{"id":12821,"date":"2022-11-29T05:00:07","date_gmt":"2022-11-29T04:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12821"},"modified":"2023-02-04T04:49:13","modified_gmt":"2023-02-04T03:49:13","slug":"sobre-la-recepcion-de-albert-camus-en-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12821","title":{"rendered":"Sobre la recepci\u00f3n de Albert Camus en Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Comunicaci\u00f3n al Col.loqui internacional \u00abDiscursos de llibertat: A. Camus, l\u2019artista i el seu temps\u00bb, UPF, Barcelona, 7-9 de noviembre de 2007.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo: Homenaje a Camus en la UPF, 2004.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 160px; text-align: right;\">Agradezco a Jordi Mir y Salvador L\u00f3pez Arnal la ayuda prestada en el rastreo de revistas de los a\u00f1os cincuenta y sesenta; y a H\u00e9l\u00e8ne Rufat, su lectura atenta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. La recepci\u00f3n de la obra de Albert Camus en Espa\u00f1a fue tard\u00eda y estuvo plagada de dificultades, obst\u00e1culos y equ\u00edvocos, derivados del desarrollo de la guerra civil, de la censura impuesta por el franquismo y de otras circunstancias hist\u00f3ricas a las que aludir\u00e9 a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La R\u00e9volte dans les Asturies<\/em> (1936), que sin duda tendr\u00eda que haber interesado mucho en Espa\u00f1a, coincidi\u00f3 con la sublevaci\u00f3n franquista y el comienzo de la guerra civil. <em>Cal\u00edgula<\/em>, <em>El malentendido<\/em>, <em>El estado de sitio<\/em> y <em>Los justos<\/em>, obras escritas durante la segunda guerra mundial o en los a\u00f1os inmediatamente siguientes al t\u00e9rmino de la misma, no pudieron publicarse en Espa\u00f1a entonces. Camus hab\u00eda sido un amigo de la II Rep\u00fablica y en consecuencia el r\u00e9gimen franquista lo consideraba un enemigo. Por tanto, su obra fue conocida, y en algunos casos admirada, por intelectuales republicanos en el exilio pero muy poco le\u00edda en el interior. En las revistas literarias vinculadas al r\u00e9gimen franquista apenas hay referencias a la obra de Camus en esos a\u00f1os y cuando las hay son negativas o despreciativas.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir que Camus haya sido completamente ignorado en Espa\u00f1a en la d\u00e9cada de los cuarenta. Se sabe que ya en 1948, en el madrile\u00f1o caf\u00e9 Gambrinus, se hac\u00eda una tertulia sobre teatro contempor\u00e1neo, en la que se le\u00edan y discut\u00edan las obras de teatro de Camus y de Sartre; y que por ah\u00ed andaban Luis Mart\u00edn Santos, Juan Benet, Carmen Mart\u00edn Gaite, Josefina Aldecoa, Rafael S\u00e1nchez Ferlosio y Jos\u00e9 Vidal Beneyto. Algunas de las obras de Camus fueron conocidas y le\u00eddas en franc\u00e9s o en las primeras traducciones latinoamericanas, impulsadas por los intelectuales del exilio, que pod\u00edan encontrarse ya en las trastiendas de algunas librer\u00edas.<\/p>\n<p>Tal situaci\u00f3n se prolong\u00f3 durante la primera mitad de la d\u00e9cada de los cincuenta. Hay noticia de una representaci\u00f3n de <em>Los justos<\/em> por el Teatro Espa\u00f1ol Universitario en 1953 y, por lo que hace a Barcelona, de alguna rese\u00f1a de Camus escrita en esos a\u00f1os por Antonio Vilanova para el semanario <em>Destino<\/em>[1]. Ya en 1955, hubo una representaci\u00f3n de <em>Le malentendu<\/em>, dirigida por Gonz\u00e1lez Vergel, en un peque\u00f1o teatro de c\u00e1mara madrile\u00f1o llamado Dido. En su cr\u00f3nica de esta representaci\u00f3n para la revista <em>Teatro<\/em>, Jaime de Armi\u00f1an califica el evento de minoritario y selecto. Empieza su art\u00edculo diciendo que Albert Camus es un escritor desconocido e ignorado en Espa\u00f1a[2].<br \/>\nPoca atenci\u00f3n prestaron a la obra de Camus en la primera mitad de los cincuenta los intelectuales barceloneses vinculados a la revista <em>Laye<\/em>, por lo general buenos lectores y conocedores de la literatura europea contempor\u00e1nea, como ha mostrado Laureano Bonet en sus estudios al respecto. Sacrist\u00e1n, los hermanos Ferrater, Castellet, Gil de Biedma, Costafreda, etc, se muestran m\u00e1s interesados en aquella \u00e9poca por la poes\u00eda inglesa y por la dramaturgia norteamericana. Sacrist\u00e1n, que hab\u00eda estudiado en Francia despu\u00e9s de la guerra civil y que tuvo la oportunidad de leer all\u00ed a Camus, lleg\u00f3 a escribir, pol\u00e9micamente y como de pasada, por aquellos a\u00f1os que Camus era un escritor sobrevalorado, aunque luego matizar\u00eda parcialmente este juicio al referirse a su edici\u00f3n de algunos de los art\u00edculos de Simone Weil en la colecci\u00f3n Espoir de Gallimard.<\/p>\n<p>Por otra parte, varios de los intelectuales exiliados, como Mar\u00eda Zambrano, conocieron personalmente a Camus en Par\u00eds e hicieron llegar sus impresiones a amigos que viv\u00edan en Espa\u00f1a. Hay, adem\u00e1s, huellas de una lectura positiva de obras de Camus en Jos\u00e9 Luis Aranguren y en algunos de sus primeros disc\u00edpulos universitarios, se\u00f1aladamente en Jes\u00fas Aguirre, que conoci\u00f3 el pensamiento y la obra de Camus durante un viaje de estudios teol\u00f3gicos a Alemania e hizo traducir <em>La peste<\/em> en la editorial Taurus con la que estaba relacionado[3]. Algunas de estas cosas las hemos conocido, a trav\u00e9s de las memorias de unos y otros, publicadas muchos a\u00f1os despu\u00e9s, pero la verdad es que de ellas qued\u00f3 poco eco escrito en la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, se puede decir que la situaci\u00f3n empez\u00f3 a cambiar a partir de la concesi\u00f3n a Camus del premio Nobel de literatura en 1957, y, sobre todo, por la combinaci\u00f3n de esta circunstancia con la influencia que tuvo en Espa\u00f1a un libro entonces bastante comentado y rese\u00f1ado en los ambientes frecuentados por la intelectualidad cristiana progresista ( y no s\u00f3lo), el libro de Charles Moeller, <em>Literatura del siglo XX y cristianismo<\/em>, traducido por Valent\u00edn Garc\u00eda Yebra y publicado por la Editorial Gredos en 1955.<\/p>\n<p>Por lo que yo recuerdo de mis \u00faltimos a\u00f1os del bachillerato, en la vieja y conservadora Castilla de finales de la d\u00e9cada de los cincuenta, los estudiantes j\u00f3venes de entonces nos interes\u00e1bamos por la obra de Camus como escritor existencialista. Tambi\u00e9n nosotros atra\u00eddos por lo que hab\u00eda escrito Charles Moeller. Ve\u00edamos en Camus algo as\u00ed como la versi\u00f3n literaria de la filosof\u00eda existencialista de Jean Paul Sartre. Y, a pesar de que las diferencias entre Sartre y Camus eran muy obvias a partir de la publicaci\u00f3n de <em>El hombre rebelde<\/em> en 1951, nosotros no distingu\u00edamos. Tampoco conoc\u00edamos, ciertamente, la pol\u00e9mica que se hab\u00eda producido al respecto en <em>Temps modernes<\/em>. Sent\u00edamos la misma simpat\u00eda por los dos, sobre todo al polemizar con la filosof\u00eda escol\u00e1stica entonces dominante en las aulas, con el tipo de teatro de entretenimiento que se estaba haciendo entonces en Espa\u00f1a o con la narrativa imperante.<\/p>\n<p>De hecho, en las aulas del instituto no nos hab\u00edan ense\u00f1ado a distinguir ni ten\u00edamos tampoco la documentaci\u00f3n que hubiera sido necesaria para ello. Tuvimos noticia, vaga noticia (ocultada por la prensa franquista pero publicitada por las emisiones en castellano de radio Par\u00eds), de la carta abierta que Camus hab\u00eda enviado a los j\u00f3venes escritores espa\u00f1oles con motivo del vig\u00e9simo aniversario de la sublevaci\u00f3n franquista, en 1956, y tambi\u00e9n sab\u00edamos, claro est\u00e1, de su canto a la libertad[4]. Ya eso era m\u00e1s que suficiente para simpatizar con \u00e9l. Pero yo mismo s\u00f3lo empec\u00e9 a entrever las diferencias existentes entre Camus y Sartre a partir de conversaciones, en el patio de letras de la Universidad de Barcelona, y ya en 1962, con compa\u00f1eros que hab\u00edan estudiado en el Liceo Franc\u00e9s y que estaban al corriente de la evoluci\u00f3n de la intelectualidad en Francia.<\/p>\n<p>II. He dicho antes que la consideraci\u00f3n de la obra de Camus en Espa\u00f1a empez\u00f3 a cambiar despu\u00e9s de que se le concediera el premio Nobel de literatura. Ahora querr\u00eda precisar un poco m\u00e1s: la gran mayor\u00eda de los art\u00edculos y ensayos dedicados a Camus que he podido consultar son posteriores a 1960, lo que quiere decir que fueron escritos despu\u00e9s de su muerte. Se puede ver ah\u00ed una iron\u00eda del destino, pues entre 1957 y la fecha de su muerte Camus s\u00f3lo public\u00f3 otras dos obras importantes, <em>L\u2019exil et le royaume<\/em> y las \u00ab<em>Chroniques alg\u00e9riennes<\/em>\u00bb (1958). En cualquier caso, este desfase sirve para explicar una consideraci\u00f3n recurrente que aparece pr\u00e1cticamente en todos los art\u00edculos escritos en Espa\u00f1a sobre \u00e9l en la d\u00e9cada de los sesenta, a saber: que su obra (como dramaturgo y como novelista) es representativa de <em>otra \u00e9poca<\/em>.<\/p>\n<p>Me detendr\u00e9 a comentar brevemente tres series de escritos publicados en la d\u00e9cada de los sesenta para intentar sacar una primera conclusi\u00f3n: las rese\u00f1as de obras de teatro camusianas que aparecieron en la revista <em>Primer acto<\/em>; los art\u00edculos que le dedic\u00f3 la revista <em>Serra d&#8217;Or<\/em> en 1960; y los pr\u00f3logos que puso Joan Fuster a sus traducciones al catal\u00e1n de <em>El mite de Sisif<\/em> y <em>L&#8217;home revoltat<\/em>, publicadas por la editorial Vergara respectivamente en 1965 y 1966.<\/p>\n<p>La revista <em>Primer acto<\/em>, editada por Jos\u00e9 \u00c1ngel Ezcurra y dirigida de hecho por Jos\u00e9 Monle\u00f3n, fue, como es sabido, la principal fuente de informaci\u00f3n sobre la evoluci\u00f3n del teatro norteamericano y europeo que hubo en Espa\u00f1a en la d\u00e9cada de los sesenta. Formaban parte de su consejo de redacci\u00f3n dramaturgos y cr\u00edticos como Jos\u00e9 Luis Alonso, Haro Tecglen, Marsillach, Paso, De Quinto y Alfonso Sastre y colaboraban bastante regularmente otros como Ricardo Domenech y Ricard Salvat. En los diez n\u00fameros publicados antes de la muerte de Camus s\u00f3lo hay un par de sueltos sin firmar dedicados a su dramaturgia, inmediatamente despu\u00e9s de la concesi\u00f3n del premio Nobel. Esta escasez puede tener que ver con la censura o con el hecho de que hasta entonces s\u00f3lo hubiera habido, como he dicho, unas pocas representaciones, y muy minoritarias, de obras de Camus en Espa\u00f1a. Pero no s\u00f3lo con eso. Viendo lo que se escribe en <em>Primer acto<\/em> desde 1960 se puede establecer la hip\u00f3tesis de que Camus (a pesar de que Jos\u00e9 Tamayo fue uno de los primeros dramaturgos que lo represent\u00f3 aqu\u00ed) no era precisamente santo de la devoci\u00f3n principal de la redacci\u00f3n y colaboradores de la revista.<\/p>\n<p>En el n\u00famero 11 de <em>Primer acto<\/em> aparec\u00eda una breve rese\u00f1a, firmada por Mart\u00edn Iniesta, que da cuenta del fallecimiento de Camus y hace el elogio f\u00fanebre. Se le considera ah\u00ed <em>\u00ab<\/em>hombre de lucha, responsable de sus palabras y consciente de su tiempo\u00bb. Se introduce por primera vez la idea de que ese tiempo es otro, el de <em>El mito de S\u00edsifo<\/em> y <em>El hombre rebelde<\/em>, y se alaba particularmente <em>La peste<\/em> como cr\u00f3nica <em>\u00ab<\/em>exacta\u00bb de aquel tiempo. Como era habitual, el autor de la necrol\u00f3gica acude a Charles Moeller para encontrar adjetivos valorativos; y termina as\u00ed: <em>\u00ab<\/em>Pocas veces en la historia de la humanidad ha existido un hombre m\u00e1s l\u00facidamente apasionado y que haya luchado con m\u00e1s firmeza con la angustia y el desconsuelo y con el tiempo en que le toc\u00f3 vivir\u00bb. No es mucho si se compara con el espacio que se dedicaba a Becket o a Espriu.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s, con motivo de la representaci\u00f3n de <em>Cal\u00edgula<\/em>, dirigida por Jos\u00e9 Tamayo a partir de una traducci\u00f3n de Escu\u00e9 Porta, en el teatro Bellas Artes de Madrid, Ricardo Dom\u00e8nech, uno de los cr\u00edticos habituales en la revista, dice de ella que es la obra de mayor inter\u00e9s de cuantas se han representado desde el inicio de la temporada. Describe la obra en t\u00e9rminos generales, subraya su <em>leitmotiv<\/em>, la relaciona con las ideas de la filosof\u00eda existencial y llama la atenci\u00f3n, de nuevo, sobre el retraso con que se representa a Camus en Espa\u00f1a. Han pasado, en efecto, diez y ocho a\u00f1os desde su puesta en escena en Par\u00eds. En su cr\u00f3nica, Dom\u00e8nech expresa desilusi\u00f3n. No le parece convincente la forma en que Camus dramatiz\u00f3 el dilema entre orden y nihilismo; considera endeble el trazado de los personajes; cree que fallan en ella las motivaciones y reacciones psicol\u00f3gicas de los personajes; y, sobre todo, insiste en que \u00e9stos, los personajes, son s\u00f3lo ideas o encarnaciones de ideas, seres de cart\u00f3n piedra. Salva, eso s\u00ed, las ideas filos\u00f3ficas, que es lo que, en su opini\u00f3n, mantiene en vilo la atenci\u00f3n del espectador, pero se distancia tanto del texto como de la puesta en escena. Concluye distanci\u00e1ndose tambi\u00e9n de lo que fue la evoluci\u00f3n de Camus en sus \u00faltimos a\u00f1os haciendo referencia expl\u00edcita a <em>\u00ab<\/em>su inhibici\u00f3n ante la cuesti\u00f3n argelina\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Ricard Salvat es muy cr\u00edtico al ocuparse, en 1965, de la representaci\u00f3n de <em>Los justos<\/em> en Barcelona. En este caso se trataba de la puesta en escena por el Teatro Experimental Catal\u00e1n en la Palacio de la M\u00fasica, el 8 de diciembre del 64. A pesar de que la obra cosech\u00f3 un gran \u00e9xito de p\u00fablico (parece que mayormente estudiantil), Salvat insiste en lo que han dicho ya los otros: Camus llega con retraso a los teatros espa\u00f1oles. Y es a\u00fan m\u00e1s cr\u00edtico de lo que lo era Dom\u00e8nech dos a\u00f1os antes. La cr\u00edtica, en este caso, se refiere al texto de Camus y a sus ideas, pero tambi\u00e9n a la representaci\u00f3n misma. Salvat compara a Camus con Sartre, al que considera muy del momento que se est\u00e1 viviendo, y dice del otro que es un autor de otra \u00e9poca, de una \u00e9poca ya pasada, la del Par\u00eds de la liberaci\u00f3n: <em>\u00ab<\/em>Camus no supo salir de la atm\u00f3sfera de aquel momento\u00bb. De <em>Los justos<\/em> a Salvat no le ha gustado casi nada: ni el texto (que considera ambiguo y de un <em>\u00ab<\/em>humanitarismo vago\u00bb), ni la construcci\u00f3n teatral (de la que dice que carece de rigor constructivo y que no llega a crear una situaci\u00f3n dram\u00e1tica), ni la intenci\u00f3n (pretende ser una obra de corte revolucionario y se queda en la corriente de falsa tragedia raciniana), ni los decorados (que considera completamente inadecuados), ni la interpretaci\u00f3n (de cuyo error s\u00f3lo salva a Nuria Feliu y a Miquel Gimeno).<\/p>\n<p>Muy diferente fue la recepci\u00f3n en la revista <em>Serra d&#8217;Or<\/em>, que public\u00f3 en 1960 dos art\u00edculos sobre Camus, uno de Jordi Carbonell y el otro de Jordi Maluquer.<\/p>\n<p>La reivindicaci\u00f3n de Carbonell est\u00e1 ya en el t\u00edtulo de su art\u00edculo: <em>\u00ab<\/em>Albert Camus, un gran mediterrani\u00bb. Y eso es tambi\u00e9n el hilo conductor del mismo. Carbonell no ahorra elogios: sinceridad, honestidad, esp\u00edritu abierto, dignidad, humanismo valiente, humanismo mesurado, etc. Rasgos, todos ellos, pero particularmente los \u00faltimos, que se pueden hallar de la forma m\u00e1s expl\u00edcita en las p\u00e1ginas finales de <em>El hombre rebelde<\/em> sobre el pensamiento meridiano, pero que Carbonell va rastreando a lo largo de (casi) toda la obra de Camus.<\/p>\n<p>Carbonell repasa el conjunto de la obra camusiana para quedarse con <em>Cal\u00edgula<\/em> (<em>\u00ab<\/em>la m\u00e1s densamente humana\u00bb) y con <em>Los justos<\/em> (<em>\u00ab<\/em>la mejor con Cal\u00edgula\u00bb). Con el criterio de la mediterraneidad como hilo conductor, aprecia poco o menos Carbonell <em>El malentendido<\/em> y el <em>Estado de sitio<\/em>. Y dialoga, tambi\u00e9n \u00e9l, con Moeller a prop\u00f3sito de la narrativa y de la dramaturgia de Camus, precisamente para subrayar su mediterranismo, su <em>\u00ab<\/em>maravillosa realizaci\u00f3n de estilo\u00bb, as\u00ed como, por supuesto, las influencias y concordancias que pueden rastrearse en esa l\u00ednea: Gide, Malraux, Grenier (entre los maestros de Camus); Valery, Kazantzakis, Maragall (entre los pr\u00f3ximos). Estos \u00faltimos ser\u00edan, con Camus, quienes mejor han entendido las caracter\u00edsticas propias del hombre mediterr\u00e1neo seg\u00fan Carbonell: el goce de vivir, la angustia ante la muerte, el amor como comprensi\u00f3n, el amor al mundo sensible&#8230;<\/p>\n<p>Jordi Maluquer se ocupa, en cambio, casi exclusivamente de Camus como novelista. Lo hace con la intenci\u00f3n del solventar prejuicios. Propone una lectura simple huyendo de la b\u00fasqueda de simbolismos ocultos en la obra de Camus. Desde el punto de vista del an\u00e1lisis de la obra camusiana, su art\u00edculo se complementa bien con el de Carbonell, pues se detiene sobre todo en <em>El extranjero<\/em> y en <em>La peste<\/em>, s\u00f3lo aludidas en el anterior. Considera El extranjero la mejor de las novelas de Camus y lo justifica por su cohesi\u00f3n, por la unidad de la obra y por su sencillez; en <em>La peste<\/em> encuentra menos fluidez y algunas situaciones demasiado artificiales. Luego establece unos cuantos rasgos que se repiten en la narrativa camusiana a lo largo de su evoluci\u00f3n para ocuparse, finalmente y de nuevo, del tema propuesto por Moeller: Camus y el cristianismo.<\/p>\n<p>Para Maluquer el fondo tem\u00e1tico de la narrativa de Camus es siempre el mismo: el problema personal de la falta de fe, la dificultad para creer en Dios. Dificultad particularizada cuando, como en el caso de Camus, no se cree en los t\u00f3picos o en las maneras usuales de entender la religi\u00f3n. Sostiene Maluquer que, a pesar de su ate\u00edsmo declarado, Camus ha sentido siempre afecto por la figura humana de Cristo y que ese fondo tem\u00e1tico es lo que pone su obra narrativa por encima de otras novelas contempor\u00e1neas que pueden ser igualmente buenas en el aspecto t\u00e9cnico o formalmente literario. La diferencia, en favor de Camus, es que \u00e9ste habla siempre del hombre, de los problemas m\u00e1s inmediatos que afectan al ser humano. Discute Maluquer al final con Moeller, cuyo criterio para el an\u00e1lisis de <em>El extranjero<\/em> y de <em>La peste<\/em> le parece demasiado r\u00edgido, pero acaba aceptando la conclusi\u00f3n admirativa de aqu\u00e9l: <em>\u00ab<\/em>!C\u00f3mo no estimar a un hombre que ha escrito que en el hombre hay m\u00e1s motivos de admiraci\u00f3n que de menosprecio!\u00bb<\/p>\n<p>III. No es necesario ser un experto en literaturas comparadas o en la comparaci\u00f3n entre cr\u00edticas literarias para advertir enseguida lo que opone a Carbonell y Maluquer, de un lado, y a los autores que escrib\u00edan contempor\u00e1neamente en <em>Primer acto<\/em>, de otro, al valorar la obra de Camus: donde Dom\u00e8nech y Salvat ve\u00edan <em>\u00ab<\/em>humanitarismo vago\u00bb, personajes de cart\u00f3n piedra, ambig\u00fcedad e incoherencia, Carbonell y Maluquer ven <em>\u00ab<\/em>humanismo mesurado\u00bb, seres humanos concretos, coherencia, pensamiento meridiano, en suma, un nuevo humanismo concreto. Donde aquellos ven\u00edan ideas de una \u00e9poca ya pasada, \u00e9stos ven el humanismo (cristiano o no) de siempre o la sustancia del mediterranismo.<\/p>\n<p>No me detengo en las coincidencias, que tambi\u00e9n las hay. Pongo el acento en las diferencias porque me parece que son significativas. \u00c9stas concuerdan, adem\u00e1s, con mi recuerdo personal de aquellos a\u00f1os: la obra de Camus, que era muy apreciada en los ambientes pr\u00f3ximos a lo que podr\u00edamos llamar, para abreviar, el cristianismo cr\u00edtico e impaciente de la Catalu\u00f1a y de la Espa\u00f1a de la \u00e9poca (y tambi\u00e9n en los ambientes pr\u00f3ximos al libertarismo), era vista, en cambio, con mucha reticencia por los intelectuales pr\u00f3ximos al marxismo (la otra gran corriente ideol\u00f3gica de la \u00e9poca) que estaban distanci\u00e1ndose de todos los existencialismos.<\/p>\n<p>Al leer estos art\u00edculos, tanto los escritos en castellano como los redactados en catal\u00e1n, resulta curioso constatar, sin embargo, que, siendo una constante en ellos la comparaci\u00f3n entre el pensamiento de Camus y el de Sartre en t\u00e9rminos filos\u00f3ficos o literarios, no hay ninguna referencia expl\u00edcita a la pol\u00e9mica que les enfrent\u00f3 desde 1951, s\u00f3lo alguna alusi\u00f3n. Vale la pena hacer esa observaci\u00f3n pensando en que a\u00f1os despu\u00e9s tal pol\u00e9mica pasar\u00eda a ocupar el primer plano en los ensayos que se escribieron. Y tambi\u00e9n sobre esto quisiera adelantar una hip\u00f3tesis que me parece plausible: a pesar de las diferencias de talante (y de las diferencias en la lectura de Camus), quienes escrib\u00edan sobre \u00e9l en la Espa\u00f1a de los sesenta prefirieron pasar por alto (o, si se prefiere, no subrayar) las discrepancias pol\u00edtico-ideol\u00f3gicas atendiendo seguramente a aquello que m\u00e1s les un\u00eda entonces: la oposici\u00f3n, aqu\u00ed, a un r\u00e9gimen de ilibertad.<\/p>\n<p>Pero la l\u00ednea de demarcaci\u00f3n que he esbozado m\u00e1s arriba y la plausibilidad de la hip\u00f3tesis avanzada quedar\u00edan incompletas sin hacer referencia al tercero en discordia: Joan Fuster como prologuista de Camus mediada la d\u00e9cada de los sesenta. En el pr\u00f3logo que puso a la traducci\u00f3n catalana (con Josep Palacios) de <em>Le Mythe de Sisyphe<\/em>, Fuster empezaba bromeando, como era habitual en \u00e9l, con los fil\u00f3sofos de profesi\u00f3n para as\u00ed llamar la atenci\u00f3n sobre algo tan elemental como ilustrativo: del absurdo se han ocupado los literatos, no los fil\u00f3sofos, cuya <em>\u00ab<\/em>serenidad escolar\u00bb les hace desentenderse de eso. As\u00ed que en <em>El mito de S\u00edsifo<\/em> no hay que ver filosof\u00eda; hay que leer la obra como se lee un poema o una novela porque lo que hay ah\u00ed es, sobre todo, una experiencia, la descripci\u00f3n de una experiencia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Fuster considera que hay que datar la obra y que \u00e9sta es, en efecto, representativa de la \u00e9poca del absurdo, de los absurdos. S\u00f3lo que para \u00e9l no est\u00e1 tan claro como para los colaboradores de <em>Primer acto<\/em> que esa \u00e9poca haya pasado ya. Lo que s\u00ed est\u00e1 claro para Fuster es que la hip\u00f3tesis de la obra, la idea de un S\u00edsifo feliz, es una hip\u00f3tesis <em>\u00ab<\/em>oscura\u00bb, que contradice la lucidez de su autor al oponerse a toda filosof\u00eda de la consolaci\u00f3n. Fuster discute ah\u00ed con el propio Camus: la idea de no vivir de espaldas al absurdo es insuficiente; habr\u00eda que ir m\u00e1s lejos: tampoco hay que vivir pendientes del absurdo.<\/p>\n<p>Al preguntarse sobre la vigencia de la obra de Camus veintitantos a\u00f1os despu\u00e9s de su publicaci\u00f3n en franc\u00e9s y cinco a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, Fuster ironiza sobre la divisi\u00f3n de opiniones que, evidentemente, conoce (<em>\u00ab<\/em>santo laico\u00bb\/<em>\u00ab<\/em>tartufismo\u00bb). Y hecha la iron\u00eda da el salto: la discrepancia perdura y perdurar\u00e1 porque puso el dedo en la llaga. Las discrepancias sobre Camus no pueden resolverse porque lo que hay que en su obra es <em>\u00ab<\/em>lirismo\u00bb y el lirismo es irrefutable. Han cambiado los tiempos y aquella sensibilidad absurda, e incluso la lucidez ante la misma, se han diluido un tanto en la sociedad de la opulencia y el neocapitalismo, pero no quedan canceladas.<\/p>\n<p>Tampoco es \u00e9sta la \u00faltima palabra. Un a\u00f1o despu\u00e9s, al prologar <em>L&#8217;home revoltat<\/em>, Fuster vuelve al asunto del mito de S\u00edsifo para informar al lector de la conexi\u00f3n existente entre las dos obras. Y admite ahora de la forma m\u00e1s explicita que el de S\u00edsifo feliz no es precisamente un mito que corresponda a las exigencias m\u00e1s profundas o espec\u00edficas de nuestra \u00e9poca. Tambi\u00e9n Fuster se ha hecho m\u00e1s cr\u00edtico con Camus despu\u00e9s de leer y traducir (nuevamente con Josep Palacios) <em>L&#8217;Homme r\u00e9volt\u00e9<\/em>.<\/p>\n<p>En efecto, Fuster resume ah\u00ed muy bien la idea principal de la obra. El planteamiento de la misma le parece honrado. Llama la atenci\u00f3n sobre los aciertos parciales del esquema hist\u00f3rico camusiano, sobre el car\u00e1cter iluminador de algunos cap\u00edtulos del libro, sobre las observaciones agudas y las hip\u00f3tesis sugestivas de Camus. Pero tambi\u00e9n alude a sutilezas que llevan a yerros hist\u00f3ricos llamativos. Y, sobre todo, discute el esquema de conjunto de la obra justamente para marcar las distancias respecto de lo que estaba siendo la recepci\u00f3n de la obra de Camus en aquellos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ah\u00ed sale a relucir el talante volteriano y esc\u00e9ptico del Fuster que no se casa con (casi) nadie. No le gusta la acepci\u00f3n camusiana del ate\u00edsmo porque en \u00e9sta falta consistencia <em>\u00ab<\/em>teol\u00f3gica\u00bb y sobra <em>\u00ab<\/em>ch\u00e1chara dostoievskiana\u00bb. Tampoco le gusta el abrupto anti-marxismo o a-marxismo de la obra de Camus; lo define como <em>\u00ab<\/em>fr\u00edvolo\u00bb. Y no le gusta porque si en su declaraci\u00f3n de <em>a-te\u00edsmo<\/em> Camus se expon\u00eda, en su opini\u00f3n, a la r\u00e9plica f\u00e1cil del cura rural, en este <em>a-marxismo<\/em> suyo se est\u00e1 exponiendo a la refutaci\u00f3n, tambi\u00e9n f\u00e1cil, del simple escolar leninista. Para Fuster, el error principal y m\u00e1s llamativo de la obra de Camus es que en ella ha juzgado todo el marxismo, y no s\u00f3lo las derivaciones estalinistas, con un criterio exclusivamente \u00e9tico, olvidando, <em>\u00ab<\/em>con un candor poco comprensible\u00bb, los aspectos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>A\u00fan parece molestarle m\u00e1s el rechazo camusiano de la violencia porque en ese rechazo Camus le ve acercarse peligrosamente a los prejuicios del <em>\u00ab<\/em>humanitarismo sentimental\u00bb y a las prohibiciones paralizadoras. Ah\u00ed la cr\u00edtica de Fuster enlaza con lo que estaban escribiendo casi al mismo tiempo Ricardo Dom\u00e8nech y Ricard Salvat. Probablemente unos y otro ten\u00edan en la cabeza, al escribir eso, lo que estaba siendo la resistencia antifranquista en el momento y la lucha de liberaci\u00f3n de los pueblos colonizados en \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina. Pero, de todas formas, Fuster, que est\u00e1 escribiendo el pr\u00f3logo a una obra que \u00e9l mismo ha traducido, precisa y matiza: lo que salva a Camus de aquel prejuicio es que \u00e9l no predica la renuncia a la rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>El \u00faltimo punto de su pr\u00f3logo, que vale la pena recordar aqu\u00ed, parece directamente escrito para discutir y objetar el punto de vista expresado por Jordi Carbonell en su art\u00edculo de 1960 para <em>Serra d&#8217;Or<\/em>. Se refiere aqu\u00ed al pensamiento meridiano, al mediterranismo de Camus. Fuster juzga <em>\u00ab<\/em>disonante\u00bb el ep\u00edlogo de <em>El hombre rebelde<\/em>: Camus no ha resistido a la tentaci\u00f3n de colocar su receta. Pero la idea de un Mediterr\u00e1neo ecu\u00e1nime y pasablemente sensual, con que termina la obra, le parece a \u00e9l, que est\u00e1 escribiendo desde el Mediterr\u00e1neo valenciano, un t\u00f3pico, una banalidad, una a\u00f1oranza extraviada, un ideal provinciano y vulgar.<\/p>\n<p>Eran otros tiempos, desde luego. No har\u00e1 falta recordarlo. En cualquier caso, as\u00ed \u00e9ramos. Por lo menos algunos. Luego, en las d\u00e9cadas siguientes, a partir primero de la crisis del marxismo y del neopositivismo y con la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn y el final de la bipolarizaci\u00f3n del mundo despu\u00e9s, la valoraci\u00f3n de la obra de Camus en Espa\u00f1a cambiar\u00eda de manera bastante sustancial, y en positivo, empezando precisamente por el juicio acerca de <em>El hombre rebelde<\/em>. Pero esa es ya otra historia.<\/p>\n<h3>Anexo. Homenaje a Albert Camus en la UPF<\/h3>\n<p><em>Homenaje celebrado el 26\/II\/ 2004.<\/em><\/p>\n<p>I. Albert Camus iba para profesor de filosof\u00eda, pero no pudo ni quiso serlo. Cuando empezaba los estudios de filosof\u00eda cay\u00f3 enfermo, a los 17 a\u00f1os; durante la enfermedad se le declar\u00f3 la vocaci\u00f3n literaria y, aunque m\u00e1s tarde se diplom\u00f3 con una tesis sobre <em>Metaf\u00edsica cristiana y neoplatonismo<\/em> (1936), la persistencia de la enfermedad (una tuberculosis) le oblig\u00f3 a abandonar el concurso por el que tal vez se habr\u00eda convertido en profesor de filosof\u00eda. Luego, con los a\u00f1os, Camus declarar\u00eda varias veces que \u00e9l no se consideraba fil\u00f3sofo. De hecho, bautiz\u00f3 como <em>\u00ab<\/em>ensayos\u00bb los relatos casi autobiogr\u00e1ficos de <em>L&#8217;Envers et l&#8217;endroit<\/em>, las meditaciones l\u00edricas de <em>Noces<\/em>, las reflexiones sobre el absurdo de <em>El mito de S\u00edsifo<\/em> o las meditaciones sobre la rebeli\u00f3n de <em>El hombre rebelde<\/em>.<\/p>\n<p>La preferencia de Camus por la forma <em>\u00ab<\/em>ensayo\u00bb desde sus primeras obras tiene que ver con el desagrado que le produc\u00eda la reducci\u00f3n de la filosof\u00eda a su aspecto impersonal, sistem\u00e1tico, l\u00f3gico y racional, es decir, con su distancia idiosincr\u00e1tica respecto del esp\u00edritu de sistema y de los sistemas filos\u00f3ficos. Para \u00e9l la filosof\u00eda es algo as\u00ed como <em>apologia pro vita sua<\/em>, y, en tal sentido, algo bastante parecido a la confesi\u00f3n, en la que el alma se desnuda. Esta preferencia suya se puede relacionar con la atracci\u00f3n que desde joven sinti\u00f3 por la figura y la obra de Agust\u00edn de Hipona.<\/p>\n<p>A la vista de su obra, est\u00e1 justificado, sin embargo, preguntarse hasta qu\u00e9 punto podemos considerar a Camus un fil\u00f3sofo. Una primera respuesta a esa pregunta es: lo era, era fil\u00f3sofo, en el mismo sentido en que lo fue Montaigne, el ensayista franc\u00e9s por antonomasia, uno de los creadores de la forma \u00abensayo\u00bb en la modernidad europea; o en el sentido en que lo fueron algunos de los ilustrados enciclopedistas franceses.<\/p>\n<p>El propio Camus ha dado una respuesta, por lo dem\u00e1s ambivalente, a esta pregunta. Siendo todav\u00eda joven escribi\u00f3 (probablemente pensando en s\u00ed mismo): \u00abSi quieres ser fil\u00f3sofo, escribe novelas\u00bb. Pero, por otra parte, tambi\u00e9n adujo una raz\u00f3n para no considerarse fil\u00f3sofo, a saber: que los fil\u00f3sofos piensan a partir de ideas mientras que los artistas y los literatos piensan con im\u00e1genes o a partir de las palabras. \u00c9l se consideraba de los que piensan en im\u00e1genes y en palabras. En una entrevista concedida en 1945 dijo: \u00abYo no soy un fil\u00f3sofo. No creo lo suficiente en la raz\u00f3n como para creer en un sistema\u00bb. Y unos a\u00f1os despu\u00e9s a\u00f1ad\u00eda que se consideraba \u00abun artista que crea mitos a la medida de su pasi\u00f3n y de su angustia\u00bb.<\/p>\n<p>Pero esta distinci\u00f3n que hizo Camus s\u00f3lo vale si admitimos la existencia de una l\u00ednea de demarcaci\u00f3n demasiado r\u00edgida entre filosof\u00eda y literatura, cosa bastante dif\u00edcil de aceptar ya a estas alturas del siglo XX. Pues se suele estar de acuerdo ahora en que al menos una parte sustancial del filosofar del siglo no est\u00e1 tanto en lo que fue la filosof\u00eda acad\u00e9mica, especializada, cuanto en la reflexi\u00f3n te\u00f3rica de literatos, poetas, artistas y cient\u00edficos que meditaron, aunque no sistem\u00e1ticamente, sobre sus respectivas pr\u00e1cticas y experiencias. El propio Camus, por lo dem\u00e1s, escrib\u00eda en el cap\u00edtulo titulado \u00abFilosof\u00eda y novela\u00bb, ya en <em>El mito de S\u00edsifo<\/em>, que \u00ablos grandes novelistas han sido novelistas fil\u00f3sofos, es decir, lo contrario de escritores de tesis\u00bb. Y citaba, en ese contexto, a Balzac, a Sade, a Melville, a Dostoievski, a Proust, a Malraux, a Kafka.<\/p>\n<p>En realidad, en la obra de Camus uno encuentra reflexiones filos\u00f3ficas (lo que \u00e9l llama \u00abideas\u00bb) en la mayor\u00eda de las novelas y en las obras de teatro, y encuentra la forma relato en textos que son abiertamente filos\u00f3ficos, como <em>El mito de S\u00edsifo<\/em> o <em>El hombre rebelde<\/em>. De manera que puede decirse que filosof\u00eda y narraci\u00f3n, filosof\u00eda y literatura, se superponen, se mezclan e interact\u00faan continuamente. Luego puede uno distinguir entre g\u00e9neros por razones de comodidad, por razones anal\u00edticas o por raz\u00f3n de tiempo. Y limitarse a aquellas de sus obras que son m\u00e1s literarias o m\u00e1s filos\u00f3ficas. De hecho, si aqu\u00ed nos vamos a limitar al estudio de El hombre rebelde es por esa \u00faltima raz\u00f3n (la de tiempo), pero tendr\u00eda que advertir en seguida que no toda la filosof\u00eda moral de Camus est\u00e1 en esta obra. Como no lo est\u00e1 tampoco en la antolog\u00eda que suele publicarse con el t\u00edtulo de <em>Moral y pol\u00edtica<\/em> (Gallimard, Par\u00eds, 1950; trad. castellana, Alianza-Losada)<\/p>\n<p>II. El \u00faltimo cap\u00edtulo de <em>El hombre rebelde<\/em> se titula \u00abEl pensamiento de mediod\u00eda\u00bb y hace de conclusi\u00f3n. Es como la culminaci\u00f3n de su an\u00e1lisis de la tragedia contempor\u00e1nea, que \u00e9l caracteriza como la familiaridad con el crimen. En este cap\u00edtulo Camus se pregunta si vivimos todav\u00eda [1950] en un mundo rebelde, si la rebeli\u00f3n no se ha convertido en coartada de nuevos tiranos. Y contesta a esta pregunta perfilando la noci\u00f3n misma de rebeli\u00f3n. La rebeli\u00f3n no es reclamaci\u00f3n de la libertad total, es <em>reconocimiento de que la libertad tiene sus l\u00edmites en todas partes donde haya humanos<\/em>. Se es tanto m\u00e1s intransigentemente rebelde cuanto m\u00e1s inflexible se muestra uno en <em>la reivindicaci\u00f3n de un l\u00edmite justo a la propia rebeli\u00f3n<\/em>. Si la rebeli\u00f3n pudiese fundar una filosof\u00eda ser\u00eda una filosof\u00eda de los l\u00edmites, de la ignorancia calculada y del riesgo (V, 338). La rebeli\u00f3n no aspira sino a lo relativo, defiende un l\u00edmite en el que se establece la comunidad de los hombres.<\/p>\n<p>Es importante precisar, de todas formas, que este cap\u00edtulo no est\u00e1 escrito contra la revoluci\u00f3n, sino en di\u00e1logo con el esp\u00edritu revolucionario. Cuando Camus dice que hay <em>dos clases de eficacia, la del tif\u00f3n y la de savia<\/em> (V, 342), est\u00e1 dialogando, desde el esp\u00edritu de rebeli\u00f3n, con el esp\u00edritu revolucionario que ha sido traicionado. Y lo dice, adem\u00e1s, expl\u00edcitamente: \u00abEn Europa, el esp\u00edritu revolucionario puede tambi\u00e9n, por primera y \u00faltima vez, reflexionar sobre sus principios, preguntarse cu\u00e1l es la desviaci\u00f3n que lo extrav\u00eda en el terror y en la guerra, y volver a encontrar, con las razones de su rebeli\u00f3n, su fidelidad\u00bb. El autor de <em>El hombre rebelde<\/em> dice tener claro su lugar en el mundo, y ese lugar ni es la reproposici\u00f3n del cristianismo hist\u00f3rico ni es la pr\u00e9dica de la sumisi\u00f3n de los de abajo que hoy se estila. Su lugar: \u00abal lado de las multitudes de trabajadores, cansados de sufrir y de morir, lejos de los doctores antiguos y nuevos\u00bb (V, 354).<\/p>\n<p>Este di\u00e1logo se basa precisamente en el reconocimiento de la importancia del l\u00edmite, en la propuesta de un pensamiento de <em>los l\u00edmites, de la mesura<\/em>. La mesura nos ense\u00f1a que toda moral necesita una parte de realismo, que la virtud enteramente pura es mort\u00edfera, y que todo realismo necesita una parte de moral porque el cinismo es tambi\u00e9n mort\u00edfero (V, 346). Y la mesura, as\u00ed entendida, conduce a un nuevo individualismo, a un <em>individualismo a la vez altruista y tr\u00e1gico<\/em>, a un individualismo que no es goce, sino que es lucha siempre, alegr\u00eda sin igual, culminaci\u00f3n de la compasi\u00f3n orgullosa.<\/p>\n<p>La \u00faltima pregunta, la que corresponde a \u00abel pensamiento del mediod\u00eda\u00bb, refuerza a\u00fan m\u00e1s la idea del di\u00e1logo entre pensamiento rebelde y pensamiento revolucionario. Es la pregunta sobre si la filosof\u00eda de los l\u00edmites puede hallar expresi\u00f3n pol\u00edtica en el mundo contempor\u00e1neo. En este caso Camus concreta, en una nota, que las sociedades escandinavas de la \u00e9poca se aproximan a una sociedad justa por conciliaci\u00f3n del sindicalismo m\u00e1s fecundo y de la monarqu\u00eda constitucional (V, 348). Y recupera, en ese contexto, el sindicalismo revolucionario y el libertarismo de los comuneros de Par\u00eds frente al autoritarismo del socialismo ces\u00e1reo. <em>El pensamiento del mediod\u00eda es, en buena medida, o, por lo menos, quiere serlo, el pensamiento de la cultura mediterr\u00e1nea: rebeli\u00f3n mesurada<\/em>.<\/p>\n<p>Y la rebeli\u00f3n mesurada, conocedora de los propios l\u00edmites, es superaci\u00f3n del nihilismo, preparaci\u00f3n de un renacimiento, <em>retorno a Itaca<\/em>. Un retorno a Itaca que, al hacer repaso mental de las figuras del largo viaje hist\u00f3rico, y a diferencia de lo que hoy se propone habitualmente, no excluye sino que compone o recompone. El pensamiento del mediod\u00eda, que apunta m\u00e1s all\u00e1 del nihilismo, <em>no excluir\u00e1 nada<\/em>: \u00abNi el fantasma de Nietzsche, que durante doce a\u00f1os despu\u00e9s de su hundimiento, iba a visitar Occidente como la imagen fulminada de su conciencia m\u00e1s alta y de su nihilismo; ni a ese profeta de la justicia sin ternura [Marx], que descansa, por error, en el sector de los no creyentes, en el cementerio de Highgate; ni a la momia deificada del hombre de acci\u00f3n en su ata\u00fad de cristal [Lenin]; ni nada de lo que la inteligencia y energ\u00eda de Europa han proporcionado sin tregua al orgullo de una \u00e9poca miserable. Todos pueden revivir, en efecto, junto a los sacrificados de 1905, <em>pero con la condici\u00f3n de que comprendan que se corrigen mutuamente y que les detiene a todos un l\u00edmite en el sol. Cada uno dice al otro que \u00e9l no es Dios, y aqu\u00ed termina el romanticismo<\/em>\u00bb (V, 357-358).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] Jordi Gracia, <em>Estado y cultura<\/em>, Presses Universitaires du Mirail, Toulouse, 1996. V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>La resistencia silenciosa<\/em>, Anagrama, Barcelona, 2005, p\u00e1g. 300.<br \/>\n[2] Jaime de Armi\u00f1an, \u00abLe malentendu\u00bb, en <em>Teatro<\/em>, n\u00ba 17, septiembre-diciembre de 1955, p\u00e1gs. 25-26. <em>Teatro<\/em>, revista dirigida por Manuel Ben\u00edtez S\u00e1nchez-Cort\u00e9s y Juan Manuel Polanco, se public\u00f3 entre 1952 y 1957 y en ella escribieron, entre otros, Jos\u00e9 M\u00aa Pem\u00e1n, Gonzalo Torrente Ballester y Eduardo Haro Tecglen.<br \/>\n[3] Antonio Lago Carballo (Coord.), <em>Taurus. Cincuenta a\u00f1os de una editorial (1954-2004)<\/em>, Taurus, Madrid, 2004. La traducci\u00f3n de <em>La peste<\/em> en Taurus es de Rosa Chacel. De otras traducciones da noticia Susana Cruces Collado, \u00abTraducci\u00f3n y reescritura de Camus en Espa\u00f1a\u00bb, en <em>Les chemins du texte<\/em>, vol. 2, Universidad de Santiago de Compostela, 1998, p\u00e1gs. 282-291.<br \/>\n[4] El texto del mensaje de Albert Camus a los escritores espa\u00f1oles, en 1956, se puede leer ahora reproducido en la p\u00e1gina web de la Fundaci\u00f3n Andreu Nin: <a href=\"http:\/\/www.fundanin.org\/camus.htm\">http:\/\/www.fundanin.org\/camus.htm<\/a>. En el mensaje hay un p\u00e1rrafo que disgustar\u00eda a los j\u00f3venes intelectuales y universitarios que por entonces empezaban a organizarse en el PCE\/PSUC para luchar contra Franco y que tal vez explique algunas de las reticencias sobre Camus existentes en esos ambientes y en aquellos a\u00f1os. Dec\u00eda as\u00ed: \u00abEl inteligente realismo de los pol\u00edticos occidentales llegar\u00e1 finalmente a ganar para su causa cinco aer\u00f3dromos y tres mil oficiales espa\u00f1oles, y a conquistar definitivamente centenares de millares de europeos. Despu\u00e9s, esos genios pol\u00edticos, se congratular\u00e1n en medio de las ruinas. A menos que los realistas entiendan realmente el lenguaje del realismo y comprendan, en fin, que el mejor aliado de la Rusia sovi\u00e9tica no es hoy el comunismo espa\u00f1ol, sino el mismo general Franco y sus apoyos occidentales\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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