{"id":1346,"date":"2010-02-07T00:00:00","date_gmt":"2010-02-07T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1346"},"modified":"2020-02-22T11:04:34","modified_gmt":"2020-02-22T10:04:34","slug":"apologia-del-apagon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1346","title":{"rendered":"Apolog\u00eda del apag\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>La Calle del Medio\/Rebeli\u00f3n<\/p>\n<p>Los aeropuertos se han convertido en el s\u00edmbolo y el motor de la civilizaci\u00f3n capitalista: lugares de paso -hacia otros lugares de paso- donde est\u00e1 siempre a punto de estancarse un tiempo muerto, o un tiempo-basura, cuya superfluidad total s\u00f3lo puede dirigirse hacia el consumo. En el Leonardo da Vinci, en Roma, hace dos a\u00f1os, tuve una experiencia angustiosa. En tr\u00e1nsito hacia T\u00fanez, me dirig\u00eda hacia mi puerta de embarque por un pasillo de maravillas, flanqueado por una sucesi\u00f3n de caf\u00e9s, comercios y boutiques -todas las marcas, todos los prestigios- que saturaban de luz cegadora hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n del campo visual. De pronto, a mi derecha, un enorme cartel apremiante me alert\u00f3 de las consecuencias de seguir avanzando. Se me encogi\u00f3 el coraz\u00f3n. \u201cATENCI\u00d3N. Todav\u00eda est\u00e1 usted a tiempo de volver atr\u00e1s. A partir de este punto ya no hay tiendas\u201d. Lo malo no es que a partir de ese punto no hubiera tiendas; es que no hab\u00eda nada. Las puertas de embarque hab\u00edan sido confinadas en un espacio intencionadamente desnudo y sombr\u00edo, sucio y vac\u00edo, abandonado a su suerte. Como en los cuentos, si se hac\u00eda caso omiso de la advertencia se pasaba abruptamente de un mundo brillante y colorido a otro s\u00f3rdido y amenazador: de la felicidad a la pesadumbre, de la libertad a la prisi\u00f3n, de la luz a la oscuridad. El efecto era tan traum\u00e1tico que resultaba imposible no volver sobre los propios pasos para buscar con ansiedad, no alimentos, bebidas o chucher\u00edas, no, sino un poco de luz el\u00e9ctrica.<\/p>\n<p>Somos adictos al sexo, a la velocidad, a los espect\u00e1culos, al pl\u00e1stico, pero somos adictos, sobre todo, a la luz el\u00e9ctrica. No hay nada de extra\u00f1o en nuestra dependencia energ\u00e9tica; sin ella ni la industria ni la sanidad ni la cultura ser\u00edan ya posibles. Lo extra\u00f1o es nuestra dependencia est\u00e9tica; el hecho, es decir, de que esa luz que el novelista ingl\u00e9s Robert Louis Stevenson consideraba, por contraste con la del fuego, \u201cun horror para realzar otros horrores\u201d, nos parezca tan hermosa, hasta el punto de que su prestigio se utiliza para reforzar todas las otras adicciones. La Raz\u00f3n, que los franceses llamaban les lumi\u00e8res -las luces- s\u00f3lo necesitaba una lamparita para activarse; las luces que persiguen y destierran hoy todas las sombras han acabado por ofuscar y cegar a la Raz\u00f3n misma. \u00bfNecesitamos tanta luz? \u00bfEs realmente bonita la luz el\u00e9ctrica? \u00bfEs de verdad interesante una luz que no produce sombras?<\/p>\n<p>Nunca me atrever\u00eda a hacer en Cuba una \u201capolog\u00eda del apag\u00f3n\u201d, pero todos los ni\u00f1os saben cu\u00e1ntos mundos m\u00e1s excitantes se ocultan detr\u00e1s de ese muro de claridad plana; cuando cae se levantan tras \u00e9l profundidades inauditas. En las casas tradicionales japonesas, nos cuenta el escritor Tanizaki, el centro del hogar no era la televisi\u00f3n sino un \u201chueco\u201d -el toko no ma &#8211; destinado a delimitar una sombra como punto de arraigo y exploraci\u00f3n de la mirada. La sombra, que es la ropa del tiempo, ha sido arrancada de todas las superficies en un frenes\u00ed de vatios, trapos y cosm\u00e9ticos. No s\u00f3lo hemos acabado por identificar la seguridad, la higiene y la belleza con la luz el\u00e9ctrica sino que tambi\u00e9n la asociamos a la emoci\u00f3n del espect\u00e1culo. Al contrario de lo que le ocurre a la raz\u00f3n, nada inm\u00f3vil y oscuro puede atraer la mirada del consumidor.<\/p>\n<p>Y sin embargo, el primer espect\u00e1culo, aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud. El exceso de luz del capitalismo, lo sabemos, tiene un coste ecol\u00f3gico insostenible: el mediod\u00eda perpetuo de las grandes ciudades -mientras 2.000 millones de personas permanecen a oscuras- consume 1,5 Gtep de energ\u00eda el\u00e9ctrica, del que el 81% procede de centrales termoel\u00e9ctricas. Dubai, el pa\u00eds con la mayor huella ecol\u00f3gica del planeta, acaba de construir la torre m\u00e1s alta del mundo, 860 metros, cuyo consumo diario de electricidad -mientras un keniata disfruta de tan s\u00f3lo 140 kwh al a\u00f1o- equivale a 500.000 bombillas de 100 w encendidas al mismo tiempo y sin interrupci\u00f3n. Pero la llamada \u201ccontaminaci\u00f3n lum\u00ednica\u201d no tiene s\u00f3lo un coste ecol\u00f3gico de dimensiones catastr\u00f3ficas; se acompa\u00f1a tambi\u00e9n de una cat\u00e1strofe cultural, est\u00e9tica, antropol\u00f3gica. En el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas. En las ciudades, donde vive ya la mayor parte de la humanidad, si levantamos la cabeza (\u00bfy qui\u00e9n va a levantar la cabeza habiendo vitrinas iluminadas a un lado y otro de la calle?) apenas si alcanzamos a distinguir entre doscientas y diez estrellas, seg\u00fan se viva m\u00e1s o menos cerca del centro urbano. Un estudio de Global at nigt indica que el 99% de la poblaci\u00f3n estadounidense y europea y los dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial vive bajo un cielo fotocontaminado. M\u00e1s inquietante a\u00fan: el 93% de los habitantes de Estados Unidos, el 90% de los europeos y el 40% de la poblaci\u00f3n mundial vive en un permanente y artificial claro de luna. Pero m\u00e1s inquietante a\u00fan: el 80% de los estadounidenses, el 70% de los europeos y m\u00e1s de un cuarto de la poblaci\u00f3n mundial vive en un falso plenilunio ininterrumpido. Para ellos -para nosotros- nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la V\u00eda L\u00e1ctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.<\/p>\n<p>\u00bfEs muy grave esta p\u00e9rdida? En uno de sus m\u00e1s famosos poemas de amor, Neruda escribi\u00f3: \u201cLa noche est\u00e1 estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos\u201d. Al final de una de sus m\u00e1s famosas obras, el fil\u00f3sofo Kant escribi\u00f3: \u201cDos cosas llenan el \u00e1nimo de admiraci\u00f3n y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con m\u00e1s frecuencia y aplicaci\u00f3n se ocupa de ellas la reflexi\u00f3n: el cielo estrellado sobre m\u00ed y la ley moral en m\u00ed\u201d. Y en uno de los pasajes de una de sus m\u00e1s famosas novelas, Joseph Conrad escribi\u00f3: \u201cEra una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de roc\u00edo, que oprimen el esp\u00edritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9? \u00bfEs tan grave no poder escribir ya frases como \u00e9sta? \u00bfHabr\u00e1 que conservar las estrellas por cursi elitismo literario? No. Fueron necesarios millones de a\u00f1os de evoluci\u00f3n para que una criatura viva se irguiese sobre sus pies, rellenase su casco craneal y levantase sus ojos hacia las estrellas. Desde all\u00ed se vio, desde all\u00ed se conoci\u00f3, desde all\u00ed interioriz\u00f3 sus l\u00edmites: mediante ese gesto de alzar la cabeza hacia el cielo para compararse con \u00e9l, un animal -y s\u00f3lo \u00e9se- se hizo humano. El amor, la moral, la raz\u00f3n, la conciencia de la mortalidad -que es de lo que hablan Neruda, Kant y Conrad cuando evocan las estrellas- son inseparables de esa transformaci\u00f3n. Y la contaminaci\u00f3n lum\u00ednica, por tanto, tiene el efecto de un retroceso catastr\u00f3fico en la evoluci\u00f3n filogen\u00e9tica de la Humanidad. En un tiempo estuvimos encerrados en valvas, escamas, plumas, pieles, sin ninguna salida a la luz; hoy estamos encerrados precisamente en nuestra luz, de la que no podemos salir hacia las estrellas.<\/p>\n<p>Es imperativo desintoxicarse de la luz el\u00e9ctrica, reacostumbrarse a la belleza de las sombras, recuperar el misterio y profundidad de la raz\u00f3n. S\u00ed, me voy a atrever a hacer una apolog\u00eda del apag\u00f3n: del apag\u00f3n controlado, relativo, igualitario, liberador, humanizador. De ese apag\u00f3n que embridar\u00e1 los vatios y desnudar\u00e1 los astros, velados por un puritano exceso de luz. De ese apag\u00f3n que apagar\u00e1 Dubai y Nueva York y encender\u00e1 la Osa Mayor. De ese apag\u00f3n, en fin, del que depende, en materia y en esp\u00edritu, la posibilidad misma de formar parte de la Humanidad.<\/p>\n<p>\u00bfEs apag\u00f3n? \u00bfO es revoluci\u00f3n?<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/wmail44.telefonica.net\/cp\/ps\/Mail\/ExternalURLProxy?d=&amp;u=&amp;url=-658874874\">http:\/\/www.rebelion.org\/noticia.php?id=99585<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Apolog\u00eda del apag\u00f3n<\/p>\n<p>Santiago Alba Rico<\/p>\n<p>La Calle del Medio\/Rebeli\u00f3n<\/p>\n<p>Los aeropuertos se han convertido en el s\u00edmbolo y el motor de la civilizaci\u00f3n capitalista: lugares de paso -hacia otros lugares de paso- donde est\u00e1 siempre a punto de estancarse un tiempo muerto, o un tiempo-basura, cuya superfluidad total s\u00f3lo puede dirigirse hacia el consumo. En el Leonardo da Vinci, en Roma, hace dos a\u00f1os, tuve una experiencia angustiosa. En tr\u00e1nsito hacia T\u00fanez, me dirig\u00eda hacia mi puerta de embarque por un pasillo de maravillas, flanqueado por una sucesi\u00f3n de caf\u00e9s, comercios y boutiques -todas las marcas, todos los prestigios- que saturaban de luz cegadora hasta el \u00faltimo rinc\u00f3n del campo visual. De pronto, a mi derecha, un enorme cartel apremiante me alert\u00f3 de las consecuencias de seguir avanzando. Se me encogi\u00f3 el coraz\u00f3n. \u201cATENCI\u00d3N. Todav\u00eda est\u00e1 usted a tiempo de volver atr\u00e1s. A partir de este punto ya no hay tiendas\u201d. Lo malo no es que a partir de ese punto no hubiera tiendas; es que no hab\u00eda nada. Las puertas de embarque hab\u00edan sido confinadas en un espacio intencionadamente desnudo y sombr\u00edo, sucio y vac\u00edo, abandonado a su suerte. Como en los cuentos, si se hac\u00eda caso omiso de la advertencia se pasaba abruptamente de un mundo brillante y colorido a otro s\u00f3rdido y amenazador: de la felicidad a la pesadumbre, de la libertad a la prisi\u00f3n, de la luz a la oscuridad. El efecto era tan traum\u00e1tico que resultaba imposible no volver sobre los propios pasos para buscar con ansiedad, no alimentos, bebidas o chucher\u00edas, no, sino un poco de luz el\u00e9ctrica. <\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1346","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-condiciones-de-vida"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1346","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1346"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1346\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1346"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1346"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1346"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}