{"id":13194,"date":"2023-01-31T05:00:59","date_gmt":"2023-01-31T04:00:59","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13194"},"modified":"2023-02-04T04:46:30","modified_gmt":"2023-02-04T03:46:30","slug":"hechos-y-valores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13194","title":{"rendered":"Hechos y valores"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se han organizado diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Escrito no fechado.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 1: Albert Einstein sobre hechos y valores.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo 2: Objetividad<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. En las Facultades universitarias de ciencias sociales se ense\u00f1a habitualmente que la posibilidad de hacer ciencia de la sociedad depende de la posibilidad de separar el an\u00e1lisis positivo del normativo. Y se relaciona esta afirmaci\u00f3n con la constataci\u00f3n del \u00e9xito de las ciencias naturales en los tres \u00faltimos siglos. Dicho \u00e9xito vendr\u00eda dado precisamente \u2013se dice\u2013 por la capacidad de distinguir entre lo positivo y lo normativo.<\/p>\n<p>Se ense\u00f1a luego que proposiciones positivas son aqu\u00e9llas que versan sobre lo que es, era o ser\u00e1, mientras que las proposiciones normativas se refieren a lo que debe ser. Las proposiciones o teor\u00edas positivas, independientemente de su complejidad, versan sobre lo que es, sobre lo que hay o ha habido, de modo que cualquier discrepancia te\u00f3rica en este campo podr\u00eda ser resuelta por comprobaci\u00f3n emp\u00edrica, haciendo a la realidad juez de la afirmaci\u00f3n o de la teor\u00eda. En cambio, las proposiciones o teor\u00edas normativas versan sobre lo que debe o deber\u00eda ser y est\u00e1n, por tanto, expuestas a la influencia de nuestra ideolog\u00eda religiosa o filos\u00f3fica en la medida en que tales proposiciones dependen de nuestros juicios (o prejuicios) acerca de lo que es bueno y de lo que es malo; dependen, finalmente, de nuestras valoraciones o juicios de valor. Y en ese campo la dilucidaci\u00f3n de las discrepancias parece imposible (o casi).<\/p>\n<p>La importancia de la distinci\u00f3n entre positivo y normativo, entre proposiciones sobre hechos y proposiciones valorativas, se basa en la consideraci\u00f3n razonable de que es l\u00f3gicamente incorrecto deducir proposiciones normativas o valorativas de juicios de hecho y viceversa. El paso deductivo del \u00abes\u00bb al \u00abdebe\u00bb es lo que habitualmente se considera una falacia naturalista. Una cosa es lo que hay; otra lo que me parece o nos parece deseable. Por ejemplo, es una incorrecci\u00f3n l\u00f3gica tratar de deducir del hecho emp\u00edricamente comprobable de la diversidad \u00e9tnica o gen\u00e9tica afirmaciones sobre la desigualdad entre los humanos, o del principio darwiniano de la lucha de las especies por la existencia afirmaciones sobre la imposibilidad del altru\u00edsmo. Y viceversa: es l\u00f3gicamente incorrecto pasar de la defensa moral del altru\u00edsmo a proposiones f\u00e1cticas sobre el comportamiento de los miembros de las especies.<\/p>\n<p>De todo lo anterior se hace seguir en no pocos textos acad\u00e9micos que las proposiciones propias de las disciplinas sociales han de mantenerse en el plano de lo positivo, de lo que es o hay, absteni\u00e9ndose de introducir juicios valorativos. Acad\u00e9micamente esta distinci\u00f3n ha llevado a la separaci\u00f3n de la econom\u00eda en dos disciplinas: la teor\u00eda econ\u00f3mica y la pol\u00edtica econ\u00f3mica; o, en el campo del derecho, a dos tipos de disciplinas, la del jurista y la del abogado.<\/p>\n<p>Pero el asunto se complica un poco cuando se intenta ejemplificar en cada uno de los campos cient\u00edficos.<\/p>\n<p>As\u00ed, un te\u00f3rico muy conocido de la econom\u00eda positiva considera que la proposici\u00f3n \u00abel d\u00e9ficit estatal reducir\u00e1 el paro y causar\u00e1 una elevaci\u00f3n en el nivel de precios\u00bb es positiva, se refiere a lo que hay o habr\u00e1, mientras que la proposici\u00f3n \u00abal programar una pol\u00edtica se deber\u00e1 prestar m\u00e1s atenci\u00f3n al paro que a la inflaci\u00f3n\u00bb es normativa y no puede, por tanto, sustentarse \u00fanicamente recurriendo a la observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero ese mismo te\u00f3rico de la econom\u00eda positiva a\u00f1ade un poco despu\u00e9s, ya en letra peque\u00f1a, que si se examinan cuidadosamente muchas proposiciones aparentemente normativas se ve que llevan impl\u00edcitas una base positiva. Volviendo al ejemplo sobre si hay que prestar m\u00e1s atenci\u00f3n al paro o a la inflaci\u00f3n podr\u00edamos escribir ahora: \u00abEl desempleo es peor que la inflaci\u00f3n porque los efectos \u2013mensurables\u2013 del desempleo en los seres humanos son considerados por la mayor\u00eda de los humanos adultos mucho m\u00e1s graves que los efectos \u2013tambi\u00e9n mensurables\u2013 de la inflaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar, sin embargo, de que el citado te\u00f3rico de la econom\u00eda reconoce que, en el l\u00edmite, la distinci\u00f3n entre positivo y normativo se obscurece bastante (al menos para el caso de sus ejemplos), acaba afirmando lo siguiente: \u00abEstoy convencido de que a este nivel de desarrollo de la ciencia econ\u00f3mica la distinci\u00f3n entre positivo y normativo es una regla necesaria para la investigaci\u00f3n y el estudio, y que su abandono favorecer\u00eda m\u00e1s bien el error que la claridad. La justificaci\u00f3n de este punto de vista es que, aun cuando no sepamos qu\u00e9 hacer cuando nos encontremos con una proposici\u00f3n aparentemente normativa (ya que puede tener una base positiva), en cambio ello [el mantenimiento de la distinci\u00f3n] nos permitir\u00e1 reconocer proposiciones puramente positivas cuando nos encontremos con ellas\u00bb [Richard G. Lipsey, <em>Introducci\u00f3n a la Econom\u00eda Positiva<\/em>. Barcelona, Vicens Vives, 1973, cap\u00edtulo 1, p\u00e1g. 5].<\/p>\n<p>Creo que ese punto de vista, repito, todav\u00eda muy extendido en los ambientes acad\u00e9micos, es muy insuficiente. S\u00f3lo sirve para poner de manifiesto que la presencia de juicios de valor en las ciencias sociales es un problema. Y en algunos casos favorece el dogmatismo.<\/p>\n<p>2. El problema de los juicios de valor en relaci\u00f3n con el conocimiento cient\u00edfico-social se lo plante\u00f3 por vez primera, al parecer, el economista ingl\u00e9s Sidgwik, en sus <em>Principles of Political Economy<\/em> (1883) al diferenciar entre el razonamiento acerca de \u00ablo que hay\u00bb y el razonamiento acerca de lo \u00abque deber\u00eda ser\u00bb. Sidgwik, muchas veces recordado a este respecto (por Schumpeter y por A. Sen entre otros) escribi\u00f3: \u00abHe tenido en general cuidado en evitar afirmaciones dogm\u00e1ticas sobre cuestiones pr\u00e1cticas. Es muy raro, supuesto que alguna vez ocurra, el que las cuestiones econ\u00f3micas pr\u00e1cticas con que se enfrenta el estadista se puedan decidir sin vacilaci\u00f3n por medio de un razonamiento abstracto que proceda de principios elementales. Para resolver correctamente esas cuestiones se requiere comunmente un conocimiento completo y exacto de los hechos del caso; y la dificultad que presenta la averiguaci\u00f3n de estos hechos es a menudo tan grande que impide conseguir conclusiones positivas por un procedimiento estrictamente cient\u00edfico\u00bb [citado por J.A. Schumpeter, <em>Historia<\/em>, nota 11 p\u00e1g. 883 de la traducci\u00f3n castellana de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n].<\/p>\n<p>De hecho, Sigwick, que compart\u00eda la tradicional confianza inglesa en el consenso sobre los valores \u00faltimos que predominaban en su pa\u00eds y en su \u00e9poca, era menos extremista que algunos te\u00f3ricos actuales de la econom\u00eda cuando prescriben a los economistas que se abstengan de entrar en el campo de las valoraciones. Cre\u00eda que el economista positivo no se extralimita al meterse en discusiones normativas sobre las implicaciones del proteccionismo y del librecambismo.<\/p>\n<p>El propio Schumpeter, que sigue en esto a Sigwick, formula as\u00ed la diferencia entre juicios de hecho y juicios de valor: \u00abEl \u00abdebe\u201d, o sea, el precepto o el consejo se puede reducir para nuestros fines a un enunciado que afirma preferencia o deseabilidad. La diferencia importante entre un enunciado de esa naturaleza (por ejemplo: \u00abes deseable conseguir mayor igualdad econ\u00f3mica\u201d) y el enunciado de una relaci\u00f3n (por ejemplo: \u00abdada una determinada renta nacional, la cantidad de individuos que intentan ahorrar depende, entre otras cosas, del modo como se distribuya dicha renta\u201d) se manifiesta en el hecho de que la aceptaci\u00f3n de este \u00faltimo depende exclusivamente de las reglas l\u00f3gicas de la observaci\u00f3n y de la inferencia, mientras que la aceptaci\u00f3n del primero (los \u201cjuicios de valor\u201d) requiere siempre, adem\u00e1s, la aceptaci\u00f3n de otros juicios de valor\u00bb (ibid. 833).<\/p>\n<p>Esta problem\u00e1tica es la que recoge M. Weber para reformularla en los t\u00e9rminos ya conocidos de la \u00abdesvinculaci\u00f3n axiol\u00f3gica\u00bb. Hay una idea de MW que me parece clave y que conviene reproducir aqu\u00ed: \u00abEl destino de una \u00e9poca cultural que ha comido del \u00e1rbol de la ciencia es el de tener que saber que no podemos deducir el sentido de los acontecimientos mundiales del resultado de su estudio, por muy completo que \u00e9ste sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nosotros mismos. Tambi\u00e9n hemos de saber que los \u201cideales\u201d nunca pueden ser producto de un saber emp\u00edrico progresivo. Y, por lo tanto, que los ideales supremos o \u00faltimos que m\u00e1s nos conmueven s\u00f3lo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros\u00bb.<\/p>\n<p>Esta consideraci\u00f3n plantea varios temas que conviene abordar: 1\u00ba que la afirmaci\u00f3n de valores \u00faltimos o ideales no se sigue ni puede seguirse deductivamente de proposiciones de hecho; 2\u00ba que los juicios de valor y en particular los ideales no son despreciables sino que tienen gran importancia para los hombres y, por consiguiente, tambi\u00e9n para los cient\u00edficos sociales como hombres; 3\u00ba que, puesto que estos no son producto del saber saber emp\u00edrico hemos de resolver acerca de ellos en otro campo, el normativo, el de la batalla respetuosa entre ideales; 4\u00ba que siendo los ideales de los otros tan \u00absagrados\u00bb como los nuestros, cabe preguntarse si la controversia normativa acerca de ellos es s\u00f3lo metacient\u00edfica (en el sentido de que la ciencia no puede decidir nunca sobre valoraciones) o es tambi\u00e9n irracional o arracional (en el sentido de que sobre los ideales, precisamente por ser \u00absagrados\u00bb, ni hay ni habr\u00e1 nunca nada escrito).<\/p>\n<p>Me inspiro en esta consideraci\u00f3n para las reflexiones que siguen:<\/p>\n<p>3. No todos los juicios de valor o valoraciones tienen el car\u00e1cter de \u00ab\u00faltimos\u00bb o \u00absupremos\u00bb en el sentido weberiano de ideales \u00absagrados\u00bb.<\/p>\n<p>Hay valoraciones, en el sentido de preferencias y expectativas de los humanos, menos irreductibles, por as\u00ed decirlo.Y puede ocurrir tambi\u00e9n que los juicios de valor \u00ab\u00faltimos\u00bb a los que nos remontamos al preguntar por determinada preferencia del individuo sean comunes o relativamente comunes a todos los hombres \u00abnormales\u00bb de un determinado ambiente hist\u00f3rico (valores o prejuicios ampliamente compartidos por el conjunto de la especie o por los miembros de una determinada cultura). En tal caso aquella diferencia de valoraci\u00f3n no acarrear\u00e1 muchas consecuencias y a casi nadie se le ocurre preguntar c\u00f3mo se ha pasado de un juicio de hecho a un consejo valorativo.<\/p>\n<p>Es interesante observar a este respecto que as\u00ed como existe gran preocupaci\u00f3n por el paso de juicios de hecho a juicios de valor en el campo de la econom\u00eda, de la sociolog\u00eda o de la historiograf\u00eda (el cient\u00edfico social \u2013se dice en estos casos\u2013 no da consejos; eso es cosa de los pol\u00edticos), en cambio casi nadie se preocupa por el procedimiento que ha seguido el m\u00e9dico cuando nos dice \u00abdeje usted de fumar\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 ocurre esto? Porque damos por supuesto que el consejo extracient\u00edfico del m\u00e9dico en este sentido <em>se sigue<\/em> de premisas cient\u00edficas, de la observaci\u00f3n positiva de que el fumar produce c\u00e1ncer (adem\u00e1s de otras enfermedades). Estamos entonces ante un caso en que el juicio de valor implicado en el consejo dado (es mejor para la salud no fumar que fumar) es com\u00fan a todos, o por lo menos a la mayor\u00eda, de los hombres \u00abnormales\u00bb de nuestro medio cultural: casi todos queremos decir lo mismo cuando hablamos de salud y casi todos consideramos deseable disfrutar de ella.<\/p>\n<p>Aunque hay personas que, a pesar de esto, siguen fumando parece que podemos ponernos de acuerdo en que, con independencia de que existan otras valoraciones e ideales y con independencia de las diferencias culturales, es <em>m\u00e1s racional<\/em> no hacerlo. \u00bfPor qu\u00e9 decimos que es m\u00e1s racional no hacerlo? Porque la base cient\u00edfica que da pie al consejo m\u00e9dico parece suficiente para cambiar el h\u00e1bito incluso en el caso de que estemos convencidos de que moment\u00e1neamente el fumar produce un determinado efecto placentero al que habr\u00e1 que renunciar. En esta l\u00ednea tenderemos a considerar \u00abirracionales\u00bb o \u00abpoco racionales\u00bb las contrarr\u00e9plicas (ajenas o propias) que niegan la base cient\u00edfica del consejo m\u00e9dico.<\/p>\n<p>El ejemplo de la medicina para el tratamiento de la relaci\u00f3n entre \u00abes\u00bb y \u00abdebe\u00bb merece ser comentado. Pues, en efecto, es en el caso de la medicina donde por lo general el paso de los juicios de hechos a los juicios de valor suele presentar menos dificultades: tanto el m\u00e9dico como el paciente est\u00e1n acostumbrados a considerar como algo normal el paso inmediato del diagn\u00f3stico (un juicio de hecho) al consejo, a la prescripci\u00f3n, que, adem\u00e1s, va generalmente vinculada al pron\u00f3stico: \u00abx tiene gripe\u00bb, luego \u00abx deber\u00e1 tomar el medicamento y\u00bb, puesto que \u00aben caso de no hacerlo la gripe puede complicarse con una bronquitis o una neumon\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Este es un encadenamiento de juicios que consideramos completamente normal y que no suele plantear mayores problemas a pesar de que, como digo, el m\u00e9dico est\u00e1 pasando de un juicio de hecho (\u00abx tiene gripe\u00bb) a una recomendaci\u00f3n o a un consejo (\u00abse recomienda que x tome el medicamento y\u00bb) vinculado a la evoluci\u00f3n futura de la enfermedad y, por consiguiente, al pron\u00f3stico.<\/p>\n<p>4. Cabe preguntarse por qu\u00e9 en el caso de la medicina nos parece normal lo que plantea problemas en el caso de la econom\u00eda, o de la sociolog\u00eda o de la historiograf\u00eda, esto es, el paso de enunciados sobre lo que es a enunciados que se refieren al deber. \u00bfNo choca esto con la prevenci\u00f3n acerca de la falacia naturalista, o sea, con la afirmaci\u00f3n de que l\u00f3gicamente no es posible el paso del \u00abes\u00bb al \u00abdebe\u00bb, de que hay un impedimento l\u00f3gico en pasar de enunciados sobre hechos a enunciados que expresan preferencias, consejos, deseos o deberes? \u00bfNo choca esto con la afirmaci\u00f3n anterior de que la ciencia no da consejos?<\/p>\n<p>Se puede contestar a esta pregunta desde un punto de vista pragm\u00e1tico: en el caso de los ejemplos citados, relacionados con la medicina, no tenemos diferencias preferenciales, o juicios de valor \u00faltimos o jerarquizaci\u00f3n de valores, demasiado diferentes.<\/p>\n<p>En cambio parece haber motivos para la duda racional o para la insatisfacci\u00f3n cuando los rectores de las universidades de Catalu\u00f1a dan a conocer un documento conclusivo de las Jornadas de homenaje a Ferran Soldevila en el que, bas\u00e1ndose en el estado actual de la historiograf\u00eda, aconsejan a los profesores de historia un determinado tipo de consideraci\u00f3n de la historia de Catalu\u00f1a, en el marco espa\u00f1ol y europeo, en consonancia con el proceso de normalizaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica y cultural de estos \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, en este caso, el paso de afirmaciones basadas en \u00abel estado de la cuesti\u00f3n\u00bb historiogr\u00e1fica a la pol\u00edtica universitaria y secundaria en materia de ense\u00f1anza de la historia de Catalu\u00f1a es ya m\u00e1s problem\u00e1tico. Y de hecho algunos historiadores han criticado el documento con la consideraci\u00f3n de que se pasa indebidamente de la ciencia (o conocimiento hist\u00f3rico) a la pol\u00edtica. \u00bfPor qu\u00e9? Porque las diferencias de interpretaci\u00f3n sobre el \u00abestado de la cuesti\u00f3n\u00bb historiogr\u00e1fica (sobre los juicios de hecho acerca de la transici\u00f3n y acerca del proceso de normalizaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica y cultural) son de peso, precisamente en la medida en que estas interpretaciones est\u00e1n mediadas (condicionadas) por juicios valorativos sobre la situaci\u00f3n pasada, presente y futura de Catalu\u00f1a en Espa\u00f1a y en Europa que son notablemente diferentes. Y porque se entiende que el consejo dado no puede satisfacer las preferencias valorativas y las expectativas de historiadores que disienten, tambi\u00e9n notablemente, sobre el futuro de Catalu\u00f1a en relaci\u00f3n con Espa\u00f1a y Europa. En efecto, en este caso no parece posible que por el momento el consejo, la propuesta valorativa, pueda satisfacer por igual ideales que, en lo pol\u00edtico-social y cultural, van desde la propuesta de independencia a la profundizaci\u00f3n de la autonom\u00eda pasando por varios tipos de federalismo y de propuestas confederales.<\/p>\n<p>Partiendo de la comparaci\u00f3n entre los ejemplos puestos para el caso de la medicina y para el caso la historia podr\u00eda llegarse la conclusi\u00f3n de que el tipo de relaci\u00f3n entre juicios de hecho y juicios de valor es, en general, distinto en historiograf\u00eda (tal vez en otras ciencias sociohist\u00f3ricas) que en medicina. Pero esa conclusi\u00f3n ser\u00eda precipitada. Tambi\u00e9n en el campo de la medicina hay discrepancias serias cuando se intenta pasar de los juicios de hecho a los juicios de valor. Basta con pensar en las controversias actuales acerca del aborto y de la eutanasia. Los consejos y los juicios prescriptivos de los m\u00e9dicos en estos casos son divergentes, hasta llegar al enfrentamiento irreductible, porque hay muy diferentes valores morales en juego. Entran aqu\u00ed concepciones enfrentadas sobre el derecho a la vida, el concepto de muerte y el concepto de dignidad humana que son claramente del tipo de los juicios de valor \u00ab\u00faltimos\u00bb o \u00absagrados\u00bb a los que se refer\u00eda Weber. Y no es previsible a corto plazo que los avances cient\u00edficos vayan a ser suficientes para decidir acerca de qu\u00e9 consejo dar. Podr\u00eda decirse, por tanto, que al menos en los casos del aborto y de la eutanasia (pero tampoco son los \u00fanicos) la lucha entre \u00abideales\u00bb se sigue manifestando y se manifestar\u00e1 en el pr\u00f3ximo futuro m\u00e1s all\u00e1 de los resultados obtenidos en el campo de las ciencias.<\/p>\n<p>Y viceversa: el uso metaf\u00f3rico de t\u00e9rminos m\u00e9dicos en econom\u00eda y sociolog\u00eda se ha hecho muy habitual en los \u00faltimos tiempos: el enunciado sobre lo que es o sobre lo que hay econ\u00f3micamente o sociol\u00f3gicamente se asimila al diagn\u00f3stico y, junto al pron\u00f3stico, el economista o el soci\u00f3logo formula recomendaciones, da consejos (a los gobiernos, al p\u00fablico en general) con el car\u00e1cter de la prescripci\u00f3n facultativa. Esto sugiere que la controversia metodol\u00f3gica sobre hechos y valores podr\u00eda relativarse si, con un criterio pragm\u00e1tico, nos pusi\u00e9ramos de acuerdo acerca de las preferencias b\u00e1sicas de las gentes, esto es, cuando existe un amplio consenso social o la misma visi\u00f3n cultura sobre \u00abel bien com\u00fan\u00bb, \u00abel bienestar\u00bb, \u00ablo valioso socialmente\u00bb, \u00ablas necesidades b\u00e1sicas\u00bb, etc.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, cuando existe este tipo de consenso amplio, las recomendaciones basadas en el diagn\u00f3stico econ\u00f3mico o sociol\u00f3gico suelen ser consideradas por la mayor\u00eda como razonables, e incluso los consejos derivados (demogr\u00e1ficos, por ejemplo, o relativos al ahorro) parecen saludables. En ese caso no suelen alzarse voces criticando el paso de lo positivo a lo normativo como si se tratara de una aberraci\u00f3n l\u00f3gica. A lo sumo se discute acerca de la plausibilidad o realizabilidad de las recomendaciones, acerca de la relaci\u00f3n de \u00e9stas con el diagn\u00f3stico, sobre la oportunidad de las medidas recomendadas o sobre la forma de presentarlas. Pero eso no da lugar a ninguna \u00ablucha de ideales\u00bb de weberiana memoria.<\/p>\n<p>Todo lo cual me lleva a la siguiente conclusi\u00f3n: algunos de los problemas que han surgido en torno a la relaci\u00f3n entre \u00abes\u00bb y \u00abdebe\u00bb, juicios de hecho y juicios de valor podr\u00edan aclararse mejor si en vez de partir de la dicotom\u00eda gen\u00e9rica (positivo\/normativo) que conduce a la afirmaci\u00f3n de que la ciencia no da consejos, o del separatismo metodol\u00f3gico que enfrenta el proceder de unas ciencias con otras, pasaramos a una utilizaci\u00f3n m\u00e1s estricta de los t\u00e9rminos \u00abjuicio de valor\u00bb, \u00abpreferencias\u00bb, \u00abdeseabilidad\u00bb, \u00abexpectativas\u00bb, \u00abconsejo\u00bb, \u00abrecomendaci\u00f3n\u00bb e \u00abideales \u00e9ticos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima es una l\u00ednea de aproximaci\u00f3n anal\u00edtica al problema que puede dar mejores resultados.<\/p>\n<p>El supuesto de partida podr\u00eda ser el siguiente: aunque la prudencia acerca de la falacia naturalista tiene que mantenerse y hay que aceptar, por tanto, que las valoraciones no se siguen inferencialmente de los juicios de hecho (o sea, de proposiciones cient\u00edficamente establecidas), \u00e9stos, los juicios de hecho, contribuyen a modificar las valoraciones establecidas en la medida en que hacen m\u00e1s plausibles (en el sentido de m\u00e1s arg\u00fcibles racionalmente) unas valoraciones que otras.<\/p>\n<p>El mundo de las valoraciones no es completamente independiente del mundo de los juicios de hecho cient\u00edficamente fundamentados. Sin negar la validez actual de la falacia naturalista (como ha hecho recientemente, por ejemplo, Hans Jonas en <em>El principio de responsabilidad<\/em>) s\u00ed se puede argumentar que el tratamiento de las relaciones entre el mundo de las proposiciones f\u00e1cticas y el mundo de las valoraciones, siendo como son muy complejas, admite la posibilidad de una discusi\u00f3n normativa en t\u00e9rmimos de racionalidad que no prescinda del \u00abestado de la cuesti\u00f3n\u00bb aportado en cada caso por el discurso positivo de las distintas ciencias.<\/p>\n<p>Dicho de otra manera: los juicios positivos sobre hechos, sobre lo que es y sobre lo que hay, permiten establecer algunos l\u00edmites a las \u00abexpectativas\u00bb, \u00abpreferencias\u00bb, \u00abvalores\u00bb e \u00abideales\u00bb en la medida en que contribuyen a poner de manifiesto que algunas de estas creencias han pasado ser racionalmente inmantenibles.<\/p>\n<p>Pondr\u00e9 ahora un ejemplo actual de c\u00f3mo me parece que se puede proceder para aclarar relaciones y mediaciones entre juicios de hecho, valoraciones y decisiones pr\u00e1cticas. El ejemplo se basa en una reflexi\u00f3n acerca de las relaciones entre una ciencia, la ecolog\u00eda, y un punto de vista valorativo que toma la forma de movimiento social, el ecologismo.<\/p>\n<p>5. Entre el saber cient\u00edficamente adquirido de algo bastante complejo como son las relaciones ecol\u00f3gicas, o el entorno medioambiental del hombre, y la definici\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica, pongamos por caso, ecosocialista hay muchas y distintas mediaciones. Un saber positivo como el ecol\u00f3gico nos obliga a ser cr\u00edticos respecto de determinadas pol\u00edticas (por ejemplo, desarrollistas, industrialistas, caracter\u00edsticas de una civilizaci\u00f3n expansivamente dominadora de la naturaleza), sin que de esto se siga inexorablemente, por otra parte, una determinada alternativa.<\/p>\n<p>Primera mediaci\u00f3n aclarada: el conocimiento positivo procedente de la ecolog\u00eda hace en la actualidad m\u00e1s plausibles unas pol\u00edticas econ\u00f3micas (medioambientalistas, que armonicen naturaleza y sociedad) que otras (industrialistas, productivistas, ignorantes del coste ecol\u00f3gico de las operaciones econ\u00f3micas).<\/p>\n<p>Ahora bien, tambi\u00e9n aqu\u00ed entre la muy plausible <em>negaci\u00f3n<\/em> de toda pol\u00edtica econ\u00f3mica industrialista que no tenga en cuenta el coste ecol\u00f3gico y la plausible <em>afirmaci\u00f3n<\/em>, en positivo, de una pol\u00edtica econ\u00f3mica ecol\u00f3gicamente respetuosa hay, por as\u00ed decirlo, asimetr\u00eda l\u00f3gica: la ecolog\u00eda hace plausible la negaci\u00f3n <em>de todas<\/em> las pol\u00edticas econ\u00f3micas industrialistas de tipo tradicional, pero, en positivo, s\u00f3lo sugiere que habr\u00eda que rectificar tales pol\u00edticas con una orientaci\u00f3n medioambientalista. Deja, por tanto, completamente abierto el campo de las expectativas en lo alternativo.<\/p>\n<p>Dicho de otra manera: el estado actual de la ecolog\u00eda hace m\u00e1s razonable un programa socioecon\u00f3mico respetuoso de la naturaleza y atento al principio de la distribuci\u00f3n intergeneracional de determinados recursos que un programa cl\u00e1sico que apueste exclusivamente por el crecimiento econ\u00f3mico cuantitativo. Pero del estado actual del saber ecol\u00f3gico no se sigue: ni una (y s\u00f3lo una) elaboraci\u00f3n sint\u00e9tica posible de los datos ecol\u00f3gicos con los econ\u00f3mico-sociales, ni (mucho menos) una (y solo una) alternativa ecologista. Creerse lo primero, o sea, que la ecolog\u00eda funda una (y s\u00f3lo una) nueva s\u00edntesis te\u00f3rica (el paradigma ecologista, como dicen algunos) es un error conceptual que est\u00e1 llevando a muchos ecologistas a decir tonter\u00edas (irracionalistas, adem\u00e1s). Y creerse lo segundo es otro error, por precipitaci\u00f3n e indistinci\u00f3n entre mediaciones, que acaba llevando antes o despu\u00e9s al oportunismo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Segunda mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar, sin caer en la falacia naturalista, del saber positivo que proporciona la ecolog\u00eda a \u00abhip\u00f3tesis generales\u00bb, \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprogramas de investigaci\u00f3n\u00bb o \u00abparadigmas\u00bb razonables en el sentido de: a) hechos plausibles por la ecolog\u00eda, b) internamente coherentes y c) concordantes con los resultados de otros saberes cient\u00edficos ineludibles para la \u00abs\u00edntesis\u00bb, \u00abprograma\u00bb o lo que sea.<\/p>\n<p>Esta segunda mediaci\u00f3n es, tal como yo lo veo, previa a la discusi\u00f3n sobre las posibles formas del ecologismo en tanto que teor\u00eda pol\u00edtico-moral. Puesto que, con independencia de c\u00f3mo lo llamemos, este trabajo te\u00f3rico exige la ordenaci\u00f3n, sistematizaci\u00f3n, estructuraci\u00f3n y articulaci\u00f3n sint\u00e9tica de datos procedentes de muy diferentes ciencias (ecolog\u00eda, ecolog\u00eda humana, etolog\u00eda, biolog\u00eda, demograf\u00eda, psicolog\u00eda, socioeconom\u00eda, etc.) parece razonable concluir aqu\u00ed que caben, plausiblemente tambi\u00e9n, varias s\u00edntesis o programas en competici\u00f3n. Propongo, provisionalmente, aceptar la caracterizaci\u00f3n de este trabajo como \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb (en el sentido que han dado al t\u00e9rmino los autores vinculados al Club de Roma). Llamar\u00e9 <em>dogmatismo<\/em> no a la afirmaci\u00f3n de una de estas s\u00edntesis en funci\u00f3n de la declaraci\u00f3n previa de las <em>prioridades te\u00f3ricas (lo cual me parece razonablemente respetable en principio), sino a la ignorancia de otras s\u00edntesis que, por priorizar otros datos cient\u00edficos, compiten con la nuestra<\/em> (= ignorancia <em>que no es docta<\/em>). En este \u00e1mbito uno tiene todo el derecho a llevar su \u00abhip\u00f3tesis previa\u00bb hasta el final l\u00f3gico de sus posibilidades; pero se convierte en un \u00abdogm\u00e1tico\u00bb si (por desconocimiento o por enamoramiento de la propia s\u00edntesis) se niega a la comparaci\u00f3n con otras s\u00edntesis posibles o en acto.<\/p>\n<p>Tercera mediaci\u00f3n: c\u00f3mo pasar de la s\u00edntesis reflexiva (o reelaboraci\u00f3n de los resultados cient\u00edficos sint\u00e9ticamente formulada) a la propuesta de teor\u00edas pol\u00edtico-morales coherente con ella, racionalmente practicables y expresables en t\u00e9rminos de pol\u00edtica econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica alternativa.<\/p>\n<p>6. En este plano las dificultades aumentan enormemente.<\/p>\n<p>Primero, porque las variables en juego se multiplican al tener que contar necesariamente con intereses y voluntades individuales y colectivas no s\u00f3lo muy diferentes sino contrapuestos.<\/p>\n<p>Segundo, porque a pesar de que en el sistema-mundo actual coinciden en el tiempo varias y muy diferentes culturas, \u00e9stas <em>no son contempor\u00e1neas<\/em> en sentido estricto, lo cual es una complicaci\u00f3n adicional en la estimaci\u00f3n de intereses y voluntades en principio pr\u00f3ximas.<\/p>\n<p>Tercero, porque toda teor\u00eda pol\u00edtico-moral respetuosa de los resultados cient\u00edficos y elaborada en el marco de una determinada s\u00edntesis reflexiva aspira a hacerse pr\u00e1ctica sociopol\u00edtica (y en algunos casos, como el del marxismo, no s\u00f3lo aspira sino que predica la necesidad de ello), lo cual obliga a que nos aclaremos paralelamente sobre: a) la relaci\u00f3n medios\/fines, b) el tipo de praxis apropiada para cambiar el mundo, c) los sujetos potencialmente interesados en ello, d) la pedagog\u00eda m\u00e1s apropiada para neutralizar alienaciones y obnubilaciones temporales de la consciencia de los m\u00e1s, etc. etc.<\/p>\n<p>Cuarto, porque las teor\u00edas pol\u00edtico-morales establecidas con anterioridad a la \u00abnueva problem\u00e1tica\u00bb se rigen por la ley de la inercia cultural y elaboran en seguida explicaciones <em>ad hoc<\/em> para seguir manteniendo su vigencia (de forma tal que en per\u00edodos hist\u00f3ricos como el que vivimos se hace habitual la adopci\u00f3n defensiva incluso de argumentos de teor\u00edas ideol\u00f3gicamente contrarias).<\/p>\n<p>Ya una enumeraci\u00f3n tan simple como \u00e9sta sugiere que las teor\u00edas pol\u00edtico-morales respetuosas de los resultados de la ecolog\u00eda y conectadas a las s\u00edntesis de la \u00abproblem\u00e1tica global\u00bb tendr\u00e1n que contar tambi\u00e9n con la aportaci\u00f3n de otros saberes (psicolog\u00eda, sociobiolog\u00eda, pedagog\u00eda, teor\u00eda pol\u00edtica, teor\u00eda de la comunicaci\u00f3n y de la informaci\u00f3n, etc, etc.).<\/p>\n<p>Y se comprende que, interviniendo tantas y tan diferentes variables al llegar a este plano, el arco de las teor\u00edas pol\u00edtico-morales declaradamente ecologistas se abra tanto como el arco pol\u00edtico existente. De hecho, ha habido y hay ecologistas y ecologismos de todos los colores. La explicaci\u00f3n m\u00e1s plausible de esta proliferaci\u00f3n de ecologismos ahora es que ha producido un cruce entre la aceptaci\u00f3n generalizada de que hay que integrar en una nueva s\u00edntesis los resultados de la ecolog\u00eda (de ah\u00ed la coincidencia <em>en lo verde<\/em>) y la reafirmaci\u00f3n de que hay diferentes maneras de entender la sociedad buena o los viejos ideales de democracia, igualdad, solidaridad, fraternidad, armon\u00eda con la naturaleza, etc. (de ah\u00ed los econacionalismos, los ecosocialismos, los ecocomunismos, los ecoliberalismos y los ecofascismos).<\/p>\n<p>Las formas de llegar al ecologismo son, en efecto, varias y variopintas. Cada cual puede hacer mentalmente su enumeraci\u00f3n. Lo interesante en este plano no es una discusi\u00f3n acerca de los motivos (aducidos, atribuidos o reales) por los que las gentes se hacen ecologistas en nuestro mundo. Y menos a\u00fan promover esa discusi\u00f3n en nombre de alguna supuesta coherencia ecologista por definir. Sobre este punto (al que desgraciadamente se dedica a\u00fan mucho tiempo) no me parece que se pueda ir m\u00e1s all\u00e1 del viejo consejo: <em>paciencia<\/em> con los motivos aducidos por los dem\u00e1s y <em>mesura<\/em> en la expresi\u00f3n de las convicciones propias.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tan poco?<\/p>\n<p>Porque la formulaci\u00f3n de teor\u00edas pol\u00edtico-morales globales o globalizadoras que incluyen creencias y propugnan cl\u00e1usulas de coherencia teor\u00eda\/pr\u00e1ctica son siempre asuntos abismales en los que pasarse un pel\u00edn puede suponer el propiciar que otros, menos acostumbrados al c\u00e1lculo racional y a la distinci\u00f3n entre planos, se arrojen al abismo (irracionalista: aqu\u00ed Luk\u00e1cs ense\u00f1a), bien sea por no atreverse a pensar con coherencia todas las implicaciones pr\u00e1cticas de la teor\u00eda concreta en el momento dado, bien porque el confuso pensamiento de tales problemas desespera y pone negros a muchos. (Por cierto, algo as\u00ed debe de estar pasando para que aumente tanto el n\u00famero de sacerdotes, nigromantes, sectarios, fundamentalistas, astr\u00f3logos, echadores de cartas, sanadores y dem\u00e1s ralea <em>que coinciden<\/em>, eso s\u00ed, en una vaporosa, vaga y equ\u00edvoca afirmaci\u00f3n del \u00abparadigma\u00bb ecologista).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo 1: Albert Einstein sobre hechos y valores<\/h3>\n<p><em>Texto no fechado. Escrito tal vez en 2005, cuando el autor public\u00f3 su <\/em>Albert Einstein. Ciencia y conciencia<em>, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2005<\/em>[1]<em>.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Einstein se ocup\u00f3 en varias ocasiones de otro tema que en sus a\u00f1os de madurez parece haber considerado central: el de los l\u00edmites del an\u00e1lisis reductivo y del formalismo propio del conocimiento cient\u00edfico positivo. De un f\u00edsico te\u00f3rico como Einstein no se puede esperar precisamente desprecio del formalismo en ciencia. Al contrario: para \u00e9l era obvio que si se quiere evitar la imprecisi\u00f3n del lenguaje ordinario no hay m\u00e1s remedio que dedicarse a la matem\u00e1tica. Pero, dicho eso, como a\u00f1ade en una carta a Born, reconoc\u00eda que el objetivo de la precisi\u00f3n s\u00f3lo se logra <em>a costa de una claridad completamente abstracta<\/em>, de manera que el contenido vivo y la claridad pueden acabar haci\u00e9ndose incompatibles, se rechazan mutuamente. Durante alg\u00fan tiempo Einstein pens\u00f3 que este rechazo o esta incompatibilidad se estaba viviendo de un modo completamente dram\u00e1tico en el campo de la f\u00edsica. Por lo general, tendi\u00f3 a explicar la limitaci\u00f3n del an\u00e1lisis reductivo y de los formalismos de dos maneras.<\/p>\n<p>En primer lugar, aludiendo a las dificultades del proceder cient\u00edfico para dar cuenta de complejos fenomenol\u00f3gicos en los que interviene un n\u00famero de factores demasiado grande. En ese caso \u2013argumentaba Einstein\u2013 el m\u00e9todo cient\u00edfico, limitado por su propia naturaleza al an\u00e1lisis, no puede captar conexiones que son de generalidad profunda. Tal afirmaci\u00f3n est\u00e1 implicando la necesidad de mantener un punto de vista generalizador, globalizador, junto al an\u00e1lisis reductivo del proceder cient\u00edfico positivo. Por otra parte, Einstein acepta la distinci\u00f3n b\u00e1sica seg\u00fan la cual la ciencia trata de lo que es, mientras que, en cambio, acerca del <em>deber ser<\/em> no tiene nada que decir. Pero en este punto sus esfuerzos por encontrar mediaciones entre ambos planos revelan una oscilaci\u00f3n que va desde la mutua tolerancia entre ciencia y sentimiento religioso hasta el reconocimiento de la posibilidad de fundamentar racionalmente ciertas concepciones del mundo.<\/p>\n<p>Algunos pasos de sus escritos parecen estar sustentando, en efecto, la idea de que se trata de dos mundos irreductibles, irremisiblemente separados, por lo que el \u00e1mbito del deber ser, de los valores, del sentido y de la finalidad de la existencia apenas es susceptible de tratamiento racional. En cualquier caso, en las declaraciones que hizo sobre sus propias actividades esta separaci\u00f3n entre el plano cient\u00edfico y el \u00e1mbito de los valores es muy radical. Por ejemplo, en una carta escrita el 20 de agosto de 1949, dec\u00eda: \u00abMi trabajo cient\u00edfico tiene como motor una pasi\u00f3n ardiente e irresistible dirigida a comprender los secretos de la naturaleza, y ning\u00fan otro sentimiento. Mi amor a la justicia y la lucha por contribuir a mejorar las condiciones de vida de los hombres son completamente independientes de mis intereses cient\u00edficos. Seg\u00fan esto, desde un punto de vista objetivo resultar\u00eda absurdo buscar el sentido de nuestra existencia individual\u00bb. Einstein se ha referido varias veces a una opini\u00f3n ajena seg\u00fan la cual tal vez la especie humana no tenga por qu\u00e9 seguir existiendo sobre la Tierra, siempre para a\u00f1adir que tal opini\u00f3n no puede refutarse por procedimiento racionales[2].<\/p>\n<p>Ahora bien, la falta de fundamento cient\u00edfico-racional del sentido de la existencia humana individual y colectiva tampoco tiene por qu\u00e9 conducir necesariamente al pesimismo acerca de la vida del hombre en la Tierra. Optimismo y pesimismo son para Einstein estados de \u00e1nimo que cuando intentan convertirse en concepto global o en pensamiento filos\u00f3fico resultan dar en vulgaridades. Como escribi\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n a Born, el sentido o la finalidad de la existencia es algo que se capta inmediatamente o no se capta, el resultado, una vez m\u00e1s, de una especie de intuici\u00f3n previa: el sentido de la existencia se intuye, no se explica. De ah\u00ed que haya dos tipos de desesperaci\u00f3n o de existencia desdichada: la que convierte un estado de \u00e1nimo en generalizaci\u00f3n antropol\u00f3gica acerca de la falta de sentido de la propia vida y de la de los dem\u00e1s, y la que es consecuencia del intento de argumentar en forma probatoria un significado progresivo o positivo de la vida humana.<\/p>\n<p>El l\u00edmite del racionalismo cl\u00e1sico frente a la problem\u00e1tica existencial es, para Einstein, su actitud de retroceso ante el misterio y el asombro, aquel miedo \u00abenfermizo\u00bb a la metaf\u00edsica que, en su opini\u00f3n, se hab\u00eda adue\u00f1ado del filosofar contempor\u00e1neo precisamente en las manifestaciones m\u00e1s pr\u00f3ximas al saber cient\u00edfico; y la desembocadura del pesimismo generalizado es el nihilismo. Pero ante tales limitaciones contrapuestas cabe tambi\u00e9n \u2013y \u00e9sta tendr\u00eda que ser la actitud del cient\u00edfico que conoce los l\u00edmites de su saber y se atreve a reflexionar acerca de los presupuestos y de las finalidades de la ciencia\u2013 establecer una distinci\u00f3n clara entre los planos cient\u00edfico-racional y moral-existencial con sus respectivos universos de discurso; distinci\u00f3n \u00e9sta que, en opini\u00f3n de Einstein, permite asumir con distanciada modestia, docta ignorancia y sentido del humor, dentro de lo que cabe, la perenne contradicci\u00f3n de la vida humana.<\/p>\n<p>En una de sus exposiciones sobre los l\u00edmites de la concepci\u00f3n puramente racional de la existencia Einstein introduce, sin embargo, ciertos matices que son de inter\u00e9s en este contexto, porque precisan hasta qu\u00e9 punto es posible fundamentar racionalmente objetivos y finalidades propios de la concepci\u00f3n del mundo y que, por su naturaleza, escapan a la argumentaci\u00f3n probatoria o demostrativa que es propia del an\u00e1lisis reductivo. En esa exposici\u00f3n repite Einstein su anterior razonamiento acerca de la limitaci\u00f3n de este tipo de an\u00e1lisis practicado por la ciencia, aduciendo ahora que el m\u00e9todo cient\u00edfico s\u00f3lo puede mostrar c\u00f3mo se relacionan los hechos entre s\u00ed y c\u00f3mo est\u00e1n mutuamente condicionados; pero, a continuaci\u00f3n, al referirse a la relaci\u00f3n entre medios o instrumentos y finalidades u objetivos, aclara que el conocimiento cient\u00edfico de lo que es \u00abno abre la puerta <em>directamente<\/em> a lo que deber\u00eda ser\u00bb. Distingue luego Einstein entre \u00abciertos fines\u00bb, para lograr los cuales el an\u00e1lisis reductivo proporciona instrumentos poderosos, y \u00abel objetivo \u00faltimo en s\u00ed\u00bb, el cual est\u00e1 vinculado al anhelo de alcanzarlo y procede de otra fuente distinta de la ciencia.<\/p>\n<p>El matiz que introduce el adverbio <em>directamente<\/em> y la distinci\u00f3n entre \u00abciertos fines\u00bb y \u00abobjetivo \u00faltimo\u00bb parecen estar sugiriendo ah\u00ed que son posibles mediaciones o intermediaciones entre la captaci\u00f3n intuitiva de objetivos y finalidades \u00faltimas humanas y el conocimiento cient\u00edfico-instrumental de la realidad. Esta sugerencia resulta reforzada en el mismo texto por el uso que se hace en \u00e9l de las expresiones <em>m\u00e9todo cient\u00edfico<\/em>, <em>conocimiento objetivo<\/em> y <em>pensamiento inteligente<\/em>. El primero de ellos se emplea para hacer referencia a la explicaci\u00f3n de hechos mutuamente interrelacionados; el segundo \u2013conocimiento objetivo\u2013 para aludir a los instrumentos que ayudan a lograr ciertos fines; y el tercero para nombrar un tipo de captaci\u00f3n cognitiva que entra tambi\u00e9n, indirectamente, en la configuraci\u00f3n de objetivos y juicios \u00e9ticos.<\/p>\n<p>Se sigue de ah\u00ed que el <em>pensamiento inteligente<\/em> del que habla Einstein puede jugar cierto papel en la delimitaci\u00f3n de aquellos objetivos y finalidades que escapan a la metodolog\u00eda cient\u00edfica, puesto que en determinadas circunstancias, seg\u00fan su opini\u00f3n, dicho pensamiento arroja luz acerca de la relaci\u00f3n entre medios y fines. A\u00fan m\u00e1s expl\u00edcito en el reconocimiento de la posibilidad de racionalizar la elecci\u00f3n de fines \u2013por as\u00ed decirlo\u2013 <em>intermedios<\/em> entre el objetivo \u00faltimo y los hechos susceptibles de explicaci\u00f3n cient\u00edfica es este otro paso: \u00abLa ciencia, en la medida en que capta conexiones causales, puede llegar a conclusiones importantes sobre la compatibilidad o incompatibilidad de objetivos y valoraciones\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfEquivale esto a decir que podemos decidir sobre finalidades y valores mediante una argumentaci\u00f3n razonable e inteligente basada en \u00faltima instancia en el conocimiento cient\u00edfico? No es seguro que la respuesta de Einstein sobre la plausibilidad racional de las valoraciones con base cient\u00edfica haya sido positiva. Es seguro, en cambio, que en lo que respecta a las finalidades \u00faltimas, esto es, a lo que en cierto momento llama las definiciones fundamentales en cuanto a objetivos y valores, siempre pens\u00f3 que quedaban fuera del alcance de la ciencia. En la medida en que tales definiciones fundamentales son parte esencial del entramado de la vida humana, se comprende que Einstein haya postulado la dependencia y subordinaci\u00f3n, no l\u00f3gica sino existencial, de la ciencia respecto de la afirmaci\u00f3n de valores en el plano moral.<\/p>\n<p>Hay momentos y contextos en los que Einstein no alude a otras formas de afirmaci\u00f3n de valores, objetivos o finalidades fundamentales que no se hallen directa o indirectamente relacionadas con el sentimiento religioso (en sentido amplio) y en los que, por tanto, no distingue entre fe religiosa y creencia laica que intenta fundamentar un concepto inmanentista del mundo en los datos b\u00e1sicos del conocimiento cient\u00edfico positivo. Pero en otros casos y contextos Einstein distingue con mucha radicalidad entre religi\u00f3n y moral, diferenciado lo que es el sentimiento que se experimenta ante la belleza, simplicidad y estructura del universo y la moralidad, que es cosa de los humanos, pero que puede no tener que ver con la idea de Dios, y el sentimiento religioso propiamente dicho. Al llegar a este punto, y despu\u00e9s de afirmar la superioridad social-existencial del conocimiento moral sobre el conocimiento cient\u00edfico, Einstein sol\u00eda remitirse a la sabidur\u00eda cl\u00e1sica (occidental y oriental). En septiembre de 1937 escrib\u00eda a este respecto que el conocimiento y la habilidad no pueden conducir por s\u00ed solos a la humanidad hacia un orden feliz y digno, porque \u00e9sta, la humanidad, tiene toda la raz\u00f3n al colocar a quienes proclaman ideas morales y valores elevados por encima de los que descubren verdades objetivas. Cita Einstein, en ese contexto, a Buda, a Mois\u00e9s y a Jes\u00fas de Nazaret. Y en diciembre de 1950, respondiendo a una larga carta de un estudiante de la universidad de Rutgers, que le preguntaba por la raz\u00f3n de ser del hombre en la tierra y que mencionaba expl\u00edcitamente a Pascal para desmarcarse claramente de la apuesta religiosa, Einstein contesta matizando: \u00abCuando hablamos del motivo y de la meta de una acci\u00f3n, lo \u00fanico que nos preguntamos es esto: \u00bfqu\u00e9 tipo de deseo se puede satisfacer, qu\u00e9 acciones permiten realizar estos deseos y qu\u00e9 consecuencias, indeseables o no, pueden tener tales acciones? Tambi\u00e9n podemos, desde luego, hablar claramente de la meta de una acci\u00f3n cuando se sit\u00faa uno desde el punto de vista de la comunidad a que el individuo pertenece. En este caso el fin de la acci\u00f3n debe satisfacer tambi\u00e9n, al menos indirectamente, los deseos de los individuos que constituyen la sociedad. Pues bien, si me pregunta usted sobre la raz\u00f3n o el fin de la sociedad considerada globalmente, la pregunta no tiene sentido. Tiene m\u00e1s sentido, desde luego, interrogarse sobre la raz\u00f3n o la significaci\u00f3n de la naturaleza en general [&#8230;] Sin embargo, todos tenemos la sensaci\u00f3n de que es muy razonable e importante preguntarnos c\u00f3mo deber\u00edamos intentar conducir nuestras existencias. En mi opini\u00f3n, la respuesta es: satisfacer los deseos y las necesidades de todos en la medida de lo posible y lograr la armon\u00eda y la belleza en las relaciones humanas. Esto presupone una buena dosis de discernimiento, educaci\u00f3n y dominio de uno mismo. Es innegable que los griegos instruidos y los viejos sabios orientales tuvieron un nivel mucho m\u00e1s elevado en este campo, de importancia capital, que lo que es corriente hoy en nuestras escuelas y universidades.\u00bb<\/p>\n<p>Notas: 1. Carta de Einstein a Born, del 15 de enero de 1927. 2. Sobre el tema de la relaci\u00f3n entre hechos y valores: A. Einstein, <em>Mis ideas y opiniones<\/em> cit., p\u00e1gs. 27, 32 y ss. Y 42-43. La carta ha sido incluida por H. Dukas y B. Hoffmann en la recopilaci\u00f3n citada que lleva por t\u00edtulo <em>Albert Einstein, The human side, New glimpses from his Archives<\/em>.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>Anexo 2: Sobre objetividad<\/h3>\n<p><em>Texto, no fechado; el t\u00edtulo no es del autor.<\/em><\/p>\n<p><em>De principios de los 2000 probablemente, relacionado probablemente con alguna conferencia del autor .<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. La idea de que no hay ni puede haber conocimiento objetivo se ha expresado a lo largo de la historia en alguna de estas tres proposiciones:<\/p>\n<p>1\u00ba. No hay ni puede haber ning\u00fan conocimiento objetivo de lo real porque todo conocimiento es representaci\u00f3n y toda representaci\u00f3n es producto de la subjetividad de los humanos;<\/p>\n<p>2\u00ba. No hay ni puede haber objetividad ni siquiera en las ciencias naturales porque los cient\u00edficos, incluso cuando tratan de hechos o fen\u00f3menos naturales, est\u00e1n determinados por situaciones e intereses ajenos a la ciencia y por las ideolog\u00edas dominantes en el momento en que investigan.<\/p>\n<p>3\u00ba. No hay ni puede haber conocimiento objetivo en el \u00e1mbito de las humanidades y de las ciencias sociales porque quienes las hacen o las practican viven dentro de sociedades (su objetivo de estudio) y, por consiguiente, tienen intereses sociales, participan en los movimientos sociales y aceptan ciertos modos de vida.<\/p>\n<p>II. Lo que se dice en la proposici\u00f3n 1) es trivial y no afecta a la afirmaci\u00f3n de que haya o pueda haber representaciones objetivas de lo que pasa en la realidad, representaciones elaboradas, obviamente, a partir de la subjetividad. Esta tesis s\u00f3lo tiene un sentido pol\u00e9mico aceptable en el caso de que el interlocutor defendiera que las representaciones son copias o espejos simb\u00f3licos de lo que hay o pasa en la realidad exterior. Pero esta es una concepci\u00f3n abandonada hace mucho tiempo en el \u00e1mbito filos\u00f3fico y en el \u00e1mbito cient\u00edfico. Por tanto, se puede concluir que la proposici\u00f3n 1) combate contra molinos de viento.<\/p>\n<p>Lo que se dice en la proposici\u00f3n 2) confunde los \u00e1mbitos en que puede y no puede hablarse de objetividad: el \u00e1mbito del descubrimiento de tales o cuales teor\u00edas o representaciones y el \u00e1mbito de la justificaci\u00f3n o validaci\u00f3n de dichas teor\u00edas.<\/p>\n<p>Lo que se dice en la proposici\u00f3n 3) es una tesis separatista, la cual supone que hay diferencia esencial entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. Conviene discutirla aparte.<\/p>\n<p>III. El punto de vista que algunos autores llaman anticient\u00edfico (y que podr\u00edamos llamar separatista) no s\u00f3lo afirma la dificultad de ser objetivos; niega incluso la posibilidad misma de la objetividad en ciencias sociales. La idea de que las ciencias sociales no pueden ser objetivas est\u00e1 muy extendida.<\/p>\n<p>Un primer paso para refutar esta cr\u00edtica a la objetividad de las ciencias sociales ser\u00eda declarar que es irrelevante para aquel que centra su atenci\u00f3n en la <em>l\u00f3gica<\/em> de la investigaci\u00f3n social. Pues no es lo mismo preguntar c\u00f3mo ha llegado una persona a formar una creencia que preguntar si existe evidencia suficiente para fundamentarla. Se puede decir que se trata de preguntas que se contestan en dos \u00e1mbitos o contextos diferentes: el \u00e1mbito o contexto del <em>descubrimiento<\/em> cient\u00edfico y el \u00e1mbito o contexto de la <em>validaci\u00f3n o justificaci\u00f3n racional<\/em>.<\/p>\n<p>Una forma posible de aclarar el problema es decir que, m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 de los caminos y determinaciones que los cient\u00edficos sociales hayan seguido en cada caso, la objetividad o falta de objetividad s\u00f3lo ser\u00e1 tomada en consideraci\u00f3n <em>en el \u00e1mbito de la validaci\u00f3n o justificaci\u00f3n racional de los resultados o del producto de la investigaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>El proceso para llegar a tal resultado o producto no interesa aqu\u00ed. Cabr\u00eda decir que tal o cual teor\u00eda producida es objetiva en el campo de las ciencias sociales siempre y cuando su resultado haya sido <em>suficientemente contrastado<\/em>. Lo cual, en cierto modo, equipara \u00abobjetividad\u00bb a \u00abverdad\u00bb, con independencia de los vericuetos que el investigador o grupo de investigadores haya(n) seguido para su elaboraci\u00f3n. Estos \u00faltimos, los vericuetos por los que se ha llegado a tal o cual teor\u00eda, ser\u00e1n objeto de la historia y de la sociolog\u00eda de las ciencias sociales o de la sociolog\u00eda del conocimiento en general.<\/p>\n<p>IV. Todav\u00eda podemos seguir pregunt\u00e1ndonos si los problemas referentes a las causas de las creencias del investigador son, como se dice, <em>irrelevantes<\/em> desde el punto de vista l\u00f3gico. La respuesta a eso, como admite, por ejemplo, un tratadista de la l\u00f3gica de la investigaci\u00f3n social, Q. Gibson[3], es que no lo son. Pero el que haya que admitir la importancia del examen de la formaci\u00f3n de las creencias sustentadas por los investigadores sociales no quiere decir que haya que dar por sentada la acusaci\u00f3n sobre la falta de objetividad. Lo que hay que hacer, a partir de ah\u00ed, es examinar las influencias que afectan a las creencias.<\/p>\n<p>Una forma posible de abordar este asunto ser\u00eda afirmar lo siguiente: ser objetivo <em>en la investigaci\u00f3n<\/em> quiere decir que uno <em>no<\/em> permite que sus creencias se vean influidas de un modo adverso por motivos o intereses personales, por la costumbre o por la situaci\u00f3n social. Esa es una buena intenci\u00f3n. Marx, como investigador social, empieza declarando su propio punto de vista, que es un punto de vista de clase, no lo oculta, pero luego a\u00f1ade: \u00abLlamo canalla al investigador que acomoda su ciencia a los intereses partidistas\u00bb. Algo parecido, aunque con otro lenguaje, escribi\u00f3 Max Weber. Y algo similar han afirmado, m\u00e1s recientemente, te\u00f3ricas del feminismo, como Virginia Held, despu\u00e9s de reivindicar la aproximaci\u00f3n de las mujeres al conocimiento cient\u00edfico.<\/p>\n<p>V. Ahora bien, declaraciones de ese tipo, o la cr\u00edtica del incumplimiento, es todav\u00eda una respuesta insuficiente a la objeci\u00f3n de la falta de objetividad en el \u00e1mbito de las ciencias sociales. Conviene analizar los factores que interfieren en la objetividad de las ciencias sociales, que ser\u00edan: a) la influencia de los motivos personales (a lo que se opone la petici\u00f3n de evidencia); b) la influencia de la costumbre o el temor a la desaprobaci\u00f3n de la sociedad; c) la influencia de la situaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>En los tres casos se puede admitir que hay diferencia <em>de grado<\/em> respecto de las ciencias naturales, pero no de sustancia, puesto que el f\u00edsico, el qu\u00edmico o el bi\u00f3logo est\u00e1n igualmente expuestos a los prejuicios e ideolog\u00edas derivados (de hecho Francis Bacon ya hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n acerca de los <em>idola<\/em> y de los prejuicios en general en el marco de la filosof\u00eda (ciencia) de la naturaleza).<\/p>\n<p>La observaci\u00f3n de que hay diferencia de grado, pero no de sustancia, obliga a una estimaci\u00f3n distinta de lo que se entiende por <em>objetividad<\/em>.<\/p>\n<p>El simple hecho de que el investigador social sea \u00e9l mismo un participante en la actividad p\u00fablica no es raz\u00f3n suficiente para admitir la imposibilidad de objetividad: nadie es causalmente independiente del objeto de su investigaci\u00f3n. <em>Una cosa es decir que el investigador social est\u00e1 expuesto a peligros especiales y otra muy distinta demostrar que los investigadores sociales sucumben siempre ante ellos<\/em>.<\/p>\n<p>Uno de los caminos m\u00e1s apropiados para examinar la valoraci\u00f3n de la objetividad consiste en someter los casos particulares a diversas pruebas. Pero por ese camino no se obtienen pruebas concluyentes. Hay otro camino: averiguar si la teor\u00eda es sostenible o no desde el punto de vista de la raz\u00f3n. Pero este tipo de prueba parte del supuesto de que somos capaces de apreciar la evidencia por nosotros mismos y de que nuestras propias conclusiones no se ver\u00e1n desviadas por los motivos que criticamos en otros.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que lo m\u00e1s sensato sea concluir dos cosas. Primera: que el verdadero remedio consiste en <em>tener conciencia<\/em> de esas influencias. Segundo: recurrir constantemente a la <em>pol\u00e9mica y la cr\u00edtica abierta<\/em> de las teor\u00edas, que son siempre conjeturas o hip\u00f3tesis en proceso, en construcci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. As\u00ed, pues, la objetividad, en relaci\u00f3n con el conocimiento, se puede defender en uno de estos sentidos:<\/p>\n<p>1) En t\u00e9rminos generales, como un ideal, como una idea reguladora, como una aspiraci\u00f3n a la verdad en el \u00e1mbito individual o colectivo. Como un ideal que acompa\u00f1a al deseo de conocer, que es una b\u00fasqueda sin t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>2) En el \u00e1mbito de la <em>validaci\u00f3n<\/em> de los resultados de las teor\u00edas, como contrastaci\u00f3n intersubjetiva, es decir, como intersubjetividad, en el sentido de que todos y cada uno de los humanos pueden repetir los pasos l\u00f3gicos dados para alcanzar tal conclusi\u00f3n o resultado dentro de los l\u00edmites de la argumentaci\u00f3n (probatoria o demostrativa, probabilitaria, plausible, etc.)<\/p>\n<p>3) En el \u00e1mbito de la investigaci\u00f3n en marcha o <em>en el proceso de descubrimiento<\/em> como <em>ecuanimidad<\/em>, es decir, como conciencia de las influencias sufridas, distanciamiento respecto de las propias hip\u00f3tesis y apertura a la cr\u00edtica y a la pol\u00e9mica.<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<p>[1] NE. Ensayo cuya presentaci\u00f3n, fechada el 23\/1\/2005, cerraba el autor con estas palabras: \u00abCuando en 1984 empec\u00e9 a trabajar en este ensayo sobre Einstein pensaba dedic\u00e1rselo a Manuel Sacrist\u00e1n para celebrar sus sesenta a\u00f1os. Siendo yo un joven estudiante de filosof\u00eda, Sacrist\u00e1n me hizo ver la importancia de Einstein no solo como cient\u00edfico sino tambi\u00e9n como pensador influyente en el filosofar no-licenciado del siglo XX. Por desgracia, fui muy lento en la redacci\u00f3n del texto, o tal vez quise mirar demasiado el diente del caballo antes de regalarlo, como aconseja Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, y Sacrist\u00e1n muri\u00f3 antes de lo que esper\u00e1bamos quienes le quer\u00edamos. Ahora, mejorado el texto, o al menos eso espero, lo dedico a su memoria.\u00bb<br \/>\n[2] NE. La frase original de Einstein \u2013\u00abFreedom and Science\u00bb, editado por Ruth Nanda Anshem en <em>Freedom, its meaning<\/em>, Nueva York: Harcourt, Brace, and Company, 1940\u2013 dice as\u00ed: \u00abS\u00e9 que es empresa in\u00fatil discutir sobre juicios de valor fundamentales. Si alguien aprueba, por ejemplo, como objetivo, la erradicaci\u00f3n del g\u00e9nero humano de la Tierra, nadie puede refutar tal punto de vista sobre bases racionales. Pero si hay acuerdo sobre ciertos objetivos y valores, uno puede discutir racionalmente sobre los medios por los que pueden alcanzarse estos objetivos\u00bb (Albert Einstein, <em>Mis ideas y opiniones<\/em>, Barcelona: Antoni Bosch editor, p. 27).<br \/>\n[3] NE. Quentin Gibson, <em>La l\u00f3gica de la investigaci\u00f3n social<\/em>, Madrid: Tecnos, 1968.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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