{"id":13299,"date":"2023-02-21T05:00:26","date_gmt":"2023-02-21T04:00:26","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13299"},"modified":"2023-02-21T04:52:11","modified_gmt":"2023-02-21T03:52:11","slug":"critica-literaria-critica-filosofica-critica-cinematografica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13299","title":{"rendered":"Cr\u00edtica literaria, cr\u00edtica filos\u00f3fica, cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica (II)"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se han organizado diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: I. Presentaci\u00f3n de Iris M. Zavala, <\/em>Escuchar a Bajtin<em>. II. Para la presentaci\u00f3n de <\/em>Cultura e imperialismo<em> (Edward Said). III. Presentaci\u00f3n de <\/em>Underground <em>de Emir Kusturica. IV. Sobre <\/em>Nueve cartas a Berta<em>. V. Sobre Wolf Lepenies. VI. Presentaci\u00f3n de la pel\u00edcula de Federico Garc\u00eda Hurtado, <\/em>El Amauta. Vida de Mari\u00e1tegui<em>. VII. Una nota sobre marxismo, po\u00e9tica y cine. Anexo: \u00abPapel Bellaterra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>I. Presentaci\u00f3n de Iris M. Zavala, <em>Escuchar a Bajtin<\/em>, Barcelona, Montesinos, 1996[1]<\/h3>\n<p>1. He le\u00eddo con mucho gusto y mucha identificaci\u00f3n el libro de Iris.<\/p>\n<p>Es un libro de discurso zigzagueante, en el que se va entrando en la obra y en los conceptos de Bajtin como por c\u00edrculos conc\u00e9ntricos. Al leerlo he tenido la impresi\u00f3n de estar subiendo por una escalera de caracol en cuyo primer pelda\u00f1o se escucha lo todav\u00eda no dicho para encontrarse al final, en lo alto de todo, con la resurrecci\u00f3n de la utop\u00eda en forma de fiesta.<\/p>\n<p><em>Escuchar a Bajtin<\/em> no es leer a Bajtin para reproducir o glosar su pensamiento de forma anal\u00edtica y sistem\u00e1tica. Es dialogar con las categor\u00edas te\u00f3ricas de Bajtin. Bajtin en acto, se podr\u00eda decir. Es tirar de los conceptos de Bajtin (dialog\u00eda, ideologema, cronotopo, carnavalizaci\u00f3n, reacentuaci\u00f3n), como se tira de hilos sueltos, para iluminar desde ellos algunos aspectos, siempre en discusi\u00f3n, de la teor\u00eda y la cr\u00edtica literaria.<\/p>\n<p>Hay tres aspectos de este libro que querr\u00eda subrayar.<\/p>\n<p>El primero es la forma de poner en pr\u00e1ctica el proyecto interdisciplinar, tan importante, y a la vez tan dif\u00edcil de concretar, para los estudiosos y los amigos de las humanidades. Aqu\u00ed conocemos bien esa dificultad. Y sabemos que en esto de la interdisplinariedad una cosa es predicar y otra dar trigo. El problema de la interdisplinariedad suele ser casi siempre saber qu\u00e9 cosas son las que hay que interrelacionar cuando la formaci\u00f3n se hace cada vez m\u00e1s especializada. Iris ha sabido establecer en este libro relaciones no s\u00f3lo sugerentes sino tambi\u00e9n sugestivas.<\/p>\n<p>El segundo aspecto es, sobre todo, metodol\u00f3gico. Me ha interesado much\u00edsimo el uso que Iris hace de la contraposici\u00f3n entre visi\u00f3n \u00f3ptica y visi\u00f3n h\u00e1ptica o visi\u00f3n capaz de comprensi\u00f3n. La idea de comprensi\u00f3n es b\u00e1sica para una teor\u00eda de la alteridad o de la otredad. En la literatura historicista y antipositivista \u00abcomprensi\u00f3n\u00bb se ha opuesto, por lo general, a \u00abexplicaci\u00f3n\u00bb. Pero mientras el sentido habitual de \u00abcomprensi\u00f3n\u00bb suele remitir a la idea de \u00absimpat\u00eda\u00bb (comprensi\u00f3n simpat\u00e9tica), la visi\u00f3n h\u00e1ptica, si lo he entendido bien, remite a la distancia ir\u00f3nica y autoir\u00f3nica en la lectura de textos que son exponentes de culturas diversas, diferenciadas.<\/p>\n<p>El tercer aspecto que quisiera subrayar es la perspectiva \u00e9tica, el horizonte \u00e9tico que da unidad al discurso. Iris ha puesto mucho \u00e9nfasis en llamar al atenci\u00f3n sobre la importancia que tiene en Bajtin la dimensi\u00f3n moral, la filosof\u00eda moral. Creo que eso es acertado a la hora de corregir algunas de las interpretaciones, demasiado formalistas, que, desde el redescubrimiento de Bajtin, se han hecho de su obra en el mundo anglosaj\u00f3n. Y que este es el punto de vista adecuado para entender bien obras como el <em>Rabelais<\/em> y como <em>El marxismo y la filosof\u00eda del lenguaje<\/em>.<\/p>\n<p>Esta dimensi\u00f3n \u00e9tica de la obra bajtiniana, como su \u00e9nfasis en el otro y en lo otro, tiene mucho que ver con su filiaci\u00f3n neokantiana (Cohen). <em>Y pone de manifiesto, una vez m\u00e1s, que, desde el punto de vista te\u00f3rico, el mejor marxismo de los a\u00f1os veinte y treinta, en la medida en que haya que considerar a Bajtin-Voloshinov \u00abun marxista\u00bb, no fue el dialectizante y cientificista, de ascendencia hegeliana (la l\u00ednea Lenin-Luk\u00e1cs-Stalin) sino precisamente el dial\u00f3gico que enlaza con el neokantismo<\/em>.[2]<\/p>\n<p>2. Comparto con Iris la pasi\u00f3n por el pensamiento y la literatura renacentista en general y por el pensamiento y la literatura renacentista hisp\u00e1nica en particular. Y como me ha interesado much\u00edsimo el tipo de relaciones que establece entre las cartas de relaci\u00f3n de Col\u00f3n, la historiograf\u00eda indiana del XVI y la picaresca, querr\u00eda sumarme a esta fiesta interdisplinar y comparatista proponiendo una ampliaci\u00f3n de lecturas comparadas en una doble direccci\u00f3n:<\/p>\n<p>2.1. <em>El Crotal\u00f3n<\/em>[3] (que da mucho m\u00e1s de s\u00ed que el <em>Lazarillo<\/em>) en relaci\u00f3n con la historiograf\u00eda indiana.<\/p>\n<p>2.2. Thomas More, Vasco de Quiroga, y el <em>Pantagruel<\/em> de Rabelais para el complejo \u00abutop\u00eda, iron\u00eda, carnaval\u00bb renacentista.<\/p>\n<p>3. Dos discrepancias:<\/p>\n<p>No creo que <em>Lire Le Capital<\/em> de Althusser y Balibar sea, como dice Iris en la p\u00e1g. 173, una \u00ablecci\u00f3n hermen\u00e9utica ejemplar\u00bb. Mas bien creo que <em>Lire Le Capital<\/em> es mala lectura de Marx. Y que como lectura de Marx tiene hoy muy poco inter\u00e9s. En cambio, tiene inter\u00e9s volver a leer <em>Lire Le Capital<\/em>, ahora que ya casi nadie lee eso, con los \u00faltimos escritos autobiogr\u00e1ficos de Althusser al lado y en clave psicoanal\u00edtica. Eso s\u00ed que me parece casi tan apasionante como leer a Dostoievski. Creo que Balibar estar\u00eda de acuerdo conmigo.<\/p>\n<p>En la contraportada, al argumentar el inter\u00e9s de leer a Bajtin en nuestro mundo se califica a este de posmoderno y posideol\u00f3gico. Disiento: es posible que este mundo nuestro de ahora sea posmoderno si entendemos por \u00abmodernidad\u00bb una abstracci\u00f3n unificada que, por lo dem\u00e1s, habr\u00eda que revisar (ha habido varios conceptos de lo moderno desde el siglo XVI). Pero, en cualquier caso, no me parece que sea posideol\u00f3gico. S\u00f3lo han cambiado, y no del todo, algunas de las ideolog\u00edas m\u00e1s difundidas en los a\u00f1os sesenta y setenta. Otras ideolog\u00edas, que cotizaban a la baja hace 20 a\u00f1os, est\u00e1n ahora en auge. Y sobre todo la que m\u00e1s en auge est\u00e1 es la ideolog\u00eda del final de las ideolog\u00edas, que se ha convertido en la principal de las ideolog\u00edas de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>II. Para la presentaci\u00f3n del libro de Edward Said, <em>Cultura e imperialismo<\/em><\/h3>\n<p>1. Me alegra mucho el que las actividades del Instituto Universitario de Cultura para este curso empiecen aqu\u00ed, en la Facultad de Humanidades [UPF], con un coloquio sobre la obra de Edward Said. No dir\u00e9 que lo hayamos buscado y planificado as\u00ed. Pero s\u00ed que ha sido una feliz coincidencia \u00e9sta de la publicaci\u00f3n por la Editorial Anagrama de la traducci\u00f3n castellana de <em>Cultura e imperialismo<\/em>.<\/p>\n<p>Pues un Instituto de Cultura que ofrece un doctorado en Humanidades con dos opciones denominadas, respectivamente, <em>Literatura comparada<\/em> y <em>El mundo como texto<\/em> tiene que tener afinidad, c\u00f3mo no, con un autor, como Edward Said, que es precisamente profesor de literatura comparada y que, entre otras muchas cosas, ha escrito, en 1983, un libro titulado <em>El mundo, el texto y la cr\u00edtica<\/em>. Por lo dem\u00e1s, la reflexi\u00f3n cr\u00edtica de Said sobre la evoluci\u00f3n de la teor\u00eda literaria en el mundo anglosaj\u00f3n y su an\u00e1lisis de lo que est\u00e1n dando de s\u00ed los estudios sobre culturas (no s\u00f3lo literaturas) comparadas han de interesar por igual, me parece, a la comunidad que forma una Facultad de Humanidades, a historiadores, fil\u00f3sofos, literatos y te\u00f3ricos de la literatura.<\/p>\n<p>2. Participar en este coloquio sobre la obra de Said me alegra por razones que no son s\u00f3lo acad\u00e9micas, o sea, por la voluntad del Institut de ser de utilidad a profesores y alumnos de la Facultad de Humanidades y al p\u00fablico en general que amablemente nos acompa\u00f1a esta noche.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me alegra estar aqu\u00ed, en esta mesa, por razones m\u00e1s personales, que no querr\u00eda ocultar.<\/p>\n<p>Primero, por afinidad intelectual con un autor que, en su estudio de las relaciones entre cultura, sociedad y pol\u00edtica, se ha inspirado desde hace muchos a\u00f1os en Antonio Gramsci y en Raymond Williams, que son santos laicos de mi devoci\u00f3n. S\u00e9 que no es \u00e9sta la corriente acad\u00e9mica m\u00e1s de moda en los estudios de teor\u00eda de la literatura y culturas comparadas, pero, como escrib\u00eda hace poco Carlos Garc\u00eda Gual en una rese\u00f1a de <em>Cultura e imperialismo<\/em>, s\u00ed que es \u00abla m\u00e1s interesante para quien crea en la significaci\u00f3n honda de los grandes textos\u00bb.<\/p>\n<p>Tengo todav\u00eda otra raz\u00f3n personal: la simpat\u00eda por este hombre que durante treinta a\u00f1os ha sabido combinar su trabajo como cr\u00edtico literario, como music\u00f3logo y como profesor universitario con la actividad pol\u00edtica en favor de la causa palestina.<\/p>\n<p>Esta simpat\u00eda, en mi caso, se vio acentuada al o\u00edrle contestar, a un entrevistador que le preguntaba c\u00f3mo se puede hacer todo eso a la vez, c\u00f3mo se puede combinar el trabajo acad\u00e9mico con la dedicaci\u00f3n pol\u00edtica a la causa de los palestinos desde Nueva York, precisamente como no suelen contestar a preguntas as\u00ed los intelectuales, o sea, con modestia: \u00abNo lo s\u00e9; simplemente lo hago. No s\u00e9 c\u00f3mo\u00bb.<\/p>\n<p>3. Creo que hay una lecci\u00f3n de Said que conviene no pasar por alto, pues no siempre se ha le\u00eddo bien su obra principal y m\u00e1s conocida: <em>Orientalismo<\/em>.<\/p>\n<p>Al desvelar all\u00ed este mito occidental Said llam\u00f3 la atenci\u00f3n acerca de lo siguiente: la \u00aborientalizaci\u00f3n\u00bb occidental del Oriente geogr\u00e1fico no ha sido durante siglos una fr\u00edvola fantas\u00eda europea con manifestaciones art\u00edsticas, literarias, filos\u00f3ficas y pol\u00edticas, sino algo mucho m\u00e1s importante que eso; ha cuajado en un cuerpo consistente, aunque variable, hecho de teor\u00edas y de pr\u00e1cticas, en el que los t\u00f3picos sobre el despotismo, el esplendor, la crueldad, la sensualidad y el exotismo del Otro expresan precisamente el poder atl\u00e1ntico-europeo sobre un Oriente hist\u00f3ricamente vinculado al imperialismo y al colonialismo.<\/p>\n<p>Un corpus intelectual as\u00ed no se desintegra exclusivamente por la v\u00eda de los estudios acad\u00e9micos. Ya las \u00faltimas p\u00e1ginas de <em>Orientalism<\/em> parecen escritas para salir al paso de esa ilusi\u00f3n. All\u00ed se dec\u00eda: \u00abSi este libro ha de tener alguna utilidad para el futuro ser\u00e1 como aportaci\u00f3n modesta a un desaf\u00edo y tambi\u00e9n como una advertencia, a saber: que los sistemas de pensamiento como el orientalismo, los discursos de poder y las ficciones ideol\u00f3gicas se hacen, se aplican y se mantienen demasiado f\u00e1cilmente [&#8230;] Si el conocimiento del orientalismo tiene alg\u00fan sentido es como advertencia ante la degradaci\u00f3n seductora del conocimiento, de cualquier conocimiento, en cualquier lugar y en cualquier \u00e9poca. Y ahora tal vez m\u00e1s que antes\u00bb.<\/p>\n<p>4. De las muchas cosas interesantes que hay en <em>Cultura e imperialismo<\/em> quisiera referirme exclusivamente y, como simple sugerencia de lectura, a tres.<\/p>\n<p>La primera es de orden metodol\u00f3gico. Dos ideas: <em>entrecruzamiento<\/em> y <em>lectura contrapunt\u00edstica<\/em>.<\/p>\n<p>La idea de <em>entrecruzamiento<\/em>. Tomar en consideraci\u00f3n la experiencia cruzada de occidentales y orientales (o mejor, de europeos, asi\u00e1ticos, africanos y americanos) en un marco caracterizado por la interdependencia de los terrenos culturales, en los cuales el colonizador y el colonizado coexisten y luchan unos con otros a trav\u00e9s de sus representaciones, sus proyecciones, sus geograf\u00edas, sus relatos y sus historias.<\/p>\n<p>La lectura <em>en contrapunto<\/em> debe registrar simult\u00e1neamente el proceso del imperialismo y el de la resistencia, lo que puede realizarse incluyendo, en el an\u00e1lisis de las obras literarias, lo que hab\u00eda sido excluido o estaba s\u00f3lo supuesto.<\/p>\n<p>Al concretar m\u00e1s sobre la lectura contrapunt\u00edstica Said afirma que es necesario leer conjuntamente los textos que proceden del centro metropolitano y de las periferias sin aceptar ya la dicotom\u00eda entre un criterio que privilegia la \u00abobjetividad\u00bb por nuestra parte y otro criterio que da por supuesto el lastre de la \u00absubjetividad\u00bb por la suya.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n, por tanto, no es s\u00f3lo saber <em>c\u00f3mo leer<\/em>, seg\u00fan lo est\u00e1n proponiendo los partidarios de la deconstrucci\u00f3n, sino tambi\u00e9n separar ese aspecto del problema de saber <em>qu\u00e9 se lee<\/em>.<\/p>\n<p>La segunda cosa que querr\u00eda subrayar es una sugerencia de lectura que tiene que ver con la buena aplicaci\u00f3n del m\u00e9todo: la comparaci\u00f3n que hay en libro entre <em>El coraz\u00f3n de las tinieblas<\/em> de Conrad y <em>\u00c9poca de migraci\u00f3n al norte<\/em> del sudan\u00e9s Tayed Salih.<\/p>\n<p>La tercera cosa tiene que ver con la interrelaci\u00f3n entre lo acad\u00e9mico, lo pol\u00edtico y lo personal.<\/p>\n<p>Cultura e imperialismo es un libro sobre el \u00abnosotros\u00bb y el \u00abellos\u00bb en el que autor es a la vez, por voluntad propia, parte de ambos. Y, adem\u00e1s, cr\u00edtico de lo que considera extremos de ambos mundos: la constante afirmaci\u00f3n occidental de superioridad cultural sobre el otro y la r\u00e9plica nativista o indigenista del colonizado que protesta mediante la mera y simple inversi\u00f3n de la concepci\u00f3n del mundo del colonialista.<\/p>\n<p><em>Cultura e imperialismo<\/em> es el libro de un <em>exiliado<\/em>, de un \u00e1rabe cristiano con educaci\u00f3n occidental, que pertenece a los dos mundos (o a los tres) sin ser completamente de uno o de otro. Es interesante, sin embargo, el que Said a\u00f1ada que al emplear la palabra exiliado no se refiere a \u00abalgo triste o desvalido\u00bb. El mismo es consciente de que esta divisi\u00f3n del alma permite comprender los dos mundos con m\u00e1s facilidad. Dice escribir como \u00abnorteamericano y \u00e1rabe que ha vivido problem\u00e1ticamente en los dos mundos\u00bb (453) y que ha vivido tambi\u00e9n \u00abla hostilidad e ignorancia propia de las dos partes de este encuentro cultural complejo y desigual\u00bb (454).<\/p>\n<p>La idea de <em>exilio<\/em> cambia de significado en los \u00faltimos tiempos: se convierte en algo cercano a un h\u00e1bito, una experiencia en la que, por mucho que se reconozca y se sufra la p\u00e9rdida, se atraviesan barreras y se exploran nuevos territorios superando as\u00ed las fronteras can\u00f3nicas cl\u00e1sicas. No es casual que en ese contexto aparezca la referencia a Erich Auerbach: nuestro hogar filol\u00f3gico es el mundo entero y no la naci\u00f3n o el escritor individual (488).<\/p>\n<p>Pero Said, que ha criticado la evoluci\u00f3n del nativismo, del indigenismo y del nacionalismo en el Tercer Mundo en tanto que mera inversi\u00f3n del imperialismo occidental, tambi\u00e9n ha escrito al respecto: \u00abNo quiero que se me malinterprete: no estoy abogando por una posici\u00f3n simplemente anti-nacionalista. Es un hecho hist\u00f3rico que, como fuerza pol\u00edtica movilizadora, el nacionalismo (restauraci\u00f3n de la comunidad, afirmaci\u00f3n de la identidad, emergencia de nuevas pr\u00e1cticas culturales) propuls\u00f3 la lucha contra la dominaci\u00f3n occidental en todo el orbe no europeo. Es tan in\u00fatil oponerse a eso como a la ley de la gravedad de Newton\u00bb (339).<\/p>\n<p>5. En la obra de Said, lo mismo cuando habla de literatura que cuando habla de pol\u00edtica, hay mucha contundencia. Y en toda contundencia hay exageraci\u00f3n. La tesis central del libro, a saber, que existe un v\u00ednculo general entre la novela europea (sobre todo francesa e inglesa) y el colonialismo imperialista, evidentemente lo es, es exagerada. La novela europea viene de m\u00e1s atr\u00e1s y sus temas y sus formas no se dejan reducir al motivo (impl\u00edcito o expl\u00edcito) del colonialismo y del imperialismo.<\/p>\n<p>Se me ocurre que si Said se hubiera ocupado del primero de los imperialismos modernos, el espa\u00f1ol, seguramente habr\u00eda tenido que afinar su tesis para explicarnos la diferencia sustancial entre una obra, el <em>Lazarillo<\/em>, en la que la colonia, Am\u00e9rica, no est\u00e1, y otra en la que, en cambio, est\u00e1 muy presente, <em>El Crotal\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>En toda obra innovadora hay algo de exageraci\u00f3n pol\u00e9mica. Esta lo es. Y ser\u00eda injusto, por tanto, quedarse ahora en la cr\u00edtica de lo que tiene de exagerado. Lo importante de verdad, en <em>Cultura e imperialismo<\/em>, es que nos sit\u00faa delante de un asunto crucial para el humanismo de este fin de siglo: el del estudio del alcance real de la civilizaci\u00f3n que tiene que combinarse con la comprensi\u00f3n del drama hist\u00f3rico del otro, de los otros, de las otras culturas, de las culturas de los vencidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>III. Presentacion de <em>Underground<\/em> de Emir Kusturica<\/h3>\n<p><em>UPF: 29\/V\/1997<\/em><\/p>\n<p>1. Recuperar el tono c\u00f3mico de las pel\u00edculas de Chaplin de la \u00e9poca del cine mudo mezcl\u00e1ndolo con la forma de rotular y de usar el documental del cine sovi\u00e9tico de la \u00e9poca revolucionaria para derivar hacia el sarcasmo en las dos primeras partes (las que cuentan la resistencia antifascista y la exaltaci\u00f3n oficial del r\u00e9gimen de Tito) mediante una interpretaci\u00f3n impostada, teatral, reforzada por la banda de gitanos para cambiar luego completamente de tono, hacia el tono tr\u00e1gico, desde el momento en que se pronuncia las frase: \u00abFalta la verdad\u00bb y \u00abNo podemos vivir en este pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>2. La superposici\u00f3n de historias: la historia real de Petar Popara (el Negro), de Marko Dren y de Natalia (personajes ambivalentes, ambiguos, en el l\u00edmite de lo moral durante la resistencia antifascista) y la reconstrucci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, \u00e9pico-positiva, de los aquellos hechos que tiene varios momentos de gran intensidad: el sarcasmo del encuentro y la conversaci\u00f3n del Marko real con el actor que hace en la pel\u00edcula \u00e9pica el papel de El Negro, y, sobre todo, la genialidad de hacer coincidir la salida del s\u00f3tano de El Negro y su hijo con el rodaje cinematogr\u00e1fico de los hechos de 20 a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>3. En el s\u00f3tano, como en el mito plat\u00f3nico de la caverna: la mejor forma de desideologizar la historia del socialismo: hacer creer a los de abajo que contin\u00faa la guerra antifascista.<\/p>\n<p>4., Y con ese hilo hay, adem\u00e1s, much\u00edsimos aciertos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>IV. Sobre <em>Nueve cartas a Berta<\/em><\/h3>\n<p><em>Guion no fechado.<\/em><\/p>\n<p>1. <em>Viaje<\/em> a Inglaterra (y relaci\u00f3n con estudiantes europeos en Madrid): la apertura al exterior.<\/p>\n<p>2. Las <em>dos Espa\u00f1as<\/em>:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">2.1. La menci\u00f3n expl\u00edcita de Antonio Machado<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">2.2 Una contraposici\u00f3n importante:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">El profesor hablando de Carl Schmitt en la Universidad de Salamanca y los estudiantes hablando de Antonio Gramsci en la universidad de Madrid<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">2.2. El enlace de los j\u00f3venes universitarios de la \u00e9poca con los intelectuales republicanos exiliados: el caso de Jos\u00e9 Caballeira<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">2.3. Pero tambi\u00e9n la conciencia de que los viejos intelectuales republicanos exiliados est\u00e1n perdiendo la noci\u00f3n de la realidad de la Espa\u00f1a de la \u00e9poca.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">La desconexi\u00f3n y la a\u00f1oranza.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">La \u00abenvidia de vivir en este remanso\u00bb: la plaza mayor de Salamanca<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">La casa en Madrid del poeta republicano exiliado est\u00e1, pero todo a su alrededor ha cambiado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Son los a\u00f1os del Plan de Desarrollo<\/p>\n<p>3. <em>Padres e hijos<\/em><\/p>\n<p>El asunto generacional<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con el padre y con la madre: un padre que lo perdona todo \u00abmenos pensar\u00bb;<\/p>\n<p>una madre que est\u00e1 de los nervios.<\/p>\n<p>La complicaci\u00f3n de las relaciones familiares<\/p>\n<p>4. <em>La nueva Espa\u00f1a<\/em>:<\/p>\n<p>La implantaci\u00f3n de la TV<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de los tragaperras<\/p>\n<p>El 600 y el 2cv<\/p>\n<p>5. La influencia de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II en el cristianismo de la \u00e9poca y el contraste con el discurso nacional-cat\u00f3lico del profesor-cura en Madrid sobre ciencia y fe, etc.<\/p>\n<p>De <em>Raz\u00f3n y Fe<\/em> a <em>Cuadernos para el di\u00e1logo<\/em> (y <em>El ciervo<\/em>[4])<\/p>\n<p>6. La <em>educaci\u00f3n sentimental<\/em> de la juventud como centro tem\u00e1tico<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">6.1. Si Bardem hace lo imposible (en el l\u00edmite de la censura) para sacar una manifiestac\u00f3n de estudiantes (disfrazando el motivo de la misma), Martin Patino est\u00e1 apuntado a los motivos profundos de la rebeli\u00f3n universitaria: a la nueva educaci\u00f3n de los sentimientos (frente a la educaci\u00f3n familiar) y a las influencias morales e intelectuales (que chocan igualmente los h\u00e1bitos de la familia conservadora).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Lo hace al mismo tiempo en que est\u00e1 naciendo (Madrid, 1965; Barcelona, 1966) el movimiento estudiantil antifranquista.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Los miedos, los tab\u00faes, las inhibiciones; la observaci\u00f3n de la libertad de los otros en las relaciones \u00edntimas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>V. Sobre Wolf Lepenies<\/h3>\n<p><em>Material, no fechado. Para el pr\u00f3logo del libro proyectado <\/em>La mirada oblicua<em>.<\/em><\/p>\n<p>WOLF LEPENIES, <em>Ascesa e declino degli intellettuali in Europa<\/em>. Fondazione Sigma-Tau Laterza, Lezioni italiane, Roma-Bari, 1992 [traducci\u00f3n del manuscrito alem\u00e1n de Nicola Antonacci]<\/p>\n<p>Primera parte: \u00abUn sguardo al passato: la classe lamentosa e la nascita della coscienza tranquilla\u00bb.<\/p>\n<p>WL arranca de las palabras de Francis Bacon en la <em>Instauratio Magna<\/em> recogidas por Kant en la segunda edici\u00f3n de la <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura<\/em>: \u00ab\u00bbDe nobis ipsis silemus\u00bb. De nosotros mismos no diremos nada. Pues pretendemos que aquello de lo que aqu\u00ed se habla sea considerado por los hombres no como una opini\u00f3n sino como una obra\u00bb.<\/p>\n<p>Los intelectuales de la edad moderna han desatendido este prop\u00f3sito y han seguido el camino contrario: hablar constantemente de s\u00ed mismos convirti\u00e9ndose en la clase del lamento en el seno de la clase discutidora (la burgues\u00eda). Vueltos hacia el propio yo, los intelectuales han desatendido el mundo exterior. Diderot defini\u00f3 al prototipo de intelectual como un sistema que funciona al contrario, casi como un ser contra natura. El intelectual est\u00e1 permanente descontento, sufre por el estado del mundo. Valery escribi\u00f3 en 1925: \u00abEsta especie se lamenta, luego existe\u00bb. Ya Arist\u00f3teles consideraba que la mayor\u00eda de los intelectuales son de naturaleza melanc\u00f3lica. La melancol\u00eda del intelectual es la expresi\u00f3n de un problema europeo moderno relacionado con la extensi\u00f3n de la cultura burguesa. La reacci\u00f3n a esto ha sido la glorificaci\u00f3n del trabajo, de la producci\u00f3n : \u00abTrabajar y no desesperar\u00bb fue la m\u00e1xima de Carlyle. Esto supone poner bajo control los propios sentimientos. [Pero aqu\u00ed diferenciar entre la glorificaci\u00f3n productivista del trabajo compartida por toda la cultura burguesa (capitalistas y proletarios acr\u00edticos) y la visi\u00f3n del intelectual en la producci\u00f3n, opuesto al intelectual tradicional, como forma de superaci\u00f3n de la melancol\u00eda: Carlyle, Leopardi, Marx, Sacrist\u00e1n, John Berger]. Del sufrimiento del intelectual nace el pensamiento ut\u00f3pico ya en los or\u00edgenes de la Europa moderna. Por eso melancol\u00eda y utop\u00eda han sido las dos caras del intelectual jeramiaco moderno: oscila entre los dos polos, sufre por el mundo y se imagina uno mejor [relacionar con lo dicho por Marx al respecto en los <em>Grundrisse<\/em>].<\/p>\n<p>Pero ha habido en la Europa moderna desde el renacimiento otro grupo de intelectuales que se sustrae a la alternativa: los cient\u00edficos. Estos no desesperan del mundo, se esfuerzan por explicarlo; no piensan de manera ut\u00f3pica, elaboran previsiones, historizan la naturaleza y desmoralizan las ciencias. Esto produce la conciencia tranquila. Esa otra l\u00ednea arranca del Bacon del \u00abnobis ipsis silemus\u00bb (<em>La gran transformaci\u00f3n<\/em>) y del Descartes de la \u00abmoral provisional\u00bb (<em>Discurso del m\u00e9todo<\/em>). El otro lado de la conciencia tranquila que lleva a los intelectuales en la producci\u00f3n, a los cient\u00edficos, a hacer a un lado \u00ablos asuntos religiosos y del Estado\u00bb (Royal Society, 1645) es la posibilidad de que la ciencia sea utilizada desde fuera y por otros para concretas finalidades pol\u00edticas e incluso religiosas. La \u00abconciencia tranquila\u00bb tiene este arranque: \u00abAntes de empezar a reconstruir la casa en que hemos de habitar no basta con demolerla y hacerse con los materiales y arquitectos necesarios y con haber trazado un cuidado proyecto. Tambi\u00e9n hay que haberse procurado otro alojamiento en el que se pueda estar c\u00f3modo mientras duran los trabajos\u00bb. Ese es el fundamento de la moral provisional. El problema es que en esa soluci\u00f3n transitoria la ciencia moderna parece haber encontrado la demora definitiva.<\/p>\n<p>\u00abLa clase que se lamenta\u00bb y \u00ablos hombres de la conciencia tranquila\u00bb est\u00e1n en el origen de \u00ablas dos culturas\u00bb, la que enfrenta a literatos y humanistas de un lado y a cient\u00edficos de otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>VI. Para la presentaci\u00f3n de la pel\u00edcula de Federico Garc\u00eda Hurtado, <em>El Amauta. Vida de Mari\u00e1tegui<\/em><\/h3>\n<p><em>En la sede del Colectivo Ronda (Barcelona), 22\/VI\/1999.<\/em><\/p>\n<p>1. Jos\u00e9 Carlos Mari\u00e1tegui[5], el m\u00e1s grande de los marxistas latinoamericanos, naci\u00f3 en 1894 o 1895 en Moquegua, Per\u00fa, probablemente muy poco antes de que muriera en Cuba Jos\u00e9 Mart\u00ed, el americano universal. Naci\u00f3 y pas\u00f3 la infancia en un ambiente pobre y mestizo: su padre ten\u00eda antecedentes vascos, su madre ind\u00edgenas. Jos\u00e9 Carlos qued\u00f3 cojo como consecuencia de una lesi\u00f3n (m\u00e9dicamente mal tratada) que le produjo una ca\u00edda a los siete a\u00f1os; tuvo que pasar por varias dolorosas operaciones en la infancia, no lleg\u00f3 a conocer al padre y se vio obligado a trabajar ya a los 14 a\u00f1os como mensajero en un peri\u00f3dico de Lima para ayudar a la madre y los hermanos.<\/p>\n<p>Fue un hombre inquieto y volitivo, aunque no se consideraba a s\u00ed mismo un representante de La Voluntad en la tierra, sino m\u00e1s bien un \u00abalma ag\u00f3nica\u00bb en el sentido unamuniano; un alma de las que luchan por cumplir su destino y cuando contemplan lo hecho escriben simplemente: \u00abMi vida ha sido una nerviosa serie de inquietos preparativos\u00bb (1925).<\/p>\n<p>Mari\u00e1tegui, que se vi\u00f3 siempre como un aventurero del esp\u00edritu, sol\u00eda declarar que su ideal era mantener en alto el ideal. Como tanta gente pobre y como tantas personas preocupadas por la humanidad sufriente, tuvo pronto como ideal el socialismo. Hasta 1919 se form\u00f3 intelectualmente en el ambiente literario y bohemio del periodismo liberal lime\u00f1o, pr\u00f3ximo a las vanguardias y muy cr\u00edtico del provincianismo y de la politiquer\u00eda clientelar dominante en Per\u00fa. Luego fue un marxista a su manera, como lo fueron casi todos los marxistas fecundos de los a\u00f1os veinte: amante del orden intelectual y del m\u00e9todo, hombre de los que se enfadan cuando se les dice que no han cambiado, pero que saben, no obstante, contestar al periodista encuestador: \u00abHe madurado m\u00e1s que cambiado\u00bb (1926). \u00c9l mismo se defini\u00f3 una vez como \u00aborg\u00e1nicamente n\u00f3mada\u00bb. Y, sin embargo, vivi\u00f3 s\u00f3lo treinta y cinco a\u00f1os. En ellos sufri\u00f3 mucho. Y no s\u00f3lo por s\u00ed mismo. Tuvo que permanecer los seis \u00faltimos a\u00f1os de su vida, entre 1924 y 1930, en una silla de ruedas despu\u00e9s de que le fuera amputada una pierna desde el muslo a consecuencia de una tuberculosis \u00f3sea. Y desde aquella silla escribi\u00f3 sin flaquear cientos de p\u00e1ginas al servicio de los campesinos y de los obreros.<\/p>\n<p>El resultado de aquel esfuerzo personal vali\u00f3 la pena. Mari\u00e1tegui hizo desde joven un periodismo culto, informado, sugerente, apasionado, combativo. Y lo que es m\u00e1s importante: con punto de vista, con declaraci\u00f3n expl\u00edcita del \u00e1ngulo desde el cual se escribe, con conciencia de qui\u00e9n era su p\u00fablico lector, sin olvidar en ning\u00fan momento la meta que se persigue al coger la pluma. Todo lo contrario del periodismo como nader\u00eda, del periodismo del hablar por hablar. En esto el quehacer de Mari\u00e1tegui es comparable al de otros dos grandes contempor\u00e1neos suyos en Europa: Antonio Gramsci y Piero Gobetti. De ellos seguramente aprendi\u00f3 Mari\u00e1tegui durante su estancia en Italia.<\/p>\n<p>2. Su actividad period\u00edstica se inici\u00f3 en el diario <em>La prensa<\/em>. All\u00ed comenz\u00f3 Mari\u00e1tegui como mensajero, pero pronto (1912) se convirti\u00f3 en un espl\u00e9ndido cronista respetado y temido. Las contribuciones de Mari\u00e1tegui en el diario lime\u00f1o hasta 1916 continuaron en las p\u00e1ginas de la ef\u00edmera revista <em>Nuestra \u00c9poca<\/em>, en la que colabor\u00f3 tambi\u00e9n C\u00e9sar Vallejo y donde se vislumbra ya su incipiente orientaci\u00f3n socialista. Luego escribi\u00f3 en <em>La Raz\u00f3n<\/em>, un espacio desde el cual alent\u00f3 la Reforma Universitaria peruana, las luchas de los estudiantes rebeldes y las reivindicaciones de los trabajadores.<\/p>\n<p>El dictador Legu\u00eda, tras recuperar el poder mediante un golpe de Estado en 1919, bec\u00f3 a Mari\u00e1tegui confiando, sin duda, en amansar as\u00ed al revolucionario. Mari\u00e1tegui acept\u00f3 la oferta de una representaci\u00f3n oficial en Europa, sabiendo ya de su enfermedad y del peligro que corr\u00eda en Per\u00fa. Recibi\u00f3 entonces muchas cr\u00edticas de entre los suyos. Pero parti\u00f3 para Europa. Vivi\u00f3 en Par\u00eds, donde contact\u00f3 con H. Barbusse y el grupo de <em>Clart\u00e9<\/em>; luego en Roma, en Florencia, en Berl\u00edn, en Hamburgo. La estancia en Italia fue importante para Mari\u00e1tegui. All\u00ed ley\u00f3 a Marx. Y asisti\u00f3 al Congreso fundacional del partido comunista de Italia en Livorno. Y all\u00ed conoci\u00f3 el amor: la entonces jovenc\u00edsima Anna Chiappe, natural de Siena. En total estar\u00eda en Europa cuatro a\u00f1os para regresar a Per\u00fa en 1923.<\/p>\n<p>En Italia, Mari\u00e1tegui fue testigo del ascenso del fascismo en su primera hora. Vivi\u00f3 el giro hacia el fascismo de intelectuales importantes que se hab\u00edan llamado a s\u00ed mismos revolucionarios, en lo pol\u00edtico y en lo art\u00edstico, sobre todo el de los principales representantes de futurismo. Y escribi\u00f3 p\u00e1ginas muy notables para interpretar y denunciar tanto este giro como el colaboracionismo y la neutralidad de tantos otros intelectuales del momento. De esas p\u00e1ginas yo destacar\u00eda su percepci\u00f3n de uno de los factores que contribuyeron hist\u00f3ricamente a la atracci\u00f3n de los intelectuales por el fascismo, el factor psicol\u00f3gico y cultural: \u00abLa intelectualidad gusta de dejarse poseer por la Fuerza. Sobre todo cuando la fuerza es, como en el caso del fascismo, joven y osada, marcial y aventurera\u00bb.<\/p>\n<p>Su lectura de Marx, en la Europa revolucionaria de la primera postguerra, fue tan at\u00edpica como interesante: a trav\u00e9s del sindicalismo de Sorel, y de su teor\u00eda de los mitos, del historicismo de Benedetto Croce y del liberalismo autocr\u00edtico, radical, de Piero Gobetti. El marxismo de Mari\u00e1tegui naci\u00f3 as\u00ed como un marxismo c\u00e1lido, de talante libertario, influido por la prosa de Barbusse y por Romain Rolland. Nada que ver, por tanto, con el determinismo economicista dominante en la Segunda Internacional ni con el marxismo del catecismo estalinista que se estaba fraguando ya. Como el de Gramsci, como el de Rosa Luxemburg, el marxismo de Mari\u00e1tegui fue pensamiento propio construido en el marco, eso s\u00ed, de una tradici\u00f3n liberadora; pensamiento que se hace, a sabiendas, en continuidad, y que se fij\u00f3 sobre todo en dos cosas: en las propias ra\u00edces ind\u00edgenas y en los acontecimientos nuevos del mundo que los cl\u00e1sicos de aquella tradici\u00f3n liberadora ni siquiera pudieron vislumbrar.<\/p>\n<p>3. Al regresar a Per\u00fa, en 1923, Mari\u00e1tegui proyect\u00f3 sus esfuerzos en lo que se ha llamado \u00abla peruanizaci\u00f3n\u00bb del marxismo. Se volc\u00f3 en la Universidad Popular, difundi\u00f3 las tesis de Lenin e hizo una muy notable contribuci\u00f3n a la cultura obrera de la \u00e9poca en un curso para trabajadores sobre la <em>Historia de la crisis mundial<\/em>, en el que, entre otras cosas, hay apuntes de mucho m\u00e9rito acerca de los or\u00edgenes del fascismo mussoliniano.<\/p>\n<p>Fruto de su inter\u00e9s vivido por los problemas espec\u00edficos del campesinado ind\u00edgena en un mundo cambiante fue el comienzo ( en 1926) de la publicaci\u00f3n de <em>Amauta<\/em>, una de las revistas (de \u00abdoctrina, arte, literatura, pol\u00e9mica\u00bb) m\u00e1s sugestivas en la historia del marxismo latinoamericano. <em>Amauta<\/em> es el nombre del poeta, del sabio, del maestro del Tahuantinsuyo, de la comunidad incaica. Con este nombre afirma Mari\u00e1tegui la voluntad de recuperar las ra\u00edces del indigenismo peruano. Pero lo hace con la vista puesta en los problemas nuevos, del momento, y con un esp\u00edritu abierto, cosmopolita. \u00abTodo lo humano es nuestro\u00bb, dice Mari\u00e1tegui en la presentaci\u00f3n de <em>Amauta<\/em>. Y, en efecto, all\u00ed public\u00f3 colaboraciones de Rolland, Barbusse, Aragon, Breton, Unamuno, Gabriela Mistral, Gorki, Lunachartski, Silva Herzog, Vasconcelos, C\u00e9sar Vallejo.<\/p>\n<p>Aquella voluntad de \u00abcrear un Per\u00fa nuevo en un mundo nuevo\u00bb tuvo su mejor expresi\u00f3n en <em>Siete ensayos de interpretaci\u00f3n de la realidad peruana<\/em> (1928), seguramente la obra m\u00e1s conocida de Mari\u00e1tegui y, sin ninguna duda, la m\u00e1s apreciada en Latinoam\u00e9rica por su originalidad, ejemplo de lo que un d\u00eda se llam\u00f3 \u00aban\u00e1lisis concreto de la realidad concreta\u00bb. Mari\u00e1tegui critic\u00f3 en ella la creciente destrucci\u00f3n de la comunidad ind\u00edgena de origen incaico; una destrucci\u00f3n iniciada por los colonizadores espa\u00f1oles y profundizada por el liberalismo progresista. Con los <em>Siete ensayos<\/em> Mari\u00e1tegui llev\u00f3 a cabo una reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rico-cr\u00edtica del <em>ayllu<\/em> [la comunidad] peruano muy parecida a la que unas d\u00e9cadas antes hab\u00edan hecho los populistas marxistas rusos con la <em>obschina<\/em> y el <em>mir<\/em>. Para la comparaci\u00f3n entre <em>ayllu<\/em> y <em>mir<\/em> Mari\u00e1tegui se sirvi\u00f3 de la obra de Eugene Schkaff sobre la cuesti\u00f3n agraria en Rusia. Di\u00f3 as\u00ed una visi\u00f3n completamente nueva y revolucionaria de la historia y del presente de la cuesti\u00f3n ind\u00edgena como cuesti\u00f3n campesina en una clave interpretativa muy notable: la recuperaci\u00f3n expl\u00edcita del \u00abmito socialista\u00bb, en la l\u00ednea de Sorel, para defender la tradici\u00f3n ind\u00edgena, acabar con la hegemon\u00eda cultural de los terratenientes y unificar, adem\u00e1s, las reivindicaciones de los trabajadores urbanos con las de los campesinos.<\/p>\n<p>Casi siempre se piensa que una vida de hombre \u00aborg\u00e1nicamente n\u00f3mada\u00bb empobrece est\u00e9ticamente a la persona. Brecht escribi\u00f3 un espl\u00e9ndido poema sobre eso. Y suele ocurrir. Pero no fue el caso de Mari\u00e1tegui. Junto a los <em>Siete ensayos<\/em> y a la <em>Defensa del marxismo<\/em> (contra Henri de Man) dej\u00f3 tambi\u00e9n, en su corta vida, algunas peque\u00f1as perlas representativas del buen gusto literario y de una buena y pluriforme orientaci\u00f3n po\u00e9tica (am\u00f3 a Whitman y a Pascoli, a Heine y a Mallarm\u00e9, a Vallejo y a Gorki, a Alekander Blok y a Vladimir Maiacovski).<\/p>\n<p>Una de cosas que m\u00e1s impresiona cuando se repasa la obra escrita de Mari\u00e1tegui es la enorme cantidad de temas y autores de todo el mundo que conoci\u00f3 y le interesaron: historiadores y soci\u00f3logos, poetas y artistas, m\u00fasicos y narradores, psic\u00f3logos y fil\u00f3sofos. Tuvo una cultura realmente prodigiosa para su formaci\u00f3n autodidacta, una cultura interdisplinar. Supo argumentar en favor de la igualdad de la mujer. Y tuvo como m\u00e1xima una curiosa variante de la palabra gramsciana, que \u00e9l tom\u00f3 de Jos\u00e9 Vasconcelos: \u00abPesimismo de la realidad, optimismo del ideal\u00bb. No quiso reconciliarse con aquella realidad que no le gustaba. Al final de su vida contribuy\u00f3 a la fundaci\u00f3n de la Confederaci\u00f3n General de Trabajadores del Per\u00fa y a la clarificaci\u00f3n ideol\u00f3gica del socialismo revolucionario peruano. Tambi\u00e9n por eso todav\u00eda le recordamos.<\/p>\n<p>El <em>Amauta<\/em> de Mari\u00e1tegui fue una publicaci\u00f3n en la que lo art\u00edstico y lo literario ocupar\u00eda un lugar central. De la combinaci\u00f3n de esto con la vocaci\u00f3n pol\u00edtica sali\u00f3 un lenguaje nuevo, un lenguaje que hoy en d\u00eda pueden entender y apreciar a\u00fan los j\u00f3venes, a pesar del paso del tiempo. Como se entiende y se aprecia, a pesar del paso del tiempo, el elevado, noble, concepto que Mari\u00e1tegui tuvo de la pol\u00edtica: \u00abHacer pol\u00edtica es pasar del sue\u00f1o a las cosas, de lo abstracto a lo concreto. La pol\u00edtica es el trabajo efectivo del pensamiento social; la pol\u00edtica es la vida. Admitir una soluci\u00f3n de continuidad entre la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica, abandonar a sus propios esfuerzos a los realizadores, aunque sea concedi\u00e9ndoles una amable neutralidad, es desertar de la causa humana. <em>La pol\u00edtica es la trama misma de la historia<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>VII. Una nota sobre marxismo, po\u00e9tica y cine<\/h3>\n<p><em>Fechado en Barcelona, agosto de 2004.<\/em><\/p>\n<p>Hace ahora treinta y muchos a\u00f1os, cuando estaba yo redactando mi tesis doctoral sobre el marxismo italiano y la pol\u00edtica cultural togliattiana[6], tuve que enfrentarme con la pol\u00e9mica que acerca de la est\u00e9tica y de la po\u00e9tica enfrentaba (en Italia y fuera de Italia) a los partidarios de Luk\u00e1cs con los lectores de la renovadora <em>Cr\u00edtica del gusto<\/em> de Galvano della Volpe[7], un autor hoy injustamente olvidado pero que ya en los a\u00f1os cincuenta del siglo XX hab\u00eda escrito algunas cosas tan sugerentes como controvertidas a prop\u00f3sito de Antonioni, Fellini y Visconti en un ensayo titulado <em>Il verosimil filmico e altri scritti di estetica<\/em>. Della Volpe fue de los marxistas que pensaron que el cine se hab\u00eda convertido en el arte por excelencia del siglo XX y, desde esta perspectiva, indagaba \u00e9l acerca de qu\u00e9 po\u00e9tica realista pod\u00eda considerarse m\u00e1s apropiada para un marxismo renovador, como lo era el italiano de entonces, para un marxismo a la altura de los nuevos tiempos del <em>deshielo<\/em>.<\/p>\n<p>Me preguntaba yo en aquella oportunidad si la peculiar versi\u00f3n marxista de la po\u00e9tica del realismo, sin abandonar su preocupaci\u00f3n sustancial por el trabajo, por la lucha entre las clases y por la vida de los trabajadores, no habr\u00eda obtenido mayor beneficio del que obtuvo la corriente dominante poniendo m\u00e1s atenci\u00f3n en el pesimismo de Leopardi o en lo que sugiere Rimbaud en su poema \u00abObreros\u00bb (donde, al captar el ambiente de los barrios perif\u00e9ricos, dice aquello de \u00abera m\u00e1s triste que un duelo\u00bb y grita su deseo de que \u00abese brazo endurecido no siga arrastrando una imagen querida\u00bb)[8], en vez de ponerlo, como se hizo habitualmente, en las repeticiones del modelo decimon\u00f3nico de Balzac o en la forzada disyuntiva luk\u00e1csiana entre Thomas Mann y Kafka.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo, y reflexionando sobre lo que ha ocurrido en estas tres \u00faltimas d\u00e9cadas, no me cabe duda de que una po\u00e9tica inspirada en el pesimismo de Leopardi y en las im\u00e1genes de Rimbaud y de Kafka habr\u00eda sido <em>revolucionariamente m\u00e1s realista<\/em> que la po\u00e9tica luk\u00e1csiana del realismo social. As\u00ed lo ha sugerido tambi\u00e9n, hace unos a\u00f1os, el cr\u00edtico brit\u00e1nico John Berger (otro amante del cine y guionista \u00e9l mismo de varias pel\u00edculas de Tanner[9]) en un hermoso ensayo en el que argumenta convincentemente que el pesimismo leopardiano no tiene por qu\u00e9 liquidar las ilusiones de quienes aspiran a cambiar el mundo de base sino todo lo contrario.<\/p>\n<p>De manera que no me parece descabellado pensar ahora que la po\u00e9tica del realismo habr\u00eda salido ganando si hubiera puesto a dialogar a Marx con Leopardi (y con H\u00f6lderlin y con Dostoievski). Al fin y al cabo, ya el propio Luk\u00e1cs, adem\u00e1s de reconocer ir\u00f3nicamente, despu\u00e9s de su peregrinaje forzado por los castillos rumanos, que \u00aben el fondo Kafka ten\u00eda raz\u00f3n\u00bb, acab\u00f3 poniendo dos ejemplos de lo que para \u00e9l ser\u00eda el realismo social a la altura de los tiempos, ejemplos que, vistos desde hoy, y ateni\u00e9ndonos a la evoluci\u00f3n de los autores suenan a paradoja: Jorge Sempr\u00fan (el Sempr\u00fan de <em>El largo viaje<\/em>) y Solzhenitsyn (el Solzhenitsyn de <em>Un d\u00eda en la vida de Ivan Denisovich<\/em>).<\/p>\n<p>El problema es c\u00f3mo contar esa historia a los m\u00e1s j\u00f3venes. Quiero decir: c\u00f3mo contar esta historia a j\u00f3venes para quienes Luk\u00e1cs es poco m\u00e1s que un nombre (casi siempre pronunciado con desprecio) y que han crecido ya en un ambiente en el que los grandes relatos de la \u00e9poca togliattiana y viscontiniana huelen a naftalina, porque quienes han vencido en esa historia odian la historia de los perdedores, en una \u00e9poca cuya sustancia es decir la verdad, cuando se dice, <em>a destiempo<\/em>, cuando ya el contar no cuenta para la verdad pr\u00e1ctica de la historia.<\/p>\n<p>Se me ocurre que una buena manera podr\u00eda ser esta: volviendo al cine. Pero ah\u00ed volvemos a topar con al viejo problema de la po\u00e9tica del viejo Della Volpe togliattiano: \u00bfa qu\u00e9 cine? Bertolucci, disc\u00edpulo de aquel Visconti que tanto amamos y que discut\u00eda con Togliatti sobre el contenido de sus pel\u00edculas, hizo la historia can\u00f3nica realista de una parte del siglo XX en <em>Novecento<\/em>; una historia que acaba, como se recordar\u00e1, con una secuencia ambigua (parcialmente adelantada, todo hay que decirlo, por el Luk\u00e1cs de la \u00e9poca de <em>Historia y consciencia de clase<\/em>), aquella secuencia en la que los antiguos contendientes siguen luchando\/abraz\u00e1ndose en la v\u00eda. Y no parece, o al menos no me lo parece a m\u00ed, que su aproximaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica m\u00e1s reciente a los asuntos de la juventud sesentayochesca de Par\u00eds pueda considerarse propiamente la continuaci\u00f3n de <em>Novecento<\/em> (aunque \u00e9l mismo lo haya sugerido en alg\u00fan momento).<\/p>\n<p>Pero tal vez haya otro camino, menos lineal formalmente pero que conserva la intenci\u00f3n que hubo. Viendo no hace mucho la \u00faltima pel\u00edcula de Peter Greenway, <em>Las maletas de Tulse Luper<\/em>, se me ocurri\u00f3 que quiz\u00e1s por ah\u00ed se podr\u00eda anudar una reflexi\u00f3n intergeneracional sobre <em>la otra po\u00e9tica del realismo<\/em> con quienes no admiten ya metarrelatos y se han acostumbrado a la fragmentaci\u00f3n del discurso.<\/p>\n<p>Para introducir la propuesta, y pensando en las personas que no hayan visto todav\u00eda la pel\u00edcula de Greeneway, har\u00e9 un breve resumen de su monumental proyecto en <em>Las maletas de Tulse Luper<\/em>: la historia de Moab es la primera parte de una trilog\u00eda sobre la historia del uranio, que ocupa sesenta a\u00f1os del siglo XX (desde su descubrimiento en 1928 hasta la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn). Esa historia, que hace de trasfondo, se combina con la biograf\u00eda ficticia de un personaje quijotesco: Tulse Luper, viajero, artista pol\u00edglota, que va pasando de prisi\u00f3n en prisi\u00f3n, desde el sur de Gales al desierto de Manchuria. Como en el aleph borgiano, Greenaway se mueve tambi\u00e9n en dimensiones enciclop\u00e9dicas y no ha querido dejar nada fuera: ah\u00ed est\u00e1n sus preocupaciones filos\u00f3ficas, ideol\u00f3gicas, culturales, pol\u00edticas y sociales; incluso su itinerario art\u00edstico y vivencias autobiogr\u00e1ficas caben en las 92 maletas de Tulse Luper. El 92 es el n\u00famero at\u00f3mico del uranio y por eso, en la trilog\u00eda, habr\u00e1 92 maletas y 92 personajes: \u00abEl mundo est\u00e1 conectado, desde la pornograf\u00eda hasta el Vaticano pasando por el desierto de Salt Lake City. Tulse Luper es el hilo que lo conecta todo\u00bb.<\/p>\n<p>Greenaway ha dicho que el trasfondo de la primera parte de la trilog\u00eda, <em>Las maletas de Tulse Luper<\/em>, es <em>real<\/em>, pero que al mismo tiempo se trata de una <em>ficci\u00f3n<\/em>, que consiste en las aventuras de este prisionero profesional que es Tulse Luper, un artista, un escritor al menos potencial, que vive atrapado en una vida de c\u00e1rceles, y act\u00faa como testigo privilegiado de los desmanes del siglo pasado, recalando en 16 c\u00e1rceles repartidas por todo el mundo. Y a\u00f1ade en la presentaci\u00f3n de la pel\u00edcula: \u00abLuper es un personaje que cre\u00e9 hace muchos a\u00f1os como la suma de todos los h\u00e9roes y mitos que me interesan; aprende a usar su tiempo en prisi\u00f3n escribiendo en las paredes; inventa proyectos en literatura, cine, teatro, pintura, y maquina con sus carceleros todo tipo de tramas, proyectos y aventuras; la conexi\u00f3n entre carcelero y prisionero es lo que permite todo el proyecto\u00bb.<\/p>\n<p>Confieso que aunque la idea de Greenaway me pareci\u00f3 genial y que aunque hay en la pel\u00edcula hallazgos t\u00e9cnicos interesant\u00edsimos para el desarrollo de la narraci\u00f3n cinematogr\u00e1fica en un momento que algunos consideran el de la muerte del cine, el resultado logrado, en lo que tiene de alegor\u00eda de lo que ha sido el siglo XX, decepciona un tanto. Pero, en cualquier caso, pens\u00e9, al verla, en lo que podr\u00eda haber sido, o tal ver ser, una versi\u00f3n <em>realista<\/em> de lo mismo, una versi\u00f3n que, conservando la idea de las maletas, tomara como protagonista a un personaje real del siglo XX: Gyorgy Luk\u00e1cs. Con \u00e9l y desde \u00e9l se podr\u00eda hacer, efectivamente, una historia del \u00e9xodo, la dial\u00e9ctica, la revoluci\u00f3n, la tragedia y la redenci\u00f3n del siglo XX, a la manera de Greeneway, aunque, eso s\u00ed, con menos maletas, y con otra po\u00e9tica (tal vez con una po\u00e9tica m\u00e1s pr\u00f3xima al Lars von Trier brechtiano de <em>Dogville<\/em>, que tampoco desprecia la mezcla de g\u00e9neros).<\/p>\n<p>Un guionista cinematogr\u00e1fico que supiera de esto (y no es mi caso, claro est\u00e1) empezar\u00eda esa historia precisamente con <em>las maletas de Gyorgy Luk\u00e1cs<\/em>. El guion tendr\u00eda que tener un desarrollo dostoievskiano, con un ambiente como entre las <em>Memorias del subsuelo<\/em>, <em>El adolescente<\/em> y <em>Demonios<\/em>, para entendernos, algo as\u00ed como lo que ha conseguido parcialmente Cootzee en <em>El maestro de Petersburgo<\/em>. Imaginad, pues, que la pel\u00edcula se abre con una secuencia en la que el todav\u00eda joven Gyorgy Luk\u00e1cs, con el alma dividida como Fausto, va a depositar sus maletas en la sucursal del Deutsche Bank de Heidelberg. Ese d\u00eda es el 7 de noviembre de 1917, fecha se\u00f1alada (que nos quieren hacer olvidar porque es anterior a la de la historia del uranio, pero que no olvidamos). Depositadas las maletas, nuestro protagonista ya no volver\u00e1 a hablar a nadie de su contenido hasta el d\u00eda de su muerte en 1970.<\/p>\n<p>Pero en esas maletas est\u00e1, <em>in nuce<\/em>, casi toda la tragedia siglo XX.<\/p>\n<p>Imaginad ahora una serie de secuencias en las que quedar\u00eda plasmada, brevemente y en im\u00e1genes, la vida de los intelectuales rom\u00e1nticos que empezaban a madurar en 1917. Muchos de esos intelectuales, como el propio Luk\u00e1cs, son hijos de la gran burgues\u00eda centroeuropea, que oscilan entre la autodestrucci\u00f3n, el nihilismo y el asalto a los cielos; que siguen madurando entre dos guerras mundiales y tres o cuatro revoluciones (Hungr\u00eda, Baviera, Tur\u00edn, Espa\u00f1a); que, por jud\u00edos o por rojos, han sido v\u00edctimas del gran genocidio de los a\u00f1os treinta y cuarenta, de la bestialidad del fascismo y del estalinismo; que han sido el Naphta de <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> de Thomas Mann; que han conocido en primera persona los castillos de Kafka o desfilado entre los personajes del <em>Ulises<\/em> de Joyce. Que saben, en suma, que el optimismo es pesimismo mal informado, pero saben tambi\u00e9n que el proletariado no puede vivir sin ilusiones.<\/p>\n<p>El guion de esa pel\u00edcula, en la que Luk\u00e1cs va dialogando con el propio Thomas Mann pero tambi\u00e9n discute con Brecht, con Kraus, con Benjamin y con Primo Levi, y que suscita las cr\u00edticas de Simone Weil y de Hannah Arendt, tendr\u00eda, sin embargo, que acabar reflejando la <em>serenidad absoluta<\/em> de alguien, otro mito, que, despu\u00e9s de haber sido faro intelectual para muchos y de haber sobrevivido a las revoluciones y a las contrarrevoluciones, a las barbaries de la primera mitad del siglo XX y a las tentativas de volver a empezar de la segunda, sin haber contando a nadie qu\u00e9 hab\u00eda en aquellas maletas que dej\u00f3 en dep\u00f3sito en la sucursal del Deutsche Bank de Heidelberg el d\u00eda 7 de noviembre de 1917, se pone a escribir nada menos que una <em>Ontolog\u00eda del ser social<\/em>. Casi <em>como si<\/em> no hubiera ocurrido nada en el mundo. Mientras tanto, nuestro hombre se fuma sus puros cubanos como el joven Brecht dec\u00eda, en su juvenil \u00abBalada del pobre B.B.\u00bb, que habr\u00eda de hacer el viejo Brecht con su puro de Virginia si un d\u00eda los terremotos sacud\u00edan al mundo.<\/p>\n<p>Lo que descubrimos en la secuencia final de esta pel\u00edcula imaginaria es que en las maletas de aquel Luk\u00e1cs superviviente hab\u00eda precisamente el manuscrito de un ensayo sobre Dostoievski, su gran pasi\u00f3n de juventud y a cuyos h\u00e9roes atormentados quiso imitar cuando transitaba, con el alma dividida, como el <em>Fausto<\/em> de Goethe, desde el idealismo moral al materialismo hist\u00f3rico, pensando, como tantos personajes dostoievskianos, que <em>el bien puede salir del mal<\/em>.<\/p>\n<p>No es una historia ejemplar \u00e9sta, ciertamente. Pero tampoco la historia del siglo XX lo ha sido. Ni parece que vaya a serlo la historia del siglo XXI, al menos por lo que anuncia la Grace de <em>Dogville<\/em>, ese personaje inspirado en la pirata Jenny de Brecht. Y \u00bfqui\u00e9n sabe? A lo mejor Maquiavelo ten\u00eda raz\u00f3n cuando escrib\u00eda, en los or\u00edgenes de la modernidad, que la \u00fanica forma de llegar al Para\u00edso, si la hubiera, es conocer los caminos que conducen al infierno <em>para evitarlos<\/em>.<\/p>\n<p>Ni siquiera estamos seguros de que aquella afirmaci\u00f3n de Maquiavelo, tan aficionado a la pol\u00edtica, implique desprecio por la \u00e9tica. Tal vez s\u00f3lo nos estaba queriendo decir que necesitamos otra \u00e9tica. Luk\u00e1cs no la escribi\u00f3, desde luego. Pero sospecho (y esa podr\u00eda ser una de las moralejas de la pel\u00edcula) que hemos dejado de leerle demasiado pronto. De leerle, claro est\u00e1, no para quedarse en sus conceptos ni en sus ideologemas, ni para aprender su tono de pont\u00edfice, que lo tuvo, sino al hilo de una vida vivida intensamente en la que se puede escuchar el eco de un di\u00e1logo inesperado: el de Dostoievski con Marx.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Anexo. Papel Bellaterra<\/h3>\n<p><em>Texto no fechado. Probablemente de 2002.<\/em><\/p>\n<p>Han pasado treinta y tantos a\u00f1os y muchas aguas bajo los puentes de la historia desde que J. Estelrich escribiera, en la Barcelona de 1936, sobre el libro y su emoci\u00f3n por encargo de la c\u00e1mara oficial del libro. Aquellos eran tiempos en los que, seg\u00fan se dec\u00eda, las masas asaltaban la esfera p\u00fablica, la palabra escrita compet\u00eda con la radio y con las im\u00e1genes cinematogr\u00e1ficas y los educadores se interrogaban sobre el futuro del libro y de las bibliotecas. Estos de ahora son tiempos en los que la palabra impresa compite con la televisi\u00f3n, con el v\u00eddeo, con la digitalizaci\u00f3n y con las autopistas de la informaci\u00f3n; tiempos, adem\u00e1s, en los que las gentes parecen estar de vuelta del asalto a los cielos y se esfuerzan para que se haga efectivo el derecho a la universalizaci\u00f3n de los estudios medios y de la ense\u00f1anza superior.<\/p>\n<p>A pesar de los grandes cambios socioculturales que se han producido en el mundo desde entonces, hay algunas preguntas sobre el futuro del libro que a\u00fan se formulan reiterativamente. Las formas y los tonos con que estas preguntas se hacen son otros, pero la preocupaci\u00f3n de fondo sigue ah\u00ed.<\/p>\n<p>El amante del libro que ha sentido la emoci\u00f3n de su contacto en la lectura se pregunta hoy hasta qu\u00e9 punto acabar\u00e1n condicionando las nuevas tecnolog\u00edas la concepci\u00f3n f\u00edsica que de \u00e9l hemos tenido durante siglos. El humanista y el bibli\u00f3filo dudan de que todav\u00eda hoy en d\u00eda el criterio de la calidad sea compatible con el economicismo que reina en la industria editorial. Muchas personas ven con preocupaci\u00f3n c\u00f3mo en esta industria, igual que en otras, el pez grande se come al chico y lamentan, a veces con melancol\u00eda, la desaparici\u00f3n del editor de otros tiempos, tan atento al contenido como al continente. La l\u00f3gica capitalista del beneficio se ha ido imponiendo hasta tal punto en el mundo del libro que es comprensible que el hacedor, sea escritor o editor, se pregunte para qu\u00e9 y para qui\u00e9n escribir y editar en tiempos as\u00ed.<\/p>\n<p>El santo terror al progreso mec\u00e1nico, las profec\u00edas amargas sobre la desaparici\u00f3n del libro y los augurios sobre la supresi\u00f3n de las bibliotecas, a todo lo cual hac\u00eda referencia Estelrich en 1936, son actitudes que siguen ah\u00ed, acongojando a humanistas y a amantes de la palabra escrita y bien impresa. Pero somos muchos, seguramente la mayor\u00eda, los que pensamos hoy, con Estelrich, que el libro es a\u00fan reserva de emociones y garant\u00eda de renacimientos. Y que lo seguir\u00e1 siendo por mucho tiempo.<\/p>\n<p>No hay duda de que las nuevas tecnolog\u00edas est\u00e1n condicionando la composici\u00f3n del libro tal como lo hemos conocido. Y lo condicionar\u00e1n a\u00fan m\u00e1s en los pr\u00f3ximos tiempos. Pero, a pesar de ello, lo m\u00e1s probable es que ocurra algo parecido a lo que sucedi\u00f3 en el siglo XVI con la difusi\u00f3n de la imprenta. Las controversias actuales no dejan de recordar la vieja pol\u00e9mica entre antiguos y modernos a prop\u00f3sito de la imprenta. Previsiblemente la edici\u00f3n digital crecer\u00e1 y las nuevas generaciones se acostumbrar\u00e1n a leer en pantallas de varios tipos. Toda tecnolog\u00eda nueva, sobre todo cuando es tan innovadora como la que estamos conociendo ahora, tiene repercusiones importantes en los h\u00e1bitos de las personas. Y las aplicadas a la escritura y a la lectura tambi\u00e9n las tendr\u00e1n. Pero esto no quiere decir que el libro, tal como sali\u00f3 de la implantaci\u00f3n de la imprenta y como lo conocemos hoy, vaya a desaparecer por completo y a corto plazo. Y a\u00fan menos que lo que salga de ah\u00ed tenga que ser cualitativamente peor que lo que conocimos.<\/p>\n<p>Las nuevas tecnolog\u00edas, por innovadoras que sean, son siempre de doble uso, por as\u00ed decirlo. Y en este caso pueden ser utilizadas tanto para liquidar el libro en papel que hemos conocido durante siglos como para mejorar lo que podr\u00edamos llamar la edici\u00f3n tradicional. En realidad ya ahora mismo estamos asistiendo a esta duplicidad. Por una parte, est\u00e1 el libro digital, que maravilla y cumple funciones espec\u00edficas que no podr\u00eda cubrir la edici\u00f3n tradicional. Por otra, existen programas inform\u00e1ticos aplicados a la composici\u00f3n del libro cl\u00e1sico que dan, como producto, una calidad en la que no habr\u00edan podido ni so\u00f1ar los mejores linotipistas de la edad de oro de la imprenta.<\/p>\n<p>Hay razones hist\u00f3ricas, y de otros tipos, suficientes como para pensar que en esto de las nuevas tecnolog\u00edas aplicadas a la transmisi\u00f3n de la palabra escrita conviene huir, como de la peste, tanto del papanatismo que emplea la palabra \u00abnuevo\u00bb en un sentido casi exclusivamente publicitario como de la a\u00f1oranza rom\u00e1ntica que ve siempre en la novedad una degradaci\u00f3n de lo que hubo en otros tiempos.<\/p>\n<p>Pero todav\u00eda podemos seguir preguntando: \u00bfes compatible el criterio de la calidad con el econ\u00f3mico en el actual mundo del libro? Ocurre que compaginar esos dos criterios se ha hecho cada vez m\u00e1s dif\u00edcil en un mundo globalizado y supermercantilizado. La industria del libro no es una excepci\u00f3n en eso: est\u00e1 cada vez m\u00e1s condicionada por la l\u00f3gica del beneficio y por la consideraci\u00f3n de la cultura como mero espect\u00e1culo. Esto conduce, ciertamente, a que cada vez haya m\u00e1s editoriales que producen libros como si fueran churros o zapatillas de deporte.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda del beneficio inmediato determina la aceleraci\u00f3n del ritmo de producci\u00f3n de libros en dos sentidos. Primero exigiendo al autor que escriba rapid\u00edsimamente para cumplir con las exigencias de la demanda inducida. Y luego reduciendo al m\u00e1ximo la fase que va desde la entrega del original a la encuadernaci\u00f3n del volumen. Lo primero produce mucha trivializaci\u00f3n. Y lo segundo obstaculiza la correcci\u00f3n cuidadosa de las pruebas de imprenta y empobrece muchas veces el producto final.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan hay m\u00e1s. La mercantilizaci\u00f3n, con la competici\u00f3n salvaje que conlleva, hace a veces con los libros lo que hizo en el pasado con los productos de la tierra: quema todo aquello que llama superproducci\u00f3n ante la mirada escandalizada de los pobres lectores potenciales que demandan igualaci\u00f3n en el \u00e1mbito de la cultura. La parad\u00f3jica consecuencia de esto es que hoy en d\u00eda la gran industria editorial quema y destruye m\u00e1s libros, por razones estrictamente mercantiles, que los que quem\u00f3 la Inquisici\u00f3n a lo largo de su historia por razones ideol\u00f3gicas. He ah\u00ed otro ejemplo, que da que pensar, de la interrelaci\u00f3n existente entre cultura y barbarie.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, tambi\u00e9n en el hacer libros es posible compatibilizar calidad y econom\u00eda. Y tampoco es tan dif\u00edcil. Basta con amar el trabajo bien hecho, con estar atento al estudio concreto, espec\u00edfico, de las aplicaciones e implicaciones de las nuevas tecnolog\u00edas en la industria del libro y con pasar a un concepto diferente, alternativo al dominante, del economizar. De hecho, existen editoriales, aqu\u00ed y en otros pa\u00edses, que compaginan bastante bien el criterio econ\u00f3mico con la edici\u00f3n de libros de calidad, tanto en lo que hace al contenido de los cat\u00e1logos como formalmente.<\/p>\n<p>La tendencia a la concentraci\u00f3n y a la absorci\u00f3n de las empresas peque\u00f1as por las grandes es una ley general del modo capitalista de producir y consumir. Y como la industria del libro forma parte de este modo de producir y consumir es natural que tambi\u00e9n, por lo general, el pez grande se coma al chico. La mayor\u00eda de las editoriales peque\u00f1as que conocimos y para las que trabajamos hace treinta a\u00f1os han desaparecido, absorbidas o liquidadas por la competencia. Este proceso se ha acentuado hasta l\u00edmites inauditos en los \u00faltimos diez a\u00f1os y previsiblemente, si el mundo no cambia de base, ir\u00e1 a m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero las leyes generales en esto no son del tipo de la ley de la ca\u00edda de los graves, que se cumplen en todos los casos y sin excepciones. Al mismo tiempo que se producen constantes absorciones de editoriales peque\u00f1as o de tama\u00f1o medio otras resisten por el esp\u00edritu de independencia de sus mentores. Y casi simult\u00e1neamente surgen otras, en los m\u00e1rgenes del sistema, con la voluntad de editar lo que los grandes no editan precisamente porque se rigen por la l\u00f3gica del beneficio inmediato. No todo editor est\u00e1 dispuesto a vender lo que ha hecho con amor al mejor postor de los grandes. Algunos se comportan como los granjeros del oeste americano que se negaban por principio a vender sus tierras de labor a las compa\u00f1\u00edas petrol\u00edferas. Y hacen bien. S\u00f3lo que para resistir en estas condiciones hace falta algo m\u00e1s que voluntad y vocaci\u00f3n de editor. Se necesita inteligencia, conocimiento del mercado e imaginaci\u00f3n creadora.<\/p>\n<p>Se cumple as\u00ed otra de las observaciones de Estelrich: \u00abS\u00f3lo los editores inteligentes llegan a producir lo que conviene a la evoluci\u00f3n cultural\u00bb. Como se ve, a pesar del paso del tiempo, la cortes\u00eda del regalo tampoco est\u00e1 tan lejos del idealismo moral.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<p>[1] Texto no fechado. Probablemente de 1996, escrito para la presentaci\u00f3n del ensayo de Iris M. Zavala.<br \/>\n[2] La cursiva es del editor. Para poner \u00e9nfasis en esta (para m\u00ed sorprendente) apreciaci\u00f3n del autor.<br \/>\n[3] Di\u00e1logo de mediados del siglo XVI atribuido a Crist\u00f3bal de Villal\u00f3n. Alfredo Rodr\u00edguez L\u00f3pez-V\u00e1zquez prepar\u00f3 una edici\u00f3n de la obra para C\u00e1tedra.<br \/>\n[4] Revista de orientaci\u00f3n cristiana en la que el autor colabor\u00f3 en diversas ocasiones.<br \/>\n[5] V\u00e9ase \u00abRecuerdo de Mari\u00e1tegui\u00bb, enero de 2004. <a href=\"http:\/\/www.lainsignia.org\/2004\/enero\/cul_007.htm\">http:\/\/www.lainsignia.org\/2004\/enero\/cul_007.htm<\/a><br \/>\n[6] V\u00e9ase FFB, <em>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica del marxismo cientificista. Una aproximaci\u00f3n a la obra de Galvano della Golpe<\/em>, Barcelona, EU. Publicacions i Edicions de la UB 1994.<br \/>\n[7] V\u00e9ase FFB, \u00abDella Volpe\/Luk\u00e1cs. Notas para situar una pol\u00e9mica en el marxismo contempor\u00e1neo\u00bb, en <em>Zona Abierta<\/em>, n\u00ba 5, oto\u00f1o 1975\/1976, p\u00e1ginas 17-43. Pr\u00f3xima publicaci\u00f3n en Espai Marx.<br \/>\n[8] A. Rimbaud, \u00abObreros\u00bb.<br \/>\nAh, esta c\u00e1lida ma\u00f1ana de febrero. El sur inoportuno vino a reavivar nuestros recuerdos de indigentes absurdos, nuestra joven miseria.<br \/>\nHenrika llevaba una falda de algod\u00f3n a diamantes blancos y marrones como del siglo pasado, un gorro con lazos y un fular de seda, con todo lo cual le daba un aspecto m\u00e1s triste que un luto. Pase\u00e1bamos por el extrarradio. El cielo estaba nublado, y el viento Sur excitaba todos los olores desagradables de los jardines devastados y de los prados secos.<br \/>\nAquello no parec\u00eda fatigar a mi mujer tanto como a m\u00ed. Junto a un charco olvidado por la inundaci\u00f3n del mes anterior en un sendero bastante alto, Henrika me se\u00f1al\u00f3 unos peces diminutos.<br \/>\nLa ciudad, con su humareda y sus ruidos laborales, nos persegu\u00eda de lejos por los caminos. \u00a1Ah, el otro mundo, la habitaci\u00f3n bendecida por el cielo y las sombras de los follajes! El Sur me evocaba los miserables incidentes de mi infancia, mis desesperaciones estivales, la horrible cantidad de fuerza y de ciencia que la suerte ha alejado siempre de m\u00ed\u2026 \u00a1No! No pasaremos el verano en este avaro pa\u00eds donde nunca seremos m\u00e1s que unos hu\u00e9rfanos prometidos. Quiero que este brazo robustecido deje ya de arrastrar una querida imagen.<br \/>\n[9] <em>La Salamandra<\/em> (1971), por ejemplo, o <em>Jon\u00e1s que har\u00e1 25 a\u00f1os en el 2000<\/em> (1976).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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