{"id":13749,"date":"2023-05-16T05:00:15","date_gmt":"2023-05-16T04:00:15","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13749"},"modified":"2023-05-16T04:27:32","modified_gmt":"2023-05-16T03:27:32","slug":"prologo-a-historia-de-las-mentalidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13749","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo a <i>Historia de las mentalidades<\/i>"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Es la presentaci\u00f3n que el autor escribi\u00f3 para el cuarto volumen de las \u00abObras Completas\u00bb de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde en edici\u00f3n de David Medina (Trotta, Madrid, 2000, pp. 9-22). El escrito est\u00e1 fechado en agosto de 1999.<\/em><\/p>\n<p><em>Anexos: 1. En la muerte de Jos\u00e9 M.\u00aa Valverde (1996). 2. Cambiar de otra manera (1996). 3. Presentaci\u00f3n II jornadas Institut de Cultura (1997) 4. Nietzsche por Valverde (rese\u00f1a no fechada).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I. La historia de las ideas fue una ocupaci\u00f3n constante de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde desde su juventud. El simple repaso de su producci\u00f3n escrita desde los a\u00f1os cincuenta hasta 1996 pone de manifiesto que ese \u00e1mbito fue uno de los centros de su actividad intelectual, junto con la pr\u00e1ctica po\u00e9tica y la cr\u00edtica art\u00edstica. Su estudio de la filosof\u00eda del lenguaje en Guillermo de Humboldt es de 1955; la \u00faltima obra publicada, en 1995, fue el <i>Diccionario de Historia<\/i>. Entre una obra y otra hay cuarenta a\u00f1os. Y en ellos el trabajo universitario de Valverde tuvo siempre que ver con la historia de las ideas, sobre todo con la historia de la filosof\u00eda, de la literatura, de la cultura y de la est\u00e9tica.<\/p>\n<p>Ahora bien, si sobre la historia de la literatura Valverde empez\u00f3 a publicar muy pronto, ya en su juventud, en cambio la mayor parte de lo que fue ense\u00f1ando en sus clases de historia de la filosof\u00eda ver\u00eda la luz (con la excepci\u00f3n de la tesis doctoral) bastante m\u00e1s tarde. Sintom\u00e1ticamente todos los escritos que se incluyen en este volumen de sus <i>Obras completas<\/i> fueron publicados entre 1980 y 1993, es decir, en el \u00faltimo tramo de su vida, cuando era ya una personalidad muy conocida tanto en la Universidad como fuera de ella. Son, por tanto, obras materialmente redactadas durante la segunda etapa de su docencia barcelonesa, despu\u00e9s de la estancia en Estados Unidos de Norteam\u00e9rica y Canad\u00e1.<\/p>\n<p>Ello no obsta para que todas las personas que hayan frecuentado las clases de Valverde en la primera mitad de la d\u00e9cada de los sesenta, antes de su renuncia a la c\u00e1tedra de Est\u00e9tica en la Universidad de Barcelona, reconozcan seguramente en estas obras los temas, motivos y preocupaciones principales expresados oralmente en aqu\u00e9llas. <i>Vida y muerte de las ideas<\/i> [1980], se\u00f1aladamente, trae a la memoria muchas de las cosas dichas, de las lecturas y comentarios que Valverde nos ense\u00f1\u00f3 en aquellos a\u00f1os. Se podr\u00eda decir, por tanto, que los escritos aqu\u00ed reunidos son el fruto maduro de muchos cursos de docencia universitaria. Lo dir\u00e9 mejor aduciendo un testimonio personal: cuando ahora comparo los apuntes que yo mismo tom\u00e9 en sus clases entre 1963 y 1965 con lo publicado por \u00e9l en 1980 me doy cuenta de que esta continuidad afecta no s\u00f3lo a temas, autores y preocupaciones principales, sino tambi\u00e9n, en lo sustancial, al punto de vista, al enfoque, a lo que se puede llamar metodolog\u00eda (en un sentido amplio).<\/p>\n<p>Conviene recordar que cuando Valverde empez\u00f3 a dedicarse a la \u00abhistoria de las ideas\u00bb este r\u00f3tulo no estaba bien visto ni en el \u00e1mbito acad\u00e9mico universitario ni fuera de \u00e9l. Al menos en Espa\u00f1a. Por aquel entonces la obra que estaba realizando I. Berlin era poco conocida y se tend\u00eda a considerar que \u00abideas\u00bb era un t\u00e9rmino demasiado vago e impreciso. Era aquella una \u00e9poca amante de las sensaciones fuertes y del \u00abpensamiento fuerte\u00bb. Desde un lado del espectro ideol\u00f3gico se tiraba hacia el estudio de las ra\u00edces materiales (socioecon\u00f3micas) de las ideolog\u00edas, y se tiraba tanto que las ideas, por s\u00ed solas, eran malquistas; desde el otro lado se prefer\u00eda la fragmentaci\u00f3n positivista de los conocimientos y su institucionalizaci\u00f3n mediante la separaci\u00f3n de los estudios de filosof\u00eda, historia, pedagog\u00eda, literatura, filolog\u00eda, etc. La todav\u00eda reciente restauraci\u00f3n de los estudios de Humanidades apunta hacia un cambio de esa tendencia. Y se debe reconocer, porque es as\u00ed, que el trabajo precursor de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde tiene mucho que ver con ese sensato cambio de orientaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su formaci\u00f3n como poeta, traductor e historiador de la literatura y de la filosof\u00eda, Valverde ha sido entre nosotros uno de los primeros en defender la historia total, los estudios interdisciplinarios, el generalismo y el comparatismo entre g\u00e9neros. Pero en ese \u00e1mbito, como en tantos otros, una cosa es predicar y otra dar trigo. Y dar trigo en los estudios human\u00edsticos quiere decir poner a dialogar a literatos, fil\u00f3sofos, historiadores, cient\u00edficos y artistas, como, por lo dem\u00e1s, \u00e9stos lo han hecho y lo hacen habitualmente en la vida cotidiana de todos los tiempos; ponerlos a dialogar \u2013y ese es el caso\u2013 desde la convicci\u00f3n de que, una vez reconocida la importancia que en la historia razonada de las ideas tiene la base material de la sociedad, aqu\u00e9llas pueden y deben ser estudiadas con autonom\u00eda y precisi\u00f3n, no como simples derivaciones o subproductos de la \u00abinc\u00f3moda\u00bb vida material.<\/p>\n<p>Libros como <i>El barroco. Una visi\u00f3n de conjunto<\/i> y <i>Vida y<\/i> <i>muerte de las ideas<\/i> son precisamente ejemplos concretos de que ese es un punto de vista acertado. El fresco titulado <i>La mente de nuestro siglo<\/i> [1982] y, sobre todo,<i> Viena, fin de imperio <\/i>[1990] se pueden considerar como una confirmaci\u00f3n excelente de lo mismo. Si <i>Vida y muerte de las ideas<\/i>, en su primera edici\u00f3n, es el fruto ya maduro de muchos a\u00f1os a\u00f1os de docencia, <i>Viena, fin de imperio <\/i>y <i>La mente de nuestro siglo<\/i> (junto con la parte final de aquel otro libro, la dedicada al siglo XX, que fue redactada de nuevo para la edici\u00f3n de 1988) reflejan mejor la evoluci\u00f3n de Valverde en sus \u00faltimos a\u00f1os. Pues tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda cambiado, aunque, como dec\u00eda Verlaine, por comparaci\u00f3n con la mayor\u00eda, \u00abde otra manera\u00bb. Esta evoluci\u00f3n de Valverde se caracteriza por una decantaci\u00f3n hacia lo pol\u00edtico-social, por la importancia concedida a la conciencia ecol\u00f3gica y por su intenci\u00f3n, m\u00e1s patente con el paso de los a\u00f1os, de interrelacionar cr\u00edtica de la cultura y de la econom\u00eda imperantes en nuestras sociedades con una reflexi\u00f3n muy personal sobre el sentido de la vida cristiana en el fin de siglo.<\/p>\n<p>En todo caso, la impresi\u00f3n que uno saca, al comparar lo que queda en la memoria y los apuntes tomados en aquellas clases (\u00aben que de nueve a diez vieron el Ser, ese aguafiestas\u00bb, sin percibir que \u00e9l volv\u00eda a \u00absu silencio sin respuestas\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\">1<\/a><\/sup>) con los escritos publicados y le\u00eddos a\u00f1os despu\u00e9s, es que el cambio de modas en lo ideol\u00f3gico y las pol\u00e9micas, a veces destempladas, sobre tales o cuales autores emblem\u00e1ticos de la historia de la filosof\u00eda, durante esos treinta a\u00f1os de actividad, influyeron poco en Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. Influy\u00f3 m\u00e1s en \u00e9l la ense\u00f1anza de la edad, la experiencia adquirida dentro y fuera de la universidad, en la conversaci\u00f3n y en el trato con los pr\u00f3ximos. Lo que pasa es que esta ense\u00f1anza y esta experiencia se notan poco en su explicitaci\u00f3n del juicio general sobre la historia del pensamiento. Apenas se hacen expl\u00edcitas. Se aprecian un poco m\u00e1s, indirectamente, en tal o cual comentario ir\u00f3nico, al hilo de la narraci\u00f3n argumentada de la historia, o en la mayor importancia que Valverde concede, ya en sus \u00faltimos a\u00f1os, a los contextos materiales en que se producen las ideas, o en la acentuaci\u00f3n de ciertas preferencias a la hora de valorar determinados per\u00edodos hist\u00f3ricos (por ejemplo, en lo que respecta a la obra de Karl Marx al valorar el siglo XIX o a las obras de Karl Kraus y de Walter Benjamin por lo que hace al mundo contempor\u00e1neo).<\/p>\n<p>II. Valverde no ten\u00eda por costumbre poner largos pr\u00f3logos a sus tentativas en el campo de la historia de las ideas y de las mentalidades ni sol\u00eda explicitar tampoco en forma ensay\u00edstica el propio punto de vista, el paradigma o la metodolog\u00eda subyacente a sus lecturas de los cl\u00e1sicos del pensamiento. No le gustaba nada el \u00abdiscurso sobre el discurso\u00bb. Tal vez porque pensaba que al escribir sobre historia de las ideas hay que dejar la palabra a los autores de los que se habla, a aquellos con quienes se trata y se conversa, reservando las razones y presupuestos propios, el propio punto de vista, para declararlos, cuando hay algo que declarar, en otro lugar. Ese otro lugar fue sin duda, en su caso, la poes\u00eda. Por eso me parece que hay que tomarse radicalmente en serio su afirmaci\u00f3n de que \u00abel centro, o la ra\u00edz, de todo lo que he escrito est\u00e1, desde mi adolescencia, en la poes\u00eda\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\">2<\/a><\/sup>. Y a partir de ah\u00ed buscar, justamente en su poes\u00eda, tanto la explicitaci\u00f3n del punto de vista subyacente al juicio valorativo sobre los pensadores que m\u00e1s le importaban como el adelanto (al mismo tiempo muy concentrado pero absolutamente expl\u00edcito) de aquellas ense\u00f1anzas de la edad que en los libros de historia salen sobrando<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\">3<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Desde esta explicitaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de la edad, que es al mismo tiempo testimonio y compromiso personal, se entiende mejor, por ejemplo, la nota inicial que Valverde puso a su \u00faltima obra, el <i>Diccionario de Historia<\/i>, en la que se alude a una inflexi\u00f3n que puede resultar imperceptible, o casi, para el lector poco advertido de sus obras mayores: \u00abPersonalmente, despu\u00e9s de haber publicado no poco sobre historia de las letras y las ideas, ha sido para m\u00ed un ejercicio tan saludable como laborioso sintetizar muchos trasfondos reales \u2013generalmente duros, a veces casi descorazonadores\u2013 de la c\u00f3moda historia del esp\u00edritu<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote4sym\" name=\"sdfootnote4anc\">4<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Valverde no era s\u00f3lo un devorador de libros. Era un gran lector. Se ha dicho muchas veces. Y un lector de cl\u00e1sicos de la historia del pensamiento filos\u00f3fico y literario con criterio, con pensamiento propio: nada dado a los alardes eruditos o a las interminables notas a pie de p\u00e1gina, a las lecturas sintom\u00e1ticas o al forzamiento de los cl\u00e1sicos en funci\u00f3n de los problemas y preocupaciones del presente. Cuando sinti\u00f3 la necesidad de polemizar con las modas interpretativas que no compart\u00eda lo hizo siempre buscando el equilibrio, con sentido de la compasi\u00f3n o, cuando no encontr\u00f3 otro remedio, deslizando en su propio comentario, como quien deja caer la cosa, lo que \u00e9l llamaba \u00abmis venenos\u00bb. Que eran casi siempre, dicho sea de paso, venenos benignos, serias bromas, ant\u00eddotos aparentemente ingenuos contra la ingenuidad que, por exceso o por ignorancia de otras tradiciones, se cree original. Incluso en el caso de aquellos autores a los que ha dedicado m\u00e1s p\u00e1ginas (Kierkegaard, Marx) o incluso estudios monogr\u00e1ficos (Nietzsche), cuando Valverde polemiza con otras interpretaciones distintas de la suya lo hace casi siempre como con sordina o con iron\u00eda, llamando la atenci\u00f3n sobre la ambig\u00fcedad de tal o cual concepto que la palabra del lector o del int\u00e9rprete, ya en otra \u00e9poca, tiene que aclarar en conversaci\u00f3n con el autor le\u00eddo.<\/p>\n<p>Valverde fue, sobre todas las cosas, hombre de palabra. Y lo fue en un doble sentido.<\/p>\n<p>Como historiador y fil\u00f3sofo profundamente convencido de que la clave para entender la vida y muerte de las ideas est\u00e1 en el telar del lenguaje, sus escritos sobre aquella \u00abc\u00f3moda historia del esp\u00edritu\u00bb s\u00f3lo dejan la forma panor\u00e1mica o sint\u00e9tica para demorarse en los diferentes \u00abesc\u00e1ndalos\u00bb a los que ha conducido el continuo contraponerse de materia (cuerpo) y palabra (hecha pensamiento). Uno nota, al leerle, que Valverde se siente c\u00f3modo en la narraci\u00f3n de la odisea de las ideas, en el ir y volver a Itaca, traduciendo conceptos y categor\u00edas filos\u00f3ficas al habla clara y sencilla de don Pero Grullo. El lector del gran lector lo nota porque \u00e9l sab\u00eda sintetizar sin forzar la palabra de otros ni complicar innecesariamente el pensamiento del otro en la ex\u00e9gesis.<\/p>\n<p>Como hombre comprometido con su tiempo, con su circunstancia y con su tribu, Valverde se siente, sin embargo, inc\u00f3modo en esa misma comodidad que proporciona el corte abstractivo que, por an\u00e1lisis, tiene que hacer siempre el fil\u00f3sofo y el historiador de las ideas. No se siente a gusto ni en el an\u00e1lisis propiamente dicho (que, por definici\u00f3n, tiende a ser reductivo) ni en la especulaci\u00f3n sugerente pero descontextualizadora. Tal vez por eso la claridad expositiva del historiador Valverde toma entonces sus distancias y se torna en ocasiones, en la conversaci\u00f3n enhebrada con los grandes de la filosof\u00eda, paradoja o intervenci\u00f3n ir\u00f3nica sobre el sentido m\u00e1s convencional de sentencias y discursos. Hay en este gusto de Valverde por la paradoja, por el humor, por la broma y la autoiron\u00eda, por el jugar en serio \u2013es decir, con conciencia moral\u2013 con las palabras, un eco machadiano y krausiano. As\u00ed, Juan de Mairena ayuda a entender (distanciadamente) no s\u00f3lo a Heidegger o a Bergson sino tambi\u00e9n, m\u00e1s en general, la noria de las ideas en el pensamiento occidental; y Karl Kraus (a veces acompa\u00f1ado por Musil) se convierte en cicerone para ese momento excepcional, en tantos \u00e1mbitos, que fue la Viena fin de Imperio.<\/p>\n<p>III. De este modo, la palabra clara y esencial (culta pero no ret\u00f3rica; con atenci\u00f3n a lo popular pero no vulgarizadora) se hace en los escritos valverdianos de historia de las ideas \u2013como en Machado, como en Kraus, como en Musil\u2013 conciencia moral. Pero se trata de una conciencia moral que nada tiene que ver con el moralismo licenciado ni con la moralizaci\u00f3n dogm\u00e1tica; de una conciencia moral que incluso cuando aparenta ser \u00abmoraleja\u00bb no s\u00f3lo adopta la forma de la autoiron\u00eda o de la compresi\u00f3n piadosa del sentido com\u00fan que se ha hecho cultivado sino que, adem\u00e1s, deja siempre al lector la opci\u00f3n de decidir sobre su aut\u00e9ntico significado. \u00c9sta suele ser la forma en que Jos\u00e9 Maria Valverde enlaza la categorizaci\u00f3n de los fil\u00f3sofos con el lenguaje y el pensamiento, a\u00fan reconocibles en esas categorizaciones, de sus contempor\u00e1neos, de los hombres y de las mujeres que hablaron con ellos, con los fil\u00f3sofos, de sus cosas y los trataron en la calle o al ir a comprar el pan de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Para el fil\u00f3sofo licenciado o por licenciar esta manera valverdiana de proceder y de entenderse con los grandes cl\u00e1sicos de la historia de las ideas (de Plat\u00f3n a Heidegger y de Arist\u00f3teles a Wittgenstein) es a veces, y sobre todo en primera instancia, desconcertante y hasta irritante. En primera instancia, digo, el ne\u00f3fito s\u00f3lo capta en ella algo que le parece contradictorio: la exposici\u00f3n t\u00f3pica de unas ideas doblada por la iron\u00eda distanciada que traduce un pensamiento a otro lenguaje, a un lenguaje que nos resulta muy pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>Recuerdo bien c\u00f3mo muchos de los aspirantes a fil\u00f3sofos en el viejo edificio de la plaza de la Universidad barcelonesa pasamos por esa experiencia sorpresiva al asistir a las clases de Valverde sobre los presocr\u00e1ticos, Arist\u00f3teles, Kant, Marx o Heidegger. Pero, una vez superada la sorpresa o el desconcierto, el ne\u00f3fito empieza a dejar de serlo al descubrir, precisamente, que la sustancia de las lecturas de Valverde no tiene que buscarse en la complicaci\u00f3n y el puntillismo con que otros se descubren a s\u00ed mismos (poniendo de manifiesto las contradicciones de los cl\u00e1sicos, o rompiendo todos los espejos, o deconstruyendo sus sistemas), sino all\u00ed donde el acad\u00e9mico menos se la espera: en la palabra del hombre (y de la mujer) que, sin aspavientos, se atreve a decir que en tal o cual caso el rey-fil\u00f3sofo va desnudo. Aunque por lo general, y trat\u00e1ndose de pensadores grandes \u2013como ocurre en <i>Vida y muerte de las ideas\u2013<\/i> o de artistas y pensadores grandes \u2013como ocurre en <i>Viena, fin de siglo<\/i> y en <i>La mente de nuestro siglo\u2013<\/i>, no desnudos del todo ni todo el tiempo. Pues el sentido com\u00fan cultivado sabe ya: no ha habido rey o emperador del pensamiento, de la pr\u00e1ctica art\u00edstica o de la acci\u00f3n que haya logrado mantener sus verg\u00fcenzas al aire, a ojos de todos, durante toda su vida, por muchos devotos y lacayos que haya tenido.<\/p>\n<p>Es una concepci\u00f3n as\u00ed, tan alejada de los embalsamamientos como de los sarcasmos amargos, pero al mismo tiempo tan comprensiva de lo que solemos llamar optimismos hist\u00f3ricos (a lo Marx) como de pesimismos antropol\u00f3gicos (a lo Leopardi), lo que da continuidad, coherencia y equilibrio a una historia razonada de las ideas. Y continuidad, coherencia y equilibrio es lo que hay en la obra de Valverde. A ello ayud\u00f3 mucho, sin duda, su constante trabajo con las palabras, como poeta y como traductor. Pues quien ha trabajado hasta ese punto con las palabras del propio idioma y de los ajenos se acostumbra a dar forma a las razones del coraz\u00f3n pensante, a jug\u00e1rsela en la versi\u00f3n m\u00e1s apropiada de la palabra del otro. Y desde ah\u00ed aprende a valorar (por debajo de la impostura del rey desnudo o m\u00e1s all\u00e1 de las contradicciones formales que siempre pueden hallarse en tal o cual autor) el esfuerzo intelectual que ha supuesto para el otro la conceptuaci\u00f3n filos\u00f3fica precisa en la lengua del com\u00fan. Probablemente es en ese \u00e1mbito en el que hay que buscar la explicaci\u00f3n de la comprensiva y continuada ocupaci\u00f3n de Valverde con autores que, como Plat\u00f3n, Goethe o Heidegger, no eran precisamente santos de su devoci\u00f3n. O no lo eran en todo. Pero tambi\u00e9n en ese trato respetuoso con la palabra del otro, propio de quien sabe que para el ser humano la palabra lo es casi todo, se halla la clave de explicaci\u00f3n del acercamiento problem\u00e1tico a pensadores en conversaci\u00f3n con los cuales Valverde parece sentirse m\u00e1s a gusto: Kierkegaard siempre; Nietzsche a veces; Marx, Kraus y Benjamin en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>IV. Querr\u00eda subrayar que continuidad, coherencia y equilibrio en el tratamiento de la historia de las ideas no equivale en su caso a desproblematizaci\u00f3n de las mismas. Es verdad que Valverde escribe una historia con pocos adjetivos, predominantemente descriptiva, sint\u00e9tica e informativa, buscando el sustantivo esencial o sugerente y evitando encajonar a los autores con calificativos demasiado expl\u00edcitos. Por lo general, acepta las calificaciones establecidas al respecto por un uso moderado y sensato de la filolog\u00eda y de la hermen\u00e9utica. Y cuando no est\u00e1 dispuesto a aceptarlas llama en seguida la atenci\u00f3n del lector, con buen humor, sobre el car\u00e1cter parad\u00f3jico de ciertas clasificaciones acad\u00e9micas (por ejemplo, respecto de los \u00abpresocr\u00e1ticos\u00bb o respecto de \u00abracionalismos\u00bb e \u00abirracionalismos\u00bb derivados de un concepto restrictivo, empobrecido, de la raz\u00f3n en comparaci\u00f3n con los sentimientos, con las razones del coraz\u00f3n, con los mitos y con las creencias religiosas).<\/p>\n<p>Pero la problematicidad de las construcciones te\u00f3ricas en la historia se resalta adem\u00e1s, en la obra de Valverde, por un doble procedimiento. En unos casos, cuando se limita a la s\u00edntesis del pensamiento de otro, llamando la atenci\u00f3n sobre el juicio de los contempor\u00e1neos al respecto y sugiriendo de esta forma por d\u00f3nde el lector de ahora podr\u00eda dialogar con provecho con el cl\u00e1sico, a pesar del paso inexorable del tiempo. En otros casos, poniendo a dialogar directamente al cl\u00e1sico (antiguo, moderno o contempor\u00e1neo) con alg\u00fan otro grande que vio la misma cosa desde otro \u00e1ngulo, desde otras preocupaciones. As\u00ed, por ejemplo, cuando, en <i>Viena, fin de imperio<\/i>, trata de Hofmannsthal y de Karl Kraus. Y, por \u00faltimo, en algunos pocos casos, tal vez en los que m\u00e1s le importaban, Valverde escribe la propia interpretaci\u00f3n (Nietzsche), sugiere lo obvio donde esa obviedad parece chocar con las interpretaciones m\u00e1s difundidas (Marx), o propone seguir pensando en continuidad con el cl\u00e1sico justo all\u00ed donde el autor tratado dej\u00f3 un problema abierto sin plena conciencia del mismo o sin que sus principales ex\u00e9getas lo hayan captado (Kierkegaard).<\/p>\n<p>En ese marco general su obra sobre Nietzsche [1993] resalta con luz propia. Valverde nos da en ella otra muestra, y de las mejores, de aquel sugestivo enfoque ling\u00fc\u00edstico que se apreciaba ya en <i>Vida y muerte de las ideas<\/i>: hace f\u00e1cil lo dif\u00edcil, explica con palabras claras y precisas lo que en la mente del fil\u00f3sofo, al borde la locura, seguramente era nebuloso. Y explica, adem\u00e1s, sin necesidad de complicar las cosas de que trata ni subirse a ese Monte de las Superaciones Filos\u00f3ficas desde el que otros ven con supuesta claridad meridiana todo el pasado hist\u00f3rico: s\u00f3lo pensando en los problemas que preocupaban o conmov\u00edan a Nietzsche <i>y a la vez<\/i> en los lectores de hoy que aspiran a entender aquellos problemas humanos por ser problemas de siempre.<\/p>\n<p>Tal vez sea, \u00e9ste de Valverde, el primer libro sobre Nietzsche en castellano (de los que yo conozco) que puede ser le\u00eddo sin desasosiego, y a\u00fan con simpat\u00eda hacia el personaje, por personas ajenas a la compa\u00f1\u00eda del nietzscheanismo. Y eso es mucho. Ello se debe, en primer lugar, a un esfuerzo que sabr\u00e1n apreciar sobre todo los aficionados a la filolog\u00eda; a saber: que Valverde deja hablar al otro traduciendo (con la inestimable ayuda de S\u00e1nchez Pascual, desde luego) al castellano, bien y con gran cuidado, un pensamiento que, como se sabe, es alusivo, metaf\u00f3rico, aleg\u00f3rico, epigram\u00e1tico y casi siempre fragmentario. Pero tambi\u00e9n se debe, en segundo lugar, a que la lectura de Nietzsche que nos propone Valverde, desde este dar la palabra al otro, resulta comprensible, plausible y sugerente.<\/p>\n<p>Comprensible siempre. Plausible cuando, por ejemplo, interpreta el constante antifeminismo y la misoginia de Nietzsche como una necesidad subjetiva de mantener siempre la distancia respecto de las mujeres por miedo, por impotencia, por temor a la otra sensibilidad. Y sugerente en muchas p\u00e1ginas: cuando a prop\u00f3sito de la m\u00e1quina de escribir de Nietzsche reflexiona acerca del intelectual y las nuevas tecnolog\u00edas para la producci\u00f3n simb\u00f3lica<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote5sym\" name=\"sdfootnote5anc\">5<\/a><\/sup>; o, sobre todo, en la selecci\u00f3n de los pasos m\u00e1s inquietantemente anti-igualitarios, elitistas, del Nietzsche cr\u00edtico del socialismo: aqu\u00e9l que, al prever la \u00abintroducci\u00f3n masiva de pueblos b\u00e1rbaros de Asia y Africa\u00bb como consecuencia \u00faltima del rechazo del trabajo duro y grosero por las principales clases sociales en lucha en la vieja Europa<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote6sym\" name=\"sdfootnote6anc\">6<\/a><\/sup>, estaba poniendo las bases de un pensamiento que merecer\u00eda el nombre (parad\u00f3jico, s\u00ed, pero fiel reflejo de las contradicciones culturales del capitalismo europeo) de \u00abreaccionarismo de extrema izquierda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDejar hablar al otro\u00bb y \u00abhacer f\u00e1cil lo dif\u00edcil\u00bb son dos cosas que, juntas, y hablando de filosof\u00eda, constituyen una buena virtud. Doblemente apreciable cuanto que en el caso del <i>Nietzsche<\/i> de Valverde hay, adem\u00e1s, punto de vista, clave de lectura. Este punto de vista est\u00e1 ya impl\u00edcito en dos de las palabras que dan t\u00edtulo al libro: de <i>fil\u00f3logo <\/i>a <i>Anticristo<\/i>. Pero se hace por completo expl\u00edcito cuando nuestro fil\u00f3sofo-poeta nos propone<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote7sym\" name=\"sdfootnote7anc\">7<\/a><\/sup> leer los dichos de Nietzsche dejando a un lado el declarado \u00abinmoralismo\u00bb nihilista del autor de <i>Zaratustra<\/i> para atenerse al sutil juego de un lenguaje que, por su tono, belleza e iron\u00eda, encubre un confuso horizonte de anhelos, expresados casi siempre mediante ideas nebulosas.<\/p>\n<p>Si se acepta esta clave de lectura, este punto de vista relativizador, o perspectivista, de todo lo mental, de ideas y valores (\u00bfy c\u00f3mo no aceptarlo hoy en d\u00eda?), no se considerar\u00e1 casual, en absoluto, el que las dos principales aportaciones de Valverde aqu\u00ed sean precisamente su interpretaci\u00f3n de las consecuencias que tuvo la temprana conciencia ling\u00fc\u00edstica de Nietzsche (\u00abEl lenguaje es lo m\u00e1s cotidiano de todo: hace falta ser un fil\u00f3sofo para ocuparse de \u00e9l\u00bb) y su unamuniano di\u00e1logo sobre religi\u00f3n y cristianismo con aquel solitario Anticristo de Sils-Mar\u00eda que estaba ya en los l\u00edmites de la locura: se va, pues, del dar la palabra al otro para que diga la suya al di\u00e1logo sobre qu\u00e9 sea la palabra que se quiere carne y es negada. En este di\u00e1logo abierto es el propio Valverde quien retoma finalmente la palabra para valorar, con tanto equilibrio como conciencia hist\u00f3rica, el aspecto \u00abanti-social\u00bb o \u00absupersocial\u00bb (an\u00e1rquico, en suma) del cristianismo y la tajante afirmaci\u00f3n de Nietzsche en el sentido de que el cristianismo de Jes\u00fas de Nazaret era ya una \u00abidiotez\u00bb.<\/p>\n<p>A Marx no ha dedicado Valverde muchas p\u00e1ginas, a pesar de su adscripci\u00f3n, en los \u00faltimos diez a\u00f1os de su vida, a un partido marxista y comunista. Pero precisamente las pocas p\u00e1ginas que le ha dedicado, en <i>Vida y muerte de las ideas<\/i> y en <i>La mente de nuestro siglo, <\/i>son<i>,<\/i> en mi opini\u00f3n, un ejemplo excelente de buena s\u00edntesis y de capacidad de comprensi\u00f3n, tanto en una fase en la que dominaban las lecturas cientificistas y estructuralistas como en la fase, posterior, de la \u00abcrisis del marxismo\u00bb. Valverde ha subrayado con mucho \u00e9nfasis, y con toda la raz\u00f3n, la intenci\u00f3n y la significaci\u00f3n moral y humanista de la obra de Marx, incluso en aquellos escritos en los que, como en <i>El capital<\/i>, esa intenci\u00f3n parece enmascarada por el lenguaje as\u00e9ptico de la econom\u00eda. Y ha sabido plantear, adem\u00e1s, con mucha mesura y discreci\u00f3n, aunque brevemente, un problema de interpretaci\u00f3n que hizo correr r\u00edos de tinta a lo largo del siglo: el de la relaci\u00f3n de la obra marxiana con los marxismos \u00abte\u00f3ricos\u00bb posteriores y con el socialismo que se llam\u00f3 a s\u00ed mismo \u00abreal\u00bb<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote8sym\" name=\"sdfootnote8anc\">8<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>No parece que aludir a su acercamiento al comunismo o a su militancia posterior en el Partit dels Comunistas de Catalunya sea la mejor manera de explicar esa excelente s\u00edntesis. Tener en cuenta tales circunstancias ayuda a explicar, sin duda, su comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno comunista en el mundo contempor\u00e1neo, tan distinta de la actitud al respecto de la gran mayor\u00eda de los fil\u00f3sofos e intelectuales de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Como tampoco hay duda de que esta opci\u00f3n fue esencial para el hombre llamado Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde, \u00absobrevenido a la pol\u00edtica\u00bb, como dec\u00eda \u00e9l mismo. Pero la bondad de su s\u00edntesis sobre Marx se ha de buscar, una vez m\u00e1s, en la aguda lectura directa de las obras del autor que trata, en la atenci\u00f3n prestada a su lenguaje. Son legi\u00f3n los autores que, antes y despu\u00e9s de la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, se han dejado enga\u00f1ar por la literalidad de ciertas frases de Marx o por sus sarcasmos, deduciendo de aqu\u00e9llas o de \u00e9stos determinismos, economicismos o contradicciones sin cuento entre intenci\u00f3n cient\u00edfica y dimensi\u00f3n prof\u00e9tica. Valverde no.<\/p>\n<p>Sin ocultar contradicciones, Valverde se ha fijado en lo esencial, a saber: que los sarcasmos de Marx sobre la moral (burguesa) son la forma que toma otra moralidad, otra manera, en suma, de volver el (c\u00f3modo) mundo de las ideas del rev\u00e9s para poner el mundo (duro y descorazonador) en que habitamos del derecho. Nada ayuda tanto a ese desvelamiento como el conocimiento de lo que fue e hizo el hombre concreto Karl Marx y de su pasi\u00f3n por la literatura. Sintom\u00e1ticamente, al salir al paso de una lectura cientificista, determinista o fatalista de Marx, Valverde ha recordado, al menos por dos veces, una de esas obviedades perogrullescas que suelen pasar por alto tanto aquellos que s\u00f3lo se fijan en el car\u00e1cter objetivo de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica como quienes comparan ingenuamente las leyes del desarrollo hist\u00f3rico con las leyes de la naturaleza. A unos y a otros Valverde les recuerda con cierta sorna: \u00abNadie fundar\u00eda un partido para que ocurra el pr\u00f3ximo eclipse de luna\u00bb.<\/p>\n<p>De todos los grandes pensadores que tienen que ver con \u00abla mente de nuestro siglo\u00bb ha sido Kierkegaard el interlocutor privilegiado por Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. Y es natural que as\u00ed haya sido si se tiene en cuenta su concepto y su vivencia existencial del cristianismo, tan patente en la poes\u00eda como en tantos escritos de circunstancias que complementan los escritos mayores. No voy a insistir en ello aqu\u00ed porque ya ha sido dicho en la Presentaci\u00f3n de las <i>Obras Completas<\/i><sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote9sym\" name=\"sdfootnote9anc\">9<\/a><\/sup>. Y tambi\u00e9n por otra raz\u00f3n, m\u00e1s sustantiva. No teniendo yo aquella vivencia s\u00f3lo me atrevo a sospechar por d\u00f3nde iban en este caso los tiros. Me pasa en esto algo parecido a lo que el propio Valverde declaraba que le ocurr\u00eda con la lectura estructuralista de Marx por Althusser (cuyo sentido, por cierto, s\u00f3lo se empieza a aclarar de verdad a partir de la autobiograf\u00eda p\u00f3stuma): que no estoy seguro de entender bien.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, y a riesgo de meterme en camisa de once varas, s\u00ed querr\u00eda detenerme en un punto de ese di\u00e1logo con Kierkegaard por lo decisivo que me parece para explicar el pensamiento del \u00faltimo Valverde. A diferencia de lo que ocurre con el libro sobre Nietzsche o con su s\u00edntesis de Marx, el lector siente en seguida en este caso que la lectura valverdiana de Kierkegaard parte de una cierta afinidad, de una aproximaci\u00f3n simpat\u00e9tica que falta en el tratamiento de los otros autores. Esta afinidad procede seguramente del reconocimiento de la importancia que tienen en Kierkegaard la iron\u00eda y el sentido del humor, la profundidad comicidad que hay en toda racionalizaci\u00f3n que pierde la realidad concreta del individuo. Pero a\u00fan m\u00e1s: la problematicidad del cristianismo de Kierkegaard se hace problema propio; y el equ\u00edvoco de sus interpretaciones (desde un cristianismo que pasa por alto la sustancial ambig\u00fcedad del dan\u00e9s), el significado antiteol\u00f3gico de su obra, se convierte para Valverde en el problema de la persistencia del ser cristiano (m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 de las instituciones y de las teolog\u00edas) al final del siglo XX.<\/p>\n<p>Para un cristiano comunista como Valverde el di\u00e1logo con el \u00abreaccionario\u00bb y \u00abantirracionalista\u00bb Kierkegaard ten\u00eda que ser doblemente problem\u00e1tico. Pues ninguna de las dos tradiciones entre las que \u00e9l se mueve tiene el sentido del humor y de la iron\u00eda necesarios para cuestionar la racionalizaci\u00f3n de aquella parte de la vida individual y social de los hombres que mejor han intuido una y otra. En un caso, porque la tradici\u00f3n tiende a identificar racionalismo y progreso humano (as\u00ed, en general); en el otro, porque \u00abpara la fe cristiana el n\u00famero no cuenta nada \u2013da lo mismo que a nadie le importe la fe si me importa mucho a m\u00ed\u2013 y nada puede decidirse por mayor\u00eda\u00bb. No es casual el que Valverde haya terminado el apartado correspondiente en <i>Vida y muerte de las ideas <\/i>proponiendo, tras las huellas de Karl L\u00f6with, leer a Soren Kierkegaard como complementario de Karl Marx. Ni lo es el que, a rengl\u00f3n seguido, precise: \u00abCon todo, si cabe, hoy y ma\u00f1ana, una complementariedad positiva entre ambos pensadores ser\u00eda s\u00f3lo a t\u00edtulo personal, en alg\u00fan que otro lector, y no por imperativos hist\u00f3ricos sin sentido para Kierkegaard\u00bb.<\/p>\n<p>De la dificultad que entra\u00f1a esa complementaci\u00f3n \u2013en el ma\u00f1ana que es ya hoy\u2013 hay un eco en la nota que Valverde escribi\u00f3 para la reimpresi\u00f3n de la obra en 1982: \u00abMe temo que este libro resultar\u00e1 algo ambiguo y aun equ\u00edvoco: en lo pol\u00edtico, algunos querr\u00e1n verlo como \u00abreaccionario\u00bb, por entender \u2013lo cual es reaccionario a su vez\u2013 que s\u00f3lo el racionalismo es progresista e izquierdista, y que cuanto no sea racionalista, ser\u00e1 \u00abirracionalismo\u00bb y derechismo. Pero yo lo veo al rev\u00e9s, y en forma extremosa y aun extremista: estar del lado de la palabra es estar del lado de los pobres, de \u00ablo pobre\u00bb, y lo concreto y lo de todos, y es estar contra el despotismo \u00abde arriba\u00bb, cuyo arquetipo est\u00e1 en el idealismo del arist\u00f3crata Plat\u00f3n \u2013aunque, astutamente, no desde\u00f1e utilizar ciertos \u00abirracionalismos\u00bb en cuanto droga de evasi\u00f3n e irresponsabilidad\u00bb\u2013.<\/p>\n<p>V. Quedaba, pues, todav\u00eda abierta la tentativa de complementaci\u00f3n \u00aba t\u00edtulo personal\u00bb y salvando, desde luego, el reproche de Kierkegaard sobre \u00ablos imperativos hist\u00f3ricos\u00bb. A eso alude aquel \u00abver la cosa al rev\u00e9s\u00bb, de forma extremosa y extremista, aquella (en principio sorprendente) declaraci\u00f3n, seg\u00fan la cual <i>estar del lado de la palabra es estar<\/i> <i>del lado de los pobres<\/i>. \u00bfAcaso no ha sido casi siempre la palabra, a lo largo de la historia, instrumento de dominaci\u00f3n de los de arriba? \u00bfNo hab\u00eda dicho el propio Valverde, en verso, que los de arriba roban hasta la palabra a los humillados y desheredados?<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote10sym\" name=\"sdfootnote10anc\">10<\/a><\/sup> Para salir de la sorpresa e intentar entender mejor lo que quiere decir Valverde ahora (en un momento en el que ya ha dejado de escribir poes\u00eda y, por tanto, \u00e9sta no puede servirnos de gu\u00eda) seguramente hay que mirar hacia otro lado y hacer el esfuerzo intelectual de poner en relaci\u00f3n dos cosas: el p\u00e1rrafo final de <i>Vida y muerte de las ideas <\/i>y su reflexi\u00f3n pol\u00edtico-moral de los \u00faltimos a\u00f1os<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote11sym\" name=\"sdfootnote11anc\">11<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Aquel p\u00e1rrafo expresa la sugerencia de que nuestra historia puede acabar volviendo del rev\u00e9s la frase inicial del Cuarto Evangelio: \u00abEn el final, es la Palabra\u00bb. \u00bfSe debe leer esto simplemente como una manifestaci\u00f3n m\u00e1s del gusto de Valverde por la paradoja, comprensible, en este caso, para los m\u00e1s en nuestro \u00e1mbito cultural? Sospecho que no s\u00f3lo<sup><a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote12sym\" name=\"sdfootnote12anc\">12<\/a><\/sup>. Quiz\u00e1s la cosa se entiende mejor si se recuerda el compromiso c\u00edvico y solidario del \u00faltimo Valverde, tan volcado a la ayuda de las gentes del \u00abtercer mundo\u00bb como preocupado por que la atenci\u00f3n prestada al pr\u00f3jimo lejano no olvidara la presencia entre nosotros del explotado pr\u00f3ximo. Basta con relacionar aquella frase final de <i>Vida y muerte de las<\/i> <i>ideas<\/i> con la nota de protesta reci\u00e9n mentada para percibir las dos dimensiones: una, religiosa, que vincula, a trav\u00e9s de la Palabra, el libro del <i>G\u00e9nesis<\/i> con el final previsible de la historia de las ideas; y otra, inequ\u00edvocamente pol\u00edtico-social, seg\u00fan la cual la palabra del fil\u00f3sofo se pone al servicio de los pobres de la tierra, de los que no tienen nada y corren, adem\u00e1s, el riesgo de perder las palabras para nominar las cosas que realmente importan.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es \u2013nada menos\u2013 si se pueden entrecruzar esas dos dimensiones, si se puede complementar la Historia de la Palabra y la palabra hist\u00f3rica puesta al servicio de los de abajo, si es posible hacer esto aceptando, al mismo tiempo, los imperativos hist\u00f3rico-sociales en un momento malo, en \u00abun traspi\u00e9s de la historia\u00bb, y el reto de la \u00abgran broma\u00bb (en sentido kierkegaardiano) que siempre ha sido y ser\u00e1 la vida del hombre individual y concreto, del Ivan Illich de turno, que se toma radicalmente en serio el cristianismo. Valverde, que hab\u00eda dicho ya unos a\u00f1os antes que no puede (ni quiere) \u00abcambiar de apocalipsis\u00bb, tampoco aspira ahora a sustituir teol\u00f3gicamente las esperanzas de liberaci\u00f3n de las pobres gentes. Y para aquel su ver la gran cosa \u00abal rev\u00e9s\u00bb, en la complementaci\u00f3n de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica con la dial\u00e9ctica existencial, necesariamente negativa, encuentra ayuda te\u00f3rica en la radicalizaci\u00f3n de la interpretaci\u00f3n que hizo Karl Rahner del relato evang\u00e9lico del juicio final. Esta lectura llama la atenci\u00f3n del cristiano sobre las implicaciones que ya para el hoy tiene aquel juicio final (\u00abateo\u00bb, dice \u00e9l) en el que no se preguntar\u00e1 a los hombres sobre sus creencias o increencias sino sobre lo que realmente hicieron para dar de comer al hambriento y de beber al sediento.<\/p>\n<p>De esas implicaciones la de m\u00e1s relieve, en el plano hist\u00f3rico-social, es que, una vez que se ha decidido ver el esc\u00e1ndalo del mundo desde abajo y compartir esa visi\u00f3n con los que menos tienen, no s\u00f3lo hay que renunciar a las cosmovisiones (tambi\u00e9n a la propia) sino incluso a la acentuaci\u00f3n de la diferencia ideol\u00f3gica: arrieros somos, todos los que estamos a favor de la emancipaci\u00f3n, cristianos o comunistas, y en el camino nos hemos encontrado ya. Lo que Valverde acaba proponiendo, en ese plano, no era ya un di\u00e1logo te\u00f3rico entre cristianos y marxistas del tipo del que tuvo lugar en la d\u00e9cada de los sesenta, sino algo m\u00e1s y m\u00e1s sustancial que eso: una actualizaci\u00f3n de las mentalidades en el \u00e1mbito de las tradiciones respectivas conducente a una filosof\u00eda de la acci\u00f3n com\u00fan; un compromiso compartido entre tradiciones de liberaci\u00f3n que en sus puntas filos\u00f3ficas, intelectuales, no se han reconocido habitualmente como hermanas en la historia sino, m\u00e1s bien, como contendientes que se disputan la interpretaci\u00f3n del sentido del grito de la criatura oprimida en un mundo desalmado.<\/p>\n<p>En lo otro, en el plano que m\u00e1s importa, o que m\u00e1s le importaba a \u00e9l, en lo de la \u00abseria broma\u00bb del ser cristiano del hombre individual y concreto, del ser de palabra, nos deja Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde su amable silencio, la mirada del hombre que escucha, calladamente, la lecci\u00f3n de Kierkegaard ante el milenio: \u00abY aun mejor no escribir, ni hablar siquiera&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 1: En la muerte de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde<\/b><\/h3>\n<p><em>Publicado en <\/em>mientras tanto<em>, n\u00ba 66, verano-oto\u00f1o de 1996, pp. 27-32.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Por mucho que hayan cambiado<br \/>\n&#8211;pues ellos son los que m\u00e1s cambian&#8211;<br \/>\na\u00fan resultan reconocibles.<br \/>\nSi ponen una piedra en lugar equivocado,<br \/>\nvemos, al mirarla,<br \/>\nel lugar verdadero.<br \/>\nAunque tal como somos no les gustamos<br \/>\nest\u00e1n de acuerdo, sin embargo, con nosotros.<br \/>\nBertolt Brecht, \u00abCanci\u00f3n de la buena gente\u00bb<\/p>\n<p>Hay p\u00e9rdidas irreparables. Ese es el caso de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde, amigo \u2013y cr\u00edtico apasionado, en ocasiones, de <i>mientras tanto\u2013<\/i>, muerto al iniciarse el verano en Barcelona.<\/p>\n<p>Decimos muchas veces: nadie es insustituible. Cierto, en vida as\u00ed es. Pero cuando muere un hombre como Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde nos damos cuenta de que lo dicho para los vivos deja de ser verdad concreta, verdad con sentido que pueda seguir dici\u00e9ndose.<\/p>\n<p>No era Valverde un moderno ni un posmoderno: ni provocaba al burgu\u00e9s para potenciar la propia imagen y volver despu\u00e9s al redil de los rediles, ni criticaba la provocaci\u00f3n al burgu\u00e9s para justificar con sarcasmo o amargura un tiempo de desesperanzas en el que s\u00f3lo nos quedar\u00eda el cultivo, por est\u00e9tica, de la propia imagen privada.<\/p>\n<p>Cuando, todav\u00eda joven, Valverde estuvo entre nosotros, en las aulas de la Universidad de Barcelona, todos sab\u00edamos que \u00edbamos a aprender de \u00e9l. Y no s\u00f3lo eso: sab\u00edamos que pod\u00edamos contar con \u00e9l en las horas dif\u00edciles de la protesta estudiantil, cuando el mero gesto de la solidaridad de un profesor con los resistentes significaba jugarse lo que se hab\u00eda llegado a ser, exponerse a cambiar de vida y de pa\u00eds. Valverde, que hab\u00eda sido uno de los catedr\u00e1ticos m\u00e1s j\u00f3venes de la Espa\u00f1a franquista, se la jug\u00f3 en 1965. Los hechos son conocidos. Han sido contados muchas veces en estos \u00faltimos a\u00f1os. Y no es cosa de repetirlos ahora.<\/p>\n<p>Pero hay algo que no se suele contar y que, sin embargo, tiene importancia para valorar a la persona: su acto de solidaridad con los represaliados de entonces (Aranguren, Tierno, Garc\u00eda Calvo, Montero, Sacrist\u00e1n), m\u00e1s all\u00e1 de la frase que ha quedado (\u00abno hay est\u00e9tica sin \u00e9tica\u00bb), fue una actuaci\u00f3n tan valiente como sencilla: sin proclamas, sin discursos, sin aspavientos autojustificatorios. Simplemente, Valverde estaba all\u00ed, en 1965, como \u00e9l dir\u00eda, con los justos, con los que luchaban por la justicia que en aquel tiempo era una lucha en favor de la democracia. Se exili\u00f3 a Canad\u00e1 y volvi\u00f3 a empezar.<\/p>\n<p>All\u00ed cambi\u00f3, pero sigui\u00f3 trabajando en lo que hab\u00eda trabajado antes: ense\u00f1anza de la filosof\u00eda y de la literatura, traducciones, poes\u00eda. Tampoco hizo de aquel momento y de aquel acto discurso sobre lo decisivo en las vidas de los dem\u00e1s. S\u00f3lo habl\u00f3 de ellos cuando le preguntaron. Casi siempre con humor y con cierta distancia, con desapego. Y cuando sinti\u00f3 la necesidad de poetizar sobre aquel pasado propio, \u00e9l, que entend\u00eda la poes\u00eda como palabra en el tiempo y que exaltaba el cultivo de la memoria, prefiri\u00f3 la autocr\u00edtica o la iron\u00eda distanciada del <i>cum grano salis<\/i> sobre lo que se ha sido. Mientras los m\u00e1s j\u00f3venes, aquellos que hab\u00edamos tenido la suerte de escuchar su palabra, elev\u00e1bamos su recuerdo aqu\u00ed, \u00e9l, al otro lado del Atl\u00e1ntico, en Canad\u00e1, trabajaba, reanudaba su di\u00e1logo con los poetas preferidos, Machado y Shakespeare, y segu\u00eda aprendiendo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Una lecci\u00f3n saqu\u00e9 despu\u00e9s de cuarenta a\u00f1os de ingenuidad: es \u00e9sta:<br \/>\nla clase dominante, nuestros due\u00f1os, no son nada tontos;<br \/>\nlo fingen de puro listos,<br \/>\nporque saben que ya han comprado la letra y el esp\u00edritu.<\/p>\n<p><i>Ense\u00f1anzas de la edad.<\/i> De todas ellas me quedo, para este recuerdo, con una que Valverde titul\u00f3 \u00abToma de conciencia\u00bb: ense\u00f1anza de la edad sobre uno mismo. Su \u00faltima estrofa dice as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Y a\u00fan m\u00e1s; tampoco puedo cambiar de apocalipsis:<br \/>\na cada cual le peso su porci\u00f3n de maldades<br \/>\ny su poco de m\u00e9ritos, seg\u00fan se desvanece.<br \/>\nSer\u00e9 traidor para unos, blando para los otros,<br \/>\nabierto a un porvenir sin aliento ni gloria,<br \/>\nquiz\u00e1 colaborando, pero siempre mal visto,<br \/>\nprogresista gru\u00f1\u00f3n, mesurado extremista&#8230;<br \/>\nEn lo de \u00abamar al pr\u00f3jimo\u00bb entra este gris cansancio.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 a Espa\u00f1a y se reincorpor\u00f3 a su c\u00e1tedra de Est\u00e9tica en la Universidad de Barcelona Valverde sol\u00eda repetir entre amigos que a \u00e9l le hab\u00edan cambiado sus hijos y sus alumnos. Todav\u00eda un mes antes de morir declaraba en una entrevista a <i>Mundo obrero<\/i> que en lo pol\u00edtico se consideraba un sobrevenido.<\/p>\n<p>En cierto modo as\u00ed era: un sobrevenido que se fue al exilio declarando que no hay est\u00e9tica sin \u00e9tica y que regres\u00f3 de \u00e9l, universalizando una formaci\u00f3n cultural que ya era universal cuando se fue, pero con la convicci\u00f3n de que en los nuevos tiempos menesterosos de la telara\u00f1a y el murci\u00e9lago (son palabras de otro exiliado voluntario, L\u00f3pez Pacheco) tal vez no puede haber poes\u00eda legal sin pol\u00edtica y econom\u00eda.<\/p>\n<p>Naturalmente, este concepto de la relaci\u00f3n entre palabra po\u00e9tica, palabra pol\u00edtica y atenci\u00f3n al an\u00e1lisis socioecon\u00f3mico no era en Valverde propuesta de po\u00e9tica generalizable, endosable a los otros, como lo hab\u00eda sido la po\u00e9tica del realismo social, sino algo bastante distinto: autoconciencia del propio estar en el mundo con los otros, con los hijos, con su mujer, con los nuevos compa\u00f1eros que arrimaban el hombro para hacer algo en favor de los pueblos empobrecidos y sufrientes de Latinoam\u00e9rica, en favor de Cuba y Nicaragua sobre todo.<\/p>\n<p>Precisamente porque Valverde tuvo un concepto muy modesto de la funci\u00f3n de la poes\u00eda, de la que pensaba que nunca descubrir\u00eda nada nuevo ni hab\u00eda de resolver los problemas del vivir de los hombres en la tierra, era esc\u00e9ptico en lo tocante a po\u00e9ticas y est\u00e9ticas autoproclamadas y esperaba poco, muy poco, de modas y de escuelas con \u00e1nimo de originalidad. En esto Valverde siempre fue muy cl\u00e1sico. Apreciaba en lo que vale el \u00abinstruir deleitando\u00bb, desconfiaba de la inspiraci\u00f3n sin m\u00e1s y conceb\u00eda el trabajo de creaci\u00f3n como un arrimar el hombro sin tomarse a s\u00ed mismo en eso demasiado en serio.<\/p>\n<p>De hecho, Valverde, que siempre se consider\u00f3 sobre todo poeta, y que durante mucho tiempo pens\u00f3 que escribir poes\u00eda fue su \u00fanico trabajo esencial y necesario, hab\u00eda abandonado ya la creaci\u00f3n po\u00e9tica en esos a\u00f1os que aqu\u00ed suelen llamarse de la \u00abtransici\u00f3n\u00bb. Su pasi\u00f3n por la palabra, su dominio de la lengua castellana, sus conocimientos de otras lenguas, los construy\u00f3 escuchando, leyendo, traduciendo a otros, dialogando con otros, que no ten\u00edan por qu\u00e9 ser los suyos, los m\u00e1s queridos, en el sentido pol\u00edtico-moral o en el \u00e1mbito de la po\u00e9tica. Era un hombre con convicciones muy s\u00f3lidas en lo social, nada perplejo o dubitativo sobre las nuevas manifestaciones socioculturales, pero muy poco dado a los juicios sumarios sobre corrientes o tendencias literarias. No le gustaba la direcci\u00f3n principal que hab\u00eda tomado la poes\u00eda en Espa\u00f1a durante estos \u00faltimos a\u00f1os, le molestaba el exceso de formalismo y la poes\u00eda como mero juego de ingenio; pero evit\u00f3 pontificar sobre eso. Prefer\u00eda explicar por qu\u00e9 las cosas son como son, sobre todo cuando no nos gustan. Y de cuando en cuando dejaba caer \u00abun veneno\u00bb en el que el otro todav\u00eda pod\u00eda encontrar un gesto amable.<\/p>\n<p>El pensamiento de Valverde, pascaliano y kierkegaardiano, ten\u00eda algo de excelente paradoja. El, que no hab\u00eda tenido nada que ver con las corrientes en que hist\u00f3ricamente se dividi\u00f3 la tradici\u00f3n socialista, habr\u00e1 sido entre nosotros, sin embargo, uno de los m\u00e1s apasionados defensores de la idea de comunismo despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Motivos religiosos, morales y ecol\u00f3gicos le condujeron a una de las defensas del comunismo m\u00e1s at\u00edpicas de la \u00faltima d\u00e9cada. Su vinculaci\u00f3n directa al PCC en estos \u00faltimos a\u00f1os ha sido vista a veces en los ambientes intelectuales como una rara anomal\u00eda en un hombre profundamente cristiano, incluso como una derivaci\u00f3n dogm\u00e1tica de viejo a\u00f1orante.<\/p>\n<p>Por eso muchas personas ilustradas que valoraban su poes\u00eda, que estimaron sus traducciones y apreciaron su contribuci\u00f3n a la historia de las ideas o a la historia de la literatura, se extra\u00f1aban de las declaraciones pol\u00edticas de Valverde. Es comprensible que as\u00ed sea en un tiempo en el que los medios de intoxicaci\u00f3n de las masas se empe\u00f1an en presentar casi universalmente el comunismo como mera a\u00f1oranza de ancianos. \u00a1Mirad si no las fotos de<i> El Pa\u00eds<\/i> cada vez que tiene que informar de la Fiesta del PCE en Madrid o de la \u00faltima manifestaci\u00f3n de rojos en Mosc\u00fa! \u00a1Qu\u00e9 gran mentira en excelentes im\u00e1genes! \u00a1Qu\u00e9 esc\u00e1ndalo! Y, sin embargo, resulta imposible comprender por qu\u00e9 Valverde habr\u00e1 sido uno de los grandes intelectuales espa\u00f1oles de las \u00faltimas d\u00e9cadas si se pasa por alto esta actividad militante suya en favor de la Cuba de Castro, de la Nicaragua sandinista o del resistencialismo campesino en Per\u00fa, si se ignora su presencia en las manifestaciones del Primero de Mayo cuando ya la mayor\u00eda de los intelectuales que en otros tiempos loaban a las Internacionales Obreras se iban de fiesta o se retiraban a sus casas de campo.<\/p>\n<p>Los obsesos aficionados a las triviales explicaciones sociologistas se lo ponen f\u00e1cil cuando a este respecto recuerden un pasado juvenil falangista: los extremos se tocan, dicen. Pero son demasiados los pasados juveniles del mismo tipo que acabaron aqu\u00ed, en Espa\u00f1a, en presentes de adulaci\u00f3n de los poderes existentes (con Franco y despu\u00e9s de Franco) como para que ese t\u00f3pico explique todav\u00eda algo. No fue \u00e9se el caso de Valverde ni es por ah\u00ed por donde se puede captar la evoluci\u00f3n \u00faltima del escritor, sino m\u00e1s bien atendiendo a la paradoja existencial que representa, en nuestros d\u00edas, la vida de un hombre con una ampl\u00edsima cultura hist\u00f3rica y literaria, pero que al mismo tiempo apreciaba como nadie las razones del coraz\u00f3n y que ten\u00eda, adem\u00e1s, un arraigado sentido de la justicia y de la caridad y un concepto lib\u00e9rrimo del gran qu\u00e9 del cristianismo: lo que se llama \u00abel juicio final\u00bb.<\/p>\n<p>Las razones de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde en favor del comunismo ten\u00edan muy poco que ver con viejos dogmatismos y no menos viejas ortodoxias. \u00bfC\u00f3mo iba a ser de otra manera en el traductor de Shakespeare, de H\u00f6lderlin, de Rilke, de Eliot y de Joyce? Las suyas eran razones fundamentalmente prepol\u00edticas, aunque nada apol\u00edticas. Dos de esas razones suenan tambi\u00e9n a paradoja. Dijo: \u00abMe hice comunista para poder seguir yendo a misa\u00bb. Y se comprende: algunos tuvimos que entender el otro cristianismo para seguir siendo comunistas. Escribi\u00f3: \u00abEl juicio final cristiano es un juicio ateo porque en \u00e9l no se preguntar\u00e1 a los hombres por sus creencias sino si dieron de comer al hambriento y de beber al sediento\u00bb. Y se comprende: algunos tuvimos que entender que la clase obrera no va al para\u00edso s\u00f3lo por haber nacido en la miseria.<\/p>\n<p>Son, \u00e9stas, razones anteriores (previas no s\u00f3lo hist\u00f3ricamente, sino m\u00e1s fundamentales, m\u00e1s esenciales) al surgimiento del comunismo moderno; pero no por ello razones meramente antiguas, pasadas. O mejor dicho: no por antiguas en la historia de la humanidad menos nuevas, necesarias y renovadas. Son razones, las de Valverde en favor del comunismo, que enlazan hoy en d\u00eda con una reinterpretaci\u00f3n muy sugestiva del cristianismo en sus or\u00edgenes y del Viejo Testamento como expresi\u00f3n de un movimiento sociocultural heterodoxo en otra \u00e9poca imperial y de pensamiento casi \u00fanico. Las nuevas lecturas de los manuscritos del Mar Muerto van, creo, por ah\u00ed. Algunas de las reflexiones de la llamada teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n enlazan con ellas. Pero, por eso mismo, quien ignore hoy en d\u00eda la persistente relaci\u00f3n que ha habido a lo largo de nuestra historia entre la pol\u00edtica entendida como \u00e9tica de lo colectivo y los movimientos religiosos de resistencia y emancipaci\u00f3n se pierde una parte sustancial de la cultura cr\u00edtica de los de abajo. Y, por ende, dif\u00edcilmente entender\u00e1 esta dimensi\u00f3n pol\u00edtico-moral del pensamiento de Valverde.<\/p>\n<p>Sus pascalianas razones del coraz\u00f3n son doblemente apreciables en un fin de siglo en el que los intelectuales m\u00e1s l\u00facidos escriben repetidamente contra toda esperanza (o sea, contra toda ilusi\u00f3n racional de los de abajo) sin darse cuenta de que esta verdad, dicha a secas, s\u00f3lo para intelectuales, chocar\u00e1 siempre contra la protesta del porquero de Agamen\u00f3n que sabe ya que las verdades anal\u00edticas le condenan a ser porquero de por vida, en toda vida. Razones, pues, \u00e9stas de Valverde, muy parecidas a las que aduc\u00eda Girolamo Savonarola al contraponer a la excelsitud cultural de la Florencia de los Medici ese esc\u00e1ndalo que es el mal social, la intolerable presencia del mal en la pl\u00e9tora miserable. Ahora sabemos que tambi\u00e9n aquel trueno tuvo algo que ver con el origen de la modernidad europea, de la modernidad habitualmente ignorada: con otro concepto, radical, de la vida democr\u00e1tica en comunidad.<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n en nuestro mundo.<\/p>\n<p>En su reflexi\u00f3n filos\u00f3fica Valverde dio la primac\u00eda a la conciencia ling\u00fc\u00edstica: ense\u00f1anza de la edad y del trabajo del traductor y del poeta. El desvelamiento de esta conciencia tuvo en \u00e9l como resultado interesant\u00edsimas lecturas cr\u00edticas de Nietzsche y Heidegger y agudas cr\u00edticas literarias. Podr\u00eda decirse que su singular aportaci\u00f3n a la historia de las ideas se inspira igualmente en esta conciencia. Y en relaci\u00f3n con ella hay que entender sus intervenciones en el campo de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica. Pues fue la conciencia ling\u00fc\u00edstica lo que llev\u00f3 a Valverde a rechazar las cosmovisiones cerradas y aseadillas, de origen rom\u00e1ntico, y las filosof\u00edas sistem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>El viejo Valverde capt\u00f3 muy bien que hay otro \u00abgiro ling\u00fc\u00edstico\u00bb en lo profundo de la sociedad de los pobres, humillados y ofendidos de este imperio \u00fanico y que el nuevo lenguaje que puja hoy por brotar (entre el pensamiento crudo que se eleva de las selvas peruanas y el lirismo zapatista que nace del indigenismo en la selva lacandona) no es precisamente apol\u00edtico, como ingenuamente creen aqu\u00ed, en esta otra parte del mundo, tantos intelectuales, sino precisamente prepol\u00edtico, expresi\u00f3n de la dignidad. Casi todo est\u00e1 ah\u00ed: en el esfuerzo por configurar un nuevo lenguaje con el que repetir la vieja verdad de los de abajo, a saber: que es justo rebelarse contra el pensamiento \u00fanico, impuesto, y que sigue habiendo razones morales en favor de la igualdad radical. Aunque eso vaya contra nuestros intereses de privilegiados.<\/p>\n<p>Al pensar con humildad sobre el filosofar de los pobres sin miseria en el tren del trabajo Valverde nos dej\u00f3 una verdad tan simple y antigua como grande. Escribi\u00f3 de ellos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">Ya han visto qu\u00e9 es el mundo<br \/>\ny s\u00f3lo piden dignidad<\/p>\n<p>Cuando dijo esto, en un poema sintom\u00e1ticamente titulado \u00abFilosof\u00eda\u00bb, muchos pensamos que eso de la dignidad era poco pedir. No sab\u00edamos, nosotros, qu\u00e9 es el mundo. Ahora sabemos que esto de la dignidad es ya mucho.<\/p>\n<p>Que descanse en paz Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde, poeta y fil\u00f3sofo, amigo, compa\u00f1ero del alma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 2. Cambiar de otra\u00a0 manera. Recuerdo de Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde<\/b><\/h3>\n<p><em>Publicado en <\/em>El Ciervo<em>, n\u00ba 541, abril de 1996, p. 20.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i>J\u00b4ai chang\u00e9. Comme vous. <\/i><br \/>\n<i> Mais d\u00b4une autre mani\u00e8re<\/i> (Verlaine)<\/p>\n<p>El 6 de junio muri\u00f3 en Barcelona Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. Poeta, pensador, traductor, esteta y profesor universitario, Valverde fue tambi\u00e9n un s\u00edmbolo de la \u00e9tica de la resistencia: en la d\u00e9cada de los sesenta, por su talante solidario con los estudiantes y profesores que luchaban contra la dictadura de Franco; desde su regreso de Canad\u00e1, donde hab\u00eda tenido que exiliarse, por su apoyo constante y desinteresado a los movimientos revolucionarios de Am\u00e9rica Latina y por su compromiso cristiano y comunista.<\/p>\n<p>Sosten\u00eda Valverde, en una entrevista concedida hace poco a <i>Mundo Obrero,<\/i> que pol\u00edticamente \u00e9l hab\u00eda sido muy tard\u00edo, un sobrevenido. Y digo yo que este llegar tarde a la pol\u00edtica no debe de ser mala cosa. Pues lo que Valverde se atrev\u00eda a decir en estos \u00faltimos tiempos, contra la corriente, lleva el camino de convertirse en desvelamiento de una verdad importante para el fin de siglo.<\/p>\n<p>No creo que los pol\u00edticos al uso le hicieran mucho caso cuando hablaba de resistencia y sacrificio frente a la injusticia del capitalismo como cultivo cristiano de un instinto. Los pol\u00edticos al uso est\u00e1n por lo general ocupados en cosas rutinarias. Y las verdades a las que estaba apuntando Valverde desde 1983 no son de este mundo rutinario.<\/p>\n<p>Se preguntaba Valverde, en una emotiva intervenci\u00f3n reciente a prop\u00f3sito de las memorias de Gregorio L\u00f3pez Raimundo, qu\u00e9 estar\u00eda haciendo \u00e9l, poeta y esteta, cuando los h\u00e9roes de la resistencia antifranquista se jugaban la vida en un oscuro trabajo de organizaci\u00f3n clandestina. No era la primera vez que Valverde volv\u00eda los ojos hacia su pasado autocr\u00edticamente. Tampoco esto es cosa que hagan los pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Pero digo yo, que le conoc\u00ed entonces, en los a\u00f1os de la resistencia antifranquista, que tambi\u00e9n \u00e9l hac\u00eda en los a\u00f1os duros algo grande y dif\u00edcil de pagar con el \u00f3bolo en curso: ense\u00f1aba a los j\u00f3venes estudiantes de letras la coherencia entre el decir y el hacer. \u00c9l fue de los primeros en adaptar simb\u00f3licamente la camiseta con las palabras del poeta Jos\u00e9 Mart\u00ed: \u00bbHacer es la mejor forma de decir\u00bb. Y no la llevaba puesta para ninguna foto publicitaria. Porque Valverde era entonces, en la d\u00e9cada de los sesenta, un socialista de la galaxia William Morris.<\/p>\n<p>En aquellos tiempos la galaxia William Morris apenas era transitada por los socialistas. Los j\u00f3venes prefer\u00edan la jerga dura del estructuralismo y el discurso cientificista. Pero Valverde ense\u00f1aba que las razones del coraz\u00f3n y la educaci\u00f3n de los sentimientos tambi\u00e9n tienen que ver con el socialismo. Pas\u00f3 el tiempo y de lo que fue el discurso dominante de aquellos a\u00f1os ha quedado muy poca cosa que pueda ser contada y aconsejada a los m\u00e1s j\u00f3venes. Queda, sin embargo, la otra palabra: la de la solidaridad de la est\u00e9tica con la \u00e9tica, la que llev\u00f3 a Valverde al destierro cuando la Dictadura expuls\u00f3 de las aulas universitarias a Aranguren, a Tierno, a Garc\u00eda Calvo, a Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>No, Valverde no era en esto un sobrevenido. Hace ya treinta a\u00f1os era un amigo de los rojos que apreciaban en \u00e9l la palabra clara y el hacer coherente del poeta que cumple como cumplen los poetas, sin aspavientos.<\/p>\n<p>Sosten\u00eda Valverde que desde entonces \u00e9l hab\u00eda cambiado. Y es cierto. En 1996, cuando casi todos reniegan del viejo ideal, \u00e9l se llamaba a s\u00ed mismo comunista. No se ocupaba de las antiguas rencillas que enfrentaron a los frailes obnubilados nacidos de la resaca del 68. S\u00f3lo levantaba la voz con humildad en nombre y a favor del comunismo hist\u00f3rico. Y digo yo que eso le honra en estos tiempos de olvidos e injusticias. Como Verlaine, tambi\u00e9n \u00e9l ha cambiado de otra forma. Ha seguido el camino contrario al que siguieron casi todos los intelectuales de su generaci\u00f3n. Nadie como \u00e9l se atrev\u00eda en estos tiempos a rebelare contra el hundimiento general de la Humanidad se\u00f1alando, adem\u00e1s, sus causas principales. Nadie como \u00e9l ha escrito palabras tan veraces contra la derrota que representa para los de abajo el que el capitalismo se haya hecho due\u00f1o sin reservas del mundo.<\/p>\n<p>Pero, precisamente porque hab\u00eda cambiado en la direcci\u00f3n contraria a la que tom\u00f3 la mayor\u00eda, Valverde segu\u00eda igual: los que le conocimos hace treinta a\u00f1os pod\u00edamos seguir reconoci\u00e9ndole durante los meses dif\u00edciles de la enfermedad. De pocos se puede decir eso. Su palabra de ahora, pronunciada en nombre de la necesidad del comunismo, volvi\u00e9ndose contra la cat\u00e1strofe ecol\u00f3gica y moral, segu\u00eda siendo la palabra de ayer. Hab\u00edan cambiado la forma y el tono. Y el compromiso con los explotados de aqu\u00ed, con los pobres de Am\u00e9rica, con los excluidos del mundo, se hab\u00eda hecho m\u00e1s firme, m\u00e1s decidido, m\u00e1s sostenido.<\/p>\n<p>Apreci\u00e9 mucho la intensificaci\u00f3n de este compromiso. Y el sentido del humor con que lo hac\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando yo era joven Valverde me hizo bajar de un burro, un d\u00eda, en la Facultad de Letras. Sosten\u00eda yo entonces que la sociedad comunista iba a superar la alienaci\u00f3n humana. Y Valverde me dijo que la alienaci\u00f3n del hombre es cosa demasiado profunda y antigua como para que pueda ser superada en el comunismo. En los \u00faltimos a\u00f1os Valverde hab\u00eda dado otra forma a aquella misma verdad que nos ense\u00f1\u00f3. Inspir\u00e1ndose en Rahner, ven\u00eda predicando en sus escritos que el juicio final de todos y de cada uno, en el evangelio, tiene algo de \u00abjuicio ateo\u00bb, porque entonces no se preguntar\u00e1 si uno se declar\u00f3 creyente en estos andurriales sino s\u00f3lo si dio de comer al hambriento y cosas as\u00ed.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hab\u00eda escrito, dialogando con los suyos, que ser\u00eda mejor llamar \u00abfilosof\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb a lo que habitualmente se llama \u00abteolog\u00eda de la liberaci\u00f3n\u00bb. Buscando, supongo, el di\u00e1logo entre tradiciones. O, tal vez, echar una mano a los que siguen creyendo en la desalienaci\u00f3n absoluta en la sociedad comunista sin creer en Dios. Me alegr\u00e9 de esta interpretaci\u00f3n suya del cristianismo porque, siendo yo ateo de los que caminan por la acera paralela de enfrente, ve\u00eda en esta interpretaci\u00f3n del juicio la confirmaci\u00f3n del \u00abarrieros somos&#8230;\u00bb que tanto amaron Bergam\u00edn y Diamantino Garc\u00eda.<\/p>\n<p>Hace unas semanas, al decirle estas cosas que digo aqu\u00ed sobre el pol\u00edtico \u00absobrevenido\u00bb, Valverde se ri\u00f3 e hizo un chiste para quitar importancia a la cosa, record\u00e1ndome la imagen de una pel\u00edcula c\u00e9lebre cuya cinta sonora reproduce otra c\u00e9lebre canci\u00f3n. El disco se raya en el momento decisivo para suscitar la solidaridad c\u00f3mplice del espectador: \u00bbRojo ayer&#8230;rojo ayer&#8230; rojo ayer&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00ed, rojo ayer y rojo hoy. Su pol\u00edtica era otra forma de entender la pol\u00edtica: \u00e9tica de lo colectivo. Su pol\u00edtica era otra forma de llamar a la resistencia y a la participaci\u00f3n activa de las personas en los asuntos de la polis. Su pol\u00edtica era una forma de afirmaci\u00f3n de la dignidad del hombre.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde: el pol\u00edtico traduce al poeta.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un ejemplo de c\u00f3mo se puede cambiar y seguir siendo el mismo.<\/p>\n<p>Ahora Valverde nos ha dejado. Nos queda su palabra. Y su ejemplo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 3. Presentaci\u00f3n II Jornadas Institut de Cultura (1997)<\/b><\/h3>\n<p>1. Cuando se plante\u00f3, hace algunos meses, en IC el tema de las II Jornadas hubo un acuerdo un\u00e1nime entre las personas que formamos parte del Consejo del mismo: recordar a Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. La explicaci\u00f3n de esta unanimidad es muy sencilla: todos nosotros (hoy profesores de filosof\u00eda del arte, de filosof\u00eda moral y pol\u00edtica, de historia de la literatura, de teor\u00eda literaria o de literaturas comparadas) nos hemos formado escuchando y leyendo a Valverde, dialogando e intercambiando opiniones con \u00e9l. Todos nosotros hab\u00edamos conservado, al cabo de los a\u00f1os y m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias profesionales y de cualquier otro tipo, una excelente relaci\u00f3n de amistad con Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde. Y todos nosotros sent\u00edamos y sentimos que aquella relaci\u00f3n intelectual y de amistad nos enriqueci\u00f3, nos dignific\u00f3.<\/p>\n<p>Como eso mismo lo pensaban tambi\u00e9n otros amigos y profesores que ahora trabajan en la Universidad de Barcelona decidimos hacer de este recuerdo un motivo para la colaboraci\u00f3n interuniversitaria. El resultado de esta colaboraci\u00f3n es el programa que ustedes tienen. En \u00e9l se habla del prop\u00f3sito que nos ha traido aqu\u00ed: contribuir a renovar el innovador esp\u00edritu humanista e interdisciplinar de un hombre que fue maestro para muchos de nosotros y ejemplo de compromiso c\u00edvico.<\/p>\n<p>2. He de decir, para los m\u00e1s j\u00f3venes de los aqu\u00ed presentes, para los que no tuvieron ya la oportunidad de conocerle y escucharle o que le escucharon, tal vez, en una oportunidad cuando a\u00fan est\u00e1bamos en Balmes, que a Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde le debemos todos unas cuantas joyas intelectuales:<\/p>\n<p>[Aqu\u00ed anunciar la publicaci\u00f3n de las Obras completas]<\/p>\n<p>Y que el prop\u00f3sito del IC al invitar a Marti de Riquer, Andr\u00e9s S\u00e1nchez Pascual, Luis Izquierdo, Cintio Vitier y Fina Garc\u00eda Marruz ha sido precisamente continuar la reflexi\u00f3n de Valverde en los temas y campos que \u00e9l m\u00e1s quer\u00eda para enlazar as\u00ed con las preocupaciones de los m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n<p>3. Es para mi un alegr\u00eda y una satisfacci\u00f3n el haber podido colaborar en estas Jornadas.<\/p>\n<p>Y lo es no s\u00f3lo por un deber de amistad. Pues cuando uno se pone sin vacilar al servicio de los amigos y lo hace con sumo gusto, el gusano de la conciencia le viene a decir que, por eso mismo, si es un poco kantiano como yo, no es del todo virtuoso (como probablemente habr\u00eda dicho Jos\u00e9 Mar\u00eda parafraseando a Schiller con el buen humor que siempre le caracteriz\u00f3).<\/p>\n<p>Lo es, incondicionalmente: porque creo que al recordar a Valverde la Universidad, nuestras universidades cumplen tambi\u00e9n con su funci\u00f3n principal, que es la de transmitir de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n el saber de los que han sabido.<\/p>\n<p>4. Agradecimientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 4. <\/b><b>Nietzsche por Valverde<\/b><\/h3>\n<p><em>Rese\u00f1a de: Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde, <\/em>Nietzsche, de fil\u00f3logo a Anticristo<em>. Barcelona. Planeta, 1993, 243 p\u00e1ginas. No fechada.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A estas altura de la historia de Europa se ha escrito ya tanto sobre Nietzsche que las saludables virtudes cr\u00edticas de su obra han quedado frecuentemente sepultadas bajo la losa de las interpretaciones <i>ad hoc<\/i>; una losa labrada, con cuidado de expertos, por especialistas en transmutaciones de la palabra ins\u00f3lita (incluso ambigua o incomprensible para los m\u00e1s) en antidoctrina al servicio de causas que no hay por qu\u00e9 declarar.<\/p>\n<p>De este modo el pensamiento de Nietzsche se fue haciendo a lo largo del siglo bander\u00edn de enganche para buscadores de \u00abdinamita mental\u00bb e inaccesible sinsentido ego\u00edsta para intelectuales racionalistas convencidos de que siempre que vuelve a hablarse del viejo fil\u00f3sofo algo malo va a pasar. Y es que desde los lejanos tiempos en que entre los intelectuales centroeuropeos se fue imponiendo la llamada \u00abcultura de la crisis\u00bb (o sea, el desasosiego permanente, personal e intransferible, que producen las contradicciones culturales del capitalismo, la bomba silenciosa o el sufrimiento ante la belleza s\u00f3lo formal de nuestras nader\u00edas) Nietzsche ha sido siempre el pensador al que hab\u00eda que volver.<\/p>\n<p>Mediante este retorno, que para algunos empezaba a hacerse eterno, una parte de la filosof\u00eda licenciada ha logrado a veces mellar las aristas m\u00e1s cortantes de lo que inicialmente fue, como palabra en el tiempo, protesta radical contra todos los valores imperantes en la sociedad burguesa; otras veces (nada raras, por cierto) esa misma filosof\u00eda ha dado de Nietzsche una lectura tan sintom\u00e1tica, tan para iniciados, que s\u00f3lo lograba a\u00f1adir un poco de hermetismo a la declarada ambivalencia del fragmentarismo prof\u00e9tico del fil\u00f3sofo. De ah\u00ed que la filosof\u00eda licenciada haya tenido hasta ahora dificultades serias para competir en la presentaci\u00f3n de Nietzsche con las instrumentalizaciones pol\u00edticas del autor de<i> Zaratustra<\/i> por parte del nacional-socialismo y del marxismo estalinista.<\/p>\n<p>En este marco el <i>Nietzsche<\/i> de Valverde se distingue y resalta con luz propia. Valverde nos da aqu\u00ed otra muestra, y de las mejores, de aquel sugestivo enfoque ling\u00fc\u00edstico que tantos alumnos suyos hemos apreciado tambi\u00e9n en <i>Vida y muerte de las ideas:<\/i> hace f\u00e1cil lo dif\u00edcil, explica con palabras claras y precisas lo que en la mente del fil\u00f3sofo, al borde la locura, seguramente era nebuloso; y explica, adem\u00e1s, sin necesidad de complicar las cosas de que trata ni subirse a ese Monte de las Superaciones Filos\u00f3ficas desde el que otros ven con supuesta claridad meridiana todo el pasado hist\u00f3rico: s\u00f3lo pensando en los problemas que preocupaban o conmov\u00edan a Nietzsche <i>y a la vez<\/i> en los lectores de hoy que aspiran a entender aquellos problemas humanos por ser problemas de siempre.<\/p>\n<p>Creo que \u00e9ste de Valverde es el primer libro sobre Nietzsche en castellano (de los que yo conozco) que puede ser le\u00eddo sin desasosiego, y a\u00fan con simpat\u00eda hacia el personaje, por personas ajenas a la compa\u00f1\u00eda del nietzscheanismo. Mucho es. Ello se debe, en primer lugar, a un esfuerzo que sabr\u00e1n apreciar sobre todo los aficionados a la filolog\u00eda. A saber: que Valverde deja hablar al otro traduciendo (con la inestimable ayuda de S\u00e1nchez Pascual, desde luego) al castellano, bien y con gran cuidado, un pensamiento que, como se sabe, es alusivo, metaf\u00f3rico, aleg\u00f3rico, epigram\u00e1tico y casi siempre fragmentario. Pero tambi\u00e9n se debe, en segundo lugar, a que la lectura de Nietzsche que nos propone Valverde, desde este dar la palabra al otro, resulta comprensible, plausible y sugerente.<\/p>\n<p>Comprensible siempre. Plausible cuando, por ejemplo, interpreta el constante antifeminismo y la misoginia de Nietzsche como una necesidad subjetiva de mantener siempre la <i>distancia<\/i> respecto de las mujeres por miedo, por impotencia, por temor a la otra sensibilidad. Y sugerente en muchas p\u00e1ginas: cuando a prop\u00f3sito de la m\u00e1quina de escribir de Nietzsche (p\u00e1g. 114) reflexiona acerca del intelectual y las nuevas tecnolog\u00edas para la producci\u00f3n simb\u00f3lica; o, sobre todo, en la selecci\u00f3n de los pasos m\u00e1s inquietantemente anti-igualitarios, elitistas, del Nietzsche cr\u00edtico del socialismo: aqu\u00e9l que, al prever la \u00abintroducci\u00f3n masiva de pueblos b\u00e1rbaros de Asia y Africa\u00bb como consecuencia \u00faltima del rechazo del trabajo duro y grosero por las principales clases sociales en lucha en la vieja Europa (p\u00e1g. 72), estaba poniendo las bases de un pensamiento que merecer\u00eda el nombre (parad\u00f3jico, s\u00ed, pero fiel reflejo de las contradicciones culturales del capitalismo europeo) de \u00abreaccionarismo de extrema izquierda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDejar hablar al otro\u00bb y \u00abhacer f\u00e1cil lo dif\u00edcil\u00bb son dos cosas que, juntas, y hablando de filosof\u00eda, constituyen una buena virtud. Doblemente apreciable cuanto que en el caso del <i>Nietzsche<\/i> de Valverde hay, adem\u00e1s, punto de vista, clave de lectura. Este punto de vista est\u00e1 ya impl\u00edcito en dos de las palabras que dan t\u00edtulo al libro: de <i>fil\u00f3logo<\/i> a <i>Anticristo<\/i>. Pero se hace por completo expl\u00edcito cuando nuestro fil\u00f3sofo-poeta nos propone (p\u00e1g. 40) leer los dichos de Nietzsche dejando a un lado el declarado \u00abinmoralismo\u00bb nihilista del autor de <i>Zaratustra<\/i> para atenerse al sutil juego de un lenguaje que, por su tono, belleza e iron\u00eda, encubre un confuso horizonte de anhelos, expresados casi siempre mediante ideas nebulosas.<\/p>\n<p>Si se acepta esta clave de lectura, este punto de vista relativizador, o perspectivista, de todo lo mental, de ideas y valores (\u00bfy c\u00f3mo no aceptarlo hoy en d\u00eda?), no se considerar\u00e1 casual, en absoluto, el que las dos principales aportaciones de Valverde aqu\u00ed sean precisamente su interpretaci\u00f3n de las consecuencias que tuvo la temprana conciencia ling\u00fc\u00edstica de Nietzsche (\u00abEl lenguaje es lo m\u00e1s cotidiano de todo: hace falta ser un fil\u00f3sofo para ocuparse de \u00e9l\u00bb) y su unamuniano di\u00e1logo sobre religi\u00f3n y cristianismo con aquel solitario Anticristo de Sils-Mar\u00eda que estaba ya en los l\u00edmites de la locura (p\u00e1gs. 224-230): se va, pues, del dar la palabra al otro para que diga la suya al di\u00e1logo sobre qu\u00e9 sea la palabra que se quiere carne y es negada. En este di\u00e1logo abierto es el propio Valverde quien retoma finalmente la palabra para valorar, con tanto equilibrio como conciencia hist\u00f3rica, el aspecto \u00abanti-social\u00bb o \u00absupersocial\u00bb (an\u00e1rquico) del cristianismo y la tajante afirmaci\u00f3n de Nietzsche en el sentido de que el cristianismo de Jes\u00fas era ya una \u00abidiotez\u00bb.<\/p>\n<p>Buena cosa ser\u00eda, por cierto, que al cristianismo inquieto y comprometido con los de abajo en este final de siglo y de milenio no le pasaran desapercibidas las sugerencias, breves pero inequ\u00edvocas, que Valverde ha ido deslizando en estos p\u00e1rrafos al hilo de su dialogar con Nietzsche.<\/p>\n<p>Por su parte, el aficionado a la historia de las ideas apreciar\u00e1 sin duda la franqueza y claridad con que Valverde diferencia cronol\u00f3gicamente en Nietzsche entre los a\u00f1os de lucidez (incluso prof\u00e9tica) y los a\u00f1os de locura inequ\u00edvoca, aquellos en que el fil\u00f3sofo hace ya de la man\u00eda, y a\u00fan de megaloman\u00eda, meta casi \u00fanica de su estar en el mundo. Como apreciar\u00e1 igualmente la compasi\u00f3n con que el bi\u00f3grafo analiza aquellas otras iluminaciones que brotan de la noche oscura de las mismas man\u00edas nietzscheanas, \u00abcuando la plenitud del esp\u00edritu se le torna locura\u00bb, para decirlo con el verso de H\u00f6lderlin.<\/p>\n<p>\u00a1Ah! Y no dejen de leer los pies de las ilustraciones de <i>Nietzsche, de fil\u00f3logo a Anticristo<\/i>. No tienen desperdicio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<div id=\"sdfootnote1\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a> De \u00abHistoria de la Filosof\u00eda\u00bb, en JMV, <i>Obras completas<\/i>, 1, p\u00e1g. 274.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote2\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> <i>El arte del art\u00edculo (1949-1993),<\/i> Publicacions de la Universitat de Bearcelona, 1994, p\u00e1g. 11.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote3\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Momentos po\u00e9ticos de la explicitaci\u00f3n del propio punto de vista son: \u00abArist\u00f3teles\u00bb (OC 1, 273); \u00abEl uso de la palabra\u00bb (OC 1, 275); \u00abIntroducci\u00f3n a la f\u00edsica\u00bb (OC 1, 279); \u00abPre\u00e1mbulos de la fe\u00bb (OC 1, 285), donde se dice: \u00abYa tengo edad, ya puedo responder a todos en qu\u00e9 est\u00e1 puesta mi vida, a d\u00f3nde miro siempre [&#8230;] Si pregunt\u00e1is, respondo: pero no al modo usado, en un libro con notas bibliogr\u00e1ficas, o en una conferencia, sino en mi verso, en serio y a mi gusto\u00bb; \u00abDial\u00e9ctica hist\u00f3rica\u00bb (OC 1, 296); \u00abToma de conciencia\u00bb (OC 1, 296); \u00abFilosof\u00eda\u00bb (OC 1, 298); \u00abVida es esperanza\u00bb (OC 1, 311); y todo \u00abSer de palabra\u00bb (OC 1 319-336).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote4\">\n<p class=\"sdfootnote-western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote4anc\" name=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> <i>Diccionario de historia<\/i>. Barcelona, Planeta, 1995, p\u00e1g. 6.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote5\">\n<p class=\"sdfootnote-western\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote5anc\" name=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> <i>Nietzsche, de fil\u00f3logo a Anti-Cristo<\/i>.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote6\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote6anc\" name=\"sdfootnote6sym\">6<\/a> Ibid.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote7\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote7anc\" name=\"sdfootnote7sym\">7<\/a> Ibid.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote8\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote8anc\" name=\"sdfootnote8sym\">8<\/a> Adem\u00e1s de lo que dice en los apartados correspondientes de <i>Vida y muerte de las ideas<\/i> y en <i>La mente de<\/i> <i>nuestro siglo<\/i> (incluidas en este volumen) hay que ver \u00abEn este traspi\u00e9s de la historia\u00bb, art\u00edculo publicado inicialmente en la revista <i>mientras tanto<\/i> n\u00ba 43, noviembre-diciembre de 1990, y reimpreso luego en <i>El<\/i> <i>arte del art\u00edculo<\/i>, ed. cit. p\u00e1gs. 238-248.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote9\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote9anc\" name=\"sdfootnote9sym\">9<\/a> Y subrayado con la inclusi\u00f3n de \u00abSoren Kierkegaard: la dificultad del cristianismo\u00bb en el volumen titulado precisamente \u00abInterlocutores\u00bb (OC 2, 761 y ss.).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote10\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote10anc\" name=\"sdfootnote10sym\">10<\/a> \u00abTodo el lenguaje est\u00e1 comprado por los amos [&#8230;] El pobre no se atreve ni a usar como suyo el lenguaje\u00bb (En \u00abEl robo del lenguaje\u00bb, OC 1, 327].<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote11\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote11anc\" name=\"sdfootnote11sym\">11<\/a> A este respecto escribi\u00f3 en 1993: \u00bbEn las piezas m\u00e1s recientes se acent\u00faa quiz\u00e1 el compromiso, siquiera sea plat\u00f3nico, de orden social y pol\u00edtico, a contrapelo de la evoluci\u00f3n dominante hacia el nuevo orden mundial, que tambi\u00e9n parece absorber a la mayor\u00eda de los intelectuales.\u00bb <i>(El arte del<\/i> <i>art\u00edculo<\/i>, ed. cit. p\u00e1g. 232)<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"sdfootnote12\">\n<p class=\"sdfootnote-western\" align=\"justify\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote12anc\" name=\"sdfootnote12sym\">12<\/a> Ya en \u00abConversaci\u00f3n ante el milenio\u00bb hab\u00eda escrito:\u00bb\u00bfY quedar\u00e1n al fin los hombres, fuera de toda historia para siempre, con la mirada en alto, abiertos, limpios, preparados, sin m\u00e1s, a recibir la Venida Final de la Palabra?\u00bb OC 1, 323).<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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