004. Con la siguiente dedicatoria: \u00abA Gregorio L\u00f3pez Raimundo, viejo amigo y a\u00fan m\u00e1s viejo resistente, que a sus noventa a\u00f1os sigue ah\u00ed, en todo acto contra la guerra y contra las injusticias, mostr\u00e1ndonos, con su presencia y su palabra que la \u00e9tica de la resistencia tampoco tiene edad. Con agradecimiento, Paco, Javier, Eloy, Mauro\u00bb. GLR falleci\u00f3 en 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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