{"id":13931,"date":"2023-06-27T05:00:07","date_gmt":"2023-06-27T04:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13931"},"modified":"2023-06-27T03:08:45","modified_gmt":"2023-06-27T02:08:45","slug":"sobre-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13931","title":{"rendered":"Sobre pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>Contenido: 1. La pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo (1998). 2. Tradici\u00f3n y renovaci\u00f3n en filosof\u00eda pol\u00edtica (?). 3. Para la presentaci\u00f3n del libro de Norberto Bobbio: <\/em>Derecha e izquierda<em>, 1995. 4. Crisis de las viejas formas de participaci\u00f3n pol\u00edtica y nuevas alternativas (1995). Anexo: Igualdad y diversidad (1995).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>I. La pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo<\/b><\/h3>\n<p><em>Publicado en F. \u00c1lvarez Ur\u00eda (Comp.), <\/em>Neoliberalismo versus democracia<em>. Madrid, Las Ediciones de La Piqueta, 1998, pp. 26-40 [Traducci\u00f3n italiana: \u00abLa politica come etica del collettivo\u00bb, en <\/em>Gramsci e la rivoluzione in Occidente<em>. A cura di Alberto Burgio e Antonio A. Santucci. Editori Riuniti, Roma, 1999, pp. 282-300].<\/em><\/p>\n<p>I. Puesto que se nos ha convocado a hablar de algo tan general como \u00ab\u00e9tica\u00bb y \u00abpol\u00edtica\u00bb, en el marco de un congreso cuyo t\u00edtulo es \u00abNeoliberalismo versus democracia\u00bb, creo obligado empezar declarando el punto de vista desde el cual abordar el asunto. Lo har\u00e9, por la v\u00eda r\u00e1pida, declarando dos deudas intelectuales.<\/p>\n<p>Creo, en primer lugar, que el enfoque de Jos\u00e9 Luis Aranguren en el viejo libro de 1963 <i>\u00c9tica y pol\u00edtica<\/i> sigue siendo m\u00e1s sugerente que la mayor\u00eda de las consideraciones te\u00f3ricas actuales de los \u00e9ticos licenciados y de la llamada \u00abciencia pol\u00edtica\u00bb. Y opino, en segundo lugar, que el concepto de la pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo p\u00fablico, tal como fue formulado por Antonio Gramsci y recogido entre nosotros por Manuel Sacrist\u00e1n, es el que conviene actualmente a la izquierda que se propone arg\u00fcir las razones de la democracia frente a las diferentes formas de \u00abneoliberalismo\u00bb.<\/p>\n<p>Quienes conozcan el libro de Aranguren y la pol\u00e9mica suscitada por sus \u00faltimas declaraciones en 1994 y, de otro lado, la entrevista con Manuel Sacrist\u00e1n publicada en uno de los \u00faltimos n\u00fameros de la revista <i>mientras tanto<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote1sym\" name=\"sdfootnote1anc\"><sup>1<\/sup><\/a><\/i>, en la que precisamente criticaba el tipo de intelectual que represent\u00f3 Aranguren, tal vez me objetar\u00e1n que incurro en contradicci\u00f3n al citarlos aqu\u00ed juntos. Quisiera, por tanto, salir al paso de esa posible objeci\u00f3n.<\/p>\n<p>En <i>\u00c9tica y pol\u00edtica<\/i><u>,<\/u> al analizar la cuestionabilidad originaria de la relaci\u00f3n entre los dos t\u00e9rminos, Aranguren distingu\u00eda entre cuatro modos posibles de vivir y pensar esta relaci\u00f3n, a saber:<\/p>\n<p>1\u00ba.El <i>realismo pol\u00edtico<\/i>, para el cual la moral es un idealismo negativo cuya intromisi\u00f3n en la pol\u00edtica es perturbador;<\/p>\n<p>2\u00ba. <i>La repulsa de lo pol\u00edtico<\/i> como algo irremediablemente malo en nombre de la primac\u00eda de la moral;<\/p>\n<p>3\u00ba. La concepci\u00f3n<i> tr\u00e1gica<\/i> de la necesidad\/imposibilidad pr\u00e1ctica de cohonestar \u00e9tica y pol\u00edtica, con la consiguiente escisi\u00f3n y desgarramiento del individuo que se ve solicitado a la vez por la exigencia moral y por la insoslayabilidad de la pol\u00edtica; y<\/p>\n<p>4\u00ba. La concepci\u00f3n <i>dram\u00e1tica<\/i> de la problematicidad constitutiva de la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica como \u00abb\u00fasqueda incesante\u00bb, como \u00abb\u00fasqueda sin posesi\u00f3n\u00bb como \u00abtensi\u00f3n permanente y autocr\u00edtica implacable\u00bb (p\u00e1gs. 77-78).<\/p>\n<p>Aranguren criticaba abiertamente los dos primeros modos y aproximaba positivamente los dos \u00faltimos, aunque distinguiendo, bien, entre talante tr\u00e1gico y talante dram\u00e1tico. Estoy de acuerdo con esta caracterizaci\u00f3n de la cosa. Pero querr\u00eda a\u00f1adir que, a poco que sigamos profundizando, caeremos en la cuenta de que esta diferencia entre concepci\u00f3n tr\u00e1gica y concepci\u00f3n dram\u00e1tica se difumina bastante para el intelectual consciente de lo que es la pol\u00edtica y a la vez atento a la \u00e9tica. La experiencia vivida muestra que as\u00ed como entre realismo pol\u00edtico y moralismo hay realmente oposici\u00f3n radical, \u00ablo tr\u00e1gico\u00bb y \u00ablo dram\u00e1tico\u00bb no son dos formas o modos fijos de entender la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica, sino dos acentuaciones de la problematicidad intr\u00ednseca de la cosa muy circunstanciadas, hist\u00f3ricamente variables en la vida de un hombre, de un mismo hombre.<\/p>\n<p>No hay frontera entre la vivencia tr\u00e1gica y la vivencia dram\u00e1tica de la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica. La \u00abb\u00fasqueda sin posesi\u00f3n\u00bb, la \u00abtensi\u00f3n permanente\u00bb y la \u00abautocr\u00edtica implacable\u00bb enlazan demasiado a menudo con \u00abla escisi\u00f3n\u00bb y \u00abel desgarramiento\u00bb del individuo. Y por eso el espacio de separaci\u00f3n entre \u00ablo tr\u00e1gico\u00bb y \u00ablo dram\u00e1tico\u00bb se hace membranoso. Sintom\u00e1ticamente, ni la Academia ni los diccionarios de uso del castellano distinguen con claridad entre lo tr\u00e1gico y lo dram\u00e1tico. \u00bfC\u00f3mo calificar, por ejemplo, los distintos momentos de la vida de Max Weber, paradigma de la reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea sobre esto?<\/p>\n<p>En el libro citado Aranguren privilegia el modo dram\u00e1tico de entender la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica como el m\u00e1s genuino. Por su parte, en la entrevista del 79 y en otros papeles, Sacrist\u00e1n se inclina por el modo tr\u00e1gico, pero cuando propone entender, como Gramsci, la pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo oscila entre ambas cosas. La propia reflexi\u00f3n de Gramsci es un modo dram\u00e1tico de entender la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica fundado en una vivencia tr\u00e1gica: su propia vida y la del movimiento comunista del que \u00e9l formaba parte.<\/p>\n<p>Por eso digo que no hay contradicci\u00f3n en la declaraci\u00f3n de mis deudas intelectuales. Y pido perd\u00f3n ahora a nuestro invitado, Michael L\u00f6wy, por estas referencias tan nuestras, tan demasiado nuestras.<\/p>\n<p>II. Las referencias a las formas \u00abtr\u00e1gica\u00bb y \u00abdram\u00e1tica\u00bb de entender la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica no parecer\u00e1n, despu\u00e9s de todo, tan intempestivas si se tiene en cuenta que en los \u00faltimos veinte a\u00f1os lo que ha predominado, y no s\u00f3lo entre nosotros, ha sido m\u00e1s bien la oscilaci\u00f3n entre realismo pol\u00edtico y moralismo.<\/p>\n<p>En 1975, en un momento en el que los movimientos sociales cr\u00edticos y alternativos estaban en auge, sobre todo en la universidad, me sent\u00ed desflorado por la repetida declaraci\u00f3n de muchos de mis compa\u00f1eros de entonces seg\u00fan la cual \u00abuna cosa es la \u00e9tica y otra, muy distinta, la pol\u00edtica\u00bb. Esto, dicho as\u00ed, en abstracto, es, a estas alturas de la historia, como no decir nada. Pero esas cosas no se dicen nunca en abstracto; se dicen para decirle a uno <i>lo que no puede hacer aunque moralmente se deber\u00eda hacer.<\/i> Por ejemplo: que no hay que salir a la calle para tratar de impedir el asesinato legal de Puig Antich, una de las \u00faltimas v\u00edctimas del franquismo<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote2sym\" name=\"sdfootnote2anc\"><sup>2<\/sup><\/a>, con la consideraci\u00f3n de que salir a la calle para protestar ser\u00eda \u00absimplemente dar testimonio\u00bb. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s oigo decir a los mismos, o casi los mismos, que ayer distingu\u00edan tan radicalmente entre \u00e9tica y pol\u00edtica que no hay pol\u00edtica sin \u00e9tica y que hay que moralizar la vida p\u00fablica. Y pienso que la tragedia consiste, precisamente, en que la no-contemporaneidad de los movimientos sociales y la diferencia generacional impide casi siempre argumentar con calma lo que Ops\/El Roto dej\u00f3 pintado en uno de sus impactantes dibujos: \u00bbEstos son aquellos\u00bb. El realismo pol\u00edtico en el poder o en las proximidades del poder se hace moralismo en la oposici\u00f3n o en las proximidades a la oposici\u00f3n. Y el drama, o la tragedia, queda en los m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p>III. La constataci\u00f3n de que realismo pol\u00edtico y moralismo verbal suelen ser figuras intercambiables de la misma politiquer\u00eda, o de la misma \u00abdoble moral\u00bb, desemboca a veces en la propuesta de una nueva forma de hacer pol\u00edtica \u00e9ticamente fundada. Pero hoy en d\u00eda cuando se habla de nuevas formas de hacer pol\u00edtica, o de nuevas alternativas, frente a los \u00abneoliberalismos\u00bb realmente existentes, la mayor parte de la gente sana y saludable que conozco suele poner cara de escepticismo y esbozar una sonrisa conmiserativa.<\/p>\n<p>Y se comprende.<\/p>\n<p>Precisamente para superar el escepticismo y pasar de la sonrisa conmiserativa a la otra, a la de las convicciones s\u00f3lidas, pero tolerantes con las convicciones s\u00f3lidas de los dem\u00e1s, no basta, creo, con un discurso estrictamente pol\u00edtico, por mucho que se ponga el acento en las actuaciones alternativas. La gente est\u00e1 demasiado escamada de las alternativas autoproclamadas que acaban en lo malo conocido. La versi\u00f3n laica de la comuni\u00f3n de los santos tambi\u00e9n ha fracasado.<\/p>\n<p>Hace falta, en mi opini\u00f3n, algo m\u00e1s que eso, algo previo al discurso pol\u00edtico propiamente dicho:<\/p>\n<p>1\u00ba volver a fundamentar filos\u00f3ficamente, con punto de vista, el car\u00e1cter noble de la participaci\u00f3n pol\u00edtica; y<\/p>\n<p>2\u00ba razonar la renovada creencia en otra forma de participaci\u00f3n pol\u00edtica sin que esta se disuelva en un nuevo fundamentalismo moralista; o sea, razonar una forma de participaci\u00f3n pol\u00edtica concreta y alternativa tan alejada de la repetici\u00f3n de la ilusi\u00f3n como de la mera negaci\u00f3n de lo que hay.<\/p>\n<p>Visto lo visto, podr\u00edamos declarar que la pol\u00edtica es y ser\u00e1 siempre un sucio negocio entre mentirosos; que pol\u00edtica y corrupci\u00f3n han ido siempre unidas. Podr\u00edamos, desde luego, poner cara de asco ante la pol\u00edtica de ayer y la de hoy para concluir lapidariamente ante quien nos ofrece una propuesta de nueva pol\u00edtica como lo hizo Dante a las puertas del Infierno: \u00abAl hablar de pol\u00edtica abandonad toda esperanza\u00bb. Algunos <i>maquiavelines<\/i> creen que al hacer declaraciones as\u00ed est\u00e1n siguiendo las huellas de Maquiavelo. Y algunos adversarios declarados de los que hacen declaraciones como la anterior creen de verdad que Maquiavelo pensaba as\u00ed realmente. Unos y otros se equivocan. La lecci\u00f3n del honrado, virtuoso, autosuficiente y autoir\u00f3nico Maquiavelo no es que haya que abandonar toda esperanza moral a las puertas de lo pol\u00edtico, sino otra muy diferente: <i>la de que hay que tener la valent\u00eda de transitar con la cabeza los caminos que conducen al animal pol\u00edtico al infierno para evitarlos<\/i>. No hay Para\u00edso para los humanos: la sana pol\u00edtica para el buen gobierno, que tiende a coincidir con la vida buena de la persona en la ciudad real, nos ser\u00e1 dado si hay suerte y virtud, <i>a contrario<\/i>, por as\u00ed decirlo: desde la negaci\u00f3n pr\u00e1ctica del mal sociopol\u00edtico conocido.<\/p>\n<p>IV. El cuento de Maquiavelo cuenta tambi\u00e9n para nosotros. El mundo que est\u00e1 creando el neoliberalismo es, desde el punto de vista moral, un esc\u00e1ndalo: una pl\u00e9tora miserable, un infierno para los de abajo.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo el que la situaci\u00f3n de la cuarta parte de la humanidad (aproximadamente 1.600 millones de personas) sea en 1996 peor que hace quince a\u00f1os y el que los bienes que poseen las 358 personas m\u00e1s ricas del mundo equivalgan al 45% del ingreso de toda la poblaci\u00f3n pobre del planeta.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que el n\u00famero de pobres aumente en el mundo a un ritmo de casi medio mill\u00f3n por semana; que aproximadamente 1.300 millones de personas est\u00e9n viviendo con un d\u00f3lar diario; que 14 millones de ni\u00f1os mueran cada a\u00f1o a consecuencia de enfermedades f\u00e1cilmente evitables en la parte rica del mundo.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que en la \u00e9poca de la universalizaci\u00f3n del mercado libre, que dicen, haya 73 millones de ni\u00f1os, en edades comprendidas entre 10 y 14 a\u00f1os, obligados a trabajar, muchos de ellos, en condiciones de esclavitud.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que en la \u00e9poca de la \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb, que dicen, much\u00edsimas mujeres sigan privadas en este mundo de cualquier posibilidad de goce sexual por la persistencia de costumbres at\u00e1vicas; que se cuenten por cientos de miles las mujeres \u00abdesaparecidas\u00bb en \u00c1frica y Asia a consecuencia de la pr\u00e1ctica del infanticidio; que entre cien mil y medio mill\u00f3n de mujeres, seg\u00fan las fuentes, mueran anualmente a causa de abortos o partos practicados en condiciones deplorables y que otras muchas queden con lesiones de por vida; y que en este mundo, que es el nuestro, el Papa de Roma<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote3sym\" name=\"sdfootnote3anc\"><sup>3<\/sup><\/a> siga encabezando cada a\u00f1o campa\u00f1as oscurantistas contra los distintos m\u00e9todos anticonceptivos.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que un tercio de los 2.500 millones de hombres y mujeres que hay en el mundo en edad laboral sufran el desempleo o est\u00e9n en una situaci\u00f3n todav\u00eda peor: la de haber quedado, tal vez para siempre, fuera de toda relaci\u00f3n productiva.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que los mismos poderes que han contribuido a crear el actual desorden del mundo se presenten ahora como salvadores del mundo en nombre de la libertad y de la tolerancia.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que los mismos que se han enriquecido con la venta de armas en \u00c1frica o han hecho la vista gorda al negocio de las armas nos digan ahora que la OTAN se justifica para quitar las armas con las que se matan los mismos a los que ellos se las vendieron<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que los responsables de la guerra del Golfo P\u00e9rsico, cuyas desastrosas consecuencias a\u00fan sufren los ni\u00f1os y las mujeres de Irak, mientras all\u00ed sigue instalado el dictador al que se dec\u00eda combatir, presenten ahora a la OTAN como una prolongaci\u00f3n de la UNICEF.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que los mismos que se niegan a contribuir econ\u00f3micamente en las tareas de la UNESCO, de la UNICEF y de otras organizaciones para la ayuda a los pobres y desheredados del mundo est\u00e9n presentando las cosas como si la OTAN fuera una necesidad moral de la humanidad.<\/p>\n<p>Es un esc\u00e1ndalo que los mismos que escribieron las condiciones para el refer\u00e9ndum de 1986 sobre la OTAN hagan caso omiso de sus propias condiciones sin consultar al pueblo, pactando por arriba la entrada en la estructura militar de la Alianza y llamando a eso, encima, consenso democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Este mundo, del que formamos parte, es un esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>V. Tambi\u00e9n en democracia, est\u00e1 moralmente justificado rebelarse contra un mundo as\u00ed. De modo que hay que afirmar una vez m\u00e1s el derecho de la conciencia razonada y de la dignidad de las personas contra la raz\u00f3n de Estado.<\/p>\n<p>Por eso me parece algo m\u00e1s que un error volver a separar hoy dr\u00e1sticamente \u00e9tica y pol\u00edtica en el Parlamento para repetir ma\u00f1ana, en la calle, que la pol\u00edtica dominante se ha hecho desalmada. Y es un error escandaloso aceptar, sin m\u00e1s consideraciones, el lenguaje pol\u00edtico de aquellos a los que se critica por razones morales.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo cap\u00edtulo de su <i>Etica y pol\u00edtica<\/i>, dedicado a \u00e9tica individual, \u00e9tica social y \u00e9tica personal, Aranguren, criticaba en paralelo el autoritarismo del autodenominado socialismo y el llamado Estado de bienestar. De este \u00faltimo dec\u00eda: es la versi\u00f3n actual, \u00abneoliberal\u00bb del liberalismo. Y a\u00f1ad\u00eda: pese a ciertos correctivos, como la admisi\u00f3n de los seguros sociales, esta sociedad orienta la existencia conforme al neoutilitarismo del bienestar intramundano, al ego\u00edsmo y al derroche individualista, porque vive en la necesidad estructural de cultivar la desigualdad. Eso est\u00e1 dicho en 1963. Con matices, eso era lo que pensaban del estado asistencial todas las personas de izquierda por entonces. Pues bien: treintaytantos a\u00f1os despu\u00e9s se da la paradoja de que la defensa del estado asistencial, ahora un\u00edvocamente llamado \u00abestado de bienestar\u00bb, se ha convertido en la proclama de casi toda la izquierda mientras que \u00abneoliberalismo\u00bb es precisamente el desmonte de aquel neoliberalismo al que se refer\u00eda Aranguren. Hablando con propiedad se est\u00e1 defendiendo, pues, el neoliberalismo de hace treinta a\u00f1os frente al \u00abneoliberalismo\u00bb de 1996: la retorsi\u00f3n de la utop\u00eda por el lenguaje solo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Esto trae a la memoria inmediatamente una negra reflexi\u00f3n dibujada por Forges con motivo del \u00faltimo primero de mayo. Se titula 1\u00ba de mayo del a\u00f1o 2001 y la pancarta de los manifestantes reza as\u00ed: \u00abNo a los contratos detritus; s\u00ed a los contratos basura\u00bb.<\/p>\n<p>Quisiera concluir en este punto: sin volver a llamar a las cosas por su verdadero nombre, sin la denuncia del esc\u00e1ndalo que representa el neoliberalismo <i>de ayer y de hoy<\/i>, sin objeci\u00f3n, insumisi\u00f3n y desobediencia civil no hay pol\u00edtica alternativa digna de ese nombre, no hay nueva forma de hacer pol\u00edtica que valga. Por precisar un poco m\u00e1s: convendr\u00eda llamar \u00abneoconservadurismo\u00bb a lo que hoy se llama habitualmente neoliberalismo y \u00abestado asistencial\u00bb a lo que se denomina estado de bienestar.<\/p>\n<p>VI. Ante tanto esc\u00e1ndalo y tanta subalternidad respecto del neoconservadurismo en alza no me parece que se pueda tirar al cesto de los papeles, como algo simplemente despreciable, la negativa del individuo a ejercer de <i>zoon politikon.<\/i> Sobre todo cuando esta negativa no procede de la ignorancia, sino de la desconfianza \u00e9tica en que la pol\u00edtica conduzca a la felicidad y a la virtud.<\/p>\n<p>Esta desconfianza es caracter\u00edstica de las horas bajas de la historia de la humanidad. Pero parece que el n\u00famero de las horas bajas no ha hecho sino aumentar desde el comienzo mismo de lo que llamamos modernidad. Tal vez porque este comienzo coincide, como vio perfectamente Nicol\u00e1s Maquiavelo, con lo excepcional, con una \u00e9poca de <i>mirabilia,<\/i> que a trav\u00e9s del surgimiento de la naci\u00f3n-estado y de las guerras prolongadas, trastoca por completo el orden tradicional. En momentos as\u00ed los compa\u00f1eros de la actividad pol\u00edtica no son s\u00f3lo ni principalmente la virtud y la felicidad del ciudadano con derechos en una sociedad en la que manda el consenso, sino tambi\u00e9n la fuerza y la muerte que resultan del enfrentamiento entre derechos que se quieren iguales. Entonces el logos se convierte en demagogia y decide la violencia. Y frente a demagogia y violencia surge la propuesta del alejamiento de la pol\u00edtica, de la participaci\u00f3n en la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Creo que hay que tomar en consideraci\u00f3n dos modelos de negaci\u00f3n de la vida pol\u00edtica en la modernidad: el religioso y el est\u00e9tico. En ambos casos el individuo est\u00e1 seguro de que virtud y felicidad <i>no<\/i> se pueden lograr ya a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n en los asuntos de la ciudad, sino precisamente retir\u00e1ndose de ella, al monasterio o al cultivo de los sentimientos que de verdad enriquecen a la persona. Un tercer modelo de alejamiento en la modernidad, Robinson en su isla, no puede ser considerado como una protesta ante la vida pol\u00edtica sino como un ejercicio literario o econ\u00f3mico acerca del individualismo positivo, como reafirmaci\u00f3n, por tanto, de que en la isla har\u00edamos aproximadamente lo mismo que la mayor\u00eda hace ya en la sociedad existente.<\/p>\n<p>Siempre me ha parecido que el monasterio trapense y el castillo del conde Axel de Auersburg, imaginado en 1890 por Villiers de L&#8217;Isle-Adam, son las respuestas m\u00e1s dr\u00e1sticas y radicales a la vida pol\u00edtica juzgada negativamente como infecci\u00f3n de los individuos, como un mal para el desarrollo integral de la persona. Pero a diferencia de otros, que piensan que desde ellas no queda ya nada positivo que decir sobre la sociabilidad del hombre y que, por tanto, la anulaci\u00f3n de una parte de la personalidad por v\u00eda m\u00edstico-religiosa a la humildad absoluta o el nihilismo son s\u00f3lo negaciones, destrucciones, yo creo que hay un tipo de humildad y un nihilismo positivo, o de efectos positivos, que desde el siglo XIX opera eficazmente como espejo deformante de la vida pol\u00edtica de nuestras sociedades o como hoja de tornasol que revela la trivializaci\u00f3n del individuo en una vida pol\u00edtica deformadora.<\/p>\n<p>En cambio, me parece que la retirada religiosa o est\u00e9tica de la actividad pol\u00edtica <i>es siempre pasajera<\/i> y no puede presentarse, por consiguiente, como forma alternativa al <i>zoon politikon<\/i> aristot\u00e9lico. Cuando empieza el nuevo diluvio hasta en los monasterios se hace pol\u00edtica, como ha mostrado recientemente esa inquietante pel\u00edcula titulada <i>Before the rain<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote4sym\" name=\"sdfootnote4anc\"><sup>4<\/sup><\/a><\/i>. La retirada est\u00e9tica radical se diluye hoy en d\u00eda bastante f\u00e1cilmente ante esa mezcla de caricias y presiones de los medios de comunicaci\u00f3n que son capaces de transformar las mejores muestras del antipoliticismo del esteta en \u00ab<em>pins<\/em>\u00bb para adorno de los ojales de millones de apol\u00edticos. Suele ocurrir que una retirada radical de este tipo que en el mundo contempor\u00e1neo empez\u00f3 como gran rechazo, como forma de protesta consciente contra la unidimensionalidad del hombre m\u00e1quina y de la tolerancia llamada represiva acabe, sin m\u00e1s, en otra forma de inocencia no querida.<\/p>\n<p>VII. Quedan, pues, al tratar de la relaci\u00f3n entre \u00e9tica y pol\u00edtica, la consciencia hist\u00f3rica del drama y la visi\u00f3n tr\u00e1gica y desencantada de la pol\u00edtica moderna y contempor\u00e1nea. La actividad pol\u00edtica no s\u00f3lo es ambigua y contradictoria \u2013habr\u00eda que decir\u2013 sino que, por su contacto diario y cotidiano y por introducirse en todos los intersticios de la vida de los individuos, se ha ido convirtiendo cada vez m\u00e1s en la bestia b\u00edblica: pol\u00edtica es poder, poder es instalaci\u00f3n en el Estado y Estado es, cada vez m\u00e1s, controlador y ordenador de las vidas de los individuos, adem\u00e1s de tutor, naturalmente.<\/p>\n<p>El hombre culto de finales del siglo XX que vive en el primer mundo, en la capital, es hoy por lo general bastante consciente de la crisis de las viejas formas de intervenci\u00f3n pol\u00edtica. Conoce la limitaci\u00f3n principal de los partidos pol\u00edticos existentes: el proceso de oligarquizaci\u00f3n que, como una ley general, les corroe a todos (aunque naturalmente no de la misma manera ni al mismo tiempo). La mayor\u00eda de los partidos pol\u00edticos existentes en nuestro \u00e1mbito geogr\u00e1fico son m\u00e1quinas de participaci\u00f3n democr\u00e1tica en per\u00edodos electorales asentados sobre un aparato permanente y el carisma del l\u00edder.<\/p>\n<p>Este proceso de oligarquizaci\u00f3n es consecuencia de dos cosas: la tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica y la mercantilizaci\u00f3n de la misma. La tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica se debe principalmente a la complejidad de los problemas hoy en d\u00eda por resolver tanto en el \u00e1mbito estatal como en los auton\u00f3micos y municipales. La gesti\u00f3n del macroestado, la gesti\u00f3n de las comunidades aut\u00f3nomas o de las regiones, seg\u00fan los pa\u00edses, y la gesti\u00f3n de las grandes ciudades exige conocimientos t\u00e9cnicos que rebasan con mucho el conocimiento ordinario de los ciudadanos.<\/p>\n<p>Por otra parte, la traducci\u00f3n a dinero de toda actividad humana, que es propia del sistema capitalista en esta fase, ha hecho pasar a un lugar muy secundario el programa pol\u00edtico basado en ideales, la afiliaci\u00f3n por identidades ideales y el trabajo voluntario por identificaci\u00f3n con el programa de los partidos. La dependencia respecto de los recursos financieros del estado y\/o de los cr\u00e9ditos bancarios hace de los partidos pol\u00edticos existentes elementos del sistema, incluso cuando en ciertos aspectos lo critican. El sistema de poder existente empuja a que todo partido pol\u00edtico estable en este tipo de democracia representativa tenga que actuar de forma muy parecida. Este proceso es muy conocido y ha sido analizado desde el punto de vista sociol\u00f3gico y pol\u00edtico numerosas veces desde los a\u00f1os veinte y treinta. Desde entonces el proceso de mercantilizaci\u00f3n, tecnificaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos se ha extendido y ampliado mucho en todos los pa\u00edses.<\/p>\n<p>Visto desde abajo, o sea, desde los intereses de las clases trabajadoras y de los sectores empobrecidos o marginados de la sociedad, este proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos resulta en principio muy negativo, porque, en la medida en que afecta tambi\u00e9n a los viejos partidos pol\u00edticos de la izquierda, se hace muy dif\u00edcil encontrar as\u00ed representaci\u00f3n permanente de las esperanzas de cambio de los desfavorecidos. La pertenencia de los dirigentes de los partidos y de sus representaciones parlamentarias a lo que se ha llamado \u00abla clase pol\u00edtica\u00bb acaba contando m\u00e1s que el respeto a los mandatos electorales y no digamos que el respeto a lo que se dice en los programas.<\/p>\n<p>La vivencia de un fen\u00f3meno as\u00ed y la conciencia de la dimensi\u00f3n de la desgracia humana es lo que hizo escribir a Simone Weil una p\u00e1gina terrible para todos y particularmente inquietante para la filosof\u00eda pol\u00edtica: \u00abEn vez de animar la floraci\u00f3n de talentos, como se propon\u00eda en 1789, hay que mimar y dar calor con un cierto respeto al crecimiento del genio; porque s\u00f3lo los h\u00e9roes realmente puros, los santos y los genios pueden ser un socorro para los desgraciados [&#8230;] Ni las personalidades, ni los partidos dan audiencia jam\u00e1s ni a la verdad, ni al desgraciado.\u00bb<\/p>\n<p>VIII. Hay que insistir en que el proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica en las democracias representativas es un problema sobre todo para los de abajo. De hecho, la denominada crisis de la pol\u00edtica, e incluso la llamada crisis de los partidos pol\u00edticos son fen\u00f3menos que tienen en verdad dos caras. La crisis de verdad, la dificultad real, es la de las formas de representaci\u00f3n de los intereses, deseos e ilusiones de los de abajo; lo otro, como se ve lo mismo en Estados Unidos de Norteam\u00e9rica que en Italia o aqu\u00ed, son problemas de adaptaci\u00f3n y reestructuraci\u00f3n de los sectores pol\u00edticos que se alternan en el gobierno de las naciones a la presi\u00f3n de los otros poderes: a la presi\u00f3n del poder econ\u00f3mico, del poder judicial y, cada vez m\u00e1s, del poder de los <i>media.<\/i><\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n de la pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo trata de superar la democracia demediada, que es propia de los neoliberalismos, propugnando otra democracia, una democracia radical, participativa.<\/p>\n<p>Hablando con propiedad la participaci\u00f3n ciudadana en las democracias representativas contempor\u00e1neas de la \u00e9poca del neoconservadurismo es un problema real s\u00f3lo para los estratos m\u00e1s bajos en la escala social, para las clases trabajadoras y para los grupos y personas, cada vez m\u00e1s numerosos, ciertamente, de marginados y excluidos, como se dice hoy, de explotados y expoliados, que se dec\u00eda ayer: nuevos y viejos pobres, desempleados, jubilados, j\u00f3venes hijos de obreros que han terminado los estudios secundarios y est\u00e1n a la espera de un trabajo que no llega. Es un problema, pues, para tantas y tantas personas como viven en precario en nuestras sociedades. No es problema, en cambio, o es un problema menor, en mi opini\u00f3n, para las capas medias y altas de esta misma sociedad cuyos intereses suelen estar <i>sobrerepresentados<\/i> en un sistema que se basa principalmente en las promesas electorales y en la actuaci\u00f3n de los grupos de presi\u00f3n profesionales que se presentan como no-pol\u00edticos (ahora se tiende a llamarlos, equ\u00edvocamente, \u00absociedad civil\u00bb).<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos sectores pueden sentirse insatisfechos por las promesas incumplidas del partido<i> x<\/i>, incluso pueden hallarse sumamente enfadados por la forma en que el partido<i> x<\/i> est\u00e1 gobernando en un momento dado, pero saben que pueden pasar a votar al partido <i>y,<\/i> o al partido <i>z<\/i> en las pr\u00f3ximas elecciones y que la alternancia acabar\u00e1 corrigiendo aquellas actuaciones del partido <i>x<\/i> que m\u00e1s les ha molestado.<\/p>\n<p>En nuestras sociedades los partidos <i>x, y, z<\/i>, que representan el centro-derecha, hablando en t\u00e9rminos tradicionales, intercambian propuestas y promesas con tanta facilidad que el ciudadano de estos sectores no tiene ning\u00fan inconveniente en pasar de uno a otro, incluso sin necesidad de enfadarse con su anterior partido. El llamado transfuguismo pol\u00edtico es una expresi\u00f3n llamativa de esto. Pero es llamativa s\u00f3lo porque se produce por arriba. De hecho los mismos que critican hip\u00f3critamente el transfuguismo por arriba favorecen sin escr\u00fapulos el transfuguismo por abajo.<\/p>\n<p>Estos sectores saben tambi\u00e9n que existen otros canales de intervenci\u00f3n y de presi\u00f3n pol\u00edtica, corporativos o externos al cuerpo de pertenencia, que pueden hacer modificar, entre elecci\u00f3n y elecci\u00f3n, el curso de las cosas. El poder econ\u00f3mico y el llamado \u00abcuarto poder\u00bb juegan en este sentido un papel decisivo antes, durante y despu\u00e9s de los per\u00edodos electorales. Pero, en general, ni el poder econ\u00f3mico-financiero suelta una perra para favorecer a los que no tienen nada ni los grandes medios de comunicaci\u00f3n publican noticias que favorezcan los intereses de los de abajo: el l\u00edmite de las noticias favorables a los de abajo est\u00e1 en la informaci\u00f3n acerca de los intereses de algunos sindicatos. Y, aun esto, cuando tal informaci\u00f3n sirve funcionalmente, a plazo medio, a otros.<\/p>\n<p>IX. La pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo en favor de los de abajo propugna el reforzamiento de la sociedad civil frente al estado y la partitocracia, el car\u00e1cter noble de la actividad pol\u00edtica (de la participaci\u00f3n ciudadana) y la necesidad de otra forma de hacer pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En cuanto a esto \u00faltimo, lo que tenemos que exigirnos y exigir a los otros \u2013si se quiere pasar de la sonrisa conmiserativa y siempre esc\u00e9ptica a la otra, a la sonrisa del que sabe dudar pero tambi\u00e9n salir de la duda\u2013 es, en el plano de la \u00e9tica, coherencia, consecuencia. El esc\u00e1ndalo de la forma habitual de hacer pol\u00edtica consiste en el desfase enorme que generalmente existe entre lo que se dice y lo que se hace. Tal vez se me objete que esto ha ocurrido siempre en el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico. Puede ser. Pero esa verdad no quita esta otra verdad: la mercantilizaci\u00f3n y la tecnificaci\u00f3n cada vez mayores del oficio del pol\u00edtico, unidas a la posibilidad <i>formal<\/i> de que todos los ciudadanos participen en la vida de la polis, est\u00e1n produciendo en el mundo actual una brecha enorme entre aquello a lo que se llama habitualmente democracia y la oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Si se quiere soldar la herida abierta entre pol\u00edtica y democracia en la sociedad civil lo primero que hay que lograr es que el hacer se corresponda al decir del que interviene en la vida p\u00fablica. Sin ello las llamadas \u00abnuevas formas de hacer pol\u00edtica\u00bb ser\u00e1n mera demagogia o repetici\u00f3n de lo ya visto. Y para tratar de controlar la aproximaci\u00f3n del hacer al decir en cosas de pol\u00edtica no se conoce nada mejor que el establecimiento de reglas de comportamiento compartidas entre gobernantes y gobernados. Y, adem\u00e1s, revisables. Puesto que \u00e9ste no es un juego como los otros. Ni de lejos.<\/p>\n<p>Y, en el plano de la pol\u00edtica, tenemos que exigirnos conciencia hist\u00f3rica. Lo que quiere decir: reconocimiento de que la mera incorporaci\u00f3n de las masas a la actividad pol\u00edtica, como ha mostrado precisamente la historia del siglo XX, tampoco basta. La \u00abrebeli\u00f3n de las masas\u00bb puede ser \u2013y ahora lo sabemos muy bien\u2013 manipulaci\u00f3n de masas. Y la manipulaci\u00f3n de las masas rebeladas est\u00e1 en la base de la barbarie del siglo XX.<\/p>\n<p>De ah\u00ed querr\u00eda concluir ahora unas pocas cosas positivas. La filosof\u00eda pol\u00edtica de la democracia, atenta a la \u00e9tica, se habr\u00e1 de mover necesariamente entre el horizonte ut\u00f3pico y el principio de realidad, entre \u00e9tica de la convicci\u00f3n y \u00e9tica de la responsabilidad. Pero para que esta tensi\u00f3n, seguramente insuperable, en su forma dram\u00e1tica o tr\u00e1gica, resulte en \u00faltima instancia fruct\u00edfera para las colectividades es necesario hacer nuestra la idea del l\u00edmite, de la autolimitaci\u00f3n. La aceptaci\u00f3n de esta idea del l\u00edmite implica tres cosas:<\/p>\n<p>La primera es: autolimitaci\u00f3n del talante ut\u00f3pico que desarrolla la tradici\u00f3n antiguamente iniciada por Plat\u00f3n y modernamente recuperada por Thomas More. Al contrario de lo que despu\u00e9s de Nietzsche y Dostoievski se viene diciendo para otros \u00e1mbitos, no todo est\u00e1 permitido en el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La segunda es: como consecuencia de los avances realizados en la b\u00fasqueda (tendencialmente) cient\u00edfica del alma tenemos buenas razones para especificar aquello <i>que no es posible<\/i> en el \u00e1mbito de la pol\u00edtica por atractivos que hayan sido, desde el punto de vista \u00e9tico, determinados planteamientos cl\u00e1sicos que han dado lugar a tradiciones.<\/p>\n<p>La tercera es: el di\u00e1logo entre tradiciones de liberaci\u00f3n o emancipaci\u00f3n de los humanos, la lucha en favor de la desalienaci\u00f3n, la vieja lucha entre la Gran Tradici\u00f3n y la peque\u00f1a tradici\u00f3n (la de la econom\u00eda moral de los de abajo, para apropiarme una expresi\u00f3n del historiador E. P. Thompson), tiene que partir de la autocr\u00edtica de las propias tradiciones en di\u00e1logo, y siempre en funci\u00f3n de la admisi\u00f3n del l\u00edmite. Si me sigue pareciendo bueno el planteamiento de la cuesti\u00f3n que hac\u00eda Aranguren en 1963 es precisamente porque no era formalista: por su atenci\u00f3n a la psicolog\u00eda, a la antropolog\u00eda y a la historia. Eso hace falta ahora m\u00e1s que nunca<a class=\"sdfootnoteanc\" href=\"#sdfootnote5sym\" name=\"sdfootnote5anc\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>II. Tradici\u00f3n y renovaci\u00f3n en filosof\u00eda pol\u00edtica<\/b><\/h3>\n<p><em>Escrito no fechado<\/em><\/p>\n<p>1. Toda innovaci\u00f3n relevante en filosof\u00eda pol\u00edtica empieza por ser reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre crisis hist\u00f3ricas vividas. Y es luego desplazamiento radical del \u00e1ngulo de la mirada del hombre que reflexiona acerca de la vida buena, de la justicia y del posible vivir bien de los hombres y de las mujeres en el buen gobierno.<\/p>\n<p>Pondr\u00e9 algunos ejemplos de esto. La <i>P<\/i><i>oliteia<\/i> de Plat\u00f3n tiene enfrente dos cosas vividas como contradictorias: la tradici\u00f3n democr\u00e1tica de Atenas y la muerte de S\u00f3crates, en esa democracia y por ella, en el a\u00f1o 399; <i>El pr\u00edncipe<\/i> de Maquiavelo tiene enfrente dos cosas vividas como contradictorias: la tradici\u00f3n republicana florentina y la muerte de Girolamo Savonarola, en ella y por ella, en 1498; la <i>Utop\u00eda<\/i> de Thomas More tiene enfrente dos cosas contradictorias: el comienzo de la disoluci\u00f3n del comunitarismo municipalista medieval, que es una crisis hist\u00f3rica, y las primeras noticias sobre el nuevo mundo reci\u00e9n descubierto que contrastan con todo lo sabido hasta el momento.<\/p>\n<p>Este esquema no puede documentarse aqu\u00ed con detalle. Pero se puede sugerir, en cambio, que vale tambi\u00e9n para entender la obra innovadora de Bartolom\u00e9 de las Casas, para comprender el <i>Leviat\u00e1n<\/i> de Hobbes, para entrar en el <i>Tractatus<\/i> de Spinoza; o, m\u00e1s recientemente, para captar lo que de innovador hay en <i>Esencia y valor de la democracia<\/i>, de Kelsen, en algunas obras de Carl Schmitt o en los <i>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/i> de Antonio Gramsci.<\/p>\n<p>Querr\u00eda razonar ahora la tesis anterior.<\/p>\n<p>2. El desplazamiento del \u00e1ngulo de la mirada equivale, en filosof\u00eda pol\u00edtica, a la invenci\u00f3n o descubrimiento de alguna herramienta metodol\u00f3gica o te\u00f3rica que opera como una especie de amplificador de la visi\u00f3n que tenemos sobre alg\u00fan aspecto importante de la cosa p\u00fablica y que hasta ese momento hab\u00eda permanecido confuso u oculto en el marco de las tradiciones imperantes. De modo que aquello que solemos llamar acu\u00f1aci\u00f3n de conceptos nuevos en filosof\u00eda pol\u00edtica viene a ser en realidad acoplamiento de dos o tres conceptos conocidos que, a partir de ese momento, al fundirse, cambian de nombre para acabar produciendo un desvelamiento. Este desvelamiento es a la vez dos cosas: oscurecimiento de la tradici\u00f3n imperante, de la tradici\u00f3n heredada, y acto de creaci\u00f3n de un concepto que, cuando arraiga como creencia entre las gentes, acaba dando lugar a una nueva tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Las filosof\u00edas de lo pol\u00edtico son puntas te\u00f3ricas o reflexiones cr\u00edtico-normativas que brotan siempre en el marco de tradiciones m\u00e1s o menos expl\u00edcitamente afirmadas y aceptadas en su lugar de nacimiento. Una tradici\u00f3n es una cosmovisi\u00f3n m\u00e1s o menos abierta con afirmaciones m\u00e1s o menos expl\u00edcitas que incluyen siempre creencias firmes sobre aspectos muy diferentes del ser, el quehacer y el querer de los humanos en su relaci\u00f3n entre ellos y con el entorno natural, con la naturaleza progresivamente humanizada.<\/p>\n<p>Las tradiciones contienen, generalmente en forma asistem\u00e1tica, ideas y creencias sobre el fondo psicol\u00f3gico de los humanos, sobre sus formas m\u00e1s habituales de comportamiento, sobre la forma de decidir acerca de lo que es verdad y lo que es falso, sobre aquello que constituye la identidad de un pueblo, sobre las normas morales de los individuos, sobre lo que se considera felicidad o infelicidad del hombre, sobre la mejor forma de gobernarse, etc. Lo caracter\u00edstico de las tradiciones es la transmisi\u00f3n repetida, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, de las ideas y creencias heredadas, siempre con las alteraciones m\u00ednimas para solventar al menos dos obst\u00e1culos. Uno: el de las experiencias contradictorias (que empiezan por ser verdades triviales recogidas en el refranero: \u00aba quien madruga Dios le ayuda\u00bb, pero \u00abno por mucho madrugar amanece m\u00e1s temprano\u00bb). Y dos: el de la tensi\u00f3n intergeneracional motivada por el hecho indiscutible de que la sangre no canta de la misma forma en las venas de los j\u00f3venes y de los viejos (o de los viejos que se sienten j\u00f3venes):<\/p>\n<p><i>En nuestro tiempo el destino del hombre ofrece su<\/i> <i>significado en t\u00e9rminos pol\u00edticos<\/i>, dice Thomas Mann.<\/p>\n<p>Y W. Yeats, en un poema titulado precisamente \u00abPol\u00edtica\u00bb, da la r\u00e9plica:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">\u00bfC\u00f3mo puedo yo, con esa muchacha all\u00ed plantada,<br \/>\nFijar mi atenci\u00f3n<br \/>\nEn la pol\u00edtica romana, o la rusa,<br \/>\no la espa\u00f1ola?<br \/>\nMas aqu\u00ed hay un hombre muy viajero<br \/>\nQue sabe de lo que habla<br \/>\nY un pol\u00edtico que ha le\u00eddo y pensado.<br \/>\nY puede que sea cierto lo que dicen<br \/>\nDe la guerra y sus alarmas,<br \/>\nMas, \u00a1ah, que fuera yo joven de nuevo<br \/>\nY la pudiera tener en mis brazos!<\/p>\n<p>Sin capacidad para solventar estos dos obst\u00e1culos, el de las experiencias contradictorias y el del conflicto intergeneracional, no hay tradici\u00f3n, aunque puede haber ideolog\u00edas o visiones del mundo m\u00e1s o menos potentes e incluso persistentes a lo largo del tiempo.<\/p>\n<p>3. Al llegar aqu\u00ed conviene distinguir, por otra parte, entre lo que llamaron \u00abtradici\u00f3n\u00bb los hombres y mujeres de un determinado momento hist\u00f3rico (por ejemplo, los atenienses de la Grecia cl\u00e1sica o los florentinos de la \u00e9poca de los M\u00e9dici o los espa\u00f1oles de la \u00e9poca de Bartolom\u00e9 de las Casas) y la reconstrucci\u00f3n historiogr\u00e1fica de las tradiciones que es t\u00edpica de la conciencia europea relativamente reciente. Pues, por lo general, lo que hoy llamamos tradiciones es un concepto que est\u00e1 ya muy condicionado por la compartimentaci\u00f3n acad\u00e9mica de los saberes y por la reflexi\u00f3n historicista que intenta dar cuenta de la simultaneidad de los acontecimientos y la no-contemporaneidad de las respuestas de los sujetos o actores por la diversidad cultural; son, estas otras, \u00abtradiciones\u00bb literarias, o filos\u00f3ficas, o historiogr\u00e1ficas, en las cuales se han abordado de tal o cual forma tales o cuales argumentos universales a los que se concede alguna preferencia; tradiciones, pues, en un sentido muy restringido, que conviene diferenciar tambi\u00e9n de tradiciones intermedias como aquellas a las que se alude hoy en d\u00eda cuando hablamos de la \u00abtradici\u00f3n liberal\u00bb (a prop\u00f3sito de Rawls), de la \u00abtradici\u00f3n socialista\u00bb (a prop\u00f3sito de Bobbio), de la tradici\u00f3n \u00ablibertaria\u00bb (a prop\u00f3sito de Nozick) o de la \u00abtradici\u00f3n anarquista\u00bb (a prop\u00f3sito de Chomsky).<\/p>\n<p>Una filosof\u00eda del quehacer del hombre en la <i>polis<\/i> perfila te\u00f3ricamente afirmaciones y creencias contenidas en las tradiciones en sentido amplio y que, sin embargo, o no eran lo suficientemente expl\u00edcitas, o no hab\u00edan sido pensadas en alguna de sus consecuencias pr\u00e1cticas, o sencillamente se acaban de revelar dudosas por alguna contrastaci\u00f3n emp\u00edrica reciente.<\/p>\n<p>Es caracter\u00edstico del filosofar innovador sobre el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico la introducci\u00f3n de alg\u00fan tipo de consideraci\u00f3n novedosa, respecto de la tradici\u00f3n, sobre alg\u00fan aspecto del quehacer de los humanos que no es estrictamente pol\u00edtico pero que precisamente a partir de ese momento pasa a ser considerado como elemento b\u00e1sico o fundamento de la actividad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>De hecho, en la \u00e9poca moderna la innovaci\u00f3n en filosof\u00eda pol\u00edtica ha estado siempre vinculada a la formulaci\u00f3n de teor\u00edas (o, si se prefiere, bosquejos te\u00f3ricos) de car\u00e1cter epistemol\u00f3gico, metodol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, antropol\u00f3gico, sociol\u00f3gico, econ\u00f3mico, biol\u00f3gico o ecol\u00f3gico. Esto se puede predicar igualmente, aunque con matices, para la obra de Maquiavelo, de Hobbes, de Mandeville, de Locke, de J. S. Mill, de Tocqueville, de Marx; y, m\u00e1s recientemente, para las aportaciones de Pareto, de Weber, de Kelsen, de Carl Schmitt, de Antonio Gramsci o de Karl Popper. Se podr\u00eda concluir, por tanto, en este punto, que la innovaci\u00f3n en filosof\u00eda pol\u00edtica es siempre inseparable de alg\u00fan paso importante en lo que se ha llamado b\u00fasqueda (tendencialmente) cient\u00edfica del alma humana.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de la persistencia de este v\u00ednculo a lo largo del tiempo es f\u00e1cil de comprender: el descubrimiento (o la invenci\u00f3n) de ciertos rasgos psicol\u00f3gicos constantes, o del comportamiento habitual de los hombres ante el choque entre culturas, o de la significaci\u00f3n del <i>homo oeconomicus<\/i>, o de la significaci\u00f3n del <i>homo sociologicus<\/i>, o de la importancia de la conciencia de clase, o del papel del inconsciente, o de los rasgos principales del biograma humano, y, en otro plano, de la necesidad de evitar la falacia naturalista o las generalizaciones inductivas excesivas acaba implicando <i>una atenci\u00f3n preferencial a tal o cual l\u00edmite determinante de las relaciones entre los hombres m\u00e1s all\u00e1 del cual la pol\u00edtica deja de ser arte de lo razonablemente posible<\/i>. Y el descubrimiento de este l\u00edmite (psicol\u00f3gico, antropol\u00f3gico, econ\u00f3mico, sociol\u00f3gico, biol\u00f3gico, ecol\u00f3gico, etc.) implica el descarte de formas del buen gobierno que tradicionalmente se consideraban posibles y hasta deseables.<\/p>\n<p>La idea de que un descubrimiento importante sobre la estructura psicol\u00f3gica, biol\u00f3gica, antropol\u00f3gica, sociol\u00f3gica, econ\u00f3mica, ecol\u00f3gica, etc. de la naturaleza cultural humana y de la naturaleza humanizada opera como establecimiento, por convenci\u00f3n, de un l\u00edmite a las formas posibles y deseables de organizaci\u00f3n pol\u00edtica (o como condicionante, en \u00faltima instancia, de toda teor\u00eda operativa de la justicia) es central para mi argumentaci\u00f3n aqu\u00ed. Pues, si esto es as\u00ed, seguramente se puede concluir algo positivo acerca del aparentemente eterno reproducirse, en esa noria que es la historia de las ideas, de la pareja innovaci\u00f3n y tradici\u00f3n. Y esto permitir\u00eda explicar, por ejemplo, el relativo declinar de las utop\u00edas en la filosof\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Volver\u00e9 sobre esta idea ya en conclusiones.<\/p>\n<p>4. Desde el Renacimiento hay dos formas de innovaci\u00f3n casi siempre paralelas en filosof\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>La primera consiste en cambiar el \u00e1ngulo de la mirada volvi\u00e9ndose hacia otro pasado hist\u00f3rico que no era hasta ese momento motivo de inter\u00e9s preferencial en la comunidad, para, desde \u00e9l, desde aquel \u00e1ngulo, reinterpretar pasado y presente dando un sentido novedoso a la vieja palabra.<\/p>\n<p>La segunda consiste en extrapolar hacia el futuro alg\u00fan aspecto central de la crisis hist\u00f3rica vivida para, desde esta extrapolaci\u00f3n te\u00f3rica, sugerir a los contempor\u00e1neos los rasgos que habr\u00edan de caracterizar la vida buena del ciudadano en el buen gobierno que llamaremos ciudad ideal.<\/p>\n<p>Ambas formas de innovaci\u00f3n, cuando lo son de verdad, esto es, cuando llegan a cuajar en creencias compartidas, son igualmente deudoras de tradiciones: rompen con la <i>Tradici\u00f3n<\/i> imperante y buscan enlazar con otras <i>tradiciones<\/i> olvidadas o en proceso de reinterpretaci\u00f3n. Lo dem\u00e1s, en filosof\u00eda pol\u00edtica, suele ser trabajo (respetable) de Escuela y plagio ret\u00f3ricamente presentado como Gran Rechazo o como Final de la Historia.<\/p>\n<p>Este paso puede argumentarse sin dificultad, de manera hist\u00f3rico-cr\u00edtica, desde la comparaci\u00f3n entre la <i>Politeia<\/i><i> <\/i>plat\u00f3nica (conocida con el nombre de \u00abRep\u00fablica\u00bb) y la <i>Pol\u00edtica<\/i> aristot\u00e9lica pasando por la comparaci\u00f3n entre el <i>Pr\u00edncipe<\/i> de Maquiavelo y la <i>Utop\u00eda<\/i><i> <\/i>de Thomas More hasta llegar a la \u00e9poca de la incorporaci\u00f3n de las masas a la pol\u00edtica en el continente europeo (se puede comparar provechosamente a este respecto <i>Historia y consciencia de clase<\/i> de Georg Luk\u00e1cs con la <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> de Ortega y Gasset).<\/p>\n<p>Notas comunes de la filosof\u00eda pol\u00edtica a lo largo de esta historia son la reflexi\u00f3n sobre el r\u00e9gimen o gobierno de la polis y acerca de la justicia. Para lo que aqu\u00ed nos interesa es aleatorio el que esta reflexi\u00f3n haya puesto el acento en el an\u00e1lisis de las reglas y normas de la democracia, en la idea de comunidad o en la estructura de la rep\u00fablica. Lo que interesa subrayar es que el objeto de toda reflexi\u00f3n filos\u00f3fico-pol\u00edtica es el principio de la vida social, o sea, el v\u00ednculo que liga a los individuos y forma el estado. Y que esta reflexi\u00f3n se halla conectada con alguna teor\u00eda acerca de la justicia.<\/p>\n<p>Aunque de hecho la tensi\u00f3n entre innovaci\u00f3n y tradici\u00f3n ha seguido activa en la filosof\u00eda pol\u00edtica europea, durante alg\u00fan tiempo se impuso un esquema interpretativo que identific\u00f3 innovaci\u00f3n con destrucci\u00f3n de tradiciones. Ese esquema toma cuerpo ya en la teor\u00eda de los cuatro estadios y ha cuajado ampliamente en Europa desde la \u00e9poca de la <i>Enciclopedia<\/i>. La mejor manera de comprobar hasta qu\u00e9 punto empez\u00f3 a cuajar es atender a la voz \u00abfilosof\u00eda pol\u00edtica\u00bb de la <i>Enciclopedia<\/i> y comparar lo que se dice en ella con las c\u00e9lebres palabras de D&#8217;Alembert acerca del Renacimiento. La voz \u00abfilosof\u00eda pol\u00edtica\u00bb menciona a Bodino y Baltasar Graci\u00e1n para centrarse luego en Maquiavelo, pero ignora ya por completo a Girolamo Savonarola, a Thomas More y toda la tradici\u00f3n ut\u00f3pica.<\/p>\n<p>Y se comprende. Pues ese esquema (que ser\u00eda recogido y ampliado por Burckhardt) tiende a identificar \u00abtradici\u00f3n\u00bb con \u00abtinieblas\u00bb y \u00aboscurantismo\u00bb, e \u00abinnovaci\u00f3n\u00bb con \u00abmodernidad\u00bb, \u00abprogreso\u00bb y \u00abdesarrollo\u00bb (intelectual y material). Solo que hace tiempo ya que tal esquema interpretativo empez\u00f3 a considerarse inmantenible. Ya las obras de Eugenio Garin sobre el Renacimiento italiano obligaron a modificarlo, y hoy en d\u00eda se podr\u00eda decir incluso que el esquema est\u00e1 a punto de invertirse despu\u00e9s de las generalizaciones de Peter Burke. No es s\u00f3lo que el elemento de continuidad y, por tanto, la tradici\u00f3n, haya seguido siendo importante en la mentalidad de las gentes del Renacimiento. Pues reconocer tal cosa ser\u00eda a estas alturas aceptar una verdad trivial. Lo interesante en el campo de la filosof\u00eda pol\u00edtica es que puede mostrarse que tambi\u00e9n en los siglos XV y XVI la tensi\u00f3n entre tradici\u00f3n e innovaci\u00f3n sigue operando en los principales representantes de la renovaci\u00f3n renacentista y que, adem\u00e1s, no resulta nada f\u00e1cil identificar \u00ablo moderno\u00bb con la innovaci\u00f3n y \u00ablo antiguo\u00bb con la defensa de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos un momento, por ejemplo, en la comparaci\u00f3n entre Savonarola, Maquiavelo y More. Ella pone de manifiesto que el arranque de la innovaci\u00f3n es discursivamente un enlace con tradiciones (en Savonarola con la tradici\u00f3n republicana y con la tradici\u00f3n escol\u00e1stica; en Maquiavelo con la tradici\u00f3n romana; en More con la tradici\u00f3n plat\u00f3nica) que obliga a revisar la Tradici\u00f3n imperante (para los tres casos la aristot\u00e9lico-tomista); y es dif\u00edcil decidir, en conclusiones, <i>qui\u00e9n de los tres es m\u00e1s moderno<\/i> (m\u00e1s all\u00e1 de la discutida cuesti\u00f3n de si la modernidad debe medirse por el \u00e9xito inmediato de aquellas reflexiones: dos de ellos pagaron sus ideas con la muerte y el otro ser\u00eda un derrotado pol\u00edtico con buen humor).<\/p>\n<p>La innovadora la idea savonaroliana del \u00abgran consejo\u00bb como democracia radical que ampl\u00eda el republicanismo florentino y veneciano enfrenta a la tradici\u00f3n mon\u00e1rquica tomista la experiencia reciente florentina. No niega radicalmente la tradici\u00f3n pero propugna el m\u00e1s radical de los cambios pol\u00edticos para la \u00e9poca.<\/p>\n<p>La idea maquiaveliana de la <i>virt\u00f9<\/i> como complementaci\u00f3n de fuerza y consentimiento niega la Tradici\u00f3n en un sentido, por as\u00ed decirlo, metodol\u00f3gico, en el sentido, esto es, de separar anal\u00edticamente los planos de la religi\u00f3n, la moral y la pol\u00edtica, pero recuperar otra tradici\u00f3n modific\u00e1ndola, la de la \u00abvirtus\u00bb romano-republicana.<\/p>\n<p>La idea central de la utop\u00eda de More, la defensa de la comunidad de bienes, niega la Tradici\u00f3n en tanto que institucionalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n pero es innovadora precisamente en la medida en que enlaza la tradici\u00f3n de la<i> politeia<\/i> plat\u00f3nica con la invenci\u00f3n de una forma de vida relativamente plausible en el nuevo mundo.<\/p>\n<p>Para leer a estos tres autores en el marco del esquema ilustrado y positivista hay que cerrar los ojos a una parte de la evidencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>El choque de culturas, las prolongadas guerras de religi\u00f3n y la extensi\u00f3n del relativismo cultural han roto lo que en Europa se llamaba <i>la<\/i> Tradici\u00f3n. La Tradici\u00f3n empieza a disolverse ya en el siglo XVI. Y desde el siglo XVII se van configurando dos actitudes: a] la retirada hacia una filosof\u00eda moral m\u00ednima, b] la aparici\u00f3n de diversas formas \u00abheterodoxas\u00bb de la Tradici\u00f3n cristiana que cuajan como teolog\u00eda pol\u00edtica (Hobbes y Spinoza). Y desde el siglo XVIII puede decirse sin exageraci\u00f3n que la Tradici\u00f3n se va rompiendo en las tres tradiciones que se han prolongado hasta nuestra \u00e9poca: a] la defensa expl\u00edcita de Tradici\u00f3n, que empieza a ser llamada con raz\u00f3n \u00abtradicionalismo; b] el liberalismo, c] el socialismo. Lo que llamamos romanticismo ha coincidido a veces con este punto de vista tradicionalista, pero otras veces ha coincidido con los dos anteriores.<\/p>\n<p>Por otra parte, la consolidaci\u00f3n de las lenguas y estados nacionales y la consecuencias de las guerras de religi\u00f3n hacen particularmente dif\u00edcil seguir hablando de una Tradici\u00f3n desde el siglo XVII. Este factor se ve complicado por el hecho de que pronto la Ciencia empezar\u00e1 a ocupar, entre los cultos, en la cultura culta, el lugar que antes ocupaba la Religi\u00f3n como elemento central de la concepci\u00f3n del mundo. Es sintom\u00e1tico a este respecto el que ya en la <i>Encyclop\u00e9die<\/i> se empiece a hablar, entre los fil\u00f3sofos, de \u00abciencia pol\u00edtica\u00bb. Desde el siglo XVIII la competici\u00f3n por encontrar el Galileo o el Newton de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica ha sido una constante tanto en el Reino Unido como en la Europa continental.<\/p>\n<p>Probablemente esta \u00faltima aspiraci\u00f3n, hist\u00f3ricamente condicionada por el \u00e9xito pr\u00e1ctico de las ciencias de la naturaleza, es propia de la demas\u00eda de los humanos. Pero precisamente en la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica sobre esta demas\u00eda volvemos a encontrarnos con la idea de l\u00edmite. La convicci\u00f3n de que ciertas cosas son inalcanzables para los humanos socialmente organizados permite explorar mejor, anal\u00edtica y racionalmente, lo que es posible.<\/p>\n<p>5. Esta consideraci\u00f3n historiogr\u00e1fica me lleva ya a la segunda tesis que qued\u00f3 esbozada anteriormente y que ahora conviene precisar: <i>los descubrimientos cient\u00edficos de la era de la Ciencia no agotan la filosof\u00eda pol\u00edtica hasta convertirla en ciencia pol\u00edtica pero imponen l\u00edmites insoslayables a la vieja especulaci\u00f3n sobre el buen gobierno de los humanos<\/i>. Quisiera aclarar, de todas formas, que no estoy postulando que la conversi\u00f3n de la Ciencia en Tradici\u00f3n empuje obligatoriamente hacia la transformaci\u00f3n de la filosof\u00eda pol\u00edtica en ciencia pol\u00edtica, sino algo bastante m\u00e1s modesto, a saber: que lo que sabemos sobre biolog\u00eda, gen\u00e9tica de poblaciones, psicolog\u00eda, antropolog\u00eda, sociolog\u00eda, econom\u00eda, etc. impone l\u00edmites a cualquier plano que nos propongamos levantar de la ciudad ideal o a cualquier reflexi\u00f3n sobre la mejor forma de gobernarse que hoy pueda ser pensada.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que concluir ahora tres cosas de este repaso hist\u00f3rico para enlazarlas con la idea de aceptaci\u00f3n del l\u00edmite.<\/p>\n<p>La primera es: el talante ut\u00f3pico que desarrolla la tradici\u00f3n antiguamente iniciada por Plat\u00f3n y modernamente recuperada por Thomas More tiene que autolimitarse. Al contrario de lo que despu\u00e9s de Nietzsche y Dostoievski se viene diciendo para otros \u00e1mbitos del humano estar en el mundo, no todo est\u00e1 permitido en el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La segunda es: como consecuencia de los avances realizados en la b\u00fasqueda (tendencialmente) cient\u00edfica del alma tenemos buenas razones para especificar aquello <i>que no es posible<\/i> en el \u00e1mbito de la pol\u00edtica por muy atractivos que hayan sido determinados planteamientos cl\u00e1sicos que han dado lugar a tradiciones.<\/p>\n<p>La tercera es: el di\u00e1logo entre tradiciones de liberaci\u00f3n o emancipaci\u00f3n de los humanos, la lucha en favor de la desalienaci\u00f3n, la vieja lucha entre la Gran Tradici\u00f3n y la peque\u00f1a tradici\u00f3n (la de la econom\u00eda moral de los de abajo, para apropiarme una expresi\u00f3n del historiador E.P. Thompson), tiene que partir de la autocr\u00edtica de las propias tradiciones en di\u00e1logo, y siempre en funci\u00f3n de la admisi\u00f3n del l\u00edmite.<\/p>\n<p>6. La noci\u00f3n de l\u00edmite necesario hace en filosof\u00eda pol\u00edtica <i>inicialmente<\/i> preferible el enfoque maquiaveliano al enfoque ut\u00f3pico. Lo que hemos llegado a saber en el \u00e1mbito de la psicolog\u00eda, de la antropolog\u00eda, de la sociolog\u00eda, de la econom\u00eda, de la biolog\u00eda, de la ecolog\u00eda, etc. tal vez no permita nunca llegar a una filosof\u00eda de la pol\u00edtica como paradigma generalmente compartido en el que se hagan compatibles tradici\u00f3n e innovaci\u00f3n; pero el conocimiento disponible parece suficiente para ir descartando con alg\u00fan grado de certeza razonable tanto determinados enfoques como determinadas formas de filosofar al respecto.<\/p>\n<p>Por lo que hace al enfoque, o a la mirada general sobre el objeto, hay que decir que, de acuerdo con la aceptaci\u00f3n de la l\u00f3gica del l\u00edmite, y a pesar de las sugerencias interesant\u00edsimas de Rafael Hitlodeo en la <i>Utop\u00eda<\/i> de More, siempre ser\u00e1 mejor enfoque para la consideraci\u00f3n del buen gobierno el inaugurado por Nicol\u00e1s Maquiavelo en <i>El Pr\u00edncipe<\/i> y comunicado por carta a Francesco Guicciardini: <i>En vez de imaginar el camino que lleva al Para\u00edso, conocer el camino que conduce al infierno para evitarlo<\/i> .<\/p>\n<p>Ya el sentido profundo del mito era ese: el hombre es un animal que (por racional) no tiene cabida en el Para\u00edso. Ni volver\u00e1 a tenerla. En cambio los conocimientos psicol\u00f3gicos, antropol\u00f3gicos, sociol\u00f3gicos, biol\u00f3gicos, ecol\u00f3gicos, etc. producen retazos de saber precisamente acerca de las caracter\u00edsticas de lo evitable: el infierno particular de los humanos.<\/p>\n<p>El conocimiento de la diversidad biol\u00f3gica, de las diferencias de g\u00e9nero, \u00e9tnicas y culturales no refuta de por s\u00ed toda aspiraci\u00f3n a la igualdad entre los humanos en la ciudad bien gobernada, pero limita, s\u00ed, las condiciones de posibilidad de esta igualdad al \u00e1mbito de las oportunidades sociales y econ\u00f3micas. Seg\u00fan eso, la b\u00fasqueda de la igualdad <i>en general, en abstracto<\/i><i>,<\/i> esto es, por encima de las diversidades psicobiol\u00f3gicas, culturales, etc. es una temeridad (que, por cierto, a\u00fan estamos pagando). Por tanto, la filosof\u00eda pol\u00edtica se ve en la necesidad de concretar y profundizar acerca de aquella parcela de la socialidad que puede ser razonablemente objeto de igualaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El conocimiento ecol\u00f3gico, seg\u00fan el cual hay un l\u00edmite natural al crecimiento expansivo e indiscriminado de las fuerzas productivas, m\u00e1s all\u00e1 del cual \u00e9stas se convierten en fuerzas de destrucci\u00f3n y ponen en peligro la vida sobre el planeta Tierra, obliga a la filosof\u00eda pol\u00edtica a corregir la idea (por lo dem\u00e1s estimulante) de que un d\u00eda una sociedad bien gobernada pueda regirse por el principio de la satisfacci\u00f3n de las necesidades de todos los humanos, sobre todo si al considerar tales necesidades nos referimos a las hoy satisfechas por las capas altas y medias de la cultura euronorteamericana.<\/p>\n<p>El conocimiento aportado por la biolog\u00eda molecular y por la gen\u00e9tica de poblaciones acerca de la diversidad entre los humanos obliga a la filosof\u00eda pol\u00edtica a desechar el viejo concepto de raza, y, con ello, a corregir ideas antes muy difundidas sobre la supuesta superioridad de etnias y culturas, y a matizar muchas ideas concomitantes que han llegado hasta nosotros enlazadas con el humanismo y la ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>7. Ahora bien, de tales conocimientos <i>no se sigue l\u00f3gicamente,<\/i> deductivamente, una teor\u00eda pol\u00edtica y s\u00f3lo una. Ni menos a\u00fan la superaci\u00f3n autom\u00e1tica de la intolerancia, de la desigualdad, del racismo o del sexismo. S\u00ed se sigue de ah\u00ed, en cambio, la obligaci\u00f3n razonable de integrar en las filosof\u00edas o teor\u00edas contempor\u00e1neas de lo pol\u00edtico algunos resultados adquiridos que nos indican con cierta claridad los caminos que hoy conducen al infierno. Y parece razonable, tambi\u00e9n ahora, conocer \u00e9stos para evitarlos. Solo que \u2013se objetar\u00e1\u2013 la ciencia, el conocimiento cient\u00edfico, no es lo todo para la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica sobre el buen gobierno. El paleont\u00f3logo Stephen Jay Gould ha escrito, con raz\u00f3n, que el extendido abandono del racismo cient\u00edfico despu\u00e9s de la segunda guerra mundial se debe mucho m\u00e1s a nuestra contemplaci\u00f3n y a nuestra vivencia de lo que hizo Hitler con tales doctrinas que a cualquier incremento del conocimiento gen\u00e9tico.<\/p>\n<p>Eso es cierto. La m\u00e1s dura de las lecciones que no acabamos de aprender del todo en el mundo contempor\u00e1neo es que los sujetos de los principales actos de barbarie del siglo XX han sido hijos de las puntas m\u00e1s avanzadas de la cultura m\u00e1s avanzada, de las que siempre se han considerado a s\u00ed mismas superiores por su atenci\u00f3n, entre otras cosas, a la ciencia.<\/p>\n<p>Muchas veces se ha dicho y repetido \u2013creo que ingenuamente\u2013 que el nazismo, el fascismo y el estalinismo eran incultos. Se ha dicho, ateni\u00e9ndose a ciertas declaraciones anecd\u00f3ticas de dirigentes pol\u00edticos, que el nazi-fascismo fue en Alemania la negaci\u00f3n de la cultura, que el estalinismo cre\u00f3 en la URSS un desierto cultural y que el americanismo s\u00f3lo produce analfabetos funcionales en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica. Y se comprende, uno comprende, que se diga y se repita eso porque tal cosa ofrece la sensaci\u00f3n agradable de lo conocido, la sensaci\u00f3n de haber explicado racionalmente lo que hubo o lo que hay. La supuesta explicaci\u00f3n racional opera en este caso como un exorcismo: los b\u00e1rbaros son los otros, los incultos o los que se oponen a la cultura.<\/p>\n<p>Pero la verdad hist\u00f3rica es m\u00e1s ambigua y a la vez m\u00e1s dura. Desgraciadamente no fue el atraso cultural sino el adelanto cultural lo que ha producido la barbarie del siglo XX. Las peores aberraciones pol\u00edticas del siglo XX han salido del humus del saber, de la cultura superior, del conocimiento y de la ciencia y han estado \u00edntimamente vinculadas con esto. De ah\u00ed el malestar, el disgusto, la insatisfacci\u00f3n que produce una y otra vez la comprobaci\u00f3n de los v\u00ednculos que han tenido con el nazismo, con el fascismo, con el estalinismo y con americanismo algunos de los m\u00e1s grandes fil\u00f3sofos, poetas, literatos y cient\u00edficos de las \u00faltimas d\u00e9cadas. En Alemania, en Italia, en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica se estaba produciendo probablemente lo mejor y m\u00e1s elevado de la alta cultura human\u00edstica, t\u00e9cnica y cient\u00edfica de la humanidad.<\/p>\n<p>8. Lo argumentado en los dos puntos anteriores obliga a buscar un punto de equilibrio. Me parece razonable en esto la actitud h\u00f6lderliana: de donde est\u00e1 el peligro (en este caso de uniformizaci\u00f3n forzada de la reflexion pol\u00edtica que se atiene a los l\u00edmites impuestos por los conocimientos cient\u00edficos) puede brotar tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n. Por eso, para evitar las tendencias uniformizadoras de la filosof\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea que se autoproclama \u00abciencia\u00bb, es conveniente atender todav\u00eda a algunas lecciones de las viejas tradiciones. Mencionar\u00e9 dos para terminar.<\/p>\n<p>La primera lecci\u00f3n procede de Arist\u00f3teles. El estuvo atento a ese tipo de matices procedentes de la observaci\u00f3n emp\u00edrica de la diversidad, de las diferencias. As\u00ed, en el cap\u00edtulo primero del libro VI de la <i>Pol\u00edtica<\/i>, 1317a, escribi\u00f3 a este respecto algo muy interesante y que suelen olvidar por completo los juristas y pol\u00edticos normativos convencidos de que democracia no hay m\u00e1s que una, como madre. Dijo Arist\u00f3teles: \u00abDos son las razones por las que las democracias son varias: en primer lugar [&#8230;] que los pueblos son diferentes (pues existe el grupo de los campesinos, el de los artesanos y el de los jornaleros; y de ellos, el primero al sumarse al segundo y a su vez el tercero a ambos, no s\u00f3lo introduce diferencias consistentes en ser peor o mejor la democracia, sino tambi\u00e9n en no ser la misma); la segunda es aquella a la que nos estamos refiriendo ahora, pues los elementos que acompa\u00f1an a las democracias y que parecen peculiares de este r\u00e9gimen, al combinarse, determinan las diferentes democracias, ya que en una se encontrar\u00e1n en menor cantidad, en otra en m\u00e1s y en la otra la totalidad de ellos.\u00bb<\/p>\n<p>La segunda lecci\u00f3n procede de la tradici\u00f3n ut\u00f3pica moderna combinada con la historiograf\u00eda. Lo m\u00e1s interesante de la primera utop\u00eda moderna es que habiendo nacido a partir de las vagas noticias que More y Erasmo ten\u00edan de Am\u00e9rica a trav\u00e9s de los relatos de Vespucci s\u00f3lo tardar\u00eda unas pocas d\u00e9cadas en convertirse, con Vasco de Quiroga, en un proyecto social realizable precisamente en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Creo que ya esto es muy significativo de la naturaleza y del destino de las utop\u00edas modernas: un autor inventa un no-lugar donde se vive como nos gustar\u00eda que se viviese en nuestras sociedades, y lo hace partiendo de una combinaci\u00f3n entre invenci\u00f3n y tratamiento <i>ad hoc<\/i> de vaporosas noticias sobre un mundo a\u00fan casi desconocido; para ello sit\u00faa la acci\u00f3n en un no-lugar del que sugiere que es en realidad alg\u00fan lugar de Am\u00e9rica y logra as\u00ed calar en la sensibilidad de los contempor\u00e1neos europeos. Tanto que un par de d\u00e9cadas despu\u00e9s un partidario espa\u00f1ol de la utop\u00eda de Moro puede proponerse realizarla tal cual en un lugar real, Michoac\u00e1n, que, en cierto modo, podr\u00eda corresponder al no-lugar imaginado por More, pero ya con un conocimiento detallado de lo que son los h\u00e1bitos y costumbres de aquellas gentes. La paradoja, notable, es que el cuento moral de More, que hab\u00eda sido escrito para nosotros, los europeos, imaginando lo bien que podr\u00eda irnos si vivi\u00e9ramos en comunidad como los supuestos amerindios acaba aplic\u00e1ndose a los americanos, no imaginarios sino reales, en nombre de los ideales de un europeo que quiere ayudar a los indios con la utop\u00eda de More.<\/p>\n<p>Es posible que esto haya ocurrido as\u00ed porque la primera utop\u00eda moderna naci\u00f3 de la mano de la iron\u00eda. Recordad la \u00faltima p\u00e1gina de la obra de Thomas More cuando, al terminar de hablar Rafael Hitlodeo, el narrador, al que le han parecido absurdas muchas de las costumbres y principios que rigen en Utop\u00eda, se lleva del bracete a cenar al antagonista \u00abelogiando las instituciones de los ut\u00f3picos\u00bb y dejando para mejor ocasi\u00f3n la reflexi\u00f3n en profundidad sobre el detalle de aquellos problemas. La distancia ir\u00f3nica del narrador es tambi\u00e9n, en parte, la distancia del hombre moderno ante las propias utop\u00edas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\">Mientras tanto, y aunque yo no pueda asentir a todo lo que expuso Rafael Hitlodeo, aunque \u00e9l sea hombre de una extraordinaria erudici\u00f3n, y gran conocedor de la naturaleza humana, confesar\u00e9 con sinceridad que en la rep\u00fablica de Utop\u00eda<i> <\/i><i>hay muchas cosas que deseo, m\u00e1s que conf\u00edo, ver en nuestras ciudades.<\/i><\/p>\n<p>La distancia ir\u00f3nica respecto de la utop\u00eda no es s\u00f3lo conciencia de la dificultad de su realizaci\u00f3n en ese topos concreto que es nuestra sociedad sino tambi\u00e9n, probablemente, sospecha racional de que a veces lo mejor es enemigo de lo bueno. Este rasgo de la primera utop\u00eda renacentista, la iron\u00eda distanciada respecto de s\u00ed misma, aquel \u00bbvamos a tomar algo mientras tanto, que ya seguiremos discutiendo la cosa en profundidad ma\u00f1ana\u00bb, se fue perdiendo con el tiempo para ser sustituido, salvo en casos muy excepcionales, por el esp\u00edritu de la tragedia, por el pesimismo tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>No estar\u00eda de m\u00e1s incorporar aquella distancia ir\u00f3nica human\u00edstica a la idea de que hay que aceptar el l\u00edmite que al filosofar sobre lo pol\u00edtico imponen las ciencias. Por aquello de que no siempre conviene aceptar el mal menor: <i>uti minus malum habet rationem boni, ita minus bonum habet rationem mali<\/i>, o sea: que de la misma manera que el mal menor resulta ser un bien, as\u00ed tambi\u00e9n el bien menor resulta ser un mal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>III. Para la presentaci\u00f3n del libro de Norberto Bobbio: <i>Derecha e izquierda<\/i> <\/b><\/h3>\n<p><em>Escrito fechado el 27\/2\/1995. Escrito para la participaci\u00f3n en una mesa redonda sobre el libro de Bbbio con mucha presencia masculina, en la que el autor se present\u00f3 como Francisca Fern\u00e1ndez Buey.<\/em><\/p>\n<p>1. Coincido con Bobbio en que la distinci\u00f3n entre \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb en el plano de las ideas pol\u00edticas sigue teniendo sentido hoy en d\u00eda.<\/p>\n<p>Y creo que es sano decir con claridad -y p\u00fablicamente- que sigue habiendo \u00abizquierda\u00bb y \u00abderecha\u00bb en estos tiempos que corren. As\u00ed en Italia como en Espa\u00f1a. Pues los tiempos que corren, all\u00ed y aqu\u00ed, son de mucha confusi\u00f3n en cuanto a las ideas pol\u00edticas.<br \/>\nSe ha dicho que los intelectuales oscilan ahora entre la perplejidad y la confusi\u00f3n. Y hay bastante de verdad en esto. Quiz\u00e1s la forma m\u00e1s r\u00e1pida de describir esta mezcla de perplejidad y confusi\u00f3n de los intelectuales sea recordar una reflexi\u00f3n dibujada hace pocos a\u00f1os por el humorista Perich en la revista <i>Jano<\/i><i>.<\/i> En una vi\u00f1eta el t\u00edpico progre de los 60, ahora ya con el medio siglo encima, se mira al espejo y se dice a s\u00ed mismo: \u00abNo acabo de entenderlo. Antes era de izquierdas, ahora soy de derechas y, sin embargo, sigo pensando lo mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Hay chistes que valen por un ensayo, si me permiten el homenaje al humorista muerto.<\/p>\n<p>2. Desde luego que hay motivos, y motivos serios, para considerar borrosos los perfiles y los l\u00edmites de lo que fueron \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb en la pol\u00edtica europea de la \u00e9poca de la guerra no declarada entre las dos grandes potencias. El lenguaje de la derecha de entonces ha cambiado, se ha modernizado formalmente. Y los actos de una parte de la izquierda de entonces se parecen much\u00edsimo a lo que se consideraba pol\u00edtica y cultura de derechas. No hay m\u00e1s que echar un vistazo a lo que ha ocurrido aqu\u00ed, en Espa\u00f1a, en los diez \u00faltimos a\u00f1os. Creo que uno de los primeros en ver esta perversi\u00f3n fue Claude Julien en <i>Le Monde Diplomatique<\/i>. Y entre nosotros Manuel Sacrist\u00e1n escribi\u00f3 \u2013con el t\u00edtulo de \u00abOTAN hacia dentro\u00bb\u2013 palabras que han resultado premonitorias acerca del efecto a largo plazo de la corrosi\u00f3n de la consciencia ciudadana operada desde 1983 por el partido en el gobierno y por los medios de comunicaci\u00f3n afines a este partido.<\/p>\n<p>Al observar esta gran perturbaci\u00f3n que estamos viviendo ahora en Espa\u00f1a se comprende que mucha gente joven, y no tan joven, ande diciendo y escribiendo por ah\u00ed que la vieja distinci\u00f3n entre las palabras \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb ha perdido el sentido que tuvo en el pasado. No estoy pensando ahora en la antigua cantinela de aquellos que dicen no ser de izquierdas ni derechas sino todo lo contrario. Ni tampoco en el apoliticismo <i>qualunquista<\/i> inducido por los conservadores que s\u00f3lo lo son de las relaciones de producci\u00f3n existentes. Al decir que se comprende, que uno comprende la negativa a aceptar la vieja distinci\u00f3n estoy pensando ahora justamente en las personas j\u00f3venes, con esp\u00edritu c\u00edvico, pol\u00edticamente activas y casi siempre solidarias, que se han hartado de la hipocres\u00eda o del cinismo del protagonista del chiste de Perich. Su actitud, la actitud de estas personas j\u00f3venes, se explica por reacci\u00f3n frente a los representantes adultos de aquella \u00abizquierda\u00bb que act\u00faa como si fuese de derechas y contra los representantes adultos de aquella \u00abderecha\u00bb que trata de vender sus productos con un lenguaje que a veces recuerda formalmente al de la izquierda.<\/p>\n<p>Esta actitud de rechazo, muy extendida entre j\u00f3venes ecologistas y personas en general sensibles a la contradicci\u00f3n entre el decir y el hacer de los hombres, no s\u00f3lo me parece comprensible, sino tambi\u00e9n moralmente sana. Porque sano es, y razonable, creo, volver <i>de vez en cuando<\/i> el discurso dominante del rev\u00e9s, como si de un calcet\u00edn se tratara, para mostrar a los instalados en ese mismo discurso sus incongruencias. \u00a1Y c\u00f3mo llamar de \u00abizquierdas\u00bb, ni por un momento, a esta constante, abierta y declarada apolog\u00eda del <i>terrorismo de estado<\/i> a la que estamos asistiendo durante estas semanas! \u00a1C\u00f3mo llamar \u00abde izquierdas\u00bb, ni por un momento, esta subversi\u00f3n de las consciencias ciudadanas que es, de hecho, la herencia de la diada schmittiana entre \u00abamigo\u00bb\/\u00bbenemigo\u00bb.<\/p>\n<p>3. Solo que, dicho eso, quien entienda la pol\u00edtica como \u00e9tica de lo colectivo ha de seguir pensando. Tiene raz\u00f3n Bobbio en este punto: las palabras \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb est\u00e1n ah\u00ed y siguen diciendo algo importante para la mayor\u00eda de las gentes. No s\u00f3lo en los momentos electorales sino, m\u00e1s en general, cotidianamente, cuando discutimos los problemas m\u00e1s importantes de la econom\u00eda, de la pol\u00edtica, de la sociedad y de la cultura. Sale entonces a la superficie el lado oscuro de eso que se ha dado en llamar \u00abtransversalismo\u00bb, y se observa una curiosa coincidencia entre la derecha de hecho que dice negar la distinci\u00f3n (cuando lo que en realidad est\u00e1 negando casi siempre es el derecho a la existencia de la izquierda o, por lo menos las razones para ser de izquierdas en este final de siglo) y algunos de los exponentes de los nuevos movimientos sociales, particularmente ecologistas, que vuelven a decir que no son de derechas ni de izquierdas sino todo lo contrario (sin saber, estos bienintencionados medioambientalistas del final de siglo, que tambi\u00e9n esta palabra estaba dicha y que sobre ella se construy\u00f3 una l\u00ednea borrosa entre dos extremos que se tocaron hist\u00f3ricamente sin saberlo: la que discurre entre Sorel, el joven Gramsci y Mussolini).<\/p>\n<p>Reconocer esto \u00faltimo es una buena raz\u00f3n para seguir usando las palabras como lo hace la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>4. Pero me gustar\u00eda a\u00f1adir: si al dar nombre a las cosas conviene seguir el uso con que com\u00fanmente se designan, tambi\u00e9n conviene entender las palabras \u2013sobre todo las grandes palabras desvirtuadas por el excesivo uso y los constantes abusos\u2013 en la acepci\u00f3n que da a estas palabras la minor\u00eda, o sea, en este caso, la minor\u00eda cr\u00edtica que protesta contra las manipulaciones ling\u00fc\u00edsticas (que acaban siendo manipulaci\u00f3n de conciencias) y que, por ello, trata de restablecer la acepci\u00f3n precisa de las grandes palabras.<\/p>\n<p>Es en relaci\u00f3n con este punto donde me parece que el libro de Bobbio presenta insuficiencias que hay que discutir.<\/p>\n<p>La primera insuficiencia se refiere a la zona de intersecci\u00f3n entre cultura (en sentido antropol\u00f3gico) y pol\u00edtica. Creo que Bobbio no advierte que una parte muy notable de los problemas en discusi\u00f3n en la Europa de hoy, de los problemas que preocupan a los ciudadanos, son, hablando con propiedad, <i>prepol\u00edticos<\/i>: temas y problemas de antropolog\u00eda cultural para entendernos. Es el caso de las drogas, del aborto, de la contracepci\u00f3n, de la creaci\u00f3n artificial de la vida, del derecho a patentar seres vivos, del derecho a una muerte digna, del derecho a la intimidad, del choque entre culturas, de las migraciones masivas, de las nuevas relaciones entre los sexos, de la distribuci\u00f3n de los tiempos para el trabajo y para el cuidado de los otros, del reparto del trabajo, de la identidad cultural, del mestizaje, del racismo, de la xenofobia, del trato humano con la naturaleza, de la solidaridad de las relaciones entre la especie <i>homo sapiens sapiens<\/i> y las otras especies animales, etc., etc. O, en el plano antropol\u00f3gico-econ\u00f3mico, el caso de la miseria absoluta, de la exclusi\u00f3n, de la existencia de seres humanos que no son ya ni siquiera objeto potencial de la explotaci\u00f3n del trabajo asalariado.<\/p>\n<p>No debe extra\u00f1ar el hecho de que en las discusiones que hoy tienen lugar sobre estos temas en la pareja, en la familia, entre amigos, en el barrio, en los centros de trabajo, en los colectivos organizados, etc., aparezcan una y otra vez opiniones que no se corresponden en principio con lo pol\u00edticamente esperado o con lo que el clich\u00e9 establecido quiere que sean opiniones \u00abde izquierdas\u00bb y opiniones \u00abde derechas\u00bb. Llamativo a este respecto, por la tragedia que siempre representa y por la sorpresa que siempre supone, es la inversi\u00f3n de papeles y actitudes que se produce entre las gentes cuando el choque entre culturas pasa a primer plano y llega el diluvio. El Milcho Manchevski de <i>Before the rain<\/i> ense\u00f1a.<\/p>\n<p>5. No es que estos problemas prepol\u00edticos no est\u00e9n aludidos en el discurso de Bobbio. Algunos de ellos lo est\u00e1n. Y a\u00fan m\u00e1s en otras obras suyas. Pero no est\u00e1n aqu\u00ed tem\u00e1ticamente ni centralmente tratados. Y creo que esta ausencia explica el desasosiego que el autor italiano siente ante algunas manifestaciones nuevas de la aproximaci\u00f3n de los extremos o ante la aparici\u00f3n de los \u00abambidextros\u00bb. Las conductas o actitudes extremas no se entienden por lo general cuando son <i>s\u00f3lo pol\u00edticamente consideradas<\/i>. \u00bfQui\u00e9n iba a prever lo del subcomandante Marcos en M\u00e9xico?<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pol\u00edtico un \u00abambidextro\u00bb es un oportunista. Pero en el plano prepol\u00edtico, que es el que corresponde a las discusiones b\u00e1sicas en nuestras sociedades, no hay \u00abambidextros\u00bb; hay personas, de derechas o de izquierdas, que no consiguen orientarse en este mundo nuevo a partir de los clicl\u00e9s pol\u00edticos establecidos; hay gentes que buscan, que tratan de informarse, que dudan y que dialogan con otros sin importarles, ni poco ni mucho, la orientaci\u00f3n pol\u00edtica del contradictor o del compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>La extra\u00f1eza y el desasosiego ante lo que parece superficialmente una alianza <i>contra natura<\/i> \u2013cuando la cosa es observada s\u00f3lo en t\u00e9rminos pol\u00edticos\u2013, pueden tornarse comprensi\u00f3n y entendimiento, pienso yo, si se cae en la cuenta de que una parte sustancial de los asuntos que conmueven y motivan a la ciudadan\u00eda no son estrictamente pol\u00edticos ni reductibles a las categor\u00edas pol\u00edticas \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb.<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n en primer plano de estos temas prepol\u00edticos que tanto apremian a las pobres gentes, a las gentes con cuya opini\u00f3n no se cuenta m\u00e1s que a la hora del voto (o para fotografiarlas, o para llorarlas en \u00abduelos ajenos\u00bb, como dec\u00eda Las Casas) permite tambi\u00e9n comprender ciertas conductas y comportamientos que entrar\u00edan en lo que Bobbio llama aqu\u00ed \u00abextremismos\u00bb. Esta consideraci\u00f3n a los problemas b\u00e1sicos prepol\u00edticos permite, creo, ser menos formalistas y prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a la historia a la hora de establecer tipolog\u00edas. Es evidente, por ejemplo, que la izquierda libertaria radical no cabe en la tipolog\u00eda de Bobbio, seg\u00fan la cual la extrema izquierda estar\u00eda compuesta por movimientos a la vez igualitarios y autoritarios: todo el anarquismo y el libertarismo hist\u00f3ricos no tienen cabida ah\u00ed. Ni Savonarola, ni Thomas M\u00fcntzer, ni Thomas Moro, ni Bartolom\u00e9 de las Casas, ni Morris, ni Gramsci, ni Luxemburg, ni Gandhi, ni Guevara, ni Pasolini, ni Meinhof, ni Chomsky, ni el subcomandante Marcos&#8230; por poner s\u00f3lo unos cuantos ejemplos de personas que aprecio, tienen cabida en la tipolog\u00eda de Bobbio.<\/p>\n<p>Me atrever\u00eda a decir m\u00e1s: conviene, nos conviene a todos, no politizar apresuradamente, en t\u00e9rminos de \u00abderecha\u00bb e \u00abizquierda\u00bb, discusiones sobre temas, como estos mencionados, que est\u00e1n necesitados de una previa dilucidaci\u00f3n cient\u00edfica o racional.<\/p>\n<p>6. Y esto me lleva al \u00faltimo punto que querr\u00eda discutir aqu\u00ed del texto de Bobbio: la pareja igualdad \/desigualdad, tal como aparece en el capitulillo VI de <i>Derecha e izquierda.<\/i><\/p>\n<p>Bobbio defiende con raz\u00f3n que el igualitarismo, el aprecio de la igualdad, ha sido y es el rasgo sustancial y diferenciador de la izquierda.Pero acepta sin cr\u00edtica una contraposici\u00f3n ling\u00fc\u00edstica entre \u00abigualdad social\u00bb y \u00abdesigualdad natural\u00bb (o psicof\u00edsica) que ha dado lugar a infinitos equ\u00edvocos en el plano pol\u00edtico. Dice, por ejemplo, que \u00ablos hombres son entre ellos <i>tan iguales como desiguales.<\/i>\u00bb (p. 145); a\u00f1ade que son \u00abdesiguales\u00bb si se les toma uno por uno. Este uso, en mi opini\u00f3n impropio, del t\u00e9rmino \u00abdesigualdad\u00bb para referirse <i>a diferencias que no son sociales sino de naturaleza<\/i> (gen\u00e9ticas, biol\u00f3gicas, psicof\u00edsicas, culturales, etc.) ha producido en el libro alguna afirmaci\u00f3n absurda.<\/p>\n<p>Un ejemplo hay en las p\u00e1ginas 145-146: \u00bbSe puede llamar correctamente <i>igualitarios <\/i>\u2013escribe Bobbio\u2013 a aquellos que, aunque no ignorando que los hombres son tan iguales como desiguales, aprecian mayormente y consideran m\u00e1s importante para una buena convivencia lo que les asemeja; no igualitarios, en cambio, a aquellos que partiendo del mismo juicio de hecho aprecian y consideran m\u00e1s importante, para conseguir una buena buena convivencia, su diversidad\u00bb. Pero esta dicotom\u00eda entre \u00ablos que consideran que los hombres son m\u00e1s iguales que desiguales\u00bb y \u00ablos que consideran que son m\u00e1s desiguales que iguales\u00bb lleva a Bobbio a dar cr\u00e9dito a la idea de que en el punto de vista igualitario hay cierto \u00abartificialismo\u00bb, <i>como si se forzara el dato<\/i> previo de la \u00abdesigualdad natural entre los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>En este punto se ve muy bien la consecuencia negativa de un enfoque predominantemente formal y s\u00f3lo pol\u00edtico de asuntos que son prepol\u00edticos. Se sabe, por lo menos desde el ensayo de Dobzhansky titulado \u00abDiversidad gen\u00e9tica e igualdad humana\u00bb, que <i>desigualdad<\/i> no es lo mismo que <i>diversidad<\/i>: la diversidad es un hecho biol\u00f3gica y culturalmente observable, <i>pero este hecho no implica necesariamente desigualdad<\/i>; la desigualdad es tambi\u00e9n un hecho suficientemente conocido por soci\u00f3logos y economistas: en cambio, la igualdad (pol\u00edtica, econ\u00f3mica, social) es una aspiraci\u00f3n, un precepto \u00e9tico de una parte de la humanidad, al servicio de la cual a veces se instrumentan (o tratan de instrumentarse) tales o cuales pol\u00edticas. Por lo tanto, del reconocimiento de la diversidad como hecho biol\u00f3gico y culturalmente observable no se sigue sin m\u00e1s la defensa (pol\u00edtico-social) de la desigualdad humana, como sugiere Bobbio, ni hay ninguna \u00abartificialidad\u00bb en pasar del reconocimiento de la diversidad biol\u00f3gica y cultural a la defensa del igualitarismo social. Se puede, en efecto, ser sumamente respetuoso con la diversidad biol\u00f3gica, ps\u00edcof\u00edsica, cultural, etc, de los seres humanos y aspirar tambi\u00e9n a la igualdad social entre miembros diferentes, diversos, de la especie, de eso que llamamos humanidad.<\/p>\n<p>7. Esta precisi\u00f3n sobre el buen uso de las palabras \u00abdiversidad\u00bb, \u00abdesigualdad\u00bb e \u00abigualdad\u00bb tiene much\u00edsima importancia pr\u00e1ctica. Pues cuando no ha distinguido entre diversidad (gen\u00e9tica, biol\u00f3gica, \u00e9tnica, cultural, etc.) e igualdad <i>social<\/i> la izquierda ha acabado cargado con un fardo mucho m\u00e1s pesado que el que tiene que llevar ya habitualmente sobre sus espaldas. Al no distinguir, la izquierda parece aspirar a la igualdad absoluta, abstracta; se imagina entonces que puede cambiar no s\u00f3lo el mundo de las relaciones sociales sino la naturaleza humana, nada menos. De confusiones as\u00ed ha nacido la idea del \u00abhombre nuevo\u00bb como mito escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>El buen uso de las palabras confirma esta precisi\u00f3n. Es interesante observar a este respecto que el diccionario de la RAE define igualitarismo como \u00abla tendencia <i>pol\u00edtica<\/i> que propugna la desaparici\u00f3n o atenuaci\u00f3n de las<i> <\/i><i>diferencias sociales\u00bb<\/i> (el \u00e9nfasis es m\u00edo). Como interesante es observar que nadie (o casi nadie) habla de \u00abdesigualdad social\u00bb como de una aspiraci\u00f3n, como de un ideal. As\u00ed, pues, la izquierda, una izquierda racional y razonable, ser\u00e1 igualitaria en la medida en que aspire a la igualdad social (pol\u00edtica y econ\u00f3mica) en la diversidad biol\u00f3gica, psicof\u00edsica y cultural. La expresi\u00f3n: \u00abaspiramos a que todos los hombres sean iguales\u00bb tiene, naturalmente, este sentido <i>social<\/i><i> <\/i>restringido.<\/p>\n<p>La aspiraci\u00f3n a la igualdad, repito, <i>social<\/i>, es un ideal, una aspiraci\u00f3n ideal, sobre todo de los de abajo, de los desfavorecidos, en un mundo caracterizado a la vez por la diversidad natural (biol\u00f3gica, psicof\u00edsica, cultural) y por la desigualdad econ\u00f3mica, social y pol\u00edtica. En la medida en que la igualdad social es un ideal de al menos una parte de la humanidad no parece previsible que desaparezca ni siquiera en los malos momentos de la historia, cuando uno se pregunta \u00bfpara qu\u00e9 poetas? Porque, como escribiera Weber, los ideales est\u00e1n por encima de la discusi\u00f3n particularizada sobre los hechos hist\u00f3ricos, no se siguen de las proposiciones sobre hechos. Lo que \u2013sabiendo esto\u2013 la izquierda tiene que hacer es distinguir bien entre aspiraci\u00f3n ideal a la igualdad social y respeto consciente a la diversidad individual y grupal que echa sus ra\u00edces en la estructura m\u00e1s \u00edntima del ser humano.<\/p>\n<p>Creo que subrayar esta distinci\u00f3n entre diversidad psicof\u00edsica, desigualdad social realmente existente y aspiraci\u00f3n ideal a la igualdad social puede servir para explicar mejor una enf\u00e1tica afirmaci\u00f3n de Norberto Bobbio en<i> <\/i><i>Derecha e izquierda<\/i> que comparto: \u00abEl comunismo hist\u00f3rico ha fracasado. Pero el desaf\u00edo que lanz\u00f3 permanece\u00bb (p\u00e1g. 170). Y tal vez pueda servir tambi\u00e9n para proponer a la izquierda la elaboraci\u00f3n de un punto de vista que, en cambio, no parece tener cabida en las tipolog\u00edas dicot\u00f3micas de Bobbio: la posibilidad de una izquierda que sea revolucionaria en el plano sociopol\u00edtico y conservadora (en el sentido de muy cauta, equilibrada, discreta y respetuosa de los datos b\u00e1sicos de la naturaleza) en el plano cultural, o, mejor a\u00fan, de la antropolog\u00eda cultural.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>IV. Crisis de las viejas formas de participaci\u00f3n pol\u00edtica y nuevas alternativas<\/b><\/h3>\n<p><em>Intervenci\u00f3n del autor en el ciclo \u00abDemocr\u00e0cia, mitjans de comunicaci\u00f3 i opini\u00f3 p\u00fablica\u00bb organizado por la Fundaci\u00f3 Alfons Com\u00edn en la UPF. Barcelona 4 de mayo de 1995.<\/em><\/p>\n<p>1. Ante un t\u00edtulo como este que nos trae hoy aqu\u00ed \u2013crisis de las viejas formas de hacer pol\u00edtica y nuevas alternativas\u2013 la mayor parte de la gente sana y saludable que conozco suele poner cara de escepticismo y esbozar una sonrisa conmiserativa.<\/p>\n<p>Y se comprende.<\/p>\n<p>Precisamente para superar el escepticismo y pasar de la sonrisa conmiserativa a la otra, a la de las convicciones s\u00f3lidas pero tolerantes con las convicciones s\u00f3lidas de los dem\u00e1s, no basta, creo, con un discurso estrictamente pol\u00edtico, por mucho que se ponga el acento en las actuaciones alternativas. La gente est\u00e1 demasiado escamada de las alternativas autoproclamadas que acaban en lo malo conocido. Hace falta, en mi opini\u00f3n, algo m\u00e1s que eso, algo previo al discurso pol\u00edtico propiamente dicho: 1\u00ba volver a fundamentar filos\u00f3ficamente, con punto de vista, el car\u00e1cter noble de la participaci\u00f3n pol\u00edtica; y 2\u00ba razonar la renovada creencia en otra forma de participaci\u00f3n pol\u00edtica sin que \u00e9sta se disuelva en un nuevo fundamentalismo; o sea, razonar una forma de participaci\u00f3n pol\u00edtica concreta y alternativa tan alejada de la repetici\u00f3n de la ilusi\u00f3n como de la mera negaci\u00f3n de lo que hay.<\/p>\n<p>Seguro que eso es mucha tela para ser cortada en una hora. As\u00ed que considerad lo que sigue como una introducci\u00f3n al tema que luego, en las sesiones de los d\u00edas pr\u00f3ximos, se puede ir perfilando en sus aspectos particulares.<\/p>\n<p>Hablando de fundamentaci\u00f3n filos\u00f3fica y trat\u00e1ndose de \u00abvieja y nueva pol\u00edtica\u00bb en un ciclo, adem\u00e1s, sobre \u00abdemocracia, comunicaci\u00f3n y opini\u00f3n p\u00fablica\u00bb, no me parece descabellado empezar con algunas referencias, nada reverenciales, por lo dem\u00e1s, a los cl\u00e1sicos. Pues si ha habido una palabra tra\u00edda, llevada y zarandeada a lo largo del tiempo esa palabra es \u00abpol\u00edtica\u00bb.<\/p>\n<p>Los fil\u00f3sofos no acaban de ponerse de acuerdo sobre qu\u00e9 hacer con palabras as\u00ed, tan usadas y resobadas: si dej\u00e1rselas para siempre al vulgo para que juegue con ellas hasta que queden definitivamente sin sentido y utilizar ellos, los fil\u00f3sofos, otras palabras m\u00e1s limpias, o bien conservarlas, hablando como el vulgo, pero definiendo rigurosamente el concepto que se oculta en ellas y que ha quedado maltrecho por el largo abuso del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a partir de ese desacuerdo tan dr\u00e1stico se puede explicar, creo, el que unos fil\u00f3sofos hablen hoy en d\u00eda de la definitiva muerte de la pol\u00edtica mientras que otros propugnan la realizaci\u00f3n de la aut\u00e9ntica pol\u00edtica para salvarnos de la crisis cultural en la que estamos.<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n creer?<\/p>\n<p>No es \u00e9sta una cuesti\u00f3n balad\u00ed, pues seg\u00fan lo que uno decida hacer de buen principio sobre la palabra \u00abpol\u00edtica\u00bb hay que saber que todo el discurso siguiente va a quedar marcado por la elecci\u00f3n previa que uno ha hecho. Por ejemplo, si el punto de partida de uno fuera la afirmaci\u00f3n, tan socorrida entre j\u00f3venes politizados de ayer y de hoy, seg\u00fan la cual \u00abtodo es pol\u00edtica\u00bb correr\u00edamos el riesgo de dar a la palabra un contenido tan amplio que ya no nos servir\u00eda para nada en el resto del discurso. Y, de hecho, en la pr\u00e1ctica, el \u00abtodo es pol\u00edtica\u00bb de ayer tiene siempre mucho que ver con la despolitizaci\u00f3n de hoy.<\/p>\n<p>O, por ejemplo, la afirmaci\u00f3n, tan corriente en nuestros d\u00edas entre los j\u00f3venes, en pol\u00e9mica precisamente con sus mayores, con nosotros: \u00abno soporto la palabra \u00abpol\u00edtica\u00bb y menos que politic\u00e9is todo lo que toc\u00e1is\u00bb, puede constituir una actitud comprensible y hasta moralmente respetable, pero dicha as\u00ed, sin m\u00e1s, viene a ser ahora el camino m\u00e1s r\u00e1pido hacia la degradaci\u00f3n de la forma pol\u00edtica existente y hacia el triunfo, en suma, de la peor de las despolitizaciones: la del qualunquismo, la del individualismo salvaje, que se oculta en el \u00bbotros lo har\u00e1n por m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>2. Voy a adoptar como punto de partida en esto de decidir sobre el uso de las palabras el de un cl\u00e1sico heterodoxo que no es de mi tradici\u00f3n, al que admiro por muchas cosas y que en su tiempo fue considerado, \u00bfc\u00f3mo dir\u00edamos?, un fundamentalista y abiertamente criticado, adem\u00e1s, por el padre de la pol\u00edtica como ciencia. Me refiero a Girolamo Savonarola, heterodoxo prof\u00e9tico y milenarista y al mismo tiempo te\u00f3rico del republicanismo comunitarista m\u00e1s radical que se haya propuesto nunca en la patria del republicanismo moderno: la Florencia de la crisis cultural entre los siglos XV y XVI.<\/p>\n<p>Hace ahora quinientos a\u00f1os, en 1495-1496, al comienzo del libro primero de un tratado titulado \u00abSencillez de la vida cristiana\u00bb, del que hay, por cierto, una excelente edici\u00f3n catalana de Joan Vinyes y Joan Bada en la colecci\u00f3n \u00abCl\u00e0ssics del cristianisme\u00bb, Savonarola, que ten\u00eda motivos m\u00e1s que fundados para estar escamado acerca del significado de la expresi\u00f3n \u00abvida cristiana\u00bb, propuso una previa metodol\u00f3gica a la que me adhiero sin reticencias: \u00abAl dar nombre a las cosas hay que seguir el uso con que com\u00fanmente se designan. Hay que hablar como lo hace la mayor\u00eda y entender el concepto como lo entiende la minor\u00eda\u00bb.<br \/>\nEn su caso estaba queriendo decir: todos sabemos lo que quiere decir realmente llevar una vida cristiana; no vamos a cargarnos la expresi\u00f3n \u00abvida cristiana\u00bb por el hecho, indiscutible, de que los fariseos, los hip\u00f3critas, los c\u00ednicos y el papa Borja hayan convertido en la pr\u00e1ctica lo que llaman \u00abvida cristiana\u00bb en una excelsa porquer\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed nosotros, los laicos seculares de finales del siglo XX cuando hablamos de \u00abpol\u00edtica\u00bb. O as\u00ed me lo parece.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos, efectivamente, declarar que la pol\u00edtica es y ser\u00e1 siempre un sucio negocio entre mentirosos; que pol\u00edtica y corrupci\u00f3n han ido siempre unidas. Podr\u00edamos, desde luego, poner cara de asco ante la pol\u00edtica de ayer y la de hoy para concluir lapidariamente ante quien nos ofrece una propuesta de nueva pol\u00edtica como lo hizo Dante a las puertas del Infierno: \u00abAl hablar de pol\u00edtica abandonad toda esperanza\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque s\u00e9 que hay otras formas m\u00e1s acad\u00e9micas e ilustradas de fundamentar la necesidad de hacer pol\u00edtica a pesar de todo \u2013la l\u00ednea que enlaza Maquiavelo con Hobbes, y con Locke, y con Montesquieu, y con Hume, y con Voltaire y tantos otros\u2013 he elegido como punto de partida las palabras de un \u00abprofeta desarmado\u00bb, de un dominico fundamentalista del siglo XV que se opuso al despotismo ilustrado de los Medici y del Papa y que adem\u00e1s fue republicano y dem\u00f3crata radical para subrayar desde el principio el car\u00e1cter internamente conflictivo, contradictorio, ambivalente de la aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n pol\u00edtica en el mundo moderno.<br \/>\n3. Se sabe desde Arist\u00f3teles: el hombre, todo hombre, es un animal pol\u00edtico, un <i>zoon politikon<\/i>. En su sentido originario, griego, ser un <em>zoon politikon<\/em> quiere decir formar parte de una especie social que, adem\u00e1s, tiene logos, o sea, palabra razonada; formar parte de una especie, pues, cuyos miembros se enriquecen espiritual e individualmente mediante la comunicaci\u00f3n social y se sienten obligados, por tanto, a participar de forma activa en la gesti\u00f3n y control de la cosa p\u00fablica para, as\u00ed, alcanzar la virtud y la felicidad personales.<\/p>\n<p>La historiograf\u00eda contempor\u00e1nea ha puesto de manifiesto que este concepto noble, normativo, de la pol\u00edtica no siempre se ha correspondido con lo que realmente suced\u00eda en la polis griega. Adem\u00e1s, en aquella sociedad el enriquecimiento espiritual y personal de los ciudadanos que participaban pol\u00edticamente en la polis estuvo basado en una r\u00edgida divisi\u00f3n social del trabajo y en la existencia de esclavos. Hay mucho que hablar acerca de la orientaci\u00f3n pol\u00edtica de S\u00f3crates, pero sin entrar en la discusi\u00f3n acerca de esta orientaci\u00f3n, si democr\u00e1tica o aristocr\u00e1tico-olig\u00e1rquica, ya la Apolog\u00eda que escribi\u00f3 Plat\u00f3n nos hace pensar en que la realidad de la participaci\u00f3n pol\u00edtica ateniense era bastante m\u00e1s mezquina que lo que sugiere el noble concepto normativo de la misma.<\/p>\n<p>Esta es una primera verdad aprendida que conviene contar para que nadie se llame a enga\u00f1o: el quehacer pol\u00edtico ha sido probablemente desde su principio cl\u00e1sico una actividad internamente contradictoria en la que compiten virtud, desinter\u00e9s, socialidad y raz\u00f3n de un lado y ego\u00edsmo, corrupci\u00f3n, perversi\u00f3n y odio de otro. Los coros de las tragedias de S\u00f3focles suelen insistir en una advertencia que luego se ha hecho can\u00f3nica en el refranero de la mayor\u00eda de las lenguas cultas: \u00abLa prueba de lo que es el hombre la tenemos en su relaci\u00f3n con su poder; s\u00f3lo sabemos lo que realmente es un hombre cuando le vemos actuar pol\u00edticamente, como legislador\u00bb.<\/p>\n<p>Para estar seguro, dice el coro de <em>Las Traquinias<\/em>, hay que actuar, porque aun cuando te parezca estar en lo cierto, no puedes tener seguridad si no pruebas. Arist\u00f3teles sab\u00eda perfectamente esto. De modo que su noble y virtuoso concepto normativo de lo pol\u00edtico tiene que ser le\u00eddo, quiz\u00e1s, como un mensaje racional que reza m\u00e1s o menos as\u00ed: a pesar de la contradictoriedad interna de la actuaci\u00f3n pr\u00e1ctica de los ciudadanos nos conviene participar en las tareas de la polis porque eso nos hace mejores a todos los que tenemos el derecho de ciudadan\u00eda. Comparativamente \u2013y ah\u00ed est\u00e1 la clave\u2013 la participaci\u00f3n pol\u00edtica en los asuntos de la polis es, intelectual y espiritualmente, m\u00e1s satisfactoria que dejar tales asuntos en manos del tirano o de una oligarqu\u00eda, como, tal vez por desconfianza en la pol\u00edtica misma, se hace en otros lugares.<\/p>\n<p>4. Ahora bien, la historiograf\u00eda puede oponer al noble concepto normativo de lo pol\u00edtico un cuadro como este que sigue:<\/p>\n<p>4.1. Cada uno de los hombres considerados individualmente, el individuo llamado Eutifr\u00f3n, Epadimondas, Cayo o Jordi, puede no saber que es realmente miembro de una especie pol\u00edtica, civil, c\u00edvica, ciudadana; o:<\/p>\n<p>4.2. puede querer discutir con los otros conciudadanos detalladamente qu\u00e9 significa eso de ser pol\u00edtico en cada momento hist\u00f3rico dado, determinado, con la sospecha, tal vez fundada, de que no es lo mismo ser un <em>zoon politikon<\/em> en Atenas que en Esparta (o en la Catalunya pujolista); o:<\/p>\n<p>4.3. puede tambi\u00e9n, en ciertas circunstancias, no ejercer como animal pol\u00edtico; y esto no por ignorancia respecto de su pertenencia a la especie de los animales razonadores y pol\u00edticos ni por desidia, sino precisamente por desconfianza ante la afirmaci\u00f3n de que la virtud y la felicidad de los individuos se logran precisamente haciendo pol\u00edtica; o , por \u00faltimo:<\/p>\n<p>4.4. puede, seg\u00fan c\u00f3mo, declararse asqueado de la forma habitual de hacer pol\u00edtica en su pa\u00eds, en su mundo o en su tiempo y tratar de cambiar el concepto imperante de lo pol\u00edtico con la convicci\u00f3n de que el hombre es, en efecto, un <em>zoon politikon<\/em> pero su virtud y su felicidad dependen precisamente de la forma concreta que tome la participaci\u00f3n ciudadana en los problemas p\u00fablicos.<\/p>\n<p>5. Lo que se dice en el punto 4.1. adopta a veces un car\u00e1cter abiertamente pol\u00e9mico cuando se argumenta no s\u00f3lo que hay individuos que se abstienen de la pol\u00edtica porque ignoran pertenecer a la especie <i>zoon politikon<\/i> sino algo m\u00e1s, a saber: que gracias a esta ignorancia dichos individuos son virtuosos y felices. La equiparaci\u00f3n de la virtud y de la felicidad de la persona con un estado l\u00edmbico, con el vivir en el limbo, no es nada ajeno a una cultura como la nuestra que siente herida por el exceso de conocimiento; de modo que en ocasiones, en ese marco cultural, se acaba identificando la participaci\u00f3n pol\u00edtica con la maldad del Poder en s\u00ed y la inocencia del que nada sabe a este respecto con la bondad y la felicidad.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica contempor\u00e1nea quiz\u00e1s m\u00e1s dura y radical de este tipo de inocencia apol\u00edtica la ha hecho Hanna Arendt: la inocencia de las v\u00edctimas y de los verdugos de Auschwiz est\u00e1 en la base del holocausto. Por \u00abinocencia\u00bb en el siglo XX entiende H.A. la impoliticidad de las masas desagregadas y atomizadas que sigue a la demagogia del carisma. He ah\u00ed un ejemplo, y bien patente, de c\u00f3mo el limbo puede convertirse en el infierno, de c\u00f3mo el dejar hacer la pol\u00edtica a los otros por ignorancia conduce a la cat\u00e1strofe de todo un pueblo.<\/p>\n<p>La argumentaci\u00f3n contenida en 4.2. no niega en general el concepto normativo y noble de la participaci\u00f3n pol\u00edtica pero exige de \u00e9ste precisiones. El mismo Arist\u00f3teles estuvo atento a ese tipo de matices procedentes de la observaci\u00f3n emp\u00edrica de la diversidad, de las diferencias. As\u00ed, en el cap\u00edtulo primero del libro sexto de la <i>Pol\u00edtica,<\/i> 1317a, escribi\u00f3 a este respecto algo muy interesante y que suelen olvidar por completo los juristas y pol\u00edticos normativos convencidos de que democracia no hay m\u00e1s que una, como madre. Dijo Arist\u00f3teles: \u00abDos son las razones por las que las democracias son varias: en primer lugar \/&#8230;\/ que los pueblos son diferentes (pues existe el grupo de los campesinos, el de los artesanos y el de los jornaleros; y de ellos, el primero al sumarse al segundo y a su vez el tercero a ambos, no s\u00f3lo introduce diferencias consistentes en ser peor o mejor la democracia, sino tambi\u00e9n en no ser la misma); la segunda es aquella a la que nos estamos refiriendo ahora, pues los elementos que acompa\u00f1an a las democracias y que parecen peculiares de este r\u00e9gimen, al combinarse, determinan las diferentes democracias, ya que en una se encontrar\u00e1n en menor cantidad, en otra en m\u00e1s y en la otra la totalidad de ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta observaci\u00f3n es muy prudente. Y conviene hacerla nuestra a pesar del paso del tiempo. Pues son observaciones as\u00ed, acerca de la diversidad de las gentes, las que permiten evitar el fundamentalismo etnocentrista que siempre ha corro\u00eddo a la cultura euronorteamericana. Tal vez las cosas habr\u00edan ido mejor en Argelia, en Rusia, en Cuba, en Ruanda y en tantos otros lugares si en vez de pensar en t\u00e9rminos de democracia-madre se hubiera pensado en t\u00e9rminos de democracias diferentes y, adem\u00e1s, en construcci\u00f3n a partir de rasgos caracterol\u00f3gicos e ideosincr\u00e1ticos distintos. Es curioso que una cultura que ha llegado con tanta facilidad a la convicci\u00f3n de que los ideales igualitarios y comunitaristas de los de abajo dan lugar hist\u00f3ricamente a aberraciones socioecon\u00f3micas contrarias al ideal buscado no haya pensado que algo parecido ocurre tambi\u00e9n con el ideal de la democracia-madre en sociedades muy alejadas del modelo europeo.<\/p>\n<p>Hay, pues, varias formas de democracia y no s\u00f3lo una. Y si hay varias formas de democracia en funci\u00f3n de la diversidad \u00e9tnica, cultural, econ\u00f3mica y social, como apunta Arist\u00f3teles en la <i>Pol\u00edtica<\/i>, entonces la b\u00fasqueda de la virtud y de la felicidad del <em>zoon politikon<\/em>, a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n pol\u00edtica, tampoco puede verse como un camino \u00fanico y de direcci\u00f3n \u00fanica.<\/p>\n<p>Es en este sentido en el que hay que desconfiar de la alternativa descontextualizada, de la nueva pol\u00edtica sin marco cultural, del orden nuevo que se opone al viejo sin consideraci\u00f3n hist\u00f3rica. Pero tambi\u00e9n se puede en forma positiva: este es el fundamento para una cultura federalista en nuestros d\u00edas y en nuestro marco geogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>6. M\u00e1s enjundia tiene todav\u00eda la negativa del individuo a ejercer de <i>zoon politikon<\/i> no por ignorancia sino por desconfianza en que tal v\u00eda conduzca a la felicidad y a la virtud. Esta desconfianza es caracter\u00edstica de las horas bajas de la historia de la humanidad. Pero parece que el n\u00famero de las horas bajas no ha hecho sino aumentar desde el comienzo mismo de lo que llamamos modernidad. Tal vez porque este comienzo coincide, como vio perfectamente Nicol\u00e1s Maquiavelo, con lo excepcional, con una \u00e9poca de mirabilia que a trav\u00e9s del surgimiento de la naci\u00f3n-estado y de las guerras prolongadas trastoca por completo el orden tradicional. En momentos as\u00ed los compa\u00f1eros de la actividad pol\u00edtica no son solo ni principalmente la virtud y la felicidad del ciudadano con derechos en una sociedad en la que manda el consenso, sino tambi\u00e9n la fuerza y la muerte que resultan del enfrentamiento entre derechos que se quieren iguales. Entonces el logos se convierte en demagogia y decide la violencia.<\/p>\n<p>Y frente a demagogia y violencia surge la propuesta del alejamiento de la pol\u00edtica, de la participaci\u00f3n en la pol\u00edtica.<br \/>\nHa habido dos modelos de negaci\u00f3n de la vida pol\u00edtica en la modernidad: el religioso y el est\u00e9tico. En ambos casos el individuo est\u00e1 seguro de que virtud y felicidad no se pueden lograr ya a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n en los asuntos de la ciudad, sino precisamente retir\u00e1ndose de ella, al monasterio o al cultivo de los sentimientos que de verdad enriquecen a la persona. Un tercer modelo de alejamiento en la modernidad, Robinson en su isla, no puede ser considerado como una protesta ante la vida pol\u00edtica sino como un ejercicio literario o econ\u00f3mico acerca del individualismo positivo, como reafirmaci\u00f3n, por tanto, de que en la isla har\u00edamos aproximadamente lo mismo que la mayor\u00eda hace ya en la sociedad existente.<\/p>\n<p>Siempre me ha parecido que el monasterio trapense y el castillo del conde Axel de Auersburg imaginado en 1890 por Villiers de l\u2019Isle- Adam son las respuestas m\u00e1s dr\u00e1sticas y radicales a la vida pol\u00edtica juzgada negativamente como infecci\u00f3n de los individuos, como un mal para el desarrollo integral de la persona. Pero a diferencia de otros, que piensan que desde ellas no queda ya nada positivo que decir sobre la socialidad del hombre y que, por tanto, la anulaci\u00f3n de una parte de la personalidad por v\u00eda m\u00edstico-religiosa a la humildad absoluta o el nihilismo son s\u00f3lo negaciones, destrucciones, yo creo que hay un tipo de humildad y un nihilismo positivo, o de efectos positivos, que desde el siglo XIX opera eficazmente como espejo deformante de la vida pol\u00edtica de nuestras sociedades o como hoja de tornasol que revela la trivializaci\u00f3n del individuo en una vida pol\u00edtica deformadora.<\/p>\n<p>En cambio, me parece que la retirada religiosa o est\u00e9tica de la actividad pol\u00edtica es siempre pasajera y no puede presentarse, por consiguiente, como forma alternativa al modelo aristot\u00e9lico. Cuando empieza el nuevo diluvio hasta en los monasterios se hace pol\u00edtica, como ha mostrado recientemente el director de <i>Before the rain<\/i>. La retirada est\u00e9tica radical se diluye hoy en d\u00eda bastantemente f\u00e1cilmente ante esa mezcla de caricias y presiones de los medios de comunicaci\u00f3n que son capaces de transformar las mejores muestras del antipoliticismo del esteta en pins para adorno de los ojales de millones de apol\u00edticos. Suele ocurrir que una retirada radical de este tipo que en el mundo contempor\u00e1neo empez\u00f3 como gran rechazo, como forma de protesta consciente contra la unidimensionalidad del hombre m\u00e1quina y de la tolerancia llamada represiva acabe, sin m\u00e1s, en otra forma de inocencia no querida.<\/p>\n<p>7. Quedan, pues, la consciencia hist\u00f3rica y la visi\u00f3n tr\u00e1gica y desencantada de la pol\u00edtica moderna y contempor\u00e1nea que se expresan en el argumento 4.2.<\/p>\n<p>La actividad pol\u00edtica \u2013ven\u00eda a decir este argumento\u2013 no s\u00f3lo es ambigua y contradictoria sino que, por su contacto diario y cotidiano y por introducirse en todos los intersticios de la vida de los individuos, se ha ido convirtiendo cada vez m\u00e1s en la bestia b\u00edblica: pol\u00edtica es poder, poder es instalaci\u00f3n en el Estado y Estado es, cada vez m\u00e1s, controlador y ordenador de las vidas de los individuos, adem\u00e1s de tutor, naturalmente.<\/p>\n<p>El desencanto radical que es el tan caracter\u00edstico del hombre moderno viene de la comprobaci\u00f3n de que no por el hecho de ser muchos los que participan en el intento de acorralamiento de la bestia el mal resultante del juego pol\u00edtico ha sido menor, sino mayor. Esta es la lecci\u00f3n principal que hemos tenido que aprender en el siglo XX: lo que se ha llamado pol\u00edtica de masas, la elevaci\u00f3n de las masas a la pol\u00edtica, la participaci\u00f3n masiva de los ciudadanos en la pol\u00edtica que fue en aumento desde los a\u00f1os que siguieron a la primera guerra mundial se ha saldado por el momento con tres actos de barbarie como nunca antes hab\u00eda conocido la Humanidad: con la barbarie del holocausto y de los campos de concentraci\u00f3n nazis, con la barbarie del gulag estaliniano y con la barbarie de las bombas sobre Hiroshima, Vietnam y Bagdad. Hay que recocer, aunque duelan prendas al decirlo, que el diagn\u00f3stico de <i>La rebeli\u00f3n de las masas<\/i> de Ortega y Gasset ha resultado m\u00e1s certero que el contenido en obras inspiradas por el idealismo y por el optimismo acerca del camino de la historia, como la luk\u00e1csiana <i>Historia y consciencia de clase<\/i>.<\/p>\n<p>Ha habido, sin duda, otros actos de barbarie en el mundo contempor\u00e1neo. Pero esos tres son los m\u00e1s significativos por poner de relieve el lado malo de la mera y simple incorporaci\u00f3n de las masas a la pol\u00edtica, su otro lado: la manipulaci\u00f3n de las masas, el terror de masas, la barbarie de masas, la obligaci\u00f3n de matar masivamente en nombre de la pol\u00edtica hecha ideolog\u00eda. Las nuevas armas desarrolladas desde la segunda guerra mundial tienen esa funcionalidad exterminista. Y acertaba en ello el historiador E. P. Thompson.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s duro de esta lecci\u00f3n que no acabamos de aprender del todo es que los sujetos activos de estos actos de barbarie son hijos de las puntas m\u00e1s avanzadas de la cultura m\u00e1s avanzada, de las que siempre se han considerado superiores: la alemana, la rusa y la norteamericana.<\/p>\n<p>Muchas veces se ha dicho y repetido ingenuamente que el nazismo, el fascismo y el estalinismo eran incultos. Se ha dicho, ateni\u00e9ndose a ciertas declaraciones anecd\u00f3ticas de dirigentes pol\u00edticos, que el nazi-fascismo fue en Alemania la negaci\u00f3n de la cultura, que el estalinismo cre\u00f3 en la URSS un desierto cultural y que el americanismo s\u00f3lo produce analfabetos funcionales en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica. Y se comprende, uno comprende, que se diga y se repita eso desde la izquierda porque tal cosa ofrece la sensaci\u00f3n agradable de lo conocido, la sensaci\u00f3n de haber explicado racionalmente lo que hubo o lo que hay. La supuesta explicaci\u00f3n racional opera en este caso como un exorcismo: los b\u00e1rbaros son los otros, los incultos o los que se oponen a la cultura.<\/p>\n<p>Pero la verdad hist\u00f3rica es m\u00e1s ambigua y a la vez m\u00e1s dura. Desgraciadamente no fue el atraso cultural sino el adelanto cultural lo que ha producido la barbarie del siglo XX. Las peores aberraciones pol\u00edticas del siglo XX han salido del humus del saber, de la cultura superior, del conocimiento y de la ciencia y han estado \u00edntimamente vinculadas con esto. De ah\u00ed el malestar, el disgusto, la insatisfacci\u00f3n que produce una y otra vez la comprobaci\u00f3n de los v\u00ednculos que han tenido con el nazismo, con el fascismo, con el estalinismo y con americanismo algunos de los m\u00e1s grandes fil\u00f3sofos, poetas, literatos y cient\u00edficos de las \u00faltimas d\u00e9cadas. En Alemania, en Italia, en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, en los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica se estaba produciendo probablemente lo mejor y m\u00e1s elevado de la alta cultura human\u00edstica, t\u00e9cnica y cient\u00edfica de la humanidad. Herederos de la cultura griega y de la Ilustraci\u00f3n, por tanto. Y que estos actos de barbarie se han hecho (aunque en cada pa\u00eds se intente olvidar la cosa) con la aquiescencia seguramente mayoritaria, pero en todo caso masiva, de las poblaciones alemana, rusa y norteamericana respectivamente. No es nada casual en absoluto el que los momentos de mayor pol\u00e9mica todav\u00eda ahora en Alemania, en Rusia y en Estados Unidos de Norteam\u00e9rica coincidan con la pregunta acerca de las responsabilidades en el holocausto, en el gulag y en el bombardeo de Hiroshima o de Vietnam.<\/p>\n<p>8. La conclusi\u00f3n que hay que sacar de ah\u00ed se deduce de la contextualizaci\u00f3n de la noble y normativa noci\u00f3n aristot\u00e9lica de la pol\u00edtica: no basta en absoluto con la participaci\u00f3n de los m\u00e1s en la vida pol\u00edtica, en las tareas de la democracia. Y no basta seguramente porque nuestras ciudades y nuestros estados tienen ya una dimensi\u00f3n en la que tampoco cabe en absoluto el modelo aristot\u00e9lico, que es un modelo para una ciudad-estado de dimensiones reducidas y con un n\u00famero tambi\u00e9n reducido de ciudadanos con derechos civiles. Al hablar de la participaci\u00f3n y de la gesti\u00f3n en las democracias contempor\u00e1neas hay ya que preguntar dos veces. Lo dir\u00e9 en la forma ir\u00f3nica adoptada por el poeta austr\u00edaco Erich Fried en uno de sus poemas ap\u00e1tridas, \u00abEn la capital\u00bb:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 80px;\">\u00ab\u00bfQui\u00e9n manda aqu\u00ed?\u00bb<br \/>\npregunt\u00e9<br \/>\nMe dijeron:<br \/>\n\u00abEl pueblo naturalmente\u00bb<br \/>\nDije yo:<br \/>\n\u00abNaturalmente el pueblo<br \/>\npero, \u00bfqui\u00e9n<br \/>\nmanda realmente?\u00bb<\/p>\n<p>9. Hablando con propiedad la participaci\u00f3n ciudadana en las democracias representativas contempor\u00e1neas es un problema real s\u00f3lo para los estratos m\u00e1s bajos en la escala social, para las clases trabajadoras y para los grupos y personas, cada vez m\u00e1s numerosos, ciertamente, de marginados y excluidos: desempleados, jubilados, j\u00f3venes que han terminado los estudios secundarios y est\u00e1n a la espera de un trabajo que no llega. Es un problema, pues, para tantas y tantas personas como viven en precario en nuestras sociedades. No es problema, en cambio, o es un problema menor, en mi opini\u00f3n, para las capas medias y altas de esta misma sociedad cuyos intereses suelen estar sobrerepresentados en un sistema que se basa principalmente en las promesas electorales y en la actuaci\u00f3n de los grupos de presi\u00f3n profesionales que se presentan como no-pol\u00edticos (ahora se tiende a llamarlos, equ\u00edvocamente, \u00absociedad civil\u00bb).<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos sectores pueden sentirse insatisfechos por las promesas incumplidas del partido x, incluso pueden hallarse sumamente enfadados por la forma en que el partido x est\u00e1 gobernando en un momento dado, pero saben que pueden pasar a votar al partido y, o al partido z en las pr\u00f3ximas elecciones y que la alternancia acabar\u00e1 corrigiendo aquellas actuaciones del partido x que m\u00e1s les ha molestado. En nuestras sociedades los partidos x, y, z , que representan el centro-derecha, hablando en t\u00e9rminos tradicionales, intercambian propuestas y promesas con tanta facilidad que el ciudadano de estos sectores no tiene ning\u00fan inconveniente en pasar de uno a otro, incluso sin necesidad de enfadarse con su anterior partido. El llamado transfuguismo pol\u00edtico es una expresi\u00f3n llamativa de esto. Pero es llamativa s\u00f3lo porque se produce por arriba. De hecho los mismos que critican hip\u00f3critamente el transfuguismo por arriba favorecen sin escr\u00fapulos el transfuguismo por abajo.<\/p>\n<p>Estos sectores saben tambi\u00e9n que existen otros canales de intervenci\u00f3n y de presi\u00f3n pol\u00edtica, corporativos o externos al cuerpo de pertenencia, que pueden hacer modificar, entre elecci\u00f3n y elecci\u00f3n, el curso de las cosas. El poder econ\u00f3mico y el llamado \u00abcuarto poder\u00bb juegan en este sentido un papel decisivo antes, durante y despu\u00e9s de los per\u00edodos electorales. Pero, en general, ni el poder econ\u00f3mico-financiero suelta una perra para favorecer a los que no tienen nada ni los grandes medios de comunicaci\u00f3n publican noticias que favorezcan los intereses de los de abajo: el l\u00edmite de las noticias favorables a los de abajo est\u00e1 en la informaci\u00f3n acerca de los intereses de algunos sindicatos. Y, aun esto, cuando tal informaci\u00f3n sirve funcionalmente, a plazo medio, a otros.<\/p>\n<p>El hombre culto de finales del siglo XX que vive en el primer mundo, en la capital, es hoy por lo general bastante consciente de la crisis de las viejas formas de intervenci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Conoce la limitaci\u00f3n principal de los partidos pol\u00edticos existentes: el proceso de oligarquizaci\u00f3n que, como una ley general, les corroe a todos (aunque naturalmente no de la misma manera ni al mismo tiempo). La mayor\u00eda de los partidos pol\u00edticos existentes en nuestro \u00e1mbito geogr\u00e1fico son m\u00e1quinas de participaci\u00f3n democr\u00e1tica en per\u00edodos electorales asentados sobre un aparato permanente y el carisma del l\u00edder.<\/p>\n<p>Este proceso de oligarquizaci\u00f3n es consecuencia de dos cosas: la tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica y la mercantilizaci\u00f3n de la misma. La tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica se debe principalmente a la complejidad de los problemas hoy en d\u00eda por resolver tanto en el \u00e1mbito estatal como en los auton\u00f3micos y municipales. La gesti\u00f3n del macroestado, la gesti\u00f3n de las comunidades aut\u00f3nomas o de las regiones, seg\u00fan los pa\u00edses, y la gesti\u00f3n de las grandes ciudades exige conocimientos t\u00e9cnicos que rebasan con mucho<br \/>\nel conocimiento ordinario de los ciudadanos.<\/p>\n<p>Por otra parte, la traducci\u00f3n a dinero de toda actividad humana que es propia del sistema capitalista, ha hecho pasar a un lugar muy secundario el programa pol\u00edtico basado en ideales, la afiliaci\u00f3n por identidades ideales y el trabajo voluntario por identificaci\u00f3n con el programa de los partidos. La dependencia respecto de los recursos financieros del estado y\/o de los cr\u00e9ditos bancarios hace de los partidos pol\u00edticos existentes elementos del sistema, incluso cuando en ciertos aspectos lo critican. El sistema de poder existente empuja a que todo partido pol\u00edtico estable en este tipo de democracia representativa tenga que actuar de forma muy parecida.<\/p>\n<p>Este proceso es muy conocido y ha sido analizado desde el punto de vista sociol\u00f3gico y pol\u00edtico numerosas veces desde los a\u00f1os veinte y treinta. Desde entonces el proceso de mercantilizaci\u00f3n, tecnificaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos se ha extendido y ampliado mucho en todos los pa\u00edses. Visto desde abajo, o sea, desde los intereses de las clases trabajadoras y de los sectores empobrecidos o marginados de la sociedad, este proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de los partidos pol\u00edticos resulta en principio muy negativo, porque, en la medida en que afectan tambi\u00e9n a los viejos partidos pol\u00edticos de la izquierda, se hace muy dif\u00edcil encontrar as\u00ed representaci\u00f3n permanente de las esperanzas de cambio de los desfavorecidos. La pertenencia de los dirigentes de los partidos y de sus representaciones parlamentaria a lo que se ha llamado \u00abla clase pol\u00edtica\u00bb acaba contando m\u00e1s que el respecto a los mandatos electorales y no digamos que el respecto a lo que se dice en los programas. Hay que insistir en que el proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica en las democracias representativas es un problema sobre todo para los de abajo. De hecho, la denominada crisis de la pol\u00edtica, e incluso la llamada crisis de los partidos pol\u00edticos son fen\u00f3menos que tienen en verdad dos caras. La crisis de verdad, la dificultad real es la de las formas de representaci\u00f3n de los intereses, deseos e ilusiones de los de abajo; lo otro, como se ve lo mismo en Estados Unidos de Norteam\u00e9rica que en Italia, son problemas de adaptaci\u00f3n y reestructuaci\u00f3n de los sectores pol\u00edticos que se alternan en el gobierno de las naciones a la presi\u00f3n de los otros poderes: a la presi\u00f3n del poder econ\u00f3mico, del poder judicial y, cada vez m\u00e1s, del poder de los media.<\/p>\n<p>10. Las respuestas t\u00edpicas de los sectores sociales desfavorecidos a esta situaci\u00f3n van desde la resignaci\u00f3n a la despolitizaci\u00f3n pasando por la resistencia activa. Resignaci\u00f3n quiere decir que algo puede caer hacia abajo en la controversia y alternancia entre los partidos x, y, z. De hecho, la experiencia dice que algo cae en los momentos de vacas gordas. Despolitizaci\u00f3n quiere decir descr\u00e9dito de toda forma de actuaci\u00f3n pol\u00edtica, no s\u00f3lo ni necesariamente abstencionismo en los procesos electorales. Es, cada vez m\u00e1s, un fen\u00f3meno universal que no est\u00e1 re\u00f1ido con el clientelismo ni con la atracci\u00f3n por ciertas mafias en las que se ve otra forma de actuaci\u00f3n, m\u00e1s pr\u00f3xima al viejo comunitarismo tribal.<\/p>\n<p>Entre las formas de resistencia activa desde abajo al proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica en las democracias representivas hay varias que deben tomarse en consideraci\u00f3n:<\/p>\n<p>1\u00ba La sindicalizaci\u00f3n de la pol\u00edtica (que contin\u00faa una tradici\u00f3n anarco-sindicalista m\u00e1s extendida en Espa\u00f1a de lo que puede parecer a primera vista).<\/p>\n<p>2\u00ba La creaci\u00f3n de un movimiento-partido basado en los nuevos movimientos sociales (tendencia, sobre todo centroeuropea, que arraiga en la sociedad a partir de la conciencia de la perversi\u00f3n de las fracciones parlamentarias tambi\u00e9n de los partidos cl\u00e1sicos de la izquierda).<\/p>\n<p>3\u00ba El comunitarismo de izquierdas basado en el retorno a las dimensiones peque\u00f1as (que es una tradici\u00f3n liberal-libertaria que enlaza hoy en d\u00eda con la idea de que la democracia participativa no es posible en megaurbes y megaestados como los actuales).<br \/>\nLo que caracteriza estos otros tres tipos de resistencia organizada al proceso de mercantilizaci\u00f3n, tecnificaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica es que, por lo general, quienes los proponen act\u00faan directamente en nombre de los intereses socioecon\u00f3micos de los de abajo, ya sea de los trabajadores con trabajo, o de los que querr\u00edan tener trabajo y son s\u00f3lo marginados, o de ciudadanos que no pueden expresar de otra manera sus anhelos e ilusiones econ\u00f3mico-sociales.<\/p>\n<p>No entrar\u00e9 aqu\u00ed en la discusi\u00f3n acerca de si los sindicatos realmente existentes (y cu\u00e1les de ellos) responden bien a los intereses socioecon\u00f3micos de la mayor\u00eda de los trabajadores asalariados, ni tampoco en la discusi\u00f3n acerca de si las organizaciones sociopol\u00edticas existentes (partidos-movimientos rojiverdevioletas) cubren bien los intereses representados por los nuevos movimientos sociales, o si las asociaciones de vecinos y organizaciones ciudadanas que conocemos pueden identificarse ya con el comunitarismo de izquierdas. Tiendo a pensar que, aqu\u00ed y ahora, todav\u00eda no. Que lo enunciado son s\u00f3lo tendencias, bosquejos de hacia d\u00f3nde van o pueden ir las cosas.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, no toda la resistencia al proceso de mercantilizaci\u00f3n y oligarquizaci\u00f3n de la pol\u00edtica se est\u00e1 haciendo directamente en nombre del inter\u00e9s socioecon\u00f3mico, en este caso, de los de abajo, de los trabajadores con trabajo y de los que quer\u00edan tener trabajo y son s\u00f3lo marginados. La \u00e9tica del deber interviene al lado de la pol\u00edtica del inter\u00e9s. Y es natural que as\u00ed sea en un mundo radicalmente dividido en el que, adem\u00e1s, concurren y compiten modos de producci\u00f3n y vida diferente y visiones laicas y religiosas tambi\u00e9n diferentes. No es necesario ser de los de abajo y defender los propios intereses como clase social para percibir, sentir y sufrir los problemas de los excluidos. Particularmente en este mundo nuestro. Y es ah\u00ed donde es enclava la otra forma de resistencia que tiene que ver m\u00e1s con el deber de las personas de las capas medias sensibles de nuestra sociedad que con la defensa de los propios y leg\u00edtimos intereses: el trabajo voluntario, el voluntariado social en favor de los otros en el marco de nuestra propia cultura y del otro, entendiendo por tal las otras culturas en el mundo dividido.<\/p>\n<p>De ah\u00ed :<\/p>\n<p>4\u00ba La priorizaci\u00f3n del trabajo voluntario en organizaciones no gubernamentales con la vista puesta en la ayuda a y la cooperaci\u00f3n con proyectos alternativos en diversos campos de la sociedad.<\/p>\n<p>Naturalmente las interrelaciones entre este nuevo internacionalismo solidario, basado en el deber, que recoge hoy en d\u00eda un aspecto insoslayable de la actividad pol\u00edtica de los de abajo en el Imperio \u00fanico, y las otras formas de resistencia basadas en la organizaci\u00f3n sociopol\u00edtica del inter\u00e9s de los de abajo son m\u00faltiples y complicadas.<\/p>\n<p>Ninguna de las tres formas alternativas anteriormente mencionadas tiene por el momento una dimensi\u00f3n internacionalista pr\u00e1ctica. Y esto es la mayor de sus limitaciones en un Imperio \u00fanico dominado por la especulaci\u00f3n financiera internacional, el banco mundial y las transnacionales. Por otra parte, cada d\u00eda se ve con m\u00e1s claridad que tambi\u00e9n el voluntariado social de las organizaciones no gubernamentales va a sufrir, si no est\u00e1 sufriendo ya, el empuje de la tecnificaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Esto se nota en las discusiones suscitadas por el \u00e9nfasis que se est\u00e1 poniendo en la profesionalizaci\u00f3n del voluntariado social.<br \/>\nEl m\u00e1s llamativo de los d\u00e9ficits de todas estas formas alternativas de hacer pol\u00edtica es que hasta ahora no se ha planteado de una forma sistem\u00e1tica y seria el an\u00e1lisis del nuevo papel de los medios de comunicaci\u00f3n de masas como forma espec\u00edfica de poder y a\u00fan menos se han presentado propuestas alternativas a lo existente. Todas las actuaciones que se han llevado a cabo hasta ahora en en este aspecto en los distintos planos (televisi\u00f3n, radio, prensa escrita) han sido subalternas. Por eso, salvo algunas excepciones, los modelos de comunicaci\u00f3n tampoco recogen por lo general los problemas, deseos e ilusiones de los trabajadores, parados y excluidos de la sociedad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><b>Anexo 1: Igualdad y diversidad<\/b><\/h3>\n<p>Publicado en <i>El Pa\u00eds<\/i>, 23\/03\/1995. <a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/1995\/03\/23\/opinion\/795913207_850215.html\">https:\/\/elpais.com\/diario\/1995\/03\/23\/opinion\/795913207_850215.html<\/a><\/p>\n<p>Hay un punto en el libro de Bobbio <i>Derecha e izquierda <\/i>(Taurus, Madrid, 1995) s\u00f3lo aludido por Joaqu\u00edn Estefan\u00eda en su reciente rese\u00f1a publicada en estas mismas p\u00e1ginas y que, sin embargo, merece, seg\u00fan creo, mayor atenci\u00f3n. Es el uso que el viejo profesor italiano hace de la pareja igualdad\/desigualdad.Bobbio defiende con raz\u00f3n que el igualitarismo, el aprecio de la igualdad, ha sido y es el rasgo sustancial y diferenciador de la izquierda. Pero acepta sin cr\u00edtica una contraposici\u00f3n ling\u00fc\u00edstica entre \u00abigualdad social\u00bb y \u00abdesigualdad natural\u00bb (o psicof\u00edsica) que ha dado lugar a infinitos equ\u00edvocos en el plano pol\u00edtico. Dice, por ejemplo, que \u00ablos hombres son entre ellos <i>tan iguales como desiguales\u00bb,<\/i>(p\u00e1gina 145), y a\u00f1ade que son \u00abdesiguales\u00bb si se les toma uno por otro. Este uso, en mi opini\u00f3n impropio, del t\u00e9rmino \u00abdesigualdad\u00bb para referirse <i>a diferencias que no son sociales, sino de naturaleza <\/i>(gen\u00e9ticas, biol\u00f3gicas, psicof\u00edsicas, culturales, etc\u00e9tera), ha producido en el libro alguna afirmaci\u00f3n que suena a absurda (al menos en castellano).<\/p>\n<p>Un ejemplo de esto hay en las p\u00e1ginas 145-146: \u00abSe puede llamar correctamente <i>igualitarios\u00bb, <\/i>escribe Bobbio, \u00aba aquellos que, aunque no ignorando que los hombres son tan iguales como, desiguales, aprecian mayormente y consideran m\u00e1s importante para una. buena convivencia lo que les asemeja; no igualitarios, en cambio, a aquellos que partiendo del mismo juicio de hecho aprecian y consideran m\u00e1s importante, para conseguir una buena convivencia, su diversidad\u00bb.<\/p>\n<p>Esta dicotom\u00eda entre \u00ablos que consideran que los hombres son m\u00e1s iguales que desiguales\u00bb y \u00ablos que consideran que son m\u00e1s desiguales que iguales\u00bb lleva a Bobbio a dar cierto cr\u00e9dito a la idea de que en el punto de vista igualitario hay cierto \u00abartificialismo\u00bb, <i>como si se forzara unilateralmente el dato <\/i>previo de la \u00abdesigualdad natural entre los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>En este punto se ve muy bien la consecuencia negativa de un enfoque predominantemente formal y s\u00f3lo pol\u00edtico de asuntos que son en realidad prepol\u00edticos. Se sabe, por lo menos desde el ensayo de Dobzhansky titulado <i>Diversidad gen\u00e9tica e igualdad humana, <\/i>que <i>desigualdad <\/i>no es lo mismo que <i>diversidad. <\/i>La diversidad es un hecho biol\u00f3gica y culturalmente observable <i>pero este hecho no implica necesariamente desigualdad, <\/i>la desigualdad es tambi\u00e9n un hecho suficientemente conocido por soci\u00f3logos y economistas: en cambio, la igualdad (pol\u00edtica, econ\u00f3mica, social) es una aspiraci\u00f3n, un precepto \u00e9tico de una parte de la humanidad, al servicio del cual a veces se instrumenta (o se trata de instrumentar) tales o cuales pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Por tanto, del reconocimiento de la diversidad como hecho biol\u00f3gica y culturalmente observable no se sigue <i>sin m\u00e1s <\/i>la defensa (pol\u00edtico-social) de la desigualdad humana, como sugiere Bobbio, ni hay tampoco ninguna \u00abartificialidad\u00bb en pasar del reconocimiento de la diversidad biol\u00f3gica y cultural a la defensa del igualitarismo social. Se puede, en efecto, ser sumamente respetuoso con la diversidad biol\u00f3gica, psicof\u00edsica, cultural, etc\u00e9tera, de los seres humanos y aspirar tambi\u00e9n a la igualdad social entre miembros diferentes, diversos, de la especie, de eso que llamamos humanidad.<\/p>\n<p>El movimiento feminista hace tiempo que viene ense\u00f1ando esta precisi\u00f3n al conjunto de la izquierda nueva y actuando, adem\u00e1s, en consecuencia.<\/p>\n<p>Esta precisi\u00f3n sobre el buen uso de las palabras \u00abdiversidad\u00bb, \u00abdesigualdad\u00bb e \u00abigualdad\u00bb tiene, en mi opini\u00f3n, much\u00edsima importancia pr\u00e1ctica. Pues cuando no ha distinguido entre diversidad (gen\u00e9tica, biol\u00f3gica, \u00e9tnica, cultural, etc\u00e9tera) e igualdad social la izquierda ha acabado cargando con un fardo mucho m\u00e1s pesado que el que tiene que llevar ya habitualmente sobre sus espaldas. Al no distinguir, la izquierda parece aspirar a la igualdad absoluta, abstracta; se imagina entonces que puede cambiar no s\u00f3lo el, mundo de las relaciones sociales, sino la naturaleza humana. \u00a1Nada menos! De confusiones as\u00ed ha nacido la idea del \u00abhombre nuevo\u00bb como mito escatol\u00f3gico. El buen uso de las palabras confirma la importancia de esta precisi\u00f3n. Es interesante observar a este respecto que el Diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola define igualitarismo como \u00abla tendencia <i>pol\u00edtica <\/i>que propugna la desaparici\u00f3n o atenuaci\u00f3n de las <i>diferencias sociales\u00bb <\/i>(la cursiva es m\u00eda). Como interesante es observar que nadie (o casi nadie) habla de \u00abdesigualdad social\u00bb como de una aspiraci\u00f3n, como de un ideal. As\u00ed, pues, la izquierda, una izquierda racional y razonable, ser\u00e1 igualitaria en la medida en que aspire a la igualdad social (pol\u00edtica y econ\u00f3mica) en la diversidad biol\u00f3gica, psicof\u00edsica y cultural. La expresi\u00f3n: \u00abaspiramos a que todos los hombres sean iguales\u00bb tiene, naturalmente, este sentido social restringido.<\/p>\n<p>La aspiraci\u00f3n a la igualdad, repito, social, es un ideal, una aspiraci\u00f3n ideal, sobre todo de los de abajo, de los desfavorecidos, en un mundo caracterizado a la vez por la diversidad natural (biol\u00f3gica, psicof\u00edsica, cultural) y por la desigualdad economica, social y pol\u00edtica. En la medida en que la igualdad social es un ideal de al menos una parte de la humanidad, no parece previsible que desaparezca ni siquiera en los malos momentos de la histor\u00eda, cuando los poetas se preguntan <i>\u00bfpara qu\u00e9 poetas? <\/i>Porque, como escribiera Weber, los idea les est\u00e1n por encima de la discusi\u00f3n particularizada sobre los hechos hist\u00f3ricos, no se siguen de las proposiciones o afirmaciones sobre hechos. Lo que \u2013sabiendo esto\u2013 la izquierda tiene que hacer es distinguir bien entre aspiraci\u00f3n ideal a la igualdad social y respeto consciente a la diversidad individual y grupal que echa sus ra\u00edces en la estructura m\u00e1s \u00edntima del ser humano.<\/p>\n<p>Creo que subrayar esta distinci\u00f3n entre diversidad psicofisica, desigualdad social realmente existente y aspiraci\u00f3n ideal a la igualdad social puede servir para explicar mejor una enf\u00e1tica afirmaci\u00f3n de Norberto Bobbio, en <i>Derecha e izquierda <\/i>que comparto y que no he visto subrayada hasta el momento: \u00abEl comunismo hist\u00f3rico ha fracasado. Pero el desaf\u00edo que lanz\u00f3 permanece\u00bb (p\u00e1g. 170). Y tal vez pueda servir tambi\u00e9n la precisi\u00f3n para proponer a las izquierdas de hoy la elaboraci\u00f3n de un punto de vista que, en cambio, no parece tener cabida en las tipolog\u00edas dicot\u00f3micas de Bobbio: la posibilidad de una izquierda que sea revolucionaria en el plano sociopol\u00edtico y conservadora (en el sentido de muy cauta, equilibrada, discreta y respetuosa de los datos b\u00e1sicos de la naturaleza) en el piano cultural, o, mejor a\u00fan, de la antropolog\u00eda cultural.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<div id=\"sdfootnote1\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote1anc\" name=\"sdfootnote1sym\">1<\/a>. \u00abUna conversaci\u00f3n con Manuel Sacrist\u00e1n\u00bb por J. Guiu y A. Munn\u00e9 fue publicada en el n\u00ba 63 de la <i>mientras tanto<\/i>. Puede verse ahora en <i>De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacrist\u00e1n<\/i>, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2004, pp. 91-114 (edici\u00f3n de Francisco Fern\u00e1ndez Buey y SLA).<\/div>\n<div id=\"sdfootnote2\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote2anc\" name=\"sdfootnote2sym\">2<\/a> Ejecutado-asesinado a garrote vil por el fascismo el 2 de marzo de 1974. Puig Antich era militante del MIL.<\/div>\n<div id=\"sdfootnote3\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote3anc\" name=\"sdfootnote3sym\">3<\/a> Juan Pablo II, Karol J\u00f3zef Wojty\u0142a.<\/div>\n<div id=\"sdfootnote4\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote4anc\" name=\"sdfootnote4sym\">4<\/a> Milcho Manchevski, 1994.<\/div>\n<div id=\"sdfootnote5\"><a class=\"sdfootnotesym\" href=\"#sdfootnote5anc\" name=\"sdfootnote5sym\">5<\/a> Algunas de las ideas aqu\u00ed expuestas fueron desarrolladas por el autor en: Francisco Fern\u00e1ndez Buey\/Jorge Riechmann, <i>Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa ecosocialista<\/i>. Madrid: Siglo XXI, 1996.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. 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