{"id":13439,"date":"2023-03-20T05:00:17","date_gmt":"2023-03-20T04:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13439"},"modified":"2023-03-19T15:16:22","modified_gmt":"2023-03-19T14:16:22","slug":"la-era-federal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13439","title":{"rendered":"La era federal"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">1.<\/p>\n<p>No hace falta obligar al lector a entrar en el debate sobre lo que es o no naci\u00f3n y c\u00f3mo y desde cu\u00e1ndo es. Aunque yo no escabullir\u00e9 mi posici\u00f3n. M\u00e1s all\u00e1 de lo que es o no naci\u00f3n, lo que es innegable es que est\u00e1 en nuestro mundo, de una manera expl\u00edcita y activa, desde las transformaciones revolucionarias de los siglos XVII y XVIII. Que existe una identidad nacional, la conciencia de pertenecer a una comunidad; cuyas caracter\u00edsticas fundamentales var\u00edan en el espacio y en el tiempo, as\u00ed como la voluntad de configurar o perpetuar esa identidad en t\u00e9rminos de una entidad pol\u00edtica concreta. Desde mediados del siglo XIX, en la \u00e9poca de la consolidaci\u00f3n de las identidades colectivas contempor\u00e1neas, el nacionalismo, surgido de esas comunidades nacionales, ha emergido como la propuesta de establecer la identidad nacional como n\u00facleo y el eje de nuestras sociedades; de la misma manera que el socialismo, en el sentido amplio del t\u00e9rmino, propone la identidad social, de clase. A no ser que creamos que la naci\u00f3n y la divisi\u00f3n de clases responde a una constituci\u00f3n divina \u2013 as\u00ed se ha pensado y defendido desde entonces por una parte de la sociedad, de una manera u otra\u2013 la naci\u00f3n, la identidad nacional, el nacionalismo, la divisi\u00f3n de clases, las identidades de clase \u2013el estadio de la clase para s\u00ed de Luk\u00e1cs o el obrero consciente de Pablo Iglesias, el fundador del Partido Socialista Obrero Espa\u00f1ol\u2013 y el socialismo (marxista, anarquista, socialdem\u00f3crata o comunista) son construcciones hist\u00f3ricas; solo comprensibles e interpretables en su historicidad, y por tanto diferenciables e sus experiencias concretas y mudables.<\/p>\n<p>De la revoluci\u00f3n francesa naci\u00f3 la nueva concepci\u00f3n de la naci\u00f3n pol\u00edtica; de la naci\u00f3n no como suma de individuos que comparten una naturaleza \u2013ser naturales de un territorio\u2013 sino que adem\u00e1s se articula en un estado que considera propio, del que es soberana en vez del monarca \u2013 cuya soberan\u00eda se derroca\u2013 y que, desde el ideario nacionalista, pretende tener un objetivo, un destino, com\u00fan. En el tiempo, fue primero la constituci\u00f3n de la naci\u00f3n pol\u00edtica como construcci\u00f3n propositiva, con el derrocamiento del absolutismo y la formaci\u00f3n de la Asamblea Constituyente. Luego se a\u00f1adi\u00f3 una etapa de construcci\u00f3n reactiva; por sus enfrentamientos con \u00abel otro\u00bb, con el enemigo interior que conspiraba por la restauraci\u00f3n del orden social jer\u00e1rquico y el absolutismo; y frente a los patrocinadores y aliados exteriores de ese enemigo, las monarqu\u00edas absolutistas, que culminaron en las expediciones expansivas de Napole\u00f3n Bonaparte. Francia, como antes las lejanas Trece Colonias de Am\u00e9rica constituidas en Estados Unidos, con sus diferencias son exponentes de ese orden temporal en el nacimiento de la naci\u00f3n moderna. No es un orden inmutable, sino fruto de su propio proceso hist\u00f3rico, que no se repite necesariamente en otros procesos de construcci\u00f3n nacional. En Alemania o Espa\u00f1a, el alumbramiento de la identidad nacional pol\u00edtica, empieza primero con la reacci\u00f3n al \u00abotro\u00bb, al invasor, precisamente la nueva Francia; la construcci\u00f3n nacional discurre despu\u00e9s en su etapa propositiva y en ambos casos \u2013por razones y caminos diferentes\u2013, en un proceso dilatado que no se cierra hasta la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia de las discrepancias sobre el sistema pol\u00edtico y territorial. Que la constituci\u00f3n pol\u00edtica de la naci\u00f3n suceda y no anteceda a la lucha contra \u00abel otro\u00bb producir\u00e1 turbulencias derivadas de la necesidad de definir la nueva soberan\u00eda m\u00e1s all\u00e1 y una vez acabada la lucha. Por otra parte, la construcci\u00f3n de las naciones pol\u00edticas se cruz\u00f3 con el desarrollo hegem\u00f3nico del sistema econ\u00f3mico capitalista, en el que mercado nacional y mercado internacional establecieron una relaci\u00f3n sist\u00e9mica culminada en el imperialismo contempor\u00e1neo; y una nueva configuraci\u00f3n de clases de la sociedad, en la que emergieron por un lado el movimiento obrero y el socialismo con su reivindicaci\u00f3n de la igualdad social \u2013con aspiraci\u00f3n a su propia relaci\u00f3n sist\u00e9mica entre la dimensi\u00f3n nacional e internacional\u2013 y por otro la reivindicaci\u00f3n de la democracia como forma y condici\u00f3n b\u00e1sica de la igualdad pol\u00edtica. Manifestaciones y s\u00edmbolos de un nuevo tiempo fueron la guerra franco-prusiana, primera gran confrontaci\u00f3n de los edificios nacionales continentales, por lo que se refiere al mapa de las hegemon\u00edas de los estados capitalistas nacionales; y su deriva y r\u00e9plica, la revoluci\u00f3n pol\u00edtica y social de la Comuna de Par\u00eds. Identidades nacionales, identidades sociales y la lucha por la igualdad se interrelacionaron de manera m\u00e1s competitiva o conflictiva que cooperativa; en ese contexto, y en el del nuevo imperialismo, se produjo aunque no en todas partes la revisi\u00f3n de los t\u00e9rminos de la naci\u00f3n pol\u00edtica y la eclosi\u00f3n de un nuevo nacionalismo dentro de los estados constituidos, en conflicto al propio tiempo con las \u00e9lites gobernantes de \u00e9stos y con la priorizaci\u00f3n de la igualdad social y pol\u00edtica en su propio \u00e1mbito. Desde la perspectiva de este ensayo, cuyo inter\u00e9s es la relaci\u00f3n entre la naci\u00f3n y el conflicto de clases, el nacionalismo, las clases trabajadoras, el movimiento obrero, y el socialismo en Espa\u00f1a y de manera particular en Catalu\u00f1a, esta introducci\u00f3n general ha de quedar aqu\u00ed y entrar en nuestra historia concreta, la de los pueblos que en el punto de partida en el tiempo y en la condici\u00f3n de los protagonistas eran s\u00fabditos del Reino de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>La rebeli\u00f3n popular y la guerra contra el invasor franc\u00e9s, en 1808 fue el punto de partida definitivo de la construcci\u00f3n de Espa\u00f1a como naci\u00f3n, en el sentido contempor\u00e1neo del del t\u00e9rmino, como comunidad nacional y naci\u00f3n pol\u00edtica. Fue una Guerra de Independencia no de la Corona, ni de la dinast\u00eda, sino de la naci\u00f3n. Algo que ya percibieron los diputados de C\u00e1diz, cuando se se\u00f1al\u00f3 en sus Cortes \u2013convocadas desde el pueblo en armas y no desde el rey ausente\u2013 que las renuncias de Bayona[1] no eran v\u00e1lidas porque faltaba el consentimiento de la naci\u00f3n (\u00c1lvarez Junco, 2001). Aunque formalmente esa denominaci\u00f3n de la guerra contra el franc\u00e9s como de Independencia no se generaliz\u00f3 hasta el Trienio Liberal, entre 1820 y 1823, cuando la pen\u00faltima batalla contra el absolutismo se apoy\u00f3 en una simbolog\u00eda nacional espec\u00edfica. El combate de aquellos seis a\u00f1os se erigi\u00f3 en el gesto hist\u00f3rico colectivo y se pusieron cimientos del discurso simb\u00f3lico de la naci\u00f3n que se estaba construyendo, basado en la historia y en met\u00e1foras sencillas y compartibles: don Pelayo, El Cid, m\u00e1s adelante los Comuneros subrayando la preeminencia del pueblo soberano ante el Rey, la Madre patria, el Le\u00f3n espa\u00f1ol frente al \u00c1guila imperial de los franceses\u2026 En plena guerra, las Cortes de C\u00e1diz, dieron en 1812 a la naci\u00f3n pol\u00edtica emergente su primera Constituci\u00f3n, su primer c\u00f3digo de pacto de soberan\u00eda popular. Ese proceso y el paralelo desarrollo de un discurso ideol\u00f3gico, pol\u00edtico y simb\u00f3lico nacionalista tuvo en Catalu\u00f1a uno de sus escenarios principales, demostrado y dibujado por Joan Llu\u00eds Marfany (2017) de manera m\u00e1s que satisfactoria; cumpliendo la regla de oro del oficio de historiar que establece que solo puede darse por cierto lo que se sustenta en el uso cr\u00edtico de la documentaci\u00f3n. Un construcci\u00f3n hist\u00f3rica de la identidad nacional en los t\u00e9rminos en que \u00e9sta se plante\u00f3 en la primera mitad del siglo XIX en Espa\u00f1a y en Europa: como autoafirmaci\u00f3n de comunidad soberana, frente a los Reyes que hasta entonces hab\u00edan hecho de la patria de todos su patrimonio, y frente al adversario, o enemigo, exterior que hurgaba en las contradicciones de la unidad nacional para lograr su propio provecho en un mundo, capitalista, definitivamente competitivo. Por otra parte, un proceso no ca\u00eddo del cielo, no otorgado, en el que lo nuevo \u2013la concepci\u00f3n de la naci\u00f3n como comunidad pol\u00edtica\u2013 se superpon\u00eda a lo viejo, subsumi\u00e9ndolo, reconoci\u00e9ndolo incluso aunque como parte de un todo nuevo, y tambi\u00e9n entrando en conflicto.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a, la identidad nacional espa\u00f1ola, su discurso nacionalista, se impuso como hegem\u00f3nico, tanto entre las facciones pol\u00edticas \u2013liberales o absolutistas\u2013 como en los territorios, las Provincias de la \u00e9poca, incluida desde luego Catalu\u00f1a. No hubo conflicto durante m\u00e1s de tres cuartos de siglo entre esa identidad nacional y ninguna otra alternativa; la catalanidad fue una condici\u00f3n de naturaleza y de cultura \u2013no sin mestizajes e hibridaciones con la espa\u00f1olidad\u2013, pero no una propuesta pol\u00edtica. Como se repiti\u00f3 constantemente en la \u00e9poca, y recuerda con profusi\u00f3n de ejemplos Marfany, Espa\u00f1oles eran todos: Catalanes, Aragoneses, Valencianos, Extreme\u00f1os, Andaluces, Castellanos, Gallegos; naturales colectivos hijos diferentes de esa misma \u00abMadre patria\u00bb curiosamente parida por todos en el curso del combate por su independencia. No hay invocaci\u00f3n de Catalu\u00f1a como naci\u00f3n, ni como naci\u00f3n pol\u00edtica ni como parte con derecho a constituirse de manera independiente, ni hay nacionalismo catal\u00e1n hasta finales del siglo XIX.<\/p>\n<p>Esa construcci\u00f3n de Espa\u00f1a no se limit\u00f3 a un relato com\u00fan, general; incluy\u00f3 relatos propios de sus partes, que no persegu\u00edan la diferenciaci\u00f3n sino todo lo contrario, la mayor y mejor identificaci\u00f3n. En Catalu\u00f1a se record\u00f3 que, si la construcci\u00f3n de la naci\u00f3n pol\u00edtica se hac\u00eda sobre los cimientos del constitucionalismo, de la afirmaci\u00f3n del pueblo convertido en naci\u00f3n ante el monarca, quien estaba en mejor condiciones para levantarla era el Principado, que en su bagaje hist\u00f3rico contaba con la experiencia de las Cortes estamentales, del pactismo e incluso de la rebeli\u00f3n contra el monarca cuando \u00e9ste llevaba su exclusividad soberana a la tiran\u00eda. Fuera como un discurso para adentro, para reforzar la nacionalizaci\u00f3n espa\u00f1ola de los catalanes con un argumento historicista de continuidad, o para intervenir con mayor fuerza, carg\u00e1ndose de razones ideol\u00f3gicas, \u00abCatalu\u00f1a\u00bb quiso ser el motor pol\u00edtico de Espa\u00f1a. \u00abCatalu\u00f1a\u00bb, quiero decir gran parte de los catalanes, sus grupos sociales dirigentes y buena parte de los subalternos; entre estos en particular el segmento societaria y pol\u00edticamente activo de las clases trabajadoras, las tradicionales como la menestral\u00eda y las emergentes como el proletariado industrial, que es de lo que se trata aqu\u00ed.<\/p>\n<p>No ocurri\u00f3 lo mismo en la dial\u00e9ctica entre lo viejo y lo nuevo en el \u00e1mbito de la soberan\u00eda, donde s\u00ed hubo conflicto. \u00c9ste se focaliz\u00f3 en la pugna entre la inercia del poder, que tend\u00eda a su ocupaci\u00f3n absoluta de la soberan\u00eda, y la voluntad del pueblo para ejercerla por completo, incluso en el necesario pacto social de la constituci\u00f3n de un estado. El contexto del avance del liberalismo pol\u00edtico espa\u00f1ol acumul\u00f3 sobre \u00e9l las dificultades: la Europa adversa de la Restauraci\u00f3n; la resistencia absolutista en Espa\u00f1a; la presi\u00f3n desde abajo de la radicalizaci\u00f3n y el inevitable protagonismo popular; la guerra civil con el carlismo; y en fin, pero acaso en principio, la apropiaci\u00f3n por parte de las \u00e9lites sociales \u2013en Catalu\u00f1a la emergente burgues\u00eda comercial e industrial\u2013 de los idearios universales, de todos, de libertad y de naci\u00f3n para deformarlos en ideario de parte, de libertad y naci\u00f3n de propietarios. Esa acumulaci\u00f3n no s\u00f3lo fragment\u00f3 la corriente liberal, puso en el orden del d\u00eda la trascendencia de la relaci\u00f3n entre poder y representaci\u00f3n y de la organizaci\u00f3n institucional y territorial del estado. Ante las traiciones del Rey a la naci\u00f3n \u2013no de otra manera pod\u00eda considerarse su llamada a la intervenci\u00f3n extranjera para perpetuarse en el poder en la D\u00e9cada Ominosa\u2013 surgi\u00f3, de manera m\u00e1s temprana de lo que se acostumbra a recordar, un incipiente republicanismo; que, en Catalu\u00f1a, se impregn\u00f3 de orientaci\u00f3n federal, no por ninguna raz\u00f3n identitaria diferencial sino por una raz\u00f3n democr\u00e1tica. El surgimiento del federalismo en Espa\u00f1a no tuvo que ver con ninguna competencia nacionalitaria interna, que entonces no exist\u00eda (Espa\u00f1a era la naci\u00f3n; Catalu\u00f1a formaba parte de esa naci\u00f3n), sino con el conflicto pol\u00edtico fundamental que acab\u00f3 en antagonismo entre liberalismo \u00aba la corta\u00bb y democracia. Formulado primero como idea individual en el seno del liberalismo progresista, se expandi\u00f3 parcialmente entre las clases medias y de manera m\u00e1s amplia entre las populares y las trabajadoras; en estas \u00faltimas lleg\u00f3 a ser la posici\u00f3n dominante como ideolog\u00eda pol\u00edtica, aunque tambi\u00e9n como criterio de nueva auto-organizaci\u00f3n social y de organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n entre los seguidores de la propuesta anarquista.<\/p>\n<p>El federalismo tuvo personalidad propia; sobre todo en Catalu\u00f1a donde llev\u00f3 al m\u00e1ximo la voluntad de hacer de ella el motor pol\u00edtico de una Espa\u00f1a democr\u00e1tica, que culmin\u00f3 en la Primera Rep\u00fablica espa\u00f1ola. La perduraci\u00f3n de \u00e9sta habr\u00eda puesto, probablemente \u2013los \u00abcontraf\u00e1cticos\u00bb hist\u00f3ricos solo pueden ser tomados como suposiciones que pueden iluminar el pasado, pero dejan de condicionar el presente\u2013 las bases para la definitiva nacionalizaci\u00f3n de la sociedad espa\u00f1ola, como ocurri\u00f3 en Francia con la Tercera Rep\u00fablica. Lo que ya no es una suposici\u00f3n, sino una constataci\u00f3n es que la restauraci\u00f3n olig\u00e1rquica de 1874 interrumpi\u00f3 ese proceso y abri\u00f3 las puertas en Catalu\u00f1a para la construcci\u00f3n de un nuevo nacionalismo particular \u2013de parte\u2013; que se reforzar\u00eda con los est\u00edmulos de las eclosiones reivindicativas de las nacionalidades del Imperio Austro-H\u00fangaro y las acepciones rom\u00e1nticas de la naci\u00f3n, que no situaban lo pol\u00edtico como punto de partida sino de llegada.<\/p>\n<p>La aspiraci\u00f3n hegemonista del nuevo nacionalismo catal\u00e1n, que irrumpi\u00f3 a finales del XIX, \u2013com\u00fan a todos los nacionalismos\u2013 redujo el federalismo a una simple doctrina de organizaci\u00f3n territorial identitaria para poder presentarla como una de sus corrientes antecedentes, es decir un hecho del pasado; y por esa apropiaci\u00f3n, indebida, vincul\u00f3 a las clases trabajadoras, que en el Sexenio se hab\u00edan identificado ampliamente con el federalismo, al nacionalismo. De la misma manera que subsumi\u00f3 toda identidad catalana, social o cultural, dentro del \u00fanico objetivo leg\u00edtimo que se consideraba: el de llegar a ser un sujeto soberano propio y exclusivo; extendiendo esa abducci\u00f3n a cualquier forma de catalanismo que se consider\u00f3 que no pod\u00eda ser plenamente, y por tanto definitivamente leg\u00edtimo, si no era nacionalista. No se trat\u00f3 de una simple tergiversaci\u00f3n de la historia, para reforzar el discurso propagand\u00edstico del momento; fue toda una batalla cultural, mantenida a lo largo del siglo XX y que resurge, con toda fuerza, cuando de nuevo \u2013como en la actualidad\u2013 el nacionalismo catal\u00e1n ve la posibilidad de traducir su momento hegem\u00f3nico en estado soberano, para decirlo m\u00e1s claro en independencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">2.<\/p>\n<p>En las d\u00e9cadas de la traum\u00e1tica sustituci\u00f3n de la monarqu\u00eda absoluta por la monarqu\u00eda liberal, desde la guerra de independencia hasta mediados de siglo, la ideolog\u00eda dominante en esa sustituci\u00f3n fue el liberalismo y la construcci\u00f3n \u2013o al menos aceptaci\u00f3n\u2013 com\u00fan de una sola naci\u00f3n pol\u00edtica. Esa ideolog\u00eda domin\u00f3 tambi\u00e9n entre las clases populares y trabajadoras y en el movimiento obrero organizado. Esas clases subalternas se encontraban en un proceso de proletarizaci\u00f3n, que formaba parte del arranque del capitalismo industrial y era paralelo a la instauraci\u00f3n concreta del estado liberal; en esa situaci\u00f3n las identificadas como clases trabajadoras constitu\u00edan un conjunto variado de artesanos, con diferente naturaleza y grado de vinculaci\u00f3n al nuevo desarrollo econ\u00f3mico, y de trabajadores asalariados solo una parte de ellos empleados en f\u00e1bricas. La solidaridad social entre ellos era incipiente, e incluso precaria entre artesanos y asalariados; y el mundo artesanal manten\u00eda puentes con sectores sociales intermedios, el del comercio <em>al detall<\/em> y el sector de los profesionales, cuya expansi\u00f3n demandaba la nueva econom\u00eda y el nuevo estado. Exist\u00eda un campo de convergencia de intereses, por el que pod\u00edan circular propuestas pol\u00edticas radicales, como las del republicanismo pero tambi\u00e9n espacio para el disenso sobre el alcance o la complicidad social de esas pol\u00edticas, de manera particular en la cuesti\u00f3n de la propiedad y de la representatividad. El futuro iba a ser el de la mayor\u00eda relativa del segmento proletario de la sociedad catalana, en correspondencia con la consolidaci\u00f3n del sector de producci\u00f3n secundario; pero el presente de la primera mitad del siglo todav\u00eda no le pertenec\u00eda, ni demogr\u00e1fica ni pol\u00edticamente. Todav\u00eda, por cuanto la tendencia era ya, de manera irreversible, esa proletarizaci\u00f3n; aunque su crecimiento habr\u00eda de superar, desde finales del silgo XIX, los l\u00edmites internos de la demograf\u00eda catalana mediante un masivo proceso de inmigraci\u00f3n que dio una configuraci\u00f3n a\u00f1adida a las clases trabajadoras y a la sociedad catalana en su conjunto.<\/p>\n<p>En la primera mitad del siglo XIX la poblaci\u00f3n catalana pr\u00e1cticamente se dobl\u00f3, pasando de un contingente de 900.000 personas en 1787 a casi 1.700.000 en 1860[2]; en 1900 se rozaban ya los 2.000.000. Ese crecimiento fue en favor del proceso de urbanizaci\u00f3n, tanto por lo que se refiere a los grandes centros urbanos, especializados en actividades secundarias y terciarias, como a poblaciones intermedias en las que se sum\u00f3 a la actividad primaria, orientada al mercado, alg\u00fan tipo de actividad industrial (textil, papelera o de primera transformaci\u00f3n de productos primarios). El salto en t\u00e9rminos de porcentaje se hab\u00eda dado ya en el siglo XVIII \u2013cuyo balance econ\u00f3mico y demogr\u00e1fico ya hab\u00eda sido netamente positivo[3]\u2013, y se aceler\u00f3 en esa primera mitad del XIX. Si en 1718 el porcentaje de habitantes en poblaciones de m\u00e1s de 10.000 habitantes era el 8,4, en 1787 hab\u00eda pasado al 15,4; en 1857 era el 28,4 y se hab\u00eda convertido ya en el segmento principal por tama\u00f1o en 1900, alcanzando el 42%[4]. En contrapartida la poblaci\u00f3n estrictamente rural, en n\u00facleos de menos de 1.000 habitantes, descendi\u00f3 del 68,3 % en aquella primera fecha al 37% a comienzos de la d\u00e9cada de los cuarenta; y la de menos de 2.000 pas\u00f3 del 48% en 1857 al 36% en 1900. El arranque de la industrializaci\u00f3n, iniciado a finales del XVIII y reforzado en la primera mitad del XIX hab\u00eda significado ya un crecimiento importante de la poblaci\u00f3n activa ocupada en el sector secundario, que era el 29% del total en 1860; su mayor crecimiento, en sentido cuantitativo y cualitativo por lo que se refiere a la industria \u00abmoderna\u00bb y el sistema fabril, tuvo lugar durante el r\u00e9gimen de la Restauraci\u00f3n, no sin sobresaltos, de manera que en 1930 el sector secundario ya ocupaba al 51,5% de la poblaci\u00f3n activa, en tanto que el porcentaje del primario se hab\u00eda reducido a menos de la mitad de lo que era todav\u00eda en 1860, al 26,3%. La urbanizaci\u00f3n ten\u00eda un nombre principal, Barcelona que en la d\u00e9cada de los treinta se mov\u00eda entre 120.000 y 130.000 habitantes y a finales de la de los cuarenta iba camino de los 190.000. Lejos de ella quedaban Reus \u2013con 28.000\u2013 Tortosa \u2013con casi 21.000\u2013, Valls \u2013con 16.000- y media docena de poblaciones con m\u00e1s de 10.000 (Tarragona, Vilanova i la Geltr\u00fa, Matar\u00f3, Lleida, Manresa y Vic). A finales de siglo, en 1897, Barcelona contaba con 272.481 habitantes, Tortosa, Vic y Vilanova i la Geltr\u00fa apenas se hab\u00eda movido, Reus y Valls hab\u00edan retrocedido ligeramente, tambi\u00e9n crec\u00eda aunque poco Lleida, mientras Manresa crec\u00eda empujada por el desarrollo de la industria; un desarrollo que situaba a la cabeza del proceso de urbanizaci\u00f3n a Sabadell y Terrassa que estaban doblando su poblaci\u00f3n. El crecimiento urbano de Barcelona fue reforzada por el derribo de las murallas y la edificaci\u00f3n del Ensanche y consolidado con la anexi\u00f3n de las poblaciones contiguas (Las Corts, Sant Gervasi, Gracia, Sants, Sant Mart\u00ed de Proven\u00e7als y Sant Andreu del Palomar) que a\u00f1adieron de una tacada 174.000 habitantes m\u00e1s y las nuevas zonas de desarrollo industrial y poblaci\u00f3n proletaria. En 1900 la capital sumaba, como consecuencia de ello pr\u00e1cticamente 510.000 habitantes, pasando de ser poco m\u00e1s del 10% al 25% del total de la poblaci\u00f3n catalana, un proceso que se intensific\u00f3 en el siglo XX. Al propio tiempo pasaba de ser un centro burgu\u00e9s y menestral, escenario principal de la revoluci\u00f3n liberal a una ciudad rodeada por el proletariado y l\u00edder de la esperanza de la revoluci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Las clases trabajadoras eran un conjunto minoritario en t\u00e9rminos demogr\u00e1ficos, pero su concentraci\u00f3n en los n\u00facleos urbanos en los que se desarroll\u00f3 la confrontaci\u00f3n pol\u00edtica fundamental, hizo de ellas un factor pol\u00edtico espec\u00edfico. Primero como hipot\u00e9tica fuerza de apoyo en los conflictos que enfrentaron a las facciones liberales \u2013incluyendo en ellas a su segmento m\u00e1s avanzado, el republicano\u2013 y luego como protagonista espec\u00edfico de esa confrontaci\u00f3n, adquiriendo al iniciarse el siglo XX lo que Romero Maura calific\u00f3 \u00abcarta de beligerancia pol\u00edtica\u00bb[5].<\/p>\n<p>En cuanto a sus manifestaciones, la relaci\u00f3n entre movilizaci\u00f3n y organizaci\u00f3n fue dispar. El liberalismo radical, incluido el primer republicanismo, se articul\u00f3 en las sociedades secretas y su actuaci\u00f3n p\u00fablica se desarroll\u00f3 a trav\u00e9s de la propaganda, la prensa partidaria de la \u00e9poca; por el contrario, el obrerismo naciente, presente en las reivindicaciones econ\u00f3micas de los tejedores y en el rechazo a la introducci\u00f3n de la m\u00e1quina de vapor, del nuevo sistema fabril mecanizado, existi\u00f3 primero como movilizaci\u00f3n, no pas\u00f3 por ning\u00fan estadio de sociedad secreta propia, y no estuvo en condiciones de organizarse de manera estable hasta que la Real Orden del 28 de febrero de 1839 permiti\u00f3 la constituci\u00f3n de sociedades obreras de socorros mutuos. Todos ellos, liberales radicales y republicanos, profesionales, \u00abgente menuda\u00bb, artesanos, menestrales, trabajadores asalariados, convergieron en los levantamientos de la segunda mitad de los a\u00f1os treinta en Barcelona, las \u00abbullangas\u00bb, luchando contra el absolutismo y las libertades; estas \u00faltimas no exactamente las mismas para todos y en el transcurso de casi un decenio de agitaci\u00f3n los protagonistas y los objetivos fueron diferenci\u00e1ndose, hasta culminar en el levantamiento barcelon\u00e9s de la Jamancia, de noviembre de 1843.<\/p>\n<p>En la movilizaci\u00f3n \u00abbullanguera\u00bb particip\u00f3 sin duda \u00abpueblo menudo\u00bb y trabajadores asalariados; de manera directa en el seno de los batallones de la Milicia Nacional, o indirecta llevando a cabo su propia protesta dentro de la protesta, como fue el caso del incendio de la f\u00e1brica El Vapor, en 1835. Fueron parte social imprescindible, sin formar por parte pol\u00edtica distinta. Las partes pol\u00edticas eran el Partido Progresista y las disidencias republicanas. Ahora bien, las afinidades pol\u00edticas de la primera organizaci\u00f3n obrera no se orientaron ni exclusiva ni principalmente hacia el republicanismo. \u00c9ste \u00faltimo no les ofrec\u00eda garant\u00edas de poder, de que alcanzaran posiciones de gobierno con las que los trabajadores organizados pudieran abrir una negociaci\u00f3n triangular que superara la desigual relaci\u00f3n bipolar con los patronos; y tampoco, por entonces, le reclamaba complicidad en una reivindicaci\u00f3n de representatividad universal, de la que los primeros republicanos desconfiaban.<\/p>\n<p>La sociedad de los tejedores barceloneses acord\u00f3 apoyar las candidaturas progresistas en las elecciones de 1841, las locales y las generales, pero en estas \u00faltimas se produjo una novedad. El acceso de Espartero al poder, con su asunci\u00f3n de la Regencia, tuvo un doble efecto: aument\u00f3 las expectativas de cambio y al propio tiempo las distancias entre el jefe del Partido Progresista y el sector m\u00e1s radical del progresismo, incluidos sus apoyos obreros contrariados por la opci\u00f3n librecambista del Regente. Ante las elecciones legislativas de marzo de 1841 una parte del progresismo barcelon\u00e9s propuso una lista encabezada por Abd\u00f3n Terradas, considerada por sus antagonistas como \u00abrepublicana\u00bb, no sin raz\u00f3n. A partir de entonces la inclinaci\u00f3n de las organizaciones obreras hacia el republicanismo no par\u00f3 de reforzarse; al paso de los movimientos de las bullangas barcelonesas de noviembre y diciembre de 1842 \u2013en la que Barcelona fue bombardeada\u2013 que reclam\u00f3 la convocatoria de Cortes Constituyentes espa\u00f1olas y de la rebeli\u00f3n de la Jamancia, desarrolla durante septiembre y noviembre de 1843, contra el pacto de las dos facciones liberales \u2013progresistas y moderados\u2013 a la ca\u00edda de Espartero. La propaganda gubernamental levant\u00f3 ya entonces el espantajo de un supuesto movimiento separatista en Catalu\u00f1a, pero lo que reclamaron todas las bullangas fue un cambio democr\u00e1tico de la pol\u00edtica espa\u00f1ola; la de la Jamancia, la m\u00e1s radical, la que tuvo una mayor participaci\u00f3n de las clases subalternas, llam\u00f3 a \u00ablos verdaderos Espa\u00f1oles, patriotas puros\u00bb a levantarse contra el gobierno provisional surgido del pacto espurio de las dos facciones liberales, el pacto de los malos patriotas que burlaban la verdadera Patria que solo pod\u00eda ser y constituirse como democr\u00e1tica.<\/p>\n<p>La \u00fanica identidad nacional presente en el movimiento obrero fue la espa\u00f1ola, como ocurri\u00f3 en el progresismo y el republicanismo; sin que tuviera que competir, ni siquiera compartir, con otras identidades nacionales, en ese momento inexistentes (Oll\u00e9 Romeu, 1973; Barnosell, 1999; Marfany, 2017). As\u00ed lo reflejaron las invocaciones constantes de sus dirigentes, de manera singular las del tejedor Joan Muns[6], a la comunidad de intereses entre la \u00abPatria\u00bb, innegablemente referida a Espa\u00f1a, y la \u00abAsociaci\u00f3n\u00bb; \u00abPatria y Uni\u00f3n\u00bb ser\u00e1 lema habitual de la correspondencia interna de la Asociaci\u00f3n y de sus actos p\u00fablicos. Invocaci\u00f3n a la Patria com\u00fan, como comunidad democr\u00e1tica; a una Patria que es sin\u00f3nimo de libertad porque es soberana, por s\u00ed misma y sin limitaciones, como la entend\u00edan los j\u00f3venes de un batall\u00f3n de la milicia nacional barcelonesa a finales del 1836 cuando se juramentaban para \u00absalvar a la patria a despecho de la facci\u00f3n y la oligarqu\u00eda\u00bb contra los reaccionarios que conspiraban para \u00abrecuperar los privilegios, los diezmos y se\u00f1or\u00edos que las Cortes les han arrebatado\u00bb[7]. A la participaci\u00f3n en la pol\u00edtica espa\u00f1ola y la construcci\u00f3n de una naci\u00f3n democr\u00e1tica, se sum\u00f3 en la d\u00e9cada siguiente la influencia del nuevo internacionalismo proletario, presente ya en los movimientos revolucionarios europeos de 1848. A finales de 1855 el dirigente tip\u00f3grafo Ramon Sim\u00f3 i Badia proclam\u00f3 en Madrid: \u00abSoy catal\u00e1n y quiero mucho a Catalu\u00f1a; soy espa\u00f1ol y quiero m\u00e1s a Espa\u00f1a; soy hombre y m\u00e1s que a Espa\u00f1a quiero a la humanidad entera\u00bb[8]; aunque no hay que perder de vista que ese internacionalismo ten\u00eda tambi\u00e9n su precedente, ni que fuera en t\u00e9rminos de valor en el universalismo republicano de la primera mitad del XIX. No es posible, con los recursos documentales que disponemos, establecer de manera expl\u00edcita cu\u00e1l era la identidad colectiva expl\u00edcita de las clases trabajadoras y los artesanos (algo que s\u00f3lo empezar\u00e1 a resolverse en la era de las encuestas); no obstante, las indicaciones indirectas, como las expresiones de significados dirigentes, que lo son porque representan y organizan a la colectividad, y la relaci\u00f3n sucesiva con el progresismo y el republicanismo, que s\u00ed tienen manifestaci\u00f3n colectiva de esa identidad, constituyen una prueba m\u00e1s que suficiente de lo que se ha afirmado.<\/p>\n<p>A mediados de siglo la influencia de los republicanos entre los trabajadores socialmente organizados, o simplemente movilizados, fue en ascenso, aunque compartido todav\u00eda con la influencia del Partido Progresista. Incluso la de Espartero, que volvi\u00f3 al poder despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n de 1854, entre el verano de aquel a\u00f1o y el de 1856, despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n de 1854. Era una influencia derivada de la expectativa de que el progresismo en el poder podr\u00eda ser la opci\u00f3n m\u00e1s favorable para las reivindicaciones obreras, sin la sinton\u00eda ideol\u00f3gica que pudiera haber veinte a\u00f1os atr\u00e1s cuando el absolutismo era el enemigo com\u00fan. Durante la huelga de 1855 en Barcelona contra las selfactinas[9] una delegaci\u00f3n obrera march\u00f3 a Madrid manifiesto en mano; en el se daban vivas a Espartero, la Milicia Nacional, la libertad y \u00abla libre asociaci\u00f3n, orden, trabajo y pan\u00bb (Izard, 1973). Espartero no cumpli\u00f3 las expectativas y los trabajadores barceloneses segu\u00edan exigiendo a finales de 1855 el cumplimiento de las promesas, reales o supuestas. La mala manera con que acab\u00f3 el bienio esparterista de 1854-1856, con el golpe de O\u2019Donnell y la divisi\u00f3n interna del progresismo entre \u00abpuros\u00bb y partidarios de una fusi\u00f3n pol\u00edtica con los moderados, deterior\u00f3 el atractivo que el progresismo pod\u00eda mantener para el segmento posibilista del asociacionismo obrero, confiado en encontrar apoyo en el poder. Todav\u00eda qued\u00f3 alg\u00fan rescoldo en el asociacionismo no directamente sindical. El <em>Ateneu Catal\u00e0 de la Classe Obrera<\/em>, fundado en 1861 en Barcelona, estuvo inicialmente en manos de un grupo de liberales progresistas; antes de que tras la revoluci\u00f3n de 1868 participara en la constituci\u00f3n de la organizaci\u00f3n catalana de la Primera Internacional. Por el contrario, el debate que se desarroll\u00f3 en el republicanismo a finales de la d\u00e9cada del sesenta entre \u00abindividualistas\u00bb y \u00absocialistas\u00bb tuvo como consecuencia el aumento del atractivo republicano ante las clases trabajadoras.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">3.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n territorial del estado fue una preocupaci\u00f3n presente desde los debates de los diputados en C\u00e1diz; debates en cuyo discurso se entremezcl\u00f3 lo viejo y lo nuevo, la evocaci\u00f3n del foralismo del Antiguo R\u00e9gimen y la invocaci\u00f3n de la naci\u00f3n espa\u00f1ola, de la que se estaban poniendo lo primeros cimientos constitucionales. Y fue una de las tareas que tuvo que asumir la construcci\u00f3n del estado liberal, primera forma espa\u00f1ola del estado nacional; optando por establecer unas nuevas demarcaciones territoriales a las que se dio la denominaci\u00f3n del provincias, que compart\u00edan el nombre de las Provincias del Antiguo R\u00e9gimen pero no su contenido ni su \u00e1mbito territorial. De la evocaci\u00f3n de los fueros y de su particular defensa por el carlismo, en Catalu\u00f1a y en el Pa\u00eds Vasco, as\u00ed como de la defensa de las particularidades provinciales, del \u00abprovincialismo\u00bb, los nacionalismos catal\u00e1n y vasco, construidos hist\u00f3ricamente a finales del siglo XIX, quisieron ver un estadio latente o precursor de s\u00ed mismos. La cuesti\u00f3n forma parte del debate general sobre el nacionalismo com\u00fan y los nacionalismos particulares en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Compartiendo la preocupaci\u00f3n general, en el primer republicanismo espa\u00f1ol se produjo ya la introducci\u00f3n de la idea federal, como forma del estado. Lo hizo mediante posicionamientos individuales; antes de que con Pi y Margall cristalizara como la corriente que iba a hegemonizar el movimiento republicano hasta la Primera Rep\u00fablica. Esa propuesta federal no se hizo por ninguna raz\u00f3n identitaria, de diferenciaci\u00f3n nacional, sino en una clave pol\u00edtica de organizaci\u00f3n del poder. El republicanismo espa\u00f1ol se form\u00f3 sobre todo bajo la influencia de la revoluci\u00f3n francesa y del republicanismo del pa\u00eds vecino; aunque tambi\u00e9n en proporci\u00f3n menor, no insustancial, tambi\u00e9n bajo la de la independencia de los Estado Unidos de Am\u00e9rica. \u00c1ngel Duarte (2004) ha se\u00f1alado que de Francia se incorpor\u00f3 la centralidad del sufragio universal \u2013entendido en la \u00e9poca primero desde una acepci\u00f3n restringida de la ciudadan\u00eda y luego solo como sufragio masculino universal\u2013, la sensibilidad social en la l\u00ednea de la reivindicaci\u00f3n de la igualdad \u2013sin negar, precisa, la propiedad privada\u2013 y la virtud c\u00edvica como <em>ethos<\/em> propio; de Estados Unidos se incorpor\u00f3 el federalismo, \u00abel reparto de la soberan\u00eda entre un gobierno federal y los Estados\u00bb, reforzado m\u00e1s adelante por Pi i Margall que incorpor\u00f3 su lectura del pensamiento de Proudhon. En ninguno de esos ascendentes la organizaci\u00f3n federal respondi\u00f3 a necesidad alguna de componer en un estado hipot\u00e9ticas naciones distintas. No lo eran las Trece Colonias brit\u00e1nicas que se constituyeron como Estados Unidos; ni lo habr\u00eda admitido Proudhon, abiertamente hostil al nacionalismo. La inclusi\u00f3n en el federalismo espa\u00f1ol del factor de la identidad nacional \u2013por entonces en t\u00e9rminos de diferenciaci\u00f3n de la identidad regional\u2013 no se produjo hasta finales del siglo XIX; con la coincidencia entre la crisis del proceso de nacionalizaci\u00f3n espa\u00f1ola, producido con la Restauraci\u00f3n mon\u00e1rquica y el declive del federalismo tras la derrota que le supuso el abrupto fin de la Primera Rep\u00fablica. Ya se ver\u00e1 m\u00e1s adelante; me limitar\u00e9 ahora a avanzar, a efectos de perspectiva, que esa inclusi\u00f3n de la pluralidad identitaria nunca se hizo d\u00e1ndole una salida independentista o de soberan\u00eda plena de las partes, sino de uni\u00f3n pactada y reglada de las partes y aceptaci\u00f3n de una soberan\u00eda com\u00fan, compartida.<\/p>\n<p>Entre aquellos posicionamientos destac\u00f3 el de Ram\u00f3n Xaudar\u00f3, republicano barcelon\u00e9s, que en 1832 \u2013en el exilio\u2013 public\u00f3 unas \u00abBases para la Constituci\u00f3n Pol\u00edtica de una Rep\u00fablica Federal Espa\u00f1ola\u00bb; y a\u00f1os m\u00e1s tarde una corta serie de art\u00edculos en su peri\u00f3dico <em>El Corsario<\/em>, publicado en Madrid en el \u00faltimo trimestre de 1836. En las Bases abog\u00f3 por una divisi\u00f3n territorial de Espa\u00f1a en veinticinco \u00abEstados\u00bb \u2013con poderes legislativos, ejecutivos y judiciales propios para sus asuntos internos\u2013 unidos por una confederaci\u00f3n con sus correspondientes \u00abaltos poderes\u00bb a los que corresponder\u00eda la legislaci\u00f3n y el gobierno general as\u00ed como el Ej\u00e9rcito Permanente. No se busquen tres pies al gato, en la \u00e9poca se utilizaban los t\u00e9rminos federal y confederal de manera habitualmente equivalente, sin mayor profundidad de doctrina pol\u00edtica ni constitucional. Por otra parte, esos veinticinco Estados no correspond\u00edan a nada que existiera, las nuevas provincias \u20134 en Catalu\u00f1a\u2013, ni que hubiera existido, las antiguas Provincias \u2013el Principado de Catalu\u00f1a. Eran veinticinco Estados cortados por el patr\u00f3n de poblaci\u00f3n, uno por cada medio mill\u00f3n de habitantes. Se trataba de una propuesta democr\u00e1tica racionalista, por as\u00ed decirlo, para acercar al m\u00e1ximo el poder al pueblo y hacerlo gestionable por \u00e9ste; y al propio tiempo establecer un reparto de poder entre el conjunto de la naci\u00f3n, la Rep\u00fablica Federal Espa\u00f1ola, y las divisiones intermedias. En los art\u00edculos de 1836, en plena guerra civil carlista y preocupado por \u00e9sta, consider\u00f3 la conveniencia de asumir la reivindicaci\u00f3n de los fueros \u00abgeneralizados a todas las provincias de Espa\u00f1a\u00bb eso s\u00ed concili\u00e1ndolo \u00abcon el sistema de legislaci\u00f3n general que apetece a la naci\u00f3n\u00bb[10]. Por otra parte, para Xaudar\u00f3 el concepto federal no era solo, ni en principio, territorial; era equivalente al pacto por el que los ciudadanos acuerdan su sociedad pol\u00edtica y, por extensi\u00f3n una naci\u00f3n era \u00abuna federaci\u00f3n de todos los pueblos que la componen\u00bb.<\/p>\n<p>La Bases de 1832 fueron publicadas en Limoges, sin que al parecer tuvieran impacto en Catalu\u00f1a como lo prueba que el original siga siendo inencontrable; no obstante, la activa participaci\u00f3n de Xaudar\u00f3 en el primer republicanismo clandestino y en las bullangas de mediados de los treinta \u2013hasta que fue ejecutado tras ser detenido en la de mayo de 1837\u2013, no pudo por menos que traducirse en un conocimiento de sus posiciones entre los que participaban como \u00e9l en aquellas luchas. La paulatina incorporaci\u00f3n del principio federal continu\u00f3 con el ampurdan\u00e9s Abd\u00f3n Terradas que tras abandonar el progresismo lider\u00f3 en los a\u00f1os cuarenta una incipiente organizaci\u00f3n democr\u00e1tica, republicana y federal, con influencias del cabetismo; sin exagerar la trascendencia que alcanzaran entonces, los federalistas cabetianos \u2013entre los que se encontr\u00f3 tambi\u00e9n de manera destacada Narc\u00eds Monturiol\u2013 tendieron puentes en los barrios obreros de Barcelona, en Pueblo Nuevo donde se constituy\u00f3 una fugaz comunidad icariana. Por otra parte, el federalismo incorpor\u00f3 con Terradas y los cabetianos una tercera caracter\u00edstica, la orientaci\u00f3n social, socializante incluso en un sentido amplio del t\u00e9rmino. Una d\u00e9cada m\u00e1s tarde empez\u00f3 a incorporar tambi\u00e9n una clave hist\u00f3rica, complementaria, con Joan Baptista Guardiola y sobre todo con Pi i Margall. Guardiola no solo incorpor\u00f3 esa clave sino tambi\u00e9n otras, bajo la influencia del romanticismo alem\u00e1n, aunque lo hizo de una manera harto confusa, tanto que resultaba problem\u00e1tica de manejar pol\u00edticamente. Recuper\u00f3 la f\u00f3rmula de Espa\u00f1a como naci\u00f3n de naciones, sosteniendo que \u00aben el riguroso y buen sentido de la palabra Espa\u00f1a no era una sola naci\u00f3n sino m\u00e1s bien un haz de naciones\u00bb; sin aclarar que futuro auguraba o quer\u00eda para una y otro, en la medida en que en su postulaci\u00f3n de un sistema federal, de manera tambi\u00e9n inconcreta en su caso porque no explicit\u00f3 que poderes atribu\u00eda a cada nivel se acompa\u00f1aba con la propuesta de un distrito electoral \u00fanico para toda Espa\u00f1a, que no era ciertamente muestra de federalismo sino del m\u00e1s r\u00edgido unitarismo. Por otra parte defini\u00f3 la naci\u00f3n como una \u00abindividualidad\u00bb, por tanto por encima de los individuos que formaban un colectivo, con personalidad propia determinada por la geograf\u00eda, la raza, la lengua y la historia. Es discutible que Guardiola fuera exactamente un federalista, era en cambio, sin ninguna discusi\u00f3n, un nacionalista; el problema estriba en determinar de que era nacionalista y aunque el nacionalismo catal\u00e1n lo haya reivindicado como suyo lo m\u00e1s probable es que fuera un nacionalista del \u00abhaz de naciones\u00bb; algo dif\u00edcil de compartir y por tanto de traducirse en una oferta pol\u00edtica concreta.<\/p>\n<p>En el curso del debate republicano sobre el \u00absocialismo\u00bb, liderado en las posiciones antag\u00f3nicas por Castelar y Pi i Margall este \u00faltimo ancl\u00f3 definitivamente al federalismo en el terreno del cambio social, incorpor\u00e1ndole las ideas proudhonianas de la minimizaci\u00f3n del estado hasta su sustituci\u00f3n por un nuevo contrato social y haciendo de las \u00abclases jornaleras\u00bb protagonistas directos de ese cambio social y antes protagonistas tambi\u00e9n, aunque no exclusivos, del cambio pol\u00edtico. Un anclaje que por sus maneras abri\u00f3 una amplia superficie de contacto entre el federalismo y el movimiento obrero catal\u00e1n, muy mayoritariamente adherido hasta los tiempos de la Segunda Rep\u00fablica al antiestatismo y a un libertarismo m\u00e1s o menos hibridado con el anarquismo y el sindicalismo. Pi i Margall sincretiz\u00f3 la dimensi\u00f3n pol\u00edtica del federalismo norteamericano con la carga social con la que Proudhon us\u00f3 el concepto.<\/p>\n<p>La codificaci\u00f3n ideol\u00f3gica y pol\u00edtica del republicanismo federal corri\u00f3 finalmente a cargo de Pi i Margall, enraizado en el concepto de naci\u00f3n pol\u00edtica que incorpor\u00f3 tambi\u00e9n, pero de manera subordinada a ese concepto el criterio historicista. Pi i Margall formul\u00f3 las bases de un nuevo sistema territorial de car\u00e1cter federal, concebido de abajo a arriba, desde el derecho individual hasta el pacto de los componentes de la naci\u00f3n, que identificaba bajo el nombre com\u00fan de Espa\u00f1a, pero que sab\u00eda plural en sus caracter\u00edsticas econ\u00f3micas y culturales. Su federalismo no se limit\u00f3 a una segmentaci\u00f3n funcional del territorio del estado, reconoc\u00eda la diversidad cultural, ling\u00fc\u00edstica, los recorridos hist\u00f3ricos diferentes, aunque no part\u00eda de ellos de manera exclusiva para dibujar un patr\u00f3n territorial, que pod\u00eda distinguir tanto el estado catal\u00e1n, referido al Principado, como dividir Andaluc\u00eda en alta y baja. No ten\u00eda un matriz multinacional, por m\u00e1s que la pluralidad nacional estuviera acogida en \u00e9l. De manera congruente a su consideraci\u00f3n del federalismo como la forma m\u00e1s democr\u00e1tica de organizar pol\u00edticamente la soberan\u00eda nacional, desde abajo o si se quiere desde en medio \u2013ya que no era posible prescindir del poder, del estado en la acepci\u00f3n que le damos habitualmente\u2013, la entidad que materializaba el pacto federal era la Naci\u00f3n y los protagonistas del pacto eran los \u00abEstados\u00bb, vertebrados a su vez sobre el reconocimiento de los derechos individuales y de la soberan\u00eda en su \u00e1mbito de la primera unidad de convivencia, la municipal. Pi i Margall incluy\u00f3 el factor historicista, pero ya se ver\u00e1 m\u00e1s adelante que \u00e9ste era uno m\u00e1s de entre los criterios, entremezclados y muchas veces contradictorios, que los federales tuvieron en cuenta para determinar cu\u00e1les eran esos \u00abEstados\u00bb.<\/p>\n<p>Concluyendo sobre lo hasta ahora expuesto: el movimiento obrero, que empez\u00f3 a organizarse en la segunda mitad de la d\u00e9cada del treinta, se vincul\u00f3 tanto al progresismo como al federalismo por razones y objetivos sociales, con el primero porque esperaba de su gobierno de la naci\u00f3n; esta naci\u00f3n era entonces y para todos Espa\u00f1a \u2013tambi\u00e9n para los catalanes de la \u00e9poca\u2013 y no solo por una cuesti\u00f3n nominal, formal, sino porque se compart\u00eda la construcci\u00f3n pol\u00edtica de esa naci\u00f3n y se participaba de los proyectos m\u00e1s afines, o m\u00e1s atentos, a las clases trabajadoras. La adhesi\u00f3n al progresismo fue la m\u00e1s instrumental y entr\u00f3 en declive por la suma de las decepciones y el ascenso del republicanismo federal. La relaci\u00f3n con el republicanismo federal tuvo tambi\u00e9n un aspecto instrumental \u2013mutuo\u2013 pero \u00e9ste fue menor y se ciment\u00f3 sobre bases program\u00e1ticas comunes. Una fue la cuesti\u00f3n de la democracia: por un lado su concepci\u00f3n como un sistema construido desde abajo, desde la soberan\u00eda popular; por otro la defensa sin concesiones de lo que se entend\u00eda entonces \u2013con raz\u00f3n\u2013 el principio primero de la democracia: el sufragio universal (masculino). La segunda base, con mayor desarrollo entre el movimiento obrero y por ello con una persistencia por encima de la evoluci\u00f3n pol\u00edtica general y organizativa del federalismo, la de compartir propuestas alternativas al sistema de la nueva econom\u00eda capitalista no limit\u00e1ndose a esperar del republicanismo federal, cuando pudiera producirse su acceso al poder, leyes protectoras sino el desarrollo de una nueva forma de organizar la econom\u00eda que, cuando menos, introdujera junto al principio de la propiedad privada \u2013 exclusiva e intocable para todas las facciones liberales, incluido el tibio republicanismo de Castelar \u2013el de la acci\u00f3n colectiva, que se entendi\u00f3 en un sentido cooperativo\u2013. En ning\u00fan momento hubo ninguna invocaci\u00f3n de otra naci\u00f3n que no fuera la espa\u00f1ola y el entendimiento entre obreros y federales no se produjo sobre la base de la reforma territorial sino sobre la reforma social.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">4.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de septiembre de 1868, que derroc\u00f3 por primera vez a los Borbones para abrir un par\u00e9ntesis democr\u00e1tico de seis a\u00f1os, aceler\u00f3 la expansi\u00f3n del republicanismo federal, que hegemoniz\u00f3 el Partido Democr\u00e1tico y lo convirti\u00f3 en Partido Republicano Democr\u00e1tico Federal. De manera que a su existencia capilar, de base local y multi-organizativa, a su vocaci\u00f3n \u00abbullangera\u00bb a\u00f1adi\u00f3 una incipiente estructura partidaria y la experiencia de la acci\u00f3n pol\u00edtica, hasta llegar a la gubernamental. Al propio tiempo la revoluci\u00f3n, que adquiri\u00f3 una orientaci\u00f3n democr\u00e1tica, en el terreno de las libertades y de la representaci\u00f3n pol\u00edtica, con la instauraci\u00f3n del sufragio masculino universal y directo \u2013levantando el pen\u00faltimo velo de los que se hab\u00edan a\u00f1adido en C\u00e1diz; el \u00faltimo ser\u00eda el voto femenino en condiciones de igualdad y habr\u00eda de esperar a 1933, con la Segunda Rep\u00fablica\u2013 signific\u00f3 un salto cualitativo en la configuraci\u00f3n del movimiento obrero; su derecho de asociaci\u00f3n se ampli\u00f3 permitiendo que se alcanzara su mayor nivel de organizaci\u00f3n, coordinaci\u00f3n y definici\u00f3n ideol\u00f3gica y pol\u00edtica independiente con la constituci\u00f3n de la Federaci\u00f3n espa\u00f1ola de la Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional. Sin perderse por completo la vinculaci\u00f3n entre federalismo y obrerismo \u2013superficie ideol\u00f3gica de contacto, luchas comunes\u2013 el movimiento obrero empez\u00f3 a tener una ideolog\u00eda de clase y una voluntad de acci\u00f3n independiente y a considerar no solo la manera de eludir un sistema social, que se consider\u00f3 antag\u00f3nico, mediante microsociedades que se aislaran del sistema para construir entre sus l\u00edmites uno nuevo sino la alternativa general al sistema.<\/p>\n<p>Entre el oto\u00f1o de 1868 y el de 1869 el republicanismo federal y el movimiento obrero catal\u00e1n y en su conjunto las clases trabajadoras vivieron su etapa de mayor compenetraci\u00f3n, alentada por las perspectivas de democratizaci\u00f3n y reforma social que parec\u00edan abrirse. Inmediatamente despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n de septiembre se constituy\u00f3 en Barcelona una Direcci\u00f3n Central de Sociedades Obreras, que pas\u00f3 a denominarse Centro Federal de Sociedades Obreras a partir de comienzos de 1869, impulsada por trabajadores que ven\u00edan militando en el republicanismo federal; algunos de ellos hab\u00edan constituido en 1861 el Ateneu Catal\u00e0 de la Classe Obrera y hab\u00edan apoyado a Pi Margall en el debate entre \u00absocialistas\u00bb e \u00abindividualistas\u00bb (Farga Pellicer, Nuet,\u2026). El augurio de una revoluci\u00f3n pol\u00edtica democr\u00e1tica pareci\u00f3 confirmarse con el reconocimiento del sufragio masculino universal, a partir de 25 a\u00f1os, con lo que el derecho de voto pas\u00f3 del 2,5% de la poblaci\u00f3n al 24,2%; en Catalu\u00f1a \u2013por razones demogr\u00e1ficas\u2013 algo menos: el 22,5% (Mart\u00ednez Cuadrado, 1969; Termes, 1972) . Y el Congreso obrero que aquella Direcci\u00f3n Central organiz\u00f3 en Barcelona en diciembre de 1868 acord\u00f3 participar en las pr\u00f3ximas elecciones a Cortes Constituyentes dando su apoyo a las candidaturas republicanas.<\/p>\n<p>La movilizaci\u00f3n pol\u00edtica fue extraordinaria en Catalu\u00f1a, con una participaci\u00f3n en las elecciones de enero de 1869 en torno al ochenta por ciento de los electores y del 82% en la ciudad de Barcelona; y la movilizaci\u00f3n de las clases trabajadoras y populares, en particular, dieron un triunfo avasallador a las candidaturas federales que se hicieron con 28 de los 37 esca\u00f1os en disputa. En la capital catalana consiguieron 27.000 votos, m\u00e1s de la mitad del que se emiti\u00f3. No obstante, el Partido Republicano Democr\u00e1tico Federal, peor implantando territorialmente, sin el poder econ\u00f3mico y de coacci\u00f3n social de sus competidores mon\u00e1rquicos, no pudo hacer extensivo al resto de Espa\u00f1a, teniendo que conformarse con una minor\u00eda de 85 diputados en unas Cortes de cuatrocientos. Los mon\u00e1rquicos retuvieron el poder y Prim, vencedor de las elecciones, pudo gestionar la situaci\u00f3n y emprender su operaci\u00f3n de introducir en Espa\u00f1a una nueva dinast\u00eda comprometida con una monarqu\u00eda constitucional, consagrada por la constituci\u00f3n aprobada el 1 de junio de 1869. La decepci\u00f3n republicana fue importante y se expres\u00f3 en la divisi\u00f3n del partido entre \u00abben\u00e9volos\u00bb e \u00abintransigentes\u00bb y en el fracasado intento insurreccional de setiembre de 1869, manifestaci\u00f3n del esp\u00edritu bullanguero que segu\u00eda animando al federalismo. Y mayor a\u00fan fue la decepci\u00f3n de las organizaciones obreras, que empezaron a alejarse del partido federal y a ir asumiendo el rechazo a la pol\u00edtica, ya fuera en los t\u00e9rminos m\u00e1s radicales propuestos por Bakunin \u2013bajo cuya influencia se constituy\u00f3 en Espa\u00f1a la organizaci\u00f3n propia de la Primera Internacional\u2013 ya en los menos comprometidos ideol\u00f3gicamente, pero convergentes en la pr\u00e1ctica con los primeros, del grueso de los sindicatos obreros que decidieron situarse como tales al margen de la pol\u00edtica. En el Congreso Obrero de junio de 1870, que reuni\u00f3 a delegaciones de toda Espa\u00f1a para fundar la Federaci\u00f3n Regional Espa\u00f1ola de la Primera Internacional, la coincidencia entre antipol\u00edticos y apol\u00edticos impuso la decisi\u00f3n de rechazar cualquier participaci\u00f3n colectiva en la lucha pol\u00edtica. Esa decisi\u00f3n se tradujo en un descenso claro de la presencia de las clases trabajadoras en las siguientes elecciones (de 1871 a 1873), en las que la participaci\u00f3n electoral cay\u00f3 al 40% en Espa\u00f1a y en Barcelona se redujo hasta el 30%. Ni siquiera la proclamaci\u00f3n de la Primer Rep\u00fablica, el 11 de febrero de 1873, y la ampliaci\u00f3n del derecho a voto masculino hasta los varones que tuvieran cumplidos los 21 a\u00f1os anim\u00f3 la participaci\u00f3n obrera; una proclamaci\u00f3n fr\u00e1gil, forzada por el fracaso de la introducci\u00f3n de la dinast\u00eda de Saboya y la abdicaci\u00f3n de Amadeo I, que los mon\u00e1rquicos constitucionalista, sin Prim asesinado en diciembre de 1870, no estuvieron en condiciones de resolver.<\/p>\n<p>El movimiento obrero hab\u00eda adoptado, de forma mayoritaria, una posici\u00f3n de inhibici\u00f3n ante la pol\u00edtica, y desde luego ante la problem\u00e1tica de la construcci\u00f3n del estado y m\u00e1s adelante ante la de la relaci\u00f3n entre el estado, Espa\u00f1a, y el nuevo nacionalismo emergente en Catalu\u00f1a a finales del XIX. Era el sector que hab\u00eda hegemonizado la organizaci\u00f3n catalana de la Primera Internacional y que, ilegalizada \u00e9sta por la Restauraci\u00f3n borb\u00f3nica de 1874, recompuso con una definitiva orientaci\u00f3n anarquista la Federaci\u00f3n de Trabajadores de la Regi\u00f3n Espa\u00f1ola entre 1881 y 1889; tras la desaparici\u00f3n de esta \u00faltima, el anarquismo, en sus variantes de anarcolectivismo y anarcocomunismo, sigui\u00f3 siendo el ideario predominante en el panorama del obrerismo catal\u00e1n organizado en sindicatos de oficio que de vez en cuando establec\u00edan pactos de solidaridad local, sin llegar a una nueva unificaci\u00f3n organizativa general hasta que se constituy\u00f3 en 1909 el pacto de Solidaridad Obrera y de \u00e9l la Confederaci\u00f3n Nacional del Trabajo. Esa inhibici\u00f3n, no obstante, no exclu\u00eda compartir parte del discurso federalista del republicanismo catal\u00e1n, situ\u00e1ndolo en el terreno de la defensa del localismo, del municipio como unidad base de la organizaci\u00f3n social y del federalismo econ\u00f3mico. Esa fue la posici\u00f3n mayoritaria, pero no exclusiva. En el obrerismo catal\u00e1n perdur\u00f3, desde 1870 tambi\u00e9n, un sector minoritario que hab\u00eda adoptado el cooperativismo frente al colectivismo anarquista y que mantuvo una estrecha vinculaci\u00f3n con el republicanismo federal; y por otra parte a partir de finales de la d\u00e9cada del ochenta la fundaci\u00f3n del Partido Socialista Obrero Espa\u00f1ol y de la Uni\u00f3n General de Trabajadores, que tuvo lugar precisamente en Barcelona en 1888, incorpor\u00f3 tambi\u00e9n una minor\u00eda socialista, con d\u00e9bil y dispersa implantaci\u00f3n en un territorio dominado por anarquistas y federales.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n del movimiento obrero de orientaci\u00f3n anarquista sobre Espa\u00f1a como estado nacional y sobre el nacionalismo catal\u00e1n est\u00e1 fuera de duda y no queda alterada por el uso de la lengua materna, del catal\u00e1n, que hac\u00edan sus individuos y algunas publicaciones destinadas al p\u00fablico popular y obrero. Por el contrario desde la divisi\u00f3n del federalismo en \u00abben\u00e9volos\u00bb \u2013dispuestos a acatar la constituci\u00f3n mon\u00e1rquica de 1870 para desde ella seguir luchando por la rep\u00fablica y de aliarse incluso con los liberales radicales de Ruiz Zorrilla\u2013 e \u00abintransigentes\u00bb \u2013contrarios a tal acatamiento y defensores de una implantaci\u00f3n desde abajo, incluida la v\u00eda insurreccional, de la rep\u00fablica\u2013 ha dado pie a sostener la tesis de una primera g\u00e9nesis del catalanismo desde ese federalismo \u00abintransigente\u00bb (Termes, 1972), de un \u00abfederalismo pre-catalanista\u00bb que tuvo de hecho su primera piedra en el relato can\u00f3nico, en parte generativista, que Prat de la Riba hiciera del nacionalismo a comienzos de 1905; tesis que comprende una variante con la defensa de un federalismo finisecular que, incorporando las reivindicaciones catalanas se convertir\u00eda en catalanismo federal.<\/p>\n<p>Ciertamente los \u00abintransigentes\u00bb defendieron la variante m\u00e1s radical del federalismo y del principio del pacto de car\u00e1cter inicialmente confederal de la Rep\u00fablica y ante la evidencia del control del poder en 1869 por los mon\u00e1rquicos impulsaron la enfatizaci\u00f3n de esa construcci\u00f3n desde abajo, que habr\u00eda de iniciarse con la proclamaci\u00f3n de los Estados y culminarse con la uni\u00f3n de \u00e9stos en una Rep\u00fablica Confederal. Hay que hacer empero, algunas precisiones. Una, de car\u00e1cter sem\u00e1ntico, es la menor aunque pueda producir constantes equ\u00edvocos: los Estados, para los republicanos federales \u2013todos\u2013 eran las partes regionales de la Rep\u00fablica, siguiendo la terminolog\u00eda norteamericana, y no la parte nacional, que todos siguieron atribuyendo a Espa\u00f1a, aunque algunos m\u00e1s adelante incluyeran la idea de una uni\u00f3n ib\u00e9rica y la sustituci\u00f3n del nombre de la naci\u00f3n com\u00fan por el de Iberia. La otra es de contenido: los \u00abintransigentes\u00bb, establecido el principio de la constituci\u00f3n desde abajo, siempre defendieron que el resultado final era la federaci\u00f3n espa\u00f1ola, que la naci\u00f3n era Espa\u00f1a. Las pruebas documentales de eso son abrumadoras y para no cansar al lector reproducir\u00e9 algunas que considero significativas por lo claras y por su procedencia (Termes, 1972; Tr\u00edas Vejarano, 1975). Para empezar el t\u00edtulo mismo del documento program\u00e1tico que public\u00f3 a finales de 1868 <em>El Estado Catal\u00e1n<\/em>, peri\u00f3dico dirigido por Valent\u00ed Almirall, autor del documento y figura central de la \u00abintransigencia\u00bb y del supuesto precatalanismo federal: \u00abBases para la constituci\u00f3n de federal de la naci\u00f3n espa\u00f1ola y para la del estado de Catalu\u00f1a. Observaciones sobre el modo de plantearse la confederaci\u00f3n en Espa\u00f1a\u00bb. <em>El Estado Catal\u00e1n<\/em> segu\u00eda en 1870 en esa tesitura al postular en un art\u00edculo del peri\u00f3dico, el 26 de marzo: \u00abCuando cada Estado recobre su soberan\u00eda, cuando cada poblaci\u00f3n tenga su autonom\u00eda y todas puedan disponer por iniciativa propia de los medios de desenvolver sus elementos de riqueza, las provincias de Espa\u00f1a comprender\u00e1n que, lejos de ser opuestos sus intereses, se apoyan mutuamente\u00bb. Feliu i Codina, otro federal \u00abintransigente\u00bb escrib\u00eda, asimismo en <em>El Estado Catal\u00e1n<\/em> el 1 de enero de 1870: \u00abEl pa\u00eds no est\u00e1 cansado de Espa\u00f1a, porque no est\u00e1 cansado de s\u00ed mismo; el pa\u00eds est\u00e1 cansado de Madrid, de la centralizaci\u00f3n y destruyendo este centro que todo lo oprime y todo lo corroe quedar\u00e1 resuelto el problema hoy pendiente de soluci\u00f3n\u00bb. Un texto que aporta dos claves, Espa\u00f1a es el \u00abpa\u00eds\u00bb, la naci\u00f3n propia y el problema no es Espa\u00f1a sino el centralismo madrile\u00f1o. Como en el liberalismo catal\u00e1n de comienzos de siglo la posici\u00f3n era de anticastellanismo no antiespa\u00f1olismo; y como en aquel una carta reproducida en <em>El Estado Catal\u00e1n<\/em> el 7 de junio de 1873 evocaba la idea Catalu\u00f1a motor pol\u00edtico de Espa\u00f1a, ahora de una Espa\u00f1a republicana y federal: \u00abdos son las tendencias: la centralizaci\u00f3n castellana contra el federalismo hist\u00f3rico de la Espa\u00f1a aragonesa\u00bb.<\/p>\n<p>El seguimiento textual del tema es complicado, y farragoso; lleno de trampas sem\u00e1nticas y de contextualizaci\u00f3n, tambi\u00e9n por la imprecisi\u00f3n del discurso de los federales. Escrib\u00edan federaci\u00f3n y confederaci\u00f3n como si fueran la misma cosa pol\u00edtica, de la misma manera que lo hac\u00edan con los t\u00e9rminos autonom\u00eda e independencia. No distingu\u00edan entre esos t\u00e9rminos, pero m\u00e1s all\u00e1 de la consideraciones textuales lo indiscutible es la del contexto: los \u00abintransigentes\u00bb nunca fueron separatistas, como les acusaban desde las filas mon\u00e1rquicas y tambi\u00e9n desde el federalismo \u00abben\u00e9volo\u00bb; la independencia era un instante inicial que culminaba de inmediato en el pacto de uni\u00f3n federal, un pacto que a decir de Gon\u00e7al Serraclara, otro miembro destacado del grupo de Almirall, era \u00abun pacto federal perpetuo\u00bb. Y tampoco ayuda que entre los federales nunca llegaran a aclararse definitivamente cu\u00e1l hab\u00eda de ser el territorio de las partes, de los \u00abEstados\u00bb para cuya determinaci\u00f3n evocaban razones hist\u00f3ricas, geogr\u00e1ficas y administrativas de manera indiscriminada y mezclada, aunque s\u00ed es cierto que entre los correligionarios de Almirall prim\u00f3 el criterio historicista, junto con el de la raza. El proyecto de constituci\u00f3n federal de la Primera Rep\u00fablica, de 1873 \u2013que no pudo llegar a ser aprobado\u2013, tras sostener que la naci\u00f3n era Espa\u00f1a estableci\u00f3 que sus Estados eran diecisiete: Andaluc\u00eda Alta, Andaluc\u00eda Baja, Arag\u00f3n, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Catalu\u00f1a, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia y las Regiones Vascongadas; resulta dif\u00edcil decir cu\u00e1l era, si exist\u00eda, el criterio com\u00fan.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente desde ese panorama pod\u00eda inducirse a una asimilaci\u00f3n colectiva al catalanismo pol\u00edtico \u2013es decir a un catalanismo que sostuviera que la Naci\u00f3n era Catalu\u00f1a\u2013 de la parte de las clases trabajadoras que siguieron afectas al federalismo catal\u00e1n; \u00e9ste, adem\u00e1s, no secund\u00f3 a Almirall cuando en 1881 rompi\u00f3 con Pi i Margall y abandon\u00f3 el partido. El republicanismo conoci\u00f3 una larga traves\u00eda del desierto en el que, como es frecuente, lo m\u00e1s sobresaliente fueron las diferencias internas, hasta que la reinstauraci\u00f3n en 1891 del sufragio masculino universal por el gobierno Sagasta estimul\u00f3 su reactivaci\u00f3n; la dura experiencia del sexenio hab\u00eda alejado al federalismo del insurreccionalismo, del esp\u00edritu bullanguero de sus inicios, y el \u00fanico elemento en el que pod\u00eda prosperar era en el del parlamentarismo representativo. En Barcelona capital, donde la manipulaci\u00f3n siempre era m\u00e1s dif\u00edcil, la coalici\u00f3n republicana obtuvo 2 de los 5 esca\u00f1os en disputa; mientras que en el resto de la provincia se sumaron otros 2 del total de 13. El \u00e9xito se repiti\u00f3 y aument\u00f3 dos a\u00f1os despu\u00e9s, en las elecciones de 1893. Los diputados republicanos elegidos en la capital catalana pasaron a ser 4, casi copando el total en disputa; en el resto de la provincia sumaron 5 \u2013incluidos los posibilistas\u2013 un poco m\u00e1s de la tercera parte del total. El \u00e9xito no se limitaba al \u00e1mbito electoral, pol\u00edtico, se extendi\u00f3 tambi\u00e9n al de la movilizaci\u00f3n social. El Partido Republicano Democr\u00e1tico Federal conoci\u00f3 una nueva primavera y los federales avanzaron de manera muy particular en el mundo campesino (L\u00f3pez Astudillo, 1989), donde se convirtieron en los principales impulsores de la Federaci\u00f3n de Trabajadores Agr\u00edcolas de la Regi\u00f3n Espa\u00f1ola, sobre todo en las comarcas del Pened\u00e9s y el Garraf; fue precisamente esa exitosa incursi\u00f3n la que moviliz\u00f3 contra los federales no ya a las autoridades gubernativas sino a las burgues\u00edas rurales, las mismas que estaban empezando a incorporarse al emergente movimiento catalanista. El fraude electoral, favorecido por lo caciques locales, fue generalizado en contra de los federales que vieron interrumpida su progresi\u00f3n dejando expedito el espacio de la alternativa territorial al nuevo movimiento catalanista que persigui\u00f3 desde su asamblea de Manresa, en 1892, una \u00abConstituci\u00f3n regional catalana\u00bb de la que estaba ausente la democracia y muy presente el corporativismo y la a\u00f1oranza de la sociedad estamental.<\/p>\n<p>La hegemon\u00eda burguesa y catalanista de fin de siglo abri\u00f3 la comunicaci\u00f3n entre el segmento m\u00e1s popular del catalanismo y el federalismo; aunque no ha de forzarse esa relaci\u00f3n hasta alterar el orden de las identidades y hablar de un catalanismo federalista, cosa que no hicieron los coet\u00e1neos. Los federales que se aproximaron al catalanismo, o la \u00abdemocracia federalista catalana\u00bb como escrib\u00eda Valles i Ribot en 1889, pon\u00edan en primer t\u00e9rmino la identidad federal y no al rev\u00e9s; nunca cambiaron de naci\u00f3n ni abjuraron de su propia personalidad pol\u00edtica. La figura federal que m\u00e1s entr\u00f3 en el campo del catalanismo, Roca Farreres, por su insistencia en calificar a Catalu\u00f1a como naci\u00f3n ha sido considerado, con exageraci\u00f3n, precursor del independentismo; lo pudo ser en alg\u00fan momento de su actividad publicista, pero no en sus propuestas pol\u00edticas concretas, que se situaron como m\u00e1ximo en el campo del confederalismo (Gabriel, 2007) El t\u00e9rmino del \u00abcatalanismo progresivo\u00bb, un catalanismo del futuro \u00abdemocr\u00e1tico, republicano y revolucionario\u00bb, que Roca Farreres utiliz\u00f3 en 1873, fue un recurso de propaganda no una propuesta pol\u00edtica espec\u00edfica y no tuvo ninguna traducci\u00f3n en el catalanismo hasta que esa idea se retomara m\u00e1s treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde. La acu\u00f1aci\u00f3n fundacional del catalanismo no habr\u00eda de ser en absoluto ni democr\u00e1tico, ni republicano, ni revolucionario y habr\u00eda de considerar al movimiento obrero como un antagonista absoluto.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] Las abdicaciones de Carlos IV y de su hijo Fernando, forzadas por Napole\u00f3n, en beneficio de su hermano Jos\u00e9 Bonaparte, el 7 de mayo de 1808.<br \/>\n[2] Doy las cifras redondeadas. Los 900.000 es el volumen aceptado por Fontana en su s\u00edntesis de la historia de Catalu\u00f1a, publicado en 1988. El primer censo moderno fue el de 1857, que registr\u00f3 1.652.291 habitantes; que pasaron a 1.673.842 en el de res a\u00f1os m\u00e1s tarde.<br \/>\n[3] Es casi ocioso recordar la obra cumbre de Pierre Vilar; en t\u00e9rminos de poblaci\u00f3n, pas\u00f3 de medio mill\u00f3n de habitantes tras la Guerra de Sucesi\u00f3n a esa cifra que iba camino del mill\u00f3n al acabar el siglo.<br \/>\n[4] Todos los datos corresponden a los trabajos de Josep Iglesies de 1959, 1961 y 1969-1970.<br \/>\n[5] Joaquin Romero Maura, <em>La Rosa de fuego. Republicanos y anarquistas. La pol\u00edtica de los obreros barceloneses entre el desastre colonial y la Semana Tr\u00e1gica. 1899-1909<\/em>. Barcelona, 1975. P\u00e1g. 126.<br \/>\n[6] Uno de los fundadores de la Asociaci\u00f3n Mutua de Obreros de la Industria Algodonera de Barcelona, registrada legalmente en 1840, la primera organizaci\u00f3n en la historia del obrerismo catal\u00e1n.<br \/>\n[7] Citado por Anna Mar\u00eda Garc\u00eda Rovira en \u00abRadicalismo liberal, republicanismo y revoluci\u00f3n\u00bb, <em>Ayer<\/em>, n\u00ba 29, 1998<br \/>\n[8] Citado por Marfany (2017).<br \/>\n[9] Del ingl\u00e9s \u00abself-acting\u00bb denominaci\u00f3n que se dio las m\u00e1quinas de hilar autom\u00e1ticas, rechazadas por los trabajadores por la reducci\u00f3n de mano de obra que supon\u00edan.<br \/>\n[10] Citado por Anna Mar\u00eda Garc\u00eda Rovira en \u00abLos proyectos de Espa\u00f1a en la revoluci\u00f3n liberal. Federalistas y centralistas ante la inserci\u00f3n de Catalu\u00f1a en Espa\u00f1a (1835-1837)\u00bb <em>Hispania<\/em>, n\u00ba 59, 1999.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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