{"id":131,"date":"2006-04-02T00:00:00","date_gmt":"2006-04-02T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=131"},"modified":"2020-02-13T12:47:39","modified_gmt":"2020-02-13T11:47:39","slug":"el-odio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=131","title":{"rendered":"El Odio"},"content":{"rendered":"<p>Hace nueve a\u00f1os, estas mismas p\u00e1ginas sirvieron de escenario para una pol\u00e9mica en torno a lo que el arquitecto Amador Ferrer hab\u00eda denominado, titulando un art\u00edculo suyo, \u201cel inmerecido descr\u00e9dito de los pol\u00edgonos de viviendas\u201d (El Pa\u00eds, 14-10-1996), cr\u00edtica a la cr\u00edtica f\u00e1cil contra las agrupaciones de bloques dominante en aquel momento y ahora. Aquella defensa de los bloques de viviendas no ignoraba sus innumerables defectos, como consecuencia de la p\u00e9sima calidad arquitect\u00f3nica de la mayor\u00eda de proyectos, pero subrayaba que la construcci\u00f3n de grandes conglomerados de pisos implic\u00f3, en un momento determinado, una definici\u00f3n de las expansiones urbanas que colocaba en primer t\u00e9rmino la cuesti\u00f3n de la vivienda social, un asunto que adquir\u00eda un protagonismo que nunca hab\u00eda tenido antes y que no iba a recuperar con posterioridad a su abandono como f\u00f3rmula de actuaci\u00f3n urban\u00edstica. Adem\u00e1s, se destacaba tambi\u00e9n c\u00f3mo la forma de agregaci\u00f3n de las viviendas y la provisi\u00f3n de espacios para el encuentro \u2013derivadas de la inspiraci\u00f3n de esa tipolog\u00eda en los postulados del Movimiento Moderno\u2013 potenciaron expresiones de intensa vida colectiva, entre las cuales la movilizaci\u00f3n y la lucha. Una exposici\u00f3n inminente del artista sevillano Pedro G. Romero en la Fundaci\u00f3 T\u00e0pies, centrada en buena medida en Badia del Vall\u00e8s, va a insistir en ese elogio de las concentraciones de bloques como \u00e1mbito que demuestra las virtudes del conflicto como fuente de cohesi\u00f3n social.<br \/>\nEn ese sentido, habr\u00eda que considerar si entre los factores que determinaron el abandono del modelo de ciudades dormitorio no merecer\u00eda figurar la evidencia de que este tipo de agregaciones humanas acababan constituy\u00e9ndose en un n\u00facleo de conflictividad dif\u00edcil de fiscalizar pol\u00edticamente y complicado de someter en cuanto experimentaba alguno de sus peri\u00f3dicos estallidos de insubordinaci\u00f3n o insolencia. De hecho, el sistema de bloques implicaba una alternativa al amontonamiento de la clase trabajadora en determinados barrios antiguos o en centros urbanos, f\u00e1ciles de cerrar con barricadas y desde los que los sectores m\u00e1s ingobernables de la ciudad pod\u00edan hacerse fuertes y resistir los embates de la polic\u00eda o incluso del ej\u00e9rcito. Es bien sabido que fue esa tendencia de las clases trabajadoras europeas a encerrarse en barrios intrincados y convertirlos en fortines insurreccionales lo que justific\u00f3 en buena medida las grandes operaciones urban\u00edsticas de esponjamiento e higienizaci\u00f3n a partir de las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX, de las que la de Haussman en Par\u00eds ser\u00eda el paradigma, pero que tendr\u00edan tambi\u00e9n en Barcelona un ejemplo no menos elocuente. Ahora bien, la opci\u00f3n de llevarse a la clase obrera a los suburbios y alejarla de los n\u00facleos urbanos comport\u00f3 resultados imprevistos, entre ellos el permitir formas de convivencia que tampoco eran tan distintas de las del vecindario tradicional y repetir la capacidad del barrio popular de devenir foco de antagonismo social.<br \/>\nAh\u00ed cabr\u00eda evocar el estudio de Manuel Castells \u2013recogido en La ciudad y las masas (Siglo XXI)\u2013 sobre el grand ensemble franc\u00e9s por excelencia, el de Sarcelles, donde se estaban desarrollando luchas sociales de gran embergadura. La tesis de Castells es que lo que all\u00ed se registraba era una situaci\u00f3n pr\u00e1cticamente id\u00e9ntica a la que hab\u00eda producido el primer sindicalismo obrero a mediados del siglo XIX, en la medida en que los altos niveles de socializaci\u00f3n que estaban experimentando las viviendas de masas descubrieron un conjunto de intereses comunes, en una unidad de vecindario que reprodujo las condiciones de concentraci\u00f3n capitalista de producci\u00f3n y una gesti\u00f3n parecida a la que hab\u00edan conocido las grandes concentraciones fabriles de la revoluci\u00f3n industrial, los mismos elementos que estuvieron en el origen de los primeros sindicatos obreros. En el fondo, de lo que se trataba es de que por primera vez se estaba produciendo una percepci\u00f3n en clave de lucha de clases del significado del fen\u00f3meno urbano.<br \/>\nEsa condici\u00f3n problem\u00e1tica de los pol\u00edgonos de viviendas populares ha tenido distintas oportunidades para ponerse de manifiesto cerca de nosotros. Pi\u00e9nsese en el caso de lo que sin duda fue la mayor explosi\u00f3n de lucha vecinal que ha conocido Catalu\u00f1a en las \u00faltimas d\u00e9cadas: la revuelta del barrio del Bes\u00f2s a finales del 1990, en la que los vecinos se opusieron violentamente al proyecto de edificar en unos terrenos inicialmente destinados a equipamientos. Aquello, que la prensa bautiz\u00f3 como \u201cla intifada del Bes\u00f2s\u201d, supuso la ocupaci\u00f3n policial del barrio durante varios d\u00edas y aut\u00e9nticas batallas campales en las que se vio a los vecinos lanzar bombonas de butano y frigor\u00edficos desde los balcones contra los mossos d\u2019esquadra y en la que se llegaron a disparar armas de fuego.<br \/>\nPero la prueba m\u00e1s cercana la tenemos en los hechos de estos d\u00edas en la banlieu de Par\u00eds y de otras ciudades francesas, erupciones de rabia que los medios de comunicaci\u00f3n catalogan como \u201cviolencias urbanas\u201d, protagonizados por esa nueva clase obrera en buena medida alimentada por los flujos migratorios, cuyos j\u00f3venes son victimas de la explotaci\u00f3n, la precariedad laboral, el paro, el racismo y la ausencia de expectativas de futuro. Contamos con una pel\u00edcula que refleja esa situaci\u00f3n de una forma especialmente l\u00facida y que deber\u00eda ser revisada justamente estos d\u00edas para constatar la naturaleza cr\u00f3nica del fen\u00f3meno y su significado. El propio t\u00edtulo de la pel\u00edcula es ya la clave: \u201cLa haine\u201d (\u201cEl odio\u201d), dirigida por Mathieu Kassovitz en 1994<br \/>\nEn resumen. Estamos viendo, en la devastaci\u00f3n que conocen las periferias malditas de Par\u00eds, una de las razones que probablemente animaron a abandonar la opci\u00f3n de las ciudades dormitorio para atender la demanda de vivienda por parte de los sectores m\u00e1s vulnerables de la poblaci\u00f3n: demasiado rencor junto. Hace unas semanas supimos en qu\u00e9 consiste la manera como en Par\u00eds se \u201csoluciona\u201d el problema de la vivienda de los nuevos vecinos pobres. Los 24 inmigrantes africanos muertos como resultado de dos incendios en inmuebles en mal estado en que viv\u00edan en el centro de la capital francesa dan cuenta de que all\u00ed se enfrenta la cuesti\u00f3n de la \u201cvivienda social\u201d igual que aqu\u00ed: obligando a los nuevos miserables a vivir en hogares insalubres, inseguros, con frecuencia clandestinos, pero sobre todo dispersos. Como aqu\u00ed, all\u00ed la consigna es disolverlos por entre los intersticios y agujeros de la ciudad, difuminarlos, enterrarlos en vida bajo la alfombra de ciudades limpias y afables. Cualquier cosa menos permitir que se agrupen en territorios desde los que atrincherarse; cualquier cosa menos permitir que se den cuenta de que son muchos y de que cualquier momento puede ser bueno para la venganza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace nueve a\u00f1os, estas mismas p\u00e1ginas sirvieron de escenario para una pol\u00e9mica en torno a lo que el arquitecto Amador Ferrer hab\u00eda denominado, titulando un art\u00edculo suyo, &#8220;el inmerecido descr\u00e9dito de los pol\u00edgonos de viviendas&#8221; (El Pa\u00eds, 14-10-1996), cr\u00edtica a la cr\u00edtica f\u00e1cil contra las agrupaciones de bloques dominante en aquel momento y ahora. Aquella defensa de los bloques de viviendas no ignoraba sus innumerables defectos, como consecuencia de la p\u00e9sima calidad arquitect\u00f3nica de la mayor\u00eda de proyectos, pero subrayaba que la construcci\u00f3n de grandes conglomerados de pisos implic\u00f3, en un momento determinado, una definici\u00f3n de las expansiones urbanas que colocaba en primer t\u00e9rmino la cuesti\u00f3n de la vivienda social, un asunto que adquir\u00eda un protagonismo que nunca hab\u00eda tenido antes y que no iba a recuperar con posterioridad a su abandono como f\u00f3rmula de actuaci\u00f3n urban\u00edstica. Adem\u00e1s, se destacaba tambi\u00e9n c\u00f3mo la forma de agregaci\u00f3n de las viviendas y la provisi\u00f3n de espacios para el encuentro &#8211;derivadas de la inspiraci\u00f3n de esa tipolog\u00eda en los postulados del Movimiento Moderno&#8211; potenciaron expresiones de intensa vida colectiva, entre las cuales la movilizaci\u00f3n y la lucha. Una exposici\u00f3n inminente del artista sevillano Pedro G. Romero en la Fundaci\u00f3 T\u00e0pies, centrada en buena medida en Badia del Vall\u00e8s, va a insistir en ese elogio de las concentraciones de bloques como \u00e1mbito que demuestra las virtudes del conflicto como fuente de cohesi\u00f3n social. En ese sentido, habr\u00eda que considerar si entre los factores que determinaron el abandono del modelo de ciudades dormitorio no merecer\u00eda figurar la evidencia de que este tipo de agregaciones humanas acababan constituy\u00e9ndose en un n\u00facleo de conflictividad dif\u00edcil de fiscalizar pol\u00edticamente y complicado de someter en cuanto experimentaba alguno de sus peri\u00f3dicos estallidos de insubordinaci\u00f3n o insolencia. De hecho, el sistema de bloques implicaba una alternativa al amontonamiento de la clase trabajadora en determinados barrios antiguos o en centros urbanos, f\u00e1ciles de cerrar con barricadas y desde los que los sectores m\u00e1s ingobernables de la ciudad pod\u00edan hacerse fuertes y resistir los embates de la polic\u00eda o incluso del ej\u00e9rcito. Es bien sabido que fue esa tendencia de las clases trabajadoras europeas a encerrarse en barrios intrincados y convertirlos en fortines insurreccionales lo que justific\u00f3 en buena medida las grandes operaciones urban\u00edsticas de esponjamiento e higienizaci\u00f3n a partir de las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX, de las que la de Haussman en Par\u00eds ser\u00eda el paradigma, pero que tendr\u00edan tambi\u00e9n en Barcelona un ejemplo no menos elocuente. Ahora bien, la opci\u00f3n de llevarse a la clase obrera a los suburbios y alejarla de los n\u00facleos urbanos comport\u00f3 resultados imprevistos, entre ellos el permitir formas de convivencia que tampoco eran tan distintas de las del vecindario tradicional y repetir la capacidad del barrio popular de devenir foco de antagonismo social. Ah\u00ed cabr\u00eda evocar el estudio de Manuel Castells &#8211;recogido en La ciudad y las masas (Siglo XXI)&#8211; sobre el grand ensemble franc\u00e9s por excelencia, el de Sarcelles, donde se estaban desarrollando luchas sociales de gran embergadura. La tesis de Castells es que lo que all\u00ed se registraba era una situaci\u00f3n pr\u00e1cticamente id\u00e9ntica a la que hab\u00eda producido el primer sindicalismo obrero a mediados del siglo XIX, en la medida en que los altos niveles de socializaci\u00f3n que estaban experimentando las viviendas de masas descubrieron un conjunto de intereses comunes, en una unidad de vecindario que reprodujo las condiciones de concentraci\u00f3n capitalista de producci\u00f3n y una gesti\u00f3n parecida a la que hab\u00edan conocido las grandes concentraciones fabriles de la revoluci\u00f3n industrial, los mismos elementos que estuvieron en el origen de los primeros sindicatos obreros. En el fondo, de lo que se trataba es de que por primera vez se estaba produciendo una percepci\u00f3n en clave de lucha de clases del significado del fen\u00f3meno urbano. Esa condici\u00f3n problem\u00e1tica de los pol\u00edgonos de viviendas populares ha tenido distintas oportunidades para ponerse de manifiesto cerca de nosotros. Pi\u00e9nsese en el caso de lo que sin duda fue la mayor explosi\u00f3n de lucha vecinal que ha conocido Catalu\u00f1a en las \u00faltimas d\u00e9cadas: la revuelta del barrio del Bes\u00f2s a finales del 1990, en la que los vecinos se opusieron violentamente al proyecto de edificar en unos terrenos inicialmente destinados a equipamientos. Aquello, que la prensa bautiz\u00f3 como &#8220;la intifada del Bes\u00f2s&#8221;, supuso la ocupaci\u00f3n policial del barrio durante varios d\u00edas y aut\u00e9nticas batallas campales en las que se vio a los vecinos lanzar bombonas de butano y frigor\u00edficos desde los balcones contra los mossos d&#8217;esquadra y en la que se llegaron a disparar armas de fuego.  Pero la prueba m\u00e1s cercana la tenemos en los hechos de estos d\u00edas en la banlieu de Par\u00eds y de otras ciudades francesas, erupciones de rabia que los medios de comunicaci\u00f3n catalogan como &#8220;violencias urbanas&#8221;, protagonizados por esa nueva clase obrera en buena medida alimentada por los flujos migratorios, cuyos j\u00f3venes son victimas de la explotaci\u00f3n, la precariedad laboral, el paro, el racismo y la ausencia de expectativas de futuro. Contamos con una pel\u00edcula que refleja esa situaci\u00f3n de una forma especialmente l\u00facida y que deber\u00eda ser revisada justamente estos d\u00edas para constatar la naturaleza cr\u00f3nica del fen\u00f3meno y su significado. El propio t\u00edtulo de la pel\u00edcula es ya la clave: &#8220;La haine&#8221; (&#8220;El odio&#8221;), dirigida por Mathieu Kassovitz en 1994 En resumen. Estamos viendo, en la devastaci\u00f3n que conocen las periferias malditas de Par\u00eds, una de las razones que probablemente animaron a abandonar la opci\u00f3n de las ciudades dormitorio para atender la demanda de vivienda por parte de los sectores m\u00e1s vulnerables de la poblaci\u00f3n: demasiado rencor junto. Hace unas semanas supimos en qu\u00e9 consiste la manera como en Par\u00eds se &#8220;soluciona&#8221; el problema de la vivienda de los nuevos vecinos pobres. Los 24 inmigrantes africanos muertos como resultado de dos incendios en inmuebles en mal estado en que viv\u00edan en el centro de la capital francesa dan cuenta de que all\u00ed se enfrenta la cuesti\u00f3n de la &#8220;vivienda social&#8221; igual que aqu\u00ed: obligando a los nuevos miserables a vivir en hogares insalubres, inseguros, con frecuencia clandestinos, pero sobre todo dispersos. 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