{"id":13638,"date":"2023-04-25T05:00:23","date_gmt":"2023-04-25T04:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13638"},"modified":"2023-04-25T00:24:00","modified_gmt":"2023-04-24T23:24:00","slug":"sobre-historia-cuatro-aproximaciones-y-un-anexo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13638","title":{"rendered":"Sobre historia: cuatro aproximaciones y un anexo"},"content":{"rendered":"<p><em> El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: 1. \u00abDemocracia y memoria hist\u00f3rica\u00bb (1998). 2. \u00abEl tiempo en la historia\u00bb (1999). 3. \u00abSobre el papel del historiador en la sociedad\u00bb (2008) 4. \u00abEl derecho a la memoria y el pasado como afrenta presente\u00bb (2010). Anexo: \u00ab1966\u00bb.<\/em><\/p>\n<h3><b>I. Democracia<\/b><b> <\/b><b>y<\/b><b> <\/b><b>memoria<\/b><b> <\/b><b>hist<\/b><b>\u00f3rica<\/b><\/h3>\n<p>Publicado en <i>Ayer <\/i>32, 1998<\/p>\n<p>1. Varias y diversas, pero igualmente potentes, son las voces que se han elevado en Europa durante estos dos \u00faltimos a\u00f1os para recordarnos que lo que llamamos democracia no es el pa\u00eds de las hadas felizmente descubierto ni es tampoco un don graciosamente concedido a los humanos por los dioses benefactores de Occidente, sino m\u00e1s bien un estado de equilibrio social, siempre precario, que se conquista con esfuerzo y cuya consolidaci\u00f3n, desarrollo y ampliaci\u00f3n obliga a luchar sin tregua, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, contra los demonios familiares. Se da la particular circunstancia de que la democracia s\u00f3lo puede existir como un proceso en crecimiento. Si no crece y echa ra\u00edces profundas en el tejido social, la democracia acaba por agostarse, se convierte en oligarqu\u00eda y empieza a peligrar para todos.<\/p>\n<p>Por desgracia, algo as\u00ed est\u00e1 ocurriendo, una vez m\u00e1s, en Europa. El grado de consciencia que los humanos pueden llegar a tener de esta verdad que es la democracia como proceso hist\u00f3rico en construcci\u00f3n continuada suele ser alto cuando la participaci\u00f3n de las gentes en este proceso y el autogobierno del pueblo son impedidos directamente por un tirano. Pero este nivel de consciencia cae de forma sensible cuando, por las razones que fuere, se crea socialmente el espejismo de que la democracia ya ha sido lograda de una vez por todas. Esta disminuci\u00f3n del nivel de consciencia se convierte en p\u00e9rdida de toda noci\u00f3n seria de la democracia en aquellas circunstancias hist\u00f3ricas en que las mayor\u00edas se pliegan a la creencia euf\u00f3rica de que el tirano o la minor\u00eda autoritaria han sido definitivamente derrotados y los valores de la democracia se expanden ya universalmente. Se trata de una ingenuidad muy repetida en distintos tiempos y lugares, de una ingenuidad que no hay que confundir con el idealismo moral. Albert Einstein, el gran cient\u00edfico y fil\u00f3sofo moral de nuestra \u00e9poca, nos ense\u00f1\u00f3 esta distinci\u00f3n a prop\u00f3sito de Walter Rathenau, economista y pol\u00edtico jud\u00edo asesinado por ultraderechistas en la Alemania de Weimar: <i>Ser idealista, cuando se vive en Babia, no tiene ning\u00fan m\u00e9rito. Lo tiene, en cambio, seguir<\/i><i> <\/i><i>si\u00e9ndolo<\/i><i> <\/i><i>cuando<\/i><i> <\/i><i>se<\/i><i> <\/i><i>ha<\/i><i> <\/i><i>percibido<\/i><i> <\/i><i>el<\/i><i> <\/i><i>hedor<\/i><i> <\/i><i>de este mundo<\/i><sup><i><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\">1<\/a><\/i><\/sup><i>.<\/i><\/p>\n<p>2. En tiempos como estos la buena gente tiende a olvidar la enorme potencialidad para el sometimiento y para la servidumbre voluntaria que ha sido dada a nuestra especie, sobre todo cuando se subdivide sin saberlo en grupos sociales desagregados, desarticulados. La memoria hist\u00f3rica de lo que fue la resistencia frente a la tiran\u00eda y la barbarie, en Europa y fuera de Europa, se ofusca con facilidad. Olvido y ofuscaci\u00f3n de la memoria son estados muy naturales del ser humano, tal vez porque la continuada intervenci\u00f3n social en la construcci\u00f3n de la democracia no es un asunto l\u00fadico, sino una tarea que, como todo trabajo, cansa, por lo general, a los m\u00e1s. Pero esta aparente naturalidad tiene como consecuencia un debilitamiento de la tensi\u00f3n moral que acompa\u00f1a al talante democr\u00e1tico en las sociedades contempor\u00e1neas. El coraje busca entonces refugio en otros andurriales. Esto es algo que en Europa se conoce bien desde la primera guerra mundial.<\/p>\n<p>La ofuscaci\u00f3n de la memoria de los m\u00e1s facilita el revisionismo historiogr\u00e1fico de las minor\u00edas nost\u00e1lgicas cuando \u00e9ste coincide con el inter\u00e9s de los que mandan en el presente. Y de este modo parece como si la barbarie recobrara el rostro humano. Cae el muro de Berl\u00edn, uno de los dirigentes de la patronal alemana declara acto seguido que ha terminado la tercera guerra mundial con el triunfo de los perdedores de la segunda, Hitler vuelve a ser presentado como uno de los nuestros y pronto se levantan nuevos muros electr\u00f3nicos en nombre del privilegio adquirido. El temor vuelve a anidar en el coraz\u00f3n de las pobres gentes.<\/p>\n<p>Es cierto que, como escribi\u00f3 Musil, en la historia de la Humanidad no hay retrocesos voluntarios<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\">2<\/a><\/sup>; pero este debilitamiento de la memoria hist\u00f3rica, esta ofuscaci\u00f3n de la memoria popular que suele ir acompa\u00f1ada de una p\u00e9rdida de identidad en lo cultural, equivale a un retroceso, que no por involuntario dejar\u00e1 de ser tal.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 una cosa as\u00ed puede llegar a ocurrir, y hasta a repetirse en la \u00e9poca de la universalizaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n p\u00fablica? En primera instancia se puede contestar: porque la imagen del rostro de la Bestia (del racismo, de la xenofobia, de la intolerancia entre culturas, de la explotaci\u00f3n social) es indistinguible de nuestro propio rostro, del rostro de los nuestros, en aquellos momentos iniciales en que el monstruo solo est\u00e1 incub\u00e1ndose<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\">3<\/a><\/sup>. Entonces no puede parecer todav\u00eda lo que un d\u00eda acabar\u00e1 siendo. Nada tan repetido como el asombro y la perplejidad de las gentes ante la en\u00e9sima comprobaci\u00f3n de que donde ayer hubo un remanso hoy puede haber un infierno. Yugoslavia ense\u00f1a.<\/p>\n<p>Pero dicho eso hay que seguir preguntando: \u00bfpor qu\u00e9 estas cosas nos parecen siempre \u00abirracionales\u00bb e \u00abincomprensibles\u00bb en el momento en que pasan y se explican tan bien al cabo del tiempo, cuando los muertos ya no est\u00e1n a la vista? Porque comprender el pasado, cuando ese pasado raya precisamente en lo \u00abincomprensible\u00bb, no es lo mismo que adoctrinar. El adoctrinamiento, que habitualmente acompa\u00f1a a la universalizaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n p\u00fablica en nuestra sociedades, es casi siempre una racionalizaci\u00f3n ideologizadora de la conducta de los vencedores y de los supervivientes para uso de las nuevas generaciones. Esto lo vio muy bien Hannah Arendt, quien consideraba el adoctrinamiento como una especie de atajo negativo, como una v\u00eda r\u00e1pida hacia el olvido que niega de hecho la posibilidad misma de la comprensi\u00f3n<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote4sym\" name=\"sdfootnote4anc\">4<\/a><\/sup>. Dicho con palabras de Juan de Mairena: en esta cosa quien quiere atajar, rodea. El ordenador central que trata de regular la vida de las democracias realmente existentes en nuestras sociedades no deja de advertirnos una y otra vez: <i>low<\/i><i> <\/i><i>memory!<\/i><i> <\/i>Falta memoria, efectivamente, en el sistema de relaciones vigente. Y<b> <\/b>falta memoria porque hay en este sistema una sobrecarga de documentos desinformadores, desorientadores, y un absoluto desorden como consecuencia de la constante fragmentaci\u00f3n del discurso l\u00f3gico que practican hoy en d\u00eda la mayor\u00eda de los medios de comunicaci\u00f3n de masas y de incomunicaci\u00f3n entre las personas. Tambi\u00e9n en este caso para ampliar la memoria, o para recuperar la memoria perdida en la selva de la desinformaci\u00f3n, hay que ganar un espacio, hay que hacer un sitio. Hacer sitio a un discurso coherente que pueda ser transmitido de unas generaciones a otras.<\/p>\n<p>3. Una de las pocas formas que los humanos han inventado hasta ahora para solventar el gran problema de la incomprensi\u00f3n o incomunicaci\u00f3n entre generaciones, de la cual brota la debilidad o la ofuscaci\u00f3n de la memoria es la transmisi\u00f3n, como en una carrera de relevos, de las experiencias vividas por los de m\u00e1s edad. Las experiencias tienden a independizarse de los hombres que las vivieron. Por ello, para ser compartidas, estas experiencias, que, sin su vivencia, siempre ser\u00e1n consideradas como cosas abstractas por los m\u00e1s j\u00f3venes, est\u00e1n pidiendo a voces creencias comunes, convicciones tambi\u00e9n compartidas. Para conquistar y fortalecer la democracia se necesita, por tanto, un delicado equilibrio entre tradici\u00f3n y renovaci\u00f3n, entre memoria hist\u00f3rica e invenci\u00f3n socialmente productiva.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que este delicado equilibrio s\u00f3lo pod\u00eda lograrse a trav\u00e9s de la palabra, puesto que la escritura era cosa de minor\u00edas selectas. Hoy en d\u00eda, en cambio, la nostalgia de la buena palabra tiende a veces a asimilar el predominio de la cultura de la imagen con el malestar cultural, con el desasosiego de la cultura. Se dice incluso que la cultura de la imagen ha contribuido a la p\u00e9rdida de la memoria hist\u00f3rica de los m\u00e1s j\u00f3venes. Esto es inexacto. En nuestro tiempo las im\u00e1genes compiten denodadamente con la palabra dicha y con la palabra escrita en la ofuscaci\u00f3n de la memoria de las mayor\u00edas, cierto es, pero tambi\u00e9n en la siempre renovada tentativa por configurar una nueva cultura para una inmensa minor\u00eda. No en balde el cine tiene ya sus cl\u00e1sicos contempor\u00e1neos apreciados intergeneracionalmente.<\/p>\n<p>La tendencia a echar la culpa del desasosiego cultural a la \u00faltima y m\u00e1s potente de las nuevas tecnolog\u00edas producidas por la especie humana es casi tan vieja como la historia de la tecnolog\u00eda y, con toda seguridad, simult\u00e1nea a las bober\u00edas del optimismo tecnocr\u00e1tico. Pero esa tendencia es tambi\u00e9n tan unilateral como el bobalic\u00f3n quedarse con la boca abierta ante los nuevos inventos que transforman el mundo de la producci\u00f3n simb\u00f3lica. No nos conviene, por tanto, encerrarnos en controversias con los m\u00e1s j\u00f3venes que reproduzcan din\u00e1micas unilaterales conocidas. Lo que hace falta en nuestras circunstancias es conocer mejor los motivos por los cuales la p\u00e9rdida de memoria hist\u00f3rica sigue siendo tan pertinaz <i>a pesar<\/i> de los medios tecnol\u00f3gicos que tenemos a nuestro alcance.<\/p>\n<p>En este sentido hay que pensar que el tipo de reflexi\u00f3n sobre democracia y memoria hist\u00f3rica que hace falta en esta Catalu\u00f1a del final de siglo no es pol\u00edtico, o no s\u00f3lo pol\u00edtico, ni tampoco apol\u00edtico, sino m\u00e1s bien prepol\u00edtico: una reflexi\u00f3n previa a la consideraci\u00f3n pol\u00edtica propiamente dicha, y, por tanto, m\u00e1s b\u00e1sica, m\u00e1s fundamental. La reducci\u00f3n politicista de los problemas que nos agobian, que son psicosociales y culturales, a la simpleza de la encuesta sociol\u00f3gica o al instrumental c\u00e1lculo electoralista es, me parece, la v\u00eda m\u00e1s r\u00e1pida para seguir ignorando los motivos del disgusto y del malestar cultural que azotan a las sociedades europeas. Estos, el disgusto y el malestar cultural, aumentan en nuestras sociedades, y minan la confianza de las gentes en el tipo de democracia establecida, no s\u00f3lo (como se cree a veces) por la corrupci\u00f3n de unos cuantos pol\u00edticos profesionales, sino porque, junto a \u00e9sta, se va haciendo cada vez m\u00e1s patente una contradicci\u00f3n que de momento parece insuperable.<\/p>\n<p>Esta contradicci\u00f3n podr\u00eda formularse as\u00ed: la necesidad de una<i> <\/i><i>conciencia de especie<\/i> implicada en la crisis econ\u00f3mico-ecol\u00f3gica global de nuestro planeta, en este vivir en un r\u00e9gimen de permanente \u00abtrampa adelante\u00bb (si se me permite traer a colaci\u00f3n la expresi\u00f3n del gran historiador don Ram\u00f3n Carande para caracterizar las dificultades de otro Imperio), choca fuertemente con la no-contemporaneidad de las vivencias de las pseudoespecies excluyentes en que contin\u00faa dividida la Humanidad en la \u00e9poca de la pl\u00e9tora miserable. La cultura de la imagen, y en primer lugar la presencia prepotente de \u00abla bicha\u00bb (como, con raz\u00f3n, ha llamado Rafael S\u00e1nchez Ferlosio a la televisi\u00f3n) hacen especialmente agudo este conflicto, porque resaltan hasta l\u00edmites psicol\u00f3gicamente insoportables la <i>no-contemporaneidad<\/i> de las situaciones y de las respuestas que, sin embargo, se dan <i>simult\u00e1neamente<\/i> en el mundo, en un mundo de cuyos sufrimientos y alegr\u00edas en las cuatro esquinas podr\u00edamos saberlo todo ya casi al instante.<\/p>\n<p>Precisamente por el car\u00e1cter tan fundamental de esta contraposici\u00f3n entre simultaneidad de los acontecimientos y no-contemporaneidad de las respuestas subjetivas en el marco de una pl\u00e9tora miserable, lo m\u00e1s atractivo, tal vez, del an\u00e1lisis sociopol\u00edtico en Europa sea en este momento la aproximaci\u00f3n cr\u00edtica al sentido del tiempo subjetivo, humanizado, o sea, al sentido de los tiempos vividos por las personas con conciencia; una reflexi\u00f3n, \u00e9sta, que tiene su origen en la vindicaci\u00f3n feminista (pero no s\u00f3lo feminista) de <i>cambiar los tiempos<\/i><i> <\/i>del trabajo y del ocio, los tiempos que dedicamos actualmente al cuidado de los otros, sobre todo, de nuestros mayores, y a la educaci\u00f3n sentimental de uno mismo, los tiempos de lo p\u00fablico y de lo privado<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote5sym\" name=\"sdfootnote5anc\">5<\/a><\/sup>. Pues s\u00f3lo una consideraci\u00f3n cr\u00edtica de este tipo puede hacernos caer en la cuenta de los sustanciales cambios que est\u00e1 experimentando en nuestras sociedades la comunicaci\u00f3n intergeneracional.<\/p>\n<p>Lo que se ha dado en llamar \u00abmelancol\u00eda democr\u00e1tica\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote6sym\" name=\"sdfootnote6anc\">6<\/a><\/sup> es en buena parte efecto de la ampliaci\u00f3n de esta conciencia de la no-contemporaneidad en un mundo de contempor\u00e1neos, consecuencia, por tanto, de una acumulaci\u00f3n de conocimientos que han podido ser generalizados, universalizados, gracias a las nuevas tecnolog\u00edas de la imagen, sin que al mismo tiempo haya podido desarrollarse una nueva sensibilidad a la altura de las necesidades de la conciencia de especie. Pues la sensibilidad propia de la moral mesopot\u00e1mica (y de sus variantes euronorteamericanas) sigue perdurando en nosotros junto al inigualable saber que ya proporciona, en el \u00e1mbito de la individualidad, el alargamiento de la vida media de las personas. <i>Sabe m\u00e1s el diablo por viejo que por diablo<\/i>, se dec\u00eda hasta hace poco. Y sufre por ello, habr\u00e1 que a\u00f1adir pronto.<\/p>\n<p>En el plano psicosocial los cuernos del conflicto son: de un lado, la inigualable acumulaci\u00f3n de saber sobre el mundo que s\u00f3lo da la edad, y, de otro, la persistencia de la vieja sensibilidad fragmentadora de los sentimientos de la especie. El mundo se empeque\u00f1ece ante la capacidad de conocer que dan las nuevas tecnolog\u00edas y el alargamiento de la vida, pero al mismo tiempo se hace grande, y terrible, por la no-contemporaneidad, por la inadaptaci\u00f3n de la sensibilidad al conocimiento, sobre todo en las zonas econ\u00f3micamente desarrolladas del planeta. Esta inadecuaci\u00f3n se paga con un profundo desasosiego: son muchas las personas que, al verse sin capacidad de actuaci\u00f3n para cambiar el mundo de base, oscilan entre la justificaci\u00f3n encubierta del racismo (que es siempre la reacci\u00f3n contra el pr\u00f3jimo m\u00e1s d\u00e9bil) y la anomia depresiva.<\/p>\n<p>Para salir de la encrucijada la memoria hist\u00f3rica es, repito, esencial. Y para recuperar la memoria hist\u00f3rica hace falta encontrar un lenguaje com\u00fan, un lenguaje que permita comunicar intersubjetivamente las vivencias de este desasosiego intergeneracional que, en nuestro caso, produce la reducci\u00f3n de todo al displicente <i>pasa t\u00edo<\/i> y a la nost\u00e1lgica<i> <\/i><i>feria del 68<\/i><i> <\/i>(o del 66) contada por el profesor prematuramente envejecido. La universidad, nuestras universidades de hoy, tienen que tener, qu\u00e9 duda cabe, algo nuevo que decir sobre estos problemas. En vez de limitarnos a los viejos t\u00f3picos \u2013al <i>tal como \u00e9ramos<\/i> o al <i>cu\u00e9ntala otra vez, Cohn\u2013<\/i>, las fechas en que estamos, en esta conmemoraci\u00f3n del trig\u00e9simo aniversario de la asamblea constituyente del SDEUB, podr\u00edan ser un buen est\u00edmulo para pensar de forma cr\u00edtica en los motivos del malestar cultural de ahora.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><b>II. El tiempo en la historia<\/b><\/h3>\n<p><em>Conferencia impartida en L\u00e9rida, 4\/XI\/99 (no completamente desarrollada)<\/em><br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>I. El tiempo devorador y regurgitador: Cronos.<\/b><\/p>\n<p>Kr\u00f3nos, uno de los hijos que Urano, el Cielo, tuvo con Gea, la Tierra. Cronos es uno de los Titanes, el m\u00e1s joven y el que les dirige en la lucha contra su padre. Va armado con una hoz, devora a los v\u00e1stagos que iba teniendo con Rea. Enga\u00f1ado por Rea cuando dio a luz a su tercer hijo, Zeus; \u00e9ste fue copero de Cronos e hizo que su padre tomara una dulce bebida mezclada con mostaza y sal para que Cronos vomitara a sus hermanos a\u00fan vivos. Se le considera en el mundo cl\u00e1sico griego como la personificaci\u00f3n del tiempo y se le representa implacable, con una hoz. En Roma fue identificado con Saturno.<\/p>\n<p>El tiempo es muerte, es devoraci\u00f3n, que act\u00faa, implacable, con la hoz de las horas; pero tambi\u00e9n es vida: regurgitaci\u00f3n de lo devorado (recuerdo, memoria de los pr\u00f3ximos) y v\u00f3mito. La historia es, por tanto, como la naturaleza misma, tiempo c\u00edclico: eterno retorno.<\/p>\n<p><strong>II. <\/strong><b>Pero es eterno retorno intersubjetivamente interpretado<\/b>.<\/p>\n<p>Para los hombres hay un tiempo c\u00edclico, pero tambi\u00e9n tiempos (en plural) diversamente percibidos porque diversamente vividos.<\/p>\n<p>El tiempo vuela (Cicer\u00f3n). Huye irremediablemente (Virgilio). Su velocidad es infinita (S\u00e9neca). Pasa insensiblemente y s\u00f3lo quedan los recuerdos (Ovidio). Todo se lo lleva, hasta el \u00e1nimo (Virgilio). Nada perdura, todo fluye y de todo se forma una imagen fugitiva (Ovidio). Los tiempos cambian y nosotros con ellos (Propercio). El ma\u00f1ana es disc\u00edpulo del ayer (Publilio Siro). Pero el tiempo tambi\u00e9n cura lo que la raz\u00f3n no ha podido curar (S\u00e9neca). S\u00f3lo el tiempo es nuestro (S\u00e9neca). Por eso hay que obedecer al tiempo, ahorrar el tiempo (S\u00e9neca), plegarse a las circunstancias (Cicer\u00f3n).<\/p>\n<p>Pero hacia d\u00f3nde van los tiempos hist\u00f3ricos. \u00bfHay acaso una direcci\u00f3n definida? \u00bfSabemos acaso cu\u00e1l es la direcci\u00f3n de la flecha del tiempo hist\u00f3rico? Ante estas preguntas la cultura romana cl\u00e1sica se divide. Unos piensan que los tiempos siempre degeneran, que la historia va a peor, que la generaci\u00f3n de nuestros padres ha sido peor que la de nuestros abuelos y la nuestra a\u00fan m\u00e1s malvada que la de nuestros padres (Horacio). Que la historia se derrumba y vuelve atr\u00e1s (Virgilio). Que cada d\u00eda que pasa es peor que el anterior (Publilio Siro). Pero otros piensan que alabar siempre las cosas antiguas y aborrecer las presentes es un vicio propio de la mezquindad humana (T\u00e1cito); que hay que alegrarse de haber\u00a0 nacido ahora, porque aunque alabamos el pasado gozamos el presente (Ovidio). Que hay que aprovechar las ocasiones (Ovidio).<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>III. Todo tiene su tiempo: Eclesiast\u00e9s.<\/b><\/p>\n<p>Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere bajo el cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir: tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar: tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de re\u00edr; tiempo de endechar y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de desechar; tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrece; tiempo de guerra y tiempo de paz (Eclesiast\u00e9s, 3, 2-8)<\/p>\n<p>Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, as\u00ed son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.<\/p>\n<p>El Eclesiast\u00e9s comienza con la idea de que \u00abgeneraci\u00f3n va, generaci\u00f3n viene, mas la tierra siempre permanece; sale el sol y se pone el sol y se apresura a volver al lugar de donde se levanta\u00bb, y que parece insistir en la idea de retorno continuo (el viento, el ciclo del agua) y que en seguida afirma (1,9): \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que fue? Lo mismo que ser\u00e1 \u00bfQu\u00e9 es lo ha sido hecho? Lo mismo que se har\u00e1. Y nada nuevo hay bajo el sol\u00bb. \u00abNo hay memoria de lo que precedi\u00f3 ni tampoco de lo que suceder\u00e1 habr\u00e1 memoria en los que ser\u00e1n despu\u00e9s\u00bb. El tiempo de los hombres, por muchos que sean sus conocimientos, es vanidad.<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>IV. El tiempo prof\u00e9tico. Apocalipsis. Fin de los tiempos.<\/b><\/p>\n<p>Lo que particulariza el c\u00f3mputo cristiano del tiempo es que cuenta y mide el mismo desde un acontecimiento central que ocurri\u00f3 cuando el tiempo hab\u00eda sido consumado. Ese acontecimiento central se encuentra todav\u00eda en el futuro y la esperanza en la venida del Mes\u00edas divide el tiempo en un e\u00f3n presente y otro futuro; o bien en un <i>perfertum presens<\/i>, la venida -ya realizada de Jesucristo. El tiempo es contado lo mismo hacia adelante que hacia atr\u00e1s en relaci\u00f3n con este acontecimiento. La historia es historia de la salvaci\u00f3n, tiempo que progresa desde la promesa a la consumaci\u00f3n de la misma. El acontecer hist\u00f3rico es un movimiento que progresa y retorna, desde el descarr\u00edo a la reconciliaci\u00f3n: la historia es un tiempo de prueba. Hay un tiempo de la historia profana y un no-tiempo de la historia sagrada, de la revelaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n. Doble versi\u00f3n (judaica y cristiana): fe confiada y paciente en la venida de un Mes\u00edas (juda\u00edsmo), fe en un hecho ya o preliminarmente cumplido y que volver\u00e1 a cumplirse.<\/p>\n<p>La idea de apocalipsis es central en esta concepci\u00f3n. \u00abApocalipsis\u00bb en griego significa \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, en el sentido de poner de manifiesto lo escondido, lo encubierto. Pero no como \u00abexplicaci\u00f3n\u00bb del acontecimiento sino como aparici\u00f3n visible de un misterio que no deja por ello de ser misterio.<\/p>\n<p>La redacci\u00f3n del texto del \u00abApocalipsis\u00bb es un hecho hist\u00f3rico, realmente ocurrido en el tiempo, atribuido a Juan Evangelista, y con un fecha concreta, entre el a\u00f1o 80 y el 90 de nuestra era. Ese texto se puede leer como expresi\u00f3n de la preocupaci\u00f3n de los cristianos perseguidos de la \u00e9poca de Ner\u00f3n y en relaci\u00f3n con la leyenda de la resurrecci\u00f3n de Cristo, de la destrucci\u00f3n de la Jerusal\u00e9n hist\u00f3rica por los romanos y de las persecuciones de los cristianos en el Imperio romano. Pero la contextualizaci\u00f3n, la lectura del \u00abApocalipsis\u00bb en su tiempo, no tiene ninguna importancia para el cristiano. Lo importante es realmente la \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb prof\u00e9tica, seg\u00fan la cual habr\u00e1 un \u00abfin de los tiempos\u00bb y un \u00abjuicio final\u00bb, un acabamiento y consumaci\u00f3n de la historia.<\/p>\n<p>Historia real e historia sagrada tienen, seg\u00fan esto, dos tiempos que se interpolan y se interrelacionan, el de las edades del hombre y el de la ciudad de Dios.<\/p>\n<p>Puesto que la ciudad de Dios manda sobre la ciudad del hombre, se puede decir que esta concepci\u00f3n niega el tiempo hist\u00f3rico; pero como el hombre vive en la ciudad de abajo esta negaci\u00f3n tiene que ser vivida aqu\u00ed tambi\u00e9n tr\u00e1gicamente. Y ese ha sido el destino del Cristo hist\u00f3rico y de la mayor\u00eda de los profetas que vivieron en la tierra despu\u00e9s de \u00e9l y que se inspiraron en el texto del \u00abApocalipsis\u00bb de Juan: el de los seguidores de Joaquin di Fiore [1131-1202], que tuvo la osad\u00eda de negar la interpretaci\u00f3n tradicional seg\u00fan la cual la Iglesia existente, como representaci\u00f3n leg\u00edtima de la voluntad de Dios, durar\u00eda hasta el fin de los tiempos, contraponiendo a esta idea la de que, en la \u00faltima \u00e9poca de la Historia, la Iglesia se convertir\u00eda en una comunidad monacal de santos, y, lo que es m\u00e1s importante, que la \u00e9poca del fin de la historia hab\u00eda comenzado ya.<\/p>\n<p>Esta es una idea que se reitera en la cultura cristiana y que compite con la versi\u00f3n oficial desde el siglo XII. Una idea que vuelve a encontrarse en Girolamo Savonarola, en la Italia de finales del siglo XV y en Thomas M\u00fcnzer, en la Alemania dividida del primer tercio del siglo XVI.<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>V. Del tiempo prof\u00e9tico al tiempo profano.<\/b><\/p>\n<p>La flecha del tiempo prof\u00e9tico parte del presente y apunta hacia el porvenir inmediato. Pero tiene que competir con una concepci\u00f3n profana del tiempo, igualmente muy extendida: \u00abQue cualquiera tiempo pasado fue mejor\u00bb.<\/p>\n<p>De Ausi\u00e0s Marc:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Temps de venir en negun b\u00e9 m pot caure; \/el porvenir ning\u00fan bien me puede traer\/<br \/>\naquell passat en mi \u00e9s lo millor. \/aquel pasado para m\u00ed es lo mejor\/<br \/>\nDel temps present no.m trobe amador, \/Del tiempo presente no me encuentro amador\/<br \/>\nmas del passat, qu.\u00e9s no-res e finit; \/sino del pasado, que no es nada y finito\/<br \/>\nd\u00b4aquest pensar me sojorn e.m delit, \/Con este pensamiento me sosiego y deleito\/<br \/>\nmas quan lo pert, s&#8217;esfor\u00e7a ma dolor \/mas cuando lo pierdo aumenta mi dolor\/<\/p>\n<p>A lo que Jorge Manrique hace eco en las \u00abCoplas a la muerte de su padre\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">C\u00f3mo a nuestro parescer<br \/>\ncualquiera tiempo pasado<br \/>\nfue mejor<br \/>\nY pues vemos lo presente<br \/>\nc\u00f3mo en un punto se es ido<br \/>\ny acabado,<br \/>\nsi juzgamos sabiamente,<br \/>\ndaremos lo no venido<br \/>\npor pasado.<\/p>\n<p>Los comentaristas de Ausi\u00e0s Marc y de Jorge Manrique suelen decir que la idea de que el tiempo pasado fue mejor que el presente viene rodando desde el Eclesiast\u00e9s, 7,10 (\u00ab<em>Ne dicas: Quid putas causae est quod priora tempora meliora fuere quam nunc sunt? Stulta enim est huiusiemodi interrogatio<\/em>\u00bb, o sea: \u00abNunca digas: \u00bfCu\u00e1l es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntar\u00e1s con sabidur\u00eda\u00bb. Esta idea se encuentra tambi\u00e9n en autores latinos como Quintiliano y abunda en los coet\u00e1neos de Manrique (Juan de Mena, Diego L\u00f3pez de Haro o Guevara), as\u00ed como, en general, en la poes\u00eda sapiencial de la Edad Media.<\/p>\n<p>Pero aqu\u00ed conviene distinguir: de un lado, la valoraci\u00f3n de los tiempos desde una perspectiva que es personal e intransferible, que est\u00e1 determinada por las relaciones interpersonales, en las que el amor pasado (A. Marc) y la muerte reciente de un ser querido (Jorge Manrique) juegan un papel esencial; y, de otro lado, la conversi\u00f3n de esa vivencia en filosof\u00eda colectiva de la historia o concepci\u00f3n del mundo. Pues una cosa es el \u00abcualquier tiempo pasado fue mejor\u00bb relacionado con nuestros propios recuerdos subjetivos y nuestras particulares idealizaciones del pasado (que por haber sido mejor para nosotros tendemos a creer que lo fue tambi\u00e9n para los dem\u00e1s) y otra cosa es la constante historiogr\u00e1fica seg\u00fan la cual hubo un tiempo, una edad, una era (y tal vez un lugar) en el que las cosas en general eran mejores, algo as\u00ed como una \u00abedad dorada\u00bb o un topos del pasado particularmente arm\u00f3nico, idea, \u00e9sta, que ha siempre una constante en la historia de la humanidad y que se encuentra muy bien expresa en <i>El Quijote.<\/i><\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir incluso que la idea misma de que hubo un Para\u00edso, presente con matices en la mayor\u00eda de las religiones, no s\u00f3lo en la cristiana, es una expresi\u00f3n de esta tendencia a la idealizaci\u00f3n de un pasado que ni siquiera llegamos a conocer, una expresi\u00f3n de culturas campesinas para las cuales el futuro es una completa inc\u00f3gnita, un misterio o una revelaci\u00f3n.<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>VI. Los tiempos renacen: sobre la idea de reiteraci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/b><\/p>\n<p>Antiguos y modernos: renacimiento de los tiempos antiguos. Continuidad y discontinuidad en la historia. Todo \u00abrenacimiento\u00bb es siempre y a la vez: novedad, retorno al pasado (a otro pasado, a un pasado anterior al inmediato pasado) y reformulaci\u00f3n del ideal de acuerdo con el signo de los tiempos. Eso fue tambi\u00e9n el Renacimiento hist\u00f3rico. Leon Batistta Alberti, Leonardo da Vinci, el arquitecto Filarete, los te\u00f3ricos italianos perspectivistas y te\u00f3ricos de la Citt\u00e0 ideale, Guicciardini, Maquiavelo no son s\u00f3lo renacentistas que combaten contra las nieblas y supersticiones de un pasado medieval del que todav\u00eda tienen ante los ojos muchas manifestaciones, sino que son tambi\u00e9n restauradores de una determinada antig\u00fcedad cl\u00e1sica (griega y romana), constructores de un pasado m\u00e1s antiguo que quieren hacer enlazar con su presente pensando en su futuro.<\/p>\n<p>Para darse cuenta de esto no hay m\u00e1s contemplar con calma el inquietante cuadro renacentista titulado <em>La citt\u00e0 ideale<\/em>, pintado hacia 1470 en un ambiente en el que se entrecruzan tendencias florentinas, romanas y de Urbino: pasado cl\u00e1sico y medieval y presente urbitano, romano y florentino se entrelazan en las tablas conservadas en Urbino, Baltimore y Berl\u00edn. Continuidad y discontinuidad, por tanto. El tiempo hist\u00f3rico es reiteraci\u00f3n y diferencia, repetici\u00f3n y particularidad. Pero tambi\u00e9n idealizaci\u00f3n: del pasado, del presente y del futuro. Los te\u00f3ricos del Renacimiento, entre los que ha nacido la historiograf\u00eda moderna, no est\u00e1n de acuerdo entre ellos sobre lo que haya que entender por reiteraci\u00f3n hist\u00f3rica y c\u00f3mo valorarla. Guicciardini y Maquiavelo discuten ya sobre esto. Hay varias formas de entender qu\u00e9 es renacer y, por consiguiente, qu\u00e9 es lo moderno.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n de la historiograf\u00eda moderna en su origen empieza con un contradicho: \u00abTodo lo que fue en el pasado y es en el presente ser\u00e1 tambi\u00e9n en el futuro. S\u00f3lo que, al cambiar los nombres y las superficies de las cosas, quien no tiene buen ojo no las reconoce\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso hay que tener mucho cuidado con las reiteraciones de los tiempos que conduce a la reiteraci\u00f3n de las palabras: \u00abMucho se enga\u00f1a quien [Maquiavelo, en este caso] a cada palabra trae a colaci\u00f3n a los romanos. Habr\u00eda que tener una ciudad configurada como era la suya y, adem\u00e1s, gobernarse seg\u00fan aquel ejemplo. Pero, siendo diferentes las cualidades [de la Roma republicana y de las ciudades italianas del Cinquecento] el ejemplo es tan desproporcionado como lo ser\u00eda querer que un asno trotara como un caballo\u00bb.<\/p>\n<p>Y de ah\u00ed: \u00abEs gran error hablar de las cosas del mundo por regla, indistinta y absolutamente\u00bb. \u00abNo es obra perdida o sin precio considerar la variedad de los tiempos y de las cosas del mundo\u00bb. La historia es s\u00f3lo una gu\u00eda para considerar las cosas con \u00e1nimo filos\u00f3fico. Escribir la historia sirve, en \u00faltima instancia, para defender la dignidad humana. Tal vez la historia no tiene significado alguno, ni meta ni fin. Tal vez sea s\u00f3lo una variaci\u00f3n sobre los grandes temas de la lucha del hombre contra el azar y de la miseria de la condici\u00f3n humana. Queda la fuerza de a raz\u00f3n. La fuerza de entender y comprender.La historia induce al hombre a adquirir conciencia del propio valor intr\u00ednseco.<\/p>\n<p>Conservar la memoria de las cosas. He ah\u00ed la meta de la historiograf\u00eda: \u00abMe parece que todos los historiadores, sin excepci\u00f3n, yerran en esto, a saber: que han dejado de escribir muchas cosas que en su tiempo eran conocidas presuponi\u00e9ndolas como conocidas [&#8230;]. Si hubieran considerado que, con el paso de los tiempos, las ciudades se extinguen y se pierde la memoria de las cosas, y que las historias no se escriben sino para conservar esa memoria a perpetuidad, habr\u00edan sido m\u00e1s diligentes a la hora de escribirlas, de manera que, as\u00ed, todas las cosas aparecieran ante los ojos de quien nace en una edad lejana como si fueran presentes. Ese es precisamente el fin [el objetivo, la meta] de la historia [de la historiograf\u00eda]\u00bb.<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>VII. No contemporaneidad: tiempos y culturas de los humanos<\/b>.<\/p>\n<p>La percepci\u00f3n directa del contraste agudo entre culturas y costumbres tan diferentes como las de los europeos del Mediterr\u00e1neo y las de los amerindios del continente al que \u00e9stos llegan en el siglo XVI plantea el problema singular: el de la simultaneidad en el tiempo y la no-contemporaneidad de las culturas (en sentido antropol\u00f3gico).<\/p>\n<p>Desde esa percepci\u00f3n se puede hablar de diferentes tempos o ritmos hist\u00f3ricos: hay un tiempo hist\u00f3rico universal y tempos particulares de las culturas. Y este hablar, diferenciando, es un rasgo caracter\u00edstico de la modernidad europea. En comparaci\u00f3n con la propia, se tiene la impresi\u00f3n de que en aquellas otras culturas el tiempo (nuestro tiempo universalizado) se haya detenido. El ritmo es otro. \u00abEl tiempo aqu\u00ed corre lento, como con una pereza majestuosa\u00bb, dice todav\u00eda Serguei Eisenstein, cuando filma los restos de aquellas culturas amerindias en su documental <em>\u00a1Que viva M\u00e9xico!<\/em>.<\/p>\n<p>De la reflexi\u00f3n sobre este contraste entre los distintos tempos o ritmos de las culturas han salido dos ideas contrapuestas: de un lado la idea renacentista de utop\u00eda; de otro lado la idea, ya ilustrada, de la existencia de pueblos sin historia.<\/p>\n<p>La idea de utop\u00eda da nueva forma a la vieja concepci\u00f3n de la \u00abedad dorada\u00bb y precisa a la vez la m\u00e1s moderna concepci\u00f3n de la ciudad ideal. El europeo moderno renacentista trata de enlazar en la utop\u00eda el retorno a la antig\u00fcedad cl\u00e1sica con la imagen cristiana del Para\u00edso. Y encuentra la materializaci\u00f3n de esto precisamente en un ritmo hist\u00f3rico completamente diferente del que conoce ya en las ciudades europeas (en Londres, en Florencia, en Amsterdam, en Valladolid). Lo que idealiza ahora no son los tiempos pasados, sino aquellas de las culturas presentes en las que, habi\u00e9ndose detenido parcialmente el tiempo, se conservan las virtudes principales del pasado, sus valores. Esa es la idea principal de la <i>Utop\u00eda<\/i> de Thomas More, la respuesta al \u00abqu\u00e9 tiempos \u00e9stos en los que parece que estemos navegando en la nave de los locos\u00bb (Erasmo, Sabastian Brandt).<br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<b>VIII. Teor\u00eda de los cuatro estadios: transposici\u00f3n de las edades del hombre a la historia de las culturas.<\/b><\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre los distintos tempos de las culturas que existen en el mundo simult\u00e1neamente pero que de hecho no son contempor\u00e1neas ha conducido a la teor\u00eda de los cuatro estadios. De la misma manera que el ser humano pasa en su vida por cuatro estadios: infancia, juventud, madurez y vejez, as\u00ed tambi\u00e9n los pueblos y culturas que existen en el mundo. Hay pueblos y culturas \u00absin historia\u00bb que parecen vivir en permanente infancia; pueblos y culturas que no han rebasado la etapa juvenil y culturas \u00absuperiores\u00bb que est\u00e1n su madurez. Estas \u00faltimas indican la direcci\u00f3n de la historia universal. Es una concepci\u00f3n del tiempo hist\u00f3rico funcional a la expansi\u00f3n colonial europea en Am\u00e9rica, \u00c1frica y Asia. Una concepci\u00f3n que justificar\u00e1 durante mucho tiempo, y desde un punto de vista laico, ilustrado, no particularmente religioso, la persistencia de la esclavitud y\/o del paternalismo. Las gentes de los pueblos y culturas africanas, \u00abinfantiles\u00bb, pueden ser esclavizadas; las gentes de los pueblos y culturas que no han rebasado la fase \u00abjuvenil\u00bb, en Am\u00e9rica, en Asia en \u00c1frica tienen que ser \u00abtuteladas\u00bb por el Occidente europeo para que lleguen a alcanzar su madurez. Esto vale para los descendientes de los mexica en Am\u00e9rica Latina en comparaci\u00f3n con los descendientes de los anglos (California). Y vale para la India colonial. En esto la idea de \u00abprogreso\u00bb t\u00e9cnico-econ\u00f3mico es clave. La historia se hace universal y el progreso lineal. El progreso de los pueblos es cultura, formaci\u00f3n, <em>bildung<\/em>; pero no cualquier tipo de \u00abcultura\u00bb, sino cultura madura: civilizaci\u00f3n. La civilizaci\u00f3n tutela las culturas. Y la hija directa de esta idea es la noci\u00f3n de \u00abprotectorado\u00bb.<\/p>\n<p><strong>IX. <\/strong><b>Un aviso literario: Detener el tiempo, pactar con Mefist\u00f3feles: la ciencia y el mito moderno de Fausto.<\/b><\/p>\n<p>El instante en que el viejo cient\u00edfico pueda decir: \u00abDetente, eres tan hermoso\u00bb. La versi\u00f3n goethiana del viejo mito de Fausto est\u00e1 poniendo al hombre moderno, civilizado y cient\u00edfico, ante sus contradicciones. Que son las de siempre, pero en una forma nueva. Por eso Goethe arranca y termina el <i>Fausto<\/i> con una interpretaci\u00f3n propia del mito del \u00abG\u00e9nesis\u00bb en la que contrapone nuevamente la simbolog\u00eda del \u00e1rbol de la ciencia y del \u00e1rbol de la vida.<\/p>\n<p><strong>X<\/strong>. <b>As\u00ed se llega al concepto de tiempo como progreso dial\u00e9ctico, no lineal, concebido en tres momentos: evoluci\u00f3n, crisis (autocontradicci\u00f3n) y reconciliaci\u00f3n.<\/b><\/p>\n<p>La idea de progreso dial\u00e9ctico es teleolog\u00eda laica. Y, en cierto modo, secularizaci\u00f3n de la teolog\u00eda cristiana. De la teor\u00eda de los cuatro estadios se pasa a la teor\u00eda de los modos de producci\u00f3n sucesivos y de \u00e9sta a la laicizaci\u00f3n de la reconciliaci\u00f3n en este mundo: comunismo (o comunitarismo) primitivo, feudalismo, capitalismo, comunismo moderno. Aqu\u00ed la idea de \u00ab<em>aufhebung<\/em>\u00bb, que quiere decir \u00absuperaci\u00f3n\u00bb o \u00absobrealzamiento\u00bb tanto del esp\u00edritu como de las civilizaciones es clave. El tiempo hist\u00f3rico tiene un sentido, aunque avanza contradictoriamente; a veces, casi siempre, la historia avanza por su lado malo, pero avanza. Y avanza incluso cuando chocan culturas de pueblos \u00absin historia\u00bb con culturas de pueblos que se han puesto a la altura de la historia. Las metamorfosis regresivas existen tambi\u00e9n en la historia, pero son anomal\u00edas, como lo son en la historia de la evoluci\u00f3n natural. La evoluci\u00f3n hist\u00f3rico-cultural es paralela a la evoluci\u00f3n natural darwiniana: tiene otro ritmo de desarrollo pero sigue la misma direcci\u00f3n hacia arriba y hacia adelante. Historia y naturaleza coinciden. Tanto que pudo decirse que, con el tiempo, no habr\u00eda m\u00e1s que una ciencia: la ciencia de la historia. Las revoluciones son para las sociedades y para las culturas como las mutaciones o los saltos en la historia de la evoluci\u00f3n de las especies. Tiempo hist\u00f3rico y tiempo biol\u00f3gico se aproximan en esta reconciliaci\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p><strong>XI. <\/strong><b>Pero en la pr\u00e1ctica las revoluciones tienden a negar el concepto de \u00abA<em>ufhebung<\/em>\u00bb.<\/b><\/p>\n<p>El subrealzamiento hist\u00f3rico era en la teor\u00eda superaci\u00f3n \u00abcon resto\u00bb, es decir, paso a una nueva fase hist\u00f3rica conservando lo mejor de la anterior. Y, sin embargo, la era de las revoluciones se ve as\u00ed misma, en la pr\u00e1ctica como un \u00abvolver a empezar desde el principio\u00bb, como una superaci\u00f3n casi sin resto de las fases anteriores de la historia de la humanidad. De ah\u00ed la pasi\u00f3n por cambiar las fechas y los calendarios, por romper o detener los relojes: as\u00ed es el tiempo en el esp\u00edritu revolucionario, como haciendo eco al f\u00e1ustico \u00abdetente, el instante es tan hermoso\u00bb. Las dos m\u00e1s importantes revoluciones que han existido en nuestro marco cultural, la francesa de 1789-1793 y la rusa de 1917, se han planteado en seguida y casi espont\u00e1neamente cambiar los tiempos, romper los relojes, reducir dr\u00e1sticamente en tiempo de trabajo, cambiar el calendario. Disparar contra los relojes es emblem\u00e1ticamente detener el tiempo, parar el viejo tiempo, el viejo orden. Cambiar el calendario expresa el deseo y la expectativa de un mundo nuevo y de un orden nuevo, radicalmente otros, volver a empezar desde el principio.<\/p>\n<p><strong>XII.<\/strong> <b>El \u00e1ngel de la historia. Klee y Walter Benjamin<\/b>:<\/p>\n<p>\u00abHay un \u00e1ngel pintado por Klee que se titula <i>Angelus novus<\/i>. Est\u00e1 en lo alto. Parece alejarse de algo sobre lo que fija la mirada. Tiene los ojos abiertos de par en par, la boca abierta y las alas extendidas. Ese es el aspecto que debe de tener el \u00e1ngel de la historia. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Y donde nosotros creemos ver una cadena de acontecimientos, \u00e9l ve una sola cat\u00e1strofe que acumula sin tregua ruina sobre ruina. El \u00e1ngel querr\u00eda detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo roto. Pero una tempestad que sopla del para\u00edso, le traba las alas y la tempestad es tan fuerte que el \u00e1ngel tiene que cerrarlas. Esta tempestad le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al que el \u00e1ngel vuelve la espalda. Lo que llamamos progreso es esta tempestad\u00bb.<\/p>\n<p>Es el tiempo hist\u00f3rico en el mundo desencantado. En la historia no hay retrocesos voluntarios, las revoluciones ya no son locomotoras que conducen el tren de la humanidad hacia un progreso seguro, son m\u00e1s bien el freno de alarma de un tren que con toda probabilidad corre hacia el abismo.<\/p>\n<p>Implicaciones del segundo principio de la termodin\u00e1mica: entrop\u00eda en la naturaleza y organizaci\u00f3n en la sociedad.<br \/>\nDos flechas del tiempo, probablemente contrapuestas: tiempo hist\u00f3rico y tiempo biol\u00f3gico. La flecha que apunta hacia la entrop\u00eda, el desorden, la desorganizaci\u00f3n del universo y la flecha de la evoluci\u00f3n humana que apunta hacia una mayor organizaci\u00f3n y complejidad.<\/p>\n<p><strong>XIII.<\/strong> <b>El tiempo es un perro que muerde a las mujeres<\/b>.<\/p>\n<p>Tiempo y g\u00e9nero: tiempo de trabajo, tiempo de cuidar. Cambiar los tiempos en una sociedad envejecida.<\/p>\n<h3 align=\"center\"><\/h3>\n<h3 class=\"western\" style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><b>III. Sobre el papel del historiador en la sociedad<\/b><b> <\/b><\/h3>\n<p><em>Conferencia dictada en IUHJVV (Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens Vives)\/UPF: 24\/IV\/2008. En \u00abCuatro notas sobre el papel del historiador en la sociedad\u00bb, Mauricio Janu\u00e9 i Miret (editor), <\/em>Pensar hist\u00f2ricament. \u00c8tica, ensenyament i usos de la hist\u00f2ria<em>, Valencia, PUV, 2009, pp. 39-56.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px; text-align: right;\">Articular hist\u00f3ricamente lo pasado no significa conocerlo \u00abtal como realmente ha sido\u00bb; significa apoderarse de un recuerdo tal como refulge en el instante de un peligro. Para el materialismo hist\u00f3rico se trata de eso, de aprehender una imagen del pasado tal como inesperadamente se le presenta al sujeto hist\u00f3rico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradici\u00f3n como a sus destinatarios; para ambos es uno y el mismo: prestarse a ser el instrumento de la clase dominante. En cada \u00e9poca ha de intentarse, de nuevo, arrebatarle la transmisi\u00f3n al conformismo que tiene el prop\u00f3sito de apoderarse de ella. El Mes\u00edas no viene s\u00f3lo como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de prender en lo pasado la chispa de la esperanza reside s\u00f3lo en aquel historiador que est\u00e1 penetrado de lo siguiente: ni siquiera los muertos estar\u00e1n seguros si el enemigo vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer.<br \/>\nWalter Benjamin<\/p>\n<p><b>I. <\/b>No creo que a estas alturas de la historia podamos aspirar a una sola respuesta a la pregunta sobre el papel del historiador en la sociedad. Son muchas, seguramente demasiadas, y desde luego no todas acertadas, las respuestas que se han dado a esa pregunta. Hay quien ha pensado que el historiador debe ser el restaurador de una verdad perdida para los m\u00e1s en los avatares de la cotidianeidad. Pero aspirar a restaurar algo tan grave como eso que se ha llamado <i>verdad hist\u00f3rica<\/i>, adem\u00e1s de no estar de moda, parece tarea o misi\u00f3n demasiado tit\u00e1nica para dejarla en manos de un conjunto de especialistas.<\/p>\n<p>La idea de que la tarea o la misi\u00f3n del historiador sea reconstruir lo que de verdad ocurri\u00f3 en tal o cual momento hist\u00f3rico suele asociarse a la instauraci\u00f3n o construcci\u00f3n previa de un gran relato hist\u00f3rico. Y es sabido que los \u00abgrandes relatos\u00bb ponen de los nervios a los fil\u00f3sofos posmodernos y a sus ep\u00edgonos. De manera que, seg\u00fan eso, a lo m\u00e1s que podr\u00edan aspirar los historiadores en sus diferentes especialidades es a <i>narrar verdades parciales y fragmentarias<\/i> que, a lo sumo, expresar\u00edan sus propias y diferentes subjetividades.<\/p>\n<p>Una de las consecuencias del punto de vista posmoderno sobre la historiograf\u00eda ha sido diluir la l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica seria y la narraci\u00f3n m\u00e1s o menos novelada de acontecimientos del pasado. Lo ha hecho hasta tal punto que hoy casi parece que el historiador tenga que pedir perd\u00f3n cuando no se conforma con el chafardeo convenientemente edulcorado o con lo que podr\u00edamos llamar visi\u00f3n period\u00edstica de la historia en la que lo que se busca es el titular o el aplauso de la propia cofrad\u00eda. No creo, por tanto, que la tarea del historiador en la sociedad actual sea adaptarse a las circunstancias para hacer periodismo retrospectivo o poner salsa rosa a los dramas del pasado.<\/p>\n<p>Pero tampoco creo que el historiador con conciencia civil, o sea el historiador que adem\u00e1s de dedicarse profesionalmente a la historiograf\u00eda se siente ciudadano en su propia \u00e9poca, tenga que volver hoy a la filosof\u00eda especulativa de la historia y a los grandes relatos de otos tiempo. En este punto me gustar\u00eda matizar.<\/p>\n<p>Lo que empez\u00f3 siendo hace unas d\u00e9cadas distanciamiento razonable respecto de las grandes filosof\u00edas especulativas de la historia y respecto de los catecismos metodol\u00f3gicos entendidos como ganz\u00faas o pasaportes que supuestamente iban a permitir restaurar la verdad hist\u00f3rica, sin el esfuerzo, dicho sea de paso, que supone el an\u00e1lisis concreto de la realidad concreta, ha acabado dando, en los \u00faltimos tiempos, en mera identificaci\u00f3n de la historia con <i>la opini\u00f3n personal sin m\u00e1s<\/i> o con <i>el cuento bien contado<\/i>. En el \u00e1mbito de la historiograf\u00eda han arraigado en estos \u00faltimos a\u00f1os un par de <i>t\u00f3picos populares<\/i> que rayan en la ridiculez.<\/p>\n<p>Uno de esos t\u00f3picos, al que acabo de referirme, viene a decir que hay que sustituir el antiguo \u00abgran relato\u00bb de la historia razonada por el nuevo \u00abgran cuento\u00bb narrativo o period\u00edstico. Y de acuerdo con \u00e9l, lo que tendr\u00eda que hacer hoy el historiador es \u2013para decirlo como lo ha dicho uno recientemente\u2013 aprender a escribir, o, para decirlo un poco mejor, aprender a narrar para as\u00ed captar la benevolencia del lector que supuestamente se aburre con las plomizas historias tradicionales.<\/p>\n<p>Este t\u00f3pico conduce en la pr\u00e1ctica a sacrificar la rigurosidad metodol\u00f3gica y expositiva por la forma narrativa. Y eso es algo que estamos viendo cada d\u00eda. No se trata ya de que la an\u00e9cdota de la que se suele partir, o a la que tal o cual autor considera relevante, se convierta en categor\u00eda. Se trata m\u00e1s bien de que la historia se va convirtiendo as\u00ed en una sucesi\u00f3n de an\u00e9cdotas, a trav\u00e9s de la cual se sugiere al lector contempor\u00e1neo la construcci\u00f3n subjetiva de su propia categor\u00eda. Muchas de las memorias y biograf\u00edas que hoy se publican tienen ese sentido: \u00abYo estuve all\u00ed, lo vi y s\u00e9 lo que fue aquella historia; de manera que deb\u00e9is creerme\u00bb; o: \u00ab\u00c9l estuvo all\u00ed, lo vivi\u00f3 y, por tanto, sabe lo que fue aquella historia\u00bb.<\/p>\n<p>Claro que es muy buena cosa que el historiador domine la lengua en la que escribe, escriba bien y sepa narrar adem\u00e1s de analizar, diseccionar y distinguir entre lo que llamamos hechos, pero tampoco creo que el papel del historiador actual haya de consistir en convertirse en narrador. Para el historiador, de ahora y de siempre, escribir bien deber\u00eda darse por supuesto, como el valor en el servicio militar. Y adem\u00e1s la historiograf\u00eda de los grandes relatos tambi\u00e9n ha dado excelentes escritores cuyos nombres estar\u00e1n en la mente de todos.<\/p>\n<p>El otro t\u00f3pico al que quisiera referirme aqu\u00ed tiene que ver con la deconstrucci\u00f3n del gran relato historiogr\u00e1fico del pasado, con la cr\u00edtica a la historiograf\u00eda tradicional, antigua y moderna. Se ha criticado tanto y tantas veces, con raz\u00f3n, la debilidad de una historia que s\u00f3lo se ocupaba de los de arriba, de los que mandaban en tal o cual \u00e9poca hist\u00f3rica, que no siempre caemos en la cuenta de que la noria de la historia de las ideas ha empezado a girar en la direcci\u00f3n contraria. Ha llegado un momento en el que parece que cuenta m\u00e1s la historia de los que no hicieron nada (o casi nada) en la historia que la de aquellos otros de los que antes se dec\u00eda que hicieron historia.<\/p>\n<p>Como esto que digo ahora puede sonar un poco fuerte o exagerado intentar\u00e9 explicarlo lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Primero fue la historia de los dioses y de los titanes; luego la historia de los reyes y de los tiranos; m\u00e1s tarde la historia de las aristocracias y de los nobles. Lleg\u00f3 un momento, despu\u00e9s de las revoluciones europeas, en el que finalmente parec\u00eda que se iba a poder hacer la historia de los de abajo, de aquellos a los que se hab\u00eda dado voz en las historias anteriores. Y, efectivamente, empez\u00f3 a hacerse entonces la historia de las clases sociales subalternas. Pero \u00faltimamente, a partir de la cr\u00edtica posmoderna de los grandes relatos de la historia, y en particular de la cr\u00edtica al gran relato de la historia de las clases subalternas, se observa algo as\u00ed como un desplazamiento de la atenci\u00f3n hacia la historia pasada de <i>las minor\u00edas silenciosas<\/i>. Algo ha tenido que ver con ese desplazamiento el auge de la llamada historia de las mentalidades.<\/p>\n<p>Espero que se me entienda bien: no estoy pensando en las recuperaciones de la historia de los pueblos y comunidades de los que un d\u00eda se dijo con criterios euroc\u00e9ntricos (y lo dijeron tambi\u00e9n historiadores que daban voz a los subalternos europeos) que no ten\u00edan historia; estoy pensando en la tendencia a despreocuparse no s\u00f3lo de lo que un d\u00eda fueron las vanguardias de las clases subalternas o de los movimientos sociales que esas vanguardias crearon sino tambi\u00e9n de los an\u00f3nimos con conciencia de clase que hicieron algo por cambiar el mundo de base para ocuparse preferentemente de narrar los sentimientos y vivencias de aquellos otros que en su momento no tuvieron voz propia porque aceptaban la ideolog\u00eda dominante como suya o sencillamente porque no ten\u00edan nada (cr\u00edtico) que decir. Sospecho que es a esa tendencia a lo que habr\u00eda que llamar propiamente populismo.<\/p>\n<p>Y querr\u00eda concluir este punto diciendo que tampoco creo que el papel del historiador en las sociedades actuales sea ponerse al servicio del populismo que s\u00f3lo se fija en las mayor\u00edas silenciosas.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>II. <\/b>Dicen que no se sabe bien si hay un sujeto de la historia, si la historia la hacen los hombres o es la Historia la que hace a los hombres que creen estar haciendo historia. De eso se ha discutido mucho entre te\u00f3logos y fil\u00f3sofos y, m\u00e1s recientemente, entre fil\u00f3sofos estructuralistas y fil\u00f3sofos humanistas o historicistas. Dicen que tampoco se sabe bien si la historia tiene un sentido, varios o ninguno. Tambi\u00e9n eso es una cuesti\u00f3n disputada. No voy a adelantar ahora mi opini\u00f3n al respecto porque creo que de esas disputadas cuestiones filos\u00f3ficas es mejor hablar dialogando, contrastando opiniones a la manera plat\u00f3nica.<\/p>\n<p>Para suscitar el di\u00e1logo, en vez de tratar de contestar a esas preguntas por la v\u00eda r\u00e1pida o de repasar las controversias metodol\u00f3gicas y epistemol\u00f3gicas que han enfrentado y enfrentan a historiadores y fil\u00f3sofos, me ha parecido preferible arrancar de una observaci\u00f3n m\u00e1s modesta, de uno de esos lugares comunes que suscitan pocas controversias hoy en d\u00eda.<br \/>\nEs ya un lugar com\u00fan, muy revisitado en los \u00faltimos tiempos por historiadores y turistas de la historia, afirmar que, independientemente de quienes la hagan, la historia la escriben, y por tanto la construyen, los vencedores. Siempre fue as\u00ed, por supuesto, puesto que los muertos no escriben y los amigos de los muertos en los combates de la historia material, no de la historia de papel, bastante tienen con sobrevivir.<\/p>\n<p>No es casual el que la percepci\u00f3n de que la historia la escriben los vencedores est\u00e9 ya en el que fue considerado (entre otros por el gran Jean Bodin) padre de la historiograf\u00eda moderna: Francesco Guicciardini (1483-1540). Esta percepci\u00f3n est\u00e1 en un libro significativamente titulado <i>Ricordi<\/i>. Digo significativamente porque <i>Ricordi <\/i>no es un libro de historia (Guicciardini hab\u00eda escrito antes una <i>Historia de Florencia<\/i> y estaba escribiendo contempor\u00e1neamente, entre 1530 y 1535, una monumental <i>Historia de<\/i> <i>Italia<\/i>)<i>,<\/i> sino un libro de memorias en el que aquel diplom\u00e1tico, pol\u00edtico e historiador italiano reflexiona, en la Florencia del primer tercio del siglo XVI, y al hilo de lo que \u00e9l mismo hab\u00eda vivido, sobre la condici\u00f3n humana y sobre las relaciones que, desde ella, pueden establecerse entre pasado y presente. Los <i>Ricordi<\/i> son, pues, una especie de <i>zibaldone<\/i> en cuyas p\u00e1ginas el pol\u00edtico y diplom\u00e1tico pasa de la an\u00e9cdota a la categor\u00eda, filosofa sobre el arte de historiar y saca sus moralejas en forma de m\u00e1ximas, proverbios y sentencias.<\/p>\n<p>En una de ellas Francesco Guicciardini no se limit\u00f3 a tomar nota de que la historia la inventan o construyen los vencedores, sino que introdujo una valoraci\u00f3n al hilo de tal reconocimiento. Lo dijo as\u00ed: \u00ab<i>Pregate Dio sempre di trovarvi dove si vince, perch\u00e9 vi \u00e8 data laude di quelle cose ancora di che non avete parte alcuna, come per il contrario che si trova dove si perde, \u00e8 imputato di infinite cose delle quali \u00e8 inculpabilisimo<\/i>.\u00bb<\/p>\n<p>Exactamente cuatro siglos despu\u00e9s, entre 1930 y 1935, otro italiano, tambi\u00e9n \u00e9l protagonista de la historia, pol\u00edtico y amante de la historiograf\u00eda, Antonio Gramsci, quiso hacer de estas palabras de Guicciardini el <i>motto<\/i> principal para una r\u00fabrica que estaba redactando, en la c\u00e1rcel de Turi de Bari, bajo el fascismo musoliniano, en sus cuadernos de la c\u00e1rcel. Sintom\u00e1ticamente esta r\u00fabrica llevaba por t\u00edtulo \u00abPasado y presente\u00bb y ten\u00eda la pretensi\u00f3n de ser historia pensada, historia razonada, reflexi\u00f3n sobre el v\u00ednculo existente entre acontecimientos pasados (una parte de los cuales Gramsci hab\u00eda conocido directamente) y un presente sobre el que, a pesar de las circunstancias, tan adversas, pretend\u00eda seguir actuando.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que atrae a Gramsci de los <i>Ricordi<\/i> del padre de la historiograf\u00eda moderna? No s\u00f3lo el lugar com\u00fan tantas veces repetido desde entonces. Se sabe que en la selva de los t\u00f3picos no todo es prejuicio. Hay tambi\u00e9n en ella \u00e1rboles que son como verdades adquiridas por una larga experiencia colectivamente vivida. Que la historia la escriben los vencedores y que a aquel que se encuentra donde se pierde le imputar\u00e1n infinitas cosas de las no tuvo culpa alguna es una de esas verdades adquiridas en la selva de los t\u00f3picos. Como lo es aquella otra, tantas veces repetida desde abajo, de que \u00abel poder corrompe\u00bb (por supuesto, a todos menos a m\u00ed y a mis amigos). Pero al historiador que filosofa o al fil\u00f3sofo amante de la historiograf\u00eda no le interesa gran cosa la repetici\u00f3n mec\u00e1nica de las verdades adquiridas que se han hecho tradici\u00f3n, aunque admita que \u00e9stas son serias candidatas a verdades permanentes, como las verdades de don Perogrullo. Le interesa m\u00e1s dar una forma nueva a la vieja verdad tantas veces repetida. Le interesa partir de la tradici\u00f3n para innovar en ella.<\/p>\n<p>Si Gramsci hubiera sido s\u00f3lo un historiador o un aficionado a la historia tal vez habr\u00eda redactado un ensayo sobre pasado y presente en el que las palabras de Guicciardini habr\u00edan figurado, ir\u00f3nicamente, como cita inicial. Pero como le interesaba igualmente el compromiso c\u00edvico del fil\u00f3sofo democr\u00e1tico en la \u00e9poca que le hab\u00eda tocado vivir nos propone ir m\u00e1s all\u00e1 de la mera cita para prospectar si desde ah\u00ed se puede crear un estilo, una forma nueva de meter en una misma reflexi\u00f3n historia, filosof\u00eda y pol\u00edtica. Y se le ocurre que esa forma nueva tendr\u00e1 que debatirse, en di\u00e1logo con la tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica de la modernidad, entre la iron\u00eda y el sarcasmo. Si uno no cree en Dios no puede rogar a Dios encontrarse all\u00ed donde se vence, pero a\u00fan puede secularizar la frase de Guicciardini y dar a su realismo un nuevo sentido \u00e9tico-pol\u00edtico sin caer en la resignaci\u00f3n o en el fatalismo. Y si uno sabe que al escribir sobre la historia est\u00e1 ayudando, directa o indirectamente, a alg\u00fan se\u00f1or del presente, y est\u00e1 adem\u00e1s en la parte de los perdedores (como, obviamente, era el caso de Gramsci en 1930), a\u00fan le queda otro recurso estil\u00edstico ante la reiterada presentaci\u00f3n de la historia como presunta sucesi\u00f3n de hechos que necesariamente ten\u00edan que conducir al presente que vivimos.<\/p>\n<p>Ese recurso estil\u00edstico, para el historiador-fil\u00f3sofo que escribe desde la parte de los perdedores, no es la queja encadenada, no es la jerem\u00edada del profeta que se pasa la vida protestando porque las cosas no han sido como deber\u00edan haber sido. Ni es tampoco la generalizaci\u00f3n ideol\u00f3gica de las a\u00f1orantes palabras del poeta que dice que \u00abcualquier tiempo pasado fue mejor\u00bb. Pues aunque realmente aquel pasado hubiera sido mejor que el presente para el historiador-fil\u00f3sofo, parece m\u00e1s adecuado asumir la advertencia de otro poeta contempor\u00e1neo: \u00abLo peor es creer que se tiene raz\u00f3n por haberla tenido\u00bb. Desde el punto de vista art\u00edstico-literario, el recurso estil\u00edstico habitual ante los t\u00f3picos y los mitos colectivamente compartidos ha sido, en la modernidad, la iron\u00eda, o sea, la distancia que el sujeto introduce entre lo que en lo que, en el relato, hace decir u opinar a sus propias criaturas y lo que \u00e9l piensa realmente. Desde Cervantes al romanticismo este recurso ha dado muy buenos resultados. Pero hay otro recurso estil\u00edstico con el que probablemente se inaugura lo que podr\u00edamos llamar la cr\u00edtica a la modernidad que acabar\u00eda conduciendo al posmodernismo cr\u00edtico. Ese recurso es la s\u00e1tira, que la historia razonada hereda de Jonathan Swift, del Swift que escribe <i>Los viajes de Gulliver,<\/i> pero sobre todo del Swift de la \u00abModesta proposici\u00f3n para evitar que los hijos de los pobres en Irlanda constituyan una carga para sus padres o para su pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Al argumentar en favor del sarcasmo como forma estil\u00edstica del historiador-fil\u00f3sofo que sabe que lo que escribe sobre el pasado incide en el presente, Antonio Gramsci especifica que no se trata de un sarcasmo cualquiera y menos de la repetici\u00f3n mec\u00e1nica del sarcasmo contra el presente que puede llegar a ser sin m\u00e1s la otra cara de la jerem\u00edada, sino de un sarcasmo <i>apasionado<\/i>, mediante el cual la raz\u00f3n ilustrada se distancia de las meras ilusiones, de las enso\u00f1aciones de los de abajo, de los perdedores de la historia, sin herir sus sentimientos, sin destruir la base sana de sus esperanzas.<\/p>\n<p>El sarcasmo apasionado ser\u00eda el estilo del historiador-fil\u00f3sofo que <i>tiene<\/i> ilusiones compartidas con los que no tienen voz en la historia pero que <i>no se hace<\/i> ilusiones. Ser\u00eda, adem\u00e1s, un estilo de transici\u00f3n: el estilo del historiador-fil\u00f3sofo que vive entre dos civilizaciones, por as\u00ed decirlo, cuando el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de nacer. El sarcasmo apasionado aparece, en ese contexto, como una forma estil\u00edstica alternativa a la forma apod\u00edctica y declamatoria de cualquier vulgarizaci\u00f3n contempor\u00e1nea del marxismo. Conserva la pretensi\u00f3n pedag\u00f3gica del materialismo hist\u00f3rico y su orientaci\u00f3n holista, globalista o totalizadora (la aspiraci\u00f3n a la historia total), pero niega que la reflexi\u00f3n que ha de enlazar pasado y presente haya de tener la forma de un nuevo adoctrinamiento de los de abajo, de los perdedores de la historia.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n que puede extraerse de tales consideraciones es, naturalmente, s\u00f3lo metodol\u00f3gica o, para decirlo con m\u00e1s cautela todav\u00eda, metodol\u00f3gico preventiva. Pues por mucho que se distinga entre m\u00e9todo de investigaci\u00f3n y m\u00e9todo de exposici\u00f3n de los resultados de la misma, el historiador no podr\u00eda, obviamente, mantener el tono sarc\u00e1stico, aun en su acepci\u00f3n positiva y apasionada, a todo lo largo de su discurso. Ya esta observaci\u00f3n limita el alcance de la reflexi\u00f3n de Gramsci a una funci\u00f3n heur\u00edstica. Que pod\u00eda ejemplificarse como sigue.<\/p>\n<p>El historiador de los perdedores puede, comparativamente, sacar mayor provecho de la visi\u00f3n del mundo que se desprende del <i>Gargant\u00faa y Pantagruel<\/i>, de Rabelais, si lo que est\u00e1 investigando es el siglo XVI, o del <i>Critic\u00f3n<\/i> de Baltasar Graci\u00e1n si lo que est\u00e1 investigando es el siglo XVII en Espa\u00f1a, o de la <i>Modesta proposici\u00f3n<\/i> de Swift si en lo que est\u00e1 es en el siglo XVIII, o de las caricaturas de Daumier, si su objeto de investigaci\u00f3n es el mundo colonial del siglo XIX, o de las \u00abcumbres abismales\u00bb de Alexandr Zinoviev si lo que le interesa es la construcci\u00f3n del socialismo en el siglo XX, pongamos por caso, que de los correspondientes fil\u00f3sofos que trataron abstractamente el tema de su tiempo, sean estos Descartes (y su moral provisional) o Leibniz (y su idea del mejor de los mundos posibles) o Kant (y su concepto de ilustraci\u00f3n) o Stuart Mill (y su concepto de liberalismo) u Ortega y Gasset (y su idea de la rebeli\u00f3n de las masas) o Lenin y Trotsky (y su idea de la revoluci\u00f3n permanente), para poner unos cuantos ejemplos excelsos.<\/p>\n<p>Y si el historiador de los perdedores se dedica al estudio de la Espa\u00f1a contempor\u00e1nea en la econom\u00eda-mundo probablemente puede, ampliando aquella sugerencia de Gramsci, sacar mayor provecho heur\u00edstico de los sarcasmos de El Roto que de la mayor\u00eda de los discursos filos\u00f3ficos del momento, tan unilateralmente complacientes, por lo general, con los poderes existentes, derivados de lo que fue la transici\u00f3n. Pues cuando el humorista pinta a su mono diciendo \u00abPara qu\u00e9 viajar si ya todo es Occidente\u00bb; o a su cardenal afirmando que \u00abFue un error permitir que el sol dejase de girar alrededor de la tierra\u00bb; o cuando hace dialogar a sus personajes diciendo uno \u00abAbandona tus prejuicios y p\u00e1sate a los nuestros\u00bb y poniendo en boca del otro: \u00abVale, pero conservando la antig\u00fcedad\u00bb; o cuando el pobre hombre de turno pregunta \u00ab\u00bfSobre qu\u00e9 pa\u00eds es el debate?\u00bb y el otro contesta: \u00abSobre <i>el suyo<\/i>, naturalmente\u00bb; o cuando, en homenaje al gran cineasta muerto, dibuja a Stanley Kubrick aseverando: \u00abLa posmodernidad consiste en m\u00e1s c\u00e1maras y nuevos encuadres para la misma vieja mierda\u00bb&#8230; se est\u00e1 captando, mejor, desde luego, que en la mayor\u00eda de los discursos sobre la primera y la segunda transici\u00f3n, el sentir del valeroso soldado \u0160vejk de nuestro tiempo, aquel que siempre cumpl\u00eda las \u00f3rdenes recibidas marchando, como por casualidad, en la direcci\u00f3n contraria de la que le hab\u00edan indicado sus superiores.<br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>III. <\/b>En la crisis de la historia, de la que empez\u00f3 a hablarse cada vez con m\u00e1s \u00e9nfasis desde la d\u00e9cada pasada, hay un autor que parece estar suscitando la unanimidad de los historiadores que a\u00fan creen que a la historiograf\u00eda le conviene tener buenas relaciones con la filosof\u00eda. Ese autor es Walter Benjamin. Sus reflexiones sobre la historia encabezan libros, producen monogr\u00e1ficos de revistas y se citan ahora una y otra vez como fuente de inspiraci\u00f3n. Se pod\u00eda decir que hay un acuerdo a la hora de considerar que las tesis de filosof\u00eda de la historia de Benjamin es el m\u00ednimo de filosof\u00eda que est\u00e1n hoy dispuestos a tomar en consideraci\u00f3n los historiadores que no aprecian la filosof\u00eda de la historia y que preferir\u00edan hablar, en todo caso, de teor\u00eda de la historia. Este m\u00ednimo se refiere al \u00e1ngel de la historia en la interpretaci\u00f3n benjaminiana del <i>Angelus<\/i><i> novus<\/i> de Paul Klee. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, el \u00e1ngel ve una cat\u00e1strofe \u00fanica que amontona incansablemente ruina sobre ruina. El \u00e1ngel de la historia quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el para\u00edso sopla un hurac\u00e1n que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que nuestro \u00e1ngel no puede ya cerrarlas, por lo que el hurac\u00e1n le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al que el \u00e1ngel da la espalda mientras que los montones de ruinas crecen ante \u00e9l hasta el cielo. Ese hurac\u00e1n es \u2013dice Benjamin\u2013 lo que nosotros llamamos progreso.<\/p>\n<p>En cierto modo la filosof\u00eda benjaminiana de la historia es una retorsi\u00f3n radical de la inversi\u00f3n que Marx hiciera de la filosof\u00eda de la historia de Hegel. No s\u00f3lo porque ella abandona la idea de la superaci\u00f3n consumada de la evoluci\u00f3n del esp\u00edritu, sino tambi\u00e9n y sobre todo porque complica enormemente el concepto dial\u00e9ctico de progreso. Benjamin reflexionaba sobre la historia casi al mismo tiempo en que mor\u00eda Gramsci, pero su tono ya no es el sarc\u00e1stico sino el tr\u00e1gico. Su pesimismo tr\u00e1gico ya no es simplemente optimismo de la voluntad que contraponer el pesimismo de la inteligencia. Y se comprende porque Benjamin ha conocido dos cosas de las que Gramsci s\u00f3lo tuvo noticia lejana: el comienzo de la barbarie nazi y las derivaciones, tambi\u00e9n b\u00e1rbaras, de aquel \u00abpez cornudo\u00bb que, seg\u00fan \u00e9l, fue la Rusia estaliniana.<\/p>\n<p>En Benjamin hay una serie de iluminaciones que el historiador que investiga despu\u00e9s de esas barbaries no puede ignorar. La primera de esas iluminaciones \u2013y la \u00fanica a la que me referir\u00e9 aqu\u00ed\u2013 se expresa en la afirmaci\u00f3n de que jam\u00e1s se ha dado un documento cultural que no lo haya sido al mismo tiempo de la barbarie. Esa afirmaci\u00f3n est\u00e1 en un ensayo de Benjamin sobre historia y coleccionismo dedicado a Eduard Fuchs. Desde entonces es imposible que el historiador-fil\u00f3sofo visite un museo o se ponga a estudiar cualquiera de las m\u00e1s altas manifestaciones culturales de la historia sin pensar en la interacci\u00f3n dial\u00e9ctica entre civilizaci\u00f3n y barbarie. Esta dial\u00e9ctica estar\u00e1 ya siempre presente en el historiador de las ideas, en el historiador del arte o en el historiador sin m\u00e1s. Cuando vamos al Vaticano o al Louvre, al Calouste Gulbenkian en Lisboa o al museo antropol\u00f3gico de la ciudad de M\u00e9xico, al British Museum, al Prado o al Vaticano es dif\u00edcil dejar de pensar en la interrelaci\u00f3n que habido entre la belleza concentrada que contemplamos y la barbarie que hay tras ella o junto a ella.<\/p>\n<p>Tal vez no sepamos si la historia tiene sentido ni si, en el caso de que lo tenga, \u00e9ste puede ser captado con las herramientas de la historiograf\u00eda. Pero lo que s\u00ed sabemos es que la historia construida hasta ahora por los vencedores no tiene sentido del humor. La otra historia, la del mundo visto desde abajo, la historia que tratan de construir los perdedores, por lo general tampoco lo tiene: ni la que se inspira en Gramsci (que tanto ha influido en el desarrollo reciente de los estudios culturales), ni la que se inspira en Benjamin (ya sea en el Benjamin marxista, ya sea en el Benjamin mesi\u00e1nico). Pero esto \u00faltimo tal vez tenga su disculpa, puesto que es m\u00e1s dif\u00edcil conservar el humor cuando al hombre que se pone a historiar se le est\u00e1n imputando ya \u00abinfinitas cosas\u00bb de las que, como dijo el otro, es \u00abinculpabil\u00edsimo\u00bb.<\/p>\n<p>Creo saber otra cosa, \u00e9sta contra mi mismo: en el debate acerca de si la historia tiene sentido y si es mejor la macrohistoria o la microhistoria, el gran relato o el microrrelato, la historia econ\u00f3mica o la historia de las mentalidades, la filosof\u00eda de la historia o la historia sin filosof\u00eda, no se puede esperar demasiado de los fil\u00f3sofos de profesi\u00f3n. Pues estos, aun en el caso de que se dediquen a la epistemolog\u00eda o a la metodolog\u00eda, s\u00f3lo suelen dar orientaciones muy gen\u00e9ricas, del tipo de las que un l\u00f3gico ruso, muy sarc\u00e1stico tambi\u00e9n \u00e9l, atribu\u00eda a ciertos especialistas en metodolog\u00eda de la ciencia: \u00bbSe cuenta al respecto la siguiente an\u00e9cdota: si hay que determinar el sexo de un conejo, el cient\u00edfico caza al conejo y lo examina; el metod\u00f3logo lo mira por encima, si es blanco dictamina que es conejo, y si blanca, coneja.\u00bb<\/p>\n<p>Comprendo, por tanto, bastante bien el tono general y las precauciones que ha adoptado G\u00e9rard Noiriel en su ensayo sobre la crisis de la historia, que es sustancialmente un intento de repensar la historia al margen y fuera de la filosof\u00eda, desde dentro del oficio de historiador que se dedica a la investigaci\u00f3n concreta de objetivos tambi\u00e9n muy concretos y particulares. No en todo, pero s\u00ed en lo que tiene de protesta contra las filosof\u00edas de la historia de inspiraci\u00f3n hegeliana ese intento est\u00e1 bien fundamentado. A pesar de lo cual queda, sin embargo, el viejo asunto \u2013y esto ser\u00eda objeci\u00f3n tambi\u00e9n a Noiriel\u2013 de si la protesta contra las filosof\u00eda de la historia no desemboca demasiado r\u00e1pidamente en declaraciones excesivas contra la teor\u00eda en la historia emp\u00edrica. Pues no es tan f\u00e1cil decidir donde acaba la filosof\u00eda de la historia, a la que se acusa de especulativa, y donde empieza la teor\u00eda (que, hecha la cr\u00edtica, se considera inescindible de la observaci\u00f3n y de la investigaci\u00f3n de los hechos hist\u00f3ricos).<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed se sigue de ah\u00ed razonablemente es la importancia del \u00abdisciplinamiento profesional\u00bb. Siempre heredamos una situaci\u00f3n disciplinar en el marco de profesiones concretas e hist\u00f3ricamente determinadas. En historiograf\u00eda no hay posici\u00f3n epistemol\u00f3gica inocente, ni hay, por as\u00ed decirlo, perspectiva privilegiada. Hay que asumir la propia parcialidad. La objetividad no es aqu\u00ed cuesti\u00f3n de imparcialidad o de neutralidad apasionada (Weber, Popper y Kuhn), sino que es un proceso dial\u00f3gico y material sobre el que no tenemos el control \u00faltimo (Donna Haraway).<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n a la que he llegado sobre el trabajo historiogr\u00e1fico a partir de estas pocas experiencias no difiere gran cosa, a efectos metodol\u00f3gicos, de lo que aconsejaba hace ya muchos a\u00f1os Mario Bunge en su ensayo sobre la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Lo que hay que hacer es enunciar con precisi\u00f3n el problema que uno quiere resolver; arbitrar conjeturas fundadas y contrastables con la experiencia para contestar a las preguntas; tratar de derivar consecuencias l\u00f3gicas de las conjeturas; inventar t\u00e9cnicas para someter las conjeturas a contrastaci\u00f3n; someter a contrastaci\u00f3n estas t\u00e9cnicas para comprobar su relevancia y la confianza que merecen; llevar a cabo la contrastaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de los resultados; discutir la pretensi\u00f3n de verdad de las conjeturas; determinar en qu\u00e9 dominios valen las conjeturas y las t\u00e9cnicas; y volver a empezar en funci\u00f3n de los resultados obtenidos.<\/p>\n<p>Eso lleva tiempo, requiere paciencia y ni siquiera garantiza que nuestra construcci\u00f3n de la historia sea la buena. Pero pensando sobre el tiempo y la paciencia y en que no somos dioses, me dije: es mejor que los perdedores de la historia lo sepan a dejarse acunar con la reiteraci\u00f3n de los cuentos y los mitos de siempre, contra los que protestaba, con raz\u00f3n, el gran Le\u00f3n Felipe.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><b>IV. El derecho a la memoria y el pasado como afrenta presente<\/b><\/h3>\n<p><em>Esquema de una conferencia impartida el 10\/XI\/2010. Tal vez en la UPF-Facultad de Humanidades.<\/em><\/p>\n<p><b>1. <\/b>Acabo de regresar de Ciudad de M\u00e9xico, donde el recuerdo de la Independencia ha estado presente hasta en el D\u00eda de los Muertos: en la UNAM, en el Z\u00f3calo en todas partes.<\/p>\n<p>Y, por otra parte, representaci\u00f3n, en el teatro de la UNAM, de \u00abLa controversia de Valladolid\u00bb con gui\u00f3n de J.C. Carri\u00e8re.<\/p>\n<p>Desde luego, como dec\u00eds en el papel que hab\u00e9is redactado: <b>mucho que recordar y poco que celebrar.<\/b><\/p>\n<p>All\u00ed y aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Y lo que est\u00e1 ocurriendo estos d\u00edas en El Ai\u00fan, en la antigua colonia espa\u00f1ola del Sahara occidental, muestra, una vez m\u00e1s, hasta qu\u00e9 punto es verdad lo de que <b>el pasado se convierte en afrenta en el presente<\/b>.<\/p>\n<p><b>2. <\/b>Os pregunt\u00e1is en el papel que nos hab\u00e9is mandado: \u00bftienen los pueblos derecho a aspirar a una memoria cada vez m\u00e1s \u00edntegra, honesta y responsable? \u00bfNo es la memoria parte constitutiva de la dignidad de individuos y sociedades?<\/p>\n<p>La respuesta es: por supuesto, s\u00ed.<\/p>\n<p>Y el gran problema, hoy como ayer, uno de los asuntos m\u00e1s dif\u00edciles de entender desde la racionalidad ilustrada, es precisamente la fragilidad de la memoria de individuos y sociedades, y, por consiguiente, la facilidad con que se pasa, con el tiempo y en condiciones cambiadas, de la visi\u00f3n del ayer oprimido y vencido a la visi\u00f3n del hoy opresor y dominador.<br \/>\nEl caso m\u00e1s tr\u00e1gico de esto en el mundo actual es lo que est\u00e1 ocurriendo en Palestina.<\/p>\n<p>Pero, aunque en otra dimensi\u00f3n, esto mismo se ve muy bien en el cambio de comportamiento de pueblos y sociedades que ayer fueron mayormente emigrantes y hoy son mayormente receptores de inmigrantes.<\/p>\n<p><b>3. <\/b>Contribuir a hacer frente a la barbarie del neo-racismo tratando de explicar, alternativamente, qu\u00e9 pueda ser hoy una consciencia de especie ante el choque entre culturas.<\/p>\n<p>La autocr\u00edtica del eurocentrismo y la consideraci\u00f3n del racismo cultural, racismo culturalista y diferencialista, como ideolog\u00eda funcional al capitalismo tard\u00edo.<\/p>\n<p>Recuperar la <i>visi\u00f3n que los vencidos.<\/i><br \/>\n<b><\/b><\/p>\n<p><b>4. <\/b>Ocurri\u00f3 en el siglo XVI con la versi\u00f3n de t\u00e9rminos expresivos de las culturas maya, inca o mexica y est\u00e1 ocurriendo hoy en d\u00eda con la retraducci\u00f3n apresurada al ingl\u00e9s de t\u00e9rminos de culturas colonizadas que no son vertibles sin m\u00e1s a la forma inglesa de la cultura del capitalismo tard\u00edo. Cierto es que la etnolog\u00eda comparada y la antropolog\u00eda permiten hoy en d\u00eda llamar la atenci\u00f3n de los gobiernos y de las poblaciones acerca de tales excesos, pero esas llamadas de atenci\u00f3n, casi siempre muy limitadas y minoritarias, no pueden tapar el hecho de que el problema se sigue ampliando a todo el mundo.<br \/>\nTal es la raz\u00f3n de que hoy se sientan <i><b>nepantla<\/b><\/i> muchos europeos cuyos antepasados mostraban sin reticencias su prepotencia hace cinco siglos.<\/p>\n<p>La idea de <i>nepantlismo<\/i>, tal como la formul\u00f3 Le\u00f3n Portilla, se relaciona con la conservaci\u00f3n de las antiguas creencias y con el comienzo de la asimilaci\u00f3n cultural; va de la mano con el concepto de <i>ecosis<\/i> (relaci\u00f3n grupo\/medio, adaptaciones e interrelaciones).<\/p>\n<p><b>5. <\/b>Criterios positivos en el encuentro y el choque entre culturas.<\/p>\n<p>5.1. Tratar de ver la identidad, la proximidad, donde generalmente se ven s\u00f3lo diferencias culturales; tratar de ver las diferencias donde generalmente s\u00f3lo se ve identidad.<\/p>\n<p>5.2. Pensar acerca de d\u00f3nde hay que poner los acentos: si en la consideraci\u00f3n del inmigrante como fuerza de trabajo incorporada al proceso productivo de los pa\u00edses de acogida o en la consideraci\u00f3n del inmigrante como extranjero, cultural y religiosamente diferenciado respecto de la poblaci\u00f3n de acogida. O si conviene ponerlo en las dos cosas a la vez.<br \/>\nLo que suele ocurrir, por el momento, es que las clases dominantes de los pa\u00edses receptores usan la mano de obra inmigrante con criterios exclusivamente economicistas referidos al mercado de trabajo y luego en cambio, sus ide\u00f3logos priorizan en sus discursos la diferencia cultural-religiosa de los inmigrantes, con lo cual contribuyen a hacer aumentar las desconfianzas de los de abajo sobre \u00ablo extranjero\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed se da alas a la xenofobia.<\/p>\n<p>5.3 Si, como estoy proponiendo, al tratar de la inmigraci\u00f3n el acento se desplaza desde el temor inducido a la diferencia cultural, a la \u00abextranjer\u00eda\u00bb, y a la supuesta p\u00e9rdida de la identidad propia, hacia el an\u00e1lisis de lo que representa el fen\u00f3meno desde el punto de vista econ\u00f3mico-social (y desplazar no quiere decir aqu\u00ed obviar y\/o olvidar el otro asunto), entonces quedar\u00e1 m\u00e1s claro otro aspecto de la realidad existente: los inmigrantes sufren doblemente la contradicci\u00f3n b\u00e1sica del llamado \u00abneoliberalismo\u00bb, a saber: la contradicci\u00f3n entre libre circulaci\u00f3n de mercanc\u00edas y restricci\u00f3n de la circulaci\u00f3n de las personas a las que, por otra parte, dentro ya de las fronteras, se trata como a mercanc\u00edas. Saskia Sassen, de la Universidad de Chicago, ha llamado la atenci\u00f3n con mucha eficacia sobre esta contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>5.4. Una propuesta interesante, que atiende a varias de estas consideraciones a la vez, es la que ha hecho recientemente Javier de Lucas al reflexionar acerca de la necesidad de un replanteamiento de la noci\u00f3n de ciudadan\u00eda. Se tratar\u00eda de vincular el acceso a la ciudadan\u00eda con la residencia estable (desde tres a\u00f1os), en el \u00e1mbito local; es decir, de entender la ciudadan\u00eda, para empezar, como vecindad, lo que implica el reconocimiento de derechos pol\u00edticos plenos en el \u00e1mbito municipal (que es ya algo m\u00e1s que el derecho a sufragio activo y pasivo, el derecho a voto).<\/p>\n<p>Esta noci\u00f3n de ciudadan\u00eda incluir\u00eda el car\u00e1cter multilateral, o sea, la posibilidad legal de la doble ciudadan\u00eda, y se podr\u00eda implementar de un modo gradual: desde la vecindad al \u00e1mbito auton\u00f3mico primero, estatal y europeo despu\u00e9s.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><b>Anexo: 1966<\/b><\/h3>\n<p>Yo ten\u00eda que haber terminado los estudios de filosof\u00eda aquel a\u00f1o. Durante el verano del 65 me hab\u00eda puesto a redactar la tesina de licenciatura. Me interesaban entonces la historia y la cr\u00edtica del gusto del marxista italiano Galvano della Volpe. Etica y est\u00e9tica me parec\u00edan dos rostros del mismo dios; buscaba c\u00f3mo volver a juntar clasicismo ilustrado y romanticismo.<\/p>\n<p>Me ayudaban y me aconsejaban entonces Manuel Sacrist\u00e1n y Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. El primero acababa de ser expulsado de la Universidad de Barcelona por comunista. En aquella \u00e9poca los rectores no necesitaban mentir sobre esas cosas. As\u00ed es que Francisco Garc\u00eda Valdecasas, el rector de entonces, pod\u00eda estar convencido de que Sacrist\u00e1n era una autoridad en el campo de la l\u00f3gica formal y al mismo tiempo echarle de la Universidad, sin escr\u00fapulos, por rojo. Valverde era ya un cristiano de otra galaxia. De la galaxia William Morris: sensible, social, solidario, socialista de los de verdad.<\/p>\n<p>Para m\u00ed el curso 65-66 empezaba as\u00ed: con Sacrist\u00e1n en la calle y Valverde y\u00e9ndose por lo de la compa\u00f1\u00eda solidaria. Sin \u00e9tica ni est\u00e9tica el curso universitario del 66 s\u00f3lo pod\u00eda ser monoton\u00eda o rebeli\u00f3n. Fue rebeli\u00f3n. Y eso que todav\u00eda no hab\u00edan llegado al pa\u00eds noticias de otras rebeliones estudiantiles en marcha o en preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nunca he vuelto a vivir una experiencia comunitaria y democr\u00e1tica como aqu\u00e9lla del a\u00f1o 66. Y no lo digo por nostalgia de los a\u00f1os j\u00f3venes. Ni tampoco por falta de experiencias sociopol\u00edticas posteriores. Luego he visto nacer el movimiento de los profesores parias universitarios. He visto nacer el movimiento ecologista en Catalu\u00f1a. Me ha tocado de cerca el nuevo movimiento feminista. He tenido algo que ver con el movimiento pacifista de los 80. Pero nada de esto se puede comparar a la experiencia del 66.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tantas mentiras oficiales en el pa\u00eds y se respiraba un ambiente de remurimiento tan metido hasta el tu\u00e9tano en los que mandaban por entonces que quiz\u00e1s tampoco tuvo tanto m\u00e9rito aquella rebeli\u00f3n. Decir la verdad y comunic\u00e1rsela a otros que tienen ante los ojos el remurimiento es m\u00e1s f\u00e1cil que contar verdades a medias. La pol\u00edtica en situaci\u00f3n as\u00ed suele hacerse \u00e9tica colectiva. Es luego, en la construcci\u00f3n de las democracias imperfectas y hasta demediadas, cuando todo se hace complejo, complejo, complejo y todo depende, depende, depende. Que se dice ahora.<\/p>\n<p>Por suerte, ignor\u00e1bamos las palabras \u00abcomplejo\u00bb, \u00abdepende\u00bb. Y sab\u00edamos que el \u00absi, pero\u00bb tampoco dice mucho en boca de alguien a quien le piden comprometerse.<\/p>\n<p>As\u00ed que dej\u00e9 de ser una joven promesa de la filosof\u00eda licenciada barcelonesa y contest\u00e9 que s\u00ed a lo de arrimar el hombro a la creaci\u00f3n del Sindicato Democr\u00e1tico de Estudiantes de la Universidad de Barcelona. Todav\u00eda recuerdo bien el cuchitril del viejo patio de la Facultad de Letras donde ocurri\u00f3 eso. Alguien me dijo luego, a un paso de all\u00ed, en los mingitorios de la Facultad de Letras, a un paso del viejo bar: \u00abLa has parido\u00bb. Efectivamente, la par\u00ed: ya no iba a ser el pingo almidonado que pude ser cuando ten\u00eda veintitr\u00e9s a\u00f1os.<\/p>\n<p>La experiencia comunitaria y democr\u00e1tica, entre enero y octubre del 66, fue buena no s\u00f3lo porque ten\u00edamos la raz\u00f3n de nuestra parte, sino porque la gente que se meti\u00f3 en ella era buena, generosa y casi siempre inteligente.<\/p>\n<p>Aquella experiencia comunitaria fue para m\u00ed al mismo tiempo la vivencia del amor. En ella conoc\u00ed a Neus Porta, sin cuya sensibilidad e inteligencia yo hubiera sido otra cosa distinta de lo que soy ahora. Los del remurimiento dec\u00edan que fuimos a la Capuchinada para dormir juntos las chicas con los chicos. Si no hubieran sido unos obsesos podr\u00edamos haberles dicho, sin problema, que algo de eso hubo tambi\u00e9n. Y creo que ahora, con el paso del tiempo, se puede decir ya. Por lo dem\u00e1s, Mars\u00e9 lo hab\u00eda escrito antes en <i>\u00da<\/i><i>ltimas tardes con Teresa<\/i>. Y que me perdonen los combatientes que dec\u00edan no tener vida privada por aquellos tiempos.<\/p>\n<p>Como toda experiencia social interesante, aquella del 66 fue cosa de muchos y de gentes diferentes. Importa poco d\u00f3nde est\u00e9 cada uno ahora. Las cosas sanas no se hacen escribiendo recuerdos deformados por la memoria y por lo que cada cual ha llegado a ser cuando se escribe. Luchando contra Franco y buscando una f\u00f3rmula de organizaci\u00f3n aut\u00f3noma de los estudiantes en Barcelona se invent\u00f3 algo que hubiera encantado a uno de los nuestros h\u00e9roes de entonces: el viejo Luk\u00e1cs, el que nos hab\u00eda ense\u00f1ado con sus libros que Mann ten\u00eda raz\u00f3n frente a Kafka y con su vida que Kafka ten\u00eda raz\u00f3n frente a Mann.<\/p>\n<p>Aquel algo nuevo fue juntar viejos delegados estudiantiles con experiencia en la lucha contra el SEU con j\u00f3venes delegados estudiantiles convencidos de que hab\u00eda que crear una organizaci\u00f3n propia y nueva. No era mucha la diferencia de edad, pero los veteranos nos ense\u00f1aron mucho a los m\u00e1s j\u00f3venes. Hay que nombrarles porque casi nunca se les nombra al hablar de aquel a\u00f1o: Enric Argullol, Joan Clavera, Albert Corominas, Javier Paniagua, Andreu Mas Colell, Albert Ortega, Quim Vilaplana&#8230;<br \/>\nDe ah\u00ed salieron, entre enero y octubre del 66, algunas de las cosas que tal vez quedar\u00e1n para la historia de la democracia reciente en Catalu\u00f1a, cuando, por imperativo legal, las Neus eran todav\u00eda Nieves y los Jordis, Jorges. Por ejemplo, el aprendizaje de la tolerancia mutua, empezando por la tolerancia entre las lenguas, en las asambleas. O, por ejemplo, el invento de la Capuchinada, donde se produjo el encuentro de los estudiantes universitarios con la generaci\u00f3n de la Rep\u00fablica y de la autonom\u00eda (\u00a1qu\u00e9 descubrimiento la personalidad de Jordi Rubi\u00f3 durante aquellas horas!). O, por ejemplo, la posibilidad de la comparaci\u00f3n entre la vivencia universitaria y la vivencia en los barrios obreros y en las f\u00e1bricas (\u00a1cu\u00e1nta misteriosa espera y cu\u00e1nta idealizaci\u00f3n rec\u00edproca en los primeros contactos barceloneses entre el SDEUB y CCOO!).<\/p>\n<p>No todos aprendimos ni vivimos todas estas cosas ni todos quer\u00edamos exactamente lo mismo. Entonces ya lo sospech\u00e1bamos. Luego lo hemos sabido. Y hemos sabido por qu\u00e9. Pero un movimiento comunitario y democr\u00e1tico, como fue aquel, est\u00e1 siempre hecho de cosas as\u00ed: de diferencias, de azares dominados en el \u00faltimo momento y de generosidades que rebaten intereses.<\/p>\n<p>Total: que en vez de terminar la carrera de filosof\u00eda termin\u00e9 el a\u00f1o 66 en la vieja c\u00e1rcel Modelo, de galer\u00eda en galer\u00eda. He estado a punto de escribir, \u00abcomo era de esperar\u00bb. Pero no es verdad: esper\u00e1bamos cosas mejores, aunque lo que vimos durante el refer<span lang=\"es-ES\">\u00e9ndum del 66 nos puso pesimistas a algunos. En octubre del 66 perd\u00ed la beca con la que hab\u00eda estudiado toda la carrera. Me abrieron un expediente que se cerr\u00f3 con la prohibici\u00f3n de estudiar en cualquiera de las universidades espa\u00f1olas durante tres a\u00f1os. Me detuvieron cuatro veces entre abril y diciembre y me abrieron cuatro sumarios en el Tribunal de Orden P\u00fablico. El D\u00eda de los Santos Inocentes de 1966 me detuvieron por \u00faltima vez. En esta ocasi\u00f3n en Palencia, donde pasaba las <span lang=\"es-ES\">Navidades con mis padres y hermanas. Me condujeron en tren hasta Barcelona dos polic\u00edas de all\u00e1. Uno dec\u00eda ser poeta. El otro, un enamorado de los castillos contemplados desde el tren. La realidad empezaba a ser compleja. Era la primera vez que aquellos polic\u00edas ven\u00edan a Barcelona. Les enga\u00f1\u00f3, ya en la Estaci\u00f3n de Francia, nada m\u00e1s llegar, el m\u00e1s listo, el m\u00e1s simp\u00e1tico, el m\u00e1s rojo de los abogados que hemos tenido: Josep Sol\u00e9 Barber\u00e0. (\u00bfPara cu\u00e1ndo el homenaje que se merece su memoria?).<\/span><\/span><\/p>\n<p>Siempre me produce mucha risa el recuerdo de aquel fin de a\u00f1o del 66. Estaba en la Modelo, pensaba en lo que iba a ser de Neus y de m\u00ed y ven\u00eda venir que no saldr\u00eda de all\u00ed si no era para hacer el servicio militar obligatorio. Sab\u00eda ya que me iban a enviar al Sahara. All\u00ed estuve, en efecto, muchos meses del 67 y del 68 barriendo el desierto. Pero, mientras tanto, en la celda de la Modelo, o en el <i>Virgen de Africa<\/i>, mientras naveg\u00e1bamos hacia El Ai\u00fan, entre v\u00f3mito y v\u00f3mito, no pod\u00eda dejar de re<span lang=\"es-ES\">\u00edrme recordando la monumental bronca que los Creix echaron en V<span lang=\"es-ES\">\u00eda Layetana a aquellos dos polic\u00edas principiantes, el poeta y el de los castillos, por haberse dejado acompa\u00f1ar en coche desde la Estaci\u00f3n de Francia por un tal Josep Sol\u00e9 Barber\u00e0, que durante el viaje iba dando instrucciones, en catal\u00e1n, al joven estudiante que yo era sobre lo que hab\u00eda de contestar a la Brigada Pol\u00edtico Social.<\/span><\/span><\/p>\n<p>M\u00e1s tiempo tard\u00e9 en cambio en aprender aquello otro de que: <i>Lo peor es creer que se tiene raz\u00f3n\/ por haberla tenido.<\/i><\/p>\n<h4><strong>Notas<\/strong><\/h4>\n<div id=\"sdfootnote1\" style=\"text-align: left;\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"left\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> En <i>Neue Rundschau, <\/i>n\u00fam. 33, 815 (1922), citado por Abraham Pais en <i>El Se\u00f1or es<\/i><i> <\/i><i>sutil&#8230; La ciencia y la<\/i><i> <\/i><i>vida de<\/i><i> <\/i><i>Albert Einstein,<\/i><i> <\/i>Barcelona, Ariel, 1984, p. 27.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote2\" style=\"text-align: left;\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> R. Musil, <i>El hombre sin atributos, <\/i>Traducci\u00f3n castellana de Jos\u00e9 M.\u00aa S\u00e1enz, Barcelona, Seix Barral, 1984 (6\u00aa edici\u00f3n), vol. 1, p. 285. La reflexi\u00f3n, que Musil pone en boca del conde Leinsdorf, sigue as\u00ed: \u00abY suponiendo que en la historia no se den vueltas voluntarias, la humanidad se asemeja a un hombre que camina siempre hacia adelante, movido por un af\u00e1n tremendo de viaje, para el que no hay posibilidad de retroceso ni de meta: \u00e9se es un estado muy interesante\u00bb.<\/div>\n<div id=\"sdfootnote3\" style=\"text-align: left;\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"left\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> He desarrollado este punto en <i>La barbarie:<\/i><i> <\/i><i>de ellos y<\/i><i> <\/i><i>de<\/i><i> <\/i><i>los nuestros. <\/i>Barcelona, Paid\u00f3s, 1995, pp. 175-271.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote4\" style=\"text-align: left;\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote4anc\" name=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> H. Arendt, \u00abUnderstanding and Polilics\u00bb, <i>Partisan<\/i><i> <\/i><i>Review, <\/i>XX, IV (julio-agosto),1953, pp. 377-392 (traducci\u00f3n castellana de Fina Birul\u00e9s en <i>De la<\/i><i> <\/i><i>historia<\/i><i> <\/i><i>a<\/i><i> <\/i><i>la<\/i><i> <\/i><i>acci\u00f3n,<\/i><i> <\/i>Barcelona, Paid\u00f3s, 1995, pp. 29 y ss.).<\/div>\n<div id=\"sdfootnote5\" style=\"text-align: left;\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote5anc\" name=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> VVAA, \u00abLas mujeres cambian los tiempos\u00bb, en <i>mientras tanto<\/i>, n\u00fam. 42 (septiembre-octubre), 1990, pp. 43-64.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote6\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" style=\"text-align: left;\" align=\"left\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote6anc\" name=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> P. Bruckner, <i>La m\u00e9lancolie d\u00e9mocratique<\/i>, Par\u00eds, Editions du Seuil, 1992.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":13640,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,1948,17],"tags":[],"class_list":["post-13638","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-filosofia","category-francisco-fernandez-buey","category-historia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13638","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13638"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13638\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/13640"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}