{"id":13872,"date":"2023-06-11T05:00:29","date_gmt":"2023-06-11T04:00:29","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13872"},"modified":"2023-06-11T02:36:34","modified_gmt":"2023-06-11T01:36:34","slug":"una-vida-y-una-obra-a-la-intemperie-en-la-era-de-las-catastrofes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13872","title":{"rendered":"Una vida y una obra a la intemperie en la \u00abera de las cat\u00e1strofes\u00bb"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"subtitle\">Ernst Bloch: religi\u00f3n, marxismo y utop\u00eda (I)<\/h4>\n<p>La extinci\u00f3n de Joseph Ratzinger (1920-2023), fino te\u00f3logo b\u00e1varo, evasivo Papa con mando en plaza entre 2005-2013 y discreto pont\u00edfice em\u00e9rito en sus \u00faltimo a\u00f1os de vida, me evoca, m\u00e1s all\u00e1 del indecoroso espect\u00e1culo\u00a0 funerario al modo vaticano, su conducta como implacable adalid de la ortodoxia cat\u00f3lica, principalmente frente a la izquierdista teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, durante la larga y devastadora ocupaci\u00f3n de la silla de Pedro por el polaco Karol J\u00f3sef Wojtyla (1978-2005). Su persona encarna la figura de sobresaliente y sutil intelectual eclesi\u00e1stico, gladiador infatigable de la causa de Dios en la tierra. Un gladiador, no obstante, que con los de dentro de \u00abcasa\u00bb usaba la espada mientras que a veces con los de fuera se despojaba de sus belicosas armas de exclusi\u00f3n y recurr\u00eda a emplear la palabra como signo de la apertura de la Iglesia a los no creyentes, como gesto dialogante en el espacio p\u00fablico.<\/p>\n<p>Al respecto, cabe recordar que, un a\u00f1o antes de ascender al trono papal, mantuvo un c\u00e9lebre certamen intelectual con el fil\u00f3sofo J\u00fcrgen Habermas, m\u00e1ximo representante de la tercera generaci\u00f3n de la llamada Escuela de Fr\u00e1ncfort. En efecto, en 2004 ambos fueron invitados a conversar en M\u00fanich sobre <em>Fundamentos morales prepol\u00edticos en el Estado liberal<\/em>. All\u00ed coincidieron en defender una coexistencia pac\u00edfica y tolerante entre raz\u00f3n y religi\u00f3n dentro de un horizonte postmetaf\u00edsico democr\u00e1tico capaz de albergar expectativas de \u00abreconocimiento rec\u00edproco\u00bb entre creyentes y no creyentes. Poco despu\u00e9s, Habermas escrib\u00eda su libro titulado <em>Entre naturalismo y religi\u00f3n<\/em><sup>1<\/sup>. All\u00ed el fil\u00f3sofo alem\u00e1n predicaba la escucha y el mutuo aprendizaje en un espacio p\u00fablico inspirado en un nuevo laicismo, posici\u00f3n que desencaden\u00f3 m\u00e1s de una aguda controversia.<\/p>\n<p>Si bien se mira, este nuevo laicismo <em>light <\/em>y la concepci\u00f3n del fen\u00f3meno religioso a \u00e9l vinculada guardaban escaso parentesco con las brillantes\u00a0 especulaciones juveniles de Karl Marx cuando sosten\u00eda que \u00abla miseria religiosa es al mismo tiempo la expresi\u00f3n de la miseria real y la protesta contra ella. La religi\u00f3n es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real de un mundo sin coraz\u00f3n, as\u00ed como es el esp\u00edritu de una \u00e9poca privada de esp\u00edritu. Es el opio del pueblo\u00bb<sup>2<\/sup>. De este primigenio hilo provino precisamente la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n y de ah\u00ed la lucha encarnizada de Ratzinger contra la heterodoxa infiltraci\u00f3n \u00abmarxista\u00bb en el orbe cat\u00f3lico. Una fuente principal de la ruta primero trazada por Marx y luego seguida por la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, se materializa y ampl\u00eda en la\u00a0 singular obra de Ernst Bloch, el fil\u00f3sofo de la esperanza ut\u00f3pica. Es ahora motivo, quiz\u00e1 intempestivo, de mi recuerdo en las l\u00edneas que siguen<sup>3<\/sup>.<\/p>\n<p>Toda obra es hija de su tiempo y la de Ernst Bloch (1885-1977) no fue una excepci\u00f3n a la regla. Nacido en Ludwishafen, una ciudad de\u00a0 Renania-Palatinado, perteneciente al II Reich que ya mostraba, tras la victoria sobre Francia en 1870, la resuelta voluntad alemana de jugar el papel destacado en el concierto internacional, lo que llevar\u00eda a su participaci\u00f3n muy activa en la Primera Guerra Mundial, desastre desmesurado y antesala de otros de mayor magnitud en la \u00abera de las cat\u00e1strofes\u00bb. Bloch fue contempor\u00e1neo, testigo y v\u00edctima de ese convulso contexto hist\u00f3rico. Hab\u00eda nacido dentro de una familia jud\u00eda relativamente modesta (su padre era revisor del ferrocarril), pero depositaria de una cultura confesional que \u00e9l heredar\u00e1 (sus tres matrimonios se efectuaron conforme al rito de la religi\u00f3n familiar) y cuyo quehacer intelectual ejemplifica perfectamente la sobresaliente relevancia cultural de los \u00abjud\u00edos no jud\u00edos\u00bb en su \u00e9poca; a pesar de su ate\u00edsmo expl\u00edcito, ese bagaje hebraico constituir\u00e1 un sustrato fundamental en su pensamiento: \u00abA los diecisiete a\u00f1os se es as\u00ed, o se odia a la Biblia o se extrae de las Sagradas Escrituras todo lo que la fr\u00eda mec\u00e1nica no puede explicar\u00bb<sup>4<\/sup>. Hab\u00eda llegado al mundo dos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Marx y disfrut\u00f3 de un largo periplo vital (muri\u00f3 con noventa y dos a\u00f1os en Tubinga); su inmensa labor intelectual,\u00a0 marcada por el hegelianismo, el marxismo, el freudismo con el a\u00f1adido de profundas ra\u00edces teol\u00f3gicas judeocristianas, se inscribe en esa tormenta de acero y odio de las dos grandes guerras mundiales, la revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica, el fascismo y llega hasta los estertores de la\u00a0 guerra fr\u00eda. Marxista declarado y materialista militante, a pesar de las terribles frustraciones de su tiempo, su quehacer se nos muestra como el de un fil\u00f3sofo de la esperanza, el pensador que, apoyado en su idea sobre la naturaleza desiderativa del ser humano, ba\u00f1\u00f3 al conjunto de su obra de un barniz de optimismo dif\u00edcil de conciliar con la horrenda y amarga experiencia hist\u00f3rica\u00a0 presenciada: guerras, nazismo, exilio en Estados Unidos y otros pa\u00edses, invasi\u00f3n sovi\u00e9tica de Hungr\u00eda, desencanto por el ensayo socialista vivido en la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, refugio en la Alemania occidental, frustraci\u00f3n del mayo del 68 y otras calamidades que dieron espesor dram\u00e1tico a su existencia.<\/p>\n<p>Traigo aqu\u00ed a colaci\u00f3n la persona y la magna obra filos\u00f3fica de Bloch porque, entre otros muchos motivos de inter\u00e9s, su tratamiento de la cuesti\u00f3n religiosa, estira, extiende y completa algunas de las intuiciones vislumbradas por Marx en 1844, enhebrando una filosof\u00eda que descansa sobre una antropolog\u00eda conforme a la cual el ser humano aparece como un perpetuo sujeto anhelante de un mundo mejor, como un so\u00f1ador despierto que anticipa futuros ut\u00f3picos. La importancia del deseo y el sue\u00f1o que ya estaban muy presentes en la obra del doctor Freud, sin duda tambi\u00e9n figuran de manera muy visible en el fil\u00f3sofo alem\u00e1n, pero ahora alcanzan una dimensi\u00f3n pol\u00edtica revolucionaria que en nada se asemejaba a las creencias del inventor del psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Dentro de una consideraci\u00f3n muy gen\u00e9rica sobre el conjunto de su producci\u00f3n intelectual, se puede afirmar que la religi\u00f3n ocupa un plano central como componente insoslayable de la humana pulsi\u00f3n anticipadora y ut\u00f3pica de un mundo mejor. En efecto, su modo de entender la religi\u00f3n y su expl\u00edcita defensa del ate\u00edsmo no solo consistir\u00eda en una operaci\u00f3n de derribo de los dogmas y embelecos dogm\u00e1ticos judeocristianos, sino que conllevaba una comprensi\u00f3n positiva de los elementos subterr\u00e1neos, que ocasionalmente emerg\u00edan como herej\u00edas y movimientos mesi\u00e1nicos, mensajes en clave de la tensi\u00f3n prometeica y liberadora que habita en su interior. Como es sabido, Prometeo es el dios griego que se atribuy\u00f3 la tarea de salvar a los humanos llev\u00e1ndoles el fuego. Por eso Bloch se acoge a una brillante intuici\u00f3n marxiana: \u00abPrometeo es el m\u00e1s noble de los santos y m\u00e1rtir del calendario filos\u00f3fico\u00bb<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>Siguiendo la huella de Ernst Bloch<sup>6<\/sup>, un juicio positivo de su obra obliga a se\u00f1alar que su tit\u00e1nico esfuerzo filos\u00f3fico supuso entonces una confrontaci\u00f3n con el materialismo m\u00e1s prosaico y economicista, que se hab\u00eda apoderado de buena parte de los herederos socialdem\u00f3cratas de Marx en la II Internacional, y que luego, mucho m\u00e1s tarde, chocar\u00eda con el marxismo erigido en acartonada ideolog\u00eda de Estado en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y su periferia. A tal fin, no tuvo empacho en rescatar el legado hegeliano y con \u00e9l una buena parte del estilo y tem\u00e1tica marxiana de la \u00e9poca de juventud. Tambi\u00e9n afront\u00f3 en su obra, como una parte sustantiva de lo mejor del marxismo occidental, una reutilizaci\u00f3n del psicoan\u00e1lisis freudiano, que alimenta su concepci\u00f3n del ser humano como sujeto portador de sue\u00f1os diurnos dirigidos hacia la transformaci\u00f3n social. Idealismo hegeliano, materialismo marxista y freudismo bullen en la redoma de su pensamiento como partes constituyentes de una mirada <em>sui generis <\/em>de quien ser\u00eda llamado por J. Habermas el \u00abSchelling marxista\u00bb, dado que en su pensamiento se aliaban el h\u00e1lito rom\u00e1ntico e idealista del brillante y conservador fil\u00f3sofo alem\u00e1n, amigo de H\u00f6lderlin y de Hegel, con el radicalismo revolucionario y el materialismo de Marx<sup>7<\/sup>. Este \u00faltimo pertenec\u00eda a una generaci\u00f3n ulterior pero tambi\u00e9n formaba parte del olimpo de las letras alemanas.<\/p>\n<p>Original e intransferible, sin duda, fue la trayectoria de este rebelde con causa, que en su bachillerato tuvo unas calificaciones mediocres excepto en Filosof\u00eda, asignatura en la que sobresali\u00f3; desde muy joven fue lector de Hegel al punto de que ya a los diecisiete a\u00f1os se manejaba perfectamente en los entresijos de la intrincada dial\u00e9ctica hegeliana. Uno de sus amigos y disc\u00edpulos nos recuerda c\u00f3mo, cuando ya era una celebridad y hab\u00eda sido laureado como gran pensador y prosista<sup>8<\/sup>, se le rindi\u00f3 un homenaje en el centro donde hab\u00eda cursado el bachillerato y all\u00ed cont\u00f3 la an\u00e9cdota de que al acabar sus estudios el director le pregunt\u00f3 qu\u00e9 iba a estudiar y al saber que la filosof\u00eda era su vocaci\u00f3n, le respondi\u00f3: \u00ab\u00bfFilosof\u00eda? Usted es demasiado tonto para ello\u00bb<sup>9<\/sup>. A pesar del sagaz veredicto del funcionario, cosech\u00f3 una profunda formaci\u00f3n filos\u00f3fica dentro y fuera de las universidades alemanas y tuvo relaci\u00f3n personal e intelectual con lo m\u00e1s florido del pensamiento de entonces: Max Weber, Georg Luk\u00e1cs, Walter Benjamin, Bertold Brecht\u2026 y principalmente con lo m\u00e1s granado de la Escuela de Fr\u00e1nkfort, vanguardia entonces del intento de remozar el marxismo occidental m\u00e1s all\u00e1 de los c\u00e1nones oficiales, tal como tambi\u00e9n trat\u00f3 de lograr durante toda su existencia el propio Bloch. Sea como fuere, su obra, con la de sus coet\u00e1neos, Antonio Gramsci, Georg Luk\u00e1cs y Karl Krosch, enriqueci\u00f3 la tradici\u00f3n marxista occidental, integrando su legado en lo que algunos han tildado de \u00abmarxismo esot\u00e9rico\u00bb y que el interesado prefer\u00eda calificar de \u00abcorriente c\u00e1lida\u00bb del marxismo.<\/p>\n<p>Su vida profesional describe un itinerario cuanto menos chocante. A pesar que, desde 1918, hab\u00eda empezado a publicar obras de gran valor como fue <em>Esp\u00edritu de la utop\u00eda<\/em>, piedra angular y aut\u00e9ntico embri\u00f3n de ideas sobre el que se forjar\u00eda su posterior y continuado inter\u00e9s por el tema, nunca encontr\u00f3 empleo acad\u00e9mico estable como docente hasta los sesenta y cuatro a\u00f1os de edad cuando, exiliado en Estados Unidos, la Universidad\u00a0 de Leipzig, le invit\u00f3 en 1948 a ejercer de catedr\u00e1tico en sus aulas. Tampoco su vida se ajusta a una trayectoria demasiado corriente, excepto tal vez en el hecho de pertenecer a esa especie de \u00abcolegio invisible\u00bb constituido en Alemania por los intelectuales que combinaban sus or\u00edgenes jud\u00edos con una mirada hipercr\u00edtica hacia la realidad circundante. Pacifista de condici\u00f3n y revolucionario de intenci\u00f3n, se neg\u00f3 a participar en la Primera Guerra Mundial y lanz\u00f3 un manifiesto antibelicista que le oblig\u00f3 a exiliarse en Suiza, donde precisamente en 1918, a la saz\u00f3n contaba treinta y tres a\u00f1os, public\u00f3 su primer libro sobre el significado humano de la utop\u00eda.\u00a0 En plena guerra, deposit\u00f3 sus esperanzas en la revoluci\u00f3n sovi\u00e9tica de 1917 y luego en las fallidas insurrecciones comunistas habidas en\u00a0 Alemania al terminar la \u00abgran guerra\u00bb, a finales de 1918 y en los principios de 1919. Entre la militancia a favor de la revoluci\u00f3n y una profunda dedicaci\u00f3n al trabajo intelectual, su imagen aparece como llama solitaria e individualista\u00a0 del pensamiento cr\u00edtico. Tampoco su vida familiar traza un recorrido habitual. Tras dos matrimonios anteriores, con una pintora y una escultora, en 1933 se une a la \u00abmujer de su vida\u00bb, la polaca Karol Piotrokowska, estudiante arquitectura, militante comunista, feminista, veinte a\u00f1os menor que \u00e9l, y que ser\u00e1 su inseparable compa\u00f1era hasta que fue visitado por la muerte en 1977 (su esposa vivir\u00eda hasta 1994). Gracias a esta extraordinaria mujer, pudo subsistir econ\u00f3micamente tras su exilio americano de 1938 (desde la subida de Hitler al poder la pareja hab\u00eda estado vagando por otros pa\u00edses europeos y luego pasaron once a\u00f1os en tierras americanas). En efecto, instalados primero en Nueva York y luego\u00a0 Cambridge (Massachusetts), Karol ejerci\u00f3 con \u00e9xito profesional la arquitectura mientras su marido (que hab\u00eda mantenido alguna colaboraci\u00f3n con Theodor W. Adorno, Heinrich Mann y Bertold Brecht en torno a la editorial Aurora) se convirti\u00f3 en un asiduo cliente de la biblioteca de la Universidad de Harvard, centro que ignor\u00f3 a alguien que por entonces estaba escribiendo dos de sus obras m\u00e1s importantes, a saber, una relectura del pensamiento de Hegel (<em>Sujeto-objeto. El pensamiento de Hegel<\/em>) y, sobre todo, <em>El principio esperanza<\/em><sup>10<\/sup>, culminaci\u00f3n gigantesca de la m\u00e1xima obra del autor. Nadie de ese sagrado recinto del saber prest\u00f3 ni la m\u00e1s m\u00ednima atenci\u00f3n a la silenciosa presencia y f\u00e9rtil labor de Bloch<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>A\u00f1os atr\u00e1s, en 1921, hab\u00eda publicado <em>Thomas M\u00fcntzer, te\u00f3logo de la revoluci\u00f3n<\/em><sup>12<\/sup>,una obra que trata de la masiva y tremenda rebeli\u00f3n campesina en 1525 cuando Alemania no era m\u00e1s que un mosaico de muchos estados y pr\u00edncipes sometidos formalmente al emperador, que en ese momento no era otro que Carlos de Habsburgo (quinto de Alemania y primero de Espa\u00f1a). El l\u00edder de tan singular revoluci\u00f3n era un cl\u00e9rigo antiguo partidario de Lutero, que lanza en 1524 su <em>Serm\u00f3n a los pr\u00edncipes <\/em>(\u00abcuando la autoridad no cumple, la espada les ser\u00e1 quitada\u2026\u00bb) y se pone al frente, en nombre del advenimiento del reino de Dios sobre la Tierra, de miles de campesinos empe\u00f1ados en\u00a0 una guerra social inmisericorde contra los poderosos de la \u00e9poca, que probablemente quiz\u00e1s haya sido el movimiento social m\u00e1s amplio antes de la Revoluci\u00f3n francesa. Miles de campesinos sufrieron un parecido tr\u00e1gico final. No es extra\u00f1o, pues, que Bloch se viera atra\u00eddo y estudiara esta guerra de clases en la que los ideales de una sociedad colectivista se hac\u00eda en nombre de la religi\u00f3n anabaptista y esgrimiendo y adhiri\u00e9ndose a las viejas y nuevas profec\u00edas contenidas en la Biblia. Ah\u00ed se colmaba y demostraba, seg\u00fan \u00e9l, la potencial dimensi\u00f3n ut\u00f3pica de la religi\u00f3n<sup>13<\/sup>. Ya entonces, constata Bloch, el mensaje ut\u00f3pico-revolucionario aparece mediado por una interconexi\u00f3n entre pensamiento teol\u00f3gico judeocristiano y materialismo marxista. Por los dem\u00e1s, no es una casualidad que este libro fuera escrito poco despu\u00e9s de la fallida revoluci\u00f3n comunista en la Alemania de 1919, ocurrida durante los primeros pasos dados por la Rep\u00fablica de Weimar y reprimida con suma violencia por una alianza contra natura entre un Gobierno de socialdem\u00f3cratas y las fuerzas de acci\u00f3n\u00a0 violenta de\u00a0 nacionalistas de ultraderecha.<\/p>\n<p>Hereje por vocaci\u00f3n y un gran caminante solitario, su obra, en cambio, no se puede explicar sin la cercan\u00eda de otros compa\u00f1eros de viaje. En realidad, su vida consiste en dialogar con la obra de Hegel, Arist\u00f3teles, Marx, Freud, etc. Ahora bien, si pudiera ubicarse lo m\u00e1s significativo de su aportaci\u00f3n en pocas palabras, se dir\u00eda que contribuy\u00f3 a la tarea de erigir un marxismo occidental con rasgos originales, una suerte de \u00abmarxismo cultural\u00bb alejado del dogmatismo economicista al uso<sup>14<\/sup>. En esa empresa confluye, aunque \u00e9l nunca estuvo asociado a escuela alguna, con los miembros del Instituto de Investigaci\u00f3n Social de Fr\u00e1nfort, una instituci\u00f3n privada financiada inicialmente por el empresario jud\u00edo Hermann Weil, cuyo hijo F\u00e9lix hab\u00eda \u00absalido\u00bb con veleidades revolucionarias. El edificio\u00a0 de cinco pisos erigido en el estilo de la Nueva Objetividad, fue obra de un arquitecto que acabar\u00eda en brazos del nazismo<sup>15<\/sup>. Esta especie de santuario o monasterio dedicado al estudio de Marx, que empieza a funcionar en 1924, llegar\u00e1 a\u00a0 agrupar, soslayando la sombra de la caduca universidad alemana, a la elite del pensamiento cr\u00edtico germano, que diez a\u00f1os despu\u00e9s, como consecuencia de sus ideas izquierdistas\u00a0 y su condici\u00f3n jud\u00eda, tuvieron que huir precipitadamente de la Alemania de Hitler. A esta peculiar iniciativa cultural se debe un caudaloso y potente surtidor de ideas de lo que hoy denominamos Escuela de Frankfurt o tambi\u00e9n Teor\u00eda Cr\u00edtica, probablemente el intento m\u00e1s sobresaliente de renovaci\u00f3n y adecuaci\u00f3n del pensamiento marxista a las condiciones de un capitalismo occidental portador de algunos rasgos diferentes a los que Marx vislumbrara en su tiempo. Adem\u00e1s, simult\u00e1neamente fue una reacci\u00f3n de denuncia contra el mandarinato conservador reinante en las universidades alemanas, una a\u00f1eja comunidad de catedr\u00e1ticos proclives al neutralismo, al formalismo acad\u00e9mico, al culto al Estado abstracto (el hegeliano concepto del funcionario como clase universal\u00a0 por encima de las clases), al rechazo de la modernidad y, en fin, a la negaci\u00f3n de la democracia en esa sociedad de masas que a esas alturas ya era un hecho<sup>16<\/sup>. Sobre este sustrato reaccionario se explica la facilidad con la que el nazismo, a pesar de vivir en una Rep\u00fablica como la de Weimar, pol\u00edtica y socialmente muy avanzada,\u00a0 impuso su ley, atrayendo a su \u00e1rea de influencia a gente de gran altura intelectual, como fuera el caso paradigm\u00e1tico de Martin Heidegger<sup>17<\/sup>.<\/p>\n<p>En cierto modo, en la Alemania de la Rep\u00fablica de Weimar, al lado de las reparaciones econ\u00f3micas de la guerra, la hiperinflaci\u00f3n posb\u00e9lica, el nacimiento del nacionalsocialismo de Hitler, la expansi\u00f3n de modas consumistas y la refulgencia de espect\u00e1culos y h\u00e1bitos musicales en los locos a\u00f1os veinte, subsist\u00eda la vieja guardia de su profesorado universitario impregnada de una noci\u00f3n de autoformaci\u00f3n espiritual reluctante a las innovaciones de la modernidad y atado al cl\u00e1sico ideal de la <em>Bildung<\/em>, conforme al cual la cultura era entendida como un proceso interno de enriquecimiento personal y espiritual solo al alcance de las elites. En verdad, lo que estaba ocurriendo, pese a la irresponsable autosuficiencia de sus protagonistas, es lo que se ha descrito y diagnosticado como\u00a0 el \u00abocaso de los mandarines\u00bb<sup>18<\/sup>. Ciertamente, se trataba del oto\u00f1al declive de la valetudinaria casta acad\u00e9mica que, sin embargo, convivi\u00f3 contradictoriamente con meritorias investigaciones y con los creativos impulsos est\u00e9ticos que situaron a Berl\u00edn en el coraz\u00f3n mismo de las vanguardias art\u00edsticas europeas. Todo ello en medio de una \u00abcrisis cultural\u00bb, uno de cuyos s\u00edntomas fue la retirada cuasi cenob\u00edtica del pensamiento cr\u00edtico hacia el Instituto de Investigaci\u00f3n Social ubicado en Frankfurt. All\u00ed, en esa ciudad de viejo abolengo liberal (ciudad libre durante la \u00e9poca imperial y sede del parlamento que ensay\u00f3 un proceso constituyente democr\u00e1tico a resultas de la\u00a0 revoluci\u00f3n de 1848), amaneci\u00f3 un nuevo tipo de marxismo, m\u00e1s a\u00fan cuando Max Horkheimer pasa a ser su director en 1930 flanqueado de los Pollock, Adorno, L\u00f6wenthal, Fromm, Marcuse y otros. En ese contexto floreci\u00f3 un discurso cr\u00edtico y muy radical que impugnaba no solo el capitalismo sino tambi\u00e9n la racionalidad instrumental y la represi\u00f3n inherente al sujeto sometido al proceso civilizatorio de las sociedades de la modernidad. Este af\u00e1n hipercr\u00edtico desemboca en una bell\u00edsima obra cumbre escrita a cuatro manos por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, su <em>Dial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n<\/em><sup>19<\/sup>.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 debi\u00f3 Bloch a esta generaci\u00f3n de intelectuales cr\u00edticos? \u00c9l se mantuvo independiente aunque en Alemania y luego en el exilio de Estados Unidos no dej\u00f3 de permanecer atento a sus trabajos e incluso trab\u00f3 lazos amistosos con Walter Benjamin, uno de los frankfurtianos m\u00e1s brillante, original y poco o nada encuadrable en las preocupaciones y actividades de sus correligionarios de \u00abescuela\u00bb. Probablemente la calculada distancia de Bloch respecto a ella fuera en raz\u00f3n de que compart\u00eda las cr\u00edticas que otro gran te\u00f3rico marxista y muy amigo suyo, G. Luk\u00e1cs, lanz\u00f3 acusando a los frankfurtianos de divorciar la teor\u00eda de la pr\u00e1ctica eludiendo el compromiso pol\u00edtico (no se olvide que el pensador magiar particip\u00f3 en la breve revoluci\u00f3n comunista de la Hungr\u00eda de B\u00e9la Kun en 1919)<sup>20<\/sup>. Es m\u00e1s, llegar\u00eda a aseverar muy crudamente que la Escuela de Frankfurt era como una especie de <em>Gran Hotel Abismo <\/em>\u00abequipado con todo clase de lujos, al borde de un abismo, de la vacuidad, del absurdo\u00bb<sup>21<\/sup>. Sin duda, este juicio del revolucionario h\u00fangaro era un tanto excesivo y sin matices. Precisamente uno de los matices m\u00e1s ejemplares, sin lugar a dudas, era precisamente W. Benjamin, cuya obra, tambi\u00e9n atravesada por la tradici\u00f3n esot\u00e9rica y cabal\u00edstica jud\u00eda,\u00a0 pose\u00eda muchos m\u00e1s puntos de coincidencia con Bloch que con el marxismo ortodoxo en versi\u00f3n comunista lukacsiana o en la socialdem\u00f3crata reformista. En efecto, curiosamente ambos trataron, desde posiciones parecidas pero con una muy acusada personalidad, de hermanar materialismo marxista con la teolog\u00eda judeocristiana. La confluencia tambi\u00e9n se daba respecto a su inter\u00e9s por la dimensi\u00f3n est\u00e9tica y art\u00edstica, que intentan plasmar en una prosa de musicalidad y hondura poco comunes. Precisamente, elaborando la reflexi\u00f3n que ahora doy a conocer al lector o lectora, me top\u00e9 con <em>Huellas<\/em><sup>22<\/sup>, un libro del \u00abmago de Turingia\u00bb, que me evoca al Benjamin que ha sido excelente maestro en la hermen\u00e9utica del fragmento, en la aplicaci\u00f3n del montaje cinematogr\u00e1fico a la literatura\u00a0 y en el deslumbrante tratamiento de las situaciones vitales y de objetos sin aparente importancia. En todo caso, para el tema que me ocupa, el marxismo y la religi\u00f3n, es absolutamente necesario pensar las conexiones entre las im\u00e1genes de la filosof\u00eda de la historia de Benjamin muy notables en su gran obra <em>Sobre el concepto de historia<\/em> (1940), atravesada de elementos cabal\u00edsticos, y los textos de Bloch transmisores de similar mensaje esot\u00e9rico (el Dios escondido b\u00edblico se trasmuta aqu\u00ed en <em>homo<\/em> <em>absconditus<\/em>)en virtud del cual la religi\u00f3n es el caudal de im\u00e1genes a trav\u00e9s de las que el ser humano se ve interpelado e impulsado a la b\u00fasqueda de un mundo mejor, en suma, empujado a redirigir sus deseos hacia la utop\u00eda.<\/p>\n<p>En fin, despu\u00e9s del exilio americano, Bloch acepta la invitaci\u00f3n de la Universidad de Leipzig y desde 1949 ocup\u00f3 c\u00e1tedra en esa prestigiosa instituci\u00f3n, pero se neg\u00f3 a entrar en el \u00abpartido\u00bb. Antes, durante su forzada estancia en los estados Unidos, hab\u00eda escrito <em>El principio esperanza<\/em>, sin duda una colosal obra maestra, de mil seiscientas p\u00e1ginas, que ver\u00e1 la luz entre 1954 y 1955 (los dos primeros vol\u00famenes) y en 1959 (el tercero que hab\u00eda sufrido \u00abdificultades administrativas\u00bb por la correspondiente censura de su pa\u00eds de acogida). No obstante, sus expectativas respecto al socialismo de la Alemania Oriental van decayendo, y acaban entrando en desavenencia sin vuelta atr\u00e1s como consecuencia de la invasi\u00f3n sovi\u00e9tica de Hungr\u00eda de 1956; al a\u00f1o siguiente ya sufre un encontronazo irreversible con las autoridades que motejan su filosof\u00eda de \u00abrom\u00e1ntica\u00bb e \u00abirrealista\u00bb. Desde dos a\u00f1os antes marxistas ortodoxos y\u00a0 algunos estudiantes ven\u00edan atacando su filosof\u00eda como incompatible con el dogma oficial. En 1957 el partido organiza una conferencia sobre su pensamiento y acaba siendo acusado de contrarrevolucionario y revisionista<sup>23<\/sup>. Jubilado a la fuerza en 1961, aprovechando la impartici\u00f3n de un ciclo de conferencias en la Alemania occidental, a ra\u00edz de la construcci\u00f3n del muro de Berl\u00edn, abandona ese refugio de socialismo real y se pasa con armas y bagajes a la zona capitalista. Desde entonces ejerci\u00f3 el \u00faltimo tramo de su carrera como profesor visitante en la Universidad de Tubinga. El\u00a0 \u00abmago de Tubinga\u00bb no cejar\u00e1 en sus empe\u00f1os emancipadores e incluso hasta sus \u00faltimos d\u00edas se mantendr\u00e1 muy alerta respecto a los movimientos revolucionarios, de modo que saludar\u00e1 con esp\u00edritu juvenil (frente a la actitud anquilosada, recelosa y hostil de otras gentes como Adorno que no comprendieron nada y fueron rebasados) los nuevos aires impulsados por las revueltas del 68, entablando estrechos lazos de amistad con Rudi Dustschke, uno de los m\u00e1s c\u00e9lebres dirigentes del movimiento estudiantil de aquella d\u00e9cada prodigiosa<sup>24<\/sup>. Ya nonagenario y medio ciego, pero con gran vitalidad y entusiasmo, fue invitado a dar una serie de conferencias en Espa\u00f1a pero suspendi\u00f3 su viaje a modo de protesta contra las cinco \u00faltimas penas capitales ejecutadas y rubricadas por el general Franco en septiembre de 1975. Tras su muerte en 1977 a causa de un paro card\u00edaco, su singular pensamiento no dej\u00f3 de tener una notable presencia. Todav\u00eda en 1985, con motivo del centenario de su nacimiento, el peri\u00f3dico <em>El Pa\u00eds <\/em>dedicaba varias p\u00e1ginas a honrar a su memoria. Entre los fil\u00f3sofos intervinientes se contaba Jos\u00e9 Luis Aranguren quien sosten\u00eda, en un art\u00edculo titulado \u00abPosmarxismo\/poscristianismo\u00bb, que era Bloch un \u00abfil\u00f3sofo b\u00edblico\u00bb que fue muy influyente en el debate entre cristianos y marxistas, pero de un modo profundo y nada \u00abt\u00e1ctico\u00bb (el tacticismo de anta\u00f1o consist\u00eda en el intento de convertir a los cristianos en \u00abcompa\u00f1eros de viaje\u00bb de los comunistas), porque su obra supon\u00eda una superaci\u00f3n del te\u00edsmo y el ate\u00edsmo al uso (solo un ateo puede ser buen cristiano, pero tambi\u00e9n solo y un buen\u00a0 cristiano puede ser un buen ateo). Sin duda su influencia\u00a0 estar\u00e1 presente en te\u00f3logos cat\u00f3licos como Johannes Baptiste Metz, uno de los fundadores de la\u00a0 nueva teolog\u00eda pol\u00edtica y fuente de inspiraci\u00f3n de algunos espa\u00f1oles militantes en cristianos por el socialismo que fueron educados a su sombra. En Europa Occidental, tras la Segunda Guerra Mundial, hab\u00eda ido tomando cuerpo\u00a0 una \u00abteolog\u00eda progresista\u00bb,\u00a0 semilla doctrinal del Concilio Vaticano II (1962-1965), que luego sufrir\u00e1 una contrarreforma con los papados del italiano Pablo VI, del polaco Juan Pablo II y del alem\u00e1n Benedicto XVI. Este \u00faltimo, el que fuera cardenal Ratzinger, es la cabeza visible de esa teolog\u00eda reactiva. Su contraparte, el te\u00f3logo J. B. Metz, llegar\u00e1 a decir que era necesaria \u00abuna filosof\u00eda postmetaf\u00edsica: ut\u00f3pica, cr\u00edtica y pol\u00edtica\u00bb<sup>25<\/sup>, reconociendo que solo Bloch hab\u00eda emprendido esa tarea, y a\u00f1adir\u00e1, al presenciar el nuevo auge del cristianismo de liberaci\u00f3n, que ya era hora de decir adi\u00f3s a la inocencia cultural y \u00e9tica, es decir, al eurocentrismo\u00bb<sup>26<\/sup> En efecto, desde los a\u00f1os setenta surge la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina, protagonizada por un conjunto de cl\u00e9rigos que efect\u00faan una suerte de recapitulaci\u00f3n teol\u00f3gica revolucionaria tomando como inspiraci\u00f3n los movimientos populares cristianos de base de los a\u00f1o sesenta, que tuvieron su parteaguas y mayor impulso desde el triunfo de la revoluci\u00f3n cubana de 1959, un terremoto en la Latinoam\u00e9rica de la guerra fr\u00eda y del dominio imperial estadounidense. En ese contexto de pr\u00e1cticas sociales y reflexiones te\u00f3ricas de cu\u00f1o emancipador y anticapitalista, la filosof\u00eda de Bloch despert\u00f3 un entusiasmo que nunca logr\u00f3 entre los gris\u00e1ceos bur\u00f3cratas del r\u00e9gimen comunista alem\u00e1n<sup>27<\/sup>.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el tal fil\u00f3sofo b\u00edblico (alguien calific\u00f3 a Bloch y a Benjamin de \u00abmarxistas talm\u00fadicos\u00bb), era adem\u00e1s freudiano y comunista. Un c\u00f3ctel sin duda explosivo y nada f\u00e1cil de armonizar. Su obra, al final, era una combinaci\u00f3n dentro de la que se recog\u00edan y fund\u00edan retazos de muchas tradiciones. En cualquier caso, su sombra, como la del marxismo en general, se difumin\u00f3\u00a0 tras la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn 1989 y el retroceso de la influencia marxista. Est\u00e1 por ver si el curso de la historia reciente, cargado de desesperanza, hasta qu\u00e9 grado pueda dar la oportunidad de recuperar alguna de la valiosas aportaciones dejadas por la estela discursiva del Schelling marxista\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] J\u00fcrgen Habermas. <em>Naturalismo y religi\u00f3n<\/em>. Barcelona, Paid\u00f3s, 2006.<\/p>\n<p>[2] Karl Marx. \u00abIntroducci\u00f3n para la cr\u00edtica de la Filosof\u00eda del Derecho de Hegel\u00bb. En G. W. F. Hegel. <em>Filosof\u00eda del Derecho<\/em>. Buenos Aires, Claridad, 2009, pp. 7-22.<\/p>\n<p>[3] Una buena parte de las cuales ya abord\u00e9 en el cap\u00edtulo 2 (\u00abPrometeo o Dios encerrado en el hombre\u00bb) de mi libro <em>Verdades sospechosas<\/em>. Madrid, Vision Libros, 2019.<\/p>\n<p>[4] Miguel Salmer\u00f3n. \u00abJuda\u00edsmo y pol\u00edtica: el caso Benjamin y el caso Bloch\u00bb. <em>Bajo Palabra. Revista de Filosof\u00eda<\/em>, 5 (2010), p. 194 [193-202]. La excepcional huella dejada por los intelectuales \u00abjud\u00edos no jud\u00edos\u00bb, expresi\u00f3n acu\u00f1ada por Isaac Deutscher para designar a los jud\u00edos como \u00e9l, que no eran\u00a0 creyentes pero pose\u00edan con una honda impregnaci\u00f3n hebraica. Thorstein Veblen en 1918\u00a0 ya dio cuenta de este fen\u00f3meno (\u00abLa presencia de los jud\u00edos en la cultura europea\u00bb. <em>Revista de Econom\u00eda Institucional<\/em>, vol. 16, n\u00ba 31, pp. 13-21). En nuestro tiempo, Enzo Traverso en <em>El final de la modernidad jud\u00eda <\/em>(Valencia, PUV, 2014) ha descrito brillantemente el giro de los pensadores de origen jud\u00edo hacia la actuales posiciones predominantemente conservadoras mientras la pauta mayoritaria en los siglos XIX y\u00a0 XX hab\u00eda encarnado una concepci\u00f3n cr\u00edtica y progresista del mundo. Recientemente ha salido al mercado una obra period\u00edstica de Norman Lebrecht (<em>Genio y ansiedad. C\u00f3mo los jud\u00edos cambiaron el mundo<\/em>.\u00a0 Madrid, Alianza, 2022).<\/p>\n<p>[5] Karl Marx. \u00abLa religi\u00f3n ante el tribunal de la Filosof\u00eda. Escritos doctorales (1839-1841)\u00bb. En <em>Karl Max. Sobre la religi\u00f3n. De la alienaci\u00f3n religiosa al fetichismo de la <\/em>mercanc\u00eda. Edici\u00f3n e introducci\u00f3n de Reyes Mate y Jos\u00e9 Antonio Zamora. Madrid, Trotta, 2018, p. 102.<\/p>\n<p>[6] En sus obras <em>El principio esperanza<\/em>. Madrid, Aguilar, 2 vols. (1977 y 1979) <em>\u00a0<\/em>y <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo<\/em>. Madrid, Taurus, 1983.<\/p>\n<p>[7] Friedrich Wilhelm J. Schelling (1775-1854) uno de los s\u00edmbolos del romanticismo alem\u00e1n, comparti\u00f3 seminario en Tubinga con H\u00f6lderlin y Hegel. All\u00ed, en su juventud, los tres plantaron un \u00e1rbol s\u00edmbolo de la libertad con motivo de la Revoluci\u00f3n francesa de 1789.<\/p>\n<p>[8] Entre otras valiosas distinciones otorgadas cuando ya era un anciano, cabe destacar el Premio Freud en 1975, que se conced\u00eda por el uso excelente de la prosa alemana en el g\u00e9nero ensayo.<\/p>\n<p>[9] Hans Mayer. \u00abErnst Bloch, utop\u00eda, literatura\u00bb. En VV. AA. <em>En favor de Bloch<\/em>. Madrid, Taurus, 1979, p. 18. Probablemente su director escolar no ser\u00eda tan \u00abtonto\u00bb para citar ese calificativo y posiblemente la traducci\u00f3n hubiera sido mejor si hubiera dicho \u00abincapaz\u00bb u otro adjetivo por el estilo.\u00a0 En cualquier caso, las err\u00e1ticas predicciones de este tipo no son una excepci\u00f3n en la literatura sobre la escuela.<\/p>\n<p>[10] De la primera sali\u00f3 una versi\u00f3n en lengua espa\u00f1ola en M\u00e9xico, en la editorial FCE (1949). De la segunda <em>\u00a0<\/em>hubo que esperar mucho m\u00e1s: <em>El principio esperanza<\/em>. Madrid, Aguilar (1977 y 1979). Edici\u00f3n que utilizo en mi trabajo. M\u00e1s recientemente, en 2007, la editorial Trotta sac\u00f3 una nueva edici\u00f3n. En su redacci\u00f3n emple\u00f3 siete a\u00f1os. Los dos primeros vol\u00famenes aparecieron\u00a0 en la Alemania del Este en 1954-1955 y el tercero, por problemas de censura, se retras\u00f3 hasta 1959.<\/p>\n<p>[11] H. Mayer, op. cit., p. 15.<\/p>\n<p>[12] E. Bloch. <em>Thomas M\u00fcntzer, te\u00f3logo de la revoluci\u00f3n<\/em>. Madrid, Ciencia Nueva, 1968. A trav\u00e9s de esta edici\u00f3n acced\u00ed por primera vez, en mis a\u00f1os de estudiante, a la obra de Bloch.<\/p>\n<p>[13] Este movimiento tambi\u00e9n fue motivo de inter\u00e9s para F. Engels. <em>La guerra de los campesinos en Alemania <\/em>(1850). Hay otra segunda edici\u00f3n de 1870. Disponible en https:www.marxist.org.<\/p>\n<p>[14] Algunos han llamado a esta reformulaci\u00f3n de la tradici\u00f3n marxista, \u00abmarxismo esot\u00e9rico\u00bb por el empleo de unas claves no deterministas y de fuerte implicaci\u00f3n culturalista. V\u00e9ase el seminal estudio de Justo P\u00e9rez. \u00abIntroducci\u00f3n a Bloch\u00bb. <em>Convivium<\/em>, 22 (1966), pp. 27-38. El te\u00f3rico social franco-brasile\u00f1o Michael L\u00f6wy trae a cuento la existencia en Europa central de un conjunto muy relevante de \u00abjud\u00edos libertarios\u00bb, entre los que sit\u00faa a Bloch, Martin Buber y Erich Fromm, entre otros. V\u00e9ase Rafael D\u00edaz Salazar. \u00abEntrevista a Michael L\u00f6wy\u00bb. <em>PAPELES de relaciones ecosociales y cambio social<\/em>, 125 (214), pp. 179-186.<\/p>\n<p>[15] Stuart Jeffries. <em>\u00a0Gran Hotel Abismo. Biograf\u00eda coral de la Escuela de Frankfurt<\/em>. Madrid, Turner, 2018, p. 82. Este hermoso libro no puede rebajar los m\u00e9ritos de otro,\u00a0 el ya cl\u00e1sico de Martin Jay. <em>La imaginaci\u00f3n dial\u00e9ctica. Una historia de la Escuela de Frankfurt<\/em>. Madrid, Taurus, 1974.<\/p>\n<p>[16] Baste recordar aqu\u00ed que Jos\u00e9 Ortega y Gasset escribi\u00f3 por esos a\u00f1os\u00a0 <em>La rebeli\u00f3n de las masas <\/em>(1929)<em>.<\/em> O que tambi\u00e9n no debe pasar inadvertido el hecho de que ya antes hab\u00eda aparecido <em>La decadencia de Occidente<\/em>,de Oswald\u00a0 Spengler. En realidad, la fobia a las masas y el elitismo defensivo no era m\u00e1s que una faceta de la llamada \u00abcrisis de Europa\u00bb, que se verificar\u00eda de manera terrible a causa del estadio superior de destrucci\u00f3n humana que fue la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>[17] R\u00fcdiger Safranski. <em>Martin Heidegger<\/em>. Barcelona, Tusquets, 1997. No conviene olvidar que, por aquel entonces, se vivi\u00f3 la impetuosa y polifac\u00e9tica ola intelectual de la llamada <em>Konservative Revolution<\/em> sobre la cabalgar\u00e1n algunos ilustres hombres de letras (Oswald Spengler, Carl Schmitt, Werner Sombart, Martin Heidegger, Ernst J\u00fcnger, incluso Thomas Mann y otros), cuya resaca acabar\u00eda arrastrando a la ruina de la Rep\u00fablica de Weimar y al triunfo del nazismo. Se ha dicho que esta difusa y poli\u00e9drica constelaci\u00f3n ideol\u00f3gica de conservadores de nuevo cu\u00f1o (idealistas, rom\u00e1nticos, idealistas y vitalistas) coincide en la total falta de respeto por la formas democr\u00e1ticas de acceso al poder, la negaci\u00f3n absoluta de la raz\u00f3n ilustrada y la apelaci\u00f3n a los valores intangibles y lazos profundos y no racionales, que dan carta de naturaleza a su idea de Estado y naci\u00f3n, fundada en algo parecido a un mitologema originario: el <em>Volkgeist <\/em>(esp\u00edritu del pueblo.<\/p>\n<p>[18] Todav\u00eda es imprescindible acudir al espl\u00e9ndido libro de un intelectual nacido en la ciudad natal de Bloch y que, perteneciente a una generaci\u00f3n mucho m\u00e1s joven, acabar\u00e1 su labor acad\u00e9mica en Estados Unidos. Me refiero a Fritz K. Ringer. <em>El ocaso de los mandarines alemanes. La comunidad acad\u00e9mica alemana, 1890-1933<\/em>. Barcelona, Pomares, 1998.<\/p>\n<p>[19] Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. <em>Dial\u00e9ctica de la Ilustraci\u00f3n<\/em>. Madrid, Trotta, 1998. Escrito durante el exilio en Estados Unidos, circul\u00f3 durante la Segunda Guerra Mundial como manuscrito hasta su edici\u00f3n en 1947. La contraparte y complemento de este magn\u00edfico ensayo es otro no menos grandioso de 1939 debido\u00a0 la pluma de Norbert Elias, soci\u00f3logo jud\u00edo alem\u00e1n, disc\u00edpulo de otra notoriedad intelectual, Karl Manheim, que tambi\u00e9n tom\u00f3 el mismo destino de exilio en Inglaterra. All\u00ed Elias cre\u00f3 su espl\u00e9ndida obra: <em>El proceso de la civilizaci\u00f3n. Investigaciones sociogen\u00e9ticas y psicogen\u00e9ticas<\/em>. M\u00e9xico, FCE, 1988.\u00a0En cierto modo, quiz\u00e1s de forma oblicua, estos grandiosos textos contienen una respuesta, en claves sociol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas, al <em>Malestar en la cultura <\/em>(1930) de un S. Freud que concibi\u00f3 la civilizaci\u00f3n como un proceso de represi\u00f3n libidinal del sujeto.<\/p>\n<p>[20] No obstante, la amistad con Luk\u00e1cs que hab\u00eda nacido intensamente en 1910, se acabar\u00eda debilitando en raz\u00f3n de la idea que cada uno ten\u00eda de la militancia revolucionaria. Mientras que Luk\u00e1cs apost\u00f3 por la implicaci\u00f3n directa en los procesos revolucionarios, Bloch consideraba que su compromiso hab\u00eda de ser principalmente el de desarrollar un pensamiento cr\u00edtico. Tambi\u00e9n acabaron teniendo puntos de vista divergentes en materia art\u00edstica (Bloch a favor del expresionismo y su antiguo camarada en contra). V\u00e9ase Miguel Vedda (comp.). <em>Ernst Bloch. Tendencias y latencias de un pensamiento<\/em>. Buenos Aires, Herramienta, 2007, pp. 97-99. Para ver su valoraci\u00f3n sobre el expresionismo hay que consultar su obra de 1935, editada en el exilio suizo, <em>Herencia de esta \u00e9poca <\/em>(Madrid, Tecnos, 2019).<\/p>\n<p>[21] V\u00e9ase S. Jeffreys. <em>Gran Hotel Abismo<\/em>\u2026.p. 11. El autor de este libro, periodista de saber enciclop\u00e9dico, toma esa denominaci\u00f3n del te\u00f3rico comunista Luk\u00e1cs para dar t\u00edtulo a su obra.<\/p>\n<p>[22] E. Bloch. <em>Huellas<\/em>. Madrid, Tecnos\/Alianza, 2005. Estos fragmentos en prosa consagran a su autor como un gran escritor de la vida cotidiana y como un fil\u00f3sofo de los m\u00e1rgenes que, siguiendo la tradici\u00f3n jud\u00eda de los cuentos jas\u00eddicos,\u00a0 utiliza el relato para sacar de las cosas vulgares el enigma que llevan dentro y que las envuelven. V\u00e9ase la interpretaci\u00f3n de Jos\u00e9 Jim\u00e9nez en el \u00abPr\u00f3logo\u00bb. En E. Bloch. <em>Huellas\u2026<\/em>, pp. 15-20.<\/p>\n<p>[23] Justo P\u00e9rez. \u00abIntroducci\u00f3n a Bloch\u00bb. <em>Convivium<\/em>, 26 (1968), p. 24.<\/p>\n<p>[24] Desde luego, no todos los frankfurtianos adoptaron una posici\u00f3n negativa respecto a los movimientos extraparlamentarios y revolucionarios de los a\u00f1os sesenta. Por ejemplo, Herbert Marcuse, que hab\u00eda permanecido en Estados Unidos, se erigi\u00f3 en un sumo sacerdote de los j\u00f3venes radicales de los a\u00f1os sesenta, que negaban la represi\u00f3n de la libido como mandamiento social y afirmaban la libertad sexual como instrumento de demolici\u00f3n de los valores civilizatorios que Freud, sin prop\u00f3sito revolucionario alguno, hab\u00eda querido consagrar en su obra.<\/p>\n<p>[25] Johannes B. Metz. \u00abLa historicidad de la Filosof\u00eda\u00bb. <em>Convivium<\/em>, 22 (1966), pp. 27-38. Cit. Justo P\u00e9rez, 1968, p. 7.<\/p>\n<p>[26] J. B. Metz. <em>Cambio social y pensamiento cristiano en Am\u00e9rica Latina. Teolog\u00eda europea y teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n<\/em>. Madrid, Trotta, 1993, pp. 263-264<\/p>\n<p>[27] Para m\u00e1s amplia informaci\u00f3n, v\u00e9ase Michel L\u00f6wy. <em>Cristianismo de liberaci\u00f3n. Perspectivas\u00a0 marxistas y ecosocialistas. <\/em>Barcelona, El Viejo Topo, 2019.<\/p>\n<p>Raimundo Cuesta, Fedicaria-Salamanca<\/p>\n<p>Fuente: <em>Rebeli\u00f3n <\/em>(<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/una-vida-y-una-obra-a-la-intemperie-en-la-era-de-las-catastrofes\/\">https:\/\/rebelion.org\/una-vida-y-una-obra-a-la-intemperie-en-la-era-de-las-catastrofes\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ernst Bloch: religi\u00f3n, marxismo y utop\u00eda (I) La extinci\u00f3n de Joseph Ratzinger (1920-2023), fino te\u00f3logo b\u00e1varo, evasivo Papa con mando<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":13873,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,8,1995],"tags":[2019],"class_list":["post-13872","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-filosofia","category-religion","tag-ernst-bloch"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13872","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13872"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13872\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/13873"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13872"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13872"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13872"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}