{"id":13336,"date":"2023-02-28T05:00:55","date_gmt":"2023-02-28T04:00:55","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13336"},"modified":"2023-02-27T14:20:57","modified_gmt":"2023-02-27T13:20:57","slug":"dimension-poetica-de-la-utopia-en-el-mundo-contemporaneo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13336","title":{"rendered":"Dimensi\u00f3n po\u00e9tica de la utop\u00eda en el mundo contempor\u00e1neo"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FFB-Utopias-e1677503900750.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-13341 alignright\" src=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FFB-Utopias-e1677503900750.jpg\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"496\" srcset=\"https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FFB-Utopias-e1677503900750.jpg 600w, https:\/\/espai-marx.net\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/FFB-Utopias-e1677503900750-212x300.jpg 212w\" sizes=\"auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a> El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se han organizado diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: Zamora, IV Jornadas Claudio Rodr\u00edguez: 25\/XI\/ 2010.<\/em><br \/>\n<em>Publicado en <\/em>Aventura. Revista anual del Seminario Permanente Claudio Rodr\u00edguez<em>, n\u00ba 3, 2011, pp. 9-24.<\/em><br \/>\n<em>Anexo 1: Cursillo de CCOO, 2010. \u00abDe la utop\u00eda a los proyectos transformadores.\u00bb<\/em><br \/>\n<em>Anexo 2: Carta del \u00abSeminario Permanente Claudio Rodr\u00edguez\u00bb a FFB, 2010.<\/em><br \/>\n<em>Anexo 3: Utop\u00eda VII, Utop\u00eda IX.<\/em><br \/>\n<em>Recu\u00e9rdese: F. Fern\u00e1ndez Buey, Utop\u00edas e ilusiones naturales, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo, 2007.<\/em><\/p>\n<p>I. En el marco cultural euro-americano, que es el nuestro, el discurso ut\u00f3pico ha ido pasando de un g\u00e9nero a otro a lo largo de la historia: de la narraci\u00f3n \u00edntimamente vinculada al viaje y al descubrimiento de un mundo nuevo, que fue la forma can\u00f3nica de la utop\u00eda en el siglo XVI, al ensayo de naturaleza socio-pol\u00edtica en los siglos XVIII y XIX; y, luego, del ensayo a la literatura de ciencia ficci\u00f3n o a la narraci\u00f3n dist\u00f3pica desde la segunda d\u00e9cada del siglo XX hasta su acabamiento. Hay algunos indicios de que desde finales del siglo XX hasta ahora la forma principal de expresi\u00f3n del discurso ut\u00f3pico es la po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Como todo esquema de historia de las ideas, tambi\u00e9n \u00e9ste con el que empiezo aqu\u00ed tendr\u00eda que matizarse para evitar exageraciones y dar cuenta de excepciones y singularidades. Pues hay por lo menos una importante excepci\u00f3n reciente: el proyecto de investigaci\u00f3n de la utop\u00eda real o concreta del Presidente de la American Sociological Association, Erik Olin Wright<sup>1<\/sup> [<a href=\"http:\/\/www.realutopias.org\/\"><u>www.realutopias.org<\/u><\/a>.], que escapa a este esquema de forma manifiesta. Pero a\u00fan as\u00ed creo que el esquema nos puede servir como punto de partida para expresar lo que parece ser al menos una tendencia.<\/p>\n<p>Por mucho que se diga que, en \u00faltima instancia, el discurso de los utopistas ha tenido siempre, desde Plat\u00f3n o desde Thomas Moro, una dimensi\u00f3n po\u00e9tica, la verdad es que casi nadie, entre los siglos XVI y el XIX, habr\u00eda identificado pensamiento ut\u00f3pico y poes\u00eda propiamente dicha. Y, sin embargo, a mediados del siglo XIX uno de los padres fundadores del marxismo, Federico Engels, ya suger\u00eda algo as\u00ed. Al hacer una valoraci\u00f3n cr\u00edtico-positiva de la utop\u00eda de Charles Fourier<sup>2<\/sup>, Engels no se refiere por lo general a las anticipaciones de \u00e9ste en el \u00e1mbito del pensamiento socio-pol\u00edtico, sino m\u00e1s bien a lo que su discurso tiene de imaginaci\u00f3n po\u00e9tica, a la fantas\u00eda desbordante con que Fourier pretend\u00eda anticipar la armon\u00eda del futuro. De manera que, seg\u00fan esta opini\u00f3n, la utop\u00eda resultar\u00eda, ya en esa \u00e9poca, sugerente y atractiva no tanto porque contribuyera a aproximar el tipo de relaciones sociales o la formaci\u00f3n econ\u00f3mico-social que podr\u00edamos considerar ideal cuanto por lo que tiene de imaginaci\u00f3n po\u00e9tica o enso\u00f1aci\u00f3n sobre el mundo que podr\u00eda llegar a ser en el futuro.<\/p>\n<p>De ah\u00ed se ha seguido una reconsideraci\u00f3n negativa o peyorativa de la utop\u00eda que, en cierto modo, ha llegado hasta nosotros por diferentes v\u00edas. Seg\u00fan esta reconsideraci\u00f3n, la utop\u00eda es mera ilusi\u00f3n o enso\u00f1aci\u00f3n y, en cuanto tal, equivale literalmente a algo que no tendr\u00e1 lugar, a un <em>no-lugar<\/em>, a algo que es una imposibilidad material. En este sentido, la defensa de la utop\u00eda, el pensamiento ut\u00f3pico, ser\u00eda por definici\u00f3n, y atendiendo a la acepci\u00f3n literal de la palabra, una actitud negativa, particularmente para aquellos que al mismo tiempo pretenden transformar el mundo.<\/p>\n<p>Cuando se argumenta as\u00ed se est\u00e1 entendiendo que si, a pesar de todo, la utop\u00eda y el pensamiento ut\u00f3pico siguen estando ah\u00ed para so\u00f1ar ideales, y turbar de paso al pensamiento racional, ello se debe a que la disponibilidad para so\u00f1ar, para la ilusi\u00f3n, para el deseo y para la enso\u00f1aci\u00f3n, lo mismo que la imaginaci\u00f3n po\u00e9tica, son inseparables del humano estar en el mundo, s\u00f3lo que no nos conviene fiarnos de ellos.<\/p>\n<p>Poco a poco de la misma manera que, en los departamentos universitarios, la <em>ciencia <\/em>pol\u00edtica o la pol\u00edtica como ciencia, que se dice, ha ido desplazando a la antigua <em>filosof\u00eda <\/em>pol\u00edtica, as\u00ed tambi\u00e9n las ciencias sociales han ido ocupando el lugar que desde Thomas Moro ocup\u00f3 la narraci\u00f3n ut\u00f3pica o el discurso ut\u00f3pico. Y de igual manera que hoy en d\u00eda en nuestras Facultades de Econom\u00eda suele decirse de todos o de casi todos los te\u00f3ricos de la econom\u00eda anterior a Marshall (o sea, anterior a la formalizaci\u00f3n matem\u00e1tica de la teor\u00eda) que eran fil\u00f3sofos especulativos o simples fil\u00f3sofos morales y, en \u00faltima instancia, metaf\u00edsicos, as\u00ed tambi\u00e9n parece que el pensamiento ut\u00f3pico ha pasado a ser considerado en las Facultades de Sociolog\u00eda y de Pol\u00edticas como parte de la \u00abpoes\u00eda\u00bb (en el sentido amplio de la palabra, claro est\u00e1) o, como tambi\u00e9n se dice a veces, como parte de la ret\u00f3rica.<\/p>\n<p>Hay, adem\u00e1s, otro factor hist\u00f3rico que suele aducirse para expulsar a la utop\u00eda del \u00e1mbito del pensamiento racional con aspiraciones cient\u00edficas, que era el \u00e1mbito por el que la utop\u00eda quiso transitar desde Thomas Moro hasta Charles Fourier pasando por la Ilustraci\u00f3n. Ese factor es que la mayor\u00eda, por no decir todas, las utop\u00edas de car\u00e1cter socio-econ\u00f3mico o pol\u00edtico que en el mundo han sido se han realizado, cuando han podido aproximarse al ideal, de tal manera negativa en este mundo de aqu\u00ed abajo que, al menos por un tiempo, apenas quedan ya ganas de hablar en serio de ellas.<\/p>\n<p>La influencia de este otro factor en la historia de las ideas ha sido muy patente desde 1990, o sea, desde el momento mismo en que se vino abajo el mundo denominado socialista. Puesto que este mundo ha sido considerado en general como la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la utop\u00eda socialista y marxista, y, como es sabido, tal mundo acab\u00f3 en un desastre, se supone que debemos concluir de ah\u00ed que toda utop\u00eda es siempre negativa para el progreso del pensamiento y de la acci\u00f3n humana. En ese sentido se ha dicho muchas veces desde 1990, entre fil\u00f3sofos, que <em>la utop\u00eda es la muerte<\/em>.<\/p>\n<p>Pero el planteamiento que vincula utop\u00eda (en cualquiera de sus sentidos) a muerte, es, a su vez, metaf\u00edsica especulativa, o es mera trivialidad sin m\u00e1s. Pues, por definici\u00f3n, toda ilusi\u00f3n humana est\u00e1 abocada a (y acaba en) la muerte. Si lo que se quiere decir es que ha habido en la historia utop\u00edas que han producido ideolog\u00edas, las cuales, a su vez, han dado origen a muertes de inocentes (o sea, a muertes no inevitables o no deseadas por los m\u00e1s), esa es una verdad hist\u00f3rica que tenemos que admitir. En ese caso, y haciendo historia en serio, no habr\u00eda que quedarse en el v\u00ednculo utop\u00eda-comunismo, utop\u00eda-socialismo o utop\u00eda-comunitarismo, que es donde se quedan los fil\u00f3sofos que proclaman el fin definitivo de la utop\u00eda desde 1990, sino ampliar el v\u00ednculo a todas las m\u00e1s elevadas ilusiones de lo que llamamos humanidad a lo largo de su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>No est\u00e1 dicho, al menos, insisto, desde el punto de vista historiogr\u00e1fico, que la utop\u00eda comunista haya producido m\u00e1s muerte que la utop\u00eda judeo-cristiana que empieza con el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a o que la utop\u00eda liberal que se inicia, con las mejores intenciones, en el siglo XVIII europeo. La capacidad de producir muerte evitable, o no deseada, no depende, en mi modesta opini\u00f3n, de la potencia de una utop\u00eda, ni siquiera del contraste que pueda haber entre lo que se predica para un mundo mejor y eso que suele llamarse naturaleza o condici\u00f3n humana, sino que depende sobre todo del desarrollo tecnol\u00f3gico hist\u00f3ricamente puesto a su servicio.<\/p>\n<p>Por eso, hist\u00f3ricamente, el capitalismo liberal, que insisto, empieza tambi\u00e9n como una utop\u00eda realizable, ha matado m\u00e1s que cualquiera de las otras utop\u00edas: porque ha sido tecnol\u00f3gicamente m\u00e1s fuerte. Ejemplos comparativos: la represi\u00f3n de la Comuna de Par\u00eds en nombre del \u00abliberalismo\u00bb, el genocidio permanente de los pueblos ind\u00edgenas en nombre de la utop\u00eda cristiano-puritano-colonialista, los bombardeos de Dresde e Hiroshima al final de la segunda guerra mundial (cuando la guerra estaba ya pr\u00e1cticamente acabada), etc., etc. El problema de los fil\u00f3sofos especulativos o metaf\u00edsicos sin m\u00e1s es que, una vez establecido el v\u00ednculo utop\u00eda-muerte, ya no se fijan m\u00e1s que en aquellos ejemplos hist\u00f3ricos que sirven para reforzar intelectualmente la trivialidad de base.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed est\u00e1 dicho, creo yo, es que con frecuencia la utop\u00eda o el ideal se ha convertido en Templo, y que a los humanos nos conviene evitar tal cosa, o sea, tratar de ver con cierta distancia nuestros ideales y no enamorarnos de ellos con la misma pasi\u00f3n con que lo hacemos de nuestras o nuestros amantes. Creo que quien mejor vio esto fue precisamente un poeta, otro poeta zamorano, Le\u00f3n Felipe, en aquella <em>Par\u00e1bola<\/em> que cantaba hace ya muchos a\u00f1os Paco Ib\u00e1\u00f1ez<sup>3<\/sup>:<\/p>\n<p>Hab\u00eda un hombre que ten\u00eda una doctrina.<br \/>\nUna doctrina que llevaba en el pecho (junto al pecho, no dentro del pecho),<br \/>\nuna doctrina escrita que guardaba en el bolsillo interno del chaleco.<br \/>\nY la doctrina creci\u00f3. Y tuvo que meterla en un arca, en un arca como la<\/p>\n<p>del Viejo Testamento.<br \/>\nY el arca creci\u00f3. Y tuvo que llevarla a una casa muy grande. Entonces<\/p>\n<p>naci\u00f3 el templo.<br \/>\nY el templo creci\u00f3. Y se comi\u00f3 al arca, al hombre y a la doctrina escrita<\/p>\n<p>que guardaba en el bolsillo interno del chaleco.<\/p>\n<p>Luego vino otro hombre que dijo:<br \/>\nEl que tenga una doctrina que se la coma, antes de que se la coma el templo;<br \/>\nque la vierta, que la disuelva en su sangre,<br \/>\nque la haga carne de su cuerpo&#8230;<br \/>\ny que su cuerpo sea<br \/>\nbolsillo, arca y templo.<\/p>\n<p>II. Partiendo de la idea de que con el tiempo la utop\u00eda ha perdido la inocencia y de que esto es algo que saben ya los poetas desde hace d\u00e9cadas no me voy a detener aqu\u00ed en una definici\u00f3n de utop\u00eda, sino que arrancar\u00e9 con una descripci\u00f3n aproximada, tambi\u00e9n de tono po\u00e9tico, que procede de William Morris, uno de los \u00faltimos grandes ut\u00f3picos del siglo XIX. En <em>Un sue\u00f1o de John Ball<\/em>, Morris hace decir a su protagonista algo que resume muy bien el esp\u00edritu ut\u00f3pico que es ya consciente, por otra parte, de los l\u00edmites de la utop\u00eda:<\/p>\n<p>Examin\u00e9 todas estas cosas, y c\u00f3mo los hombres luchan y pierden la batalla,<br \/>\ny c\u00f3mo aquello por lo cual hab\u00edan luchado se logra a pesar de su derrota,<br \/>\ny c\u00f3mo, cuando esto llega, resulta ser diferente de aquello que se propon\u00edan,<br \/>\ny c\u00f3mo otros hombres han de luchar por aquello que ellos se propon\u00edan alcanzar bajo otro nombre<em>.<\/em><\/p>\n<p>Eduardo Galeano<sup>4<\/sup>, otro defensor de la utop\u00eda en su acepci\u00f3n positiva, ahora ya en el siglo XX, ha traducido a versos esta idea as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00bfPara qu\u00e9 sirve la Utop\u00eda?<br \/>\nElla est\u00e1 en el horizonte.<br \/>\nMe acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos.<br \/>\nCamino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos m\u00e1s all\u00e1.<br \/>\nPor mucho que yo camine nunca la alcanzar\u00e9.<br \/>\n\u00bfPara qu\u00e9 sirve la Utop\u00eda?<br \/>\nPara eso sirve: para caminar.<\/p>\n<p>La utop\u00eda nos ayuda a caminar. Vamos, pues, paso por paso. Pero \u00bfhacia d\u00f3nde?<\/p>\n<p>Hay ya en el nacimiento de la utop\u00eda moderna algunos rasgos que se han conservado a lo largo de tres siglos y que se encuentran tambi\u00e9n en la reflexi\u00f3n de Ernst Bloch sobre el <em>principio esperanza<\/em> en las d\u00e9cadas centrales del siglo XX. Estos son: el recuerdo (m\u00e1s o menos a\u00f1orante o melanc\u00f3lico) de la comunidad que hubo; la cr\u00edtica abierta a la injusticia y la desigualdad que hay en el presente; y la atracci\u00f3n por la novedad que apunta en lo reci\u00e9n descubierto o en lo reci\u00e9n inventado, precisamente en la medida en que este apuntar de lo nuevo enlaza con el (casi siempre idealizado) buen tiempo pasado.<\/p>\n<p>Pero hay, en cambio, otro rasgo de la utop\u00eda moreana que no siempre se ha conservado: la orientaci\u00f3n <em>ir\u00f3nico-positiva<\/em>, muy caracter\u00edstica, por lo dem\u00e1s, del esp\u00edritu y del ambiente erasmista de la Europa culta de las primeras d\u00e9cadas del siglo XVI. La distancia ir\u00f3nica respecto de la utop\u00eda en nuestro mundo no es s\u00f3lo conciencia de la dificultad de su realizaci\u00f3n en este <em>topos<\/em> concreto que es nuestra sociedad (europea), sino tambi\u00e9n, muy probablemente, sospecha racional, fundada, de que a veces lo mejor es enemigo de lo bueno.<\/p>\n<p>A diferencia de los otros, este rasgo de la primera utop\u00eda renacentista, la iron\u00eda distanciada respecto de s\u00ed misma, se fue perdiendo con el tiempo para ser sustituido, salvo en casos muy excepcionales, por el esp\u00edritu declamatorio, por el esp\u00edritu de la tragedia o por el pesimismo tr\u00e1gico. Conociendo la historia europea que se extiende desde la muerte de More a trav\u00e9s de las guerras de religi\u00f3n, de las guerras entre clases y de las guerras coloniales, parece comprensible que esto haya sido as\u00ed.<\/p>\n<p>Al abordar ahora la noci\u00f3n de utop\u00eda desde un punto de vista historiogr\u00e1fico pero pensando tambi\u00e9n en lo que esta noci\u00f3n puede dar de s\u00ed en \u00e9l, convendr\u00eda subrayar tres cosas. Una: que, contra lo se viene diciendo recurrentemente desde 1990, la utop\u00eda no ha muerto. Dos: que el destino de las grandes ideas ut\u00f3picas (y en general de las anticipaciones del <em>buen lugar<\/em> alternativo) de la humanidad, al menos en el marco de nuestra cultura, parece ser, casi siempre, hacerse templo, instituci\u00f3n o realidad pol\u00edtico-social <em>en otro lugar<\/em>, en un lugar diferente a aqu\u00e9l para el cual las utop\u00edas fueron pensadas. Y tres: que al final de la modernidad europea, como en sus comienzos, la intenci\u00f3n ir\u00f3nico-positiva es a\u00fan clave para seguir hablando de utop\u00eda en serio.<\/p>\n<p>Tal intenci\u00f3n ha ido tomando, ya en el siglo XX, una orientaci\u00f3n predominantemente <em>par\u00f3dica<\/em>: primero al considerar cr\u00edticamente lo que podr\u00edamos llamar (con el Marx de los <em>Manuscritos econ\u00f3mico-filos\u00f3ficos<\/em> de 1844) el <em>comunismo basto<\/em>; luego para distanciarse del optimismo tecnocr\u00e1tico que hace seguir sin m\u00e1s el progreso socio-moral del progreso tecno-cient\u00edfico; y finalmente para presentar los presuntos efectos positivos de la globalizaci\u00f3n neo-liberal como un ox\u00edmoron. Ya es sintom\u00e1tico que en los tres casos la reconsideraci\u00f3n de la utop\u00eda tome la forma de la poes\u00eda o de la prosa po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Hemos visto ya lo que dec\u00eda, en verso, Eduardo Galeano al respecto. Ahora aducir\u00e9 el testimonio de otros dos poetas, Wislawa Szymborska y Mario Benedetti<sup>5<\/sup>, como ejemplos de la reafirmaci\u00f3n recurrente del esp\u00edritu ut\u00f3pico y de la distancia ir\u00f3nico-par\u00f3dica que se han ido haciendo habituales. Con el mismo t\u00edtulo, utop\u00eda, pero con intenci\u00f3n muy distinta, ellos han escrito, ya en el \u00faltimo tercio del siglo XX, dos poemas que nos tocan. Y que pueden servir para ilustrar r\u00e1pidamente los extremos entre los que hay que moverse. Extremos que, como dir\u00eda Pier Paolo Pasolini no se tocan sino <em>que nos tocan<\/em>.<\/p>\n<p>Szymborska, la poeta polaca, parodia la conversi\u00f3n en Templo de la utop\u00eda socialista que tuvo su origen en Marx, el entonces todav\u00eda llamado \u00absocialismo real\u00bb. En unas pocas im\u00e1genes, ah\u00ed est\u00e1 lo esencial de lo que se puede decir a contempor\u00e1neos sensibles sobre lo que fue la gran ilusi\u00f3n. En Polonia. Y no s\u00f3lo en Polonia:<\/p>\n<p>Isla en la que todo se aclara.<br \/>\nAh\u00ed se puede arribar a pruebas firmes.<br \/>\nNo hay m\u00e1s camino que aquellos de llegada.<br \/>\nLas zarzas se doblan por el peso de las respuestas.<br \/>\nCrece ah\u00ed el \u00e1rbol de la Suposici\u00f3n Correcta<br \/>\ncon sus ramas eternamente desenredadas.<br \/>\nY deslumbrantemente recto el \u00e1rbol de la Comprensi\u00f3n<br \/>\njunto a una fuente llamada <em>Ah, De Eso Se Trata.<\/em><br \/>\nCuanto m\u00e1s denso se hace el bosque, m\u00e1s amplio aparece<br \/>\nel Valle de la Evidencia.<br \/>\nSi hay alguna duda, el viento la disipa.<br \/>\nEl eco de ninguna voz toma la palabra<br \/>\ny aclara con entusiasmo los secretos de los mundos.<br \/>\nA la derecha, la caverna en la que se encuentra sentido.<br \/>\nA la izquierda, el lago de la Convicci\u00f3n Profunda.<br \/>\nDel fondo se desprende la verdad y sale sin m\u00e1s a la superficie.<br \/>\nDomina el valle de la Seguridad Inquebrantable.<br \/>\nDesde su cima se extiende la Esencia de las Cosas.<br \/>\nA pesar de sus encantos, la isla est\u00e1 desierta<br \/>\ny las peque\u00f1as huellas de pasos que se ven en sus orillas<br \/>\nse dirigen hacia el mar sin excepci\u00f3n.<br \/>\nComo si de ah\u00ed solamente se saliera<br \/>\npara hundirse irremediablemente en el abismo.<br \/>\nEn una vida inconcebible.<\/p>\n<p>Benedetti, en cambio, ironiza sobre el fin de las utop\u00edas trasladando el viejo asunto al \u00e1mbito de lo privado para decirnos (tal vez bromeando con B\u00e9cquer) que <em>utop\u00eda eres t\u00fa<\/em>. Eso aqu\u00ed, al otro lado del mundo. O en Am\u00e9rica Latina. Tal vez tambi\u00e9n en Polonia. En este mundo nuestro, en cualquier caso:<\/p>\n<p>C\u00f3mo voy a creer \/ dijo el fulano<br \/>\nque el mundo se qued\u00f3 sin utop\u00edas<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer<br \/>\nque la esperanza es un olvido<br \/>\no que el placer una tristeza<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer \/ dijo el fulano<br \/>\nque el universo es una ruina<br \/>\naunque lo sea<br \/>\no que la muerte es el silencio<br \/>\naunque lo sea<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer<br \/>\nque el horizonte es la frontera<br \/>\nque el mar es nadie<br \/>\nque la noche es nada<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer \/ dijo el fulano<br \/>\nque tu cuerpo \/ mengana<br \/>\nno es algo m\u00e1s que lo que palpo<br \/>\no que tu amor<br \/>\nese remoto amor que me destinas<br \/>\nno es el desnudo de tus ojos<br \/>\nla parsimonia de tus manos<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer \/ mengana austral<br \/>\nque sos tan solo lo que miro<br \/>\nacaricio o penetro<br \/>\nc\u00f3mo voy a creer \/ dijo el fulano<br \/>\nque la utop\u00eda ya no existe<br \/>\nsi vos \/ mengana dulce<br \/>\nosada \/ eterna<br \/>\nsi vos\/ sois mi utop\u00eda.<\/p>\n<p>Esta manera ir\u00f3nico-par\u00f3dica de plantear el asunto de la utop\u00eda enlaza bien con la paradoja que al respecto estamos viviendo actualmente. En los \u00faltimos a\u00f1os la palabra <em>utop\u00eda<\/em> vuelve a suscitar muchas simpat\u00edas y cada vez se emplea m\u00e1s en ambientes cr\u00edticos y alternativos de nuestras sociedades; pero al mismo tiempo suscita gran desconfianza por su asimilaci\u00f3n con lo que se supone realizaci\u00f3n de las utop\u00edas sociales imaginadas durante cuatro siglos (desde el Renacimiento hasta el siglo XX). Eso hace que muchas personas compartan el uso positivo de la palabra <em>utop\u00eda<\/em> en contextos morales o est\u00e9ticos mientras que manifiestan una persistente reserva acerca de la utilizaci\u00f3n de la palabra utop\u00eda en un sentido positivo cuando se trata de contextos pol\u00edticos (o de \u00e9tica de la colectividad).<\/p>\n<p>Ah\u00ed estar\u00eda el origen del desplazamiento de la utop\u00eda hacia el discurso po\u00e9tico. Y <em>ah\u00ed<\/em> quiere decir, al menos tal como lo veo yo, no s\u00f3lo distanciamiento ir\u00f3nico respecto de lo que dice el t\u00e9rmino <em>utop\u00eda<\/em> sino tambi\u00e9n reconocimiento de que la reproposici\u00f3n de la utop\u00eda en nuestra \u00e9poca presta ya tanta atenci\u00f3n a la revoluci\u00f3n de la vida cotidiana, es decir, a la educaci\u00f3n sentimental, a la educaci\u00f3n de los sentimientos de quienes se consideran sujetos de la transformaci\u00f3n, como a aquello que los cl\u00e1sicos de la utop\u00eda llamaban \u00abrevoluci\u00f3n social\u00bb.<\/p>\n<p>III. El tono general, socialista, libertario y antiautoritario, de buena parte de lo que hoy se viene llamando <em>movimiento de movimientos<\/em>, fue inteligentemente captado por Marcos, all\u00e1 en la Selva Lacandona, al proponer una figura de la ret\u00f3rica cl\u00e1sica, el ox\u00edmoron, nada menos que como pr\u00f3ximo <em>programa<\/em> del mismo. Ya la idea de que el ox\u00edmoron sea el pr\u00f3ximo programa del movimiento es, claro est\u00e1, una iron\u00eda. Ox\u00edmoron viene de <em>oxus<\/em> (afilado, agudo, penetrante) y <em>moros<\/em> (tonto, idiota) y es el nombre de una figura literaria consistente en aplicar a una palabra un ep\u00edteto que la contradice o parece contradecirla (as\u00ed: <em>luz oscura<\/em>, <em>instante eterno<\/em>, <em>silencio ensordecedor<\/em>, <em>espontaneidad calculada<\/em>, <em>crecimiento negativo, injusta justicia<\/em>, etc.).<\/p>\n<p>Ya es todo un s\u00edntoma, que abunda en lo que vengo diciendo, el que la principal utop\u00eda socio-pol\u00edtica del siglo XXI haya nacido precisamente discurriendo sobre el ox\u00edmoron y en la prosa po\u00e9tica heredada del pensamiento indigenista. Tanto m\u00e1s cuanto que, por lo que se sabe, el mismo Marcos, antes de expresarse en este lenguaje, lo hab\u00eda hecho en otro, muy distinto, muy pr\u00f3ximo al del estructuralismo cientificista althusseriano y, en cualquier caso, muy alejado del esp\u00edritu ut\u00f3pico. Esto es algo que ha captado muy bien, justamente en un di\u00e1logo con Marcos, el agudo cr\u00edtico y pensador ingl\u00e9s John Berger.<\/p>\n<p>En un mundo ultracapitalista o posmoderno, que ha visto ya c\u00f3mo todas las grandes palabras del lenguaje pol\u00edtico iban siendo deshonradas por la Compa\u00f1\u00eda del Gran Poder (en Occidente y en Oriente, en el Norte y en el Sur) y que ha llegado a identificar \u00abinteligencia\u00bb con \u00abespionaje\u00bb, el uso del ox\u00edmoron, sobre todo en un \u00e1mbito que podr\u00edamos llamar prepol\u00edtico, alude a la necesidad de usar expresiones sutiles e ir\u00f3nicas que, a primera vista, pudieran parecer tonter\u00edas, pero que no lo son, como no lo fue en otros tiempos el erasmiano elogio de la locura.<\/p>\n<p>La experiencia de un socialismo que pretendi\u00f3 dejar atr\u00e1s para siempre la utop\u00eda y se convirti\u00f3 \u00e9l mismo en \u00abmala utop\u00eda\u00bb es una evidencia que hay que tener en cuenta cuando hoy se repropone la utop\u00eda socialista. La otra evidencia es que estamos en una \u00e9poca <em>ultracapitalista <\/em>en la que el pensamiento de los que mandan se quiere \u00fanico y en la que vuelve a imponerse el <em>poder desnudo<\/em>. Si se juntan las dos cosas se entiende por qu\u00e9 hasta la utop\u00eda socialista del momento, cuando se hace ir\u00f3nica y adopta el ox\u00edmoron (que ha sido una figura caracter\u00edstica de la poes\u00eda amorosa y m\u00edstica), tiende a tomar la forma de la parodia, de la s\u00e1tira, del sarcasmo que hace mella.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de Marcos recoge una de las preocupaciones pre-pol\u00edticas latentes en muchas personas activas en el movimiento altermundialista: volver a dar a las palabras su capacidad de nombrar con verdad. Y lo hace por el procedimiento de retorcer el discurso dominante para darle la vuelta como si de un calcet\u00edn se tratase. El ox\u00edmoron de Marcos es que los que mandan ahora nos est\u00e1n haciendo vivir una \u00abglobalizaci\u00f3n fragmentada\u00bb. Y el programa que se esboza desde ah\u00ed enlaza con una vieja aspiraci\u00f3n del socialismo: hacer la globalizaci\u00f3n verdaderamente global y cambiar su signo. El ox\u00edmoron sirve para mostrar que el capitalismo, en su fase actual, neoliberal, se contradice a s\u00ed mismo cuando afirma la globalizaci\u00f3n, lleva en su seno la serpiente de la contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Eadem sed aliter<\/em>. As\u00ed la utop\u00eda vuelve a empezar.<\/p>\n<p>Pero, aun aceptando que la utop\u00eda vuelve y que el uso del ox\u00edmoron es un buen procedimiento para hacer estallar las contradicciones del sistema y abrir los ojos de quienes siguen pensando en la posibilidad de cambiar el mundo <em>de base<\/em>, no todos los que dan su apoyo al movimiento altermundialista est\u00e1n de acuerdo en que <em>utop\u00eda<\/em> sea hoy la palabra adecuada para expresar ese anhelo. Pues ya las expresiones <em>utop\u00eda realizable<\/em> o <em>utop\u00eda concreta<\/em>, que son las que suelen emplearse mayormente (siguiendo a Marcuse o a Bloch) suenan tambi\u00e9n a paradoja. Por eso tiene inter\u00e9s, me parece, prestar atenci\u00f3n a lo que se ha dicho sobre esto en el Foro Social Mundial.<\/p>\n<p>Porto Alegre, 29 de enero de 2005. El debate titulado \u00abQuijotes hoy: utop\u00eda y pol\u00edtica\u00bb, organizado por el Foro Social Mundial, reuni\u00f3 en una mesa a Federico Mayor Zaragoza (ex director general de la UNESCO), Ignacio Ramonet, de <em>Le Monde Diplomatique<\/em>, el escritor uruguayo Eduardo Galeano y Jos\u00e9 Saramago (premio Nobel de literatura de 1998) ante varios miles de personas vinculadas al movimiento alterglobalizador. Como se pod\u00eda esperar por el t\u00edtulo del debate, utop\u00eda y quijotismo fueron de la mano en todas las intervenciones. Mayor Zaragoza, Ramonet y Galeano hicieron un canto a la utop\u00eda positiva que representa el <em>movimiento de movimientos<\/em> frente a la globalizaci\u00f3n neoliberal. Pero Saramago expres\u00f3 una opini\u00f3n disidente. En una entrevista a Saramago publicada en el diario <em>La Jornada<\/em> de M\u00e9xico, dice lo siguiente sobre la utop\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">La utop\u00eda ha tra\u00eddo m\u00e1s da\u00f1o a la izquierda que beneficio, porque no es algo que uno espere ver realizado en su vida, no; se pone en el futuro, en un lugar que no se sabe ni d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo ser\u00e1. Una utop\u00eda es un conjunto de articulaciones, necesidades, deseos, ilusiones, sue\u00f1os. Si uno es consciente de que no lo puede realizar en el tiempo en que vive, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene? \u00bfC\u00f3mo es que podemos tener la seguridad de que 150 a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ninguno de los que han construido esa utop\u00eda estar\u00e1 vivo, las personas tendr\u00e1n alg\u00fan inter\u00e9s en una utop\u00eda que no es suya, que pertenece al pasado? [&#8230;] Acabemos con las utop\u00edas, que no nos van a servir de nada. \u00a1Abajo la utop\u00eda!<\/p>\n<p>El debate estaba abierto. Y no deja de ser curioso observar que en este caso la discusi\u00f3n suscitada por Saramago sobre el concepto y la palabra se cerr\u00f3, al menos moment\u00e1neamente, con citas y ejemplos literarios. Galeano propuso tres: Le\u00f3n Felipe (\u201cla hora en que Aldonza Lorenzo se convierte en Dulcinea\u00bb); Bernard Shaw, cuando dice: \u00abHay quienes observan la realidad tal cual es y se preguntan \u00bfpor qu\u00e9?; y hay quienes la observan como jam\u00e1s ha sido y se preguntan \u00bfpor qu\u00e9 no?\u00bb.<\/p>\n<p>N\u00f3tese que las tres personas mencionadas por Galeano (Le\u00f3n Felipe, Bernard Shaw y Fernando Birri), tienen que ver con la dimensi\u00f3n est\u00e9tica y que se expresan a favor de la utop\u00eda <em>metaf\u00f3ricamente<\/em>. No hay duda de que la persistencia de la utop\u00eda en nuestra \u00e9poca est\u00e1 vinculada a esa dimensi\u00f3n. No s\u00f3lo a la literaria o a la cinematograf\u00eda. Las manifestaciones art\u00edsticas actuales que reivindican el valor de la utop\u00eda son muy numerosas.<\/p>\n<p>Si se acepta el reto de Saramago, lo que se impone de nuevo es el debate sobre el fundamento de la utop\u00eda. Peter Sloterdijk reconoc\u00eda no hace mucho que la utop\u00eda sigue ah\u00ed y, despu\u00e9s de recordar a Bloch, se preguntaba qu\u00e9 significado tiene en nuestros d\u00edas esa persistencia. Para \u00e9l, la utop\u00eda sigue teniendo una funci\u00f3n <em>autohipn\u00f3tica<\/em>, a trav\u00e9s de la cual el individuo reencuentra una fuerza motivadora universal; pero como tambi\u00e9n la utop\u00eda ha perdido su inocencia, el ut\u00f3pico se fabrica con ella una especie de inconsciente artificial que le permite motivarse. Ser\u00eda, pues, en nuestras sociedades, la otra cara de la b\u00fasqueda o la caza del \u00e9xito: <em>el sue\u00f1o de los perdedores<\/em>. S\u00f3lo que, una vez superados el angelismo y la esquizofrenia de las utop\u00edas que produjo la \u00e9poca del Gran Rechazo, lo que cumple, seg\u00fan Sloterdijk, es aceptar desde ahora dejar constituirnos por la realidad, permitir que la realidad \u00abnos haga un hijo por la espalda\u00bb\u201d. De la vieja utop\u00eda lo salvable, si algo queda, ser\u00eda, pues, la iron\u00eda, las diversas modalidades del humor.<\/p>\n<p>La reivindicaci\u00f3n de <em>la iron\u00eda, la parodia y la s\u00e1tira<\/em> es un punto compartido. Lo hacen suyo quienes s\u00f3lo ven en la persistencia de la utop\u00eda la funci\u00f3n hipn\u00f3tica o autohipn\u00f3tica, aquellos que subrayan la dimensi\u00f3n est\u00e9tica de la utop\u00eda contempor\u00e1nea y aquellos otros que van a la b\u00fasqueda de una fundamentaci\u00f3n ontol\u00f3gica o filos\u00f3fica de la utop\u00eda. Ah\u00ed, pues, no hay problema. Pero Fredrick Jameson, tras las huellas de Adorno, ha subrayado hace poco otro punto a tener en cuenta: la importancia de la <em>v\u00eda negativa<\/em> para captar <em>el momento de verdad<\/em> que hay en las utop\u00edas del ascetismo y del placer. El recorrido a trav\u00e9s de la ciencia-ficci\u00f3n contempor\u00e1nea mostrar\u00eda precisamente, por esta v\u00eda, la importancia de las lecciones de la adicci\u00f3n y la sexualidad, de manera que una aut\u00e9ntica confrontaci\u00f3n con la utop\u00eda ahora exige integrar estas inquietudes para rebasar el \u00e1mbito del puro experimento mental que, en su opini\u00f3n, es lo que ha hecho pol\u00edtica y existencialmente inoperantes las utop\u00edas del pasado.<\/p>\n<p>Por su parte, Miguel Abensour, que es quien m\u00e1s est\u00e1 insistiendo actualmente en el fundamento ontol\u00f3gico de la utop\u00eda, ha llamado la atenci\u00f3n sobre un tercer rasgo que tampoco se puede olvidar: el <em>hero\u00edsmo del esp\u00edritu.<\/em> Abensour, que se inspira sobre todo en Levinas, cree que hay que pensar la utop\u00eda de manera transhist\u00f3rica, es decir, como algo que no depende de los buenos o malos tiempos que vivimos, sino que est\u00e1 inscrito en la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>El pensamiento ut\u00f3pico ser\u00eda para los humanos una especie de aprendizaje a trav\u00e9s del cual se logra un <em>sexto sentido<\/em>. Lo cual no implica que la utop\u00eda tenga que descansar necesariamente en una visi\u00f3n positiva del ser humano. La aspiraci\u00f3n a la utop\u00eda y su persistencia no guardan relaci\u00f3n directa con el optimismo o el pesimismo, que son estados de \u00e1nimo, y, por lo tanto, variables, cambiantes, sino que est\u00e1n vinculadas precisamente a este hero\u00edsmo del esp\u00edritu que nos incita a luchar contra el cansancio y contra la cat\u00e1strofe. La utop\u00eda ser\u00eda, pues, la derivaci\u00f3n hacia el futuro del \u00abnunca m\u00e1s\u00bb, una derivaci\u00f3n que hereda los rasgos del sufrimiento de las generaciones anteriores y, con ello, tambi\u00e9n su fragilidad. No hay ni habr\u00e1 utop\u00eda triunfante. Ah\u00ed se cierra el c\u00edrculo del ox\u00edmoron y la paradoja. Cinta continua, por tanto.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de la inocencia no elimina la vigencia de la utop\u00eda. Ni la elimina tampoco la visi\u00f3n pesimista y desencantada del mundo presente, derivada, en parte, del reconocimiento de las derrotas del proyecto socialista. Lo que aquella p\u00e9rdida y este reconocimiento implican es que hay que cambiar de lenguaje y de tono. Se puede so\u00f1ar con un mundo en el que las palabras significan lo que dicen y entonces, hablando con precisi\u00f3n, Saramago tendr\u00eda raz\u00f3n; pero tambi\u00e9n se puede centrar la tarea en buscar nuevas palabras, un nuevo tono, cambiar de lenguaje, para recuperar el viejo concepto.<\/p>\n<p>Utop\u00eda <em>sin inocencia<\/em> implicar\u00eda, s\u00ed, una rectificaci\u00f3n del optimismo hist\u00f3rico que acompa\u00f1\u00f3 al proyecto socialista. Pero no de todo optimismo; no necesariamente del optimismo <em>de la voluntad, del optimismo de las ilusiones naturales<\/em>. Yo tambi\u00e9n creo \u2013y con esto terminar\u00e9\u2013 en aquella vieja verdad de la que nos hablaba Claudio Rodr\u00edguez en su poema \u00abLo que no es sue\u00f1o\u00bb:<\/p>\n<p>D\u00e9jame que, con vieja<br \/>\nsabidur\u00eda, diga:<br \/>\na pesar, a pesar<br \/>\nde todos los pesares<br \/>\ny aunque sea muy dolorosa, y aunque<br \/>\nsea a veces inmunda, siempre, siempre,<br \/>\nla m\u00e1s honda verdad es la alegr\u00eda.<br \/>\nLa que de un r\u00edo turbio<br \/>\nhace aguas limpias\u2026<\/p>\n<p>Una verdad que Claudio enlazaba, en \u00abSigue marzo\u00bb, con la verdad del amor, \u00abque nunca ve en las cosas la triste realidad de su apariencia\u00bb, y en \u00abUn bien\u00bb, con aquello que llega de improviso, casi sin ropa, \u00abcomo de una raza bastarda\u00bb, y con lo que apenas sabemos qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>No puede ser casualidad que cuando ahora, ya en el siglo XXI, Alexander Kluge, que fue el padre del nuevo cine alem\u00e1n de los setenta, se mete en ese jard\u00edn boscoso que es poner en im\u00e1genes cinematogr\u00e1ficas nada menos que la utop\u00eda \u00abcient\u00edfica\u00bb de <em>El capital<\/em> de Karl Marx (en una obra significativamente titulada <em>Noticias de la antig\u00fcedad ideol\u00f3gica<\/em>) haya decidido concluir su montaje con una reflexi\u00f3n, dialogada y po\u00e9tica, sobre lo que llama <em>la utop\u00eda del amor<\/em>.<\/p>\n<p>Y no lo es porque en nuestro tiempo, m\u00e1s que en cualquier tiempo anterior, existe la conciencia de que la sustancia de la utop\u00eda socio-pol\u00edtica (la esperanza de los de abajo que anida en la desesperanza) es inseparable de las ilusiones naturales que apuntan a la revoluci\u00f3n de la vida cotidiana y \u00e9sta, a su vez, inseparable de la utop\u00eda del amor. Lo sab\u00eda ya Nazim Hikmet:<\/p>\n<p>El m\u00e1s hermoso de los mares<br \/>\nno se ha cruzado a\u00fan.<br \/>\nLa m\u00e1s bella de las criaturas<br \/>\nno ha crecido a\u00fan.<br \/>\nNuestros m\u00e1s hermosos d\u00edas<br \/>\nno los hemos visto a\u00fan.<br \/>\nY las m\u00e1s bellas palabras que quisiera decirte<br \/>\nno las he dicho a\u00fan.<\/p>\n<p>De la revalorizaci\u00f3n de este <em>a\u00fan, <\/em>de la honda verdad que es la alegr\u00eda, de la armon\u00eda que da la comprensi\u00f3n del amor, sin hacer concesiones al optimismo hist\u00f3rico, ha partido John Berger en su equilibrada reivindicaci\u00f3n reciente, y en cierto modo leopardiana, del esp\u00edritu ut\u00f3pico. Que en el original ingl\u00e9s \u2013<em>Hold Everyting Dear<\/em>\u2013 y en la versi\u00f3n castellana \u2013<em>Con la esperanza entre los dientes<\/em>\u2013 recoge estupendamente bien dos de las notas principales del esp\u00edritu ut\u00f3pico por venir que el discurso po\u00e9tico avanza ya hoy: cuida todo lo que amas y sost\u00e9n la esperanza entre los dientes porque nuestros m\u00e1s hermosos d\u00edas no los hemos visto a\u00fan\u2026 y aun si no llegan quedar\u00e1 al menos por decir las palabras m\u00e1s bellas que no te he dicho todav\u00eda\u2026<\/p>\n<h3><strong>Anexo 1: De la utop\u00eda a los proyectos transformadores<\/strong><\/h3>\n<p><em>Cursillo de CCOO, 2010. Desconozco si lleg\u00f3 a impartirlo.<\/em><\/p>\n<p>I. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n francesa algunos de los cr\u00edticos de las diferencias sociales que generaba el sistema industrial entonces existente, sobre todo en Francia y en Inglaterra, imaginaron mundos y sociedades alternativas muy estimulantes. La imaginaci\u00f3n ut\u00f3pica tendi\u00f3 entonces a declararse socialista.<\/p>\n<p>Es habitual mencionar en ese contexto los nombres de Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837), Robert Owen (1771-1858), Etienne Cabet (1788-1856) y Louis Blanc (1811-1882); y tambi\u00e9n es habitual unirlos bajo el r\u00f3tulo de \u00absocialistas ut\u00f3picos\u00bb.<\/p>\n<p>Dejando aparte el hecho de que todos los mencionados hayan coincidido en subrayar los aspectos negativos (pol\u00edticos, sociales o culturales) de la revoluci\u00f3n iniciada en 1789 o en criticar el contraste, ya muy palpable, entre las ideas defendidas durante la revoluci\u00f3n (libertad, igualdad, fraternidad) y que, en consecuencia, hayan alcanzado un considerable \u00e9xito entre los descontentos del primer tercio del siglo XIX, hay, no obstante, algunas diferencias notables entre ellos.<\/p>\n<p>Saint-Simon, Robert Owen y Louis Blanc seguramente habr\u00edan preferido ser llamados \u00abreformadores sociales\u00bb. Y ninguno de ellos habr\u00eda aceptado el adjetivo de \u00abut\u00f3pico\u00bb sin protestar o, al menos, sin llamar la atenci\u00f3n acerca de lo que diferenciaba su propuesta de sociedad alternativa de la de los otros.<\/p>\n<p>Saint-Simon: confiar el destino de la sociedad sin clases por venir a los dirigentes m\u00e1s capaces de <strong>la ciencia, la banca y la industria.<\/strong><\/p>\n<p>Owen: las <strong>cooperativas<\/strong> que han de dar ejemplo para la consecuci\u00f3n de una confederaci\u00f3n mundial de comunidades agrarias.<\/p>\n<p>Fourier: la armonizaci\u00f3n de las pasiones en <strong>una civilizaci\u00f3n alternativa<\/strong> a la industrial<\/p>\n<p>Cabet: la asociaci\u00f3n de los iguales en la <strong>comunidades<\/strong> icarianas.<\/p>\n<p>II. Por discutir: a) en qu\u00e9 sentido se puede decir que es ut\u00f3pico el socialismo de Saint-Simon, Robert Owen, Fourier y Cabet; y b) en qu\u00e9 sentido se puede decir que el ideario socialista que vino despu\u00e9s de ellos es cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que de todos ellos el que enlaza m\u00e1s directamente con las utop\u00edas anteriores (incluida la de More) es Cabet, el Cabet de <em>El viaje a Icaria<sup>6<\/sup><\/em>, sobre todo si se tienen en cuenta la forma que adopta la obra y las declaraciones del propio Cabet, quien, estando en Londres, dedic\u00f3 especial atenci\u00f3n a la <em>Utop\u00eda <\/em>de More y a <em>Oceana <\/em>de Harrington, aunque tambi\u00e9n a los escritos de Babeuf y Buonarotti (de donde le viene su igualitarismo radical)<sup>7<\/sup>.<\/p>\n<p>Pero tal vez la manera m\u00e1s sencilla de abordar la primera cuesti\u00f3n que he planteado es ocuparse del m\u00e1s imaginativo y fantasioso de todos los llamados ut\u00f3picos de esa \u00e9poca que sigui\u00f3 a la revoluci\u00f3n francesa: Charles Fourier.<\/p>\n<p>Fourier se arruin\u00f3 a causa del levantamiento radical que se produjo en Lyon en 1793, cuando ten\u00eda poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Esto le puso en guardia contra las revoluciones y acentu\u00f3 su odio adolescente contra el comercio. Luego trabaj\u00f3 en departamentos de estad\u00edstica y como contable, lo que contrasta con su imaginaci\u00f3n literaria desbocada, pero tal vez explica su afici\u00f3n a los detalles en la descripci\u00f3n de la sociedad futura.<\/p>\n<p>Hay una an\u00e9cdota relevante. Resulta que en 1798, cuando ten\u00eda 26 a\u00f1os, coincidi\u00f3 un d\u00eda, en un restaurante de Ru\u00e1n, con Brillant-Savarin, que habr\u00eda de ser uno de los te\u00f3ricos franceses de la gastronom\u00eda. Pagaron 14 centavos de la \u00e9poca por una manzana. Fourier sac\u00f3 de ah\u00ed la siguiente lecci\u00f3n, que los surrealistas apreciaron mucho: \u00abAcababa de salir yo de una regi\u00f3n en la que manzanas iguales y a\u00fan superiores en calidad y volumen se vend\u00edan a un precio infinitamente inferior: daban m\u00e1s de 100 manzanas por 14 c\u00e9ntimos. Qued\u00e9 tan sorprendido por esta diferencia de precio entre regiones de igual temperatura que empec\u00e9 a sospechar que exist\u00eda un desorden fundamental en el mecanismo industrial; \u00e9ste fue el origen de las investigaciones que me llevaron a descubrir la teor\u00eda de las series de grupos industriales y a continuaci\u00f3n las leyes del movimiento universal, descuidadas por Newton [&#8230;] As\u00ed que se puede decir que ha habido cuatro manzanas c\u00e9lebres: dos por los desastres que ocasionaron: la de Ad\u00e1n y la de Paris, y dos por los servicios que han prestado a la ciencia: la de Newton y la m\u00eda. \u00bfNo es cierto que este cuarteto de manzanas c\u00e9lebres merece una p\u00e1gina en la historia<sup>8<\/sup>?\u00bb<\/p>\n<p>Fourier public\u00f3 su primera obra importante, an\u00f3nimamente, en 1808. Se titulaba <em>Teor\u00eda de los cuatro movimientos<\/em> <em>y de los destinos generales<\/em> En ella criticaba el \u00abmecanismo de la civilizaci\u00f3n\u00bb, cuyos pilares son, en su opini\u00f3n, el matrimonio y el comercio, y pretend\u00eda fundar un \u00aborden societario\u00bb, que \u00e9l llamaba \u00abcombinado\u00bb y que deb\u00eda estar basado en una \u00abley\u00bb de aplicaci\u00f3n tan universal como la ley del Newton: la ley de la <em>atracci\u00f3n apasionada<\/em>, que rige todo movimiento social y que ha de conducir a la armon\u00eda universal. Fourier estaba entonces viviendo y escribiendo en Lyon y la obra no tuvo mayor \u00e9xito.<\/p>\n<p>Fourier ha sido al mismo tiempo cr\u00edtico de las revoluciones, defensor de la propiedad privada y el m\u00e1s radical de los cr\u00edticos de la civilizaci\u00f3n. Se imaginaba un mundo en el que no s\u00f3lo las relaciones sociales ser\u00edan mejores, sino en el que, adem\u00e1s, las relaciones entre varones y mujeres habr\u00edan de ser igualitarias; el entorno natural, reinventado a la medida del ser humano; y el ser humano mismo, anat\u00f3micamente transformado. En ese mundo, el Polo Norte tendr\u00eda una corona, algo as\u00ed como un segundo sol, que procurar\u00eda al Norte el calor del Mediterr\u00e1neo. Aquella corona perfumar\u00eda, calentar\u00eda e iluminar\u00eda, y desde ella se desprender\u00eda un fluido que iba a desalar el mar y a transformarlo en limonada. Fourier manten\u00eda que el eje de la Tierra est\u00e1 mal situado y que hab\u00eda que desplazarlo para que en los mares aumentaran hasta l\u00edmites impensables los arenques, las merluzas y las ostras, al tiempo que se lograba la desaparici\u00f3n de los monstruos marinos que hist\u00f3ricamente han atormentado a los pescadores. En lugar de estos monstruos el desplazamiento del eje de la Tierra generar\u00eda un anti-tibur\u00f3n y una anti-ballena, seres amables y paradis\u00edacos que habr\u00edan de remolcar a los barcos en loa d\u00edas de calma chicha.<\/p>\n<p>Y, ya en tierra firme, Fourier imaginaba la aparici\u00f3n de un portador el\u00e1stico y polifac\u00e9tico, una especie de anti-le\u00f3n, a cuya grupa un jinete humano que saliera por la ma\u00f1ana de Calais, podr\u00eda tomar su desayuno en Par\u00eds, pasar el mediod\u00eda en Lyon y la noche en Marsella. Y a\u00fan m\u00e1s: en ese mundo del futuro, sin clases y con comunidad de bienes, se habr\u00eda producido una interesante mutaci\u00f3n antropol\u00f3gica, gracias a la cual el ser humano desarrollar\u00eda un nuevo \u00f3rgano (al final de un nuevo rabo sensible) con el que podr\u00eda captar los fluidos et\u00e9ricos y entrar en relaci\u00f3n con los habitantes de otras estrellas mientras los planetas se emparejaban<sup>9<\/sup>.<\/p>\n<p>Fourier dijo siempre que lo suyo era cient\u00edfico y que \u00e9l combat\u00eda abiertamente contra los enga\u00f1os y las majader\u00edas de las \u00abciencias inciertas\u00bb (por supuesto, las de los otros).<\/p>\n<p>III. El t\u00e9rmino \u00abutop\u00eda\u00bb adquiri\u00f3 un significado predominantemente negativo despu\u00e9s de las revoluciones de 1848. Es entonces cuando una parte de los defensores de la idea de construir una sociedad libre y de iguales deja de considerar esta tarea como un mero sue\u00f1o de los de abajo ayudados por los de arriba (o por lo en medio) y la entiende como algo realmente realizable mediante una revoluci\u00f3n propia. A partir de ese momento tambi\u00e9n los amigos intelectuales de los de abajo cambiaron de registro al hablar de utop\u00eda.<\/p>\n<p>Por grandes que hayan sido las diferencias entre el proyecto cabetiano, la propuesta falansteriana de Fourier, el socialismo de Proudhon, el ideario anarquista, el proyecto socialista de Marx o las <em>Noticias de ninguna parte<\/em> de William Morris (para cubrir un arco de tiempo que nos lleva hasta finales del siglo XIX), en todos estos casos encontramos una idea parecida de la <em>dial\u00e9ctica hist\u00f3rica<\/em>, seg\u00fan la cual <em>la cr\u00edtica de lo existente hace enlazar el recuerdo del buen tiempo pasado con la armon\u00eda, la justicia y la igualdad que se desean para el futuro.<\/em><\/p>\n<p>La idea marxiana de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica como superaci\u00f3n (con resto) de lo que hay incluye tambi\u00e9n la recuperaci\u00f3n y elevaci\u00f3n del comunitarismo primitivo que hubo a un plano superior. Muy probablemente esta dial\u00e9ctica tiene que verse como la secularizaci\u00f3n, a trav\u00e9s de Hegel, de una idea ya popular, muy extendida en la cultura greco-romana y en la cultura cristiana.<\/p>\n<p>En su ideario, el socialismo se presenta a s\u00ed mismo como un <em>humanismo <\/em>que recoge, perfila y ampl\u00eda las expectativas del hombre del Renacimiento y de la raz\u00f3n ilustrada europeas. Filos\u00f3ficamente, el socialismo quiere ser un <em>humanismo concreto y positivo.<\/em> Lo que quiere decir que aspira a la universalizaci\u00f3n de los principales valores que el Renacimiento y la Ilustraci\u00f3n hicieron posibles s\u00f3lo para unos pocos seres humanos.<\/p>\n<p>La principal aspiraci\u00f3n del ideario socialista se puede entender como una continuaci\u00f3n del ideario de More: una sociedad que estar\u00eda basada en la <em>comunidad de bienes.<\/em> Pero la comunidad de bienes se entiende ahora en su acepci\u00f3n m\u00e1s moderna, esto es, como <em>colectivizaci\u00f3n de los principales medios de producci\u00f3n<\/em>. Por colectivizaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n hay que entender, en primer lugar, <em>apropiaci\u00f3n social<\/em> de dichos medios, <em>usufructo colectivo<\/em> de los mismos, y luego <em>distribuci\u00f3n justa, equitativa, de la riqueza<\/em> producida, de acuerdo con las necesidades de las poblaciones.<\/p>\n<p>Las necesidades sociales, determinantes para saber qu\u00e9 se ha de producir en una sociedad as\u00ed, deber\u00edan ser objetivamente calculadas por la administraci\u00f3n p\u00fablica, de manera que la producci\u00f3n no quede subordinada a los intereses privados.<\/p>\n<p>En una sociedad de estas caracter\u00edsticas habr\u00eda desaparecido, obviamente, la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n y, por consiguiente, el tipo de competici\u00f3n entre los hombres y grupos sociales que es t\u00edpico de la sociedad mercantil basada en la l\u00f3gica del beneficio y del intercambio desigual.<\/p>\n<p>Una sociedad as\u00ed regulada y planificada deber\u00eda estar a cubierto de las crisis comerciales que peri\u00f3dicamente amenazan (con sus hambrunas) a las pobres gentes. Y en ella se habr\u00eda acabado tambi\u00e9n con esa plaga que es la especulaci\u00f3n comercial y financiera movida por los intermediarios y generadora de parasitismo social.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de planificar los recursos y los medios de producci\u00f3n, la sociedad socialista racionalizar\u00eda las relaciones entre las personas en la esfera de lo pol\u00edtico. Puesto que en ella quedar\u00edan abolidas todas las diferencias de clase y se habr\u00eda terminado con la divisi\u00f3n social, fija, del trabajo, se podr\u00eda implantar una <em>educaci\u00f3n polit\u00e9cnica<\/em> de los j\u00f3venes, <em>combinando trabajo manual e intelectual,<\/em> para as\u00ed fomentar, por una parte, la capacidad de asimilaci\u00f3n r\u00e1pida de los sistemas de producci\u00f3n y potenciar, por otra, el cultivo de la sensibilidad literaria y art\u00edstica. Con esto se dar\u00edan las condiciones de posibilidad para que los individuos empleen todas sus facultades, desarroll\u00e1ndose omnilateralmente.<\/p>\n<p>De acuerdo con los idearios socialistas del siglo XIX todo eso traer\u00eda como consecuencia una <em>reducci\u00f3n dr\u00e1stica de la jornada de trabajo<\/em>, potenciar\u00eda la <em>liberaci\u00f3n de las manos<\/em>, producir\u00eda una <em>transformaci\u00f3n profunda de la familia tradicional<\/em> y promocionar\u00eda un cambio radical en las relaciones entre los sexos. En la ciudad libre del futuro, en la sociedad socialista racional y regulada, imperar\u00eda <em>la igualdad sexual<\/em>, y con ella tendr\u00eda que acabar la discriminaci\u00f3n secular entre los g\u00e9neros. Este \u00faltimo aspecto de la sociedad alternativa ser\u00eda acentuado de forma especial por Charles Fourier y por Friedrich Engels, que fueron, de entre los socialistas, los varones m\u00e1s sensibles al tema de la emancipaci\u00f3n de las mujeres.<\/p>\n<p>En la sociedad libre del futuro habr\u00eda un nuevo tipo de organizaci\u00f3n de la administraci\u00f3n. Al no haber ya clases sociales, al cesar la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica y al aproximar la ciudad al campo y el campo a la ciudad, se podr\u00eda simplificar el aparato administrativo y judicial, disolver los ej\u00e9rcitos permanentes, abolir las peores formas de trabajo, como la nueva servidumbre que crea el trabajo dom\u00e9stico asalariado, y acabar con el Estado en su forma conocida.<\/p>\n<p>En el socialismo la participaci\u00f3n de los hombres y de las mujeres en la esfera p\u00fablica cambiar\u00e1 de funci\u00f3n. William Morris, en sus <em>Noticias de ninguna parte<\/em>, expres\u00f3 muy bien esta aspiraci\u00f3n: <em>ya no habr\u00e1 pol\u00edtica<\/em> en la acepci\u00f3n decimon\u00f3nica de la palabra; habr\u00e1n dejado de existir las diferencias de opini\u00f3n cristalizadas en partidos pol\u00edticos permanentes y siempre hostiles entre ellos; las divergencias derivar\u00e1n s\u00f3lo de las distintas formas de ver la cosa p\u00fablica y estas diferencias no dividir\u00e1n a los hombres de modo permanente; las mayor\u00edas ser\u00e1n lo que aparentan ser; las cuestiones disputadas se resolver\u00e1n en asambleas que se celebrar\u00e1n en el municipio, en el barrio, en la parroquia, en el distrito; cuando haya discusi\u00f3n se dar\u00e1 tiempo a los que debaten para pensar los argumentos de la otra parte y, \u00e9stos, los argumentos, se har\u00e1n p\u00fablicos y se imprimir\u00e1n para que todo el pueblo tenga conocimiento preciso de lo que se est\u00e1 tratando. El socialismo ser\u00e1, en suma, una <em>democracia participativa<\/em>.<\/p>\n<p>IV. Cuando se les pidi\u00f3 mayor concreci\u00f3n, bien porque las condiciones de realizaci\u00f3n del ideal parec\u00edan pr\u00f3ximas o porque el di\u00e1logo y la discusi\u00f3n entre ellos as\u00ed lo requer\u00edan, los socialistas (comunistas, libertarios, anarquistas) <em>precisaron<\/em> todav\u00eda algunas cosas importantes, la mayor\u00eda de las cuales han pasado desapercibidas para los creyentes de catecismo o han sido ignoradas por los difamadores.<\/p>\n<p>Es cierto que aquellas gentes no amaban el detalle. Y no lo amaban, no porque despreciaran el esp\u00edritu anal\u00edtico o porque pensaran que bajando al detalle iban a ser f\u00e1cil presa dial\u00e9ctica para el discurso de sus contradictores, sino por otra raz\u00f3n m\u00e1s sabia. Sab\u00edan que el detalle acerca del qu\u00e9 ha de ser la sociedad del futuro es precisamente el rasgo caracter\u00edstico de la mala utop\u00eda, lo que hace propiamente ut\u00f3pica una prognosis social, un pensamiento razonable de lo que puede llegar a ser una sociedad de iguales. No fue el fundador del llamado socialismo cient\u00edfico, sino el anarquista Piotr Kropotkin, quien escribi\u00f3: \u00abEs imposible legislar para el futuro. Todo lo que podemos hacer con respecto al porvenir es precisar vagamente las tendencias esenciales y despejar el camino para su mejor y m\u00e1s r\u00e1pido desenvolvimiento\u00bb. Antonio Gramsci se ha expresado a este respecto con palabras muy parecidas: utop\u00eda es entrar en el detalle legislativo; lo que se puede avanzar son las m\u00e1ximas pol\u00edtico-jur\u00eddicas generales por las que se regir\u00e1 el socialismo.<\/p>\n<p>Pero, a\u00fan as\u00ed, algunos socialistas de la generaci\u00f3n de la Comuna de Par\u00eds (1871) ya <em>precisaron<\/em>. Precisaron, por ejemplo, al hablar de <em>la igualdad,<\/em> que el socialismo no aspira a acabar con toda forma de desigualdad, sino justamente con las desigualdades derivadas de las diferencias de clase. Y lo precisaron diciendo que siempre existir\u00e1 una cierta desigualdad en cuanto a las condiciones de vida (por motivos geogr\u00e1ficos y por otros motivos), y que \u00e9sta podr\u00e1 reducirse a un m\u00ednimo pero no eliminarse completamente.<\/p>\n<p>Precisaron, por ejemplo, al hablar <em>del trabajo,<\/em> que el socialismo no aspira a superar toda divisi\u00f3n del trabajo, puesto que hay una divisi\u00f3n t\u00e9cnica del mismo que es condici\u00f3n sustantiva para la producci\u00f3n de riqueza, sino precisamente ese tipo de divisi\u00f3n social que hace que los hijos y los nietos de los trabajadores manuales sigan siendo trabajadores manuales mientras que los hijos y los nietos de los empresarios, funcionarios e intelectuales sigan disfrutando de los privilegios de sus antepasados.<\/p>\n<p>Precisaron, por ejemplo, al hablar de <em>la distribuci\u00f3n<\/em> en la futura sociedad de iguales, que el socialismo no aspira a repartir entre los trabajadores el fruto \u00edntegro de su trabajo, porque del producto social total habr\u00e1 que deducir fondos para reposici\u00f3n de los medios de producci\u00f3n consumidos, fondos para la ampliaci\u00f3n de la producci\u00f3n y, entre otras cosas, un fondo de reserva contra accidentes y perturbaciones debidas a fen\u00f3menos naturales cuya cantidad no se puede calcular con criterios de justicia sino, a lo sumo, seg\u00fan el c\u00e1lculo de probabilidades.<\/p>\n<p>Precisaron, por ejemplo, al hablar del <em>producto<\/em> que habr\u00e1 que destinar <em>al consumo<\/em> antes de llegar al reparto individual, que, aunque se simplifique dr\u00e1sticamente el aparato burocr\u00e1tico y a\u00fan aspirando a ello, se deben tener en cuenta los costes generales de la administraci\u00f3n, lo que hay que dedicar a escuelas, a la sanidad y a otras necesidades sociales como las de los impedidos, inv\u00e1lidos e imposibilitados que en las sociedades anteriores han ido a cargo de la beneficencia.<\/p>\n<p>Precisaron, por ejemplo, <em>c\u00f3mo pagar al trabajador <\/em>en una sociedad socialista cuando se ha establecido ya el control social de la producci\u00f3n, a saber: mediante un vale que certificar\u00eda lo que el trabajador ha aportado, deduciendo en \u00e9l lo que aporta al fondo colectivo; vale con el que el trabajador individual podr\u00e1 obtener de los dep\u00f3sitos sociales de bienes de consumo una cantidad que cuesta lo mismo que su trabajo, en el sentido de que es equivalente.<\/p>\n<p>Precisaron, por ejemplo, que siendo el trabajo el criterio principal por el que ha de regirse el derecho en la sociedad socialista, la concreci\u00f3n de la igualdad, m\u00e1s all\u00e1 de las abstracciones, tiene que tener en cuenta <em>las diferencias de aptitudes<\/em><strong>,<\/strong> capacidades y situaciones de los ciudadanos trabajadores, por lo que habr\u00e1 que introducir alg\u00fan tipo de <em>discriminaci\u00f3n<\/em>, de derecho de la desigualdad, en esta caso positiva, para favorecer a los que est\u00e9n en peor situaci\u00f3n de partida.<\/p>\n<p>V. Lo nuevo es que por entonces tampoco los que estaban con la humanidad sufriente quer\u00edan tener nada que ver con la utop\u00eda.<\/p>\n<p>Engels hizo mucho para que esta visi\u00f3n cuajara entre los proletarios europeos. Dedic\u00f3 hermosos piropos a las utop\u00edas del pasado (desde More a Fourier), dej\u00f3 dicho que los tiempos en que hab\u00eda que limitarse a so\u00f1ar despiertos hab\u00edan quedado muy atr\u00e1s en la Historia y anunci\u00f3 a los trabajadores m\u00e1s conscientes la buena nueva de que la <em>ciencia ven\u00eda en su ayuda para hacer realidad<\/em>, y pronto, el proyecto de la emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La ecuaci\u00f3n de la nueva era pas\u00f3 a ser: <em>ciencia y proletariado<\/em>. O sea: conocimiento preciso del mundo en que se vive y consciencia de los intereses de la clase social a la que se pertenece. Eso es lo que crea las condiciones de posibilidad de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y la revoluci\u00f3n no es una utop\u00eda, sino una necesidad derivada del an\u00e1lisis cient\u00edfico y de la voluntad de emancipaci\u00f3n de los trabajadores. Con variantes sobre la forma de entender la ciencia, de organizarse y de hacer la revoluci\u00f3n, \u00e9sta ha sido la convicci\u00f3n de fondo de todos los que quisieron cambiar el mundo de base entre 1874 y 1917.<\/p>\n<h3><strong>Anexo 2: Carta del Seminario Permanente \u00abClaudio Rodr\u00edguez\u00bb a FFB<\/strong><\/h3>\n<p><em>Zamora, 13 Mayo 2010<\/em><\/p>\n<p>Estimado se\u00f1or:<\/p>\n<p>Le escribo en nombre del Seminario Permanente \u00abClaudio Rodr\u00edguez\u00bb de Zamora. El motivo es informarle de que para las IV Jornadas en torno a la figura y la obra po\u00e9tica del autor \u2013algo que llevamos haciendo de manera bienal desde hace tiempo- y que tratar\u00e1n en esta ocasi\u00f3n de \u00ab<em>LA UTOP\u00cdA EN LA OBRA Y EN EL PENSAMIENTO PO\u00c9TICO DE CLAUDIO RODR\u00cdGUEZ\u00bb<\/em> hab\u00edamos pensado en invitarle a vd. para impartir una disertaci\u00f3n en torno a ese tema, sea con los matices y modulaciones que a vd. parezca oportuno.<\/p>\n<p>Hemos supuesto desde el Seminario que su trayectoria est\u00e1 en alg\u00fan sentido relacionada con el fondo del asunto monogr\u00e1fico aludido. Tal como hemos hecho en ediciones anteriores con conferenciantes y poetas (hablar\u00edamos de Emilio Lled\u00f3, Jaime Siles, Tom\u00e1s Segovia, Agust\u00edn Garc\u00eda Calvo, Chantal Maillard, Fernando G\u00f3mez Aguilera, Antonio Carvajal, Francisco Brines, etc.), nos ponemos en primer lugar en contacto con vd. a trav\u00e9s de esta carta para saber si la propuesta es de su inter\u00e9s y si las fechas de las Jornadas no est\u00e1n comprometidas en su agenda.<\/p>\n<p>En este sentido, debemos indicarle que las Jornadas se celebrar\u00e1n en Zamora entre los d\u00edas 25 y 27 de Noviembre. Los honorarios, que no podemos precisar con exactitud, corren a cargo de la Direcci\u00f3n General del Libro \u2013que se pondr\u00eda en contacto con vd. de inmediato\u2013; por descontado, tambi\u00e9n asumimos los gastos de viaje y el alojamiento.<\/p>\n<p>Tome usted este sencillo escrito como invitaci\u00f3n formal para asistir a las Jornadas en calidad de conferenciante. El \u00fanico requisito que le solicitamos es que nos entregue su intervenci\u00f3n tambi\u00e9n por escrito y en cualquier soporte digital a fin de que, como de costumbre, aparezca en el pr\u00f3ximo n\u00famero de <em>Aventura<\/em>, la revista monogr\u00e1fica sobre el poeta que editamos siempre tras la celebraci\u00f3n de las Jornadas sucesivas.<\/p>\n<p>Le ruego que se dirija por e-mail a [correo del organizador] en cualquier caso, confiando en que la iniciativa sea de su inter\u00e9s y podamos contar con su presencia. En caso de que as\u00ed sea, entraremos en contacto con vd. para todos los detalles concernientes a su intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Atentamente<\/p>\n<p>TOM\u00c1S S\u00c1NCHEZ SANTIAGO<\/p>\n<p>-del Seminario Permanente \u00abClaudio Rodr\u00edguez\u00bb-<\/p>\n<h3><strong>Anexo 3. Utop\u00eda VII, Utop\u00eda IX<\/strong><\/h3>\n<p>Dos entregas de la serie de art\u00edculos sobre el concepto de utop\u00eda que el autor public\u00f3 en <em>El Viejo Topo<\/em>, en 2003.<\/p>\n<p><strong>UTOP\u00cdA VII<\/strong><\/p>\n<p>Hoy se suele proclamar y repetir en los principales medios de intoxicaci\u00f3n de masas que la segunda mitad de la d\u00e9cada de los sesenta del siglo XX fue la \u00e9poca del gran florecimiento de la utop\u00eda. La mayor\u00eda de los j\u00f3venes que entonces no hab\u00edan nacido se lo creen. Y algunos incluso admiran lo ut\u00f3picos que fueron sus padres comparando aquella d\u00e9cada dorada con las quejas, desilusiones, jeremiadas y falsos realismos del presente.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 hay de verdad en esta afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual la d\u00e9cada de los sesenta fue la flor de la utop\u00eda? Un joven que llegara de Marte (que es, m\u00e1s o menos, de donde llegamos todos antes de tener uso de raz\u00f3n pol\u00edtica) y que escuchara con discreta desconfianza las batallitas paternas de sobremesa sobre aquellos dorados a\u00f1os descubrir\u00eda enseguida que hay algo que no cuadra en la versi\u00f3n pol\u00edticamente correcta que ahora dan, por lo general, los medios de intoxicaci\u00f3n de masas. C\u00f3mo es, se preguntar\u00e1 este joven marciano, que llam\u00e1is \u00e9poca de la utop\u00eda por excelencia a aquellos a\u00f1os que su principal te\u00f3rico, que dec\u00eds, llam\u00f3 la \u00e9poca del <em>final de la utop\u00eda<\/em>. Pues, efectivamente, justo cuando crec\u00eda el Gran Rechazo en Estados Unidos de Norteam\u00e9rica y en Europa, Herbert Marcuse les dijo a los estudiantes rebeldes berlineses: \u00abHemos llegado al final de la utop\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 quedamos? \u00bfFueron los a\u00f1os sesenta del siglo XX la flor o el final de la utop\u00eda?<\/p>\n<p>Para alguien que haya vivido de cerca los acontecimientos de entonces y se haya instalado ya en la Planeta Tierra con conciencia pol\u00edtica la pregunta parece f\u00e1cil de contestar: \u00abSeamos realistas; exijamos lo imposible. Eso es la utop\u00eda\u00bb. \u00abYa\u00bb, insistir\u00e1 el joven insumiso discreto, \u00abpero entonces \u00bfqu\u00e9 quer\u00eda decir vuestro Marcuse cuando dec\u00eda que la utop\u00eda hab\u00eda llegado a su fin? \u00bfQuer\u00eda decir lo mismo que dicen mis amigos marcianos cuando en 2002 me repiten que deje de so\u00f1ar despierto, que no aspire a lo imposible, que el mercado es el mercado, que el capitalismo lo puede todo y que la \u00e9poca de las utop\u00edas pas\u00f3 ya definitivamente?\u00bb<\/p>\n<p>Obviamente Marcuse no quer\u00eda decir eso. Toda persona que haya le\u00eddo a Marcuse lo sabe. Pero c\u00f3mo explicar entonces, con calma y sin manipulaci\u00f3n, que la expresi\u00f3n \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb haya llegado a significar ahora exactamente lo contrario de lo que signific\u00f3 cuando fue pronunciada a finales de los a\u00f1os sesenta. Este es el tipo de preguntas que hace tan dif\u00edcil el di\u00e1logo intergeneracional cuando la tradici\u00f3n se ha roto, o sea, cuando los valores han cambiado radicalmente y las palabras con que se expresaban aquellos valores han quedado deshonradas. En situaciones as\u00ed \u2013y una de esas situaciones estamos viviendo\u2013 las gentes de m\u00e1s edad tienden a cortar por lo sano y zanjan las preguntas con un: \u00abDejemos en paz a Marcuse, que eso es de la \u00e9poca de los fenicios, y vamos a lo nuestro, a lo de ahora\u00bb.<\/p>\n<p>La r\u00e9plica parece razonable. Pero no lo es. O no lo es al menos para el joven \u00abmarciano\u00bb que est\u00e1 aterrizando en esta tierra y quiere saber m\u00e1s. \u00c9l ha observado que, por lo general, inmediatamente despu\u00e9s del \u00abvamos a lo nuestro, a lo de ahora\u00bb, los mayores y los medios de intoxicaci\u00f3n de masas, que hablan de Marcuse pero que no lo leyeron o ni siquiera recuerdan qu\u00e9 dec\u00eda, tienden a remontarse, precisamente en nombre de este \u00abahora\u00bb, a otros \u00abfenicios\u00bb muy anteriores a Marcuse en la historia, a recuperar personajes y acontecimientos que permiten a unos instarse c\u00f3modamente en lo que llaman su identidad y ayudan a otros a cambiar la identidad que tuvieron sin que esto se note demasiado (o sin que lo noten los m\u00e1s j\u00f3venes). As\u00ed que, si se quiere renovar el di\u00e1logo intergeneracional, en vez de cortar por lo sano habr\u00e1 que explicar. Explicar, en este contexto, no quiere decir adoctrinar, ni ponerse estupendos o tediosos con los m\u00e1s j\u00f3venes. Quiere decir, sencillamente, contestar de forma razonada a esa paradoja de que los a\u00f1os sesenta pudieran haber sido <em>al mismo tiempo<\/em> la flor de la utop\u00eda y el final de la utop\u00eda. Quiere decir argumentar de forma plausible por qu\u00e9 la expresi\u00f3n \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb ha cambiado de significado en estos treinta y tantos a\u00f1os. Eso lleva su tiempo.<\/p>\n<p>El lector que haya ido siguiendo las entregas anteriores estar\u00e1 ya al cabo de la calle al menos en un punto: la palabra misma utop\u00eda ha ido cambiando de significado; y sobre todo ha provocado querencias y desamores muy diferentes a lo largo de la historia. Desde hace m\u00e1s de un siglo se la identificado con la idea de socialismo. Seg\u00fan unos, para bien (porque el socialismo es un ideal y el ideal es siempre una utop\u00eda); seg\u00fan otros, para mal (porque el socialismo es una realidad y la utop\u00eda apunta siempre a lo inalcanzable, a lo que no puede hacerse realidad); seg\u00fan algunos, ni para bien ni para mal (porque el uso de la palabra utop\u00eda es ambivalente, complica las cosas y desv\u00eda la mirada de los seres humanos de lo que podr\u00eda ser una futurolog\u00eda razonablemente fundamentada).<\/p>\n<p>Todos estos puntos de vista confluyen en los varios socialismos desde los que se hablaba y teorizaba en la d\u00e9cada de los sesenta del siglo XX: desde el socialismo llamado \u00abreal\u00bb o \u00abrealmente existente\u00bb (en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, China, etc.) hasta el socialismo autogestionario (cuyo modelo era Yugoslavia) pasando por los distintos socialismos libertarios (por construir o de los que se ve\u00edan esbozos en algunas de las comunas entonces existentes en EE.UU. y en Europa).<\/p>\n<p>Por lo general, los defensores del socialismo llamado real consideraban ut\u00f3pica cualquier otra forma de socialismo alternativa a lo que ya exist\u00eda en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o en China; los que por entonces creaban comunas como alternativa a la familia tradicional y al patriarcado no cre\u00edan que lo que hab\u00eda en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o en China fuera socialismo pero tampoco les importaba mayormente ser llamados ut\u00f3picos o utopistas; los marxistas cr\u00edticos de las dos cosas anteriores usaban con cierta distancia la palabra utop\u00eda y aspiraban a juntar una futurolog\u00eda cient\u00edficamente fundamentada con el respeto a la idea, al ideal de la sociedad de iguales. De todo eso hay numerosos ejemplos en papeles, panfletos, libelos, ensayos, materiales y canciones de la \u00e9poca. Pero para captar su esp\u00edritu y entender que todas esas cosas heterog\u00e9neas confluyeran muchas veces en manifestaciones, concentraciones, sentadas, asambleas, conciertos y celebraciones hay que tener en cuenta que por entonces casi todo aquel que no fuera mandar\u00edn, mandam\u00e1s, granburgu\u00e9s, leguleyo, levita, militar o polic\u00eda compet\u00eda con el vecino de al lado como m\u00ednimo por la palabra socialista y como m\u00e1ximo por las palabras comunista o anarquista.<\/p>\n<p>Esto que digo puede resultar incre\u00edble para un joven \u00abmarciano\u00bb que ha nacido bajo el dominio casi absoluto de la ideolog\u00eda neoliberal. Pero fue as\u00ed. Y podr\u00eda a\u00f1adir que se comete un error al tratar de explicar lo que hoy parece incre\u00edble como una especie de obnubilaci\u00f3n ideol\u00f3gica generacional, como si el virus del marxismo se hubiera apoderado en aquellos a\u00f1os de los j\u00f3venes y de los intelectuales. No. No fue eso. La explicaci\u00f3n de lo que desde hoy parece incre\u00edble est\u00e1 en otro lado: en el malestar que exist\u00eda ante la modernidad capitalista. Los datos que se manejaban entonces, en la d\u00e9cada de los sesenta, dec\u00edan que los pa\u00edses que se llamaban a s\u00ed mismos \u00absocialistas\u00bb estaban creciendo econ\u00f3micamente m\u00e1s que los pa\u00edses capitalistas; que la sanidad, la educaci\u00f3n, los servicios sociales, la asistencia a las pobres gentes estaban all\u00ed mejor que en la mayor\u00eda de los pa\u00edses de Occidente. Buena parte de los cient\u00edficos sociales del momento (economistas y soci\u00f3logos) part\u00edan de esos datos. Ah\u00ed est\u00e1n todav\u00eda sus libros en las bibliotecas p\u00fablicas y en los mercadillos de viejo. Y a esos datos los historiadores a\u00f1ad\u00edan otro: el capitalismo mata m\u00e1s que el socialismo. Y, adem\u00e1s, estaban las guerras declaradas por los EE.UU. para comprobarlo.<\/p>\n<p>Lo que se debat\u00eda, por tanto, en aquellos a\u00f1os, era qu\u00e9 socialismo: si aquel que crec\u00eda de forma autoritaria con el nombre de real o aquel otro (imaginado) que podr\u00eda llegar a crecer en libertad y democracia o aquel otro (imaginado tambi\u00e9n) que podr\u00eda llegar a crecer sin estado, con un esp\u00edritu libertario y autogestionario. Aquellos datos y la orientaci\u00f3n de estos debates, no el que quienes actuaban fueran j\u00f3venes entonces, es lo que explica el que no pocos mandarines, leguleyos, burgueses, mandamases y levitas de ahora se llamaran entonces a s\u00ed mismos socialistas revolucionarios, comunistas o libertarios.<\/p>\n<p>La utop\u00eda floreci\u00f3 no porque aquellos j\u00f3venes fueran m\u00e1s idealistas o mejores que los j\u00f3venes de ahora, ni porque fueran m\u00e1s propensos a tragarse la demagogia de los ide\u00f3logos del momento, sino m\u00e1s bien por la <em>demagogia de los hechos<\/em>: porque al mirar y comparar, con los datos disponibles, resultaba que cualquier socialismo (\u00abreal\u00bb o imaginario) era mejor que el capitalismo realmente existe. Lo era sobre todo, no hay que olvidarlo, en las cabezas de los que no ten\u00edan que sufrir el otro autoritarismo, el disfrazado de \u00abestado de todo el pueblo\u00bb o el disfrazado de \u00abrevoluci\u00f3n cultural\u00bb. Para el di\u00e1logo intergeneracional, no doctrinario, sobre si lo que se quer\u00eda entonces fue una utop\u00eda (en el sentido peyorativo de la palabra) o fue m\u00e1s bien el final de la utop\u00eda, la cosa m\u00e1s importante es contestar a estas otras preguntas: \u00bflos datos que se manejaban, que manejaban economistas y soci\u00f3logos, sobre crecimiento econ\u00f3mico, \u00edndice de ocupaci\u00f3n, vivienda, seguridad social, educaci\u00f3n, sanidad, etc. eran buenos o no?, \u00bflos c\u00e1lculos estaban bien hechos o mal hechos? Y finalmente: \u00bfse puede dar por bueno, en nombre del ideal socialista, un c\u00e1lculo que s\u00f3lo tiene en cuenta factores cuantitativos relacionados con el crecimiento econ\u00f3mico y la satisfacci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas de los humanos? Esa es la clave para decidir hasta qu\u00e9 punto aquello fue una nueva utop\u00eda o el final de la utop\u00eda. Si los c\u00e1lculos estaban bien hechos, entonces puede hablarse de ilusiones fundadas; si estaban mal hechos, entonces hay que decirlo y rehacerlos, lo que no implica tirar por la borda convicciones e ideales.<\/p>\n<p>Quienes entonces ten\u00edan convicciones e ideales socialistas, comunistas, libertarias, usaban la palabra utop\u00eda en sentidos y con intenciones diversas. Pondr\u00e9 unos pocos ejemplos que pueden ser ilustrativos.<\/p>\n<p>Manuel Sacrist\u00e1n, que en aquellos a\u00f1os era el pensador m\u00e1s respetado de la izquierda revolucionaria en este pa\u00eds, escribi\u00f3 una vez, a finales de la d\u00e9cada de los sesenta, sobre las pretensiones ut\u00f3picas de los intelectuales cr\u00edticos contempor\u00e1neos: \u00abHoy es \u00fatil subrayar que la utop\u00eda puede ser reaccionaria, y, sobre todo, que lo es indefectiblemente cuando la proclaman no hambrientos semianalfabetos iluminados, sino caballeros letrados instalados confortablemente en este <em>topos<\/em>, en esta sociedad, y cautos en sumo grado en cuanto a tomar riesgos por combatirla. Thomas M\u00fcnzer perdi\u00f3 la vida por la utop\u00eda; Th. W. Adorno \u2013y es un ejemplo particularmente digno\u2013 gan\u00f3 con la suya c\u00e1tedra e instituto.\u00bb<\/p>\n<p>Este pensamiento crudo que acabo de citar aqu\u00ed, este pensamiento tan brechtiano, tiene su fecha: 1969-1970. Y debe ser entendido en pol\u00e9mica con la resaca ideol\u00f3gica del dogmatismo sesentayochesco. Con el paso del tiempo casi nadie se acuerda ya del dogmatismo de entonces, pues el tiempo \u2013y la televisi\u00f3n\u2013 lo borran todo: hasta la diferencia que hubo entre pelambreras y tricornios. Sacrist\u00e1n hab\u00eda sido uno de los primeros traductores de Adorno al espa\u00f1ol y sab\u00eda de qu\u00e9 hablaba, como sab\u00eda Bertolt Brecht de qu\u00e9 hablaba cuando escrib\u00eda sus sarcasmos sobre los \u00abtuis\u00bb: hay al menos una acepci\u00f3n de la palabra utop\u00eda, habitualmente manejada por los intelectuales y los letratenientes, aunque se digan socialistas, que no conviene a los de abajo, a las v\u00edctimas, a los an\u00f3nimos, a los que no tienen nada. Frente a ella es mejor la actitud del valeroso soldado \u0160vejk, que no es un h\u00e9roe como M\u00fcnzer en los or\u00edgenes de la modernidad pero que sabe una de las verdades del porquero de Agamen\u00f3n: \u00abprimero la comida, luego la moral\u00bb.<\/p>\n<p>Otro ejemplo ilustre, aunque para m\u00ed menos alentador. Interrogado por Maria Antonietta Macciocchi, Louis Althusser identificaba por aquellas mismas fechas la utop\u00eda en general, y el pensamiento ut\u00f3pico del siglo XX en particular, con una ideolog\u00eda moralista de origen humanitario carente de inter\u00e9s cient\u00edfico. Ah\u00ed tenemos la prolongaci\u00f3n, con exageraci\u00f3n anti-humanista incluida, del viejo cientificismo engelsiano seg\u00fan el cual hemos pasado de una vez por todas, gracias a Marx, de la utop\u00eda a la ciencia. Esta pretensi\u00f3n cientificista hizo que muchos estudiantes europeos de entonces consideraran muy negativamente la palabra \u00abutop\u00eda\u00bb, la contrapusieran a la palabra \u00abteor\u00eda\u00bb y se les llenara la boca con la palabra \u00abciencia\u00bb, aplicada inconvenientemente no s\u00f3lo al marxismo sino al socialismo en general. Con una consecuencia perversa: cuando al final se descubre que no todo es ciencia en el marxismo y que lo que se ha llamado ciencia y teor\u00eda no merece tal nombre se suele reaccionar tirando por la borda al ni\u00f1o que menos culpa tiene (el ideal socialista) con el agua sucia de la que uno quiere librarse (la pretendida ciencia).<\/p>\n<p>Tercer ejemplo. Un poco antes de que Maria Antonietta Macciocchi recogiera las opiniones de Louis Althusser, el viejo Georg Luk\u00e1cs, de vuelta ya de sus idealizaciones juveniles, tan realista desde que en 1957 acabara descubriendo que, al menos en la vida del llamado socialismo real, Kafka ten\u00eda raz\u00f3n frente a Thomas Mann, proclamaba, en conversaci\u00f3n con Abendroth, la necesidad de \u00abun nuevo comienzo\u00bb y comparaba la situaci\u00f3n de quienes entonces protestaban contra el capitalismo tard\u00edo con la de los socialistas ut\u00f3picos de la \u00e9poca de Fourier. De este Luk\u00e1cs se podr\u00eda decir: sabe m\u00e1s el diablo por viejo que por diablo. Su mensaje, para viejos y j\u00f3venes, suena as\u00ed: nosotros, los que queremos seguir siendo socialistas y comunistas, no somos ut\u00f3picos, nos sabemos la lecci\u00f3n del paso de la utop\u00eda a la ciencia, pero en un mundo kafkiano tendr\u00edamos que comportarnos como si lo fu\u00e9ramos, como si tuvi\u00e9ramos que descubrir de nuevo lo que descubrieron Fourier y sus contempor\u00e1neos: la impostura de las ciencias inciertas (\u00abimpostura\u00bb fue tambi\u00e9n la \u00faltima palabra, p\u00f3stuma, aplicada a s\u00ed mismo, de Althusser) y la ambivalencia de las revoluciones.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 quedamos, pues?\u00bfNegaci\u00f3n, defensa o final de la utop\u00eda cuando termina la d\u00e9cada de los sesenta?<\/p>\n<p>Viendo la cosa con distancia se puede decir que las diferencias entre los autores que acabo de mencionar y el propio Herbert Marcuse no eran tan grandes como puede parecer a primera vista en este esquem\u00e1tico resumen. Pero para precisar esto debe tenerse en cuenta que cuando Marcuse hablaba de \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb estaba pensando en algo muy distinto de aquello que pensamos hoy cuando pronunciamos la frase.<\/p>\n<p>\u00abFin de la utop\u00eda\u00bb quiere decir habitualmente para nosotros ahora ausencia de ideas alternativas, reconciliaci\u00f3n con la realidad existente, reconocimiento del fracaso de las experiencias socialistas del siglo XX, aceptaci\u00f3n del triunfo del nihilismo, y cosas as\u00ed. En cambio, cuando Marcuse se dirigi\u00f3 con ese t\u00edtulo a los estudiantes de la Universidad Libre de Berl\u00edn el 10 de julio de 1967 estaba pensando en una cosa muy distinta. El \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb era entonces para Marcuse precisamente <em>el comienzo de la posibilidad de realizaci\u00f3n de aquello que la utop\u00eda (socialista) anticipaba<\/em>. No deja de ser llamativo el hecho de que, con su lenguaje hegeliano, Marcuse identificara el final de la utop\u00eda con el fin de la historia, en tanto que posibilidad de ruptura con el continuo hist\u00f3rico que hab\u00eda sido la evoluci\u00f3n de la humanidad. \u00abFin de la utop\u00eda\u00bb era, pues, en ese contexto, admisi\u00f3n de la posibilidad de realizaci\u00f3n del socialismo y nueva definici\u00f3n del mismo mediante la acentuaci\u00f3n de la subjetividad.<\/p>\n<p>Marcuse habl\u00f3 en aquella conferencia a los estudiantes berlineses de la necesidad de tomar en consideraci\u00f3n la idea de un camino hacia el socialismo que va de la ciencia a la utop\u00eda y no de la utop\u00eda a la ciencia, como pretend\u00eda Engels. En su argumentaci\u00f3n, empezaba aceptando como punto de partida el concepto negativo o peyorativo de utop\u00eda como proyecto de transformaci\u00f3n social \u00abimposible\u00bb por una de estas dos razones: por ausencia o falta de maduraci\u00f3n de los factores objetivos y subjetivos para la construcci\u00f3n de la sociedad socialista o porque tal anticipaci\u00f3n entre en contradicci\u00f3n con determinadas leyes biol\u00f3gicas o f\u00edsicas.<\/p>\n<p>La precisi\u00f3n que Marcuse introdujo a partir de ah\u00ed sigue siendo interesante para las gentes de hoy. Hablando con propiedad, s\u00f3lo son ut\u00f3picos, o sea, extrahist\u00f3ricos, aquellos proyectos de transformaci\u00f3n social que contradicen leyes cient\u00edficas comprobadas o comprobables. En cambio, los proyectos de emancipaci\u00f3n o liberaci\u00f3n para los que en un momento hist\u00f3rico dado faltan las condiciones objetivas o subjetivas de realizaci\u00f3n no son utop\u00edas, s\u00f3lo son <em>provisionalmente irrealizables<\/em>. Estos proyectos dejan de ser ut\u00f3picos desde el momento en que est\u00e1n presentes ya las fuerzas materiales y espirituales para su realizaci\u00f3n, aunque otras fuerzas de signo contrario impidan moment\u00e1neamente su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, \u00abfin de la utop\u00eda\u00bb quer\u00eda decir en 1967 que la sociedad estaba madura para la eliminaci\u00f3n de la pobreza y de la miseria, para la eliminaci\u00f3n del trabajo alienado, para la superaci\u00f3n de la sociedad represiva. \u00abFin de la utop\u00eda\u00bb quer\u00eda decir presencia real de las fuerzas materiales e intelectuales necesarias para la realizaci\u00f3n de una sociedad libre, de iguales que viven en armon\u00eda con la naturaleza. Marcuse vinculaba el final de la utop\u00eda a los efectos potencialmente positivos de la tecnificaci\u00f3n del poder y de la automatizaci\u00f3n de trabajo, esto es, al surgimiento de una <em>conciencia excedente<\/em> y al desarrollo de las cualidades est\u00e9tico-er\u00f3ticas, a la idea, en suma, de una nueva antropolog\u00eda como modo de existencia, al surgimiento y desarrollo de las nuevas necesidades humanas, de \u00abnecesidades radicales\u00bb.<\/p>\n<p>Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido desde aquella declaraci\u00f3n no es dif\u00edcil concluir ahora sobre el significado de la expresi\u00f3n \u00abfin de la utop\u00eda\u00bb. Marcuse ten\u00eda raz\u00f3n <em>en lo que dec\u00eda<\/em>: los a\u00f1os sesenta del siglo XX han representando realmente el final de la utop\u00eda socialista marxista. Pero puesto que en los treinta y tantos a\u00f1os transcurridos desde entonces no ha triunfado la conciencia excedente sino m\u00e1s bien el cinismo excedente, y puesto que la mutaci\u00f3n antropol\u00f3gica en ciernes se acerca m\u00e1s a una combinaci\u00f3n entre nuevas formas de esclavizaci\u00f3n de la fuerza de trabajo humana y la aparici\u00f3n del \u00abhombre mec\u00e1nico\u00bb que a la realizaci\u00f3n del hombre nuevo, libre y desalienado, se puede concluir tambi\u00e9n: el final de <em>una <\/em>utop\u00eda, el final de la utop\u00eda social-industrialista, previsto por Marcuse, fue el principio de otras utop\u00edas surgidas precisamente de la nueva insatisfacci\u00f3n del ser humano, de la conciencia del empeoramiento progresivo del metabolismo con la naturaleza, de la protesta contra el cinismo excedente.<\/p>\n<p>Y lo que es m\u00e1s llamativo para la reflexi\u00f3n que vengo proponiendo aqu\u00ed: mientras Herbert Marcuse, un pensador vinculado a la Escuela de Frankfurt, que hab\u00eda sido insistentemente calificado de ut\u00f3pico en las universidades norteamericanas y que era habitualmente presentado como el abanderado de la utop\u00eda en los medios de comunicaci\u00f3n, declaraba a los estudiantes berlineses el \u00abfinal de la utop\u00eda\u00bb, Ernst Bloch, que hab\u00eda sufrido en sus propias carnes el dogmatismo autoritario de las autoridades de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, constru\u00eda, en su obra sobre el principio esperanza, la m\u00e1s notable defensa de la utop\u00eda que se haya hecho nunca desde un punto de vista marxista. De manera que los j\u00f3venes \u00abmarcianos\u00bb har\u00e1n bien en seguir preguntando: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres decir cuando dices que la utop\u00eda ha llegado a su fin?\u00bb<\/p>\n<p><strong>UTOP\u00cdA IX<\/strong><\/p>\n<p>Una interpretaci\u00f3n demasiado apresurada y politicista de los acontecimientos que se produjeron en la URSS y otros pa\u00edses del Este de Europa desde 1989 est\u00e1 impulsando a algunos autores a proclamar el fin definitivo de la utop\u00eda. Se ha hecho habitual relacionar este supuesto final de la utop\u00eda con el final de las ideolog\u00edas y a\u00fan con el fin de la historia. Se dice a veces, cada vez con m\u00e1s frecuencia, sobre todo en los \u00e1mbitos acad\u00e9micos, que el fracaso del socialismo que se denominaba a s\u00ed mismo \u00abreal\u00bb ha sido la ratificaci\u00f3n del declive de la utop\u00eda como parte del pensamiento sociopol\u00edtico y como g\u00e9nero literario en el siglo XX.<\/p>\n<p>\u00bfHasta qu\u00e9 punto es eso cierto?<\/p>\n<p>Hay que reconocer, desde luego, que la barbarie de las dos guerras mundiales de este siglo contribuyeron al auge de la antiutop\u00eda y de la contrautop\u00eda como g\u00e9nero literario. Eso es natural en una \u00e9poca en que la tecnociencia se ha convertido en fuerza productiva esencial y su funci\u00f3n social, decisiva, es universalmente reconocida. La estrecha relaci\u00f3n existente en nuestra \u00e9poca entre guerras y complejos tecnocient\u00edficos ha orientado las antiutop\u00edas del siglo XX en una direcci\u00f3n predominantemente anticient\u00edfica, o por lo menos cr\u00edtica de la ciencia de la \u00e9poca de Einstein.<\/p>\n<p>Pero ni todo el pensamiento cr\u00edtico y alternativo posterior a la segunda guerra mundial lleva esa direcci\u00f3n ni es seguro tampoco que el final de la experiencia del \u00absocialismo real\u00bb en la URSS y en otros pa\u00edses del Este de Europa deba interpretarse como un fen\u00f3meno s\u00f3lo vinculado al anterior.<\/p>\n<p>De hecho, si bien se mira, ya desde los a\u00f1os setenta los ide\u00f3logos del \u00absocialismo real\u00bb opusieron el estado de cosas existente en la URSS precisamente al pensamiento ut\u00f3pico, al esp\u00edritu de la utop\u00eda, que atribu\u00edan a los marxistas cr\u00edticos desde muchas d\u00e9cadas antes (a Korsch y a Pannekoek, a Rosa Luxemburg y a Gramsci, a Luk\u00e1cs y a Bloch, a Brecht y a Otto R\u00fchle, a Havemann y a Schaff, a Castoriadis y a Rubel, a Berlinguer y a Guevara). Sintom\u00e1ticamente, lo mejor que el pensamiento emancipador de ra\u00edz marxista hab\u00eda producido en Europa fue ignorado o demonizado en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica desde la \u00e9poca de Stalin hasta la \u00e9poca de Gorbachov. La \u00abrealidad\u00bb social innegable que representaba el poder de aquel supuesto \u00absocialismo\u00bb era presentada, contra la opini\u00f3n de la mayor\u00eda de los marxistas cr\u00edticos, como el \u00fanico socialismo posible. Pero este punto de vista dominante en la URSS, en la RDA y en otros pa\u00edses del Este de Europa era s\u00f3lo la continuaci\u00f3n de la tendencia cientificista, anti-ut\u00f3pica, del llamado \u00abmarxismo ortodoxo\u00bb.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que, hablando con propiedad, tambi\u00e9n ahora resulte no s\u00f3lo m\u00e1s modesto, sino tambi\u00e9n m\u00e1s acertado, identificar el fin del \u00absocialismo real\u00bb con el fracaso de una ilusi\u00f3n que era, precisa y conscientemente, la negaci\u00f3n de la utop\u00eda. Pero es absurdo identificarlo con el final de toda utop\u00eda. El llamado \u00abmarxismo ortodoxo\u00bb se presentaba precisamente como superaci\u00f3n de la utop\u00eda, como conversi\u00f3n de la utop\u00eda en ciencia. Pero, desde un punto de vista epistemol\u00f3gico, no hay duda de que era y es una aberraci\u00f3n la idea de convertir definitivamente la utop\u00eda en una ciencia.<\/p>\n<p>Vistas as\u00ed las cosas, 1989 puede considerarse, s\u00ed, como <em>el final de una utop\u00eda<\/em>, a saber: la del marxismo cientificista, la del socialismo que se postula como definitivamente \u00abcient\u00edfico\u00bb.<\/p>\n<p>Queda, no obstante ello, el esp\u00edritu moral de la vieja utop\u00eda. Lo que hoy despista a mucha gente es que, mientras tanto, la vieja utop\u00eda que naci\u00f3 con Thomas More <em>ha cambiado de forma<\/em>. Se busca a veces la continuaci\u00f3n de la vieja utop\u00eda en el pensamiento y en la praxis pol\u00edtica dominantes. Se busca la utop\u00eda en la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica acad\u00e9mica. No se la encuentra ah\u00ed y se proclama r\u00e1pidamente el final de toda utop\u00eda. Luego se racionaliza la ausencia: ya no hay utop\u00eda porque las gentes de nuestra cultura se han hecho conscientes de la identidad de la utop\u00eda con el totalitarismo. Como si el totalitarismo no estuviera latente tambi\u00e9n en la tecnolog\u00eda social fragmentaria que inspira a la mayor\u00eda de los poderes del fundamentalismo neoliberal de hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p>Es natural, por otra parte, que no se encuentre lo buscado en la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica acad\u00e9mica. Natural, porque el esp\u00edritu de la utop\u00eda nunca estuvo realmente ah\u00ed. Tampoco ayer. El esp\u00edritu de la utop\u00eda naci\u00f3 de la distancia y del alejamiento del pensamiento moral y pol\u00edtico respecto de los poderes existentes. La utop\u00eda ha nacido hist\u00f3ricamente de la negativa del pensamiento pol\u00edtico a ponerse incondicionalmente al servicio del Pr\u00edncipe. As\u00ed se dice de la manera m\u00e1s expl\u00edcita en la obra de Thomas More. As\u00ed tambi\u00e9n en Maldonado, en Bartolom\u00e9 de las Casas y en Vasco de Quiroga. Y as\u00ed, finalmente, con el paso del tiempo, en Fourier, Cabet y Owen.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde encontrar, pues, hoy en d\u00eda el esp\u00edritu de la utop\u00eda?<\/p>\n<p>Justamente all\u00ed donde los ide\u00f3logos del cientificismo contempor\u00e1neo, en el Este y el Oeste, la descubrieron, <em>por v\u00eda negativa<\/em>, desde los a\u00f1os setenta. Fueron ellos, los ide\u00f3logos de un marxismo hecho Poder, quienes han puesto nombre a las utop\u00edas de este final de siglo, al igual que lo hicieran los poderosos del siglo XIX. Fue el poder establecido quien llam\u00f3 ut\u00f3picos a Fourier, a Fernando Garrido, a Marx. Es el poder establecido quien, desde la d\u00e9cada de los sesenta de nuestro siglo, ha llamado ut\u00f3picos a los cr\u00edticos y alternativos de las diversas corrientes her\u00e9ticas o heterodoxas de las tradiciones de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero ya antes, en la d\u00e9cada del gran enfrentamiento, en los a\u00f1os treinta, cuando el liberalismo hac\u00eda crisis y el comunismo sovi\u00e9tico y el nazi-fascismo se ganaban a las masas en Europa, la flor de la utop\u00eda, despreciada entonces, qued\u00f3 semienterrada por la prepotencia de los poderes establecidos. Esa flor no desapareci\u00f3 del todo. Y por ah\u00ed hay que buscar ahora los antecedentes de la nueva utop\u00eda. Ah\u00ed est\u00e1, por ejemplo, el pensamiento radicalmente ut\u00f3pico de Simone Weil, que hoy vuelve a emerger sorprendiendo y conmoviendo por su libertad y por su autonom\u00eda. La utop\u00eda cr\u00edtico-idealista que recorre muchas de las p\u00e1ginas de la Weil, desde \u00abPerspectives\u00bb a <em>L\u2019enracinement<\/em> y a los <em>Escritos de Londres<\/em> qued\u00f3 entonces como un cabo suelto. S\u00f3lo ahora empezamos a conocer de verdad la parte positiva de aquella reflexi\u00f3n, exc\u00e9ntrica respecto de todas las autoridades y de todas las filosof\u00edas morales y pol\u00edticas acad\u00e9micas, una reflexi\u00f3n a la que en su tiempo casi todos los poderosos consideraron, sin m\u00e1s, locura. Y ah\u00ed hay que enmarcar tambi\u00e9n la herencia de la reflexi\u00f3n de Ernst Bloch.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de la utop\u00eda moderna, el esp\u00edritu de More, sigue presente en los movimientos sociales alternativos. El esp\u00edritu de las utop\u00edas fourierista y cabetiana sigue presente en las comunidades ecopacifistas restringidas que bosquejan otra forma de vida distinta de la del industrialismo productivista, en armon\u00eda con el medio natural, y reaparece en no pocos de los movimientos okupas que denuncian en Europa el problema de la vivienda en unos t\u00e9rminos no muy distintos a los que empleaba Friedrich Engels en su \u00e9poca.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de la vieja utop\u00eda se puede encontrar hoy, po\u00e9ticamente, en el impresionante <em>C\u00e1ntico c\u00f3smico<\/em> de Ernesto Cardenal, nacido al calor de la revoluci\u00f3n sandinista. El esp\u00edritu de la utop\u00eda reaparece, expl\u00edcitamente afirmado como encuentro entre tradiciones emancipatorias, en los fil\u00f3sofos y te\u00f3logos latinoamericanos de la liberaci\u00f3n, en la <em>\u00c9tica de la liberaci\u00f3n<\/em> de Enrique Dussel o en los \u00faltimos escritos de Leonardo Boff sobre la \u00e9tica del cuidado, por ejemplo, pero tambi\u00e9n en los textos resistenciales de las comunidades ind\u00edgenas de M\u00e9xico, de Ecuador, de Per\u00fa, de Brasil, que dan un nuevo sentido a la vieja palabra: dignidad, dignidad del hombre.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de la utop\u00eda sigue presente en muchas de las reflexiones y propuestas actuales de las corrientes radicales del movimiento feminista (v\u00e9ase, como ejemplo, el libro de Lucy Sargisson, <em>Contemporary Feminist Utopianism<\/em>. Routledge, 1996). No es ninguna casualidad que as\u00ed sea puesto que el feminismo radical , de orientaci\u00f3n igualitaria y empe\u00f1ado en una ampliaci\u00f3n dr\u00e1stica de lo que hemos llamado derechos humanos, representa ahora uno de los retos m\u00e1s s\u00f3lidos a toda \u00e9tica tradicional., como reconoc\u00eda hace poco James P. Sterba en <em>Three Challenges to<\/em> <em>Ethics<\/em> (Oxford University Press, 2001).<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de la utop\u00eda sigue vivo en el pensamiento hol\u00edstico-prospectivo que arranca, precisamente, de la autocr\u00edtica de la ciencia contempor\u00e1nea, pero que no renuncia a toda ciencia, a la vocaci\u00f3n cient\u00edfica del hombre contempor\u00e1neo, sino que integra, en esta autocr\u00edtica, las lecciones de Goethe y de H\u00f6lderlin proclamando que all\u00ed donde est\u00e1 el peligro puede estar, tambi\u00e9n, la salvaci\u00f3n. El esp\u00edritu de la utop\u00eda retorna con los primeros informes del Club de Roma, con el sistemismo irenista de grupos prospectivos que se inspiran en los trabajos de Boulding y de Galtung, con el marxismo \u00abc\u00e1lido\u00bb de Adam Schaff, autor de uno de los \u00faltimos informes al Club de Roma (discutible s\u00ed, \u00bfc\u00f3mo no?), o en el ecologismo social consecuente de Barry Commoner y de sus seguidores, que han llamado la atenci\u00f3n de la humanidad sobre t\u00e9cnicas y formas de vida alternativas a las de la industria nuclear y la megat\u00e9cnica.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los noventa del siglo pasado el esp\u00edritu de la utop\u00eda ha tomado la forma afirmativa del \u00abcoraje\u00bb moral en tiempos dif\u00edciles. Y ello, por ejemplo, en un hombre, Bruno Trentin, que ha tenido durante cuatro d\u00e9cadas una vivencia directa, dif\u00edcilmente igualable, de la lucha pol\u00edtica y sindical alternativa en Italia. \u00abMenos n\u00fameros, m\u00e1s ideas\u00bb, escrib\u00eda Trentin no hace mucho propugnando una nueva forma, human\u00edstica, de entender el economizar. <em>Il coraggio della utopia<\/em> es precisamente el t\u00edtulo de esta reflexi\u00f3n de Trentin. Y todav\u00eda m\u00e1s recientemente el esp\u00edritu de la utop\u00eda reaparece en un \u00e1mbito en el uno no esperar\u00eda encontrarlo, el del marxismo que se ha llamado anal\u00edtico. El a\u00f1o pasado el soci\u00f3logo Erik Olin Wright titulaba significativamente \u00abPropuestas ut\u00f3picas reales\u00bb una reflexi\u00f3n sobre las actuales iniciativas (algunas de ellas vinculadas tambi\u00e9n a los movimientos sociales) para reducir la desigualdad de ingresos y riqueza (<em>Contemporary Sociology<\/em>, enero de 2000, reproducido en <em>Razones para el socialismo<\/em>, Paid\u00f3s, Barcelona, 2001). Y analizaba, en ese contexto, tres propuestas que se est\u00e1n discutiendo mucho en los \u00faltimos tiempos: el subsidio \u00fanico a todos los ciudadanos al llegar la mayor\u00eda de edad, el ingreso b\u00e1sico universal incondicional y una forma espec\u00edfica de socialismo de mercado basada en la distribuci\u00f3n igualitaria sostenida de acciones.<\/p>\n<p>No voy a entrar aqu\u00ed en la discusi\u00f3n, por lo dem\u00e1s interesante, de si hay que considerar estas \u00faltimas propuestas (referidas casi exclusivamente a las sociedades econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrolladas de Occidente) como utop\u00edas en la acepci\u00f3n peyorativa que la palabra ten\u00eda para el marxismo cl\u00e1sico o m\u00e1s bien como \u00abutop\u00edas concretas\u00bb en el sentido de Bloch. Tengo mis objeciones a cada una de estas propuestas. Pero me limitar\u00e9 a decir aqu\u00ed que estos enfoques, salidos de las investigaciones de Philippe van Parijs, Robert van der Veen, John Roemer, Jon Elster, el propio Olin Wright y Gerald Cohen refutan la afirmaci\u00f3n habitual de que ya nadie escribe utop\u00edas,.de que se ha acabado la \u00e9poca de las utop\u00edas referidas al \u00e1mbito socioecon\u00f3mico.<\/p>\n<p>Es cierto que, mientras tanto, no s\u00f3lo ha cambiado la forma de la utop\u00eda. Tambi\u00e9n ha cambiado la filosof\u00eda de la historia que inspiraba aqu\u00e9lla. La actual crisis de la idea de progreso tiene que ver con esto. Incluso cuando la utop\u00eda se hace \u00abciencia ficci\u00f3n\u00bb, como en <em>El congreso de futurolog\u00eda<\/em> de Stalislaw Lem, se impone en estos tiempos la modestia esc\u00e9ptica, la docta esperanza: \u00abSomos los \u00faltimos samaritanos. Pero no podemos impedir la congelaci\u00f3n de la humanidad. S\u00f3lo podemos disimularla\u00bb. La lucidez de las cr\u00edticas de Bloch, de Walter Benjamin y de G\u00fcnther Anders al optimismo hist\u00f3rico tambi\u00e9n tienen que ver con la crisis de la idea de progreso. Por eso pienso que continuar el blochtiano \u00abproyecto esperanza\u00bb significa hoy en d\u00eda pintar bien de negro, y con verdad, el pizarr\u00f3n de lo que hay para que pueda resaltar sobre \u00e9l la tiza blanca de la resistencia y de la alternativa. Lo que hay hoy en el mundo es una pl\u00e9tora miserable dominada por las desigualdades. Por eso la nueva forma de la utop\u00eda no puede ser la inocencia. Somos parte de una especie que ha probado ya por dos veces el fruto del \u00e1rbol del conocimiento.<\/p>\n<p>Un asunto, este de la persistencia de la utop\u00eda a pesar de la visi\u00f3n pesimista y desencantada del mundo presente, cuya importancia ha visto muy bien el escritor ingl\u00e9s John Berger al proclamar la recuperaci\u00f3n del \u00abnihilismo positivo\u00bb de aquel gran poeta y pensador que fue Giacomo Leopardi sin perder de vista lo que para los humanos significan los procesos productivos cuando se quiere superar el pesimismo total, el pesimismo sentimental, el nihilismo sin m\u00e1s. La conciencia del desesperanzado que se atreve a llamar cobard\u00eda a la utop\u00eda abstracta y a la blanda esperanza que se queda en resignaci\u00f3n (G. Anders) suele actuar en nuestra civilizaci\u00f3n como una bomba moral de efecto retardado o, si lo prefieren, m\u00e1s pac\u00edficamente, como un \u00ababridor de ojos\u00bb.<\/p>\n<p>Quisiera terminar, pues, con una palabras de John Berger, en respuesta a la pregunta, que muchos nos hemos hecho, de por qu\u00e9 siguen dando \u00e1nimo las negras p\u00e1ginas de Leopardi, unas palabras que vienen aqu\u00ed a cuento: \u00abEn cuanto uno se mete en un proceso productivo, por limitado que \u00e9ste sea, el pesimismo total se vuelve improbable. Esto no tiene nada que ver con la dignidad del trabajo o con cualquier otro disparate de este tipo: con lo que tiene que ver es con la naturaleza de la energ\u00eda f\u00edsica y ps\u00edquica de los seres humanos. El empleo de esta energ\u00eda genera la necesidad de alimentos, sue\u00f1o y breves momentos de respiro [&#8230;] El acto de participar en la producci\u00f3n del mundo crea la perspectiva imaginativa de una producci\u00f3n potencial y m\u00e1s deseada.\u00bb<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<p>[1] NE. Fallecido el 23 de enero de 2019. Autor de <em>Construyendo utop<\/em><em>\u00edas reales,<\/em> Madrid, Akal.<\/p>\n<p>[2] NE. V\u00e9ase \u00abCharles Fourier y los elementos positivos de la utop\u00eda\u00bb. Pr\u00f3logo de Charles Fourier, <em>El extrav\u00edo de la raz\u00f3n<\/em>, Barcelona, Hip\u00f3tesis-Grijalbo, 1974, pp. 5-34. Pr\u00f3xima edici\u00f3n en Espai Marx.<\/p>\n<p>[3] NE. <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=JhG1QcA3myg\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=JhG1QcA3myg<\/a><\/p>\n<p>[4] NE. La aclaraci\u00f3n del propio Eduardo Galeano: <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/PoetasHisp\/videos\/la-utop%C3%ADa-est%C3%A1-en-el-horizonte-camino-dos-pasos-ella-se-aleja-dos-pasos-y-el-hor\/2382258042081078\/?locale=es_LA\">https:\/\/www.facebook.com\/PoetasHisp\/videos\/la-utop%C3%ADa-est%C3%A1-en-el-horizonte-camino-dos-pasos-ella-se-aleja-dos-pasos-y-el-hor\/2382258042081078\/?locale=es_LA<\/a><\/p>\n<p>[5] NE. Poetas, ambos, muy considerados por el autor.<\/p>\n<p>[6] Se puede leer en el tomo I de la edici\u00f3n francesa de las obras de Cabet, Anthropos, Par\u00eds, 1970. Tambi\u00e9n en: <a href=\"http:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/Utopie\"><u>http:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/Utopie<\/u><\/a>. De <em>Viaje a Icaria<\/em> hay una edici\u00f3n en castellano relativamente reciente: Ediciones Folio, Barcelona, 1999.<\/p>\n<p>[7] El t\u00edtulo completo de la obra de Cabet, aparecida en 1840, es: <em>Vogage et aventures de Lord William Carisdall en Icarie. <\/em>Y el lema de Icaria, la ciudad-modelo es: <em>d\u2019abord le n\u00e9cessaire, puis l\u2019utile, enfin l\u2019agr\u00e9able.<\/em> La descripci\u00f3n de Icaria est\u00e1 en el cap\u00edtulo VI.<\/p>\n<p>[8] En D. Desanti, <em>Los socialistas ut\u00f3picos<\/em> cit., p\u00e1gs. 183-184.<\/p>\n<p>[9] Obras de Fourier disponibles en internet: <a href=\"http:\/\/www.abu.cnam.fr\/BIB\/auteurs\/fourierc.html\"><u>http:\/\/www.abu.cnam.fr\/BIB\/auteurs\/<\/u><\/a><a href=\"http:\/\/www.abu.cnam.fr\/BIB\/auteurs\/fourierc.html\"><u><strong>fourier<\/strong><\/u><\/a><a href=\"http:\/\/www.abu.cnam.fr\/BIB\/auteurs\/fourierc.html\"><u>c.html<\/u><\/a>. En castellano se puede ver: <em>Teor\u00eda de los cuatro movimientos y de los destinos generales,<\/em> traducci\u00f3n y pr\u00f3logo de Francisco Monge, Barral, Barcelona 1974; <em>El nuevo mundo industrial y societario,<\/em> Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1989; <em>La armon\u00eda pasional del nuevo mundo<\/em>, Taurus, Madrid, 1973; <em>El nuevo mundo amoroso,<\/em> traducci\u00f3n de Daniel de la Iglesia. Fundamentos Madrid 1975; <em>El extrav\u00edo de la raz\u00f3n demostrado por las ridiculeces de las ciencias inciertas<\/em> [1806?], Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1974 [NE: Publicado en la colecci\u00f3n Hip\u00f3tesis que FFB codirig\u00eda con Manuel Sacrist\u00e1n. El pr\u00f3logo de la edici\u00f3n es de su autor\u00eda].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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