{"id":1273,"date":"2009-11-15T00:00:00","date_gmt":"2009-11-15T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1273"},"modified":"2020-02-23T11:35:10","modified_gmt":"2020-02-23T10:35:10","slug":"del-liderazgo-y-otros-topicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1273","title":{"rendered":"Del liderazgo y otros t\u00f3picos"},"content":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfSe pueden olvidar las lecciones de la historia que nos muestran que, muy a menudo, los l\u00edderes carism\u00e1ticos destruyen las organizaciones que los han producido y conocen un fin tr\u00e1gico?\u201d, Michela Marzano se formula esta pregunta en su libro Extension du domaine de la manipulation. En las escuelas de negocios la doctrina del liderazgo es un lugar com\u00fan. La clave del \u00e9xito, dicen, est\u00e1 en el hombre que tiene una visi\u00f3n y es capaz de realizar una misi\u00f3n. La cultura que oper\u00f3 como caldo de cultivo de la crisis estuvo impregnada del discurso del liderazgo, que cubri\u00f3 de oro a los altos ejecutivos que convenc\u00edan a sus accionistas de que eran portadores de un destino de posibilidades ilimitadas. Entre estos l\u00edderes a los que ni auditores ni reguladores osaban llevar la contraria hay nombres como Jeff Skill, que se carg\u00f3 la todopoderosa Enron, y el seductor Madoff. Y no voy a hacer la lista de los l\u00edderes del sector inmobiliario espa\u00f1ol que eran invitados como ejemplo de emprendedores imbatibles en las mejores tribunas, hace tan s\u00f3lo un par de a\u00f1os, y que hoy viven en pleno naufragio. Parafraseando a Marx, a veces parece que \u201cla bruja ya no es capaz de controlar los poderes demoniacos que ha convocado con sus hechizos\u201d. Poco importa. El t\u00f3pico del liderazgo se sigue repitiendo en escuelas y reuniones selectas, aunque cierta sensaci\u00f3n de vac\u00edo invade paulatinamente el concepto. \u00bfQu\u00e9 significa esta regresi\u00f3n al poder carism\u00e1tico? Max Weber situaba esta forma de autoridad basada en la magia del hombre providencial como propia de sociedades de bajo nivel t\u00e9cnico y educativo, de escaso desarrollo social. Pero en las sociedades avanzadas del siglo XXI, en que el nivel medio de formaci\u00f3n de los ciudadanos ha alcanzado cotas desconocidas, \u00bfdebemos seguir soportando el imperio del visionario y del seductor por encima de la autoridad de los argumentos y de las razones? \u00bfO m\u00e1s bien deben ser los proyectos compartidos, fruto de las aportaciones de muchos actores, los que deben marcar los caminos que seguir?<\/p>\n<p>Dicen que las crisis, si se saben aprovechar, son oportunidades para el cambio. Tengo mis dudas, porque la ansiedad y el miedo son tendencialmente conservadores. Y porque, de momento, los t\u00f3picos de la cultura de la crisis siguen intactos, confirmando la sospecha de que ante la impotencia de la pol\u00edtica, no habr\u00e1 cambios sustanciales en las hegemon\u00edas sociales cuando la crisis amaine. Pero sigamos con el ejemplo del liderazgo. Tengo la impresi\u00f3n de que forma parte natural de una cultura de la dominaci\u00f3n que tiene como categor\u00eda ideolog\u00eda central la competitividad. Es un ejemplo del valor del eufemismo, capaz de hacer pasar las piedras por panes. No nos enga\u00f1amos, no hay que ser marxista para entender que competitividad significa optimizaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n. La clase obrera ya no es lo que era, distribuida entre la industria y los servicios, fraccionada en m\u00faltiples grupos de intereses y amenazada por ej\u00e9rcitos de reserva globales, ha perdido buena parte de su peso intimidatorio y de su capacidad pol\u00edtica. Lo cual permite decir las cosas con guante de seda. Pero no por ello dejan de ser lo que son. El discurso de la competitividad se sit\u00faa en un marco cultural meritocr\u00e1tico, que apela permanentemente a la recuperaci\u00f3n del gusto por el trabajo bien hecho, por la disciplina y por el respeto jer\u00e1rquico. Y que ofrece como se\u00f1uelo a la ciudadan\u00eda una quimera: que cualquiera puede triunfar. Pero el trabajo bien hecho requiere una autonom\u00eda, una capacidad de pensar y decidir por parte del que lo hace que es dif\u00edcilmente compatible con la cultura de sumisi\u00f3n incondicional al l\u00edder visionario. Las enormes potencialidades de las nuevas tecnolog\u00edas pueden utilizarse en dos direcciones opuestas: para optimizar el trabajo bien hecho y compartido o para aumentar los mecanismos de control bajo la apariencia de una ampliaci\u00f3n de los espacios de autonom\u00eda del trabajador. Y es en nombre de la competitividad que se pide todo tipo de desregulaci\u00f3n para que el trabajador sepa lo cerca que est\u00e1 la calle si decae en su \u00e1nimo.<\/p>\n<p>La competitividad es obviamente la categor\u00eda que corresponde a una ideolog\u00eda centrada en el crecimiento, en que el principio es que la econom\u00eda crezca ilimitadamente sin preguntarse ni para qu\u00e9 ni con qu\u00e9 objetivos. Naturalmente, al ciudadano no se le exige solamente ser competitivo, sino tambi\u00e9n alentar el crecimiento como consumidor. Y se le ri\u00f1e cuando, en tiempos de crisis, se resiste a gastar.<\/p>\n<p>Liderazgo, competitividad, desregulaci\u00f3n, consumo, campean acr\u00edticamente en medio de la crisis, como si la modernidad hubiera perdido el m\u00e1s consustancial de sus valores: la capacidad de someterlo todo al cedazo de la cr\u00edtica. Con la izquierda sumida en el silencio -como en Francia o en Italia- o convertida en propagandista del consumismo y la baja de impuestos -como en Espa\u00f1a- estas categor\u00edas seguir\u00e1n como realidades ideol\u00f3gicas incontestables, decorando el escenario del d\u00eda siguiente. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el sujeto pol\u00edtico del cambio? Alg\u00fan gobernante ha hablado de moralizar el capitalismo: pura contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos. Es la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la claudicaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Porque si en estos momentos la pol\u00edtica se echa m\u00e1s de menos que nunca no es para que nos distraiga con ocurrencias como \u00e9sta. Es para responder a los que nos han conducido a esta crisis con un mensaje tan simple como claro: no todo es posible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfSe pueden olvidar las lecciones de la historia que nos muestran que, muy a menudo, los l\u00edderes carism\u00e1ticos destruyen las organizaciones que los han producido y conocen un fin tr\u00e1gico?\u201d, Michela Marzano se formula esta pregunta en su libro Extension du domaine de la manipulation. En las escuelas de negocios la doctrina del liderazgo es un lugar com\u00fan. La clave del \u00e9xito, dicen, est\u00e1 en el hombre que tiene una visi\u00f3n y es capaz de realizar una misi\u00f3n. La cultura que oper\u00f3 como caldo de cultivo de la crisis estuvo impregnada del discurso del liderazgo, que cubri\u00f3 de oro a los altos ejecutivos que convenc\u00edan a sus accionistas de que eran portadores de un destino de posibilidades ilimitadas. Entre estos l\u00edderes a los que ni auditores ni reguladores osaban llevar la contraria hay nombres como Jeff Skill, que se carg\u00f3 la todopoderosa Enron, y el seductor Madoff. Y no voy a hacer la lista de los l\u00edderes del sector inmobiliario espa\u00f1ol que eran invitados como ejemplo de emprendedores imbatibles en las mejores tribunas, hace tan s\u00f3lo un par de a\u00f1os, y que hoy viven en pleno naufragio. Parafraseando a Marx, a veces parece que \u201cla bruja ya no es capaz de controlar los poderes demoniacos que ha convocado con sus hechizos\u201d. Poco importa. El t\u00f3pico del liderazgo se sigue repitiendo en escuelas y reuniones selectas, aunque cierta sensaci\u00f3n de vac\u00edo invade paulatinamente el concepto. \u00bfQu\u00e9 significa esta regresi\u00f3n al poder carism\u00e1tico? Max Weber situaba esta forma de autoridad basada en la magia del hombre providencial como propia de sociedades de bajo nivel t\u00e9cnico y educativo, de escaso desarrollo social. Pero en las sociedades avanzadas del siglo XXI, en que el nivel medio de formaci\u00f3n de los ciudadanos ha alcanzado cotas desconocidas, \u00bfdebemos seguir soportando el imperio del visionario y del seductor por encima de la autoridad de los argumentos y de las razones? \u00bfO m\u00e1s bien deben ser los proyectos compartidos, fruto de las aportaciones de muchos actores, los que deben marcar los caminos que seguir?<\/p>\n<p>Dicen que las crisis, si se saben aprovechar, son oportunidades para el cambio. Tengo mis dudas, porque la ansiedad y el miedo son tendencialmente conservadores. Y porque, de momento, los t\u00f3picos de la cultura de la crisis siguen intactos, confirmando la sospecha de que ante la impotencia de la pol\u00edtica, no habr\u00e1 cambios sustanciales en las hegemon\u00edas sociales cuando la crisis amaine. Pero sigamos con el ejemplo del liderazgo. Tengo la impresi\u00f3n de que forma parte natural de una cultura de la dominaci\u00f3n que tiene como categor\u00eda ideolog\u00eda central la competitividad. Es un ejemplo del valor del eufemismo, capaz de hacer pasar las piedras por panes. No nos enga\u00f1amos, no hay que ser marxista para entender que competitividad significa optimizaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n. La clase obrera ya no es lo que era, distribuida entre la industria y los servicios, fraccionada en m\u00faltiples grupos de intereses y amenazada por ej\u00e9rcitos de reserva globales, ha perdido buena parte de su peso intimidatorio y de su capacidad pol\u00edtica. Lo cual permite decir las cosas con guante de seda. Pero no por ello dejan de ser lo que son. El discurso de la competitividad se sit\u00faa en un marco cultural meritocr\u00e1tico, que apela permanentemente a la recuperaci\u00f3n del gusto por el trabajo bien hecho, por la disciplina y por el respeto jer\u00e1rquico. Y que ofrece como se\u00f1uelo a la ciudadan\u00eda una quimera: que cualquiera puede triunfar. Pero el trabajo bien hecho requiere una autonom\u00eda, una capacidad de pensar y decidir por parte del que lo hace que es dif\u00edcilmente compatible con la cultura de sumisi\u00f3n incondicional al l\u00edder visionario. Las enormes potencialidades de las nuevas tecnolog\u00edas pueden utilizarse en dos direcciones opuestas: para optimizar el trabajo bien hecho y compartido o para aumentar los mecanismos de control bajo la apariencia de una ampliaci\u00f3n de los espacios de autonom\u00eda del trabajador. Y es en nombre de la competitividad que se pide todo tipo de desregulaci\u00f3n para que el trabajador sepa lo cerca que est\u00e1 la calle si decae en su \u00e1nimo.<\/p>\n<p>La competitividad es obviamente la categor\u00eda que corresponde a una ideolog\u00eda centrada en el crecimiento, en que el principio es que la econom\u00eda crezca ilimitadamente sin preguntarse ni para qu\u00e9 ni con qu\u00e9 objetivos. Naturalmente, al ciudadano no se le exige solamente ser competitivo, sino tambi\u00e9n alentar el crecimiento como consumidor. Y se le ri\u00f1e cuando, en tiempos de crisis, se resiste a gastar.<\/p>\n<p>Liderazgo, competitividad, desregulaci\u00f3n, consumo, campean acr\u00edticamente en medio de la crisis, como si la modernidad hubiera perdido el m\u00e1s consustancial de sus valores: la capacidad de someterlo todo al cedazo de la cr\u00edtica. Con la izquierda sumida en el silencio -como en Francia o en Italia- o convertida en propagandista del consumismo y la baja de impuestos -como en Espa\u00f1a- estas categor\u00edas seguir\u00e1n como realidades ideol\u00f3gicas incontestables, decorando el escenario del d\u00eda siguiente. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el sujeto pol\u00edtico del cambio? Alg\u00fan gobernante ha hablado de moralizar el capitalismo: pura contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos. Es la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la claudicaci\u00f3n de la pol\u00edtica. 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