{"id":1322,"date":"2010-01-21T00:00:00","date_gmt":"2010-01-21T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1322"},"modified":"2020-02-22T11:22:56","modified_gmt":"2020-02-22T10:22:56","slug":"sobre-el-sacristan-que-podemos-seguir-leyendo-en-el-siglo-xxi-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1322","title":{"rendered":"Sobre el Sacrist\u00e1n que podemos seguir leyendo en el siglo XXI (I)."},"content":{"rendered":"<p><em>Recordando a Manuel Sacrist\u00e1n (1925-1985), veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">[\u2026] De todas las formas de nombrar \u201cal otro\u201d necesario y posible del capitalismo inmundo, la palabra \u201ccomunismo\u201d es la que conserva m\u00e1s sentido hist\u00f3rico y carga program\u00e1tica explosiva. Es la que evoca mejor lo com\u00fan del reparto y de la igualdad, la puesta en com\u00fan del poder, la solidaridad enfrentada al c\u00e1lculo ego\u00edsta y a la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, la extensi\u00f3n a los bienes de primera necesidad de un espacio de gratuidad (desmercantilizaci\u00f3n) de los servicios, contra la rapi\u00f1a generalizada y la privatizaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Daniel Bensa\u00efd (2009), \u201cPotencias del comunismo\u201d, Viento Sur<\/p>\n<p>Cualquier aproximaci\u00f3n a la bibliograf\u00eda de Sacrist\u00e1n es inevitablemente deudora del documentado e imprescindible art\u00edculo de Juan-Ram\u00f3n Capella \u201cAproximaci\u00f3n a la bibliograf\u00eda de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n\u201d (mientras tanto, 30-31, mayo 1987, pp. 193-223), trabajo que el propio autor ha revisado y ampliado en ocasiones posteriores [1]. A la pionera aportaci\u00f3n del autor de La pr\u00e1ctica de Manuel Sacrist\u00e1n. Una biograf\u00eda pol\u00edtica hay que sumar la tenaz y fruct\u00edfera investigaci\u00f3n de Miguel Manzanera en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens [2] adem\u00e1s de la detallad\u00edsima bibliograf\u00eda incorporada a su tesis doctoral [3] sobre la obra pol\u00edtico-filos\u00f3fica del traductor de El Capital.<\/p>\n<p>Igualmente, todo an\u00e1lisis de \u201cla obra\u201d de Manuel Sacrist\u00e1n deber\u00eda tener muy en cuenta su oce\u00e1nica, su al\u00e9fica labor socr\u00e1tico-traductora. Sus m\u00e1s de cien traducciones, sus casi 30.000 p\u00e1ginas [4] vertidas a un deslumbrante castellano de autores tan diversos como Plat\u00f3n, Quine, Marx, Engels, Hasenjaeger, Church, Schumpeter, Luk\u00e1cs, Heller, Korsch, Geymonat, Labriola, Taton o Gramsci [5] producen v\u00e9rtigo y m\u00e1ximo reconocimiento ante una labor casi incomensurable hecha, adem\u00e1s, en condiciones de extrema dificultad. M\u00e1s de una generaci\u00f3n de universitarios espa\u00f1oles, y de pa\u00edses latinoamericanos, se ha formado con esas traducciones cuyas presentaciones (e incluso sus pies de p\u00e1gina de traductor) nunca pasaron desapercibidas [6]. Por lo dem\u00e1s, al aproximarnos a las dimesiones y registros de la obra y hacer de Sacrist\u00e1n corremos el riesgo de caer en la m\u00e1s flagrante injusticia: de una arista esencial de esa \u201cobra\u201d, de sus numerosas intervenciones en \u00e1mbitos acad\u00e9micos y ciudadanos con la finalidad, siempre presente en \u00e9l, de cuidar, informar y cultivar la raz\u00f3n p\u00fablica, quedan s\u00f3lo algunos testimonios escritos, sonoros y\/o filmados, muestra no siempre representativa de esta labor descomunal que tanto ha ense\u00f1ado a numerosos ciudadanos y que ha generado tantas vocaciones de rebeld\u00eda y pasi\u00f3n veraz por el conocimiento.<\/p>\n<p>De su v\u00e9rtice de profesor, trasterrado por presiones nacional-cat\u00f3licas a la Facultad de Econ\u00f3micas, sin c\u00e1tedra de L\u00f3gica en una oposici\u00f3n hegemonizada por el Opus Dei y perdida de antemano en 1962, expulsado de la Universidad tres a\u00f1os m\u00e1s tarde por motivos pol\u00edticos para ser tard\u00edamente reconocido como catedr\u00e1tico universitario al final de su vida, los testiminios se agolpan desde atalayas diversas: no s\u00f3lo fue un excelente profesor, cuando le dejaron serlo, dos d\u00e9cadas aproximadamente, sino que fue un maestro con un legado que permanece.<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose a Heinrich Scholz, el gran l\u00f3gico alem\u00e1n, el fundador del Instituto de L\u00f3gica de M\u00fcnster donde Sacrist\u00e1n estudi\u00f3, alguien que \u00e9l consider\u00f3 uno de sus pocos maestros, escribi\u00f3:<\/p>\n<p>No dej\u00f3 nunca de ser un fil\u00f3sofo, asumiendo adem\u00e1s la responsabilidad moral que \u00e9l consideraba aneja a ese t\u00edtulo. Las palabras se adaptan perfectamente a las caracter\u00edsticas del propio Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>Los primeros art\u00edculos que Sacrist\u00e1n escribi\u00f3, aparte de una Historia sin\u00f3ptica de la filosof\u00eda que circul\u00f3 entre sus amigos y conocidos [7], fueron publicados en Estilo, Qvadrante y Laye. Fueron s\u00f3lo dos los trabajos publicados en la primera de estas publicaciones [8]: \u201cAgua destilada. Ideas pur\u00edsimas&#8217;, Estilo, 8, diciembre 1944, p. 4, y \u201cEsperamos el di\u00e1logo\u201d, Estilo, 26, mayo 1946, pp. 1 y 3, firmado como \u201cE. L.\u201d [9], pero en cambio fueron muchos m\u00e1s los trabajos publicados en Qvadrante, una publicaci\u00f3n donde \u00e9l y su amigo Juan-Carlos Garc\u00eda Borr\u00f3n desempe\u00f1aron un papel esencial. Entre estos art\u00edculos cabe citar: \u201cResponso a la silenciada muerte de Miguel Villalonga\u201d, Qvadrante, n\u00ba 1, noviembre 1946, p. 7; \u201cLa \u201cEleg\u00eda a la muerte de un perro\u201d de Miguel de Unamuno\u201d, Qvadrante, n\u00ba 2, enero 1947 (v\u00e9ase anexo); \u201cYa no existen las fuentecillas de Nuremberga\u201d, Qvadrante, n\u00ba 4, mayo 1947, pp. 12-13, y \u201cBajo las alas de La Cordoniz\u201d, Ibidem, pp. 20-21. Ninguno de estos trabajos fue seleccionado por Sacrist\u00e1n para los vol\u00famenes que componen sus \u201cPanfletos y materiales\u201d.<\/p>\n<p>Fue en Laye, la \u201cinolvidable\u201d en palabras de Josep M. Castellet, donde las aportaciones de Sacrist\u00e1n fueron m\u00e1s frecuentes y diversas: cr\u00f3nicas ciudadanas, notas, art\u00edculos de intervenci\u00f3n, rese\u00f1as, art\u00edculos filos\u00f3ficos, cr\u00edtica literaria, cr\u00edtica teatral, cr\u00edtica musical&#8230; Algunos ejemplos de ello: \u201cAlfonso Costafreda: Nuestra eleg\u00eda, Barcelona, 1949\u201d, Laye, n\u00ba 2, abril 1950, p. 11; \u201cAnt\u00edstenes y la polic\u00eda pol\u00edtica&#8217;, Laye, n\u00ba 3, mayo de 1950, pp. 6-7 y 11; \u201cHeidelberg, agosto de 1950. Notas de un cursillista de verano\u201d, Laye n\u00ba 8 y 9, octubre-noviembre de 1950, pp. 9 y 11; \u201cUn mes de Barcelona (Febrero de 1951)\u201d, Laye, n\u00ba 11, febrero de 1951, pp. 37-39; \u201cUna humilde verdad\u201d, Laye, n\u00ba 14, junio-julio 1951, pp. 36-39; &#8216;Entre sol y sol&#8217;, Laye, n\u00ba 18, marzo-abril de 1952, pp. 101-103; \u201cVisita del ministro de Educaci\u00f3n Nacional\u201d, Laye n\u00ba 20, agosto-octubre de 1952, pp. 104-106; &#8216;Teatro (sobre los premios Ciudad de Barcelona)&#8217;, Laye, n\u00ba 22, enero-marzo de 1953, pp. 100-105; \u201cConcepto kantiano de historia\u201d, Ibidem, pp. 5-24; y &#8216;Teatro cl\u00e1sico en Barcelona&#8217;, en Laye, n\u00ba 24, 1954, pp. 88-91 [13].<\/p>\n<p>Un ejemplo poco transitado de estas cr\u00edticas teatrales que apareci\u00f3 en el n\u00famero 3 de Laye, una columna de teatro sin firma, a prop\u00f3sito del estreno por el Teatro de c\u00e1mara de Un tranv\u00eda llamado deseo:<\/p>\n<p>Y los otros, los que por reacci\u00f3n al ambiente en que vivimos gustan de introducirse en ese ambiente denso y maligno de Tennessee Williams cometen asimismo un error de objetividad.<\/p>\n<p>Sacrist\u00e1n incluy\u00f3 algunas de estas contribuciones de Laye en sus \u201cPanfletos y materiales\u201d, en los vol\u00famenes 2, 3 y 4, especialmente en este \u00faltimo, en Lecturas.<\/p>\n<p>En Intervenciones pol\u00edticas, el volumen 3, recogi\u00f3 cuatro trabajos: \u201cComentario a un gesto intrascendente\u201d, y \u201cEntre sol y sol I\u201d, el II y el III. Un motto de Her\u00e1clito abr\u00eda esta secci\u00f3n de la revista: \u201cHasta en los sue\u00f1os son los hombres obreros de lo que ocurre en el mundo\u201d.<\/p>\n<p>En Papeles de filosof\u00eda, el volumen 2, se incluyeron doce rese\u00f1as -cinco de ellas sobre ensayos de la entonces muy desconocida en Espa\u00f1a Simone Weil; otra rese\u00f1a sobre una Introducci\u00f3n a la filosof\u00eda de Karl Jaspers, adem\u00e1s de un comentario sobre la traducci\u00f3n castellana de Jos\u00e9 Gaos de Ser y tiempo-, \u201cNota acerca de la constituci\u00f3n de una nueva filosof\u00eda\u201d, un largo art\u00edculo sobre la gnoseolog\u00eda de Heidegger, \u201cVerdad: desvelaci\u00f3n y ley\u201d, motivo esencial de su posterior tesis doctoral, m\u00e1s una sustantiva y hermosa nota, \u201cHomenaje a Ortega\u201d, que apareci\u00f3 en el n\u00famero 23, el pen\u00faltimo n\u00famero de Laye:<\/p>\n<p>En Lecturas, incluy\u00f3 Sacrist\u00e1n ocho de sus trabajos de cr\u00edtica teatral, musical y literaria aparecidos en Laye sobre la obra de Thornton Wilder, Alberto Moravia, Eug\u00e8ne O\u2019Neill, Orwell, Pedro Salinas, Thomas Mann, Gian Carlo Menotti, Luis Delgado Benavente, Edgar Neville y Rafael S\u00e1nchez Ferlosio. A prop\u00f3sito del Alfanhu\u00ed de este \u00faltimo, se\u00f1alaba Sacrist\u00e1n en una rese\u00f1a que apareci\u00f3 en el n\u00famero 24:<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se deshace ahora la segunda posible objeci\u00f3n a la universalidad del Alfanhu\u00ed siendo la sensibilidad el principal tesoro del libro, la extraordinaria preocupaci\u00f3n formal, el cuidado detallad\u00edsimo de la belleza externa, el preciosismo incluso, es el modo obligado de elaboraci\u00f3n de un tesoro de tal naturaleza.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que colaboraba y ayudaba en Laye no fue menor la participaci\u00f3n de Sacrist\u00e1n en una Enciclopedia pol\u00edtica que finalmente no lleg\u00f3 a editarse. Sus numerosos art\u00edculos, no todos ellos publicados actualmente [14], exigen una aproximaci\u00f3n detallada. Como muestra es bueno recordar esta breve pero sustantiva entrada sobre Confucio [15]:<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p>[1] J. R. Capella, \u201cBibliograf\u00eda de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n: Addenda\u201d, mientras tanto, n\u00ba 63, oto\u00f1o 1995, pp. 155-159.<\/p>\n<p>[2] Sobre la relaci\u00f3n pol\u00edtica y personal de Manuel Sacrist\u00e1n y Francesc Vicens, v\u00e9ase: Salvador L\u00f3pez Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacrist\u00e1n, Barcelona, Destino, 1996, pp. 339-363.<\/p>\n<p>[5] Sacrist\u00e1n firm\u00f3 un contrato de traducci\u00f3n de la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura kantiana que no lleg\u00f3 finalmente a concretarse.<\/p>\n<p>[6] Con un riesgo indudable y, ciertamente, nada especulativo: Manuel V\u00e1zquez Montalb\u00e1n ya se\u00f1al\u00f3 que los pr\u00f3logos de Sacrist\u00e1n eran tan precisos e informativos que la lectura del ensayo que prolongaba desgraciadamente quedaba relegada en ocasiones. Mi caso, aunque no siempre, es contrastaci\u00f3n positiva de la hip\u00f3tesis apuntada.<\/p>\n<p>[7] Testimonio documentado de su amigo de juventud Jes\u00fas N\u00fa\u00f1ez, \u201cPocholo\u201d. Guardo una fotocopia del libro de Sacrist\u00e1n en mi archivo personal.<\/p>\n<p>[8] Sigo en este punto la informaci\u00f3n dada por Juan-Ram\u00f3n Capella en su art\u00edculo indicado en texto principal.<\/p>\n<p>[9] De Manuel Enrique Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n. \u201cE.L.\u201d fueron unas siglas que Sacrist\u00e1n us\u00f3 en algunas de sus aportaciones juveniles.<\/p>\n<p>[11] La Vanguardia, 12 de agosto de 1949. Ve\u00e1se <a href=\"http:\/\/manuelsacristan.blogspot.com\/\">http:\/\/manuelsacristan.blogspot.com<\/a>. Debo a Pere de la Fuente informaci\u00f3n sobre este asunto.<\/p>\n<p>[12] Testimonio de Joaquina Joaniquet. V\u00e9anse sus declaraciones para el documental \u201cSacrist\u00e1n jove\u201d, el primero de los ocho documentales de \u201cIntegral Sacrist\u00e1n\u201d, El Viejo Topo, 2006.<\/p>\n<p>[13] Sacrist\u00e1n eligi\u00f3 una cita de Garcilaso para la contraportada de este \u00faltimo n\u00famero de Laye: \u201cSufriendo aquello que decir no puedo\u201d.<\/p>\n<p>[14] Salvo error por mi parte, ninguno de estos trabajos fueron recogidos en \u201cPanfletos y materiales\u201d. Sacrist\u00e1n no guard\u00f3 copia en sus archivos de la mayor\u00eda de estas entradas. Fue Esteban Pinilla de las Heras quien dio cuenta de ellos en: En menos de la libertad, Barcelona, Anthropos, 1989<\/p>\n<p>[15] Para noticias y reproducciones parciales, amplias en algunos casos, de estos art\u00edculos, v\u00e9ase el ensayo citado E. Pinilla de las Heras, En menos de la libertad, ed cit. Algunas entradas como \u201cKant\u201d, \u201cLibertad\u201d, \u201cPersonalismo\u201d, \u201cSimone Weil\u201d o \u201cPensamiento pol\u00edtico de Jos\u00e9 A. Primo de Rivera\u201d pueden verse actualmente en Manuel Sacrist\u00e1n, Lecturas de filosof\u00eda moderna y contempor\u00e1nea, ed cit. (edici\u00f3n, magn\u00edfica ciertamente, de Albert Domingo Curto).<\/p>\n<p><strong>ANEXO: SOBRE LA <\/strong><strong>ELEG\u00cdA EN LA MUERTE DE UN PERRO<\/strong><strong> DE MIGUEL DE UNAMUNO.<\/strong><\/p>\n<p>El siguiente texto de Sacrist\u00e1n apareci\u00f3, como se se\u00f1al\u00f3, en el n\u00famero 2 de la revista Qvadrante<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Unamuno merece que se aborde el estudio de sus ideas, de sus sentimientos y vivencias, de sus cosas, desprendi\u00e9ndose previamente de la normal sistem\u00e1tica de una cr\u00edtica. Se duele Juli\u00e1n Mar\u00edas en su Miguel de Unamuno de que se llame filos\u00f3fica e ideol\u00f3gica a la poes\u00eda de Unamuno. Pero si esta protesta es justa en cuanto se refiere al conjunto de la obra po\u00e9tica unamunesca, la Eleg\u00eda que examinamos hoy justifica ese marchamo de poes\u00eda conceptual, intelectual y expositiva. Es improcedente analizarla con un criterio exclusiva o preponderantemente literario, pues la an\u00e9cdota real que motiv\u00f3 la composici\u00f3n no tiene sino un ligero eco en tres versos del principio (v. 6-8)<\/p>\n<p>Sus ojos mansos<\/p>\n<p>no clavara en los m\u00edos<\/p>\n<p>con la tristeza de faltarle el habla&#8230;<\/p>\n<p>Todo otro verso de la Eleg\u00eda lleva un contenido ideol\u00f3gico, filos\u00f3fico o bi\u00f3filo, como quiera decir el lector, seg\u00fan el concepto que tenga de las relaciones de Unamuno con la filosof\u00eda. Aun en los tres versos trasladados, se da ya la expresiva nota de un perro con habla.<\/p>\n<p>No es pues arte literario. Desde el primer verso, desde la primera palabra, estamos leyendo una de las condensadas y sinceras s\u00edntesis unamunescas. Hay que buscar, pues, en seguida, el contenido sustancial de la Eleg\u00eda y hurgarle los entresijos para iluminarlos.<\/p>\n<p>Con esta disculpa y raz\u00f3n, eludamos un mejor proemio y entremos en nuestro estudio. Consciente o inconscientemente, Unamuno construy\u00f3 esta poes\u00eda con organicidad, como un cr\u00edtico expondr\u00eda sus teor\u00edas. Progresivamente, pues, recorremos la Eleg\u00eda desde el primero al \u00faltimo verso.<\/p>\n<p>Al enfrentarnos con el tema de la muerte pura -muerte de animal, sin aditamentos ni ambientaci\u00f3n cerebral humana-, Unamuno conserva en el animal muerto su viejo hallazgo de lo ag\u00f3nico. Y as\u00ed, el perro moribundo no est\u00e1 caracterizado -como hubiera querido la t\u00f3pica po\u00e9tica- como fiel, ni evocado como cari\u00f1oso y querido. Tampoco es la muerte que se lo lleva una guada\u00f1a que corta los lazos que unen a perro y amo. Se trata sencillamente de que<\/p>\n<p>la quietud sujet\u00f3 con recia mano<\/p>\n<p>al pobre perro inquieto&#8230; (v. 1 y 2)<\/p>\n<p>La quietud, es decir, la negaci\u00f3n de la agon\u00eda -hablamos de Unamuno- se apodera de la vida perruna. Paralelamente, el perro no ten\u00eda car\u00e1cter m\u00e1s interesante que el de su inquietud. La muerte es la quietud y el perro -cuando vive- era inquieto.<\/p>\n<p>A este aldabonazo de lo ag\u00f3nico en los dos primeros versos de la composici\u00f3n se abre toda la inspiraci\u00f3n con unamunesca y brota de ella esta Eleg\u00eda, esquema magn\u00edfico del proceso ag\u00f3nico. Van desgran\u00e1ndose las turbias premisas de la duda vital, madre de la agon\u00eda del esp\u00edritu. Y -exactamente igual que en su pensamiento expuesto en prosa- aflora primeramente a la conciencia de Unamuno el elemento inicial, negro, obscuro, l\u00fagubre, del agotismo: la promesa de nihilismo, hecha por una terrible y destructora raz\u00f3n. En Unamuno, serenidad, reflexi\u00f3n, discurso, significan destrucci\u00f3n filos\u00f3fica a la corta o a la larga, y aun a la cort\u00edsima muchas veces. Tras de tocar el tema del vivir eterno (v. 14-65) la predisposici\u00f3n cerebral de hombre culto le trae la negaci\u00f3n a la pluma:<\/p>\n<p>Yo fui tu religi\u00f3n, yo fui tu gloria; (v. 69)<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Mis ojos fueron para ti ventana (v. 71)<\/p>\n<p>del otro mundo.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Tambi\u00e9n tu dios se morir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda!<\/p>\n<p>Pero es ya cosa sabida que frente al negador intelectualismo de Unamuno se levanta siempre en \u00e9l, alimentado ansiosamente, el opuesto principio de una esperanza vital proyectada a lo eterno. Tambi\u00e9n se conoce como, con su habitual violencia intelectual, Unamuno potencia esa esperanza inmensa hasta elevarla a la voluntad -es m\u00e1s ib\u00e9rico y unamunesco voluntad que ansia, palabra usada por los comentaristas- de divinidad. Aun cuando reservaremos este punto para m\u00e1s adelante, rese\u00f1amos aqu\u00ed como est\u00e1 expresada esta vivencia en la Eleg\u00eda:<\/p>\n<p>Tal vez cuando acostabas la cabeza<\/p>\n<p>en mi regazo<\/p>\n<p>vagamente so\u00f1abas en ser hombre<\/p>\n<p>despu\u00e9s de muerto (v. 88-91)<\/p>\n<p>No es la \u00fanica vez que Unamuno intenta arcanizar, ponerse en la tesitura de la divinidad para intentar penetrar en su meollo po\u00e9tico, creador. Como muy bien se\u00f1ala Juli\u00e1n Mar\u00edas en la obra citada, este es el sentimiento que le conduce -en Niebla- a convertirse en creador y en ejecutor de un \u201cius necandi omnimoso\u201d<\/p>\n<p>Lo ag\u00f3nico nace en el choque, al choque y por el choque de estos dos principios tan claramente aludidos en la Eleg\u00eda: el intelectual desespero y la espiritual esperanza a la ib\u00e9rica volitiva, schopenhaueriana.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Visto como se plantea Unamuno en estos versos el tema del agonismo, podemos decir cu\u00e1l es el especial inter\u00e9s de la eleg\u00eda, el que nos ha incitado a trabajarla, con preferencia a otras producciones po\u00e9ticas de Unamuno m\u00e1s conocidas y protot\u00edpicas. Y este inter\u00e9s es doble.<\/p>\n<p>En primer lugar, si bien Unamuno agoniza siempre, expone en pocos momentos la substancia del agonismo como lo hace aqu\u00ed.<\/p>\n<p>En segundo t\u00e9rmino -o unamunescamente primero, por vital- observamos lo siguiente: En casi todos las escaramuzas ag\u00f3nicas de Unamuno, su espiritualismo le lleva a una victoria -ligera siempre- del esperanzador principio, aunque sea recurriendo a su entra\u00f1able hallazgo de la \u201cfe en la fe\u201c. Pues bien, en este combate ag\u00f3nico que es la Eleg\u00eda ocurre lo contrario; aqu\u00ed vence el principio de la tristeza y de la muerte, aunque en el \u00faltimo verso -\u201d\u00bfad\u00f3nde vamos?\u201d- Unamuno intente asirse a la duda salvadora.<\/p>\n<p>Ya a media composici\u00f3n, deja caer el verso desesperado:<\/p>\n<p>\u00a1Tambi\u00e9n tu dios se morir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda!<\/p>\n<p>(Y en Unamuno eso significa: y te morir\u00e1s t\u00fa, que eres su sue\u00f1o.) Desde ese momento (v. 75) el pesimismo va dominando en el desarrollo ag\u00f3nico. Y, algo m\u00e1s adelante (v.105 a 111) a lo San Francisco, el hermano amo apostrofa el cad\u00e1ver del hermano perro comparando sus suertes respectivas. Sobrecoge el pesimismo que respecto al hombre respiran estos versos:<\/p>\n<p>T\u00fa has muerto en mansedumbre,<\/p>\n<p>t\u00fa con dulzura,<\/p>\n<p>entreg\u00e1ndote a mi en la suprema<\/p>\n<p>sumisi\u00f3n de la vida;<\/p>\n<p>pero \u00e9l, \u00e9l que gime<\/p>\n<p>junto a la tumba de su dios, de su amo,<\/p>\n<p>ni morir sabe.<\/p>\n<p>No hay aqu\u00ed ni fe en la postura del hombre ante a muerte. Y, en cuanto a lecci\u00f3n del animal, no nos confunda ese \u201csabe morir\u201d del \u00faltimo verso. Se trata de otra cosa, que no es lecci\u00f3n \u00e9tica, sino deseo de seguridad confiada. Comp\u00e1rese si no con alg\u00fan fragmento estoico o eticista en el que se ensalce la serena muerte de los animales como lecci\u00f3n: la \u201cMort du loup [Muerte del lobo]\u201d, de Alfredo de Vigny, por ejemplo. El lobo de Vigny, serio, p\u00e9treo, magistral expone y aconseja al hombre:<\/p>\n<p>Fais inlassablement ta longue et dure t\u00e2che<\/p>\n<p>dans la voie o\u00f9 le sort a voulu t\u00b4appeller.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Puis, apr\u00e8s, comme moi, souffre et meurs sans parler<\/p>\n<p>[Haz incansablemente tu larga y dura tarea<\/p>\n<p>en la senda donde la suerte ha querido llamarte<\/p>\n<p>(&#8230;) entonces, despu\u00e9s, como yo, sufre y muere sin hablar]<\/p>\n<p>No hay, por el contrario, lecci\u00f3n alguna en el perro de Unamuno. Hay sencillamente seducci\u00f3n, envidia amistosa y cordial de la dulce entrega mortal del perro, con fe en la muerte y en el amo, o mejor, con seguridad en ambos casos. Y por eso, los tres \u00faltimos versos de los transcritos son una comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Prosigamos la lectura. La vital tristeza -c\u00f3smica, infinita, te\u00f1ida de su trasconsciente pante\u00edsmo se precipita por momentos.<\/p>\n<p>T\u00fa al morir present\u00edas vagamente<\/p>\n<p>vivir en mi memoria<\/p>\n<p>no morirte del todo,<\/p>\n<p>pero tu pobre hermano<\/p>\n<p>se ve ya muerto en vida,<\/p>\n<p>se ve perdido<\/p>\n<p>y a\u00falla al cielo suplicando muerte.<\/p>\n<p>Nunca ha derrumbado Unamuno -por transitoriamente que fuera- una concepci\u00f3n suya tan rudamente. Y aqu\u00ed lo hace nada menos que con su desorientadora idea de la apocat\u00e1stasis. Traslad\u00e1ndola al perro -bien nos hace ver as\u00ed que no es idea, sino vivencia- Unamuno la reconoce falta de base para profesarla vitalmente un hombre; o, m\u00e1s que reconocerle, la siente falta de base.<\/p>\n<p>Hemos encontrado a Unamuno en un momento negro de su agonismo. Esta es la causa del triste color de esta Eleg\u00eda en la muerte de un perro.<\/p>\n<p>Rebeli\u00f3n ha publicado este art\u00edculo a petici\u00f3n expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[\u2026] De todas las formas de nombrar \u201cal otro\u201d necesario y posible del capitalismo inmundo, la palabra \u201ccomunismo\u201d es la que conserva m\u00e1s sentido hist\u00f3rico y carga program\u00e1tica explosiva. Es la que evoca mejor lo com\u00fan del reparto y de la igualdad, la puesta en com\u00fan del poder, la solidaridad enfrentada al c\u00e1lculo ego\u00edsta y a la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, la extensi\u00f3n a los bienes de primera necesidad de un espacio de gratuidad (desmercantilizaci\u00f3n) de los servicios, contra la rapi\u00f1a generalizada y la privatizaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Daniel Bensa\u00efd (2009), \u201cPotencias del comunismo\u201d, Viento Sur<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cualquier aproximaci\u00f3n a la bibliograf\u00eda de Sacrist\u00e1n es inevitablemente deudora del documentado e imprescindible art\u00edculo de Juan-Ram\u00f3n Capella \u201cAproximaci\u00f3n a la bibliograf\u00eda de Manuel Sacrist\u00e1n Luz\u00f3n\u201d (mientras tanto, 30-31, mayo 1987, pp. 193-223), trabajo que el propio autor ha revisado y ampliado en ocasiones posteriores [1]. A la pionera aportaci\u00f3n del autor de La pr\u00e1ctica de Manuel Sacrist\u00e1n. Una biograf\u00eda pol\u00edtica hay que sumar la tenaz y fruct\u00edfera investigaci\u00f3n de Miguel Manzanera en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens [2] adem\u00e1s de la detallad\u00edsima bibliograf\u00eda incorporada a su tesis doctoral [3] sobre la obra pol\u00edtico-filos\u00f3fica del traductor de El Capital.<\/p>\n<p>Igualmente, todo an\u00e1lisis de \u201cla obra\u201d de Manuel Sacrist\u00e1n deber\u00eda tener muy en cuenta su oce\u00e1nica, su al\u00e9fica labor socr\u00e1tico-traductora. Sus m\u00e1s de cien traducciones, sus casi 30.000 p\u00e1ginas [4] vertidas a un deslumbrante castellano de autores tan diversos como Plat\u00f3n, Quine, Marx, Engels, Hasenjaeger, Church, Schumpeter, Luk\u00e1cs, Heller, Korsch, Geymonat, Labriola, Taton o Gramsci [5] producen v\u00e9rtigo y m\u00e1ximo reconocimiento ante una labor casi incomensurable hecha, adem\u00e1s, en condiciones de extrema dificultad. M\u00e1s de una generaci\u00f3n de universitarios espa\u00f1oles, y de pa\u00edses latinoamericanos, se ha formado con esas traducciones cuyas presentaciones (e incluso sus pies de p\u00e1gina de traductor) nunca pasaron desapercibidas [6]. Por lo dem\u00e1s, al aproximarnos a las dimesiones y registros de la obra y hacer de Sacrist\u00e1n corremos el riesgo de caer en la m\u00e1s flagrante injusticia: de una arista esencial de esa \u201cobra\u201d, de sus numerosas intervenciones en \u00e1mbitos acad\u00e9micos y ciudadanos con la finalidad, siempre presente en \u00e9l, de cuidar, informar y cultivar la raz\u00f3n p\u00fablica, quedan s\u00f3lo algunos testimonios escritos, sonoros y\/o filmados, muestra no siempre representativa de esta labor descomunal que tanto ha ense\u00f1ado a numerosos ciudadanos y que ha generado tantas vocaciones de rebeld\u00eda y pasi\u00f3n veraz por el conocimiento.<\/p>\n<p>De su v\u00e9rtice de profesor, trasterrado por presiones nacional-cat\u00f3licas a la Facultad de Econ\u00f3micas, sin c\u00e1tedra de L\u00f3gica en una oposici\u00f3n hegemonizada por el Opus Dei y perdida de antemano en 1962, expulsado de la Universidad tres a\u00f1os m\u00e1s tarde por motivos pol\u00edticos para ser tard\u00edamente reconocido como catedr\u00e1tico universitario al final de su vida, los testiminios se agolpan desde atalayas diversas: no s\u00f3lo fue un excelente profesor, cuando le dejaron serlo, dos d\u00e9cadas aproximadamente, sino que fue un maestro con un legado que permanece.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[993],"class_list":["post-1322","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","tag-manuel-sacristan"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1322","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1322"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1322\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1322"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1322"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1322"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}