{"id":13849,"date":"2023-06-06T05:00:01","date_gmt":"2023-06-06T04:00:01","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13849"},"modified":"2023-06-06T02:38:27","modified_gmt":"2023-06-06T01:38:27","slug":"sobre-el-pacifismo-de-einstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13849","title":{"rendered":"Sobre el pacifismo de Einstein"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Ciclo \u00abJusticia i Pau\u00bb, conferencia en el Pati Manning (Barcelona), 25\/II\/2000<\/em><\/p>\n<p><em>Anexo: \u00abPacifismo y ecologismo en la lucha pol\u00edtica contempor\u00e1nea\u00bb (1988)<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><br \/>\n<strong>I.<\/strong> Aunque la suma de las intervenciones de Albert Einstein contra el militarismo y en favor de la paz da sin duda para un volumen de proporciones respetables, seguramente, y para evitar exageraciones al uso, es indicado empezar diciendo que su pensamiento al respecto no tuvo car\u00e1cter sistem\u00e1tico. No hay en su obra una teorizaci\u00f3n precisa del motivo pacifista y antimilitarista ni tampoco particular aspiraci\u00f3n doctrinal. Einstein consideraba su pacifismo <em>como un sentimiento intuitivo m\u00e1s que como el resultado de una teor\u00eda elaborada.<\/em><\/p>\n<p>Pese a ello, y precisamente porque sus intervenciones en tal sentido fueron una constante desde los a\u00f1os de la primera guerra mundial, estas opiniones fragmentarias y ocasionales \u2014que, a buen seguro, pueden ser juzgadas como atisbos o tanteos\u2014siguen teniendo mucho valor no s\u00f3lo para el movimiento pacifista sino tambi\u00e9n, m\u00e1s en general, para todas aquellas personas que en la era nuclear se preocupan por hacer compatible un punto de vista de especie con el objetivo de la emancipaci\u00f3n social. Tales atisbos son, seg\u00fan creo, raz\u00f3n suficiente para justificar una relectura de los principales documentos en que fueron expresados. M\u00e1s all\u00e1 de eso, quien pretendiera hallar en la obra de Einstein un cuerpo doctrinal sistem\u00e1tico sobre pacifismo tapar\u00eda con ciertas protestas escritas del propio autor que conviene no desconocer.<\/p>\n<p>La primera de tales protestas no se refiere exclusivamente al pacifismo sino m\u00e1s en general a los asuntos pol\u00edtico-sociales y es su tan repetida como modesta declaraci\u00f3n seg\u00fan la cual \u00e9l s\u00f3lo se ocup\u00f3 de la cosa p\u00fablica intermitentemente, es decir, en aquellas contadas ocasiones en que sinti\u00f3 que esas cosas iban tal mal que era obligado intervenir al respecto. De creer al propio Einstein, nuestro hombre se habr\u00eda abstenido de manifestar opiniones personales en todos los dem\u00e1s casos no excepcionales: \u00abJam\u00e1s he hecho esfuerzo sistem\u00e1tico alguno por mejorar la suerte de los hombres, para combatir la injusticia y la represi\u00f3n y para mejorar las formas tradicionales de las relaciones humanas. S\u00f3lo hice esto: con largos intervalos, expres\u00e9 mis opiniones sobre cuestiones p\u00fablicas siempre que me parecieron tan desdichadas y negativas que el silencio me habr\u00eda hecho sentir culpable de complicidad\u00bb.<\/p>\n<p>Pero el lector dispuesto a tomarse al pie de la letra la modestia y la autoiron\u00eda de las declaraciones autobiogr\u00e1ficas de Einstein en relaci\u00f3n con sus actividades p\u00fablicas quede luego sorprendido por el n\u00famero de \u00e9stas y tiene necesariamente que llegar a la conclusi\u00f3n de que se encuentra ante uno de esos hombres a los que hay que admirar tanto por lo que hacen como por la humildad con que dicen haber hecho s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de lo que realmente hicieron.<\/p>\n<p>En este sentido probablemente tambi\u00e9n para \u00e9l vale su elogio del asesinado Walther Rathenau, que hab\u00eda sido ministro de relaciones exteriores durante la rep\u00fablica de Weimar: \u00abNo tiene m\u00e9rito ser idealista cuando se vive en Babia; lo tiene en cambio viviendo en la Tierra y conociendo su hedor\u00bb. Porque, efectivamente, lo que a primera vista puede parecer ingenuidad y hasta en ciertos momentos precipitada expresi\u00f3n de un esp\u00edritu infantil, ignorante de la pol\u00edtica como ciencia de lo posible, es en Einstein percepci\u00f3n profunda de las contradicciones del ser humano y de la vida del hombre en sociedad, consecuencia de una concepci\u00f3n zool\u00f3gica de la humanidad que no se deja bloquear por el pesimismo acerca del futuro de la especie ni siquiera cuando m\u00e1s datos tiene acerca del aumento de las probabilidades de un final catastr\u00f3fico.<\/p>\n<p>Hay a este respecto una an\u00e9cdota entre muchas que revela bien las dificultades de una aproximaci\u00f3n no beata ni superficial a la personalidad de Einstein. Ya en los a\u00f1os cincuenta el viejo Bertolt Brecht, con su olfato caracter\u00edstico para los grandes temas de \u00e9poca, quiso dedicar un montaje teatral a la vida de Einstein como forma de abordar directamente el asunto de la relaci\u00f3n entre ciencia y pol\u00edtica en la era nuclear. Brecht anduvo meses metido en ese proyecto (del que hay huellas significativas en su \u00faltima versi\u00f3n del <em>Galileo Galilei<\/em>) y, cuando buscando material para su obra se traslad\u00f3 a Polonia para interrogar a Infeld (que hab\u00eda sido durante alg\u00fan tiempo secretario de Einstein), \u00e9ste le dijo: \u00abEinstein no sirve para el teatro, no tiene a nadie a su lado. \u00bfCon qui\u00e9n le va a hacer dialogar?\u00bb.<\/p>\n<p>Un \u00abviajero solitario con buen humor y autoiron\u00eda\u00bb: el car\u00e1cter \u00abmanicomial\u00bb del ser humano y el \u00abideal de la pocilga\u00bb (sencillez, modestia, frugalidad).<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>II.<\/strong> He dicho que Einstein no fue un te\u00f3rico del pacifismo, sino un cient\u00edfico que se hace pacifista por intuici\u00f3n y convicci\u00f3n racional. La pregunta que hay que plantearse ahora es c\u00f3mo calificar el pacifismo de Einstein, d\u00f3nde ubicar su posici\u00f3n en la historia de las ideas modernas sobre la guerra y la paz.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed distinguir entre: 1] el punto de vista \u00ablegalizador\u00bb; 2] el punto de vista anal\u00edtico y\/o fenomenol\u00f3gico; 3] el punto de vista clasista y\/o populista; y 4] el punto de vista pacifista radical.<\/p>\n<p>En la medida en que Einstein fue siempre un cient\u00edfico y pensador muy respetuoso de las tradiciones se podr\u00eda decir, para empezar a enmarcar su posici\u00f3n en relaci\u00f3n con estas corrientes de pensamiento, lo siguiente: fue un ilustrado neokantiano que oscil\u00f3 a lo largo de vida entre el punto de vista \u00ablegalizador\u00bb y el pacifista radical, entre Kant y Tolstoi-Gandhi; que despreci\u00f3 en esto (pero s\u00f3lo en esto y por razonas morales) el punto de vista anal\u00edtico o fenomenol\u00f3gico (la tradici\u00f3n de Von Clausewitz) y se mantuvo siempre en di\u00e1logo cr\u00edtico con el punto de vista clasista y\/o populista caracter\u00edstico del movimiento obrero y del socialismo en el siglo XX.<\/p>\n<p>Para entender bien esto, que puede sonar a eclecticismo, hay que tener en cuenta que Einstein fue un tipo de cient\u00edfico muy singular: defensor del m\u00e9todo cient\u00edfico (hipot\u00e9tico-deductivo), pero atento tambi\u00e9n a la historia de la ciencia; defensor del an\u00e1lisis cient\u00edfico (\u00e9l era, sobre todo, un gran matem\u00e1tico), pero nada neopositivista, abierto siempre a la dimensi\u00f3n filos\u00f3fica de las teor\u00edas cient\u00edficas; y, al mismo tiempo, sin ver en ello contradicci\u00f3n, profundamente religioso, pero de una religiosidad <em>espinoziana,<\/em> laica y civil: era un \u00abhombre religioso pero no creyente\u00bb.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo, la \u00abreligiosidad\u00bb del no-creyente, es lo que le aproxima al pensamiento pacifista del viejo Tolstoi y de Gandhi. Y lo primero, es decir, su concepci\u00f3n abierta de la ciencia y del conocimiento, su criticismo y su escepticismo, es lo que le hace oscilar entre el punto de vista \u00ablegalizador\u00bb y cosmopolita, a lo Kant, y el antimilitarismo situacionista o \u00abpacifismo accidental\u00bb de la otra tradici\u00f3n, de la tradici\u00f3n socialista (entendiendo aqu\u00ed \u00absocialista\u00bb, en un sentido amplio que luego precisar\u00e9).<\/p>\n<p><strong>III. <\/strong>Hay tres fases o etapas claramente diferenciadas en el pacifismo de Einstein [1879-1955]. La primera se extiende desde 1914 hasta 1932; la segunda, desde el ascenso de Hitler al poder hasta 1945; y la tercera , desde la utilizaci\u00f3n de la bomba at\u00f3mica contra Hiroshima y Nagasaki hasta 1955.<\/p>\n<p>Voy a referirme ahora a lo m\u00e1s relevante de la evoluci\u00f3n del pensamiento de Einstein sobre la paz y la guerra en cada una de esas tres etapas. Pero antes querr\u00eda decir que hay en Einstein una convicci\u00f3n profunda que recorre su evoluci\u00f3n como un hilo rojo y que cambi\u00f3 nunca. \u00c9l la expres\u00f3 as\u00ed: \u00abEl peor producto de la vida de reba\u00f1o es el sistema militar, plaga de la civilizaci\u00f3n que deber\u00eda abolirse lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Odio el culto al h\u00e9roe, la violencia insensata y todo ese repugnante absurdo que se conoce con el nombre de patriotismo. Tengo tan alta impresi\u00f3n del g\u00e9nero humano que creo que este espantajo habr\u00eda desaparecido hace mucho si los intereses pol\u00edticos y comerciales, que act\u00faan a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza y de la prensa, no corrompiesen sistem\u00e1ticamente el sentido com\u00fan de las gentes.\u00bb<\/p>\n<p>Esta aversi\u00f3n a lo militar y a la militarizaci\u00f3n de la sociedad, junto con la desconfianza frente a los nacionalismos y la denuncia de la manipulaci\u00f3n de las gentes en nombre de las patrias, son rasgos que configuraron el ideario de Einstein durante toda su vida; rasgos que encontramos en su juventud y volveremos a encontrar en su vejez de Princeton, cuando al iniciarse la d\u00e9cada de los cincuenta se queja de que en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica se est\u00e1 sufriendo un proceso de militarizaci\u00f3n de la ciencia y de la sociedad que le recuerda al conocido durante su adolescencia en Alemania.<\/p>\n<p><strong>III.1<\/strong>. Hay dos circunstancias de la adolescencia y de la juventud de Einstein, previas a la formulaci\u00f3n de sus ideas pacifistas, que conviene tener en cuenta.<\/p>\n<p>Una: a los quince a\u00f1os [1895] manifestaba ya su oposici\u00f3n al tipo tradicional de ense\u00f1anza prusiana neg\u00e1ndose a aceptar la formaci\u00f3n paramilitar que entonces era de rigor en el Luitpold Gymnasiun de Munich. Y, sin duda, su traslado a Suiza, el contacto con m\u00e9todos educativos basados en la tolerancia, y la obtenci\u00f3n de la ciudadan\u00eda en un pa\u00eds tradicionalmente neutral fue para \u00e9l una satisfacci\u00f3n en la medida en que romp\u00eda as\u00ed, temporalmente, con aquellos m\u00e9todos autoritarios que siempre despreci\u00f3.<\/p>\n<p>Dos: Einstein no era precisamente un joven dotado de esas caracter\u00edsticas f\u00edsicas que acostumbran a valorarse en los cuarteles: en 1901 fue declarado inapto para el servicio militar. Y por lo que se sabe de los a\u00f1os inmediatamente siguientes a trav\u00e9s de los recuerdos que han dejado amigos suyos de esa \u00e9poca, tend\u00eda a verse a s\u00ed mismo como un inconformista, como un rebelde. Al referirse a esos a\u00f1os de juventud el propio Einstein escribi\u00f3 mucho tiempo despu\u00e9s que por entonces hab\u00eda llegado al convencimiento de que \u00abel Estado miente deliberadamente a los j\u00f3venes\u00bb, convicci\u00f3n de la cual le naci\u00f3 una permanente desconfianza ante todo tipo de autoridad.<\/p>\n<p>Su primer enfrentamiento p\u00fablico serio con los poderes establecidos (y tambi\u00e9n con la mayor\u00eda de sus colegas) tuvo lugar en 1914, despu\u00e9s de que hubiera regresado a Alemania y siendo miembro ya de la Academia Prusiana de Ciencias. En esa ocasi\u00f3n se neg\u00f3 a respaldar con su firma un llamamiento patri\u00f3tico de cient\u00edficos e intelectuales en favor de los derechos que supuestamente motivaban a los alemanes para la guerra. Fue \u00e9sta la primera ocasi\u00f3n \u2013aunque, desde luego, no la \u00faltima\u2013 en que Einstein se quedar\u00eda casi solo entre sus colegas alemanes por motivos pol\u00edtico-sociales.<\/p>\n<p>A partir de esa fecha entr\u00f3 en contacto con la minor\u00eda que en Alemania se opuso a la guerra y, a trav\u00e9s de algunos miembros de esta minor\u00eda, con los principales representantes del pacifismo europeo de la \u00e9poca, como Romain Rolland o Bertrand Russell. En seguida su nombre aparecer\u00eda en las fichas de la polic\u00eda de Berl\u00edn como pacifista notorio, sobre todo desde que, en 1915, uni\u00f3 su firma a la de otros intelectuales europeos contra la guerra, en favor de la cooperaci\u00f3n cultural entre los pueblos y en defensa de los derechos humanos.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os de entreguerras, y sobre todo hacia el final de la d\u00e9cada de los veinte, el pacifismo antimilitarista de Einstein se hizo m\u00e1s dr\u00e1stico, m\u00e1s radical. A esta radicalizaci\u00f3n contribuyeron acontecimientos que le tocaban de cerca, pero tambi\u00e9n reflexiones compartidas con otros acerca de la situaci\u00f3n internacional, sobre las causas de la guerra y sobre los factores psicol\u00f3gicos y culturales de la violencia entre los seres humanos. La visi\u00f3n pr\u00f3xima de la violencia antisemita que empezaba a te\u00f1ir el nacionalismo y el militarismo le afect\u00f3 profundamente, raz\u00f3n por la cual, sin considerarse en ning\u00fan momento sionista, hizo suya la causa de la \u00abtribu\u00bb jud\u00eda y comenz\u00f3 a intervenir p\u00fablicamente al respecto. El hecho de que \u00e9l mismo hubiera tenido que experimentar esa violencia, todav\u00eda incipiente al comienzo de los a\u00f1os veinte, en ocasi\u00f3n de una conferencia cient\u00edfica suya interrumpida y la noticia del asesinato de Walther Rathenau le convencieron de que la lucha por la paz obligaba a <em>luchar tambi\u00e9n por algo m\u00e1s que la paz.<\/em><\/p>\n<p>Este convencimiento se reforz\u00f3 en 1923-1924 por su experiencia negativa en el Comit\u00e9 para la Cooperaci\u00f3n Intelectual dependiente de la Sociedad de Naciones, organismo en el que Einstein hab\u00eda puesto muchas esperanzas y del que acab\u00f3 dimitiendo por considerar que sus actuaciones pr\u00e1cticas eran contrarias a la paz y a los derechos de las minor\u00edas.<\/p>\n<p>En 1923, al presentar la dimisi\u00f3n como miembro del Comit\u00e9 de Cooperaci\u00f3n Intelectual de la Sociedad de Naciones, Einstein todav\u00eda manifestaba su deseo de trabajar en un organismo supranacional que hiciera de \u00e1rbitro en los conflictos internacionales, pero su punto de vista acerca de la relaci\u00f3n entre el arbitraje supranacional para asegurar la paz y el respeto a los derechos de las minor\u00edas le imped\u00eda seguir colaborando con el organismo supranacional realmente existente. Los motivos en que fundament\u00f3 su decisi\u00f3n son suficientemente expl\u00edcitos y se refieren tanto al Comit\u00e9 de Cooperaci\u00f3n como a la misma Sociedad de Naciones; son motivos relativos a ese <em>algo m\u00e1s que la paz <\/em>a lo que se aspira y que, en el caso de Einstein, contradec\u00eda de hecho la paz de los imperios: la tibieza en la lucha contra el militarismo y el chovinismo que segu\u00eda impregnando la educaci\u00f3n oficial en los pa\u00edses miembros de la Sociedad de Naciones, las reticencias de su organizaci\u00f3n intelectual frente a los que postulaban un orden internacional radicalmente nuevo oponi\u00e9ndose a todo sistema militar, as\u00ed como la discriminaci\u00f3n que este mismo organismo practicaba en favor de las culturas estatalmente instaladas en perjuicio de las minor\u00edas culturales de todos los pa\u00edses.<\/p>\n<p>Cierto es que en esos a\u00f1os Einstein oscil\u00f3 entre el rechazo radical de la tibieza de las organizaciones supranacionales existentes y su aceptaci\u00f3n como mal menor para evitar la utilizaci\u00f3n propagand\u00edstica de su postura por parte del militarismo alem\u00e1n renaciente. Pero poco a poco fue llegando a la conclusi\u00f3n de que los medios para lograr el objetivo perseguido no eran primordialmente los tratados y las comisiones de arbitraje sino la intervenci\u00f3n activa de los ciudadanos en cada uno de los pa\u00edses.<\/p>\n<p>Sus intervenciones p\u00fablicas en la \u00e9poca inmediatamente anterior al triunfo del nazismo adquirieron un tono profundamente moralizador y en ocasiones prof\u00e9tico, tono al que no es ajena la comprobaci\u00f3n de la escasa resistencia de las poblaciones ante el empuje de una ideolog\u00eda que Einstein ve\u00eda ya como el embri\u00f3n del desastre no s\u00f3lo para Alemania sino para toda Europa.<\/p>\n<p>Rasgos de este antimilitarismo radical son: 1) la cr\u00edtica de la insuficiencia de las normas y tribunales de arbitraje; 2) la oposici\u00f3n al servicio militar obligatorio considerado como causa del patriotismo nacionalista; 3) la defensa del desarme generalizado y el rechazo, por insuficiente, del gradualismo; 4) la admisi\u00f3n del unilateralismo en la pol\u00edtica de desarme; 5) la defensa de la renuncia parcial a las soberan\u00edas nacionales; 6) la afirmaci\u00f3n del pacifismo como postulado \u00e9tico y, en consecuencia, la oposici\u00f3n absoluta a la guerra, y 7) la consideraci\u00f3n de la pr\u00e1ctica de la objeci\u00f3n de conciencia como medio principal de este pacifismo radical.<\/p>\n<p>Es natural que un punto de vista as\u00ed le condujera a acentuar, de un lado, la importancia de los <em>aspectos psicol\u00f3gicos<\/em> en la explicaci\u00f3n de fen\u00f3menos socioecon\u00f3micos y pol\u00edticos, y, de otro lado, el<em> valor moral,<\/em> la autenticidad y la veracidad de los individuos en la posible resoluci\u00f3n de los problemas de su \u00e9poca, esto es, la exigencia del cambio de mentalidad de los sujetos.<\/p>\n<p>El inicio de una correspondencia con Sigmund Freud acerca de los mecanismos profundos que impulsan al hombre a la guerra y a la violencia tiene para Einstein una motivaci\u00f3n inmediata, que es, por supuesto, el recrudecimiento de conductas violentamente militaristas en la fase de ascenso del nacional-socialismo en Alemania, pero en seguida deriva hacia la especulaci\u00f3n \u2014para la que Einstein busca un fundamento racional\u2014 sobre las pulsiones destructoras en el ser humano. Tal vez sea precisamente en esta correspondencia privada con Freud donde con m\u00e1s claridad se observa el <em>aristocraticismo moral<\/em> de Einstein. y su concepto nada maquiav\u00e9lico de la actividad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Ya los antecedentes invocados \u2014Jesucristo, Goethe, Kant\u2014 para proponer a Freud una elitista asociaci\u00f3n de sabios y cient\u00edficos con car\u00e1cter internacional, cuya finalidad ser\u00eda el regeneracionismo moral e intelectual de la humanidad bas\u00e1ndose en los ideales del pacifismo y la tolerancia, son ilustradores de un concepto pre-maquiav\u00e9lico y anti-maquiav\u00e9lico de la relaci\u00f3n entre moral y pol\u00edtica. E impresiona el que eso haya podido ser escrito en unos a\u00f1os en los que la mayor\u00eda se mostraba convencida de estar viviendo la definitiva aparici\u00f3n de las masas en la historia y la pugna de los partidos pol\u00edticos europeos por convertirse en mediadores entre masas y estado.<\/p>\n<p>Einstein vio bien una de las limitaciones de aquella irrupci\u00f3n \u2014el hecho de la manipulaci\u00f3n de las masas, precisamente\u2014 y capt\u00f3 igualmente la fragilidad de la funci\u00f3n mediadora de los partidos pol\u00edticos en una \u00e9poca de crisis econ\u00f3mica y social; pero su aristocraticismo, su individualismo intuitivo, le empujan una y otra vez, en esa correspondencia, hacia el l\u00edmite \u00faltimo del quehacer pol\u00edtico: la desconfianza respecto de lo social, de lo colectivo. As\u00ed, cuando en la primera carta propone a Freud \u2014al que considera \u00abel hombre menos propenso a ser v\u00edctima de los propios deseos\u00bb y del que dice que le escribe antes que a cualquier otro intelectual del mundo porque \u00absu juicio cr\u00edtico se apoya en un alt\u00edsimo sentido de la responsabilidad\u00bb\u2014 constituir una asociaci\u00f3n pacifista de car\u00e1cter internacional, en seguida a\u00f1ade: \u00abUna asociaci\u00f3n de este g\u00e9nero ser\u00eda sin duda v\u00edctima de todos los males que suelen destruir las asociaciones culturales, <em>peligros inseparablemente ligados a la naturaleza humana\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y todav\u00eda aparece m\u00e1s expl\u00edcito ese l\u00edmite cuando en julio de 1932 cree haber encontrado un camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra (la renuncia parcial a la soberan\u00eda nacional y la creaci\u00f3n de un organismo supranacional con poder decisorio para dirimir conflictos). En esa carta, casi sin soluci\u00f3n de continuidad, apostilla: \u00abPero me encuentro con una dificultad y es que un Tribunal es una instituci\u00f3n humana\u00bb. La tentativa de cortar ese nudo conduce derechamente a Einstein, como a tantos otros \u00abviajeros solitarios\u00bb, al borde del abismo. Y desde \u00e9l deja caer la pregunta de un hombre que por encima del escepticismo acerca de las instituciones humanas siente el deber imperativo de acabar con las guerras: \u00ab\u00bfEs posible controlar la evoluci\u00f3n mental del hombre como para ponerlo a salvo de las psicosis del odio y de la destructividad?\u00bb.<\/p>\n<p>Freud, por cierto, contestar\u00eda con cautela a esa pregunta.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que en privado se declaraba esc\u00e9ptico sobre las posibilidades de modificar la mentalidad imperante en torno al tema guerra (tal vez buscando en los interlocutores razones para el optimismo que \u00e9l no tenia), Einstein no dejaba de hacer, en esos a\u00f1os de entreguerras, propuestas alternativas al respecto. Y bien sea porque el deber imperativo de la conciencia le empuja a ello, bien porque la percepci\u00f3n de la psicosis militarista de masas le impide callar y le obliga a sobreponerse al pesimismo de la inteligencia, lo cierto es que no s\u00f3lo mantiene las cr\u00edticas al armamentismo, el servicio militar obligatorio y el nacionalismo sino que, al radicalizar estas cr\u00edticas, <em>los destinatarios de su discurso pacifista cambian<\/em>. Ya no son los gobiernos ni siquiera las instituciones oficiales verbalmente antibelicistas creadas al final de la primera guerra mundial (o, por lo menos, no lo son primordialmente), sino minor\u00edas activas en los m\u00e1rgenes de la legalidad vigente.<\/p>\n<p>Poniendo el acento en la subjetividad y en los factores psicol\u00f3gicos, subrayando el car\u00e1cter de postulado moral del pacifismo en una \u00e9poca en la cual la tecnolog\u00eda militar empieza a hacer insoportable la vida humana, Einstein se dirige sobre todo a j\u00f3venes que se niegan a aceptar el servicio militar y a adultos dispuestos a respaldarles. Escribe entonces que el servicio militar obligatorio es causa principal de la decadencia moral de las poblaciones blancas; niega la posibilidad de que el desarme paso a paso vaya a conducir alg\u00fan d\u00eda al desarme pleno; postula la necesidad del desarme unilateral y de una vez por todas y pone, finalmente, en primer plano la exigencia de practicar y apoyar la objeci\u00f3n de conciencia. Einstein hab\u00eda sacado sus propias conclusiones sobre el \u00abpacifismo\u00bb institucional y tambi\u00e9n sobre la inconsecuencia de un pacifismo que se declara antibelicista en abstracto pero se rinde ante los argumentos patri\u00f3ticos. Y es tambi\u00e9n dr\u00e1stico a este respecto: \u00abEsos individuos no son de fiar en un momento de crisis, como demostr\u00f3 sobradamente la [primera] guerra mundial\u00bb.<\/p>\n<p>Este llamamiento a la objeci\u00f3n activa y a la desobediencia civil contra las actividades armamentistas y militares de los gobiernos situaba al pacifismo de Einstein fuera de la legalidad alemana. \u00c9l sab\u00eda que era as\u00ed y por eso se refiere abiertamente a la objeci\u00f3n como a una \u00ablucha ilegal\u00bb cuyo prop\u00f3sito es convertir la cuesti\u00f3n del pacifismo en un problema agudo para los gobiernos. Contaba, una vez m\u00e1s, con el vigor moral de los objetores y con el entusiasmo que su ejemplo pod\u00eda llegar a suscitar en los esp\u00edritus valerosos y fuertes. Respecto de esto Einstein pens\u00f3 siempre que el \u00fanico medio racional de educar es dar ejemplo y en los momentos malos, cuando no hay otro remedio, al menos un ejemplo que ponga sobre aviso. El contexto de tales intervenciones sigue siendo la situaci\u00f3n alemana inmediatamente anterior al triunfo del nazismo, la \u00e9poca de la rep\u00fablica de Weimar.<\/p>\n<p><strong>III.2<\/strong>. En 1993, ya antes de su llegada a EE.UU., donde vivir\u00eda hasta el final de sus d\u00edas, Einstein abandon\u00f3 el punto de vista pacifista \u00abradical\u00bb. El factor b\u00e1sico de ese cambio fue la llegada al poder del nacional-socialismo en Alemania. Esa cambio es apreciable en las cartas que escribi\u00f3 (a Paul Langevin, al rey Alberto de B\u00e9lgica, al antimilitarista franc\u00e9s Alfred Nahon, a los miembros de la \u00abWar Resisters&#8217;International\u00bb) y en las intervenciones p\u00fablicas que tuvo durante su estancia en B\u00e9lgica, en Francia y en Inglaterra antes de su llegada a Princeton.<\/p>\n<p>El 1\u00ba de julio de 1933 escrib\u00eda: \u00abHe de confesar que la \u00e9poca no me parece propicia para seguir defendiendo algunas proposiciones del movimiento pacifista radical. Por ejemplo, \u00bfc\u00f3mo podemos aconsejar a un franc\u00e9s o a un belga que se niegue a cumplir el servicio militar ante el rearme alem\u00e1n?, \u00bfdebemos lanzar una campa\u00f1a para defender esta pol\u00edtica? Francamente, no lo creo. Me parece que en la situaci\u00f3n actual hemos apoyar una organizaci\u00f3n de fuerza supranacional y no preconizar la abolici\u00f3n de todas las fuerzas militares. Los acontecimientos recientes han constituido para mi una lecci\u00f3n en este sentido.\u00bb<\/p>\n<p>El 14 de julio del mismo a\u00f1o da su opini\u00f3n al rey de B\u00e9lgica: no hay que criminalizar la conducta de las personas que por razones religiosas o morales se niegan a cumplir el servicio militar; hay buscar un tipo de servicio social sustitutorio; pero en las actuales circunstancias, y teniendo en cuenta la militarizaci\u00f3n de Alemania, hay que mantener las fuerzas armadas de B\u00e9lgica con car\u00e1cter defensivo. M\u00e1s expl\u00edcito todav\u00eda es una carta (del 20 de julio de 1933) a Alfred Nahon: \u00abSi yo fuera belga, no me negar\u00eda, en las circunstancias actuales, a hacer el servicio militar; muy al contrario, ir\u00eda a cumplirlo con alegr\u00eda, convencido de que, con ello, contribuir\u00eda a salvar la civilizaci\u00f3n europea\u00bb.<\/p>\n<p>En esos meses de 1933 Einstein no consider\u00f3 que sus opiniones pacifistas hubieran cambiado. Declar\u00f3, una y otra vez, que segu\u00eda manteniendo, en general, los mismos principios antimilitaristas y pacifistas, aunque preconizaba <em>un cambio de m\u00e9todo de actuaci\u00f3n<\/em> como consecuencia del cambio de situaci\u00f3n que se estaba produciendo en Europa. Esto le enfrent\u00f3 a varias de las organizaciones pacifistas europeas y americanas del momento y le alej\u00f3 por alg\u00fan tiempo de Romain Rolland y de otros pacifistas de la \u00e9poca de la primera guerra mundial. Einstein formul\u00f3 entonces varios argumentos en favor de este cambio de m\u00e9todo tratando de probar al mismo tiempo que no se trataba, en su caso, de un abandono de los principios pacifistas.<\/p>\n<p>Al secretario franc\u00e9s de la Liga de Objetores de Conciencia Einstein le record\u00f3 algo que \u00e9l mismo hab\u00eda escrito unos a\u00f1os antes, a saber que \u00abpara algunas tribus negras de \u00c1frica la renuncia a la guerra significar\u00eda exponerse a los graves peligros\u00bb y que hab\u00eda que distinguir esa situaci\u00f3n de la existente en las naciones civilizadas de Europa. Pero a continuaci\u00f3n ejemplific\u00f3 dr\u00e1sticamente su caracterizaci\u00f3n de la nueva situaci\u00f3n. \u00abLa situaci\u00f3n en Europa (y, se\u00f1aladamente en la Alemania nazi) se ha aproximado m\u00e1s a las condiciones de Africa\u00bb. Este argumento, obviamente, no es muy bueno. La comparaci\u00f3n suscita dudas y da lugar a equ\u00edvocos. Es mejor, como argumento para el cambio de m\u00e9todo, la prognosis de Einstein (hecha en septiembre de 1933) sobre la futura evoluci\u00f3n de los acontecimientos en Alemania:<\/p>\n<p>Estoy convencido de que la evoluci\u00f3n en Alemania acabar\u00e1 produciendo acciones b\u00e9licas parecidas a las de Francia despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n. Si este proceso se desarrolla sin obst\u00e1culos, los \u00faltimos restos de libertad personal en el continente europeo ser\u00e1n destruidos<\/p>\n<p>En esas circunstancias, los obst\u00e1culos a oponer, seg\u00fan Einstein, no pueden ser ya s\u00f3lo morales, ni siquiera \u00e9tico-pol\u00edticos. Por dos razones: porque en los pa\u00edses con un r\u00e9gimen fascista la negativa a cumplir el servicio militar significa el martirio y la muerte; y porque en los pa\u00edses que respetan los derechos pol\u00edticos de sus ciudadanos, la negativa a cumplir el servicio militar debilita la capacidad de resistencia de los sectores m\u00e1s sanos ante el agresor.<\/p>\n<p>Para hacer frente a una amenaza de las caracter\u00edsticas del nazi-fascismo se necesita \u00abuna fuerza organizada\u00bb. En pol\u00e9mica con el Comit\u00e9 belga de Opositores a la guerra y con otras organizaciones pacifistas que empezaban a tacharle de \u00abap\u00f3stata\u00bb o de renegado, Einstein fue precisando bastante m\u00e1s su postura en aquellos meses:<\/p>\n<p>1\u00ba. La negativa a hacer el servicio militar es inapropiada en los pa\u00edses que siguen siendo fieles a las instituciones democr\u00e1ticas (B\u00e9lgica, Francia, Inglaterra) y han de hacer frente al peligro nazi.<\/p>\n<p>2\u00ba. Para no ser fundamentalistas, los pacifistas pr\u00e1cticos o realistas deben, en esas circunstancias, dejar de propugnar la destrucci\u00f3n de la fuerza militar en general y pasar a defender el control internacionalizado de las armas y de las instituciones militares, una fuerza de polic\u00eda internacional que garantice la seguridad del mundo.<\/p>\n<p>3\u00ba. Esto se podr\u00eda concretar en la creaci\u00f3n de una fuerza militar internacional y en una reforma en profundidad de la Sociedad de Naciones que la haga operativa con una fuerza ejecutiva adecuada. Esta idea se concretar\u00eda en la organizaci\u00f3n de un tribunal de arbitraje internacional que disponga de medios para cumplir sus decisiones, o sea, con un tribunal internacional de justicia y una fuerza militar o de polic\u00eda permanente.<\/p>\n<p>4\u00ba. Para eso se necesita un acuerdo de cooperaci\u00f3n o alianza entre los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Rusia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queda, pues, del anterior pacifismo tolstoiano-gandhiano de Einstein? \u00bfHasta d\u00f3nde llega, desde la perspectiva de los ideales y de los principios, esta rectificaci\u00f3n del pacifismo?<\/p>\n<p>A la pregunta sobre Tolst\u00f3i y Gandhi, contesta Einstein en una entrevista publicada en agosto de 1935: \u00abNo creo que haya existido en el mundo un verdadero l\u00edder moral con influencia universal desde Tolst\u00f3i. El muchos sentidos sigue siendo el mayor profeta de nuestro tiempo. No hay nadie actualmente que pueda compararse con la profundidad de visi\u00f3n y con la fuerza moral de Tolst\u00f3i. Admiro much\u00edsimo a Gandhi, pero creo que se programa adolece de dos defectos: la no-resistencia es la manera m\u00e1s inteligente de luchar contra el adversidad, pero s\u00f3lo puede practicarse en condiciones ideales. Puede ser factible en la India contra los ingleses, pero no en la Alemania actual contra los nazis. Gandhi se equivoca tambi\u00e9n cuando quiere eliminar o minimizar la producci\u00f3n mecanizada en la civilizaci\u00f3n moderna. Esta producci\u00f3n existe y hay que aceptarla.\u00bb<\/p>\n<p>Y a la otra pregunta se puede contestar recordando la identificaci\u00f3n de Einstein, entre 1934 y 1935 con una causa c\u00e9lebre: la candidatura de Carl von Ossietzky, editor pacifista alem\u00e1n que hab\u00eda sido condenado a prisi\u00f3n durante la rep\u00fablica de Weimar, liberado luego y encerrado finalmente por el r\u00e9gimen de Hitler en un campo de concentraci\u00f3n (lo que le condujo, finalmente, a la muerte en 1938). Einstein desempe\u00f1\u00f3 un papel central, ya desde los EE.UU, en esta campa\u00f1a en favor von Ossietzky (recogiendo firmas de personalidades, escribiendo personalmente al comit\u00e9 Nobel y participando en m\u00edtines) lo que confirma, efectivamente, que su distanciamiento del pacifismo radical en esa \u00e9poca es m\u00e1s una cuesti\u00f3n de m\u00e9todos que de principios. El comit\u00e9 Nobel declar\u00f3 desierto el premio en 1935, pero se lo concedi\u00f3 a Ossietzky en 1936.<\/p>\n<p>Motivos personales (el impacto de la muerte de su segunda esposa, Elsa) y pol\u00edticos (la advertencia de las autoridades norteamericanas de que se mantuviera al margen de la pol\u00edtica) limitaron mucho las intervenciones p\u00fablicas de Einstein entre 1934 y 1939. Se dedic\u00f3, sobre todo, al trabajo cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Sobre la carta firmada por Albert Einstein y dirigida a F. D. Roosevelt el 2 de agosto de 1939 se ha escrito mucho. Y todav\u00eda ahora suele ser utilizada con intereses distintos e incluso contrapuestos al tratar el tema de la relaci\u00f3n entre ciencia y pol\u00edtica en las sociedades contempor\u00e1neas u ocuparse de la problem\u00e1tica m\u00e1s espec\u00edfica que vincula conocimiento cient\u00edfico-t\u00e9cnico e instituciones militares. No siempre, sin embargo, se dedica el mismo esfuerzo a reconstruir aquella historia, a pesar de que desde la publicaci\u00f3n de los archivos de Leo Szilard se dispone de documentaci\u00f3n de primera mano y detallada acerca del papel real que en ella jug\u00f3 Einstein.<\/p>\n<p>De la pl\u00e9yade de f\u00edsicos que tuvieron que ver, directa o indirectamente con el \u00abProyecto Manhattan\u00bb, Leo Szilard fue sin duda el que m\u00e1s conciencia pol\u00edtica ten\u00eda. Szilard capt\u00f3 muy pronto las derivaciones tecnol\u00f3gicas y las posibles aplicaciones practicas del descubrimiento de la fisi\u00f3n nuclear. En 1939 trabajaba con Fermi en un sistema de uranio y agua capaz de mantener dicha reacci\u00f3n. De sus conversaciones con otros colegas acerca de las investigaciones propias le naci\u00f3 la preocupaci\u00f3n por lo que pod\u00eda llegar a ocurrir en aquellas fechas si la Alemania nazi lograba hacerse con grandes cantidades de uranio procedentes de los yacimientos que B\u00e9lgica estaba explotando en el Congo. Fue en tal circunstancia cuando Szilard pens\u00f3 en Einstein.La carta que Einstein firm\u00f3 dice as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Se\u00f1or Presidente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Recientes trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard que he podido conocer en manuscrito me hacen suponer que el elemento uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energ\u00eda en el inmediato futuro. Ciertos aspectos de la situaci\u00f3n que se ha creado parecen aconsejar la atenci\u00f3n de la Administraci\u00f3n y, eventualmente, una acci\u00f3n r\u00e1pida. Creo, por tanto, que es mi deber poner en su conocimiento los hechos siguientes y formular algunas sugerencias.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">En los \u00faltimos cuatro meses, gracias al trabajo de Joliot en Francia y de Fermi y Szilard en Am\u00e9rica, se ha abierto la posibilidad de realizar una reacci\u00f3n nuclear en cadena en una amplia masa de uranio mediante lo cual se generar\u00eda una gran cantidad de energ\u00eda y una gran cantidad de nuevos elementos semejantes al radio. Ahora existe casi la certeza de que esto podr\u00e1 lograrse en un futuro inmediato.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Este nuevo fen\u00f3meno <em>podr\u00eda conducir tambi\u00e9n a la fabricaci\u00f3n de bombas<\/em> y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se pueda construir <em>bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes. Una sola bomba de este tipo, transportada por una nave y explosionada en un puerto, podr\u00eda f\u00e1cilmente destruir el puerto entero y una parte del territorio circundante. Tales bombas, no obstante, podr\u00edan resultar tal vez demasiado pesadas para ser aerotransportadas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Estados Unidos s\u00f3lo posee mineral de uranio muy pobre y en cantidades modestas. Hay mineral bueno en Canad\u00e1 y en la exChecoslovaquia, pero la fuente m\u00e1s importante de uranio est\u00e1 en el Congo belga.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Teniendo en cuenta esta situaci\u00f3n ser\u00eda oportuno establecer un contacto permanente entre la Administraci\u00f3n y el grupo de f\u00edsicos que en Am\u00e9rica trabajan sobre la reacci\u00f3n en cadena. Una posible forma de lograr esto ser\u00eda que usted confiara tal tarea a una persona de su confianza que pudiera operar eventualmente de manera no oficial. El trabajo de esta persona consistir\u00eda en:<\/p>\n<ol>\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ol>\n<li>a) contactar con los departamentos gubernamentales, tener a \u00e9stos informados de los desarrollos futuros y hacer sugerencias para una actuaci\u00f3n del gobierno, prestando particular atenci\u00f3n al problema que supone asegurar a los Estados Unidos la provisi\u00f3n de mineral de uranio,<\/li>\n<li>b) facilitar el trabajo experimental, que en la actualidad se lleva a cabo dentro de los l\u00edmites presupuestarios de los laboratorios universitarios, asegurando la provisi\u00f3n de fondos \u2013cuando sean requeridos\u2013 mediante contactos con personas privadas que est\u00e9n dispuestas a dar su contribuci\u00f3n a esta causa e incluso obteniendo la cooperaci\u00f3n de laboratorios industriales que cuenten con el instrumental necesario.<\/li>\n<\/ol>\n<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Tengo entendido que Alemania ha suspendido la venta del uranio de las minas checoslovacas de las que se ha apoderado. El que Alemania haya tomado esa decisi\u00f3n tan r\u00e1pidamente quiz\u00e1 se explica por el hecho de que el hijo del subsecretario alem\u00e1n, von Weisz\u00e4cker, forma parte del Kaiser Wilhelm Institut de Berl\u00edn en el que actualmente se est\u00e1 repitiendo una parte de las investigaciones americanas sobre el uranio.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Saludos cordiales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Einstein estuvo siempre de acuerdo con Szilard en lo que hace a la motivaci\u00f3n sustancial de la carta. En las varias ocasiones en que \u2013a\u00f1os despu\u00e9s\u2013 se refiri\u00f3 a este episodio, Einstein lament\u00f3 haber intervenido en \u00e9l, pero asumi\u00f3 su parte de responsabilidad compartida con Szilard. No hay que olvidar, adem\u00e1s, que \u2013independientemente de que las sospechas sobre las investigaciones alemanas relacionadas con el uranio resultaran a la postre exageradas\u2013 la iniciativa de Szilard y los dem\u00e1s se produc\u00eda en un momento en el que el comienzo de la segunda guerra mundial era inminente. Las sospechas parcialmente infundadas acerca de la capacidad cient\u00edfico-tecnol\u00f3gica del Instituto Kaiser Wilhelm y las prisas por dar la voz de alarma (prisas que, como hemos visto, tambi\u00e9n invadieron a Einstein) se explican por este otro hecho: todos los f\u00edsicos que inicialmente intervinieron en el asunto eran exiliados que conoc\u00edan bien la situaci\u00f3n pol\u00edtica alemana del momento y que por sus contactos internacionales y su formaci\u00f3n anterior pose\u00edan elementos de juicio m\u00e1s que suficientes sobre los institutos cient\u00edficos de la Alemania nazi.<\/p>\n<p>La documentaci\u00f3n conocida permite ratificar, seg\u00fan creo, la opini\u00f3n formulada antes: el papel de Einstein en el proceso que hab\u00eda de conducir a la fabricaci\u00f3n de la bomba at\u00f3mica fue peque\u00f1o y subalterno. Einstein puso su firma al aldabonazo de Szilard. Con ello llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Roosevelt. Insisti\u00f3 sobre el peligro de que la Alemania nazi estuviera poniendo las bases cient\u00edfico-tecnol\u00f3gicas para fabricar la bomba. Favoreci\u00f3 con su intervenci\u00f3n las investigaciones de Fermi y Szilard. Pero en el momento de su ultima intervenci\u00f3n en ese proceso, durante la primavera de 1940, muy pocos cre\u00edan realmente en Estados Unidos que lo que estaban haciendo Fermi y Szilard fuera a tener aplicaciones militares. En ese fecha la mayor\u00eda de los militares eran esc\u00e9pticos, algunos de los industriales con los que contact\u00f3 Szilard ni siquiera cre\u00edan en aplicaciones pr\u00e1cticas. El propio Fermi dud\u00f3 hasta 1942 de que fuera a salir una bomba de aquel trabajo. Queda, eso s\u00ed, la llamada de atenci\u00f3n, la posible influencia en las decisiones de Roosevelt. Pero tambi\u00e9n en esto hay que estar de acuerdo con Abraham Pais cuando en su biograf\u00eda escribe que la influencia de Einstein en Roosevelt fue marginal y que \u00e9ste se sinti\u00f3 influenciado sobre todo por los esfuerzos que estaban realizando los brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando estuvo seguro de la derrota militar de Alemania y de que, a pesar de ello, los dirigentes del Proyecto Manhattan estaban dispuestos a continuar con la fabricaci\u00f3n de la bomba y a lanzarla sobre Jap\u00f3n, Szilard se decidi\u00f3 a visitar nuevamente a Einstein. Fuera por respeto al secreto impuesto por las autoridades o por la delicada situaci\u00f3n en la que se encontraba desde meses antes a consecuencia de sus enfrentamientos con los dirigentes del proyecto, lo cierto es que Szilard fue en esa oportunidad muy prudente con Einstein. Hab\u00eda escrito un memor\u00e1ndum dirigido al Presidente Roosevelt en el que subrayaba, entre otras cosas, que el mayor peligro de una \u00abdemostraci\u00f3n norteamericana con la bomba radicaba en que eso desencadenar\u00eda una carrera para la producci\u00f3n de armas at\u00f3micas entre los Estados Unidos y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica\u00bb. Szilard ped\u00eda al presidente que a la hora de decidir sobre el uso o no de la bomba se pensara sobre todo en el futuro. La idea que \u00e9l se hab\u00eda hecho sobre el futuro ha resultado exacta. Pero, seg\u00fan cuenta en sus Memorias, a Einstein s\u00f3lo le dijo que hab\u00eda dificultades, sin llegar a concretar la naturaleza de \u00e9stas.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 a Einstein una carta de recomendaci\u00f3n para Roosevelt. Einstein la escribi\u00f3 y la fech\u00f3 el 25 de marzo de 1945. Roosevelt muri\u00f3 sin haber llegado a conocer el memor\u00e1ndum. Otras iniciativas, como la de James Frank chocaron con incomprensiones y obst\u00e1culos semejantes. Einstein lamentar\u00eda despu\u00e9s no haber intervenido en eso m\u00e1s activamente. Es seguro que su voz hubiera sido una m\u00e1s de las pocas que entre marzo y agosto de 1945 clamaron en el desierto. En cambio, resulta significativo que en la carta escrita a Von Laue poco antes de morir, carta en la que hace repaso de su actividad en relaci\u00f3n con la bomba at\u00f3mica, no mencione la gesti\u00f3n de Szilard a la que \u00e9l colabor\u00f3: \u00abDesgraciadamente no tuve participaci\u00f3n alguna en el llamamiento contra la utilizaci\u00f3n de la bomba en Jap\u00f3n. Todo el m\u00e9rito del mismo hay que atribu\u00edrselo a James Frank. \u00a1Si le hubieran hecho caso!\u00bb<\/p>\n<p><strong>III.3. <\/strong>Einstein qued\u00f3 muy impresionado por el bombardeo de Hiroshima. Seg\u00fan Helen Dukas, que era su secretaria desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo, el f\u00edsico no esperaba que realmente fueran a usarse las bombas at\u00f3micas. Reaccion\u00f3 como a finales de los a\u00f1os veinte: volvi\u00f3 a intervenir de forma muy activa en asuntos pol\u00edticos y sociales.<\/p>\n<p>Los diez \u00faltimos a\u00f1os de su vida fueron muy productivos desde este punto de vista. Es sintom\u00e1tico que la documentaci\u00f3n referida a este tipo de actividades durante el per\u00edodo 1945-1955 ocupe casi la mitad del volumen <em>Einstein on Peace.<\/em><\/p>\n<p>Sus temas principales en el per\u00edodo de 1945 a 1955 fueron los siguientes:<\/p>\n<p>1\u00ba. <em>La responsabilidad social de los f\u00edsicos<\/em> (y, mas en general, de los cient\u00edficos) en la era nuclear.<\/p>\n<p>En sus \u00faltimos a\u00f1os Einstein se refiri\u00f3 varias veces al \u00abdestino tr\u00e1gico\u00bb de los cient\u00edficos (en particular de los f\u00edsicos at\u00f3micos) y aludi\u00f3 a la ciencia como un producto ambivalente cuyo desarrollo enlaza con el viejo mito del <em>G\u00e9nesis<\/em>. La idea de levantar un movimiento por la paz cuyo pilar fueran cient\u00edficos conscientes de su destino tr\u00e1gico enlaza con un racionalismo autocr\u00edtico para el cual la raz\u00f3n es insuficiente cuando de lo que se trata es de garantizar la supervivencia de la especie humana sobre la tierra.<\/p>\n<p>En este sentido Einstein pensaba que el movimiento contra las armas nucleares en la \u00e9poca contempor\u00e1nea necesitar\u00eda de emociones y pasiones que en otros tiempos fueron propias de las \u00f3rdenes religiosas o, en otras palabras, que la racionalizaci\u00f3n del objetivo se complementara con una \u00abcultura \u00e9tica\u00bb, s\u00f3lidas creencias acerca del sentido de la existencia humana; solidez que Einstein s\u00f3lo ve\u00eda por lo general en las tradiciones, religiosas y en el comunismo como movimiento de masas.<\/p>\n<p>2\u00ba. La denuncia del<em> nuevo armamentismo<\/em>.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, en enero de 1947 -en un contexto en el que denunciaba la manipulaci\u00f3n de los cient\u00edficos por el poder pol\u00edtico- escrib\u00eda: \u00abPero el hecho es que actualmente los pa\u00edses no democr\u00e1ticos [la URSS, etc.] constituyen una amenaza menor para la paz internacional que los pa\u00edses democr\u00e1ticos, los cuales gozan de superioridad econ\u00f3mica y militar y han sometido a los cient\u00edficos a una verdadera movilizacion militarista\u00bb.<\/p>\n<p>3\u00ba. La cr\u00edtica del militarismo y de la militarizaci\u00f3n del pensamiento pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Cr\u00edtica al <em>poder desnudo<\/em> y a la militarizaci\u00f3n en el interior de los estados. Por \u00abpoder desnudo\u00bb Einste\u00edn entend\u00eda \u2013recogiendo una expresi\u00f3n de Russell\u2013 una situaci\u00f3n en la cual prevalecen los intereses militares, el estado garantiza la &#8216;inseguridad generar aboliendo derechos civiles b\u00e1sicos de los ciudadanos, controlando abiertamente la ense\u00f1anza, la investigaci\u00f3n y los medios de comunicaci\u00f3n y potenciando la caza de brujas por motivos pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos; una situaci\u00f3n en la que, adem\u00e1s, falta resistencia popular al generalizarse la creencia en el car\u00e1cter omnipotente de la fuerza f\u00edsica. M\u00e1s de una vez Einstein escribi\u00f3 en sus \u00faltimos a\u00f1os a ese respecto que el ejercicio del poder desnudo y la sumisi\u00f3n de los m\u00e1s a ese estado de cosas llevaba en su seno la destrucci\u00f3n del esp\u00edritu democr\u00e1tico y de la dignidad de la persona humana. Situaci\u00f3n tanto m\u00e1s parad\u00f3jica, \u00e9sta de la extensi\u00f3n de las constricciones del estado sobre los ciudadanos y la sumisi\u00f3n de los mismos al poder desnudo, cuanto que, por otra parte, dada la naturaleza de las nuevas armas, ese mismo poder no est\u00e1 ya en condiciones de garantizar la seguridad necesaria a los ciudadanos.<\/p>\n<p>4\u00ba. La exigencia de un <em>gobierno mundial<\/em> con car\u00e1cter operativo que supliera las deficiencias de las Naciones Unidas.<\/p>\n<p>Un gobierno mundial con capacidad real de intervenci\u00f3n dirigido por las tres grandes potencias militares de la \u00e9poca (USA, URSS y Gran Breta\u00f1a). En su opini\u00f3n de entonces, tal soluci\u00f3n ten\u00eda como presupuesto -y esto Einstein lo escribe polemizando seguramente con colegas suyos- el que el secreto de la bomba no fuera entregado por los Estados Unidos a la URSS, ni a las Naciones Unidas, sino solamente al gobierno mundial que se constituyera. La utop\u00eda de Einstein le vuelve realista cuando tiene que concretar los lugares de intervenci\u00f3n del gobierno mundial en posesi\u00f3n del arma decisiva. La justificaci\u00f3n del poder de intervenci\u00f3n se basa en una extensi\u00f3n al plano internacional de la regla democr\u00e1tica sobre mayor\u00edas y minor\u00edas. Por tanto, el gobierno mundial intervendr\u00eda all\u00ed donde una minor\u00eda oprima a la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>El mismo tono, tan bienintencionado como primitivo, tienen en este art\u00edculo su estimaci\u00f3n de las consecuencias posibles del gobierno mundial y la conclusi\u00f3n sobre el talante de la nueva \u00e9poca. Einstein formula ambas cosas como disyuntivas cerradas: un gobierno mundial puede desembocar en una tiran\u00eda mundial, pero ese peligro es preferible al car\u00e1cter pernicioso de las guerras. Y en lo que hace a la amenaza at\u00f3mica, no hay mal que por bien no venga: \u00abTal vez pueda intimidar a la especie humana hasta el punto de obligarla a poner orden en los asuntos internacionales, cosa que sin la presi\u00f3n del miedo jam\u00e1s llegar\u00eda a concretarse\u00bb.<\/p>\n<p>5\u00ba. La recuperaci\u00f3n de la vieja idea de la objeci\u00f3n de conciencia y la extensi\u00f3n de la misma a la desobediencia civil con una <em>orientacion gandhiana<\/em>.<\/p>\n<p>Ya en 1939, con ocasi\u00f3n del sexag\u00e9simo aniversario del l\u00edder hind\u00fa, Einstein hab\u00eda escrito un elogio del mismo en el que se advierten las viejas convicciones que siempre le acompa\u00f1aron: el recelo ante todo tipo de autoridad no basada en la moral y la oposici\u00f3n a la alta pol\u00edtica tecnol\u00f3gicamente orientada. Y, en efecto, el gandhismo ser\u00eda desde 1950 una constante en la reflexi\u00f3n pol\u00edtico-moral de Einstein: est\u00e1 presente en una entrevista radiof\u00f3nica concedida ese mismo a\u00f1o sobre la lucha por la paz; vuelve a aparecer, en 1951, en relaci\u00f3n con la reforma moral, cultural y educativa que Einstein consideraba necesaria; se convierte, en 1953, en m\u00e9todo prioritario de actuaci\u00f3n para resistir a las brutalidades del mccarthismo; y, por \u00faltimo, es presentado, en 1954, como la mejor forma de concretar el derecho de los hombres a la no cooperaci\u00f3n con un estado cuyas actuaciones en pol\u00edtica exterior e interior ponen en peligro la pervivencia de la especie y la dignidad de la persona.<\/p>\n<p>6\u00ba. La defensa de <em>una nueva forma de entender las cuestiones pol\u00edticas<\/em> y la intervenci\u00f3n en los problemas de la polis; nueva forma determinada por la prioridad que hab\u00edan tomado las relaciones internacionales en un mundo sometido al temor de las nuevas armas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Anexo: Pacifismo y ecologismo en la lucha pol\u00edtica contempor\u00e1nea<\/strong><\/h3>\n<p><em>Escrito fechado el 8\/1\/1988. Probable material para una conferencia.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi intenci\u00f3n es argumentar la necesidad en que nos encontramos de incorporar la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica y el punto de vista pacifista a la hora de continuar y renovar la lucha secular en favor de la emancipaci\u00f3n, o sea, en favor de una sociedad m\u00e1s justa e igualitaria en un mundo habitable.<\/p>\n<p>La era nuclear en la cual nos ha tocado vivir se caracteriza por la proliferaci\u00f3n (desde el final de la segunda guerra mundial, pero aceleradamente en la \u00faltima d\u00e9cada) de las armas at\u00f3micas, qu\u00edmicas y bacteriol\u00f3gicas. El armamentismo y el belicismo no son fen\u00f3menos nuevos; armas qu\u00edmicas y bacteriol\u00f3gicas hab\u00edan sido empleadas ya durante la primera guerra mundial. Lo nuevo, lo que representa un cambio sustancial en la historia de la humanidad tampoco es la cantidad de armas que llegan a fabricarse, sino su potencial destructivo, su capacidad potencial para terminar con toda civilizaci\u00f3n, para eliminar a la especie humana y a otros muchas especies de la faz de la Tierra.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la sensaci\u00f3n que hoy en d\u00eda tenemos de estar viviendo como de prestado, siempre con la espada de Damocles colgando sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<p>Pero es que, adem\u00e1s, ya la mera existencia del arsenal nuclear, qu\u00edmico y bacteriol\u00f3gico \u2013aunque no se utilice\u2013 tiene otras implicaciones o consecuencias que conviene no desconocer. La primera y principal de esas implicaciones o consecuencias es que la existencia, conservaci\u00f3n, proliferaci\u00f3n y constante renovaci\u00f3n de tales armas requiere un tipo de poder, una articulaci\u00f3n del poder y del control social, que hace de las poblaciones rehenes de los dominadores del mundo, de lo que suele llamarse el complejo industrial-militar-pol\u00edtico. Pues tantas y tan peligrosas armas exigen nuevos tipos de vigilancia sobre los ciudadanos.<\/p>\n<p>En efecto, aunque no fuera m\u00e1s que para conseguir que tantos ciudadanos olviden diariamente que est\u00e1n viviendo as\u00ed, de precario, con la espada de Damocles colgando sobre sus cabezas, con el peligro de ser liquidados sin saber por qu\u00e9, aunque no fuera m\u00e1s que por eso \u2013digo\u2013 hace falta un enorme control de individuos, grupos y colectividades (incluyendo en esto la vigilancia de las naciones por los gendarmes mundiales). Este enorme control de individuos, grupos y colectividades se consigue habitualmente de dos formas: mediante la represi\u00f3n y la violencia pura y simple y mediante la desinformaci\u00f3n e intoxicaci\u00f3n de las grandes masas. Las dos formas existen en nuestras sociedades. En los pa\u00edses dependientes suelen predominar la primera, en las sociedades donde hay democracia indirecta o \u00abrepresentativa\u00bb o formal, los gobiernos solo recurren a la represi\u00f3n pura y simple en \u00faltima instancia, mientras tanto intoxican y desinforman a trav\u00e9s de medios t\u00e9cnicos sofisticados. Como hemos tenido una experiencia reciente en este sentido, con motivo del refer\u00e9ndum sobre la OTAN, podemos ahorrarnos los detalles. No sin antes subrayar que la brutalidad de la represi\u00f3n y de la guerra en los pa\u00edses de \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina descalifican a quienes defienden que la existencia de las armas nucleares es una bendici\u00f3n porque gracias a ellas no ha habido guerra desde 1945. Este es un punto de vista \u00aboccidentalista\u00bb que solo llama \u00abguerras\u00bb a las que tienen lugar en el centro del Imperio.<\/p>\n<p>Es verdad que la militarizaci\u00f3n, el aumento constante de las fuerzas de polic\u00eda y la multiplicaci\u00f3n de los controles sociales no son una consecuencia \u00fanicamente del armamentismo nuclear. Pero, como se\u00f1alara Einstein despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, el arma at\u00f3mica favorece la afirmaci\u00f3n del <em>poder desnudo<\/em>. Precisamente por eso el historiador brit\u00e1nico y luchador desde antiguo en el movimiento pacifista, E. P. Thompson, ha dicho de nuestro tiempo que es una <em>\u00e9poca exterminista<\/em>, una en la cual muchas especies y, desde luego, toda nuestra civilizaci\u00f3n pueden ser exterminadas; una \u00e9poca en la cual el poder generado por las armas se va haciendo aut\u00f3nomo, escapa a los controles parlamentarios y \u2013como se basa en el secreto\u2013 se presenta cada vez m\u00e1s como poder independiente de los partidos pol\u00edticos y de los gobiernos elegidos. De manera que poco a poco se va creando una situaci\u00f3n que recuerda la caricaturizada por Kubrick en<em> Doctor Extra\u00f1oamor.<\/em><\/p>\n<p>Es esa situaci\u00f3n la que explica el resurgimiento de los movimientos pacifistas, que en los \u00faltimos a\u00f1os han sido sobre todo movimientos antinucleares. El origen reciente estuvo en la oposici\u00f3n al despliegue de los euromisiles de la OTAN en Europa. De ah\u00ed que la protesta haya sido mayor precisamente en Europa que en USA o Jap\u00f3n. Y de ah\u00ed que, al firmarse recientemente el acuerdo de limitaci\u00f3n de armas de medio alcance, algunas personas se hayan hecho la ingenua idea de que el problema que motiv\u00f3 la protesta\u00a0 est\u00e1 ya resuelto. Aunque el nuevo Tratado es sin duda un alivio de la tensi\u00f3n internacional, no hay que hacerse ilusiones al respecto. Es muy posible que ese mismo Tratado abra una nueva etapa de sustituci\u00f3n de armas obsoletas por otras nuevas y m\u00e1s sofisticadas (lo que en este caso quiere decir m\u00e1s mort\u00edferas todav\u00eda). Es decir, que la limitaci\u00f3n del arsenal existente no impedir\u00e1 seguramente el paso a los proyectos que se conocen con el nombre de \u00abguerra de las galaxias\u00bb. Eso es al menos lo que piensan la mayor parte de los analistas informados.<\/p>\n<p>De ah\u00ed hay que sacar necesariamente una conclusi\u00f3n: por alg\u00fan tiempo todav\u00eda la denuncia del armamentismo y la lucha contra la proliferaci\u00f3n nuclear seguir\u00e1 estando en primer plano, seguir\u00e1 siendo una cuesti\u00f3n central para todos aquellos que quieran mejorar la situaci\u00f3n social. Y en primer lugar para los socialistas y los comunistas europeos.<\/p>\n<p>En la medida en que el movimiento pacifista sea consciente de esta continuidad de la lucha en la era nuclear y mantenga su independencia respecto de los dos bloques militares tendr\u00e1 que plantearse y contestar a algunas preguntas hoy pendientes, como las siguientes: \u00bfqu\u00e9 pacifismo? \u00bfUn pacifismo fundamentalista o un pacifismo pragm\u00e1tico? \u00bfC\u00f3mo conciliar el punto de vista pacifista con el apoyo a movimientos armados que luchan en el tercer mundo por la liberaci\u00f3n, c\u00f3mo conciliar pacifismo y emancipaci\u00f3n social? \u00bfC\u00f3mo conciliar el pacifismo y la soberan\u00eda nacional? Algunas de esos problemas est\u00e1n ya hoy en el centro de la discusi\u00f3n en el seno del movimiento pacifista europeo, el cual, como es obvio, ha perdido fuera en estos dos \u00faltimos a\u00f1os. Es muy posible que la respuesta a preguntas como esas tenga que ser flexible y estar en funci\u00f3n de situaciones muy diferentes como las que realmente existen en nuestro mundo de hoy (\u00bfc\u00f3mo comparar \u2013a pesar de que muchas veces se hace son simpleza\u2013 la situaci\u00f3n en El Salvador, Per\u00fa, Colombia, etc, con la situaci\u00f3n en nuestros pa\u00edses europeos?). Pero por debajo de esa flexibilidad y del hipot\u00e9tico car\u00e1cter plural de las respuestas hay al menos dos cosas que no deber\u00edamos olvidar en Espa\u00f1a y en Europa; 1\u00ba que nuestra situaci\u00f3n es comparativamente privilegiada y que sigue habiendo guerras brutales en el mundo, y 2\u00ba que la lucha por la paz no es un objetivo t\u00e1ctico de tal o cual partido, organizaci\u00f3n pol\u00edtica o grupo, sino una exigencia prioritaria, fundamental, de toda persona sensible y consciente. Por eso es ahora una cuesti\u00f3n vital desprenderse de vicios tacticistas y de viejas tendencias a la instrumentalizaci\u00f3n del movimiento. Lo cual incluye no cejar en esa lucha cuando (como en los \u00faltimos tiempos) parece que los aires son m\u00e1s favorables a la paz.<\/p>\n<p>Un segundo rasgo caracter\u00edstico de nuestra \u00e9poca es la crisis ecol\u00f3gica incipiente. Fue a comienzos de los a\u00f1os setenta cuando las poblaciones empezaron a darse cuenta de que la afirmaci\u00f3n de algunos cient\u00edficos en el sentido de que hay que l\u00edmites naturales al crecimiento econ\u00f3mico indiscriminado es una verdad, una verdad que tiene que ser incorporada a nuestra visi\u00f3n del mundo, puesto que de ella se deriva una nueva forma de mirar a la naturaleza y, sobre todo, una nueva forma de comportarse en lo que respecta a los recursos naturales no renovables. As\u00ed pues, la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica fue cobrando cada vez m\u00e1s importancia a medida que los primeros datos de la incipiente crisis llegaban a las gentes; contaminaci\u00f3n de las ciudades, desaparici\u00f3n de la vida de los principales r\u00edos, lagos y mares, esquilmaci\u00f3n de las tierras, desertizaci\u00f3n progresiva de muchas zonas del planeta (entre ellas, y aceleradamente, Espa\u00f1a), debilitamiento de la capa de ozono, cambios clim\u00e1ticos, desastres naturales, etc.<\/p>\n<p>Las consecuencias directas e indirectas del conjunto de circunstancias que componen la llamada crisis ecol\u00f3gica est\u00e1n ya a la vista de todos aquellos que no quieren permanecer ciegos. Ya no es s\u00f3lo las molestias que producen los humos de veh\u00edculos y f\u00e1bricas que envenenan la atm\u00f3sfera indiscriminadamente. Es algo m\u00e1s que eso; los efectos negativos del industrializado depredador y biocida est\u00e1n llegando a zonas y lugares que hace unos cuantos a\u00f1os parec\u00edan muy seguros, muy al margen de la contaminaci\u00f3n: la salva amaz\u00f3nica, uno de los pulmones del planeta, est\u00e1 siendo saqueada en los \u00faltimos a\u00f1os, muchas especies se encuentran en trance de desaparici\u00f3n total, y aqu\u00ed mismo, en nuestro pa\u00eds, bajo nuestros ojos se est\u00e1 produciendo uno de los fen\u00f3menos de desertizaci\u00f3n m\u00e1s pronunciados de toda Europa. Es verdad que muchos de los efectos m\u00e1s negativos de la crisis ecol\u00f3gica no llegaremos a verlos nosotros, pero los ver\u00e1n y los sufrir\u00e1n nuestros descendientes. Por eso los economistas m\u00e1s sensibles a la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica han empezado a plantearse durante estos \u00faltimos a\u00f1os la urgencia de programas de transici\u00f3n ecol\u00f3gicamente fundamentados que tengan en cuenta lo que suele llamarse \u00abdistribuci\u00f3n intergeneracional de recursos\u00bb, es decir, la idea de que el mundo en cierto modo no se acaba con nosotros mismos, cn nuestra generaci\u00f3n. Esa idea, que siempre estuvo en la base de la lucha de la Humanidad por su emancipaci\u00f3n social, empieza a estar presente tambi\u00e9n ahora en relaci\u00f3n con la lucha por mejorar nuestro contacto con la naturaleza. De ah\u00ed han surgido los movimientos ecologistas primero y los denominados partidos verdees o listas alternativas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Los movimientos ecologistas, los grupos conservacionales y las personas que han decidido adoptar un punto de vista medioambientalista deben mucho a ec\u00f3logos pioneros, como Barry Commoner, y a personalidades y cient\u00edficos que dieron la voz de alarma, como aquellos que redactaron el primer informe al Club de Roma. Importa poco que tal o cual cifra, tal o cual aspecto tratado por el primer informe al club de Roma, no se corresponda exactamente con lo que hoy, quince a\u00f1os despu\u00e9s, podemos conservar en el planeta Tierra. Hay, desde luego, cifras m\u00e1s aproximadas en un informe como el <em>Global 2000<\/em>. Lo que de verdad importa es que aquel primer informe inauguraba una nueva manera de pensar acerca de la relaci\u00f3n entre los problemas econ\u00f3mico-sociales y los problemas medioambientales. Precisamente el rechazo de esa nueva forma de pesar y de la inevitable relaci\u00f3n existente entre el reconocimiento de los l\u00edmites del crecimiento, la cr\u00edtica de la civilizaci\u00f3n industrialista expansiva y la lucha por mejorar socialmente la suerte de los sectores m\u00e1s oprimidos de la humanidad fue un handicap que la izquierda europea no ha logrado superar todav\u00eda, a pesar de la rectificaci\u00f3n que a ese respecto empez\u00f3 a producirse hace cuatro o cinco a\u00f1os (y con m\u00e1s decisi\u00f3n desde la cat\u00e1strofe de Chernobyl).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo explicar la desatenci\u00f3n por la parte de la izquierda tradicional, y durante tantos a\u00f1os, de la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica? Seguramente, por tradicionalismo cultural, porque muchos dirigentes pol\u00edticos y sindicales pensaron que la contaminaci\u00f3n, la desertizaci\u00f3n, la desaparici\u00f3n de especies y, en general, el expolio de los recursos naturales no renovables eran cosas de poca monta, cuestiones menores al lado de la explotaci\u00f3n social y la opresi\u00f3n pol\u00edtica. Adem\u00e1s, algunos de esos dirigentes se quedaron en la observaci\u00f3n superficial de que los animadores de los primeros movimientos ecologistas eran estudiantes e intelectuales peque\u00f1oburgueses bien alimentados. Hubo incluso a mediados de la d\u00e9cada de los setenta m\u00e1s de un pol\u00edtico procedente de pa\u00edses africanos y latinoamericanos que denunci\u00f3 el ecologismo como una maniobra de los capitalistas o como un producto cultural de la sobreabundancia. Hoy sabemos que eso era una profunda incomprensi\u00f3n de lo que estaba ocurriendo tanto en el plano mundial como en los \u00e1mbitos locales. Y por eso mismo la actitud de los sindicatos y de los partidos pol\u00edticos relacionados con los trabajadores ha empezado a variar no s\u00f3lo en lo que respecta a la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica misma sino tambi\u00e9n en lo tocante a las relaciones con los ecologistas, con el movimiento ecologista.<\/p>\n<p>Precisamente por ello, porque felizmente ha\u00a0 empezado a cambiar la actitud de los sindicalistas tanto en las f\u00e1bricas como en las zonas rurales, este es un buen momento para enumerar algunos de los problemas que est\u00e1n abiertos y cuya resoluci\u00f3n depende en primer lugar de la relaci\u00f3n que acabe estableci\u00e9ndose entre las organizaciones de los trabajadores urbanos y agr\u00edcolas, por un lado, y el movimiento ecologista tal como est\u00e1 constituido por otro. En tal sentido conviene distinguir desde el primer momento entre ecolog\u00eda y ecologismo y a\u00fan entre ecologismo como tendencia meramente conservacionista y ecologismo pol\u00edtico. Pues de la ecolog\u00eda como ciencia pueden derivarse \u2013y de hecho as\u00ed ocurre\u2013 posiciones sociopol\u00edticas muy diferentes que abarcan todo el arco de las ideolog\u00edas. Y el mero conservacionismo \u2013por muy bien intencionado que est\u00e9\u2013 no siempre consigue liberarse de incrustaciones irracionalistas, por confundir los males de la civilizaci\u00f3n industrial con el desarrollo simple de la ciencia y de la tecnolog\u00eda tal como la hemos conocido hasta ahora.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo puede servir para llamar la atenci\u00f3n acerca de algo que no siempre tienen en cuenta algunos sectores de los movimientos ecologistas y pacifistas. A saber: que el marco econ\u00f3mico-social en el que se produce el avance del militarismo y la crisis ecol\u00f3gica incipiente es fundamental para concretar tanto el an\u00e1lisis como las propuestas alternativas. Ese marco viene caracterizado por factores como los tres siguientes: 1) La aparici\u00f3n de la tecnociencia como fuerza productiva directa y fundamental, lo que supone un impresionante desarrollo de la automatizaci\u00f3n y de la informatizaci\u00f3n (con efectos contrapuestos: de un lado liberaci\u00f3n de la fuerza de trabajo manual; pero de otro lado, nuevas posibilidades de manipulaci\u00f3n no solo social, sino tambi\u00e9n \u2013cosa peligros\u00edsima\u2013 de cerebros y de genes). 2) Difusi\u00f3n del imperialismo, tanto desde el punto de vista militar como desde el econ\u00f3mico y cultural, lo cual da lugar a la limitaci\u00f3n de las soberan\u00edas nacionales (limitaci\u00f3n, por lo general, aceptada por los gobiernos actuales de manera c\u00ednica o hip\u00f3crita). 3) Transformaci\u00f3n del mundo en una especie de <em>pl\u00e9tora miserable<\/em> en la que conviven, con diferencias insultantes, el despilfarro y la superabundancia con el hambre, la persistencia de las enfermedades debidas a la miseria con el aumento de las llamadas enfermedades de la civilizaci\u00f3n, propias de hartos materialmente.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pol\u00edtico es obvio que la tarea actual consiste en un acercamiento entre vieja y nueva izquierda, entre organizaciones de trabajadores y oprimidos y movimientos especialmente sensible a la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica y de la paz (sin olvidar lo que para inaugurar <em>una nueva forma de pensar<\/em> ha significado y significa el feminismo). Casi todo est\u00e1 todav\u00eda por hacer en ese sentido, aunque empieza a haber ejemplos interesant\u00edsimos en algunos lugares de Europa (sobre todo en la Rep\u00fablica Federal alemana). Pero en que est\u00e1 casi todo por hacer no justifica el que a veces esa lucha se presente a s\u00ed misma como una<em> utop\u00eda,<\/em> como algo por lo que vale la pena luchar pero no ser\u00e1 alcanzado nunca. Ser\u00eda una triste desgracia el que por exageraci\u00f3n pol\u00e9mica contra la ciencia y la tecnolog\u00eda de nuestra \u00e9poca se dejaran \u00e9stas exclusivamente en manos de los dominadores mientras que los trabajadores de la ciudad y del campo eligen la utop\u00eda. Por muy sana que sea moralmente la afirmaci\u00f3n del esp\u00edritu ut\u00f3pico en relaci\u00f3n con el pacifismo, el ecologismo y el igualitarismo, se hace necesario contestar con precisi\u00f3n y con efectividad (por emplear una palabra que a veces no gusta) a preguntas que son b\u00e1sicas y sin cuya contestaci\u00f3n no se puede esperar la movilizaci\u00f3n requerida de las masas. Contestar a preguntas como \u00bfqu\u00e9 tipo de comunidades alternativas en el plano local, regional y mundial? \u00bfQu\u00e9 producci\u00f3n de bienes y qu\u00e9 distribuci\u00f3n de los mismos para detener las m\u00e1quinas de guerra y paliar el hambre de una gran parte de la humanidad? \u00bfQu\u00e9 formas de participaci\u00f3n social y pol\u00edtica en las comunidades alternativas? \u00bfQu\u00e9 necesidades satisfacer prioritariamente en funci\u00f3n del punto de vista igualitario?, etc etc. es algo que implica estudiar, investigar y trabajar en programas econ\u00f3mico-ecol\u00f3gicos de transici\u00f3n, adem\u00e1s \u2013claro est\u00e1\u2013 de movilizarse y actuar por ellos y desde ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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