{"id":1385,"date":"2010-03-25T00:00:00","date_gmt":"2010-03-25T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1385"},"modified":"2020-02-21T17:32:25","modified_gmt":"2020-02-21T16:32:25","slug":"acerca-de-walter-benjamin-1892-1940-in-memoriam","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1385","title":{"rendered":"Acerca de Walter Benjamin (1892-1940). In memoriam"},"content":{"rendered":"<p>Walter Benjamin es autor de quien en modo alguno podr\u00eda afirmarse que haya venido siendo objeto de marginaci\u00f3n editorial en Espa\u00f1a. Desde las primeras traducciones (en general insatisfactorias) de sus textos, efectuadas por Jes\u00fas Aguirre para Taurus en el \u00faltimo tramo del tardofranquismo, hasta la presencia actual de los primeros vol\u00famenes de su obra completa (en curso de publicaci\u00f3n en Abada), Benjamin nunca ha dejado de estar al alcance del lector o lectora interesados en conocer las singulares elucidaciones cr\u00edticas de este pensador multidisciplinar y, como tal, al\u00e9rgico \u2013forma y contenido- a cualquier pretensi\u00f3n de asimilar reflexi\u00f3n filos\u00f3fica a construcci\u00f3n de sistema cerrado. No obstante, cabe albergar alguna duda respecto a si no se trata de un fil\u00f3sofo mucho m\u00e1s citado que efectivamente le\u00eddo1, rasgo que de confirmarse, y no bien se mire, compartir\u00eda en la actualidad con otros autores de la tradici\u00f3n emancipatoria. Desde luego, semejante hip\u00f3tesis abre de inmediato una serie de interrogantes nada accesorios en torno a la relaci\u00f3n que se puede\/debe (o se debe\/puede, que no es exactamente lo mismo) mantener con los escritos de la mencionada tradici\u00f3n, aspecto en cuyo examen no podemos demorarnos ahora por ser otro el prop\u00f3sito de la presente nota.<\/p>\n<p>En nuestra opini\u00f3n, el aludido mariposeo citatorio en torno a tales autores responde a una tendencia recurrente \u2013suele rebrotar en todo tiempo de restauraci\u00f3n y de derrota: de toda evidencia, el nuestro lo es-, destinada a musealizarlos mediante la exhibici\u00f3n de vida y obra en una de las vitrinas de objetos curiosos procedentes de un pasado tan remoto como extra\u00f1o. Es probable que de semejante tendencia derive asimismo la dificultad, se\u00f1alada no ha mucho por Carlos Piera a prop\u00f3sito justamente de Benjamin2, con la que de manera creciente tropieza el intento de rescatarlos de los ex\u00e9getas empe\u00f1ados en convertirlos en materia de exclusiva cultura. Esta nota pretende ser una modesta incursi\u00f3n por alguno de los senderos transitables en este \u00faltimo terreno.<\/p>\n<p>Cierto que la conversi\u00f3n nada inocente de los escritos de Benjamin en cultura, al menos en la acepci\u00f3n a la que apunta el comentario de Piera, ha de ser atribuida a m\u00faltiples factores y circunstancias. Vale decir tambi\u00e9n que esta conversi\u00f3n dista mucho de ser p\u00f3stuma. Y debe se\u00f1alarse por igual que en la intencionalidad de los dos principales responsables de una manipulaci\u00f3n tan prontamente iniciada son discernibles motivos de mayor peso pol\u00edtico que cultural. Por lo dem\u00e1s, apenas cuadra a M. Horkheimer y a T.W. Adorno el calificativo de ex\u00e9getas. Ambos fueron algo m\u00e1s que eso. Fueron, entre otros muchos y altos menesteres, amigos de Benjamin, el segundo de ellos muy en particular, dato \u00e9ste no exento de importancia para cuanto sigue.<\/p>\n<p>La historia es conocida, pero para nuestro prop\u00f3sito quiz\u00e1s convenga ahora evocarla de nuevo de forma sucinta. Durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os treinta del pasado siglo, las dificultades materiales e intelectuales con las que de antiguo se enfrentaba Benjamin experimentaron una pronunciada decantaci\u00f3n a peor. Tras exiliarse de la Alemania nazi a causa de su doble condici\u00f3n de jud\u00edo y de autor identificado con la izquierda de orientaci\u00f3n marxista, err\u00f3 por varias caminos del continente (\u201cvagabundo celeste\u201d pudo llamarle alguien) antes de instalarse definitivamente en Par\u00eds. Claro que trat\u00e1ndose de quien se trata, \u201cinstalarse definitivamente\u201d resulta expresi\u00f3n del todo inapropiada: en los siete a\u00f1os que pas\u00f3 en la capital de Francia (la abandonar\u00eda in extremis en junio de 1940, un d\u00eda antes de que la ocuparan las tropas hitlerianas), Benjamin nunca dispuso ni de domicilio ni de empleo estables (por lo que hace al primero, mud\u00f3 diecisiete veces de lugar de residencia en tan breve per\u00edodo). En 1933 inici\u00f3 su colaboraci\u00f3n con el Instituto para la Investigaci\u00f3n Social dirigido por Horkheimer, en cuya revista, Zeitschfrift f\u00fcr Sozialforschung, el autor de Los Pasajes publicar\u00e1 textos de muy variado calado.<\/p>\n<p>Obligado igualmente a emprender el camino del exilio, el Instituto, tras recalar un a\u00f1o en Ginebra, pudo finalmente hallar acomodo financiado en EEUU, donde algunos de los miembros del per\u00edodo frankfurtiano, junto a otros de reciente incorporaci\u00f3n, pudieron proseguir trabajando con relativa normalidad, y a salvo de las turbulencias europeas, bajo la f\u00e9rrea supervisi\u00f3n, como en el pasado, de Adorno y de Horkheimer, este \u00faltimo director del centro. Mientras tanto, la sobrevivencia de Benjamin, aquejado de graves trastornos card\u00edacos, ap\u00e1trida (hab\u00eda sido despojado de la nacionalidad alemana), sin recursos econ\u00f3micos y crecientemente aislado en un pa\u00eds que galopaba hacia el abismo, depend\u00eda en enorme medida \u2013es poco decir- de la modesta ayuda econ\u00f3mica, intermitente y nunca asegurada3, que pudieran hacerle llegar sus amigos del Instituto, con sede ahora en Nueva York. A partir de 1939, estos \u00faltimos trataron de conseguir para Benjamin un visado de entrada a los Estados Unidos dado el creciente riesgo que corr\u00eda en Francia. Las gestiones no dieron en nada, entre otros motivos porque Benjamin se mostr\u00f3 hasta el \u00faltimo momento muy renuente a abandonar el pa\u00eds; tampoco le entusiasmaba la perspectiva de emigrar a Palestina, como repetidamente le instaba a hacerlo su amigo Gershom Scholem4.<\/p>\n<p>Tanto Horkheimer como Adorno, cada vez m\u00e1s dispuestos a desplazar \u2013diluy\u00e9ndolas- las categor\u00edas marxistas hacia el \u00e1mbito de la psicolog\u00eda social, as\u00ed como tambi\u00e9n a asumir que la responsabilidad de una eventual separaci\u00f3n entre teor\u00eda y praxis siempre debe cargarse sobre las espaldas de la segunda, segu\u00edan no obstante apegados, por lo menos formalmente, a la dogm\u00e1tica de la Teor\u00eda Cr\u00edtica. De aqu\u00ed \u2013pero no tan s\u00f3lo de aqu\u00ed, como hemos de ver enseguida- que, pese al inter\u00e9s con que lo segu\u00edan, contemplaran con evidente recelo el inclasificable programa de trabajo que se hab\u00eda trazado Benjamin. En efecto, juzgaban nebulosa y poco mediada por la dial\u00e9ctica la cartograf\u00eda imaginaria de la modernidad que \u00e9ste se propon\u00eda trazar del siglo XIX tomando como centro fantasmag\u00f3rico de la misma la capital parisina, una tentativa -sin precedentes ni continuidad- armada desde una intencionalidad cultural y pol\u00edtica realmente innovadora. Llevados por una desconfianza de la que tampoco era ajena la estrecha relaci\u00f3n que Benjamin manten\u00eda \u2013no exenta tampoco de alg\u00fan problema- con B. Brecht (para Adorno una aut\u00e9ntica b\u00eate noire), aconsejaron al primero que procediera a modificar determinadas interpretaciones, as\u00ed como que eliminara o substituyera, seg\u00fan los casos, formulaciones y t\u00e9rminos permeados en exceso por elementos de \u00edndole ideol\u00f3gica, los cuales, seg\u00fan ellos, podr\u00edan ser interpretados f\u00e1cilmente como una profesi\u00f3n de fe pol\u00edtica escorada en exceso hacia el radicalismo. Dada su precaria situaci\u00f3n personal, Benjamin, humillado en lo m\u00e1s \u00edntimo, no tuvo m\u00e1s remedio que rendirse ante la insistente presi\u00f3n correctora ejercida sobre sus manuscritos.<\/p>\n<p>A la vista del cariz que iba adquiriendo el asunto, la palabra chantaje fue utilizada coet\u00e1neamente por algunos amigos de Benjamin (su prima Hannah Arendt y Gershom Scholem entre ellos) para definir la actitud que adoptaron en tan cruciales momentos Horkheimer y Adorno. Como es natural, el t\u00e9rmino ha sido rechazado con vehemencia por los colaboradores incondicionales del Instituto. Tal es el caso, por ejemplo, de Leo L\u00f6wenthal, amigo y estrecho colaborador de Horkheimer. En una larga entrevista autobiogr\u00e1fica publicada en 1980, L\u00f6wenthal expresa su indignaci\u00f3n ante las pruebas documentales que segu\u00edan poniendo de manifiesto el escaso margen de maniobra f\u00edsica y moral de que dispon\u00eda Benjamin para defenderse del maltrato infligido a su dignidad intelectual. \u201cEn vano buscar\u00e1s alguna carta\u201d, le arguye L\u00f6wenthal a su entrevistador, \u201cen la que (Benjamin) proteste contra alguna supresi\u00f3n inferida por nosotros a sus textos\u201d5. Afirmaci\u00f3n tan falsa como inicua. Falsa, porque los intercambios epistolares entre Benjamin, Horkheimer, Adorno y Gretel Adorno permiten constatar sin asomo de duda, como se\u00f1ala Bernd Witte en su estudio biogr\u00e1fico de Benjamin, que \u00e9ste \u201cprotest\u00f3 cada vez de forma vehemente\u201d6 ante la repetida censura de que eran objeto sus textos; e inicua, porque, de no ser falsa como en efecto es, la afirmaci\u00f3n raya en el cinismo m\u00e1s descarnado al pretender que el silencio de Benjamin demostrar\u00eda por via impl\u00edcita que \u00e9ste dio su \u201cconsentimiento\u201d \u2013la palabra es del propio L\u00f6wenthal- a cuanto le iba siendo propuesto por Horhkeimer en aras a \u201cpreservar la revista en tanto que \u00f3rgano cient\u00edfico\u201d, como le escribir\u00e1 a Benjamin en famosa carta7.<\/p>\n<p>A\u00fan admitiendo que chantaje sea t\u00e9rmino tan infamante como desbocado, no es posible dejar de advertir en todo este episodio cierta malsan\u00eda intelectual y moral. El precio a pagar por la preservaci\u00f3n de la revista \u201cen tanto que \u00f3rgano cient\u00edfico\u201d implicaba laminar los textos de Benjamin de cualquier arista pol\u00edtica poco acorde con la preocupaci\u00f3n por asentar las actividades del Instituto sobre suelo exclusivamente cultural. Y debe se\u00f1alarse que Benjamin no fue la \u00fanica v\u00edctima en tal sentido. Siegfried Kracauer, por ejemplo, otro colaborador marxista del Instituto, prohibir\u00e1 de forma taxativa la publicaci\u00f3n en la revista de uno de sus textos tras comprobar el proceso expurgatorio de toda alusi\u00f3n pol\u00edtica radical a que fue sometido por el l\u00e1piz rojo de su amigo Adorno8.<\/p>\n<p>Bruno Tackels, autor de un extenso estudio biogr\u00e1fico sobre Benjamin9, desmenuza anal\u00edticamente, ayudado en parte por el examen de la correspondencia a la que acabamos de aludir, las modificaciones sustanciales que, \u201csugeridas\u201d en especial por Horkheimer, Benjamin iba introduciendo en el manuscrito de uno de sus t\u00edtulos m\u00e1s emblem\u00e1ticos: La obra de arte en la era de su reproductibilidad t\u00e9cnica, texto originariamente concebido como proped\u00e9utica introductoria de Los Pasajes, obra \u00e9sta para la cual Benjamin no cesaba de reunir materiales. Tackels da cuenta, nada m\u00e1s y nada menos, de cuatro versiones distintas del texto, de cuya evoluci\u00f3n, desde su salida pol\u00edtica a su llegada cultural, anota e interpreta las \u201cvariaciones\u201d sucesivas efectuadas por el autor.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l era el horizonte hacia el que, velis nolis, apuntaban las intenciones de Horkheimer al urgir modificaciones en el manuscrito de La obra de arte en la era de su reproductibilidad t\u00e9cnica? No es preciso, creemos, conjeturar demasiado al respecto. S\u00ed lo es, en cambio, volver a insistir en el hecho de que Benjamin se vio forzado a suavizar pasos y expresiones expuestos a ser identificados con posturas marxistas expl\u00edcitamente pol\u00edticas y, en consecuencia, poco acordes con la imagen de respetabilidad acad\u00e9mica que tanto Horkheimer como Adorno deseaban conferir a las actividades del Instituto en su reci\u00e9n estrenada etapa norteamericana. Ciertamente, para la configuraci\u00f3n de una respetabilidad semejante era esencial evitar que el materialismo cr\u00edtico viniera expresado mediante f\u00f3rmulas pol\u00edticamente incorrectas susceptibles de indisponer a las autoridades de acogida. Martin Jay, historiador poco dado a juzgar con severidad algunos de los episodios menos edificantes del recorrido intelectual y pol\u00edtico de la Escuela de Frankfurt, admite en su conocido estudio sobre la misma que \u201cest\u00e1 perfectamente claro que el Instituto se sent\u00eda inseguro en Estados Unidos y deseaba hacer lo menos posible para poner en peligro su posici\u00f3n\u201d10.<\/p>\n<p>Se trataba, pues, de reconducir la carga radical entra\u00f1ada en el manuscrito originario de Benjamin hacia el terreno mucho m\u00e1s as\u00e9ptico, por lo menos en principio, de cultura. (Dicho sea de forma incidental: algunos de los miembros de la denominada Escuela de Frankfurt, Adorno muy en particular, entend\u00edan \u201ccultura\u201d en un sentido ambiguamente apegado al elitismo; nada pod\u00eda ser m\u00e1s ajeno a Benjamin, quien, pese a su fama de autor de dif\u00edcil acceso, siempre detest\u00f3 cualquier planteamiento asentado en la mitolog\u00eda spengleriana en torno a la supuesta existencia de \u201cminor\u00edas selectas\u201d.) Limit\u00e9monos a destacar a continuaci\u00f3n unas pocas modificaciones terminol\u00f3gicas, dejando de lado las relativas al n\u00facleo interpretativo del manuscrito de Benjamin,de mucha mayor envergadura y cuyo abordaje cr\u00edtico presupone una ambici\u00f3n de prop\u00f3sito ajeno por completo a la finalidad de la presente nota. Horkheimer procedi\u00f3 a eliminar el primer cap\u00edtulo del texto, el m\u00e1s expl\u00edcitamente pol\u00edtico, al tiempo que movi\u00f3 a cambio expresiones tales como \u201cfascismo\u201d (substituido por \u201cEstado totalitario\u201d), \u201cguerra imperialista\u201d (substituido por \u201cguerra moderna\u201d) , \u201creaccionarios\u201d (substituido por \u201cconservadores\u201d), \u201ccomunismo\u201d (substituido por \u201cfuerzas constructivas de la humanidad\u201d), etc. La breve muestra incluye un hecho realmente asombroso. Dig\u00e1moslo con las palabras de Tackels: \u201cBenjamin, v\u00edctima absoluta del fascismo en acto, es conminado por sus \u201camigos\u201d, v\u00edctimas relativas y confortablemente al abrigo (del mismo) a no pronunciar la palabra fascismo\u201d11. Todo esto acaece, dicho sea de paso, una d\u00e9cada antes de la aparici\u00f3n en escena del senador Joseph McCarthy\u2026<\/p>\n<p>En septiembre del presente a\u00f1o se cumplir\u00e1n setenta del suicidio de Walter Benjamin en Portbou, en la fosa com\u00fan de cuyo cementerio est\u00e1n depositados sus restos, dir\u00edase que a guisa de una de aquellas alegor\u00edas de la modernidad que tanto se esforz\u00f3 en desentra\u00f1ar. \u00bfY acaso no hab\u00eda dejado tambi\u00e9n se\u00f1alado en su \u00faltimo texto (Sobre el concepto de historia) que \u201cla construcci\u00f3n de la historia\u201d debe estar dedicada a la memoria de los sin-nombre, dado que \u201ces m\u00e1s dif\u00edcil celebrar la memoria de los sin-nombre que la de los renombrados\u201d?<\/p>\n<p>De entre los papeles hallados en la habitaci\u00f3n donde el fil\u00f3sofo puso fin a su vida, cabe destacar una nota. Se lee en ella: \u201cEn una situaci\u00f3n sin salida, no tengo otra elecci\u00f3n que la de terminar. Es en un peque\u00f1o pueblo situado en los Pirineos, en el que nadie me conoce, donde mi vida va a acabarse. Le ruego (a Henny Gurland, compa\u00f1era de la fallida expedici\u00f3n a trav\u00e9s de la frontera franco-espa\u00f1ola, nota nuestra) que transmita mis pensamientos a mi amigo Adorno y que le explique la situaci\u00f3n a la cual me he visto abocado. No dispongo de bastante tiempo para escribir todas las cartas que hubiera deseado escribir\u201d12. En sus postreras horas, Benjamin, sabi\u00e9ndose parte de los \u201csin-nombre\u201d, se dirige de nuevo, y por \u00faltima vez, a quien justamente le hab\u00eda forzado a admitir el car\u00e1cter ilusorio de algunas de las esperanzas que sin duda hab\u00eda albergado en relaci\u00f3n a la probidad intelectual de sus amigos de Am\u00e9rica, los primeros que desde su renombrado e ilustre pedestal trataron de convertirlo en cultura.<\/p>\n<p>Barcelona, marzo, 2010<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.- Este extremo ha sido recientemente subrayado por Daniel Cabrera en \u201cWalter Benjamin, el alquimista de la modernidad\u201d, revista Anthropos, n\u00ba 225, monogr\u00e1fico dedicado a Walter Benjamin, Barcelona, 2009, pp. 23-29.<\/p>\n<p>2.- Carlos Piera, \u201cSobre la veracidad de Manuel Sacrist\u00e1n\u201d, en Salvador L\u00f3pez Arnal e I\u00f1aki V\u00e1zquez \u00c1lvarez ed., El legado de un maestro. Homenaje a Manuel Sacrist\u00e1n, Madrid, Fundaci\u00f3n de Investigaciones marxistas, s.f., p.174.<\/p>\n<p>3.- Uno de los bi\u00f3grafos de Benjamin alude a las repetidas cartas que \u00e9ste escribi\u00f3 a Nueva York lament\u00e1ndose de la miseria econ\u00f3mica que padec\u00eda. Friedrich Pollock, director financiero del Instituto, acab\u00f3 por fijarle un estipendio mensual de ochenta d\u00f3lares, suma muy inferior a la que cobraban los colaboradores con contrato fijo. V\u00e9ase, Bernard Witte, Walter Benjamin, Barcelona, Edicions 62, 1992, traducci\u00f3n al catal\u00e1n de Joan Leita, p. 118. (Existe traducci\u00f3n castellana en Gedisa, 1990).<\/p>\n<p>4.- Para las relaciones entre Benjamin y Scholem, v\u00e9ase Gershom Scholem, Walter Benjamin. Historia de una amistad, Barcelona, Pen\u00ednsula, 1987, traducci\u00f3n y presentaci\u00f3n de J.F. Yvars y Vicente Jarque.<\/p>\n<p>5.- Helmut Dubiel, Leo L\u00f6wenthal. Una conversaci\u00f3n autobiogr\u00e1fica, Val\u00e8ncia, Edicions Alfons El Mag\u00e0nim, 1993, traducci\u00f3n de Josep Muntaner y Gustau Mu\u00f1oz, p. 69.<\/p>\n<p>6.- Bernd Witte, op. cit. p. 117.<\/p>\n<p>7.- Bruno Tackels, Walter Benjamin. Una vie dans les textes, Arles, 2009, p. 491. De este imprescindible libro procede una parte sustancial de la informaci\u00f3n utilizada en nuestro texto.<\/p>\n<p>8.- Enzo Traverso, Siegfried Kracauer. Itinerario de un intelectual n\u00f3mada, Val\u00e8ncia, Edicions Alfons El Magn\u00e0nim, 1998, traducci\u00f3n de Anna Montero Bosch, p. 155. Para Kracauer, as\u00ed como para el propio Benjamin, resulta muy \u00fatil el contenido general del estudio de David Frisby Fragmentos de la modernidad. Teor\u00edas de la modernidad en la obra de Simmel, Kracauer y Benjamin, Madrid, Visor, 1992, traducci\u00f3n de Carlos Manzano.<\/p>\n<p>9.- B.Tackels, op. cit. en nota 5.<\/p>\n<p>10.- Martin Jay, La imaginaci\u00f3n dial\u00e9ctica. Historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigaci\u00f3n Social (1923-1950), Madrid, Taurus, 1974, traducci\u00f3n de Juan Carlos Curutchet, p. 337.<\/p>\n<p>11.- B. Tackels, op. cit. p. 490.<\/p>\n<p>12.- B. Tackels, ibid., 642.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ACERCA DE WALTER BENJAMIN (1892-1940). In memoriam.<\/p>\n<p>Jordi Torrent Bestit<\/p>\n<p>Walter Benjamin es autor de quien en modo alguno podr\u00eda afirmarse que haya venido siendo objeto de marginaci\u00f3n editorial en Espa\u00f1a. Desde las primeras traducciones (en general insatisfactorias) de sus textos, efectuadas por Jes\u00fas Aguirre para Taurus en el \u00faltimo tramo del tardofranquismo, hasta la presencia actual de los primeros vol\u00famenes de su obra completa (en curso de publicaci\u00f3n en Abada), Benjamin nunca ha dejado de estar al alcance del lector o lectora interesados en conocer las singulares elucidaciones cr\u00edticas de este pensador multidisciplinar y, como tal, al\u00e9rgico \u2013forma y contenido- a cualquier pretensi\u00f3n de asimilar reflexi\u00f3n filos\u00f3fica a construcci\u00f3n de sistema cerrado. No obstante, cabe albergar alguna duda respecto a si no se trata de un fil\u00f3sofo mucho m\u00e1s citado que efectivamente le\u00eddo1, rasgo que de confirmarse, y no bien se mire, compartir\u00eda en la actualidad con otros autores de la tradici\u00f3n emancipatoria. Desde luego, semejante hip\u00f3tesis abre de inmediato una serie de interrogantes nada accesorios en torno a la relaci\u00f3n que se puede\/debe\u00a0 (o se debe\/puede, que no es exactamente lo mismo) mantener con los escritos de la mencionada tradici\u00f3n, aspecto en cuyo examen no podemos demorarnos ahora por ser otro el prop\u00f3sito de la presente nota.<\/p>\n<p>En nuestra opini\u00f3n, el aludido mariposeo citatorio en torno a tales autores responde a una tendencia recurrente \u2013suele rebrotar en todo tiempo de restauraci\u00f3n y de derrota: de toda evidencia, el nuestro lo es-, destinada a musealizarlos mediante la exhibici\u00f3n de vida y obra en una de las vitrinas de objetos curiosos procedentes de un pasado tan remoto como extra\u00f1o. Es probable que de semejante tendencia derive asimismo la dificultad, se\u00f1alada no ha mucho por Carlos Piera a prop\u00f3sito justamente de Benjamin2, con la que de manera creciente tropieza el intento de rescatarlos de los ex\u00e9getas empe\u00f1ados en convertirlos en materia de exclusiva cultura. Esta nota pretende ser una modesta incursi\u00f3n por alguno de los senderos transitables en este \u00faltimo terreno.<\/p>\n<p>Cierto que la conversi\u00f3n nada inocente de los escritos de Benjamin en cultura, al menos en la acepci\u00f3n a la que apunta el comentario de Piera, ha de ser atribuida a m\u00faltiples factores y circunstancias. Vale decir tambi\u00e9n que esta conversi\u00f3n dista mucho de ser p\u00f3stuma. Y debe se\u00f1alarse por igual que en la intencionalidad de los dos principales responsables de una manipulaci\u00f3n tan prontamente iniciada son discernibles motivos de mayor peso pol\u00edtico que cultural. Por lo dem\u00e1s, apenas cuadra a M. Horkheimer y a T.W. Adorno el calificativo de ex\u00e9getas. Ambos fueron algo m\u00e1s que eso. Fueron, entre otros muchos y altos menesteres, amigos de Benjamin, el segundo de ellos muy en particular, dato \u00e9ste no exento de importancia para cuanto sigue.<\/p>\n<p>La historia es conocida, pero para nuestro prop\u00f3sito quiz\u00e1s convenga ahora evocarla de nuevo de forma sucinta. Durante la d\u00e9cada de los a\u00f1os treinta del pasado siglo, las dificultades materiales e intelectuales con las que de antiguo se enfrentaba Benjamin experimentaron una pronunciada decantaci\u00f3n a peor. Tras exiliarse de la  Alemania nazi a causa de su doble condici\u00f3n de jud\u00edo y de autor identificado con la izquierda de orientaci\u00f3n marxista, err\u00f3 por varias caminos del continente (\u201cvagabundo celeste\u201d pudo llamarle alguien) antes de instalarse definitivamente en Par\u00eds. Claro que trat\u00e1ndose de quien se trata, \u201cinstalarse definitivamente\u201d resulta expresi\u00f3n del todo inapropiada: en los siete a\u00f1os que pas\u00f3 en la capital de Francia (la abandonar\u00eda in extremis en junio de 1940, un d\u00eda antes de que la ocuparan las tropas hitlerianas), Benjamin nunca dispuso ni de domicilio ni de empleo estables (por lo que hace al primero, mud\u00f3 diecisiete veces de lugar de residencia en tan breve per\u00edodo). En 1933 inici\u00f3 su colaboraci\u00f3n con el Instituto para la Investigaci\u00f3n Social dirigido por Horkheimer, en cuya revista, Zeitschfrift f\u00fcr Sozialforschung, el autor de Los Pasajes publicar\u00e1 textos de muy variado calado.<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":1386,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[1069],"class_list":["post-1385","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-siglo-xx","tag-walter-benjamin"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1385","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1385"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1385\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1386"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1385"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1385"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1385"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}