{"id":13898,"date":"2023-06-18T05:00:16","date_gmt":"2023-06-18T04:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13898"},"modified":"2023-06-18T02:31:50","modified_gmt":"2023-06-18T01:31:50","slug":"la-religion-como-mensaje-cifrado-de-la-utopia-humanismo-dialectica-y-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13898","title":{"rendered":"La religi\u00f3n como mensaje cifrado de la utop\u00eda. Humanismo, dial\u00e9ctica y revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"subtitle\">Ernst Bloch: religi\u00f3n, marxismo y utop\u00eda (II)<\/h4>\n<p>A diferencias de los \u00abmaestros de la sospecha\u00bb, la cr\u00edtica de la religi\u00f3n en Bloch no es tanto un ejercicio radical acerca del car\u00e1cter enga\u00f1oso de las religiones existentes en el mundo occidental como, seg\u00fan su criterio, una elucidaci\u00f3n y decodificaci\u00f3n del mensaje revolucionario que se oculta y es inherente a las tradiciones b\u00edblicas judeocristianas. De esta suerte, las Sagradas Escrituras comparecen como si fueran una botella lanzada al mar que transporta un encriptado aviso a n\u00e1ufragos susceptible de ser descubierto, desvelado e interpretado a la luz de un pensamiento materialista. Ciertamente, la obra del fil\u00f3sofo alem\u00e1n Ernst Bloch\u00a0 contiene una monumental y original reflexi\u00f3n sobre\u00a0 el tema religioso, que remonta sus fuentes nutricias al Marx joven (\u00abel ate\u00edsmo es el humanismo mediante la superaci\u00f3n de la religi\u00f3n\u00bb), esto es, a una relectura sabia y refinada de la tradici\u00f3n marxista y a una recuperaci\u00f3n de la herencia dial\u00e9ctica hegeliana. Todo ello soportado y llevado a buen puerto gracias a una historia personal intransferible, la de \u00abun heterodoxo por libre decisi\u00f3n y la de un viajero solitario por mundos poco transitados\u00a0 en la filosof\u00eda\u00bb<sup>[1]<\/sup>. Su magna y bella obra, <em>El principio esperanza <\/em>(1954-1955 y 1959), es la culminaci\u00f3n de su punto de vista sobre la religi\u00f3n y de todo un programa filos\u00f3fico al servicio de la utop\u00eda como horizonte de emancipaci\u00f3n humana<sup>[2]<\/sup>.<\/p>\n<p>Ahora bien, el punto de partida de todo su edificio filos\u00f3fico consiste en una especulaci\u00f3n sobre la condici\u00f3n humana, una antropolog\u00eda sustancialmente optimista y mediada por una determinada interpretaci\u00f3n, con acusados ribetes marxistas, del psicoan\u00e1lisis. El fantasma de doctor Freud, perteneciente a una generaci\u00f3n anterior a la suya pero plenamente activo hasta su muerte al comenzar la Segunda Guerra Mundial, queda como tel\u00f3n de fondo.<\/p>\n<p>Resulta extraordinariamente llamativo que su obra maestra tenga como p\u00f3rtico las siguientes interrogaciones: \u00ab\u00bfQui\u00e9nes somos? \u00bfDe d\u00f3nde venimos? \u00bfAd\u00f3nde vamos? \u00bfQu\u00e9 esperamos? \u00bfQu\u00e9 nos espera? (\u2026). Se trata de aprender de la esperanza\u00bb<sup>[3]<\/sup>. Empero no es demasiado extra\u00f1o si se comprende la totalidad de su obra como una reiterada reflexi\u00f3n sobre la condici\u00f3n humana, de modo que su concepci\u00f3n antropol\u00f3gica es como alfa y omega de todo su discurso filos\u00f3fico y literario. A tal fin, como buena parte de pensamiento m\u00e1s inquieto y progresista del siglo XX, trat\u00f3 de sentar a la misma mesa a Marx y a Freud<sup>[4]<\/sup>, lo que signific\u00f3, en cierto modo, ir m\u00e1s all\u00e1 de ambos. Por lo que hace al tema de mi digresi\u00f3n, la antropolog\u00eda de Bloch arranca de la definici\u00f3n hist\u00f3rica de la naturaleza del ser humano, que carecer\u00eda de una esencia fija y cerrada, como, seg\u00fan su opini\u00f3n, parec\u00eda sugerir el freudismo al someter toda la realidad al omnipresente impulso libidinal, convirti\u00e9ndolo en una suerte de ortopedia mental <em>todoloexplica<\/em>. Eso por no entrar a considerar su juicio desde\u00f1oso hacia la dimensi\u00f3n terap\u00e9utica (de reinserci\u00f3n social y beneficio pecuniario) de la pr\u00e1ctica privada del psicoan\u00e1lisis. Esas insuficiencias reduccionistas tambi\u00e9n estar\u00edan muy presentes en el hallazgo freudiano m\u00e1s importante, a saber, la significaci\u00f3n de los sue\u00f1os y del inconsciente. A diferencia del inefable doctor, Bloch rechaza la r\u00edgida separaci\u00f3n entre sue\u00f1o y vigilia, descubriendo la importancia de los <em>sue\u00f1os diurnos<\/em>, un tema\u00a0 esencial en su pensamiento que, sustentado en la caracterizaci\u00f3n del ente humano como veh\u00edculo de un insaciable af\u00e1n ut\u00f3pico, conduce a otra categor\u00eda innovadora de su pensamiento: <em>lo<\/em> <em>todav\u00eda no consciente<\/em>, esto es, aquella \u00abrepresentaci\u00f3n ps\u00edquica de lo que todav\u00eda no ha llegado a ser en una \u00e9poca y en su mundo, en la frontera del mundo\u00bb<sup>[5]<\/sup>. As\u00ed pues, esta imagen que presiente y adelanta el futuro contrasta con la del psicoan\u00e1lisis que no deja de bascular hacia el modelo retrospectivo de la represi\u00f3n, un modelo incapacitado para mirar hacia adelante, en suma, anclado y atado sin remedio\u00a0 a una visi\u00f3n de car\u00e1cter reaccionario<\/p>\n<p>Frente a ese esquema periclitado propone un modelo interpretativo optimista y abierto hacia el futuro. Y en consonancia con ello, concibe la \u00abesperanza\u00bb como un afecto de espera propio de un ser humano esencialmente insatisfecho y pose\u00eddo necesariamente de \u00absue\u00f1os diurnos\u00bb de felicidad y de otra vida m\u00e1s deseable, una suerte de duermevela de anticipaciones, m\u00e1s o menos conscientes o elaboradas, que transparenta los deseos humanos hacia un horizonte de cambio social. Utop\u00eda (que \u00e9l juzga factible en la utop\u00eda concreta que anuncia el marxismo revolucionario)<sup>[6]<\/sup> y esperanza (af\u00e1n insoslayable del vivir) constituyen as\u00ed el haz y el env\u00e9s, inseparables caras de la filosof\u00eda blochiana. Esa vertiente desiderativa se abastece de im\u00e1genes, en buena parte expresadas en el arte y en las tradiciones y lenguajes de la religiones mesi\u00e1nicas.<\/p>\n<p>En efecto, este \u00abmarxismo c\u00e1lido\u00bb del Schelling marxista, adem\u00e1s de tener su centro de gravedad en el sujeto, tambi\u00e9n fija su atenci\u00f3n en esas dos facetas (la est\u00e9tica y la religiosa) de la vida humana. Respecto al arte, Bloch lo entiende como pre-apariencia, como perspectiva de la totalidad que pugna por hacerse visible. Por ejemplo, de la m\u00fasica (su formaci\u00f3n en esta materia era temprana y excelente) se\u00f1ala que traspasa la realidad: \u00ablos franqueadores pertenecen al reino de Beethoven\u00bb<sup>[7]<\/sup>. El recorrido de este \u00abmarxista rom\u00e1ntico e idealista\u00bb\u00a0 por el mundo de la cultura y del arte pretende buscar y descubrir la configuraci\u00f3n y condensaci\u00f3n de las im\u00e1genes ut\u00f3picas subjetivas a trav\u00e9s de arquetipos. As\u00ed discurre su razonamiento tomando como pivotes ilustrativos los grandes tipos-s\u00edmbolo de la literatura universal. Estos no son considerados, como hace la cr\u00edtica al uso, como manifestaci\u00f3n de las grandes pasiones humanas sino como sue\u00f1os ut\u00f3picos del propio g\u00e9nero humano. Don Quijote, Fausto, don Juan adquieren la categor\u00eda de emblemas del ser desiderativo e insatisfecho que yace agazapado en el rec\u00f3ndito lugar de la conciencia humana. Y ello en raz\u00f3n de que, en su condici\u00f3n de figuras paradigm\u00e1ticas de ficci\u00f3n, expresan, por distintos motivos, el exceso y la superaci\u00f3n de fronteras. El h\u00e9roe blochiano por antonomasia que es Prometeo, se autodefine por la exageraci\u00f3n de su propia esencia ambivalente (humana y divina). La literatura, pues, mostrar\u00eda, a trav\u00e9s de algunos de sus personajes m\u00e1s populares, los deseos de superaci\u00f3n de los propios l\u00edmites de la humanidad: \u00abDon Quijote es el ut\u00f3pico m\u00e1s grandioso, pero tambi\u00e9n su caricatura\u00bb<sup>[8]<\/sup>. \u00abDon Juan se convierte en la imagen desiderativa m\u00e1s esplendente, un paradigma de la seducci\u00f3n (\u2026) pertenece a los dioses de los mejores, a Dionisos el dios rebelde contra el matrimonio y contra el orden\u00bb<sup>[9]<\/sup>. Y, en fin: : \u00abel doctor Fausto es el franqueador de fronteras por excelencia\u00bb<sup>[10]<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuesta, en verdad, cohonestar estas ideas con las que habitualmente circulaban entonces por un marxismo ortodoxo cada vez m\u00e1s apegado al realismo socialista desde los a\u00f1os treinta cuando nuestro autor defend\u00eda el expresionismo frente a la dogm\u00e1tica excluyente de un Luk\u00e1cs y el realismo socialista imperante en\u00a0 la URSS de Stalin<sup>[11]<\/sup>. Sin embargo, conviene no echar en saco roto el hecho de que tampoco \u00e9l fue una excepci\u00f3n del todo dentro de las corrientes del pensamiento marxista. Desde luego, su gran amigo W. Benjamin era un vecino espiritual muy cercano a sus ideas y tambi\u00e9n existieron notables conexiones con los frakfurtianos, como por ejemplo, Th. W. Adorno y sobre todo con Siegfried Kracauer<sup>[12]<\/sup>. Incluso m\u00e1s tarde, en la d\u00e9cada de los a\u00f1os cincuenta, cuando publica <em>El principio esperanza<\/em>, en la tradici\u00f3n marxista brit\u00e1nica se estaba\u00a0 produciendo un giro \u00abcultural\u00bb, en parte bajo la lejana aura de la filosof\u00eda de Antonio Gramsci, contra el determinismo y la problem\u00e1tica infraestructura\/superestructura en las obras, entre otros, de Edward Palmer Thompson y Raymond Williams<sup>[13]<\/sup>. El mismo Marx en su tiempo no dej\u00f3 de mostrar m\u00e1s de un cabo suelto a prop\u00f3sito de la relaci\u00f3n entre la base material de orden econ\u00f3mico y la pervivencia de gustos literarios muy alejados de las condiciones del presente. En efecto, en su <em>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em> (1859) se preguntaba acerca de por qu\u00e9 todav\u00eda gozamos al leer a Homero y la epopeya griega: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 la infancia social de la humanidad, en lo m\u00e1s bello de su florecimiento, no habr\u00eda de ejercer un atractivo eterno, como una fase desaparecida para siempre?\u00bb<sup>[14]<\/sup>. Ese \u00abatractivo eterno\u00bb no puede comprenderse m\u00e1s que como una salida por la tangente. Pero lo cierto y verdad es que la filosof\u00eda de Bloch, como hoy el pensamiento m\u00e1s fruct\u00edfero de las llamadas ciencias humanas, se abre a ese mundo de las pervivencias culturales y espirituales de larga duraci\u00f3n poco consideradas en la perspectiva del materialismo ortodoxo. La religi\u00f3n, qu\u00e9 duda cabe, es una de esas pervivencias abrumadoras. No en vano, como gustaba decir Bloch, parafraseando a Lenin, el idealismo inteligente est\u00e1 m\u00e1s cerca del materialismo inteligente que el materialismo necio, lo que se aven\u00eda adem\u00e1s perfectamente con esa especie de \u00abcorriente c\u00e1lida\u00bb del marxismo que, seg\u00fan \u00e9l, busca la utop\u00eda de un mundo mejor. De ah\u00ed que Bloch haya sido, por antonomasia, el fil\u00f3sofo de la utop\u00eda y de la esperanza y, por los motivos que se ver\u00e1n m\u00e1s adelante, de un ate\u00edsmo edificado sobre los pilares de una peculiar hermen\u00e9utica de la herencia textual contenida en la tradici\u00f3n religiosa judeocristiana. La cuesti\u00f3n religiosa se aborda con especial extensi\u00f3n en el tercer volumen de <em>El principio esperanza <\/em>(1954-1959) y en <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo <\/em>(1968), editados en Espa\u00f1a respectivamente entre 1977-1979 y 1983, poco despu\u00e9s de su muerte. En tierras hispanas, casi reci\u00e9n pasada la peste de la dictadura franquista, la transici\u00f3n a la democracia liberal encontr\u00f3 un contexto muy receptivo a los nuevos aires, de forma que incluso en Espa\u00f1a el declive del pensamiento marxista (hegem\u00f3nico\u00a0 en los a\u00f1os sesenta en pa\u00edses como Francia) tard\u00f3 algo m\u00e1s en manifestarse que en otros pa\u00edses europeos, que ya en 1975, a la altura de finales de la guerra de Vietnam, mostraba graves agrietamientos y una notable dispersi\u00f3n. En Occidente pronto sonaron los tambores del fin de los grandes relatos y del desvanecimiento de las concepciones revolucionarias.<\/p>\n<p>Por su parte, Bloch, en parang\u00f3n con la tarea de Marx que pretendi\u00f3 dar la vuelta a Hegel y ponerlo sobre sus pies,\u00a0 se propuso colocar la religi\u00f3n \u00absobre sus pies humanos\u00bb. Esto es, la tarea cr\u00edtica consistir\u00eda en una inversi\u00f3n constructiva del significado de la religi\u00f3n, lo cual conllevar\u00eda la fundamentaci\u00f3n de un nuevo ate\u00edsmo, erigido a partir de una cr\u00edtica previa de la religi\u00f3n, que, desde luego no ignora y se beneficia y alimenta de las intuiciones ya formuladas, entre otros, por L. Feuerbach y K. Marx en el siglo XIX. En el primero encuentra el sedimento para explicitar un ate\u00edsmo de rostro humano haciendo regresar las cualidades proyectadas sobre la divinidad a los mismos hombres y mujeres de donde arrancaron y, por lo tanto, reconociendo previamente, como dec\u00eda Lucrecio, que \u00ablos dioses nacen del miedo, de la miseria, de la impotencia\u00bb.<\/p>\n<p>Para Bloch sin Feuerbach el ate\u00edsmo hubiera sido labor imposible, porque su cr\u00edtica representa una antesala de un ser humano liberado de las ataduras que constri\u00f1en su realizaci\u00f3n subjetiva. Naturalmente, \u00e9l frente a la esencia gen\u00e9rica de Feuerbach contrapone la concepci\u00f3n marxiana del ser social y los mecanismos materiales que explican la autoalienaci\u00f3n, pasando as\u00ed del humano gen\u00e9rico al ser social, de la autoalienaci\u00f3n en abstracto a los mecanismos materiales sobre la que se construye. El m\u00e9rito de Marx residir\u00eda en haber dado materialidad a la alienaci\u00f3n religiosa: \u00abla religi\u00f3n se vincul\u00f3 por primera vez\u00a0 a la sociedad de clases, cuando la religi\u00f3n se hizo casi equivalente a la Iglesia\u00bb<sup>[15]<\/sup>.<\/p>\n<p>No obstante, nuestro fil\u00f3sofo no se limita solo a verificar una revisi\u00f3n cr\u00edtica de Marx, sino que, fiel a su huella, la exprime y prolonga m\u00e1s all\u00e1 de lo que dijo o quiso decir su creador. Y as\u00ed, tirando de su\u00a0 <em>Introducci\u00f3n a la Cr\u00edtica de la Filosof\u00eda del Derecho de Hegel <\/em>(1844), ya citado en mi trabajo, afirma: \u00abEn todo este radicalismo contra la hasta aqu\u00ed Iglesia de los se\u00f1ores, y contra el opio del pueblo presente en aquella, en toda religi\u00f3n instituida hasta hoy existe, no obstante, <em>otro elemento <\/em>que concierne al lugar marxiano del opio y a la cr\u00edtica de la religi\u00f3n: el marxismo vulgar no lo ha transitado nunca\u00bb<sup>[16]<\/sup>.<\/p>\n<p>Ese <em>otro elemento <\/em>esla religi\u00f3n como expresi\u00f3n de la miseria real y protesta contra la misma, porque \u00abtoda religi\u00f3n ha sido siempre esencia desiderativa (\u2026) no ha sido tampoco ilusi\u00f3n completamente vana\u00bb<sup>[17]<\/sup>. As\u00ed es que la religi\u00f3n poseer\u00eda una dimensi\u00f3n oculta, contendr\u00eda en su interior un \u00abespacio ut\u00f3pico\u00bb, un <em>homo absconditus <\/em>por descubrir, que solo el futuro puede realizar y que no se puede orillar simplemente ignorando o relegando al hecho religioso al desv\u00e1n de las meras mentiras o alucinaciones. En este sentido, \u00abdonde hay esperanza, hay religi\u00f3n\u00bb<sup>[18]<\/sup>, de modo que el mensaje religioso ser\u00eda algo as\u00ed\u00a0 como un mensaje en clave del ser humano no realizado y por realizar.<\/p>\n<p>De ah\u00ed se sigue que la cr\u00edtica de la religi\u00f3n deber\u00eda cambiar radicalmente de objetivo pasando del problema de la negaci\u00f3n total al problema de la recuperaci\u00f3n de las claves humanas intr\u00ednsecas al mensaje religioso, a saber, limpiando la herencia religiosa de las adherencias sojuzgadoras de los funcionarios del culto. De esta manera, se deja ver c\u00f3mo el discurso religioso poseer\u00eda, gracias a su propia esencia y a su propia historia, un car\u00e1cter ambivalente. Por cierto, asevera Bloch, una lectura en positivo solo ser\u00eda factible desde el ate\u00edsmo, desde la negaci\u00f3n de la trascendencia (\u00abla trascendencia sin transcendencia\u00bb), en fin, prescindiendo de Dios. Y as\u00ed se da la paradoja, seg\u00fan nuestro autor, de que solo es posible el cristianismo desde el ate\u00edsmo m\u00e1s la \u00abutop\u00eda concreta\u00bb, es decir, desde la posibilidad de un mundo mejor, tarea que solo podr\u00eda emprender el marxismo. Desgraciadamente la utop\u00eda concreta de Bloch, en el caso del marxismo sovi\u00e9tico, rayaba a la saz\u00f3n en la total cacotop\u00eda (en lo contrario a la utop\u00eda).<\/p>\n<p>Por tanto, la positividad \u00faltima y m\u00e1s profunda de la religi\u00f3n residir\u00eda en la tensi\u00f3n hacia un cambio de la realidad, prometido y nunca alcanzado. Precisamente la tendencia y el deseo hacia un mundo mejor, la esperanza de salvaci\u00f3n mundana, es una constante que se explicita reiteradamente en\u00a0 la historia de las religiones a trav\u00e9s de diferentes movimientos her\u00e9ticos, por eso \u00ablo mejor de la religi\u00f3n es que produce herejes\u00bb, como ya demostr\u00f3 tempranamente con su estudio de la figura del cl\u00e9rigo y l\u00edder campesino Thomas M\u00fcntzer, anabaptista que encabeza la revoluci\u00f3n de 1525. Hoy el ate\u00edsmo recoge la antorcha de esos movimientos y sirve \u00abcomo esperanza her\u00e9tica\u00bb, aniquilando la religi\u00f3n y poni\u00e9ndola sobre sus pies humanos<sup>[19]<\/sup>.<\/p>\n<p>Su optimismo acerca de la posibilidad (no la seguridad) de salvaci\u00f3n terrena, al parecer se encarnaba en la personalidad profunda del \u00abSchelling marxista\u00bb. En efecto, en 1974 Michael L\u00f6wy (1938), te\u00f3rico franco-brasile\u00f1o, marxista de inclinaci\u00f3n trostkista, ecososcialista, de origen jud\u00edo, ateo y profesor del\u00a0 Centre Nationale de Recherches Scientifiques (CNR) de Par\u00eds, lo visita en su refugio de Turingia y all\u00ed se topa con una anciano de ochenta y nueve a\u00f1os medio ciego, pero que en su interior guardaba un optimismo vital, una energ\u00eda y una lucidez poco o nada corrientes a su edad. Todo ello, dice L\u00f6wy, revestido de una mezcla de desparpajo, insolencia y desaf\u00edo, notas estas siempre presentes en toda su creaci\u00f3n literaria y quiz\u00e1s sean un rastro de su fino dominio de las tradiciones espirituales jud\u00edas<sup>[20]<\/sup>. El inter\u00e9s mostrado por el profesor franc\u00e9s nacido en Brasil, obedec\u00eda\u00a0 a\u00a0 su personal compromiso con la causa de las masas populares latinoamericanas, en las que, desde m\u00e1s de una d\u00e9cada se estaba produciendo una acercamiento entre lo que llama el \u00abcristianismo de la liberaci\u00f3n\u00bb y el marxismo. A tal fin, parafraseando a Mari\u00e1tegui, uno de los fundadores del comunismo americano del sur, dice que \u00abla emoci\u00f3n revolucionaria (\u2026) es una emoci\u00f3n religiosa\u00bb<sup>[21]<\/sup>. Considera L\u00f6wy, que E. Bloch pertenece a los que llama \u00abpensadores jud\u00edos libertarios\u00bb de la Europa central y que el conjunto de su legado plasma una cr\u00edtica rom\u00e1ntica, con fuertes acentos religiosos, de la l\u00f3gica productiva de la civilizaci\u00f3n industrial y del capitalismo.<\/p>\n<p>Lo cierto es que en Am\u00e9rica Latina, en las postrimer\u00edas de la vida de Bloch, se articular\u00e1 la relaci\u00f3n entre los movimientos cristianos de base, muy activos en los sesenta despu\u00e9s del triunfo de la revoluci\u00f3n castrista en Cuba en 1959, y la teolog\u00eda de la liberaci\u00f3n, m\u00e1s radical que la teolog\u00eda progresista de Europa, que emerge en los a\u00f1os setenta como una consecuencia reflexiva y doctrinal inspirada en la luchas emancipadoras de la d\u00e9cada anterior<sup>[22]<\/sup>. De ah\u00ed el eco alcanzado por la filosof\u00eda de Bloch entre los movimientos revolucionarios de Am\u00e9rica Latina\u00a0 a diferencia del sintom\u00e1tico rechazo y sospechosa vigilancia al que fue sometido entre los pa\u00edses del socialismo real del Pacto de Varsovia<sup>[23]<\/sup>. Al parecer, la \u00abutop\u00eda concreta\u00bb hab\u00eda cambiado de espacio geogr\u00e1fico y de protagonistas.\u00a0 Por cierto, en 2019 fue rehabilitado por el papa Francisco el sacerdote Ernesto Cardenal, que como consecuencia de su participaci\u00f3n en la revoluci\u00f3n sandinista, fue escarnecido y humillado p\u00fablica e inclementemente por Karol Wojtyla en 1983, en el aeropuerto de Managua, y con motivo de una visita papal,\u00a0 mediante una espectacular reprimenda y la posterior suspensi\u00f3n <em>a divinis <\/em>(prohibici\u00f3n de dar los sacramentos). La foto de Cardenal de rodillas y con sonrisa beat\u00edfica intentado besar sin \u00e9xito la mano de su Santidad\u00a0 y este dirigiendo su dedo \u00edndice con gesto admonitorio y autoritario, dio la vuelta al mundo. El perd\u00f3n del sacerdote-poeta-cristiano es todo un s\u00edmbolo de una \u00e9poca<sup>[24]<\/sup>. La amnist\u00eda eclesial lleg\u00f3 cuando el interesado ten\u00eda noventa y cuatro a\u00f1os. Entonces ya era m\u00e1s que evidente la recesi\u00f3n del movimiento emancipador cristiano en Am\u00e9rica Latina, sustituido, en parte, por organizaciones populares evangelistas de car\u00e1cter reaccionario capaces de aupar a posfacistas como Bolsonaro a la presidencia de Brasil y, una vez consumido su horrendo mandato, incorporarse a la insurrecci\u00f3n violenta contra el nuevo gobierno democr\u00e1tico de Lula da Silva. Lo que va de ayer a hoy.<\/p>\n<p>Pero volvamos al cauce central de mi narraci\u00f3n. Como se vio, el giro copernicano de Bloch a prop\u00f3sito de la religi\u00f3n se sostiene sobre un basamento antropol\u00f3gico, que subraya la dimensi\u00f3n desiderativa, anhelante y siempre incompleta del ser humano, explayada en la esperanza religiosa del nuevo reino por venir: \u00abel mesianismo es el hilo rojo de toda revoluci\u00f3n\u00bb<sup>[25]<\/sup>. En efecto, seg\u00fan su parecer, el mesianismo ha sido el mensaje m\u00e1s profundamente humano de la religi\u00f3n; la escatolog\u00eda del reino habr\u00eda sido la m\u00fasica que ha envuelto hist\u00f3ricamente los sue\u00f1os humanos hacia un mundo mejor: \u00abel Adviento cristiano es probablemente el \u00faltimo mito, todav\u00eda no bien descubierto\u00bb<sup>[26]<\/sup>. Es el \u00faltimo mito que precede a la posibilidad real de una transformaci\u00f3n terrenal abierta por el marxismo, como ciencia e instrumento de transformaci\u00f3n del mundo. De este modo, el pensamiento marxista abrir\u00eda una nueva oportunidad, esta vez\u00a0 <em>real<\/em>, de verificaci\u00f3n pr\u00e1ctica de las esperanzas humanas; la posibilidad, pero no la garant\u00eda, de verificar esas aspiraciones revolucionarias. As\u00ed redescubre la utop\u00eda del \u00abreino de la libertad\u00bb como anhelo del ser humano y como promesa real y utop\u00eda concreta del marxismo. Precisamente de la espera hacia ese horizonte nace la esperanza de la realizaci\u00f3n de un proyecto que, siendo factible no es, empero, seguro. Ahora bien, las leyes hist\u00f3ricas no garantizan la realizaci\u00f3n de la esperanza ut\u00f3pica; solo la praxis consciente del proletariado desbroza un camino que quiz\u00e1s pueda ser truncado. Tales eventualidades, crean un marco de referencia inseguro, de modo que el proyecto revolucionario blochiano se mueve entre la esperanza y la incertidumbre de porvenir. En ese camino, el paradigma o arquetipo es Prometeo como dios encarnado de la rebeld\u00eda contra lo existente (\u00abPrometeo es, sobre todo, el dios encerrado en el hombre\u00bb)<sup>[27]<\/sup>, como hombre erguido y rebelde, y la nueva utop\u00eda concreta es el marxismo.<\/p>\n<p>No obstante, y pese a estas consideraciones, el mago de Turingia, fiel a sus anclajes judeocristianos, hegelianos y marxistas, sostiene que el movimiento de la realidad objetiva\u00a0 est\u00e1 de su parte, de modo que, al fin y a la postre, la derrota de la burgues\u00eda y la liberaci\u00f3n se convierte en su filosof\u00eda en una meta inevitable, aunque esta solo sea posible gracias a la orientaci\u00f3n de los deseos humanos y la acci\u00f3n colectiva de los oprimidos en esa direcci\u00f3n. De ah\u00ed que, en su propia l\u00f3gica discursiva, la revoluci\u00f3n tenga mucho de espera y esperanza mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>El conjunto de las proposiciones blochianas en torno a la religi\u00f3n se perfilan con mayor nitidez en el an\u00e1lisis de la herencia judeocristiana contenida especialmente en la Biblia, que se considerada por nuestro fil\u00f3sofo como el testimonio m\u00e1s profundo y rico de esa\u00a0 tradici\u00f3n devota. De modo que encararse con la ex\u00e9gesis b\u00edblica se comprende como elemento sustancial de la cr\u00edtica de la religi\u00f3n. En <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo<\/em>, escrito en 1968 en plena efervescencia del di\u00e1logo entre marxistas y cristianos,ejecuta una disecci\u00f3n minuciosa del mensaje b\u00edblico y, tomando como base algunos de sus textos (principalmente <em>El Apocalipsis<\/em>), halla en su interior una esperanza humana por realizar. Destaca adem\u00e1s la amplitud y duraci\u00f3n de la vigencia de los textos sagrados entre los pueblos de cultura judeocristiana, cuyo notabil\u00edsimo influjo persiste en el imaginario de las sociedades precapitalistas. Hoy la historia social y cultural ha destacado el dep\u00f3sito de im\u00e1genes e ideas ancladas en una cultura popular fundada en la lectura de los textos b\u00edblicos en grupo. El mismo E. P. Thompson subray\u00f3 en su singular historia de la clase obrera brit\u00e1nica que \u00aben la complejidad de sectas en competencia y de capillas escindidas tenemos el vivero de las variantes de la cultura obrera decimon\u00f3nica\u00bb<sup>[28]<\/sup>. Y si esto es predicable del siglo XIX, con mayor motivo podemos remontarnos a las tradiciones populares revolucionarias anteriores, como se vio en el caso de Thomas M\u00fcntzer o, como recientemente ha estudiado J. M. Fradera, al componente cu\u00e1quero y de otras confesiones protestantes en los or\u00edgenes de las luchas contra la esclavitud<sup>[29]<\/sup>.<\/p>\n<p>Son precisamente las versiones b\u00edblicas inspiradoras de la resistencia popular contra la explotaci\u00f3n las que m\u00e1s atraen a Bloch. Es m\u00e1s, pretende encontrar en ellas un hilo conductor, a menudo perdido, pero siempre latente que habita el texto sagrado. Con tal presunci\u00f3n viene a coincidir con cierta teolog\u00eda cristiana progresista, que busca leer la Biblia cono como mensaje intr\u00ednsecamente liberador. Ahora bien, la ex\u00e9gesis blochiana propone \u00ableer la Biblia <em>sub specie <\/em>de su historia de herejes\u00bb<sup>[30]<\/sup>, lectura que, a diferencia de los te\u00f3logos cat\u00f3licos <em>aggiornados<\/em>, se encamina\u00a0 a apuntalar un nuevo tipo de ate\u00edsmo y, por lo tanto, el consiguiente rechazo de la existencia de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, su interpretaci\u00f3n choca abiertamente con la oficial de la iglesia: \u00abla Iglesia no es de ninguna manera la Biblia, pero esta s\u00ed\u00a0 que ha sido su mala conciencia\u00bb<sup>[31]<\/sup>. Frente a la hermen\u00e9utica dogm\u00e1tica y ortodoxa, para Bloch en la Biblia se resumir\u00e1n dos proposiciones b\u00e1sicas de contenido progresista: el mensaje escatol\u00f3gico sobre un mundo mejor \u2013la esperanza\u2013 y la humanizaci\u00f3n de Dios-Prometeo \u2013o el hombre en cuanto dios\u2013. La Biblia ser\u00eda para Bloch como la gran met\u00e1fora religiosa, porque, frente a los que suponen que el libro sagrado habla de Dios es del ser humano de quien habla. De ah\u00ed que nuestro autor muestre preferencias por unos textos y personajes\u00a0 sobre otros. Es, por ejemplo, de sumo valor para \u00e9l la figura de Jes\u00fas de Nazaret como hijo del hombre, considerado como \u00abnuevo Prometeo\u00bb. De modo que Jes\u00fas quedar\u00eda encuadrado en la tradici\u00f3n anticipadora de los profetas anunciadores del futuro. Ser\u00eda, sobre todo, el portavoz de un nuevo reino, un aut\u00e9ntico mes\u00edas en el sentido jud\u00edo de la palabra, que se enfrentar\u00eda al orden establecido. Una imagen, en fin, muy grata a los cristianos afines al socialismo y a los te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n. Aunque el propio Bloch reconoce que la Biblia ha de ser considerada como un libro construido hist\u00f3ricamente en el que se entrecruzan una pluralidad de concepciones, un texto, pues, abierto. Desde luego, la lectura blochiana se introduce en un laberinto hermen\u00e9utico del que, seg\u00fan Bermejo Rubio, sale escaldado<sup>[32]<\/sup>. Seg\u00fan este autor, Bloch habr\u00eda construido una falsa imagen del personaje central del Nuevo Testamento, a saber, una suerte de \u00abbuen Jes\u00fas para ateos\u00bb<sup>[33]<\/sup>.<\/p>\n<p>Su interpretaci\u00f3n religiosa, como a menudo ocurre, desemboca en una metarreligi\u00f3n: la filosof\u00eda de la esperanza. Una suma de raz\u00f3n y de pulsi\u00f3n (la esperanza, una virtud teologal). \u00c9l consigue calentar el fr\u00edo razonamiento de la modernidad mezclando filosof\u00eda, arte y un ate\u00edsmo militante, pero sin eludir las muchas apor\u00edas que flanquean su manera de discurrir.<\/p>\n<p>En todo caso, hay que situar cada doctrina filos\u00f3fica en su tiempo a fin de calibrar su impacto en el pasado y en el presente. Por mi parte, considero que fue \u00abun pensador que no solo estuvo en el siglo XX, sino que expresa de un modo imperecedero la sustancia hist\u00f3rica del siglo XX\u00bb<sup>[34]<\/sup>. Pero lo que m\u00e1s me importa resaltar ahora es que probablemente, pese a sus muchas cautelas contra el determinismo y a favor de la acci\u00f3n humana, hoy por hoy lo menos aprovechable de su legado sea el sustrato teleol\u00f3gico judeocristiano y hegeliano-marxista del devenir hist\u00f3rico entendido como el despliegue de un proceso dirigido hacia un fin direccional e inexorable. El ciclo revolucionario coet\u00e1neo de Bloch ha pasado a mejor vida. El repetido fracaso de las revoluciones sociales, especialmente tras la experiencia sovi\u00e9tica en el siglo XX, ha inducido a algunos intelectuales de izquierda a proponer una cierta \u00abapuesta melanc\u00f3lica\u00bb (<em>pari m\u00e9lancolique\u00bb<\/em>)<sup>[35]<\/sup>, que requerir\u00eda, en mi opini\u00f3n, de un cierto aprendizaje de la decepci\u00f3n. Como bien se\u00f1ala Enzo Traverso<sup>[36]<\/sup>, cuando el siglo XX ha arrasado las expectativas revolucionarias y las utop\u00edas que alimentaron las esperanzas de cambio social profundo de tantas gentes, es preciso volcar una mirada cr\u00edtica y sin contemplaciones, porque esos intentos fallidos han tenido su \u00e9pica pero tambi\u00e9n su dimensi\u00f3n tr\u00e1gica, que incluso han llevado a transformar algunos sue\u00f1os ut\u00f3picos en execrables pesadillas. Y sin duda, como afirma Traverso, no es preciso reconciliarse con el pasado ni ajustar cuentas con otros, aunque s\u00ed recordarnos y comprendernos como testigos que formamos parte de una historia \u00abcargada como lo est\u00e1 de utop\u00edas, generosidad, fraternidad y grandeza. Pero tambi\u00e9n de errores, ilusiones, enga\u00f1os y, a veces, monstruosidades\u00bb<sup>[37]<\/sup>.<\/p>\n<p>Ahora bien, no se trata en este momento de entonar una palinodia sobre los errores de la utop\u00eda perdida o de la propia filosof\u00eda de nuestro autor, aunque s\u00ed cabe suponer que es obligado, aqu\u00ed y ahora, imaginar y repensar un proyecto liberador y un sujeto colectivo capaces de plantear y llevar a cabo una transformaci\u00f3n social de ra\u00edz. Ni siquiera es seguro en qu\u00e9 medida el marxismo, como la tradici\u00f3n revolucionaria m\u00e1s importante de los siglos XIX y\u00a0 XX, tenga un papel preponderante en esa pretensi\u00f3n, porque es muy cierto que, como sostiene Traverso, \u00abla utop\u00eda del siglo XXI est\u00e1 por inventar\u00bb<sup>[38]<\/sup>. Estoy seguro de que no ser\u00e1 tarea f\u00e1cil y albergar\u00e1 copiosas paradojas e innumerables intermitencias. Sea como fuere, las razones rec\u00f3nditas y someras que hist\u00f3ricamente movieron el af\u00e1n ut\u00f3pico prosiguen vigentes. Tambi\u00e9n persisten al acecho los peligros de considerar a los seres humanos como simple arcilla moldeable, como una <em>tabula rasa<\/em> en la que inscribir y ejecutar programas pol\u00edticos revolucionarios predise\u00f1ados. Hay que huir de la distop\u00eda de un Estado totalizador que equipara su labor a la de un ge\u00f3metra hacedor del \u00abhombre nuevo\u00bb.<\/p>\n<p>Llegados al punto de concluir este escrito, cabe preguntarse, si visto lo visto, acaso hoy el legado del Schelling marxista haya muerto irremediablemente. Sin duda, la herencia de su filosof\u00eda se me antoja poco adaptable al mundo actual, tan diferente al que \u00e9l experiment\u00f3. Sin embargo, en mi opini\u00f3n, una parte de su pensamiento conserva una gran vitalidad e inter\u00e9s heur\u00edstico, como sucede tambi\u00e9n con la obra espl\u00e9ndida de su camarada Walter Benjamin. Me refiero a sus especulaciones sobre la relaci\u00f3n entre pasado y presente, entre memoria e historia.\u00a0 Al respecto, cabe subrayar la idea de \u00abrescatar el pasado para el presente\u00bb y afirmar la contemporaneidad de lo no contempor\u00e1neo, o sea, la importancia del traer al presente el pasado oprimido como premisa de un futuro emancipador<sup>[39]<\/sup>. Por a\u00f1adidura, algunas facetas de su producci\u00f3n intelectual, sobre todo su prosa y sus interpretaciones de la obra de arte como constelaci\u00f3n ut\u00f3pico-est\u00e9tica, han pervivido e incluso gozan de una progresiva revalorizaci\u00f3n y vigencia. Por ejemplo, existe una fuerte conexi\u00f3n de la actual sensibilidad literaria y est\u00e9tica con alguna faceta de la labor de Bloch, especialmente por lo que se refiere a su estilo barroco y su genial m\u00e9todo de elegir los temas y estudiarlos despojando a las cosas de su mera apariencia. Lo mismo puede afirmarse del gusto por el detalle y la hermen\u00e9utica de los objetos sin importancia, que compart\u00eda con sus amigos Benjamin y Kracauer. Ah\u00ed nuestro autor enlaza con las tendencias de una parte de la cr\u00edtica art\u00edstica de la postmodernidad, conexi\u00f3n principalmente apreciable en <em>Huellas <\/em>y en <em>El principio esperanza<\/em>.<\/p>\n<p>Tras el \u00faltimo exilio de Bloch en la Rep\u00fablica Federal Alemana y con motivo de la lecci\u00f3n inaugural impartida en la Universidad de Tubinga en 1962, disert\u00f3 acerca de <em>\u00bfPuede frustrarse la esperanza?<\/em><\/p>\n<p>\u00abEl proceso del mundo no est\u00e1 todav\u00eda decidido en ninguna parte; claro que tampoco est\u00e1 frustrado en ninguna; y los hombre pueden ser en la tierra guardagujas de su ruta, no decidida a\u00fan hacia la perdici\u00f3n. El mundo permanece en su totalidad como un febril\u00a0 <em>laboratorium possibilis salutis<\/em><sup>[40]<\/sup>.<\/p>\n<p>Cuando el tiempo presente acumula y aloja una legi\u00f3n de incertidumbres, colosales desenga\u00f1os y demasiadas utop\u00edas marchitadas, todav\u00eda la filosof\u00eda de Bloch nos invita a no perder la esperanza. Supongo que la esperanza de no estar equivocados una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>[1] Jos\u00e9 Antonio Gimbernat. \u00ab<em>Introducci\u00f3n a Ernst Bloch, un fil\u00f3sofo marxista\u00bb. <\/em>VV. AA. <em>En favor de Bloch<\/em>, Madrid, 1979, p. 31. Siempre tuvo algo de <em>outsider<\/em>.Ni la Rep\u00fablica de Weimar, ni el exilio a Estados Unidos durante el dominio nazi, ni su estancia posterior en la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, etc. complacieron a un fil\u00f3sofo que mereci\u00f3 el desd\u00e9n cuando no el repudio de distintos reg\u00edmenes pol\u00edticos, entre ellos las autoridades\u00a0 de la Alemania comunista, que, desde 1957, condenaron su obra por rom\u00e1ntica e irrealista.<\/p>\n<p>[2] Desde luego, en mi glosa empleo otras obras suyas especialmente la ya citada <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo. <\/em>Madrid, Taurus, 1983. Posteriormente ha aparecido una nueva edici\u00f3n en espa\u00f1ol en la editorial Trotta en 2019, en la que su mismo traductor. J. A. Gimbernat, ha introducido leves cambios.<\/p>\n<p>[3] E. Bloch. <em>El principio esperanza, <\/em>I, p. XI. A partir de aqu\u00ed las citas ir\u00e1n as\u00ed: PE.<\/p>\n<p>[4] El intento de fundir a Marx con Freud tuvo muchos y variados intentos m\u00e1s o menos afortunados. En lo que hace a la Escuela de Frankfurt, si exceptuamos a Eric Fromm que practic\u00f3 la terapia y que era un psicoanalista (muy heterodoxo), la mayor\u00eda de sus miembros optaron por imbricar el freudismo en sus textos filos\u00f3ficos como por ejemplo lo dedicados a la personalidad autoritaria y otros. Herbert Marcuse (1898-1979) es el que, al final, sac\u00f3 mejores rentas de su freudomarxismo pues, haciendo lo que Marx quiso hacer con Hegel, puso sobre sus pies a Freud y en sus obras, como <em>Eros y civilizaci\u00f3n <\/em>(1955), atac\u00f3 el principio de represi\u00f3n freudiano y dio argumento y p\u00e1bulo a la ola de tolerancia sexual ocurrida en Estado Unidos, pa\u00eds en el que alcanz\u00f3 la categor\u00eda de un mito entre la juventud rebelde. Mucho inter\u00e9s tuvieron los intentos de explicar el fascismo recurriendo a la personalidad autoritaria, el miedo a la libertad y otras.\u00a0 En todo este presunto y confuso matrimonio freudomarxista, destaca la compleja personalidad de Wilhelm Reich (19897-1957), austr\u00edaco y jud\u00edo, que fue disc\u00edpulo directo de Freud y que puede considerarse como el paradigma del marxismo freudiano y de la santificaci\u00f3n del sexo. Escribi\u00f3 en 1927 <em>La funci\u00f3n del orgasmo <\/em>y en 1933 un interesante texto sobre <em>Psicolog\u00eda de masas del fascismo<\/em>.<\/p>\n<p>[5] E. Bloch, PE, I, p. 115.<\/p>\n<p>[6] De manera ingenua, dice: \u00abEl marxismo como ciencia dial\u00e9ctico-hist\u00f3rica de la tendencia es de tal suerte la <em>ciencia del futuro<\/em> mediada de la realidad, m\u00e1s la posibilidad real en ella\u2026\u00bb (PE, I, p. 281).<\/p>\n<p>[7] PE, I, p. 151.<\/p>\n<p>[8] PE, I, p. 135.<\/p>\n<p>[9] PE, III, p. 97.<\/p>\n<p>[10] PE, III, p. 103.<\/p>\n<p>[11] Como ya mencion\u00e9, en 1935 public\u00f3 un interesante libro (<em>Herencia de esta \u00e9poca<\/em>) sobre su valoraci\u00f3n de los a\u00f1os de la Rep\u00fablica de Weimar y el acenso del nazismo, en el que vierte, entre otros, una serie de juicios sobre la literatura y el arte de vanguardia. Sus preferencias se dirigen hacia el expresionismo, porque, seg\u00fan \u00e9l, contiene un anticapitalismo subjetivamente inequ\u00edvoco y objetivamente oscuro todav\u00eda\u00bb (citado por Miguel Salmer\u00f3n. \u00abAntes, desde y para el exilio. Herencia de esta \u00e9poca de Ernst Bloch\u00bb. <em>Arbor<\/em>, vol. CLXXXV (735), p. 960.<\/p>\n<p>[12] Siegfried. Kracauer, miembro de la Escuela de Frankfurt, trabaj\u00f3 en el Berl\u00edn de la Rep\u00fablica de Weimar como periodista, donde conoci\u00f3 a W. Benjamin y a E. Bloch, que sin poseer carrera acad\u00e9mica, tambi\u00e9n se sosten\u00edan con colaboraciones period\u00edsticas. V\u00e9ase una divulgaci\u00f3n de su obra en Susana D\u00edaz (Ed.). <em>Historia y teor\u00eda cr\u00edtica. Lectura de Kracauer<\/em>. Madrid, Biblioteca Nueva, 2015.<\/p>\n<p>[13] Giro que acelera su ritmo en los a\u00f1os sesenta y que convierte a Gran Breta\u00f1a en un faro en el mundo occidental de la renovaci\u00f3n historiogr\u00e1fica y sociol\u00f3gica. Este viraje adem\u00e1s viene precedido de la invasi\u00f3n de Hungr\u00eda en 1956 por la URSS y por la consiguiente ruptura de una parte notable los intelectuales del Partido Comunista del Reino Unido, cuyo s\u00edmbolo puede concretarse en Thompson, quien bebe en fuentes \u00abidealistas\u00bb y \u00abrom\u00e1nticas\u00bb (como en el decimon\u00f3nico socialista ut\u00f3pico Williams Morris), y cuyo ejemplo no puede dejar de evocar similitudes con la actitud del \u00abmago de Tubinga\u00bb, lejano por la considerable distancia generacional pero en sustancia muy parecido en el af\u00e1n de convertir el romanticismo en una arma cr\u00edtica contra la l\u00f3gica del capital (Thompson naci\u00f3 en 1924 y Bloch en 1885), no en vano en \u00e9l romanticismo\u00a0 e ilustraci\u00f3n eran complementarios m\u00e1s que opuestos.<\/p>\n<p>[14] Karl Marx. <em>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em>. Madrid, Comunicaci\u00f3n, 1970, pp. 282 y 283.<\/p>\n<p>[15] Bloch. <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo<\/em>\u2026, p.61.<\/p>\n<p>[16] <em>Ib\u00eddem<\/em>, p. 62.<\/p>\n<p>[17] Bloch, P. E., III, p. 309.<\/p>\n<p>[18] Bloch, P. E., III, p. 229.<\/p>\n<p>[19] E. Bloch. <em>Ate\u00edsmo en el cristianismo<\/em>, 1983, p. 79. El mismo Bloch explic\u00f3, desde sus primeras obras, la carga revolucionaria de las \u00abdesviaciones\u00bb dogm\u00e1ticas.<\/p>\n<p>[20] Michael Michael L\u00f6wy. \u00abUtop\u00eda y romanticismo revolucionario en Ernst Bloch\u00bb. En M. Vedda (comp.). <em>Ernst Bloch. Tendencias y latencias de un pensamiento.<\/em> Buenos Aires, Herramienta, 2007, p. 132.<\/p>\n<p>[21] R. D\u00edaz-Salazar. \u00abEntrevista a Michael L\u00f6wy. <em>PAPELES<\/em>, 125 (2014), p. 183.<\/p>\n<p>[22] V\u00e9ase Michael L\u00f6wy. <em>Cristianismo de liberaci\u00f3n. Perspectivas marxistas y ecosocialistas<\/em>. Barcelona, El Viejo Topo, 2019. Especialmente la parte tercera titulada \u00abCristianismo de liberaci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina\u00bb, pp. 139 y ss.<\/p>\n<p>[23] Jan Robert Bloch, el hijo del fil\u00f3sofo (y de su tercera esposa, Karol), en 2006 explic\u00f3 en una entrevista que hab\u00eda consultado las actas acusatorias contra su padre en los archivos de la RDA y concluye: \u00abera intolerable para ellos que alguien que ha inscripto la palabra utop\u00eda en su bandera filos\u00f3fica a\u00fan afirmara ser marxista. Excepto eso, no hab\u00eda nada en \u00e9l que pudiera demostrarse como punible. Bloch fue rotulado por el <em>Leipziger Volkszeitung<\/em> como pirata bajo falsa bandera, bajo la bandera del marxismo\u00bb. V\u00e9ase Oskar Negt. \u00abAndar erguido y la coproductividad de la naturaleza\u00bb. En M. Vedda (comp.). <em>Ernst Bloch. Tendencias y latencias de un pensamiento.<\/em> Buenos Aires, 2007, p. 54.<\/p>\n<p>[24] Pablo Ordaz. \u00abRoma se reconcilia con Cardenal\u00bb. <em>El Pa\u00eds<\/em>, 17 de febrero de 2019.<\/p>\n<p>[25] E. Bloch, <em>Ate\u00edsmo\u2026<\/em>, p. 228.<\/p>\n<p>[26] <em>Ib\u00eddem<\/em>, p. 241.<\/p>\n<p>[27] E. Bloch. P.E. III, p. 68.<\/p>\n<p>[28] Edward P. Thompson. <em>La formaci\u00f3n hist\u00f3rica de la clase obrera<\/em>.<em> Inglaterra, 1780-1832<\/em>.\u00a0 Barcelona, Laia, 1977, vol. I, p. 63.<\/p>\n<p>[29] Josep M. Fradera. <em>Antes de imperialismo<\/em>. <em>Genealog\u00eda y l\u00edmites de la acci\u00f3n humanitaria. <\/em>Barcelona, Anagrama, 2022.<\/p>\n<p>[30] E. Bloch. <em>Ate\u00edsmo\u2026<\/em>, p. 16.<\/p>\n<p>[31] I<em>b\u00eddem<\/em>, p. 35-36.<\/p>\n<p><sup>[32]<\/sup> Algunos de ellos consideran su aportaci\u00f3n como \u00abun instrumento de un plan diab\u00f3lico\u00bb. V\u00e9ase Ugo Borghello. <em>Ernst Bloch. Ate\u00edsmo en el cristianismo<\/em>. Madrid, Magisterio Espa\u00f1ola, 1979, p. 35. Lo cierto es que Bloch, en buena medida, se apoy\u00f3 en la hermen\u00e9utica b\u00edblica de la teolog\u00eda liberal protestante, que se remonta a la decimon\u00f3nica escuela de Turingia.<\/p>\n<p>[33] V\u00e9ase el magn\u00edfico y muy documentado ensayo de Fernando Bermejo Rubio. <em>La invenci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret. Historia, ficci\u00f3n e historiograf\u00eda<\/em>. Madrid, Siglo XXI.<\/p>\n<p>[34] Hans Heinz Holz. \u00abErnst Bloch: Entremundos y umbral de \u00e9poca\u00bb. En M. Vedda (comp.). Ernst Bloch. Tendencias y latencias de un pensamiento\u00bb. Buenos Aires, Herramienta, 2007, p. 24. Para la categor\u00eda blochiana de \u00abentremundos\u00bb puede consultarse su libro, traducido al castellano por justo P\u00e9rez del Corral, <em>Entremundos en la historia de la filosof\u00eda<\/em>. Madrid, Taurus, 1984.<\/p>\n<p>[35] V\u00e9ase Daniel Bensa\u00efd. <em>Le pari m\u00e9lancolique<\/em> (1998). Citado en su libro <em>Walter Benjamin. Sentinelle messianique. \u00c0 la gauche du possible<\/em>. Paris, Les Prairies Ordinaires, 2010. El autor era exponente de una filosof\u00eda pol\u00edtica melanc\u00f3lica (y cr\u00edtica con el pasado de la izquierda).<\/p>\n<p>[36] Enzo Traverso. <em>Melancol\u00eda de izquierda. Despu\u00e9s de las utop\u00edas<\/em>. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2019.<\/p>\n<p>[37] Enzo Traverso. <em>Revoluci\u00f3n. Una historia intelectual<\/em>. Madrid, Akal, 2022, p. 5.<\/p>\n<p>[38] E. Traverso. <em>Melancol\u00eda\u2026, <\/em>\u00a0p. 207.<\/p>\n<p>[39] Edgar Straehle. \u00abErnst Bloch. Repensar el pasado como impulso y esperanza de revoluci\u00f3n\u00bb. 12 de marzo de 2020 en http:\/\/conversacionsobrehistoria. info\/2020\/03\/ ernst-bloch-repensar\u2026.<\/p>\n<p>[40] J. P\u00e9rez. \u00abIntroducci\u00f3n a Bloch\u00bb, p. 32.<\/p>\n<p>Raimundo Cuesta, Fedicaria-Salamanca<\/p>\n<p>Fuente: <em>Rebeli\u00f3n<\/em> (<a href=\"https:\/\/rebelion.org\/la-religion-como-mensaje-cifrado-de-la-utopia-humanismo-dialectica-y-revolucion\/\">https:\/\/rebelion.org\/la-religion-como-mensaje-cifrado-de-la-utopia-humanismo-dialectica-y-revolucion\/<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ernst Bloch: religi\u00f3n, marxismo y utop\u00eda (II) A diferencias de los \u00abmaestros de la sospecha\u00bb, la cr\u00edtica de la religi\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":13899,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,8,1995],"tags":[],"class_list":["post-13898","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-filosofia","category-religion"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13898","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13898"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13898\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/13899"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13898"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13898"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13898"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}