{"id":1389,"date":"2015-08-04T00:00:00","date_gmt":"2015-08-04T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1389"},"modified":"2019-01-21T18:58:59","modified_gmt":"2019-01-21T18:58:59","slug":"en-la-caverna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=1389","title":{"rendered":"En la caverna"},"content":{"rendered":"\n<p> S&aacute;bado tarde en un abarrotado centro comercial de Barcelona. Grupos de j&oacute;venes, algunos casi adolescentes, transitan nerviosos de tienda en tienda. Familias enteras pasean por calles falsas que pretenden imitar una especie de ciudad comercial ideal. Fuera, largas colas de autom&oacute;viles que colapsan el tr&aacute;fico del barrio, mientras esperan acceder por alguna de las varias entradas del Centro.<\/p>\n<p> Estos templos del consumo, verdaderas catedrales de nuestros tiempos, representan toda una forma de cultura material, una forma de vida, un <i>ethos<\/i>, para las clases subalternas. Despu&eacute;s de una dura semana de trabajo, cada vez m&aacute;s marcada por la precariedad y las p&eacute;simas condiciones laborales, el fin de semana supone una de liberaci&oacute;n. El consumo nos iguala con modelos sociales de &eacute;xito, que act&uacute;an como referentes culturales y nos permite tapar los agujeros del alma, olvidando por unos momentos la mierda de vida que llevamos. Se pasea por sus falsas calles y se consume, o se sue&ntilde;a con consumir.  <\/p>\n<p> La clave del &eacute;xito del centro comercial ha sido la combinaci&oacute;n de ocio y consumo. El centro comercial presenta una gran concentraci&oacute;n de tiendas y de espacios para el ocio en un mismo lugar. Para conectar con el posible consumidor se crea un ambiente en el que este se pueda sentir c&oacute;modo, seguro, que lo transporta durante unas horas lejos de su vida cotidiana. La apariencia, el escenario se ha convertido en un todo, m&aacute;s importante que la propia esencia.<\/p>\n<p> Incluso los centros hist&oacute;ricos de la mayor parte de nuestras ciudades han ido convirti&eacute;ndose poco a poco en grandes centros comerciales al aire libre. Si hici&eacute;ramos la prueba de taparnos los ojos y nos tele-transportaran al centro de alguna ciudad europea cualquiera, nos encontrar&iacute;amos con un decorado com&uacute;n, formado por una sucesi&oacute;n de tiendas franquiciadas que se repiten y que forman el paisaje de nuestro tiempo. Cuando hace unos a&ntilde;os las transformaciones urbanas alejaban los veh&iacute;culos de los centros hist&oacute;ricos, convirtiendo sus calles en zonas peatonales, pocos imaginaban que el objetivo de esta medida no era tanto humanizar nuestras ciudades, como favorecer y potenciar estos centros comerciales abiertos.<\/p>\n<p> En el a&ntilde;o 2000, coincidiendo con el inicio del nuevo milenio, el escritor portugu&eacute;s Jos&eacute; Saramago escrib&iacute;a La caverna, una de sus novelas m&aacute;s conocidas. En &eacute;sta, Cipriano Algor, un artesano alfarero de sesenta y cuatro a&ntilde;os y &uacute;ltima generaci&oacute;n de un oficio de los que hab&iacute;an vivido siempre sus antepasados, mantiene un desigual combate para sobrevivir frente a las mutaciones antropol&oacute;gicas que han acabado con su mundo. Cipriano, que vive con su hija Marta y su yerno Marcial, ha vivido siempre de su oficio y es el &uacute;nico que sabe hacer en la vida. Se trata de un combate desigual entre dos culturas materiales radicalmente distintas, por un lado la artesana, pero tambi&eacute;n la campesina, y la cultura de la Sociedad del consumo dirigido, como la definir&iacute;a Henri Lefevbre.<\/p>\n<p> El t&iacute;tulo de la novela, La caverna, hace referencia a una conocida alegor&iacute;a de Plat&oacute;n. En esta, se describe como un grupo de personas se encuentran prisioneras desde su nacimiento en una especie de cueva, atadas con cadenas que les impiden volver la cabeza, de forma que s&oacute;lo pueden mirar hacia la pared situada en el fondo de la caverna. A sus espaldas hay un muro con un pasillo y a&uacute;n m&aacute;s lejos una hoguera que ilumina y proyecta las sombras distorsionadas sobre el &uacute;nico muro que pueden ver los prisioneros. Los prisioneros confunden la realidad, que no pueden llegar a ver, con las sombras proyectadas por los objetos. Aquel gran centro comercial de la novela al que se enfrenta Cipriano Algor, que crece y crece inexorable engullendo a su paso culturas materiales, es la caverna que marca y regula la vida de los ciudadanos.<\/p>\n<p> Hoy la caverna es parte de nuestra realidad. Cualquier proyecto pol&iacute;tico y social que se plantee una verdadera reforma intelectual y moral que transforme el actual estado de cosas, habr&aacute; de plantearse la construcci&oacute;n de una alternativa de vida, de un nuevo <i>ethos<\/i>, evitando cerrarse dentro de peque&ntilde;as &quot;&Iacute;tacas&quot;, dejando a la mayor parte del pueblo al arbitrio de la Caverna.<\/p>\n<\/p>\n<p> <i>Publicado originalmente en catal&aacute;n en La Directa:<\/i> <u><a href='https:\/\/directa.cat\/actualitat\/caverna'>https:\/\/directa.cat\/actualitat\/caverna<\/a><\/u><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style='margin-bottom: 0.2cm; line-height: 150%;' lang='es-ES' align='justify'>Cualquier proyecto pol\u00edtico y social que se plantee una verdadera reforma intelectual y moral que transforme el actual estado de cosas, habr\u00e1 de plantearse la construcci\u00f3n de una alternativa de vida, de un nuevo ethos, evitando cerrarse dentro de peque\u00f1as &#8216;\u00cdtacas&#8217;, dejando a la mayor parte del pueblo al arbitrio de la Caverna.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":1390,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,13],"tags":[],"class_list":["post-1389","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-condiciones-de-vida","category-la-izquierda-a-debate"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1389","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1389"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1389\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1390"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1389"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1389"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1389"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}