{"id":12941,"date":"2022-12-20T05:00:20","date_gmt":"2022-12-20T04:00:20","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12941"},"modified":"2023-02-04T04:48:02","modified_gmt":"2023-02-04T03:48:02","slug":"marx-en-el-centenario-de-su-fallecimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=12941","title":{"rendered":"Marx en el centenario de su fallecimiento"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se est\u00e1n organizando diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 publicaremos como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Dos de los textos que el autor escribi\u00f3 sobre Marx en 1983, publicados ambos en <\/em>mientras tanto<em>: 1. \u00abRevisando a Marx con ocasi\u00f3n del centenario\u00bb. 2. \u00abLas opiniones de Karl Marx sobre arte y literatura.\u00bb Se incluye como anexo un texto escrito 25 a\u00f1os despu\u00e9s: \u00abElogio de Marx en el 125 aniversario de su muerte\u00bb.<\/em><\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>I. Revisando a Marx con ocasi\u00f3n del centenario[1]<\/h3>\n<p>mientras tanto<em> 16-17, agosto-noviembre de 1983<\/em>[2]<em>. Incluyo las notas al pie de p\u00e1gina del autor escritas con posterioridad, para su publicaci\u00f3n en <\/em>Discursos para insumisos discretos<em>. Fechado en abril de 1983.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: left;\">Lo que ha hecho del marxismo<br \/>\nalgo tan desconocido es sobre todo<br \/>\nla gran cantidad de obras escritas<br \/>\nen vano sobre el asunto.<br \/>\nPor eso es tan importante<br \/>\nponer al descubierto sus<br \/>\neminentes valores cr\u00edticos.<br \/>\n<em>Bertolt Brecht<\/em>, <em>febrero de 1939<\/em><\/p>\n<p>I. Para sintetizar la inspiraci\u00f3n original y los elementos esenciales de la obra de Karl Marx se puede partir de la caracterizaci\u00f3n que del marxismo hiciera el fil\u00f3sofo italiano Antonio Labriola, caracterizaci\u00f3n recogida m\u00e1s tarde por Antonio Gramsci, por Karl Korsch y por algunos otros. De acuerdo con ella, la obra de Marx compone e interrelaciona tres elementos: 1) un filosofar asistem\u00e1tico, pol\u00e9mico, de ra\u00edz humanista y materialista, y, en tal sentido, <em>cr\u00edtico<\/em> no s\u00f3lo de la especulaci\u00f3n apriorista sino tambi\u00e9n de las ideolog\u00edas, esto es, de la falsa consciencia; 2) un an\u00e1lisis econ\u00f3mico-sociol\u00f3gico e hist\u00f3rico del modo de producir y de algunos rasgos sustanciales de las principales formas de vida en el capitalismo; y 3) una teor\u00eda de la revoluci\u00f3n centrada en la estimaci\u00f3n de los factores que juegan a favor del tr\u00e1nsito de la sociedad capitalista a la sociedad comunista, y orientada por una elecci\u00f3n de valores entre los cuales los m\u00e1s sobresalientes son la emancipaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, la igualdad social y el desarrollo omnilateral de las capacidades sentimentales y racionales del ser humano.<\/p>\n<p>Estos tres elementos son en la obra de Marx <em>inseparables<\/em>. Por encima de la comprobaci\u00f3n de que en unos u otros momentos de su vida primara m\u00e1s el filosofar, el an\u00e1lisis econ\u00f3mico-sociol\u00f3gico-hist\u00f3rico o la dedicaci\u00f3n a la actividad pr\u00e1ctica revolucionaria, destaca el hecho de que los tres elementos mentados est\u00e1n ya presentes en los escritos del per\u00edodo 1843-1848 y reaparecen \u2013como es natural, desarrollados, modificados y en alg\u00fan caso corregidos\u2013 en los \u00faltimos a\u00f1os de vida de Marx. No hay, por consiguiente, ninguna ruptura sustancial en su obra[3], al menos en lo que se refiere a la relaci\u00f3n entre filosof\u00eda, ciencia y teor\u00eda revolucionaria. Hay, en cambio, la maduraci\u00f3n que es consecuencia habitual del estudio particularizado de fen\u00f3menos socioecon\u00f3micos nuevos, espec\u00edficos, y de las \u00abexperiencias pol\u00edticas \u2013muchas veces inesperadas\u2013 con que el hombre se encuentra.<\/p>\n<p>La originalidad y el car\u00e1cter aut\u00f3nomo del pensamiento marxiano, lo que le diferencia de an\u00e1lisis econ\u00f3micos o sociol\u00f3gicos, de filosof\u00edas y de teorizaciones pol\u00edticas anteriores, es precisamente esta inclinaci\u00f3n a la s\u00edntesis, esta inseparabilidad. A ella suele aludirse con la palabra \u00abm\u00e9todo\u00bb. <em>M\u00e9todo<\/em> tiene en Marx un sentido m\u00e1s general y menos preciso que el que se ha hecho habitual en la literatura metodol\u00f3gica y en la literatura cient\u00edfica de las \u00faltimas d\u00e9cadas de este siglo. Pero, en cualquier caso, su met\u00f3dica o concepci\u00f3n general del m\u00e9todo, lo que \u00e9l llamaba \u00abdial\u00e9ctica cr\u00edtica y revolucionaria\u00bb, es, efectivamente, el factor que hace. de argamasa entre filosofar, an\u00e1lisis cient\u00edfico propiamente dicho y teor\u00eda de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>El uso por Marx del t\u00e9rmino <em>dial\u00e9ctica<\/em> ha dado lugar a muchos equ\u00edvocos entre los marxismos surgidos a la muerte de aqu\u00e9l. Hay que decir, para no caer en tales equ\u00edvocos, que intencionalmente la dial\u00e9ctica de Marx no es una l\u00f3gica contrapuesta a la l\u00f3gica formal con leyes y principios tambi\u00e9n contrapuestos a los de la l\u00f3gica formal; ni es una ciencia en sentido sustantivo y propio; ni es exposici\u00f3n reduplicativa de conocimientos adquiridos mediante las ciencias positivas; ni es explicaci\u00f3n de realidades mediante la f\u00f3rmula sacramental de tesis, ant\u00edtesis y s\u00edntesis; ni es tampoco el m\u00e9todo definitivamente hallado que pueda ser utilizado para desvelar todos los secretos de la realidad social y natural; ni es, finalmente, la consciencia que los cient\u00edficos de la naturaleza y de la sociedad puedan llegar a tener del trabajo que realizan.<\/p>\n<p>Algunos de estos equ\u00edvocos tienen su origen en vulgarizaciones de la obra de Marx o en el sectarismo epistemol\u00f3gico de comentaristas poco escrupulosos; otros se deben a imprecisiones o f\u00f3rmulas ambiguas del propio Marx y tambi\u00e9n de Engels. Hay varias razones que explican lo que desde el punto de vista de la filosof\u00eda de la ciencia y de la metodolog\u00eda contempor\u00e1nea son imprecisiones o ambig\u00fcedades de Marx en el uso de !os t\u00e9rminos m\u00e9todo y dial\u00e9ctica. La m\u00e1s sustancial de ellas es que Marx adopt\u00f3 el instrumental metodol\u00f3gico que en su \u00e9poca \u2013esto es, en una \u00e9poca de surgimiento de las ciencias sociales parcialmente dominada por un positivismo chato le parec\u00eda m\u00e1s adecuado, a saber, el m\u00e9todo hegeliano\u2013. Es una ingenuidad rasgarse las vestiduras cien a\u00f1os despu\u00e9s por el hecho de que semejante opci\u00f3n metodol\u00f3gica de Marx le condujera en no pocos lugares a la utilizaci\u00f3n de met\u00e1foras que no son rigurosamente cient\u00edficas. Nadie se alarma por el hecho de que Galileo Galilei, en otro momento clave de la historia de las ciencias, utilizara sugestiones literarias varias para convencer acerca de sus hip\u00f3tesis a partidarios y adversarios. Se toma nota de ello, se subraya la complejidad del plano psicol\u00f3gico en los descubrimientos cient\u00edficos, y se sigue adelante[4].<\/p>\n<p>Esto mismo es lo que hay que hacer al referirse a Marx. En los albores de las ciencias sociales, corno en el momento del surgimiento de las ciencias de la naturaleza, el an\u00e1lisis propiamente dicho est\u00e1 entreverado de met\u00e1foras m\u00e1s o menos sugestivas. En este caso las met\u00e1foras las pone casi siempre Hegel. Eso es todo. En vez de quedarse obsesivamente paralizados ante el tema de la relaci\u00f3n Hegel\/Marx (que tanta logomaquia ha producido ya) cabe la posibilidad, tambi\u00e9n en este caso, de seguir adelante. Hay dos formas \u2013que yo conozca\u2013 de hacerlo. Una consiste en cortar por lo sano y contestar a la acusaci\u00f3n de que se usan demasiadas met\u00e1foras con las palabras de Goethe: \u00absi me quit\u00e1is las met\u00e1foras, \u00bfqu\u00e9 me queda?\u00bb. Pero si uno piensa que entre an\u00e1lisis y poes\u00eda existe alguna diferencia y no se ha dejado convencer por el <em>todo vale<\/em>[5] de algunos epistem\u00f3logos contempor\u00e1neos, queda otro camino, el que nos ense\u00f1\u00f3 aqu\u00ed, con su lectura de Marx, Manuel Sacrist\u00e1n ya en los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n<p>Esta forma de seguir adelante, reconociendo la herencia hegeliana en Marx pero sin obsesionarse por ella ni rasgarse las vestiduras, consiste en ver la dial\u00e9ctica marxiana como una concepci\u00f3n del mundo, de la historia y de la producci\u00f3n material y simb\u00f3lica de los hombres que son quienes hacen la historia. El objeto de la dial\u00e9ctica es, seg\u00fan esto, el propio de las concepciones del mundo, a saber: todos o totalidades, a las que Marx llama concretas para diferenciar su pensamiento del filosofar especulativo. La legitimidad de la dial\u00e9ctica \u2013escrib\u00eda Sacrist\u00e1n hace veinte a\u00f1os en un art\u00edculo recientemente reeditado\u2013[6] procede de la limitaci\u00f3n del m\u00e9todo que es propio de las ciencias positivas, las cuales al practicar una reducci\u00f3n cuantitativa de aspectos cualitativos no se ocupan directamente de totalidades como son, por ejemplo, el conjunto de los individuos vivientes, las particulares formaciones hist\u00f3ricas en su desarrollo, etc.<\/p>\n<p>El primer rasgo de la dial\u00e9ctica marxiana es, pues, ser pensamiento globalizador, totalizador. Si se quiere expresar esto con palabras que seguramente sonar\u00e1n m\u00e1s pr\u00f3ximas al o\u00eddo del lector de hoy podr\u00eda decirse que dial\u00e9ctica marxiana recoge y da forma a preocupaciones recurrentes acerca de la comprensi\u00f3n de totalidades organizadas de muchas variablcs, preocupaciones que son propias del generalista, de la intenci\u00f3n interdisciplinaria y del an\u00e1lisis sist\u00e9mico.<\/p>\n<p>Esta dial\u00e9ctica, por lo dem\u00e1s, se considera con raz\u00f3n <em>materialista<\/em>, porque en su comprensi\u00f3n de los conflictos reales decide no acudir a instancias transcendentes. Se considera <em>hist\u00f3rica<\/em>, porque aspira a captar las totalidades en su despliegue internamente conflictivo. Se considera <em>cr\u00edtica<\/em>, porque no se limita a la comprensi\u00f3n y explicaci\u00f3n de lo que hay socialmente sino que lo combate al tomar partido a favor de una de las clases sociales en conflicto, el proletariado industrial, cuyas necesidades e intereses se contraponen al modo de producir y de vivir dominante en el sistema capitalista. Por \u00faltimo, se considera <em>revolucionaria<\/em> en un doble sentido: en el sentido te\u00f3rico, porque capta los puntos d\u00e9biles del sistema econ\u00f3mico y social que critica, postulando la transformaci\u00f3n radical del mismo; y en el sentido pr\u00e1ctico, porque pretende que la comprensi\u00f3n cr\u00edtica del sistema capitalista arraigue en la mayor\u00eda de los explotados y oprimidos llenando de raz\u00f3n en indignaci\u00f3n moral, elevando su consciencia y organiz\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>No logro ver contradicci\u00f3n alguna de importancia \u2013como ven ciertos comentaristas actuales de Marx\u2013 entre la afirmaci\u00f3n marxiana seg\u00fan la cual existen conflictos reales, objetivos, internos al sistema, que apuntan hacia su superaci\u00f3n, y la necesidad de que el proletariado tome consciencia de su situaci\u00f3n, se organice y luche en favor de una sociedad de iguales socialmente. S\u00f3lo veo en la obra de Marx acentuaci\u00f3n de una cosa u otra seg\u00fan los contextos tanto hist\u00f3ricos (coyunturas econ\u00f3mico-sociales y pol\u00edticas en que Marx escribe) como tem\u00e1ticos (problem\u00e1ticas de mayor o menor generalidad que le interesan especialmente al hacer periodismo, an\u00e1lisis econ\u00f3mico-social o discutir programas pol\u00edticos). Asunto distinto es reconocer que de una diferente acentuaci\u00f3n, por lo general unilateral, de uno u otro plano han salido un marxismo catastrofista o economicista y un marxismo activista.<\/p>\n<p>Como resumen de este punto \u2013seguramente in\u00fatil para muchos\u2013 puede decirse, por tanto, que la originalidad y autonom\u00eda del pensamiento marxiano respecto de sus fuentes y antecedentes radicar en primer lugar, en la inseparabilidad de filosofar, an\u00e1lisis cient\u00edfico y pol\u00edtica revolucionaria; en segundo lugar, en la concepci\u00f3n general del m\u00e9todo; y, en tercer lugar, en la intenci\u00f3n expl\u00edcita de que las creencias filos\u00f3fico-morales, las hip\u00f3tesis cient\u00edficas y la consciencia revolucionaria arraiguen en las masas, esto es, m\u00e1s espec\u00edficamente, en la intenci\u00f3n de fundir \u00abciencia\u00bb y \u00abproletariado\u00bb (o tambi\u00e9n \u00abhumanidad sufriente que piensa\u00bb y \u00abhumanidad pensante que sufre\u00bb).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2. En cualquier caso, s\u00ed es cierto que el an\u00e1lisis social de Marx, su pensamiento dial\u00e9ctico, no aspira a la neutralidad pol\u00edtico-social. Al contrario, considera la supuesta neutralidad de las ciencias sociales una ideolog\u00eda, consciencia equivocada de los cient\u00edficos de la sociedad sobre lo que en realidad hacen. En el inicio del trabajo de Marx como investigador de la sociedad capitalista hay una elecci\u00f3n de valores. Y en la conclusi\u00f3n de tal an\u00e1lisis hay una reafirmaci\u00f3n de los mismos valores morales. Por consiguiente, en l\u00edneas generales todo conocimiento cient\u00edfico, todo an\u00e1lisis econ\u00f3mico-sociol\u00f3gico y toda estimaci\u00f3n historiogr\u00e1fica tiene en Marx un sentido instrumental; se hacen en funci\u00f3n del ideal emancipatorio, teniendo como horizonte la idea de qu\u00e9 el proletariado industrial al emanciparse emancipa con \u00e9l al resto de la humanidad.<\/p>\n<p>El ideal de una sociedad de iguales en los planos social, econ\u00f3mico y pol\u00edtico es en la obra de Marx no s\u00f3lo lo primero tem\u00e1ticamente sino tambi\u00e9n lo primero cronol\u00f3gicamente. Dicho ideal no se deduce de postulados filos\u00f3ficos ni de resultados cient\u00edficos: aquellos y estos refuerzan en todo caso la racionalidad del ideal y su plausibilidad. De tal primac\u00eda y de la incorporaci\u00f3n que hace en su obra de un uso muy alem\u00e1n (sobre todo hegeliano) del t\u00e9rmino \u00abciencia\u00bb resulta que, en Marx, dial\u00e9ctica, cr\u00edtica de las ideolog\u00edas y conocimiento cient\u00edfico propiamente dicho \u2013o sea, adquirido mediante los procedimientos habituales de investigaci\u00f3n a su alcance\u2013 se convierten en categor\u00edas que en \u00faltima instancia cubren un mismo concepto, una misma concepci\u00f3n. Esta concepci\u00f3n es, como se ha dicho, la del an\u00e1lisis de totalidades concretas al objeto de hacer la pasi\u00f3n de la humanidad sufriente <em>pasi\u00f3n razonada<\/em>, fundada en el conocimiento preciso y riguroso de la sociedad y de la naturaleza.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el pensamiento dial\u00e9ctico de Marx es \u00abcient\u00edfico\u00bb no en el sentido literal o en el sentido de la palabra \u00abciencia\u00bb que ha ido haci\u00e9ndose normal durante el \u00faltimo siglo, sino en una acepci\u00f3n que podr\u00edamos llamar secundaria o traslaticia. Dicho con m\u00e1s precisi\u00f3n: el pensamiento dial\u00e9ctico de Marx es \u00abcient\u00edfico\u00bb en la medida en que para la comprensi\u00f3n de las totalidades concretas sociales y naturales se inspira en los resultados establecidos por las ciencias positivas (alguna de las cuales contribuye, adem\u00e1s, a fundar como tal), no entra en contradicci\u00f3n con ellos ni aspira, como aspiraba la filosof\u00eda especulativa alemana anterior a Marx, a convertirse en una ciencia superior, en una superciencia. Es \u00abcient\u00edfico\u00bb <em>vocacionalmente<\/em>, como lo es la actual teor\u00eda general de sistemas. Y es en este marco, nada cientificista por lo dem\u00e1s, en el que hay que entender la pretensi\u00f3n consistente en hacer pasar el socialismo de la utop\u00eda a la ciencia.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se impone una precisi\u00f3n que me parece de inter\u00e9s te\u00f3rico-pr\u00e1ctico, es el exceso sectario del cientificismo tambi\u00e9n entre marxistas[7] a dado lugar en los \u00faltimos tiempos a una oscilaci\u00f3n del p\u00e9ndulo en sentido contrario, la cual est\u00e1 llevando a una revaloraci\u00f3n indiscriminada de la utop\u00eda y del pensamiento ut\u00f3pico en el an\u00e1lisis pol\u00edtico-social. La precisi\u00f3n es \u00e9sta: a diferencia de lo que ocurre con buena parte del pensamiento cr\u00edtico actual, moralmente bien intencionado y muy reactivo frente a los aspectos negativos de las ciencias (y de su organizaci\u00f3n pol\u00edtica) en el plano social, el pensamiento de Marx <em>no es vocacionalmente ut\u00f3pico<\/em>. Al contrario, rechaza la utop\u00eda como limitaci\u00f3n hist\u00f3rica de la pasi\u00f3n emancipatoria y aspira a enlazar esta \u00faltima, en su forma contempor\u00e1nea, con las puntas m\u00e1s avanzadas de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica en todos los \u00e1mbitos de la vida natural y social. El hecho de que este pensamiento de Marx o, mejor dicho, su ideal de una sociedad de iguales no haya encontrado \u00absu lugar\u00bb, no se haya realizado todav\u00eda cien a\u00f1os despu\u00e9s, es harina de otro costal. Harina que no hay por qu\u00e9 amasar cediendo la vocaci\u00f3n cient\u00edfica al poder o a los poderes para quedarse en el ensue\u00f1o eterno \u2013por muy concreta que se diga la nueva utop\u00eda\u2013 de una sociedad mejor siempre considerada inalcanzable.<\/p>\n<p>Por la intenci\u00f3n de este punto hay que a\u00f1adir, adem\u00e1s, que el car\u00e1cter instrumental o funcional que todo conocimiento cient\u00edfico tiene en Marx no ha de malentenderse en el sentido de que \u00e9ste reduzca la investigaci\u00f3n econ\u00f3mica, sociol\u00f3gica e hist\u00f3rica a determinados intereses pol\u00edticos. En este punto el propio Marx fue muy expl\u00edcito. Escribi\u00f3: \u00abLlamo \u00abcanalla\u00bb al hombre que intenta acomodar la ciencia a un punto de vista dependiente de un inter\u00e9s externo a la ciencia, en vez de dedicarse a ella por s\u00ed misma, aunque sea err\u00f3nea\u00bb. Lo cual, en mi opini\u00f3n, tiene que entenderse <em>a la vez<\/em> como una reafirmaci\u00f3n de ese hecho que es la circulaci\u00f3n de valores morales, la existencia de valoraciones en la producci\u00f3n cient\u00edfica, y como un rechazo de toda manipulaci\u00f3n pol\u00edtica de la ciencia.<\/p>\n<p>Este tipo de aproximaci\u00f3n a la realidad, se\u00f1aladamente a la realidad social, que junta el filosofar con la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas y con el an\u00e1lisis reductivo propio de las ciencias positivas: que, para la exposici\u00f3n de resultados de la propia investigaci\u00f3n cient\u00edfica, elige un \u00abm\u00e9todo\u00bb o una forma que se acerca a la de las visiones art\u00edsticas, ten\u00eda por fuerza que chocar con muchas incomprensiones. Y no s\u00f3lo pol\u00edticas. Incomprensiones tambi\u00e9n en el plano meramente metodol\u00f3gico. As\u00ed, en las \u00e9pocas en que ha dominado el positivismo se ha visto en Marx un autor que vicia el an\u00e1lisis social con el recurso a la metaf\u00edsica. Y en los momentos en que renace la visi\u00f3n rom\u00e1ntica de la naturaleza y de la sociedad suele verse en Marx un autor demasiado cientificista, un autor que intent\u00f3 elevar al rango de cient\u00edficos saberes que, desde esta otra \u00f3ptica, s\u00f3lo podr\u00e1n tener como m\u00e9todo de acercamiento la comprensi\u00f3n simpat\u00e9tica del objeto.<\/p>\n<p>Curiosamente al tiempo que crec\u00eda el nuevo tumulto sobre la \u00abcrisis del marxismo\u00bb, cuando una vez m\u00e1s se convert\u00eda en moda tratar a Marx como a <em>perro muerto<\/em>, la metodolog\u00eda y la teor\u00eda de las ciencias contempor\u00e1neas empezaban a moverse en una direcci\u00f3n que tal vez acabe favoreciendo una valoraci\u00f3n m\u00e1s positiva de lo que fue el pensamiento dial\u00e9ctico de aqu\u00e9l. Indicios que pueden mencionarse en este sentido son: la crisis del neopositivismo y el comienzo de la superaci\u00f3n del excesivo miedo que durante mucho tiempo se ha tenido a la metaf\u00edsica y al filosofar (exceso al que se refiri\u00f3 Russell hace ya d\u00e9cadas); la estimaci\u00f3n de totalidades concretas de mucha variables revalorizada como necesaria por la teor\u00eda general de sistemas y por ciertas corrientes actuales del an\u00e1lisis sist\u00e9mico; la exigencia de un punto de vista generalizador y globalizador para abordar las \u00abproblem\u00e1ticas mundiales\u00bb que tanto preocupan a los m\u00e1s; la tendencia a salvar la oposici\u00f3n entre las llamadas \u00abdos culturas\u00bb con la consiguiente reivindicaci\u00f3n de una nueva articulaci\u00f3n entre las ciencias naturales, exactas, t\u00e9cnicas y de la sociedad, etc. Todo ello vuelve a poner de actualidad el pensamiento dial\u00e9ctico <em>con vocaci\u00f3n cient\u00edfica<\/em>, aunque no siempre se reconozca por ahora el peso de la obra de Marx como antecedente de esto y aunque todav\u00eda hoy no est\u00e9 claro hasta qu\u00e9 punto esta orientaci\u00f3n (que se est\u00e1 desarrollando por efecto de la interacci\u00f3n de tantas crisis como vivimos) seguir\u00e1 siendo, como quer\u00eda Marx, cr\u00edtica y revolucionaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3. Subrayar la inseparabilidad de los elementos integrantes de la teor\u00eda marxiana cimentados por lo que \u00e9l llam\u00f3 dial\u00e9ctica materialista, cr\u00edtica y revolucionaria no supone conceder que estemos ante un sistema de pensamiento cerrado que se niega a toda revisi\u00f3n En la obra de madurez de Marx, particularmente en sus escritos de los a\u00f1os sesenta y setenta hay matizaciones, reconsideraciones y correcciones de las que, a efectos de este esquema, conviene subrayar dos.<\/p>\n<p>En primer lugar, la negaci\u00f3n expl\u00edcita de que el suyo fuera un m\u00e9todo filos\u00f3fico suprahist\u00f3rico del que pueda hacerse uso como si se tratara de un pasaporte o de una ganz\u00faa v\u00e1lidos para abrir todas las puertas del pasado y del presente ahorr\u00e1ndose el trabajo de la investigaci\u00f3n emp\u00edrica, concreta y determinada. En segundo lugar, la negaci\u00f3n, tambi\u00e9n expl\u00edcita y relacionada con lo anterior, de que la historia progrese en una direcci\u00f3n \u00fanica y definida, linealmente; lo cual, a su vez, implica la consideraci\u00f3n de que situaciones hist\u00f3ricas semejantes han dado lugar y pueden dar lugar a desarrollos y desembocaduras muy distintos. El primer punto acaba con la absolutizaci\u00f3n del m\u00e9todo y ensalza la importancia de la investigaci\u00f3n detallada, particularizada, tanto de las formas de producir y de vivir globalmente consideradas como de las culturas espec\u00edficas El segundo punto corrige y matiza el exceso hist\u00f3rico-determinista que pudiera quedar en algunas exposiciones anteriores del propio Marx cuyo universo de discurso era m\u00e1s general y a la vez m\u00e1s pol\u00e9mico.<\/p>\n<p>Estas matizaciones y precisiones afectan a los tres elementos aludidos del pensamiento marxiano. Y los afectan tambi\u00e9n ciertos esbozos y borradores redactados durante los diez \u00faltimos a\u00f1os de vida de Marx en relaci\u00f3n con preocupaciones intelectuales suyas anteriores, pero que fueron en aumento con la edad. As\u00ed, por ejemplo, el inter\u00e9s por la antropolog\u00eda y la etnolog\u00eda, la atenci\u00f3n dedicada a la evoluci\u00f3n <em>desigual<\/em> de las antiguas formas de comunidad rural, el modo de subrayar los efectos negativos de la llamada \u00abmisi\u00f3n civilizadora\u00bb del capitalismo en los pa\u00edses coloniales, las consideraciones acerca de la funci\u00f3n de la ciencia como fuerza productiva, la clarificaci\u00f3n del concepto de igualdad comunista en relaci\u00f3n con el Programa de Gotha del partido socialdem\u00f3crata alem\u00e1n, los pasos dedicados a resaltar los resultados contradictorios del desarrollo industrial y de la tecnolog\u00eda, etc. Pero como es natural \u2013dado su objeto\u2013 tales matizaciones o revisiones afectan principalmente a la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n, pues el panorama europeo y mundial hab\u00eda cambiado de manera muy considerable desde las v\u00edsperas de las revoluciones del Cuarentayocho a 1882.<\/p>\n<p>De esto \u00faltimo tomaba cumplida nota el propio Marx al escribir \u2013en colaboraci\u00f3n con Engels\u2013 el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n rusa de 1882 del <em>Manifiesto comunista<\/em>. En ese texto precisamente se subrayaba la limitaci\u00f3n euroc\u00e9ntrica de la primera edici\u00f3n del <em>Manifiesto<\/em> (1847), se alud\u00eda al cambio de funci\u00f3n de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica en la historia mundial y se adelantaba una respuesta al debatido problema de si ser\u00eda posible el paso directo desde la comunidad rural rusa a la forma superior de la propiedad colectiva, a la sociedad comunista. La respuesta era \u00e9sta: \u00abSi la revoluci\u00f3n rusa da la se\u00f1al para una revoluci\u00f3n proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad com\u00fan de la tierra en Rusia podr\u00e1 servir de punto de partida a una evoluci\u00f3n comunista\u00bb.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n de la interrelaci\u00f3n futura entre las revoluciones de Oriente y Occidente correg\u00eda sin lugar a dudas las primeras formulaciones de la teor\u00eda revolucionaria de Marx inspiradas en el modelo de la revoluci\u00f3n francesa y modificaba igualmente la perspectiva global que Marx se hab\u00eda hecho de la futura historia de Europa en las d\u00e9cadas centrales del siglo, cuando Rusia era vista exclusivamente como baluarte de la reacci\u00f3n europea y los Estados Unidos como punto de apoyo para las revoluciones proletarias de la Europa central y occidental. Creo que fue Karl Korsch el primero en darse cuenta de toda la importancia que ten\u00eda este giro en la teor\u00eda marxiana de la revoluci\u00f3n. Pero Korsch lo atribuy\u00f3 sin m\u00e1s a una pasajera inclinaci\u00f3n de Marx en su vejez por los populistas rusos (de lo que hay, efectivamente, abundantes pruebas). En mi opini\u00f3n, se trata de algo m\u00e1s que de una mera concesi\u00f3n a los populistas; se trata de una revisi\u00f3n por el propio Marx de su teor\u00eda de la revoluci\u00f3n proletaria en Europa que debe ponerse en relaci\u00f3n, por una parte, con su estudio espec\u00edfico de la sociedad rusa iniciado a principios de la d\u00e9cada de los setenta y, por otra, con la correcci\u00f3n del optimismo anterior acerca de la misi\u00f3n civilizatoria y progresista del industrialismo capitalista en las colonias. No es \u00e9ste el lugar para argumentar con detalle tal punto de vista[8], pero quien crea necesaria al menos una prueba de lo dicho puede comparar los art\u00edculos escritos por Marx para <em>New York Daily Tribune<\/em> en 1853 sobre la dominaci\u00f3n brit\u00e1nica en la India con los borradores de la carta del propio Marx a Vera Zasulich.<\/p>\n<p>En efecto, en 1853, al comentar la destrucci\u00f3n por el Imperio brit\u00e1nico de las comunidades rurales en la India, Marx dej\u00f3 escrito que \u00abpor muy lamentable que sea desde el punto de vista de los sentimientos humanos contemplar la disoluci\u00f3n de decenas de miles de organizaciones sociales laboriosas, patriarcales e inofensivas\u00bb, y por muy triste que resulte \u00abverlas sumidas en un mar de dolor, contemplar c\u00f3mo sus miembros pierden las viejas formas de civilizaci\u00f3n y sus medios tradicionales de subsistencia\u00bb, no es posible olvidar que en tales comunidades estuvo la base material del despotismo oriental, de la pasividad social, de las supersticiones y del m\u00e1s b\u00e1rbaro ego\u00edsmo. Raz\u00f3n por la cual \u2013argumentaba entonces\u2013, pese a las destrucciones, la hipocres\u00eda y el inter\u00e9s mezquino de los colonizadores, Inglaterra \u00abfue el instrumento inconsciente de la historia\u00bb al llevar a cabo en Asia una revoluci\u00f3n que sus pobladores no pudieron o no quisieron realizar. El alegato en favor del instrumento inconsciente de esta historia del progreso se cerraba con palabras de Goethe: \u00bfQui\u00e9n lamenta los estragos \/ si los frutos son placeres?\/ \u00bfNo aplast\u00f3 miles de seres \/ Tamerl\u00e1n en su reinado?<\/p>\n<p>Marx no ignoraba entonces c\u00f3mo la barbarie propia de la civilizaci\u00f3n burguesa pierde las formas honorables de la metr\u00f3poli para manifestarse en toda su desnudez en las colonias. No ignoraba los \u00abdevastadores efectos de la industria inglesa en la lndia\u00bb, cuyo car\u00e1cter calificaba de \u00abaterrador\u00bb. Pero la generalizaci\u00f3n <em>necesaria<\/em> del per\u00edodo burgu\u00e9s de la historia, esto es, el desarrollar las fuerzas productivas y \u00abtransformar la producci\u00f3n material en un dominio cient\u00edfico sobre las fuerzas de la naturaleza\u00bb, el crear en suma las \u00abbases materiales\u00bb de un mundo nuevo en el que \u2013entonces s\u00ed\u2013 las masas acabar\u00edan emancip\u00e1ndose, constitu\u00edan para \u00e9l, en aquel momento, valores sin duda superiores no s\u00f3lo al de los sentimientos personales del europeo que contempla desde lejos los cr\u00edmenes del colonialismo sino tambi\u00e9n al del comunitarismo rural sin Hisoria propiamente dicha pese a su car\u00e1cter laborioso, pac\u00edfico e inofensivo. (Engels, dicho sea de paso, hab\u00eda escrito en 1849 cosas igualmente inquietantes sobre la funci\u00f3n progresiva de la anexi\u00f3n de Texas por los Estados Unidos, considerando un bien el que \u00abla bella California fuera arrancada de las manos de los perezosos mexicanos que no saben qu\u00e9 hacer con ella\u00bb.)<\/p>\n<p>Sin embargo, treinta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando en 1882 Marx se dispone a contestar a la pregunta de Vera Zasulich sobre los posibles destinos de la comunidad rural rusa, su opini\u00f3n hab\u00eda cambiado de forma muy sustancial. No es s\u00f3lo que aun conociendo en este caso la brutalidad moral inherente a aquella comunidad y despreciando la idealizaci\u00f3n ret\u00f3rica de lo que \u00e9l mismo hab\u00eda llamado \u00abfalso Eldorado comunista\u00bb (en pol\u00e9mica con Herzen), viera en la elevaci\u00f3n de esta misma comunidad a una forma superior el punto de partida para la regeneraci\u00f3n social de Rusia; ni es solo que, a pesar de todos los elementos disolventes constatados en tal comunidad, considerara su mantenimiento y desarrollo como un proceso hist\u00f3rico menos traum\u00e1tico que los horrores por los que hubo de pasar la Europa occidental al convertir a los cultivadores en trabajadores asalariados. El cambio de opini\u00f3n de Marx se convierte en inversi\u00f3n del juicio cuando se refiere nuevamente al proceso mediante el cual los ingleses destruyeron las comunidades rurales en la India: \u00abEn lo que se refiere a la India oriental, por ejemplo, todos, excepto sir Henry Maine y otras gentes por el estilo, saben muy bien que la eliminaci\u00f3n de la propiedad com\u00fan de la tierra fue all\u00ed tan s\u00f3lo un acto de vandalismo ingl\u00e9s, <em>que no depar\u00f3 progreso sino atraso a los pueblos nativos<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Inferir de ah\u00ed la sustituci\u00f3n de un concepto euroc\u00e9ntrico u occidentalista de la historia y de las revoluciones futuras por alguna forma de tercermundismo <em>avant la lettre<\/em>, como a veces se hace en los \u00faltimos tiempos, me parece una operaci\u00f3n anacr\u00f3nica y del mismo tipo \u2013aunque de signo inverso\u2013 a la de los rusos que en los a\u00f1os setenta del siglo pasado [XIX] vieron en el primer volumen del <em>Capital<\/em> una descripci\u00f3n anticipada y v\u00e1lida para todos los casos de lo que habr\u00eda de ser la historia del mundo. Marx fue muy expl\u00edcito en ese momento al limitar la validez del primer volumen del <em>Capital<\/em> a los pa\u00edses de Europa occidental y al a\u00f1adir que el caso ruso exig\u00eda un estudio particular, al cual, como se sabe, \u00e9l mismo dedic\u00f3 varios a\u00f1os. Pero de la comparaci\u00f3n anterior interesan en este contexto tres cosas. <em>Primero<\/em>: la negativa a hacer entrar hechos o acontecimientos nuevos o poco conocidos (o deformados por particularismos) en el molde de un esquema general trazado a partir de aquello que conocemos relativamente bien (en este caso los rasgos generales de la historia del capitalismo europeo y se\u00f1aladamente de su \u00abhogar\u00bb ingl\u00e9s). Esto equivale a primar la investigaci\u00f3n emp\u00edrica sobre la filosof\u00eda de la historia. Y, en efecto, Marx trabaj\u00f3 sobre los textos rusos con el mismo criterio y de la misma forma con que se hab\u00eda ocupado de los \u00abLibros azules\u00bb ingleses. <em>Segundo<\/em>: la idea de que el mantenimiento y desarrollo de determinadas instituciones sociales, en este caso las comunidades rurales, no depende de supuestas leyes generales de la historia (\u00ablo que amenaza a la comuna rusa no es la necesidad hist\u00f3rica ni una teor\u00eda social\u00bb), sino de la forma que tome el conflicto social inherente a ellas, de 1a actividad de los sujetos que luchan o asisten pasivamente a que se imponga lo que otros llaman \u00abnecesario\u00bb, Lo que en 1853 llevaba a Marx a aducir los versos de Goethe era una consideraci\u00f3n del tipo \u00absi no quieren o no pueden, otros lo har\u00e1n\u00bb; lo que en 1882 le lleva a tomar en consideraci\u00f3n las posibilidades de conservaci\u00f3n\/desarrollo de la comuna rural rusa es, entre otras cosas, el reconocimiento de que hay all\u00ed \u00abrevolucionarios sobrios\u00bb que luchan en ese sentido. <em>Tercero<\/em>: el car\u00e1cter inconcluso, abierto, de la obra de Marx en especial en lo que hace a la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n. Esta se va complicando a medida que el \u00abmundo\u00bb contemplado, tomado precisamente en consideraci\u00f3n, se ampl\u00eda. En 1848 y hasta en 1853 Marx que fue siempre un \u00abdevorador de. libros\u00bb, apenas sab\u00eda otra cosa sobre Rusia, por ejemplo, que los, t\u00f3picos en circulaci\u00f3n entre los intelectuales europeos de entonces: su mundo era esencialmente \u2013para los efectos de una pol\u00edtica revolucionaria internacional\u2013 la Europa occidental. En 1882, como ya se ha dicho, su percepci\u00f3n del mundo y de la historia universal pasada y reciente se hab\u00eda beneficiado de las relaciones establecidas en. la \u00e9poca de la Primera Internacional, de las informaciones que le proporcionaron numerosos corresponsales y visitantes, de sus lecturas norteamericanas y rusas, de las aficiones antropol\u00f3gicas, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>4. Si se acepta que lo sustancial del pensamiento y de la obra de Marx es su intenci\u00f3n emancipatoria, si se comparte el car\u00e1cter abierto, antidogm\u00e1tico y cr\u00edtico de la inspiraci\u00f3n original de dicha obra y si se admite la vocaci\u00f3n cient\u00edfica lograda de una parte importante de la misma, entonces los marxismos posteriores a la muerte de Marx (empezando por el del viejo Engels) no tienen que verse s\u00f3lo como corrientes de interpretaci\u00f3n, distintas y a veces contrapuestas, de lo escrito por aqu\u00e9l sino tambi\u00e9n y sobre todo como desarrollos propios de puntos particulares (filos\u00f3ficos, cient\u00edficos o pol\u00edtico-morales) con relevancia variable pero siempre motivados, en \u00faltima instancia, por el peso de la contrastaci\u00f3n entre el pensamiento o el ideario marxiano y la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica, real, del modo de producir y de vivir bajo el capitalismo. Esto quiere decir, en palabras pobres, que lo que se ha de objetar no es toda revisi\u00f3n de la obra de Marx por el mero hecho de ser revisi\u00f3n sino la desarticulaci\u00f3n acad\u00e9mica o pol\u00edtica, de los elementos integrantes de la misma y, sustancialmente, la direcci\u00f3n concreta de tal o cual revisi\u00f3n cuando \u00e9sta elimina, desprecia o despacha sin consideraci\u00f3n aquella intenci\u00f3n emancipatoria y revolucionaria.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, una versi\u00f3n reactualizada y no trivial de la conocida afirmaci\u00f3n luk\u00e1csiana seg\u00fan la cual \u00aben cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al m\u00e9todo\u00bb deber\u00eda decir: la renovaci\u00f3n comunista de la tradici\u00f3n que tiene su origen en Marx, en la medida en que de verdad desee continuar esta tradici\u00f3n, tiene que conservar \u2013en su revisi\u00f3n de afirmaciones o tesis particulares\u2013 la tensi\u00f3n unitaria original entre un filosofar humanista y materialista, la tendencia hacia un conocimiento cient\u00edfico-cr\u00edtico tanto de las relaciones de explotaci\u00f3n como de las alienaciones y falsas consciencias, y la vocaci\u00f3n emancipatoria universalista, la inspiraci\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p>Este concepto de la revisi\u00f3n del pensamiento marxiano en el marco de la tradici\u00f3n comunista pone el acento en lo que une a la humanidad sufriente \u2013con lo cual rechaza el doctrinarismo sectario\u2013, permite prescindir de la ambigua categor\u00eda de \u00abrevisionismo\u00bb tan utilizada equivocadamente por las corrientes leninistas posteriores, y traza una l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre, por una parte, la continuidad y renovaci\u00f3n de una de las tradiciones del movimiento obrero contempor\u00e1neo, y, por otra, la conversi\u00f3n del marxismo en disciplina acad\u00e9mica, en adorno intelectual o en ideolog\u00eda de estado. Tal distinci\u00f3n, intuitivamente sentida desde hace d\u00e9cadas por el movimiento obrero y por los partidos revolucionarios, tiene particular inter\u00e9s pr\u00e1ctico en una \u00e9poca en la cual trozos te\u00f3ricos del pensamiento de Marx a los que se da el nombre de \u00abmarxismo\u00bb son al mismo tiempo parte de la cultura obrera en la mayor\u00eda de los pa\u00edses industrializados del mundo, filosof\u00eda oficial de varios estados en los que vive la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n mundial y elemento nada despreciable del bagaje cultural de muchos ciudadanos que no se tienen por marxistas. Ateni\u00e9ndose a ese marco habr\u00eda que considerar menores y poco relevantes las pol\u00e9micas entre escuelas acerca de la \u00abcrisis del marxismo\u00bb, si no fuera porque tambi\u00e9n en la manipulaci\u00f3n de esa pol\u00e9mica en gran parte acad\u00e9mica se pone de manifiesto constantemente la disposici\u00f3n de las ideolog\u00edas dominantes para presentar a Marx y al marxismo ante la opini\u00f3n p\u00fablica, se\u00f1aladamente ante los trabajadores, como cosas que hoy ya no cuentan ofreci\u00e9ndoseles a cambio variaciones m\u00e1s o menos literarias del <em>todo sirve<\/em> y del <em>s\u00e1lvense quien pueda<\/em> ornamentadas como novedad.<\/p>\n<p>No hay duda de que el sectarismo cientificista de algunas escuelas marxistas de los a\u00f1os sesenta unido a la adulaci\u00f3n ingenua, casi siempre ignorante, de los \u00abvientos del Este\u00bb y a la escol\u00e1stica ritualista han facilitado la tarea de los ide\u00f3logos antimarxistas de estos tiempos de crisis. Por lo general las discusiones de estos \u00faltimos a\u00f1os acerca de la \u00abcrisis del marxismo\u00bb no han tenido inter\u00e9s te\u00f3rico especial; pero en cambio han tenido consecuencias pr\u00e1cticas: los ecos de esta en\u00e9sima \u00abcrisis\u00bb amplificados por los medios burgueses de comunicaci\u00f3n contribuyen, al menos en nuestro marco geogr\u00e1fico, a que no pocos trabajadores formados en la tradici\u00f3n marxista vuelvan a atrincherarse en los viejos esquemas y a que otros acaben compartiendo el pragmatismo tecnocr\u00e1tico de bur\u00f3cratas que, como un d\u00eda dijera Rosa Luxemburg, m\u00e1s que basarse en la obra de Marx se sientan encima de ella.<\/p>\n<p>En tales condiciones se plantean por lo menos dos preguntas a las que habr\u00eda que contestar. La conmemoraci\u00f3n del centenario de la muerte de Karl Marx es una buena ocasi\u00f3n para ello. La primera pregunta se puede formular as\u00ed: \u00bfen qu\u00e9 medida se encuentran en la obra de Marx inspiraciones para comprender y transformar el mundo en 1983? O tambi\u00e9n: \u00bfla revisi\u00f3n del pensamiento de Marx obligada por los cambios de estos cien a\u00f1os habr\u00e1 de ser ya de tal envergadura que, aun reconociendo su aportaci\u00f3n a la historia del pensamiento social y a la pr\u00e1ctica del movimiento obrero revolucionario, supondr\u00eda un trabajo demasiado \u00edmprobo si nos atenemos a las urgencias del conocimiento y de la pr\u00e1ctica comunistas ahora?<\/p>\n<p>La segunda pregunta se puede formular en los t\u00e9rminos siguientes: aun admitiendo que sigue habiendo un Marx vivo, el cual cien a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte todav\u00eda tiene mucho que decimos desde una perspectiva revolucionaria, \u00bfcontinuar\u00e1n llam\u00e1ndose marxistas durante los pr\u00f3ximos tiempos el movimiento revolucionario y las organizaciones mayoritarias que conserven el ideal emancipatorio? O, dicho con otras palabras: en los a\u00f1os por venir y a la hora de la definici\u00f3n de los sujetos colectivos que mantengan la tradici\u00f3n emancipatoria, \u00bfcontar\u00e1 m\u00e1s el respeto a la orientaci\u00f3n original del hombre que dio nombre al marxismo y, en consecuencia, seguir\u00e1 llam\u00e1ndose marxista el movimiento transformador del futuro, o el peso negativo de los \u00abmarxismos de estado\u00bb, de los \u00abmarxismos acad\u00e9micos\u00bb y de los \u00abmarxismos como adorno intelectual\u00bb se habr\u00e1 hecho tal que los hipot\u00e9ticos movimientos del futuro pr\u00f3ximo considerar\u00e1n necesario tomarse completamente en serio la frase de Marx seg\u00fan la cual \u00aben lo que a m\u00ed respecta, yo no soy marxista\u00bb?<\/p>\n<p>Tales preguntas no responden a deseo alguno de especular en abstracto acerca de palabras. Deben su sentido a la finalidad transformadora tantas veces expresada por Marx (recordar la onceava tesis sobre Feuerbach) y al convencimiento de que los marxismos sin v\u00ednculo con los movimientos emancipatorios se convierten en uno m\u00e1s de los sistemas filos\u00f3ficos del mundo burgu\u00e9s y pierden la sustancia original. Por otra parte, y precisamente por esta vinculaci\u00f3n entre teor\u00eda y pr\u00e1ctica, aquellas preguntas aparecen hoy como preocupaciones vitales en los debates que tienen lugar en el seno tanto de los movimientos sociales a los que suele llamarse nuevos como en los sectores m\u00e1s j\u00f3venes y radicales del movimiento obrero.<\/p>\n<p>En efecto, el tema de la relaci\u00f3n con la obra de Marx \u2013y no s\u00f3lo con los partidos pol\u00edticos y las organizaciones que dicen inspirarse en el marxismo\u2013 viene siendo motivo de debate desde hace alg\u00fan tiempo en los grupos feministas; se presenta tambi\u00e9n en el movimiento ecologista desde el momento en que no pocos militantes de este movimiento ven en el ecologismo una concepci\u00f3n global de la naturaleza y de la sociedad sustitutoria del mismo; y reaparece, aunque m\u00e1s espor\u00e1dicamente, en el movimiento obrero como lo prueba de un lado, las influencias contraculturales y el renacimiento del libertarismo en sectores nada despreciables de las organizaciones existentes en el mundo occidental, y, de otro lado, la discusi\u00f3n que tuvo lugar en el sindicato polaco Solidaridad durante los meses anteriores a su ilegalizaci\u00f3n. La rec\u00edproca incomprensi\u00f3n puesta de manifiesto respecto de este asunto entre los principales dirigentes de aquella organizaci\u00f3n polaca y los de otros varios sindicatos de la Europa occidental durante el mismo per\u00edodo no es s\u00f3lo un \u00edndice de la naturaleza pol\u00edtico-pr\u00e1ctica que la definici\u00f3n como marxistas sigue teniendo; es tambi\u00e9n una confirmaci\u00f3n patente de las <em>diferentes funciones<\/em> pol\u00edtico-morales de los marxismos existentes y de las distintas consecuencias que en la consciencia de los trabajadores ha tenido la difusi\u00f3n de un marxismo como ideolog\u00eda estatal y de otro marxismo como elemento te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de la resistencia obrera en el capitalismo tard\u00edo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>5. Se mantiene a veces que la herencia y vigencia de la obra de Marx, su proyecto emancipatorio, ha quedado limitado en la actualidad a los movimientos que luchan por la liberaci\u00f3n de los pueblos perif\u00e9ricos. Y en tal sentido se entiende corno una paradoja el hecho de que un teor\u00eda revoluciona nacida en relaci\u00f3n con los problemas y las necesidades sociales del occidente europeo haya acabado tomando cuerpo entre las masas explotadas de pa\u00edses en 1os que la mayor\u00eda de 1a poblaci\u00f3n activa sigue siendo el campesinado. Aun suponiendo que esto fuera as\u00ed \u2013y <em>aparentemente<\/em> lo es\u2013 no hay motivo por la extra\u00f1eza: no es la primera vez en la historia que una concepci\u00f3n igualitaria y universalista arraiga en las masas de pa\u00edses muy alejados a aquellos que la vieron nacer. Desde luego, no parece que Cristo pensara precisamente en Roma cuando predicaba en los desiertos. Marx, en cambio, s\u00ed pens\u00f3 <em>tambi\u00e9n<\/em> en Petersburgo, y dej\u00f3 \u2013aunque no fuera m\u00e1s que en esbozo\u2013 una reflexi\u00f3n acerca del car\u00e1cter complementario entre las revoluciones que pod\u00edan producirse en el coraz\u00f3n del capitalismo, en los pa\u00edses coloniales de su \u00e9poca y en el imperio de los zares. Por mucha agua que desde entonces haya pasado bajo los puentes de la historia el pensamiento y la pr\u00e1ctica emancipatoria de hoy tienen que seguir haciendo frente a los problemas que plantea esta interrelaci\u00f3n, esta complementariedad. De modo que incluso aquellos marxistas actuales que cifran todas las esperanzas emancipatorias del g\u00e9nero humano en las luchas de los oprimidos de los pueblos del llamado tercer mundo se ven en la obligaci\u00f3n de considerar a los movimientos antimanipulatorios o al movimiento obrero de los pa\u00edses centrales por lo menos como un destacamento de apoyo o como una retaguardia de quienes se enfrentan m\u00e1s abiertamente con el poder del gran capital imperial.<\/p>\n<p>Existen, sin embargo, razones te\u00f3ricas y motivos pr\u00e1cticos no ya euroc\u00e9ntricos u occidentalistas para \u2013sin olvidar lo que est\u00e1 ocurriendo en los pa\u00edses de Am\u00e9rica latina, de Asia y Africa\u2013 preguntarse por la relaci\u00f3n entre los movimientos sociales que act\u00faan en el coraz\u00f3n del capitalismo imperialista y la tradici\u00f3n que viene de Marx. No es s\u00f3lo que muchos de los problemas vitales que atormentan a las poblaciones de los pa\u00edses m\u00e1s evolucionados desde el punto de vista industrial se est\u00e1n reproduciendo aceleradamente en los pa\u00edses de la periferia (a\u00f1adiendo a la destrucci\u00f3n del medio, a la opresi\u00f3n pol\u00edtica y a la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica el hambre en su acepci\u00f3n m\u00e1s primaria y la muerte por la falta de recursos alimenticios). Es tambi\u00e9n el hecho de que el coraz\u00f3n del imperio produce las armas con las que se frenan los movimientos liberadores de aquellos otros pa\u00edses as\u00ed como el armamento que amenaza con borrar de la faz de la tierra la esperanza misma de la emancipaci\u00f3n. En cualquier caso, lo que sigue est\u00e1 dicho con la convicci\u00f3n de que la m\u00e1s sombr\u00eda de las paradojas a que la historia nos ha sometido en los \u00faltimos tiempos no es el que las ideas de Marx (desde luego, amalgamadas con otras) arraiguen en Managua, en Mozambique o en Vietnam mientras no logran rebasar c\u00edrculos minoritarios de los Estados Unidos, de la Rep\u00fablica Federal alemana o de lnglaterra, sino el que una tradici\u00f3n que naci\u00f3 con vocaci\u00f3n internacionalista, que contribuy\u00f3 a crear la primera internacional y que educ\u00f3 a sus militantes en aquello de que \u00abla internacional es el g\u00e9nero humano\u00bb se vea obligada a asistir \u2013desarticulada, impotente o autocomplacida\u2013 a la internacionalizaci\u00f3n de las organizaciones pol\u00edticas del adversario.<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n de los movimientos sociales actualmente m\u00e1s activos en Europa y en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica \u2013feminismo, ecologismo, pacifismo\u2013 con el marxismo suelen aparecer equ\u00edvocos, polarizaciones e identificaciones que en la pr\u00e1ctica dan lugar -siguen dando lugar- a debates in\u00fatiles. Dos de estos equ\u00edvocos m\u00e1s corrientes son el de la <em>polarizaci\u00f3n irreductible<\/em> y el de la <em>identificaci\u00f3n atribuida<\/em>. Efectivamente, a veces se lee en publicaciones peri\u00f3dicas de grupos ecologistas, antinucleares, feministas o pacifistas que el ecologismo, el pacifismo, el feminismo o las tres cosas a la vez han demostrado que el marxismo est\u00e1 superado, que ya no tiene nada que decir acerca de los problemas centrales de nuestro tiempo. Y viceversa no es dif\u00edcil escuchar de gentes que se consideran marxistas la afirmaci\u00f3n de que estos movimientos nuevos son modas, propias de peque\u00f1os burgueses, que confirman la repetida idea marxista sobre la lucha de clases y la inevitable decadencia de los valores de la sociedad burguesa. En el extremo opuesto, esto, es, entre los propagandistas de la derecha suele decirse y escribirse que marxistas ecologistas, pacifistas y feministas son todos miembros de un mismo reba\u00f1o instrumentalizado por el amo de siempre, aunque ahora con domicilio itinerante: unas veces est\u00e1 en Mosc\u00fa, otras en Libia, otras en La Habana y otras en alguno de los principales pa\u00edses productores de petr\u00f3leo.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la buena voluntad o de las ignorancias de quienes creen en la polarizaci\u00f3n irreductible y m\u00e1s all\u00e1 de la monocorde tendencia conservadora de las relaciones de producci\u00f3n, observable en la derecha cuando atribuye una identificaci\u00f3n inexistente, parece posible reflexionar con provecho acerca de este asunto y eliminar equ\u00edvocos a poco que se piense en la historia de los marxismos y en la historia de los movimientos sociales de referencia. Sobre la historia de los marxismos se ha dicho ya lo que puede ser esencial para tal reflexi\u00f3n. Resumiendo: debido a que uno de los rasgos centrales de la obra de Marx es su vocaci\u00f3n emancipadora, ella ha dado lugar no s\u00f3lo a varias interpretaciones te\u00f3ricas distintas sino \u2013lo que es m\u00e1s importante en este contexto\u2013 a varias pr\u00e1cticas pol\u00edtico-sociales diferentes y hasta opuestas. Desde este punto de vista el destino del marxismo ha sido similar al del cristianismo. De la misma manera que hubo y hay un cristianismo institucional y aliado de los poderes dominantes, justificador de la explotaci\u00f3n y de la opresi\u00f3n, y un cristianismo que reitera la inspiraci\u00f3n igualitarista original, as\u00ed tambi\u00e9n <em>hay ya desde hace tiempo un marxismo vinculado a la dominaci\u00f3n social y un marxismo que repropone la inspiraci\u00f3n revolucionaria, comunista, ambos introducidos en mayor o menor medida como parte notable de las culturas de tos pueblos y se\u00f1aladamente de la subcultura obrera de los mismos<\/em>.<\/p>\n<p>Por encima de las palabras y de la ideolog\u00edas est\u00e1, pues, el hecho \u2013comprobado desde hace d\u00e9cadas y nuevamente comprobable en los movimiento hoy existentes\u2013 de que un marxista revolucionario se siente m\u00e1s pr\u00f3ximo del cristiano igualitarista y pacifista que del gestor socialdem\u00f3crata de los intereses de la burgues\u00eda, aunque \u00e9ste siga llam\u00e1ndose marxista; o m\u00e1s pr\u00f3ximo, tambi\u00e9n, a aquel cristiano que al dominador que en nombre del marxismo llama obrero a su poder opresor sobre los obreros. No har\u00e1 falta a\u00f1adir que la tendencia a coincidir en las luchas, en este caso contra el poder de las instituciones religiosas colaboradoras de los poderes pol\u00edticos y econ\u00f3micos, rige tambi\u00e9n en la otra parte, ya que esto \u00faltimo es suficientemente conocido en la historia del movimiento obrero desde hace m\u00e1s de un siglo.<\/p>\n<p>Sobre los movimientos sociales hoy m\u00e1s activos, a los que apresuradamente se llama \u00abnuevos\u00bb, conviene distinguir. El feminismo organizado tiene una historia tan larga ya casi como la del movimiento obrero; el pacifismo tiene una historia a\u00fan m\u00e1s antigua y consecuentemente con ello, como es natural, ha dado lugar a m\u00faltiples corrientes tanto en la cultura euroamericana como en otras, todas las cuales tienden a aproximarse desde el momento en que puede hablarse propiamente de guerras mundiales y a\u00fan m\u00e1s desde que el arsenal nuclear existente amenaza al conjunto de la especie humana. De modo que la novedad, en el sentido m\u00e1s propio de la palabra y por lo que hace a los movimientos sociales de hoy, es el ecologismo. Pues, aunque desde los inicios de la industrializaci\u00f3n han existido individualidades particularmente sensibles a los efectos destructores de la tecnolog\u00eda predominante, s\u00f3lo hace un par de d\u00e9cadas que este problema ha empezado a calar en las gentes hasta el punto de suscitar preocupaci\u00f3n general y respuestas organizadas.<\/p>\n<p>Esta distinci\u00f3n facilita la explicaci\u00f3n de otro fen\u00f3meno caracter\u00edstico de nuestros d\u00edas, a saber: el que las organizaciones, partidos y movimientos alternativos de los que forman parte feministas, pacifistas, ecologistas y otras personas tiendan a adoptar el nombre de \u00abverdes\u00bb primando, por tanto, la componente ecologista de los mismos. Por otra parte, la referencia a la historia del feminismo y del pacifismo y el reconocimiento de la relativa novedad del ecologismo es interesante para situar en los justos l\u00edmites el car\u00e1cter que en cada uno de estos movimientos ha cobrado el debate con el marxismo. En la medida en que durante m\u00e1s de un siglo el movimiento obrero organizado en nuestro \u00e1mbito cultural ha sido el principal protagonista de la resistencia frente a la sociedad de clases as\u00ed como el que con m\u00e1s coherencia y decisi\u00f3n ha mantenido una alternativa a la misma, y teniendo en cuenta que los marxismos resultaron ser las elaboraciones en dicho sentido m\u00e1s difundidas y aceptadas en el movimiento obrero, es natural que el feminismo, el pacifismo contempor\u00e1neo y el ecologismo hayan tendido desde el principio a definirse en relaci\u00f3n con y por contraposici\u00f3n al marxismo.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la pluralidad de marxismos y la existencia de corrientes varias \u2013algunas de ellas, a su vez, conectadas en cierto modo a algunos de los marxismos\u2013 tanto en el feminismo y en el pacifismo como en el ecologismo constituyen un motivo m\u00e1s que suficiente para descartar generalizaciones del tipo de la polarizaci\u00f3n y de la identificaci\u00f3n. Por ello, para responder a las preguntas formuladas en el punto 4, no basta con fijarse en las actitudes y puntos de vista de los protagonistas de los movimientos sociales actualmente m\u00e1s activos en el mundo capitalista. Es preciso estimar, adem\u00e1s, los cambios sustanciales que se han producido en el mundo durante los cien a\u00f1os transcurridos desde la muerte de Karl Marx y estimar si y hasta qu\u00e9 punto tales cambios son todav\u00eda susceptibles de explicaci\u00f3n en el marc\u00f3 conceptual del pensamiento marxiano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>6. Para la finalidad de este esquema \u2013que es suscitar una controversia sin limitaciones doctrinales\u2013 es posible enumerar sin \u00e1nimo de exhaustividad los hechos nuevos siguientes que, por otra parte, han condicionado el surgimiento y desarrollo de los movimientos antes aludidos.<\/p>\n<p>1\u00ba. La existencia y proliferaci\u00f3n, desde el final de la segunda guerra mundial, del armamento nuclear \u2013as\u00ed como de las armas qu\u00edmicas y biol\u00f3gicas\u2013, lo que supone el peligro de aniquilamiento de la especie humana e implica en cualquier caso un tipo de articulaci\u00f3n del poder y del control social que conduce a considerar con raz\u00f3n la fase actual como potencialmente exterminista.<\/p>\n<p>2\u00ba. El descubrimiento de los \u00abl\u00edmites del crecimiento\u00bb y de la incipiente crisis ecol\u00f3gica, as\u00ed como de los riesgos que para las especies vivientes en el planeta en general y para los hombres en particular tiene la continuaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n expansiva en la forma explotadora de hombres y destructora de la naturaleza que conocemos.<br \/>\n3\u00ba. El desarrollo de la tecnociencia como fuerza productiva fundamental que est\u00e1 impulsando una reestructuraci\u00f3n de todo el proceso productivo en base a la automatizaci\u00f3n, la robotizaci\u00f3n, la informatizaci\u00f3n y la posibilidad de manipulaci\u00f3n no s\u00f3lo de los cerebros sino tambi\u00e9n de la dotaci\u00f3n gen\u00e9tica del ser humano.<br \/>\n4\u00ba. La difusi\u00f3n del imperialismo que mundializa los problemas econ\u00f3mico-sociales y que, combinada con el crecimiento demogr\u00e1fico, la centralizaci\u00f3n del capital, la transferencia constante de las industrias de mayor peligrosidad y la explotaci\u00f3n funcional de la fuerza de trabajo humano de acuerdo con la divisi\u00f3n internacional impuesta por las compa\u00f1\u00edas transnacionales, acrecienta constantemente los efectos destructivos del capitalismo y hace casi universal una situaci\u00f3n de \u00absoberan\u00eda limitada\u00bb.<br \/>\n5\u00ba. La extensi\u00f3n simult\u00e1nea en el centro del Imperio y en los pa\u00edses dependientes, respectivamente, del malestar cultural y la miseria ps\u00edquica de un lado, y del hambre y la miseria material de otro; pl\u00e9tora miserable que sugiere un enquistamiento de la crisis de civilizaci\u00f3n que afecta al mundo capitalista por lo menos desde los a\u00f1os veinte de este siglo [XX].<br \/>\nEl conocimiento de estos hechos y el an\u00e1lisis de sus implicaciones \u2013algunas de las cuales empiezan a ser ya hoy muy patentes\u2013 para la especie humana, para las culturas y para las clases sociales obliga a reconsiderar aspectos importantes de la teor\u00eda marxiana, particularmente: a) la noci\u00f3n de progreso; b) la noci\u00f3n de fuerzas productivas en su v\u00ednculo contradictorio con las relaciones de producci\u00f3n; e) la concepci\u00f3n de la funci\u00f3n social de la ciencia y de la tecnolog\u00eda; d) la visi\u00f3n de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica como negaci\u00f3n de la negaci\u00f3n; e) la relaci\u00f3n entre las armas de la cr\u00edtica y la cr\u00edtica de las armas.<\/p>\n<p>Es cierto que en la obra de Karl Marx encontramos pasajes en los cuales se avanzan sugerencias de valor para un an\u00e1lisis no productivista del desarrollo de las fuerzas productivas, o para la consideraci\u00f3n de la tecnolog\u00eda como fen\u00f3meno contradictorio que produce a la vez progreso material y miseria moral, o tambi\u00e9n para la rectificaci\u00f3n de un concepto de la historia indefectiblemente movida por leyes propias hacia lo mejor. Es leg\u00edtimo, por tanto, subrayar tales sugerencias y tomarlas como punto de partida para orientarse en la estimaci\u00f3n de los fen\u00f3menos contempor\u00e1neos mencionados, sobre todo cuando se trata de salir al paso de las simplificadoras reducciones de Marx al progresismo burgu\u00e9s que se han puesto de moda en los \u00faltimos tiempos.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista no estar\u00e1 de m\u00e1s resaltar lo que m\u00e1s vivo del pensamiento de Marx hoy. <em>En primer lugar<\/em>, metodol\u00f3gicamente, la intenci\u00f3n globalizadora y generalizadora de la dial\u00e9ctica, su tendencia a la contemplaci\u00f3n de las investigaciones cient\u00edficas relativas a la naturaleza y a la sociedad. <em>En segundo lugar<\/em>, su decisi\u00f3n \u2013m\u00e1s patente en los escritos de los a\u00f1os cuarenta\u2013 de abordar la problem\u00e1tica del g\u00e9nero humano, decisi\u00f3n tanto m\u00e1s sugerente para la actualidad cuanto que la reafirmaci\u00f3n autoexcluyente de pseudoespecies puede ser fatal para el conjunto de los humanos. <em>En tercer lugar<\/em>, su aproximaci\u00f3n al fen\u00f3meno de la alienaci\u00f3n y la cosificaci\u00f3n, en particular la reflexi\u00f3n acerca de una ciencia que acaba dando en ignorancia de los m\u00e1s, o sobre \u00abtodos nuestros inventos y todo nuestro progreso que parecen desembocar en la dotaci\u00f3n de las fuerzas materiales con vida espiritual y la conversi\u00f3n de la vida en est\u00fapida fuerza material\u00bb. <em>En cuarto lugar<\/em>, su prognosis de que el pensamiento burgu\u00e9s iba a moverse en lo sucesivo entre el pseudorrealismo de la justificaci\u00f3n de lo existente y la a\u00f1oranza rom\u00e1ntica del pasado (\u00abTan rid\u00edculo como ansiar nost\u00e1lgicamente aquella plenitud originaria es creer que hay que quedarse en este total vaciamiento. La visi\u00f3n burguesa no ha ido nunca m\u00e1s all\u00e1 de la oposici\u00f3n a aquella otra visi\u00f3n rom\u00e1ntica, y por eso \u00e9sta la acompa\u00f1ar\u00e1, justificado contrario, hasta que descanse en paz\u00bb).<\/p>\n<p>Pero una vez dicho eso, reconocido por tanto el inter\u00e9s de aquellas sugerencias y resaltado el hecho de que lo que permiti\u00f3 a Marx llegar a ellas fue precisamente el conocimiento particularizado de las novedades cient\u00edfico-naturales y econ\u00f3mico-sociales de su tiempo \u2013sus lecturas de qu\u00edmica, su inter\u00e9s por el desarrollo de la m\u00e1s moderna tecnolog\u00eda, su seguimiento de los an\u00e1lisis emp\u00edricos de la comuna rural rusa por comparaci\u00f3n con otras comunidades aldeanas, etc.\u2013, hay que concluir que ni la obra de Marx ni los marxismos posteriores dan m\u00e1s de s\u00ed en este campo. En lo que respecta a la cr\u00edtica de la civilizaci\u00f3n industrial burguesa \u2013y no s\u00f3lo al modo capitalista de producir\u2013 el an\u00e1lisis de los problemas contempor\u00e1neos puede hallar otras sugerencias igualmente interesantes en socialistas y comunistas habitualmente denominados ut\u00f3picos antecesores de Marx, y se\u00f1aladamente \u2013como advirtiera en su momento Walter Benjamin\u2013 en Fourier[9].<\/p>\n<p>Esa misma conclusi\u00f3n vale, en mi opini\u00f3n, para lo que son las principales preocupaciones actuales del feminismo: la dial\u00e9ctica de los sexos en el mundo contempor\u00e1neo, la liberaci\u00f3n de la mujer y la imposici\u00f3n de <em>otras<\/em> relaciones de la pareja en la vida cotidiana. El intento de fundamentar en Marx un movimiento, una corriente o un partido feminista est\u00e1 condenado al fracaso de salida por falta de material al respecto, Tal vez, si no se hubiera perdido parte de las notas autobiogr\u00e1ficas de Jenny von Westphalen esos intentos ni siquiera se habr\u00edan esbozado. Pero, aun as\u00ed, basta con leer cuidadosarnente la correspondencia de Marx para darse cuenta de que en esas cosas era m\u00e1s hijo de su \u00e9poca y de su ambiente que en todas las dem\u00e1s aqu\u00ed aludidas. La principal virtud femenina para Marx era la debilidad y, como es obvio, en la debilidad no se puede fundar ning\u00fan movimiento de liberaci\u00f3n de la mujer. En esto me parece de la mayor lucidez el sarcasmo del poeta austr\u00edaco Erich Fried en su broma versificada que lleva por t\u00edtulo <em>Carla Marx<\/em>[10].<\/p>\n<p>As\u00ed pues, aun reconociendo el inter\u00e9s filol\u00f3gico y hasta pol\u00e9mico \u2013frente a ciertos ecologismos reduccionistas y apresurados o frente a crispaciones feministas\u2013 que pueda tener el buscar y subrayar sugerencias marxianas que enlacen con el medioambientalismo actual o con el feminismo, debe admitirse que eso aporta muy poco a la comprensi\u00f3n y potencial transformaci\u00f3n del mundo de hoy. Las correcciones que \u2013por mucho que se siguieran de las sugerencias mentadas\u2013 habr\u00eda que hacer a la visi\u00f3n marxiana del despliegue constante de las fuerzas productivas y a su concepto del progresivo agudizamiento del conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producci\u00f3n o modo de producir son probablemente de un calibre demasiado grueso como para que la coherencia de aquella visi\u00f3n y de este concepto resistiera. Basta con pensar que la conservaci\u00f3n en lo esencial de las relaciones de producci\u00f3n, el mantenimiento de la apropiaci\u00f3n privada de los medios productivos y la continuaci\u00f3n de la explotaci\u00f3n del trabajo asalariado bajo el capitalismo posterior a Marx no s\u00f3lo no ha frenado el despliegue de las fuerzas productivas consideradas globalmente sino que ha dado lugar a un ulterior sometimiento de la principal de las fuerzas productivas, la fuerza productiva que es el hombre, y a un avance tan gigantesco de la tecnolog\u00eda como para amenazar por partida doble \u2013mediante la posibilidad de una guerra librada con armas nucleares y mediante la crisis ecol\u00f3gica\u2013 la mera existencia del hombre sobre la tierra.<\/p>\n<p>Ya esta comprobaci\u00f3n \u2013que, evidentemente, Marx no pod\u00eda prever\u2013 obliga a replantearse la forma en que habitualmente se formul\u00f3 la vieja disyuntiva entre socialismo y barbarie, pues lo que generalmente se ha llamado base material y t\u00e9cnica del comunismo, esto es, la aceleraci\u00f3n \u2013mediante las nuevas relaciones de producci\u00f3n\u2013 del desarrollo de las fuerzas productivas en su conjunto lleva tambi\u00e9n en su seno la serpiente de la contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Factores tales como las consecuencias \u2013negativas para la vida\u2013 del desequilibrio ecol\u00f3gico, los problemas demogr\u00e1ficos en los pa\u00edses dependientes, el car\u00e1cter destructivo de ciertas tecnolog\u00edas y el ya citado sentido exterminista de la carrera de armamentos retrotraen, en \u00faltima instancia, a causas econ\u00f3micas parcialmente conocidas por el Marx del <em>Capital<\/em>. En tal sentido no hay duda de que las principales categor\u00edas del an\u00e1lisis socioecon\u00f3mico marxiano siguen prestando considerable ayuda a la hora de explicar <em>por qu\u00e9<\/em> la civilizaci\u00f3n industrial del capitalismo ha acabado conduciendo a una encrucijada y <em>cu\u00e1l<\/em> es el obst\u00e1culo principal para un cambio de rumbo en el modo de producir y de vivir. Es sintom\u00e1tico que al llegar a este punto de la explicaci\u00f3n causal de la crisis ecol\u00f3gica no pocos ec\u00f3logos y ecologistas tengan que recalar \u2013a veces sin saberlo\u2013 en el aparato conceptual de la Cr\u00edtica de la Econom\u00eda Pol\u00edtica; y es no s\u00f3lo sintom\u00e1tico sino particularmente interesante el que los cambios de rumbo que desde esa misma perspectiva suelen postularse acaben encontrando tambi\u00e9n categor\u00edas marxianas para formular algunos de los rasgos de la formaci\u00f3n econ\u00f3mico social alternativa.<\/p>\n<p>No obstante, tambi\u00e9n por lo que hace a este punto el an\u00e1lisis econ\u00f3mico-social ecol\u00f3gicamente fundamentado se ve obligado a corregir a Marx mediante la introducci\u00f3n de un concepto de producci\u00f3n que d\u00e9 cuenta del coste supuesto por la deterioraci\u00f3n del medio ambiente en el proceso mismo de la fabricaci\u00f3n de mercanc\u00edas. (No es \u00e9sta, por lo dem\u00e1s, la \u00fanica correcci\u00f3n de importancia; m\u00e1s cl\u00e1sicas, aunque no menos dignas de ser tenidas en cuenta, son las objeciones de grupos feministas en el sentido de que al dejar fuera del concepto de trabajo productivo el trabajo dom\u00e9stico tradicionalmente realizado por las mujeres se restringe y empobrece la noci\u00f3n misma de producci\u00f3n bajo el capitalismo.)<\/p>\n<p>De todo lo dicho hasta aqu\u00ed se sigue igualmente una reconsideraci\u00f3n de los rasgos generales caracterizadores de la sociedad alternativa a la barbarie antiecol\u00f3gica y al tecnofascismo nuclear o a la guerra, esto es, de la sociedad comunista. Parece claro por todo lo anterior que \u00e9sta no podr\u00e1 ser el reino de la abundancia en el que se desarrollen libremente todas las fuerzas productivas y sean satisfechas todas las necesidades de todos los trabajadores. Ser\u00e1 menester una redifinici\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas, materiales y espirituales, en el marco de una distribuci\u00f3n y administraci\u00f3n igualitaria de recursos finitos y escasos, con una producci\u00f3n de bienes movida por energ\u00edas no contaminantes y por tecnolog\u00edas blandas; una sociedad, en suma, igualitaria; austera y favorecedora del desarrollo omnilateral de los hombres; una sociedad en la que para resolver problemas plantetarios vinculados a la supervivencia de los hombres ser\u00e1 m\u00e1s necesario que en \u00e9pocas anteriores reafirmar la idea de la humanidad como especie frente a los particularismos, impulsar la vida comunitaria y desarrollar los ideales federalistas y solidarios entre los pueblos. (Por cierto, tambi\u00e9n el viejo tema, planteado en la <em>Critica del programa de Gotha<\/em>, relativo a la igualdad social de hombres biol\u00f3gica y psicol\u00f3gicamente desiguales est\u00e1 necesitando una reconsideraci\u00f3n en funci\u00f3n de los conocimientos gen\u00e9ticos, biol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos y neurol\u00f3gicos que hoy tenemos.)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>7. Las consecuencias del desarrollo desigual del capitalismo, la nueva divisi\u00f3n del trabajo en el plano internacional, la mundializaci\u00f3n del mercado, el surgimiento de nuevos estados que han ido liber\u00e1ndose del colonialismo, las nuevas migraciones de las \u00faltimas d\u00e9cadas, etc., han acabado definitivamente con las visiones euroc\u00e9ntricas de las culturas y complicado sin duda, el esquema de Marx acerca de la interrelaci\u00f3n entre las revoluciones en Oriente y en Occidente. La comuna rural rusa no resisti\u00f3 las presiones del capitalismo, raz\u00f3n por la cual la revoluci\u00f3n en Rusia tuvo caracter\u00edsticas propias que Marx no pod\u00eda sospechar; la contradicci\u00f3n fundamental del capitalismo hab\u00eda madurado en los a\u00f1os veinte mucho m\u00e1s de lo que Marx pod\u00eda pensar y, sin embargo, la revoluci\u00f3n en Occidente fue derrotada; la liberaci\u00f3n de los pueblos que Marx conoci\u00f3 como colonias se ha hecho ya en el marco de la divisi\u00f3n del mundo en bloques militares y adoptado la forma de procesos revolucionarios que aceleran el paso a la industrializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo ello compone un marco econ\u00f3mico-social en el que quedan ampliamente superadas no s\u00f3lo las concepciones de la revoluci\u00f3n basadas en la excepcionalidad del proceso revolucionario franc\u00e9s de finales del siglo XVIII (que fue el modelo inicial de Marx) sino tambi\u00e9n las sugerencias acerca de la relaci\u00f3n entre los procesos revolucionarios ruso y europeo-occidental con los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica al fondo (que fue la visi\u00f3n de futuro del viejo Marx). Lo que para Marx estaba al fondo, esto es, el \u00abamericanismo\u00bb ha pasado a primer plano influyendo todas las culturas a pesar del desarrollo desigual. Esto \u00faltimo, o sea, la combinaci\u00f3n entre extensi\u00f3n del americanismo y profundizaci\u00f3n del desarrollo econ\u00f3mico-social desigual, sugiere que el ideal emancipatorio actual habr\u00e1 de combinar los modelos de \u00abrevoluci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, \u00abrevoluci\u00f3n social\u00bb y \u00abrevoluci\u00f3n cultural\u00bb en relaci\u00f3n con cada uno de los llamados tres mundos que conviven en el planeta.<\/p>\n<p>Pero el m\u00e1s dif\u00edcil de todos los problemas que nos plantea la nueva situaci\u00f3n, el m\u00e1s alejado de las preocupaciones que Marx pod\u00eda tener cuando reflexionaba acerca de la necesidad de una pol\u00edtica internacional del proletariado o sobre el punto de vista de los revolucionarios en relaci\u00f3n con las cuestiones de la paz y la guerra, es el problema derivado del tipo de armas actualmente existentes. Pues \u00e9stas determinan en gran medida toda estrategia racionalmente pensable en un sentido emancipador. La existencia de armas nucleares, la soberan\u00eda limitada de los estados casi universalmente admitida \u2013ya sea de forma c\u00ednica o de manera hip\u00f3crita\u2013 as\u00ed como, de otro lado, la sofisticaci\u00f3n del an\u00e1lisis log\u00edstico y econ\u00f3mico-militar, las exigencias de liberaci\u00f3n de los pueblos oprimidos (algunos de ellos al borde del agotamiento) y la nueva forma que ha ido tomando la lucha de clases tanto en el plano internacional como en el interior de los estados centrales son elementos que vuelven a situar las consideraciones geopol\u00edticas en primer plano. Pero no s\u00f3lo eso. La naturaleza del armamento actualmente existente obliga a pensar de un modo muy distinto lo que un d\u00eda se llam\u00f3 \u00abpol\u00edtica internacional del proletariado\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre esto \u00faltimo, evidentemente, ni la lucidez de los an\u00e1lisis de Marx sobre el desarrollo de la guerra de Crimea o sobre el conflicto franco-prusiano, ni la agudeza con que \u00abel General\u00bb estim\u00f3 en sus d\u00edas las repercusiones que para la actividad revolucionaria iban a tener los cambios en la tecnolog\u00eda armament\u00edstica que \u00e9l lleg\u00f3 a conocer pueden aportarnos ya nada. O, para hablar con m\u00e1s propiedad, nada que no sea orientaci\u00f3n metodol\u00f3gica en la estimaci\u00f3n de los conflictos internacionales. Marx siempre vio la guerra, se\u00f1aladamente la guerra contra el absolutismo zarista, como uno de los factores que hab\u00edan de contribuir a la emancipaci\u00f3n de los trabajadores alemanes y europeo-occidentales. En 1867, cuando el consejo general de la AIT discuti\u00f3 la posici\u00f3n a adoptar ante el congreso que la Liga de la Paz y la Libertad hab\u00eda convocado para el oto\u00f1o de ese mismo a\u00f1o, Marx sigui\u00f3 manifest\u00e1ndose en un sentido que deja lugar a pocas dudas. Y por si las hubiera escribi\u00f3 a Engels el 4 de octubre: \u00abSabes que he hablado en el consejo general contra la adhesi\u00f3n a los charlantes de la paz. Mi discurso dur\u00f3 media hora. Eccarius, que redact\u00f3 las actas, hizo una rese\u00f1a, pero s\u00f3lo recogi\u00f3 algunas frases de mi discurso. <em>Le Courier<\/em> lo ha reimpreso, pero ha suprimido las frases sobre la necesidad de mantener los ej\u00e9rcitos contra Rusia y sobre la cobard\u00eda de esos gallinas\u00bb. Ni siquiera falt\u00f3 en aquella ocasi\u00f3n la sombr\u00eda sospecha que luego nos hemos acostumbrado a reencontrar en otros labios y en otras plumas: \u00abNaturalmente son los rusos quienes han fabricado el congreso de la paz en Ginebra y quienes han enviado su <em>well worn out<\/em> agente Bakunin\u00bb.<\/p>\n<p>Dejando a un lado el hecho de que las \u00absombr\u00edas sospechas\u00bb contra los agentes secretos que act\u00faan en el movimiento pacifista siguen reproduci\u00e9ndose hoy casi con id\u00e9nticas palabras, e incluso entre personas que saben o deber\u00edan saber lo que ha cambiado la historia desde entonces, me parece m\u00e1s que dudoso que el movimiento antimanipulatorio y emancipador de los pr\u00f3ximos a\u00f1os en Europa pueda seguir manteniendo con coherencia la necesidad de conservar los ej\u00e9rcitos, independientemente de contra qui\u00e9n. En esto veo el futuro del movimiento m\u00e1s cerca del pacifismo radical de Einstein que del pacifismo estrat\u00e9gico de Marx y no digamos que del pacifismo t\u00e1ctico del Lenin de la primera guerra mundial.<\/p>\n<p>De acuerdo con lo afirmado hasta aqu\u00ed se puede concluir ya acerca de las preguntas formuladas en el punto 4. Hay en la obra de Marx sugerencias de m\u00e9todo anal\u00edticas y filos\u00f3fico-pol\u00edticas que a\u00fan sirven para la explicaci\u00f3n del mundo actual y para orientarse con una perspectiva emancipatoria. Pero se puede dudar con fundamento de causa de que la urgencia de los problemas con que nos enfrentamos en el mundo de hoy desde esa perspectiva \u2013principalmente repito lo problemas relacionados con la carrera armamentista y la posibilidad de una guerra en la que se utilicen armas nucleares\u2013 permita ya un nuevo renacimiento del marxismo como concepci\u00f3n global. Lo m\u00e1s probable es que lo movimientos sociales hoy m\u00e1s activos y los sectores obreros consciente de la relaci\u00f3n que existe entre belicismo, crisis ecol\u00f3gica y agotamiento de esta civilizaci\u00f3n se orienten hacia un nueva concepci\u00f3n del mundo en la que trozos de la teor\u00eda revolucionaria y de la inspiraci\u00f3n emancipatoria de Marx se amalgamen con las conclusiones de la ecolog\u00eda y de la biolog\u00eda contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo \u2013y tratando de contestar a la segunda pregunta aqu\u00ed formulada\u2013 es dif\u00edcil decir si el movimiento emancipador seguir\u00e1 llam\u00e1ndose a s\u00ed mismo marxista en el futuro. Pues esto no depende s\u00f3lo del alcance y de la vigencia actual de tales o cuales tesis de Marx sino tambi\u00e9n de otros muchos factores pol\u00edtico-psicol\u00f3gicos. A\u00fan as\u00ed, y por lo que hace al futuro pr\u00f3ximo, se puede prever ya que el desarrollo de la afirmaci\u00f3n de Marx \u00abyo no soy marxista\u00bb conducir\u00e1 a una ampliaci\u00f3n de la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas en la que habr\u00e1 de tener cabida <em>tambi\u00e9n<\/em> la cr\u00edtica de la ideolog\u00edas marxistas. De donde se sigue que, en ese plazo, el marxismo ser\u00e1 <em>una<\/em>, pero no la \u00fanica ni tal vez la principal de las tradiciones que entren a formar parte del movimiento emancipador. Una de las tareas probablemente m\u00e1s estimulantes desde el punto de vista te\u00f3rico a la que tendr\u00e1n que hacer frente las organizaciones en las que se materialice este movimiento puede ser rebasar <em>a un tiempo<\/em> las tendencias rom\u00e1nticas siempre renacientes y el tecnocraticismo del fin de las ideolog\u00edas.<\/p>\n<p>Para lo cual todav\u00eda tenemos que aprender a distinguir con detalle y concreci\u00f3n entre ideales morales e ideolog\u00edas.<\/p>\n<p>(*) He juntado aqu\u00ed varios textos de intervenciones distintas en jornadas conmemorativas del centenario de la muerte de Marx clebradas en Barcelona, Bilbao, Murcia, Oviego y Valladolid.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>II. Las opiniones de Karl Marx sobre arte y literatura<\/h3>\n<p><em>Publicado en <\/em>mientras tanto<em>, 1983, n.\u00ba 13, pp. 33-54. Otro de los textos que FFB public\u00f3 sobre Marx en 1983.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan testimonios diversos, Karl Marx fue un notable lector de obras literarias en griego, lat\u00edn, ingl\u00e9s, espa\u00f1ol, franc\u00e9s, italiano y ruso, adem\u00e1s de en su propia lengua. He aqu\u00ed algunos de estos testimonios. Eleanor Marx-Eveling: \u00abMarx le\u00eda una y otra vez a Walter Scott; era un admirador suyo y lo conoc\u00eda casi tan bien como a Balzac y a Fielding (&#8230; ). Me ley\u00f3 todo Homero, el <em>Canto de los Nibelungos<\/em>, la <em>Saga de Gudrun<\/em>, <em>Don Quijote<\/em> y <em>Las mil y una noches<\/em>. Shakespeare era nuestra biblia familiar\u00bb. W. Liebknecht: \u00abMarx conced\u00eda un extraordinario valor a la expresi\u00f3n pura. Y con Goethe, Lessing, Shakespeare, Dante y Cervantes \u2013a quienes le\u00eda casi a diario\u2013 hab\u00eda elegido a los mejores maestros posibles (&#8230;). Le gustaba declamar largos pasajes de la <em>Divina Comedia<\/em>, que se sab\u00eda casi entera\u00bb. P. Lafargue: \u00abConoc\u00eda de memoria a Heine y a Goethe, a los que citaba a menudo en sus conversaciones. Le\u00eda continuamente poetas escogidos de todas las literaturas europeas. Cada a\u00f1o le\u00eda a Esquilo en el texto original griego. A Shakespeare, al que profesaba una admiraci\u00f3n sin l\u00edmites, lo hab\u00eda hecho objeto de profundos estudios, conociendo incluso a los personajes m\u00e1s insignificantes (&#8230; ). Su admiraci\u00f3n por Balzac era tan enorme que quiso escribir una cr\u00edtica acerca de la obra de aqu\u00e9l <em>La Com\u00e9die humaine<\/em>, tan pronto como hubiera finalizado su obra econ\u00f3mica (&#8230; ). Marx le\u00eda en todas las lenguas europeas. Al cabo de seis meses de haber empezado a aprender ruso lo dominaba ya hasta el punto de poder recrearse en la lectura de los poetas y novelistas rusos que m\u00e1s apreciaba: Pushkin, Gogol, Schedr\u00edn\u00bb. Anselmo Lorenzo: \u00abMe habl\u00f3 de literatura espa\u00f1ola, que conoc\u00eda detallada y profundamente, caus\u00e1ndome asombro lo que dijo de nuestro teatro antiguo cuya historia, vicisitudes y progresos dominaba perfectamente\u00bb[11]. Tambi\u00e9n fue al parecer un buen aficionado a la m\u00fasica[12].<\/p>\n<p>Pero el conjunto de sus reflexiones sobre temas literarios y art\u00edsticos ocupa s\u00f3lo un peque\u00f1o espacio en una obra, como se sabe, m\u00e1s bien extensa. Si se descuentan los extractos tomados de la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Friedrich Theodor Vischer a la cual dedic\u00f3 cierto tiempo entre 1857 y 1858 y a los que no a\u00f1adi\u00f3 ning\u00fan comentario cr\u00edtico que se conozca,[13] el volumen total de su producci\u00f3n escrita sobre temas de est\u00e9tica y po\u00e9tica apenas suma un centenar de p\u00e1ginas fragmentariamente distribuidas en ensayos econ\u00f3micos, hist\u00f3ricos o sociol\u00f3gicos, as\u00ed como en la correspondencia con amigos, compa\u00f1eros y colegas de la \u00e9poca. De esos fragmentos el m\u00e1s largo, por lo dem\u00e1s, est\u00e1 dedicado a comentar un drama hist\u00f3rico-literario de Ferdinard Lasalle de nulo relieve en la historia de la literatura alemana. Atendiendo a estos hechos se comprenden, por tanto, las reservas expresadas por algunos cr\u00edticos sobre la legitimidad de basar ah\u00ed una \u00abest\u00e9tica marxista\u00bb. Esto, sin tener en cuenta la raz\u00f3n adicional \u2013muy apreciada en los \u00faltimos tiempos\u2013 en favor de tal reserva que representa la negativa del propio Marx a considerarse \u00abmarxista\u00bb. Por ello es preferible a todos los efectos hablar de teor\u00eda o reflexi\u00f3n marxiana sobre arte y literatura o, a\u00fan m\u00e1s sencillamente, de las opiniones de Marx sobre el asunto.<\/p>\n<p>Pero aun as\u00ed, la enjundia de esas consideraciones marxianas no s\u00f3lo en el marco m\u00e1s general del materialismo hist\u00f3rico sino incluso como aportaci\u00f3n espec\u00edfica al tratamiento de determinados problemas relativos a la producci\u00f3n literaria y art\u00edstica justifican el inter\u00e9s que se les ha prestado desde que en los a\u00f1os treinta de este siglo Mij\u00e1il Lifschitz public\u00f3 la primera recopilaci\u00f3n de escritos de Marx sobre el asunto[14]. Pues a pesar de su car\u00e1cter fragmentario \u2013y como suele suceder en la obra de todo pensador realmente grande\u2013 \u00e9stos contienen apreciaciones valiosas y originales tanto sobre temas tradicionales de la historia de la literatura y del arte cuanto sobre aspectos de la producci\u00f3n art\u00edstica pr\u00e1cticamente intocados hasta mediados del siglo XIX. Por lo que hace a estos \u00faltimos basta con recordar de momento sus apuntes acerca del car\u00e1cter compuesto de la producci\u00f3n inmaterial y m\u00e1s concretamente acerca del trabajo literario y art\u00edstico en la fase maquinista del capitalismo, apuntes que adelantan consideraciones inusitadas para entonces en torno al producto art\u00edstico como mercanc\u00eda y al escritor como obrero productivo. Y en referencia a otros temas m\u00e1s tradicionales se puede aducir su conocida hip\u00f3tesis explicativa para el hecho de que el arte griego y la epopeya sigan proporcionando al cabo de los siglos placer est\u00e9tico y se les aprecie, desde condiciones econ\u00f3micas muy cambiadas, como mod\u00e9licos.<\/p>\n<p>Es obvio que tanto aquella penetrante observaci\u00f3n sociol\u00f3gica como este planteamiento tan poco sociologista de la permanencia del placer est\u00e9tico proporcionado por la obra cl\u00e1sica se han de comprender en el marco m\u00e1s general de una met\u00f3dica que pone el acento en el an\u00e1lisis de la historia conjunta de la producci\u00f3n social y que, por tanto, no acepta una divisi\u00f3n tajante entre las distintas ciencias como la que es propia de la vida acad\u00e9mica. Luk\u00e1cs, en su Introducci\u00f3n a los escritos de Marx y de Engels sobre arte y literatura, ha subrayado con raz\u00f3n que para ellos \u00abni las ciencias, ni las diversas ramas de la ciencia, ni el arte tienen una historia independiente, inmanente, que no fluye sino de su propia dial\u00e9ctica interna\u00bb[15]. \u00c9ste es, sin duda, un primer rasgo caracter\u00edstico del punto de vista desde el cual Marx abordaba las manifestaciones art\u00edsticas: puesto que el modo de producci\u00f3n de la vida material condiciona el proceso de la vida social, pol\u00edtica y espiritual en general, tambi\u00e9n las manifestaciones art\u00edsticas dependen en su surgimiento y desarrollo de la base material de la sociedad. Y la comprensi\u00f3n de las mismas \u2013la cual incluye por cierto la mejor disposici\u00f3n del hombre para llegar a gustarlas est\u00e9ticamente\u2013 supone su enclavamiento en el humus econ\u00f3mico-social correspondiente. Esto quiere decir en sustancia que el arte, como cualquier otra forma de manifestaci\u00f3n espiritual, no se puede explicar sin m\u00e1s y en primera instancia de un modo internalista.<\/p>\n<p>El punto de vista hist\u00f3rico-materialista en la comprensi\u00f3n de las manifestaciones art\u00edsticas y literarias tiene, pues, en primer lugar, una punta pol\u00e9mica expresamente dirigida contra la tendencia a considerar la obra art\u00edstica como un producto aut\u00f3nomo de la consciencia, esto es, independientemente de su vinculaci\u00f3n a ciertas formas del desarrollo social. A esa tendencia, caracter\u00edstica de los sistemas idealistas en las distintas variantes entonces conocidas, alude Marx cuando se pregunta ret\u00f3ricamente si acaso Aquiles es compatible con la p\u00f3lvora y el plomo, y la <em>ll\u00edada<\/em> con la prensa y la m\u00e1quina de escribir. Pero ya a\u00f1os antes, en la <em>Ideolog\u00eda alemana<\/em> y en el contexto de la cr\u00edtica a las exageraciones de Stirner sobre la individualidad \u00fanica del artista, hab\u00eda esbozado suficientemente el tema. En efecto, despu\u00e9s de referirse al hecho de que muy pocos de los frescos de Rafael fueron \u00abejecutados\u00bb exclusivamente por el propio artista, Marx a\u00f1ade: \u00ab(Stirner) se figura que Rafael pint\u00f3 sus cuadros independientemente de la divisi\u00f3n del trabajo que en su tiempo exist\u00eda en Roma (&#8230; ). Pero Rafael, ni m\u00e1s ni menos que cualquier otro artista, se hallaba condicionado por los progresos t\u00e9cnicos del arte logrados antes de \u00e9l, por la organizaci\u00f3n de la sociedad y la divisi\u00f3n del trabajo dentro de su localidad, y finalmente, por la divisi\u00f3n del trabajo en todos los pa\u00edses con los que su localidad manten\u00eda relaciones de intercambio. El que un individuo como Rafael desarrolle su talento depende enteramente de la demanda, la cual, a su vez, depende de la divisi\u00f3n del trabajo y de las condiciones de cultura de los hombres que de ello se derivan\u00bb.[16]<\/p>\n<p>Como tantos otros apuntes de Marx dedicados a la explicaci\u00f3n de fen\u00f3menos a los que suele llamarse sobreestructurales, tambi\u00e9n \u00e9ste dista mucho de tomar la econom\u00eda como <em>Deus ex machina<\/em> del an\u00e1lisis. Pues el condicionamiento que en el caso de Rafael representa la organizaci\u00f3n social y la divisi\u00f3n local y regional del trabajo en su \u00e9poca se encuentra mediado por otros factores como son, ante todo, los progresos de la t\u00e9cnica art\u00edstica y las condiciones de cultura de sus contempor\u00e1neos. Si por lo general, cuando se trataba de la explicaci\u00f3n de un fen\u00f3meno pol\u00edtico, Marx sol\u00eda detenerse en la estimaci\u00f3n de las instancias sobreestructurales antes de apelar a los factores socioecon\u00f3micos m\u00e1s b\u00e1sicos[17], <em>en el caso de las manifestaciones art\u00edsticas no s\u00f3lo fue cauto en la aplicaci\u00f3n del m\u00e9todo sino adem\u00e1s muy expl\u00edcitamente antimecanicista en cuanto a las formulaciones metodol\u00f3gicas de tipo general<\/em>. De modo que la afirmaci\u00f3n del concepto de que el modo de producci\u00f3n de la vida material condiciona el proceso de la vida espiritual no puede tomarse sino como una dilucidaci\u00f3n preliminar, de orden gen\u00e9rico, de la cual se seguir\u00e1 la posibilidad de un mejor conocimiento global del pasado y del presente de los hombres <em>si y s\u00f3lo si<\/em> en el an\u00e1lisis concreto del fen\u00f3meno de que se trate se cuenta con la base emp\u00edrica, la documentaci\u00f3n y los conocimientos m\u00e1s apropiados al caso. Conviene no dar por supuesto esto \u00faltimo, ya que precisamente su suposici\u00f3n \u2013y correspondiente olvido\u2013 es una de las causas de la utilizaci\u00f3n del m\u00e9todo como pasaporte para todas las especulaciones en torno a la econom\u00eda y la sociedad en que florecieron obras art\u00edsticas, sin llegar a rozar siquiera la naturaleza de estas \u00faltimas. Y ni qu\u00e9 decir tiene que no existe ninguna raz\u00f3n de peso para pensar que el uso indiscriminado de un pasaporte tal ayude a gustar la obra literaria o art\u00edstica en mejores condiciones que las que puede proporcionar el internalismo tradicional, la cr\u00edtica que se ocupa exclusivamente de formas y t\u00e9cnicas o la compenetraci\u00f3n simp\u00e1tica con el esp\u00edritu del artista.<\/p>\n<p>Dejando a un lado, pues, el hecho de que tambi\u00e9n entre quienes comparten el punto de vista del materialismo hist\u00f3rico en la consideraci\u00f3n del arte y de la literatura cada cual es cada cual \u2013con su formaci\u00f3n, sus ignorancias, sus conocimientos t\u00e9cnicos y sus gustos\u2013, hay que a\u00f1adir que para Marx la ubicaci\u00f3n sociol\u00f3gica del hecho art\u00edstico constituye <em>una dificultad menor<\/em>. Incluso el tema <em>general<\/em> de la relaci\u00f3n desigual entre el desarrollo de la producci\u00f3n material y el desarrollo de la producci\u00f3n art\u00edstica no le parece especialmente dif\u00edcil de aprehender. Tal vez por eso luego de enumerar en la Introducci\u00f3n a los <em>Grundrisse<\/em> una lista de puntos que \u00abno deben ser olvidados\u00bb en la investigaci\u00f3n preparatoria del <em>Capital<\/em>, lo elige para ser abordado inmediatamente en el apunte que sigue a esta enumeraci\u00f3n. Se trata del c\u00e9lebre fragmento sobre el arte griego y la sociedad moderna. Se plantea all\u00ed el problema de que determinadas \u00e9pocas de florecimiento del arte no guardan relaci\u00f3n con el fundamento material de la sociedad. Es el caso de los griegos o de Shakespeare comparados con los modernos. El razonamiento de Marx en ese paso es como entrecortado y queda adem\u00e1s sin concluir: se dice all\u00ed que va a hablarse del arte griego y luego de Shakespeare en su relaci\u00f3n con la \u00e9poca del propio Marx, pero en realidad la argumentaci\u00f3n se limita a los griegos sin dar ninguna otra explicaci\u00f3n. Pese a ello hay ah\u00ed un par de reflexiones a las que conviene atender.<\/p>\n<p>Una de estas reflexiones es de orden metodol\u00f3gico y viene a decir que la dificultad que plantea la desproporci\u00f3n mentada consiste s\u00f3lo <em>en la formulaci\u00f3n general<\/em> de las contradicciones: puesto que suele admitirse con facilidad que ciertos g\u00e9neros art\u00edsticos s\u00f3lo son posibles \u00absobre la base de un estadio no evolucionado del desarrollo art\u00edstico\u00bb, no hay raz\u00f3n de fondo para extra\u00f1arse de que exista desproporci\u00f3n entre el conjunto de la esfera art\u00edstica y el desarrollo general de la sociedad. La explicaci\u00f3n de este \u00faltimo hecho no exige otra cosa que una delimitaci\u00f3n de planos. Por eso \u2013argumenta Marx\u2013 tan pronto como aquellas contradicciones \u00abson especificadas, ya han sido aclaradas\u00bb. Para el estudioso moderno que sabe delimitar los planos del an\u00e1lisis la especificaci\u00f3n en el caso concreto del arte griego es sencilla: la mitolog\u00eda griega fue, adem\u00e1s del arsenal de aquel arte, su terreno propio, <em>su<\/em> material; pero la visi\u00f3n de la naturaleza y de las relaciones sociales que \u00absirve de base\u00bb a la fantas\u00eda griega y a su mitolog\u00eda <em>no es ya posible<\/em> en la sociedad capitalista con sus \u00abm\u00e1quinas de hilar autom\u00e1ticas, ferrocarriles, locomotoras y tel\u00e9grafos el\u00e9ctricos\u00bb, de manera que con el maquinismo y la semiautomatizaci\u00f3n \u2013concluye, aunque da forma interrogativa, ese paso\u2013 desaparecen las condiciones para la poes\u00eda \u00e9pica.<\/p>\n<p>Sin embargo, como ya se adelant\u00f3, la delimitaci\u00f3n met\u00f3dica del problema y la especificaci\u00f3n sociol\u00f3gica de que el arte y la \u00e9pica griegos se hallan vinculados a ciertas formas de desarrollo social no resuelven la dificultad principal, a saber: que aqu\u00e9llos sigan proporcionando goce art\u00edstico y se les contin\u00fae teniendo como modelos. De esta observaci\u00f3n arranca un segundo apunte, muy breve, de car\u00e1cter psicosociol\u00f3gico cuya sustancia es la siguiente. El disfrute del hombre maduro con la ingenuidad del ni\u00f1o le llevar\u00eda a tratar de reproducir en un plano m\u00e1s elevado su verdad. Es el esquema explicativo hist\u00f3rico-dial\u00e9ctico habitual en Marx, el mismo esquema por el cual la aspiraci\u00f3n al comunismo y a la igualdad del hombre contempor\u00e1neo enlaza con el recuerdo del comunismo primitivo. Pero de la misma manera que en el \u00e1mbito de la sociedad en general constituye una ingenuidad el deseo de reproducir sin m\u00e1s una integraci\u00f3n social propia de otras condiciones socioecon\u00f3micas, tambi\u00e9n en el plano del arte ser\u00eda mero infantilismo el que el hombre maduro pretendiera convertirse de nuevo en ni\u00f1o. No s\u00f3lo: incluso en el disfrute con la ingenuidad del ni\u00f1o, esto es, en el placer est\u00e9tico que le proporciona al hombre contempor\u00e1neo la comprensi\u00f3n de la infancia de la humanidad cuentan, por as\u00ed decirlo, las afinidades electivas. Marx prefiere los ni\u00f1os normales a los maleducados y a los ni\u00f1os precoces, y trat\u00e1ndose de pueblos considera que los griegos pertenecen precisamente a la primera categor\u00eda.[18]<\/p>\n<p>Es este uno de los muchos ejemplos que podr\u00edan citarse de un paso de Marx en el que la preferencia del gusto se articula interrelacionadamente con la delimitaci\u00f3n met\u00f3dica de los problemas y el intento de explicaci\u00f3n sociol\u00f3gica. No puede sorprender, por tanto, el que un tema est\u00e9tico aparezca de pronto al final de una reflexi\u00f3n general sobre el m\u00e9todo de la econom\u00eda pol\u00edtica. El mismo procedimiento \u2013para limitarnos a otro ejemplo que refuerza la idea de que el mecanicismo sociologista no tiene nada que ver con Marx y que, por el contrario, preocupaci\u00f3n metodol\u00f3gica, observaci\u00f3n sociol\u00f3gica y gusto est\u00e9tico forman en su obra un todo\u2013 se encuentra en el manuscrito conocido luego como historia cr\u00edtica de las teor\u00edas acerca de la plusval\u00eda. En este paso se empieza recordando la cautela con que el investigador debe moverse cuando se trata de examinar la conexi\u00f3n entre producci\u00f3n intelectual y producci\u00f3n material; lo cual exige enfocar la producci\u00f3n material \u00abbajo una forma hist\u00f3rica espec\u00edfica\u00bb. Se pasa luego a criticar al economista Henri Storch[19] precisamente porque toma la producci\u00f3n material por una categor\u00eda general en vez de ver en ella una forma espec\u00edfica e hist\u00f3ricamente desarrollada; y se vuelve por \u00faltimo a la complicaci\u00f3n del problema que representan las producciones art\u00edsticas, para concluir que cuando se pierde de vista tal complicaci\u00f3n se cae en la man\u00eda pretenciosa consistente en creer que los progresos de la ciencia y de la t\u00e9cnica han de conllevar necesariamente una superaci\u00f3n de ciertas manifestaciones art\u00edsticas del pasado: \u00abPuesto que hemos sobrepasado a los antiguos en todo lo que se refiere a la mec\u00e1nica, etc. \u2013comenta Marx recogiendo una iron\u00eda de Lessing\u2013 \u00bfpor qu\u00e9 no hemos de ser capaces de escribir un poema \u00e9pico? Y as\u00ed Voltaire escribe su <em>Henriade<\/em> \u00a1para no ser menos que el autor de la <em>Il\u00edada<\/em>!\u00bb[20].<\/p>\n<p>Tal es el proceder habitual en Marx. No obstante, volviendo ahora al texto de la Introducci\u00f3n a los <em>Grundrisse<\/em> se puede sugerir la hip\u00f3tesis de que el inesperado excurso acerca del arte griego y la sociedad moderna tal vez se deba a que est\u00e1 escrito s\u00f3lo un par de meses despu\u00e9s de que se le pidiera un art\u00edculo (que no lleg\u00f3 a redactar como tal) sobre est\u00e9tica para <em>New American Cyclopaedia<\/em>, momento en el cual Marx consulta la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Vischer y vuelve de paso sobre uno de los problemas que m\u00e1s parecen haberle preocupado: <em>el de la forma de su propia obra econ\u00f3mica<\/em>[21]. El hecho, en cambio, de que anunciara all\u00ed mismo un apunte paralelo relativo a Shakespeare y los modernos, y luego no lo escribiera, es m\u00e1s dif\u00edcil de explicar si se tiene en cuenta no s\u00f3lo la afici\u00f3n de Marx por toda la obra de Shakespeare sino tambi\u00e9n sus referencias a \u00e9ste en otros lugares. \u00bfHay que pensar que interrumpi\u00f3 su discurso en los griegos porque el tratamiento de la relaci\u00f3n de los modernos con Shakespeare hubiera complicado su explicaci\u00f3n de la permanencia del goce est\u00e9tico a partir de la atracci\u00f3n del hombre maduro por la infancia hist\u00f3rica de la humanidad?<\/p>\n<p>Sea de ello lo que fuere parece claro: 1.\u00ba que para Marx el tema de la conexi\u00f3n entre producci\u00f3n material y producci\u00f3n intelectual es un asunto complejo cuyo tratamiento exige enfocar la producci\u00f3n material bajo una forma hist\u00f3rica espec\u00edfica, condici\u00f3n general \u00e9sta que resultar\u00e1 particularmente dif\u00edcil y, por tanto, necesitada de la mayor concreci\u00f3n cuando se trata de manifestaciones art\u00edsticas y literarias; 2.\u00ba que la tendencia a valorar positivamente las obras art\u00edsticas y literarias pret\u00e9ritas constituye un fen\u00f3meno social explicable <em>desde<\/em> la sociedad capitalista y <em>en su marco<\/em>, esto es, como consecuencia de los efectos morales de la base material de dicha sociedad, pero que este explicable deseo de retornar al pasado tiene precisamente en sus manifestaciones literarias y art\u00edsticas aspectos contradictorios que han de valorarse aparte; 3.\u00ba que por motivos varios, aun por dilucidar suficientemente,[22] Marx relacion\u00f3 en distintas ocasiones y de manera nada obvia la reflexi\u00f3n sobre temas art\u00edsticos y literarios con la preocupaci\u00f3n por la forma que hab\u00eda de dar a la obra de su vida, cuya tem\u00e1tica econ\u00f3mica (o si se prefiere: econ\u00f3mico-sociol\u00f3gico-hist\u00f3rica) no parece, en principio, justificar semejante conexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, hay varios testimonios inequ\u00edvocos de que esa conexi\u00f3n existi\u00f3 y de que Marx concedi\u00f3 a la misma una importancia nada anecd\u00f3tica. Por consiguiente, se puede aclarar algo cada uno de los puntos anteriores empezando por ella. Es ya sintom\u00e1tico que al ponerse a estudiar la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Vischer, Marx prestara mucha atenci\u00f3n a la estructura de la obra anotando con cuidado datos relativos a la forma de la misma, a su composici\u00f3n y a la manera en que fue presentada al p\u00fablico lector. En una carta dirigida a Lassalle con fecha 22-2-1858 aclara que este inter\u00e9s tiene que ver con la forma que deb\u00eda dar para su publicaci\u00f3n a lo que luego ser\u00eda <em>El Capital<\/em>. En principio el modelo de cuadernillos en que fue apareciendo la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Vischer le parece en ese momento a Marx la forma m\u00e1s apropiada para facilitar la b\u00fasqueda de editor para la propia obra. Pero no se trata s\u00f3lo del problema material del escritor que topa con obst\u00e1culos para dar a conocer su pensamiento. La dificultad de Marx en esa \u00e9poca es de mayor entidad: la entrega de su manuscrito se retrasa primero por una enfermedad, luego porque tiene que dedicarse a otros trabajos para ganarse la vida, y sobre todo y fundamentalmente porque no acaba de encontrar la forma apropiada para el inmenso material que ha ido acumulando. As\u00ed se lo comunica nuevamente a Lasalle el 11-11-1858: \u00abPero <em>la verdadera causa<\/em> es \u00e9sta: ten\u00eda ante m\u00ed el material; no se trataba ya m\u00e1s que de la forma. Pero en todo lo que escrib\u00eda el estilo me dejaba sabor a enfermedad hep\u00e1tica. Y tengo motivo doble para no permitirle a este escrito estropearse por causas m\u00e9dicas (&#8230; )\u00bb.<\/p>\n<p><em>Dar forma al material<\/em>. La preocupaci\u00f3n no es anecd\u00f3tica ni pasajera. Cuando un a\u00f1o despu\u00e9s aparece <em>El origen de las especies<\/em> de Darwin, Marx, que tan positivamente valor\u00f3, como se sabe, el contenido de la obra, no deja de anotar cr\u00edticamente \u00abla tosca manera inglesa\u00bb de su exposici\u00f3n[23]; y cuando en 1873 pasa revista a las cr\u00edticas que desde su aparici\u00f3n se hicieron al primer volumen de <em>El Capital<\/em> dedica los m\u00e1s duros ep\u00edtetos a los profesores alemanes de econom\u00eda que se metieron con su estilo. La indignaci\u00f3n de que da muestras en ese caso le impulsa no s\u00f3lo a llamar \u00abbocazas y pavos reales\u00bb a los representantes de la literatura \u00abprofesoral germano-nacional-liberal\u00bb de entonces sino a contraponer a \u00e9sta \u2013y a ponerlo por escrito, cosa muy poco frecuente en Marx\u2013 las opiniones elogiosas acerca de la forma de su obra expresadas por otros especialistas[24]. En un cient\u00edfico que en ese mismo contexto ha declarado que \u00abnadie condenar\u00e1 m\u00e1s severamente que yo mismo los defectos literarios de <em>El Capital<\/em>\u00bb parece evidente que la manifestaci\u00f3n de indignaci\u00f3n y orgullo se debe a algo que le ha tocado profundamente el alma. Ese algo es sin duda la subestimaci\u00f3n de los esfuerzos y de los sufrimientos que le ha costado dar forma a su material.<\/p>\n<p>Pues bien, si se junta el inter\u00e9s por la estructura formal de la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Vischer y la confesi\u00f3n hecha a Lassalle sobre la verdadera causa del retraso en la entrega del manuscrito de su obra con la doble cr\u00edtica a la manera inglesa de Darwin y a la forma germ\u00e1nica de los profesores de econom\u00eda vulgar se tiene ya una primera aproximaci\u00f3n, por v\u00eda positiva y negativa, de lo que buscaba Marx en cuanto a la forma de su obra, y que en 1865 comunic\u00f3 del modo m\u00e1s claro a Engels: \u00abNo puedo, sin embargo, enviar lo que sea en tanto que no tenga ante m\u00ed todo el trabajo terminado. <em>Cualesquiera que sean las insuficiencias de mis escritos, tienen el m\u00e9rito de constituir un todo art\u00edstico completo<\/em>, y no llego a ello m\u00e1s que no publicando nunca nada que no est\u00e9 enteramente terminado en mi mesa\u00bb[25] (El subrayado es m\u00edo: F.F.B.)<\/p>\n<p>De la preocupaci\u00f3n por dar forma al material a la b\u00fasqueda del todo art\u00edstico completo. Se comprende que con un punto de vista as\u00ed <em>El Capital<\/em> quedara sin terminar (aunque hubo tambi\u00e9n otras razones coadyuvantes); pero eso mismo invita a relativizar otras opiniones sobre la escasa atenci\u00f3n que Marx prest\u00f3 a la forma de las manifestaciones ideol\u00f3gicas. Seguramente Paul Lafargue exageraba un poco al decir que Marx comprend\u00eda las cosas al modo del dios de Vico; pese a lo cual capt\u00f3 muy bien la interrelaci\u00f3n existente en \u00e9l entre penetraci\u00f3n anal\u00edtica y b\u00fasqueda de la forma art\u00edstica. Su descripci\u00f3n corresponde, en efecto, a lo que es habitual al hablar del trabajo del artista: \u00abNunca estaba (Marx) contento con su trabajo, lo modificaba continuamente y siempre le parec\u00eda que lo que plasmaba quedaba muy detr\u00e1s de la idea. El estudio psicol\u00f3gico de Balzac <em>Le chef d&#8217;oeuvre inconnu<\/em>, por cierto plagiado por Zola, caus\u00f3 en \u00e9l honda impresi\u00f3n porque describ\u00eda sentimientos que el mismo Marx hab\u00eda experimentado. En esta obra un pintor genial se atormenta de tal forma por el deseo de reproducir las cosas tan exactamente como se reflejan en su mente, que pule y retoca su cuadro una y otra vez hasta que al fin resulta que no ha creado sino una masa informe de colores, la cual, sin embargo, representa a sus ojos velados la m\u00e1s perfecta reproducci\u00f3n de la realidad\u00bb.[26]<\/p>\n<p>En suma, ya estas pocas notas sobre la prudencia en la aplicaci\u00f3n del m\u00e9todo a las manifestaciones espirituales, la complicaci\u00f3n del v\u00ednculo entre la base material de <em>la<\/em> sociedad y los productos art\u00edsticos, y la b\u00fasqueda del todo art\u00edstico para el modo de exponer las investigaciones cient\u00edficas sugieren que las tantas veces citadas cartas del viejo Engels[27], cuyo objeto es combatir el economicismo y el mecanicismo, han de entenderse m\u00e1s como precisiones que como rectificaciones de un m\u00e9todo; o, si as\u00ed se prefiere, como rectificaciones de la vulgarizaci\u00f3n de un punto de vista, el de Marx, por disc\u00edpulos poco cautos, mal informados o prestos a reemplazar el siempre penoso trabajo de la investigaci\u00f3n particularizada por la mala abstracci\u00f3n que se legitima a s\u00ed misma con referencias constantes a la llave maestra. La historia de siempre.<\/p>\n<p>La historia de siempre \u2013como recuerda Engels en una de estas cartas que se acaban de mencionar\u2013 es que en los comienzos de un pensamiento nuevo se descuida la forma para atender al contenido. Tambi\u00e9n podr\u00eda haberse dicho de otra manera y con igual verdad trat\u00e1ndose de Marx: en los comienzos se intenta dar respuesta a temas o problemas considerados esenciales y, como no se puede decir todo de todo, se dejan a un lado temas ya tratados por otros o dif\u00edcilmente abordables sin estudios particulares. La otra parte de la historia de siempre es que los herederos, continuadores o disc\u00edpulos del pensador renovador tienden, como es natural, a ampliar el punto de vista de \u00e9ste precisamente a aquellos \u00e1mbitos poco o nada tocados, y en ese esfuerzo de ampliaci\u00f3n piden a veces al maestro respuestas a preguntas que por modestia cient\u00edfica, desconocimiento o falta material de tiempo aqu\u00e9l no pudo sino esbozar o tratar marginalmente[28].<\/p>\n<p>En lo que hace a nuestro tema hay todav\u00eda un par de puntos muy relacionados entre s\u00ed a los que Marx dedic\u00f3 cierta atenci\u00f3n siempre en el marco de su investigaci\u00f3n econ\u00f3mica y sociol\u00f3gica. El primero es el de la especificaci\u00f3n del car\u00e1cter de la producci\u00f3n literaria y art\u00edstica en el capitalismo, de acuerdo con el principio que critica la abstracci\u00f3n especulativa y exige concreci\u00f3n hist\u00f3rica. El segundo se refiere a algunos aspectos de la visi\u00f3n rom\u00e1ntica del mundo \u2013se\u00f1aladamente a la nostalgia ,por la plenitud perdida\u2013 en tanto que forma de manifestaci\u00f3n, en los varios \u00e1mbitos de la vida, propia de una \u00e9poca cuyos rasgos centrales son el progreso t\u00e9cnico-cient\u00edfico y la cosificaci\u00f3n acompa\u00f1ada por s\u00edntomas de decadencia espiritual.<\/p>\n<p>El lugar propio de aquella primera consideraci\u00f3n es la pol\u00e9mica entre economistas acerca de la naturaleza productiva o improductiva de las manifestaciones inmateriales. Productividad se entiende ah\u00ed en un sentido restringido, precisamente en el sentido que es propio del punto de vista capitalista y que se resume en la definici\u00f3n de A. Smith seg\u00fan la cual el trabajo s\u00f3lo es productivo si produce su contrario, esto es, capital. Quedan, por tanto, fuera de esa consideraci\u00f3n otros sentidos de \u00abproductivo\u00bb aplicables al arte y en general a las manifestaciones espirituales. Para Marx est\u00e1 fuera de duda la positividad general de las producciones art\u00edsticas en tanto en cuanto \u00e9stas han contribuido a la humanizaci\u00f3n de los sentidos, a crear nuevas necesidades humanas y a determinar la aparici\u00f3n de un p\u00fablico sensible y capaz de gozar la belleza. Desde este punto de vista \u00abla producci\u00f3n no produce s\u00f3lo un objeto para el sujeto sino tambi\u00e9n un sujeto para el objeto\u00bb[29].<\/p>\n<p>Pero no es \u00e9sta la perspectiva desde la cual le interesa abordar el asunto, sino como aspecto particular del an\u00e1lisis de las varias facetas del capital, lo que implica limitarse al sentido econ\u00f3mico del t\u00e9rmino \u00abproductivo\u00bb. Con esta delimitaci\u00f3n \u2013en la que Marx insiste repetidas veces\u2013 el trabajo art\u00edstico tiene un car\u00e1cter compuesto. Puede decirse de \u00e9l que es improductivo en la medida en que no produce directamente capital; pero tambi\u00e9n que es indirectamente productivo en la medida en que estimula la producci\u00f3n en un doble sentido: al hacer la individualidad m\u00e1s din\u00e1mica y aguda, y al fomentar necesidades cuya satisfacci\u00f3n exigir\u00e1 mayores esfuerzos en la producci\u00f3n material misma o el desarrollo de nuevos campos de la producci\u00f3n material.<\/p>\n<p>Por consiguiente la caracterizaci\u00f3n de la producci\u00f3n art\u00edstica y 1iteraria exige atender a varias distinciones. Una de ellas se refiere al hecho de que un mismo trabajo literario o art\u00edstico puede ser productivo de capital o mero producto de renta seg\u00fan el punto de vista desde el cual se considera la cosa. Otra de las distinciones tiene que ver con la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n art\u00edstica y literaria en el capitalismo, y espec\u00edficamente con el proceso de mercantilizaci\u00f3n de la obra art\u00edstica que era ya observable en la \u00e9poca en que Marx escribe. As\u00ed, por lo que hace a la primera distinci\u00f3n, el actor dram\u00e1tico es un artista para el p\u00fablico y un obrero productivo para el director de la compa\u00f1\u00eda en la cual trabaja como asalariado.[30] Lo que cuenta ah\u00ed no es la naturaleza del trabajo ni su resultado, sino la forma en que entra en las relaciones sociales de producci\u00f3n. Pero precisamente las variaciones hist\u00f3ricas en el modo de producir conllevan cambios en la consideraci\u00f3n del trabajo literario y art\u00edstico: \u00abCuando Milton, por ejemplo, escrib\u00eda <em>El para\u00edso perdido<\/em> era un obrero improductivo (&#8230; ). Milton produjo <em>El para\u00edso perdido<\/em> como el gusano de seda produce la seda: por un impulso de la naturaleza. En cambio, el autor que fabrica libros, manuales de econom\u00eda pol\u00edtica por ejemplo, bajo la direcci\u00f3n de un editor, es un obrero productivo, pues su producci\u00f3n se halla sometida por definici\u00f3n al capital que ha de hacer fructificar\u00bb.[31]<\/p>\n<p>En la realidad del capitalismo Marx observa simult\u00e1neamente las dos cosas: el caso del artista o del literato que vende por cuenta propia su obra y el caso del artista o del literato contratado por un empresario que gana dinero con ello. En <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>, al criticar la exaltaci\u00f3n de la individualidad genial del artista y la idea de su autonom\u00eda absoluta, hab\u00eda llamado ya la atenci\u00f3n sobre la organizaci\u00f3n del trabajo art\u00edstico por parte de la burgues\u00eda en funci\u00f3n de la demanda. Y daba all\u00ed una opini\u00f3n unilateralmente positiva (antiindividualista y antirrom\u00e1ntica) de ese hecho con la consideraci\u00f3n de que la calidad de los productos salidos de la organizaci\u00f3n del trabajo art\u00edstico subsiguiente a la demanda de <em>vaudevilles<\/em> y novelas en Par\u00eds era siempre mejor que los art\u00edculos de los competidores \u00ab\u00fanicos\u00bb en Alemania. Pero en el manuscrito dedicado a la historia cr\u00edtica de las teor\u00edas acerca de la plusval\u00eda, en el cual vuelve a tratar tangencialmente este tema, prescinde de valoraciones y se limita a exponer lo que hay.<\/p>\n<p>Esta exposici\u00f3n tiene la ventaja sobre la anterior nota pol\u00e9mica de que capta algunas otras novedades en la producci\u00f3n inmaterial propia del capitalismo de la \u00e9poca. Ya en el caso de todos aquellos productos que no se hallan inseparablemente vinculados al acto mismo de la creaci\u00f3n art\u00edstica observa no s\u00f3lo el anterior proceso de mercantilizaci\u00f3n de la obra de arte sino fen\u00f3menos que llegar\u00edan a tener tanta importancia en la industria de la cultura como la explotaci\u00f3n de toda una serie de colaboradores en la redacci\u00f3n de obras enciclop\u00e9dicas, colaboradores \u00abcient\u00edficos, literarios o art\u00edsticos\u00bb \u2013a\u00f1ade en ese paso\u2013 \u00abque trabajan para un comprador com\u00fan, el editor\u00bb. E incluso en los casos en que la producci\u00f3n material no puede separarse del acto de la creaci\u00f3n se observa el mismo fen\u00f3meno tanto en los establecimientos de ense\u00f1anza, donde el profesor se convierte en mero obrero asalariado, como en otros campos, se\u00f1aladamente en el del teatro o las salas de conciertos. Cierto es que desde el punto de vista de su peso global en el conjunto del sistema capitalista de entonces estos fen\u00f3menos de mercantilizaci\u00f3n, conversi\u00f3n del trabajo literario y art\u00edstico en productivo y correspondiente asalarizaci\u00f3n de literatos y artistas en dependencia de un mercado, le parecen a Marx \u00abepisodios insignificantes\u00bb o que \u00abno acaban de encajar en la producci\u00f3n capitalista propiamente dicha\u00bb, lo cual no quita para que juzgue algunas de esas \u00abformas de transici\u00f3n\u00bb como actividades en las que la explotaci\u00f3n del trabajo adquiere las mayores proporciones.[32]<\/p>\n<p>Ahora bien, esta apreciaci\u00f3n del car\u00e1cter compuesto de la producci\u00f3n inmaterial junto con la observaci\u00f3n de los rasgos nuevos que la organizaci\u00f3n de esta producci\u00f3n va adquiriendo en el capitalismo m\u00e1s maduro comportan <em>una cierta modificaci\u00f3n del juicio de Marx sobre la positividad de lo nuevo y la calidad de los productos literarios y art\u00edsticos a que da lugar<\/em>.<\/p>\n<p>En otros contextos en los cuales el universo del discurso no est\u00e1 limitado por el atenerse al sentido restringido, econ\u00f3mico, de \u00abproductividad\u00bb en el capitalismo, esto es, por la decisi\u00f3n de limitarse a decir lo que hay, brota \u2013como es natural\u2013 la valoraci\u00f3n cr\u00edtica. No se trata ya de las manifestaciones inmateriales bajo su aspecto de trabajo productivo o improductivo sino del producto literario y art\u00edstico entendido en sentido amplio, como parte de la vida espiritual bajo el capitalismo. Una primera aproximaci\u00f3n a esta problem\u00e1tica se hace desde el punto de vista global \u2013y expreso\u2013 dado por la situaci\u00f3n y las necesidades del proletariado en tanto que clase universal.<\/p>\n<p>Desde ella las cinco primeras d\u00e9cadas del siglo XIX aparecen corno un todo contradictorio en el que los incesantes <em>progresos<\/em> de la ciencia, de las fuerzas industriales y la t\u00e9cnica conviven con evidentes s\u00edntomas de <em>decadencia<\/em>: de un lado las m\u00e1quinas que acortan el trabajo humano, de otro el hambre y el agotamiento del trabajador; de un lado nuevas fuentes de riqueza, de otro nuevas privaciones; de un lado el progreso t\u00e9cnico, de otro la p\u00e9rdida de cualidades morales; de un lado la profundizaci\u00f3n del dominio sobre la naturaleza, de otro la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre; de un lado la ciencia, de otro la ignorancia; de un lado humanizaci\u00f3n de las fuerzas materiales, de otro alienaci\u00f3n y embrutecimiento, miseria material y ps\u00edquica[33].<\/p>\n<p>La consecuencia de este todo contradictorio en el individuo humano es tambi\u00e9n doble y conflictiva: alienaci\u00f3n universal, pero tambi\u00e9n universalidad y omnilateralidad de sus relaciones y capacidades. El punto de vista proletario ante tal situaci\u00f3n consiste para Marx en comprender el todo en su articulaci\u00f3n contradictoria no para quedarse en la positivista justificaci\u00f3n de los progresos que son al mismo tiempo decadencia ni para a\u00f1orar la aparente (aparente por restringida, por imposibilidad material de desarrollo omnilateral) plenitud del individuo de otros tiempos, sino para reconocer y alentar en ese todo contradictorio a \u00abnuestro buen amigo Robin Goodfellow, el viejo topo que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revoluci\u00f3n\u00bb[34]. (Donde se aprecia, por cierto, que el \u00abbuen amigo\u00bb, el \u00abviejo topo\u00bb no es el mero desarrollo de las contradicciones dadas con independencia de los sujetos \u2013como se pretende a veces\u2013 sino el trabajo revolucionario, el cual, seg\u00fan se afirma en la continuaci\u00f3n de ese paso, tiene un \u00abagente ejecutor\u00bb.)<\/p>\n<p>Es claro que la acentuaci\u00f3n desequilibrada y unilateral de uno solo de los elementos resultantes de ese todo contradictorio puede permitir fundar ah\u00ed tanto una po\u00e9tica del productivismo como una po\u00e9tica de la decadencia. Y de hecho en la medida en que una y otra se han dado realmente en los marxismos posteriores a Marx \u00e9stas tratan de inspirarse en desarrollos sueltos del propio Marx en los que por comodidad anal\u00edtica o por otras causas acentu\u00f3 alternativamente la grandeza de la ciencia, la t\u00e9cnica y las fuerzas industriales burguesas o, por el contrario, la cosificaci\u00f3n, el embrutecimiento y la decadencia en esta sociedad. Sin duda hay pasos en el Marx posterior a 1850 en los que parece invertirse literalmente la opini\u00f3n manifestada en la <em>Ideolog\u00eda alemana<\/em> acerca de la mejor calidad de los productos literarios como consecuencia de la organizaci\u00f3n de la industria cultural. As\u00ed, por ejemplo, cuando afirma en general que la producci\u00f3n capitalista es hostil a ciertas manifestaciones de tipo art\u00edstico como el arte y la poes\u00eda.[35] Y son por otra parte muchos los testimonios de que con el tiempo fue acentuando la cr\u00edtica de los aspectos negativos en los planos cultural y moral de la civilizaci\u00f3n industrial capitalista. Esto explica su inter\u00e9s por la etnolog\u00eda, por el estudio de los efectos destructivos del empleo de la qu\u00edmica en agricultura y por las consecuencias sociales de la disoluci\u00f3n de las comunas aldeanas. Tambi\u00e9n tiene relaci\u00f3n con esto su repetida afirmaci\u00f3n, referida a varios movimientos pol\u00edticos e intelectuales, de que lo que empieza siendo aut\u00e9ntica tragedia acaba en farsa o en trivialidad. Engels sigui\u00f3 una evoluci\u00f3n muy parecida, como puede comprobarse por su reivindicaci\u00f3n de Rousseau y de Fourier en el <em>Anti-D\u00fchring<\/em>, por el tono con que escribe <em>El origen de la familia<\/em> y particularmente, en esta \u00faltima obra, acerca de la plenitud del hombre (dicho con m\u00e1s precisi\u00f3n: de los grandes hombres) del Renacimiento, y por cierta tendencia a ver metamorfosis regresivas en la historia de las ideas[36].<\/p>\n<p>Pero en Marx la acentuaci\u00f3n de la cr\u00edtica de los <em>males del siglo<\/em> no llega a desequilibrar el esquema dial\u00e9ctico antes aludido. Esto es patente en sus referencias al principio rom\u00e1ntico y particularmente en relaci\u00f3n con cuestiones literarias y art\u00edsticas. En l\u00edneas generales Marx ha considerado que una de las consecuencias del desarrollo contradictorio del capitalismo en su fase maquinista es que la visi\u00f3n rom\u00e1ntica, a\u00f1orante del pasado, acompa\u00f1ar\u00e1 siempre, mientras \u00e9ste dure, al punto de vista opuesto que pretende justificar y eternizar el sistema. Basta con repasar la historia del arte y de la literatura en el medio cultural euroamericano desde el momento en que eso est\u00e1 escrito para conceder verdad a tal apreciaci\u00f3n. S\u00f3lo que ya el propio Marx, quien ve\u00eda inicialmente en el principio rom\u00e1ntico \u2013en su versi\u00f3n alemana\u2013 la b\u00fasqueda de un refugio que alterna el aprecio de lo maravilloso con la tendencia al misticismo, pudo distinguir en el desarrollo de esta concepci\u00f3n varias fases. As\u00ed en este paso de una carta a Engels: \u00abSucede en la historia humana como en la paleontolog\u00eda. Cosas que se hallan bajo nuestra nariz no son en principio percibidas ni siquiera por los esp\u00edritus m\u00e1s eminentes, y esto a causa de <em>a certain judicial blindness<\/em>. M\u00e1s tarde, cuando el tiempo es llegado, uno se asombra de que lo que vio antes aparezca por doquier. La primera reacci\u00f3n contra la Revoluci\u00f3n francesa y la obra emancipadora con ella relacionada ha sido, naturalmente, la de ver de manera medievalesca, rom\u00e1ntica, todas las cosas ( &#8230; ). La segunda reacci\u00f3n \u2013y esto corresponde a la direcci\u00f3n socialista, aunque estos sabios no suponen ni el camino que toman\u2013 la de mirar por encima de la Edad Media hacia las \u00e9pocas primitivas de cada pueblo. Entonces se sorprenden de hallar lo m\u00e1s nuevo en lo que m\u00e1s antiguo, hasta <em>egalitarians to a degree<\/em> que estremecer\u00eda a Proudhon\u00bb.[37]<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente aquel concepto general de las relaciones entre producci\u00f3n material y manifestaciones espirituales as\u00ed como esta estimaci\u00f3n m\u00e1s particularizada del proceso evolutivo del capitalismo en su fase maquinista tienen su conexi\u00f3n con las preferencias literarias del propio Marx. Y, en efecto, la plasmaci\u00f3n realista de las relaciones sociales en su cotidianeidad ha sido uno de los aspectos apreciados por Marx en algunas de las obras literarias de su preferencia. Suele aducirse a este respecto su elogio de <em>La comedia humana<\/em> y de otras novelas de Balzac, as\u00ed como su gusto por los relatos de Walter Scott en los que se trata el pasado feudal con cierta iron\u00eda distanciada. No obstante, las preferencias literarias de Marx no se explican en modo alguno exclusivamente a partir de ah\u00ed ni tampoco <em>s\u00f3lo<\/em> por la proximidad del artista o del literato apreciado a los problemas, necesidades y sentimientos de las clases trabajadoras, aunque esta proximidad es un factor que sin duda cuenta en su estima de la l\u00edrica del poeta escoc\u00e9s Robert Burns o de los poetas alemanes que en la d\u00e9cada de los cuarenta estuvieron m\u00e1s vinculados a la causa del socialismo: Georg Weerth, Georg Herwegh, Ferdinard Freiligrath y sobre todo Heinrich Heine. Con todo, la constancia de su aprecio por Heine, incluso en los que a\u00f1os en que \u00e9ste se hab\u00eda convertido ya en el poeta derrotado f\u00edsica y moralmente que se queda en el colorismo y adula la vulgaridad, hay que buscarla en el alto concepto que Marx ten\u00eda de la amistad as\u00ed como tambi\u00e9n en la extendida idea, compartida por \u00e9l mismo, de que los poetas son tipos extra\u00f1os a los que debe dejarse recorrer su propio camino.[38]<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, los cl\u00e1sicos griegos, Dante, Cervantes, Shakespeare y Goethe \u2013tan le\u00eddos y recordados por Marx\u2013 eran ya patrimonio com\u00fan de la intelectualidad alemana culta de la \u00e9poca, y su intento de explicaci\u00f3n de la permanencia del placer est\u00e9tico que proporcionan los cl\u00e1sicos griegos apunta a un motivo muy querido por varias de las corrientes rom\u00e1nticas de entonces, a un motivo que tiene que ver m\u00e1s con las <em>Kinderszenen<\/em> de Schumann que con las consideraciones sociologistas habituales luego. La atracci\u00f3n que sinti\u00f3 por <em>La vida es sue\u00f1o<\/em> \u2013otra preferencia muy compartida y no s\u00f3lo por los rom\u00e1nticos alemanes, como lo prueba la <em>Defense of Poetry<\/em> de Percy Bysshe Shelley\u2013 dif\u00edcilmente pod\u00eda fundarse en la ideolog\u00eda de Calder\u00f3n sino con toda seguridad en la calidad de su lengua y tal vez tambi\u00e9n en la sonoridad de los versos calderonianos, cosa esta \u00faltima especialmente apreciable para un hombre de gran memoria que los usa, con iron\u00eda, en la elaboraci\u00f3n de los propios ripios, seg\u00fan cuenta Franziska Kugelrnann en un testimonio por otra parte emocionado[39].<\/p>\n<p>Pero ya estas referencias incitan a una primera observaci\u00f3n de orden general: de la misma manera que en su an\u00e1lisis del capitalismo Marx evita las visiones unilaterales que identifican \u00e9ste con un proceso hist\u00f3rico lineal, sea progresivo o decadente, y opone a ellas la consideraci\u00f3n del todo en los t\u00e9rminos antes mencionados, as\u00ed tambi\u00e9n por lo que hace a la est\u00e9tica rechaza los pasos m\u00e1s nost\u00e1lgicos de la teor\u00eda de Vischer (aquellos en los que \u00e9ste habla de la imprenta como del primer invento a partir del cual se ve con claridad que la cultura y la est\u00e9tica se encuentran en una relaci\u00f3n de desarrollo inverso)[40] distinguiendo en cambio en las corrientes rom\u00e1nticas entre el mero gusto formalista por el retorno del pasado y la veracidad de la rebeli\u00f3n no exenta de originalidad formal. Dicho brevemente: <em>los criterios positivos por los que se rige esta distinci\u00f3n, y, en suma, las preferencias literarias de Marx, son la veracidad, la iron\u00eda y la sensibilidad en la captaci\u00f3n del conflicto tr\u00e1gico<\/em>. No hay ah\u00ed desprecio por lo que habitualmente se entiende por forma, sino por la grandilocuencia y el formalismo verbal de los ep\u00edgonos, como se ve por ejemplo en la comparaci\u00f3n del nuevo estilo de Jean Paul Richter con los <em>Latter-Day Pamphlets<\/em>, en una nota dedicada a Thomas Carlyle, o en la constancia de su aprecio por ciertos poemas de Adalbert von Chamisso y de Friedrich R\u00fcckert, el cual se contrapone a la idolatr\u00eda de la \u00abforma cuidada\u00bb entre los posteriores \u00abpoetas profesionales\u00bb[41].<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el disgusto que le produce a Marx la grandilocuencia, la falsa profundidad, el \u00absentimentalismo distinguido\u00bb, el \u00abpatetismo demostrativo\u00bb y el formalismo verbal o la exageraci\u00f3n bizantina, as\u00ed como el desprecio por la inautenticidad y por la deformaci\u00f3n de la historia pasada, componen juntos la raz\u00f3n principal (aunque no sea la \u00fanica) de su juicio negativo sobre Chateaubriand: \u00abun escritor por el que siempre he sentido repulsi\u00f3n\u00bb; de su preferencia por Shelley en la comparaci\u00f3n con Byron; de la advertencia a Lassalle acerca del peligro de la schillerizaci\u00f3n, esto es, de la \u00abtransformaci\u00f3n de los individuos en simples portavoces del esp\u00edritu de la \u00e9poca\u00bb; de la cr\u00edtica al romanticismo conservador ingl\u00e9s; de su sorpresa por el \u00e9xito popular de algunas de las \u00f3peras de Wagner, etc\u00e9tera. En todas estas apreciaciones, positivas o negativas pero casi siempre tangenciales \u2013vale la pena repetirlo\u2013, hay un criterio general en el que se entrelazan la valoraci\u00f3n de la tem\u00e1tica del artista, la consideraci\u00f3n del punto de vista de \u00e9ste o del literato en las luchas sociales y la atenci\u00f3n a la lengua po\u00e9tica. Lo cual, unido a las anteriores observaciones en torno al lugar del trabajo art\u00edstico en la producci\u00f3n, no es poco, trat\u00e1ndose de un cient\u00edfico y pol\u00edtico revolucionario. Pero es tambi\u00e9n insuficiente para extraer de ello una est\u00e9tica sistem\u00e1tica o una po\u00e9tica en sentido propio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo: Elogio de Marx en el 125 aniversario de su muerte<\/h3>\n<p><em>Incluido en FFB, <\/em>Marx a contrarriente. En el bicentenario del nacimiento del autor de<em> El capital, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2018, pp. 291-295.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque hoy no se lea tanto a Marx como se le le\u00eda hace unas d\u00e9cadas, todav\u00eda las personas cultas consultadas en Inglaterra, el pa\u00eds en que vivi\u00f3 durante su madurez y en el que muri\u00f3, siguen consider\u00e1ndole el fil\u00f3sofo m\u00e1s importante de la historia. Esto suena a paradoja. Primero porque, hablando con propiedad, como recordaba hace poco Toni Dom\u00e9nech, Marx fue m\u00e1s cient\u00edfico social que fil\u00f3sofo. Y despu\u00e9s porque esa consideraci\u00f3n choca con lo que muchos intelectuales encumbrados por los principales medios de manipulaci\u00f3n de masas vienen diciendo en los \u00faltimos tiempos sobre el marxismo.<\/p>\n<p>Pero seguramente tambi\u00e9n esta paradoja tiene su explicaci\u00f3n: la mayor\u00eda de las personas cultas saben hoy que la filosof\u00eda se ha <em>mundanizado<\/em>, que el filosofar de nuestro tiempo es inseparable de la ciencia social y que Marx fue precisamente uno de los primeros pensadores en llamar la atenci\u00f3n, ya en el siglo XIX, sobre la importancia de esas cosas. Se comprende, por tanto, que se valore su filosofar, aquella filosof\u00eda de la praxis elaborada por Marx en conexi\u00f3n con la econom\u00eda, la sociolog\u00eda y la teor\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, para los nuevos esclavos de la \u00e9poca de la econom\u00eda global (que, seg\u00fan estad\u00edsticas recientes, andar\u00e1n rondando los cien millones), para los proletarios que est\u00e1n obligados a ver el mundo desde abajo (un tercio de la humanidad) y para otros cuantos millones de personas sensibles que, sin ser pobres o proletarios, han decidido mirar el mundo con los ojos de estos otros (y sufrirlo con ellos), el viejo Marx todav\u00eda tiene cosas que decir. Incluso despu\u00e9s de que su busto cayera de los pedestales que para su culto construyeron los adoradores de otros tiempos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cosas son esas? \u00bfQu\u00e9 puede quedar vigente en la obra del viejo Marx despu\u00e9s de que renegaran de \u00e9l quienes hab\u00edan construido estados y partidos en su nombre?<\/p>\n<p>Aunque Marx sea ya un cl\u00e1sico del pensamiento socio-econ\u00f3mico y del pensamiento pol\u00edtico, todav\u00eda no es posible contestar a esas preguntas al gusto de todos, como las contestar\u00edamos, tal vez, en el caso de alg\u00fan otro cl\u00e1sico literario de los que caben en el canon. Y no es posible, porque Marx fue un cl\u00e1sico con un punto de vista muy expl\u00edcito en una de las cosas que m\u00e1s dividen a los mortales: la valoraci\u00f3n de las luchas entre las clases sociales.<\/p>\n<p>Esto obliga a una restricci\u00f3n cuando se quiere hablar de lo que todav\u00eda haya de vigente en Marx. Y la restricci\u00f3n es gruesa. Hablaremos de vigencia s\u00f3lo para los que siguen viendo el mundo desde abajo, con los ojos de los desgraciados, de los esclavos, de los proletarios, de los humillados y ofendidos de la Tierra. No hace falta ser marxista para tener esa mirada, por supuesto. Bastar\u00eda con algo de lo que no andamos muy sobrados \u00faltimamente: <em>compasi\u00f3n<\/em> para con las v\u00edctimas de la globalizaci\u00f3n neoliberal (que es a la vez capitalista, precapitalista y posmoderna). Pero algo de marxismo sigue haciendo falta para que la compasi\u00f3n no se quede en jeremiada, para pasar de la compasi\u00f3n a la acci\u00f3n racionalmente fundada.<\/p>\n<p>Para quienes as\u00ed piensan, aunque no siempre tengan voz, Marx sigue tan vigente como Shakespeare o Cervantes para los amantes de la literatura. Y sus razones tienen. Voy a dar aqu\u00ed algunas de las razones de estos seres sin nombre que, por lo general, s\u00f3lo aparecen en nuestros <em>media<\/em> debajo de las estad\u00edsticas y en las p\u00e1ginas de sucesos.<\/p>\n<p>Marx dijo que aunque el capitalismo ha creado por primera vez en la historia la base t\u00e9cnica para la liberaci\u00f3n de la humanidad, sin embargo, por su misma l\u00f3gica interna, este sistema amenaza con <em>transformar las fuerzas de producci\u00f3n en fuerzas de destrucci\u00f3n<\/em>. Y ah\u00ed seguimos a\u00fan. El capitalismo ha cambiado en muchos aspectos sustanciales, pero aquella amenaza se ha hecho a\u00fan m\u00e1s patente.<\/p>\n<p>Marx dijo que todo progreso de la agricultura capitalista es un progreso no s\u00f3lo en el arte de depredar al trabajador sino tambi\u00e9n, y al mismo tiempo, en el arte de depredar el suelo; y que todo progreso en el aumento de la fecundidad de la tierra para un plazo determinado es al mismo tiempo un \u00abprogreso\u00bb en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad. Ahora, gracias a la ecolog\u00eda y al ecologismo social, sabemos m\u00e1s de esa ambivalencia, pero los millones de campesinos proletarizados que sufren por ella en el mundo han aumentado.<\/p>\n<p>Marx dijo que la causa principal de la amenaza que transforma las fuerzas productivas en fuerzas destructivas y mina as\u00ed las fuentes de toda riqueza es la l\u00f3gica del beneficio privado, la tendencia a valorarlo todo en dinero, el vivir en las \u00abg\u00e9lidas aguas del c\u00e1lculo ego\u00edsta\u00bb. Millones de seres humanos, en \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica, sobre todo, experimentan hoy que esas aguas son peores, en todos los sentidos (no s\u00f3lo el metaf\u00f3rico) que las que tuvieron hace a\u00f1os. Lo confirman los informes anuales de la ONU y otros organismos internacionales sobre la situaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Marx dijo que el car\u00e1cter ambivalente del progreso tecno-cient\u00edfico se acent\u00faa de tal manera bajo el capitalismo que obnubila las conciencias de los hombres, aliena al trabajador en primera instancia y a gran parte de la especie por derivaci\u00f3n; y que en este sistema \u00ablas victorias de la ciencia parecen pagarse con la p\u00e9rdida de car\u00e1cter y con el sometimiento de los hombres por otros hombres o por su propia vileza\u00bb. Lo dijo con pesar, porque \u00e9l era un amante de la ciencia y de la t\u00e9cnica. Pero, visto lo visto en el siglo XX, tambi\u00e9n ah\u00ed acert\u00f3.<\/p>\n<p>Marx dijo que la obnubilaci\u00f3n de la conciencia y la extensi\u00f3n de las alienaciones producen la cristalizaci\u00f3n repetitiva de las formas ideol\u00f3gicas de la cultura, en particular de dos de sus formas: la legitimaci\u00f3n positivista y acr\u00edtica de lo existente y la a\u00f1oranza rom\u00e1ntica y religiosa. Ojeo los peri\u00f3dicos de nuestro tiempo y me veo, y veo a los pobres desgraciados, ah\u00ed mismo, en la misma noria, entre esas dos formas: repitiendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles o jaleando por millones a Papas, Emires y Predicadores que condenan los anticonceptivos en la \u00e9poca del SIDA y consumiendo entre millones la \u00faltima nader\u00eda.<\/p>\n<p>Marx dijo que para acabar con esa noria exasperante de las formas ideol\u00f3gicas, repetitivas y alienantes de la cultura burguesa hac\u00edan falta una revoluci\u00f3n y otra cultura. No lo dijo ni por amor a la violencia ni por desprecio de la alta cultura burguesa, sino con la convicci\u00f3n propia del historiador, a saber: que los de arriba no ceden graciosamente los privilegios alcanzados; y con el convencimiento, adem\u00e1s, de que los de abajo tambi\u00e9n tienen derecho a la cultura. No fue el \u00fanico en decir eso, pero fue el que mejor y m\u00e1s claro lo dijo en su tiempo.<\/p>\n<p>Como Marx s\u00f3lo conoci\u00f3 los comienzos de la globalizaci\u00f3n capitalista y era, adem\u00e1s, una pizca euroc\u00e9ntrico, cuando hablaba de revoluci\u00f3n pensaba en Europa. Y cuando hablaba de cultura pensaba en la proletarizaci\u00f3n de la cultura ilustrada. Ahora, para hablar con propiedad, habr\u00eda que hablar de la necesidad de una revoluci\u00f3n mundial, no s\u00f3lo europea. Y para hablar de cultura, habr\u00eda que valorar lo que ha habido de bueno en las culturas de los pueblos que \u00e9l consideraba \u00absin historia\u00bb. Quiz\u00e1s porque, de momento, no parece que se pueda hablar en serio de esto (o porque lo que sigui\u00f3 a las revoluciones deshonr\u00f3 el pensamiento de Marx) mucha gente vuelve hoy sus ojos nuevamente hacia las religiones, las cuales siguen siendo \u2013no se olvide\u2013 algo parecido a lo que Marx pensaba de ellas: el suspiro de la criatura abrumada, el sentimiento de un mundo sin coraz\u00f3n, el esp\u00edritu de los tiempos sin esp\u00edritu.<\/p>\n<p>A esa mirada cient\u00edfico-filos\u00f3fica sobre el mundo desde abajo la llam\u00f3 Marx <em>materialismo hist\u00f3rico<\/em>. No cabe duda de que, como Homero, Marx tambi\u00e9n dorm\u00eda a veces, sobre todo, como digo, la siesta eurocentrista; ni de que en su nombre se han hecho muchas barbaridades. Pero lo que hicieron otros en su nombre es cosa de esos otros. Tampoco hay duda de que, desde que \u00e9l muri\u00f3, han surgido otras miradas, tal vez m\u00e1s laicas y m\u00e1s finamente expresadas. La pregunta, ciento veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s, podr\u00eda ser esta: \u00bfhemos producido, mientras tanto, algo que d\u00e9 m\u00e1s esperanza a los que no tienen nada? Y si no es as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 tiene de extra\u00f1o el que incluso en el hogar cl\u00e1sico del capitalismo (y del liberalismo y del republicanismo moderno) se piense ahora, frente a lo que piensan los letratenientes, que Marx fue el m\u00e1s grande de los fil\u00f3sofos de la historia? \u00bfNo ser\u00e1 que los an\u00f3nimos a los que se pide ahora su opini\u00f3n han entendido mejor que los letratenientes lo que significa filosof\u00eda <em>mundanizada<\/em>, o sea, bajar los humos al viejo filosofar para volver a verlo \u00abpobre y desnudo\u00bb, como quer\u00eda Dante?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<p>[1] NE. Es el t\u00edtulo que el autor le dio para la inclusi\u00f3n de \u00abNuestro Marx\u00bb en su libro <em>Discursos para insumisos discretos<\/em>, Madrid: Ediciones Libertarias, 1993, pp. 203-233.<br \/>\n[2] NE. Una nota guardada por el autor: Mientras tanto, a menudo me parece\/ mejor dormir que estar as\u00ed, sin compa\u00f1eros,\/ que aguardar as\u00ed;\/ y qu\u00e9 hacer, mientras tanto, y qu\u00e9 decir\/ no s\u00e9, y \u00bfpara qu\u00e9 poetas en tiempo menesteroso) H\u00f6lderlin, <em>Pan y vino<\/em>, VII.<br \/>\n[3] NE. Ninguna ruptura epistemol\u00f3gica, seg\u00fan decir de Althusser y su escuela de pensamiento marxista.<br \/>\n[4] Sobre esto he escrito con alg\u00fan detalle en <em>La ilusi\u00f3n del m\u00e9todo. Ideas para un racionalismo bien temperado<\/em>. Barcelona, Cr\u00edtica, 1991.<br \/>\n[5] NE. Referencia a Paul K. Feyerabend.<br \/>\n[6] NE. Referencia al Pr\u00f3logo que Sacrist\u00e1n escribi\u00f3 para su traducci\u00f3n del <em>Anti-D\u00fchring<\/em>. Puede verse ahora en M. Sacrist\u00e1n, <em>Sobre dial\u00e9ctica<\/em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2009.<br \/>\n[7] Para la precisi\u00f3n: <em>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica del marxismo cientificista<\/em>. Barcelona: Ediciones de la Universitat de Barcelona, 1984.<br \/>\n[8] Lo he argumentado en \u00abEvoluci\u00f3n de las opiniones de Karl Marx sobre Rusia\u00bb, I y II, <em>mientras tanto<\/em>, n\u00ba 19 y 20 (Barcelona, julio y octubre de 1984).<br \/>\n[9] V\u00e9ase m\u00e1s adelante \u00abMarxismo y crisis de civilizaci\u00f3n\u00bb. Y para el detalle: \u00abUtop\u00eda y vocaci\u00f3n cient\u00edfica en la representaci\u00f3n socialista moderna de la sociedad capitalista\u00bb, en AAVV, <em>Representaciones de la sociedad en la historia<\/em>. Valladolid, Instituto Simancas, 1991.<br \/>\n[10] Ve\u00e1sela en <em>Poemas ap\u00e1tridas<\/em>, Barcelona, Anagrama, 1978.<br \/>\n[11]. H. M. Enzensberger, <em>Conversaciones con Marx y Engels<\/em>, 2 vol\u00famenes, trad. castellana: Barcelona, Anagrama, 1974.<br \/>\n[12]. De su inter\u00e9s por Bach da cuenta Franziska Kugelman: \u00abPor aquel entonces nos encontr\u00e1bamos en los primeros d\u00edas de Semana Santa y mis padres le rogaron que el Viernes Santo escuchara con ellos la Pasi\u00f3n seg\u00fan San Mateo, de Bach. Marx lament\u00f3 no poder asistir a la audici\u00f3n, a pesar de que era un gran entusiasta de la m\u00fasica en general y de Bach en particular, pero el Jueves Santo a m\u00e1s tardar deb\u00eda proseguir viaje\u00bb. De cierto prurito nacionalista en sus preferencias musicales informa W. Liebknecht: \u00abMarx solt\u00f3 unas parrafadas de entusiasta alabanza a la ciencia y la m\u00fasica alemanas, afirmando que ning\u00fan otro pa\u00eds hab\u00eda sido capaz de engendrar m\u00fasicos como Beethoven, Mozart, Handel y Haydn; que los ingleses, los cuales no ten\u00edan m\u00fasica, se encontraban en el fondo muy por debajo de los alemanes, etc.\u00bb. El testimonio es de abril de 1854. Luego la opini\u00f3n de Marx debi\u00f3 cambiar algo, a juzgar por sus referencias despectivas a Wagner y al p\u00fablico alem\u00e1n que lo aclamaba cada a\u00f1o. Los testimonios de la Kugelmann y de Liebknecht est\u00e1n tambi\u00e9n en la obra citada de H. M. Enzensberger.<br \/>\n[13] G. Luk\u00e1cs, \u00abKarl Marx y Friedrich Theodor Vischer\u00bb, en <em>Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica<\/em>, trad. castellana: M\u00e9xico, Grijalbo, 1965. Antes de Luk\u00e1cs hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n sobre este punto M. A. Lifschitz.<br \/>\n[14] La edici\u00f3n rusa apareci\u00f3 en 1937. Lifschitz hab\u00eda publicado ya varios art\u00edculos sobre Marx y la est\u00e9tica desde principios de los a\u00f1os treinta. Sus trabajos se\u00f1alan el comienzo de una preocupaci\u00f3n sistem\u00e1tica por el tema. El pr\u00f3logo de Luk\u00e1cs a su recopilaci\u00f3n de art\u00edculos de Marx y Engels sobre arte y literatura est\u00e1 traducido al castellano en la edici\u00f3n de estos escritos publicada en La Habana (1965); tambi\u00e9n en A. S\u00e1nchez V\u00e1zquez, <em>Est\u00e9tica y marxismo<\/em>, 1, M\u00e9xico, Era, 1970.<br \/>\n[15] G. Luk\u00e1cs, \u00abIntroducci\u00f3n a los escritos est\u00e9ticos de Marx y Engels\u00bb, en <em>Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica<\/em>, ed. castellana cit., p\u00e1g. 232.<br \/>\n[16] K. Marx\/F. Engels, <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>, trad. castellana: Barcelona, Grijalbo, 1970, p\u00e1gs. 468-469.<br \/>\n[17] En ese sentido va la observaci\u00f3n de M. Sacrist\u00e1n sobre los art\u00edculos dedicados por Marx a los acontecimientos pol\u00edticos de Espa\u00f1a: K. Marx\/F. Engels, <em>Revoluci\u00f3n en Espa\u00f1a<\/em>, trad. castellana: Barcelona, Ariel, 1970 (3\u00aa ed.). La observaci\u00f3n de M. S. est\u00e1 en el pr\u00f3logo, p. 14 [NE: Incluido en el primer volumen de <em>Panfletos y Materiales: Sobre Marx y marxismo<\/em>]. Lo mismo podr\u00eda decirse del m\u00e9todo puesto en pr\u00e1ctica por Marx en <em>El 18 Brumario de Luis Bonaparte<\/em>.<br \/>\n[18] K. Marx, <em>L\u00edneas fundamentales de la critica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em>, Introducci\u00f3n, OME-21, pp. 34-36.<br \/>\n[19] Se trata de la obra de \u00e9ste <em>Cours d&#8217;\u00e9conomie politique, ou exposition des principes qui d\u00e9terminent la prosp\u00e9rit\u00e9 des nations<\/em>, Par\u00eds, 1823.<br \/>\n[20] Recogido en K. Marx\/F. Engels, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em>, selecci\u00f3n castellana de V. Bozal: Madrid, Alberto Coraz\u00f3n Editor, 1976, pp. 86-87.<br \/>\n[21] Informa sobre esto G. Luk\u00e1cs en <em>Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica<\/em> cit., pp. 264-265. M\u00e1s datos al respecto en M. Rubel, <em>Chronologie de Marx<\/em>, Par\u00eds, Gallimard, 1963 (hay traducci\u00f3n castellana: Barcelona, Anagrama, 1972). La petici\u00f3n de Ch. Dana consist\u00eda en que Marx escribiera la voz \u00abEst\u00e9tica\u00bb de la <em>New American Cyclopaedia<\/em> en una p\u00e1gina. En junio de 1857 Marx consultaba la <em>Est\u00e9tica<\/em> de Vischer. De una carta de Marx a Engels en esas fechas se deduce que el primero consider\u00f3 imposible desarrollar el tema en una p\u00e1gina. En agosto, escrib\u00eda, en cambio, la Introducci\u00f3n a los <em>Grundrisse<\/em> que termina con el apunte sobre el arte griego.<br \/>\n[22] M. Sacrist\u00e1n ha sugerido una explicaci\u00f3n para esto: \u00abEsta met\u00f3dica (la de Marx) aspira a presentar los hechos \u2013una vez establecidos ellos mismos y averiguada su interconexi\u00f3n\u2013 reflejando \u00absu vida\u00bb. El s\u00edmil organicista sugiere que este m\u00e9todo que quiere presentar un contenido de tal modo que no s\u00f3lo quede fundamentado emp\u00edricamente y no s\u00f3lo se sostenga con consistencia te\u00f3rica, sino que cuenta, adem\u00e1s, con otra conexi\u00f3n sobrea\u00f1adida, tiene mucho que ver con el modo de trabajar del artista\u00bb (\u00abEl trabajo cient\u00edfico de Marx y su noci\u00f3n de ciencia\u00bb, <em>mientras tanto<\/em>, 2, enero\/febrero de 1980, p. 74) [NE: Reedici\u00f3n en Montesinos, 2021].<br \/>\n[23] El 19-12-1860 Marx escribe a Engels: \u00abPor m\u00e1s que expresado toscamente a la inglesa he aqu\u00ed el libro que contiene los fundamentos hist\u00f3rico-naturales de nuestra manera de ver\u00bb. Y el 16-1-1861 a Lasalle: \u00abLa obra de Darwin es muy importante y para m\u00ed es apta como base en las ciencias naturales de la historia de la lucha de clases. Naturalmente, hay que dejar a un lado la tosca manera inglesa de exposici\u00f3n\u00bb. Las dos cartas repiten casi literalmente una apreciaci\u00f3n anterior de Engels (carta a Marx del 12-12-1859).<br \/>\n[24] K. Marx, <em>El Capital<\/em>, OME-40, p. 16 (Ep\u00edlogo a la segunda edici\u00f3n).<br \/>\n[25] Carta a Engels del 31-7-1865, reproducida parcialmente en K. Marx\/F. Engels, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em>, ed. cit., p. 43. La carta, adem\u00e1s de expresar la angustia de Marx por su situaci\u00f3n econ\u00f3mica, muestra una vez m\u00e1s que la preocupaci\u00f3n por la forma es muy central. En ella Marx hace un balance optimista de su propio trabajo cient\u00edfico: \u00abMe quedan por escribir tres cap\u00edtulos para finalizar la parte te\u00f3rica; despu\u00e9s de lo cual tendr\u00e9 que escribir el cuarto libro, la historia de la literatura, lo que es relativamente la parte m\u00e1s f\u00e1cil, puesto que todos los problemas son resueltos en los tres primeros libros, siendo el cuarto m\u00e1s bien una repetici\u00f3n de los otros bajo una forma hist\u00f3rica\u00bb. Pese a lo cual, sigue retrasando la publicaci\u00f3n, precisamente porque busca el \u00abtodo art\u00edstico\u00bb. Sobre esto tambi\u00e9n M. Rubel, <em>Chronologie de Marx<\/em> cit. En el contexto mencionado en la nota 11, M. Sacrist\u00e1n da la traducci\u00f3n de la continuaci\u00f3n del paso mencionado, la cual permite relacionar la b\u00fasqueda del todo art\u00edstico con el modo de exposici\u00f3n del m\u00e9todo dial\u00e9ctico: \u00abEso es imposible con el m\u00e9todo de Jacob Grimm, el cual es, desde luego, mejor para escritos que no sean una articulaci\u00f3n dial\u00e9ctica\u00bb.<br \/>\n[26] La descripci\u00f3n procede de los recuerdos personales de Paul Lafargue publicados por <em>Die Neue Zeit<\/em> en 1891. Cf. K. Marx\/f. Engels, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em> cit., Ap\u00e9ndice, p. 195. Tambi\u00e9n H. M. Enzensberger, <em>Conversaciones con Marx y Engels<\/em>, ed. cit., tomo 1, p. l77. El relato de Balzac parece, efectivamente, haber impresionado a Marx puesto que \u00e9l mismo recomienda su lectura \u2013y la de <em>Melmoth r\u00e9concili\u00e9<\/em>\u2013 en una carta a Engels del 25 de febrero de 1867 con este comentario: \u00abSon dos peque\u00f1as <em>chefs d&#8217;oeuvre<\/em>, plenas de una deliciosa iron\u00eda\u00bb.<br \/>\n[27] A C. Schmidt (27-10-1890): \u00abPor tanto, si Barth cree que negamos todas y cada una de las repercusiones de los reflejos pol\u00edticos, etc. del movimiento econ\u00f3mico sobre este mismo movimiento econ\u00f3mico, lucha contra molinos de viento\u00bb. A J. Bloch (21-9-1890): \u00abSeg\u00fan la concepci\u00f3n materialista de la historia, el factor que en \u00faltima instancia determina la historia es la producci\u00f3n y la reproducci\u00f3n de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca m\u00e1s que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor econ\u00f3mico es el \u00fanico determinante convertir\u00e1 aquella tesis en una frase vac\u00eda, abstracta, absurda\u00bb. A.F. Mehring (14-7-1893): \u00abTodos nosotros hemos cargado por de pronto el acento \u2013y no tuvimos m\u00e1s remedio que cargarlo\u2013 sobre la derivaci\u00f3n de las representaciones ideol\u00f3gicas pol\u00edticas, jur\u00eddicas y de otra naturaleza, as\u00ed como de las acciones mediadas por estas representaciones, a partir de los hechos econ\u00f3micos b\u00e1sicos. Al hacerlo as\u00ed descuidamos el aspecto formal por el del contenido: descuidamos el modo como se originan esas representaciones, etc.\u00bb. Ya Luk\u00e1cs, al comentar la carta de Engels a Mehring, hablaba de \u00abautocr\u00edtica infundada\u00bb y de \u00abdelicada cr\u00edtica al propio Mehring vestida de autocr\u00edtica\u00bb (<em>Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica<\/em> cit., p. 450).<br \/>\n[28] El problema se complica cuando el pensador renovador es a la vez fundador de un movimiento sociopolitico, aunque lo sea parcialmente en contra de su voluntad. Yendo al caso: se pide a Marx una po\u00e9tica sistematizada en funci\u00f3n de los intereses culturales de la clase obrera. Pero esto \u2013por razones varias, entre ellas la que m\u00e1s cuenta: no era tema central para \u00e9l\u2013 no estuvo a su alcance. La opini\u00f3n sobre el Franz von Sickingen de Lassalle permite hacerse una idea relativa a los criterios generales de Marx acerca de la tragedia, pero no generalizar; por otra parte, Marx proyect\u00f3 escribir detenidamente sobre Balzac pero no lleg\u00f3 a hacerlo. De ah\u00ed que aquella petici\u00f3n conlleve el riesgo de convertir en po\u00e9tica desarrollada algunos de los argumentos aclaratorios de ciertas preferencias est\u00e9ticas consideradas como las m\u00e1s adecuadas para las necesidades por satisfacer. Me ocupar\u00e9 con detenimiento de eso en un pr\u00f3ximo trabajo.<br \/>\n[29] En este sentido: <em>Manuscritos de Par\u00eds<\/em>, OME-5, p. 383, y <em>L\u00edneas fundamentales<\/em>, OME-21, volumen primero. V\u00e9ase tambi\u00e9n K. Marx\/F. Engels, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em>, ed. cit., p. 111.<br \/>\n[30] K. Marx\/F. Engels, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em>, ed. cit., p. 85.<br \/>\n[31] <em>Ibidem<\/em>, p. 87.<br \/>\n[32] <em>Ibidem<\/em>, p. 85.<br \/>\n[33] K. Marx, \u00abSpeech at the Anniversary of the People&#8217;s Paper\u00bb (abril de 1856), recogido en <em>Textos<\/em>, ed. cit., pp. 94-95.<br \/>\n[34] <em>Ibidem<\/em>, p. 95. La misma idea en el manuscrito de 1857-1858 conocido como <em>L\u00edneas fundamentales<\/em>, OME-21, volumen primero, pp. 89-90.<br \/>\n[35] <em>Ibidem<\/em>, p. 87.<br \/>\n[36] As\u00ed, por ejemplo, en la carta (16-4-1869) en que comunica a Marx el env\u00edo de un ejemplar de <em>Le neveu de Rameau<\/em>: <em>ibidem<\/em>, p. 170.<br \/>\n[37] A Engels (25-3-1868): <em>Ibidem<\/em>, p. 135.<br \/>\n[38] As\u00ed lo ha dejado escrito Eleanor Marx-Eveling, quien subraya que Marx enjuiciaba con la mayor indulgencia las debilidades pol\u00edticas de Heine. Tanto Engels como Marx conoc\u00edan bien esas debilidades. Engels lo compara, en una carta, a Horacio y dice de \u00e9l que \u00aben el fondo es un perro pol\u00edtico tan com\u00fan como el latino\u00bb; pero a\u00f1ade: \u00abpor lo dem\u00e1s, el viejo puerco no deja de resultar bastante amable\u00bb. Y Marx, en carta a Engels (17-1-1855) escrib\u00eda sobre Heine: \u00abCon el miedo de su mala conciencia \u2013porque el viejo perro tiene una memoria monstruosamente buena para todas estas porquer\u00edas (se refiere a un l\u00edo pol\u00edtico de algunos a\u00f1os antes)\u2013 intenta utilizar la adulaci\u00f3n\u00bb. Pese a ello Marx no tuvo con Heine la actitud que le caracteriz\u00f3 para con otros literatos. Sigue escribiendo: \u00ab<em>But let it pass<\/em>\u00bb. Cf. H. M. Enzensberger, <em>Conversaciones<\/em>, cit., p. 48 para el testimonio de Eleanor y p. 123 para la carta de Marx.<br \/>\n[39] Franziska Kugelmann cuenta una divertida escena dom\u00e9stica y reproduce el siguiente ripio de Karl Marx:<br \/>\nLa vida es sue\u00f1o, un frenes\u00ed, una ilusi\u00f3n<br \/>\nas\u00ed lo ense\u00f1a el maestro Calder\u00f3n.<br \/>\nMas cuando oc\u00e9anos de sonidos de tus manos brotan<br \/>\nquisiera so\u00f1ar durante la eternidad toda.<br \/>\nEl embrujo de la noble y femenina armon\u00eda<br \/>\ndoma, de la vida, la salvaje frenes\u00eda.<br \/>\nMas es para m\u00ed una de Ias ilusiones m\u00e1s bonitas<br \/>\nel habitar, de los Tenge-Crevenne, el libro de visitas.<br \/>\nAl estamparlo en el libro de visitas, sin embargo, le debi\u00f3 parecer excesivo puesto que lo deja en los dos primeros y dos \u00faltimos versos. Tambi\u00e9n en este caso la referencia es H. M. Enzensberger, obra cit., p. 290.<br \/>\n[40] V\u00e9ase G. Luk\u00e1cs, <em>Aportaciones a la historia de la est\u00e9tica<\/em>, trad. Citada, p. 320 y siguientes. Luk\u00e1cs pone en relaci\u00f3n \u2013aunque se\u00f1alando la distancia\u2013 el citado paso de Marx en la Introducci\u00f3n a los <em>Grundrisse<\/em> sobre Aquiles, la p\u00f3lvora y el plomo, y la <em>Il\u00edada<\/em>, las prensas tipogr\u00e1ficas y las m\u00e1quinas de escribir, con este pasaje de la <em>Asthetik<\/em> (Band 11, par\u00e1grafo 364, Zusatz 2) de Vischer: \u00abElla (la p\u00f3lvora) suprime la expresi\u00f3n intuitiva del valor individual; una presi\u00f3n descarga el arma, un d\u00e9bil puede matar a los m\u00e1s fuertes y valerosos&#8230; S\u00f3lo cosas malas podemos decir aqu\u00ed del arte de la imprenta. Es el primer invento a partir del cual se ve con toda claridad que la cultura y la est\u00e9tica se encuentran en una relaci\u00f3n de desarrollo inverso. Con la misma certeza con que afirmamos que el o\u00edr y el hablar son m\u00e1s vivos que el imprimir, escribir y leer, y que una leyenda que va de boca en boca es m\u00e1s viva que un peri\u00f3dico y un pregonero m\u00e1s que una gaceta oficial, con esa misma certeza puede pensarse que el fen\u00f3meno bello ha perdido con el arte de la imprenta tanto cuanto ha ganado por su parte el objetivo cultural en s\u00ed mismo\u00bb.<br \/>\n[41] Sobre Jean Paul y los <em>Latter-Day Pamphlets<\/em>: K. Marx, <em>Textos sobre la producci\u00f3n art\u00edstica<\/em>, ed. cit., p. 137. Sobre Chamisso y R\u00fcckert, el testimonio de la Kugelmann en <em>locus<\/em> citado. Sobre la simple preocupaci\u00f3n por la mera forma: <em>Textos<\/em>, ed. cit., p. 149 (se trata de la carta a Lassalle sobre Franz von Sickingen).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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