{"id":12745,"date":"2022-11-15T05:00:41","date_gmt":"2022-11-15T04:00:41","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12745"},"modified":"2023-02-04T04:49:59","modified_gmt":"2023-02-04T03:49:59","slug":"critica-literaria-critica-cinematografica-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12745","title":{"rendered":"Cr\u00edtica literaria, cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica (I)"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: I. Ep\u00edlogo a <\/em>El peso del humo<em>. II. Para la presentaci\u00f3n de <\/em>La prueba del nueve<em>. III. Sobre Bertolt Brecht. IV <\/em>El cazador de instantes<em> de Rafael Argullol. V. Un libro ecu\u00e1nime para una historia fascinante. VI. Sobre <\/em>Los maestros de la sospecha<em> de Francesc Torralba. VII. Miguel Abensour, \u00abUtop\u00eda y democracia\u00bb. VIII. Presentaci\u00f3n de <\/em>Conversaciones entre alquimistas<em>. IX. Utop\u00eda, Salvat Papasseit. X. Nicos Kazantzakis\/ Martin Scorsese, <\/em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<em> (1999).<br \/>\n<\/em><em>Anexo 1. Editores, escritores.<br \/>\n<\/em><em>Anexo 2. C\u00f3mo debe ser la divulgaci\u00f3n para no degradar el conocimiento cient\u00edfico y cumplir su funci\u00f3n en el desarrollo social.<br \/>\n<\/em><em>Anexo 3. Perfil Humanidades, encuesta UPF, 2009.<\/em><\/p>\n<h3>I. Ep\u00edlogo a <em>El peso del humo<\/em><\/h3>\n<p><em>Ep\u00edlogo de <\/em>El peso del humo. Libro de Horas Profanas<em> de Javier Delgado (Zaragoza, 1988). El texto de FFB est\u00e1 fechado en diciembre de 1987.<\/em><\/p>\n<p>Hace diez o quince an\u0303os, cuando las asambleas pu\u0301blicas eran el pan nuestro cotidiano de la ciudadani\u0301a resistente, habi\u0301a una palabra maravillosa que llego\u0301 a estar en boca de casi todos los que se adelantaban para decir algo. Esa palabra era \u00abcompan\u0303ero\u00bb. Es verdad que habi\u0301a en su uso una punta de formalismo y tambie\u0301n es verdad que no todos aquellos de quienes se deci\u0301a eran precisamente \u00abcompan\u0303eros del alma\u00bb. Y, adema\u0301s, el constante resobe de la palabra acabo\u0301 prostituye\u0301ndola, como siempre ha ocurrido con los grandes sustantivos y adjetivos de nuestra cultura que se van y se vienen a cada vuelta de la noria movida por los asnos que somos. Tanto es asi\u0301 que hubo un momento en el que las personas sensibles \u2013esas personas que cuando tienen algo que decir se adelantan y callan\u2013 empezaron a sentir hasti\u0301o cada vez que se oi\u0301an llamar \u00abcompan\u0303ero\u00bb en vano, un hasti\u0301o parecido al que ahora empiezan a sentir las personas sensibles ante la palabra libertad pronunciada con el prepotente guin\u0303o dogma\u0301tico de quienes niegan que pueda existir alguna otra forma de libertad que no sea la otorgada en el mundo de los que mandan.<\/p>\n<p>Se fue. pues, pasando del uso y del abuso de la palabra al olvido del compan\u0303erismo. Y ahora, desde que se descubrio\u0301 la nueva verdad posmoderna segu\u0301n la cual la vanguardia es el mercado \u2013otro Mediterra\u0301neo por el que vuelven a navegar sin obsta\u0301culo el capitalismo salvaje y el individualismo\u2013 aquella palabra maravillosa parece haber quedado recluida por el momento en esa reserva de indios que son los pequen\u0303os y hasta marginales grupos en que sobrevive la cultura obrera. De ellos la retomo para entrar en este libro de Javier Delgado. Sencillamente con la intencio\u0301n de hacerle compan\u0303i\u0301a. Porque Javier Delgado es para mi\u0301, si\u0301, compan\u0303ero del alma.<\/p>\n<p>Aunque no tengo ninguna seguridad sobre ello, sospecho al menos que lo que cumple a la hora de hacer compan\u0303i\u0301a, o sea, a la hora de arrimar el hombro en un libro de poesi\u0301a cuya poe\u0301tica se comparte, es hablar \u2013lo ma\u0301s brevemente posible\u2013 al final del mismo. No para quedarse con la u\u0301ltima palabra o para hacer la consabida si\u0301ntesis (que todo eso seri\u0301a propio de aquellos otros \u00abcompan\u0303eros\u00bb que nos aburri\u0301an y que no eran del alma precisamente), sino para que el lector que llega al final del poemario sepa que el poeta no esta\u0301 solo y pueda por otra parte, si\u0301 asi\u0301 le place, saltarse el epi\u0301logo sin ninguna mala conciencia, a sabiendas simplemente de que lo que el libro iba a decirle se lo ha dicho ya en lo lei\u0301do.<\/p>\n<p>El amable lector que, a pesar de esta advertencia, ya sea por amistad, ya por cinismo bien entendido o por la inconfesable atraccio\u0301n hacia los caracteres impresos que sienten los heridos de letra \u2013razones habituales y, por lo dema\u0301s, casi u\u0301nicas razones para leer epi\u0301logos\u2013, decidiera adentrarse en el par de pa\u0301ginas que siguen queda infamado de que quien esto escribe es igualmente consciente de estar metie\u0301ndose en un jardi\u0301n vestido con camisa de once varas, al lanzarse desde la declaracio\u0301n de compan\u0303erismo a la declaracio\u0301n de solidaridad con una poe\u0301tica. Pero el hipo\u0301crita lector sabra\u0301 tambie\u0301n a estas alturas que para eso esta\u0301n los amigos. Y lo que para los efectos es tan importante como lo anterior: que para eso esta\u0301n los jardines y las camisas de once varas. Para meterse en ellos y en ellas. Vamos alla\u0301.<\/p>\n<p>Quienes conocen a Javier Delgado so\u0301lo por su trabajo como publicista o so\u0301lo por su constante y tranquilizadora presencia en tantas manifestaciones poli\u0301ticas durante la dictadura del general Franco y en lo que ha dado en llamarse \u00abla transicio\u0301n\u00bb tal vez se hayan sorprendido ahora por la forma, el estilo y la tema\u0301tica de <em>El peso del humo<\/em>. Quiero pensar, sin embargo, que quienes le conocen de cerca y de verdad no habra\u0301n encontrado motivos par la sorpresa. Disentira\u0301n acaso de su poe\u0301tica, o de la tema\u0301tica elegida, o de la forma en que el tema cobra aqui\u0301 vida poe\u0301tica, o de todas esas cosas a la vez (lo que, desde luego, espero que no ocurra), pero difi\u0301cilmente se sentira\u0301n sorprendidos por esta reflexio\u0301n que ha tomado cuerpo en un \u00ablibro de horas profanas\u00bb. Pues en e\u0301l esta\u0301n, como concentradas, muchas de las virtudes que tantos hemos apreciado desde siempre en Javier: la sensibilidad para captar la forma presente de las antinomias vitales permanentes, el gusto por lo bien hecho, la ironi\u0301a, el fino humor para dar con la puerta en las narices a las contradicciones insalvables y a los agobios evitables.<\/p>\n<p>Desde hace mucho tiempo son habituales en nuestra literatura dos formas contrapuestas de profanacio\u0301n, parcialmente recogidas en los diccionarios. Una de ellas, consustancial al anticlericalismo que siempre acompan\u0303a al histo\u0301rico y pesado dominio de cle\u0301rigos e inquisidores, responde al sentido peyorativo e incluso truculento que por lo general se da al te\u0301rmino: cri\u0301tica irrespetuosa y escarnecedora de lo sagrado. Pero, aunque tal vez no tenga tanta tradicio\u0301n como el escarnio y el sarcasmo de lo sagrado, hay otro modo de acercarse a ello desde fuera, otra manera que nada tiene que ver con el anticlericalismo porque de entrada prefiere ignorar a los cle\u0301rigos. Esta profanacio\u0301n neutra \u2013si se me permite hablar asi\u0301\u2013 es en realidad secularizacio\u0301n, ma\u0301s o menos respetuosa y de ningu\u0301n modo escarnecedora, de temas y to\u0301picos propios de la religiosidad (cato\u0301lica en nuestro caso), es dia\u0301logo, conscientemente buscado, con las rai\u0301ces de una cultura que no siempre se sigue compartiendo pero que quien practica la profanacio\u0301n considerara\u0301 al menos como elemento formativo de lo que e\u0301l mismo ha llegado a ser.<\/p>\n<p>Don Antonio Machado insistio\u0301 mucho en la rai\u0301z u\u0301ltima inconscientemente religiosa de la profanacio\u0301n en su sentido peyorativo, pero en cambio se fijo\u0301 menos en esta otra profanacio\u0301n positiva que se inspira, con respeto y con distancia, en temas centrales del cristianismo de nuestra infancia, en esos temas que \u2013para entendernos sin necesidad de un largo discurso\u2013 podemos seguir explicando a nuestros hijos sin disgusto quienes no somos ya creyentes.<\/p>\n<p>Y se comprende que Antonio Machado se fijara ma\u0301s en aquella forma de profanar que en esta otra porque los aires que entonces corri\u0301an por el ruedo ibe\u0301rico se prestaban poco a las racionalizaciones. Adema\u0301s, esta otra forma de profanar difi\u0301cilmente enlaza con la concepcio\u0301n ago\u0301nica y con el sentido eminentemente tra\u0301gico de nuestros grandes profanadores. Una profanacio\u0301n que al incorporar el tema de la muerte se permite cierto distanciamiento autoiro\u0301nico \u2013\u00ab\u00bfQue\u0301 hace un marxista \/ cuando su voz se quema \/ como un papel en medio de la noche? \/ \u00bfQue\u0301 hace un marxista \/ gritando a los muertos?\u00bb\u2013 revela que el dia\u0301logo y la controversia domina sobre el espi\u0301ritu ago\u0301nico. Y. efectivamente, todo parece estar indicando que esta otra forma de profanar que nos ofrece Javier Delgado en su libro de horas es ma\u0301s racional y tolerante, menos creyente, ma\u0301s esce\u0301ptica \u2013\u00abpensar como un esce\u0301ptico\u00bb\u2013, con ma\u0301s vocacio\u0301n ilustrada. Es otra forma de profanar que a sabiendas de que la cultura laica sigue floja en los asuntos existenciales de fondo no se entrega ni se deja llevar a la reconciliacio\u0301n: incorpora temas nada habituales en la cultura propia, los discute, los piensa desde un a\u0301ngulo inesperado. Y no por ello renuncia a la pra\u0301ctica, al hacer (\u00abactuar con pasio\u0301n\u00bb).<\/p>\n<p>Se dira\u0301 que esta poe\u0301tica tiene delante el riesgo de la hibridez, de la mezcla tema\u0301tica y del enredo entre tradiciones diversas. A lo cual se puede responder con una pregunta de Walter Benjami\u0301n, quien en una circunstancia anterior propuso ya adoptar desde el punto de vista materialista los temas de meditacio\u0301n que la regla mona\u0301stica sen\u0303alaba a los hermanos: \u00ab\u00bfPor que\u0301 u\u0301nicamente los idealistas van a poder andar en la cuerda floja en tanto que se proscribe la cuerda floja materialista?\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>II. Para la presentaci\u00f3n de <em>La prueba del nueve<\/em><\/h3>\n<p><em>C\u00edrculo de Bellas Artes, Madrid, 1995, escrito fechado en Barcelona el 2\/II\/95. El libro se public\u00f3 a finales de 1995.<\/em><\/p>\n<p>Seguramente se preguntar\u00e1n ustedes qui\u00e9n soy yo para estar aqu\u00ed, en la presentaci\u00f3n de una antolog\u00eda po\u00e9tica. As\u00ed que deber\u00eda empezar por contestar a eso.<\/p>\n<p>Soy un profesor de historia de las ideas, que se ha ocupado sobre todo de filosof\u00eda moral y pol\u00edtica; un ciudadano apasionado de la \u00e9tica-pol\u00edtica, de la pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo, en la acepci\u00f3n con la que naci\u00f3 \u00e9sta en el mundo antiguo, en la acepci\u00f3n recuperada durante la crisis cultural del renacimiento por los padres de la filosof\u00eda pol\u00edtica y de la historia moderna, y vuelta de actualidad de nuevo, en la gran crisis de nuestro siglo, por Antonio Gramsci.<\/p>\n<p><em>No un profesor de historia de las ideas que, adem\u00e1s, lee poes\u00eda, sino un amante de la historia razonada de las ideas que busca ideas, e incluso anticipaciones ideales, en los poetas. Eso querr\u00eda ser yo. Y por eso, supongo, estoy aqu\u00ed<\/em>[1].<\/p>\n<p>Hay, desde luego, muchas razones para leer poes\u00eda sin ser uno poeta pero preocup\u00e1ndose por la historia de las ideas. No pretendo enumerar aqu\u00ed todas esas razones. Ser\u00eda tonto pretender tanto. Y presuntuoso querer meterse en la cabeza y en el coraz\u00f3n de los dem\u00e1s. Lo dir\u00e9, pues, en primera persona del presente de indicativo. Tengo tres razones para leer poes\u00eda. Tres razones que se me han ido configurando con el tiempo y se me han hecho fuertes con la edad.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n es que leer poes\u00eda se me antoja una buena manera, si no la mejor, de arrimar el hombro al inagotable combate en favor de la recuperaci\u00f3n del buen sentido, del sentido preciso y riguroso, de las palabras en la lengua propia de uno, en favor del renacimiento cultural. Hoy nos quejamos mucho, y con motivo, de la perversi\u00f3n del lenguaje en los principales medios de comunicaci\u00f3n, de la prostituci\u00f3n de las grandes palabras. Pero hay que saber: esta queja contra la barbarizaci\u00f3n viene de muy lejos y lleva el camino de ser eterna. Es una queja que se puede encontrar ya en los mejores momentos de las culturas antiguas. Y no necesariamente cuando las culturas se ponen melanc\u00f3licas. Raz\u00f3n por la cual si uno se limita a unir su voz al coro de las jerem\u00edadas en boga corre el riesgo de dar un espect\u00e1culo s\u00f3lo c\u00f3mico, de aparecer como el que se pone a rasgarse unas vestiduras que estaban ya hechas jirones hace demasiado tiempo.<\/p>\n<p>Una propuesta positiva para elevarse por encima de las jeremiadas y hacer algo en favor del buen uso de las lenguas podr\u00eda ser \u00e9sta: hablar como la mayor\u00eda y entender las palabras con las que hablamos en la acepci\u00f3n que les da la minor\u00eda. \u00abDemocracia\u00bb, \u00abLibertad\u00bb, \u00abFraternidad\u00bb, \u00abPaz\u00bb \u00abAmor\u00bb, \u00abHumanidad\u00bb (\u00abcuidado\u00bb, \u00abdesconsuelo\u00bb, \u00abcolectividad\u00bb, \u00ablevedad\u00bb, \u00abatrevimiento\u00bb, \u00abfervor\u00bb, \u00abdepuraci\u00f3n\u00bb , y todo eso) volver\u00edan a tener el significado que un d\u00eda tuvieron.<\/p>\n<p>El consejo este de usar las palabras de la mayor\u00eda en la acepci\u00f3n que las da la minor\u00eda no es m\u00edo, naturalmente. Es antiguo. Se dio en 1497, al comienzo de una obra ins\u00f3lita de un personaje tan inc\u00f3modo como insuficientemente conocido entre nosotros. Estoy hablando de la <em>Sencillez de la vida cristiana<\/em> de Girolamo Savonarola[2], el predicador y profeta de los \u00abdesesperados\u00bb, como se le llam\u00f3, en la Florencia de los M\u00e9dicis, en la Florencia de la crisis de civilizaci\u00f3n del final del siglo XV, con una de las pocas palabras castellanas, por cierto, que otros idiomas europeos han tomado en pr\u00e9stamo.<\/p>\n<p>En el escribir de los poetas para la inmensa minor\u00eda encuentro yo la traducci\u00f3n pr\u00e1ctica de aquel consejo de Savonarola, que fue, no hay que olvidarlo, una de las primeras v\u00edctimas del fundamentalismo europeo, del m\u00e1s culto que haya habido, del fundamentalismo que s\u00f3lo acepta la forma propia de \u00abmodernidad\u00bb y manda preventivamente a la hoguera a los fundamentalistas que considera representativos del pasado. Veo en la poes\u00eda en general un rasgo que me parece muy apreciable, sobre todo en estos tiempos: conservaci\u00f3n, con contenci\u00f3n sentimental, del significado preciso de las palabras m\u00e1s usadas por las gentes. No me parece casualidad la b\u00fasqueda por tantos fil\u00f3sofos actuales de la compa\u00f1\u00eda de la poes\u00eda o, incluso, la derivaci\u00f3n hacia la poes\u00eda de una parte cualitativamente importante de la filosof\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Esta primera raz\u00f3n deber\u00eda servir para justificar mi presencia en la presentaci\u00f3n de un poemario o de una antolog\u00eda po\u00e9tica. Pero no estamos aqu\u00ed en la presentaci\u00f3n de una antolog\u00eda cualquiera. De modo que querr\u00eda a\u00f1adir otras dos razones de historiador metido a fil\u00f3sofo en favor no s\u00f3lo de la forma po\u00e9tica en general sino de la poes\u00eda que se recoge en <em>La prueba del nueve<\/em>.<\/p>\n<p>Mi segunda raz\u00f3n tiene que ver con el car\u00e1cter anticipatorio que, en mi opini\u00f3n, tiene la poes\u00eda precisamente en tanto que memoria del sentido originario de las palabras. De las dos formas de ser \u00aboriginales\u00bb habitualmente admitidas por nuestra lengua actual creo que la buena es tambi\u00e9n la de los poetas cuya originalidad consiste en volver al origen de las palabras, porque esto nos hace ver a los dem\u00e1s el sentido de la comprensi\u00f3n minoritaria de los conceptos m\u00e1s usados.<\/p>\n<p>Saber esto y practicarlo equivale a someterse a una cura de humildad. Humildad siempre dif\u00edcil cuando hablamos de y con literatos, de y con letraheridos. Esperanza L\u00f3pez Parada lo ha dicho muy bien citando un verso de Vicente Valero, que recoge tambi\u00e9n Antonio Ortega en la Introducci\u00f3n a <em>La prueba del nueve<\/em>: No hay m\u00e1s sabidur\u00eda que la humildad.<\/p>\n<p>Exactamente con estas palabras lo dijo tambi\u00e9n Girolamo Savonarola en la crisis del final del siglo XV.<\/p>\n<p>As\u00ed que volvemos al origen; en este caso al origen de lo que llamamos modernidad. Algo que sab\u00eda muy bien T. S. Eliot. Veo en esta \u00absabidur\u00eda de la humildad\u00bb un rasgo compartido por los poemas y los poetas que componen La prueba del nueve, un rasgo que les exime de ser \u00aboriginales\u00bb en la otra acepci\u00f3n, m\u00e1s usada, de la palabra. Entiendo que se anticipa, que se ven venir las cosas, siendo originales en el sentido de recuperar el sentido originario de las palabras. Y que \u00e9sta, y no la \u00aboriginalidad\u00bb formal, o sea, la b\u00fasqueda constante de nuevas nader\u00edas, es la verdadera base material, ahora y siempre, de lo que llamamos vanguardias. Para hablar con propiedad habr\u00eda que decir, pues, que la vanguardia de cada \u00e9poca hist\u00f3rica es seguramente el punto de vista, el \u00e1ngulo de la mirada que mejor traduce esta sabidur\u00eda de la humildad. Una de las traducciones que en nuestra \u00e9poca se ha dado a este sentir fue la palabra de Bertolt Brecht: <em>Lo simple es lo dif\u00edcil<\/em>.<\/p>\n<p>\u00c9se, por ejemplo, es el camino que sigue ahora, con no poca autoiron\u00eda, mi amigo Jorge Riechmann[3], uno de los nueve, que, adem\u00e1s, tiene el m\u00e9rito de recordarnos de vez en cuando c\u00f3mo y por d\u00f3nde hay que criticar a Brecht.<\/p>\n<p>Al hablar as\u00ed tampoco ignoro las diferencias, patentes, derivadas tal vez de las distintas maneras de entender esto que desde hace tanto tiempo llamamos humildad. En cualquier caso, la forma contempor\u00e1nea de esta sabidur\u00eda de la humildad ha vivido ya las tremendas manipulaciones de las mayor\u00edas por las minor\u00edas a lo largo del siglo XX. Por eso hay que ser precavidos. Una forma razonable y consciente de corregir el viejo dicho savonaroliano sobre mayor\u00edas y minor\u00edas que est\u00e1 en el origen de la modernidad ser\u00eda \u00e9sta: hablar como la mayor\u00eda entendiendo los conceptos (en su significaci\u00f3n originaria) como la minor\u00eda para que las palabras no se vuelvan, manipuladas, contra la mayor\u00eda que las emplea, o sea, para oponerse a la manipulaci\u00f3n de las mayor\u00edas por las minor\u00edas. Tal es la forma del compromiso, necesario, que, por encima de las diferencias de estilo, talante y orientaci\u00f3n, veo yo en los nueve poetas de <em>La prueba del nueve<\/em>. Raz\u00f3n ya suficiente para acompa\u00f1arles aqu\u00ed.<\/p>\n<p>La tercera raz\u00f3n que tengo que aducir en favor de <em>La prueba del nueve<\/em> es personal, parcial, sentimental: el conocimiento y la amistad con varios de los poetas incluidos por Antonio Ortega en esta antolog\u00eda y el gusto que me produce la poes\u00eda que escriben. Entre 1983 y 1990, durante siete largos a\u00f1os de ir y venir entre Valladolid y Barcelona, de estar entre Vallacelona y Barcelonid, he tenido la oportunidad de conocer a varios de los nueve (a Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s, a Miguel Casado, a Miguel Su\u00e1rez, a Ildefonso Rodr\u00edguez) y de leer a los dem\u00e1s en el ambiente de aquella magn\u00edfica experiencia cultural vallisoletana que se llam\u00f3 <em>Un \u00e1ngel m\u00e1s<\/em>, antecesora de <em>El signo del gorri\u00f3n<\/em>. \u00abQu\u00e9 lejos de aqu\u00ed\/ los d\u00edas que fueron como nidos\u00bb. Con Jorge, que vive ahora en Barcedrid o en Marcelona, y con Concha, que ha cambiado una rambla cordobesa por otra barcelonesa coincido ahora, de vez en cuando, en los martes literarios de ese otro amigo de poetas que es Jos\u00e9 Batll\u00f3.<\/p>\n<p>De la amistad y del conocimiento de estos a\u00f1os me ha nacido una muy determinada conformaci\u00f3n del gusto para cuya declaraci\u00f3n confieso no tener las palabras adecuadas; pero tambi\u00e9n me han nacido las ganas de conocer mejor la forma po\u00e9tica de las ideas de los nueve.<\/p>\n<p>Quisiera decir aqu\u00ed que a trav\u00e9s de ellos he descubierto un tipo de veracidad en la que cada vez pienso m\u00e1s a menudo: la veracidad resultante de esta mirada indirecta sobre las ideas, de esta otra elaboraci\u00f3n del sentimiento humano en otro final de siglo en el que parece que todo lo vivo se encoge, \u00abtrata de ovillarse\u00bb, para decirlo con la palabra sensible de Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s.<\/p>\n<p>Tiendo a leer la referencia personal \u2013individual, vivida\u2013 a la memoria, \u00abansiosa cual la sed\u00bb, y la pregunta (que se hace Ildefonso Rodr\u00edguez) acerca del \u00abd\u00f3nde juntarse entonces\u00bb, o la pregunta de Juan Carlos Su\u00f1\u00e9n sobre \u00abc\u00f3mo dormir luego entre la amante y la tarea\u00bb, o la pregunta de Esperanza, cuando se inquieta , duda, y \u00abno oye a ninguno\u00bb, tiendo a entenderlas, digo, estas referencias a la memoria, dudas y preguntas, en el sentido de una invitaci\u00f3n, tambi\u00e9n, al libre volar de la memoria colectiva y al humano, fraternal, luchar contra un \u00e1ngel o interpretar el venir de la alondra; en ese sentido colectivo tan expl\u00edcito en \u00abPatria de cal\u00bb del m\u00e1s joven de los nueve, Vicente Valero, cuando dice que \u00abuna patria tambi\u00e9n es la memoria\/ ardiendo en cada sue\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Hay, desde luego, entre los nueve, muchas formas posibles de \u00absentir en la ingle\/ el fr\u00edo de las llaves\u00bb, de entender el humano rendirse al sue\u00f1o, o de quedarse \u00abprendidos en la cerrada luz de los cuartos\u00bb (Esperanza L\u00f3pez Parada). Tambi\u00e9n eso lo ha dicho Antonio Ortega.<\/p>\n<p>Pero, a pesar de todo, en la diferencia, me interesa destacar aqu\u00ed, en la medida de lo posible, el talante com\u00fan. Esta veracidad, retrospectiva o anticipatoria, que encontrar\u00e1 el lector atento en la \u00abperseverancia del desaparecido\u00bb, veracidad derivada del hecho de que a pesar de que todos hayamos muerto alguna vez, algunos insistan, como dice Miguel Su\u00e1rez, sin avergonzarse lo suficiente. En esta \u00abperseverancia del desaparecido\u00bb; y en el reconocimiento de que, aunque nos pesa vivir y nos pesa la conciencia constante de ello, nuestra historia ha sido \u00abaprender juntos lo mismo\/ las gotas de jugo agridulce\u00bb y los \u00abactos inanes\u00bb, de la suma de los cuales, al final del \u00abfalso movimiento\u00bb, \u00absurge la maravilla\u00bb (Miguel Casado); y en ese hermoso poema de Concha Garc\u00eda titulado \u00abLa derrota da pruebas de que estamos vivos\u00bb; y en el \u00abno rendirse al sue\u00f1o\/ de luchar contra un \u00e1ngel\u00bb (Juan Carlos Su\u00f1\u00e9n); y en \u00abel predicar la raz\u00f3n\/ como una puta pobre\u00bb a \u00ablos infieles inquilinos\/ del mejor de los mundos posibles\u00bb (Jorge Riechmann), veo yo una apuesta, que aprecio de verdad y que quisiera que ganaran los poetas: una apuesta en favor de la \u00e9tica de la resistencia. Espero yo tambi\u00e9n, que los dem\u00e1s, presentes y ausentes, os reconozcan \u00aben la herida heredada y veraz de vuestras f\u00e1bulas\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>III. Sobre Bertolt Brecht<\/h3>\n<p><em>Conferencia dictada en la Facultad de Humanidades de la UPF, 28\/IV\/98.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">1. Los motivos por los cuales cada cual ama a los cl\u00e1sicos literarios son tan distintos, tan variados, y a veces tan cambiantes con el tiempo, que generalizar en esto es siempre meterse en camisa de once varas. Pasa como con las afinidades electivas. As\u00ed es que, para no meterme en camisa de once varas, dir\u00e9 s\u00f3lo algunos de los motivos personales por los cuales <em>Bertolt Brecht es, de entre los cl\u00e1sicos del siglo XX, mi preferido<\/em>[4].<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">2.<\/p>\n<p>2.1. El primer motivo que a mi me hizo apreciar la obra de BB fue la agudeza con que siempre, desde <em>La boda de los peque\u00f1os burgueses<\/em> hasta el <em>Galileo Galilei<\/em>[5] y <em>El soldado Schwejk (\u0160vejk) en la segunda guerra mundial<\/em>, hizo estallar las contradicciones ocultas o inexploradas en los comportamientos t\u00edpicos de la cultura dominante en su \u00e9poca.<\/p>\n<p>He visto siempre en la obra de BB algo as\u00ed como un intento de volver del rev\u00e9s el calcet\u00edn de la historia para mostrar el lado oculto de los t\u00f3picos, de los idola y de las perogrulladas de nuestra cultura, de tal manera que su sarcasmo nos hace repensar incluso las grandes palabras y los grandes conceptos que parecen fuera de toda duda. Sobre esto que digo hay cosas interesant\u00edsimas y agud\u00edsimas en <em>Las historias del calendario<\/em> y en los <em>Di\u00e1logos de fugitivos<\/em>.<\/p>\n<p>2.2. El segundo motivo fue el car\u00e1cter dial\u00e9ctico o dial\u00f3gico de su pensamiento. Su idea de que la verdad, donde hay verdad, brota siempre del contraste, del conflicto entre clases sociales, entre hombres y en el interior de las personas.<\/p>\n<p>Hay una an\u00e9cdota muy significativa en este sentido que cuenta \u00e9l mismo en los <em>Diarios de trabajo<\/em> [1954]. Brecht sobre Einstein, Leopold Infeld: \u00abNo tiene interlocutor. \u00bfCon quien lo va a hacer dialogar?\u00bb y <em>Galileo Galilei<\/em>.<\/p>\n<p>2.3. El tercer motivo que creo muy apreciable en Brecht es su defensa de lo que llam\u00f3 \u00abpensamiento crudo\u00bb: esa idea, varias veces repetida a lo largo de su obra, de que \u00ablo simple\u00bb, lo sencillo, es, frente a lo que se piensa habitualmente, \u00ablo dif\u00edcil\u00bb; y, por eso mismo, aquello a lo que hay que aspirar. Esta defensa suya de lo simple y del pensamiento crudo no es, como todav\u00eda se dice a veces, mero didactismo o mera idealizaci\u00f3n de los de abajo en la escala social (defensa del \u00absimple\u00bb o de la \u00abgente simple\u00bb). Es una forma, al mismo tiempo muy personal y muy siglo XX, de enlazar aristocraticismo de la inteligencia y atracci\u00f3n por lo popular, como quien dijera \u00ablos extremos <em>me<\/em> tocan\u00bb, frente al t\u00f3pico \u00ablos extremos <em>se<\/em> tocan\u00bb.<\/p>\n<p>Desde ah\u00ed se comprende bien, creo, la recuperaci\u00f3n\/recreaci\u00f3n que BB hizo de uno de los personajes literarios m\u00e1s conmovedores del siglo XX, el \u00abvaleroso soldado Schwejk\u00bb de Hasek. De \u00e9l dijo Brecht: \u00abno es un astuto saboteador, es un oportunista que aprovecha las \u00faltimas oportunidades que se le brindan, y por eso su sabidur\u00eda es aplastante, su indestructibilidad le convierte en inagotable de explotaci\u00f3n y a la vez en terreno propicio para la liberaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>2.4. Y el cuarto motivo por el BB es mi cl\u00e1sico preferido entre los cl\u00e1sicos del siglo XX es la seriedad de su humor, la autoiron\u00eda con que \u00e9l mismo se meti\u00f3 en esa vuelta del calcet\u00edn de la historia: \u00abEn los terremotos del futuro conf\u00edo no dejar que se apague mi puro de Virginia por exceso de amargura\u00bb, escribi\u00f3 en <em>La balada del pobre BB<\/em>. Creo que es esa mezcla de puercoesp\u00edn doblado de mimosa[6], que BB hizo tanto por cultivar, lo que le convierte en un contempor\u00e1neo tan sugestivo, con independencia de lo que hoy se piense de sus ideas pol\u00edticas o de la pose c\u00ednica con que a veces se present\u00f3 incluso ante los m\u00e1s pr\u00f3ximos. Una de las \u00faltimas ingenuidades que se han cometido al escribir sobre BB es descubrir en \u00e9l algo as\u00ed como un c\u00ednico en el sentido peyorativo de la palabra. De vivir \u00e9l, su risa ante una cosa as\u00ed hubiera tapado, me imagino, las supuestas revelaciones biogr\u00e1ficas en ese sentido.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">3. Quisiera leerles ahora unos breves fragmentos de los poemas y canciones que escribi\u00f3. He seleccionado tres que me tocaron la primera vez que los le\u00ed y que me siguen tocando ahora.<\/p>\n<p><strong>Canci\u00f3n de la buena gente<br \/>\n<\/strong>A la buena gente se la conoce<br \/>\nen que resulta mejor<br \/>\ncuando se la conoce. La buena<br \/>\ngente invita a mejorarla, porque<br \/>\n\u00bfqu\u00e9 es lo que a uno de hace sensato? Escuchar<br \/>\ny que le digan algo<br \/>\nCuando se acude a ellos, siempre se les encuentra.<br \/>\nSe acuerdan de la cara que ten\u00edan<br \/>\ncuando les vimos por \u00faltima vez.<br \/>\nPor mucho que hayan cambiado<br \/>\n\u2013y ellos son los que m\u00e1s cambian\u2013<br \/>\na\u00fan resultan m\u00e1s reconocibles.<br \/>\nCometen errores y re\u00edmos,<br \/>\npues si ponen una piedra en lugar equivocado,<br \/>\nvemos, al mirarla,<br \/>\nel lugar verdadero.<\/p>\n<p><strong>Loa de la duda. A los hombres futuros<br \/>\n<\/strong>Verdaderamente, vivo en tiempos sombr\u00edos.<br \/>\nEs insensata la palabra ingenua. Una frente lisa<br \/>\nrevela insensibilidad. El que r\u00ede<br \/>\nes que no ha oido a\u00fan la noticia terrible<br \/>\na\u00fan no le ha llegado.<\/p>\n<p><strong>Cambio de rueda (1953)<br \/>\n<\/strong>Estoy sentado al borde de la carretera,<br \/>\nel conductor cambia la rueda.<br \/>\nNo me gusta el lugar de donde vengo.<br \/>\nNo me gusta el lugar adonde voy.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 miro el cambio de rueda<br \/>\ncon impaciencia?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>IV. Para la presentaci\u00f3n del libro de Rafael Argullol, <em>El cazador de instantes. cuaderno de traves\u00eda: 1990-1995<\/em><\/h3>\n<p>1. Es una alegr\u00eda para m\u00ed estar hoy aqu\u00ed acompa\u00f1ando a Rafael Argullol en la presentaci\u00f3n de su \u00faltimo libro, <em>El cazador de instantes<\/em>.<\/p>\n<p>Compart\u00ed con Rafael algunas de esas aventuras de j\u00f3venes que suelen dejar huella en la memoria selectiva de las personas. Aventuras pol\u00edticas y pol\u00edtico-culturales en las que aprendimos, creo, a hilvanar un di\u00e1logo en tiempos en los que dialogar entre los nuestros no era cosa f\u00e1cil. Me refiero, sobre todo, aunque no s\u00f3lo, a aquella traves\u00eda (no s\u00e9 si del desierto en este caso, o de un oc\u00e9ano recien descubierto) que representaron, o imaginaron representar, la revista <em>Materiales<\/em> y la revista <em>mientras tanto<\/em> en sus inicios.<\/p>\n<p>Hace de eso ya veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p>2. Pero lo que es m\u00e1s importante para m\u00ed: es motivo de alegr\u00eda comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, y habiendo ambos cambiado, como no pod\u00eda ser de otra manera, puedo compartir hoy con Rafael un concepto de la memoria muy similar, muy pr\u00f3ximo. Veo con satisfacci\u00f3n que el cazador de instantes, en su traves\u00eda de 1990 a 1995, ha logrado dibujar algo as\u00ed como un punto de equilibrio entre memoria y olvido desde el que se puede hablar de la nostalgia con distancia pero sin acritud, y de los muertos, de nuestros muertos, sin hagiograf\u00eda pero con respeto.<\/p>\n<p>3. Apruebo esto \u00faltimo. Y hasta deber\u00eda decir que me emociona, porque corren tiempos en los que se ha hecho moda destruir todos los espejos en los que una generaci\u00f3n se mir\u00f3 un d\u00eda, todos los espejos menos aquel, precisamente, en el que se miraba la hermanastra boba de la Cenicienta, o sea: nuestro propio espejo, el que nosotros mismos hemos fabricado, el que da la imagen que nos conviene, la imagen que queremos que d\u00e9 nuestro lado bueno.<\/p>\n<p>Por eso, de todas las reflexiones que hay en este libro excelente de Rafael me voy a quedar provisionalmente con una, la 202, que dice as\u00ed: \u00abDeber\u00edamos reinstaurar el culto a los muertos. Esta medida puede parecer anticuada para una \u00e9poca que trata a la muerte con tanta ocultaci\u00f3n, con tanto disimulo, con tanta conciencia de su inutilidad. Con tanto miedo, en suma. Pero si se medita bien se comprender\u00e1 que es una necesidad perfectamente actual. No podemos permitirnos el suicidio de cortar definitivamente las venas por las que circula <em>la sangre de la memoria<\/em>. Deber\u00edamos honrar a los muertos. No tanto por ellos sino por nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>4. He le\u00eddo con gusto, y no por oficio o por obligaci\u00f3n, como los del gremio del filosofar tenemos que hacer a veces, <em>El cazador de instantes<\/em>, porque veo en \u00e9l la renovaci\u00f3n de tradiciones que me son muy queridas. Como se ha hablado ya, o se hablar\u00e1 aqu\u00ed, de ellas no voy a extenderme en este punto. Es mejor que al meterse en la camisa de las onces varas cada cual se meta en aquella que ha contribuido a fabricar (por supuesto, sin la pretensi\u00f3n, por lo dem\u00e1s, corriente, de proclamar la insania de las camisas de once varas que se fabrican, que nos fabricamos. los otros).<\/p>\n<p>Veo en <em>El cazador de instantes<\/em> la renovaci\u00f3n de la mirada leopardiana que desde hace a\u00f1os viene caracterizando la reflexi\u00f3n est\u00e9tica y \u00e9tica de Rafael. Viejos temas, que nos conmov\u00edan y nos conmueven, en odres nuevos; nueva llama para la siempre vieja y renovada luz que es el cultivo de los sentimientos, la educaci\u00f3n sentimental, que tiene siempre que replantearse en cada \u00e9poca para no recaer en la moral mesopot\u00e1mica.<\/p>\n<p>Leopardiano es el tema de la navegaci\u00f3n como forma de estar en el mundo, omnipresente en el libro desde la portada misma.Y el tema del naufragio. Y la lucha permanente contra el aburrimiento. Y el acercamiento parad\u00f3jico, ambivalente, al papel de las ilusiones en la vida del hombre. Y, c\u00f3mo no, el tema del infinito. Y la audacia en el enfrentamiento con las contradicciones; no con las contradicciones l\u00f3gicas, sino con las contradicciones reales de la vida que siguen haciendo sufrir al l\u00f3gico que ha sabido captar la importancia de una deducci\u00f3n bien construida. Y tambi\u00e9n ese punto de equilibrio, que est\u00e1 por debajo del optimismo y del pesimismo como estados de \u00e1nimos, y que permite entender la vivencia del peligro, la renovaci\u00f3n de los \u00abjuegos temerarios de la infancia\u00bb, como acto de insumisi\u00f3n, naturalmente, discreta.<\/p>\n<p>Al terminar de leer <em>El cazador de instantes<\/em> a uno le ocurre como con la lectura de ciertas partes del <em>Zibaldone<\/em>: a pesar de que en algunos de sus pasos el mundo, nuestro mundo, y la vida, nuestra vida, han sido pintados con tonos m\u00e1s bien negros, se sale de la lectura reconfortados, con ese poso de alegr\u00eda que s\u00f3lo da la veracidad.<\/p>\n<p>Espero haber le\u00eddo el libro bien y que esto de la alegr\u00eda que he dicho al principio y que estoy diciendo ahora no sea s\u00f3lo la impresi\u00f3n moment\u00e1nea de otro instante cazado al vuelo, el de este inicio, maravilloso, de la primavera barcelonesa.<\/p>\n<p>5. No querr\u00eda terminar sin un par de preguntas para seguir hilvanando el viejo di\u00e1logo. Hay en <em>El cazador de instantes<\/em> una alusi\u00f3n recurrente a esa vivencia que es el \u00abdescenso a los infiernos\u00bb. Y junto a ella, otra, que aparece varias veces en el libro: la alusi\u00f3n, tan de Conrad, a \u00abla l\u00ednea del horizonte\u00bb que permanece inalterable. Creo que Rafael nos har\u00eda un favor a todos si aclarara un poco m\u00e1s qu\u00e9 hay que entender, aqu\u00ed y ahora, por \u00abdescender a los infiernos\u00bb y hacia d\u00f3nde mirar, aqu\u00ed y ahora tambi\u00e9n, para ver \u00abla l\u00ednea del horizonte\u00bb que, naturalmente, permanece inalterable, pero que, a pesar de todo, cambia. Tambi\u00e9n ella.<\/p>\n<p>Muchas gracias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>V. Un libro ecu\u00e1nime para una historia fascinante.<\/h3>\n<p><em>Texto no fechado. Probablemente de 2002. Rese\u00f1a de: Paz Serrano Gassent, <\/em>Vasco de Quiroga. Utop\u00eda y derecho en la conquista de Am\u00e9rica<em>. UNED\/FCE, Madrid, 2001.<\/em><\/p>\n<p>Parece como si el destino de las grandes ideas ut\u00f3picas (y en general alternativas) de la humanidad, al menos en el marco de nuestra cultura, fuera siempre hacerse templo, instituci\u00f3n o realidad pol\u00edtico-social <em>en el otro lugar<\/em>: en un lugar frente al cual, o en relaci\u00f3n pol\u00e9mica con el cual, fueron pensadas. Esto es lo que la utop\u00eda comparte con la profec\u00eda. Ya en la Antig\u00fcedad pas\u00f3 algo as\u00ed: para cuajar, las utop\u00edas tuvieron que atravesar el desierto o migrar al centro del Imperio. Y de las utop\u00edas modernas, como de los profetas, puede decirse con verdad que tampoco triunfaron en su tierra de nacimiento. La utop\u00eda de More transmigr\u00f3 a Michoac\u00e1n, a trav\u00e9s de la obra de Vasco de Quiroga, mientras el propio More pagaba con su vida la audacia de su esp\u00edritu cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Vasco de Quiroga fue uno de los personajes m\u00e1s interesantes que dio la Espa\u00f1a de la primera mitad del siglo XVI. Nacido en Madrigal de las Altas Torres, juez y obispo en la Nueva Espa\u00f1a, conocido como \u00abTata Vasco\u00bb por las comunidades ind\u00edgenas, Vasco de Quiroga fund\u00f3 el colegio mixto de San Nicol\u00e1s, en P\u00e1tzcuaro, se preocup\u00f3 por conocer y conservar las lenguas aut\u00f3ctonas y propici\u00f3 una ins\u00f3lita experiencia sociocultural en las tierras de Tacubaya, Michoac\u00e1n y Santa Fe de la Laguna.<\/p>\n<p>Junto con Bartolom\u00e9 de las Casas, y a veces discutiendo con \u00e9l sobre la mejor manera de ayudar a los indios, Quiroga simboliza la sensibilidad del europeo culto que, en el encontronazo de culturas del origen de la modernidad, quiso entender los h\u00e1bitos y la costumbres de <em>los otros<\/em> y defender los derechos de estos otros contra los desmanes de conquistadores y encomenderos. Seguramente por eso todav\u00eda a estas alturas de la historia su actividad en favor de los indios sigue siendo m\u00e1s conocida y estudiada en Am\u00e9rica que en Espa\u00f1a. Las monograf\u00edas disponibles hoy entre nosotros sobre la obra de Vasco de Quiroga se cuentan con los dedos de una mano. Ya por eso es de justicia saludar la oportunidad de este libro de Paz Serrano que sigue las huellas de los trabajos de Silvio Zavala y Marcel Bataillon, entre otros, y que es el resultado de una investigaci\u00f3n de a\u00f1os en la UNED y en la UNAM.<\/p>\n<p>Para el historiador de las ideas, y a\u00fan para el aficionado a la historia, lo m\u00e1s fascinante de la obra de Vasco de Quiroga es que se propuso llevar a la pr\u00e1ctica, desde los a\u00f1os treinta del siglo XVI, la primera gran utop\u00eda renacentista, el ideario del humanista Thomas More. Resulta fascinante porque esta obra prueba que, en algunos casos, los ejercicios de la imaginaci\u00f3n ut\u00f3pica no son en balde, no caen en saco roto, no son s\u00f3lo ensue\u00f1os especulativos totalmente distanciados de lo que la realidad es o de lo que la realidad puede llegar a ser.<\/p>\n<p>Paz Serrano contextualiza y reconstruye el itinerario intelectual que condujo desde el no-lugar inventado por el canciller ingl\u00e9s en su <em>Utop\u00eda<\/em> a los pueblos-hospitales construidos para los amerindios por iniciativa y bajo la supervisi\u00f3n de Vasco de Quiroga. Probablemente \u00e9sta es una de las historias m\u00e1s estimulantes del Renacimiento y del Humanismo. Pues, habiendo nacido aquella primera utop\u00eda moderna de las vagas noticias que More y Erasmo ten\u00edan del nuevo mundo reci\u00e9n descubierto, a trav\u00e9s de los relatos de Vespucci, s\u00f3lo unas pocas d\u00e9cadas despu\u00e9s se convierte, precisamente con Vasco de Quiroga como protagonista, en un proyecto social realizable. Y realizable \u2013ah\u00ed est\u00e1 lo interesante\u2013 justamente en el nuevo mundo, en un lugar cultural y geogr\u00e1ficamente muy pr\u00f3ximo al que More hab\u00eda imaginado para sus amaurotas.<\/p>\n<p>Ya esto es muy indicativo de la naturaleza y del destino de las utop\u00edas modernas: un autor inventa un no-lugar, donde se vive como nos gustar\u00eda que se viviese en nuestras sociedades, y lo hace partiendo de una combinaci\u00f3n entre invenci\u00f3n y tratamiento <em>ad hoc<\/em> de vaporosas noticias sobre un mundo a\u00fan casi desconocido; para ello sit\u00faa la acci\u00f3n en un no-lugar del que sugiere que es en realidad alg\u00fan lugar de Am\u00e9rica y logra as\u00ed agudizar la sensibilidad de los contempor\u00e1neos europeos que empiezan a sentir entonces el malestar de la modernidad. Hasta tal punto que, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, un partidario espa\u00f1ol de la utop\u00eda de More se puede proponer realizarla tal cual en un lugar real, Michoac\u00e1n, que, en cierto modo, podr\u00eda corresponder al no-lugar imaginado por More. Lo hace ya con un conocimiento detallado, que More no pudo tener, de lo que eran los h\u00e1bitos y costumbres de aquellas gentes. La paradoja, notable, es que el cuento moral de More, que hab\u00eda sido escrito para nosotros, los europeos, imaginando lo bien que podr\u00eda irnos si nos decidi\u00e9ramos a vivir como se supon\u00eda que viv\u00edan los amerindios, acaba aplic\u00e1ndose a los americanos, ya no imaginarios sino reales, en nombre de los ideales de otro europeo, tambi\u00e9n cristiano y humanista, que quiere ayudar a los indios con la utop\u00eda de More.<\/p>\n<p>Paz Serrano profundiza en esta hermosa historia y estudia con detalle qu\u00e9 ideas de las expresadas por More en su <em>Utop\u00eda<\/em> interesaron m\u00e1s a Vasco de Quiroga y por qu\u00e9. Y analiza tambi\u00e9n, comparativamente, h\u00e1bitos, costumbres e instituciones imaginadas por More en su <em>Utop\u00eda<\/em> (en contraposici\u00f3n con lo que era entonces la vida de los ingleses y europeos) para subrayar las causas por las cuales, en los pueblos-hospitales de M\u00e9xico, la realidad en construcci\u00f3n que Vasco de Quiroga propugnaba tuvo que separarse del ideario ut\u00f3pico imaginado por el canciller ingl\u00e9s. Tal separaci\u00f3n se produce en funci\u00f3n de un mejor conocimiento de las necesidades de aquellas gentes, pero tambi\u00e9n por efecto de la correlaci\u00f3n de fuerzas que entonces exist\u00eda entre los encomenderos, los evangelizadores y los propios indios.<\/p>\n<p>Se ve as\u00ed, a trav\u00e9s de este an\u00e1lisis comparativo, c\u00f3mo la ambig\u00fcedad de la propuesta ut\u00f3pica, que en More se expresaba mediante su distanciamiento ir\u00f3nico respecto del relato de Hytlodeo, va tomando cuerpo en otra ambig\u00fcedad: la del obispo jurista que se ha trasladado a M\u00e9xico pero que al mismo tiempo tiene la cabeza puesta en los debates que se desarrollan en Espa\u00f1a sobre la colonizaci\u00f3n y los derechos del otro. Resulta de ah\u00ed que Vasco de Quiroga en cierto modo est\u00e1 tambi\u00e9n <em>nepantla<\/em>[7], entre dos culturas, es decir, con el alma dividida entre las implicaciones del universalismo evangelizador y los intereses econ\u00f3mico-pol\u00edticos de la Corona, de un lado, y la convicci\u00f3n de que el lugar de la utop\u00eda igualitaria era justamente el nuevo mundo, de otro. Por eso aquel seguidor ut\u00f3pico de More, Vasco de Quiroga, que es simult\u00e1neamente un protagonista de la colonizaci\u00f3n espa\u00f1ola de Am\u00e9rica, se hace pragm\u00e1tico, se desliza hacia el pragmatismo.<\/p>\n<p>Paz Serrano da muchas pistas para situar a Vasco de Quiroga en el debate hisp\u00e1nico sobre los derechos del otro en los or\u00edgenes de la modernidad. En su libro contrapone aquel pragmatismo (de obispo jurista) al radicalismo (de obispo profeta) de Bartolom\u00e9 de las Casas, pero no admite, en cambio, que la formaci\u00f3n jur\u00eddica de Vasco de Quiroga haya conducido a \u00e9ste, en su vejez, al pragmatismo <em>c\u00ednico<\/em> de tantos otros contempor\u00e1neos suyos que, en la d\u00e9cada de los cincuenta, y siguiendo a Gin\u00e9s de Sep\u00falveda, combatieron en Espa\u00f1a contra el punto de vista lascasiano. Al llegar a este discutido asunto el libro de Paz Serrano tercia en la pol\u00e9mica entre Benno Biermann y Silvio Zavala a prop\u00f3sito de una obra titulada <em>De debellandis indis<\/em>, publicada por Ren\u00e9 Acu\u00f1a, y a veces atribuida a Vasco de Quiroga. Atendiendo al contenido de esta obra, en la que se justifica el hacer la guerra a los indios e incluso su depredaci\u00f3n, habr\u00eda que concluir que, en efecto, de ser suya, Vasco de Quiroga habr\u00eda entrado en contradicci\u00f3n con el prop\u00f3sito que le llev\u00f3 a propiciar el proyecto de los pueblos-hospitales. Yo mismo me dej\u00e9 llevar por esa impresi\u00f3n cuando escrib\u00ed <em>La gran perturbaci\u00f3n<\/em>[8]. Pues bien, otro de los m\u00e9ritos de la investigaci\u00f3n de Paz Serrano es precisamente la solidez de su argumentaci\u00f3n en el sentido de que aquella atribuci\u00f3n tan discutida no se puede mantener a la luz de la comparaci\u00f3n de los textos (p\u00e1gs. 378-389). Un libro ecu\u00e1nime, pues, para una historia fascinante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>VI. Sobre <em>Los maestros de la sospecha<\/em> de Francesc Torralba<\/h3>\n<p>Una de las caracter\u00edsticas de la historia de la filosof\u00eda occidental ha sido siempre elevar a los altares de la historia de la cultura los apotegmas de los grandes pensadores que especularon sobre la esencia de la naturaleza humana y sobre el concepto que los seres humanos se forman de su propia historia, de sus relaciones con otros hombres y con la divinidad. En lo m\u00e1s alto de estos altares suelen estar precisamente aquellos pensadores que han roto con los <em>idola<\/em> por largo tiempo establecidos. La idea de que Marx, Nietzsche y Freud han sido \u00abmaestros de la sospecha\u00bb en el terreno antropol\u00f3gico sigue este h\u00e1bito. Pues, efectivamente, Marx, Nietzsche y Freud escribieron con mucha contundencia cosas que entraban en conflicto con lo que la mayor\u00eda de la gente pensaba en su tiempo sobre la historia de los hombres, sobre la conciencia, sobre la moral, sobre la religi\u00f3n y sobre la mejor forma de estar en el mundo.<\/p>\n<p>Pero, como sugiere Francesc Torralba en este texto[9] que rinde tributo a una expresi\u00f3n de Paul Ricoeur, la sospecha de que los grandes asuntos que preocupan a la humanidad no son como nos los han contando est\u00e1 en el origen mismo y en el desarrollo de toda filosof\u00eda, tanto de las filosof\u00edas que se presentaban con intenci\u00f3n sistem\u00e1tica como de aquellas otras que han preferido el fragmento, la m\u00e1xima o el proceder alusivo. Los maestros del filosofar, y a\u00fan m\u00e1s los historiadores de la filosof\u00eda, suelen oscilar entre el reconocimiento de que siempre andamos a hombros de gigantes (y que, por tanto, lo que sospecharon los grandes de nuestra \u00e9poca tiene siempre antecedentes en las sospechas de otros grandes anteriores) y la afirmaci\u00f3n descarnada de la originalidad irreductible del maestro de la sospecha en el \u00e1mbito de que se trate.<\/p>\n<p>En este \u00faltimo caso se acostumbra a subrayar con mucha fuerza aquellas afirmaciones de los maestros del pensar que m\u00e1s chocan con las tradiciones heredadas, con el saber que parec\u00eda establecido o con lo que pasaba por ser sentido com\u00fan. Quedamos entonces cogidos en la glosa de tal o cual frase sorprendente o demoledora del maestro que sospech\u00f3: sea \u00e9sta que toda la historia de los hombres ha sido historia de la lucha entre las clases sociales, que el hombre es materia en movimiento, que Dios ha muerto o que somos en realidad pura pulsi\u00f3n. Y es natural que quedemos cogidos en esa red porque tambi\u00e9n es h\u00e1bito de los maestros del pensar ratificar a veces, a\u00fan con m\u00e1s fuerza, en la pol\u00e9mica con otros, lo que escribieron descarnadamente en los textos que consideramos objeto de la ex\u00e9gesis. \u00c9sta, la ex\u00e9gesis, se mueve entonces en el campo de juego que ha elegido el maestro y en cierto modo cae en la trampa, por as\u00ed decirlo, de la grandeza de aqu\u00e9llos. Incluso cuando discute con el maestro o con el cl\u00e1sico, el historiador o el ex\u00e9geta acaba aceptando las reglas del juego establecidas por el pensador grande. Y as\u00ed se teje una historia de las ideas que gira sobre los argumentos que elabora ella misma.<\/p>\n<p>Hay otra manera posible en la aproximaci\u00f3n a los maestros de la sospecha que, hablando con propiedad, han sido todos los grandes del pensar: discutir sus supuestos y las conclusiones resumidas en sus apogtemas desde un punto de vista que se les opone, expl\u00edcitamente afirmado o impl\u00edcitamente contenido en el hilo conductor de la cr\u00edtica. Francesc Torralba sigue este camino en su exposici\u00f3n, por lo dem\u00e1s llena de matices, de las ideas de Marx, Nietzsche y Freud. Ese hilo conductor es aqu\u00ed la reafirmaci\u00f3n de la concepci\u00f3n cristiana del mundo y resulta muy patente en los tres casos.<\/p>\n<p>Cabe a\u00fan otra estrategia, derivada de la sospecha ante lo que se ha llamado sospecha. Y este va a ser mi contrapunto. Se basa en dos convicciones.<\/p>\n<p>La primera dice as\u00ed: habr\u00eda que fijarse m\u00e1s en la letra peque\u00f1a (incluso en las notas a pie de p\u00e1gina) que acompa\u00f1a, matiza y a veces corrige lo que los grandes pensadores han escrito en cuerpo mayor en sus textos m\u00e1s conocidos. Y esto por una raz\u00f3n muy sencilla: todos los grandes pensadores, y Marx, Nietzsche y Freud lo son, tienden a enamorarse de sus propias tesis y tienden a corregir la contundencia de sus aseveraciones dialogando con otros que les hacen pensar m\u00e1s, o revisando desde las alturas de la edad los motivos de sus enamoramientos. Esta parte de mi estrategia tiene que ver con lo que se llama cr\u00edtica interna.<\/p>\n<p>La segunda convicci\u00f3n se puede formular de esta manera: desde el siglo de la ciencia, como se ha llamado al siglo XIX, no hay sospecha filos\u00f3fica o antropol\u00f3gica seria que no haya tenido detr\u00e1s algo m\u00e1s que la mera sospecha. Este algo m\u00e1s, para el per\u00edodo de tiempo de referencia, suele ser aquello que tal o cual teor\u00eda cient\u00edfica (biol\u00f3gica, fisiol\u00f3gica, ling\u00fc\u00edstica o psicol\u00f3gica) aportaba a lo que ven\u00eda diciendo el sentido com\u00fan o la tradici\u00f3n heredada. Sin eso no se puede entender la parte de especulaci\u00f3n, metaf\u00edsica o anti-metaf\u00edsica, que hay en Marx, Nietzsche y Freud y que es precisamente lo que permite atribuirles la sospecha.<\/p>\n<p>Una estrategia de aproximaci\u00f3n basada en esas dos cosas tiene sus ventajas. Al poner entre par\u00e9ntesis nuestras preferencias, aceptando de entrada el terreno de juego en el que los maestros quer\u00edan jugar, pero atendiendo a sus distingos (escritos en letra menor) y a lo que deben a otros autores y corrientes que no eran del propio gremio, sobre todo cient\u00edficos, se aprecian matices que nos ponen en la pista de la siempre repetida dial\u00e9ctica entre tradici\u00f3n e innovaci\u00f3n y se puede relativizar as\u00ed la redondez de sus cosmovisiones o paradigmas. Por otra parte (y doy mucha importancia a esto), la observaci\u00f3n de tales <em>matices en cuerpo menor<\/em> nos ense\u00f1a, a quienes andamos a hombros de aquellos gigantes, la prudencia y la distancia necesarias respecto de las propias convicciones, de las que nos hemos formado ley\u00e9ndolos y compar\u00e1ndolos con otros grandes, de las que proceden de otras lecturas y, sobre todo, de las que han arraigado en nosotros a partir de la praxis.<\/p>\n<p>Yendo al caso.<\/p>\n<p>No veo a Freud meditando sobre si la religi\u00f3n es pura represi\u00f3n y afirmando que Dios es una proyecci\u00f3n de la conciencia infantil, sin tener en cuenta los matices que ya hab\u00eda introducido acerca de la herencia y etiolog\u00eda de las neurosis, que es el \u00e1mbito en que nacieron t\u00e9rminos como <em>inconsciente<\/em> y <em>psicoan\u00e1lisis<\/em>, y a\u00fan sin los distingos de su <em>Proyecto de Psicolog\u00eda<\/em>, que seguramente constituye un documento apreciable del curioso cruce de influencias mecanicistas y organicistas en el nuevo paradigma psicopatol\u00f3gico y psicol\u00f3gico. M\u00e1s all\u00e1 de las exageraciones a las que conduce el enamoramiento del nuevo paradigma, matices muy de apreciar hay en la correspondencia de Freud, cuando, en la letra menuda de una carta, resume para su interlocutor el propio pensamiento sobre el psicoan\u00e1lisis, en 1914, o cuando, tambi\u00e9n por carta, dialoga con el f\u00edsico Albert Einstein acerca de la persistencia de la violencia en los seres humanos, en 1933.<\/p>\n<p>Y tampoco puedo ver a Nietzsche dando vueltas a las consecuencias del apogtema sobre la muerte de Dios sin los distingos acerca de las nociones de \u00abbueno\u00bb y \u00abmalo\u00bb, en los que <em>bueno<\/em> equivale a <em>noble<\/em> y <em>malo<\/em> a <em>plebeyo<\/em>; distingos cuya conclusi\u00f3n ser\u00e1 para la persona sensible a las diferencias sociales y al mal social al menos tan demoledora como lo es para la persona religiosa la declaraci\u00f3n de la muerte de Dios. Pues en lo que se sigue de ah\u00ed no se sabe qu\u00e9 es peor: si la conclusi\u00f3n, tra\u00edda por los pelos, de que despu\u00e9s de la muerte de Dios todo est\u00e1 permitido o la otra, seg\u00fan la cual la culpa del plebeyismo del esp\u00edritu moderno est\u00e1 en el prejuicio democr\u00e1tico de procedencia inglesa y en el \u00abodio abismal\u00bb de los jud\u00edos que llev\u00f3 a la identificaci\u00f3n de lo bueno con la pobreza, la miseria y la impotencia de los esclavos. Cosa curiosa en un autor que ha dedicado muchas p\u00e1ginas a la cr\u00edtica de la ciencia: tambi\u00e9n como de pasada y en letra peque\u00f1a, ha sido Nietzsche, quien, en la <em>Genealog\u00eda de la moral<\/em>, ha llamado la atenci\u00f3n sobre la importancia de <em>la ciencia del lenguaje<\/em> para el estudio de la historia evolutiva de los conceptos morales.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de Marx? A pesar de que se ha repetido tantas veces su frase de que <em>la religi\u00f3n es el opio del pueblo<\/em>, la verdad es que, con los a\u00f1os, Marx apenas dio importancia ya a la cr\u00edtica de la religi\u00f3n, que hab\u00eda sido una de sus preocupaciones juveniles. En letra peque\u00f1a escribi\u00f3 que, entre otras cosas deplorables, debemos al cristianismo el que nos haya ense\u00f1ado a preocuparnos por los ni\u00f1os. Despu\u00e9s de haber escrito que el hombre es pura materia en movimiento discuti\u00f3 tanto con los materialistas a los que llamaba \u00abvulgares\u00bb que, salvo en los catecismos del <em>Diamat<\/em>, cuesta meterle en el r\u00f3tulo de los materialistas sin m\u00e1s. La conocida frase de que la historia de los hombres es la historia de la lucha de clases fue matizada luego para dejarla reducida a \u00abla historia escrita\u00bb, a\u00fan m\u00e1s tarde para hablar de \u00abclases principales\u00bb y todav\u00eda m\u00e1s tarde para declarar que el m\u00e9todo hist\u00f3rico que ah\u00ed se basa no era ninguna llave maestra o pasaporte para conocer todo lo que pasa en la historia de los hombres. Incluso sobre el ideal comunista Marx matiz\u00f3, en un manuscrito que qued\u00f3 perdido durante tiempo, que el comunismo basto, tosco e inconsciente niega la personalidad del hombre, promueve la envidia universal y, en definitiva, no es m\u00e1s que una de las formas en que aparece la vileza de la propiedad privada, que trata de establecerse como la comunidad positiva.<\/p>\n<p>Una \u00faltima palabra sobre la sospecha misma, que se atribuye a Marx, y sobre el cambio de significado de las palabras con el paso del tiempo. Es una curiosidad para la historia de las ideas el que aquel hombre haya puesto lo que llamaba su ciencia sucesivamente bajo la advocaci\u00f3n de Dante y de Darwin. Primero cita a Dante (a su manera) para indicar que en el umbral de la ciencia, como a la entrada del infierno, una obligaci\u00f3n se impone: <em>Qui si convien lasciare ogni sospetto\/ ogni vilt\u00e0 convien che qui sia morta<\/em>. Luego, para que no haya dudas de que su propia teor\u00eda est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la sospecha filos\u00f3fica, aduce, <em>pro domo sua<\/em>, lo que escribi\u00f3 Darwin en <em>El origen de las especies<\/em>.<\/p>\n<p>Leyendo estos distingos escritos en letra menuda por los tres grandes (y son muchos m\u00e1s que los aqu\u00ed mentados), a veces le entra a uno la duda: \u00bfEs freudiano este Freud? \u00bfEs nietzscheano este Nietzsche? \u00bfEs marxista este Marx? Esta duda, cuando arraiga, suele tener dos desembocaduras. <em>Una<\/em>: lanzarse precipitadamente a la b\u00fasqueda de las contradicciones dispersas en los textos de los grandes o a la b\u00fasqueda de las posibles rupturas existentes en sus obras. La descarto por trivial, pues todo autor grande carga con la cruz de sus contradicciones y sus ejemplos se vengan de sus teor\u00edas. <em>Dos<\/em>: reconocer, contra el t\u00f3pico, que no siempre que Homero duerme se equivoca. A veces durmiendo el Homero de turno da en un clavo ardiendo que ilumina las brechas de la propia doctrina, de la propia cosmovisi\u00f3n, del propio paradigma, convertidos por otros en manual o catecismo. La pregunta siguiente, para el historiador de las ideas, es: \u00bfy no saldr\u00e1n de ah\u00ed (de la iluminaci\u00f3n de las brechas sobre la materia en movimiento, la moral y la lengua o la pulsi\u00f3n sexual y los sue\u00f1os) las pr\u00f3ximas sospechas de otros grandes que vendr\u00e1n? Saldr\u00e1n, seguramente, dialogando con los cient\u00edficos de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>VII. Miguel Abensour, \u00abUtop\u00eda y democracia\u00bb.<\/h3>\n<p><em>Miguel Abensour, \u00abUtop\u00eda y democracia\u00bb, en <\/em>Para una filosof\u00eda pol\u00edtica cr\u00edtica. Ensayos<em>, Anthropos\/Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, Unidad de Iztapalapa, Barcelona, 2007, p\u00e1gs. 311-323 [traduce el original franc\u00e9s publicado primero en la revista <\/em>Raison Pr\u00e9sente<em>, n\u00ba 141, 1997, y luego en M. Riot-Sarcey (dir.), <\/em>L\u00b4utopie en question<em>, Saint-Denis, Presses Universitaires de Vincennes, 2001, p\u00e1gs. 245-257]<\/em><\/p>\n<p>M.A. empieza el ensayo refiri\u00e9ndose a la antinomia, presuntamente irreductible, existente entre utop\u00eda y democracia. Dice que entre los estudiantes y estudiosos del derecho de estos \u00faltimos tiempos el car\u00e1cteer antin\u00f3mico de utop\u00eda y democracia pasa por ser una verdad incontestable. A continuaci\u00f3n establece la genealog\u00eda de esta presunta verdad: despu\u00e9s del regreso de la utop\u00eda, con una orientaci\u00f3n polimorfa, en la d\u00e9cada de los 60, se habr\u00eda llegado a un redescubrimiento de lo pol\u00edtico y de la democracia (cosa que M.A. alaba), pero identificando generalmente \u00e9sta con el estado de derecho. La primera pregunta que hay que hacer es si este redescubrimiento de lo pol\u00edtico y de la democracia tiene que implicar necesariamente un olvido de la utop\u00eda.<\/p>\n<p>Sostiene M.A. que hay que atreverse a pensar contracorriente y, en ese sentido, tratar de tejer ahora el v\u00ednculo entre utop\u00eda y democracia. No se puede decir que hist\u00f3ricamente la utop\u00eda se haya opuesto en general y siempre a la democracia, sino m\u00e1s bien que una de las cuestiones que ha ocupado a la modernidad ha sido precisamente democratizar la utop\u00eda y (recogiendo una expresi\u00f3n de Cabet) \u00abutopianizar\u00bb la democracia. Este es un asunto que. seg\u00fan M.A., a\u00fan nos compete, pues, la democracia sin utop\u00eda se deteriora y la utop\u00eda sin democracia o tiene que limitarse a peque\u00f1as asociaciones, o se aliena.<\/p>\n<p>Niega luego M.A. algo que el pensamiento liberal viene repitiendo mucho en los \u00faltimos tiempos, a saber: que la utop\u00eda es irremisiblemente totalitaria. En este punto argumenta con un ejemplo hist\u00f3rico para decir que bolchevismo y leninismo no eran ut\u00f3picos, sino m\u00e1s bien contrarios a la utop\u00eda que tuvieron una orientaci\u00f3n positivista, nada ut\u00f3pica. Pero incluso en ese caso hist\u00f3rico se puede dec ir que la utop\u00eda no est\u00e1 en el origen del totalitarismo sino precisamente en el origen de la resistencia frente a una nueva forma de dominaci\u00f3n (p\u00e1g.313).<\/p>\n<p>En cualquier caso, M.A. mantiene que la cuesti\u00f3n planteada en estos t\u00e9rminos (utop\u00eda\/totalitarismo) es trivial y que es mejor plantearse la pregunta de si la utop\u00eda se ha identificado y se identifica siempre con la imagen de una sociedad reconciliada, de una sociedad en armon\u00eda consigo misma, lo cual supone alg\u00fan tipo de mitificaci\u00f3n. Dicho en otros t\u00e9rminos: \u00bfEsta la utop\u00eda necesariamente abocada a seguir un proceso de mitologizaci\u00f3n de lo social? A esta pregunta M.A. contesta diciendo que ha habido diferentes tradiciones ut\u00f3picas en la modernidad y que no se puede formular un juicio global al respecto.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n se detiene en la l\u00ednea de pensamiento ut\u00f3pico que pasa por Pierre Leroux, William Morris, Bloch, Benjamin, Buber y Levinas para afirmar que \u00abel nuevo esp\u00edritu ut\u00f3pico tiene que <em>purgar la utop\u00eda de la mitolog\u00eda<\/em> que la pone en peligro\u00bb, lo cual implica renunciar a la idea de la reconciliaci\u00f3n social, de la sociedad transparente, tanto en la versi\u00f3n \u00abregreso al hogar\u00bb como en la versi\u00f3n \u00abacceso a la tierra prometida\u00bb, etc. El nuevo esp\u00edritu ut\u00f3pico parte de la idea de que historia es interminable, sin soluci\u00f3n ni reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por ah\u00ed justamente se abrir\u00eda un espacio para pensar el v\u00ednculo entre utop\u00eda y democracia. M.A. considera pionero en esto a Pierre Leroux (1797-1871) y es a este autor al que dedica cierto espacio. La pregunta interesante de Leroux habr\u00eda sido: \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la ley de la anarqu\u00eda en el bienentendido de que ninguna comunidad va a poder prescindir de la ley? De tal consideraci\u00f3n de la ley se deriva una versi\u00f3n democr\u00e1tica del pensamiento ut\u00f3pico. La aportaci\u00f3n de P.L. habr\u00eda sido darse cuenta de que, para llegar a la conjunci\u00f3n del impulso ut\u00f3pico con la acci\u00f3n pol\u00edtica democr\u00e1tica, hay que basarse en un principio fundamental, que es el principio de la amistad. P.L. opone la pol\u00edtica de la <strong>philia<\/strong> a las pol\u00edticas del <strong>eros<\/strong>, elogiadas por Fourier y los sainsimonianos.<\/p>\n<p>De todas formas, M.A. afirma luego que tras la experiencia de dominaci\u00f3n totalitaria durante el siglo XX hay que reexaminar la la cuesti\u00f3n que planteaba Leroux. Esto le lleva a una breve consideraci\u00f3n sobre la noci\u00f3n de democracia, que, seg\u00fan \u00e9l (y en esto como Castoriadis, etc.) no hay que identificar con un determinado re\u00e9gimen pol\u00edtico. M.A. sigue ah\u00ed la idea de democracia tal como la formul\u00f3 Claude Lefort y acepta la contorvertida y pol\u00e9mica noci\u00f3n de \u00e9ste: \u00abdemocracia salvaje\u00bb (317). Lo que quiere decir: democracia como conflicto, puesto que el conflicto es la fuente principal de una invenci\u00f3n inagotable de la libertad.<\/p>\n<p>Desde Leroux y Lefort llega M.A. al establecimiento del v\u00ednculo buscado: utop\u00eda (sin reconciliaci\u00f3n) y democracia (salvaje) tienen en com\u00fan su relaci\u00f3n con lo humano, mientras que el totalitarismo considera el elemento humano como material maleable a voluntad. A partir de ah\u00ed se establece una relaci\u00f3n entre la concepci\u00f3n lefortiana de la democracia y el nuevo pensamiento de la utop\u00eda, tal como aparece formulada en las obras de Buber, Levinas, etc.: llevar la utop\u00eda de la esfera del yo\/eso a la relaci\u00f3n yo\/t\u00fa, a la relaci\u00f3n interhumana, al lado de la sociabilidad, al registro del encuentro.<\/p>\n<p>Esto supone para M.A. dejar de considerar la utop\u00eda como una forma de saber para pasar a considerarla como una forma del pensamiento humano distinta del saber. De manera que, al separarse del orden del saber y del poder y ponerse bajo el signo del encuentro interhumano, la utop\u00eda pertenece incontestablemente al orden \u00e9tico (320).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>VIII. Para la presentaci\u00f3n de <em>Conversaciones entre alquimistas<\/em> de Jorge Riechmann[10]<\/h3>\n<p>1. JR, 1987-2004.<\/p>\n<p>Es para m\u00ed un placer acompa\u00f1ar aqu\u00ed a JR en esta presentaci\u00f3n de <em>Conversaciones entre alquimistas<\/em>. Conoc\u00ed a JR en Valladolid, a\u00f1os antes de que publicara sus primeros poemarios: <em>C\u00e1ntico de la erosi\u00f3n<\/em> (1987) y <em>Cuaderno de Berl\u00edn<\/em> (1989).<\/p>\n<p>Le acompa\u00f1\u00e9 en Madrid, en el C\u00edrculo de Bellas Artes, en 1995, en la presentaci\u00f3n de la antolog\u00eda <em>La prueba del nueve<\/em>: Olvido Garc\u00eda Vald\u00e9s, Vicente Valero, Esperanza L\u00f3pez Parada, Juan Carlos Su\u00f1\u00e9n, Concha Garc\u00eda, Ildefonso Rodr\u00edguez, Miguel Casado, Miguel Su\u00e1rez.<\/p>\n<p>Y dije all\u00ed, citando versos de JR, que en su \u00abpredicar la raz\u00f3n\/ como una puta pobre\u00bb a \u00ablos infieles inquilinos\/ del mejor de los mundos posibles\u00bb ve\u00eda yo una apuesta, que aprecio de verdad y que quisiera que ganaran los poetas: una apuesta en favor de <em>la \u00e9tica y la est\u00e9tica de la resistencia<\/em>.<\/p>\n<p>De manera que me une a JR una ya larga amistad que anudamos en aquellos a\u00f1os y luego, durante su estancia en Barcelona.<\/p>\n<p>Debo a Jorge, entre otras cosas, el descubrimiento de varios poetas contempor\u00e1neos cuya obra hoy aprecio mucho. Y le debo sobre todo el que me hiciera descubrir a uno de los escritores contempor\u00e1neos que m\u00e1s me tocan: John Berger.<\/p>\n<p>Para agradec\u00e9rselo querr\u00eda leeros un p\u00e1rrafo de John Berger, que adem\u00e1s viene a cuento en esta presentaci\u00f3n de <em>Conversaciones entre alquimistas<\/em>, porque habla de algo que s\u00e9 que a Jorge le importa tanto como a m\u00ed: el uso que hacemos de las palabras:<\/p>\n<p>Es un p\u00e1rrafo de <em>Siempre bienvenidos<\/em>: \u00abUna vez tuve un sue\u00f1o. So\u00f1\u00e9 que se promulgaba un decreto que todo el mundo acept\u00f3&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>2. Lenguaje y poes\u00eda.<\/p>\n<p><em>Poes\u00eda<\/em> es la palabra que m\u00e1s reiteradamente aparece en los poemarios que JR ha publicado desde 1987.<\/p>\n<p><em>Experimentaci\u00f3n<\/em> constante del lenguaje po\u00e9tico, exploraci\u00f3n de todos los subg\u00e9neros: poes\u00eda amorosa, pose\u00eda pol\u00edtica, poes\u00eda declamatoria, poes\u00eda sat\u00edrica, prosa po\u00e9tica, poes\u00eda epigram\u00e1tica.<\/p>\n<p><em>Di\u00e1logo continuado<\/em> con poetas de la m\u00e1s diversa condici\u00f3n, que aparecen adem\u00e1s, por lo general, citados por sus nombres, a lo largo de sus libros:\u00a0 Ren\u00e9 Char y Antonio Gamoneda (siempre), Valente, F\u00e9lix Grande, Roque Dalton, \u00c1ngel Crespo (muy a menudo), Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez (cada vez m\u00e1s en los \u00faltimos a\u00f1os); pero tambi\u00e9n: Rimbaud, Eluard, Brecht,\u00a0 M\u00fcller, Miguel Hern\u00e1ndez, Salinas.<\/p>\n<p><em>Persistencia de las convicciones<\/em> eco-socialistas a lo largo de todos estos a\u00f1os y maneras de perfilar la po\u00e9tica en relaci\u00f3n con esta persistencia de las convicciones (Sacrist\u00e1n, Berger).<\/p>\n<p>3. De <em>Conversaciones entre alquimistas<\/em>.<\/p>\n<p>Tres partes: reveladoras:<\/p>\n<p>\u00abLa alegr\u00eda de no tener\u00bb;<\/p>\n<p>\u00abContra la ley de los grandes n\u00fameros\u00bb y<\/p>\n<p>\u00abCarne y palabras\u00bb.<\/p>\n<p>Alquimia, alquimista, conversar: la humildad ante nuestras ignorancias. Paracelso, el azar y el \u00abcuervo blanco\u00bb que echa a perder todos los libros&#8230;<\/p>\n<p><strong>Por qu\u00e9 escribir<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>Para que no se pudra la posibilidad de la alquimia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>4.<\/p>\n<p>Las palabras de JR en este poemario.<\/p>\n<p>En el poema que hace de p\u00f3rtico:<\/p>\n<p>\u00ab<strong>Y por fin puede hablar<\/strong><br \/>\n<strong>con las palabras <em>cuya miga com\u00fan<\/em><\/strong><br \/>\n<strong><em>es dulce sobre la mesa sin esquinas<\/em>\u00bb:<br \/>\n<\/strong><strong>Conversar<br \/>\n<\/strong><strong>Regalar<\/strong> (en \u00abFiliaci\u00f3n\u00bb, Somos lo que regalamos: \u00abEl enigma secreto&#8230;\u00bb )<br \/>\n<strong>Resistir, existir<\/strong> (\u00abAcertijo para tontos\u00bb)<br \/>\n<strong>Esperanza, Buscando<\/strong> (\u00abGrasa y sue\u00f1o\u00bb)<br \/>\n<strong>Demora, detenerse, despacio<\/strong> (\u00abLa belleza de la huelga general\u00bb, \u00abMomento de parar\u00bb, \u00abDon del extranjero\u00bb)<br \/>\n<strong>Hospitalidad<\/strong> (En \u00abAcogedor\u00bb)<br \/>\n<strong>Acompa\u00f1ar<\/strong> (\u00abDon del extranjero\u00bb, \u00abVen, te acompa\u00f1o\u00bb) y <strong>Atenci\u00f3n al otro, a los otros<\/strong>: \u00abvirtud primera del ser humano\u00bb.<br \/>\nMediaciones<br \/>\nAmbivalencia (\u00abllevar en el bolsillo la abeja de lo imposible\u00bb)<br \/>\nEsquirlas, marginal.<br \/>\n<strong>Autocontenci\u00f3n, conciencia de los l\u00edmites y experiencia de la dificultad de la coherencia.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>IX. Utop\u00eda. Salvat Papasseit [1894-1924]<\/h3>\n<p><em>Escrito fechado en 2010.<\/em><\/p>\n<p>Textos le\u00eddos: 1. J. Salvat-Papasseit. <em>Humo de fabrica [HdF]<\/em>, Galba Edicions, Barcelona, 1977, pr\u00f3logo a la 1\u00aa edici\u00f3n (1918) de \u00c1ngel Samblancat; pr\u00f3logo a la 2\u00aa edici\u00f3n de Ricard Salvat. 2. <em>J. Salvat-Papasseit, Mots-propis i altres proses [MP], a cura de J.M. Sobr\u00e9, Edicions 62, Barcelona, 1975. 3. J. Salvat-Papasseit avanguardista: Manifestos, cal.ligrames y altres poemas<\/em>. Estudi preliminar i antolog\u00eda de Ferran Gadea i Gamb\u00fas, Joies de Paper\/ alter pirene, Barcelona, 1994. 4. J. Salvat-Papasseit,<em> Poes\u00edes completes<\/em>, 2\u00aa edici\u00f3 a cura de Joaquim Molas, Editorial Ariel, Barcelona, 1978. 5. J. Salvat-Papasseit, <em>Epistolari<\/em>, edi. De Amadeu-J. Soberanas i Lle\u00f3, Edicions 62, Barcelona, 1984. 6. J. Gavald\u00e0 Roca, <em>La tradici\u00f3 avantguardista catalana. Proses de Gorkiano i Salvat-Papasseit<\/em>, Publicacions de l\u2019Abadia de Montserrat, Barcelona,1988. 7. Ferran Aisa i Remei Morros, <em>Joan Salvat-Papasseit l\u00b4home entusiasta<\/em>, Virus, Barcelona, 2002.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Citas<\/strong>:<\/p>\n<p>I. \u00abMientras, las chimeneas humeantes dibujaban cabezas de rabias comprimidas y de angustias y muertes: Era la gran visi\u00f3n de la terrible nube que traer\u00e1 la lluvia, la tempestuosa lluvia que les libertar\u00e1. La lluvia que es la masa que lo produce todo y carece de todo.<\/p>\n<p>A\u00fan me fui bendici\u00e9ndoles por aquella tragedia de sus vidas, porque les har\u00e1 due\u00f1os de todos los destinos de la tierra:\u2013Cada uno que muera en la lucha sublime por un mejor ma\u00f1ana, producir\u00e1 en su tumba a ras de tierra una rosa de fuego que consumir\u00e1 un mundo de injusticias sociales, As\u00ed sea.\u00bb [<em>HdF<\/em>, 8-9]<\/p>\n<p>II. \u00ab\u2026Y alguien de los que nunca produjeron les ha mentado el nombre de la patria. Mas, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la patria para los productores? En todas partes mueren lentamente, inicua explotaci\u00f3n les va segando. Nuestra patria est\u00e1 ah\u00ed donde un hombre no imponga nada a otro hombre; a\u00fan no ha existido nunca nuestra patria\u2026Cuando aqu\u00ed se padece, la emigraci\u00f3n es buena, y debemos amar sobre todas las cosas a los que m\u00e1s nos aman sobre todas las cosas. Pero \u00bfd\u00f3nde nos aman?<\/p>\n<p>[\u2026] Cuidad de vuestra causa que los l\u00edderes no entienden sino como se roba. La pol\u00edtica hace cumbres a ladrones. Nosotros, socialistas, queremos apropiarnos del Estado para hacer trizas de \u00e9l, para aplastar a ellos.<\/p>\n<p>Ha de llegar un d\u00eda, compa\u00f1eros, que en todo el mundo paren los telares, y las locomotoras y los barcos\u2026y todas las industrias y todos los comercios\u2026 y que todos los hombres, los verdaderos hombres, se queden en sus casas o se vayan al campo. Ese d\u00eda ser\u00e1 el d\u00eda que entendamos todo cuanto valemos. A\u00fan no puede decirse sin embargo\u2026\u00bb [<em>HdF<\/em>, 44-45]<\/p>\n<p>III. \u00abIgnoro hasta que punto puedan tener eficacia mis pobres predicamentos. Lo que s\u00ed s\u00e9 es que \u00e9stos han tenido menos valor y han sido m\u00e1s est\u00e9riles cuanto m\u00e1s he querido que parecieran valientes y les he dado un tinte de revolucionarios\u2026Me voy convenciendo de que a nuestro pueblo le hacemos maldito el favor con tantos excitantes y tanto aperitivo. Porque \u00e9ste necesita m\u00e1s depurar su sangre y nosotros queremos rebaj\u00e1rsela, hacerle una sangr\u00eda tras sangr\u00eda. Somos los curanderos de la revoluci\u00f3n, etc.\u00bb<\/p>\n<p>[De \u00abSin garant\u00edas pero con defectos\u00bb, en <em>HdF<\/em>, 171-173. Hay ah\u00ed una cr\u00edtica radical de la situaci\u00f3n del pa\u00eds, cr\u00edtica que incluye la ignorancia del pueblo, la tendencia al grito y a la demagogia, la falta de preparaci\u00f3n para el enfrentamiento social, el papel negativo de los medios de comunicaci\u00f3n y de los intelectuales, la distancia entre el decir y el hacer, la incoherencia de los l\u00edderes y tribunos, etc., y que concluye con palabras pesimistas sobre lo que, en esas condiciones, va a durar la monarqu\u00eda en Espa\u00f1a. La cr\u00edtica de los defectos y vicios del pa\u00eds tiene muchos puntos de contacto con el regeneracionismo noventayochista\u2026: \u00abTodos nuestros defectos est\u00e1n en no ser limpios como conviene ser \u2026 en que con no ser inteligentes, trabajamos muy poco siquiera por ser buenos. S\u00ed podremos ver c\u00f3mo esta monarqu\u00eda ser\u00e1 la monarqu\u00eda que durar\u00e1 m\u00e1s a\u00f1os de la tierra\u00bb. En cierto modo un punto de vista as\u00ed o un estado de \u00e1nimo de tales caracter\u00edsticas anuncia ya el paso de la pol\u00edtica, o mejor, de la batalla social, a la po\u00e9tica\u2026]<\/p>\n<p>IV. En el art\u00edculo dedicado a Angel Semblancat en <em>HdF<\/em>, Salvat-Papasseit cita estas palabras de Anatole France: \u00abSin los utopistas de antes los hombres a\u00fan vivir\u00edan miserablemente y desnudos en cavernas. Son los utopistas quienes han trazado las l\u00edneas de la primera ciudad. Hay que compadecer al partido pol\u00edtico que no tenga utopistas\u00bb.<\/p>\n<p>V. \u00abEl homes-nous, els reformadors i el insurgents, verament la gran lluita no la sostenen contra la societat constituida i el seus contemporanis: la sostenen contra si mateixos. Si esdevenen trionfants d\u00b4aquesta lluita ells obtenen el triomf damunt de tot\u00bb [<em>MP<\/em>, 21].<\/p>\n<p>VI. \u00abOdiem la tirania en si mateixa; amem la Llibertat sense especulaci\u00f3, sense fites signades, sense programa m\u00ednim. No se&#8217;ns podr\u00eda oc\u00f3rrer, en anar a escollir al magraner, ni una magrana verda ni una minada pels cucs.\u00bb [<em>MP<\/em>, 55]<\/p>\n<p>VII. \u00ab\u2026i una Esquerra en fraccions que per a distinguir-se de la dreta es diu nacionalista-socialista. La denominaci\u00f3 de socialista, m\u2019esplicava el company Joan Alavedra, encara espanta a molts d\u00b4aquest darrer partit. I es que, en realitat, es vol fer compatible lo que \u00e9s incompatible, des de tot punt de mira. Aquest partit politic tergiversa els concepes i l\u2019ess\u00e8ncia d&#8217;<em>El Capital<\/em> d&#8217;en Marx\u2026El fet nacionalista-socialista es una aberraci\u00f3. Els que posen la p\u00e0tria damunt la Humanitat\u2026mai seran socialistes\u2026Si la p\u00e1tria vol dir el lloc on estimem i on ens estimen, jo dic que a Catalunya he patit, que jo s\u00f3c explotat a Catalunya\u2026\u00bb [<em>MP<\/em>, 58-59].<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En los or\u00edgenes de la utop\u00eda europea moderna hay ya varios rasgos que se han conservado a lo largo de los siglos. Estos rasgos son: el recuerdo, a veces melanc\u00f3lico, de la sana comunidad que se supone que hubo un tiempo; el malestar que se siente ante la injusticia, la desigualdad social e incluso la fealdad existente en el presente; y la atracci\u00f3n por la novedad que apunta, ya sea en lo reci\u00e9n descubierto, ya en lo reci\u00e9n inventado. Por grandes que hayan sido las diferencias entre la utop\u00eda de Thomas More, las utop\u00edas ilustradas, la propuesta falansteriana de Fourier, las <em>Noticias de ninguna parte<\/em> de William Morris[11] y las utop\u00edas roji-verde-violeta de los \u00faltimos tiempos, que lo fueron, siempre encontramos en ellas una idea semejante de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica, seg\u00fan la cual la cr\u00edtica de lo existente hace enlazar el recuerdo del buen tiempo pasado, e idealizado, con la armon\u00eda, la justicia y la igualdad que se desean para el futuro.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, en su pretensi\u00f3n de realizarse, el destino de las mejores ideas ut\u00f3picas de la humanidad ha sido, por desgracia, hacerse templo, instituci\u00f3n o incluso, de nuevo, mala realidad pol\u00edtico-social, contra la intenci\u00f3n y la voluntad de quienes formularon los ideales. Y hacerse templo o sucia realidad, adem\u00e1s, <em>en otro lugar<\/em>, en un lugar diferente a aqu\u00e9l para el cual las utop\u00edas fueron pensadas. De ah\u00ed que haya habido mucha discusi\u00f3n sobre la acepci\u00f3n, positiva o negativa, en que conviene emplear la palabra.<\/p>\n<p>Si el mundo de las acciones pol\u00edtico-morales fuera algo as\u00ed como una l\u00ednea de ferrocarril, en la que el tren de la historia se desplazara por ra\u00edles, progresando desde la bondad y veracidad de los individuos concretos hacia mejores formas de sociabilidad colectiva, entonces no habr\u00eda casi nada m\u00e1s que discutir acerca del uso positivo de la palabra <em>utop\u00eda<\/em> que siempre han hecho librepensadores y libertarios. La mayor\u00eda aceptar\u00edamos, por razonamiento, su saludable sentido positivo, como aceptamos, con cierta naturalidad, el sentido positivo de la bondad y de la veracidad. Y cantar\u00edamos a coro: la utop\u00eda es la l\u00ednea del horizonte que mueve nuestros pasos hacia lo mejor; la utop\u00eda es la luz, la claridad que compensa el esfuerzo de los humanos que se proponen cambiar el mundo de base.<\/p>\n<p>Algo as\u00ed, con tono futurista y cierto furor heroico, escribi\u00f3 precisamente Salvat-Papasseit en el \u00fanico paso de su obra, que yo conozca, en el que menciona la palabra utop\u00eda: \u00abCal \u00e9sser l&#8217;etern insurgent, l\u00b4etern maximalista. L&#8217;elogi de la quimera \u00e9s el salm de l&#8217;heori. La Utopia es la llum. Qu\u00e9 hi fa que els que avancen es cremin?, si els que no es mouen no veuen la claror\u2026 Per\u00f2 no val confondre la Utopia amb l\u2019absurde: <em>l&#8217;absurde viu l&#8217;avui<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>Solo que la comunidad, al menos la europea, lleva tanto tiempo inventando utop\u00edas luminosas como aprendiendo otra lecci\u00f3n, a saber: que el mundo de las acciones pol\u00edtico-morales no es una v\u00eda f\u00e9rrea, ni una autopista; es, m\u00e1s bien, una red de senderos de monta\u00f1a que se bifurca, se multiplica y se pierde en el bosque de las interrelaciones de las pasiones individuales y colectivas; una red de caminos de bosque de la que, para colmo, siempre existen varios planos concordantes pero distintos, y cuyo sendero principal suele perderse, en la historia de la humanidad, por falta de tr\u00e1nsito. Conclusi\u00f3n: es mejor conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlo.<\/p>\n<p>La filosof\u00eda pol\u00edtica europea ha andado durante siglos balance\u00e1ndose en la disyuntiva entre aquel descubrir la luz que a veces quema a los hombres y mujeres que se mueven y avanzan hacia la claridad, que dec\u00eda el poeta, y este transitar por un camino oblicuo tratando de evitar los senderos que conducen al infierno. El \u00fanico punto de acuerdo entre estas dos maneras de ver el mundo de lo pol\u00edtico y lo social parece haber sido la convicci\u00f3n compartida de que, en sus mejores manifestaciones hist\u00f3ricas y m\u00e1s all\u00e1 de lo que se piense sobre su realizaci\u00f3n, la utop\u00eda ha estado y estar\u00e1 siempre cerca de y al lado de la poes\u00eda. O, en la duda, se hace poes\u00eda, como en el caso de Salvat Papasseit.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>X. Nicos Kazantzakis\/Martin Scorsese, <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em><\/h3>\n<p><em>Institut de Cultura, CCCB, Ciclo \u00abLiteratura y cine\u00bb: 13\/abril\/99<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Para Eloy, para David<\/p>\n<p>1. Nicos Kazantzakis (1882-1957) no es ahora un autor muy le\u00eddo entre nosotros. La traducci\u00f3n castellana de <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em>, publicada por Debate en los 80, se agot\u00f3 hace mucho tiempo y hoy es inencontrable en nuestras librer\u00edas. Puedo testimoniarlo porque las he recorrido casi todas durante estas semanas pasadas. S\u00f3lo se puede encontrar en bibliotecas. Y no en todas.<\/p>\n<p>Kazantzakis fue, en cambio, un autor muy apreciado, entre cristianos impacientes (esta expresi\u00f3n es de Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Lozano) y entre laicos perplejos amantes de las grandes leyendas, hace tres d\u00e9cadas, cuando la intelectualidad europea trataba de orientarse entre existencialismo y marxismo y la narrativa, el teatro y la poes\u00eda de ideas hac\u00edan furor. Se le le\u00eda entonces, o por lo menos algunos lo le\u00edamos as\u00ed, como un continuador de la tradici\u00f3n del gran relato dostoievkiano. Y no hay duda, me parece a m\u00ed, de que en Karantzakis hay mucho de Dostoievski, sobre todo del Dostoievski \u00faltimo, del Dostoievski de la leyenda del Gran Inquisidor y de <em>Los hermanos Karamazov<\/em>.<\/p>\n<p>Kazantzakis no fue s\u00f3lo un escritor; fue tambi\u00e9n un pol\u00edtico activo y un hombre profundamente religioso y profundamente atra\u00eddo por dos de los m\u00e1s grandes leyendas de nuestro humus cultural: la leyenda de Ulises y la leyenda del Cristo-Dios.<\/p>\n<p>Por su lengua, por su cultura, por su talante y tambi\u00e9n por su formaci\u00f3n, Kazantzakis estaba particularmente bien preparado para intentar una nueva s\u00edntesis entre helenismo y cristianismo. Y eso es lo que en realidad hizo. Pero lo hizo de la \u00fanica forma en que las leyendas formativas de nuestra cultura pueden seguir conmoviendo a personas laicas que en el mundo moderno han comido ya por dos veces del fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal (para decirlo como lo dir\u00eda Max Weber).<\/p>\n<p>No digo que la de Kazantzakis sea la \u00fanica forma posible de acercarse con provecho, en el campo de la narrativa, a las leyendas fundacionales de las grandes tradiciones. Hay y ha habido otras formas, desde luego. Probablemente la m\u00e1s practicada haya sido el tratamiento de la gran leyenda con distanciamiento ir\u00f3nico. Lo que digo es que en un mundo desencantado, y el mundo en el que vivi\u00f3 Kazantzakis lo era, esta reconstrucci\u00f3n con conciencia de la ambivalencia, de la ambig\u00fcedad y de la contradicci\u00f3n del hombre que se quiere dios, es probablemente la m\u00e1s conmueve. Hay demasiada tragedia compartida e interiorizada en la vida y pasi\u00f3n del hombre Jes\u00fas de Nazaret para que el tratamiento ir\u00f3nico-distanciado de la misma pueda conmover.<\/p>\n<p>Licenciado en derecho en Atenas, Kazantzakis estudi\u00f3 luego en Par\u00eds con Bergson. Y buena parte de su obra, incluida la <em>Ultima tentaci\u00f3n<\/em>, deja entrever la herencia intelectual del vitalismo bergsoniano. Adem\u00e1s de escritor y gran viajero, Kazantzakis fue, como he dicho ya, un pol\u00edtico. No simplemente un intelectual interesado por la pol\u00edtica, sino un pol\u00edtico activo. Fue dos veces ministro en Grecia: primero entre 1919 y 1927 y luego, al final de la segunda guerra mundial, entre 1945 y 1946. Es importante tener esto en cuenta porque su versi\u00f3n o reescritura del nuevo testamento (tanto en <em>Cristo de nuevo crucificado<\/em> como en <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em>) en la que acent\u00faa con mucha fuerza la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de los hechos hist\u00f3ricos, no se entender\u00eda bien sin la menci\u00f3n de lo que fue su propia experiencia personal como pol\u00edtico. La atracci\u00f3n que Kazantzakis ha sentido por el personaje de Judas, su reelaboraci\u00f3n del mismo, el hecho de que haya dado tanta importancia a la relaci\u00f3n y al di\u00e1logo entre Jes\u00fas y Judas, son cosas que se deben, me parece, a la divisi\u00f3n del alma del pol\u00edtico-escritor o del escritor-pol\u00edtico que duda y navega entre la \u00e9tica de la convicci\u00f3n y la \u00e9tica de la responsabilidad (para decirlo de nuevo con palabras que tomo de Max Weber).<\/p>\n<p>Kazantkazis ha sido un literato especialmente mimado por los cineastas, pues varias de sus obras fueron llevadas a la pantalla: <em>Cristo de nuevo crucificado<\/em> (Jules Dassin, 1957), <em>Alexis Zorba<\/em> (Cacoyannis, 1964) y <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em> por Scorsese en 1986. Y hay que decir que en esto ha tenido mucha suerte, pues se sintieron atra\u00eddos por su obras personas dedicadas al cine (Dassin, Cacoyannis, Scorsese, Schrader) que adem\u00e1s de tener pensamiento propio en el campo de la cinematograf\u00eda supieron respetar sus textos. No s\u00f3lo eso: tanto en lo que hace al gui\u00f3n como en la plasmaci\u00f3n en im\u00e1genes de su pensamiento los cineastas probablemente lo mejoraron, en el sentido de que lo hicieron m\u00e1s directo, m\u00e1s accesible a un p\u00fablico amplio y variado y subrayaron bien, al mismo tiempo, la sustancia de su pensamiento.<\/p>\n<p>El lector actual, cristiano o no, se encalla a veces en los largu\u00edsimos di\u00e1logos y excursos especulativos de <em>Cristo de nuevo crucificado<\/em> o de <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> (dos novelas largas) mientras que, en cambio, el montaje cinematogr\u00e1fico en secuencias, sobre todo en el caso de la pel\u00edcula de Scorsese, donde el di\u00e1logo (la palabra) queda reducido a lo esencial, permite captar muy bien la intenci\u00f3n b\u00e1sica de Kazantzakis. Precisamente refiri\u00e9ndose a <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em>, la viuda de Kazantkazis, Helena, manifest\u00f3 en su momento que la pel\u00edcula era muy fiel al esp\u00edritu de la novela y que las im\u00e1genes reflejaban estupendamente el mundo literario de su marido. Lo cual, trat\u00e1ndose de una versi\u00f3n que estuvo acompa\u00f1ada, desde el principio mismo del rodaje, por el esc\u00e1ndalo, la controversia, la incomprensi\u00f3n y las presiones de todo tipo, es una opini\u00f3n autorizada que hay que tener en cuenta.<\/p>\n<p>Conviene recordar a este respecto algunas de las manifestaciones del esc\u00e1ndalo: el ofrecimiento de diez millones de d\u00f3lares a la Universal por parte de un grupo californiano para la destrucci\u00f3n de los negativos; las cr\u00edticas y prohibiciones del Vaticano; las declaraciones en su contra de un mont\u00f3n de obispos y arzobispos, entre ellos los de Par\u00eds y Nancy; el intento de secuestro de la pel\u00edcula por un abogado de Mil\u00e1n; el incendio del cine Saint Michel de Par\u00eds; las multas con que se intent\u00f3 disuadir de su proyecci\u00f3n en Grecia; la cancelaci\u00f3n de una emisi\u00f3n en la BBC de Londres&#8230;<\/p>\n<p>2. La pel\u00edcula tuvo una gestaci\u00f3n larga. Martin Scorsese ha contado que tuvo noticia de la obra de Kazantzakis a comienzos de los sesenta, cuando era todav\u00eda estudiante de cinematograf\u00eda. Ley\u00f3 la novela en 1977: un regalo de B\u00e1rbara Hershey (la que luego har\u00eda de Mar\u00eda Magdalena en la pel\u00edcula) y volvi\u00f3 a ella en 1979 durante el rodaje de <em>Il Prato<\/em> de los hermanos Taviani. La lectura de la novela de Kazantzakis agudiz\u00f3 su fascinaci\u00f3n por la doble naturaleza (humana y divina) de Jes\u00fas y suscit\u00f3 en \u00e9l la intenci\u00f3n de explorar en im\u00e1genes las contradicciones que esta doble naturaleza le crean. En 1982, Scorsese encarg\u00f3 el gui\u00f3n a Paul Schrader valorando su vinculaci\u00f3n calvinista y su capacidad para la s\u00edntesis en un caso, como \u00e9ste, en el que la selecci\u00f3n sint\u00e9tica era esencial. Aunque se hab\u00edan hecho ya gestiones para iniciar el rodaje en Israel, el proyecto qued\u00f3 interrumpido por dificultades internas y desaveniencias con la Paramount, pero Scorsese sigui\u00f3 trabajando en \u00e9l a partir del gui\u00f3n inicial de Schrader.<\/p>\n<p>Con la colaboraci\u00f3n de Jay Cocks, Scorsese introdujo algunas modificaciones de importancia respecto del gui\u00f3n de Schrader se\u00f1aladamente en los di\u00e1logos. \u00c9l mismo ha justificado estas modificaciones aduciendo que el griego dem\u00f3tico de Kazantzakis no daba, por demasiado \u00abpo\u00e9tico\u00bb, el tono adecuado en la traducci\u00f3n inglesa.<\/p>\n<p>Hay un par de cosas de esta colaboraci\u00f3n de Scorsese con el periodista Jay Cocks (al margen de Schrader) que merece la pena destacar: la materializaci\u00f3n de la secuencia dedicada a L\u00e1zaro y la decisi\u00f3n de potenciar el papel de Pablo en el papel de difusor del mito de Jes\u00fas. Ambas ideas son de lo mejor del film: la secuencia dedicada a la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro por su ambientaci\u00f3n y por su belleza cinematogr\u00e1fica; la potenciaci\u00f3n del papel desempe\u00f1ado por Pablo porque pone el dedo en la llaga de un interesant\u00edsimo problema hist\u00f3rico del cristianismo, a saber: si hay que quedarse con la versi\u00f3n standard de la vida de Jes\u00fas como creaci\u00f3n del (por as\u00ed decirlo) cristianismo-pablismo o se puede hablar de un <em>Cristo sin ismos<\/em>.<\/p>\n<p>Atendiendo al tratamiento del tema de la resurrecci\u00f3n y particularmente a esa secuencia clave de la pel\u00edcula que es el encuentro entre Jes\u00fas y Saulo-Pablo creo que puede decirse que en <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> Scorsese ha tendido a subrayar la idea de un Cristo sin ismos. Y que \u00e9sa era tambi\u00e9n la idea de Kazantkazis ya en <em>Cristo de nuevo resucitado<\/em>. Probablemente hay que ver ah\u00ed la decisi\u00f3n m\u00e1s relevante del gui\u00f3n, pues la secuencia casi coincide con el momento en que la historia <em>sagrada<\/em> se desliza, ya definitivamente, hacia una historia <em>laica<\/em>, o sea hacia una \u2013por lo dem\u00e1s important\u00edsima\u2013 de las historias de la historia. Precisamente la contraposici\u00f3n Jes\u00fas\/Pablo, puesta de manifiesto por el breve di\u00e1logo entre los dos en el tramo final de la pel\u00edcula, sirve para resaltar el paso (no querido por Jes\u00fas) de la historia personal (ambivalente, autocontradictoria) a lo que acabar\u00eda siendo, como sabemos, la leyenda fundacional del cristianismo. De este modo lo que era el tri\u00e1ngulo central de <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> (Jes\u00fas, Judas, Mar\u00eda Magdalena) acaba convirti\u00e9ndose en un cuadril\u00e1tero (los tres citados m\u00e1s Pablo) justo en el momento de la resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parece fuera de discusi\u00f3n el que la colaboraci\u00f3n entre Scorsese y Schrader es tan esencial para entender el desarrollo de la pel\u00edcula en su conjunto como la novela de Kazantzakis. Pero hay al menos un matiz que me parece revelador de la diferencia entre ambos y que en cierto modo confirma lo que estaba diciendo. En un mano a mano entre los dos que public\u00f3 <em>Cahiers du cinema<\/em> cuando <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> estaba todav\u00eda en proyecto Paul Schrader dice: \u00abVoy a hacer una generalizaci\u00f3n y dime lo que piensas de ella. De las tres pel\u00edculas, creo que <em>Taxi Driver<\/em> es m\u00e1s m\u00eda, <em>Raging Bull<\/em> m\u00e1s de Bobby y <em>Last Temptation<\/em> ser\u00e1 m\u00e1s tuya\u00bb. En su respuesta, Scorsese niega la generalizaci\u00f3n de Schrader y subraya la importancia de la colaboraci\u00f3n. Pero a continuaci\u00f3n Schrader insiste y acaba preguntando directamente:\u00ab\u00bfTodav\u00eda te sientes cat\u00f3lico?\u00bb. Scorsese contesta a la gallega: \u00ab\u00bfSeg\u00fan la Iglesia?\u00bb Schrader precisa: \u00abDel mismo modo que yo soy protestante\u00bb. De la contestaci\u00f3n final de Scorsese sale el matiz que aclara, en mi opini\u00f3n, la diferencia: \u00abMe temo que no\u00bb. Y al precisar sobre su idea de la espiritualidad y del misterio, Scorsese afirma que nada vale tanto como la realizaci\u00f3n personal y la lucha contra el miedo a las tentaciones, contra la depresi\u00f3n, contra el complejo de culpa, contra los traumas y las angustias (empezando por el tab\u00fa del sexo) de la adolescencia.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima consideraci\u00f3n lleva directamente a lo que Scorsese ha querido resaltar desde el inicio mismo de la pel\u00edcula. En palabras de Kazantzakis: \u00abLa doble naturaleza de Cristo, el deseo tan humano, tan sobrehumano, del hombre por llegar a Dios [&#8230;] ha sido siempre para m\u00ed un misterio profundo e impenetrable. La causa de mi angustia y fuente de todas mis alegr\u00edas y penas ha sido, desde mi juventud, la incesante y cruel batalla entre el esp\u00edritu y la carne [&#8230;] y mi alma es el campo de batalla en el que estos dos ej\u00e9rcitos se han encontrado y luchado\u00bb.<\/p>\n<p>Ya en la elecci\u00f3n de ese paso de Kazantzakis es patente la atracci\u00f3n por la ambig\u00fcedad, por la ambivalencia, por la autocontradicci\u00f3n y el exceso, por la <em>hybris<\/em> propia del ser humano, de ese ser que, en soledad, como se sabe de antiguo, s\u00f3lo puede ser un dios o una bestia. \u00bfNo est\u00e1 ya esa ambig\u00fcedad en la ambivalencia misma de la expresi\u00f3n castellana \u00abllegar a Dios\u00bb? Llegar <em>a<\/em> Dios o llegar<em> a ser<\/em> Dios: esa es la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Aquel \u00abme temo que no\u00bb soy cat\u00f3lico en el sentido en que t\u00fa (Schrader) eres protestante, enlaza con otra reflexi\u00f3n de Scorsese en la que \u00e9ste sugiere que, precisamente por la colaboraci\u00f3n de varias manos, <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em> se puede entender como un di\u00e1logo, como una superposici\u00f3n o como una complementaci\u00f3n de cristianismo ortodoxo (Kazantzakis) protestantismo (Schrader) y catolicismo (\u00e9l mismo).<\/p>\n<p>S\u00f3lo que para que ese di\u00e1logo resulte fecundo, y el de <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> lo es, y se haga laico hay que tomar distancia respecto de cada una de esas tradiciones. Tiempo ha pasado para la distancia. De los tres el que m\u00e1s se distancia de la tradici\u00f3n propia es, sin duda, Scorsese. Y por eso se puede decir que, en su respeto por la vieja leyenda, <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> no es propiamente una pel\u00edcula religiosa. No lo es, desde luego, en la acepci\u00f3n que la palabra \u00abreligiosa\u00bb hab\u00eda ido cobrando en las pel\u00edculas del g\u00e9nero. Tampoco es una pel\u00edcula antirreligiosa, como han dicho y repetido los fan\u00e1ticos fundamentalistas de casi todas las corrientes del cristianismo contempor\u00e1neo. Es una pel\u00edcula en la cual la historia de Jes\u00fas, que para unos es sagrada y para otros no, est\u00e1 tratada con un respeto parecido al que inspir\u00f3 <em>El evangelio seg\u00fan Mateo<\/em> (dedicado a Juan XXIII) de Pier Paolo Pasolini. Scorsese y Schrader piensan que <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> es m\u00e1s una pel\u00edcula psicol\u00f3gica que religiosa (en el sentido habitual de la palabra). Yo tambi\u00e9n lo creo. Y preciso: en el mismo sentido en que es m\u00e1s psicol\u00f3gica que religiosa la novela de Dostoievki sobre los hermanos Karamazov. Tal vez sea \u00e9sta la raz\u00f3n por la cual puede ser vista, con igual identificaci\u00f3n y atenci\u00f3n, por personas religiosas y por personas que no lo son.<\/p>\n<p>La advertencia inicial que figura en las copias de <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> deber\u00eda haber sido suficiente para disuadir a los fundamentalistas: \u00abEsta pel\u00edcula no est\u00e1 basada en los evangelios, sino en la investigaci\u00f3n de la novela sobre el eterno conflicto espiritual\u00bb. Cierto. La elecci\u00f3n de los escenarios en los que se desarrolla la acci\u00f3n, la imaginativa reconstrucci\u00f3n de la adolescencia y juventud de Jes\u00fas, la econom\u00eda de medios con que est\u00e1 tratado el decisivo momento del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, la forma de plantear la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y Mar\u00eda Magdalena (o entre Jes\u00fas y Judas desde el encuentro inicial), el trasfondo pol\u00edtico de la lucha de los zelotes, las varias alusiones a la simbolog\u00eda del hacha (tan cara al cristianismo ortodoxo greco-eslavo y al propio Kazantzakis), la m\u00fasica compuesta por Peter Gabriel, todo eso, que son aciertos narrativos y cinematogr\u00e1ficos evidentes, deber\u00eda bastar para ver <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n<\/em> como un intento de reconstrucci\u00f3n, respetuosa, insisto, de la vieja leyenda al hilo de las preocupaciones de siempre. \u00bfPuede alguien que quiera llegar a Dios (en la doble y ambivalente acepci\u00f3n de la expresi\u00f3n mentada) decidir acaso, y de una vez por todas, entre el \u00abestoy luchando\u00bb (la lucha <em>interior<\/em> del hombre Jes\u00fas) y el \u00abyo lucho, tu colaboras\u00bb (la lucha pol\u00edtica del hombre Judas)?<\/p>\n<p>Hoy sabemos, por las inscripciones funerarias que se han conservado y por el trabajo de historiadores y fil\u00f3logos, que en los montes y desiertos de Judea no s\u00f3lo los dioses y los que hablaban con Dios mor\u00edan j\u00f3venes: la esperanza de vida de los varones jud\u00edos de entonces no rebasaba, por lo general, los 30 a\u00f1os. Es m\u00e1s: por lo que se sabe ahora sobre las discrepancias (que no son s\u00f3lo de matiz) entre los cuatro evangelistas can\u00f3nicos (la versi\u00f3n oficial, tradicional, de los hechos), o sobre los evangelios gn\u00f3sticos de Naj Hammadi, o sobre algunos de los manuscritos del Mar Muerto, cabe preguntarse incluso si la propuesta intuitiva de Kazantzakis-Schrader-Scorsese sobre la vida, pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas de Nazaret no estar\u00e1 m\u00e1s cerca de la verdad hist\u00f3rica que los evangelios llamados can\u00f3nicos.<\/p>\n<p>Claro que de ah\u00ed brota un Cristo <em>sin ismos<\/em>, un Cristo para adultos. Y eso no es f\u00e1cil de aceptar desde la fe del carbonero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 1: Editores, escritores<\/h3>\n<p><em>Escrito fechado en 2001.<\/em><\/p>\n<p>A Jordi Montilla<\/p>\n<p><strong>1. Si es compatible el criterio de la calidad con el econ\u00f3mico en el mundo del libro.<\/strong><\/p>\n<p>Lo es. Y de hecho existen editoriales, tanto en Espa\u00f1a como otros pa\u00edses, que compaginan bastante bien el criterio econ\u00f3mico con la edici\u00f3n de libros de calidad, tanto en lo que hace al contenido como formalmente. Ocurre, sin embargo, que compaginar esos dos criterios resulta cada vez m\u00e1s dif\u00edcil en un mundo supermercantilizado. La industria del libro no es una excepci\u00f3n. Est\u00e1 cada vez m\u00e1s condicionada por la l\u00f3gica del beneficio y por la consideraci\u00f3n de la cultura como mero espect\u00e1culo. Cada vez hay m\u00e1s editoriales que producen libros como si fueran churros o zapatillas de deporte. La b\u00fasqueda del beneficio inmediato determina el ritmo de producci\u00f3n de libros en dos sentidos. Primero exigiendo al autor que escriba rapid\u00edsimamente para cumplir con las exigencias de la demanda. Y luego reduciendo al m\u00e1ximo la fase que va desde la entrega del original a la encuadernaci\u00f3n del volumen. Esto \u00faltimo obstaculiza la correcci\u00f3n cuidadosa de las pruebas de imprenta y empobrece muchas veces el producto final. Un ejemplo de lo que digo: lo que est\u00e1 ocurriendo actualmente con los ensayos biogr\u00e1ficos sobre Bin Laden, en los que lo que importa no es la calidad contrastada sino la urgencia con que hay que poner el producto en el mercado.<\/p>\n<p><strong>2. \u00bfSe acaba comiendo siempre el pez grande al chico en la industria del libro?<\/strong><\/p>\n<p>La tendencia a la concentraci\u00f3n y a la absorci\u00f3n de las empresas peque\u00f1as por las grandes es una ley general del modo capitalista de producir y consumir. Y como la industria del libro forma parte de este modo de producir y consumir es natural que tambi\u00e9n, por lo general, el pez grande se coma al chico. La mayor\u00eda de las editoriales peque\u00f1as que yo conoc\u00ed y para las que trabaj\u00e9 hace treinta a\u00f1os han desaparecido absorbidas o liquidadas por la competencia. Ese proceso se ha acentuado hasta l\u00edmites inauditos en los \u00faltimos diez a\u00f1os y previsiblemente ir\u00e1 a m\u00e1s. Ahora bien, las leyes generales en esto no son del tipo de la ley de la ca\u00edda de los graves, que se cumplen en todos los casos y sin excepciones. Al mismo tiempo que se producen constantes absorciones de editoriales peque\u00f1as o de tama\u00f1o medio otras resisten, por el esp\u00edritu de independencia de sus mentores, y surgen otras, en los m\u00e1rgenes del sistema, con la voluntad de editar lo que los grandes no editan precisamente porque se rigen por la l\u00f3gica del beneficio inmediato. Anagrama es un ejemplo de lo primero: empez\u00f3 siendo una editorial peque\u00f1a con una l\u00ednea de publicaciones muy definida, resisti\u00f3 y ha crecido en la independencia. De lo segundo hay muchos ejemplos: El viejo topo, Bellaterra, Los libros de la Catarata, Icaria, La balsa de la medusa&#8230; No todo editor est\u00e1 dipuesto a vender lo que ha hecho al mejor postor de los grandes; algunos se comportan como los granjeros del oeste americano que se negaban por principio a vender sus tierras a las compa\u00f1\u00edas petrol\u00edferas. Y hacen bien. S\u00f3lo que para resistir en estas condiciones hace falta algo m\u00e1s que voluntad y vocaci\u00f3n de editor. Se necesita inteligencia, conocimiento del mercado e imaginaci\u00f3n creadora.<\/p>\n<p><strong>3. \u00bfAcabar\u00e1n condicionando las nuevas tecnolog\u00edas la concepci\u00f3n f\u00edsica del libro tal como hoy lo conocemos?<\/strong><\/p>\n<p>De eso no hay duda. Ocurrir\u00e1 algo parecido a lo que sucedi\u00f3 en el siglo XVI con la difusi\u00f3n de la imprenta. Lo cual no quiere decir que el libro, tal como sali\u00f3 de la implantaci\u00f3n de la imprenta y como lo conocemos hoy, vaya a desaparecer por completo y a corto plazo. La edici\u00f3n digital crecer\u00e1 y las nuevas generaciones se acostumbrar\u00e1n a leer en pantallas de varios tipos. Toda tecnolog\u00eda nueva, sobre todo cuando es tan innovadora como las que estamos conociendo ahora, tiene repercusiones importantes. Y las aplicadas a la escritura y a la lectura tambi\u00e9n las tendr\u00e1n. Ahora bien, las tecnolog\u00edas, por innovadoras que sean, son siempre de doble uso, por s\u00ed decirlo. Y en este caso pueden ser utilizadas tanto para liquidar el libro en papel que conocemos como para mejorar lo que\u00a0 podr\u00edamos llamar la edici\u00f3n tradicional. En realidad ya ahora estamos asistiendo a esta duplicidad. Por una parte, est\u00e1 el libro digital, que maravilla y cumple funciones espec\u00edficas que no podr\u00eda cubrir la edici\u00f3n tradicional. Por otra, existen programas inform\u00e1ticos aplicados a la composici\u00f3n del libro cl\u00e1sico que dan una calidad en la que no habr\u00edan podido ni so\u00f1ar los mejores litonipistas de la edad de oro de la imprenta. En suma, que en esto de las nuevas tecnolog\u00edas hay que huir, como de la peste, tanto del papanatismo que emplea la palabra \u00abnuevo\u00bb en un sentido exclusivamente publicitario como de la a\u00f1oranza rom\u00e1ntica que ve siempre en lo nuevo una degradaci\u00f3n de lo que hubo en otros tiempos.<\/p>\n<p><strong>4. \u00bfSe escribe para s\u00ed mismo o pensando en un lector futurible, etc.?<\/strong><\/p>\n<p>No creo que haya en esto una norma \u00fanica aplicable a todo aquel que escribe. Hay quien escribe para s\u00ed mismo. Otros act\u00faan como dicen que actuaba el conde Arnau, que no dec\u00eda su canci\u00f3n sino a quien iba con \u00e9l. Otros piensan, al escribir, en la mayor\u00eda de los lectores potenciales. Otros escriben para \u00abla inmensa minor\u00eda\u00bb. Otros se enga\u00f1an siempre creyendo que escriben para muchos y comprobando que tienen pocos lectores. Y otros, por \u00faltimo, se sorprenden siempre de que escribiendo para s\u00ed mismos lleguen a tener tantos lectores. Hay escritores ocasionales que saben aprovechar la ocasi\u00f3n y escritores de oficio a los que la ocasi\u00f3n les da igual. Para escribir basta con tener una pluma o un ordenador.Para publicar ahora basta con ser periodista. Para escribir bien hace falta talento, dominio de la lengua y tener algo que decir. Hay g\u00e9neros, como la poes\u00eda, en que el escritor nace. En esto si se ha nacido con el paladar atrofiado no hay oficio que lo remedie. Pero hay otros g\u00e9neros, como el ensayo, en que el escritor se hace (a veces contra el mundo y contra s\u00ed mismo). Por lo general, el escritor serio se pregunta siempre: \u00bftengo yo algo que decir que no haya sido dicho ya? La respuesta a esa pregunta suele depender de la conformaci\u00f3n de los h\u00edgados de cada cual. Hay quien cree que siempre tiene algo original que decir y le basta con un editor compulsivo o adulador para dar a luz cualquier cosa. Y hay quien cree que casi todo est\u00e1 dicho ya y necesita de amigos que le convenzan de que al menos no en la forma en que \u00e9l pod\u00eda decirlo. Los mejores son los no se dejan convencer ni por los editores ni por los amigos, los que pensando que escriben s\u00f3lo s\u00ed mismos tiene un \u00abs\u00ed mismo\u00bb tan particular que acaban llegando a la inmensa minor\u00eda. Estos tienen tiempo para experimentar con la lengua o para descubrir el perfil de un concepto del que luego muchos podr\u00e1n decir: \u00abEstaba en el aire y no lo sent\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 2. C\u00f3mo debe ser la divulgaci\u00f3n para no degradar el conocimiento cient\u00edfico y cumplir su funci\u00f3n en el desarrollo social.<\/h3>\n<p><em>Texto de 2008. No he sabido averiguar nada m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>Lo primero que hay que hacer es acentuar la prudencia <em>en la elecci\u00f3n de las met\u00e1foras<\/em> con las que se comunica a la ciudadan\u00eda los resultados de tal o cual investigaci\u00f3n cient\u00edfica, puesto que previsiblemente van a ser estas met\u00e1foras las que har\u00e1n mella en el p\u00fablico en general. Creo que un buen ejemplo a seguir en esto es todav\u00eda lo que hizo Einstein en 1917, cuando public\u00f3 una exposici\u00f3n de su teor\u00eda de la relatividad pensando en un p\u00fablico culto, prescindiendo en lo esencial del aparato matem\u00e1tico sin renunciar al rigor conceptual.<\/p>\n<p>Esta l\u00ednea de divulgaci\u00f3n seria es la que se puede encontrar en las \u00faltimas d\u00e9cadas entre los cient\u00edficos reunidos en torno a la Fundaci\u00f3n Edge. La ciencia es tambi\u00e9n una pieza cultural, tal vez lo m\u00e1s importante de la cultura en el mundo en que vivimos, por lo que adem\u00e1s de suscitar investigaciones y de ser ense\u00f1ada en el lenguaje de los especialistas, debe llegar a la ciudadan\u00eda. Pues sin el conocimiento de los resultados de algunas de estas investigaciones ni siquiera es posible hoy en d\u00eda entrar con solvencia en la discusi\u00f3n racional de muchos de los asuntos controvertidos que nos preocupan.<\/p>\n<p>Si hemos de aspirar en el siglo XXI a una ciencia con conciencia, el \u00e9xito de esta aspiraci\u00f3n depender\u00e1 en gran parte de la habilidad y precisi\u00f3n a la hora de encontrar las met\u00e1foras adecuadas para dar a conocer al p\u00fablico en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evoluci\u00f3n, los genes, la mente humana o las relaciones sociales. Esto obliga a prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a lo que los antiguos llamaban m\u00e9todo de exposici\u00f3n. En la b\u00fasqueda del lenguaje apropiado y de la selecci\u00f3n de las met\u00e1foras m\u00e1s adecuadas el cient\u00edfico a\u00fan puede inspirarse en cl\u00e1sicos literarios que fueron, a su vez, \u00abamigos de la ciencia\u00bb, como Goethe y Brecht.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 3. Encuesta al profesorado de Humanidades<\/h3>\n<p><em>UPF, mayo de 2009.<\/em><\/p>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%;\"><strong>Descriptors dels estudis<\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%;\"><strong>Autors<\/strong>: cita un m\u00e0xim de 10 autors que consideris fonamentals per definir l\u2019\u00e0mbit de les Humanitats<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">1<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Erasmo<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">2<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Bacon<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">3<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Diderot<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">4<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Lessing<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">5<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Goethe<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">6<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Mattew Arnold<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">7<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Bertrand Russell<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">8<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Isaac Berlin<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">9<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">Hans Jonas<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.29229%;\">10<\/td>\n<td style=\"width: 93.7077%;\">George Steiner<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%;\"><strong>Obres<\/strong>: cita un m\u00e0xim de 5 obres que consideris fonamentals per definir l\u2019\u00e0mbit de les Humanitats<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%; height: 144px;\">\n<tbody>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 6.4276%; height: 24px;\">1<\/td>\n<td style=\"width: 93.5724%; height: 24px;\">El volumen X de <em>The Complete Prose Works<\/em>, de Mattew Arnold<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 6.4276%; height: 24px;\">2<\/td>\n<td style=\"width: 93.5724%; height: 24px;\"><em>Contra la corriente<\/em>, de I. Berlin<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 6.4276%; height: 24px;\">3<\/td>\n<td style=\"width: 93.5724%; height: 24px;\"><em>Las tres culturas<\/em>, de W. Lepennies<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 48px;\">\n<td style=\"width: 6.4276%; height: 48px;\">4<\/td>\n<td style=\"width: 93.5724%; height: 48px;\"><em>\u00c9rase una vez el zorro y el erizo. Las humanidades y la ciencia en el tercer milenio<\/em>, de S.J. Gould<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 6.4276%; height: 24px;\">5<\/td>\n<td style=\"width: 93.5724%; height: 24px;\"><em>Los libros que nunca he escrito<\/em>, de G. Steiner<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%;\"><strong>Conceptes<\/strong>: cita un m\u00e0xim de 5 paraules clau, conceptes, principis o idees que consideris fonamentals per definir l\u2019\u00e0mbit de les Humanitats<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.90122%;\">1<\/td>\n<td style=\"width: 93.0988%;\">Nada humano me es ajeno.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.90122%;\">2<\/td>\n<td style=\"width: 93.0988%;\">Nada garantiza racionalmente que estemos aqu\u00ed para quedarnos.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.90122%;\">3<\/td>\n<td style=\"width: 93.0988%;\">No hay un m\u00e9todo, pero hay que ser met\u00f3dicos.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.90122%;\">4<\/td>\n<td style=\"width: 93.0988%;\">Conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 6.90122%;\">5<\/td>\n<td style=\"width: 93.0988%;\">Hay m\u00e1s cosas en el mundo de las que caben en la filosof\u00eda de uno.<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%;\"><strong>Perfil<\/strong>: cita un m\u00e0xim de 5 caracter\u00edstiques que consideris importants per definir les persones que es dediquen a l\u2019\u00e0mbit de les Humanitats<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%; height: 120px;\">\n<tbody>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 7.23951%; height: 24px;\">1<\/td>\n<td style=\"width: 92.7605%; height: 24px;\">Conciencia hist\u00f3rica.<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 7.23951%; height: 24px;\">2<\/td>\n<td style=\"width: 92.7605%; height: 24px;\">Esp\u00edritu anal\u00edtico.<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 7.23951%; height: 24px;\">3<\/td>\n<td style=\"width: 92.7605%; height: 24px;\">Racionalidad cr\u00edtica.<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 7.23951%; height: 24px;\">4<\/td>\n<td style=\"width: 92.7605%; height: 24px;\">Imaginaci\u00f3n ideogr\u00e1fica.<\/td>\n<\/tr>\n<tr style=\"height: 24px;\">\n<td style=\"width: 7.23951%; height: 24px;\">5<\/td>\n<td style=\"width: 92.7605%; height: 24px;\">Sentido de la alteridad.<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<p>[1] NE. El \u00e9nfasis es m\u00edo, no del autor.<br \/>\n[2] NE. V\u00e9ase Girolamo Savonarola, <em>Pr\u00e9dicas para desesperados<\/em>. Madrid: Los Libros de la Catarata. Edici\u00f3n y presentaci\u00f3n de FFB.<br \/>\n[3] NE. En 1994, el autor present\u00f3 al profesor, poeta, traductor y activista Jorge Riechmann con las siguientes palabras:<br \/>\n\u00abJorge Riechmann es poeta y bastantes cosas m\u00e1s.<br \/>\nPara empezar es licenciado en matem\u00e1ticas. As\u00ed que confirma con su persona y con su ejemplo una idea varias veces repetida por Yves Bonnefoyy que siempre nos cuesta cierto trabajo admitir: la de la proximidad de sustancia entre matem\u00e1ticas y palabra po\u00e9tica.<br \/>\nPero, adem\u00e1s, Jorge ha hecho estudios de filosof\u00eda y de lengua y literatura.<br \/>\nHa viajado y residido, estudiando lengua y literatura francesa, inglesa y alemana, por Francia, B\u00e9lgica, Suiza, Gran Breta\u00f1a y Alemania.<br \/>\nHa estudiado arte en Noruega, en la Universidad de Oslo.<br \/>\nLuego se ha doctorado en filosof\u00eda pol\u00edtica con una tesis sobre Los Verdes alemanes.<br \/>\nEn estos \u00faltimos a\u00f1os ha sido profesor de filosof\u00eda moral y pol\u00edtica en la Universidad de Barcelona y, por razones amorosas, ha vivido entre Barcedrid y Marcelona, de manera que es uno de los poetas de este pa\u00eds que m\u00e1s sabe de trenes y autocares.<br \/>\nHa traducido a Rene Char, a Bonnefoy y a Michaux; y del alem\u00e1n, a von Keist y a H. M\u00fcller. Ahora anda metido en la traducci\u00f3n del Brecht poeta.<br \/>\nHa publicado un decena de libros y ensayos sobre diferentes temas y problemas relacionados con los movimientos sociales actuales: sobre el movimiento verde en Europa, sobre pacifismo, sobre los derechos de los animales, sobre ecosocialismo&#8230;<br \/>\nY como poeta va ya por el s\u00e9ptimo u octavo libro.<br \/>\nEn el 87 le concedieron el segundo premio Hiperi\u00f3n por <em>C\u00e1ntico de la erosi\u00f3n<\/em>. En el 89 public\u00f3 <em>Cuaderno de Berl\u00edn<\/em>. En el 90 public\u00f3 <em>Poes\u00eda practicable<\/em>. En el 93 public\u00f3 <em>Material m\u00f3vil<\/em>. Ese mismo a\u00f1o gan\u00f3 el premio de poes\u00eda Feria del Libro de Madrid con <em>El corte bajo la piel<\/em>. En el 94 public\u00f3 <em>Baila con un extranjero<\/em>. En el 95 ha publicado <em>Amarte sin regreso<\/em> (antolog\u00eda de su poes\u00eda amorosa).<br \/>\nY todo eso, ah\u00ed donde le veis, con 34 a\u00f1os.<br \/>\nDice Jorge que no es experto en nada.<br \/>\nDice que, como intelectual, intenta rebajar su capacidad de acomodamiento incluso si ocasionalmente sale malparada la brillantez.<br \/>\nSostiene que aunque sabe que el desierto crece le cuesta resignarse.<br \/>\nDice que la da verg\u00fcenza ser europeo occidental y que a veces se escabulle \u00absin esperanza y con convencimiento\u00bb.<br \/>\nSostiene que la tragedia es un momento estructural de la vida humana. Y, a\u00f1ade, no sin iron\u00eda, \u00ab\u00bbredicar la raz\u00f3n\/como una puta pobre\u00bb a \u00ablos infieles inquilinos \/del mejor de los mundos posibles\u00bb (Jorge Riechmann).<br \/>\nY digo yo que Jorge es un poeta de la veracidad; un poeta productivo en di\u00e1logo permanente con los argumentos universales de la poes\u00eda. En su poes\u00eda veo yo una apuesta, que aprecio de verdad y que quisiera que ganaran los poetas: una apuesta en favor de la \u00e9tica de la resistencia.\u00bb<br \/>\n[4] NE. El \u00e9nfasis tampoco es del autor.<br \/>\n[5] NE. V\u00e9ase \u00abGalileo visto por Bertolt Brecht\u00bb. En FFB, <em>Para la tercera cultura. Ensayo sobre ciencia y humanidades<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2013, pp. 237-254. En mi opini\u00f3n, uno de los escritos m\u00e1s deslumbrantes del autor.<br \/>\n[6] NE. Con la siguiente cita abr\u00eda el autor <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo. Por un racionalismo bien temperado<\/em>: \u00abUn cient\u00edfico es un cruce de mimosa y puercoesp\u00edn.\u00bb<br \/>\n[7] NE. Categor\u00eda central en el FFB de sus \u00faltimos a\u00f1os.<br \/>\n[8] NE. Reeditado por El Viejo Topo en 2021.<br \/>\n[9] NE. Francesc Torralba: <em>Los maestros de la sospecha. Marx, Nietzsche, Freud<\/em>. Fragmenta Editorial. Barcelona, 2014. 157 p\u00e1gs.<br \/>\n[10] NE. En la Librer\u00eda La Central de Barcelona 13\/II\/2008.<br \/>\n[11] NE. V\u00e9ase FFB, \u00abWilliam Morris. So\u00f1ador de nuestros sue\u00f1os\u00bb <em>Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global<\/em>, n\u00fam. 133, primavera 2016, pp. 13-35.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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