{"id":13601,"date":"2023-04-18T05:00:13","date_gmt":"2023-04-18T04:00:13","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13601"},"modified":"2023-04-18T00:26:48","modified_gmt":"2023-04-17T23:26:48","slug":"prologo-a-cartas-desde-la-carcel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13601","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo a <i>Cartas desde la c\u00e1rcel<\/i>"},"content":{"rendered":"<p><em> El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se han organizado diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Pr\u00f3logo de Antonio Gramsci, <\/em>Cartas desde la c\u00e1rcel<em>, Madrid: Veintisieteletras, 2009 (traducci\u00f3n de Esther Ben\u00edtez).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>1. <\/b>Antonio Gramsci ha sido seguramente el pensador marxista m\u00e1s original del per\u00edodo de entreguerras y, con Guevara, probablemente el m\u00e1s apreciado por los comunistas marxistas que vivieron en la segunda mitad del siglo XX. Cuando el siglo tocaba ya a su fin el historiador brit\u00e1nico Eric Hobsbwam recordaba que Antonio Gramsci se hab\u00eda convertido en el pensador italiano m\u00e1s repetidamente citado en las publicaciones de humanidades y ciencias sociales. No es nada habitual que coincidan el aprecio pol\u00edtico y el aprecio acad\u00e9mico en una misma persona. Pero, sin duda, esto tiene su explicaci\u00f3n en el caso de Gramsci. Se debe a que \u00e9l fue tambi\u00e9n un hombre de acci\u00f3n, a que su biograf\u00eda conmueve a toda persona sensible y, sobre todo, al gran inter\u00e9s que despertaron en muchos pa\u00edses del mundo tres colecciones de escritos suyos: las intervenciones period\u00edsticas y pol\u00edtico-culturales de los a\u00f1os 1917 a 1926; los treinta y tres cuadernos que redact\u00f3 durante el largo per\u00edodo carcelario al que fue condenado por el fascismo mussoliniano, conocidos como <i>Quaderni del carcere;<\/i> y el aproximadamente medio millar de cartas que, desde aquellas prisiones, envi\u00f3 a familiares y amigos entre l926 y l937<i>.<\/i><\/p>\n<p>Antonio Gramsci hab\u00eda nacido en 1891, en Ales, en la isla de Cerde\u00f1a, en el seno de una familia modesta y numerosa. Su padre era empleado del Estado. A los cinco a\u00f1os, y probablemente a consecuencia de una ca\u00edda y de una enfermedad mal curadas, sufri\u00f3 una deformaci\u00f3n de la columna vertebral que empezar\u00eda a ser visible desde los siete a\u00f1os. Para colmo, por entonces el padre fue detenido, acusado de irregularidades administrativas, y encarcelado durante los seis a\u00f1os siguientes. La familia, a cargo de la madre, tuvo que trasladarse a Ghilarza en condiciones casi de miseria. Y, como consecuencia, Antonio Gramsci tuvo que combinar desde ni\u00f1o los estudios en la escuela con trabajos varios en la oficina del catastro del lugar.<\/p>\n<p>En el Instituto se interes\u00f3 por el movimiento autonomista sardo y por el llamado \u00absocialismo campesino\u00bb de Gaetano Salvemini. All\u00ed empez\u00f3 a leer, entre otras cosas, a dos de los exponentes de la cultura italiana de la \u00e9poca, a Croce y a Papini. A los veinte a\u00f1os Antonio Gramsci gan\u00f3 una beca estatal para estudiantes pobres y pudo ir a estudiar a Tur\u00edn. Se matricul\u00f3 en la Facultad de Letras de la universidad de aquella ciudad industrial para cursar filolog\u00eda moderna. Asisti\u00f3 tambi\u00e9n a cursos de Derecho, en cuyas aulas coincidi\u00f3 e hizo amistad con Palmiro Togliatti. Poco antes de que estallara la primera guerra mundial el joven Gramsci viv\u00eda en Tur\u00edn en condiciones de pobreza. Ingres\u00f3 en el partido socialista y en los dos a\u00f1os siguientes, entre 1914-1916, public\u00f3 sus primeros art\u00edculos period\u00edsticos sobre temas de pol\u00edtica, educaci\u00f3n y cultura. Hizo adem\u00e1s cr\u00f3nica teatral y ciudadana.<\/p>\n<p>En sus a\u00f1os de estudiante universitario en Tur\u00edn Gramsci sufri\u00f3 frecuentes cefaleas, tuvo alg\u00fan que otro desvanecimiento y pas\u00f3 por una depresi\u00f3n nerviosa. Tampoco esta vez le curaron bien. Eso motiv\u00f3 que tuviera problemas para presentarse a los ex\u00e1menes universitarios y terminar as\u00ed la carrera de fil\u00f3logo que hab\u00eda iniciado. Sigui\u00f3 dedic\u00e1ndose al periodismo y, como tantos otros j\u00f3venes universitarios europeos de aquella \u00e9poca, experiment\u00f3 el impacto de la revoluci\u00f3n rusa de octubre de 1917. Al a\u00f1o siguiente Antonio Gramsci ten\u00eda el alma dividida: dudaba entre doctorarse con una tesis de historia del lenguaje o dedicarse a la actividad pol\u00edtico-cultural. Lleg\u00f3 a bosquejar entonces lo que podr\u00eda haber sido su tesis de fil\u00f3logo y public\u00f3 varios art\u00edculos, alguno de ellos muy agudo, de interpretaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n rusa. Por entonces ley\u00f3 a Lenin y en 1919 contribuy\u00f3 a fundar una de las m\u00e1s interesantes publicaciones de orientaci\u00f3n socialista de la \u00e9poca: <i>L&#8217;Ordine nuovo.<\/i><\/p>\n<p>La publicaci\u00f3n de <i>L&#8217;Ordine nuovo<\/i> coincidi\u00f3 con un periodo revolucionario en Italia que afect\u00f3 particularmente a la ciudad industrial de Tur\u00edn: los obreros ocuparon las f\u00e1bricas y as\u00ed naci\u00f3 el movimiento de los consejos, el consejismo, que desbord\u00f3 enseguida a los sindicatos. Gramsci fue entonces uno de los impulsores y te\u00f3ricos de este movimiento, inspirado en parte en lo que hab\u00edan sido los soviets en Rusia. En 1921 nac\u00eda el partido comunista de Italia, al que Gramsci se afili\u00f3. Desde entonces quedar\u00eda ya definitivamente vinculado a la actividad pol\u00edtica revolucionaria. Aquel mismo a\u00f1o empezaban tambi\u00e9n en Italia las actividades violentas del fascismo. En 1922 Antonio Gramsci sal\u00eda para Mosc\u00fa con los delegados italianos de la III Internacional. Pero en Mosc\u00fa volvi\u00f3 a sentirse enfermo y tuvo que ser ingresado en el sanatorio de Serebraniani bor, donde conoci\u00f3 a Julia Schucht (a trav\u00e9s de su hermana Eugenia que estaba tambi\u00e9n ingresada all\u00ed).<\/p>\n<p>Estando Gramsci en Mosc\u00fa, el 28 de octubre de 1922, se produjo la Marcha sobre Roma, que permitir\u00eda a Benito Mussolini hacerse con el poder en Italia. No mucho despu\u00e9s empezar\u00eda la caza de comunistas (que por aquellas fechas no deb\u00edan llegar a diez mil en toda Italia). Para Antonio Gramsci aquellos fueron a\u00f1os vividos con una gran intensidad, tanto en el \u00e1mbito pol\u00edtico como en el sentimental. En 1924 pas\u00f3 a formar parte del n\u00facleo dirigente del PCI y en las elecciones de aquel mismo a\u00f1o fue elegido diputado al parlamento por Venecia. Aun a sabiendas del riesgo que corr\u00eda ante el endurecimiento de las medidas represivas del fascismo, Gramsci regres\u00f3 a Italia, desde Viena, en mayo de 1925, poco antes del asesinato de Matteotti, que significar\u00eda una nueva fase en la historia del fascismo italiano. Cinco meses despu\u00e9s nac\u00eda, en Mosc\u00fa, el primer hijo de Antonio Gramsci y Julia Schucht, Delio.<\/p>\n<p>Entre el oto\u00f1o de 1925 y el oto\u00f1o de 1926 Antonio Gramsci desplegar\u00eda un desbordante y agotador trabajo pol\u00edtico y organizativo s\u00f3lo paliado por un descanso para las vacaciones familiares durante el verano. Julia Schucht, con su hijo Delio, estuvieron en Italia unos pocos meses, entre octubre del 1925 y agosto de 1926, fecha, esta \u00faltima, en la que, a punto de dar a luz de nuevo y ante el auge del fascismo en Italia, prefiri\u00f3 regresar a Mosc\u00fa. All\u00ed naci\u00f3 tambi\u00e9n el segundo hijo de Gramsci, Giuliano.<br \/>\nDe las m\u00faltiples cosas que hizo Gramsci en los meses inmediatamente anteriores a su detenci\u00f3n hay dos que conviene mencionar aqu\u00ed por la influencia que tuvieron en los a\u00f1os que iba a pasar en la c\u00e1rcel: protest\u00f3 por la forma en que se estaban llevando las discusiones pol\u00edticas en el n\u00facleo dirigente del PCUS (lo que dar\u00eda origen a un conflicto con su amigo y compa\u00f1ero Palmiro Togliatti) y escribi\u00f3 un ensayo sobre la cuesti\u00f3n meridional en Italia (que est\u00e1 en el base de muchas interesantes anotaciones de los <i>Quaderni del carcere<\/i>). Esto iba a coincidir con la supresi\u00f3n de las garant\u00edas constitucionales en Italia y con la persecuci\u00f3n, abierta ya, del partido comunista. Antonio Gramsci fue detenido por la polic\u00eda fascista el 8 de noviembre de 1926.<\/p>\n<p>Ten\u00eda entonces treinta y cinco a\u00f1os y actuaba como primer secretario del partido comunista de Italia.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>2. <\/b>Se han conservado casi quinientas cartas escritas por Antonio Gramsci desde noviembre de 1926 hasta comienzos de 1937, pocos meses antes de su muerte. Este epistolario ha sido habitualmente editado con el t\u00edtulo de <i>Cartas de la c\u00e1rcel<\/i> o, como es el caso aqu\u00ed, <i>desde la c\u00e1rcel<\/i>, aunque, hablando con propiedad, no todas ellas fueron escritas desde las distintas prisiones por las que Gramsci pas\u00f3. Algunas de estas cartas fueron redactadas desde el destierro en la isla de Ustica, lugar al que fue trasladado junto con otros militantes antifascistas, despu\u00e9s de la detenci\u00f3n, a la espera del juicio, y donde vivi\u00f3, vigilado, pero en una casa particular, entre diciembre de 1926 y enero de 1927. Otras cartas fueron escritas desde las cl\u00ednicas a las que fue enviado, ya muy enfermo, desde finales del a\u00f1o 1933: la cl\u00ednica del doctor Cusumano, en Formia (desde diciembre de 1933 a agosto de 1935) y la cl\u00ednica Quisisana, de Roma, en la que Gramsci permaneci\u00f3, ya en libertad pero vigilada, desde esa \u00faltima fecha hasta muy poco antes de morir, en abril de 1937.<\/p>\n<p>Con esta precisi\u00f3n, se puede a\u00f1adir ya que el t\u00edtulo con el que se publican las cartas est\u00e1 justificado, pues la mayor\u00eda de ellas fueron efectivamente escritas desde la prisi\u00f3n: desde la c\u00e1rcel de San Vittore, en Mil\u00e1n, y desde la casa penal de Turi de Bari, en la que Gramsci, ya condenado, estuvo encarcelado durante cinco a\u00f1os, desde 1928 hasta 1933. Las cartas est\u00e1n dirigidas preferentemente a los familiares: a la cu\u00f1ada, Tatiana o Tania (una parte de ellas tambi\u00e9n para Julia, su esposa, o con la intenci\u00f3n de que fueran conocidas por Piero Sraffa, el amigo economista que hac\u00eda de enlace con la direcci\u00f3n del partido comunista); otra parte importante de las cartas est\u00e1n dirigidas a la propia Julia Schucht, y a los hijos, Delio y Giuliano (los dos, con la madre, en Mosc\u00fa). Un n\u00famero mucho m\u00e1s reducido del epistolario de ese per\u00edodo est\u00e1 formado por cartas dirigidas a la madre (que muri\u00f3 en Ghilarza, Cerde\u00f1a, en diciembre de 1932, aunque Gramsci no lo supo hasta bastante tiempo despu\u00e9s), a los hermanos y a otros parientes.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta la acusaci\u00f3n por la que Gramsci hab\u00eda sido detenido, juzgado y encarcelado, as\u00ed como la ilegalizaci\u00f3n del partido comunista por el r\u00e9gimen mussoliniano, Gramsci apenas pod\u00eda escribir directamente desde la c\u00e1rcel a los amigos pol\u00edticos. Esto explica que haya pocas cartas con tales destinatarios. Adem\u00e1s, los avatares de la lucha pol\u00edtica en aquellos tiempos han hecho que la mayor\u00eda de las cartas que Gramsci escribi\u00f3 a amigos pol\u00edticos entre 1927 y 1935 se hayan perdido. Por otra parte, a partir de 1934 el epistolario con su principal corresponsal, Tatiana Schucht, decae debido al hecho de que \u00e9sta y Piero Sraffa pod\u00edan visitar peri\u00f3dicamente a Gramsci en la cl\u00ednica de Formia en que estaba ingresado, cosa que efectivamente hicieron, de manera que casi todas las cartas desde esa fecha hasta 1937 est\u00e1n dirigidas a los familiares que viv\u00edan en la URSS, o sea, a la mujer, Julia Schucht, y a los hijos.<\/p>\n<p>Una parte importante de la correspondencia de Gramsci entre 1926 y 1937 fue dada a conocer por primera vez despu\u00e9s de acabar la segunda guerra mundial, en 1947, con el t\u00edtulo de <i>Lettere dal carcere<\/i>. Aquella edici\u00f3n hizo de Gramsci un h\u00e9roe de la resistencia antifascista. El valor literario de las cartas fue reconocido con la concesi\u00f3n del Premio Viareggio y alabado por Benedetto Croce, Eugenio Garin, Italo Calvino y otros muchos relevantes intelectuales italianos de la \u00e9poca. La edici\u00f3n de 1947 inclu\u00eda 218 textos, algunos de ellos expurgados de los pasos que el entonces grupo dirigente del PCI, encabezado por Palmiro Togliatti, consider\u00f3 inconveniente hacer p\u00fablicos, bien porque en ellos se alud\u00eda a cuestiones familiares delicadas, bien a controversias pol\u00edticas sobre las que no se quer\u00eda volver en aquel momento.<\/p>\n<p>Muchas de las cartas no publicadas en 1947 fueron recuperadas en una nueva edici\u00f3n preparada para la editorial Einaudi por Sergio Caplioglio y Elsa Fubini en 1965. Este volumen, que en los a\u00f1os siguientes fue traducido a numerosas lenguas, conten\u00eda ya 428 cartas de Gramsci, 119 de las cuales eran in\u00e9ditas por entonces. Adem\u00e1s, se restauraron en \u00e9l los pasos que el primer editor hab\u00eda considerado inconvenientes. Esta edici\u00f3n de Fubini y Caprioglio ha sido la habitualmente manejada en la \u00e9poca de mayor auge de los estudios gramscianos en Europa, desde la segunda mitad de la d\u00e9cada de los sesenta hasta finales de la d\u00e9cada de los setenta, \u00e9poca que coincidi\u00f3 tambi\u00e9n con la conversi\u00f3n del partido comunista en la organizaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s importante de Italia. Es tambi\u00e9n la que utiliz\u00f3 Esther Ben\u00edtez para la traducci\u00f3n al castellano de su selecci\u00f3n de las cartas.<\/p>\n<p>Ya en los a\u00f1os setenta el diario <i>L\u00b4Unit\u00e0<\/i>, el semanario <i>Rinascita <\/i>y otras publicaciones peri\u00f3dicas italianas fueron dando a conocer algunas piezas m\u00e1s del epistolario gramsciano de los a\u00f1os de la c\u00e1rcel. Despu\u00e9s de la muerte de Julia Schucht, la mujer de Gramsci, en 1980, su hijo Giuliano hizo donaci\u00f3n al partido comunista italiano de las \u00faltimas cartas in\u00e9ditas que hab\u00eda conservado la familia en Mosc\u00fa y \u00e9stas, a su vez, incluidas en diversas recopilaciones prologadas o comentadas por Valentino Gerratana, Nicola Badaloni, Paolo Spriano, Mimma Paulesu Quercioli, Aldo Natoli, Giuseppe Fiori y Antonio A. Santucci.<\/p>\n<p>Una nueva edici\u00f3n de las cartas de la c\u00e1rcel, sin duda la m\u00e1s completa hoy disponible, apareci\u00f3 en 1996, al cuidado tambi\u00e9n de Antonio A. Santucci.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\">1<\/a><\/sup> La edici\u00f3n de Santucci incluye un total de 478 cartas, cincuenta m\u00e1s que la edici\u00f3n Fubini-Caprioglio. Teniendo en cuenta las particulares circunstancias en que fueron escritas las cartas gramscianas de la c\u00e1rcel y los complicados vericuetos por las que algunas de ellas llegaron a sus destinatarios tampoco se puede descartar del todo que a\u00fan queden algunas por conocer; pero, aun as\u00ed, en lo que hace a este periodo, la opini\u00f3n m\u00e1s extendida entre los estudiosos es que la investigaci\u00f3n posible est\u00e1 pr\u00e1cticamente concluida y que el trabajo llevado a cabo por Santucci puede considerarse pr\u00e1cticamente definitivo.<\/p>\n<p><b>3. <\/b>Al leer las cartas de la c\u00e1rcel de Antonio Gramsci conviene tener en cuenta las diferentes condiciones en que las escribi\u00f3 en los distintos lugares en los que estuvo detenido, encarcelado o vigilado, pues \u00e9l mismo ha dado mucha importancia a esto y es algo que se nota, sobre todo por el tono de la redacci\u00f3n. No es lo mismo escribir desde una casa particular de la isla de Ustica, en el destierro, s\u00ed, y con la preocupaci\u00f3n de lo que se ve venir, pero con cierta libertad a la hora de decir lo que se quiere decir a los pr\u00f3ximos, que escribir en el aislamiento de una celda, sin interferencias y con tiempo por delante para redactar, o en los pupitres de los \u00e1mbitos comunitarios reservados para estos menesteres en una casa penal y, por tanto, a la vista de otros. Para un var\u00f3n que a veces se consideraba a s\u00ed mismo \u00abuna isla dentro de una isla\u00bb eso tiene importancia. Y tambi\u00e9n acaba influyendo, en la redacci\u00f3n y en el tono que adopta el epistolario, el que se pueda escribir una o dos cartas a la semana, seg\u00fan las c\u00e1rceles y los momentos.<\/p>\n<p>Otro factor al que hay que atender al meterse en la correspondencia carcelaria de Gramsci es el de la conciencia que \u00e9l siempre tuvo en el sentido de que no estaba escribiendo cartas estrictamente privadas, o sea, que s\u00f3lo iban a ser le\u00eddas por la persona a la que \u00e9stas iban dirigidas. Tambi\u00e9n a esa circunstancia ha aludido el propio Gramsci en varias ocasiones. Y es que, en efecto, una de las particularidades de esta correspondencia, o al menos de una parte importante de ella, viene a ser que su escritura est\u00e1 parcialmente condicionada desde el principio por el hecho de que quien escribe sabe, por una parte, que est\u00e1 escribiendo cartas que ser\u00e1n le\u00eddas por el censor de la c\u00e1rcel (y probablemente por las autoridades del r\u00e9gimen fascista), pero sabe, adem\u00e1s, que sus cartas a la cu\u00f1ada Tatiana han de ser le\u00eddas por Julia, sus cartas a Julia y a los ni\u00f1os, le\u00eddas por Tatiana, y que seguramente la mayor\u00eda de estas y otras cartas ser\u00e1n le\u00eddas por Piero Sraffa y, en \u00faltima instancia, tambi\u00e9n por la direcci\u00f3n del partido comunista. Esta es una circunstancia excepcional de la correspondencia carcelaria de Antonio Gramsci, aunque, a decir verdad, no muy diferente de la situaci\u00f3n por la que, a lo largo del tiempo, han pasado otros presos pol\u00edticos de partidos clandestinos o semi-clandestinos en reg\u00edmenes dictatoriales. Lo cual no quita, obviamente, para que la tal circunstancia, por aceptada que haya sido desde el principio, produzca inquietud, desasosiego e incluso desconfianza en la persona presa, sobre todo cuando lo que esta persona quiere decir es realmente \u00edntimo.<\/p>\n<p>Estos factores han influido, desde luego, en la redacci\u00f3n de las cartas y han de ser tenidos en cuenta. Pero de todas formas, con ser esto importante, y Gramsci lo consider\u00f3 as\u00ed en varias de sus misivas, el factor m\u00e1s determinante del tono de las cartas de la c\u00e1rcel fue el de las enfermedades que el preso sufri\u00f3, pues el dolor, el sufrimiento e incluso el sentimiento de muerte pr\u00f3xima, con las obsesiones que esto suele provocar, fueron cambiando su estado de \u00e1nimo inicial.<\/p>\n<p>Las cartas enviadas por Gramsci desde Ustica revelan tranquilidad de esp\u00edritu e incluso, en alg\u00fan momento, una cierta euforia. La euforia desaparecer\u00e1 despu\u00e9s del traslado desde la isla a la c\u00e1rcel de San Vittore, en Mil\u00e1n, a principios de febrero de 1927, pero la serenidad ante una situaci\u00f3n tan adversa seguir\u00e1 siendo durante meses el rasgo principal de las cartas de la c\u00e1rcel. Incluso el s\u00edmil con que Gramsci transmite a Julia su estado de \u00e1nimo de entonces, imagin\u00e1ndose como uno de los marineros que acompa\u00f1aron a Fridtjof Nansen al Polo Norte, sugiere cierta serenidad doblada de iron\u00eda: avanzar lentamente, muy lentamente, despu\u00e9s de dejarse aprisionar por los hielos, aprovechando el empuje de los mismos a medida que \u00e9stos se van separando.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\">2<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Y de hecho, durante m\u00e1s de un a\u00f1o, hasta despu\u00e9s del proceso al que Gramsci y otros dirigentes comunistas fueron sometidos en Roma y de su traslado, ya condenado, a la casa penal de Turi de Bari, la gran mayor\u00eda de las cartas que escribi\u00f3 a Tatiana, a Julia, a su madre y a otros familiares s\u00f3lo dejan entrever a ratos la tragedia que se avecinaba. En ellas, adem\u00e1s de la tranquilidad de esp\u00edritu, afloran la fortaleza moral, el autocontrol en el plano de los sentimientos, la reserva en el juicio pol\u00edtico, el sentido pr\u00e1ctico y realista, la cr\u00edtica de los convencionalismos y, sobre todo, el humor, una vena ir\u00f3nica no siempre bien comprendida por sus interlocutores.<\/p>\n<p>Entre el destierro en Ustica y la celda de San Vittore, en Mil\u00e1n, Gramsci ha ido construy\u00e9ndose una \u00e9tica de la resistencia basada en la observaci\u00f3n l\u00facida y distanciada del nuevo mundo que estaba descubriendo y en la acentuaci\u00f3n de lo que cree que son los principales rasgos de su propia personalidad. No quiere dejarse dominar por la aflicci\u00f3n ni quiere ser consolado. Como dice una y otra vez a Julia, a Tatiana y a su madre, ha conocido el aislamiento, ha sabido en otras ocasiones estar solo entre la multitud y no cree que la nueva situaci\u00f3n le vaya a superar.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\">3<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Mientras se encontr\u00f3 f\u00edsicamente bien, o medianamente bien, Gramsci se ha preocupado m\u00e1s por disipar los temores de los otros ante un futuro incierto, pero en cualquier caso sombr\u00edo, que de solicitar ayudas o pedir clemencia. En este sentido ha recordado a la madre su propia fortaleza f\u00edsica y moral, bromeando con ella sobre curas y rezos, pero sobre todo advirti\u00e9ndola de que hay algo peor que la c\u00e1rcel, con ser \u00e9sta mal\u00edsima, y que ese algo es el deshonor por debilidad moral o por villan\u00eda.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote4sym\" name=\"sdfootnote4anc\">4<\/a><\/sup> Ha llamado la atenci\u00f3n del hermano Carlo, en t\u00e9rminos cortantes, sobre lo poco que \u00e9ste sabe de lo que ha sido su vida hasta ese momento y sobre el principio moral de la resistencia: las convicciones profundas que no se venden por nada de este mundo.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote5sym\" name=\"sdfootnote5anc\">5<\/a><\/sup> Ha ironizado con Tatiana Schucht sobre las deficiencias de su italiano y a cuenta de sus propias lecturas, aconsej\u00e1ndola cuando ella se ha encontrado enferma. Ha mantenido durante esos meses una relaci\u00f3n epistolar espor\u00e1dica pero relativamente equilibrada con Julia. Y ha elegido a Tatiana como corresponsal principal para seguir manteniendo, a trav\u00e9s de ella y con Piero Sraffa, el contacto con el partido comunista<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote6sym\" name=\"sdfootnote6anc\">6<\/a><\/sup> y, de paso, mitigar as\u00ed el peso de la losa que m\u00e1s le abrumaba: el convencionalismo epistolar al que obliga el reglamento carcelario con todas las derivaciones que esto supone cuando se trata de comunicar sentimientos amorosos.<\/p>\n<p>Ya en estas cartas, sin embargo, la fortaleza moral y el alto concepto del honor y de la dignidad personal que Gramsci ten\u00eda chocan con una educaci\u00f3n sentimental que \u00e9l mismo reconoce insuficiente. Tiene un alto concepto de su propia fortaleza moral y se exige mucho, pero quiere que los otros (Julia, Tatiana, su madre, su hermano Carlo) le consideren \u00abun hombre normal\u00bb cuando, obviamente, no lo es.<\/p>\n<p>Gramsci declara odiar todo lo que es convencional. No quiere verse reducido a una correspondencia convencional. As\u00ed era ya en Viena, cuando empezaba a escribir a Julia. Solo que esta sensaci\u00f3n se le agudiza ante un carteo que sabe que ser\u00e1, adem\u00e1s, convencionalmente carcelario.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote7sym\" name=\"sdfootnote7anc\">7<\/a><\/sup> Dedica mucho tiempo a la introspecci\u00f3n, casi tanto como a la lectura, y pronto cree estar perdiendo \u00abel h\u00e1bito externo de la sensibilidad\u00bb, su \u00abmeridionalismo\u00bb. Gramsci est\u00e1 haciendo un esfuerzo voluntarista por controlar sentimientos y afectos. Ve en ello una forma de autodefensa, pero duda de si los resultados de este esfuerzo son siempre positivos, consecuentes con su afirmaci\u00f3n de que hay que ser pr\u00e1cticos y realistas hasta en la bondad. Se dir\u00eda que toda la seguridad con que argumenta sobre el principio moral de la resistencia se le convierte en duda, incluso en inseguridad, cuando ha de hacer frente a los propios sentimientos. Y as\u00ed oscila entre valorar positivamente la frialdad y la indiferencia externas, el reconocimiento espor\u00e1dico de que \u00e9l mismo ha llegado a adquirir \u00abcierta sensibilidad morbosa\u00bb y la aceptaci\u00f3n forzada de la confusi\u00f3n que le produce el tener que hablar o escribir de sus cosas \u00edntimas. Sabe que su correspondencia es en cierto modo \u00abp\u00fablica\u00bb porque la est\u00e1n leyendo otras personas (funcionarios de la c\u00e1rcel y amigos pol\u00edticos) y no consigue vencer el pudor que le produce hablar de sentimientos \u00edntimos ante terceras personas.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote8sym\" name=\"sdfootnote8anc\">8<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Desde el primer momento, ya en Ustica, Gramsci ha pensado que su capacidad de resistencia como prisionero ten\u00eda que estar directamente vinculada a un programa de lecturas y estudios. Y ha hecho planes a este respecto. Pero tambi\u00e9n desde el primer momento ha sabido que la probabilidad de llevar a cabo estos planes desciende cuanto m\u00e1s detallados son. Se aplica a s\u00ed mismo el concepto que tiene de la utop\u00eda. Y no s\u00f3lo por razones externas, de tipo general o relacionadas con los obst\u00e1culos que el destierro y la c\u00e1rcel suponen, sino tambi\u00e9n por autoconciencia, por conocimiento del propio car\u00e1cter, porque se considera un hombre pol\u00e9mico y dialogante que necesita medirse intelectualmente con otros interlocutores.<\/p>\n<p>Precisamente por eso lo mejor de las cartas que ha escrito desde la c\u00e1rcel de San Vittore est\u00e1 en la descripci\u00f3n ir\u00f3nica y vivaz de sus conversaciones con otros, en el uso metaf\u00f3rico de algunas de sus lecturas carcelarias para contar la evoluci\u00f3n de los propios estados de \u00e1nimo y en la forma en que ha narrado, para las personas a las que quiere, el descubrimiento de un mundo cuya existencia apenas pod\u00eda sospechar en los meses anteriores: el mundo subterr\u00e1neo de los desterrados y de los presos, de los \u00abno cristianos\u00bb, un mundo que le hace pensar en lo dif\u00edcil que es captar la verdadera naturaleza de los hombres a partir de los rasgos externos. Digna de recuerdo es su descripci\u00f3n de la cuerda de presos que como una inmensa serpiente se arrastra desde Palermo a Mil\u00e1n dejando en cada c\u00e1rcel una parte de sus anillos para luego recuperarlos en otras madrigueras.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote9sym\" name=\"sdfootnote9anc\">9<\/a><\/sup> E igualmente memorable la narraci\u00f3n \u2014entre el distanciamiento propio del antrop\u00f3logo y la perplejidad cr\u00edtica del pol\u00edtico\u2014 de ese mundo subterr\u00e1neo que vive y se reproduce en los m\u00e1rgenes del otro y que acaba configurando el subsuelo humano dostoievskiano: beduinos de Cirenaica, mafiosos sicilianos, camorristas de N\u00e1poles, remedos de Farinata y violadores con aire bonach\u00f3n: \u00abTodo un mundo complicad\u00edsimo, con una vida propia de sentimientos, puntos de vistas, c\u00f3digos del honor, jerarqu\u00edas f\u00e9rreas y un particular sentido de la solidaridad\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote10sym\" name=\"sdfootnote10anc\">10<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Este primer periodo carcelario en San Vittore, que se abr\u00eda con el s\u00edmil de los marineros de Nansen sugiriendo la imagen de la serenidad conscientemente elegida ante la dificultad, se cerrar\u00e1, entre febrero y abril de 1928, con otro s\u00edmil y la manifestaci\u00f3n de una sospecha. En sus cartas a Julia Gramsci advierte que se ha cumplido ya todo un ciclo de transformaciones que han afectado a su estado de \u00e1nimo, y luego que un periodo de su vida carcelaria est\u00e1 a punto de terminar. Son los proleg\u00f3menos del proceso que tendr\u00eda lugar finalmente en Roma. Gramsci sugiere ahora que \u00e9l mismo est\u00e1 cambiando la t\u00e1ctica de la \u00e9tica de la resistencia. Se ha hecho m\u00e1s estoico. Ha decidido dejar de oponerse a lo que es necesario e ineluctable \u00abcon los medios y maneras de antes\u00bb y quiere dominar ahora el proceso en curso acentuando el esp\u00edritu ir\u00f3nico. En ese contexto vuelve a la met\u00e1fora:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">A la celda llega una luz a mitad de camino entre la luz de una cantina y la luz de un acuario. De todas formas, no debes pensar que mi vida transcurre tan mon\u00f3tona e igual como puede parecer a primera vista. Una vez que se ha acostumbrado uno a la vida del acuario, adoptando el sensorio para captar las impresiones amortiguadas y crepusculares que llegan hasta all\u00ed (y siguiendo, desde luego, en una posici\u00f3n un tanto ir\u00f3nica) se descubre todo un mundo que bulle alrededor, con sus peculiares leyes y con su curso esencial. Ocurre como cuando despu\u00e9s de echar una ojeada r\u00e1pida a un viejo tronco medio deshecho por el tiempo y la intemperie nos paramos a mirarlo m\u00e1s fijamente y con atenci\u00f3n. Primero se ve \u00fanicamente algo as\u00ed como una fungosidad humectante, con alguna babosa soltando baba y arrastr\u00e1ndose lentamente. Pero luego, casi de repente, se ve todo un mundo de colonias de peque\u00f1os insectos que se mueven y afanan, haciendo y rehaciendo los mismos esfuerzos, el mismo camino. Si uno sigue conservando la propia posici\u00f3n externa, si no se convierte en una babosa o en una hormiguita, todo eso acaba interes\u00e1ndole y le permite pasar el tiempo.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote11sym\" name=\"sdfootnote11anc\">11<\/a><\/sup><\/p>\n<p>La iron\u00eda empieza a hacerse negra. El mundo subterr\u00e1neo sigue siendo para Gramsci una curiosidad interesante cuando se la observa con la adecuada distancia, pero ya no es un mundo de hombres, por primitivos y elementales que fueran (mafiosos, camorristas o delincuentes) sino un mundo poblado de babosas e insectos, lo que sugiere cierta inquietud psicol\u00f3gica. Gramsci se encuentra a\u00fan relativamente bien de salud, pero justamente por eso, en la siguiente carta a Julia, a finales de abril, manifiesta su disgusto por la forma en que los compa\u00f1eros han enfocado la campa\u00f1a de solidaridad ante el proceso y alude a una preocupaci\u00f3n que en los a\u00f1os siguientes se le convertir\u00eda en obsesiva: \u00abHe recibido recientemente una extra\u00f1a carta firmada Ruggero, que solicitaba respuesta. Quiz\u00e1 la vida en la c\u00e1rcel me haya hecho m\u00e1s desconfiado de lo que exigir\u00eda la prudencia, pero el hecho es que esa carta, a pesar de su sello y de su matasellos, me ha sacado de quicio\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote12sym\" name=\"sdfootnote12anc\">12<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Esta carta de Ruggero Grieco, fechada el 10 de febrero de 1928 y conocida por su destinatario en marzo, se ha convertido en uno de los asuntos m\u00e1s repetidamente tratados entre los bi\u00f3grafos e int\u00e9rpretes de Gramsci.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote13sym\" name=\"sdfootnote13anc\">13<\/a><\/sup> Y se comprende. No tanto por lo que la carta misma dec\u00eda, ni siquiera por lo que Gramsci dice a Julia al mes siguiente de haberla recibido, pues, al fin y al cabo, el que eso \u00able sacara de quicio\u00bb est\u00e1 probablemente todav\u00eda dentro de lo que llamar\u00edamos prudencia, sino por la forma terrible en que se ha referido a ella varios a\u00f1os despu\u00e9s. Gramsci trat\u00f3 de esa carta en un coloquio con Tatiana, en la c\u00e1rcel de Mil\u00e1n, poco despu\u00e9s de haberla recibido, unos meses antes del proceso. Entonces manifest\u00f3 su disgusto al respecto, pero a\u00f1adi\u00f3, adem\u00e1s, y esto es significativo, que el juez instructor le hab\u00eda advertido de que aquella carta pod\u00eda costarle unos cuantos a\u00f1os m\u00e1s de c\u00e1rcel sugiri\u00e9ndole que sus amigos pol\u00edticos le estaban traicionando. As\u00ed nac\u00eda una sospecha que iba a atormentarle durante a\u00f1os y que acabar\u00eda dando un nuevo giro a su manera de entender la relaci\u00f3n entre lo p\u00fablico y lo privado.<\/p>\n<p><b>4. <\/b>El proceso contra los dirigentes del Partido Comunista tuvo lugar en Roma entre finales de mayo y comienzos de junio de 1928. Gramsci fue condenado a 20 a\u00f1os, 4 meses y 5 d\u00edas de reclusi\u00f3n. \u00c9l hab\u00eda calculado que ser\u00eda condenado a un m\u00e1ximo de 14 o 17 a\u00f1os. A pesar de que tuvo la oportunidad de hablar sobre la carta de Ruggero Grieco con otros compa\u00f1eros mientras permaneci\u00f3 en la c\u00e1rcel de Roma durante el proceso, es posible que la diferencia de a\u00f1os entre este c\u00e1lculo y lo que fue la condena haya hecho aumentar en su cerebro la sospecha que le sugiri\u00f3 el juez instructor. O que Gramsci haya pensado que aquella carta desbarataba gestiones diplom\u00e1ticas en curso que pod\u00edan haber favorecido su situaci\u00f3n. Pero no hay confirmaci\u00f3n de estas conjeturas para esa fecha.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote14sym\" name=\"sdfootnote14anc\">14<\/a><\/sup> Es notorio, en cambio, que con la condena y el traslado a la casa penal de Turi empieza una nueva fase de la vida de Gramsci. En la c\u00e1rcel de Turi estuvo desde julio de 1928 hasta noviembre de 1933. All\u00ed le matricularon con el n\u00famero 7047.<\/p>\n<p>En la c\u00e1rcel de Turi, Gramsci trat\u00f3 de organizarse siguiendo los mismos criterios de resistencia y supervivencia que le hab\u00edan sostenido desde su detenci\u00f3n en 1926. El fiscal fascista hab\u00eda puesto \u00e9nfasis en que el r\u00e9gimen quer\u00eda impedir que aquel cerebro siguiera pensando y, seg\u00fan el testimonio de quien luego iba a ser presidente de la rep\u00fablica italiana, Sandro Pertini, que estuvo en aquella misma c\u00e1rcel, algunos de los carceleros colaboraron en esto. \u00c9l hizo todo lo que pudo para que aquel designio no se cumpliera: elabor\u00f3 un nuevo plan de estudios, se organiz\u00f3 para ganar tiempo que dedicar a la lectura, pidi\u00f3 y obtuvo libros que consideraba indispensables, sigui\u00f3 con su trabajo de aprendizaje de distintas lenguas y empez\u00f3 a traducir textos del alem\u00e1n, del ingl\u00e9s y del ruso, consigui\u00f3 permiso para escribir en la celda, entabl\u00f3 un interesante di\u00e1logo intelectual con Piero Sraffa y redact\u00f3 lo esencial de lo que conocemos con el nombre de \u00abcuadernos de la c\u00e1rcel\u00bb.<\/p>\n<p>Pero hay al menos tres factores que en la c\u00e1rcel de Turi determinaron un cambio notable en su manera de entender la relaci\u00f3n entre las razones de la raz\u00f3n y las razones del coraz\u00f3n, entre lo p\u00fablico y lo privado, entre el compromiso pol\u00edtico-moral y el mundo de los sentimientos. El primero de estos factores fue el constante empeoramiento de su salud. El segundo, el deterioro de su relaci\u00f3n afectiva y sentimental con Julia Schucht. Y el tercero, el distanciamiento pol\u00edtico respecto de sus compa\u00f1eros m\u00e1s pr\u00f3ximos. Las tres cosas juntas producir\u00edan en Gramsci una considerable inestabilidad emocional: cambios de humor muy acentuados, tendencia al aislamiento, irritabilidad en el trato con los m\u00e1s pr\u00f3ximos, dificultad temporal para la concentraci\u00f3n intelectual, desconfianzas que a veces se le convirtieron en obsesiones, oscilaci\u00f3n entre la iron\u00eda todav\u00eda alegre y distanciada y el sarcasmo amargo, acentuaci\u00f3n de la acribia de fil\u00f3logo en la correspondencia \u00edntima, progresivo sentimiento de derrota personal hasta llegar al sentimiento de muerte.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s notable es que de todo esto, y del sufrimiento que tuvo que conllevar, apenas hay huellas en los cuadernos que simult\u00e1neamente estaba escribiendo en la c\u00e1rcel. Se dir\u00eda que en las horas, much\u00edsimas horas, que Gramsci dedic\u00f3 a redactar los cuadernos en Turi de Bari hizo abstracci\u00f3n casi absoluta de su dolor, de su sufrimiento, de sus cambios de humor, de sus irritaciones, de sus sospechas y de sus obsesiones. Logr\u00f3 imponer ah\u00ed un distanciamiento intelectual y una fuerza moral cuya expresi\u00f3n m\u00e1s alta est\u00e1 en un paso de una carta a la madre, en la que dice: \u00abYo no hablo nunca del aspecto negativo de mi vida, ante todo porque no quiero ser compadecido. He sido un combatiente que no ha tenido suerte en la lucha inmediata y los combatientes no pueden ni deben ser compadecidos cuando han luchado sin ser obligados a ello sino porque as\u00ed lo han querido conscientemente\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote15sym\" name=\"sdfootnote15anc\">15<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>En esas palabras y en lo que deja entrever en algunas de las cartas a Tatiana escritas desde Turi en los peores momentos de la enfermedad, cuando solicita ayuda (pero s\u00f3lo y exclusivamente la ayuda que \u00e9l quiere en ese momento y en la forma precisa que su voluntad le dicta), est\u00e1 la clave para entender el car\u00e1cter de este Gramsci resistencial: volitivo, polemista, dial\u00f3gico, sencillo y pr\u00e1ctico, franco y veraz, ir\u00f3nico y a veces sarc\u00e1stico, intelectualmente agudo, siempre capaz de \u00absacar jugo de un higo seco\u00bb.<\/p>\n<p>Ya durante la conducci\u00f3n desde la c\u00e1rcel de Mil\u00e1n a la c\u00e1rcel de Roma para el proceso y desde Roma a Bari, una vez concluido \u00e9ste, su salud ha empeorado. En junio de 1928 se le diagnostic\u00f3 una uricemia cr\u00f3nica. Como consecuencia de ello, ha tenido periodontitis expulsiva. Simult\u00e1neamente ha pasado por varios momentos de agotamiento nervioso. En julio sufre un herpes que le produce una inflamaci\u00f3n muy dolorosa y pasa varios d\u00edas de dolores infernales, \u00abretorci\u00e9ndome como un gusano\u00bb, dice.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote16sym\" name=\"sdfootnote16anc\">16<\/a><\/sup> En diciembre de ese mismo a\u00f1o, ya en Turi, tuvo un ataque de \u00e1cido \u00farico que le dej\u00f3 medio inv\u00e1lido durante tres meses. En noviembre de 1930, el insomnio prolongado se le hace insoportable, duerme una media de dos horas diarias y tiene problemas de concentraci\u00f3n.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote17sym\" name=\"sdfootnote17anc\">17<\/a><\/sup> Desde mediados de agosto de 1932 tiene serios problemas intestinales, no atribuibles s\u00f3lo a la mala alimentaci\u00f3n, siente que las fuerzas empiezan a abandonarle, vuelve a sufrir de insomnio y cree que su capacidad de resistencia est\u00e1 quebr\u00e1ndose, que est\u00e1 perdiendo el control de los impulsos y de los instintos elementales del temperamento.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote18sym\" name=\"sdfootnote18anc\">18<\/a><\/sup> En septiembre entra en una fase de exaltaci\u00f3n nerviosa. Describe entonces su situaci\u00f3n como \u00abun frenes\u00ed neurast\u00e9nico, una obsesi\u00f3n continua y espasm\u00f3dica que no me deja un momento de quietud\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote19sym\" name=\"sdfootnote19anc\">19<\/a><\/sup>. En diciembre de 1932 vuelve a tener insomnio y pide consejo m\u00e9dico a Tatiana para tomar un somn\u00edfero. En marzo de 1933 tiene una crisis grave, desfallece, cae al suelo, no puede valerse por sus propios medios y, durante semanas, tiene que ser asistido en la celda por otros compa\u00f1eros.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote20sym\" name=\"sdfootnote20anc\">20<\/a><\/sup><\/p>\n<p>S\u00f3lo entonces, despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de c\u00e1rcel, ha tenido Gramsci un diagn\u00f3stico relativamente preciso de sus males, cuando el doctor Umberto Arcangeli le visita en Turi de Bari. Hasta entonces los m\u00e9dicos que le vieron actuaron de oficio, le recetaron lenitivos o placebos o, en alg\u00fan caso, le trataron como a un enemigo pol\u00edtico. El doctor Arcangeli le diagnostica lesiones tuberculosas en el l\u00f3bulo superior del pulm\u00f3n derecho con emotisis, arterioesclerosis con hipertensi\u00f3n arterial e insomnio permanente, pero, sobre todo, sugiere que tiene el mal de Pott, es decir, una tuberculosis de la columna vertebral que afecta a las v\u00e9rtebras y que suele producir dolor espont\u00e1neo por irritaci\u00f3n de las ra\u00edces de los nervios raqu\u00eddeos y, cuando se tiene desde de la infancia, cifosis. Es posible que Gramsci haya tenido desde ni\u00f1o el mal descrito por el cirujano brit\u00e1nico Percival Pott. Eso explicar\u00eda la deformaci\u00f3n de su columna y, al no haber sido tratado el mal, la reiteraci\u00f3n de los estados de irritabilidad desde su adolescencia.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote21sym\" name=\"sdfootnote21anc\">21<\/a><\/sup> En tales condiciones, ante una enfermedad descubierta muy tard\u00edamente y cuyo tratamiento requiere, para empezar, inmovilizaci\u00f3n y reposo, se comprende que el doctor Arcangeli concluyera que Gramsci no podr\u00eda sobrevivir mucho tiempo en las condiciones carcelarias. A pesar de lo cual esta situaci\u00f3n se prolong\u00f3 todav\u00eda siete meses, hasta noviembre de 1933, fecha en la que, finalmente, fue trasladado a una cl\u00ednica en Formia. Gramsci ya no mejorar\u00e1 m\u00e1s que espor\u00e1dicamente en los a\u00f1os siguientes.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>5. <\/b>La relaci\u00f3n sentimental de Antonio Gramsci con Julia Schucht, que ya hab\u00eda sido dif\u00edcil en los a\u00f1os anteriores, se fue complicando en los a\u00f1os que pas\u00f3 en Turi de Bari hasta hacer crisis entre 1932 y 1933. Es dif\u00edcil decir qu\u00e9 contribuy\u00f3 m\u00e1s a esta crisis: si la falta de noticias de ella durante meses enteros, los silencios y malentendidos sobre su verdadero estado de salud, las presiones familiares para que ella no viajara a Italia en un momento en el que obviamente el preso lo necesitaba, los equ\u00edvocos de una comunicaci\u00f3n que no llega a ser correspondencia aut\u00e9ntica, la inestabilidad emocional del propio Gramsci, su concepto de la relaci\u00f3n entre sentimientos y vida pol\u00edtica, o las obsesiones que acabaron carcomiendo al preso 7047.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de llegar a la c\u00e1rcel de Turi de Bari, en 1928, Gramsci ha ratificado una decisi\u00f3n que seguramente tuvo una importancia decisiva en la complicaci\u00f3n de su relaci\u00f3n con Julia. El reglamento carcelario limitaba el n\u00famero de cartas que pod\u00eda escribir y decidi\u00f3 elegir como corresponsal principal a Tatiana, no a Julia. Era \u00e9sta una elecci\u00f3n racional puesto que Tatiana estaba en Italia, pod\u00eda visitarle y de esta forma se facilitaba una comunicaci\u00f3n con el centro exterior del partido (en Par\u00eds y Mosc\u00fa) a trav\u00e9s de Piero Sraffa (que pod\u00eda viajar, legalmente y con frecuencia, a Italia desde Inglaterra).<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote22sym\" name=\"sdfootnote22anc\">22<\/a><\/sup> Por aquellas fechas Tatiana ten\u00eda que haber regresado a Mosc\u00fa para reunirse con su familia, pero uni\u00f3 su decisi\u00f3n a la decisi\u00f3n del otro: se sacrific\u00f3 por Gramsci contra el deseo de sus padres.<\/p>\n<p>Esta elecci\u00f3n racional, que en condiciones de normalidad habr\u00eda sido una ayuda positiva sin m\u00e1s, se convirti\u00f3 en otra cosa, tuvo un efecto inesperado. No s\u00f3lo por la anormalidad que representaba la situaci\u00f3n de un preso en una c\u00e1rcel fascista, sino tambi\u00e9n por las enfermedades que sufr\u00edan uno y otra, y por la complicaci\u00f3n psicol\u00f3gica de la pareja a la que Tatiana ten\u00eda que ayudar. Tatiana se convirti\u00f3 as\u00ed en la Ant\u00edgona de esta tragedia moderna,<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote23sym\" name=\"sdfootnote23anc\">23<\/a><\/sup> pero mediatiz\u00f3 la relaci\u00f3n de Antonio y Julia al no enviar a ella las cartas de \u00e9l que consideraba que podr\u00edan molestarla o deprimirla y al no comunicar a \u00e9l, por razones parecidas, la gravedad de la enfermedad ps\u00edquica de ella. Con su bondad, y sin quererlo, contribuy\u00f3 a disolver uno de los hilos que m\u00e1s hab\u00eda unido sentimentalmente a la pareja desde que se conocieron: la conciencia del sufrimiento que produce el peso desequilibrante del cerebro, la conciencia rec\u00edproca de la debilidad que acompa\u00f1a a la fortaleza moral, esa conciencia que, en situaciones excepcionales, como era el caso, lleva a la ayuda mutua. Es sintom\u00e1tico, en este sentido, el que la relaci\u00f3n sentimental entre Antonio y Julia mejorara y se equilibrara eventualmente siempre a partir del reconocimiento de la gravedad de las enfermedades mutuas, esto es, del reconocimiento de las propias debilidades a trav\u00e9s de la debilidad del otro.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote24sym\" name=\"sdfootnote24anc\">24<\/a><\/sup><\/p>\n<p>A pesar de las quejas de Antonio Gramsci sobre los silencios de Julia Schucht, de su contenci\u00f3n sentimental ahora obligada, de sus discrepancias sobre la educaci\u00f3n de los hijos (\u00e9l pensaba que ella y su familia eran en esto demasiado \u00abrom\u00e1nticos\u00bb) y de su repetida observaci\u00f3n de que se estaba produciendo un distanciamiento sentimental, comprensible dadas las circunstancias, el tono y la forma de las cartas escritas hasta la primera mitad de 1930 no hac\u00edan presagiar, ni de lejos, lo que vino despu\u00e9s. Pero ya en mayo de ese mismo a\u00f1o Gramsci empieza a sentir que la raz\u00f3n de que Julia no le escriba es que se le estaba ocultando algo. Una semana despu\u00e9s, en carta a Tatiana, afirmaba que el aislamiento en que \u00e9l se encuentra no es s\u00f3lo consecuencia de la inquina pol\u00edtica de los adversarios, cosa esperable, sino tambi\u00e9n del abandono de los pr\u00f3ximos, con lo que no pod\u00eda contar. Dice entonces sentirse sometido a varios reg\u00edmenes carcelarios y alude, por primera vez en el epistolario, a \u00abla otra c\u00e1rcel\u00bb, al hecho de que le han echado fuera de la vida familiar: \u00abLos golpes me llegan de donde menos pod\u00eda esperar\u00bb. Enseguida se da cuenta de que est\u00e1 escribiendo precisamente a la persona que m\u00e1s le ha ayudado desde el encarcelamiento, pero, a pesar de ello, quiere que quede claro que en este asunto, bondad aparte, no vale la sustituci\u00f3n de persona.<\/p>\n<p>Al llegar a ese punto de la comunicaci\u00f3n de sus impresiones, Gramsci ha escrito algo, entre la confesi\u00f3n y la declaraci\u00f3n de principios, que ayuda a entender su concepto de la relaci\u00f3n entre raz\u00f3n y sensibilidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">A decir verdad no soy muy sentimental y no son las cuestiones sentimentales las que me atormentan. No es que yo sea insensible (ni quiero hacer pose de c\u00ednico o de <i>blas\u00e9)<\/i>. Mas bien lo que ocurre es que las cuestiones sentimentales se me presentan, y las vivo, en combinaci\u00f3n con otros elementos (ideol\u00f3gicos, filos\u00f3ficos, pol\u00edticos, etc.), en forma tal que no sabr\u00eda decir hasta d\u00f3nde llega el sentimiento y donde empieza cada uno de los otros elementos, ni siquiera sabr\u00eda decir de cu\u00e1l de todos estos elementos se trata, de tan unificados que est\u00e1n en un todo inescindible y en una vida \u00fanica. Es posible que esto sea una fuerza, o quiz\u00e1 una debilidad porque lleva a analizar a los otros del mismo modo y, por tanto, a sacar conclusiones tal vez equivocadas.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote25sym\" name=\"sdfootnote25anc\">25<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En un plano gen\u00e9rico, Gramsci reafirmaba as\u00ed la sustancial unidad del hombre que siente con el hombre que piensa y con el hombre que lucha por un ideal, unidad que es lo que constituye la dignidad de la persona, su coherencia. \u00c9l pensaba que eso es precisamente la sustancia del ser revolucionario. Pero para el caso concreto, que es el de su propia vida en la c\u00e1rcel, dependiente de los sentimientos y de las actuaciones de los otros, este paso deja todav\u00eda flotando una duda: la de si esta coherencia, que se ha mostrado tantas veces como una fuerza en las relaciones sociales mediadas por lo pol\u00edtico, no ser\u00e1 al mismo tiempo una debilidad en lo que concierne a las relaciones interpersonales. As\u00ed es como me parece que hay que interpretar el final de la carta.<\/p>\n<p>No es casual que haya sido precisamente su amigo Piero Sraffa quien, con la agudeza del cient\u00edfico que aprecia sobre todo el an\u00e1lisis y la distinci\u00f3n de elementos (aunque tambi\u00e9n, todo sea dicho, gracias a la distancia y al desapasionamiento permitidos por el estar fuera de la c\u00e1rcel), mejor capt\u00f3 el riesgo de aquella concepci\u00f3n unitaria de Gramsci en relaci\u00f3n con asuntos que requer\u00edan soluciones pr\u00e1cticas.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote26sym\" name=\"sdfootnote26anc\">26<\/a><\/sup> Pues una cosa es teorizar la concepci\u00f3n unitaria de la dignidad de la persona y otra caer en la indistinci\u00f3n cuando se quiere saber las verdaderas causas del aislamiento de uno. Sraffa hizo lo razonable en un caso as\u00ed. Viaj\u00f3 a Mosc\u00fa, vio a Julia en el sanatorio en que estaba internada, obtuvo un diagn\u00f3stico de su enfermedad (amnesias, depresi\u00f3n, p\u00e9rdidas repetidas de conocimiento) y regres\u00f3 con una respuesta a las dudas de Gramsci: Julia no escrib\u00eda porque tem\u00eda que, al leer sus cartas, Antonio descubriera su verdadero estado de salud, cosa que le perjudicar\u00eda a \u00e9l mismo.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote27sym\" name=\"sdfootnote27anc\">27<\/a><\/sup><\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, y durante unos meses, el reconocimiento de la desgracia rec\u00edproca volvi\u00f3 a anudar por un tiempo aquella relaci\u00f3n dif\u00edcil. A veces, en la correspondencia de esos meses, tanto con Tatiana como con Julia, sale a relucir aquella \u00abveracidad despiadada\u00bb que mov\u00eda a Gramsci incluso cuando el interlocutor al que quiere le est\u00e1 dando satisfacci\u00f3n. He aqu\u00ed un ejemplo: \u00abQuisiera saber en qu\u00e9 circunstancias y en relaci\u00f3n con qu\u00e9 objeto ves t\u00fa [Julia] esta identidad entre nuestros pensamientos. Pues en nuestra correspondencia falta precisamente una \u2018correspondencia\u2019 efectiva y concreta. Nunca hemos logrado entablar un \u2018di\u00e1logo\u2019. Nuestras cartas son una serie de \u2018mon\u00f3logos\u2019 que no siempre discurren de acuerdo ni siquiera en sus l\u00edneas generales. Y si a esto se a\u00f1ade el elemento tiempo, que hace olvidar lo que se ha escrito anteriormente, la impresi\u00f3n de puro \u2018mon\u00f3logo\u2019 se refuerza. \u00bfNo crees?\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote28sym\" name=\"sdfootnote28anc\">28<\/a><\/sup> .<\/p>\n<p>Desgraciadamente, las cartas de Julia Schucht que se han publicado hasta ahora no son suficientes todav\u00eda para la comprensi\u00f3n en detalle de la otra tragedia (o de la otra cara de la tragedia). Pero con las que se han conservado y con las referencias que hace a otras su hermana Tatiana hay material de sobra para imagin\u00e1rsela con \u00abfantas\u00eda concreta\u00bb, como quer\u00eda Gramsci, sin necesidad de caer en especulaciones fantasiosas.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote29sym\" name=\"sdfootnote29anc\">29<\/a><\/sup> Basta con pensar un poco en dos palabras que se repiten en sus casi siempre brev\u00edsimas cartas: \u00abcansancio\u00bb y \u00abmelancol\u00eda\u00bb. No es dif\u00edcil de imaginar, para quien no est\u00e9 obnubilado por el politicismo o por la gris teor\u00eda sin vida, lo que significaban \u00abcansancio\u00bb y \u00abmelancol\u00eda\u00bb para una violinista joven y culta que estaba viviendo en Rusia lo que sigui\u00f3 a los diez d\u00edas que estremecieron al mundo, con dos hijos de un hombre con el que ha convivido apenas unos pocos meses y que, adem\u00e1s, hab\u00eda de cumplir en las c\u00e1rceles italianas, a much\u00edsimos kil\u00f3metros de distancia, una condena de veinte a\u00f1os.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote30sym\" name=\"sdfootnote30anc\">30<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Por lo general, las cartas que Gramsci ha enviado a Julia en 1931 y durante los primeros meses de 1932 son afectuosas, a veces rememorativas, otras tiernamente preocupadas por su salud y por la educaci\u00f3n de los hijos, y fueron escritas siempre con la intenci\u00f3n de ayudar a que ella pudiera superar por completo el mal momento psicol\u00f3gico por el que estaba pasando. En enero de 1931 pensaba Gramsci que, una vez informado convenientemente del estado de salud de Julia, las relaciones entre ellos iban a ser francas y espont\u00e1neas. En febrero reconoce su parte de culpa en el deterioro de la relaci\u00f3n sentimental porque ha pensado que Julia era m\u00e1s fuerte y por un exceso de ternura no quiso romper aquella imagen: \u00abEstoy debati\u00e9ndome entre dos sentimientos, el de una inmensa ternura por ti, cuya debilidad tendr\u00eda que consolar inmediatamente con una caricia f\u00edsica, y el de la necesidad de hacer yo mismo un gran esfuerzo de voluntad para convencerte desde lejos de que, a pesar de todo, tambi\u00e9n tu eras fuerte y tienes que superar la crisis\u00bb. En mayo considera que ellos dos se est\u00e1n volviendo \u00abde un sabio que llegar\u00e1 a ser proverbial\u00bb. En agosto, cuando sabe que Julia ha empezado un tratamiento psicoanal\u00edtico, se pone a leer a Freud y relaciona los principios del psicoan\u00e1lisis con su propia insistencia en la necesidad de \u00abdesovillar\u00bb la verdadera personalidad. De noviembre a diciembre sus sentimientos son un p\u00e9ndulo: empieza diciendo a Julia que se han convertido en fantasmas el uno para el otro y le reprocha haber contribuido a agravar su aislamiento; luego muestra su disgusto por haber escrito de esa forma; y acaba reflexionando sobre los v\u00ednculos que les unen, que, en su opini\u00f3n, no son s\u00f3lo afectivos sino tambi\u00e9n de solidaridad: \u00abEl afecto es un sentimiento espont\u00e1neo que no crea obligaciones porque est\u00e1 fuera de la esfera de la moralidad. [&#8230;] Donde podemos y debemos apoyarnos es en los v\u00ednculos de solidaridad\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote31sym\" name=\"sdfootnote31anc\">31<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Algunas de las noticias que iba recibiendo de Mosc\u00fa, a trav\u00e9s de Tatiana, sobre la educaci\u00f3n de los hijos y sobre las relaciones familiares llevaron a Gramsci a la convicci\u00f3n de que la propia Julia era una v\u00edctima del \u00absistema familiar de los Schucht\u00bb. En ese momento sab\u00eda ya, por Tatiana, que el obst\u00e1culo para que Julia pudiera trasladarse a Italia no era s\u00f3lo su enfermedad sino tambi\u00e9n la oposici\u00f3n decidida del padre y de su hermana Eugenia. A pesar de todo lo cual, las sospechas de Gramsci sobre el \u00abotro muro\u00bb que se estaban levantado en torno suyo para aislarle no han vuelto a aflorar en esos meses, que, por lo dem\u00e1s, fueron de muy intensa actividad intelectual en la redacci\u00f3n de los cuadernos.<\/p>\n<p>Y tal vez las sospechas no habr\u00edan ido a m\u00e1s si no hubiera intervenido aquel otro elemento que \u00e9l no consegu\u00eda escindir de la consideraci\u00f3n de los propios sentimientos: el factor pol\u00edtico-ideol\u00f3gico, un asunto del que, en sus condiciones de entonces, no pod\u00eda tratar con Julia por carta. Este tercer factor es igualmente importante para entender el curso de los pensamientos de Gramsci en Turi de Bari. Su discrepancia respecto de la t\u00e1ctica de la Tercera Internacional sobre el \u00absocialfascismo\u00bb, una t\u00e1ctica compartida entonces por el grupo dirigente del partido comunista italiano, le llev\u00f3 a entrar en conflicto con sus propios compa\u00f1eros de c\u00e1rcel.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote32sym\" name=\"sdfootnote32anc\">32<\/a><\/sup> En este punto mantuvo siempre una gran reserva cuando se le pidi\u00f3 opini\u00f3n desde el exterior, pero tuvo conocimiento de las formas de actuaci\u00f3n que se estaban imponiendo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica: \u00abStalin es un d\u00e9spota\u00bb, dice un testigo que le dijo en la c\u00e1rcel. El saberse en minor\u00eda, y sin posibilidades de actuar en la pr\u00e1ctica, determin\u00f3 en \u00e9l la tendencia a ovillarse e hizo crecer nuevamente en su cerebro la sospecha de que se le estaba ocultando algo m\u00e1s que las amnesias y las p\u00e9rdidas de conocimiento de Julia.<\/p>\n<p>A veces se ha querido reducir a este \u00faltimo factor, al factor pol\u00edtico o pol\u00edtico-ideol\u00f3gico, la tragedia de Gramsci en la c\u00e1rcel. Y se comprende que as\u00ed haya sido, puesto que formalmente Gramsci hab\u00eda ingresado en la c\u00e1rcel siendo secretario general del partido comunista y, de hecho, hab\u00eda sido condenado por ello. Adem\u00e1s, la forma un tanto cr\u00edptica o es\u00f3pica en que \u00e9l mismo iba a referirse a la interrelaci\u00f3n entre el problema sentimental y el problema pol\u00edtico en los meses siguientes ha favorecido no pocas conjeturas y, desde luego, muchas especulaciones pol\u00edticamente interesadas al respecto: sobre su ruptura \u00abdefinitiva\u00bb con Togliatti, sobre su disidencia en el seno del comunismo contempor\u00e1neo, sobre las \u00abtraiciones\u00bb de sus supuestos amigos pol\u00edticos (y, en los \u00faltimos tiempos, ya en el paroxismo degenerativo de la \u00e9poca berlusconiana, incluso sobre su conversi\u00f3n final al catolicismo\u2026).<\/p>\n<p>A la luz de los documentos hoy disponibles y del testimonio durante mucho tiempo m\u00e1s esperado, el de Piero Sraffa, se puede decir ya que toda esa especulaci\u00f3n es inmantenible: ni hubo ruptura \u00abdefinitiva\u00bb con Togliatti, ni \u00abcondena\u00bb sobrea\u00f1adida, ni otra disidencia pol\u00edtico-ideol\u00f3gica que no quepa en lo que cabe dentro de la manifestaci\u00f3n del pensamiento propio en el marco de unas mismas convicciones compartidas. Las obsesiones de Gramsci y su desgracia se entienden mucho mejor a partir de la interrelaci\u00f3n de los tres factores mencionados: enfermedad, complicaci\u00f3n sentimental y preocupaci\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica (no s\u00f3lo pol\u00edtica en sentido restrictivo, t\u00e1ctico u organizativo).<\/p>\n<p><b>6. <\/b>En agosto de 1932, como casi todos los veranos, Gramsci se sinti\u00f3 mal. Escribe a Julia un par de cartas en las que se congratula de los progresos que ella est\u00e1 haciendo en la superaci\u00f3n de la enfermedad. Pero a rengl\u00f3n seguido le dice que ya no puede contar gran cosa con \u00e9l porque se siente precozmente envejecido, irascible, hipercr\u00edtico e insatisfecho de todo y de todos, y que est\u00e1 empezando a vivir una existencia animal y vegetativa.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote33sym\" name=\"sdfootnote33anc\">33<\/a><\/sup> Enseguida comunica a Tatiana que tiene dudas de que \u00e9l pueda ser el corresponsal que Julia desea, porque su capacidad de resistencia est\u00e1 a punto de quebrar. Gramsci cree en ese momento que ha de tomar pronto una decisi\u00f3n importante si no quiere volverse loco o entrar en una fase en la que no va a poder controlarse. Al autoanalizarse llega a esta conclusi\u00f3n: \u00abEstoy perdiendo el control de mis impulsos y de los instintos elementales del temperamento\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote34sym\" name=\"sdfootnote34anc\">34<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>A medida que el verano avanza, y con \u00e9l los calores, la irritabilidad de Gramsci va en aumento. Escribe en forma breve y cortante a Julia, amenaza a Tatiana con interrumpir la correspondencia y se disculpa luego, pasado ya el verano, explicando que est\u00e1 pasando un periodo de continuas obsesiones, de \u00abfrenes\u00ed neurast\u00e9nico\u00bb. En ese momento se anuncia en Italia la posibilidad de una amnist\u00eda. Gramsci no se hace ilusiones porque no quiere desilusionarse luego, pero retoma su frase favorita: \u00abpesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad\u00bb. Y la traduce para el caso: \u00e9l acept\u00f3 la condena como una condena a muerte en la c\u00e1rcel, pero eso no quiere decir que est\u00e9 dispuesto a abandonarse o a dejarse llevar por la corriente como un perro muerto.<\/p>\n<p>En ese contexto, el 14 de noviembre de 1932, Gramsci comunica a Tatiana, con cierta solemnidad y mucho pre\u00e1mbulo, algo que dice haber estado meditando durante tiempo: divorciarse de Julia. No plantea la cosa como un asunto estrictamente sentimental, como una cuesti\u00f3n de desamor, sino como una opci\u00f3n que otros varones presos han abordado antes que \u00e9l. Aduce un argumento moral: un ser vivo no debe permanecer vinculado a un muerto o casi. Se propone, por tanto, \u00abliberar a Julia\u00bb del v\u00ednculo que le une a \u00e9l, y querr\u00eda hacerlo, adem\u00e1s, \u00abpor acuerdo bilateral\u00bb. Pide consejo a Tatiana sobre si es mejor que esto se lo comunique ella a Julia o hacerlo \u00e9l mismo directamente, aunque, por las mismas razones morales, de una cosa dice estar seguro: la iniciativa tiene que partir de \u00e9l. Gramsci afirma ah\u00ed haber sopesado las consecuencias, los dolores y sufrimientos que ella y \u00e9l tendr\u00e1n que soportar. Cree que, a su edad, Julia todav\u00eda puede crearse una nueva vida y que, de aceptar ella la propuesta, \u00e9l volver\u00eda entonces a su \u00abconcha sarda\u00bb. Pero antes de llegar a este punto ha advertido a Tatiana que no debe pensar que \u00e9l se ha vuelto loco o que lo que est\u00e1 sugiriendo es una ligereza o una irresponsabilidad. Y avanza, de manera oscura, que tiene otros argumentos que no puede exponer por carta y \u00abque tal vez ni siquiera te comunicar\u00eda a ti de palabra\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote35sym\" name=\"sdfootnote35anc\">35<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n con Tatiana sobre este tema en las semanas siguientes arroja mucha luz sobre el tipo de relaci\u00f3n que Gramsci ha establecido entre sentimiento y raz\u00f3n. Cuando ella le objeta que su forma de sentir es inadecuada a las circunstancias, Gramsci contesta que no se trata de \u00absentir\u00bb en el sentido inmediato de la palabra, sino de algo pensado, meditado, razonado, o sea, de un sentir cuyas premisas no son impulsos emocionales o pasiones instintivas, sino una larga meditaci\u00f3n hecha con toda calma y frialdad. Ante el silencio de ella, insiste en que cuenta con su ayuda para convencer a Julia de que acepte su punto de vista. Mientras tanto, no comunica su idea a Julia, pero le insin\u00faa vagamente que le escribir\u00e1 sobre el tema del \u00abempezar\u00bb o \u00abvolver a empezar\u00bb cuando se haya puesto de acuerdo con Tatiana, la cual \u00able est\u00e1 haciendo obstruccionismo\u00bb y le deja en suspenso.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote36sym\" name=\"sdfootnote36anc\">36<\/a><\/sup> Cuando, finalmente, Tatiana le da sus argumentos contrarios a la propuesta, Gramsci contesta con una carta furiosa, el 5 de diciembre de 1932, en la que le prohibe argumentar a contrario, exige un \u00abs\u00ed\u00bb o un \u00abno\u00bb y pasa a contar lo que llama \u00abuna verdad dolorosa\u00bb: que el juez instructor del proceso ten\u00eda raz\u00f3n cuando le advirti\u00f3 de las consecuencias de la extra\u00f1a carta de Ruggero Grieco.<\/p>\n<p>Gramsci advierte entonces abruptamente a Tatiana de c\u00f3mo queriendo hacer el bien, y escribiendo en forma aparentemente afectuosa, se puede en realidad llevar al otro a la cat\u00e1strofe. Y deja abierto un interrogante: \u00bffue aquello un acto criminal o una ligereza irresponsable?<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote37sym\" name=\"sdfootnote37anc\">37<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En enero de 1933 vuelve a plantear al asunto a Tatiana Schucht en t\u00e9rminos parecidos durante varios coloquios que \u00e9sta tuvo con \u00e9l en la c\u00e1rcel de Turi. De palabra, y a pesar de la presencia de los funcionarios de la c\u00e1rcel, Gramsci aclara la referencia cr\u00edptica a sus \u00abotros argumentos\u00bb. Est\u00e1 buscando una forma de salir en libertad y teme que la ligereza o la irresponsabilidad de sus amigos pol\u00edticos frustre el intento. Gramsci hab\u00eda puesto entonces ciertas esperanzas en dos tipos de gestiones: obtener la libertad condicional por la v\u00eda legal, bas\u00e1ndose en el hecho de que era el \u00fanico diputado preso, o emprender una gesti\u00f3n diplom\u00e1tica desde la embajada rusa en Roma para conseguir su liberaci\u00f3n por la v\u00eda del intercambio de presos. Espera m\u00e1s de la segunda gesti\u00f3n, indica a Tatiana incluso los diplom\u00e1ticos rusos con los que tiene que hablar y le dice estar dispuesto a cambiar de nombre y a renunciar a la ciudadan\u00eda italiana. Es en este contexto de esperanzas en el que cobra tanta fuerza la obsesi\u00f3n: como consecuencia del asunto Grieco en 1928, desconf\u00eda de la forma de actuar de los \u00abamigos italianos\u00bb. Para que los medios puedan adaptarse al fin, quiere que esta segunda gesti\u00f3n se haga en secreto y no se hable de ella a aquellos amigos. Gramsci no da nombres, pero uno de estos amigos queda incluido en el secreto y excluido de toda sospecha: Piero Sraffa.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote38sym\" name=\"sdfootnote38anc\">38<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Pero todav\u00eda un mes despu\u00e9s, el 27 de febrero, Gramsci insiste de nuevo sobre el tema y escribe la m\u00e1s tremenda de sus cartas a Tatiana Schucht y probablemente de todas las cartas de la c\u00e1rcel. En ella, Gramsci empieza admitiendo que hay cosas que se le han hecho obsesivas, pero rechaza de plano que, en su caso, el elemento ps\u00edquico est\u00e9 determinando lo f\u00edsico o viceversa. Da otra raz\u00f3n: la antigua preocupaci\u00f3n se le ha intensificado porque est\u00e1 llegando a la conclusi\u00f3n de que \u00e9l mismo ya no va a poder ocuparse de la cosa \u00abfilol\u00f3gicamente\u00bb, o sea, ir a las fuentes y llegar a una explicaci\u00f3n plausible de los hechos. En este punto relaciona solemnemente la carta de Ruggero Grieco con la evoluci\u00f3n de sus relaciones con Julia. Confiesa ah\u00ed que \u00e9l puede haber cometido errores en esta relaci\u00f3n, pero, por encima de esos errores, ve en el comportamiento de Julia algo que se le escapa y que no consigue identificar con precisi\u00f3n. La sospecha toma cuerpo: \u00abQuien me ha condenado es un organismo mucho m\u00e1s amplio, del que el tribunal especial [fascista] no ha sido m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n externa y material, el que ha compilado el acto legal de la condena. Tengo que decir que entre estos \u00abcondenadores\u00bb ha estado tambi\u00e9n Julia, aunque creo, o mejor dicho, estoy firmemente persuadido de que ella ha actuado inconscientemente y de que ha habido una serie de personas menos inconscientes\u00bb.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote39sym\" name=\"sdfootnote39anc\">39<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Al llegar ah\u00ed el lector del epistolario de Gramsci se queda tan pasmado y perplejo como qued\u00f3 la destinataria de la carta, Tatiana Schucht. \u00bfQu\u00e9 decir? Seguramente lo m\u00e1s razonable es decir lo que dijo Piero Sraffa cuando tuvo copia de estas misivas a trav\u00e9s de la propia Tatiana: \u00abEl estado de \u00e1nimo de Antonio es muy preocupante: su \u00faltima carta es impresionante por lo absurda. Es el documento de un enfermo\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote40sym\" name=\"sdfootnote40anc\">40<\/a><\/sup>. Cierto. A pesar de la insistencia de Gramsci en que est\u00e1 abordando el asunto racionalmente, con esp\u00edritu pr\u00e1ctico, y a pesar del \u00e9nfasis que ha puesto en que hay que adaptar los medios al fin que se persigue (hasta el punto de herir a Tatiana cuando cree que no es capaz de hacerlo), no se entiende por qu\u00e9, en el transcurso de semanas, puede haber pensado sucesivamente en romper el v\u00ednculo con Julia y retirarse a la \u00abconcha sarda\u00bb, en renunciar a la nacionalidad e ir a vivir a Mosc\u00fa con los suyos, en el caso de ser liberado, y en que Julia, por la que dice sentir una acentuada ternura, pudiera ser uno de sus \u00abcondenadores\u00bb, aunque de forma inconsciente.<\/p>\n<p>En cualquier caso, no se trataba, seg\u00fan parece, de una obsesi\u00f3n ocasional o de una forma de locura temporal. Gramsci ha dado tanta importancia a este suceso que, incluso al pasar revista a lo que hab\u00eda sido su vida desde la detenci\u00f3n y el encarcelamiento, y establecer los periodos de su vida carcelaria, adem\u00e1s de afirmar que en 1933 empezaba una fase cr\u00edtica y decisiva de su existencia, retrotra\u00eda la fase anterior, no, como hubiera sido lo l\u00f3gico, al momento en que tuvo lugar el proceso, o al momento en que, concluido \u00e9ste, fue trasladado a la casa penal de Turi (en la que todav\u00eda se encontraba), sino precisamente al d\u00eda en que recibi\u00f3 la carta de Ruggero Grieco, como si \u00e9sta hubiera sido algo parecido a \u00abla mota negra\u00bb del relato famoso. Todav\u00eda en mayo de 1933 repet\u00eda que el juez instructor tuvo raz\u00f3n al decirle que parec\u00eda como si sus amigos estuvieran colaborando a mantenerlo lo m\u00e1s posible en la c\u00e1rcel.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote41sym\" name=\"sdfootnote41anc\">41<\/a><\/sup><\/p>\n<p><b>7. <\/b>\u00bfPor qu\u00e9 Gramsci mezcla a Julia (a la que sin duda sigue queriendo y de la que no tiene otro motivo racional de queja que sus prolongados silencios o la brevedad de sus cartas cuando escribe) en aquella \u00abligereza irresponsable\u00bb o \u00abacto criminal\u00bb que la convierte en uno de sus \u00abcondenadores\u00bb?<\/p>\n<p>La proximidad temporal de esta carta a aquella otra en la que Gramsci suscita la cuesti\u00f3n del divorcio ha llevado a algunos int\u00e9rpretes a contestar a esta pregunta con la hip\u00f3tesis de que en el debate comunista de los primeros a\u00f1os treinta Julia y la familia Schucht (o parte de la familia) residente en Mosc\u00fa estaban (tal vez en relaci\u00f3n con Togliatti) en el otro bando. Seg\u00fan esta hip\u00f3tesis Gramsci se habr\u00eda dado cuenta de ello, at\u00f3 cabos y lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n correcta: la maldad consciente de alguno de los dirigentes comunistas y la inconsciente de ella. Pero esta conjetura pierde entidad cuando se advierte que, en la misma carta mencionada y sobre todo en los coloquios que tuvo con Tatiana, Gramsci ha dicho que no hablara de ese asunto m\u00e1s que con Piero Sraffa, y Gramsci sab\u00eda perfectamente que Tatiana y Piero Sraffa eran sus enlaces con la direcci\u00f3n del partido comunista en el exterior.<\/p>\n<p>\u00bfHay alguna evidencia de que la sospecha de Gramsci fuera cierta, de que el grupo dirigente del partido comunista, y con \u00e9l,<br \/>\naunque inconscientemente, Julia Schucht, hayan traicionado a Gramsci, o hay que considerar, m\u00e1s bien, que se trat\u00f3 de una obsesi\u00f3n, de una sospecha infundada? Umberto Terracini, otro de los prisioneros comunistas que recibi\u00f3 igualmente, y en las mismas fechas, la carta de Grieco, ha sido muy expl\u00edcito al respecto: \u00abLa sospecha de Gramsci siempre me pareci\u00f3 incomprensible\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote42sym\" name=\"sdfootnote42anc\">42<\/a><\/sup>. Esta ha sido tambi\u00e9n la opini\u00f3n del historiador Paolo Spriano, que ha estudiado el asunto con detalle, y de Valentino Gerratana, que se basa en la documentaci\u00f3n donada por Piero Sraffa, la persona que, por sus contactos con unos y con otros, m\u00e1s pudo saber a este respecto.<\/p>\n<p>Queda, desde luego, \u00abla ligereza irresponsable\u00bb de 1928 y el hecho de que en lo pol\u00edtico, como en lo dem\u00e1s, Gramsci pens\u00f3 siempre por su cuenta: en 1926, en 1928, en 1930 y en 1933. Pensar por cuenta propia ha sido siempre una cruz, dentro y fuera de los partidos comunistas. Una cruz a\u00fan m\u00e1s pesada en las c\u00e1rceles. Y en la c\u00e1rcel no hay Cirineos para eso. Caben pocas dudas respecto del hecho de que Gramsci ten\u00eda los Cirineos fuera. Pero su rigor moral \u2014\u00abhasta en la bondad hay que ser pr\u00e1cticos\u00bb\u2014, su manera de entender la racionalidad en las relaciones personales \u2014\u00abmi modo de actuar y expresar los sentimientos debe ser racional y racionalizado\u00bb\u2014 y su car\u00e1cter volitivo \u2014\u00abla voluntad concreta lo es todo\u00bb, hab\u00eda escrito\u2014 le confundieron a veces.<\/p>\n<p>Y queda el juicio de Piero Sraffa sobre el absurdo y la enfermedad. Que se puede ampliar. Ampliarlo en forma explicativa supone, con la distancia que da el tiempo transcurrido, distinguir con claridad entre: 1) lo que Gramsci crey\u00f3; 2) la base racional de sus obsesiones; 3) los motivos por los cuales esta base racional convierte la simple sospecha en obsesi\u00f3n; 4) la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica de lo que realmente estaba ocurriendo en el otro mundo, en \u00abel mundo grande y terrible\u00bb, en el mundo externo a la c\u00e1rcel; y 5) lo que el bi\u00f3grafo o el historiador cree que hubiera sido m\u00e1s conveniente que ocurriera en aquellas circunstancias. Dejando contraf\u00e1cticos a un lado, uno de los problemas que se plantean al tratar de repensar comprensivamente momentos cr\u00edticos como el que Gramsci tuvo que pasar entre 1932 y 1933 es que cuesta, cuesta mucho, diferenciar entre esas operaciones, de manera que la obsesi\u00f3n del hombre, que en su obsesi\u00f3n sigue pensando y escribiendo en forma luminosa (hay que tener en cuenta que varias de las mencionadas cartas de Gramsci son formalmente excelentes), se convierte en obsesi\u00f3n nuestra.<\/p>\n<p>Y en este punto es importante decir enseguida, para no quedarse en ella, en la obsesi\u00f3n, que en el momento en que Gramsci tuvo ayuda (no s\u00f3lo epistolar, sino la ayuda de la presencia), y encontr\u00f3 en las cl\u00ednicas al menos el reposo que necesitaba, aquellas obsesiones suyas fueron desapareciendo. El problema est\u00e1 en que lo que Gramsci llamaba \u00abayuda concreta\u00bb antes de que la enfermedad hiciera crisis, en marzo de 1933, depend\u00eda demasiado de su voluntad de resistencia y autosuperaci\u00f3n moral, de una voluntad que no se correspond\u00eda con el grado de su enfermedad. Pues en esos meses (e incluso despu\u00e9s, aunque ya con menos fuerza) ha llamado \u00abligereza irresponsable\u00bb y cosas peores toda tentativa de ayuda que supusiera para \u00e9l p\u00e9rdida de imagen moral, toda tentativa de ayuda que pudiera ser interpretada por los otros como una cesi\u00f3n o como una rendici\u00f3n. Y esto no s\u00f3lo cuando los familiares le propusieron una petici\u00f3n de gracia o en el caso de los frustrados intentos de intercambio de prisioneros, cosa razonable y comprensible, sino tambi\u00e9n en el caso de la ayuda m\u00e9dica, lo que iba a ser m\u00e1s grave para \u00e9l.<\/p>\n<p>Ya esta otra hip\u00f3tesis sugiere que, para entender racionalmente la evoluci\u00f3n de Gramsci desde fuera, no hay que quedarse en lo s\u00f3lo pol\u00edtico, sino dar m\u00e1s importancia a los otros factores: al efecto devastador sobre el v\u00ednculo entre lo sentimental y lo pol\u00edtico de una enfermedad grave, mal diagnosticada y peor tratada, y a las consecuencias de la evoluci\u00f3n de esta enfermedad sobre ciertos rasgos del car\u00e1cter que \u00e9l consideraba permanentes.<\/p>\n<p><b>8. <\/b>Una de las cosas que m\u00e1s llaman la atenci\u00f3n en las cartas que Gramsci ha escrito a los pr\u00f3ximos, desde la c\u00e1rcel de Turi de Bari, es la cantidad de veces que, al referirse a su car\u00e1cter y a sus convicciones, emplea los adverbios \u00absiempre\u00bb y \u00abnunca\u00bb. Y la contundencia con que los usa. Se ve a s\u00ed mismo como un hombre que siempre ha sido eminentemente pr\u00e1ctico; que siempre ha sido volitivo y siempre ha puesto la voluntad concreta en primer plano; que siempre ha sido pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad, sabiendo que pesimismo y optimismo son simples y vulgares estados de \u00e1nimo; que siempre ha tenido una paciencia ilimitada; que siempre se ha propuesto fines discretos y alcanzables por autoconciencia de los propias limitaciones; que nunca ha sido ego\u00edsta porque ha dado en su vida al menos tanto como ha recibido; que siempre ha sabido vivir en soledad y nunca ha necesitado aportaci\u00f3n externa de fuerzas morales para sobrevivir; que nunca habla del aspecto negativo de su vida, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>A medida que la enfermedad avanza, sin embargo, estos \u00absiempre\u00bb y estos \u00abnunca\u00bb aparecen entrelazados ya con rectificaciones amargas o, las m\u00e1s de las veces, matizados por el uso del pret\u00e9rito perfecto: he sido as\u00ed, pero ya no puedo ser as\u00ed. En mayo de 1932 ha escrito: \u00abYo soy un sardo sin complicaciones psicol\u00f3gicas\u00bb. Pero enseguida corrige: \u00abDeber\u00eda decir que he sido un sardo sin complicaciones, porque ahora ya no lo soy. Una cierta dosis de complicaciones debe haber turbado tambi\u00e9n mi psicolog\u00eda\u00bb. El 6 de febrero de 1933 dice a Tatiana que ya no puede ser paciente. Y el 29 de mayo, consciente ya de la gravedad de la enfermedad, rectifica incluso su autodefinici\u00f3n favorita: \u00abHasta hace poco tiempo yo era, por as\u00ed decirlo, pesimista con la inteligencia y optimista con la voluntad. Hoy ya no pienso as\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Este cambio es lo que m\u00e1s conmueve cuando se sigue la evoluci\u00f3n de un hombre que ha hecho de la voluntad de resistencia el sentido de su vida y que al mismo tiempo est\u00e1 escribiendo notas interesant\u00edsimas de teor\u00eda pol\u00edtica, de filosof\u00eda, de costumbres, de filolog\u00eda. Pero seguramente lo que mejor expresa el cambio psicol\u00f3gico que se estaba produciendo en Gramsci es la comparaci\u00f3n entre sus anteriores met\u00e1foras (la de los marineros de Nansen, la del observador del acuario) y la par\u00e1bola con que quiere describir su situaci\u00f3n en marzo de 1933, precisamente una semana antes de la confirmaci\u00f3n de la gravedad de su enfermedad.<br \/>\nGramsci est\u00e1n pensando entonces en \u00ablas cat\u00e1strofes del car\u00e1cter\u00bb. Se pregunta qu\u00e9 tiene que ocurrir para que personas normales, v\u00edctimas de un naufragio, acaben aceptando la idea del canibalismo y la pongan en pr\u00e1ctica. Y se contesta a s\u00ed mismo que entre el momento en que, durante el naufragio, el canibalismo se presenta como pura hip\u00f3tesis y el momento en que para algunos pasa a convertirse en una necesidad inmediata se ha producido un proceso r\u00e1pido de \u00abtransformaci\u00f3n molecular\u00bb: son y no son las mismas personas que tal vez hayamos conocido.<\/p>\n<p>Canibalismo aparte \u2014concluye\u2014 algo parecido le est\u00e1 ocurriendo a \u00e9l: lo que siente es un \u00abdesdoblamamiento de la personalidad\u00bb por el que una parte de s\u00ed mismo observa el proceso y la otra lo sufre, con la particularidad, en su caso, de que la parte observadora, la que rige el autocontrol, se da cuenta de la precariedad de su estado y prev\u00e9 que est\u00e1 pr\u00f3ximo el momento en que su funci\u00f3n desaparecer\u00e1, y con la consecuencia de que entonces la personalidad se metamorfosear\u00e1 en un individuo nuevo con impulsos, iniciativas y modos de pensar distintos de los del individuo que fue.<\/p>\n<p>Hasta ah\u00ed el s\u00edmil. De la importancia que Gramsci ha dado a esta observaci\u00f3n sobre el desdoblamiento de la personalidad y las cat\u00e1strofes del car\u00e1cter dice mucho el hecho de que \u00e9sta es una de las pocas cosas comunicadas en las cartas que aparece tambi\u00e9n en los cuadernos y, significativamente, bajo el r\u00f3tulo \u00abnotas autobiogr\u00e1ficas\u00bb. Se ha aludido muchas veces a esta circunstancia desde que Valentino Gerratana llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la coincidencia. Pero tal vez no se ha insistido lo suficiente en que lo m\u00e1s preocupante de esta l\u00facida par\u00e1bola introspectiva, y al mismo tiempo lo m\u00e1s relevante para entender la relaci\u00f3n entre la \u00abcat\u00e1strofe del car\u00e1cter\u00bb y las sospechas y obsesiones antes mencionadas, es la moraleja que Gramsci quiere sacar de ella.<\/p>\n<p>Uno esperar\u00eda, en tal situaci\u00f3n, y antes de verse abocado al \u00abcanibalismo\u00bb, petici\u00f3n de ayuda en el momento mismo del naufragio. Pero Gramsci infiere de su met\u00e1fora introspectiva esta otra conclusi\u00f3n, que llama pr\u00e1ctica: \u00abEs preciso que durante un cierto tiempo yo no escriba a nadie, ni siquiera a ti [a Tatiana] m\u00e1s que las desnudas y crudas noticias sobre los hechos de la existencia\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote43sym\" name=\"sdfootnote43anc\">43<\/a><\/sup>. Y cuando Tatiana intenta ayudar al n\u00e1ufrago, haciendo gestiones ante el tribunal especial para una reducci\u00f3n de la pena, el mismo n\u00e1ufrago objeta que ella no ha entendido el sentido de la met\u00e1fora, pues actuar de este modo es como si en la urgencia para socorrer al que se est\u00e1 ahogando uno se preocupara de buscarle otra profesi\u00f3n en la que no tuviera que pasar por el riesgo de caer al agua.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote44sym\" name=\"sdfootnote44anc\">44<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Es el mismo tipo de reacci\u00f3n que hab\u00eda tenido cuando, en Tur\u00edn, se le hizo presente \u00abel peso desequilibrante del cerebro\u00bb: aislarse y concentrarse en el estudio. Y no es casual que cuando la enfermedad hizo crisis Gramsci haya vuelto varias veces a la comparaci\u00f3n con situaciones (1916, 1922) que en principio cree similares para tratar de obtener fortaleza del recuerdo de su reacci\u00f3n en ellas. A pesar de las horas que ha dedicado a observar la evoluci\u00f3n de su enfermedad y de las p\u00e1ginas que ha dedicado a transmitir sus sensaciones, le ha costado mucho tiempo admitir que esta vez, en 1933, no se trataba s\u00f3lo de un problema de nervios. Incluso despu\u00e9s de tener un diagn\u00f3stico serio y habiendo ya aceptado la necesidad de ser trasladado a una cl\u00ednica, en los pocos momentos en que ha observado cierta recuperaci\u00f3n, ha vuelto a hacerse la ilusi\u00f3n de que, en el deterioro f\u00edsico, segu\u00eda dominando todav\u00eda la vaguedad aquella de \u00abla anemia cerebral\u00bb que un d\u00eda le diagnostic\u00f3 un m\u00e9dico de Tur\u00edn.<\/p>\n<p>Pero la descripci\u00f3n, a veces detallad\u00edsima, de sus males, de sus dolores y de sus sufrimientos, estaba indicando otra cosa. Primero percibe su mal como algo f\u00edsico que no consigue dominar y que le obliga a hacer un esfuerzo que le altera psicosom\u00e1ticamente de modo incre\u00edble. Luego describe la principal de sus consecuencias psicol\u00f3gicas: la obsesi\u00f3n, o sea, el hecho de que el sufrimiento mismo hace olvidar que el noventa y nueve por ciento del mal se debe a causas de fuerza mayor, independientes de la propia voluntad o de las personas a las quiere, para acabar present\u00e1ndosele siempre como si el otro uno por ciento, lo que hacen y dicen las personas queridas, fuera la causa \u00fanica o mayor de sus males.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote45sym\" name=\"sdfootnote45anc\">45<\/a><\/sup> Poco despu\u00e9s reconoce que ha entrado en una fase catastr\u00f3fica de su vida y que le parece que se est\u00e1 volviendo loco: tiene crisis de llanto y miedo a entrar en una fase de delirio. En este punto introduce otra rectificaci\u00f3n importante: \u00abNo cre\u00eda que lo f\u00edsico pudiera apoderarse hasta este punto de las fuerzas morales\u00bb. Es el principio de la \u00abtransformaci\u00f3n molecular\u00bb. Pero todav\u00eda sigue creyendo que lo mejor en su caso es el aislamiento.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote46sym\" name=\"sdfootnote46anc\">46<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de la crisis de marzo y de la visita del doctor Arcangeli, Gramsci se ha dado cuenta de que sus frecuentes insomnios, sus dolores de cabeza y su continuada irritabilidad ten\u00edan que tener otra causa que la gen\u00e9rica \u00abanemia cerebral\u00bb. Reconoce entonces que lo que le est\u00e1 pasando es distinto de lo que ha tenido que sufrir a\u00f1os atr\u00e1s. Se siente como \u00abelectrizado\u00bb: ha tenido escalofr\u00edos, v\u00f3mitos, convulsiones y alucinaciones, insuficiencia card\u00edaca, ataques que no puede controlar, tics en brazos y piernas. Aun as\u00ed parece que Gramsci no ha dado demasiado importancia a la tuberculosis pulmonar ni al mal de Pott. Su estado ps\u00edquico le preocupa m\u00e1s y no acaba de establecer relaci\u00f3n entre la arterioescleroris y lo que est\u00e1 ocurriendo en su cerebro, como si, efectivamente, en el desdoblamiento \u00abcanibalesco\u00bb de la personalidad, \u00e9l mismo estuviera luchando para que el individuo que fue no se convierta en un individuo \u00abnuevo\u00bb incontrolado. Describe entonces su propia \u00abtransformaci\u00f3n molecular\u00bb con un esfuerzo anal\u00edtico que tuvo que costarle nuevos sufrimientos: \u00abEstoy en un estado de obsesi\u00f3n ps\u00edquica del que no logro liberarme de ning\u00fan modo. Y los esfuerzos que hago en este sentido (porque se ve que todav\u00eda no he perdido completamente el equilibrio) aumentan la obsesi\u00f3n hasta ponerme fren\u00e9tico\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote47sym\" name=\"sdfootnote47anc\">47<\/a><\/sup>. Viendo, sin embargo, que ninguna de las gestiones en curso para su liberaci\u00f3n daban fruto, en julio de 1933 Gramsci ha acabado aceptando la idea (no sin manifestar reticencias por el costo) de que s\u00f3lo podr\u00eda mejorar en una cl\u00ednica. Desde entonces a\u00fan ha tenido que sufrir cuatro meses m\u00e1s en la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p><b>9. <\/b>Desde las cl\u00ednicas por las que pas\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida Gramsci ha escrito todav\u00eda bastantes cartas, de las que se han conservado medio centenar, la mayor\u00eda de ellas de 1936 y 1937. Casi todas est\u00e1n dirigidas a Julia Schucht y a los hijos, Delio y Giuliano. La correspondencia escrita con Tatiana se interrumpi\u00f3 casi por completo porque Tatiana pod\u00eda verle semanalmente en la cl\u00ednica de Formia y con m\u00e1s frecuencia a\u00fan cuando fue trasladado a la cl\u00ednica Quisisana, de Roma. Tambi\u00e9n le visit\u00f3 varias veces, en Formia y en Roma, Piero Sraffa.<\/p>\n<p>Durante la estancia en Formia la salud de Gramsci no mejor\u00f3. Ten\u00eda ya afectados el ri\u00f1\u00f3n, los pulmones y el vientre, aunque los ex\u00e1menes radiol\u00f3gicos para confirmar la tuberculosis fueron negativos. Estaba debil\u00edsimo, con fiebre constante, ten\u00eda vah\u00eddos, doble visi\u00f3n, el vientre muy hinchado, dolores agudos en las articulaciones y segu\u00eda sin poder dormir. Una nueva visita m\u00e9dica aclar\u00f3 que sus males ps\u00edquicos, la aton\u00eda cerebral y lo que \u00e9l llamaba \u00abcrisis neurast\u00e9nicas\u00bb, eran efectos derivados de la afecci\u00f3n renal y de la hipertensi\u00f3n. Pero el reposo, los cuidados y el ambiente de la cl\u00ednica, tan distinto de la celda carcelaria, serenaron relativamente a Gramsci. Sigui\u00f3 con cierta intranquilidad las gestiones jur\u00eddicas para la obtenci\u00f3n de la libertad condicional y las gestiones diplom\u00e1ticas para su liberaci\u00f3n (que se reanudaron, sin \u00e9xito, en 1934), pero sin las obsesiones del a\u00f1o anterior.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote48sym\" name=\"sdfootnote48anc\">48<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En 1934 la relaci\u00f3n con Julia se invirti\u00f3. Ahora era Julia la que escrib\u00eda y Antonio quien no contestaba a sus cartas, dejando a Tatiana la comunicaci\u00f3n de noticias. De ese a\u00f1o s\u00f3lo se ha conservado una carta suya, dirigida a la madre. Gramsci a\u00fan no sab\u00eda que su madre hab\u00eda muerto el 30 de diciembre de 1932. Cuando lo supo se irrit\u00f3 porque le hubieran ocultado la noticia. En octubre, qued\u00f3 en libertad vigilada y por primera vez pudo salir a pasear por Formia. Hasta octubre apenas pudo trabajar en los cuadernos, pero estando en Formia a\u00fan volvi\u00f3 a hacer planes: reorden\u00f3 parte de lo que hab\u00eda escrito en la c\u00e1rcel de Turi y a\u00f1adi\u00f3 algunas notas, reflexiones y comentarios. Varias de estas notas ponen de manifiesto que mantuvo sus convicciones revolucionarias hasta el final.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote49sym\" name=\"sdfootnote49anc\">49<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Ya en la cl\u00ednica Quisisana, de Roma, adonde lleg\u00f3 el 24 de agosto de 1935, Gramsci reanud\u00f3 la correspondencia con Julia. Aunque se sent\u00eda agotado y muy excitado, Gramsci volvi\u00f3 a repetir (para Julia y para \u00e9l mismo) su palabra de siempre: resistir y tratar de adquirir fuerzas. Enseguida encontr\u00f3 similitudes entre su estado de \u00e1nimo y el Julia y bas\u00f3 en esta impresi\u00f3n suya la petici\u00f3n reiterada para que Julia hiciera el viaje a Italia y reanudar as\u00ed los v\u00ednculos que les hab\u00edan unido. Aunque tampoco tienen el humor de anta\u00f1o ni est\u00e1n dictadas por las efusiones del enamoramiento, estas cartas, serenas y tiernas, se han librado ya de la inhibici\u00f3n que le produc\u00eda la vigilancia de terceras personas y recuerdan a veces, por su tono, el epistolario de Viena: \u00abTe he esperado siempre, querida, y t\u00fa has sido siempre uno de los elementos esenciales de mi vida, incluso cuando no te escrib\u00eda porque no sab\u00eda qu\u00e9 escribirte ni c\u00f3mo escribirte. [&#8230;] Estoy poniendo en lo que te escribo toda mi ternura, aunque \u00e9sta no queda reflejada en las palabras escritas\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote50sym\" name=\"sdfootnote50anc\">50<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Ante las dudas de Julia sobre el viaje a Italia Gramsci ha cre\u00eddo que no deb\u00eda imponer o condicionar su decisi\u00f3n y que lo mejor para eso era eliminar toda complicaci\u00f3n morbosa y todo sentimentalismo obsesionante. Por eso plante\u00f3 el reencuentro en t\u00e9rminos de amistad: \u00abYo soy un amigo tuyo, esencialmente, y tengo necesidad de hablar contigo como se habla entre amigos, con franqueza y sin prejuicios\u00bb. Cuando pasan los meses y Julia no se decide a viajar Gramsci se siente mal: \u00abPorque tambi\u00e9n yo debo tomar decisiones y estoy irresuelto, a la espera de lo que t\u00fa decidas, positiva o negativamente\u00bb. En esas condiciones, en junio de 1936, se atreve a comunicar a Julia los malos pensamientos que le pasaron por la cabeza en los a\u00f1os de c\u00e1rcel. Repite la pregunta que se hizo entonces: \u00ab\u00bfQui\u00e9n me ha condenado a la c\u00e1rcel, es decir, a hacer esta determinada vida de este determinado modo\u00bb. Y da una respuesta que confirma la enorme distancia que existe entre hacerse la pregunta aguijoneado por la obsesi\u00f3n, el dolor y las constricciones de la c\u00e1rcel, y hac\u00e9rsela, aunque sea igualmente enfermo pero cuidado por otros y en libertad. Sugiere entonces Gramsci, sin acritud, que circunstancias que no son la causa principal del estado al que se ha llegado pueden sentirse con m\u00e1s fuerza que ese acto principal que condujo a la situaci\u00f3n mala. Y corta la queja con una f\u00f3rmula muy alejada de la que emple\u00f3 en la terrible carta a Tatiana de 1933: \u00abQuiero decirte, en definitiva, que tu incertidumbre determina mi incertidumbre y que tienes que ser fuerte y valiente para darme toda la ayuda posible, lo mismo que yo querr\u00eda hacer por ti, aunque desgraciadamente no puedo\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote51sym\" name=\"sdfootnote51anc\">51<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Aquel Gramsci, muy enfermo pero libre, acariciaba entonces la idea de volver a su Cerde\u00f1a natal y cerrar as\u00ed, definitivamente, todo un ciclo de su vida. Pero no quer\u00eda tomar la decisi\u00f3n sin saber antes qu\u00e9 iba a hacer Julia. Tambi\u00e9n esto, esta manera de actuar, permite entender mejor sus razones cuando, a\u00f1os atr\u00e1s, se plante\u00f3 \u00abliberarla del v\u00ednculo\u00bb. Lo que le da\u00f1aba psicol\u00f3gicamente era que su vida dependiera, de forma burocr\u00e1tica, no s\u00f3lo y especialmente de aquella parte de la cual no pod\u00eda esperar nada bueno sino, precisamente, de la parte de la que algo bueno espera. Julia Schucht no acaba de entender aquello de \u00abacabar un ciclo de la vida\u00bb y Antonio Gramsci no acaba de encontrar la forma de decir \u00abel sentido profundo\u00bb de lo que quiere decir. Cuando ella insin\u00faa que puede ir a Italia, \u00e9l suscita una dificultad: se siente d\u00e9bil, pero no quiere imponer, no quiere condicionar. As\u00ed nace el \u00faltimo equ\u00edvoco de aquella relaci\u00f3n sentimental.<\/p>\n<p>Y del equ\u00edvoco vuelve a brotar el Gramsci de los adverbios contundentes, el Gramsci que, en el di\u00e1logo afectivo, nos quiere aparentar debilidad moral y lleva las cosas a situaciones extremas. Le preocupa que, al hablar de un retiro en Cerde\u00f1a, en el que su aislamiento aumentar\u00eda, ella piense que sus sentimientos expresan alg\u00fan tipo de pesimismo \u00abhist\u00f3rico\u00bb. Ese tipo de pesimismo sigue sin ser el suyo. Y cuando ella dice que est\u00e1 segura de poder hablarle \u00abde todo\u00bb, ya en pol\u00e9mica con esta supuesta seguridad, vuelve a ratificar su concepto de la veracidad frente a la comedia de los equ\u00edvocos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Siempre he sido de la opini\u00f3n de que la verdad lleva en s\u00ed su propia medicina y, en cualquier caso, es preferible al silencio prolongado, el cual, entre otras cosas, es adem\u00e1s ofensivo y degradante, porque quien calla acerca de algo que puede producir dolor parece estar convencido de que la otra parte no comprende que el silencio mismo tiene un significado, y no s\u00f3lo eso, sino que es capaz de pensar que el silencio pueda ocultar cosas todav\u00eda m\u00e1s graves que las que se pretende callar. Haya, pues, verdad, claridad y sinceridad en nuestras relaciones.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote52sym\" name=\"sdfootnote52anc\">52<\/a><\/sup><\/p>\n<p>La verdad lleva en s\u00ed su propia medicina, efectivamente. Cuando Tatiana le entrega en la cl\u00ednica las cartas que Julia le escribi\u00f3 en el a\u00f1o malo de 1933 Gramsci relaciona aquel ocultamiento con el silencio de los pr\u00f3ximos sobre la muerte de la madre, se deja ir brevemente a la efusi\u00f3n de los sentimientos, bordea una reflexi\u00f3n sobre la zona de las \u00abocasiones perdidas\u00bb, pero enseguida se declara de una \u00abhipersensibilidad morbosa\u00bb y dice no poder escribir sobre ciertos temas. A continuaci\u00f3n pasa a hablar de los hijos. En enero del 1937 Gramsci hizo el \u00faltimo intento para convencer a Julia de que viajara a Italia. Dice entonces sentirla como parte de s\u00ed mismo, pero que nada puede sustituir la impresi\u00f3n directa. Es su \u00faltima confesi\u00f3n y su pen\u00faltimo adverbio, ahora atribuido a ella sobre \u00e9l: \u00abCreo que tu siempre has sabido que hay en m\u00ed una dificultad grande, muy grande, para exteriorizar los sentimientos y esto puede explicar muchas cosas ingratas\u00bb. En su \u00faltima carta conservada, de enero de 1937, Gramsci subrayaba todav\u00eda una palabra que ha sido esencial en su vida: <i>quiero<\/i>. Quer\u00eda, con motivos de su cumplea\u00f1os, una hermosa fotograf\u00eda de ella y los hijos.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote53sym\" name=\"sdfootnote53anc\">53<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Los \u00faltimos meses de Gramsci, como toda su vida desde 1922, han estado marcados por la divisi\u00f3n del alma entre sentimiento y pol\u00edtica, amor y revoluci\u00f3n. La idea de que la cualidad revolucionaria no puede reducirse al mero instinto de la rebeli\u00f3n, sino que depende del otro querer, del v\u00ednculo afectivo y amoroso con personas realmente existentes, o sea, de los lazos sentimentales que aproximan a los miembros de las clases oprimidas y a quienes, sin pertenecer a ellas, se sienten solidarios, no fue una ocurrencia compulsivamente elaborada en los d\u00edas del enamoramiento. Esa idea le acompa\u00f1\u00f3 hasta final. Descartado el viaje de Julia a Italia, Gramsci pidi\u00f3 a Tatiana y a su familia en Cerde\u00f1a que hicieran gestiones para encontrar una casa en Santu Lussurgiu, en las cercan\u00edas del pueblo en que \u00e9l hab\u00eda nacido. Pero luego cambi\u00f3 de opini\u00f3n. En abril, en el \u00faltimo coloquio que tuvo con el amigo Piero Sraffa, manifest\u00f3 su deseo de ser expatriado a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote54sym\" name=\"sdfootnote54anc\">54<\/a><\/sup> Sraffa hizo la petici\u00f3n formal desde Mil\u00e1n el 18 de abril. Una semana despu\u00e9s Gramsci tuvo una hemorragia cerebral y muri\u00f3.<\/p>\n<p>En estas cartas (y, desde luego, en numerosos testimonios de contempor\u00e1neos que le trataron dentro y fuera de la c\u00e1rcel) se han basado las dos biograf\u00edas m\u00e1s completas de Antonio Gramsci publicadas hasta la fecha: la de Giuseppe Fiori y la de Aurelio Lepre.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote55sym\" name=\"sdfootnote55anc\">55<\/a><\/sup> Hoy son seguramente el mejor complemento para la lectura y comprensi\u00f3n de las cartas de la c\u00e1rcel. El hermoso retrato que Fiori hizo, en los a\u00f1os sesenta, de la personalidad de Gramsci es, en mi opini\u00f3n, tan preciso como sensible. En su biograf\u00eda est\u00e1 ya lo esencial para captar el car\u00e1cter de Gramsci y las circunstancias que modelaron este car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Debe tenerse en cuenta, no obstante, que las ediciones que pueden considerarse pr\u00e1cticamente definitivas de la correspondencia de Gramsci se han publicado m\u00e1s tarde, en la d\u00e9cada de los noventa, y que estas ediciones incorporan varias piezas relevantes para la mejor comprensi\u00f3n de algunos aspectos discutidos de la personalidad de Gramsci y sobre su relaci\u00f3n con las personas a las que m\u00e1s quiso y con el grupo dirigente del partido comunista desde 1926 a 1937. La biograf\u00eda de Lepre tiene en cuenta estas novedades e incorpora los resultados del trabajo de investigaci\u00f3n llevado a cabo por otros autores (Paolo Spriano, Valentino Gerratana, Antonio A. Santucci y Aldo Natoli, principalmente) sobre los \u00faltimos a\u00f1os de la vida de Gramsci. El propio Fiori, en ensayos publicados tambi\u00e9n a comienzos de la d\u00e9cada de los noventa, ha matizado y actualizado algunas conjeturas de su biograf\u00eda tanto en lo relativo a las opiniones de Gramsci sobre la pol\u00edtica comunista posterior a 1926 como en lo que hace a la complicada y a veces agria relaci\u00f3n que desde la c\u00e1rcel mantuvo con sus \u00edntimos.<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote56sym\" name=\"sdfootnote56anc\">56<\/a><\/sup><\/p>\n<p>En las dos \u00faltimas d\u00e9cadas el mundo, aquel mundo del que Gramsci dec\u00eda en los a\u00f1os treinta que era \u00abgrande y terrible\u00bb, ha cambiado mucho. Ha cambiado Italia y ha cambiado Europa. En su pa\u00eds y en el nuestro hoy se lee poco a Gramsci. Ojal\u00e1 esta nueva edici\u00f3n de las cartas contribuya a llamar la atenci\u00f3n sobre su obra. Pues hoy se puede leer a Gramsci como se lee a un cl\u00e1sico y las cartas que escribi\u00f3 desde la c\u00e1rcel como un documento hist\u00f3rico de la tragedia del comunismo del siglo XX, como el testimonio de una resistencia que durante d\u00e9cadas hizo a muchos mejores, como una p\u00e1gina del libro blanco de un ideal.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<div id=\"sdfootnote1\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> A. Gramsci, <i>Lettere dal carcere,<\/i> al cuidado de A. A. Santucci, Sellerio Editore, Palermo, 1996, dos vol\u00famenes (el primero con las cartas de 1926 a 1930 y el segundo con las cartas de 1931 a 1937).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote2\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Carta del 18 de abril de 1927, en <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1g. 74.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote3\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit. p\u00e1gs. 80 y 117-118.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote4\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote4anc\" name=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed.cit, p\u00e1gs. 170 y 191.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote5\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote5anc\" name=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1gs. 117-118.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote6\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote6anc\" name=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Detalles sobre esta elecci\u00f3n en P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, L\u00b4Unit\u00e0, Roma, 1988; en A. Natoli, <i>Antigona e il prigioniero<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1990; en la Introducci\u00f3n de V. Gerratana a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, Editori Riuniti, Roma, 1991; y en A. Lepre, <i>Il prigioniero. Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Bari-Roma, 1998.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote7\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote7anc\" name=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1gs. 80 y 83.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote8\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote8anc\" name=\"sdfootnote8sym\">8<\/a><i> Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1gs. 113, 141, 198 y 199.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote9\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote9anc\" name=\"sdfootnote9sym\">9<\/a><i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1gs. 42-43.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote10\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote10anc\" name=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1gs. 68-69.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote11\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote11anc\" name=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit.,, p\u00e1gs. 163-164.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote12\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote12anc\" name=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1g. 186.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote13\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote13anc\" name=\"sdfootnote13sym\">13<\/a> Est\u00e1 reproducida en P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1gs. 135-137. Empieza con un p\u00e1rrafo afectuoso y solidario, en el que Grieco pide a Gramsci noticias sobre su estado de salud; en los p\u00e1rrafos siguientes, y aun a sabiendas de que puede incurrir en una infracci\u00f3n de las normas carcelarias, Grieco da noticia de las luchas internas en el partido comunista ruso, de sus repercusiones en los partidos comunistas europeos y comenta la situaci\u00f3n internacional; luego anuncia a Gramsci que, con Togliatti, tiene el proyecto de publicar una selecci\u00f3n de art\u00edculos suyos; y termina pidi\u00e9ndole que le escriba al hotel Lux, en Mosc\u00fa. El tono es amistoso y, en alg\u00fan paso, jocoso.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote14\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote14anc\" name=\"sdfootnote14sym\">14<\/a> La documentaci\u00f3n disponible (procedente de los archivos de la URSS) sobre las gestiones secretas con el Vaticano, entre septiembre de 1927 y enero de 1928, para un intercambio de prisioneros, est\u00e1 en <i>L\u2019ultima ricerca di Paolo Spriano<\/i>, L\u2019Unit\u00e0, Roma, 1988, p\u00e1gs. <span lang=\"en-GB\">15-21.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote15\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote15anc\" name=\"sdfootnote15sym\">15<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. cit, p\u00e1g. 448.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote16\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote16anc\" name=\"sdfootnote16sym\">16<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. <\/span>cit., p\u00e1gs. 197 y 200.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote17\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote17anc\" name=\"sdfootnote17sym\">17<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit. p\u00e1g. 361.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote18\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote18anc\" name=\"sdfootnote18sym\">18<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit. p\u00e1gs. 605 y 609.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote19\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote19anc\" name=\"sdfootnote19sym\">19<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1g. 625.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote20\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote20anc\" name=\"sdfootnote20sym\">20<\/a> En esos d\u00edas el m\u00e9dico de la c\u00e1rcel ha calificado su mal con las mismas palabras que muchos a\u00f1os antes hab\u00eda empleado el m\u00e9dico que le visit\u00f3 en Tur\u00edn: \u00abanemia o debilidad cerebral\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote21\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote21anc\" name=\"sdfootnote21sym\">21<\/a> Gramsci se refiere a esto en una carta a Tatiana escrita el 23 de abril de 1923. V\u00e9asela en <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1gs. 697-699.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote22\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote22anc\" name=\"sdfootnote22sym\">22<\/a> V. Gerratana, \u00abGramsci e Sraffa\u00bb, introducci\u00f3n a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. XXXI y ss.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote23\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote23anc\" name=\"sdfootnote23sym\">23<\/a> Eso da pie al t\u00edtulo del libro de A. Natoli, <i>Antigone e il prigioniero<\/i> (cuyo subt\u00edtulo es \u00abTania Schucht lucha por la vida de Gramsci\u00bb), Editori Riuniti, Roma, 1990.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote24\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote24anc\" name=\"sdfootnote24sym\">24<\/a> A. Lepre aborda con sensibilidad este asunto en el cap\u00edtulo titulado \u00abUn inestricabile groviglio di pubblico e privato\u00bb, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1gs. <span lang=\"en-GB\">131-137.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote25\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote25anc\" name=\"sdfootnote25sym\">25<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. <\/span>cit. p\u00e1gs. 332-333.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote26\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote26anc\" name=\"sdfootnote26sym\">26<\/a> Cf. <i>Nuove lettere di Antonio Gramsci con altre lettere di Piero Sraffa<\/i>, al cuidado de Antonio A. Santucci. Pr\u00f3logo de Nicola Badaloni, Editori Riuniti, Roma, 1986, particularmente las p\u00e1ginas 57 a 76; y tambi\u00e9n la correspondencia de Piero Sraffa con Tatiana Schucht, editada por Valentino Gerratana.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote27\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote27anc\" name=\"sdfootnote27sym\">27<\/a> T. Schucht, <i>Lettere ai familiari<\/i>, introducci\u00f3n de M. Paulesu Quercioli, Editori Riuniti, Roma, 1990, p\u00e1g. 587; A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 141 y ss. descarta el motivo pol\u00edtico en este silencio y apunta no s\u00f3lo a la enfermedad de Julia sino a las presiones familiares.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote28\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote28anc\" name=\"sdfootnote28sym\">28<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. cit, p\u00e1g. 358.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote29\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote29anc\" name=\"sdfootnote29sym\">29<\/a><span lang=\"en-GB\"> T. Schucht <\/span><span lang=\"en-GB\"><i>Lettere ai familiari<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">. <\/span>Pr\u00f3logo de Giuliano Gramsci. Al cuidado y con introducci\u00f3n de Mimma Paulesu Quercioli. Editori Riuniti, Roma, 1992; Antonio Gramsci \u2013 T. Schucht, <i>Lettere. 1926-1935<\/i>. Al cuidado de Aldo Natoli y Chiara Daniele, Einaudi, Tur\u00edn, 1997.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote30\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote30anc\" name=\"sdfootnote30sym\">30<\/a> A. Cambria ha puesto el acento en esta otra parte de la tragedia. V\u00e9ase <i>Amore come rivoluzione<\/i>, cit., p\u00e1g. 99 y ss. Sensible es tambi\u00e9n G. Fiori, \u00abL\u2019universo affettivo di Nino\u00bb, ed. cit. p\u00e1gs. 129-130.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote31\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote31anc\" name=\"sdfootnote31sym\">31<\/a> <i>Cartas a Yulca<\/i>, cit., p\u00e1gs. 156-170.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote32\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote32anc\" name=\"sdfootnote32sym\">32<\/a> Gramsci critic\u00f3 la t\u00e1ctica de la Internacional por irrealista, rechaz\u00f3 la idea sectaria de la fascistizaci\u00f3n de la socialdemocracia, postul\u00f3 un periodo de transici\u00f3n a la ca\u00edda del fascismo y se manifest\u00f3 en favor de la Constituyente, \u00abaunque no como un fin sino como un medio\u00bb. P. Spriano dice lo esencial sobre esta discrepancia, en <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1g. 47 y ss.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote33\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote33anc\" name=\"sdfootnote33sym\">33<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. cit, p\u00e1gs. <\/span>603 y 604.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote34\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote34anc\" name=\"sdfootnote34sym\">34<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit.,, p\u00e1gs. 605, 610 y 611.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote35\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote35anc\" name=\"sdfootnote35sym\">35<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1gs. 636-639.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote36\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote36anc\" name=\"sdfootnote36sym\">36<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit, p\u00e1gs. 640 y 641. De hecho Gramsci no lleg\u00f3 a escribir a Julia sobre este tema, aunque la idea del divorcio todav\u00eda reaparecer\u00eda, ya como de pasada, en una carta de junio de 1933, cuando su enfermedad hab\u00eda hecho crisis (<i>ibid<\/i>., p\u00e1g. 723).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote37\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote37anc\" name=\"sdfootnote37sym\">37<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. cit, p\u00e1gs. <\/span>645-647.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote38\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote38anc\" name=\"sdfootnote38sym\">38<\/a> Tatiana Schucht escribi\u00f3 detalladamente, el 11 de febrero de 1933, a Piero Sraffa sobre lo que Gramsci dijo en estos coloquios. Su testimonio est\u00e1 en P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. 226 y ss.; y en A. Natoli, <i>Antigona e il prigioniero<\/i>, cit., ap\u00e9ndice, p\u00e1g. 250 y ss.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote39\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote39anc\" name=\"sdfootnote39sym\">39<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. cit., p\u00e1g. 690.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote40\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote40anc\" name=\"sdfootnote40sym\">40<\/a><span lang=\"en-GB\"> Piero Sraffa, <\/span><span lang=\"en-GB\"><i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, cit., p\u00e1gs. 98 y 117.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote41\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote41anc\" name=\"sdfootnote41sym\">41<\/a><span lang=\"en-GB\">A. Gramsci &#8211; T. Schucht, <\/span><span lang=\"en-GB\"><i>Lettere. <\/i><\/span><i>1926-1935<\/i>, al cuidado de A. Natoli y Ch. Daniele, Einaudi, Tur\u00edn, 1997, p\u00e1g. 1283; A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 191.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote42\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote42anc\" name=\"sdfootnote42sym\">42<\/a> U. Terracini, en <i>Gramsci vivo<\/i>, cit., p\u00e1gs. 118-119. G. Fiori ha reconstruido el contexto de aquella sospecha llegando a la conclusi\u00f3n de que Gramsci se dej\u00f3 sugestionar por uno de los jueces instructores del proceso, el magistrado militar Enrico Macis, sardo como \u00e9l. Cf. <i>Gramsci, Togliatti, Stalin<\/i>, Laterza, Roma, 1991, p\u00e1g. 10 y ss. Gramsci tampoco fue precisamente perspicaz cuando, en septiembre de 1933, ya muy enfermo y con un diagn\u00f3stico s\u00f3lido y fiable, dio cierto cr\u00e9dito a la insinuaci\u00f3n del inspector m\u00e9dico de prisiones, Saporito, en el sentido de que sus males eran mayormente ps\u00edquicos, derivados de la impresi\u00f3n de haber sido abandonado por los suyos (en<i> Lettere dal carcere, <\/i>ed. cit., p\u00e1gs. 742-743).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote43\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote43anc\" name=\"sdfootnote43sym\">43<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed.cit, p\u00e1gs. 692-693.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote44\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote44anc\" name=\"sdfootnote44sym\">44<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1g. 727.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote45\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote45anc\" name=\"sdfootnote45sym\">45<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1gs. 680, 683 y 684.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote46\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote46anc\" name=\"sdfootnote46sym\">46<\/a> A Teresina: \u00abNo tener relaciones con nadie, ser olvidado por todos y olvidar todo, y vivir como una bestia en su cueva\u00bb, <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1g. 688.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote47\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote47anc\" name=\"sdfootnote47sym\">47<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1gs. 706-757.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote48\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote48anc\" name=\"sdfootnote48sym\">48<\/a><i> L\u2019ultima ricerca de Paolo Spriano<\/i>, cit., p\u00e1gs. 26-29. De la tentativa diplom\u00e1tica de 1934-1935 dice V. Gerratana que \u00abno pas\u00f3 de la ineficaz rutina burocr\u00e1tica\u00bb. (En \u00abGramsci e Sraffa\u00bb, Introducci\u00f3n a P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., p\u00e1g. LIV.)<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote49\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote49anc\" name=\"sdfootnote49sym\">49<\/a> La informaci\u00f3n sobre la vida de Gramsci en Formia procede de: T. Schucht<i>, Lettere ai<\/i> <i>familiari<\/i>, introducci\u00f3n de M. Paulesu Quercioli, Editori Riuniti, Roma, 1990; A. Gramsci \u2013 T. Schucht<b>, <\/b><i>Lettere. 1926-1935<\/i>. Al cuidado de Aldo Natoli y Chiara Daniele. Einaudi, Tur\u00edn, 1997; P. Sraffa, <i>Lettere a Tania per Gramsci<\/i>, cit., Reconstrucci\u00f3n detallada en: A. Natoli, <i>Antigone e il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 171 y ss.; y A. Lepre, <i>Il prigioniero<\/i>, cit., p\u00e1g. 230 y ss.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote50\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote50anc\" name=\"sdfootnote50sym\">50<\/a> <i>Lettere dal carcere<\/i>, ed. cit., p\u00e1g. 768.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote51\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote51anc\" name=\"sdfootnote51sym\">51<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\">, ed. <\/span>cit., p\u00e1gs. 771.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote52\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote52anc\" name=\"sdfootnote52sym\">52<\/a> <i>Lettere dal carcere, <\/i>ed. cit., p\u00e1g. 783.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote53\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote53anc\" name=\"sdfootnote53sym\">53<\/a> <span lang=\"en-GB\"><i>Lettere dal carcere,<\/i><\/span><span lang=\"en-GB\"> ed. cit., p\u00e1gs. <\/span>797-799.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote54\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote54anc\" name=\"sdfootnote54sym\">54<\/a> P. Spriano, <i>Gramsci in carcere e il partito<\/i>, cit., p\u00e1g. 83.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote55\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote55anc\" name=\"sdfootnote55sym\">55<\/a> G. Fiori, <i>Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1966; A. Lepre, <i>Il<\/i> prigioniero<i>. Vita di Antonio Gramsci<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1998. De la biograf\u00eda de Fiori se han hecho varias reimpresiones en Italia y ha sido traducida a la mayor\u00eda de las lenguas europeas. La biograf\u00eda de Lepre incorpora cartas, documentos y testimonios que fueron dados a conocer en las \u00faltimas d\u00e9cadas y que aclaran algunos puntos oscuros sobre las opiniones de Gramsci entre 1926 y 1937.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote56\">\n<p class=\"western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote56anc\" name=\"sdfootnote56sym\">56<\/a> G. Fiori, <i>Gramsci, Togliatti, Stalin<\/i>, Laterza, Roma-Bari, 1991.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 hizo diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se han organizado diversos actos<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":13602,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1546],"tags":[],"class_list":["post-13601","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-antonio-gramsci"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13601","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13601"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13601\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/13602"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13601"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13601"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13601"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}