{"id":13668,"date":"2023-05-02T05:00:50","date_gmt":"2023-05-02T04:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13668"},"modified":"2023-05-02T03:53:17","modified_gmt":"2023-05-02T02:53:17","slug":"sobre-religion-tres-aproximaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13668","title":{"rendered":"Sobre religi\u00f3n. Tres aproximaciones"},"content":{"rendered":"<p><em> El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: 1. Las religiones ante el compromiso por la igualdad y la justicia (2004). 2. Sobre ciencia y religi\u00f3n (dos versiones, 2009). 3. Contrapunto a la ponencia sobre cultura y religi\u00f3n, Iglesias y Estados (2009).<\/em><\/p>\n<h3><strong> I. Las religiones ante el compromiso por la igualdad y la justicia<\/strong><\/h3>\n<p>Publicado en <em>\u00c9xodo<\/em>, n\u00ba 74 (2004), pp. 25-31.<\/p>\n<p>1. Si atendemos a la comparaci\u00f3n entre lo que dicen los textos fundacionales de las religiones del Libro sobre la igualdad y la justicia y lo que han hecho con ellos las religiones institucionalizadas a lo largo de la historia, la contradicci\u00f3n observable es al menos tan flagrante como la que puede observarse cuando se compara la bondad de las utop\u00edas sociales con los Estados y sistemas sociopol\u00edticos que han sido construidos en su nombre. El compromiso con la igualdad y sobre todo con la justicia es tan expl\u00edcito en los textos fundacionales de las religiones como en las utop\u00edas sociales que han sustentado las esperanzas de los hombres desde esa \u00e9poca que los historiadores llaman Renacimiento. Pero la negaci\u00f3n en la pr\u00e1ctica de ese compromiso por la mayor\u00eda de las religiones institucionalizas en Templo e identificadas con los poderes econ\u00f3micos y pol\u00edticos ha sido tambi\u00e9n una constante hist\u00f3rica tan repetida y denunciada como la conversi\u00f3n de los ideales y utop\u00edas igualitaristas y justicieros en lo contrario de lo que pretend\u00edan quienes los formularon.<\/p>\n<p>Por eso hace mucho tiempo, al menos en Europa, que la tribu de los justos, tanto si se siente tocada por lo que suele llamar <em>gracia<\/em>, <em>verdad<\/em> o <em>espiritualidad<\/em> como si se siente inspirada por el <em>daimon<\/em> socr\u00e1tico, viene diciendo que el compromiso con la igualdad y la justicia se tiene que renovar aqu\u00ed y ahora, siempre en la pr\u00e1ctica social de cada \u00e9poca. Y por eso tambi\u00e9n la tribu de los justos, al renovar el compromiso secular con la igualdad y la justicia, se remite una y otra vez a los or\u00edgenes, a los textos fundacionales, contra lo que considera degeneraci\u00f3n institucional de los principios. Esto ocurr\u00eda ya en Europa en los tiempos de la transici\u00f3n de la Edad Media a la modernidad. Y ha seguido ocurriendo hasta los tiempos presentes.<\/p>\n<p>Desde Girolamo Savonarola a finales del siglo XV hasta Simone Weil en el siglo XX, con las diferencias y matices a las que, obviamente, obliga el paso del tiempo, la espiritualidad justiciera e igualitaria que se siente parte de una tradici\u00f3n religiosa, ha tenido que lidiar con las religiones institucionalizadas hasta quedar en los m\u00e1rgenes de las mismas o entrar directamente en la casilla de la heterodoxia. La espiritualidad religiosa vuelve entonces sus ojos, seg\u00fan los casos, al Dios justiciero de la tradici\u00f3n jud\u00eda, hacia los profetas que se quejan de los males del mundo, hacia el mensaje evang\u00e9lico o hacia el esp\u00edritu del Cor\u00e1n.<\/p>\n<p>Ya uno de los padres de la modernidad, Nicol\u00e1s Maquiavelo, que aprendi\u00f3 mucho observando con atenci\u00f3n el enfrentamiento de Savonarola con la religi\u00f3n institucionalizada de su tiempo y representada mayormente por el Papa, se dio cuenta de que, si se piensa bien la cosa, el cristianismo original, el del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, hab\u00eda sido salvado de su trivializaci\u00f3n y degeneraci\u00f3n por las \u00f3rdenes religiosas que se alejaron de los poderes existentes en su tiempo para proclamar que hab\u00eda que volver a empezar renovando el esp\u00edritu de la humildad, de la modestia, de la comunidad y de la solidaridad con los pobres del mundo. Y algo no muy distinto a esto escrib\u00eda, ya al final de su vida, el viejo Tolstoi de la \u00e9poca de <em>Resurrecci\u00f3n<\/em>, refiri\u00e9ndose al cristianismo ortodoxo institucionalizado en Rusia.<\/p>\n<p>Entre unos y otros el agudo jesuita de esp\u00edritu barroco, Baltasar Graci\u00e1n, que fue uno de los pensadores m\u00e1s notables que ha dado este pa\u00eds, adelantaba en <em>El critic\u00f3n<\/em>, en la cat\u00f3lica Espa\u00f1a del siglo XVII, una clave, en t\u00e9rminos sarc\u00e1sticos, para explicar el desasosiego de los cristianos de a pie, de los que ahora llamamos v\u00edctimas, ante la justicia que se predica y la injusticia que se comete: \u00abEste \u2013respondi\u00f3 Quir\u00f3n\u2013 es juez. Ya el nombre [de juez] se equivoca con el vendedor del justo [&#8230;] Ya los mismos que hab\u00edan de acabar con los males son los que los conservan, porque viven de ellos. [&#8230;] Mand\u00f3 luego [el tal juez] ahorcar, sin m\u00e1s apelaci\u00f3n, un mosquito y que le hiciesen cuartos, porque hab\u00eda ca\u00eddo el desdichado en la red de la ley, pero a un elefante que las hab\u00eda atropellado todas, sin perdonar humanas ni divinas, le hizo una gran bonetada al pasar cargado de armas prohibidas, bocas de fuego, buenas lanzas, ganz\u00faas, chuzones, y a\u00fan le dijo que, aunque estaba de ronda, si era servido, le ir\u00edan acompa\u00f1ando todos sus ministros, hasta dejarle en su cueva.\u00bb<\/p>\n<p>2. M\u00e1s all\u00e1 del sarcasmo, siempre se puede decir que el compromiso moral con los \u00abmosquitos\u00bb frente a los \u00abelefantes\u00bb aliados <em>de facto<\/em> con \u00abel vendedor del justo\u00bb est\u00e1, efectivamente, en el esp\u00edritu de los textos fundacionales de las grandes religiones. Ese esp\u00edritu se intuye en el talante justiciero de la divinidad jud\u00eda que decreta el Diluvio Universal; se predica en la nobleza aristocr\u00e1tica del \u00abcaballero\u00bb confuciano que afirma que es de cobardes no actuar cuando lo exige la justicia; se hace expl\u00edcito en las bienaventuranzas cristianas; y se puede encontrar de nuevo en algunos de los vers\u00edculos del Cor\u00e1n.<\/p>\n<p>De manera que, independientemente de lo que ahora se piense que ha sido el papel hist\u00f3rico de las religiones que en el mundo han sido, no es dif\u00edcil llegar a la conclusi\u00f3n de que la mayor\u00eda de los textos fundacionales de las grandes religiones practicadas por los seres humanos a lo largo de la historia alaban al justo y defienden la igualdad antropol\u00f3gica de los miembros de la especie. La alabanza del justo y la defensa de la igualdad antropol\u00f3gica que implica el ecumenismo se inspira, naturalmente, en la creencia de que la divinidad misma es justa o justiciera por definici\u00f3n y ha de considerar iguales, por tanto, a los seres humanos a los que ha creado. Pero esta alabanza y esta defensa se hacen <em>dentro de lo que cabe<\/em> (o, por mejor decir, dentro de lo que cab\u00eda) en el \u00e1mbito del mundo conocido en los momentos hist\u00f3ricos en que tales textos fundacionales fueron redactados.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que, siendo moralmente irreprochable como conclusi\u00f3n de la cr\u00edtica de las desigualdades y de las injusticias realmente existentes, resulte, en cambio, discutible el reiterado retorno a los textos fundacionales habitualmente proclamado por la tribu de los justos desde el seno mismo de cada una de estas religiones. Discutible en el sentido preciso de que tal vez no sea \u00e9sta la mejor estrategia para renovar el compromiso con la igualdad y la justicia en el aqu\u00ed y el ahora. La raz\u00f3n para discutir esta estrategia siempre renovada es que los textos fundacionales de todas las religiones que todav\u00eda hoy tienen realidad social en nuestro mundo fueron redactados hace ya demasiado tiempo. <em>In illo tempore<\/em> (y en las tierras del \u00c9ufrates y el Tigris, en la China de hace dos mil cuatrocientos a\u00f1os, en la Palestina de Jes\u00fas o en la Arabia de Mahoma, que eran, todas ellas, sociedades campesinas) las nociones de justicia y de igualdad no ten\u00edan el perfil y el matiz que tienen hoy y que han ido adquiriendo en las ciudades urbanas a trav\u00e9s de lo que llamamos modernidad, siglos despu\u00e9s de que aquellos textos fueron redactados.<\/p>\n<p>Por grande que sea el aprecio que uno sienta por el conocimiento sapiencial de los redactores o inspiradores de los textos fundacionales de las grandes religiones, por sus filosofemas y por sus met\u00e1foras, por sus par\u00e1bolas y por sus moralejas, el ser humano de hoy no tiene m\u00e1s remedio que reconocer que aquellas nociones de justicia e igualdad, tal como aparecen en los Libros, son demasiado gen\u00e9ricas como para fundar en ellas, sin m\u00e1s, el compromiso c\u00edvico actual. \u00c9ste podr\u00e1 conservar, sin duda, la sustancia del concepto (de justicia, igualdad, ecumenismo), pero tendr\u00e1 que renovar tambi\u00e9n la vieja palabra si quiere hacerse entender por seres humanos de cuyos h\u00e1bitos y costumbres apenas se sab\u00eda nada hasta hace muy poco e incluso por el pr\u00f3jimo m\u00e1s pr\u00f3ximo que, con las revoluciones y reformas de los siglos XIX y XX, se ha acostumbrado a identificar la idea de igualdad con la igualdad <em>social<\/em> o con la igualdad de oportunidades y la noci\u00f3n de justicia con el m\u00e9rito y las necesidades de los individuos, independientemente de su cuna, de su nobleza, de su origen social.<\/p>\n<p>Lo que se llamaba mundo, o sea, el mundo conocido cuando fueron redactados los textos fundacionales de las religiones que a\u00fan se practican hoy, era en realidad un mundo limitado o restringido. La equidad, el reconocimiento de la igualdad entre los hombres, quedaba, por tanto, mayormente restringida al \u00e1mbito de la cultura propia y\/o de las culturas pr\u00f3ximas. Y el imperativo moral de la justicia, o sea, el mandato de dar a cada lo suyo, a cada cual lo que le pertenece, quedaba limitado por el conocimiento restringido que entonces se ten\u00eda de los pueblos que componen la especie humana, aquello que se llama Humanidad. A\u00fan haciendo abstracci\u00f3n del abismo ontol\u00f3gico que se predica entre los humanos y las dem\u00e1s especies, se es justo, en estos textos, en el \u00e1mbito de la comunidad de los humanos, ciertamente, pero la humanidad era entonces s\u00f3lo parte de lo que hoy llamamos humanidad.<\/p>\n<p>Esta restricci\u00f3n de \u00e9poca, que es ineliminable de los textos fundacionales de las grandes religiones, implica tambi\u00e9n que el car\u00e1cter universal de los mandatos tenga que considerarse s\u00f3lo potencial o tendencial, como su ecumenismo, cosa que vio muy bien Simone Weil desde su particular heterodoxia a la vez posmoderna y antimoderna. De manera que incluso cuando admiten la presunci\u00f3n de igualdad en el seno de la humanidad, la mayor\u00eda de los textos fundacionales de las religiones dejan fuera de consideraci\u00f3n (insisto: por la limitaci\u00f3n contextual) a poblaciones de las que apenas tienen noticia y se mueven en la ambig\u00fcedad, o lisa y llanamente en la contradicci\u00f3n, cuando se refieren a otras poblaciones que, por tradici\u00f3n, eran estimadas adversarias o enemigas, precisamente porque estas otras poblaciones adoran a otros dioses y practican otras religiones distintas de las que predican los textos fundacionales.<\/p>\n<p>Dicho de otra manera: por lo general, y cuando hablan expl\u00edcitamente de igualdad, los textos fundacionales de las grandes religiones dejan fuera de consideraci\u00f3n a una parte de la humanidad a la que se tiene por moralmente inferior o por sustancialmente injusta o enemiga. Y, en consecuencia, al referirse en concreto a estas otras poblaciones, tienen que seguir una estrategia diferencial negativa o, a lo sumo, predicar para con ellas la tolerancia restringida que es propia de quien se considera pueblo o asamblea <em>elegida<\/em> por la divinidad. La tolerancia para con el otro, al que s\u00f3lo se considera igual en el sentido de haber sido creado de la misma pasta divina, pero no en el sentido socio-cultural de la igualdad, implica siempre afirmaci\u00f3n de la superioridad moral de la propia comunidad y el justo, por tanto, lo es abstractamente para con la poblaci\u00f3n del mundo en su conjunto pero concretamente s\u00f3lo en el \u00e1mbito de la propia comunidad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed se sigue que, hecha la cr\u00edtica a los males del mundo que las religiones institucionalizadas han contribuido a mantener, cuando la tribu de los justos quiere volver a reanudar su compromiso con la justicia y con la igualdad, bas\u00e1ndose exclusivamente en los textos fundacionales tenga que: a) reconocer la ambig\u00fcedad intr\u00ednseca de dichos textos con un criterio historicista; o b) reinterpretarlos, por ex\u00e9gesis, poniendo precisamente el acento en las met\u00e1foras, filosofemas, par\u00e1bolas o profec\u00edas que m\u00e1s importan moralmente en el momento presente; o c) deslizarse hacia lo que podr\u00edamos llamar un empirismo her\u00e9tico que, despu\u00e9s de subrayar los mandamientos morales sustanciales, pone todo el acento en la praxis del presente para aplicarse en la traducci\u00f3n de los mismos a las realidades contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p><strong>3. <\/strong>Me limitar\u00e9 a aducir un ejemplo de relectura proped\u00e9uticamente productiva: la que ha hecho el fil\u00f3sofo Hans Jonas del c\u00e9lebre paso del antiguo testamento dedicado al diluvio universal para basar en ella una \u00e9tica de la imperfecci\u00f3n, de la limitaci\u00f3n y de la modestia. Una \u00e9tica que puede inspirar tambi\u00e9n el compromiso con la justicia y la igualdad.<\/p>\n<p>Jonas recuerda que, seg\u00fan el texto, Dios dice que se arrepiente de haber creado a los hombres porque ve las maldades y las injusticias que comete sobre la tierra y que por eso decret\u00f3 el diluvio que solemos llamar universal. Esto es parte de una tradici\u00f3n mesopot\u00e1mica que aparece tambi\u00e9n, como se sabe, en textos fundacionales de otras religiones anteriores. Pero lo caracter\u00edstico de la versi\u00f3n del antiguo testamento es que, despu\u00e9s de haberse dado cuenta de que los deseos del coraz\u00f3n, su criatura, tienden al mal desde la adolescencia, el Dios de los jud\u00edos sella una alianza con la humanidad, basada en el reconocimiento de la imperfecci\u00f3n de su obra, que acaba con las palabras: \u00abNo volver\u00e9 ya a maldecir la tierra por el hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Jonas <em>interpreta<\/em>: \u00abEsto significa para la \u00e9tica por la que me esfuerzo un cierto rechazo de la \u00e9tica de la perfectibilidad, que de alguna manera tiene sus especiales riesgos en las actuales relaciones de poder del hombre y puede conducirlo a lo que un momento antes del diluvio Dios mismo puso en vigor: <em>Fiat iustitia, et pereat mundus<\/em>. Una \u00e9tica del temor a nuestro propio poder ser\u00eda, en vez de esto, m\u00e1s bien una \u00e9tica de la modestia, de una cierta modestia. \u00c9sta me parece una de las ense\u00f1anzas que quiz\u00e1s se puedan sacar de este ejemplo del diluvio. Esto presupone que hay que comprender en lo m\u00e1s \u00edntimo que el hombre <em>merece la pena tal como es<\/em>, no como podr\u00eda ser conforme a una concepci\u00f3n ideal libre de escorias, sino que merece la pena continuar con el constante <em>experimento<\/em> humano\u00bb.<\/p>\n<p>Se puede decir, me parece, que esta relectura de uno de los pasos b\u00e1sicos del conocimiento sapiencial de las religiones, en nombre de la \u00e9tica de la imperfecci\u00f3n y de la modestia, es productiva no s\u00f3lo por lo que afirma el propio Jonas (que, obviamente, apunta a nuestro trato prepotente para con la naturaleza) sino tambi\u00e9n porque incluso ahora (o tal vez ahora m\u00e1s que nunca, teniendo en cuenta el esc\u00e1ndalo en que se ha convertido el mundo de la desigualdad y la injusticia) el compromiso moral de los humanos sensibles con la <em>justicia mundial<\/em> est\u00e1 obligado a sortear ese obst\u00e1culo permanente que es el <em>fiat iustitia et pereat mundus<\/em>, punto de partida habitual de todos los fundamentalismos universalistas que acaban en las guerras <em>preventivas<\/em> y\/o en las guerras <em>santas<\/em>.<\/p>\n<p>Una relectura as\u00ed, a la que no es ajena la persistencia del esp\u00edritu del juda\u00edsmo, se podr\u00eda complementar en el mundo actual, tambi\u00e9n productivamente, con lo que he llamado empirismo her\u00e9tico. Se puede leer aqu\u00ed la palabra \u00abher\u00e9tico\u00bben un sentido amplio, no en el sentido restringido y negativo que ha tenido durante tiempo en el \u00e1mbito de la oficialidad cristiana. Con esta expresi\u00f3n me refiero al desv\u00edo (por reconocimiento y aceptaci\u00f3n de las nuevas situaciones de injusticia e iniquidad en las que no pod\u00eda ni pensarse hace siglos) no s\u00f3lo respecto de las religiones institucionalizadas e identificadas con los poderes existentes sino tambi\u00e9n respecto de la literalidad de los textos fundacionales cuyo esp\u00edritu justiciero e igualitario se mantiene.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito del cristianismo, o en di\u00e1logo con otras religiones, este es el camino que siguieron, por compromiso con su tiempo y reinterpretando el libro de los libros, Francisco de As\u00eds (al hacer abstracci\u00f3n del proclamado <em>abismo ontol\u00f3gico <\/em>entre seres humanos y otros animales y proclamar por su parte el valor de la pobreza y la humildad), Joaqu\u00edn de Fiori (con su idea milenarista del progreso providencial hacia un <em>eschaton<\/em> hist\u00f3rico), Girolamo Savonarola (al juntar profetismo con el apoyo a la creaci\u00f3n de \u00abmontes de piedad\u00bb y a la ampliaci\u00f3n de la representaci\u00f3n de los ciudadanos en la administraci\u00f3n de la justicia en la ciudad de Florencia), Erasmo de Rotterdam (con su <em>querella pacis <\/em>para tiempos de renovaci\u00f3n del esp\u00edritu de las cruzadas), Bartolom\u00e9 de las Casas (cuya afirmaci\u00f3n de que la humanidad es una le lleva a proclamar en concreto que la restituci\u00f3n de los bienes de los amerindios es de justicia), Gotthold Ephraim Lessing (quien, al reafirmar, en su <em>Nathan<\/em>, la pertinencia del di\u00e1logo y del entendimiento entre las tres grandes religiones del Libro niega la \u00abguerra de civilizaciones\u00bb) y m\u00e1s recientemente los fil\u00f3sofos de la liberaci\u00f3n latino-americana (al plantearse el asunto de la justicia mundial en nombre de las v\u00edctimas de la desigualdad en un mundo crecientemente mercantilizado).<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los citados han sido considerados espiritualistas o iluministas por el hiperrealismo del tiempo en que les toc\u00f3 vivir. Y varios de ellos han predicado la contemplaci\u00f3n y el retiro ante los males del mundo. Pero esto, lo que se dijo de ellos, no es raz\u00f3n suficiente para que dejemos de llamarlos empiristas. Al menos en un sentido: no se reconciliaron con las injusticias y desigualdades del mundo que les toc\u00f3 vivir, pero prestaron o\u00eddos a quienes no ten\u00edan voz y buscaron en la ambig\u00fcedad de los textos sagrados aquello que pod\u00eda ayudar a \u00e9stos. Se atuvieron m\u00e1s a las necesidades presentemente sentidas por los hombres y mujeres de su tiempo que apenas pod\u00edan hacer o\u00edr su voz que a la interpretaci\u00f3n literal de los textos fundacionales y, en consecuencia, renovaron el viejo compromiso con la justicia y la equidad y lo pusieron a la altura de los nuevos tiempos.<\/p>\n<p>Esto es, en mi opini\u00f3n, lo esencial de las religiones en lo que concierne al compromiso con la justicia y la igualdad. En ninguno de los textos de las grandes religiones hay la concreci\u00f3n, la precisi\u00f3n y el matiz sobre justicia e igualdad que podemos encontrar en las \u00e9ticas de Arist\u00f3teles o en escritos \u00e9tico-pol\u00edticos de Averroes, Maquiavelo, Hobbes, Spinoza, Locke, Rousseau, Montesquieu o Marx. Lo que dan los textos fundacionales es la inspiraci\u00f3n general para seguir manteniendo el compromiso con la justicia y la igualdad cuando tambi\u00e9n la concreci\u00f3n, la precisi\u00f3n y el matiz de estos otros se convierte, como suele ocurrir, en hiperrealismo, es decir, en reconciliaci\u00f3n resignada o c\u00ednica con la injusticia del mundo. Y lo que da, para este asunto y para nuestra \u00e9poca, esa curiosa especie de los empiristas her\u00e9ticos de las religiones que en el mundo han sido es la <em>hibridaci\u00f3n<\/em> de aquel compromiso gen\u00e9rico con las precisiones, concreciones y matices de los cultivadores del <em>daimon<\/em> antes de que tambi\u00e9n los seguidores de \u00e9stos convirtieran la doctrina en Templo.<\/p>\n<h3><strong> II. Sobre ciencia y religi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p><em>Dos versiones. La primera: Congreso M\u00e9xico, esquema de trabajo, 2009.<\/em><\/p>\n<p>1. El punto de partida para un di\u00e1logo fruct\u00edfero entre ciencia y religi\u00f3n en nuestros d\u00edas deber\u00eda ser este: la ciencia es lo mejor que tenemos desde el punto de vista del conocimiento f\u00edsico-biol\u00f3gico y lo m\u00e1s peligroso que los humanos hemos creado desde el punto de vista \u00e9tico.<\/p>\n<p>Contra lo que se suele pensar (y a veces decir), lo m\u00e1s peligroso no es la mala ciencia, la falsa ciencia o la pseudociencia, sino precisamente la buena ciencia, la mejor establecida desde el punto de vista cognoscitivo.<\/p>\n<p>En este punto:<\/p>\n<p>1.1. Doy por supuesto que en el marco de nuestra cultura ha habido, efectivamente, un largo conflicto entre ciencia y religi\u00f3n y que tal conflicto sigue d\u00e1ndose; pero:<\/p>\n<p>1.2. niego la pretensi\u00f3n religiosa o para-religiosa seg\u00fan la cual hay un conocimiento mejor que el que proporcionan las ciencias (tal como las conocemos desde el siglo XVI);<\/p>\n<p>1.3. admito la advertencia (que est\u00e1 en los textos fundacionales de varias religiones, y en particular de la judeo-cristiana, seg\u00fan la cual, desde el punto de vista moral, el conocimiento en general, y por tanto, el cient\u00edfico en particular comporta un riesgo para los humanos, el de creernos que somos o podemos ser como dios); y concluyo<\/p>\n<p>1.4. Que si se admite lo que se dice en 1.2 y lo que se dice en 1.3, entonces el conflicto no es inevitable sino que puede transformarse en un di\u00e1logo fruct\u00edfero.<\/p>\n<p>2. Esta ambivalencia, o doble valor, contradictorio, de la ciencia se ha hecho m\u00e1s aguda en nuestra \u00e9poca porque, en sus \u00e1reas m\u00e1s avanzadas, la ciencia se ha fusionado con la tecnolog\u00eda hasta formar un complejo \u00fanico: lo que llamamos tecnociencia o complejo cient\u00edfico-t\u00e9cnico. La biotecnolog\u00eda es el mejor ejemplo actual de esa fusi\u00f3n.<\/p>\n<p>En este punto sugiero que la agudizaci\u00f3n del car\u00e1cter ambivalente del conocimiento pr\u00e1ctico tecno-cient\u00edfico hace aumentar no s\u00f3lo las bondades de la ciencias sino tambi\u00e9n su riesgo.<\/p>\n<p>De ah\u00ed creo que se puede derivar una hip\u00f3tesis a tener en cuenta, a saber: la heur\u00edstica del temor (para decirlo con una expresi\u00f3n de Hans Jonas) favorece en nuestra \u00e9poca el renacimiento del inter\u00e9s por las religiones no s\u00f3lo en una forma integrista o fundamentalista (que est\u00e1 relacionada con el malestar ante la modernidad en general) sino tambi\u00e9n en la forma laica y tolerante (inter\u00e9s por el conocimiento sapiencial que aportan las religiones para las pr\u00e1cticas de los humanos).<\/p>\n<p>3. Si se admite este punto de partida, entonces lo m\u00e1s sensato ser\u00eda que la ciencia institucionalizada admitiera modestamente su ambivalencia y reconociera humildemente sus limitaciones m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito del an\u00e1lisis reductivo. Por ejemplo, declarando que ignoramos e ignoraremos en muchos \u00e1mbitos esenciales del conocimiento y en particular en aquellos \u00e1mbitos que m\u00e1s tienen que ver con los h\u00e1bitos o comportamientos humanos susceptibles de ser calificados de buenos o malos. A esto es a lo que se suele apuntar cuando se habla hoy de <em>ciencia con conciencia<\/em>.<\/p>\n<p>Lo que se dice en este punto es un <em>desiderata<\/em> para el conocimiento cient\u00edfico, una propuesta de limitar la <em>hybris<\/em> que generalmente va unido a \u00e9l (el esp\u00edritu prometeico, el esp\u00edritu f\u00e1ustico). Se puede leer como una reproposici\u00f3n de la <em>docta<\/em> ignorancia. A diferencia de un punto de vista irracionalista, no niega la bondad epistemol\u00f3gica de la ciencia, pero aceptar su limitaci\u00f3n a la hora de responder a algunos de los por qu\u00e9 esenciales del ser humano.<\/p>\n<p>4. Y por la misma raz\u00f3n, si se admite este punto de partida, las religiones deber\u00edan renunciar a disputar con la ciencia en el plano del conocimiento f\u00edsico y biol\u00f3gico. Las religiones deber\u00edan admitir que esa es una batalla perdida hace mucho tiempo y autolimitarse, por tanto, al \u00e1mbito de los comportamientos humanos, al \u00e1mbito de la \u00e9tica.<\/p>\n<p>Por la antig\u00fcedad de las concepciones del mundo o filosofemas de la mayor\u00eda de las religiones que conocemos, lo que dicen sobre el mundo f\u00edsico y biol\u00f3gico (sobre el origen y desarrollo del mundo y del hombre), y por interesante que eso haya sido en el momento de su formulaci\u00f3n hist\u00f3rica, es, en el mejor de los casos, conocimiento alusivo o metaf\u00f3rico. Con la particularidad de que en este punto todas las religiones antiguas m\u00e1s o menos institucionalizadas niegan la posibilidad misma de contrastaci\u00f3n de sus afirmaciones, lo que implica negar la posibilidad de progreso del conocimiento del mundo f\u00edsico y biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>5. Todos los conflictos hist\u00f3ricos entre ciencia y religi\u00f3n se han debido a la desmesura de las religiones institucionalizadas, a su pretensi\u00f3n de meterse en camisa de once varas disputando con la ciencia en <em>todos los planos del conocimiento<\/em>.<\/p>\n<p>Eso ocurri\u00f3 ya en la Grecia cl\u00e1sica cuando la religi\u00f3n de Asclepios disputaba con la medicina (tendencialmente cient\u00edfica) hipocr\u00e1tica. Y volvi\u00f3 a ocurrir, en la edad moderna, a prop\u00f3sito de las teor\u00edas de Cop\u00e9rnico, Galileo y Darwin, que no eran, dicho sea de paso, personas antirreligiosas, sino personas que quer\u00edan separar los planos en discusi\u00f3n, a pesar de lo cual fueron denigrados por las religiones institucionalizadas (la protestante, la cat\u00f3lica y la anglicana).<\/p>\n<p>Resulta rid\u00edculo en este sentido el que el Vaticano haya mantenido durante d\u00e9cadas y d\u00e9cadas un premio para el que demostrara que Galileo y Darwin estaban equivocados. O que todav\u00eda hoy en d\u00eda algunas religiones pretendan que hay que ense\u00f1ar en las escuelas, en plan de igualdad, el mito creacionista y la teor\u00eda evolucionista. Eso desacredita a cualquier religi\u00f3n a los ojos de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>De este descr\u00e9dito han derivado la mayor\u00eda de las cr\u00edticas a la religi\u00f3n que ha producido la raz\u00f3n moderna: desde cr\u00edtica ilustrada a la cr\u00edtica de Russell pasando por Feuerbach, Marx y Freud. Todas estas cr\u00edticas suenan hoy a desproporcionadas precisamente porque se han fijado en el desprop\u00f3sito de las religiones institucionalizadas que compiten con las ciencias en el conocimiento del mundo f\u00edsico y biol\u00f3gico.<\/p>\n<p>6. Ahora bien, en todas las religiones (institucionalizadas en iglesias o no) hay un saber, que podemos llamar <em>sapiencial<\/em>, acerca de los h\u00e1bitos y comportamientos de los seres humanos en comunidad a partir del cual se expresan mandamientos, consejos o normas \u00e9ticas que tienen mucho valor porque son resultado, por lo general, de observaciones largamente repetidas y de reflexiones psico-sociol\u00f3gicas muy notables. Observaciones y reflexiones as\u00ed se pueden encontrar tanto en las tres religiones del Libro (juda\u00edsmo, cristianismo, islamismo) como en otras que est\u00e1n a caballo entre lo que llamamos religi\u00f3n y lo que llamamos filosof\u00eda.<\/p>\n<p>7. Este saber sapiencial merece ser conservado, conocido y ense\u00f1ado, con total independencia de que las personas que lo conservan o a las que se ense\u00f1a crean o no crean en los dogmas o doctrinas b\u00e1sicas de esas religiones, por ejemplo, en la creaci\u00f3n divina, en la transmigraci\u00f3n de las almas, en la resurrecci\u00f3n de la carne o en la existencia de la sant\u00edsima trinidad.<\/p>\n<p>Digo que conviene conservar este saber no s\u00f3lo por razones hist\u00f3rico-culturales, o sea, porque esta o aquella religi\u00f3n haya sido en el pasado parte de nuestra tradici\u00f3n cultural, sino tambi\u00e9n por una raz\u00f3n m\u00e1s decisiva y actual: porque en lo que hace a las conductas, comportamientos y h\u00e1bitos humanos las ciencias, lo que llamamos \u00abciencias humanas\u00bb o \u00abciencias sociales\u00bb no han avanzado lo suficiente como para que se pueda afirmar <em>sin duda<\/em> que nuestro conocimiento, en este \u00e1mbito, es definitivamente mejor que el sapiencial para la vida pr\u00e1ctica de los humanos.<\/p>\n<p>8. En este \u00e1mbito las religiones no tienen por qu\u00e9 entrar necesariamente en conflicto con la ciencia. O mejor dicho: no hay conflicto de importancia. La prueba de ello es que muchos de los grandes cient\u00edficos modernos y contempor\u00e1neos han le\u00eddo y apreciado mucho esos textos y hasta se han considerado religiosos acept\u00e1ndolos, sin percibir que hubiera contradicci\u00f3n entre ellos y sus propias aportaciones al conocimiento del mundo f\u00edsico o biol\u00f3gico. Einstein es el caso m\u00e1s conocido en el siglo XX. Y Einstein pasa por ser el gran cient\u00edfico del siglo. Pero lo mismo se podr\u00eda decir de una pl\u00e9yade de cient\u00edficos actuales.<\/p>\n<p>9. En el \u00e1mbito de las conductas, h\u00e1bitos o comportamientos humanos susceptibles de valoraci\u00f3n \u00e9tica el conflicto no se da hoy entre religi\u00f3n y ciencia, sino m\u00e1s bien entre religi\u00f3n y filosof\u00eda. Lo que llamamos bio\u00e9tica es precisamente el campo de batalla en ese sentido. Se disputa entre una \u00e9tica de base religiosa y una \u00e9tica de base filos\u00f3fica agn\u00f3stica o atea. Esto no quiere decir que los cient\u00edficos permanezcan al margen de esa batalla. Como seres humanos, igual que los dem\u00e1s, tienen opini\u00f3n al respecto, y no pueden sustraerse a la reflexi\u00f3n sobre las consecuencias \u00e9ticas de lo que descubren o inventan.<\/p>\n<p>Pero lo importante en este punto es que la ciencia no puede decidir en la disputa. Puede, a lo sumo, sugerir que hay bio\u00e9ticas que no se aguantan desde el estado actual de los conocimientos en gen\u00e9tica, en biolog\u00eda, en neurolog\u00eda, en psicolog\u00eda, etc.<\/p>\n<p>10. A partir de los puntos anteriores, o sea, aceptando el l\u00edmite del conocimiento cient\u00edfico y el inter\u00e9s del conocimiento sapiencial impl\u00edcito en las religiones (o expresado metaf\u00f3ricamente en ellas) se puede proponer un di\u00e1logo, que, en nuestro marco cultural, podr\u00eda versar sobre los <em>\u00e1rboles del para\u00edso<\/em>.<\/p>\n<p>Los requisitos para ese di\u00e1logo ser\u00edan dos: 1) el abandono de toda pretensi\u00f3n dogm\u00e1tica y de la lectura literal de los \u00abtextos sagrados\u00bb; y 2) la consideraci\u00f3n positiva de las met\u00e1foras y del pensamiento anal\u00f3gico (no s\u00f3lo anal\u00edtico-reductivo) tambi\u00e9n en el \u00e1mbito del conocimiento cient\u00edfico.<\/p>\n<p><strong> Russell<\/strong>, <em>Por qu\u00e9 no soy cristiano<\/em>. Traducci\u00f3n castellana: Edhasa, Barcelona, 1983.<br \/>\n<strong>Jos\u00e9 G\u00f3mez Caffarena <\/strong>presentaciones y res\u00famenes de <em>Papeles del seminario<\/em> sobre \u00abRacionalidad cient\u00edfica y convicci\u00f3n creyente\u00bb. Instituto Fe y Secularidad, Madrid,1980.<br \/>\n<strong> Godelier<\/strong>, <em>Lo ideal y lo material<\/em>. Taurus, Madrid, 1990.<br \/>\n<strong> Harris<\/strong>, <em>El materialismo cultural<\/em>. Alianza, Madrid, 1985<br \/>\n<strong> Harris<\/strong>, <em>Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura<\/em>. Alianza, Madrid, 1980<br \/>\n<strong> Sacrist\u00e1n<\/strong>, \u00abEl di\u00e1logo: consideraci\u00f3n del nombre, los sujetos y el contexto\u00bb, en AAVV, <em>Cristianos y marxistas. Los problemas de un di\u00e1logo<\/em>. Madrid, 1969, y \u00abEn la presentaci\u00f3n del libro de A.C. Com\u00edn, <em>Cristianos en el partido, comunistas en la Iglesia,<\/em> en MSC, <em>Intervenciones pol\u00edticas<\/em>. Icaria, Barcelona,1985.<\/p>\n<p><em>La segunda versi\u00f3n del texto (recogido en <\/em>Para la tercera cultura. Ensayo sobre Ciencias y Humanidades<em>, Vilassar de Dalt, El Viejo Topo, 2013).<\/em><\/p>\n<p>1. El punto de partida para un di\u00e1logo fruct\u00edfero entre ciencia y religi\u00f3n en nuestros d\u00edas deber\u00eda ser este: La ciencia es lo mejor que tenemos desde el punto de vista del conocimiento f\u00edsico-biol\u00f3gico y lo m\u00e1s peligroso que hemos creado los humanos desde el punto de vista \u00e9tico.<\/p>\n<p>2. Esta ambivalencia, o doble valor, contradictorio, de la ciencia (ampliamente reconocida desde hace d\u00e9cadas por cient\u00edficos como Einstein y fil\u00f3sofos como Russell) se ha hecho m\u00e1s aguda en nuestra \u00e9poca porque, en sus \u00e1reas m\u00e1s avanzadas, la ciencia se ha fusionado con la tecnolog\u00eda hasta formar un complejo \u00fanico, lo que llamamos tecnociencia o complejo cient\u00edfico-t\u00e9cnico. La biotecnolog\u00eda es el mejor ejemplo actual de esa fusi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Si se admite este punto de partida, entonces lo m\u00e1s sensato ser\u00eda que la ciencia institucionalizada admitiera modestamente su ambivalencia y reconociera humildemente sus limitaciones. Por ejemplo, declarando que <em>ignoramos e ignoraremos<\/em> en muchos \u00e1mbitos esenciales del conocimiento, y en particular en aquellos \u00e1mbitos que m\u00e1s tienen que ver con los h\u00e1bitos o comportamientos humanos susceptibles de ser calificados de buenos o malos.<\/p>\n<p>4. Y por la misma raz\u00f3n, si se admite este punto de partida, las religiones deber\u00edan renunciar a disputar con la ciencia en el plano del conocimiento f\u00edsico y biol\u00f3gico. Las religiones deber\u00edan admitir que esa es una batalla perdida hace mucho tiempo y autolimitarse al \u00e1mbito de los comportamientos humanos, al \u00e1mbito de la \u00e9tica. Esta es la parte mejor del proyecto moral ilustrado.<\/p>\n<p>5. Todos los conflictos hist\u00f3ricos entre ciencia y religi\u00f3n se han debido a la desmesura de las religiones <em>institucionalizadas<\/em>, a su pretensi\u00f3n de meterse en camisa de once varas disputando con la ciencia en <em>todos los planos del conocimiento<\/em>.<\/p>\n<p>Eso ocurri\u00f3 ya en la Grecia cl\u00e1sica cuando la religi\u00f3n de Asclepios disputaba con la medicina (tendencialmente cient\u00edfica) hipocr\u00e1tica. Y volvi\u00f3 a ocurrir, en la edad moderna, a prop\u00f3sito de las teor\u00edas de Cop\u00e9rnico, Galileo y Darwin, que no eran, dicho sea de paso, personas antirreligiosas, sino personas que quer\u00edan separar los planos en discusi\u00f3n, a pesar de lo cual fueron denigrados por las religiones institucionalizadas (la protestante, la cat\u00f3lica y la anglicana). Cf. a este respecto el magn\u00edfico ensayo de Antonio Beltran, <em>Talento y poder. Historia<\/em><em> de las relaciones entre Galileo y la iglesia cat\u00f3lica,<\/em> Laetoli, Pamplona, 2006.<\/p>\n<p>Resulta rid\u00edculo en este sentido el que el Vaticano haya mantenido durante d\u00e9cadas y d\u00e9cadas un premio para el que demostrara que Galileo y Darwin estaban equivocados. O que todav\u00eda hoy en d\u00eda algunas religiones, sobre todo en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica, pretendan que hay que ense\u00f1ar en las escuelas, en plan de igualdad, el mito creacionista y la teor\u00eda evolucionista. Esta actitud desacredita a cualquier religi\u00f3n a los ojos de la raz\u00f3n. Y hace buenos los argumentos de Bertrand Russell en su obra <em>Por qu\u00e9 no soy cristiano.<\/em><\/p>\n<p>6. Ahora bien, en todas las religiones (institucionalizadas en iglesias o no) hay un conocimiento, que podemos llamar <em>sapiencial<\/em>, acerca de los h\u00e1bitos y comportamientos de los seres humanos en comunidad, a partir del cual se expresan mandamientos, consejos o normas \u00e9ticas que tienen mucho valor porque son resultado, por lo general, de observaciones largamente repetidas a lo largo del tiempo y de reflexiones psico-sociol\u00f3gicas muy notables.<\/p>\n<p>Observaciones y reflexiones as\u00ed se pueden encontrar tanto en las tres religiones del Libro (juda\u00edsmo, cristianismo, islamismo) como, incluso m\u00e1s a menudo, en otras que est\u00e1n a caballo entre lo que llamamos religi\u00f3n y lo que llamamos filosof\u00eda.<\/p>\n<p>7. Este saber sapiencial merece ser conservado, conocido y ense\u00f1ado, con total independencia de que las personas que lo conservan o a las que se ense\u00f1a crean o no crean en los dogmas o doctrinas b\u00e1sicas de esas religiones, por ejemplo, en la creaci\u00f3n divina, en la transmigraci\u00f3n de las almas, en la resurrecci\u00f3n de la carne, en la uni\u00f3n m\u00edstica de los contrarios o en la existencia de la sant\u00edsima trinidad.<\/p>\n<p>Digo que conviene conservar este saber o conocimiento sapiencial no s\u00f3lo por razones hist\u00f3ricas, o sea, porque esta o aquella religi\u00f3n haya sido en el pasado parte de nuestra tradici\u00f3n cultural (y, por tanto, sin \u00e9l no se entiende una parte importante de sus manifestaciones art\u00edsticas) o para favorecer el di\u00e1logo intercultural o entre civilizaciones (lo cual es una buena raz\u00f3n pr\u00e1ctica), sino tambi\u00e9n por una raz\u00f3n m\u00e1s decisiva y actual: porque en lo que hace a las <em>conductas, comportamientos y h\u00e1bitos<\/em> humanos las ciencias, lo que llamamos \u00abciencias humanas\u00bb o \u00abciencias sociales\u00bb, no han avanzado lo suficiente como para que se pueda afirmar <em>sin duda<\/em> que nuestro conocimiento,<em> en este \u00e1mbito,<\/em> es <em>definitivamente <\/em>mejor que el sapiencial para la vida pr\u00e1ctica de los humanos.<\/p>\n<p>8. En este \u00e1mbito (el de las conductas, comportamientos y h\u00e1bitos humanos), las religiones no tienen por qu\u00e9 entrar en conflicto con la ciencia. O mejor dicho: no hay o no deber\u00eda haber conflicto de importancia. La prueba indirecta de ello es que muchos de los grandes cient\u00edficos modernos y contempor\u00e1neos han le\u00eddo y apreciado mucho esos textos sapienciales y hasta se han considerado religiosos (o no) acept\u00e1ndolos, sin percibir que hubiera contradicci\u00f3n entre ellos y sus propias aportaciones al conocimiento del mundo f\u00edsico o biol\u00f3gico. Albert Einstein es el caso m\u00e1s conocido de cient\u00edfico \u00abno creyente pero profundamente religioso\u00bb en el siglo XX. Y Einstein pasa por ser el gran cient\u00edfico del siglo. Pero lo mismo se podr\u00eda decir de una pl\u00e9yade de cient\u00edficos actuales.<\/p>\n<p>9. En el \u00e1mbito de las conductas, h\u00e1bitos o comportamientos humanos susceptibles de valoraci\u00f3n \u00e9tica el conflicto no se da hoy, como suele decirse, entre religi\u00f3n y ciencia, sino entre religi\u00f3n y filosof\u00eda moral. Lo que llamamos bio\u00e9tica es precisamente el campo de batalla en ese sentido. Se disputa entre una \u00e9tica de base religiosa y una \u00e9tica de base filos\u00f3fica agn\u00f3stica o atea. Esto no quiere decir que los cient\u00edficos permanezcan al margen de esa batalla. Como seres humanos, igual que los dem\u00e1s, tienen opini\u00f3n al respecto, y no pueden sustraerse a la reflexi\u00f3n sobre las consecuencias \u00e9ticas de lo que descubren o inventan.<\/p>\n<p>De las opiniones existentes al respecto puede decirse que unas est\u00e1n m\u00e1s fundadas que otras (en el sentido de la argumentaci\u00f3n racional). Pero lo importante, en este punto, es reconocer que la ciencia mismo no puede <em>decidir <\/em>en la disputa. Puede, a lo sumo, <em>sugerir razonadamente<\/em> que hay bio\u00e9ticas que no se aguantan desde el estado actual de los conocimientos que tenemos en gen\u00e9tica, en biolog\u00eda, en neurolog\u00eda, en psicolog\u00eda, etc.<\/p>\n<p>10. No deja de ser curioso que, en la situaci\u00f3n actual, una parte interesante de los debates sobre la religaci\u00f3n y sobre la naturaleza de la divinidad, que hist\u00f3ricamente hab\u00edan ca\u00eddo bajo los r\u00f3tulos de \u00abteolog\u00eda\u00bb y \u00abteodicea\u00bb, se hayan traslado en las \u00faltimas d\u00e9cadas al \u00e1mbito de las reflexiones sobre las consecuencias o implicaciones \u00faltimas de algunas ciencias o teor\u00edas cient\u00edficas (sobre todo de la cosmolog\u00eda, la astrof\u00edsica, la sociobiolog\u00eda, etc.).<\/p>\n<p>Se puede comparar lo que se dice en este papel con las posiciones siguientes: a) la S.J. Gould en <em>Ciencia versus religi\u00f3n. Un falso conflicto<\/em> (Cr\u00edtica 2000), donde se mantiene un punto de vista similar; b) la de Richard Dawkins (<em>The God Delusion<\/em>) en defensa del ate\u00edsmo; y c) la de Paul Davies (<em>Dios y la nueva f\u00edsica, The Mind of God).<\/em><\/p>\n<p>Otros ejemplos: lo que se est\u00e1 escribiendo a este respecto en la universidad de Navarra en defensa de la religi\u00f3n, aduciendo argumentos cient\u00edficos. Cf. las publicaciones de Grupo de Investigaciones sobre Ciencia, Raz\u00f3n y Fe (CRYF) y los art\u00edculos de Mariano Artigas (doctor en ciencias f\u00edsicas y en filosof\u00eda)<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.astroseti.org\/daviesesp.php\"><u>http:\/\/www.astroseti.org\/daviesesp.php<\/u><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.unav.es\/cryf\/lamentededios.html\"><u>http:\/\/www.unav.es\/cryf\/lamentededios.html<\/u><\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.unav.es\/cryf\/comohacersemillonariohablandodedios.html\"><u>http:\/\/www.unav.es\/cryf\/comohacersemillonariohablandodedios.html<\/u><\/a><\/p>\n<p>Sobre Richard Dawkins (<em>The God Delusion) <\/em>se puede consultar los \u00faltimos n\u00fameros de la revista electr\u00f3nica<em> sin permiso.<\/em><\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><strong>III. Contrapunto a la ponencia sobre cultura y religi\u00f3n, Iglesias y Estados<\/strong><\/h3>\n<p><em>VI Congreso Cristianisme al segle XXI, 14\/XI\/2009<\/em><\/p>\n<p>1. Estando de acuerdo en l\u00edneas generales con las conclusiones de la ponencia del profesor Nogu\u00e9s y con su afirmaci\u00f3n de que hay que evitar tanto las actitudes fundamentalistas como sincretismos y relativismos, querr\u00eda centrar mi intervenci\u00f3n aqu\u00ed en el an\u00e1lisis y comentario del texto religioso-pol\u00edtico del siglo XX que m\u00e1s me ha impresionado en mi vida y que es pertinente, creo, para la discusi\u00f3n que se nos propone sobre cultura, religi\u00f3n, iglesias y estados.<\/p>\n<p>Para no ocultar nada quisiera declarar de entrada que mi punto de vista en estas cuestiones es muy pr\u00f3ximo al expresado por el paleont\u00f3logo Stephen Jay Gould en su ensayito <em>Ciencia versus religi\u00f3n. Un falso conflicto<\/em> y que precisamente por eso, porque para laicos y ateos o agn\u00f3sticos el texto al que me refiero es casi una provocaci\u00f3n, me ha parecido adecuado a traerlo a colaci\u00f3n aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Se trata de un texto de Simone Weil que dice as\u00ed: \u00abEn raz\u00f3n del v\u00ednculo esencial entre la cruz y la desdicha, un estado no tiene derecho a separarse de toda religi\u00f3n, salvo en la hip\u00f3tesis absurda de que hubiera llegado a suprimir la desdicha. Con mayor motivo, carece de derechos cuando \u00e9l mismo produce desdichados. La justicia penal, aislada de todo vinculo con Dios, tiene realmente un color infernal [&#8230;] Los antiguos habr\u00edan juzgado monstruosa esta separaci\u00f3n de religi\u00f3n y vida social que incluso la mayor parte de los cristianos actuales encuentra natural.\u00bb<\/p>\n<p>Unas pocas palabras sobre el contexto.<\/p>\n<p>El texto est\u00e1 en las \u00abNuevas reflexiones sobre el amor a Dios y la desdicha\u00bb, que fueron escritas entre 1941 y 1942. El prop\u00f3sito de aquellas reflexiones era seguir indagando acerca de un tema clave en la obra de Simone Weil: la relaci\u00f3n del cristianismo con la desdicha. Dir\u00e9 algo, muy brevemente, sobre esto.<\/p>\n<p>Simone Weil afirma que el conocimiento de la desdicha es la clave del cristianismo. Pero inmediatamente se pregunta hasta qu\u00e9 punto ese conocimiento es posible. La pregunta pone de manifiesto una antinomia.<\/p>\n<p>Por una parte, es imposible conocer la desdicha sin haber pasado por ella: aquellos que no han mirado la cara de la desdicha, o no est\u00e1n dispuestos a hacerlo, no pueden acercarse a los desdichados m\u00e1s que protegidos por el velo de la mentira o la ilusi\u00f3n. Si por un azar repentino aparece la cara de la desdicha en el rostro de un desdichado, salen huyendo. Colocado por la fuerza de las circunstancias ante la desdicha, el pensamiento huye hacia la mentira como buscando refugio, porque no se puede mirar la desdicha de frente y de cerca, con atenci\u00f3n sostenida. Por otra parte, no se puede desear la desdicha, porque esto \u00faltimo es contrario a la naturaleza, una perversi\u00f3n, y cuando se pasa por ella, y la desdicha es completa, el desdichado no tiene ya relaci\u00f3n humana posible, queda expuesto a la cosificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo, pues, la religiosidad profunda, el amor puramente sobrenatural, puede cortar este nudo gordiano de la sensibilidad y la raz\u00f3n humanas. La desdicha se sufre a pesar de uno mismo y, aunque su conocimiento es naturalmente imposible tanto para los que la han experimentado como para los que no, siempre nos est\u00e1 permitido amar al menos <em>la posibilidad de la desdicha<\/em>. Este amor de la posibilidad de la desdicha nos es dado, cuando se da, como un <em>favor sobrenatural<\/em>. Para que tal favor se d\u00e9 hay que llevar en el alma, en el momento en que la desdicha sobreviene, no solamente la semilla divina, sino el \u00e1rbol de la vida la ya formado. La comprensi\u00f3n de la desdicha es entonces aceptaci\u00f3n de la muerte del alma por amor a la verdad. Pero como no se puede aceptar esta muerte del alma si no se tiene otra vida adem\u00e1s de la ilusoria del alma, resulta que la comprensi\u00f3n de la desdicha equivale a estar clavado en la misma cruz de Cristo. Por eso Simone Weil puede concluir que el conocimiento de la desdicha es, para nosotros, algo m\u00e1s milagroso que el caminar sobre las aguas [PD, 75-98].<\/p>\n<p>A partir de este cargar con la desdicha del mundo se comprende que Simone Weil haya renovado, en t\u00e9rminos dur\u00edsimos, su cr\u00edtica de la pol\u00edtica y de los pol\u00edticos. Los desdichados s\u00f3lo podr\u00e1n encontrar apoyo en los genios y en los santos. La \u00fanica fuente de claridad lo bastante luminosa como para iluminar la desdicha es la cruz de Cristo. La desdicha sin la cruz es el infierno y Dios no ha puesto el infierno en la tierra. S\u00f3lo una cosa permitir\u00e1 aceptar la verdadera desdicha: la contemplaci\u00f3n de la cruz de Cristo. Ninguna otra. Pero eso basta.<\/p>\n<p>Es justamente la imitaci\u00f3n de Cristo, esta relaci\u00f3n m\u00edstica que Simone Weil ha ido estableciendo entre la desdicha y Cristo, cuya \u00fanica intermediaci\u00f3n es la cruz, lo que la llevar\u00e1 a prolongar la cr\u00edtica a la pol\u00edtica y a los partidos pol\u00edticos en un sentido muy radical. Esta cr\u00edtica se despliega en varios planos. Va dirigida primero contra la noci\u00f3n de \u00abtalento\u00bb, en que la Revoluci\u00f3n Francesa bas\u00f3 su idea de igualdad; en segundo lugar, contra el derecho y los derechos, que subordinan las obligaciones; en tercer lugar, contra la primac\u00eda que el mundo laico concede a las leyes sobre la conciencia moral; y, por \u00faltimo, contra el Estado aconfesional, que es caracter\u00edstico del mundo moderno.<\/p>\n<p>La derivaci\u00f3n \u00faltima de esa cr\u00edtica es precisamente el texto que he citado.<\/p>\n<ol>\n<li>Resumo ahora las principales afirmaciones del texto de Weil para facilitar el comentario y la discusi\u00f3n:<\/li>\n<\/ol>\n<p>1\u00aa. El estado no tiene derecho a separarse de toda religi\u00f3n.<\/p>\n<p>2\u00aa. La raz\u00f3n de eso es que hay un v\u00ednculo esencial entre la cruz y la desdicha que el estado no tiene en cuenta.<\/p>\n<p>3\u00aa. Ni puede tenerla porque la hip\u00f3tesis de que el estado llegue a suprimir la desdicha es absurda.<\/p>\n<p>4\u00aa. A mayor abundamiento: no puede tener el derecho de separarse de toda religi\u00f3n porque el mismo estado produce desdichados.<\/p>\n<p>5\u00aa. Lo mismo pasa con la justicia penal, que es un infierno.<\/p>\n<p>6\u00aa. La separaci\u00f3n moderna entre religi\u00f3n y vida social habr\u00eda sido considerada por los antiguos como una monstruosidad.<\/p>\n<p>7\u00aa. Y, sin embargo, la mayor parte de los cristianos actuales encuentra natural tal separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>He dicho al principio que a m\u00ed me impresion\u00f3 este planteamiento del asunto que nos ocupa. A\u00f1adir\u00e9 ahora que, en mi opini\u00f3n, un planteamiento as\u00ed tiene que impresionar por igual, tanto en el siglo XX como en siglo XXI, a un ateo o a un agn\u00f3stico y a personas de diferentes creencias religiosas que a la vez se consideran laicas. Pues, en efecto, unos y otros compartimos el principio de la separaci\u00f3n entre iglesia y estado. En este sentido es obvio que el texto de S.W. suena a cosa impertinente, a cosa premoderna. A primera vista hasta parece mentira que haya sido escrito en los a\u00f1os cuarenta del siglo XX.<\/p>\n<p>Cualquier laicismo actual \u2013ateo, agn\u00f3stico o moderadamente religioso\u2013 se sentir\u00eda tentado a tirar inmediatamente este texto a la papelera, dir\u00eda a continuaci\u00f3n que ha sido escrito por una \u00abloca\u00bb (como se dijo en su tiempo) y seguir\u00eda, obviamente, su camino.<\/p>\n<p>Yo creo, en cambio, que un ateo o un agn\u00f3stico de hoy har\u00eda mal despreciando lo que se dice ah\u00ed con la consideraci\u00f3n de que suena a m\u00fasica reaccionaria, sin pararse a reflexionar antes sobre cada una de las siete afirmaciones en que he dividido el texto. Y creo tambi\u00e9n que no hace falta compartir la profunda religiosidad, incluso m\u00edstica, de S.W., para darse cuenta de que ella est\u00e1 apuntando a un problema todav\u00eda muy serio para todos nosotros. Querr\u00eda argumentar esto a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No me detendr\u00e9 en las afirmaciones 7\u00aa y 6\u00aa porque no me parecen problem\u00e1ticas: que la mayor parte de los cristianos encuentra natural tal separaci\u00f3n es una afirmaci\u00f3n de hecho, casi una obviedad hoy en d\u00eda; y que los antiguos habr\u00eda considerado monstruosa la separaci\u00f3n moderna es una afirmaci\u00f3n hist\u00f3rica muy plausible, aunque se podr\u00eda volver a discutir, por supuesto, en los t\u00e9rminos de la controversia socio-moral entre antiguos y modernos.<\/p>\n<p>Lo que de verdad impresiona en esta tesis de Simone Weil son las cinco primeras afirmaciones. Prescindir\u00e9 del comentario a la afirmaci\u00f3n de que la justicia penal es un infierno, no porque no sea importante sino simplemente para no alargar el discurso.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la primera afirmaci\u00f3n querr\u00eda llamar la atenci\u00f3n sobre algo que no deber\u00eda pasar desapercibido: al hablar del derecho o falta de derecho del estado S.W. no se refiere a la separaci\u00f3n estado\/iglesia(s), sino al derecho del estado de separarse <em>de toda religi\u00f3n.<\/em> Eso es algo m\u00e1s que un matiz y todav\u00eda da qu\u00e9 pensar, sobre todo por la forma en que se argumenta, por la raz\u00f3n que se da ello en los pasos siguientes.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de que hay un <em>v\u00ednculo esencial entre la cruz y la desdicha<\/em> es una declaraci\u00f3n radical de la creencia cristiana. Aunque podemos entender con toda claridad a qu\u00e9 se refiere S.W., expresada as\u00ed la afirmaci\u00f3n puede provocar malestar entre personas de otras religiones y, desde luego, entre agn\u00f3sticos y ateos. Pero desde una perspectiva hist\u00f3rica y dialogante podr\u00edamos ampliar el s\u00edmbolo de la cruz (incluyendo otros s\u00edmbolos) y tal vez podr\u00edamos ponernos de acuerdo en esto, a saber: que hist\u00f3ricamente ha habido algo as\u00ed como un v\u00ednculo esencial entre la religiosidad profunda (expresada por tales s\u00edmbolos) y la atenci\u00f3n a la desdicha de los seres humanos. No hace falta creer que el crucificado era dios, para admitir que much\u00edsimos desdichados han encontrado y encuentran cierto consuelo en ese s\u00edmbolo, independientemente del papel concreto del estado. Esta, me parece, es una cuesti\u00f3n de sensibilidad humana, no de defensa de los s\u00edmbolos de una u otra religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s importante me parece lo que viene a continuaci\u00f3n: que el estado no tiene en cuenta ese v\u00ednculo ni puede llegar a tenerlo en cuenta porque la hip\u00f3tesis de que el estado llegue a suprimir la desdicha es absurda.<\/p>\n<p>Ir\u00e9 por partes: que el estado moderno no haya tenido en cuenta, y hasta haya despreciado, tal v\u00ednculo es un hecho hist\u00f3rico, derivado precisamente de la extensi\u00f3n, <em>perversa<\/em>, de una separaci\u00f3n <em>justa<\/em> (y basada inicialmente en la noci\u00f3n laica de tolerancia de las diferencias). Es cierto, por otra parte, que ning\u00fan estado moderno conocido hasta ahora, ni siquiera lo que suele llamarse estado social, de bienestar o benefactor, ha logrado suprimir la desdicha; la afirmaci\u00f3n de S.W. en el sentido de que tal cosa es un absurdo parece una candidata seria a la verdad. Por ah\u00ed, en esta cr\u00edtica, enlazan y se entienden, en mi opini\u00f3n, el anarquismo laico, el anarquismo m\u00edstico de la propia S.W. y hasta el socialismo revolucionario en lo que ha tenido de recuperaci\u00f3n de la idea de religaci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es verdad que el estado ha producido y sigue produciendo desdichados. No hay m\u00e1s que echar una ojeada al estado del mundo actual. Creo que se puede decir que en esta comprobaci\u00f3n tiene su base (intuitiva, por as\u00ed decirlo) casi todo lo que actualmente navega con el nombre de fundamentalismo. Del fundamentalismo s\u00f3lo solemos ver sus peores manifestaciones externas, no lo hay en su fondo. Y \u00e9sta es una raz\u00f3n m\u00e1s para tomarse en serio lo que estaba diciendo S.W. y para reflexionar sobre ello.<\/p>\n<p>Planteado el problema, que, a pesar de que no se suele plantear, sigue siendo actual, habr\u00eda una objeci\u00f3n que hacer inmediatamente a la tesis de S.W.: tampoco ning\u00fan estado conocido que haya pretendido asumir el v\u00ednculo esencial entre la cruz (o cualquier otro s\u00edmbolo similar, incluida la hoz y el martillo) y la desdicha ha tenido mejor suerte hist\u00f3rica, en particular para los desdichados. Cabr\u00eda preguntarse, por tanto, si lo absurdo, por seguir con el mismo lenguaje de S.W., <em>no es s\u00f3lo la hip\u00f3tesis de que cualquier estado pueda acabar con la desdicha sino tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis (no contemplada en el texto) de que cualquier instituci\u00f3n humana alternativa al estado pueda hacer tal cosa.<\/em><\/p>\n<p>Si esto es as\u00ed, y aun aceptando que S.W. ha puesto el dedo en la llaga, tal vez habr\u00eda que concluir:<\/p>\n<p>1\u00ba. Que la separaci\u00f3n del estado respecto de todas las iglesias existentes o por existir est\u00e1 suficientemente justificada (cosa en la que S.W. estar\u00eda de acuerdo).<\/p>\n<p>2\u00ba. Que el \u00abv\u00ednculo esencial\u00bb de referencia sigue siendo un valor positivo hoy en d\u00eda y que habr\u00eda que reconsiderar el efecto perverso de la separaci\u00f3n sobre la falta de atenci\u00f3n a la desdicha en nuestras sociedades. Esto ser\u00eda un motivo para la reconsideraci\u00f3n desde dentro de la cultura laica.<\/p>\n<p>3\u00ba. Que dicho \u00abv\u00ednculo esencial\u00bb no tiene por qu\u00e9 quedar reducido a la cruz, ni siquiera a la religiosidad organizada, sino que puede ser parte tambi\u00e9n de la \u00e9tica laica y compartido, por tanto, entre seres humanos con creencias diferentes. Esto ser\u00eda un motivo para la reconsideraci\u00f3n del ecumenismo tendencial de las religiones.<\/p>\n<p>4\u00ba. Que, a tenor de lo visto a trav\u00e9s de la historia, el mantenimiento y\/o el desarrollo de este \u00abv\u00ednculo esencial\u00bb ser\u00e1 siempre cosa de lo que llamamos <em>sociedad civil<\/em> y que habr\u00e1 de ser profundizado en principio <em>contra el estado<\/em> puesto que \u00e9ste suprimi\u00f3 hace mucho tiempo cualquier idea seria de los \u00abmontes de piedad\u00bb.<\/p>\n<p>5\u00ba. Que la idea de superaci\u00f3n o supresi\u00f3n de la desdicha, expresada as\u00ed, en general, es una imposibilidad ontol\u00f3gica para los humanos y que, por tanto, nos conviene pasar a una \u00e9tica de la imperfecci\u00f3n al tratar de estas cuestiones.<\/p>\n<p>Y 6\u00ba. Que la autolimitaci\u00f3n en la cuesti\u00f3n moral implica tambi\u00e9n una limitaci\u00f3n en la cr\u00edtica tradicional del papel hist\u00f3rico y presente de los estados, en el sentido de reconocer que si \u00e9stos no pueden, en efecto, eliminar la desdicha, pueden, en cambio, llegar a contribuir a mitigarla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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