{"id":12778,"date":"2022-11-22T05:00:53","date_gmt":"2022-11-22T04:00:53","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12778"},"modified":"2023-02-04T04:49:28","modified_gmt":"2023-02-04T03:49:28","slug":"sobre-el-manifiesto-comunista-dos-conferencias-y-dos-anexos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12778","title":{"rendered":"Sobre el <i>Manifiesto Comunista<\/i>  (Dos conferencias y dos anexos)"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Conferencias fechadas en 1999 y 2000.<\/em><\/p>\n<p><em>Los dos anexos: 1. Presentaci\u00f3n de <\/em>El Acorazado Potemkin<em> (6\/12\/1978). <\/em><br \/>\n<em>2. Carta de F\u00e9lix Duque (13\/3\/2001).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>I. Ayer y hoy del <em>Manifiesto Comunista<\/em><\/h3>\n<p><em>Conferencia impartida en Pamplona: 24\/II\/1999.<\/em><\/p>\n<p>1. La primavera pasada tuvo lugar en Par\u00eds un encuentro internacional para conmemorar el 150 aniversario del <em>Manifiesto Comunista<\/em>, que se public\u00f3 por primera vez, en Londres, en 1848. Asistieron a ese encuentro mil seiscientas personalidades de todo el mundo. Hab\u00eda all\u00ed, en Par\u00eds, intelectuales de doce pa\u00edses de \u00c1frica, de diez pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, de Canad\u00e1, de Estados Unidos, de China, de la India, de Jap\u00f3n, de Vietnam, de Sri Landa, de veintitantos pa\u00edses europeos (de Portugal a los Urales), de Egipto, de Irak, de Israel, del L\u00edbano, de Palestina, de Siria, de Turqu\u00eda, de Australia, de Nueva Zelanda y de Polinesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, entre la primavera y el invierno del 98, ha habido otros encuentros parecidos, aunque no tan numerosos como el de Par\u00eds, en Alemania, en Italia, en EE.UU de Norteam\u00e9rica, convocados a instancias de prestigiosas publicaciones y organizaciones como <em>Das Argument<\/em>, <em>Il Manifesto<\/em>, el <em>Forum Brecht<\/em> y la <em>New York Marxist School<\/em>.<\/p>\n<p>Muchas revistas y editoriales del mundo se han hecho eco de estos encuentros y han publicado las ponencias presentadas en ellos o las actas de los mismos. Mencionar\u00e9 algunas de estas publicaciones: <em>Monthly Review<\/em>, <em>Rethinking marxism<\/em>, <em>Science and Society<\/em> y <em>Socialism and Democracy<\/em>, en EE.UU; <em>Dial\u00e9ctica<\/em> en M\u00e9xico; <em>New Left Review<\/em> en el Reino Unido; <em>Actuel Marx<\/em> y <em>Les Editons de l&#8217;Atelier<\/em> en Francia; <em>Critica marxista<\/em>, <em>Il Manifesto<\/em> y <em>Liberazione<\/em> en Italia; <em>Das Argument<\/em> en Alemania[1].<\/p>\n<p>Entre las personalidades que han participado en estos encuentros o que han escrito sobre el Manifiesto durante esos meses hay muchos nombres conocidos (o que deber\u00edan ser conocidos) por los universitarios interesados en temas human\u00edsticos y de ciencias sociales: desde Noam Chomsky al subcomandante Marcos y desde Eric Hobsbawm y John Berger a Stephen Jay Gould pasando por Samir Amin, Perry Anderson, Etienne Balibar, Norberto Bobbio, Joseph Buttigieg, Daniel Bensa\u00efd, Jacques Derrida, Valentino Gerratana, Domenico Losurdo, Enrique Dusel, Terry Eagleton, Pietro Ingrao, Hinkelhammer, W. F. Haug, Frederic Jameson, George Labica, Boris Kagarlitsky, Michael L\u00f6wy, Tony Negri, Rossana Rossanda, Sheila Rowbotham, Lucien S\u00e8ve, Edward Said, Cornel West, I. Wallerstein&#8230;[2]<\/p>\n<p>No quiero cansarles con una enumeraci\u00f3n exhaustiva. S\u00f3lo recordar que estas personas han escrito al mismo tiempo libros y monograf\u00edas internacionalmente reconocidos en el campo de la econom\u00eda, de la sociolog\u00eda, de la historia, de la historia de la ciencia, de los movimientos sociales, de la filolog\u00eda, de la literatura o de la cr\u00edtica literaria desde diferentes interpretaciones del marxismo.<\/p>\n<p>Sintom\u00e1ticamente, ninguno de los peri\u00f3dicos de mayor circulaci\u00f3n en Espa\u00f1a (ni <em>El Pa\u00eds<\/em>, ni <em>El Mundo<\/em>, ni <em>ABC<\/em>, ni <em>El Peri\u00f3dico de Catalu\u00f1a<\/em>) ha mencionado estos encuentros. Quien quiera corregir esa desinformaci\u00f3n clamorosa puede consultar el libro colectivo: <em>Le Manifeste communiste aujourd\u00b4hui<\/em>, que acaba de ser publicado por Les Editions de l&#8217;Atelier en Par\u00eds. Es un libro que deber\u00eda estar en las bibliotecas de las universidades para informaci\u00f3n de los estudiantes interesados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2. La finalidad de estos encuentros internacionales era dialogar en com\u00fan sobre la actualidad del Manifiesto a la hora de contestar, desde los problemas del mundo de hoy, a esta dos preguntas: \u00bfqu\u00e9 alternativa al capitalismo? y \u00bfqu\u00e9 emancipaci\u00f3n humana? Naturalmente, las respuestas fueron muchas y variadas. Pero en el ambiente hab\u00eda una idea compartida por todos: el <em>Manifiesto Comunista<\/em>[3] sigue siendo hoy, 150 a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, una fuente de inspiraci\u00f3n para la acci\u00f3n de todos aquellos que estamos convencidos de que este mundo actual es un esc\u00e1ndalo intolerable en el que las desigualdades sociales crecen hasta la exasperaci\u00f3n; un mundo en el que, seg\u00fan los \u00faltimos informes de Amnist\u00eda Internacional, se tapa la boca o se silencia (por medios mucho m\u00e1s sutiles de los que ten\u00eda la burgues\u00eda en el siglo XIX) a los que disienten del pensamiento impuesto; un mundo en que, seg\u00fan todos los informes de las NN.UU., unos pocos se enriquecen hasta l\u00edmites insospechados y se condena al hambre, a la esclavitud, a la sobreexplotaci\u00f3n, al desempleo o a la miseria a dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial.<\/p>\n<p>Ese es el mundo que est\u00e1 creando el capitalismo <em>pre<\/em>liberal (que no <em>neo<\/em>liberal) de finales del siglo XX, el mundo heredero del que Marx y Engels denunciaron con palabras certeras: \u00aben las g\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1bamos en 1848. Y ah\u00ed seguimos estando hoy.<\/p>\n<p>Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb lo invaden casi todo, como si se tratara de un oc\u00e9ano; las g\u00e9lidas aguas del agua del c\u00e1lculo ego\u00edsta son hoy el producto de las grand\u00edsimas entidades bancarias, financieras e industriales que hacen y deshacen por encima de los estados y de las voluntades nacionales, que hunden a pa\u00edses enteros y se inventan milagros econ\u00f3micos. Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb son hoy el producto del Banco Mundial y de las potencias econ\u00f3micas que propugnan un Acuerdo Multinacional de Inversiones por el que el pretenden saltarse parlamentos nacionales y cartas constitucionales y establecer por escrito lo que opera ya como verdadera Constituci\u00f3n material: el poder omn\u00edmodo del dinero.<\/p>\n<p>Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb son hoy, en Europa, los acuerdos de Maastricht y de Amsterdam, el euro, la moneda \u00fanica: el hecho indiscutido de que todo (desde la ense\u00f1anza p\u00fablica al medioambiente, desde las letras y las artes hasta el agua que bebemos y desde las relaciones laborales hasta los genes de las personas) haya pasado a regirse por una sola ley: la ley del mercado, la ley del beneficio privado que supuestamente, seg\u00fan quieren hacernos creer, habr\u00eda de beneficiar a las mayor\u00edas.<\/p>\n<p>En las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb actual se acuna todos los d\u00edas a los adultos con el cuento de que este mundo es como una tarta que hay que hacer crecer para que, creciendo, se haga grande y grande y el reparto de la misma llegue para todos. El poeta Le\u00f3n Felipe, en versos que cantaba Paco Ib\u00e1\u00f1ez, escribi\u00f3 una vez: \u00abque no me acunen con cuentos\u00bb[4]. La verdad es que este mundo nuestro se parece m\u00e1s a una gran jaula con dos pisos: en el de arriba habitan los pajarracos; en el de abajo los pajaritos[5] esperan que caigan las migas de la gran comilona del piso de arriba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3. La conclusi\u00f3n del encuentro de Par\u00eds, que renueva el esp\u00edritu del <em>Manifiesto Comunista<\/em>, ha sido esta: no podemos esperar; no podemos dejarnos acunar con m\u00e1s cuentos, hay que renovar la idea de que la gran jaula de las desigualdades sea sustituida por \u00abuna asociaci\u00f3n en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condici\u00f3n del libre desarrollo de todos\u00bb. Esa es la definici\u00f3n positiva de comunismo que hay en el <em>Manifiesto<\/em>. Para llegar a ello el <em>Manifiesto<\/em> propon\u00eda diez medidas que seguramente \u00abser\u00e1n diferentes seg\u00fan los pa\u00edses\u00bb. Esas diez medidas las equipara el <em>Manifiesto<\/em> a la \u00abconquista de la democracia\u00bb.<\/p>\n<p>Hagamos repaso: en la mayor parte del mundo la propiedad de la tierra no ha sido expropiada y, en muchos casos, donde se ha expropiado no lo ha sido en beneficio p\u00fablico sino de las grandes empresas agroindustriales; en la mayor parte del mundo no se han establecido fuertes impuestos progresivos y en el nuestro empiezan a ser regresivos; en la mayor parte del mundo no ha abolido el derecho de las grandes herencias; en la mayor parte del mundo los bancos no son p\u00fablicos ni han sido sometidos al estado, sino que el estado ha sido sometido a los bancos privados y se tiende a una mayor privatizaci\u00f3n de los p\u00fablicos; en la mayor parte del mundo los medios de transporte se han reprivatizado; en la mayor parte del mundo s\u00f3lo est\u00e1 permitido utilizar las palabras \u00abplan\u00bb y \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb para referirse al marketing y a la publicidad de los empresas privadas; en la mayor parte del mundo el desempleo crece y el ej\u00e9rcito industrial de reserva es un factor para acogotar a la poblaci\u00f3n potencialmente activa; en la mayor parte del mundo la unificaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n de la agricultura y de la industria y el acercamiento entre la ciudad y el campo se ha hecho en detrimento de los trabajadores del campo, de los pueblos ind\u00edgenas y de los agricultores pobres que se han visto obligados a emigrar a las megaurbes; en la mayor parte del mundo ha aumentado el trabajo y la sobreexplotaci\u00f3n de los ni\u00f1os y no hay r\u00e9gimen de educaci\u00f3n combinado con la producci\u00f3n material y, en la mayor\u00eda de los casos (por ejemplo, en nuestro pa\u00eds) ni siquiera una buena educaci\u00f3n profesional p\u00fablica.<\/p>\n<p>En algunos de los pa\u00edses del mundo en que algunas de esas medidas fueron puestas en pr\u00e1ctica entre 1917 y 1990 han sido luego retiradas u olvidadas. Hay que reconocer que en ciertos casos aquellas medidas fueron impuestas con un exceso estatalista y centralizador y que en otros casos la burocracia contrarrest\u00f3 los efectos positivos iniciales de tales medidas. Pero tambi\u00e9n hay que decir \u2013porque no se est\u00e1 diciendo casi nunca\u2013 que las cifras cantan: desde que aquellas medidas fueron retiradas u olvidadas, en solo unos pocos a\u00f1os, todos los principales indicadores del nivel de vida de las gentes (en sanidad, educaci\u00f3n, vivienda y condiciones de trabajo principalmente) han empeorado. Ah\u00ed est\u00e1 el caso de la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica para confirmarlo.<\/p>\n<p>Si uno se toma en serio la palabra \u00abdemocracia\u00bb, como lo hac\u00edan los autores del <em>Manifiesto Comunista<\/em>, hay que concluir de ah\u00ed que hoy en d\u00eda estamos todav\u00eda en la fase de la \u00abconquista de la democracia\u00bb. Y no s\u00f3lo desde ese punto de vista, que pone el acento en lo econ\u00f3mico-social. Tambi\u00e9n desde el punto de vista pol\u00edtico. \u00bfHay algo m\u00e1s contradictorio que el hecho de que en la mayor\u00eda de los pa\u00edses democr\u00e1ticos, en los que se da por supuesto, por definici\u00f3n, que \u00abgobierna el pueblo\u00bb nos hayamos tenido que inventar la figura del \u00abdefensor del pueblo\u00bb? \u00bfPor qu\u00e9 no nos preguntamos en serio c\u00f3mo es que en lugares en los que gobierna el pueblo \u00e9ste necesite, adem\u00e1s, un defensor?<\/p>\n<p>Si hemos de juzgar por lo que dicen los informes anuales de Amnist\u00eda Internacional donde el <em>Manifiesto<\/em> dice \u00abun fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo\u00bb deber\u00edamos decir hoy: un fantasma recorre <em>el mundo<\/em>. Pues l\u00edderes religiosos, d\u00e9spotas pol\u00edticos y plut\u00f3cratas de todo el mundo persiguen y encarcelan a j\u00f3venes, mujeres y varones que se rebelan en \u00c1frica, Asia, Am\u00e9rica y parte de Europa con la misma vieja acusaci\u00f3n: comunistas.<\/p>\n<p>Incluso en el coraz\u00f3n de Europa el fantasma sigue presente. Miles de p\u00e1ginas de diarios, telediarios, revistas y radiorevistas han estado ocupadas en estas \u00faltimas semanas en <em>El libro negro del comunismo<\/em>. No voy a negar yo aqu\u00ed que ha habido p\u00e1ginas negras en la historia del comunismo del siglo XX. Sin duda, el estalinismo lo es. Pero \u00bfy los libros negros del capitalismo del siglo XX? \u00bfY los libros negros del liberalismo? \u00bfY los libros negros de las democracias cristianas que auparon al poder a otros d\u00e9spotas y mantuvieron reg\u00edmenes corruptos durante d\u00e9cadas? \u00bfY qui\u00e9n de los presentes ha le\u00eddo en nuestros peri\u00f3dicos una referencia, una sola, a los mil marxistas reunidos la semana pasada en Par\u00eds para hablar del <em>Manifiesto<\/em>? \u00bfQu\u00e9 libertad de prensa es \u00e9sta por la que se exalta cualquier nimiedad posmoderna y se silencia el debate de ideas entre un millar de intelectuales de los cinco continentes? Por lo general, los marxistas s\u00f3lo aparecen en los medios de comunicaci\u00f3n en la hora de las necrol\u00f3gicas. Cuantas veces nuestros principales peri\u00f3dicos habr\u00e1n escrito al respecto: \u00abHa muerto el \u00faltimo marxista\u00bb. Pues bien, frente a este otro cuento adormecedor tengo que decir: quedan por lo menos mil. Y estoy seguro de que esos mil representan a muchos m\u00e1s. Y si eso es as\u00ed no veo razones para seguir con la monserga sobre la traici\u00f3n de los intelectuales en general, la falta de compromiso y todas esas bobadas que se van repitiendo por as\u00ed. Y si son tantas las personas, marxistas o no, que siguen pensando que el <em>Manifiesto comunista<\/em> tiene actualidad tampoco veo razones de peso para ir por el mundo repitiendo las quejas del profeta Jerem\u00edas.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tiempos los fil\u00f3sofos se han dedicado mayormente a llorar por el mundo. Ahora de que lo que trata es de pensarlo y analizarlo bien para cambiarlo. Y como eso no va a ser cosa solo de fil\u00f3sofos, y como dec\u00eda el otro[6], tambi\u00e9n el educador tiene que ser educado, os emplazo para arrimar el hombro en, o junto a, las organizaciones sociopol\u00edticas y movimientos sociales que est\u00e1n ya en ello. El <em>Manifiesto<\/em> no es el libro. Es, tal vez, el embri\u00f3n del futuro libro blanco del comunismo. El <em>Manifiesto<\/em> es uno de nuestros libros. Tiene hoy la importancia de que a trav\u00e9s de \u00e9l los comunistas de finales del siglo XX podemos reanudar el necesario di\u00e1logo con los j\u00f3venes que se rebelan y con todas aquellas personas que, desde otras tradiciones (socialistas, cristianas, libertarios, anarquistas) comparten el ideal de la emancipaci\u00f3n de los de abajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4. El <em>Manifiesto comunista<\/em> es un texto de car\u00e1cter excepcional: por su brevedad; porque inauguraba un g\u00e9nero nuevo en la filosof\u00eda pol\u00edtica al juntar consideraci\u00f3n hist\u00f3rica, an\u00e1lisis sociol\u00f3gico y perspectiva pol\u00edtica con la defensa expl\u00edcita de los intereses de una clase social, el proletariado industrial, que por entonces no ten\u00eda en Europa casi nada; por lo que en su momento represent\u00f3 en el conjunto de la obra de Marx y Engels; por lo que ha significado para el movimiento obrero organizado en los cinco continentes; por el hecho de haber sido traducido repetidamente a todas las lenguas y en todos los pa\u00edses; por la gran audiencia que ha alcanzado a lo largo de siglo y medio.<\/p>\n<p>Pocas veces en la historia de las ideas se habr\u00e1 dicho tanto en favor de los de abajo, de los explotados y oprimidos, en tan poco espacio. Si el viejo refr\u00e1n dice verdad, el <em>Manifiesto Comunista<\/em> es dos veces bueno: s\u00f3lo veintitr\u00e9s p\u00e1ginas (en la edici\u00f3n alemana original) para tratar uno de los asuntos que m\u00e1s permanentemente ha conmovido a aquella parte de la humanidad preocupada por el mal social en el mundo moderno: el de las causas de la desigualdad social y la lucha de clases.<\/p>\n<p>El <em>Manifiesto comunista<\/em> es ya un cl\u00e1sico del pensamiento pol\u00edtico. Y es tambi\u00e9n un cl\u00e1sico de la tradici\u00f3n comunista. Ciento cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, razonar el inter\u00e9s de la lectura del cl\u00e1sico puede hacerse de dos maneras igualmente v\u00e1lidas.<\/p>\n<p>La primera consistir\u00eda en distanciarse lo m\u00e1s posible del texto y considerar el <em>Manifiesto<\/em> como uno m\u00e1s de los libros que han configurado el canon de la filosof\u00eda pol\u00edtica europea para tratarlo como se suele tratar acad\u00e9micamente a los cl\u00e1sicos: con rigor filol\u00f3gico, esp\u00edritu comparativo y atenci\u00f3n preferente al momento hist\u00f3rico en que la obra fue escrita. Como se trata a Maquiavelo, a Hobbes, a Montesquieu o a Tocqueville.<\/p>\n<p>La segunda manera de razonar ese inter\u00e9s actual, sin despreciar la primera, consiste en leer al cl\u00e1sico en el marco de la tradici\u00f3n liberadora que \u00e9l mismo ha inaugurado, haciendo propios, por tanto, las preocupaciones y el punto de vista de Marx y de Engels en una situaci\u00f3n ya muy cambiada respecto del momento hist\u00f3rico en que ellos escrib\u00edan. Esto \u00faltimo implica leer el <em>Manifiesto<\/em> atendiendo al mismo a lo que dice en texto y a las preocupaciones actuales de la tradici\u00f3n liberadora de los de abajo, pero sabiendo distinguir cu\u00e1ndo se hace filolog\u00eda y cu\u00e1ndo se trata de pensar y actuar en continuidad con el pensamiento y la pr\u00e1ctica de Marx y de Engels, conservando su inspiraci\u00f3n original: su vocaci\u00f3n cient\u00edfica y su decidido compromiso pol\u00edtico-moral con los de abajo, con la humanidad sufriente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>5. La lectura del Manifiesto siempre produce turbaci\u00f3n, inquietud. Desde su primera frase: \u00abUn fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo\u00bb hasta la \u00faltima: \u00abProletarios de todos los pa\u00edses, un\u00edos\u00bb, el lector quedar\u00e1 siempre cogido por la impresi\u00f3n de que aquello va con \u00e9l y, adem\u00e1s, en serio. El cuento cuenta de algo que nos afecta profundamente. Todav\u00eda ahora, cuando las bromas intelectuales acerca del \u00abfantasma que recorre Europa\u00bb est\u00e1n a la orden del d\u00eda, y el nombre mismo de \u00abcomunismo\u00bb sumamente desacreditado, las veintitantas p\u00e1ginas del <em>Manifiesto<\/em> siguen provocando turbaci\u00f3n en el lector.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 eso? \u00bfPor qu\u00e9 esta turbaci\u00f3n y el sucederse de las sonrisas nerviosas contenidas cada vez que se abre el <em>Manifiesto<\/em> y se lee aquello de que la historia de todas las sociedades existentes hasta el presente es la historia de la lucha de clases o aquello otro de que los obreros no tienen patria? \u00bfPor qu\u00e9 tanta crispaci\u00f3n si el proletariado del que all\u00ed se habla ya no existe, si el capitalismo del que all\u00ed se habla ya no existe, si la lucha de clases de la que all\u00ed se habla ya no existe, si el comunismo del que all\u00ed se habla no lleg\u00f3 a existir y donde se dijo que existi\u00f3 acab\u00f3 hundi\u00e9ndose?<\/p>\n<p>Lo que nos turba, en el caso del <em>Manifiesto<\/em>, es que alguien se haya atrevido a decir que, en este mundo de aqu\u00ed abajo, los que no tienen nada podr\u00edan tener conciencia, y voz propia, y unirse pol\u00edticamente para configurar una nueva hegemon\u00eda pol\u00edtico-cultural y una sociedad de iguales socialmente considerados.<\/p>\n<p>Y nos turba, precisamente, porque esto no ha sido dicho como las gentes de abajo estaban acostumbradas a que se lo dijeran los amigos del pueblo en los siglos anteriores: con el acompa\u00f1amiento de la promesa sobre la llegada de un mes\u00edas, o pregonando la confianza en la buena voluntad de aquellos a los que todo les sobra, o mientras se les indicaba con el dedo \u00edndice de la mano derecha, desde la balsa de n\u00e1ufragos, el nuevo mundo y se se\u00f1alaba con el reluciente dedo \u00edndice de la mano izquierda el propio pecho, el del h\u00e9roe de siempre que ha de conducirles, una vez m\u00e1s y por derecho de casta, al mundo de los iguales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>6. El programa comunista pudo haber sido un catecismo elaborado por cultos en forma de preguntas y respuestas para los simples, al estilo de tantos y tantos catecismos religiosos. Engels pens\u00f3 en esa forma, tan socorrida, para el programa comunista. Y redact\u00f3, efectivamente, un catecismo[7]. Pero luego se desdijo con buen acuerdo: \u00abA mi parecer, ser\u00eda mejor rechazar la forma catequ\u00edstica y llamar al asunto manifiesto comunista. Como habr\u00e1 que incluir una cierta cantidad de historia, creo que la forma actual es inadecuada. Voy dando vueltas a lo que he hecho aqu\u00ed. Est\u00e1 en una forma narrativa simple\u00bb. Engels acert\u00f3 al dejar la redacci\u00f3n final del <em>Manifiesto<\/em> en manos de Marx, quien pas\u00f3 de la forma narrativa simple al relato de la complejidad dial\u00e9ctica del drama hist\u00f3rico en el que la voluntad y la conciencia de los hombres divididos y socialmente enfrentados juegan (o pueden jugar) tanto como los condicionamientos externos.<\/p>\n<p>Un manifiesto es siempre, por definici\u00f3n, esquem\u00e1tico y propositivo.<\/p>\n<p>El <em>Manifiesto comunista<\/em> tambi\u00e9n lo es. Cuando describe, en su relato del drama hist\u00f3rico de la lucha de clases, est\u00e1, al mismo tiempo, interpretando, afirmando un punto de vista acerca de la historia toda. En este caso se trata del mundo, sobre todo del mundo del capitalismo, visto desde abajo. Y cuando propone, un manifiesto tiene que hacerlo mediante tesis o afirmaciones muy taxativas, sin ambig\u00fcedades, sin oscuridades.<\/p>\n<p>Un manifiesto no es un tratado ni un ensayo; no es el lugar para el matiz filos\u00f3fico ni para la precisi\u00f3n cient\u00edfica. Un manifiesto no es tampoco un programa detallado de lo que tal o cual corriente o partido se propone hacer ma\u00f1ana mismo. Un manifiesto tiene que resumir la argumentaci\u00f3n de la propia tendencia a lo esencial; es un programa fundamental, por as\u00ed decirlo.<\/p>\n<p>Por eso el lector de hoy echar\u00e1 en falta en el <em>Manifiesto<\/em> algunas cosas importantes.<\/p>\n<p>Varias de estas cosas est\u00e1n dichas en otras obras, m\u00e1s largas, m\u00e1s argumentadas, de Marx y de Engels. Por ejemplo, lo que significa \u00abplusval\u00eda\u00bb en el mundo capitalista. O, por ejemplo, lo que significa \u00abalienaci\u00f3n\u00bb en la civilizaci\u00f3n burguesa.<\/p>\n<p>Otras cosas necesitan precisiones o matizaciones. Por ejemplo, si antes de lo que sabemos de la historia escrita hubo o no un comunismo primitivo. O, por ejemplo, si la idea de polarizaci\u00f3n entre dos \u00fanicas clases sociales no habr\u00eda de abrirse al reconocimiento de la existencia de una clase media. O, por poner otro ejemplo: si la afirmaci\u00f3n de que el Estado es un mero administrador de los intereses generales de la burgues\u00eda capta las funciones esenciales del Estado moderno.<\/p>\n<p>Finalmente, otras cosas que son preocupaciones de hoy, de las gentes que hoy aspiraran a la liberaci\u00f3n, apenas est\u00e1n aludidas en el <em>Manifiesto<\/em>. Por ejemplo, la idea de que el desarrollo de las fuerzas productivas puede conducir a la destrucci\u00f3n del medioambiente, de la naturaleza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>7. Pero, por encima de todo eso, lo que ha hecho duradero al <em>Manifiesto comunista<\/em>, lo que le ha permitido envejecer bien, es la gracia con que sus autores supieron integrar el matiz filos\u00f3fico acerca de la historia y la vocaci\u00f3n cient\u00edfica del economista-soci\u00f3logo que, por ende, pone su saber al servicio de otros, de los m\u00e1s.<\/p>\n<p>En la lucha entre burgueses y proletarios el <em>Manifiesto<\/em> toma partido. Sus autores saben que la verdad es la verdad d\u00edgala Agamen\u00f3n o su porquero. Pero saben tambi\u00e9n que el moderno porquero de Agamen\u00f3n seguir\u00e1 inquieto, desasosegado, despu\u00e9s de escuchar de labios de su amo, de su burgu\u00e9s, las viejas palabras l\u00f3gicas sobre la verdad: \u00abde acuerdo\u00bb. Seguir\u00e1 inquieto porque el porquero de Agamen\u00f3n, que quiere liberarse, tiene ya su cultura, est\u00e1 adquiriendo su propia cultura: ha sido informado de que la verdad no es s\u00f3lo cosa de palabras, sino tambi\u00e9n de hechos, de haceres y quehaceres, de voluntades y realizaciones.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo es una clave para entender bien el texto. El <em>Manifiesto<\/em> no se limita a describir: califica, da nombre a las cosas.<\/p>\n<p>Cuando Marx y Engels dicen tan contundentemente, por ejemplo, que los obreros no tienen patria, no est\u00e1n haciendo sociolog\u00eda; no est\u00e1n describiendo la situaci\u00f3n del proletariado; no est\u00e1n diciendo algo que se derive de tal o cual encuesta sociol\u00f3gica recientemente realizada. Est\u00e1n polemizando con quienes reprochaban y reprochan a los comunistas el querer abolir la patria, la nacionalidad. Marx y Engels sab\u00edan, c\u00f3mo no, de los sentimientos nacionales de los trabajadores de la \u00e9poca, y ellos mismos, que vivieron en varios pa\u00edses de Europa, se han afirmado tambi\u00e9n, en ocasiones \u2013como todo hijo de vecino con sentimientos\u2013 frente a otros, como alemanes que eran. Pero, como al mismo tiempo conoc\u00edan bien la uniformizaci\u00f3n de las condiciones de vida a que conducen la concentraci\u00f3n de capitales y el mercado mundial, ten\u00edan que considerar un insulto a la raz\u00f3n la manipulaci\u00f3n de los sentimientos nacionales por los de arriba en nombre de las patrias respectivas. De modo que quien lea aquella afirmaci\u00f3n del <em>Manifiesto<\/em> como si fuera la conclusi\u00f3n de una encuesta sociol\u00f3gica o no quiere entender, porque le ciega la pasi\u00f3n, o no se ha enterado de nada. Para su mejor comprensi\u00f3n aquella controvertida frase se podr\u00eda traducir ahora as\u00ed: los obreros no tienen patria porque los que mandan ni siquiera se la han dado o se la han quitado ya. Pues, como escribi\u00f3 el poeta[8]: Una pa\u00eds s\u00f3lo no es una patria, \/ una patria es, amigos, un pa\u00eds con justicia.<\/p>\n<p>Cuando, por poner otro ejemplo, Marx y Engels hablan, en el <em>Manifiesto<\/em>, de la burgues\u00eda como clase social tampoco se limitan a describir: califican. Pero no insultan por eso al adversario, ni le quitan valor, ni le desprecian. Al contrario: construyen el relato de la configuraci\u00f3n hist\u00f3rica de la cultura burguesa como un canto imponente a sus conquistas: t\u00e9cnicas, econ\u00f3micas, civilizadoras. La forma en que se ha construido ese canto, contrapunteando, una y otra vez, pasado y presente, econom\u00eda y moralidad \u2013sentimiento y c\u00e1lculo, exaltaci\u00f3n de la t\u00e9cnica y conciencia de la deshumanizaci\u00f3n\u2013 es lo mejor del <em>Manifiesto comunista<\/em>, su cumbre. Porque ah\u00ed, efectivamente, es donde sentimos que estamos: en las g\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta, en la divisi\u00f3n del alma entre t\u00e9cnica y moralidad, entre progreso t\u00e9cnico y desvalorizaci\u00f3n del sentimiento.<\/p>\n<p>Y si este canto acaba siendo, en el <em>Manifiesto<\/em>, un r\u00e9quiem por la cultura burguesa no es s\u00f3lo debido a la simpat\u00eda que sus autores sienten por la otra clase, por la clase de los que no tienen nada. Lo es tambi\u00e9n por otras razones que ah\u00ed est\u00e1n s\u00f3lo apuntadas pero que cuentan mucho. Es porque la sociedad burguesa crea demasiada civilizaci\u00f3n (demasiados medios, demasiada industria, demasiado comercio); cosa que, antes o despu\u00e9s, tiene que conducir a la crisis econ\u00f3mica y cultural. Y es porque Marx y Engels, que eran personas ilustradas, herederas del humanismo renacentista, pero con una punta rom\u00e1ntica, no desean, no quieren, la otra posible conclusi\u00f3n de la lucha de clases que su formaci\u00f3n historiogr\u00e1fica les sugiere en esas circunstancias: la destrucci\u00f3n mutua de las clases en lucha. No la desean precisamente porque saben historia, porque conocen la historia de Europa: porque saben que eso trae consigo la barbarie. No quieren una igualaci\u00f3n sin cultura, una <em>tabla rasa<\/em>, una nivelaci\u00f3n sin m\u00e9ritos, un comunismo sin necesidades. Quieren enlazar con el ideal del buen gobierno renacentista e ilustrado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>8. He dicho que el <em>Manifiesto<\/em> califica, da nombre a las cosas. Hay que precisar que nombra las cosas como se ven \u00e9stas desde abajo, como las ve\u00edan en 1847 los que viv\u00edan de sus manos, del trabajo asalariado. Dar nombre a las cosas es fundamental para ser alguien. En el amor no eres nadie sin o\u00edr tu nombre en los labios de la persona amada. En las cosas de la pol\u00edtica y de la lucha social no eres nadie si aceptas el nombre que dan a la cosa, a <em>su cosa<\/em>, los que mandan. La lucha por nombrar correctamente y con precisi\u00f3n es el primer acto de la lucha de clases con consciencia. Marx y Engels sab\u00edan esto.<\/p>\n<p>La prostituci\u00f3n del nombre de <em>su<\/em> cosa, el comunismo moderno, no es ya responsabilidad de Marx y Engels. Mucha gente piensa que s\u00ed e ironiza ahora sobre que Marx deber\u00eda pedir perd\u00f3n a los trabajadores. Yo pienso que no. Dir\u00e9 por qu\u00e9 para acabar. Las tradiciones, como las familias, crean v\u00ednculos muy fuertes entre las gentes que viven en ellas. La existencia de estos v\u00ednculos fuertes tiene casi siempre como consecuencia el olvido de qui\u00e9n es cada cual en esa tradici\u00f3n: las gentes se quedan s\u00f3lo con el apellido de la familia, que es lo que se transmite, y pierden el nombre propio. Esto ha ocurrido tambi\u00e9n en la historia del comunismo. Pero de la misma manera que es injusto culpabilizar a los hijos que llevan un mismo apellido de delitos cometidos por sus padres, o viceversa, as\u00ed tambi\u00e9n ser\u00eda una injusticia hist\u00f3rica cargar a los autores del <em>Manifiesto comunista<\/em> con los errores y delitos de los que siguieron utilizando, con buena o mala voluntad, su apellido.<\/p>\n<p>Seamos sensatos por una vez. A nadie se le ocurrir\u00eda hoy en d\u00eda echar sobre los hombros de Jes\u00fas de Nazaret la responsabilidad de los delitos cometidos a lo largo de la historia por todos aquellos que llevaron el apellido de cristianos, desde Torquemada al General Pinochet pasando por el General Franco. Y, con toda seguridad, tildar\u00edamos de sectario a quien pretendiera establecer una relaci\u00f3n causal entre el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a y la Inquisici\u00f3n romana o espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>En hablando de ideas, y de hechos, y de movimientos colectivos, y de creencias compartidas no hay que quedarse en el apellido familiar o con el vago eco del ismo correspondiente. Volvamos a preguntar por el nombre propio de cada uno.<\/p>\n<p>A cada cual lo suyo, pues. Por lo menos mientras llega aquello de \u00aba cada cual seg\u00fan sus necesidades; de cada cual seg\u00fan sus capacidades\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>II. El <em>Manifiesto comunista<\/em><\/h3>\n<p><em>Conferencia impartida en Granada, 16\/III\/2000.<\/em><\/p>\n<p>1. El <em>Manifiesto comunista<\/em> es un texto de car\u00e1cter excepcional: por su brevedad; porque inauguraba un g\u00e9nero nuevo en la filosof\u00eda pol\u00edtica al juntar consideraci\u00f3n hist\u00f3rica, an\u00e1lisis sociol\u00f3gico y perspectiva pol\u00edtica con la defensa expl\u00edcita de los intereses de una clase social, el proletariado industrial, que por entonces no ten\u00eda en Europa casi nada; por lo que en su momento represent\u00f3 en el conjunto de la obra de Marx y Engels; por lo que ha significado para el movimiento obrero organizado en los cinco continentes; por el hecho de haber sido traducido repetidamente a todas las lenguas y en todos los pa\u00edses; por la gran audiencia que ha alcanzado a lo largo de siglo y medio.<\/p>\n<p>Pocas veces en la historia de las ideas se habr\u00e1 dicho tanto en favor de los de abajo, de los explotados y oprimidos, en tan poco espacio. Si el viejo refr\u00e1n dice verdad, el <em>Manifiesto Comunista<\/em> es dos veces bueno: s\u00f3lo veintitr\u00e9s p\u00e1ginas (en la edici\u00f3n alemana original) para tratar uno de los asuntos que m\u00e1s permanentemente ha conmovido a aquella parte de la humanidad preocupada por el mal social en el mundo moderno: el de las causas de la desigualdad social y la lucha de clases.<\/p>\n<p>Pues bien: el viejo dicho debe decir con verdad, puesto que el <em>Manifiesto Comunista<\/em> ha sido, con la Biblia, el escrito que m\u00e1s traducciones y reimpresiones ha merecido en los \u00faltimos ciento cincuenta a\u00f1os. El mismo a\u00f1o (1848) en que apareci\u00f3 la edici\u00f3n original alemana el <em>Manifiesto<\/em> se hab\u00eda traducido ya al franc\u00e9s, al polaco, al italiano, al dan\u00e9s, al flamenco y al sueco; en 1850 fue publicado por primera vez en ingl\u00e9s; en la d\u00e9cada siguiente apareci\u00f3 la primera traducci\u00f3n en ruso, hecha por Bakunin. La primera traducci\u00f3n castellana se public\u00f3 en <em>La emancipaci\u00f3n<\/em> de Madrid, en 1871. En 1930 apareci\u00f3 la primera traducci\u00f3n al catal\u00e1n. Las traducciones al gallego y al euskera son m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2. En tiempos de entreguerras, cuando los de abajo se propon\u00edan asaltar los cielos de la igualdad, Bertolt Brecht tuvo la ocurrencia de poner el <em>Manifiesto<\/em> en verso. La idea no era descabellada. Tradicionalmente la poes\u00eda ha fijado el recuerdo de una colectividad, contribuye a reforzar la memoria de las creencias compartidas. Y hasta es posible que \u00e9sa, o la forma dram\u00e1tica, sean precisamente las m\u00e1s adecuadas para hacer llegar las ideas del <em>Manifiesto<\/em> a los j\u00f3venes posmodernos de la cultura europea, a las gentes que s\u00f3lo han conocido ya la lucha entre las clases como algo latente o como ambigua pugna en la que los antiguos luchadores decimon\u00f3nicos siguen reconoci\u00e9ndose mutuamente como adversarios al tiempo que se atraen con cierto erotismo de viejos mientras desv\u00edan, ambos, la mirada hacia el otro mundo: hacia el mundo de la dependencia absoluta, de la esclavitud renovada y del estar-por-debajo-del-umbral-de-la-explotaci\u00f3n del asalariado moderno.<\/p>\n<p>Yo prefiero, para inducir a la lectura del <em>Manifiesto<\/em> entre los m\u00e1s j\u00f3venes, la forma cinematogr\u00e1fica[9].<\/p>\n<p>Imaginemos una cinta sin fin que proyecta ininterrumpidamente im\u00e1genes sobre una pantalla. En el momento en que llegamos a la proyecci\u00f3n una voz en <em>off<\/em> lee las palabras del ep\u00edlogo hist\u00f3rico a <em>Puerca tierra<\/em> de John Berger[10]. Son palabras que hablan de tradici\u00f3n, supervivencia y resistencia, del lento paso desde el mundo rural al mundo de la industria, de la destrucci\u00f3n de culturas por el industrialismo y de la resistencia social a esa destrucci\u00f3n. Estas palabras introducen la imagen de la tumba de los Marx en el cementerio londinense presidida por la gran cabeza de Karl, seg\u00fan una secuencia de la pel\u00edcula de Mike Leigh <em>Grandes ambiciones<\/em> en la que el protagonista explica, en la Inglaterra thatcheriana, \u00abcuando los obreros se apu\u00f1alan a s\u00ed mismos por la espalda\u00bb, por qu\u00e9 fue \u00abgrande\u00bb aquella cabeza. La secuencia acaba con un plano que va de los ojos del protagonista a lo alto del busto marm\u00f3reo de Marx mientras la protagonista, a quien va dirigida la explicaci\u00f3n, se interesa por las siemprevivas del cementerio (\u00aby tuvimos que mirar la naturaleza con impaciencia\u00bb, dice Brecht a los por nacer; \u00aben casa siempre tengo siemprevivas\u00bb, dice la protagonista de la pel\u00edcula de Leigh).<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n de la grandeza de Marx por el protagonista de <em>Grandes ambiciones<\/em> enlaza bien con la reflexi\u00f3n de Berger y permite pasar directamente a la secuencia final de <em>La tierra de la gran promesa<\/em> de A. Wajda, la de la huelga de los trabajadores del textil en Lodz, que sintetiza en toda su crudeza las contradicciones del tr\u00e1nsito sociocultural del mundo rural al mundo de la industria en la \u00e9poca del primer capitalismo salvaje. Entre el Lodz de Wajda y el Londres de Leigh hay cien a\u00f1os de salvajismo capitalista. Vuelve la imagen de Marx en el cementerio londinense.<\/p>\n<p>Pero en la cinta sin fin hemos montado, sin soluci\u00f3n de continuidad, otras dos im\u00e1genes: la de la de rebeli\u00f3n de los marineros del <em>Potemkin<\/em> de Eisenstein[11] y la secuencia del final de la primera parte de <em>Novecento<\/em> que se abre con el desfile de los obreros para enterrar a las primeras v\u00edctimas del fascismo mussoliniano mientras suenan primero <em>La Internacional<\/em> y luego la marcha f\u00fanebre y los protagonistas del film titubean, discugen y se abrazan porque la gente de la ciudad no parece salir a despedir a las v\u00edctimas. Es la \u00e9poca del gran miedo en Europa.<\/p>\n<p>A estas im\u00e1genes sigue la larga secuencia de <em>La mirada de Ulises<\/em> de Angelopoulos con el traslado de una gigantesca estatua de Lenin en barcaza por el Danubio. Es esta una de las secuencias m\u00e1s interesantes del cine europeo de la \u00faltima d\u00e9cada, por lo que dice y por lo que sugiere. Presenciamos, efectivamente, el final de un mundo, una historia que se acaba: el s\u00edmbolo del gran mito del siglo XX navega ahora de Este a Oeste por el Danubio para ser vendido por los restos de la <em>nomenklatura<\/em> a los coleccionistas del capitalismo vencedor en la tercera guerra mundial. Es una secuencia lenta y larga, de final incierto, que se queda para siempre en la retina de quien la contempla. La cortamos, de momento, para introducir otra. Estamos viendo ahora la secuencia clave de <em>Underground<\/em> de Emir Kusturica: la restauraci\u00f3n del viejo mito plat\u00f3nico de la caverna como par\u00e1bola de lo que un d\u00eda se llam\u00f3 \u00absocialismo real\u00bb. El intelectual bur\u00f3crata ha conseguido hacer creer al h\u00e9roe de la resistencia antinazi, en el subterr\u00e1neo, que la vida sigue igual, que la resistencia antinazi contin\u00faa, y maneja los hilos de la historia como en un gran gui\u00f1ol mientras un personaje secundario, pero esencial, repite, entre charangas y esperpentos, una sola palabra: \u00abla cat\u00e1strofe\u00bb.<\/p>\n<p>Ninguna otra imagen ha explicado mejor, y con m\u00e1s verdad, que esta de Kusturica, el origen de la cat\u00e1strofe del \u00absocialismo real\u00bb. Hay muchas cosas importantes en esta pel\u00edcula en la que los simples s\u00f3lo ven ideolog\u00eda proserbia. Pero fragmentamos <em>Underground<\/em> para volver a <em>La mirada de Ulises<\/em>, ahora con otra verdad a cuestas, la del pecado original del \u00absocialismo real\u00bb. La barcaza sigue desliz\u00e1ndose por el Danubio con la gigantesca estatua de Lenin tambi\u00e9n fragmentada. Lo hace lentamente, muy lentamente. Desde la orilla del gran r\u00edo las gentes la acompa\u00f1an, expectantes unos, en actitud de respeto religioso otros, seguramente asombrados los m\u00e1s. Da tiempo a pensar: el mundo de la gran pol\u00edtica ha cambiado; una \u00e9poca termina.<\/p>\n<p>Pero no es el final de la historia: las viejas costumbres persisten en el coraz\u00f3n de Europa. Tal vez no todo era caverna en aquel mundo. Cae la noche y la gran barcaza con su estatua de Lenin montada para ser vendida enfila la bocana del puerto fluvial. Cortamos la secuencia al caer la noche. Donde antes estaba el Danubio est\u00e1 ahora el Adri\u00e1tico, hay ahora otro barco, el <em>Partizani<\/em>: es la secuencia final de <em>Lamerica<\/em> de Gianni Amelio con la imagen, impresionante, del barco atestado de albaneses pobres que huyen hacia Italia mientras el capitalismo vuelve, gozoso, a sus negocios y nuestro protagonista ha conocido un nuevo coraz\u00f3n de las tinieblas. Premonici\u00f3n de lo que no hab\u00eda de ser el hegeliano Final de la Historia sino el comienzo de otra historia, por lo dem\u00e1s muy parecida a las otras historia de la Historia.<\/p>\n<p>Cinta <em>sin fin<\/em>. Otra vez las palabras de Berger, la cabeza de Marx en el cementerio londinense, la gran estatua de Lenin navegando, lenta, muy lentamente, por el Danubio. \u00bfLlega realmente a su destino? Puede haber pensamiento en la fragmentaci\u00f3n: la explicaci\u00f3n de Leigh en <em>Grandes ambiciones<\/em>, que se repite: \u00abEra un gigante. Lo que \u00e9l [Marx] hizo fue poner por escrito la verdad. El pueblo estaba siendo explotado. Sin \u00e9l no habr\u00eda habido sindicatos, ni estado del bienestar, ni industrias nacionalizadas&#8230;.\u00bb. Lo dice un trabajador ingl\u00e9s de hoy que, adem\u00e1s (y eso importa) no quiere rollos ideol\u00f3gicos ni ama los sermones. Y tampoco es la suya la \u00faltima palabra. La cinta sigue. Cinta <em>sin fin<\/em>.<\/p>\n<p>En esa cinta est\u00e1 Marx. Ha habido muchas cosas en el mundo que no cupieron en la cabeza de Marx. Cosas que no tienen que ver con la lucha de clases. Cierto. Pero de la misma manera que nunca se entender\u00e1 lo que hay en el Museo del Prado sin la restauraci\u00f3n historiogr\u00e1fica de la cultura cristiana tampoco se entender\u00e1 el gran cine de nuestra \u00e9poca, el cine que habla de los grandes problemas de los hombres an\u00f3nimos, sin haber le\u00eddo a Marx.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3. A diferencia del Libro de los Libros (y a diferencia tambi\u00e9n de otras obras de Marx y de Engels, m\u00e1s cient\u00edficas o m\u00e1s enrevesadas), la lectura del <em>Manifiesto Comunista<\/em> no necesita int\u00e9rpretes, glosadores, ex\u00e9getas o sacerdotes que hagan de intermediarios entre el texto y el pueblo lector, entre los cultos autores que lo escribieron y las gentes a quienes va dirigido el mensaje. El <em>Manifiesto<\/em> es la expresi\u00f3n anticipada de una intuici\u00f3n much\u00edsimas veces repetida por los trabajadores en un canto que todav\u00eda se canta, el de <em>La Internacional<\/em>: \u00abNi dioses, ni reyes, ni tribunos. No hay supremo salvador\u00bb . Una de las ideas centrales contenidas en la parte del <em>Manifiesto<\/em> que trata del socialismo como movimiento es que los de abajo tienen que liberarse a s\u00ed mismos autoorganiz\u00e1ndose pol\u00edticamente.<\/p>\n<p>Voy a descartar, pues, el papel de ex\u00e9geta, el papel de mediador y el papel de captador de pros\u00e9litos. Al presentador del <em>Manifiesto<\/em> le queda, en esta funci\u00f3n, otra cosa m\u00e1s modesta por hacer: informar para contextualizar el texto en la historia de las ideas y tratar de razonar por qu\u00e9, a pesar de todos los pesares, a\u00fan vale la pena, todav\u00eda hoy, leer o, en su caso, releer, el <em>Manifiesto<\/em> ciento cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n y en un momento en el que se ha hecho dif\u00edcil encontrar en librer\u00edas una traducci\u00f3n asequible.<\/p>\n<p>Este razonar el inter\u00e9s de la lectura del cl\u00e1sico puede hacerse de dos maneras igualmente v\u00e1lidas, en mi opini\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera consistir\u00eda en distanciarse lo m\u00e1s posible del texto y considerar el <em>Manifiesto<\/em> como uno m\u00e1s de los libros que han configurado el canon de la filosof\u00eda pol\u00edtica europea para tratarlo como se suele tratar acad\u00e9micamente a los cl\u00e1sicos: con rigor filol\u00f3gico, esp\u00edritu comparativo y atenci\u00f3n preferente al momento hist\u00f3rico en que la obra fue escrita. Como se trata a Maquiavelo, a Hobbes, a Montesquieu o a Tocqueville.<\/p>\n<p>La segunda manera de razonar ese inter\u00e9s actual, sin despreciar la primera, consiste en leer al cl\u00e1sico en el marco de la tradici\u00f3n liberadora que \u00e9l mismo ha inaugurado, haciendo propios, por tanto, las preocupaciones y el punto de vista de Marx y de Engels en una situaci\u00f3n ya muy cambiada respecto del momento hist\u00f3rico en que ellos escrib\u00edan. S\u00e9 que esta otra manera de ver la cosa no est\u00e1 de moda y que ir contra las modas es como afiliarse a la Compa\u00f1\u00eda de la Soledad; pero tambi\u00e9n s\u00e9, por Leopardi, que la moda, por ef\u00edmera, es hermana de la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4. En la tradici\u00f3n que Marx y Engels inauguraban con el <em>Manifiesto<\/em> el primer paso para la liberaci\u00f3n de los de abajo, de los explotados y oprimidos, es tener conciencia; tener conciencia de lo que se ha sido y de lo que se es. Tener conciencia significa saber situarse en la historia de la humanidad y en su presente. Hasta 1847, hasta que se escribi\u00f3 el <em>Manifiesto<\/em>, la literatura pol\u00edtica que los intelectuales cultos, humanitarios o compasivos, hab\u00edan producido en favor de las pobres gentes oscil\u00f3 entre la profec\u00eda, el mesianismo, la utop\u00eda y el sarcasmo cr\u00edtico a costa de los de arriba, de las clases dominantes.<\/p>\n<p>La idea misma de una sociedad de hombres socialmente iguales y libres se identificaba con un pasado idealizado, anterior a la existencia misma de la propiedad privada, con lo que se llam\u00f3 la \u00abedad dorada\u00bb, o bien se conclu\u00eda, como en el caso de la utop\u00eda de Thomas More, con alguna broma ir\u00f3nica, como diciendo: \u00abHe aqu\u00ed lo mejor, pero como eso no es realizable entre nosotros, tom\u00e9monos unas copas, mientras tanto, y esperemos\u00bb. Eran, aqu\u00e9llos, libros admirables que los de arriba, los que mandaban y los que mandan, pueden leer hoy casi siempre sin turbaci\u00f3n. Pasado el tiempo en que fueron escritos, y limadas sus aristas cr\u00edticas, pueden ser le\u00eddos desde el Olimpo incluso con delectaci\u00f3n y placer est\u00e9tico. Los profesores pusieron en los pies de sus p\u00e1ginas notas cultas y convenientes, y ahora algunos de estos libros pueden ser comprensiblemente entendidos incluso como lo contrario de lo que sus autores pretend\u00edan decir a sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>No as\u00ed el <em>Manifiesto Comunista<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>5. Pero \u00bfpara qu\u00e9 leer hoy en d\u00eda el <em>Manifiesto comunista<\/em> despu\u00e9s de la ca\u00edda del comunismo? Esta es, sin duda, una buena pregunta.<\/p>\n<p>Suponiendo que, como se suele decir, la historia reciente hubiera refutado la prospectiva de Marx y de Engels, esto no ser\u00eda raz\u00f3n suficiente para dejar de leer el <em>Manifiesto comunista<\/em>. Desde el siglo XVI la historia de la ciencia no ha hecho sino refutar, una tras otra, muchas de las ideas b\u00e1sicas contenidas en el viejo y en el nuevo testamento, y, sin embargo, la buena gente, incluida la mayor parte de los cient\u00edficos del siglo XX, no ha dejado por eso de leer la Biblia. Y la buena gente hace bien, porque ese libro contiene muchas cosas interesant\u00edsmas que no se agotan con el reconocimiento de la teor\u00eda copernicana y de la teor\u00eda darwinista de la evoluci\u00f3n. A casi nadie se le ocurrir\u00eda hoy en d\u00eda ir a buscar respuesta a sus penas en la <em>Apolog\u00eda de S\u00f3crates<\/em>, en la <em>Utop\u00eda<\/em> de Thomas More o en la <em>Brev\u00edsima relaci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de las Indias<\/em> de Bartolom\u00e9 de las Casas, pese a lo cual habr\u00eda que considerar del g\u00e9nero tonto el argumento de que ya no vale la pena leer estas obras porque su tiempo ha pasado.<\/p>\n<p>Todo aquel que se haya dedicado a la ense\u00f1anza sabe c\u00f3mo a\u00f1o tras a\u00f1o los j\u00f3venes se conmueven con la lectura de textos as\u00ed, independientemente de que S\u00f3crates haya salido derrotado en su lucha en la democr\u00e1tica Atenas, de que Thomas More haya pagado con la vida su atrevimiento en la Inglaterra del siglo XVI, o de que Bartolom\u00e9 de las Casas se quedara casi solo en su lucha en defensa de los indios en la Espa\u00f1a imperial. \u00bfY no nos conmueve lo que dijeron o escribieron <em>precisamente por esto<\/em>?<\/p>\n<p>Los textos cl\u00e1sicos no cotizan en la bolsa de los valores mercantiles. Un texto cl\u00e1sico no se caracteriza porque uno vaya a sacar utilidad inmediata de la lectura, sino porque, en lo suyo, sea esto la narrativa, la poes\u00eda, la filosof\u00eda o la pol\u00edtica social, ha sabido envejecer: porque en su envejecimiento a\u00fan tiene cosas importantes que decirnos, a\u00fan nos conmueve, a\u00fan nos hace pensar: en lo que hemos sido, en lo que somos, en lo que podr\u00edamos haber sido, en lo que desear\u00edamos ser.<\/p>\n<p>El <em>Manifiesto comunista<\/em> es un texto de este tipo. De los que han envejecido, a pesar de todo, bien. De los que hablan de uno de los anhelos sustanciales del hombre que, como animal racional, es un ser civil que, en ocasiones, ha considerado que val\u00eda la pena arriesgar por su propia emancipaci\u00f3n, por la liberaci\u00f3n de las cadenas que le oprimen por librarse de la dominaci\u00f3n ejercida por unos hombres sobre otros hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>6. La lectura del <em>Manifiesto<\/em> siempre produce turbaci\u00f3n, inquietud. Desde su primera frase: \u00abUn fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo\u00bb hasta la \u00faltima: \u00abProletarios de todos los pa\u00edses, un\u00edos\u00bb, el lector quedar\u00e1 siempre cogido por la impresi\u00f3n de que aquello va con \u00e9l y, adem\u00e1s, en serio. El cuento cuenta de algo que nos afecta profundamente. Todav\u00eda ahora, cuando las bromas intelectuales acerca del \u00abfantasma que recorre Europa\u00bb est\u00e1n a la orden del d\u00eda, y el nombre mismo de \u00abcomunismo\u00bb sumamente desacreditado, las veintitantas p\u00e1ginas del <em>Manifiesto<\/em> siguen provocando turbaci\u00f3n en el lector y en el profesor que ha de explicar a sus alumnos, contextualizamente, las ideas all\u00ed contenidas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 eso? \u00bfPor qu\u00e9 esta turbaci\u00f3n y el sucederse de las sonrisas nerviosas contenidas cada vez que se abre el <em>Manifiesto<\/em> y se lee aquello de que la historia de todas las sociedades existentes hasta el presente es la historia de la lucha de clases o aquello otro de que los obreros no tienen patria? \u00bfPor qu\u00e9 tanta crispaci\u00f3n si el proletariado del que all\u00ed se habla ya no existe, si el capitalismo del que all\u00ed se habla ya no existe, si la lucha de clases de la que all\u00ed se habla ya no existe, si el comunismo del que all\u00ed se habla no lleg\u00f3 a existir y donde se dijo que existi\u00f3 acab\u00f3 hundi\u00e9ndose?<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil contestar a esta otra pregunta directamente. Pero sospecho que eso ocurre por motivos parecidos a los que llevan a la conmoci\u00f3n del lector cada vez que se enfrenta a alguna de la obras cl\u00e1sicas citadas m\u00e1s arriba o al <em>Zaratustra<\/em> de Nietzsche, o a los textos de Sade, o a la interpretaci\u00f3n freudiana de los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Algo hay all\u00ed, en esos textos, que comparten con el <em>Manifiesto<\/em> la pasi\u00f3n por la liberaci\u00f3n del hombre; algo hay que, por encima de nuestros intereses y de nuestras convicciones, nos hace oscilar, como divididos, entre dos sentimientos: nuestro autor \u2013pensamos desde la experiencia hist\u00f3rica acumulada\u2013 exagera, generaliza en demas\u00eda, pero de esta pasi\u00f3n exagerada brota alguna verdad, alguna verdad sustantiva, que quienes no exageran nos quieren ocultar. \u00bfTal vez porque la <em>mesot\u00e9s<\/em>, el equilibrio, la <em>mediocritas<\/em>, la discreci\u00f3n, el olimpismo est\u00e9tico y la raz\u00f3n pura, a que aspiramos y aspiraremos siempre, son atributos del estar a bien con el mundo mientras que la <em>hybris<\/em>, la demas\u00eda, en cambio, es el estado de necesidad del hombre que no puede reconciliarse con un mundo lacerado por las desigualdades y demediado por la dominaci\u00f3n de clase?<\/p>\n<p>Lo que nos turba, cuando leemos cl\u00e1sicos como los mencionados, es acaso tener que reconocer que no todas las opiniones valen igual en todo (y que, por tanto, la democracia establecida, esta o aquella democracia, no cuenta en eso del saber). Lo que nos turba es tener que reconocer que no somos lo que decimos ser cuando actuamos en p\u00fablico (y, que, por tanto, metodol\u00f3gicamente, hay que saber distinguir entre \u00e9tica y pol\u00edtica). Lo que nos turba es aprender con esc\u00e1ndalo que los nuestros se comportan a veces peor que los b\u00e1rbaros (y que, por tanto, si queremos superar la hipocres\u00eda reinante, necesitamos otro concepto de barbarie). Lo que nos turba, m\u00e1s all\u00e1 de la edad, es captar la conexi\u00f3n profunda entre sexualidad y raz\u00f3n, sexualidad y sue\u00f1o (y que, por tanto, nuestra cultura del ocultamiento de los deseos produce tambi\u00e9n malestar, miseria ps\u00edquica).<\/p>\n<p>Lo que nos turba, en el caso del <em>Manifiesto<\/em>, es que alguien se haya atrevido a decir que, en este mundo de aqu\u00ed abajo, los que no tienen nada podr\u00edan tener conciencia, y voz propia, y unirse pol\u00edticamente para configurar una nueva hegemon\u00eda pol\u00edtico-cultural y una sociedad de iguales socialmente considerados. Y nos turba, precisamente, porque esto no ha sido dicho como las gentes de abajo estaban acostumbradas a que se lo dijeran los amigos del pueblo en los siglos anteriores: con el acompa\u00f1amiento de la promesa sobre la llegada de un mes\u00edas, o pregonando la confianza en la buena voluntad de aquellos a los que todo les sobra, o mientras se les indicaba con el dedo \u00edndice de la mano derecha, desde la balsa de n\u00e1ufragos, el nuevo mundo y se se\u00f1alaba con el reluciente dedo \u00edndice de la mano izquierda el propio pecho, el del h\u00e9roe de siempre que ha de conducirles, una vez m\u00e1s y por derecho de casta, al mundo de los iguales.<\/p>\n<p>El programa comunista pudo haber sido un catecismo elaborado por cultos en forma de preguntas y respuestas para los simples, al estilo de tantos y tantos catecismos religiosos. Engels pens\u00f3 en esa forma, tan socorrida, para el programa comunista. Y redact\u00f3, efectivamente, un catecismo. Pero luego se desdijo con buen acuerdo: \u00abA mi parecer, ser\u00eda mejor rechazar la forma catequ\u00edstica y llamar al asunto manifiesto comunista. Como habr\u00e1 que incluir una cierta cantidad de historia, creo que la forma actual es inadecuada. Voy dando vueltas a lo que he hecho aqu\u00ed. Est\u00e1 en una forma narrativa simple\u00bb (Engels a Marx: <em>MEW<\/em>, XXVII, 107). Engels acert\u00f3 al dejar la redacci\u00f3n final del <em>Manifiesto<\/em> en manos de Marx, quien pas\u00f3 de la forma narrativa simple al relato de la complejidad dial\u00e9ctica del drama hist\u00f3rico en el que la voluntad y la conciencia de los hombres divididos y socialmente enfrentados juegan (o pueden jugar) tanto como los condicionamientos externos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>7.[12] Un manifiesto es siempre, por definici\u00f3n, esquem\u00e1tico y propositivo.<\/p>\n<p>El <em>Manifiesto comunista<\/em> tambi\u00e9n lo es. Cuando describe, en su relato del drama hist\u00f3rico de la lucha de clases, est\u00e1, al mismo tiempo, interpretando, afirmando un punto de vista acerca de la historia toda. En este caso se trata del mundo, sobre todo del mundo del capitalismo, visto desde abajo. Y cuando propone, un manifiesto tiene que hacerlo mediante tesis o afirmaciones muy taxativas, sin ambig\u00fcedades, sin oscuridades. Un manifiesto no es un tratado ni un ensayo; no es el lugar para el matiz filos\u00f3fico ni para la precisi\u00f3n cient\u00edfica. Un manifiesto no es tampoco un programa detallado de lo que tal o cual corriente o partido se propone hacer ma\u00f1ana mismo. Un manifiesto tiene que resumir la argumentaci\u00f3n de la propia tendencia a lo esencial; es un programa fundamental, por as\u00ed decirlo.<\/p>\n<p>Y, en este sentido, lo que ha hecho duradero al <em>Manifiesto comunista<\/em>, lo que le ha permitido envejecer bien, es la gracia con que sus autores supieron integrar el matiz filos\u00f3fico acerca de la historia y la vocaci\u00f3n cient\u00edfica del economista-soci\u00f3logo que, por ende, pone su saber al servicio de otros, de los m\u00e1s. En la lucha entre burgueses y proletarios el <em>Manifiesto<\/em> toma partido. Sus autores saben que la verdad es la verdad d\u00edgala Agamen\u00f3n o su porquero. Pero saben tambi\u00e9n que el moderno porquero de Agamen\u00f3n seguir\u00e1 inquieto, desasosegado, despu\u00e9s de escuchar de labios de su amo, de su burgu\u00e9s, las viejas palabras l\u00f3gicas sobre la verdad: \u00abde acuerdo\u00bb. Seguir\u00e1 inquieto porque el porquero de Agamen\u00f3n, que quiere liberarse, tiene ya su cultura, est\u00e1 adquiriendo su propia cultura: ha sido informado de que la verdad no es s\u00f3lo cosa de palabras, sino tambi\u00e9n de hechos, de haceres y quehaceres, de voluntades y realizaciones: <em>verum-factum<\/em>.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo es una clave para entender bien el texto. El <em>Manifiesto<\/em> no se limita a describir: califica, da nombre a las cosas.<\/p>\n<p>Cuando Marx y Engels dicen tan contundentemente, por ejemplo, que <em>los obreros no tienen patria<\/em>, no est\u00e1n haciendo sociolog\u00eda; no est\u00e1n describiendo la situaci\u00f3n del proletariado; no est\u00e1n diciendo algo que se derive de tal o cual encuesta sociol\u00f3gica recientemente realizada. Est\u00e1n polemizando con quienes reprochaban y reprochan a los comunistas el querer abolir la patria, la nacionalidad. Marx y Engels sab\u00edan, c\u00f3mo no, de los sentimientos nacionales de los trabajadores de la \u00e9poca, y ellos mismos, que vivieron en varios pa\u00edses de Europa, se han afirmado tambi\u00e9n, en ocasiones \u2013como todo hijo de vecino con sentimientos\u2013 frente a otros, como alemanes que eran. Pero, como al mismo tiempo conoc\u00edan bien la uniformizaci\u00f3n de las condiciones de vida a que conducen la concentraci\u00f3n de capitales y el mercado mundial, ten\u00edan que considerar un insulto a la raz\u00f3n la manipulaci\u00f3n de los sentimientos nacionales por los de arriba en nombre de las patrias respectivas. De modo que quien lea aquella afirmaci\u00f3n del <em>Manifiesto<\/em> como si fuera la conclusi\u00f3n de una encuesta sociol\u00f3gica o no quiere entender, porque le ciega la pasi\u00f3n, o no se ha enterado de nada. Para su mejor comprensi\u00f3n aquella controvertida frase se podr\u00eda traducir ahora as\u00ed: los obreros no tienen patria porque los que mandan ni siquiera se la han dado o se la han quitado ya. Pues, como escribi\u00f3 el poeta:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 240px;\">Una pa\u00eds s\u00f3lo no es una patria,<br \/>\nuna patria es, amigos, un pa\u00eds con justicia.<\/p>\n<p>Cuando, por poner otro ejemplo, Marx y Engels hablan, en el <em>Manifiesto<\/em>, de la burgues\u00eda como clase social tampoco se limitan a describir: califican. Pero no insultan por eso al adversario, ni le quitan valor, ni le desprecian. Al contrario: construyen el relato de la configuraci\u00f3n hist\u00f3rica de la cultura burguesa como un canto imponente a sus conquistas: t\u00e9cnicas, econ\u00f3micas, civilizadoras. La forma en que se ha construido ese canto, contrapunteando, una y otra vez, pasado y presente, econom\u00eda y moralidad \u2013sentimiento y c\u00e1lculo, exaltaci\u00f3n de la t\u00e9cnica y conciencia de la deshumanizaci\u00f3n\u2013 es lo mejor del <em>Manifiesto comunista<\/em>, su cumbre. Porque ah\u00ed, efectivamente, es donde sentimos que estamos: en las g\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta, en la divisi\u00f3n del alma entre t\u00e9cnica y moralidad, entre progreso t\u00e9cnico y desvalorizaci\u00f3n del sentimiento.<\/p>\n<p>Y si este canto acaba siendo, en el <em>Manifiesto<\/em>, un r\u00e9quiem por la cultura burguesa no es s\u00f3lo debido a la simpat\u00eda que sus autores sienten por la otra clase, por la clase de los que no tienen nada. Lo es tambi\u00e9n por otras razones que ah\u00ed est\u00e1n s\u00f3lo apuntadas pero que cuentan mucho. Es porque la sociedad burguesa crea <em>demasiada civilizaci\u00f3n<\/em> (demasiados medios, demasiada industria, demasiado comercio); cosa que, antes o despu\u00e9s, tiene que conducir a la crisis econ\u00f3mica y cultural. Y es porque Marx y Engels, que eran personas ilustradas, herederas del humanismo renacentista, pero con una punta rom\u00e1ntica, no desean, no quieren, la otra posible conclusi\u00f3n de la lucha de clases que su formaci\u00f3n historiogr\u00e1fica les sugiere en esas circunstancias: la destrucci\u00f3n mutua de las clases en lucha. No la desean precisamente porque saben historia, porque conocen la historia de Europa: porque saben que eso trae consigo la barbarie. No quieren una igualaci\u00f3n sin cultura, una <em>tabla rasa<\/em>, una nivelaci\u00f3n sin m\u00e9ritos, un comunismo sin necesidades. Quieren enlazar con el ideal del buen gobierno renacentista e ilustrado.<\/p>\n<p>He dicho que el <em>Manifiesto<\/em> califica, da nombre a las cosas. Hay que precisar que nombra las cosas como se ven \u00e9stas desde abajo, como las ve\u00edan en 1847 los que viv\u00edan de sus manos, del trabajo asalariado. Dar nombre a las cosas es fundamental para ser alguien. En el amor no eres nadie sin o\u00edr tu nombre en los labios de la persona amada. En las cosas de la pol\u00edtica y de la lucha social no eres nadie si aceptas el nombre que dan a la cosa, a <em>su cosa<\/em>, los que mandan. La lucha por nombrar correctamente y con precisi\u00f3n es el primer acto de la lucha de clases con consciencia. Marx y Engels sab\u00edan esto.<\/p>\n<p>La prostituci\u00f3n del nombre de <em>su<\/em> cosa, el comunismo moderno, no es ya responsabilidad de Marx y Engels. Mucha gente piensa que s\u00ed e ironiza ahora sobre que Marx deber\u00eda pedir perd\u00f3n a los trabajadores. Yo pienso que no. Dir\u00e9 por qu\u00e9 para acabar. Las tradiciones, como las familias, crean v\u00ednculos muy fuertes entre las gentes que viven en ellas. La existencia de estos v\u00ednculos fuertes tiene casi siempre como consecuencia el olvido de qui\u00e9n es cada cual en esa tradici\u00f3n: las gentes se quedan s\u00f3lo con el apellido de la familia, que es lo que se transmite, y pierden el nombre propio. Esto ha ocurrido tambi\u00e9n en la historia del comunismo. Pero de la misma manera que es injusto culpabilizar a los hijos que llevan un mismo apellido de delitos cometidos por sus padres, o viceversa, as\u00ed tambi\u00e9n ser\u00eda una injusticia hist\u00f3rica cargar a los autores del <em>Manifiesto comunista<\/em> con los errores y delitos de los que siguieron utilizando, con buena o mala voluntad, su apellido.<\/p>\n<p>Seamos sensatos por una vez. A nadie se le ocurrir\u00eda hoy en d\u00eda echar sobre los hombros de Jes\u00fas de Nazaret la responsabilidad de los delitos cometidos a lo largo de la historia por todos aquellos que llevaron el apellido de cristianos, desde Torquemada al General Pinochet pasando por el General Franco. Y, con toda seguridad, tildar\u00edamos de sectario a quien pretendiera esablecer una relaci\u00f3n causal entre el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a y la Inquisici\u00f3n romana o espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>En hablando de ideas, y de hechos, y de movimientos colectivos, y de creencias compartidas no hay que quedarse en el apellido familiar o con el vago eco del ismo correspondiente. Volvamos a preguntar por el nombre propio de cada uno.<\/p>\n<p>A cada cual lo suyo, pues. Por lo menos mientras llega aquello de \u00aba cada cual seg\u00fan sus necesidades; de cada cual seg\u00fan sus capacidades\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>8.[13] Hace ahora dos a\u00f1os tuvo lugar en Par\u00eds un encuentro internacional para conmemorar el 150 aniversario del <em>Manifiesto Comunista<\/em>. Asistieron a ese encuentro m\u00e1s de mil quinientas personalidades de todo el mundo. Hab\u00eda all\u00ed, en Par\u00eds, intelectuales de doce pa\u00edses de \u00c1frica, de diez pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, de Canada, de Estados Unidos, de China, de la India, de Jap\u00f3n, de Vietnam, de Sri Lanka, de veintitantos pa\u00edses europeos, de Egipto, de Irak, de Israel, del L\u00edbano, de Palestina, de Siria, de Turqu\u00eda, de Australia, de Nueva Zelanda y de Polinesia.<\/p>\n<p>La finalidad de este gran encuentro internacional era dialogar en com\u00fan sobre la actualidad del <em>Manifiesto<\/em> a la hora de contestar, desde los problemas del mundo de hoy, a esta dos preguntas: \u00bfqu\u00e9 alternativa al capitalismo? y \u00bfqu\u00e9 emancipaci\u00f3n humana? Naturalmente, las respuestas fueron muchas y variadas. Pero en el ambiente hab\u00eda una idea compartida por todos: el <em>Manifiesto Comunista<\/em> sigue siendo, 150 a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n, una fuente de inspiraci\u00f3n para la acci\u00f3n de todos aquellos que estamos convencidos de que este mundo actual es un esc\u00e1ndalo intolerable en el que las desigualdades sociales crecen hasta la exasperaci\u00f3n; un mundo en el que se tapa la boca o se silencia (por medios mucho m\u00e1s sutiles de los que ten\u00eda la burgues\u00eda en el siglo XIX) a los que disienten del pensamiento impuesto; un mundo en que unos pocos se enriquecen hasta l\u00edmites insospechados y se condena al hambre, a la esclavitud, a la sobreexplotaci\u00f3n, al desempleo o a la miseria a dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial.<\/p>\n<p>Ese es el mundo que est\u00e1 creando el capitalismo <em>pre<\/em>liberal (que no <em>neo<\/em>liberal) de finales del siglo XX, el mundo heredero del que Marx y Engels denunciaron con palabras certeras: \u00aben las g\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1bamos en 1848. Y ah\u00ed seguimos estando hoy.<\/p>\n<p>Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb lo invaden casi todo, como si se tratara de un oc\u00e9ano; las \u00abg\u00e9lidas aguas del agua del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb son hoy el producto de las grand\u00edsimas entidades bancarias, financieras e industriales que hacen y deshacen por encima de los estados y de las voluntades nacionales, que hunden a pa\u00edses enteros y se inventan milagros econ\u00f3micos. Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb son hoy el producto del Banco Mundial y de las potencias econ\u00f3micas que propugnan un Acuerdo Multinacional de Inversiones por el que el pretenden saltarse parlamentos nacionales y cartas constitucionales y establecer por escrito lo que opera ya como verdadera Constituci\u00f3n material: el poder omn\u00edmodo del dinero.<\/p>\n<p>Las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb son hoy, en Europa, los acuerdos de Maastricht y de Amsterdam, el euro, la moneda \u00fanica: el hecho indiscutido de que todo (desde la ense\u00f1anza p\u00fablica al medioambiente, desde las letras y las artes hasta el agua bebemos y desde las relaciones laborales hasta los genes de las personas) haya pasado a regirse por una sola ley: la ley del mercado, la ley del beneficio privado que supuestamente, seg\u00fan quieren hacernos creer, habr\u00eda de beneficiar a las mayor\u00edas.<\/p>\n<p>En las g\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta actual se acuna todos los d\u00edas a los adultos con el cuento de que este mundo es como una tarta que hay que hacer crecer para que, creciendo, se haga grande y grande y el reparto de la misma llegue para todos. El poeta Le\u00f3n Felipe, en versos que cantaba Paco Ib\u00e1\u00f1ez, escribi\u00f3 una vez: \u00abque no me acunen con cuentos\u00bb. La verdad es que este mundo nuestro se parece m\u00e1s a una gran jaula con dos pisos: en el de arriba habitan los pajarracos; en el de abajo los pajaritos esperan que caigan las migas de la gran comilona del piso de arriba.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n del encuentro de Par\u00eds, que renueva el esp\u00edritu del <em>Manifiesto Comunista<\/em>, ha sido esta: no podemos esperar; no podemos dejarnos acunar con m\u00e1s cuentos, hay que renovar la idea de que la gran jaula de las desigualdades sea sustituida por \u00abuna asociaci\u00f3n en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condici\u00f3n del libre desarrollo de todos\u00bb. Esa es la definici\u00f3n positiva de comunismo que hay en el <em>Manifiesto<\/em>. Para llegar a ello el <em>Manifiesto<\/em> propon\u00eda diez medidas que seguramente \u00abser\u00e1n diferentes seg\u00fan los pa\u00edses\u00bb. Esas diez medidas las equipara el <em>Manifiesto<\/em> a la \u00abconquista de la democracia\u00bb.<\/p>\n<p>Hagamos repaso: en la mayor parte del mundo la propiedad de la tierra no ha sido expropiada y, en muchos casos, donde se ha expropiado no lo ha sido en beneficio p\u00fablico sino de las grandes empresas agroindustriales; en la mayor parte del mundo no se han establecido fuertes impuestos progresivos y en el nuestro empiezan a ser regresivos; en la mayor parte del mundo no ha sido abolido el derecho de las grandes herencias; en la mayor parte del mundo los bancos no son p\u00fablicos ni han sido sometidos al estado, sino que el estado ha sido sometido a los bancos privados y se tiende a una mayor privatizaci\u00f3n de los p\u00fablicos; en la mayor parte del mundo los medios de transporte se han reprivatizado; en la mayor parte del mundo s\u00f3lo est\u00e1 permitido utilizar las palabras \u00abplan\u00bb y \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb para referirse al marketing y a la publicidad de los empresas privadas; en la mayor parte del mundo el desempleo crece y el ej\u00e9rcito industrial de reserva es un factor para acogotar a la poblaci\u00f3n potencialmente activa; en la mayor parte del mundo la unificaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n de la agricultura y de la industria y el acercamiento entre la ciudad y el campo se ha hecho en detrimento de los trabajadores del campo, de los pueblos ind\u00edgenas y de los agricultores pobres que se han visto obligados a emigrar a las megaurbes; en la mayor parte del mundo ha aumentado el trabajo y la sobreexplotaci\u00f3n de los ni\u00f1os y no hay r\u00e9gimen de educaci\u00f3n combinado con la producci\u00f3n material y, en la mayor\u00eda de los casos (por ejemplo, en nuestro pa\u00eds) ni siquiera una buena educaci\u00f3n profesional p\u00fablica.<\/p>\n<p>En algunos de los pa\u00edses del mundo en que algunas de esas medidas fueron puestas en pr\u00e1ctica entre 1917 y 1990 han sido luego retiradas u olvidadas. Hay que reconocer que en ciertos casos aquellas medidas fueron impuestas con un exceso estatalista y centralizador y que en otros casos la burocracia contrarrest\u00f3 los efectos positivos iniciales de tales medidas. Pero tambi\u00e9n hay que decir \u2013porque no se est\u00e1 diciendo casi nunca\u2013 que las cifras cantan: desde que aquellas medidas fueron retiradas u olvidadas, en solo unos pocos a\u00f1os, todos los principales indicadores del nivel de vida de las gentes (en sanidad, educaci\u00f3n, vivienda y condiciones de trabajo principalmente) han empeorado. Ah\u00ed est\u00e1 el caso de la antigua Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica para confirmarlo.<\/p>\n<p>Si uno se toma en serio la palabra \u00abdemocracia\u00bb, como lo hac\u00edan los autores del <em>Manifiesto Comunista<\/em> hay que concluir de ah\u00ed que hoy en d\u00eda estamos todavia en la fase de la \u00abconquista de la democracia\u00bb. Y no s\u00f3lo desde ese punto de vista, que pone el acento en lo econ\u00f3mico-social. Tambi\u00e9n desde el punto de vista pol\u00edtico. \u00bfHay algo m\u00e1s contradictorio que el hecho de que en la mayor\u00eda de los pa\u00edses democr\u00e1tico, en los que se da por supuesto, por definici\u00f3n, que \u00abgobierna el pueblo\u00bb nos hayamos tenido que inventar la figura del \u00abdefensor del pueblo\u00bb? \u00bfPor qu\u00e9 no nos preguntamos en serio c\u00f3mo es que en lugares en los que gobierna el pueblo \u00e9ste necesite, adem\u00e1s, un defensor?<\/p>\n<p>Si hemos de juzgar por lo que dicen los informes anuales de Amnist\u00eda Internacional donde el <em>Manifiesto<\/em> dice \u00abun fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo\u00bb deber\u00edamos decir hoy: un fantasma recorre el mundo. Pues l\u00edderes religiosos, d\u00e9spotas pol\u00edticos y plut\u00f3cratas de todo el mundo persiguen y encarcelan a j\u00f3venes, mujeres y varones que se rebelan en Africa, Asia, Am\u00e9rica y parte de Europa con la misma vieja acusaci\u00f3n: comunistas.<\/p>\n<p>Incluso en el coraz\u00f3n de Europa el fantasma sigue presente. Miles de p\u00e1ginas de diarios, telediarios, revistas y radiorevistas han estado ocupadas en estas \u00faltimas semanas en <em>El libro negro del comunismo<\/em>. No voy a negar yo aqu\u00ed que ha habido p\u00e1ginas negras en la historia del comunismo del siglo XX. Sin duda, el estalinismo lo es. Pero \u00bfy los libros negros del capitalismo del siglo XX? \u00bfY los libros negros del liberalismo? \u00bfY los libros negros de las democracias cristianas que auparon al poder a otros d\u00e9spotas y mantuvieron reg\u00edmenes corruptos durante d\u00e9cadas? \u00bfY qui\u00e9n de los presentes ha leido en nuestros peri\u00f3dicos una referencia, una sola, a los mil marxistas reunidos la semana pasada en Par\u00eds para hablar del <em>Manifiesto<\/em>? \u00bfQu\u00e9 libertad de prensa es \u00e9sta por la que se exalta cualquier nimiedad posmoderna y se silencia el debate de ideas entre un millar de intelectuales de los cinco continentes? Por lo general, los marxistas s\u00f3lo aparecen en los medios de comunicaci\u00f3n en la hora de las necrol\u00f3gicas. Cuantas veces nuestros principales peri\u00f3dicos habr\u00e1n escrito al respecto: \u00abHa muerto el \u00faltimo marxista\u00bb.<\/p>\n<p>El <em>Manifiesto<\/em> no es <em>el<\/em> libro. Es, tal vez, el embri\u00f3n del futuro libro blanco del comunismo. El <em>Manifiesto<\/em> es <em>uno<\/em> de nuestros libros. Tiene hoy la importancia de que a trav\u00e9s de \u00e9l los comunistas de finales del siglo XX podemos reanudar el necesario di\u00e1logo con los j\u00f3venes que se rebelan y con todas aquellas personas que, desde otras tradiciones (socialistas, cristianas, libertarios, anarquistas) comparten el ideal de la emancipaci\u00f3n de los de abajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 1: Presentaci\u00f3n de El acorazado Potemkin<\/h3>\n<p><em>Texto did\u00e1ctico que el autor prepar\u00f3 para el colectivo Drac M\u00e0gic como presentaci\u00f3n de la pel\u00edcula de Sergei M. Eisenstein, una actividad cultural en la que sol\u00edan participar estudiantes de bachillerato de aquellos a\u00f1os. Est\u00e1 fechado el 6 de diciembre de 1978, el d\u00eda del refer\u00e9ndum constitucional. Debo a Francesc Xavier Pardo conocimiento de su existencia.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. En los primeros d\u00edas de enero de 1905 se declaraban en huelga los obreros de las grandes f\u00e1bricas Putilov de Petersburgo. Su motivaci\u00f3n no difer\u00eda gran cosa de tantas otras acciones obreras anteriores: protestar por el despido de cuatro compa\u00f1eros, en este caso, adem\u00e1s, muy probablemente afiliados a una asociaci\u00f3n de trabajadores, propiciada por un sacerdote (el c\u00e9lebre cura Gap\u00f3n) con fondos procedentes de la polic\u00eda zarista. El origen de la protesta era, pues, oscuro o por lo menos parad\u00f3jico. Pero, como suele ocurrir, a la protesta se unieron reivindicaciones m\u00e1s amplias, m\u00e1s generales. Entre ellas, la m\u00e1s universal para los trabajadores de la \u00e9poca: la jornada de ocho horas. Y, como siempre en la historia del movimiento obrero, tambi\u00e9n la exigencia de libertad.<\/p>\n<p>Todav\u00eda durante ese mismo mes de enero una gran procesi\u00f3n organizada por el cura Gap\u00f3n al objeto de invocar la justicia y la protecci\u00f3n del zar frente a los despidos acab\u00f3 en tragedia al disparar los soldados contra la multitud. Era el \u00abdomingo sangriento\u00bb, un domingo en el que muchos ciudadanos rusos dejaron de creer en la bondad del aut\u00f3crata para empezar a llamarle por su nombre: tirano. As\u00ed empezaba lo que conocemos como primera revoluci\u00f3n rusa, la revoluci\u00f3n de 1905-1906. Pocos meses despu\u00e9s, en la primavera, y en un clima dominado ya por los intentos insurreccionales, nac\u00edan los primeros soviets de obreros. Y en mayo la espontaneidad revolucionaria de los marineros del Potemkin hizo verdad la sospecha de algunos militantes de los soviets seg\u00fan los cuales no todos los soldados estaban ya con el poder.<\/p>\n<p>En efecto, entre el 14 y el 16 de mayo la flota rusa sufr\u00eda un descalabro al enfrentarse con los japoneses ante la isla de Tushima, Como consecuencia de ello la tensi\u00f3n aument\u00f3 notablemente a bordo de las naves del mar Negro. Y en una de ellas, el acorazado Potemkin, la mariner\u00eda rechaz\u00f3 la comida podrida que se les suministraba; en la protesta muere asesinado un marinero bolchevique y el mot\u00edn toma cuerpo: el resto de los marineros crean un comit\u00e9, arrojan al mar a los oficiales, se hacen con el control del barco y ponen proa al puerto de Odessa, donde ha estallado una huelga general. All\u00ed dieron sepultura con grandes honores al marinero asesinado y conocieron la situaci\u00f3n en las f\u00e1bricas, en los talleres, en el campo. Unos d\u00edas despu\u00e9s el Potemkin se hac\u00eda a la mar de nuevo para enfrentarse a la flota del zar: cuando llega el momento del encuentro los otros barcos no disparan e incluso alguno de ellos se une a la rebeli\u00f3n. Con ello el entusiasmo crece. Pero tambi\u00e9n el drama: durante horas y horas el acorazado Potemkin surca los mares hasta que, por \u00faltimo, sin provisiones ya, la tripulaci\u00f3n opta por entregarse a las autoridades rumanas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II. Tal es la historia del Potemkin, sin duda la m\u00e1s popular de las haza\u00f1as revolucionarias en los a\u00f1os que siguieron a la victoria bolchevique en octubre de 1917. Pero ya en su momento, sin la mitificaci\u00f3n y la punta de leyenda que dan el tiempo y la victoria, el acorazado Potemkin era el s\u00edmbolo de la resistencia popular triunfante, el ejemplo que en 1906 pon\u00edan aquellos revolucionarios que quer\u00edan mostrar al pueblo algo tan sustancial como que la resistencia era incluso posible en las fortalezas del enemigo, en el ej\u00e9rcito, en las fuerzas armadas de la autocracia. Potemkin es, pues, el principio de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y pocas veces la imagen f\u00edlmica ha logrado una tan alta expresividad simb\u00f3lica como en la descripci\u00f3n de estos hechos por S.M. Eisenstein. Ser\u00eda in\u00fatil tratar de igualar con palabras pobres la expresi\u00f3n po\u00e9tica, por ejemplo, de los tres rapid\u00edsimos encuadres del le\u00f3n de Odessa montados con las andanadas del acorazado Potemkin. All\u00ed est\u00e1 captado el despertar de la revoluci\u00f3n. El otro grande de la cinematograf\u00eda sovi\u00e9tica, Pudovkin, ha comentado esos tres encuadres del le\u00f3n de piedra que duerme, abre los ojos y ruge (y que tantos homenajes ha cosechado luego en la historia del cine) de la siguiente forma: \u00abLa pel\u00edcula pasa as\u00ed del naturalismo que en cierto grado le era propia a una capacidad de representaci\u00f3n libre, simb\u00f3lica, independiente de los requisitos de una elemental probabilidad\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>III. Y, efectivamente, en esos planos est\u00e1 todo lo que represent\u00f3 el <em>Acorazado Potemkin<\/em> desde el punto de vista del artista revolucionario que conoci\u00f3 el hecho de cerca. Si a ello se quiere a\u00f1adir las palabras pobres, esto es, una consideraci\u00f3n menos \u00e9pica y optimista, m\u00e1s distanciada por la complicaci\u00f3n que la historia nos ha ido proporcionando luego, habr\u00eda que tener en cuenta que entre los hechos de 1905 y la victoria de octubre median doce a\u00f1os durante los cuales lo herederos de la haza\u00f1a del Potemkin tuvieron que sufrir cotidianamente, desesperarse a veces para volver a acoger en su coraz\u00f3n la esperanza. En este sentido tal vez se pueda a\u00f1adir a la imagen del le\u00f3n esta otra: la de un viejo cuarto de una triste pensi\u00f3n de Ginebra donde el cura Gap\u00f3n (el misterio de la revoluci\u00f3n de 1905), el marinero Matishensko (uno de los l\u00edderes del Potemkin) y V. I. Lenin (el futuro conductor de Octubre) discuten acaloradamente sobre el papel del campesinado en la revoluci\u00f3n rusa. Una imagen, \u00e9sta, de la complicaci\u00f3n, de la \u00abimpureza\u00bb, como sol\u00eda decir el propio Lenin, de los acontecimientos hist\u00f3ricos grandes. Y as\u00ed ocurri\u00f3, efectivamente. Lo cuenta Nadezhda Kr\u00fapkskaya[14].<\/p>\n<p>Esto es: \u00e9pica como nos lo muestra Eisenstein y lo teoriza Pudovkin; misteriosamente cotidiano, como lo pinta Kr\u00fapskaya. Pero no necesariamente confuso, como tiende a hacernos creer Makavejev en estos tiempos de escepticismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 2: Carta de F\u00e9lix Duque a FFB sobre la edici\u00f3n del <em>Manifiesto Comunista<\/em>[15]<\/h3>\n<p>Prof. Dr. Francisco Fern\u00e1ndez Buey<br \/>\nFilosof\u00eda Pol\u00edtica, Universidad Pompeu Fabra<br \/>\nMadrid, 13 de marzo de 2001<\/p>\n<p>Estimado amigo:<\/p>\n<p>Aunque creo que no nos conocemos personalmente, s\u00ed he seguido desde luego tu trayectoria intelectual, empezando por la traducci\u00f3n de <em>G\u00e9nesis y estructura<\/em>, una obra que marc\u00f3 en buena medida mi inter\u00e9s por Hegel. Te escribo para proponerte un trabajo que podr\u00eda resultar, me parece, muy estimulante. Yo coordino una colecci\u00f3n de textos filos\u00f3ficos breves: \u00abAgora\u00bb, para la Editorial Istmo de Madrid. Las caracter\u00edsticas de la colecci\u00f3n la convierten en un <em>unicum<\/em>, al menos en libros en espa\u00f1ol. Publicamos en efecto el texto original y la traducci\u00f3n, con notas puntuales (sin l\u00edmite preciso en la cantidad) y con un COMENTARIO CORRIDO de la obra que, en lugar de ir antes o despu\u00e9s del texto, lo acompa\u00f1a, cort\u00e1ndolo por las unidades de sentido que estipule el <em>curator<\/em>. El comentario se ubica en la parte inferior del texto, de modo que en todo momento el lector tenga una comprensi\u00f3n clara de lo que est\u00e1 leyendo. Todo ello va antecedido de una Introducci\u00f3n (tambi\u00e9n, en principio, sin l\u00edmites estrechos; podr\u00eda ir, p.e., de las 20 a las 100 p\u00e1gs.), con Bibliograf\u00eda. Esta es la tarea del <em>curator<\/em> (me fastidia que en castellano no dispongamos sino de \u00abeditor\u00bb: t\u00e9rmino ambiguo donde los haya).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista econ\u00f3mico, lo normal es que se le considere a todos los efectos como <em>autor<\/em>, reteniendo pues el <em>copyright<\/em> y yendo a porcentaje.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s, el texto va seguido de un Ep\u00edlogo (un ensayo de unas 20-25 p\u00e1gs.), que por lo com\u00fan se encarga a un prestigioso especialista extranjero, para evitar susceptibilidades (ya sabes c\u00f3mo va la envidia por aqu\u00ed).<\/p>\n<p>Pues bien, lo que yo quer\u00eda proponerte ser\u00eda la edici\u00f3n del <em>MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA<\/em> de Marx-Engels (1848). Normalmente ha sido considerado este op\u00fasculo como un escrito de batalla pol\u00edtico \u2013cosa que ciertamente <em>tambi\u00e9n<\/em> es\u2013. Pero yo creo que ahora ser\u00eda conveniente que fuera interpretado (de ah\u00ed la introducci\u00f3n y el comentario) insert\u00e1ndolo en la gran tradici\u00f3n <em>filos\u00f3fica<\/em>, y como expositor de una serie de problemas propios de la filosof\u00eda (y aun de la escatolog\u00eda) de la historia, con prolongaciones incluso ontol\u00f3gicas. Me parece que ser\u00eda algo importante esta reivindicaci\u00f3n de los autores como fil\u00f3sofos. Y por el conocimiento de tu obra, creo que t\u00fa podr\u00edas ser la persona id\u00f3nea para ello. El plazo de entrega no ser\u00eda problema, dado que la Colecci\u00f3n no sigue ning\u00fan orden estricto. Podr\u00edas entregarlo dentro de un a\u00f1o, o m\u00e1s, si as\u00ed lo deseas.<\/p>\n<p>Con respecto al epiloguista, hab\u00eda pensado en TONI NEGRI para ello, pero estar\u00eda desde luego abierto a tus sugerencias.<\/p>\n<p>Me agradar\u00eda mucho que pudieras colaborar en mi Colecci\u00f3n (doy aviso a ISTMO para que te env\u00eden un ejemplar de \u00abAgora\u00bb: p.e. Dilthey, para que te hagas una idea de las caracter\u00edsticas de la edici\u00f3n). En todo caso te quedar\u00eda muy agradecido si me haces saber qu\u00e9 piensas de la propuesta lo antes posible. Abajo te se\u00f1alo los modos de localizarme.<\/p>\n<p>Te env\u00edo un saludo muy cordial,<br \/>\nF\u00e9lix Duque<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<p>[1] NE. El autor colabor\u00f3 en varias las revistas citadas. Entre ellas: <em>Critica marxista, Rethinking marxism, Das Argument<\/em> y <em>Actuel Marx<\/em>.<br \/>\n[2] NE. Varios de los citados fueron amigos del autor. Por ejemplo, Valentino Gerratana y Domenico Losurdo.<br \/>\n[3] NE. Recordemos el pr\u00f3logo que el autor escribi\u00f3 para la edici\u00f3n castellana del <em>MC<\/em> en El Viejo Topo: \u00abPara leer el <em>Manifiesto Comunista<\/em>\u00bb (1997). Puede verse ahora en FFB, <em>Marx a contracorriente<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2018, pp. 157-170.<br \/>\n[4] NE. \u00abS\u00e9 todos los cuentos\u00bb <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=thWUt_ge7og\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=thWUt_ge7og<\/a>. Referencia a continuaci\u00f3n a \u00abPajaricos y Pajarracos\u00bb (<em>Uccellacci e Uccellini<\/em>) (1966) de Pier Paolo Pasolini.<br \/>\n[5] NE. Referencia <em>Uccellacci e uccellini<\/em>, pel\u00edcula italiana de 1966 dirigida por Pier Paolo Pasolini.<br \/>\n[6] NE. Antonio Gramsci.<br \/>\n[7] NE. Friedrich Engels, <em>Principios del comunismo<\/em>. En OME 9, pp. 1-21. Traducci\u00f3n de Le\u00f3n Mames.<br \/>\n[8] NE. Antonio Gamoneda. \u00abEspa\u00f1a es tambi\u00e9n una tierra,\/ pero una tierra s\u00f3lo no es un pa\u00eds;\/ un pa\u00eds es la tierra y sus hombres\/ Y un pa\u00eds s\u00f3lo no es una patria;\/ una patria es, amigos, un pa\u00eds con justicia\u00bb. As\u00ed finaliza la primera versi\u00f3n (1960) del poema \u00abFerrocarril de Matallana\u00bb. Sin embargo, estos versos no aparecen en la versi\u00f3n de 2003 del mismo poema (\u00abExentos I\u00bb, <em>Esta luz. Poes\u00eda reunida (1947-2004)<\/em>. Barcelona, Galaxia Gutenberg-C\u00edrculo de Lectores, 2004). \u00abEn la primera versi\u00f3n de \u00abFerrocarril de Matallana\u00bb hab\u00eda expresiones que pudi\u00e9ramos llamar expl\u00edcitamente de car\u00e1cter social, otras que cabr\u00eda considerar patri\u00f3ticas, y algunas que ten\u00edan que ver con mi biograf\u00eda y mi geograf\u00eda. En la versi\u00f3n definitiva, desaparecen las expresiones de car\u00e1cter social o patri\u00f3tico. \u00bfPor qu\u00e9? Porque mi pensamiento po\u00e9tico ha ido transform\u00e1ndose y ahora elimino los datos informativos que pertenecen m\u00e1s al pensamiento reflexivo que al po\u00e9tico\u2026 Yo no reniego de aquel poema escrito hace casi 50 a\u00f1os. No reniego del primer \u00abFerrocarril de Matallana\u00bb, y ah\u00ed est\u00e1, en los libros y antolog\u00edas de la \u00e9poca. De hecho, las modificaciones que yo hago en los poemas casi nunca son para mejorarlos en el sentido formal, por conseguir que est\u00e9n estructurados o por que resulten m\u00e1s agradables, no. Casi siempre es porque mi comprensi\u00f3n de los hechos que est\u00e1n en el interior de esos poemas ha variado\u00bb. Antonio Gamoneda entrevistado por Pilar Ortega Bargue\u00f1o, <em>El Mundo<\/em>, 29\/04\/2007.<br \/>\n[9] NE. Otras de las aristas que conviene resaltar del autor: su amor por el cine y sus cr\u00edticas cinematogr\u00e1ficas. V\u00e9ase \u00abCr\u00edtica literaria, cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica (I)\u00bb <a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12745\">https:\/\/espai-marx.net\/?p=12745<\/a><br \/>\n[10] NE. Uno de los intelectuales marxistas m\u00e1s reconocidos por FFB, maestro de uno de sus disc\u00edpulos: Jorge Riechmann.<br \/>\n[11]NE. V\u00e9ase nota final.<br \/>\n[12] NE. Apartado incluido en la conferencia anterior que no elimino para no interrumpir la lectura.<br \/>\n[13] NE. P\u00e1rrafo tambi\u00e9n incorporado en la conferencia anterior.<br \/>\n[14] NE. Compa\u00f1era-esposa de Lenin fue una de las principales responsables de la creaci\u00f3n del sistema educativo sovi\u00e9tico y pionera del desarrollo de las bibliotecas rusas.<br \/>\n[15] NE. No he sabido encontrar la carta respuesta de FFB.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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