{"id":13962,"date":"2023-07-04T05:00:26","date_gmt":"2023-07-04T04:00:26","guid":{"rendered":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13962"},"modified":"2023-07-04T04:37:39","modified_gmt":"2023-07-04T03:37:39","slug":"evolucion-de-las-opiniones-de-karl-marx-sobre-rusia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/espai-marx.net\/?p=13962","title":{"rendered":"Evoluci\u00f3n de las opiniones de Karl Marx sobre Rusia"},"content":{"rendered":"<p><em>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos de recuerdo y homenaje y, desde Espai Marx, cada semana a lo largo de 2022-2023 estamos publicando como nuestra peque\u00f1a aportaci\u00f3n un texto suyo para apoyar estos actos y dar a conocer su obra. La selecci\u00f3n y edici\u00f3n de todos estos textos corre a cargo de Salvador L\u00f3pez Arnal.<\/em><\/p>\n<p><em>mientras tanto<\/em>, 19 (julio 1984), pp. 101-135 y <em>mientras tanto<\/em>, 20 (octubre 1984), pp. 84-131. La primera parte est\u00e1 fechada en Valladolid, octubre de 1983.<\/p>\n<h3>1. De la revoluci\u00f3n de 1848 al final de la Guerra de Crimea<\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\">Lo caracter\u00edstico de casi todos los alemanes en su opini\u00f3n<br \/>\nsobre Rusia es un cierto sentimiento de morboso recelo.<br \/>\nF. M. Dostoiewski, en <em>Vremia<\/em>, enero de 1861<\/p>\n<p>Cien a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Karl Marx la evoluci\u00f3n de sus opiniones sobre Rusia es todav\u00eda poco conocida fuera de los c\u00edrculos dedicados a la marxolog\u00eda. Algunos de los escritos marxianos de la d\u00e9cada de los cincuenta acerca de la historia del absolutismo zarista, la pol\u00edtica exterior rusa en el siglo XVlII y la relaci\u00f3n entre la diplomacia de los zares y la inglesa ni siquiera fueron recogidos en las primeras ediciones rusas y alemanas de las <em>Obras<\/em>. Tal es el caso de las <em>Revelations of the Diplomatic History of the Eigtheent Century<\/em>, publicadas en la <em>Free Press<\/em> de Londres entre 1856 y 1857<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>Otros escritos suyos, se\u00f1aladamente los relativos a la estimaci\u00f3n de los problemas de orden socioecon\u00f3mico planteados en los setenta del siglo pasado por los populistas rusos, fueron olvidados durante mucho tiempo o valorados con perplejidad<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Estos hechos pueden parecer parad\u00f3jicos si se tiene en cuenta el v\u00ednculo que habitualmente suele establecerse entre el pensamiento de Karl Marx y la revoluci\u00f3n rusa de octubre de 1917; tanto m\u00e1s si uno piensa que la \u00abcuesti\u00f3n rusa\u00bb, esto es, la aclaraci\u00f3n de la naturaleza de aquella revoluci\u00f3n y el papel asignado a sus protagonistas en el movimiento emancipatorio contempor\u00e1neo, ha sido \u2013y en cierto modo lo sigue siendo\u2013 motivo principal de debate entre las varias tradiciones socialistas y comunistas que durante el siglo transcurrido desde la muerte de aqu\u00e9l se han inspirado en su obra. Pero tambi\u00e9n esta aparente paradoja tiene su explicaci\u00f3n. Y, en efecto, hay razones hist\u00f3ricas que hacen comprensible la situaci\u00f3n inc\u00f3moda en que se han encontrado al valorar la evoluci\u00f3n y el conjunto de las opiniones de Karl Marx sobre Rusia tanto la corriente que cristaliz\u00f3 en la Segunda Internacional como la que dio lugar a la Tercera.<\/p>\n<p>Conviene empezar subrayando el plural <em>razones<\/em> porque los motivos de la incomodidad hist\u00f3rica de unos y otros ante el asunto que aqu\u00ed nos ocupa son dif\u00edcilmente reductibles a una causa \u00fanica. Ante todo est\u00e1 el hecho de que Marx, el cual en 1847 y en los a\u00f1os que siguieron s\u00f3lo tomaba en consideraci\u00f3n a Rusia en tanto que \u00abbaluarte de la reacci\u00f3n\u00bb global y agresivamente opuesto a las potencialidades revolucionarias existentes entonces en Europa central y occidental, acab\u00f3 su vida sumamente interesado por la evoluci\u00f3n de los populistas rusos<sup>3<\/sup> hasta el punto de llegar a escribir con Engels, en 1882, que consideraba factible, tal como hab\u00edan mantenido aqu\u00e9llos, el que la comuna rural rusa, a pesar de los s\u00edntomas de disoluci\u00f3n que pesaban sobre ella, sirviera como base de partida o como punto de apoyo para un desarrollo cooperativo y colectivista moderno siempre y cuando la revoluci\u00f3n en el Imperio de los zares se complementara con la revoluci\u00f3n proletaria en Occidente<sup>4<\/sup>.<\/p>\n<p>Este giro del pensamiento de Marx respecto de la funci\u00f3n de Rusia en la historia europea fue debido, como se ver\u00e1, a motivos diversos. Algunos de ellos resultar\u00e1n de f\u00e1cil entendimiento para quienes conozcan la historia de la segunda mitad del siglo XIX; y, en cualquier caso, fueron expuestos con suficiente claridad en el pr\u00f3logo de 1882 a la segunda edici\u00f3n rusa del <em>Manifiesto comunista<\/em>. Efectivamente, entre 1847 \u2013fecha en la que fue redactado el <em>Manifiesto<\/em>\u2013 y 1882 el panorama econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico mundial hab\u00eda experimentado un vuelco considerable, dos de cuyos factores sin duda esenciales fueron la emancipaci\u00f3n de los siervos en Rusia (con la consiguiente presencia del campesinado como sujeto pol\u00edtico activo) y el rapid\u00edsimo desarrollo econ\u00f3mico de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica, cosa que hizo de esta naci\u00f3n una verdadera potencia con la que hab\u00eda que empezar a contar incluso en el \u00e1mbito de los conflictos que entonces se estaban produciendo en el continente europeo.<\/p>\n<p>Por lo que hace a Rusia, y en la estimaci\u00f3n del viejo Marx, la oposici\u00f3n interior al absolutismo zarista \u2013que fue aumentado progresivamente y haci\u00e9ndose m\u00e1s resuelta desde la controversia acerca de la emancipaci\u00f3n de los siervos\u2013 modificaba al menos uno de los elementos centrales de lo que el consejo general de la Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores sol\u00eda llamar pol\u00edtica \u00abexterior\u00bb del proletariado. En efecto, a partir de entonces la neutralizaci\u00f3n del principal obst\u00e1culo que se opon\u00eda a la emancipaci\u00f3n de los trabajadores europeos, el Imperio zarista, ya no depender\u00eda exclusivamente de la unidad alemana contra Rusia y del hero\u00edsmo de los polacos, como en las d\u00e9cadas anteriores, sino que cab\u00eda esperar una evoluci\u00f3n de los acontecimientos seg\u00fan la cual aquel obst\u00e1culo acabara hundi\u00e9ndose por s\u00ed mismo o al menos como consecuencia de la acci\u00f3n combinada entre las fuerzas operantes en el interior de Rusia, la resistencia polaca y la presi\u00f3n de los trabajadores unidos del resto de Europa.<\/p>\n<p>Tal es el marco hist\u00f3rico y la composici\u00f3n de lugar a trav\u00e9s de los cuales Karl Marx pas\u00f3 de un inter\u00e9s exclusivo por la pol\u00edtica exterior de los zares \u2013justamente cr\u00edtico en lo que consideraba, pero unilateral en lo que dejaba fuera de consideraci\u00f3n\u2013 al estudio espec\u00edfico, particularizado, de la formaci\u00f3n econ\u00f3mico-social rusa y de los movimientos sociales que iban surgiendo en ella. Pero en esta evoluci\u00f3n del pensamiento de Karl Marx no hay s\u00f3lo una adaptaci\u00f3n del an\u00e1lisis a realidades nuevas, como lo eran el comienzo del movimiento revolucionario en Rusia y la presencia internacional de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica; en ella es patente tambi\u00e9n un cambio de acentos, respecto de lo escrito en los a\u00f1os cincuenta, que no pod\u00eda pasar desapercibido para los marxismos finiseculares. Hay, por ejemplo, en esta evoluci\u00f3n una atenci\u00f3n positiva hacia los vientos revolucionarios que llegaban del Este, en contraposici\u00f3n a cierta fraseolog\u00eda vac\u00eda a la parisina, que no pod\u00eda dejar de molestar a intelectuales marxistas franceses formados, por lo que hace a Rusia, en el esp\u00edritu de las <em>L\u00e9gendes d\u00e9mocratiques du Nord<\/em> de Jules Michelet.<sup>5<\/sup> Hay, por poner otro ejemplo, una exaltaci\u00f3n de la capacidad y heroica sobriedad de los miembros de <em>Narodnaia volia<\/em>, contrapuesta tanto al infantilismo petulante como al \u00abcretinismo parlamentario\u00bb de algunos dirigentes del movimiento obrero alem\u00e1n, que por fuerza ten\u00eda que molestar a \u00abmarxistas\u00bb de esta nacionalidad que hab\u00edan crecido con la convicci\u00f3n de que la primera pasi\u00f3n revolucionaria de los alemanes es odiar a los rusos. Y hay por \u00faltimo \u2013para no alargar demasiado esta introducci\u00f3n\u2013 una correcci\u00f3n del esquema m\u00e1s divulgado del volumen primero de <em>El Capital<\/em> que hab\u00eda de provocar serias reticencias tanto en los marxistas del Este como en los marxistas del Oeste<sup>6<\/sup>.<\/p>\n<p>Lo cierto es, si se me permite la generalizaci\u00f3n, que en lo tocante al pensamiento marxiano sobre Rusia los marxistas occidentales \u2013algunos de los cuales ya en vida de Marx creyeron excesiva su dedicaci\u00f3n al estudio de documentos rusos\u2013 tendieron a quedarse con el primer Marx acentuando la pol\u00e9mica antirrusa de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta, mientras que los marxistas rusos se inclinaron a privilegiar lo que conoc\u00edan del \u00faltimo Marx \u2013corresponsal de compatriotas suyos revolucionarios y cient\u00edficos\u2013 adapt\u00e1ndolo para el an\u00e1lisis de las novedades que aqu\u00e9l no lleg\u00f3 a ver, se\u00f1aladamente para la estimaci\u00f3n del impulso industrializador que tuvo lugar en Rusia durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo.<sup>7<\/sup> De modo que cuando, con la primera guerra mundial, volvi\u00f3 a sonar la hora de los nacionalismos, buena parte de los socialdem\u00f3cratas alemanes utilizaron el tradicional odio democr\u00e1tico y revolucionario al expansionismo ruso como coartada para cubrir la propia justificaci\u00f3n subalterna del imperialismo alem\u00e1n, y cuando el patriotismo gran-ruso se impuso en la Rusia sovi\u00e9tica de los a\u00f1os treinta de este siglo, Jos\u00e9 Stalin y sus pseudohistoriadores hicieron desaparecer de la obra de Marx aquella parte dedicada a la cr\u00edtica de la pol\u00edtica exterior zarista que la raz\u00f3n de estado consideraba excesiva.<sup>8<\/sup><\/p>\n<p>Distintas y plurales fueron, pues, en un principio las razones de la incomodidad de unos y otros ante el conjunto de los escritos de Karl Marx sobre Rusia. Plurales \u2013y en cierto modo explicables por la dificultad que entra\u00f1aba entonces el conocimiento de ciertas piezas clave para reconstruir el pensamiento de Marx en su totalidad\u2013 sobre todo en las d\u00e9cadas que hacen de gozne entre los dos siglos, momento en el cual no faltaron ni en el marxismo ruso ni en el marxismo occidental las excepciones. Entre \u00e9stas hay que destacar el forcejeo del joven Lenin y de Rosa Luxemburg, as\u00ed como los esfuerzos de Karl Kautsky, por repensar precisamente aquellos puntos conflictivos de la evoluci\u00f3n intelectual de Marx que m\u00e1s perplejidad produc\u00edan en la \u00e9poca. Pero con el tiempo, esto es, a medida que el protagonismo y la influencia de SPD y PCUS fueron aumentando en los destacamentos en que se dividi\u00f3 la tradici\u00f3n inaugurada por Marx, aquellas razones fueron limit\u00e1ndose hasta situar en primer plano, en uno y otro lado, el motivo particularista. Las agudas sugerencias de Boris Nicolaievski, el excelente trabajo reconstructivo de David Ri\u00e1zanov, la intuici\u00f3n de Antonio Gramsci y la perspicacia de Karl Korsch<sup>9<\/sup> cayeron pronto en el olvido. No es casual, en absoluto, que la principal recopilaci\u00f3n y el m\u00e1s sugestivo intento de reconstrucci\u00f3n del pensamiento de Karl Marx sobre Rusia hayan sido hechos desde fuera de las dos corrientes marxistas dominantes, en la serie <em>\u00c9tudes de Marxologie<\/em> dirigida por Maximilien Rubel<sup>10<\/sup>. Corno no es casual tampoco que el inter\u00e9s hist\u00f3rico-cr\u00edtico por esta problem\u00e1tica durante los \u00faltimos a\u00f1os haya coincidido con el agotamiento de aquellas dos corrientes<sup>11<\/sup>.<\/p>\n<p>La relevancia que a\u00fan pueda tener la reconstrucci\u00f3n de lo que fue el pensamiento de Karl Marx sobre Rusia es, en primer lugar, historiogr\u00e1fica: hacer valer los derechos de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-cr\u00edtica de las ideas de un cl\u00e1sico del pensamiento social frente a reducciones propagand\u00edsticas cuyos motivos, por explicables que sean, no han dejado de tener consecuencias desfiguradoras. Pero como suele ocurrir en toda investigaci\u00f3n historiogr\u00e1fica \u2013y m\u00e1s trat\u00e1ndose de un pensador y revolucionario que ha dado nombre a toda una tradici\u00f3n emancipatoria, bajo cuyo amparo te\u00f3rico se han fundado estados y que sigue presente, por otra parte, en lo m\u00e1s vivo de las luchas sociales en la actualidad\u2013 es posible esperar de ella algo m\u00e1s. En tal sentido me propongo mostrar que el examen hist\u00f3rico-cr\u00edtico de la evoluci\u00f3n del pensamiento de Karl Marx sobre Rusia puede contribuir a: 1) refutar el t\u00f3pico seg\u00fan el cual Marx pens\u00f3 s\u00f3lo en la revoluci\u00f3n europeo-occidental; 2) liquidar documentalmente el t\u00f3pico m\u00e1s reciente seg\u00fan el cual el Gulag es la conclusi\u00f3n l\u00f3gica de las ideas de Marx; 3) valorar con conocimiento de causa el m\u00e9todo de Marx en acto, as\u00ed como la debilidad del punto de vista que atribuye a \u00e9ste una concepci\u00f3n determinista y unidireccional de la historia; 4) apreciar la importancia decisiva que la informaci\u00f3n y el conocimiento sin prejuicios tiene en la superaci\u00f3n de los particularismos, para salir, en suma, del \u00abdesprecia cuanto ignora\u00bb al que se refiri\u00f3 el poeta<sup>12<\/sup>.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo me parece susceptible de ser subrayado en un momento como el presente en el cual no pocos intelectuales europeo-occidentales est\u00e1n haciendo gala, con sus declaraciones, de un desconocimiento de la sociedad rusa y de su historia por lo menos tan grande como el de Michelet hace m\u00e1s de un siglo (y, desde luego, con menor justificaci\u00f3n); en un momento en el que reaparecen, casi sin modificaciones, los t\u00f3picos decimon\u00f3nicos sobre las \u00abesencias invariables\u00bb del alma rusa, se desprecia el conocimiento espec\u00edfico, particularizado, de aquello acerca de lo cual se pontifica, y se exalta la propia superioridad cultural para cubrir ingenua o hip\u00f3critamente la demencia armament\u00edstica de los m\u00e1s poderosos<sup>13<\/sup>. Pues nada hay, en mi opini\u00f3n, tan peligroso en la situaci\u00f3n actual como la exaltaci\u00f3n de las v\u00edsceras propias y de las pasiones patri\u00f3ticas que lo ignoran casi todo sobre lo que hacen, sienten y piensan los vecinos. Tal exaltaci\u00f3n ha contribuido, por supuesto, a desfigurar las opiniones de Karl Marx. Pero esto es de importancia secundaria al lado de la otra consecuencia: la de haber sido ya en varios momentos de la historia europea \u2013cuando la exaltaci\u00f3n nacionalista afect\u00f3 a los m\u00e1s\u2013 factor principal de la derrota de los trabajadores que trataban de hacer realidad el ideario comunista de Karl Marx.<\/p>\n<p>Marx fue, en los a\u00f1os cuarenta y cincuenta del siglo pasado, un rus\u00f3fobo que, sin embargo, llegar\u00eda a superar m\u00e1s tarde esa limitaci\u00f3n gracias a la pasi\u00f3n del conocimiento, al estudio de la lengua, la cultura, las instituciones, la econom\u00eda y los movimientos sociales rusos; los escritos de sus diez \u00faltimos a\u00f1os revelan a\u00fan la existencia de un conflicto entre el sentimiento de un revolucionario alem\u00e1n que, como tantos otros, se form\u00f3 en el odio a lo ruso por asimilaci\u00f3n de esto con el zarismo, y la pasi\u00f3n <em>razonada<\/em> del internacionalista que supo informarse de lo que estaba ocurriendo en la sociedad rusa con la misma dedicaci\u00f3n cient\u00edfica que hab\u00eda puesto en el estudio de los \u00ablibros azules\u00bb ingleses. De la pasi\u00f3n marxiana por conocer y de la tensi\u00f3n \u00edntima de Marx en esto tienen todav\u00eda algo que aprender la historiograf\u00eda y el pensamiento pol\u00edtico-social contempor\u00e1neos. Como sin duda tienen que aprender de otra tensi\u00f3n interna semejante, vivida en aquellos mismos a\u00f1os desde dentro de la cultura rusa, la de Aleksandr Herzen<sup>14<\/sup>.<\/p>\n<p><strong>La guerra contra los rusos, primera misi\u00f3n revolucionaria de Alemania<\/strong><\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n del pensamiento de Karl Marx sobre Rusia se puede estudiar dividi\u00e9ndolo en cuatro per\u00edodos. El primero incluye los a\u00f1os que van desde 1842 a 1852, esto es, para lo que aqu\u00ed interesa, desde la publicaci\u00f3n de la <em>Rheinische Zeitung<\/em>, donde Marx hizo aparecer sus primeros art\u00edculos period\u00edsticos, hasta el inicio de sus colaboraciones en <em>New York Daily Tribune<\/em>. El segundo se extiende desde 1853 hasta 1857 y comprende varios ensayos sobre el desarrollo de la guerra de Crimea, diversos art\u00edculos acerca de la llamada \u00abcuesti\u00f3n oriental\u00bb, las ya citadas <em>Revelations<\/em> sobre la pol\u00edtica exterior de los zares y una serie de diatribas en torno a la pol\u00edtica, en opini\u00f3n de Marx, prorrusa de Lord Palmerston al frente del departamento de asuntos exteriores del gobierno brit\u00e1nico y como primer ministro del mismo. El tercero se inicia en 1858 con un tema entonces de palpitante actualidad (el comienzo de la emancipaci\u00f3n de los siervos en Rusia), incluye el punto de vista de Marx acerca del car\u00e1cter y las consecuencias de la sublevaci\u00f3n polaca de 1863, as\u00ed como los documentos relativos a la pol\u00edtica internacional del consejo general de la AIT, y se cierra en 1870, fecha en la que Karl Marx da comienzo a sus estudios de la lengua rusa. Finalmente, el cuarto per\u00edodo comprende los doce \u00faltimos a\u00f1os de vida de Marx, en los cuales \u00e9ste ley\u00f3 un considerable n\u00famero de publicaciones estad\u00edsticas, econ\u00f3micas y sociol\u00f3gicas rusas as\u00ed como varios estudios dedicados a la evoluci\u00f3n de la comunidad rural en distintos pa\u00edses orientales y europeos, mantuvo constantes contactos con revolucionarios y cient\u00edficos rusos, y esboz\u00f3 su punto de vista sobre el futuro de la revoluci\u00f3n en el pa\u00eds de los zares.<\/p>\n<p>Por debajo de la evoluci\u00f3n intelectual que condujo a Karl Marx del democraticismo radical al comunismo hay, en su obra de 1842 a 1852, un mismo pensamiento sobre el papel de Rusia en la historia de Europa; estimando las revoluciones que tuvieron lugar en Francia a finales del siglo XVIII y los avatares que llevaron a la derrota de las revoluciones europeas de 1848-1849, a trav\u00e9s de las guerras napole\u00f3nicas y de la Santa Alianza, el imperio zarista es visto como el principal baluarte que se opon\u00eda, con continuidad y sin posibilidades advertibles de cambio, a la patria de las libertades y de la revoluci\u00f3n, a la rep\u00fablica francesa.<\/p>\n<p>Durante esos a\u00f1os Karl Marx escribi\u00f3 poco texto espec\u00edficamente dedicado a Rusia. En la t\u00e1cita divisi\u00f3n del trabajo period\u00edstico establecida con Engels en la \u00e9poca de la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> (1848-1848) fue este \u00faltimo quien se dedic\u00f3 con m\u00e1s asiduidad a fustigar el absolutismo de los zares, lo cual, como se sabe, dio lugar a una intervenci\u00f3n del gobierno ruso, que contribuy\u00f3 decisivamente a la prohibici\u00f3n de la publicaci\u00f3n en Alemania. De todas formas, como ha se\u00f1alado Maximilien Rubel<sup>15<\/sup> y como se sigue de la correspondencia de entonces y de varias cartas posteriores, hay pocas dudas acerca del acuerdo de Marx y Engels en este punto. Tal posici\u00f3n sobre el papel de Rusia en la historia de Europa era, por lo dem\u00e1s, generalmente compartida en los ambientes democr\u00e1ticos y socialistas de Alemania, Francia e Inglaterra, a pesar de los esfuerzos que algunos exiliados rusos estaban haciendo ya por convencer a los revolucionarios europeo-occidentales de que exist\u00eda \u00abotra Rusia\u00bb, la Rusia campesina, de la que cab\u00eda esperar lo mejor.<sup>16<\/sup><\/p>\n<p>Lo que caracteriz\u00f3, no obstante, a la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> y en cierto sentido particulariza su punto de vista por comparaci\u00f3n con el de socialistas y comunistas de otras nacionalidades europeas fue la acentuaci\u00f3n de la pol\u00e9mica anti-rusa en funci\u00f3n del objetivo de la independencia y la unidad de Alemania. Este es el marco en el que hay que entender la afirmaci\u00f3n de Marx, en carta a Lassalle, seg\u00fan la cual \u00abnosotros proclamamos desde el primer n\u00famero de la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> la guerra contra los rusos como primera misi\u00f3n revolucionaria de Alemania\u00bb. La justificaci\u00f3n de esta particularidad, t\u00edpicamente alemana, que fue \u00abel odio revolucionario a los rusos\u00bb, est\u00e1 esbozada ya en una carta de Marx a Ruge, escrita en mayo de 1843, en la que alude a la intromisi\u00f3n del zar ante las veleidades democr\u00e1ticas que en ese a\u00f1o se observaban en ciertos sectores de la sociedad alemana. Marx hablaba all\u00ed del intervencionismo del \u00abSe\u00f1or de todos los rusos de atr\u00e1s\u00bb inquieto por el \u00abmovimiento en las cabezas de los rusos de ac\u00e1\u00bb, intervenci\u00f3n, claro est\u00e1, a favor de una vuelta en Alemania \u00aba la tranquilidad del antiguo estado de las cosas\u00bb, esto es \u2013como afirmaba el propio Marx en su denuncia del absolutismo ruso y del servilismo germ\u00e1nico\u2013, de \u00abla vuelta al rancio y anquilosado estado de lacayos en el que el due\u00f1o de la tierra y de la gente no hace sino dominar en el mayor silencio posible gracias a una servidumbre bien adiestrada, obediente y silenciosa.\u00bb<sup>17<\/sup><\/p>\n<p>Las razones de esta denuncia y del subsiguiente combate contra el absolutismo ruso fueron explicitadas con la mayor determinaci\u00f3n desde las p\u00e1ginas de la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em>. As\u00ed, por ejemplo, en un suelto del n\u00famero 64 de la misma, publicado el 3 de agosto de 1848, Karl Marx sal\u00eda al paso de una nota distribuida por la embajada rusa con la intenci\u00f3n de contrarrestar los sentimientos rus\u00f3fobos existentes en Alemania, e ironizaba \u2013en dicho suelto\u2013 sobre \u00ablas pretensiones francamente pacifistas\u00bb del zar; luego de lo cual el propio Marx declaraba que Rusia no podr\u00eda despertar nunca simpat\u00edas entre los alemanes de 1848 porque en \u00e9stos se hallaba fresca el recuerdo de la intervenci\u00f3n negativa del zarismo en las guerras napole\u00f3nicas. Si Napole\u00f3n hubiera triunfado \u2013concluye ese paso\u2013 se habr\u00eda favorecido la unidad alemana, \u00abeliminando toda la inmundicia medieval, todo ese orden feudal, etc.\u00bb<sup>18<\/sup>.<\/p>\n<p>Cabe preguntarse hasta qu\u00e9 punto influy\u00f3 en esta posici\u00f3n de la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> el factor nacionalista en auge entonces en Alemania. La pregunta puede parecer innecesaria trat\u00e1ndose de gentes que acababan de hacer publicar el <em>Manifiesto comunista<\/em> donde se dice que los obreros no tienen patria.<\/p>\n<p>Pero no es gratuita. El mismo Engels tuvo que enfrentarse con ella en su cr\u00edtica de esos a\u00f1os al paneslavismo en ascenso y sabemos que poco despu\u00e9s el debate sobre el nacionalismo obrero acabar\u00eda siendo uno de los motivos de la ruptura en la Liga de los comunistas.<\/p>\n<p>El fondo del ensayo de Engels acerca del eslavismo democr\u00e1tico publicado en febrero de 1849 era generalizar la ense\u00f1anza hist\u00f3rica de los meses anteriores a toda Europa y oponer a lo que \u00e9l llamaba \u00ablos dulces sue\u00f1os\u00bb de la fraternidad universal de los pueblos y la paz mundial eterna el programa de la revoluci\u00f3n. \u00abNo es cuesti\u00f3n de una fraternidad de todos los pueblos europeos unidos bajo una bandera republicana \u2013objetaba Engels a los eslavistas\u2013, sino de una alianza de los pueblos revolucionarios contra los pueblos contrarrevolucionarios, alianza que se realiza solamente en el campo de batalla, y no en el papel\u00bb. Pero ya esta tajante afirmaci\u00f3n sobre \u00abpueblos revolucionarios\u00bb y \u00abpueblos contrarrevolucionarios\u00bb indica que la preocupaci\u00f3n principal de su autor ser\u00e1 que el eslavismo democr\u00e1tico inaugurado por el llamamiento bakuninista a los eslavos descuidara, precisamente por nacionalismo, aquello que para Marx y para Engels era la primera misi\u00f3n revolucionaria, la guerra contra Rusia. El surgimiento, pues, de una resistencia seria en el interior del imperio de los zares, hasta entonces globalmente considerado como el obst\u00e1culo principal ante la revoluci\u00f3n europea, introduc\u00eda una primera complicaci\u00f3n para la declaraci\u00f3n de principios internacionalistas contenida en el <em>Manifiesto comunista<\/em>.<\/p>\n<p>Tanto es as\u00ed que esta cr\u00edtica del eslavismo democr\u00e1tico tiene que oponer a la \u00abreivindicaci\u00f3n absoluta de la libertad\u00bb los \u00abdistintos niveles de civilizaci\u00f3n de cada pueblo\u00bb. Se trata de la c\u00e9lebre argumentaci\u00f3n engelsiana acerca de los pueblos sin historia que, por ser tales, tampoco tienen derecho propio a articularse en naciones-estados. Argumentaci\u00f3n que incluye la defensa del derecho de conquista para la naci\u00f3n con un mayor nivel civilizatorio (lo que en ese momento quiere decir con un mayor nivel industrial y comercial, como se sigue de la ejemplificaci\u00f3n por Engels acerca de los derechos norteamericanos en M\u00e9xico tras la ocupaci\u00f3n de California)<sup>19<\/sup>. Independientemente de lo que se piense acerca del peso respectivo que haya de concederse a tradici\u00f3n cultural y voluntad de uni\u00f3n en la articulaci\u00f3n nacional, y reconociendo por otra parte que tambi\u00e9n en el eslavismo democr\u00e1tico de entonces hab\u00eda su punta nacionalista por debajo de las f\u00f3rmulas gen\u00e9ricas, el discurso de Engels era tan resbaladizo para una perspectiva internacionalista que en un segundo art\u00edculo publicado tambi\u00e9n en la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> tuvo que dedicar cierto espacio a refutar la sospecha de que por debajo de la cr\u00edtica del nacionalismo eslavista estaba la afirmaci\u00f3n del nacionalismo germ\u00e1nico.<\/p>\n<p>Efectivamente, Engels rechazaba all\u00ed la acusaci\u00f3n de pangermanismo con la consideraci\u00f3n de que <em>antes<\/em> de la revoluci\u00f3n de 1848 fueron precisamente los redactores de la <em>Nueva Gaceta Renana<\/em> qui\u00e9nes se elevaron de la forma m\u00e1s decidida contra la estrechez del nacionalismo alem\u00e1n, contra \u00abel s\u00f3rdido papel hist\u00f3rico de la nobleza y de la burgues\u00eda alemanas\u00bb por comparaci\u00f3n con la \u00ablegitimidad de las grandes naciones occidentales, ingleses y franceses\u00bb. Precisamente por ese motivo cre\u00eda Engels que los miembros de la redacci\u00f3n de la <em>NGR<\/em> estaban suficientemente justificados a la hora de criticar las ilusiones rom\u00e1nticas que <em>despu\u00e9s<\/em> de la revoluci\u00f3n hab\u00edan crecido entre los eslavos.<sup>20<\/sup><\/p>\n<p>En esto \u00faltimo la justificaci\u00f3n de Engels es veraz en lo esencial. El sentimiento nacional que impuls\u00f3 su posici\u00f3n, y la de Marx, favorable a la unidad y a la independencia de Alemania, que les hizo acentuar la cr\u00edtica de \u00ablos rusos\u00bb, tuvo siempre la contrapartida de <em>la autocr\u00edtica como alemanes<\/em>. Y la tuvo, efectivamente, antes, durante y despu\u00e9s de las revoluciones de 1848 en un asunto entonces muy decisivo para valorar la diferencia entre particularidad de un punto de vista movido al mismo tiempo por el sentimiento nacional y el internacionalismo y la \u00f3ptica nacionalista que conduce a la xenofobia: la cuesti\u00f3n polaca. Para aducir un solo ejemplo al respecto, refiri\u00e9ndose al debate sobre Polonia en Frankfurt, Karl Marx hac\u00eda \u2013en el n\u00famero 81 de la <em>NGR<\/em> correspondiente al 20 de agosto de 1848\u2013 un repaso hist\u00f3rico de la cuesti\u00f3n poniendo de manifiesto que la partici\u00f3n de Polonia fue el hecho que dio cohesi\u00f3n a la Santa Alianza ruso-austro-prusiana; afirmaba luego que desde el primer reparto de Polonia, Alemania hab\u00eda quedado en dependencia respecto de Rusia y que esto contribuy\u00f3 en gran medida al fracaso de los esfuerzos de una parte de la burgues\u00eda prusiana por seguir el ejemplo franc\u00e9s. A partir de tales estimaciones, Marx conclu\u00eda as\u00ed: \u00abMientras contribuyamos a oprimir a Polonia, mientras fusionemos una parte de Polonia a Alemania, permaneceremos fusionados a Rusia y a la pol\u00edtica rusa y no podremos quebrar de ra\u00edz en nuestro propio territorio el absolutismo feudal patriarcal. El establecimiento de una Polonia democr\u00e1tica es la <em>primera condici\u00f3n<\/em> del establecimiento de una Alemania democr\u00e1tica\u00bb<sup>21<\/sup>.<\/p>\n<p>De manera que <em>en la intenci\u00f3n de Marx<\/em> la insistencia en la guerra contra Rusia \u2013no, por cierto en un sentido metaf\u00f3rico, sino en sentido literal\u2013 fue durante este per\u00edodo un objetivo a la vez revolucionario (en el marco de la democratizaci\u00f3n antifeudal y antiabsolutista de Alemania), internacionalista (en la medida en que se propone que la primera condici\u00f3n para ello es la desvinculaci\u00f3n de Polonia <em>tambi\u00e9n<\/em> del yugo alem\u00e1n) y nacional-alem\u00e1n (en tanto que esa guerra representar\u00eda no s\u00f3lo la potenciaci\u00f3n de la unidad alemana sino adem\u00e1s \u00abun rompimiento real, franco y total con todo nuestro pasado ignominioso\u00bb). Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n puede leerse en el n\u00famero 81 de la <em>NGR<\/em> ya citado, pero no es un paso aislado: algo parecido se encuentra tambi\u00e9n en el n\u00famero 42 de la misma publicaci\u00f3n correspondiente al 12 de julio de 1848<sup>22<\/sup> y, mucho antes de eso, en un plano m\u00e1s general, en numerosos desarrollos acerca de la \u00abmiseria alemana\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, cosas no muy distintas podr\u00edan decirse respecto del eslavismo democr\u00e1tico de la \u00e9poca. Si se tiene en cuenta el punto de vista de Bakunin y de Herzen sobre la cuesti\u00f3n polaca, su cr\u00edtica del absolutismo y la parte de autocr\u00edtica como rusos que hay en su obra, se llega f\u00e1cilmente a la conclusi\u00f3n de que lo que de verdad se estaba enfrentando en aquel debate son dos idearios revolucionarios nacientes que, en ambos casos, apuntaban hacia una concepci\u00f3n internacionalista de la revoluci\u00f3n sin poder superar todav\u00eda el peso de las propias tradiciones nacionales. Veremos alg\u00fan detalle sobre eso. Pero desde ah\u00ed, esto es, desde el conflicto entre dos idearios, alem\u00e1n y ruso respectivamente, que afirman el derecho de dos pueblos a protagonizar la revoluci\u00f3n europea criticando al mismo tiempo la miseria de la propia historia anterior, se puede empezar a captar ya toda la importancia que en la historia de las ideas tiene el paso de un concepto de revoluci\u00f3n europea que empez\u00f3 poniendo, como premisa, la guerra contra otro pueblo, en funci\u00f3n de la superioridad civilizatoria, al concepto del \u00faltimo Marx sobre la complementariedad de las revoluciones en el Este y en el Oeste de Europa.<\/p>\n<p>Al final de la d\u00e9cada de los cuarenta, Max combat\u00eda el nacionalismo alem\u00e1n dominante no s\u00f3lo como pol\u00edtica expl\u00edcitamente reaccionaria, sino tambi\u00e9n, en su forma populista, como aditivo para atraer a los compatriotas a la lucha revolucionaria. Es m\u00e1s: esta \u00faltima posici\u00f3n fue denunciada por \u00e9l mismo durante el debate que puso fin a la Liga de los comunistas. El 15 de septiembre de 1850, oponi\u00e9ndose a quienes hab\u00edan sido compa\u00f1eros suyos durante los a\u00f1os anteriores, afirmaba: \u00abUn planteamiento nacionalista alem\u00e1n que apela al nacionalismo de los trabajadores manuales alemanes ha reemplazado la perspectiva universalista del <em>Manifiesto<\/em>. La voluntad se pone como factor principal de la revoluci\u00f3n, en lugar de las relaciones reales\u00bb<sup>23<\/sup>. Si a pesar de declaraciones as\u00ed el sentimiento de ser alem\u00e1n se superpone tambi\u00e9n en el Marx de esa \u00e9poca a la consciencia internacionalista, ello debe verse como una prueba m\u00e1s \u2013sobre todo en ocasiones en las cuales la pol\u00e9mica pasa a primer plano\u2013 de las dificultades a las que siempre ha de enfrentarse la racionalidad y la tolerancia.<\/p>\n<p>As\u00ed, volviendo al caso, lo que a veces hace unilateral el discurso de Marx durante esos a\u00f1os es que su forma de expresi\u00f3n no siempre distingue entre \u00ablos rusos\u00bb y el poder zarista. Pero, naturalmente, esto no es una mera cuesti\u00f3n formal. La indistinci\u00f3n se debe en gran medida a que el desconocimiento de la sociedad rusa de la \u00e9poca oculta bajo la prepotencia del aparato estatal (en Rusia el Estado \u00ablo era todo\u00bb, escribir\u00eda mucho despu\u00e9s Gramsci), unido al prejuicio extendid\u00edsimo por entonces en los ambientes intelectuales de la Europa occidental seg\u00fan la cu\u00e1l por debajo del moscovita culto acaba saliendo a relucir el alma b\u00e1rbara del t\u00e1rtaro, no permitieron a Marx entender que ya en esa \u00e9poca exist\u00edan en el interior de Rusia gentes cuyos intereses y esperanzas no coincid\u00edan con el absolutismo de los zares.<sup>24<\/sup> Su negativa a encontrarse en Londres con Aleksandr Herzen por no compartir el deseo de \u00abver a la vieja Europa rejuvenecida gracias a una transfusi\u00f3n de sangre rusa\u00bb documenta en buena medida tal prejuicio, el cual, junto a las diferencias pol\u00edticas y de car\u00e1cter, tuvo igualmente su papel en el primer conflicto con Bakunin en 1848. Ya entonces, y precisamente en relaci\u00f3n con Bakunin, aparece la obsesiva man\u00eda de Marx que le llevaba a ver en casi todo ruso un agente secreto<sup>25<\/sup>. Por lo dem\u00e1s, su afici\u00f3n desde 1853 a las elucubraciones del manoman\u00edaco rus\u00f3fobo David Urquhart refuerza esa misma impresi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Marx y Urquhart<\/strong><\/p>\n<p>Entramos ahora en una segunda fase del pensamiento de Karl Marx sobre Rusia, en la cual el an\u00e1lisis de lo que fue hist\u00f3ricamente y de lo que era en la d\u00e9cada de los cincuenta la pol\u00edtica exterior de los zares pasa a primer plano. El que Marx concediera tanta importancia a este asunto, hasta el punto de dedicar a ello un tiempo que le era precioso para la elaboraci\u00f3n de lo que \u00e9l mismo consideraba la obra de su vida, <em>El Capital<\/em>, corrobora una vez m\u00e1s la inseparabilidad del cient\u00edfico y del analista pol\u00edtico. Las razones m\u00e1s inmediatas de su inter\u00e9s por los vericuetos de la \u00b7diplomacia secreta de esos a\u00f1os, y particularmente por las relaciones anglo-rusas, fueron varias. En primer lugar cont\u00f3 en ello el ascenso al poder de Luis Napole\u00f3n en Francia y el temor consiguiente a un acercamiento de la pol\u00edtica exterior francesa a la rusa, lo cual significar\u00eda un nuevo obst\u00e1culo tanto para la unidad alemana como para la causa de los trabajadores. En segundo lugar influy\u00f3 en ello el comienzo, en 1853, de la guerra ruso-turca, vista inicialmente por Max como una nueva manifestaci\u00f3n de la superioridad rusa en Oriente. En tercer lugar cont\u00f3 tambi\u00e9n la sospecha de que los agentes del zarismo hab\u00edan logrado infiltrarse en el Ministerio brit\u00e1nico de Asuntos Exteriores, orientando en un sentido prorruso la pol\u00edtica inglesa en la cuesti\u00f3n oriental. Hechos y sospechas hicieron aumentar en Marx su permanente preocupaci\u00f3n por la unidad alemana en un momento hist\u00f3rico en el que la contrarrevoluci\u00f3n, que sigui\u00f3 a la derrota de 1848-1849, parec\u00eda alejar sin lugar a dudas las posibilidades revolucionarios en la Europa central y occidental.<\/p>\n<p>Si en 1850 Marx estaba convencido de que era in\u00fatil oponer a la prosperidad general, la mera voluntad revolucionaria (principal raz\u00f3n aducida para disolver la Liga de los comunistas), ya en esa fecha y m\u00e1s a\u00fan en los a\u00f1os que siguieron consider\u00f3, no obstante, que una inminente crisis comercial volver\u00eda a crear las condiciones para un nuevo estallido revolucionario. En tal contexto las iniciativas militares rusas en Oriente y la actividad de la diplomacia zarista en Occidente (sobre todo en Inglaterra) fueron convirti\u00e9ndose para \u00e9l en una verdadera obsesi\u00f3n.<sup>26<\/sup> Testimonio de ello es la relaci\u00f3n que estableci\u00f3 por entonces con David Urquhart. Urquhart fue un contradictorio personaje escoc\u00e9s que, imbuido por el esp\u00edritu rom\u00e1ntico dominante en las d\u00e9cadas anteriores, se hab\u00eda alistado durante su juventud en las milicias griegas para hacer frente a la dominaci\u00f3n turca; pero m\u00e1s tarde, en los a\u00f1os treinta, realiz\u00f3 varias misiones secretas en Constantinopla por encargo del gobierno brit\u00e1nico, en el transcurso de los cuales cambi\u00f3 de bando para convertirse en un encendido defensor de las costumbres e instituciones turcas y, por implicaci\u00f3n, en ac\u00e9rrimo enemigo de los rusos en tanto que principales adversarios tradicionales de sus enemigos.<\/p>\n<p>Cuando Marx trab\u00f3 relaci\u00f3n con Urquhart, \u00e9ste hac\u00eda a\u00f1os que hab\u00eda sido apartado ya de su misi\u00f3n en Oriente por Lord Palmerston \u2013al parecer por excederse en sus atribuciones diplom\u00e1tico-secretas\u2013 y se hab\u00eda dado a conocer en los medios pol\u00edticos londinenses por sus frecuentes diatribas contra el ministro de Asuntos Exteriores<sup>27<\/sup>. El propio Marx, en la <em>Story of the Life of Lord Palmerston<\/em>, nos ha dejado un relato bastante detallado de las vicisitudes por las que hubo de pasar la publicaci\u00f3n que dio fama a Urquhart: una colecci\u00f3n de documentos con la correspondencia secreta de ministros y embajadores rusos desde principios de siglo hasta 1830 \u2013lograda a trav\u00e9s de refugiados polacos\u2013 que fue, editada por el gobierno brit\u00e1nico en 1853 y luego desautorizada por Palmerston<sup>28<\/sup>.<\/p>\n<p>Esta documentaci\u00f3n, conocida como <em>Portfolio: a collection of state papers<\/em>, fue a parar a manos de Marx en marzo de 1853 mientras buscaba informaci\u00f3n para sus art\u00edculos de pol\u00edtica internacional en <em>New York Daily Tribune<\/em>. Inmediatamente despu\u00e9s comunic\u00f3 a Engels su descubrimiento: \u00abAhora estoy leyendo a Urquhart, quien mantiene en su libro que Lord Palmerston est\u00e1 a sueldo de Rusia\u00bb. En la misma carta Marx calificaba al oponente de Lord Palmerston (entonces ministro del Interior) de \u00abchiflado\u00bb y \u00abrom\u00e1ntico por naturaleza\u00bb; luego de lo cual comentaba en tono m\u00e1s bien jocoso la admiraci\u00f3n de Urquhart por el Islam y las divagaciones de est\u00e9 acerca de la \u00abpureza y superioridad de la Constituci\u00f3n turca\u00bb<sup>29<\/sup>. Pero despu\u00e9s de una entrevista con el interfecto \u2013al parecer, a iniciativa de Urquhart\u2013, a su vez interesado en el punto de vista de Marx sobre la cuesti\u00f3n oriental y la connivencia ruso-inglesa, modific\u00f3 su opini\u00f3n y, aunque sigui\u00f3 pensando que Urquhart era un monoman\u00edaco rus\u00f3fobo, escribi\u00f3 a Engels a finales de a\u00f1o que \u00e9l mismo hab\u00eda llegado a una conclusi\u00f3n similar: \u00abPor curioso que pueda parecerte, despu\u00e9s de seguir las huellas del noble vizconde [Palmerston] durante los \u00faltimos veinte a\u00f1os, he llegado al mismo resultado que el monoman\u00edaco de Urquhart, o sea, que desde hace varias d\u00e9cadas Lord Palmerston ha sido comprado por los rusos\u00bb<sup>30<\/sup>.<\/p>\n<p>A pesar de que, por lo general, se ha dado muy poca importancia al hecho, el contacto con Urquhart dej\u00f3 cierta huella en el c\u00edrculo de los Marx en Londres y la impresi\u00f3n de sus opiniones sobre el propio Max no fue ocasional. Jenny von Westphalen todav\u00eda lo recordaba cuando redact\u00f3 las breves notas autobiogr\u00e1ficas que los editores llaman \u00abBosquejo de una vida memorable\u00bb. Y lo recordaba, muy probablemente, porque aquella relaci\u00f3n hab\u00eda proporcionado cierta notoriedad a su marido en la prensa y los medios pol\u00edticos londinenses en unos tiempos en los que las desgracias familiares, los agobios econ\u00f3micos y el aislamiento asolaron la casa de los Marx<sup>31<\/sup>. Casi id\u00e9ntica visi\u00f3n en su relaci\u00f3n con Urquhart dio Marx en <em>Herr Vogt<\/em><sup>32<\/sup>. Es m\u00e1s: el propio Marx cit\u00f3 varias veces en <em>El Capital<\/em> la obra de David Urquhart, <em>Familiar words as affecting England and the English<\/em>, publicada en 1855. Dichas referencias<sup>33<\/sup> son interesantes para el tema que aqu\u00ed tratamos porque sugieren que la coincidencia en la rusofobia lleva a Marx a tratar a Urquhart con una cautela que no tuvo para con otros y precisamente en un tema en el que por entonces no pod\u00eda compartir en absoluto las opiniones de aqu\u00e9l, el de la cr\u00edtica rom\u00e1ntica de la civilizaci\u00f3n. La rememoraci\u00f3n de la relaci\u00f3n con Urquhart reaparece todav\u00eda \u2013aunque ya m\u00e1s distanciada\u2013 con ocasi\u00f3n de otro de los descubrimientos bibliogr\u00e1ficos del devorador de libros que era Marx, cuando comunica a Engels, en 1868, su lectura de la obra de Maurer sobre la historia antigua y medieval de los germanos.<sup>34<\/sup><\/p>\n<p>Y, sin embargo, tanto los art\u00edculos que componen la <em>Story<\/em> como las <em>Revelations<\/em>, salidas de ese contacto con Urquhart y, desde luego, del quemarse los ojos entre los legajos diplom\u00e1ticos depositados en la biblioteca del Museo Brit\u00e1nico,<sup>35<\/sup> son seguramente un ejemplo m\u00e1s de lo poco que cunden las obsesiones. Por espectacular que pareciera en la \u00e9poca la hip\u00f3tesis de Marx acerca de las relaciones anglo-rusas y el papel de Lord Palmerston en ellas, y pese al relativo \u00e9xito de los panfletos marxianos al respecto (pocos papeles escritos por Marx alcanzaron una tirada igual), la base documental de aquellos ensayos es insuficiente y raya a veces en lo anecd\u00f3tico. Tienen, en cambio, el m\u00e9rito indiscutible de haber puesto a disposici\u00f3n de una opini\u00f3n p\u00fablica, por lo general mal informada o ignorante de los secretos diplom\u00e1ticos, una documentaci\u00f3n que en otro caso hubiera quedado \u2013y tal vez por mucho tiempo\u2013 como exclusivo objeto de atenci\u00f3n de los especialistas en la historia diplom\u00e1tica.<\/p>\n<p>Con anterioridad a la <em>Story<\/em> y a las <em>Revelations<\/em> Marx hab\u00eda puesto ya de manifiesto los intereses econ\u00f3micos del colonialismo brit\u00e1nico de entonces y su influencia en la pol\u00edtica internacional; hab\u00eda sugerido tambi\u00e9n en varias ocasiones, para aclaraci\u00f3n de liberales ingenuos, que exist\u00eda una distancia considerable entre las declaraciones progresistas y las maniobras diplom\u00e1ticas de quienes aparec\u00edan ante la opini\u00f3n p\u00fablica como resueltos adversarios del absolutismo zarista<sup>36<\/sup>. Lo que estos art\u00edculos a\u00f1aden a lo dicho es una acumulaci\u00f3n de hechos concernientes al largu\u00edsimo per\u00edodo durante el cual Lord Palmerston estuvo vinculado al Ministerio brit\u00e1nico de Asuntos Exteriores o al frente del mismo<sup>37<\/sup>, hechos interpretados de manera monocorde en el sentido de que su pol\u00edtica no s\u00f3lo favoreci\u00f3 objetivamente \u2013por as\u00ed decirlo\u2013 el expansionismo ruso hacia Oriente sino que fue adem\u00e1s la materializaci\u00f3n de un excelente trabajo realizado por los servicios secretos, motor de la diplomacia zarista, a la que Marx atribuy\u00f3 a la vez un primitivismo y una doblez muy superiores en efectividad a la de las canciller\u00edas de la Europa occidental.<\/p>\n<p>Si hay que conceder a Marx el que, efectivamente, en la actuaci\u00f3n de Lord Palmerston hubo cierta contradicci\u00f3n \u2013por otra parte caracter\u00edstica de la diplomacia secreta de entonces y de siempre\u2013 entre los trinos a favor de la restauraci\u00f3n de Polonia como naci\u00f3n, o las declaraciones propugnando la devoluci\u00f3n de Crimea a los turcos, y la escasa energ\u00eda con que de hecho se estaba oponiendo Inglaterra a Rusia al principio de la guerra de Crimea, no parece, en cambio, que la conclusi\u00f3n extrema compartida con Urquhart pueda mantenerse. Los historiadores del per\u00edodo al que aqu\u00ed se hace referencia suelen coincidir en que la pol\u00edtica del gabinete Palmerston fue, en cualquier caso, menos oscura y tortuosa desde el punto de vista de las relaciones internacionales de lo que hab\u00eda sido la de su antecesor Aberdeen. Por otra parte, no hay ninguna duda de que la acci\u00f3n militar anglo-francesa en 1856, siendo Palmerston primer ministro ingl\u00e9s, situ\u00f3 a la diplomacia zarista en un callej\u00f3n de dif\u00edcil salida luego del sitio de Sebastopol<sup>38<\/sup>.<\/p>\n<p>Por lo que hace al esbozo de historia de Rusia desde sus or\u00edgenes hasta el siglo XIX, contenido en las <em>Revelations<\/em>, hay que decir que Marx utiliz\u00f3 m\u00e1s adjetivos que documentaci\u00f3n fehaciente. En su opini\u00f3n, el rasgo m\u00e1s saliente de esa historia desde la conquista de Novgorod por Iv\u00e1n III hasta los tiempos modernos habr\u00eda sido la continuidad rectil\u00ednea. Debe tenerse en cuenta que se trata de un bosquejo muy gen\u00e9rico de casi tres siglos de historia rusa, en el que no se presta atenci\u00f3n alguna a lo que los historiadores conocen como el per\u00edodo de las turbulencias o de los trastornos que precedi\u00f3 a la llegada al poder de los Romanov. En cualquier caso, ni siquiera el giro occidentalista de Pedro el Grande \u2013tan discutido por entonces entre eslav\u00f3filos y europe\u00edstas rusos\u2013 le parece a Marx una desviaci\u00f3n de aquella trayectoria hist\u00f3rica rectil\u00ednea que sigue la pol\u00edtica de los zares. Al contrario, cambian los nombres, el lugar y el car\u00e1cter de la potencia enemiga \u2013afirma Marx en las <em>Revelations\u2013<\/em> pero no cambia nunca el rasgo central que caracteriza al Imperio, su naturaleza expansionista: \u00abMoscovia se ha formado y se ha hecho grande en la escuela terrible y abyecta de la esclavitud mongol. Ha logrado su fuerza haci\u00e9ndose virtuosa en el arte de la esclavizaci\u00f3n. Incluso despu\u00e9s de su emancipaci\u00f3n, Moscovia ha seguido jugando el tradicional papel del esclavo disfrazado de amo. Fue justamente Pedro el Grande quien combin\u00f3 el arte pol\u00edtico del esclavo mongol con la orgullosa ambici\u00f3n del amo mongol al que Gengis Khan leg\u00f3 su voluntad de conquistar el mundo\u00bb<sup>39<\/sup>.<\/p>\n<p>Precisamente en la \u00e9poca de Pedro el Grande situaba Marx el comienzo de la connivencia anglo-rusa y la subalternidad de la pol\u00edtica exterior inglesa. Y cosa curiosa: para ello ni siquiera necesita datos contrastados; le basta con una suposici\u00f3n de mero sentido com\u00fan, a saber: aunque ignor\u00e1ramos el detalle de las operaciones militares de Pedro el Grande a finales del siglo XVII \u2013argumenta en ese contexto\u2013 ya la conversi\u00f3n de un pa\u00eds semiasi\u00e1tico de tierra adentro en una potencia mar\u00edtima del B\u00e1ltico nos conduce derechamente a la conclusi\u00f3n de que Gran Breta\u00f1a, la principal potencia mar\u00edtima de la \u00e9poca, tuvo que ver con eso. De ah\u00ed la conclusi\u00f3n tajante: \u00abLa aut\u00e9ntica historia demostrar\u00e1 que los khanes de la Horda de Oro no influyeron tan decisivamente en los planes de Iv\u00e1n III y sus predecesores como los gobernantes del Reino Unido en los planes de Pedro I y de sus sucesores\u00bb<sup>40.<\/sup><\/p>\n<p>David Riaz\u00e1nov, en un ensayo escrito durante la primera d\u00e9cada de este siglo \u2013y libre, por tanto, de los condicionamientos pol\u00edticos que en la \u00e9poca de Stalin hab\u00eda de sufrir la lectura por los historiadores rusos de \u00e9ste y de otros textos de Marx sobre Rusia\u2013 se\u00f1al\u00f3 ya algunas de las deficiencias del punto de vista expresado en las <em>Revelations<\/em>. La opini\u00f3n de Riaz\u00e1nov es que, al no tener en cuenta las condiciones internas del desarrollo del absolutismo en Rusia y al haber desatendido toda la historia interna de Rusia desde Iv\u00e1n III hasta Pedro I, \u00abMarx se cerr\u00f3 el camino para comprender la pol\u00edtica exterior rusa\u00bb<sup>41<\/sup>. Tal vez tambi\u00e9n esta \u00faltima afirmaci\u00f3n sea excesiva; pero se puede mantener, en cambio, que entre intrigas y secretos diplom\u00e1ticos Marx \u2013demasiado cogido por las \u00abrevelaciones\u00bb\u2013 dej\u00f3 de lado algunas cosas de importancia, entre ellas la repercusi\u00f3n de la misma pol\u00edtica exterior rusa en la econom\u00eda y la sociedad de aquel pa\u00eds y el hecho de que las principales simpat\u00edas por Rusia en Inglaterra no estuvieron generalmente en el campo de los whigs, sino en el partido tory.<\/p>\n<p>En realidad el expansionismo ruso durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX tiene un car\u00e1cter parad\u00f3jico, como se ha se\u00f1alado en muchas ocasiones: Rusia fue un estado constantemente atacado en varias de sus fronteras por Suecia, Turqu\u00eda, Francia, etc., el cual, sin embargo, sac\u00f3 una y otra vez partido de esos ataques para acabar resultando beneficiado por ellos. Esa paradoja, sumamente patente en el caso de la ofensiva napole\u00f3nica, ha dificultado siempre mucho en la Europa occidental la comprensi\u00f3n de algunos de los rasgos de escritores y pensadores rusos antizaristas del siglo XIX.<\/p>\n<p>Es notable, por otra parte, constatar que un hombre como Marx hiciera suyas en las <em>Revelations<\/em> las palabras de un reverendo ingl\u00e9s del siglo XVIII seg\u00fan las cuales \u00ablos v\u00ednculos que unen a Gran Breta\u00f1a con el Imperio de los zares han sido formados por la naturaleza y, por tanto, son inviolables\u00bb. Pues esa metaf\u00edsica est\u00e1 en las ant\u00edpodas de lo que acostumbraba a ser el punto de vista de Marx como historiador. Siendo esto as\u00ed cabe afirmar que el principal inter\u00e9s de la <em>Story<\/em> y de las <em>Revelations<\/em> no radica en lo que tales ensayos aportaran al conocimiento de aquella fase de la historia de Europa de la cual se ocupan. Basta con pensar que esos escritos son contempor\u00e1neos de la guerra de Crimea y que \u00e9sta represent\u00f3 el comienzo de la crisis del absolutismo y el primer rev\u00e9s serio de la pol\u00edtica exterior rusa en el siglo XIX. Las previsiones de Marx sobre el desarrollo de aquella guerra resultaron err\u00f3neas.<\/p>\n<p>Los textos que comentamos son relevantes desde otra perspectiva; no porque su lectura sugiera una vez m\u00e1s la confirmaci\u00f3n trivial del dicho de que \u00abHomero tambi\u00e9n dorm\u00eda\u00bb \u2013que, evidentemente, lo sugieren\u2013 ni tampoco porque su estudio contribuya especialmente a una desmitificaci\u00f3n hoy ya innecesaria, sino porque documentan bien \u2013y en el caso del propio Marx\u2013 c\u00f3mo el concepto materialista de la historia no es algo que se adquiera de una vez para siempre ni una llave maestra a disposici\u00f3n de todo aquel que cree saber el truco. O dicho de otra manera: porque ponen de manifiesto c\u00f3mo una obsesi\u00f3n puede contribuir en un momento dado a reemplazar la concepci\u00f3n dial\u00e9ctica de la historia por una visi\u00f3n especulativa y sustancialmente conspirativa de la misma. La implicaci\u00f3n metodol\u00f3gica de eso se ver\u00e1 m\u00e1s clara si el lector interesado compara estos documentos marxianos con <em>El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte<\/em> o incluso con los escritos sobre Espa\u00f1a, que son de la misma \u00e9poca.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con aquella obsesi\u00f3n cabe preguntarse por qu\u00e9 a la hora de escribir sobre la diplomacia zarista y la historia de Rusia a mediados de la d\u00e9cada de los cincuenta Karl Marx prefiri\u00f3 las especulaciones del rom\u00e1ntico reaccionario David Urquhart o el informe de un oscuro p\u00e1rroco ingl\u00e9s que vivi\u00f3 en San Petersburgo bajo el reinado de Pablo I a las consideraciones que aportaba el rom\u00e1ntico revolucionario ruso Alekxandr Herzen, el cual acababa de publicar por entonces una de sus m\u00e1s importantes obras, <em>El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia<\/em><sup>42<\/sup>. La respuesta a esa pregunta la conocemos ya parcialmente. Por si quedaran dudas, el propio Marx aport\u00f3 un nuevo dato en carta escrita a Lassalle en 1860. En ella aceptaba que hab\u00eda establecido una alianza con David Urquhart desde 1853 porque, \u00abaunque [\u00e9ste] es rom\u00e1ntico y reaccionario, su pol\u00edtica exterior <em>es revolucionaria<\/em>; los urquartistas tienen un gran objetivo: la lucha a muerte contra Rusia y contra el principal apoyo de la diplomacia rusa, Downing Street, en Londres\u00bb<sup>43<\/sup>.<\/p>\n<p>Esta respuesta se complementa con otro testimonio que quisiera aducir aqu\u00ed y que se refiere a la otra cara de la obsesi\u00f3n anti-rusa del Marx de esos a\u00f1os. Se trata en este caso de un testimonio externo, el de Ch. Dana, el hombre que proporcion\u00f3 a Marx su trabajo period\u00edstico en <em>New York Daily Tribune<\/em> y que hac\u00eda de director-gerente de la publicaci\u00f3n norteamericana. En efecto, Dana se quejaba a Marx el 8 de marzo de 1860:<\/p>\n<p>\u00abUsted ha escrito para nosotros de forma continuada y no es s\u00f3lo uno de nuestros m\u00e1s apreciados colaboradores permanentes, sino tambi\u00e9n uno de los mejores pagados. [&#8230;] La \u00fanica cosa que tengo que reprocharle es haber acentuado a veces excesivamente sus sentimientos alemanes. Todo lo contrario ha ocurrido cuando se refer\u00eda a Francia y Rusia. En mi opini\u00f3n, usted se ha mostrado excesivamente interesado en la unidad e independencia de Alemania\u00bb<sup>44<\/sup>.<\/p>\n<p>Hay todav\u00eda un par de an\u00e9cdotas sobre la vida de Marx en Londres durante esos a\u00f1os que confirman la plausibilidad del reproche de Dana relativo al exceso de \u00ablos sentimientos alemanes\u00bb, ratifican la influencia de Urquhart no s\u00f3lo en Marx, sino tambi\u00e9n en sus amigos de entonces, y sirven para explicar mejor los motivos de la animadversi\u00f3n hacia Herzen. La primera la cuenta Wilhelm Liebknecht. Durante una juerga nocturna de Hampstead Road en el mes de abril de 1854, el narrador, Marx y Edgar Bauer entran en una acalorada discusi\u00f3n con colegas ingleses que confunden Prusia con Rusia. \u00abMarx \u2013relata Liebknecht\u2013 solt\u00f3 unas parrafadas de entusiasta alabanza de la ciencia y la m\u00fasica alemanas, afirmando que los ingleses, que no ten\u00edan m\u00fasica, se encontraban en el fondo muy por debajo de las alemanes, quienes, debido a su miserable situaci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica, se hab\u00edan visto impedidos hasta entonces para realizar grandes trabajos pr\u00e1cticos, lo que no les impedir\u00eda en el futuro colocarse a la cabeza de todos los pueblos\u00bb. El propio Liebknecht, para no ser menos en la expresi\u00f3n de sus sentimientos alemanes, hizo tambi\u00e9n su contribuci\u00f3n aquella noche: \u00abPor mi parte expuse con palabras dr\u00e1sticas que la situaci\u00f3n pol\u00edtica de Inglaterra no era ni un \u00e1pice mejor que la de Alemania \u2013<em>aqu\u00ed me fueron de gran ayuda los slogans de Urquhart\u2013<\/em> y que la \u00fanica diferencia consist\u00eda en que nosotros, los alemanes, sab\u00edamos que nuestro sistema pol\u00edtico era miserable, cosa que los ingleses no sab\u00edan del suyo, de donde se deduc\u00eda que nosotros cont\u00e1bamos con una inteligencia pol\u00edtica superior a la de los ingleses\u00bb<sup>45<\/sup>.\u00bf<em>In vino veritas<\/em>?<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose a febrero de 1855 Alekxandr Herzen recordaba, por otra parte, que Marx se opuso radicalmente a la propuesta de Ernest Jones para que el propio Herzen entrara a formar parte de un comit\u00e9 internacional. Seg\u00fan la versi\u00f3n que Herzen da del incidente, \u00abMarx declar\u00f3 que consideraba mi elecci\u00f3n incompatible con los fines del comit\u00e9\u00bb, y ante las objeciones de Jones afirm\u00f3 que \u00abno me conoc\u00eda personalmente ni ten\u00eda acusaciones concretas que hacer, pero que le bastaba que yo fuera ruso, y encima un ruso que en todos sus escritos era partidario de Rusia; y que, en el caso de que el comit\u00e9 no decidiera excluirme de su seno, \u00e9l [Marx] se ver\u00eda obligarle a darse de baja junto con todos sus amigos\u00bb<sup>46<\/sup>.<\/p>\n<p>No parece necesario seguir insistiendo sobre el trasfondo sentimental de las opiniones de Marx acerca de Rusia y de los rusos de esa \u00e9poca. Interesa, por lo dem\u00e1s, resumir la idea que entonces se hizo de la situaci\u00f3n europea en relaci\u00f3n con la llamada cuesti\u00f3n oriental que salt\u00f3 a las p\u00e1ginas de la prensa internacional con ocasi\u00f3n del nuevo conflicto ruso turco que luego se prolongar\u00eda, al intervenir Francia e Inglaterra, en la guerra de Crimea.<\/p>\n<p><strong>Una naci\u00f3n semiasi\u00e1tica y conquistadora<\/strong><\/p>\n<p>Marx empez\u00f3 sentando la tesis de que la cuesti\u00f3n oriental, tal como aparec\u00eda en 1853-1854, no era cosa nueva para Europa; al contrario, en su opini\u00f3n \u00e9sta estuvo siempre vinculada directamente a las fases de descenso de la marea revolucionaria durante toda la primera mitad del siglo XIX, pero eran esos momentos \u2013argumentaba\u2013 los que la diplomacia zarista hab\u00eda aprovechado para intervenir en Turqu\u00eda. Esta coincidencia, por as\u00ed decirlo, c\u00edclica (ascenso de Napole\u00f3n, los a\u00f1os inmediatamente posteriores a 1831, a 1840 y a 1848), se habr\u00eda visto favorecida adem\u00e1s por otros factores. Marx dedic\u00f3 especial atenci\u00f3n a tres de ellos: 1\u00ba, la mejor comprensi\u00f3n hist\u00f3rica que los rusos habr\u00edan tenido del problema oriental, debido sobre todo a que \u00abRusia es una naci\u00f3n semiasi\u00e1tica por su estado, sus costumbres, tradiciones e instituciones\u00bb; 2\u00ba, la subestimaci\u00f3n del tema por parte de las diplomacias occidentales, las cuales \u00abno sab\u00edan del asunto m\u00e1s de lo que conoc\u00edan del hombre en la luna\u00bb; y 3\u00ba, la debilidad, el car\u00e1cter subalterno, cuando no la sumisi\u00f3n, de las diplomacias de Prusia, Austria e Inglaterra respecto de la pol\u00edtica de los zares en este punto.<sup>47<\/sup><\/p>\n<p>Gran parte del espacio dedicado por Karl Marx en <em>New York Daily Tribune<\/em> a documentar tales factores se lo lleva el esfuerzo por probar la responsabilidad de la pol\u00edtica exterior inglesa en esa situaci\u00f3n. La idea central la conocemos ya: desde el siglo XVIII la diplomacia inglesa fue siempre subrepticiamente favorable a la pol\u00edtica exterior zarista en el Este. Desde esta perspectiva resulta natural que Marx juzgara prioritario abrir los ojos de los lectores de lengua inglesa sobre el peligro, en su opini\u00f3n inadvertido por Palmerston, que tanto en el plano comercial como en los planos estrat\u00e9gico y geopol\u00edtico ten\u00eda para Inglaterra la aproximaci\u00f3n de los rusos a los Dardanelos y al B\u00f3sforo. Peligro no s\u00f3lo para Inglaterra, sino tambi\u00e9n para el conjunto europeo-occident\u00e1l. Vale decir que Marx estaba recogiendo aqu\u00ed un sentir muy extendido en los ambientes democr\u00e1ticos europeos del momento, el de que la guerra ruso-turca \u2013desde la intervenci\u00f3n en ella de las potencias inglesa y francesa\u2013 representaba sustancialmente un enfrentamiento entre el absolutismo y la reacci\u00f3n pol\u00edtico-social de un lado y los ideales revolucionarios, la democracia y la misi\u00f3n civilizadora de Occidente, de otro.<\/p>\n<p>Ahora bien, aunque Marx hizo suya en l\u00edneas generales esa visi\u00f3n de las cosas con la consideraci\u00f3n de que el colonialismo ingl\u00e9s en Oriente siempre ser\u00eda mejor que la ampliaci\u00f3n de la barbarie semiasi\u00e1tica,<sup>48<\/sup> y aunque hay pasos en sus art\u00edculos de esos a\u00f1os en los que se tiende a aproximar las esperanzas de la causa revolucionaria a los intereses ingleses en sentido estricto,<sup>49<\/sup> no fue \u00e9sa la \u00f3ptica predominante en sus comentarios acerca del desarrollo de la guerra. Es ilustrativo a este respecto repasar c\u00f3mo en los art\u00edculos dedicados a la colonizaci\u00f3n inglesa en la India \u2013que son contempor\u00e1neos de la guerra de Crimea\u2013 su optimismo inicial sobre la misi\u00f3n civilizadora occidental va dejando paso a un tono cada vez m\u00e1s cr\u00edtico de la hipocres\u00eda de los colonizadores.<sup>50<\/sup>. Puede decirse, en cualquier caso, que la tajante afirmaci\u00f3n de 1849 sobre las guerras entre \u00abpueblos revolucionarios\u00bb y \u00abpueblos contrarrevolucionarios\u00bb hab\u00eda quedado ya en 1856 limitada al caso ruso y que, en lo sustancial, la guerra de Crimea tendi\u00f3 a ser vista como el enfrentamiento entre dos mundos en decadencia (conservadurismo occidental y absolutismo ruso) que aplazan el combate decisivo por el temor compartido ante el mundo nuevo que est\u00e1 surgiendo, el de la revoluci\u00f3n de los trabajadores.<\/p>\n<p>Efectivamente, al principio del conflicto ruso-turco hay en los art\u00edculos period\u00edsticos de Karl Marx una superposici\u00f3n de planos. Por una parte est\u00e1n las consideraciones estrat\u00e9gicas y geopol\u00edticas, esto es, el hecho de que la ofensiva rusa sobre Turqu\u00eda pod\u00eda llegar a cerrar la puerta geogr\u00e1fica por la que Inglaterra inici\u00f3 sus dominios comerciales. Estas consideraciones parecen exclusivamente dedicadas a llamar la atenci\u00f3n del p\u00fablico de lengua inglesa sobre el riesgo que est\u00e1 corriendo el imperio colonial ingl\u00e9s y a urgir la intervenci\u00f3n de Gran Breta\u00f1a en la guerra. En tal sentido hay que entender el razonamiento marxiano seg\u00fan el cual, dado el car\u00e1cter absolutista del zarismo y establecida la irreversible naturaleza expansionista de su Imperio, el gozne natural de uni\u00f3n entre Europa y Asia no puede ser Rusia \u2013pese a ser definida culturalmente como semiasi\u00e1tica\u2013 sino Inglaterra. La libertad de comercio prima en ese razonamiento sobre la geograf\u00eda: \u00abLa uni\u00f3n principal de Europa y Asia y, por consiguiente, el medio fundamental de recivilizar estos lugares dependen de la libertad continuada del comercio [establecida por el imperio colonial ingl\u00e9s] por estas puertas del mar Negro\u00bb<sup>51<\/sup>. En \u00faltima instancia, pues, los intereses ingleses, la conservaci\u00f3n de la \u00ablibertad\u00bb de comercio y la radicalizaci\u00f3n anti-rusa de la pol\u00edtica inglesa en Oriente aparecen como factores globalmente favorables a los objetivos de los trabajadores en el plano internacional.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, y teniendo en cuenta la naturaleza de los gobiernos existentes en Inglaterra, Francia y Alemania en ese momento hist\u00f3rico, las consideraciones estrat\u00e9gicas y geopol\u00edticas no pod\u00edan serlo todo para el autor del <em>Manifiesto comunista<\/em>. Por eso cuando Marx pasa del asunto de la guerra ruso-turca al an\u00e1lisis de las pol\u00edticas de Luis Napole\u00f3n y de Palmerston se sit\u00faa en un plano en el que el tono cambia para convertirse en una acerada cr\u00edtica del bonapartismo y de la doblez del capitalismo colonial. Ambos planos, el geopol\u00edtico \u2013en el que domina la denuncia del expansionismo ruso\u2013 y el de la cr\u00edtica de los gobiernos europeo-occidentales fueron fundi\u00e9ndose hasta dar en un concepto bastante m\u00e1s preciso durante los a\u00f1os de la guerra de Crimea. As\u00ed, cuando finalizada ya aquella guerra, Marx toma conocimiento de la existencia de torturas en la India aplicadas a los ind\u00edgenas por los recaudadores ingleses de impuestos, el \u00faltimo velo sobre la misi\u00f3n civilizadora o recivilizadora del Imperio ingl\u00e9s ha ca\u00eddo.<sup>52<\/sup><\/p>\n<p>En cualquier caso, Rusia fue para Marx en esos a\u00f1os \u2013y seguir\u00eda si\u00e9ndolo luego\u2013 \u00abuna naci\u00f3n conquistadora\u00bb cuya vocaci\u00f3n expansionista tiene ya un antecedente en los tiempos de Sviatislav<sup>53<\/sup>. Frente a la \u00abingenuidad\u00bb con que el <em>Times<\/em> aceptaba en 1853 los argumentos de la diplomacia rusa, Marx aduce los datos siguientes: desde la \u00e9poca de Pedro el Grande las fronteras rusas se hab\u00edan desplazado 1.200 km hacia Berl\u00edn y Viena, 800 km hacia Constantinopla, 1.000 km hacia Estocolmo y 1.600 km hacia Teher\u00e1n<sup>54<\/sup>. Con todo, respecto de los tiempos de Pedro el Grande, Marx ve una novedad que particulariza y complica la naturaleza de este expansionismo ruso. Se trata, naturalmente, de las revoluciones europeas. Teniendo eso en cuenta, el colaborador del <em>New York Daily Tribune<\/em> se pregunta si Rusia act\u00faa por propio impulso o \u00abes s\u00f3lo esclava inconsciente del <em>fatum<\/em> moderno, de la revoluci\u00f3n\u00bb. Y se contesta a s\u00ed mismo que \u00e9l cree esto \u00faltimo<sup>55<\/sup>.<\/p>\n<p>El <em>fatum<\/em> de la revoluci\u00f3n es precisamente el elemento unificador de los dos planos en los que, como se ha dicho, se mov\u00eda el pensamiento de Marx en 1853, pues aparece en primer plano tanto al estimar los obst\u00e1culos que pod\u00edan oponerse entonces al expansionismo ruso como al analizar las debilidades de los gobiernos europeo-occidentales. En efecto, entre los factores que en mayor o menor medida pod\u00edan contribuir a debilitar el impulso conquistador del zarismo ruso, Karl Marx se fij\u00f3 en varios. Algunos de ellos han sido ya aludidos. Otros le fueron sugeridos por el mismo desarrollo militar de la guerra de Crimea. As\u00ed, por ejemplo, cuando la presi\u00f3n anglo-inglesa se hizo m\u00e1s patente no dej\u00f3 de subrayar que entre esos factores estaba el propio tradicionalismo de la pol\u00edtica exterior rusa. Marx estaba pensando en dos cosas. Primera, que la ejecuci\u00f3n estereotipada de la pol\u00edtica expansiva \u2013centrada en el enga\u00f1o, en los subterfugios, en los servicios secretos y en el maniobrerismo diplom\u00e1tico\u2013 tal vez siguiera causando admiraci\u00f3n en las cortes europeo-occidentales de corte igualmente tradicional, o entre periodistas liberales, pero era ya vista como un s\u00edntoma de la barbarie y de la estrechez de miras del sistema zarista por los \u00abmovimientos hist\u00f3ricos de los pueblos europeos\u00bb<sup>56<\/sup>. Segunda, que la rigidez de este sistema iba a impedir el necesario recambio de altos mandos militares obligado por el desenvolvimiento de la guerra<sup>57<\/sup>.<\/p>\n<p>Otro obst\u00e1culo a tener en cuenta en el mismo sentido, entre los enumerados por Marx, fue la incipiente intervenci\u00f3n norteamericana en la pol\u00edtica europea, se\u00f1aladamente en relaci\u00f3n con la cuesti\u00f3n oriental: \u00abEn Beirut los norteamericanos han rescatado a otro refugiado de las garras del \u00e1guila austr\u00edaca. Es alentador ver el comienzo de la intervenci\u00f3n norteamericana en Europa precisamente en ocasi\u00f3n del problema oriental. Adem\u00e1s de los resultados comerciales y militares de la situaci\u00f3n de Constantinopla, hay otras consideraciones importantes que hacen su posesi\u00f3n tema de controversia y disputas entre Oriente y Occidente, y Norteam\u00e9rica es el representante m\u00e1s joven y fuerte de Occidente.\u00bb<sup>58<\/sup><\/p>\n<p>Pero de todos esos factores hay uno que se mantiene invariablemente, la necesidad de la revoluci\u00f3n en Europa. Sobre las posibilidades reales de la misma Marx tuvo durante esos a\u00f1os vacilaciones. Las veremos. Pero antes conviene recapitular sobre su percepci\u00f3n de la situaci\u00f3n europea y mundial, con especial referencia al papel de Rusia en ella.<\/p>\n<p>Derrotadas las revoluciones europeas de 1848-1849, se inicia una fase de reacci\u00f3n pol\u00edtica y social en los pa\u00edses centrales coincidente con un relativo bienestar econ\u00f3mico. Este hecho determina un resurgimiento del expansionismo ruso hacia Oriente, pone en evidencia la debilidad \u2013frente a Rusia\u2013 de los gobiernos europeo-occidentales en general, obstaculiza la misi\u00f3n civilizadora inglesa, condiciona la involuci\u00f3n interna y en pol\u00edtica exterior de la \u00abpatria de las libertades\u00bb, aplaza y complica la unidad e independencia de Alemania, deja en manos del absolutismo zarista la soluci\u00f3n del problema polaco y a\u00f1ade una calamidad m\u00e1s a la ya precaria situaci\u00f3n de las fuerzas revolucionarias derrotadas. Las previsiones que Marx hizo en ese contexto para el futuro pr\u00f3ximo combinan, al parecer, dos opciones. Primera: que la situaci\u00f3n siguiera pudri\u00e9ndose como consecuencia de la misma debilidad de los gobiernos europeo-occidentales y la cuesti\u00f3n oriental se enquistara ante un estado de decadencia de todas las potencias en lucha. Segunda: que una nueva crisis comercial agudizara la debilidad de las potencias occidentales favoreciendo con ello una nueva fase revolucionaria en Europa, tal vez ayudada por la intervenci\u00f3n del \u00abrepresentante m\u00e1s joven y fuerte de Occidente\u00bb, los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica.<\/p>\n<p>La oscilaci\u00f3n entre ambas previsiones es una constante en los art\u00edculos period\u00edsticos de Marx durante esos a\u00f1os. As\u00ed, el 5 de agosto de 1853 escrib\u00eda con esperanzado optimismo: \u00abLas fuerzas revolucionarias tienen que felicitarse ante este estado de cosas [los planes rusos de expansi\u00f3n hacia el Mediterr\u00e1neo y la impotencia de los gobiernos occidentales favorables al <em>status quo<\/em> en Turqu\u00eda]. La humillaci\u00f3n de los gobiernos de Europa occidental y su evidente impotencia para evitar el avance de los rusos no pueden sino producir una sana indignaci\u00f3n en los pueblos que desde 1848 han sufrido el gobierno de la contrarrevoluci\u00f3n. La crisis industrial que se aproxima se ve afectada tambi\u00e9n, y acelerada, tanto por esta complicaci\u00f3n semioriental como por la complicaci\u00f3n completamente orienta] que es China.\u00bb<sup>59<\/sup><\/p>\n<p>Esta dial\u00e9ctica negativa que hace esperar lo mejor de un empeoramiento general de la situaci\u00f3n interna e internacional halla su justificaci\u00f3n en lo que sigue: \u00abSi miramos mejor las causas de la debilidad relativa de Europa occidental podemos alimentar muchas esperanzas. Europa occidental es d\u00e9bil y t\u00edmida porque los gobiernos se sienten ya rebasados por sus pueblos, los cuales no creen en aqu\u00e9llos. Las naciones han ido m\u00e1s lejos que sus gobernantes.[&#8230;] Los pueblos de Occidente recuperar\u00e1n la potencia y la unidad de sus prop\u00f3sitos mientras que el coloso ruso caer\u00e1 deshecho por la progresi\u00f3n de las masas y la fuerza explosiva de las ideas de \u00e9stas. De ah\u00ed que no haya ninguna raz\u00f3n para temer la conquista de Europa por los cosacos\u00bb.<sup>60<\/sup><\/p>\n<p>No obstante, cuando hay que concretar y particularizar m\u00e1s las razones de la esperanza tampoco falta el pesimismo de la inteligencia. No es s\u00f3lo que la Europa del orden, de la familia, de la propiedad y de la religi\u00f3n se muestre impotente porque \u00abest\u00e1 ya podrida\u00bb; la guerra, en opini\u00f3n de Marx, ha puesto tambi\u00e9n de manifiesto que \u00abla naci\u00f3n aparentemente menos contaminada por la civilizaci\u00f3n debilitadora, Rusia, tampoco es capaz de reaccionar\u00bb. De manera \u2013concluye el razonamiento en este paso\u2013 que \u00abtodo se reduce a una cuesti\u00f3n de grados de impotencia\u00bb. De esa inquietante reflexi\u00f3n se sigue, en un art\u00edculo de 1854, que \u00abcon gobiernos as\u00ed\u00bb la guerra de Oriente puede continuar a\u00fan \u00abdurante treinta a\u00f1os m\u00e1s sin llegar a nada\u00bb. Todav\u00eda en 1855, comentando los avatares militares en un art\u00edculo publicado en la <em>Neue Oder-Zeitung<\/em>, Marx consideraba aqu\u00e9lla como una guerra que pasar\u00eda a la historia militar con el nombre de \u00abincomprensible\u00bb por las grandes palabras y las acciones m\u00ednimas, por los preparativos enormes y los resultados insignificantes, por las derrotas deseadas y los malentendidos.<sup>61<\/sup><\/p>\n<p>Incluso la dial\u00e9ctica negativa que en los momentos hist\u00f3ricos malos \u2013y aqu\u00e9l lo era\u2013 permite conservar la esperanza en lo mejor presenta en el Marx de entonces algunos resquicios, aunque no sea m\u00e1s que tentativamente esbozados. Por ejemplo: \u00abLos trabajadores industriales adoptan [en Francia e Inglaterra] la misma peculiar posici\u00f3n respecto de la guerra que sus gobiernos. Los proletarios brit\u00e1nicos y franceses est\u00e1n henchidos de un considerable \u00e1nimo nacional, aunque aparecen m\u00e1s o menos libres de los anticuados prejuicios nacionales que fueron comunes a los campesinos de ambos pa\u00edses\u00bb<sup>62<\/sup>. Pero esta consideraci\u00f3n, que introduce con inquietud lo que con el tiempo acabar\u00eda convirti\u00e9ndose en uno de los obst\u00e1culos principales para la emancipaci\u00f3n proletaria, parecer haber sido s\u00f3lo una moment\u00e1nea sospecha.<\/p>\n<p>Se puede concluir, pues, sobre las opiniones de Marx a mediados de la d\u00e9cada de los cincuenta en el tema que aqu\u00ed nos interesa. Capt\u00f3 lo esencial de la direcci\u00f3n tomada por la pol\u00edtica internacional en la \u00e9poca desvelando con agudeza una constante hist\u00f3rica, la recurrente interrelaci\u00f3n existente entre contrarrevoluci\u00f3n en Occidente y expansionismo ruso hacia Oriente; profundiz\u00f3 el punto de vista democr\u00e1tico y socialista europeo-occidental sobre el papel de la pol\u00edtica exterior de los zares; esboz\u00f3 algunas consideraciones muy notables sobre la distinta funci\u00f3n que las religiones empezaban a tener en su relaci\u00f3n con la pol\u00edtica y la guerra en Oriente y en Occidente<sup>63<\/sup>; dej\u00f3 en claro que el <em>fatum<\/em> moderno, el miedo de los dominadores a la revoluci\u00f3n, estaba haciendo ya sumamente compleja la oposici\u00f3n entre absolutismo zarista y liberalismo europeo-occidental; intuy\u00f3 muy pronto el futuro papel de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica en la pol\u00edtica internacional; y procur\u00f3 informarse acerca de la historia de Rusia para fundamentar con mayor conocimiento de causa el lugar com\u00fan europeo-occidental sobre la trayectoria rectil\u00ednea de la misma.<\/p>\n<p>En esto \u00faltimo, sin embargo, top\u00f3 con varios obst\u00e1culos entre los cuales hay que destacar el desconocimiento generalizado de la sociedad rusa existente por entonces en Occidente y los propios prejuicios, el exceso de los \u00absentimientos alemanes\u00bb que a veces se superpon\u00edan en su actividad pol\u00edtica a la vocaci\u00f3n internacionalista del programa. Tanto los art\u00edculos acerca de la cuesti\u00f3n oriental como las diatribas contra Palmerston y las <em>Revelations<\/em> adolecen de un mismo defecto: se fustiga la omnipotencia del zar y el car\u00e1cter b\u00e1rbaro de su dominaci\u00f3n ilimitada, se comprende la naturaleza semiasi\u00e1tica de aquel estado y el \u00abperfume equ\u00edvoco\u00bb de los despachos secretos de los diplom\u00e1ticos rusos, pero se ignora casi todo de la estructura social rusa. Rusia, en esta visi\u00f3n de Marx, <em>no ten\u00eda propiamente historia<\/em><sup>64<\/sup>. Por eso \u00e9l mismo pudo escribir poco tiempo despu\u00e9s, con motivo de la emancipaci\u00f3n de los siervos, que entonces s\u00ed comenzaba la historia interior de aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>Este desconocimiento de la sociedad rusa y de la incipiente oposici\u00f3n existente en ella a la tiran\u00eda zarista \u2013con sus consecuencias sin duda negativas para una estimaci\u00f3n prospectiva\u2013 salta a la vista, como se adelantaba antes, cuando se comparan los ensayos citados con otros trabajos sociohist\u00f3ricos del propio Marx escritos durante esos mismos a\u00f1os, por ejemplo, con sus juicios sobre Alemania, con su an\u00e1lisis de las luchas de clases en Francia o con los art\u00edculos sobre Espa\u00f1a. Mientras en estos \u00faltimos encontramos informaci\u00f3n particularizada acerca del papel espec\u00edfico de los ej\u00e9rcitos, de las formaciones pol\u00edticas, de las clases sociales, de las instituciones alemanas, francesas, inglesas o espa\u00f1olas m\u00e1s caracter\u00edsticas, las referencias a Rusia no rebasan por lo general los t\u00f3picos una y otra vez repetidos por la intelectualidad democr\u00e1tica europeo-occidental de entonces (incluyendo las citas de ritual de la <em>Historia de Rusia<\/em> de N. M. Karamzin para apoyar la idea de la inmutabilidad de la pol\u00edtica rusa). Rusia es, en suma, para el Marx de aquellos a\u00f1os primero y principalmente su pol\u00edtica militar y diplom\u00e1tica, luego y secundariamente una masa sumisa, servil y b\u00e1rbara que s\u00f3lo cuenta como base de maniobra para los planes militares del Gran Zar.<\/p>\n<p>Muchos de los lugares comunes europeo-occidentales sobre la Rusia eterna, ignorancias propias de una visi\u00f3n etnoc\u00e9ntrica y que motivaron con raz\u00f3n la queja de Herzen y \u2013tal vez con menos raz\u00f3n\u2013 los sarcasmos de Dostoiewski,<sup>65<\/sup> se hallan efectivamente dispersos en los trabajos de este Marx admirador de la pol\u00edtica exterior \u00abrevolucionaria\u00bb de los urquhartistas: la duda ret\u00f3rica acerca de si Rusia existe realmente puesta en boca de los historiadores, el esquematismo simplificador sobre el \u00abb\u00e1rbaro de las nevadas orillas del Neva\u00bb, el reduccionismo acerca del moscovita bajo cuya piel \u00abse oculta el t\u00e1rtaro\u00bb, la sospecha de que en todo ruso europeizado se esconde un esp\u00eda al servicio del zar, la idea de que \u00e9ste es un pueblo sin honor que ha entrado indirecta e injustamente en la civilizaci\u00f3n occidental de la mano de ingenuos diplom\u00e1ticos ingleses y franceses o gracias a la sabidur\u00eda maquiav\u00e9lica de gentes de otros or\u00edgenes, como Pozzo di Borgo, que pusieron su genio aJ servicio de ]a m\u00e1s b\u00e1rbara de las dominaciones, etc. El Marx de los a\u00f1os cincuenta, como 1a gran mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos, no ten\u00eda a\u00fan ni noticia de la otra cara de Rusia, de lo que se estaba moviendo en el subsuelo y de los or\u00edgenes de una historia interior de la sociedad civil, de la intelectualidad ilustrada, de los primeros socialistas, del c\u00edrculo Petrachevski, del papel de la revista <em>Sovremennik<\/em>, del cambio de orientaci\u00f3n \u2013en un sentido liberal\u2013 de la <em>Ot\u00e9chestvennie Zapiski<\/em>, de los primeros ensayos de Chernichevski.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, pudo haber conocido todo eso a trav\u00e9s de Herzen, quien en 1852 viv\u00eda en Londres no demasiado lejos de la casa de los Marx. Por ello, tambi\u00e9n respecto del Marx de esos a\u00f1os, vale el reproche que el revolucionario ruso hiciera al historiador franc\u00e9s Jules Michelet: \u00abEuropa no conoce a este pueblo m\u00e1s que por una lucha de la que \u00e9l sali\u00f3 vencedor. [&#8230; ] Actualmente las cosas han cambiado mucho y esta ignorancia soberbia no tiene ya raz\u00f3n de ser en Europa.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>2. De la emancipaci\u00f3n de los siervos a la guerra ruso-turca de 1877-1878<\/h3>\n<p style=\"text-align: right; padding-left: 240px;\">La historia es para nosotros como una vieja abuela que siente un gran amor por sus nietos m\u00e1s peque\u00f1os. <em>Tarde venientibus<\/em> no les da los huesos, sino <em>medullan ossium<\/em> para romper los cuales Europa occidental tuvo antes que desollarse las manos.<br \/>\nN. G. CHERNICHEVSKI<\/p>\n<p><strong>El comienzo de la historia interior rusa<\/strong><\/p>\n<p>La muerte de Nicol\u00e1s I en 1855, las expectativas creadas por el ascenso al trono de Alejandro II y el inicio del gran debate acerca de la abolici\u00f3n de la servidumbre \u2013hechos que se producen en un momento hist\u00f3rico en el cual la potencia militar del imperio ruso hab\u00eda quedado quebrantada por la conclusi\u00f3n de la guerra de Crimea\u2013 atrajeron, como se ha dicho ya, la atenci\u00f3n de Karl Marx hacia los acontecimientos internos de aquel pa\u00eds. Por primera vez algo parec\u00eda moverse en una sociedad a la que anteriormente hab\u00eda considerado como marcada por una continuidad sin fisuras. En efecto, en 1857 el nuevo zar pronunciaba ante la nobleza de Mosc\u00fa las palabras habituales de quienes presienten el peligro: \u00abEs preferible que las transformaciones se hagan desde arriba a que tengan que producirse por presi\u00f3n de los de abajo\u00bb. Lo que Herzen llevaba anunciando en su exi1io desde principios de la d\u00e9cada de los cincuenta parec\u00eda a punto de materializarse en aquellos a\u00f1os. En tal contexto Marx escrib\u00eda a Engels el 29 de abril de 1859: \u00abEl movimiento en favor de la emancipaci\u00f3n de los siervos en Rusia me parece importante porque saca a la luz el comienzo de una historia interior en el pa\u00eds que podr\u00eda contrarrestar su tradicional pol\u00edtica exterior\u00bb<sup>66<\/sup>.<\/p>\n<p>Por aquellas fechas las noticias de Rusia empezaban a llegar a Londres con regularidad. Herzen y Ogar\u00ebv publicaban los primeros n\u00fameros de <em>Kolokol<\/em> y la relaci\u00f3n de los exiliados con los intelectuales dem\u00f3cratas de Mosc\u00fa y Petersburgo se hac\u00eda m\u00e1s fluida.<sup>67<\/sup> Las esperanzas \u2013y todo hay que decirlo: tambi\u00e9n no pocas ilusiones infundadas\u2013 sobre el futuro inmediato de la sociedad rusa ganaron terreno en Europa occidental. Simult\u00e1neamente las obras de Proudhon, de Massini y de Garibaldi empezaban a difundirse en las universidades y por las principales revistas publicadas en Rusia. Marx segu\u00eda, no obstante, distanci\u00e1ndose de la visi\u00f3n de Herzen y de la interpretaci\u00f3n que \u00e9ste hizo de los acontecimientos. As\u00ed, en la misma carta antes citada, luego de apuntar aquel comienzo de una \u00abhistoria interior\u00bb, a\u00f1ad\u00eda con cierta sorna: \u00abNaturalmente, Herzen ha hecho una vez m\u00e1s el descubrimiento de que la libertad ha emigrado de Par\u00eds a Mosc\u00fa\u00bb. De manera, pues, que aun reconociendo que entonces pod\u00eda hablarse ya de una historia interior en Rusia, el motivo contin\u00faa siendo en sustancia el mismo que durante los a\u00f1os anteriores: la distinta forma de ver el papel hist\u00f3rico de Rusia en su relaci\u00f3n con Europa occidental y, particularmente, con el futuro de Alemania. La acritud de esta discrepancia -que domin\u00f3 siempre por encima de tantas otras opiniones compartidas- se entender\u00e1 mejor si se tiene en cuenta que Marx consideraba entonces el despotismo ruso como un rasgo asi\u00e1tico parcialmente contagiado a los alemanes por la debilidad de sus clases dirigentes, mientras que Herzen pensaba que la aristocracia rusa y su tendencia al absolutismo eran una herencia de los t\u00e1rtaros reforzada por la influencia alemana en las capas superiores de la burocracia rusa<sup>68<\/sup>.<\/p>\n<p>Pero, como suele ocurrir, las radicales diferencias de talante enraizadas en dos formas tan distintas de vivir el sentimiento nacional encontraron en los acontecimientos cotidianos \u2013y en las grandes fechas hist\u00f3ricas, sobre todo\u2013 materia para su profundizaci\u00f3n. A finales de la d\u00e9cada de los cincuenta Herzen, y con \u00e9l la mayor\u00eda de los dem\u00f3cratas rusos de esa \u00e9poca, pon\u00eda todo el acento en las consecuencias que el cambio que estaba anunci\u00e1ndose tendr\u00eda en el conjunto de la sociedad rusa; Marx, como se ve por la carta de junio a Engels, apuntaba principalmente a las repercusiones internacionales \u2013europeas\u2013 de aquellos acontecimientos internos. En una nueva carta a Engels escrita el 8 de octubre de 1858 queda a\u00fan m\u00e1s de manifiesto esta prioridad. Marx, quien durante todo el a\u00f1o anterior hab\u00eda considerado inminente una crisis comercial aguda, constata el nuevo giro expansivo que empieza a tomar el comercio mundial del momento y encuentra razones de consuelo para la voluntad de los socialistas europeos en lo que era ya para \u00e9l \u00ab<em>un comienzo de la revoluci\u00f3n en Rusia<\/em>\u00bb, entendiendo por tal la convocatoria de los nobles por el zar Alejandro II en Petersburgo. Luego de lo cual vuelve a su preocupaci\u00f3n mayor: \u00abPor malsana que fuera la guerra rusa de 1854-1855 y por m\u00ednimos que hayan sido los da\u00f1os causados a los rusos (s\u00f3lo los turcos han salido perdiendo), lo cierto es que ha provocado con toda evidencia el actual cambio en Rusia. La \u00fanica circunstancia que ha hecho de los alemanes sat\u00e9lites de Francia en su movimiento revolucionario fue la actitud de Rusia. Una vez desencadenado el movimiento interior en Moscovia est\u00e1 a punto de acabar esta pesadilla.\u00bb<sup>69<\/sup><\/p>\n<p>As\u00ed pues, los nuevos vientos que llegaban del Este iban a proporcionar a los revolucionarios alemanes, en opini\u00f3n de Karl Marx, la oportunidad hist\u00f3rica \u00fanica de liberarse al mismo tiempo de las dos influencias contrapuestas que marcaron la evoluci\u00f3n anterior de Alemania, la rusa y la francesa. Los hechos parec\u00edan hacer plausibles las expectativas de un punto de vista alem\u00e1n que en su vocaci\u00f3n internacionalista recogiera la herencia democr\u00e1tica de la Ilustraci\u00f3n y el talante rebelde del primer romanticismo sin hacer concesi\u00f3n pol\u00edtica alguna al liberalismo ni a la reacci\u00f3n. Pero ya en ese mismo contexto Marx plantea el que habr\u00eda de ser problema central del movimiento revolucionario, su mundializaci\u00f3n, esto es, <em>el hecho de que tal movimiento fuera a producirse en un marco internacional caracterizado a la vez por la creaci\u00f3n de un mercado mundial y por el enorme desfase existente desde el punto de vista econ\u00f3mico y cultural entre el continente europeo y el resto del mundo<\/em>. Marx alude a este problema en 1858 calific\u00e1ndolo como \u00abla cuesti\u00f3n dif\u00edcil\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, aunque la revoluci\u00f3n se presenta como inminente en Europa y en la previsi\u00f3n de que \u00e9sta tomara en seguida un car\u00e1cter socialista \u2013argumenta\u2013 hay que preguntarse \u00absi no ser\u00e1 aplastada necesariamente en este peque\u00f1o espacio teniendo en cuenta que en un terreno mucho m\u00e1s amplio el movimiento de la sociedad burguesa es a\u00fan ascendente\u00bb<sup>70<\/sup>. Los factores que entonces entraban en la consideraci\u00f3n de Marx eran sin duda complejos, nada f\u00e1ciles de pensar en su interrelaci\u00f3n: de un lado estaba la reciente crisis econ\u00f3mica de 1857, manifiesta en Europa y con amplias repercusiones internacionales; de otro lado, las potenciales consecuencias del camino emprendido por Alejandro II en Rusia para la configuraci\u00f3n pol\u00edtica de Europa; junto a ello el crecimiento de la pasi\u00f3n revolucionaria en pa\u00edses europeos que llegaban tarde a la industrializaci\u00f3n, se\u00f1aladamente Italia y Espa\u00f1a; y, por \u00faltimo (pero tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con lo anterior en la medida en que estaba configur\u00e1ndose un mercado mundial), la presencia norteamericana en la pol\u00edtica internacional y las resistencias surgidas en la India y en China ante la expansividad del proceso colonizador de la sociedad burguesa.<sup>71<\/sup> Se comprende que Marx viera a veces este conjunto por aquellos a\u00f1os como \u00abuna extra\u00f1a \u00e9poca\u00bb y algunos de los acontecimientos que les toc\u00f3 vivir a sus contempor\u00e1neos como \u00abuna extra\u00f1a tragedia\u00bb. Pero conviene ir por partes.<\/p>\n<p>A la cuesti\u00f3n de la emancipaci\u00f3n de los siervos en Rusia dedic\u00f3 Marx varios art\u00edculos publicados en el <em>New York Daily Tribune<\/em>, uno de ellos aparecido como editorial sin t\u00edtulo en 1858 y al menos otros dos como corresponsal\u00edas fechadas a finales de ese mismo a\u00f1o y a principios del siguiente. En el primero de estos escritos<sup>72<\/sup> Marx constataba la oposici\u00f3n inicial de la mayor\u00eda de la nobleza rusa \u2013entonces encabezada por el gran duque Constantino\u2013 a los designios liberalizadores del zar, estimaba que la fracci\u00f3n favorable a la abolici\u00f3n de la servidumbre era poco importante, adem\u00e1s de hallarse internamente dividida, e indicaba las -en su opini\u00f3n- razones principales del malestar y de las vacilaciones entre los nobles: temor a la p\u00e9rdida de rentas adquiridas, preocupaci\u00f3n por la desvalorizaci\u00f3n de las tierras y miedo a la consiguiente limitaci\u00f3n del poder con que esta clase social hab\u00eda contado anteriormente.<sup>73<\/sup> Tal estado de cosas pod\u00eda entenderse sin dificultades como la reproducci\u00f3n tard\u00eda de un conflicto perfectamente conocido en Europa occidental: \u00abNo se puede liberar a la clase oprimida sin perjudicar a la clase que vive de esta opresi\u00f3n y sin quebrantar al mismo tiempo toda la sobrestructura del Estado que descansa en una base social tan miserable\u00bb.<\/p>\n<p>Pero si \u00e9sta es una constante que en formas por lo dem\u00e1s muy similares se repite a lo largo de la historia europea y, a\u00fan m\u00e1s en general, en la historia de todos los pueblos \u2013una constante de la que Marx encontrada f\u00e1cilmente numerosos ejemplos anteriores\u2013, hay junto a ella una particularidad que distingu\u00eda a la situaci\u00f3n rusa de entonces. Karl Marx la formula en los siguientes t\u00e9rminos. Mientras que los gobiernos europeos se vieron obligados a abolir la servidumbre como consecuencia de revoluciones surgidas de lo hondo de la sociedad o por efecto de las guerras, en Rusia el problema se estaba planteando sencillamente corno una cuesti\u00f3n de Estado. Y puesto que en este caso no hab\u00eda existido un movimiento revolucionario previo -argumenta el colaborador del <em>New York Daily Tribune<\/em>&#8211; se explica que algunos tiendan a pensar que las medidas propuestas por Alejandro II eran sin m\u00e1s la confirmaci\u00f3n del supuesto talante humanitario del zar. Marx descarta tal hip\u00f3tesis por ingenua<sup>74<\/sup> y aduce que la raz\u00f3n de Estado se impone en la situaci\u00f3n rusa de entonces condicionada por el endeudamiento que sigui\u00f3 a la guerra de Crimea as\u00ed como por los conatos insurreccionales que tuvieron lugar en las provincias polacas del Imperio. El art\u00edculo se cierra con un interrogante acerca de lo que podr\u00eda llegar a ocurrir en Rusia si los nobles se atrevieran en 1858 a poner como requisito previo para abolir la servidumbre su propia emancipaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>La diatriba marxiana contra la ingenuidad liberal y frente a la falta de memoria hist\u00f3rica en la interpretaci\u00f3n de los acontecimientos rusos es un aspecto que conviene no perder de vista. Pues, efectivamente, durante aquellos meses una buena parte del campesinado ruso acept\u00f3 la idea del talante humanitario de Alejandro II. Franco Venturi ha reproducido una de las muchas an\u00e9cdotas reveladoras al respecto: en los distritos de Ekaterinoslav y de Jerson corr\u00eda de boca en boca el rumor de que el zar esperaba en el istmo de Perekop con un sombrero de oro para conceder la libertad a todos los que se apresuraran en llegar hasta all\u00ed mientras que quienes no se presentaran o llegaran tarde seguir\u00edan siendo siervos de los se\u00f1ores, como antes. La an\u00e9cdota revela, entre otras cosas, la distinci\u00f3n que los campesinos sol\u00edan establecer entre el zar y los se\u00f1ores de la tierra. Pero la diatriba de Marx cobra otro inter\u00e9s si se tiene en cuenta que, con matices, esa misma idea respecto del talante humanitario de Alejandro II estaba igualmente extendida en los medios democr\u00e1ticos e ilustrados tanto en Rusia como en Europa Occidental. Cuando en los meses que hacen de gozne entre 1857 y 1858 fueron publicadas las medidas preparatorias para la emancipaci\u00f3n de los siervos, Aleksandr Herzen escribi\u00f3 desde Londres un \u00abVenciste, Galileo\u00bb en el que alababa al zar y promet\u00eda ayuda a los nuevos liberadores. Y Chernichevski \u2013aunque \u00e9l por menos tiempo que Herzen\u2013 pensaba algo parecido y lo escrib\u00eda en la propia Rusia: \u00abLa bendici\u00f3n prometida a los pac\u00edficos y a los humildes coronar\u00e1 a Alejandro II con un gozo que no conoci\u00f3 ninguno de los gobiernos de Europa, el gozo de iniciar y cumplir, \u00e9l solo, la liberaci\u00f3n de sus s\u00fabditos\u00bb.<sup>75<\/sup><\/p>\n<p>Marx, por su parte, no lleg\u00f3 nunca a creer en el buen fin de aquella transformaci\u00f3n social desde arriba. Y es de suponer que esta diferencia de apreciaci\u00f3n le alejara a\u00fan m\u00e1s de Herzen, cuyo posibilismo en cierto modo legalista durante aquellos meses de 1858 y 1859 provocar\u00eda incluso un enfrentamiento con Chernichevski. Este \u00faltimo corrigi\u00f3 muy pronto su elogio de la bendici\u00f3n prometida a los pac\u00edficos e inspir\u00f3 casi con toda seguridad una carta enviada desde el interior de Rusia a <em>Kolokol<\/em> en la que se criticaba duramente a Herzen, se denunciaban las ilusiones liberales y se hac\u00eda una prognosis de los acontecimientos futuros sorprendentemente pr\u00f3xima a la que encontraremos en Marx: \u00abUsted, impresionado por la voz de los liberales, tras los primeros n\u00fameros de <em>Kolokol<\/em>, ha cambiado de tono, ha entonado la canci\u00f3n que desde hace cientos de a\u00f1os est\u00e1 arruinando a Rusia. No, no cabe olvidar ni por un instante que Alejandro II es el zar, el aut\u00f3crata [&#8230; ] Bien lo ver\u00e1 cuando este Alejandro II ense\u00f1e los dientes de Nicol\u00e1s. No se deje enga\u00f1ar por la ch\u00e1chara acerca de nuestro progreso: seguimos estando donde est\u00e1bamos antes [&#8230;] No, nuestra situaci\u00f3n es horrible, insoportable, y s\u00f3lo el hacha de los campesinos puede salvarnos. Nada, salvo ese hacha, servir\u00e1 de nada. Esta idea ya se la han expuesto a usted, al parecer, y es sumamente verdadera; no hay otra salvaci\u00f3n. Usted hizo todo lo posible para colaborar a una soluci\u00f3n del problema; cambie ahora de tono. Que su <em>Campana<\/em> [<em>Kolokol<\/em>] no llame a oraci\u00f3n, sino que toque a rebato. Llame a las hachas de Rusia.\u00bb<sup>76<\/sup><\/p>\n<p>La controversia que abre este texto nos pone ya en el camino de la comprensi\u00f3n de un hecho que suele sorprender, a saber: \u00bfpor qu\u00e9 critic\u00f3 Marx con tanta acritud a Herzen en la d\u00e9cada de los cincuenta y en cambio, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, alab\u00f3 tanto a Chernichevski, el cual ha sido considerado en ciertos aspectos como un continuador de la obra iniciada por aqu\u00e9l y con el que comparti\u00f3 tantas cosas esenciales sobre el futuro de Rusia? Desde luego no es s\u00f3lo la coincidencia antiliberal en la previsi\u00f3n desde 1858 acerca de1as consecuencias de la reforma rusa lo que permite explicar ese dato que tanto ha dado que pensar a te\u00f3ricos e historiadores; concurren otros factores que habr\u00e1 que analizar con m\u00e1s detalle. Pero no cabe duda de que en esta coincidencia \u2013todav\u00eda muy gen\u00e9rica y fruto por lo dem\u00e1s de dos reflexiones paralelas que a\u00fan no ten\u00edan forma de contactar\u2013 podemos encontrar uno de los hilos a trav\u00e9s de los cuales se sale de ese laberinto de paradojas que fue la relaci\u00f3n de Marx con los revolucionarios rusos de las d\u00e9cadas siguientes. Sirva esto, en cualquier caso, para introducir la hip\u00f3tesis de que la inflexi\u00f3n del viejo Marx en este tema no se debi\u00f3 solamente -como se ha pretendido con frecuencia- a meras concesiones pol\u00edticas, coyunturales, hechas a los populistas. El acercamiento mutuo, primero de los populistas a Marx y luego de \u00e9ste a aqu\u00e9llos, tiene su origen en el simult\u00e1neo distanciamiento de los revolucionarios rusos de los a\u00f1os sesenta respecto del optimismo, en cierto modo resignado, de Herzen<sup>77<\/sup>.<\/p>\n<p>Volviendo ahora a los acontecimientos de 1858-1859, vale la pena a\u00f1adir que la comparaci\u00f3n entre el debate ruso acerca de la abolici\u00f3n de la servidumbre y el pre\u00e1mbulo de la revoluci\u00f3n francesa de 1789 \u2013comparaci\u00f3n esbozada por Marx en su colaboraci\u00f3n anterior\u2013 vuelve a aparecer de forma a\u00fan m\u00e1s impl\u00edcita en el n\u00famero del <em>New York Daily Tribune<\/em> correspondiente al 17 de enero de 1859. En esta nueva entrega Karl Marx enumera los principales criterios establecidos por la Comisi\u00f3n Central Imperial creada al efecto, analiza tales criterios como una reafirmaci\u00f3n del poder administrativo frente a la nobleza y concluye no sin cierta iron\u00eda: \u00abLa nobleza rusa no piensa que haya llegado su 4 de agosto [de 1789]; en cambio el gobierno ruso avanza mucho m\u00e1s r\u00e1pidamente y llega a la \u00abdeclaraci\u00f3n de los derechos del hombre\u00bb\u00bb<sup>78<\/sup>. Pero este desfase entre la aceleraci\u00f3n del proyecto reformista gubernamental y las reticencias retardadoras de la nobleza no hay que valorarlo s\u00f3lo en relaci\u00f3n con cosas del pasado, como la conocida y recurrente resistencia de las clases dominantes a ceder parcelas del propio\u00b7 poder, ni tampoco exclusivamente en relaci\u00f3n con el secular atraso ruso por comparaci\u00f3n con Europa occidental. Junto a estos factores Marx no deja de subrayar un hecho relativamente nuevo: el reflejo en el absolutismo ruso de una inquietante orientaci\u00f3n de \u00e9poca en cierto modo inaugurada por el papa P\u00edo IX al ponerse en 1846, a la cabeza de un movimiento liberal.<\/p>\n<p>Esta nueva entrega, adem\u00e1s de ilustrar c\u00f3mo el colaborador de <em>New York Daily Tribune<\/em> ha mejorado su informaci\u00f3n sobre Rusia, revela que Karl Marx ten\u00eda presente en tales circunstancias el car\u00e1cter singular \u2013y en parte inesperado\u2013 de las maniobras conservadoras que desde 1848 estaban realizando los poderes pol\u00edtico y religioso en varios pa\u00edses europeos para mantener las relaciones de propiedad cubri\u00e9ndose con el lenguaje del liberalismo. El papado fue en esto, como en tantas otras cosas, un adelantado. Pero la finalidad del encubrimiento era ya meridiana en Europa: evitar las revoluciones, la liberaci\u00f3n de los de abajo por ellos mismos. Por tanto, lo que en 1859 estaba ocurriendo en Rusia se parec\u00eda a lo ocurrido en Francia durante el siglo XVIII, pero tambi\u00e9n ten\u00eda rasgos de la contemporaneidad europeo-occidental. De ah\u00ed que Marx pudiera escribir que el comienzo de la historia interior en Rusia estaba deparando a los ciudadanos de Europa (que vieron siempre en aquel pa\u00eds el baluarte de la contrarrevoluci\u00f3n) \u00abla vivencia de una extra\u00f1a \u00e9poca\u00bb. Pues extra\u00f1o ten\u00eda que parecer, sin duda, para el europeo-occidental el hecho de que \u00abel d\u00e9spota de todos los rusos\u00bb se presentara en aquellas circunstancias como \u00abpalad\u00edn de los derechos del hombre\u00bb.<sup>79<\/sup><\/p>\n<p>Tal vez tenga inter\u00e9s indicar, por otra parte, que esta sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza del revolucionario europeo-occidental habituado a juzgar los acontecimientos nuevos con criterios axiol\u00f3gicos derivados de los ejemplos franc\u00e9s e ingl\u00e9s enlaza con aquel cabo suelto que es la primera formulaci\u00f3n marxiana de la \u00abcuesti\u00f3n dif\u00edcil\u00bb, a la cual se ha hecho antes referencia. Esta sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza reaparece con mayor rotundidad a\u00fan en un art\u00edculo escrito por las mismas fechas y que versa sobre la evoluci\u00f3n del comercio del opio en China. En este caso la reflexi\u00f3n de Marx abandonaba del todo aquel olimpismo goethiano aplicado a la historia universal con que en otra oportunidad valor\u00f3 el conflicto entre la civilizaci\u00f3n europea y las culturas orientales colonizadas. El acento cae ahora sobre la naturaleza tr\u00e1gica de una pugna que ser\u00eda hist\u00f3rica: \u00abQue un imperio gigante [China], cuya poblaci\u00f3n constituye casi una tercera parte de la raza humana, vegete a despecho del esp\u00edritu del tiempo, aislado, por exclusi\u00f3n violenta, del sistema de relaciones mundiales y se las ingenie para enga\u00f1arse con las ilusiones de su perfecci\u00f3n celeste, que tal imperio \u2013digo\u2013 deba perecer finalmente en un duelo mortal en el que el representante del mundo caduco est\u00e1 impulsado por motivos \u00e9ticos, mientras que el representante de la modern\u00edsima sociedad [Inglaterra] lucha por el privilegio de comprar en los mercados m\u00e1s baratos y vender en los m\u00e1s caros, <em>esto es verdaderamente una tragedia m\u00e1s extra\u00f1a de lo que un poeta hubiera osado imaginar alguna vez.<\/em>\u00bb<sup>80<\/sup><\/p>\n<p>Extra\u00f1a tragedia, sin duda, la de culturas que afirmando el ideal moral son derrotadas a manos de la mercantilizaci\u00f3n que se impone como esp\u00edritu del tiempo; extra\u00f1a \u00e9poca aquella que pasar\u00eda a la historia de Rusia con el significativo r\u00f3tulo de per\u00edodo del <em>laisser-faire doctrinario<\/em>;<sup>81<\/sup> y dif\u00edcil problema el de decidir en tales circunstancias qu\u00e9 iba a ser de la revoluci\u00f3n socialista europea, c\u00f3mo pensarla en un concepto que manteniendo la centralidad sociopol\u00edtica de \u00ablo europeo\u00bb no se limitara a levantar acta \u2013con sorpresa o con extra\u00f1eza\u2013 del inevitable destino tr\u00e1gico de las viejas culturas que conservan la moralidad o del catastr\u00f3fico hundimiento del Imperio ruso justo cuando parece a punto de comenzar una nueva historia. Pues debe observarse que cuando en ese contexto \u2013en el que vemos agrietarse la concepci\u00f3n euroc\u00e9ntrica dominante\u2013 Marx se refer\u00eda al comienzo de la \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb rusa no estaba pensando en una resoluci\u00f3n, por as\u00ed decirlo, <em>positiva<\/em> del conflicto social que resultara favorable a los sectores secularmente expoliados y oprimidos por el absolutismo. En estas fechas el proletariado industrial era una peque\u00f1a minor\u00eda de la poblaci\u00f3n rural<sup>82<\/sup>; y, por otra parte, las dos fuerzas sociales que hipot\u00e9ticamente pod\u00edan contar para una resoluci\u00f3n interna as\u00ed \u2013el campesinado y la intelectualidad\u2013 ni siquiera han entrado todav\u00eda en la consideraci\u00f3n de Marx. Por consiguiente, el desenlace de la crisis que \u00e9l ten\u00eda en mente parece consistir por el momento en el <em>hundimiento<\/em> del Imperio ruso, algo parecido a una cat\u00e1strofe natural a la que vagamente ten\u00edan que contribuir las disensiones entre la nobleza y el zar; si este hundimiento as\u00ed entendido pod\u00eda ser visto como un desarrollo positivo, ello se debe a que la reflexi\u00f3n marxiana est\u00e1 adoptando una \u00f3ptica hist\u00f3rico-universal que da la primac\u00eda a la <em>repercusi\u00f3n externa<\/em> de aquella eventualidad, esto es, a la posibilidad de que el hundimiento del Imperio ruso facilitara la revoluci\u00f3n europeo-occidental mejorando las condiciones de maduraci\u00f3n de esta \u00faltima.<\/p>\n<p>Para entender mejor tal punto de vista debe recordarse que el an\u00e1lisis de Marx sobre el comienzo de la historia interior rusa es contempor\u00e1nea de la redacci\u00f3n del borrador conocido con el t\u00edtulo de <em>L\u00edneas fundamentales para una cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em>. Se trata, pues, de una \u00e9poca en la cual revive en Marx el inter\u00e9s por la filosof\u00eda de Hegel. Como ha escrito Manuel Sacrist\u00e1n, \u00abla productividad de la negatividad en la dial\u00e9ctica hegeliana permit\u00eda insertar en el marco del optimismo hist\u00f3rico todos los horrores debidos al hecho de que el movimiento avanza por su lado malo\u00bb.<sup>83<\/sup> En efecto, el tratamiento marxiano de la cuesti\u00f3n rusa en relaci\u00f3n con la perspectiva de la revoluci\u00f3n europeo-occidental confirma esta sugerencia y documenta tambi\u00e9n el \u00edmpetu a la vez \u00abcautivador\u00bb y \u00abparcial\u00bb (euroc\u00e9ntrico) de la visi\u00f3n marxiana as\u00ed establecida. Al mismo tiempo, sin embargo, la necesidad de dar cuenta de los problemas y aspiraciones de los sujetos sociales, en la particular circunstancia rusa obligar\u00e1 a Marx a matizar y relativizar, ya en 1859, su propia perspectiva sobre la productividad de la negatividad; lo cual ratifica, por otra parte, la intuici\u00f3n gramsciana acerca de los distingos introducidos por el Marx historiador y publicista.<\/p>\n<p>Cuando Marx empez\u00f3 a ocuparse del comienzo de la historia interior rusa no ten\u00eda, al parecer, informaci\u00f3n precisa acerca del estado de \u00e1nimo de los campesinos rusos ante el anuncio de las medidas reformadoras. Adem\u00e1s, su mala relaci\u00f3n con el c\u00edrculo de Herzen en Londres le imped\u00eda seguir con suficiente conocimiento de causa el debate jur\u00eddico-pol\u00edtico que durante aquellos meses estaba centr\u00e1ndose en los rasgos espec\u00edficos que habr\u00eda de tener el rescate a pagar por los siervos a sus antiguos amos. Por estas razones, si bien el juicio de Marx se libr\u00f3 de no pocos formalismos del tipo de los de <em>Kolokol<\/em> \u2013formalismos que a la postre, todo hay que decirlo, resultar\u00edan in\u00fatiles\u2013 tuvo en cambio que cabalgar todav\u00eda sobre analog\u00edas establecidas a partir de lo que fue el siglo XVII para Inglaterra y el siglo XVIII para Francia. En tal sentido, por ejemplo, en la tercera entrega mencionada, Marx compara el documento del comit\u00e9 de nobles de Petersburgo con la <em>petition of rights<\/em> que el Parlamento ingl\u00e9s present\u00f3 al rey Carlos I el 28 de mayo de 1628 o con la actuaci\u00f3n de la aristocracia francesa en 1788. Pero ya la continuaci\u00f3n de ese mismo paso, al plantearse la pregunta que estaba en la cabeza de tantas gentes \u2013\u00bfqu\u00e9 piensan los principales afectados por las medidas emancipatorias?, \u00bfqu\u00e9 piensan los campesinos rusos?\u2013, empuja el razonamiento de Marx por otros derroteros.<sup>84<\/sup><\/p>\n<p>Lo primero que llama la atenci\u00f3n en el texto que ahora comentamos es que, al introducir la consideraci\u00f3n sobre las expectativas del campesinado ruso, las anteriores analog\u00edas hist\u00f3ricas se van desplazando preferentemente hacia el 1793 franc\u00e9s. Esto no tiene por qu\u00e9 interpretarse en el sentido de que Marx estableci\u00f3 un s\u00edmil mec\u00e1nico entre las situaciones respectivas de los campesinos franceses de entonces y de los campesinos rusos de 1859. La analog\u00eda se refiere m\u00e1s bien a las expectativas creadas por promesas de liberaci\u00f3n parcialmente incumplidas. De ah\u00ed que la previsi\u00f3n de Marx apuntara propiamente a un 1793 <em>ampliado<\/em>. Atendiendo al hecho de que durante largo tiempo la existencia toda de los siervos estuvo marcada por la intensidad de la asociaci\u00f3n rural, por un casi total desconocimiento de lo que pod\u00eda ser la propiedad individual de la tierra y por la creencia \u2013parcialmente religiosa\u2013 en el car\u00e1cter autosuficiente de la comuna rural desde el punto de vista administrativo, la argumentaci\u00f3n de Marx concluye afirmando que el campesinado ruso acabar\u00eda rechazando tambi\u00e9n el proyecto del zar. Pues en opini\u00f3n de Marx el peso de aquellas tradiciones y la consiguiente aspiraci\u00f3n de los campesinos a que la propiedad del suelo siguiera siendo cosa de la comuna se estaban configurando ya como un enorme obst\u00e1culo para la materializaci\u00f3n de la reforma, de manera que, incluso en el caso de que Alejandro II lograra solventar otras resistencias y finalmente el decreto emancipador viera la luz, los principales afectados acabar\u00edan viendo el verdadero rostro de aqu\u00e9lla: un sistema patrimonial en manos del terrateniente cuyo modelo m\u00e1s pr\u00f3ximo era la legislaci\u00f3n agraria prusiana de 1808-1809, iniciada bajo la presi\u00f3n de los ej\u00e9rcitos napole\u00f3nicos.<sup>85<\/sup><\/p>\n<p>\u00c9sta es la primera vez \u2013que yo sepa\u2013 en que la sociedad rusa, \u00abla otra Rusia\u00bb, sus gentes, sus tradiciones campesinas, sus necesidades hist\u00f3ricas opuestas al Estado absolutista entran en la consideraci\u00f3n de Marx con una cierta especificidad. Y es de notar que de ello el colaborador de <em>New York Daily Tribune<\/em> hace seguir una anticipaci\u00f3n muy parecida a la expresada en la carta cr\u00edtica an\u00f3nimamente dirigida a <em>Kolokol<\/em>, a saber: que aun en el caso de que la nobleza no se atreviera a llegar a la oposici\u00f3n abierta dando un sesgo de autonom\u00eda pol\u00edtica a las medidas propugnadas por el Comit\u00e9 de Alejandro II, las expectativas creadas entre los campesinos iban a ser sin m\u00e1s \u00abla se\u00f1al indicadora de un terrible conflicto en el campo ruso\u00bb. El tono de la prognosis de Marx sobre el 1793 ampliado era tal vez el que desde Rusia se estaba pidiendo a Herzen: \u00abEl Terror de los siervos semiasi\u00e1ticos no tendr\u00e1 parecido en la historia\u00bb. Duro destino el de quienes llegan tarde, una vez m\u00e1s. Pero tambi\u00e9n en este caso hab\u00eda que afrontarlo porque, en opini\u00f3n del hegeliano Marx, \u00e9se y no otro era el precio que los rusos ten\u00edan que pagar para elevarse a la altura de la historia europeo-occidental.<\/p>\n<p>Hay ah\u00ed, no obstante, una inflexi\u00f3n que no puede pasar desapercibida. El \u00abterrible conflicto\u00bb no se contempla ahora como un mero hundimiento del Imperio que favorecer\u00eda la situaci\u00f3n de las clases trabajadoras europeas sino que, al dar cabida en el an\u00e1lisis a las expectativas del campesinado ruso, el proceso parece tener tambi\u00e9n un desarrollo positivo interno. \u00c9ste: \u00abSer\u00e1 d segundo giro en la historia de Rusia. Con \u00e9l se instaurar\u00e1 finalmente <em>una civilizaci\u00f3n aut\u00e9ntica y universal<\/em> en lugar de este simulacro introducido por Pedro el Grande\u00bb<sup>86<\/sup>. Aun sin especificar \u2013como es el caso\u2013 la naturaleza social de esa nueva cultura, una soluci\u00f3n interna as\u00ed (que daba por supuesta la ca\u00edda del Imperio zarista) enlaza ya con las preguntas que los revolucionarios rusos que est\u00e1n en el origen de la primera <em>Zemlia i volia<\/em> [Tierra y Libertad] empezaban a hacerse. Para formularlas en los mismos t\u00e9rminos del discurso marxiano: \u00bfPor qu\u00e9 un <em>hundimiento<\/em> ruso sin soluci\u00f3n positiva <em>interna<\/em>? Si se admit\u00eda que la pasividad social tocaba a su fin, si se hab\u00eda acabado la \u00e9poca de la servidumbre voluntaria y los \u00absiervos semiasi\u00e1ticos\u00bb, pasaban tambi\u00e9n a ser sujetos de la historia, \u00bfpor qu\u00e9 limitar el 1793 ruso a la comparaci\u00f3n con la historia ascendente de la burgues\u00eda europeo-occidental? M\u00e1s a\u00fan: \u00bfpod\u00eda mantenerse esa conclusi\u00f3n pagando el elevado precio de un Terror sin igual en la historia para elevarse a una altura de la que el propio Marx hab\u00eda dicho que era el tr\u00e1gico triunfo de la mercantilizaci\u00f3n sobre los valores morales? Si la filosof\u00eda euroc\u00e9ntrica del progreso hist\u00f3rico, por dial\u00e9ctica que fuera, al mirar m\u00e1s all\u00e1 del Sena, del T\u00e1mesis y del Rin ten\u00eda que contemplarse a s\u00ed misma como justificaci\u00f3n \u2013ilustrada pero dolida\u2013 de la mercantilizaci\u00f3n, de la hipocres\u00eda y de la disoluci\u00f3n de los valores morales <em>al menos mientras<\/em> el nuevo sujeto hist\u00f3rico, el proletariado industrial europeo, no hubiera acabado de completar el proceso de la emancipaci\u00f3n, \u00bfpor qu\u00e9 no pensar las cosas de otra manera? \u00bfPor qu\u00e9 no aceptar que la \u00abextra\u00f1a tragedia\u00bb, de las culturas sometidas a la colonizaci\u00f3n y la \u00abextra\u00f1a \u00e9poca\u00bb del <em>laisser-faire a la rusa<\/em> impon\u00edan otra reflexi\u00f3n acerca de la \u00abcuesti\u00f3n dif\u00edcil\u00bb concediendo <em>positividad interna tambi\u00e9n<\/em> a los movimientos que surg\u00edan del atraso, en los m\u00e1rgenes del mercado mundial en formaci\u00f3n?<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n de tales interrogantes est\u00e1 ya esbozada en algunos escritos de Herzen y de Chernichevski que son contempor\u00e1neos de la reflexi\u00f3n de Marx acerca de la emancipaci\u00f3n de los siervos; en las d\u00e9cadas siguientes preguntas as\u00ed, contestadas de forma afirmativa y con mucha pasi\u00f3n, ser\u00edan habituales en los medios revolucionarios rusos, sobre todo entre los populistas de orientaci\u00f3n sismondiana. No obstante, si se quiere evitar malentendidos conviene a\u00f1adir una precisi\u00f3n m\u00e1s. Aunque en 1859 Marx no lleg\u00f3 a concretar qu\u00e9 entend\u00eda por una civilizaci\u00f3n \u00abaut\u00e9ntica\u00bb y \u00abuniversal\u00bb en el caso ruso, la reconstrucci\u00f3n de su pensamiento de entonces no permite identificarle con las principales preocupaciones que est\u00e1n en el origen del populismo. En primer lugar, pese al atraso desde los puntos de vista econ\u00f3mico y cultural en un sentido amplio, la situaci\u00f3n rusa no era para Marx asimilable a la de los viejos imperios orientales sometidos al proceso de la colonizaci\u00f3n por parte de los pa\u00edses europeo-occidentales; de manera que aun aceptando \u2013y parece claro que esto debe aceptarse si se valoran convenientemente los anteriores pasos sobre China y la India\u2013 que a finales de la d\u00e9cada de los cincuenta Marx admit\u00eda el derecho de los pueblos colonizados a rebelarse incluso contra lo que pasaba por ser la altura de los tiempos, esta admisi\u00f3n serv\u00eda de poco para el tema que nos ocupa. Reducir la situaci\u00f3n rusa a un caso m\u00e1s de la resistencia de culturas tradicionales frente a la modernizaci\u00f3n burguesa y la mercantilizaci\u00f3n acelerada de las relaciones interpersonales era en aquellas circunstancias una extrapolaci\u00f3n de las cosas al menos tan inconsistente como la \u00f3ptica euroc\u00e9ntrica. En opini\u00f3n de Marx, el caso ruso \u2013aun analizado en el \u00e1mbito de un mercado mundial en formaci\u00f3n\u2013 era espec\u00edfico, mezcla de despotismo asi\u00e1tico y de vocaci\u00f3n europea (como lo mostraba la misma reforma emprendida por esos a\u00f1os). As\u00ed pues, en segundo lugar, descartada esta asimilaci\u00f3n y teniendo en cuenta que un desenlace socialista era impensable en un pa\u00eds en el cual la clase obrera industrial no pasaba de ser una peque\u00f1a minor\u00eda, es obvio que el modelo de civilizaci\u00f3n \u00abaut\u00e9ntica\u00bb y \u00abuniversal\u00bb que Marx ten\u00eda en la cabeza hab\u00eda de ser el establecido por las revoluciones burguesas en Inglaterra y Francia.<\/p>\n<p>Este esquema, sin embargo, se complica por el desfase temporal de los acontecimientos comparados y por el distinto <em>tempo<\/em> hist\u00f3rico mundial. \u00bfPor qu\u00e9 iba a ser \u00abaut\u00e9ntica\u00bb y \u00abuniversal\u00bb <em>en Rusia<\/em> una civilizaci\u00f3n cuyos modelos conocidos hab\u00edan producido igualmente horrores sociales tanto en el plano interior como en el plano mundial? El Cr\u00e9dit Mobilier y Louis Napole\u00f3n hac\u00edan dudar de lo logrado en la Francia de principios de siglo; las leyes de pobres y la pol\u00edtica colonial de Palmerston a\u00f1ad\u00edan nuevas dudas sobre el modelo que indicaba la altura de los tiempos. Por tanto, junto y frente a la supuesta necesidad hist\u00f3rica de aquel desenlace exist\u00edan razones de peso para no repetir tard\u00edamente y a destiempo experiencias cuyo \u00ablado malo\u00bb era muy patente ya. Pues una cosa es afirmar <em>a posteriori<\/em> y gen\u00e9ricamente que la historia, con sus iron\u00edas, progresa por el lado malo y otra bastante distinta convencer a las gentes de que en las encrucijadas hist\u00f3ricas \u2013y de eso se trataba\u2013 hay que aceptar libremente seguir el lado malo (ya conocido) para progresar. No es casual que el esquema hegeliano fuera en aquella circunstancias adornado con met\u00e1foras de distinto signo al Oeste y al Este del Rin: para el hegeliano Engels, por ejemplo, la Historia es una diosa cruel que nos alecciona sobre nuestras debilidades (y se\u00f1aladamente a los rusos, los cuales tendr\u00edan que pasar tambi\u00e9n por los horrores de la industrializaci\u00f3n burguesa); para el hegeliano Chernichevski -quien toma el s\u00edmil de Herzen- la Historia es una bondadosa abuela que reserva lo mejor para aquellos que llegan tarde.<\/p>\n<p>En cualquier caso, el desfase temporal de los acontecimientos comparados y la especificidad rusa derivada del distinto <em>tempo<\/em> hist\u00f3rico empezaba a poner de manifiesto la insuficiencia del pensamiento anal\u00f3gico para explicar la situaci\u00f3n y estimar sus desarrollos posibles.<\/p>\n<p><strong>La complicaci\u00f3n polaca y el problema del internacionalismo<\/strong><\/p>\n<p>Si las colaboraciones enviadas al <em>New York Daily Tribune<\/em> y la correspondencia de esos a\u00f1os muestran el esfuerzo de Karl Marx por comprender la especificidad rusa<sup>87<\/sup>, la pol\u00e9mica con Karl Vogt \u2013que interrumpi\u00f3 de nuevo su trabajo cient\u00edfico\u2013 sugiere una vez m\u00e1s que la opini\u00f3n marxiana sobre la amenaza representada por la pol\u00edtica exterior de los zares no hab\u00eda cambiado un \u00e1pice. Al contrario. Todo indica que la inminencia de las medidas reformadoras de Alejandro II y la convicci\u00f3n de que la nobleza se estaba sometiendo a los designios de aquel gobierno atenuaron incluso la esperanza de Marx en que el comienzo de la historia interior rectificara el car\u00e1cter expansionista de la pol\u00edtica zarista. En efecto, en 1859 Marx recupera parte del material sobre la diplomacia secreta zarista y lo env\u00eda a <em>Das Volk<\/em> para su publicaci\u00f3n; unos meses despu\u00e9s, en carta a Lassalle, ratifica su alianza con los urquhartistas e insiste en la necesidad de mantener la vieja idea de la guerra contra Rusia. En el contexto de su controversia con Karl Vogt,<sup>88<\/sup> en 1860, Marx argumentaba que de imponerse la visi\u00f3n que de la emancipaci\u00f3n de los siervos ten\u00eda el gobierno ruso de entonces era de esperar un reforzamiento del poder absoluto del zar, un empeoramiento de la situaci\u00f3n del campesinado y \u00abla multiplicaci\u00f3n por cien de la potencia agresiva de Rusia\u00bb. No es ya, por tanto, la emancipaci\u00f3n de los siervos gen\u00e9ricamente entendida lo que puede corregir \u00abel inmutable esp\u00edritu guerrero de Rusia\u00bb, sino s\u00f3lo una emancipaci\u00f3n \u00abaut\u00e9ntica\u00bb, esto es, un movimiento liberador en el cual el campesinado rompiera al mismo tiempo con la tutela del zar y con el yugo de los terratenientes.<\/p>\n<p>Los sucesos que siguieron a la publicaci\u00f3n de los decretos gubernamentales emancipando a los siervos reforzar\u00edan las convicciones de Marx tanto en lo que se refiere al sentido \u00faltimo de las medidas reformadoras como a la relaci\u00f3n de \u00e9stas con la pol\u00edtica exterior rusa. Pues la oposici\u00f3n m\u00e1s relevante y, en cualquier caso, la que m\u00e1s interesar\u00eda a Marx no se produjo en la propia Rusia sino en las provincias polacas del Imperio. No hubo, pues, 1793 ampliado. Cierto es que entre febrero de 1861, fecha en la cual se dieron a conocer finalmente los decretos reformadores, y durante todo el a\u00f1o 1862 las hachas campesinas salieron a relucir en el interior del pa\u00eds, pero las sublevaciones remitieron ya muy sensiblemente en 1863, coincidiendo con los acontecimientos de Polonia. Una gran parte de la nobleza rusa sigui\u00f3 vacilando, cuando no tergivers\u00f3 abiertamente en su propio beneficio ciertos p\u00e1rrafos oscuros de las disposiciones legales. Adem\u00e1s, la mayor\u00eda de los campesinos continu\u00f3 confiando en el zar y la minor\u00eda que se sublev\u00f3 lo hizo precisamente contra las reticencias de los nobles e invocando la superior autoridad del propio Alejandro II. De manera que el terror que sigui\u00f3 a 1861 fue el organizado por los aparatos represivos del Estado absolutista, un terror tanto m\u00e1s deplorable cuanto que por lo general sus principales v\u00edctimas fueron aquellos que con frecuencia ten\u00edan en los labios el nombre del \u00abzar libertador\u00bb. Muchas de las sublevaciones campesinas de aquellos dos a\u00f1os tuvieron su origen en las imprecisiones t\u00e9cnicas del Decreto de emancipaci\u00f3n y en las constantes contradicciones en que \u00e9ste incurr\u00eda. Tal cosa, unida al analfabetismo de gran parte de los campesinos que deseaban leer en el texto del Decreto su completa liberaci\u00f3n, dio lugar a un movimiento no s\u00f3lo heterog\u00e9neo sino tambi\u00e9n impulsado con frecuencia por l\u00edderes naturales a quienes la leyenda situ\u00f3 entre la locura y la santidad. Por otra parte, la intelectualidad rusa, se\u00f1aladamente aquella fracci\u00f3n de la misma que estaba pasando del liberalismo al democraticismo radical o que compart\u00eda ideas socialistas, vivi\u00f3 la amarga experiencia de la represi\u00f3n policial en la propia carne sin lograr enlazar de verdad con aquellos humillados y expoliados en inter\u00e9s de los cuales pretend\u00eda actuar<sup>89<\/sup>. El cierre de las universidades y la supresi\u00f3n por alg\u00fan tiempo de las revistas que m\u00e1s se hab\u00edan destacado hasta entonces por su orientaci\u00f3n ilustrada y democr\u00e1tica son otros tantos hechos que documentan bien el final de las ilusiones liberales de la d\u00e9cada anterior y que contribuyen a explicar la aparici\u00f3n en Rusia de una brecha generacional muy patente en los or\u00edgenes del populismo revolucionario.<\/p>\n<p>El desplazamiento del centro de la preocupaci\u00f3n pol\u00edtica hacia los acontecimientos polacos a partir de 1863 tendr\u00eda amplias repercusiones tanto en la evoluci\u00f3n de las opiniones de Marx como en el tipo de relaci\u00f3n que \u00e9ste estableci\u00f3 con los rusos en el \u00e1mbito de la Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores. La cuesti\u00f3n polaca se convirti\u00f3 por alg\u00fan tiempo en el problema europeo por excelencia. De ah\u00ed que el an\u00e1lisis de la pol\u00edtica internacional y las consideraciones geopol\u00edticas volvieran a pasar a primer plano. Hay que subrayar que durante toda la d\u00e9cada de los sesenta la controversia en torno a la reivindicaci\u00f3n de la independencia de Polonia mediatiz\u00f3 de manera muy intensa la reflexi\u00f3n acerca de lo que pod\u00eda llegar a ser una \u00abcivilizaci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb en Rusia, condicionando tanto el punto de vista de Marx al respecto como el programa de los primeros n\u00facleos revolucionarios organizados en el interior del Imperio de los zares. As\u00ed, sin dejar de reconocer que la emancipaci\u00f3n de los siervos en Rusia \u2013tal como se produjo en 1861\u2013 inauguraba el movimiento social en el este de Europa, tambi\u00e9n Marx prest\u00f3 entonces mucha m\u00e1s atenci\u00f3n a las consecuencias de la sublevaci\u00f3n polaca para el futuro del Imperio ruso y para la concreci\u00f3n de los objetivos revolucionarios en el continente. \u00c9sta es la raz\u00f3n principal de que su participaci\u00f3n en el Consejo General de la AIT estuviera orientada preferentemente a configurar una pol\u00edtica internacional del proletariado que tuvo como ejes el apoyo incondicional a los polacos, la reafirmaci\u00f3n del derecho de Polonia a formar un Estado independiente y la lucha por debilitar interna y externamente el poder\u00edo del absolutismo zarista. En tal sentido la mayor parte de las declaraciones de Marx entre 1863 y 1870 tienen que leerse por lo que hace a este punto como una continuaci\u00f3n de lo que hab\u00eda sido su pensamiento en la d\u00e9cada de los cincuenta, antes de la controversia acerca de la emancipaci\u00f3n de los siervos. Tal vez, no obstante, con una acentuaci\u00f3n a\u00fan mayor de la desconfianza respecto del papel europeo de Francia.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s del comienzo de la insurrecci\u00f3n polaca de 1863 Marx escribe a Engels una carta en la que expresa esta desconfianza que luego ser\u00eda una constante en el debate con la secci\u00f3n francesa de la AIT: \u00abAl menos esto \u2013y no es poco\u2013 resulta cierto: la era de las revoluciones ha vuelto a iniciarse m\u00e1s claramente en Europa [&#8230;] Esperemos que esta vez la lava fluya de Este a Oeste y no en el sentido contrario, de suerte que nos sea ahorrado el \u00abhonor\u00bb de una iniciativa francesa\u00bb<sup>90<\/sup>. Con esta inflexi\u00f3n, que se a\u00f1ade a la dura requisitoria de los a\u00f1os de la guerra de Crimea contra la doblez del gabinete Palmerston en su relaci\u00f3n con la diplomacia rusa precisamente respecto de Polonia \u2013y que le conduce ahora a hablar de \u00abla permanente traici\u00f3n de los franceses a Polonia\u00bb\u2013, el punto de vista de Marx sobre la situaci\u00f3n europea se mantiene en todo lo sustancial. La cuesti\u00f3n polaca es vinculada directamente al destino de la unificaci\u00f3n de Alemania en el sentido de que s\u00f3lo la independencia de la naci\u00f3n polaca puede debilitar la hegemon\u00eda rusa y potenciar, por implicaci\u00f3n, la emancipaci\u00f3n alemana. Por otra parte, la requisitoria de Marx contra la pol\u00edtica exterior de Alejandro II tiene el mismo tono que las cr\u00edticas expresadas en la \u00e9poca de Nicol\u00e1s I; su s\u00f3lido convencimiento de que los hechos posteriores a la emancipaci\u00f3n de los siervos siguen confirmando la idea de una continuidad sin fisuras en la pol\u00edtica rusa le induce a repetir afirmaciones que ya conocemos sobre la \u00abindiferente debilidad\u00bb con que las canciller\u00edas europeas dejan hacer a Rusia y acerca del \u00abcar\u00e1cter magistral\u00bb con que \u00e9sta interpreta el papel que ha decidido jugar en la \u00abtragicomedia europea\u00bb<sup>91<\/sup>.<\/p>\n<p>Pero donde m\u00e1s expl\u00edcitamente aparece la idea de la continuidad inevitable de la pol\u00edtica zarista es en el discurso que Marx pronunci\u00f3 el 22 de enero de 1867, en Londres, con ocasi\u00f3n del cuarto aniversario de la insurrecci\u00f3n polaca. El centro del discurso de Marx fue tambi\u00e9n en aquella oportunidad la diatriba contra las ilusiones liberales acerca del cambio que se estaba produciendo en Rusia, ilusiones seg\u00fan las cuales el absolutismo zarista no era ya lo que fue en la \u00e9poca de Napole\u00f3n, de modo que Polonia hab\u00eda dejado de ser una \u00abnaci\u00f3n necesaria\u00bb para convertirse en un \u00abrecuerdo sentimental\u00bb. Marx parece temer que esta opini\u00f3n, difundida por ciertos \u00f3rganos de prensa, llegue a hacer mella entre los trabajadores ingleses y franceses. Por eso, ironizando sobre los sentimientos que no se cotizan en las bolsas capitalistas, pone el dedo en la llaga de la \u00abindiferente debilidad\u00bb de algunos gobiernos europeo-occidentales ante la cuesti\u00f3n polaca y alude directamente al trasfondo econ\u00f3mico del asunto: \u00abCuando los \u00faltimos ukases rusos, cuyo objeto era la supresi\u00f3n de Polonia, se conocieron en este pa\u00eds, el \u00f3rgano de los medios dirigentes de las finanzas exhort\u00f3 a los polacos a convertirse en moscovitas. \u00bfPor qu\u00e9 no? \u00bfAcaso no era eso una garant\u00eda suplementaria para los seis millones de libras esterlinas prestadas al zar por los capitalistas ingleses?\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la raz\u00f3n de fondo de que el <em>Times<\/em> y otros \u00f3rganos de la prensa continental de la \u00e9poca pudieran presentar las cosas de Rusia como si este pa\u00eds hubiera entrado ya en la familia de las naciones civilizadas se encontrar\u00eda, seg\u00fan Marx, en los beneficios que proporcionaban a ciertos sectores capitalistas las inversiones hechas en los comienzos de la industrializaci\u00f3n rusa. A diferencia de lo sucedido al estallar la guerra de Crimea ahora, a mediados de los a\u00f1os sesenta, la suerte de Polonia \u2013y, por extensi\u00f3n, de Alemania\u2013 no depend\u00eda s\u00f3lo de los acuerdos diplom\u00e1ticos secretos entre ingleses y rusos por el dominio de Oriente sino tambi\u00e9n de los m\u00e1s expl\u00edcitos convenios cuyo objeto era la transferencia capitales y de tecnolog\u00eda. Marx consideraba en tales circunstancias que el predominio de este concepto mercantil en las relaciones internacionales falseaba la situaci\u00f3n real de la sociedad bajo el absolutismo zarista; y juzgaba igualmente ingenuo el punto de vista seg\u00fan el cual la progresiva potencia econ\u00f3mica y militar lograda por Prusia era ya suficiente para oponerse a la \u00abbarbarie asi\u00e1tica\u00bb<sup>92<\/sup>. De ah\u00ed que en su discurso a los trabajadores Karl Marx acentuara su anterior pesimismo sobre los efectos reales de la emancipaci\u00f3n de los siervos. Las consecuencias inmediatas de la misma \u2013argument\u00f3 en aquella ocasi\u00f3n\u2013 eran globalmente negativas para el conjunto de las fuerzas revolucionarias europeas: aumento del poder centralizador del zarismo, creaci\u00f3n de una amplia base de reclutamiento para su ej\u00e9rcito, aislamiento de los campesinos por disoluci\u00f3n de la comuna rural y, sobre todo, reforzamiento de la confianza de estos \u00faltimos en la bondad del aut\u00f3crata.<\/p>\n<p>Puesto que la emancipaci\u00f3n de los siervos no hab\u00eda servido \u2013frente a las apariencias\u2013 para \u00abpurificar a los rusos de la barbarie asi\u00e1tica\u00bb y dado que Alemania, en opini\u00f3n de Marx, segu\u00eda siendo \u00abfiel vasallo y ejecutor de los designios del zar\u00bb, la conclusi\u00f3n de tal razonamiento se impon\u00eda con la misma fuerza que quince a\u00f1os antes: Europa segu\u00eda estando en la disyuntiva de restablecer la integridad territorial de Polonia \u2013\u00abcolocando entre ella y Asia un obst\u00e1culo de veinte millones de h\u00e9roes\u00bb\u2013 o admitir la barbarie asi\u00e1tica \u00abbajo la direcci\u00f3n moscovita\u00bb. Uniendo una vez m\u00e1s la \u00f3ptica del internacionalista con el sentimiento del revolucionario nacional-alem\u00e1n aquel obst\u00e1culo de los veinte millones de h\u00e9roes levantado frente a la barbarie asi\u00e1tica era para Marx una forma de ganar tiempo, \u00abrecobrar el aliento y consumar la regeneraci\u00f3n social\u00bb.<sup>93<\/sup><\/p>\n<p>Es de notar que los factores anteriores \u2013a saber: el convencimiento de que la Reforma no hab\u00eda limitado la agresividad del zarismo ruso, la consideraci\u00f3n de la cuesti\u00f3n polaca como elemento central para el futuro de Europa y la concatenaci\u00f3n arg\u00fcida entre \u00e9sta, la guerra contra Rusia y la revoluci\u00f3n alemana\u2013 orientaron igualmente el punto de vista de Marx acerca de la posici\u00f3n que la AIT deb\u00eda adoptar ante el problema de la paz y de los ej\u00e9rcitos. Su intervenci\u00f3n en la sesi\u00f3n del Consejo General celebrada el 13 de agosto de 1867, cuyo objeto era decidir acerca de la actitud a adoptar por la AIT ante el congreso de la Liga por la Paz y la Libertad convocado para el mes siguiente, fue en sustancia una ratificaci\u00f3n de aquellas opiniones. Las actas de la sesi\u00f3n recogen la formulaci\u00f3n de principios seg\u00fan la cual la uni\u00f3n de las clases trabajadoras de los diferentes pa\u00edses har\u00eda imposible en \u00faltima instancia la guerra entre las naciones al trastocar la funci\u00f3n de los grandes ej\u00e9rcitos permanentes que es \u00abmantener en jaque a las clases trabajadoras\u00bb. Pero establecidos los principios y tras recordar la naturaleza de los ej\u00e9rcitos modernos, Marx critic\u00f3 a los partidarios de la paz incondicional con la consideraci\u00f3n de que mantener tal postura en las condiciones de entonces equivaldr\u00eda a \u00abdejar que s\u00f3lo Rusia poseyera los medios para hacer la guerra al resto de Europa\u00bb. Tambi\u00e9n para Marx querer la paz exig\u00eda prepararse para la guerra: \u00abLa existencia de una potencia como Rusia bastar\u00eda por s\u00ed sola para que todos los dem\u00e1s pa\u00edses mantuvieran intactos sus ej\u00e9rcitos\u00bb.<sup>94<\/sup><\/p>\n<p>La importancia que Marx conced\u00eda al tema de la guerra contra Rusia le impuls\u00f3 incluso a participar en conversaciones con un coronel polaco tendentes a organizar una legi\u00f3n alemana que habr\u00eda de contribuir a la resistencia antizarista en Polonia<sup>95<\/sup>. Tales actividades eran cosa corriente en los medios revolucionarios europeos mediada la d\u00e9cada de los sesenta, esto es, mientras se mantuvo viva la insurrecci\u00f3n polaca, y en ellas participaron igualmente otras gentes con convicciones distintas a las de Marx (incluidos los primeros n\u00facleos revolucionarios rusos y los seguidores de Herzen en Londres). Por ello, independientemente del inquietante problema que plantea la defensa tajante de los ej\u00e9rcitos mientras exista una potencia adversaria belicista, no puede dejar de subrayarse que la obsesi\u00f3n de Marx en este asunto le lleva una vez m\u00e1s a la injusticia. En efecto, preocupado ante el n\u00famero creciente de los internacionalistas partidarios de la paz incondicional, unas semanas despu\u00e9s escribe a Engels para ratificar su idea de la necesidad de mantener los ej\u00e9rcitos contra Rusia y, ya privadamente, se despacha a gusto sobre \u00abla cobard\u00eda\u00bb de \u00abgallinas\u00bb y \u00abcharlatanes\u00bb de la paz para acabar atribuyendo a los rusos, a trav\u00e9s de su \u00abagente Bakunin\u00bb, la organizaci\u00f3n del Congreso de Ginebra<sup>96<\/sup>.<\/p>\n<p>En esas fechas al igual que en los a\u00f1os cincuenta Marx sigue estando todav\u00eda mal informado sobre el desarrollo del movimiento de oposici\u00f3n en Rusia. En otro caso no habr\u00eda hablado, como hace en la carta a Engels, de \u00ablos rusos\u00bb. La cuesti\u00f3n polaca fue tambi\u00e9n para los rusos revolucionarios de esos a\u00f1os un asunto central. Ya a principios de la d\u00e9cada <em>Kolokol<\/em> \u2013reafirmando la posici\u00f3n anterior de Herzen\u2013 se manifestaba abiertamente a favor de las reivindicaciones polacas y emprend\u00eda una estimable campa\u00f1a contra lo que en sus p\u00e1ginas se llam\u00f3 \u00abla s\u00edfilis patri\u00f3tica\u00bb que se extendi\u00f3 en los ambientes eslav\u00f3filos y en los medios liberales despu\u00e9s de los primeros conatos insurreccionales en las provincias polacas del Imperio. Los t\u00e9rminos empleados por <em>Kolokol<\/em> entonces seguramente habr\u00edan podido ser compartidos por un Marx menos obsesionado ante \u00ablo ruso\u00bb gen\u00e9ricamente entendido: \u00abLa exasperaci\u00f3n patri\u00f3tica ha sacado a la superficie todo lo que hay de\u00b7 t\u00e1rtaro, de se\u00f1orito rural, de sargento, todo lo que, como en sue\u00f1os y semiolvidado, vagaba en nosotros. Los eslav\u00f3filos pueden alegrarse; el <em>fond<\/em> nacional de la \u00e9poca anterior a Pedro el Grande no ha cambiado, al menos en lo que concierne al b\u00e1rbaro exclusivismo, al odio por el extranjero y a la indiferencia respecto de los medios de juicio y castigo.\u00bb<\/p>\n<p>La verdad es que la solidaridad con la resistencia polaca estuvo presente en las primeras manifestaciones que se produjeron en algunas de las universidades rusas y que la autodeterminaci\u00f3n de Polonia (propugnando en unos casos la federaci\u00f3n y en otros la independencia) fue una de las reivindicaciones constante mente incluidas en los programas de los grupos que constituyeron la primera <em>Zemlia i volia<\/em>. Es m\u00e1s: por lo que hace a la cuesti\u00f3n polaca la actitud de los revolucionarios rusos de entonces se parec\u00eda mucho a la que en otro tiempo adoptaron los alemanes que colaboraban en la <em>Nueva Gaceta del Rin<\/em>. Por tanto, la desconfianza de Marx era injustificada: inmantenible en su acusaci\u00f3n de cobard\u00eda si se tiene en cuenta que algunos de aquellos peque\u00f1os grupos de revolucionarios rusos se quemaron precisamente apoyando a la insurrecci\u00f3n polaca en las m\u00e1s dif\u00edciles condiciones; y parad\u00f3jica cuando se sabe que mientras algunos profesores liberales pod\u00edan hacer abiertamente suya en Rusia la <em>Contribuci\u00f3n a la cr\u00edtica de la econom\u00eda pol\u00edtica<\/em> de Marx otras gentes \u2013entre las que hay que contar a Chernichevski\u2013 fueron a la c\u00e1rcel o al destierro por el mero hecho de recibir en sus casas <em>Kolokol<\/em> o por la sospecha de que hab\u00edan mantenido relaciones con el grupo de Herzen<sup>97<\/sup>. Varios de los rusos que pocos a\u00f1os despu\u00e9s mantuvieron relaci\u00f3n con Marx hab\u00edan pasado por esta \u00faltima experiencia.<\/p>\n<p><strong>Iron\u00edas del destino<\/strong><\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda transcurrido un a\u00f1o desde esta nueva prueba de desconfianza en \u00ablos rusos\u00bb cuando Marx recibe la c\u00e9lebre carta de Danielson en la que \u00e9ste le informaba de la intenci\u00f3n de publicar la traducci\u00f3n del primer volumen de <em>El Capital<\/em> en Rusia, adem\u00e1s de darle noticia del inter\u00e9s all\u00ed existente por su obra. Psicol\u00f3gicamente el impacto parece haber sido considerable en nuestro hombre. Marx estaba pasando por uno de los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de su vida: el estado de salud empezaba a preocuparle tan seriamente como para llegar a pensar que se halla al borde de la tumba, las estrecheces econ\u00f3micas se hab\u00edan agravado y le amargaban las relaciones familiares, y el escaso eco encontrado por su obra, a la que hab\u00eda dedicado m\u00e1s de veinte a\u00f1os, hab\u00edan acentuado sus sarcasmos sobre el mundo acad\u00e9mico alem\u00e1n, ingl\u00e9s y franc\u00e9s. Existen muchas muestras de esto \u00faltimo en su correspondencia con Engels durante esos meses, pero tal vez la m\u00e1s significativa \u2013porque sirve para subrayar la iron\u00eda del destino\u2013 sea este paso de una carta de noviembre de 1867: \u00abEl silencio en torno a mi libro empieza a ser inquietante. No oigo ni veo nada al respecto. Los alemanes son unos buenos chicos. Sus servicios como lacayos de los ingleses, de los franceses y hasta de los italianos en esta ciencia les autorizan, naturalmente, a ignorar mi libro. Ya que no podemos hacer otra cosa, haremos como los rusos: esperar. La paciencia es la clave de la diplomacia y de los \u00e9xitos de Rusia. Lo malo es que nosotros, simples mortales que no vivimos m\u00e1s que una vez, podemos palmar mientras esperamos\u00bb<sup>98<\/sup>.<\/p>\n<p>Es natural que en aquella espera desesperanzada la carta de Danielson le sugiriera una reflexi\u00f3n menos amarga sobre la propia obra. Y, en efecto, Marx, que en 1860 \u2013en el contexto de su pol\u00e9mica con Karl Vogt\u2013 hab\u00eda pasado por alto una comunicaci\u00f3n del viejo conocido Saz\u00f3nov sobre la r\u00e1pida difusi\u00f3n de <em>Zur Kritik<\/em> en Rusia<sup>99<\/sup>, se muestra ahora agradablemente sorprendido e ironiza con buen humor acerca de \u00ablos buenos amigos rusos\u00bb al hacer part\u00edcipe de la noticia a Kugelmann. No creo exagerado afirmar que esta iron\u00eda del destino iba a cambiar el talante con que en lo sucesivo tratar\u00eda Marx las cosas de Rusia. No, desde luego, en el sentido de que la correspondencia con Danielson modificara su anterior opini\u00f3n sobre la naturaleza del zarismo tanto en el plano interior como en lo que se refiere a la pol\u00edtica internacional, sino porque a partir de entonces Marx fue interes\u00e1ndose cada vez m\u00e1s positivamente \u2013y con menos prejuicios\u2013 en el conocimiento de la estructura econ\u00f3mica y social de la Rusia contempor\u00e1nea, de sus cient\u00edficos, de sus escritores, as\u00ed como en la evoluci\u00f3n del movimiento revolucionario de aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir, de todas formas, que este cambio de talante fue laborioso y que en \u00e9l influyeron otros acontecimientos adem\u00e1s del proyecto de traducir al ruso el primer volumen de <em>El Capital<\/em>. La consciencia del propio Marx sobre la iron\u00eda del destino fue s\u00f3lo el primer paso. En la mencionada carta a Kugelmann<sup>100<\/sup> se alude, efectivamente, a la paradoja de que los rusos, \u00aba los que he combatido de manera ininterrumpida durante veinticinco a\u00f1os no solamente en alem\u00e1n, sino tambi\u00e9n en franc\u00e9s e ingl\u00e9s\u00bb, hayan sido en diferentes momentos \u00abprotectores\u00bb de Marx; \u00e9ste recuerda al respecto que \u00abdos arist\u00f3cratas\u00bb rusos le trataron \u00aba cuerpo de rey\u00bb durante su estancia en Par\u00eds en 1843-1844, se refiere al hecho de que su escrito contra Proudhon fue acogido en Rusia mejor que en cualquier otro pa\u00eds europeo y deja en el olvido el \u00e9xito m\u00e1s reciente de <em>Zur Kritik<\/em>. Pero, admitida la paradoja, rebrota la vena rus\u00f3foba: \u00abNo hay que hacer mucho caso de eso, pues la aristocracia rusa pasa la juventud en las universidades alemanas o en Par\u00eds, busca con pasi\u00f3n todo lo que en Occidente hay de extremista y, sin embargo [\u2026] esto no impide a los rusos convertirse en unos g\u00e1rrulos tan pronto como entran al servicio del Estado\u00bb. (Lo cual, dicho sea de paso, tal vez fuera una consideraci\u00f3n acertada respecto de la generaci\u00f3n de los cuarenta, pero m\u00e1s que dudosa si se refiere a los exiliados rusos de los sesenta.)<\/p>\n<p>Otros dos factores contribuyeron casi simult\u00e1neamente a aumentar el inter\u00e9s de Marx por las cosas de Rusia: el estudio del origen y de la evoluci\u00f3n de las comunidades campesinas \u2013relacionado con el previsto cap\u00edtulo de <em>El Capital<\/em> sobre la renta territorial\u2013 y la participaci\u00f3n de los primeros n\u00facleos revolucionarios rusos en la AIT. Durante la primavera de 1868 Marx trabaj\u00f3 con mucha afici\u00f3n los estudios de G. L. Maurer sobre la estructura rural primitiva centroeuropea y encontr\u00f3 en ellos no pocas sugerencias de valor para su propia investigaci\u00f3n, empezando por una ratificaci\u00f3n detallada de la hip\u00f3tesis seg\u00fan la cual las formas de propiedad asi\u00e1ticas o indias hab\u00edan configurado en todas partes los or\u00edgenes de Europa. Para entender bien este punto hay que recordar que Marx estaba librando una batalla te\u00f3rica en dos frentes: contra la opini\u00f3n de que la propiedad privada de la tierra hab\u00eda sido la forma primitiva de explotaci\u00f3n agr\u00edcola y contra la idea de que la comuna rural rusa constitu\u00eda un caso \u00fanico en Europa por su estructura comunitarista, esto es, contra dos formas paralelas de tergiversar la historia de las comunidades rurales por motivaciones pol\u00edticas, formas ambas cuya punta patri\u00f3tico-reaccionaria era manifiesta tanto en el caso de Alemania (utilizaci\u00f3n de las <em>Phantasien<\/em> de Justus M\u00f6ser) cuanto en el caso de Rusia (utilizaci\u00f3n por los eslav\u00f3filos de la obra de Maxthausen). Marx, que vio en Maurer a otro combatiente contra los rusos (m\u00e1s veterano a\u00fan que Urquhart), interpreta los datos de \u00e9ste sobre la persistencia en Alemania de un sistema de distribuci\u00f3n de tierras similar al existente todav\u00eda en 1868 en Rusia como la refutaci\u00f3n \u00faltima de la supuesta originalidad del caso ruso<sup>101<\/sup>. De ah\u00ed que su conclusi\u00f3n en esta fecha sea literalmente la inversa de la mantenida por los eslav\u00f3filos (y parcialmente por Herzen y por Chernichevski): adem\u00e1s de que la existencia de la comunidad rural sobre bases comunitarias no ha sido en el pasado un elemento diferenciador, espec\u00edficamente ruso, su permanencia hasta la d\u00e9cada de los sesenta del siglo XIX no puede verse como un factor positivo para la futura regeneraci\u00f3n social \u2013frente a la propiedad privada de la tierra\u2013 sino como un s\u00edntoma de atraso respecto de lo ocurrido en otros lugares de Europa, de manera que \u00ablo \u00fanico que les queda [a los rusos] es ser en nuestros d\u00edas prisioneros de formas de las cuales sus vecinos se han librado hace ya tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>En 1868 la reflexi\u00f3n de Marx sobre este tema se mueve entre el an\u00e1lisis hist\u00f3rico-comparativo (por ejemplo, de la comunidad rural rusa y la comunidad germ\u00e1nica primitiva cuyos restos redescubre, a trav\u00e9s de Maurer, en su propia tierra natal), la estimaci\u00f3n de los efectos que la reforma de 1861 estaba produciendo en la agricultura rusa y la pol\u00e9mica de fondo pol\u00edtico, cuyo objeto parece seguir siendo el Herzen de los a\u00f1os cincuenta \u00abdescubridor\u00bb de la <em>obschina<\/em> a trav\u00e9s de Haxthausen. Ese mismo a\u00f1o encuentra una nueva confirmaci\u00f3n de sus opiniones al respecto en el libro de P. Lilienfeld sobre la situaci\u00f3n de la agricultura rusa despu\u00e9s de la abolici\u00f3n de la servidumbre, texto que acababa de ser publicado en ruso y que S. L. Borkheim tradujo fragmentariamente para Marx en Londres. En este caso la confirmaci\u00f3n afecta al proceso de disoluci\u00f3n de la comuna rural en Rusia. El material estad\u00edstico aportado por el estudio de Lilienfeld permite a Marx afirmar, de una parte, que la persistencia de la propiedad comunal despu\u00e9s de la Reforma es causa de la ruina del campesinado y, de otra parte, que el valor de cambio est\u00e1 infectando tambi\u00e9n aqu\u00e9lla, por lo que no parece que pueda mantenerse en el futuro<sup>102<\/sup>.<\/p>\n<p>Probablemente tiene inter\u00e9s apuntar que en l\u00edneas generales tanto la situaci\u00f3n interior en Rusia (derrotada ya la insurrecci\u00f3n polaca) como la evoluci\u00f3n de los acontecimientos europeos durante esas fechas hab\u00edan contribuido a moderar fobias de otros tiempos, al menos entre los revolucionarios de distintas nacionalidades. La implantaci\u00f3n social de la Internacional, el mejor conocimiento mutuo, la intensidad de las relaciones que entonces se establecieron y, sobre todo, la urgencia de una pol\u00edtica unificada ante el peligro de guerra en Europa motivaron un relativo \u2013aunque moment\u00e1neo\u2013 cambio de actitud en las gentes (no s\u00f3lo en Marx). De finales de 1868 es, por ejemplo, la famosa carta enviada por Bakunin a Marx desde Ginebra en la que se presenta como disc\u00edpulo de \u00e9ste, se muestra orgulloso de serlo, afirma estar haciendo lo que el otro empez\u00f3 a hacer veinte a\u00f1os antes y declara \u2013alusi\u00f3n significativa\u2013 que \u00absu patria es ahora la Internacional\u00bb. De esos meses es tambi\u00e9n la primera aproximaci\u00f3n de los n\u00facleos revolucionarios rusos a Marx, el descubrimiento por parte de \u00e9stos de la problem\u00e1tica espec\u00edfica de los obreros industriales (cosa que empieza a matizar el tradicional agrarismo dominante en Rusia), los contactos de Aleksandr Serno-Solovievich para lograr un acercamiento entre Bakunin y Marx, etc. El propio Marx, a principios de 1869, hace a un lado prejuicios anteriores y se plantea la posibilidad de adoptar la nacionalidad inglesa. E inmediatamente despu\u00e9s torna la decisi\u00f3n de aprender ruso.<\/p>\n<p>De esta \u00faltima decisi\u00f3n existen varios testimonios del propio Marx que permiten datarla en el oto\u00f1o de 1869. El motivo inmediato de la misma fue, al parecer, la lectura del libro de N. Flerovski sobre la situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia, que hab\u00eda aparecido ese mismo a\u00f1o y le fue enviado a Marx desde Petersburgo por Danielson<sup>103<\/sup>. Pero el a\u00f1o ruso de Marx \u2013si se me permite hablar as\u00ed\u2013 fue 1870. En \u00e9l se acumulan algunos hechos de lo m\u00e1s interesante para el tema que nos ocupa. En primer lugar, Marx \u2013que ha debido hacer un esfuerzo considerable al respecto\u2013 empieza a leer ruso con cierta correcci\u00f3n (al menos \u00e9sa era su creencia). Recibe nuevos documentos sobre aspectos diversos de la vida en Rusia, entre ellos seguramente una antolog\u00eda de escritos de Chernichevski. Conoce \u2013tambi\u00e9n por indicaci\u00f3n de Danielson\u2013 al primer ruso por el que no iba a sentir la inicial desconfianza de otras veces, German Lopatin, que ser\u00eda uno de los traductores del primer volumen de <em>El Capital<\/em>. Y, finalmente, acepta la propuesta de representar en el Consejo General de la AIT a la secci\u00f3n rusa de Ginebra. Una combinaci\u00f3n de sucesos as\u00ed, adem\u00e1s de ratificar la iron\u00eda del destino, sugiere que la decisi\u00f3n de Marx en esa \u00e9poca no puede reducirse a mera curiosidad intelectual. Y, en efecto, \u00e9l mismo dio en seguida una dimensi\u00f3n m\u00e1s amplia al esfuerzo que estaba realizando: \u00abEl bot\u00edn que estoy recogiendo hace bueno el trabajo que un hombre de mi edad tiene que realizar para asimilar una lengua tan apartada de las ramas ling\u00fc\u00edsticas cl\u00e1sicas, germ\u00e1nicas y rom\u00e1nicas. El movimiento intelectual que se desarrolla actualmente en Rusia revela una profunda fermentaci\u00f3n subterr\u00e1nea. Las cabezas pensantes est\u00e1n siempre conectadas por hilos invisibles al <em>body<\/em> del pueblo.\u00bb<sup>104<\/sup> De este movimiento intelectual ruso de los a\u00f1os sesenta ten\u00eda ya Marx a esas alturas bastantes noticias. Cuando escribe a Meyer las palabras reci\u00e9n citadas estaba pensando con toda seguridad en Chernichevski y Flerovski, entre otros. El libro de Flerovski impresion\u00f3 profundamente a Marx, basta el punto de sugerirle que se estaba produciendo un giro relevante en los ambientes intelectuales rusos. En la primera quincena de febrero de 1870, cuando llevaba le\u00eddas poco m\u00e1s de cien p\u00e1ginas de aquel ensayo, escrib\u00eda a Engels: \u00abEs el libro m\u00e1s importante que se ha publicado despu\u00e9s de tu trabajo sobre la situaci\u00f3n de las clases trabajadoras\u00bb<sup>105<\/sup>. Elogio que s\u00f3lo se valorar\u00e1 en toda su dimensi\u00f3n si se tiene en cuenta la alta estima en que Marx tuvo siempre la ya vieja obra de Engels sobre Inglaterra. Por lo dem\u00e1s, una opini\u00f3n similar reaparece en la contestaci\u00f3n que el propio Marx dio a los rusos de Ginebra al aceptar la propuesta de representarles en el Consejo General de la AIT. Precisamente la comparaci\u00f3n de las cartas enviadas a Engels respecto del trabajo de Flerovski con la respuesta dada a los rusos de Ginebra permite poner de manifiesto, de un lado, el esfuerzo de Marx por vencer las reticencias que sigue produci\u00e9ndole todo lo ruso y, de otro, la inicial perplejidad con que se decide a aceptar la profundidad de los cambios que estaban ocurriendo en aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>En efecto, Marx vio en <em>La situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia<\/em> la ratificaci\u00f3n de lo que \u00e9l mismo \u2013en pol\u00e9mica con los rusos de la d\u00e9cada anterior\u2013 hab\u00eda afirmado en varias ocasiones, a saber: que no exist\u00eda fundamento para seguir idealizando las tradiciones campesinas rusas y menos a\u00fan para abordar el futuro de las relaciones de Rusia con la Europa central y occidental en los t\u00e9rminos optimistas con que muchas veces se expresaron los esclav\u00f3filos y no pocas Herzen y Bakunin. De ah\u00ed que \u2013desconociendo todav\u00eda la aportaci\u00f3n de Chernichevski\u2013 Marx pudiera escribir a Engels que \u00e9sta era \u00abla primera obra que dice la verdad sobre la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Rusia\u00bb. Las razones que aqu\u00e9l adujo en la correspondencia con Engels para calificar de muy importante la obra de Flerovski son de diferente tipo: desde la originalidad del m\u00e9todo de exposici\u00f3n (que a Marx recuerda al historiador franc\u00e9s del siglo XVIII Amans-Alexis Monteil) hasta la capacidad para observar las costumbres populares de las m\u00e1s distintas tierras. Pero probablemente por encima de estas dos cosas lo que m\u00e1s valor\u00f3 Marx fue la cruda veracidad de Flerovski en su descripci\u00f3n de las relaciones sociales, un descriptivismo muy alejado de la grandilocuencia verborreica, del <em>pathos<\/em> nihilista que hizo c\u00e9lebres a tantos rusos en Europa y de la angustiada suma de complejos de inferioridad y superioridad que Marx sospechaba en el \u00aboptimismo ruso\u00bb. Tal vez por eso, sin dejar de observar en aquella obra de Flerovski ciertas concesiones ruralistas en lo que respecta a la forma rusa de la comunidad rural, Marx se siente tan entusiasta que perdona incluso los rasgos sentimentalistas de <em>La situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia<\/em> como un tono apropiado teniendo en cuenta las personas a quienes su autor se dirig\u00eda<sup>106<\/sup>.<\/p>\n<p>Lo que a Marx no acaba de encajarle en ese cuadro es que la mencionada obra hubiera sido publicada legalmente en la Rusia zarista, tanto m\u00e1s cuanto que \u00e9l mismo parece convencido en ese momento de que la traducci\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em> no iba a lograr pasar la censura. As\u00ed, en abril de 1870, Marx comunica a Engels una informaci\u00f3n procedente de Lafargue seg\u00fan la cual Flerovski habr\u00eda sido desterrado a Siberia como consecuencia del efecto de su libro; comunicaci\u00f3n a la que a\u00f1ade la noticia de que <em>El Capital<\/em> hab\u00eda sido prohibido en Rusia<sup>107<\/sup>. Ambas informaciones eran err\u00f3neas. La primera inexacta, pues el autor de <em>La situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia<\/em>, V. V. Bervi, hab\u00eda sido detenido ya ocho a\u00f1os antes, internado luego en un manicomio, deportado a Siberia en 1864 y finalmente desterrado a otros lugares de la geograf\u00eda rusa en los que obtuvo \u2013entre otras cosas\u2013 el inmenso material que tanto sorprendi\u00f3 a Marx; el seud\u00f3nimo utilizado en su obra m\u00e1s conocida y el descriptivismo de la misma despistaron a la censura zarista<sup>108<\/sup>. La segunda informaci\u00f3n de Marx, como es obvio, era falsa. Pero lo sintom\u00e1tico para quien quiera comprender la paradoja de la relaci\u00f3n de Marx con los rusos de esos a\u00f1os es que <em>La situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia<\/em> y <em>El Capital<\/em> pasar\u00edan la censura por razones parecidas: en ambos casos el censor subestim\u00f3 la punta pol\u00edtico-social de los libros que ten\u00eda entre manos. (Es posible, adem\u00e1s, que la publicaci\u00f3n de ambas obras se viera favorecida en aquellas fechas por cierta vacilaci\u00f3n de los censores sobre el l\u00edmite de la \u00abliberalizaci\u00f3n\u00bb del r\u00e9gimen de Alejandro II.) M\u00e1s a\u00fan: el crudo realismo descriptivo de Flerovski \u2013como luego la forma cient\u00edfica de <em>El Capital\u2013<\/em> echaba por tierra la especulaci\u00f3n sin otra base que el deseo de que las-esencias-siempre vivas permanecieran. Por eso, como ocurri\u00f3 con la traducci\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em>, su recepci\u00f3n en los ambientes democr\u00e1ticos. y populistas fue mucho m\u00e1s ambivalente de lo que pod\u00eda esperarse atendiendo a la filiaci\u00f3n pol\u00edtica de los autores en cuesti\u00f3n. Desde luego, la acogida del libro de Flerovski en las revistas democr\u00e1ticas rusas de la \u00e9poca (e incluso en aquellos medios pr\u00f3ximos al populismo) no fue tan calurosa como la que\u00b7 le proporcion\u00f3 el entusiasta Marx que empezaba a leer ruso<sup>109<\/sup>.<\/p>\n<p>En la respuesta que unos meses m\u00e1s tarde dio Marx al ofrecimiento de los rusos de Ginebra, adem\u00e1s de ponerse de manifiesto ese cambio de talante al que se ha aludido, aparece a\u00fan con m\u00e1s claridad la raz\u00f3n por la cual despu\u00e9s de despreciar con tanto sarcasmo la actividad de Herzen y de Bakunin nuestro, autor juzga ahora tan positivamente el libro que le enviara Danielson: \u00abEl optimismo ruso, extendido incluso en el Continente [sic] por los sedicentes revolucionados, ha quedado [con el libro de Flerovski] completamente desenmascarado\u00bb<sup>110<\/sup>. La puya es clara: va dirigida a alejar definitivamente a los componentes de la secci\u00f3n rusa de Ginebra de sus or\u00edgenes herzenianos y bakuninistas. La contestaci\u00f3n de Marx no es, pues, simplemente el cumplido de oficio de un hombre agradecido y en parte sorprendido por la iron\u00eda del destino (\u00abcuriosa posici\u00f3n la m\u00eda haciendo de representante de la joven Rusia\u00bb, hab\u00eda escrito a Engels). En ella se esbozan \u2013sin mayor especificaci\u00f3n, cierto es\u2013 algunas reservas metodol\u00f3gicas respecto del trabajo de Flerovski que no estaban en las cartas escritas a Engels. Por ejemplo, que \u00aben ciertos pasos dicho libro no satisface enteramente las exigencias de la cr\u00edtica desde el punto de vista puramente te\u00f3rico\u00bb. En esas fechas Marx ha recibido ya, y probablemente le\u00eddo, algunos de los trabajos de Chernichevski. Tiende, por tanto, a considerar a \u00e9ste por encima de Flerovski y, en cualquier caso, valora la obra de ambos como un s\u00edntoma de que, por fin, Rusia empieza a \u00abtomar parte en el movimiento general de nuestro siglo\u00bb. Esto en un plano te\u00f3rico amplio. Pero Marx intenta tambi\u00e9n en aquella oportunidad una aproximaci\u00f3n en el marco de la pol\u00edtica internacional inmediata. Y lo hace, justamente, en el terna m\u00e1s delicado para todos: Polonia.<\/p>\n<p>Tal aproximaci\u00f3n no ten\u00eda que resultar dif\u00edcil dados los t\u00e9rminos con que N. I. Utin, en nombre de la secci\u00f3n rusa de Ginebra, introdujo la propuesta que hizo por carta a Marx al comenzar la primavera de 1870. Pues varias de las opiniones comunicadas por aqu\u00e9l eran de hecho un elogio tanto de la exposici\u00f3n marxiana de los principios socialistas como de la cr\u00edtica que el propio Marx hab\u00eda hecho a lo que Utin llamaba \u00abel falso patriotismo\u00bb de los paneslavistas<sup>111<\/sup>. Este \u00faltimo reconocimiento, as\u00ed como la referencia positiva de Utin a Chernichevski y sobre todo la advertencia expl\u00edcita de que el grupo de Ginebra no ten\u00eda absolutamente nada en com\u00fan con Bakunin y \u00absus escasos seguidores\u00bb convencieron finalmente a Marx de que era posible una comunicaci\u00f3n provechosa con los rusos no s\u00f3lo en el plano cient\u00edfico sino tambi\u00e9n en el pol\u00edtico. La correspondencia de Marx con Engels en esas fechas sugiere que la decisi\u00f3n de Marx estuvo motivada en gran manera por un c\u00e1lculo bastante elemental acerca de lo que un acuerdo con los rusos de Ginebra pod\u00eda dar de s\u00ed en el marco de la pol\u00e9mica antibakuninista. Pero esto no es todo. A trav\u00e9s de la correspondencia con Danielson, Utin y Serno-Solovievich, as\u00ed como en sus entrevistas con German Lopantin, Karl Marx capt\u00f3 muy pronto el giro que en el movimiento social ruso se estaba produciendo desde la muerte de Herzen al menos desde el punto de vista de las orientaciones m\u00e1s generales. Este giro se deja resumir bastante acertadamente en la f\u00f3rmula \u00ababandon\u00f3 del optimismo respecto de los valores tradicionales rusos\u00bb emblem\u00e1ticamente expresado por Serno-Solovievich unos a\u00f1os antes al contraponer las obras de Herzen y Chernichevski.<sup>112<\/sup><\/p>\n<p>En cualquier caso, la contestaci\u00f3n de Marx a Utin, al poner el acento en el problema polaco, muestra que el m\u00f3vil de aqu\u00e9l rebasaba con mucho el intento de instrumentaci\u00f3n antibakuninista de la secci\u00f3n rusa de Ginebra. En efecto, orientados por convicciones internacionalistas y recogiendo ideas favorables a Polonia inicialmente expresadas por Herzen pero que se distanciaban ya del moderantismo de la \u00e9poca de <em>Kolokol<\/em> y de la punta aristocraticista de su editor, los miembros de la secci\u00f3n rusa de Ginebra hab\u00edan escrito en su programa que el yugo zarista sobre Polonia no s\u00f3lo era un obst\u00e1culo para la libertad de los polacos, sino tambi\u00e9n para la de los mismos rusos. Marx, aun estando de acuerdo con esta formulaci\u00f3n en su sustancia, recuerda el esp\u00edritu del Manifiesto Inaugural de la AlT y les propone dar un paso m\u00e1s, una ampliaci\u00f3n de aquella formulaci\u00f3n que recogiera la referencia a Alemania y a Europa en su conjunto: la conquista violenta de Polonia por Rusia y el sometimiento por la fuerza de aquella naci\u00f3n \u2013argumenta all\u00ed\u2013 tiene que verse como un apoyo al r\u00e9gimen militar de Prusia y, en tal sentido, como la base de mantenimiento del militarismo en todo el continente<sup>113<\/sup>.<\/p>\n<p>\u00bfPuntillismo german\u00f3filo? La respuesta es: no. Pero exige una explicaci\u00f3n. Cuando Marx contesta los rusos de Ginebra, est\u00e1 radicalizando una de las ideas program\u00e1ticas establecidas por la Internacional, a saber, que la Rusia zarista continuaba siendo el principal obst\u00e1culo para la emancipaci\u00f3n de los trabajadores europeos. La insistencia en ello se debe a que este punto ni siquiera era compartido ya por la mayor\u00eda de los miembros de la AIT al menos cuando se pasaba de las declaraciones gen\u00e9ricas a las tomas de posici\u00f3n expl\u00edcitamente pol\u00edticas. Es interesante se\u00f1alar el sesgo pol\u00e9mico del punto de vista de Marx sobre esta cuesti\u00f3n en 1870-1871 para no sacar de su contexto la precisi\u00f3n hecha a los rusos y su decisi\u00f3n de representarlos en el Consejo General extrayendo conclusiones precipitadas. No es s\u00f3lo que por entonces no quedara ya en Inglaterra reaccionarismo rom\u00e1ntico \u00abcon punta revolucionaria en el plano internacional\u00bb (para expresarlo con la misma f\u00f3rmula que Marx emple\u00f3 para los urquhartistas en 1860), sino que incluso una parte del socialismo de la \u00e9poca \u2013el de influencia proudhoniana\u2013 hab\u00eda dejado de considerar al r\u00e9gimen zarista como el principal peligro para Europa. Desde 1846 a 1870 la derrota de la insurrecci\u00f3n polaca y el paso a primer plano de las preocupaciones suscitadas por el conflicto franco-prusiano amenazaban con colocar a Marx entre la minor\u00eda de quienes segu\u00edan viendo tras el expansionismo y el militarismo \u00abla siniestra figura de Rusia\u00bb. Si unos a\u00f1os antes, al conmemorar la insurrecci\u00f3n polaca, Marx estaba sumamente interesado en denunciar el trasfondo econ\u00f3mico del acercamiento ingl\u00e9s a la Rusia de los zares, as\u00ed como en contrarrestar la influencia del liberalismo conservador sobre los trabajadores en pol\u00edtica internacional, ahora, en 1870, su preocupaci\u00f3n era que el desarrollo del conflicto franco-prusiano acabara echando a franceses o alemanes (o a ambos) en brazos del zar y haciendo por tanto de la Rusia zarista el \u00e1rbitro de la situaci\u00f3n europea. Tal preocupaci\u00f3n aparece muy expl\u00edcitamente en los informes que escribi\u00f3 para el Consejo General de la AIT sobre el comienzo y la evoluci\u00f3n de la guerra franco-prusiana.<sup>114<\/sup> Efectivamente, el contenido de estos informes -y sobre todo las precisiones del segundo de ellos, fechado en septiembre de 1878- permite concluir, en mi opini\u00f3n, que lo que movi\u00f3 a Marx en su contestaci\u00f3n a los rusos no era primordialmente la germanofilia, sino una muy precisa composici\u00f3n de lugar sobre la correlaci\u00f3n de fuerzas existentes en Europa desde la perspectiva emancipatoria de las clases trabajadoras en general. Esta perspectiva incluye en tal fecha la denuncia de \u00abla mentalidad de anticuario\u00bb con que el nacionalismo germ\u00e1nico alababa el poder pol\u00edtico existente en Alemania y pretend\u00eda rehacer el mapa de Europa. Es m\u00e1s: la misma contundencia con que en la respuesta a los rusos se precisaba la cr\u00edtica al \u00abfalso patriotismo\u00bb eslavo reaparece en el segundo informe mencionado al denunciar la euforia patri\u00f3tica de los alemanes. Por tanto, lo que da continuidad al pensamiento de Marx en esas fechas \u2013enlazando con cosas escritas en la d\u00e9cada de los cincuenta\u2013 es que la consideraci\u00f3n cr\u00edtica de los nacionalismos paneslavos, franc\u00e9s, ingl\u00e9s y alem\u00e1n se hace siempre con la vista puesta en las condiciones de posibilidad del expansionismo zarista; as\u00ed, en todos esos casos la acusaci\u00f3n dirigida al nacionalismo es similar: ignorar que a medio plazo la exacerbaci\u00f3n patri\u00f3tica favorece los intereses de Rusia. Con una \u00faltima precisi\u00f3n en el caso del \u00abnacionalismo teut\u00f3nico\u00bb, que es importante para la argumentaci\u00f3n del presente ensayo, a saber: que una actitud as\u00ed s\u00f3lo pod\u00eda conducir a convertir a Alemania en instrumento del engrandecimiento de Rusia,<em> o bien<\/em> a la necesaria preparaci\u00f3n en el futuro para una guerra \u00abde nuevo estilo\u00bb, para una guerra \u00abcontra las razas eslavas y latinas coaligadas\u00bb<sup>115<\/sup>.<\/p>\n<p>De modo, pues, que por encima del puntillismo german\u00f3filo que ciertos protagonistas de la \u00e9poca vieron latir en la relaci\u00f3n de Marx con N. I. Utin y los rusos de Ginebra (complicando las discusiones en el seno de la AIT ya en la Conferencia celebrada en Londres en 1871) parece m\u00e1s plausible interpretar aqu\u00e9lla en primer lugar como una consecuencia l\u00f3gica y natural de la aparici\u00f3n en Rusia de n\u00facleos revolucionarios que adem\u00e1s de combatir al absolutismo zarista se acercaban a la Internacional, se declaraban socialistas y dec\u00edan inspirarse en la doctrina marxiana; y, en segundo lugar, por lo que hace al propio Marx, como el reconocimiento de un hecho (la existencia de \u00abfuerzas volc\u00e1nicas\u00bb que minaban el Imperio) al que se a\u00f1ade el intento de obstaculizar la convergencia de aquellos sectores de la Internacional que por su abstencionismo pol\u00edtico situaban en el mismo plano a todos los reg\u00edmenes entonces vigentes en Europa con aquellos otros grupos que dej\u00e1ndose llevar por el particularismo contribu\u00edan a difuminar el peligro ruso. Importa poco aqu\u00ed que las sospechas de Marx sobre la rusofilia de los otros fuesen a veces tan exageradas como las acusaciones de germanofilia que a \u00e9l mismo se le hicieron. Lo que interesa en este contexto es recapitular acerca de los factores de continuidad y cambio en el pensamiento de Marx para el tema que nos ocupa. Y en tal sentido puede decirse que en esos a\u00f1os se mantiene la idea central sobre el mayor peligro comparativo del absolutismo zarista respecto de todos los dem\u00e1s reg\u00edmenes entonces existentes en Europa desde el punto de vista de los objetivos de los trabajadores (lo cual no tiene por qu\u00e9 obstaculizar el reconocimiento de la acentuaci\u00f3n de la cr\u00edtica marxiana a la civilizaci\u00f3n burguesa, al bonapartismo, al liberalismo y al bismarkismo contempor\u00e1neos). Lo que sufre una modificaci\u00f3n en el pensamiento y en el hacer de Marx al iniciarse la d\u00e9cada de los sesenta es, por as\u00ed decirlo, las alianzas establecidas en funci\u00f3n del proyecto revolucionario y de la consideraci\u00f3n anterior sobre la pol\u00edtica internacional. Por lo que hace a Rusia, este cambio es muy patente: los aliados no son ya los urquhartistas: ingleses obsesionados por la maniobrabilidad de la diplomacia zarista y por la eficacia de sus agentes secretos, sino los revolucionarios rusos que dentro y fuera de las provincias del Imperio estaban contribuyendo al debilitamiento de \u00e9ste y tratando de conectar,al mismo tiempo con las esperanzas de la vanguardia de los trabajadores de la Europa occidental. Tal era precisamente por entonces el caso de A. A. Serno-Solovievich (muerto en 1868), de N. I. Utin, de E. Tomanovskaia, de G. A. Lopatin, de P. L. Lavrov, por mencionar s\u00f3lo algunas de las personas que tuvieron relaci\u00f3n con Marx.<\/p>\n<p><strong>Los amigos rusos<\/strong><\/p>\n<p>En efecto, a partir de 1870 Karl Marx se relacion\u00f3 personalmente o por carta con varios de los protagonistas de la oposici\u00f3n rusa al absolutismo zarista y con un buen n\u00famero de cient\u00edficos rusos de la \u00e9poca. Marx sol\u00eda distinguir entre los amigos cient\u00edficos, con quienes coment\u00f3 o discuti\u00f3 aspectos metodol\u00f3gicos, hist\u00f3ricos, econ\u00f3micos, etnol\u00f3gicos o sociol\u00f3gicos relativos a la particularidad rusa, y los revolucionarios de la d\u00e9cada que habitualmente se incluyen bajo el r\u00f3tulo de \u00abpopulistas\u00bb.<sup>116<\/sup> De entre los primeros hay que destacar \u2013por el inter\u00e9s que Marx puso en la lectura de sus obras\u2013 a Maksim M. Kovalevski, con el que coincidi\u00f3 en Karlsbad, y a Nikolai Iv\u00e1novich Sieber, economista y estad\u00edstico de la universidad de Kiev, mencionado en el ep\u00edlogo a la segunda edici\u00f3n de <em>El Capital<\/em>, as\u00ed como en la correspondencia con Danielson. Este \u00faltimo fue sin duda el puente entre los amigos cient\u00edficos y los revolucionarios rusos que contactaron con Marx. Y un papel parecido, aunque en otro plano, tuvo P. L. Lavrov, autor de las c\u00e9lebres <em>Cartas hist\u00f3ricas<\/em>, con quien Marx y Engels se cartearon desde 1875. La lista de los amigos y corresponsales que aportaron a Marx noticias y valoraciones de inter\u00e9s sobre el movimiento pol\u00edtico-social en auge en la Rusia de la \u00e9poca es m\u00e1s amplia: adem\u00e1s de los citados en relaci\u00f3n con el grupo de Ginebra a principios de 1870, visitaron a \u00e9ste o le escribieron en distintas oportunidades entre esa fecha y 1882 Lev Hartmann, Nikolai A. Morozov, Nikolai Chaikovski, D. I. Richter, Vera Zasulich, entre otros c\u00e9lebres pol\u00edticos y activistas de la resistencia antiabsolutista.<\/p>\n<p>Los testimonios que nos han llegado de estas relaciones \u2013tanto por lo que hace al propio Marx como a sus visitantes o corresponsales\u2013 ponen de manifiesto que las mismas no fueron en absoluto f\u00e1ciles. De creer a Kovalevski, Marx no habr\u00eda llegado nunca a superar del todo sus viejas reticencias respecto de los rusos. En tal sentido todav\u00eda en 1875 habr\u00eda declarado al \u00abamigo cient\u00edfico\u00bb que, con escasas excepciones, todos los rusos afincados en el extranjero eran agentes paneslavos, incluido Herzen. No hay razones de peso para dudar del testimonio de Kovalevski, aunque a \u00e9ste seguramente no le gustaba demasiado la distinci\u00f3n que Marx sol\u00eda hacer entre sus amigos. En cambio, existe constancia de varios incidentes de esos a\u00f1os que prueban c\u00f3mo Marx segu\u00eda juzgando con un puntillo excesivo cualquier actuaci\u00f3n de sus conocidos rusos que le pareciera ligeramente sospechosa<sup>117<\/sup>. Actitud \u00e9sta confirmada por Henry Mayers Hyndmann, el dirigente socialdem\u00f3crata ingl\u00e9s que por entonces tuvo una relaci\u00f3n bastante intensa con Marx en Londres y que no deja de referirse en su <em>Record<\/em> a la persistencia de la rusofobia de \u00e9ste. No he encontrado, sin embargo, documentos que prueben la opini\u00f3n de Hyndmann seg\u00fan la cual aquella exageraci\u00f3n era una consecuencia l\u00f3gica del origen jud\u00edo de Marx y del sentimiento que le produjo la forma en que su raza estaba siendo tratada en Rusia<sup>118<\/sup>.<\/p>\n<p>De todas formas, conociendo la abundancia de adjetivos despreciativos existentes en la correspondencia de Marx (adjudicados incluso a personas a las que trat\u00f3 con m\u00e1s intimidad que a los rusos) no estar\u00e1 de m\u00e1s relativizar un poco este aspecto de la cuesti\u00f3n. Sobre todo atendiendo a que tambi\u00e9n en lo que respecta a los rusos hubo excepciones. La principal de ellas entre los rusos a los que Marx conoci\u00f3 personalmente fue sin lugar a dudas German Lopatin, a quien en un determinado momento Marx consider\u00f3 como \u00abel \u00fanico ruso serio\u00bb. Esta preferencia se comprende, por lo dem\u00e1s, teniendo en cuenta no s\u00f3lo la responsabilidad de Lopatin en la edici\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em>, sino tambi\u00e9n la admiraci\u00f3n compartida por Chernichevski, adem\u00e1s de la valent\u00eda que le caracteriz\u00f3 en todo momento<sup>119<\/sup>. Otra excepci\u00f3n fue precisamente Chernichevski, detenido en 1862, desterrado desde entonces y al que Marx no lleg\u00f3 a tratar pero cuya obra conoci\u00f3 parcialmente a trav\u00e9s de los env\u00edos de Danielson desde Rusia y de las reimpresiones de art\u00edculos suyos hechas por los rusos exiliados. Las referencias de Marx a Chernichevski no son muchas ciertamente, pero merecen tratamiento aparte porque ayudan a comprender el acercamiento del autor de <em>El Capital<\/em> al tema central de los populistas de la \u00e9poca, sus matices sobre el futuro de la <em>obschina<\/em> en el umbral de los a\u00f1os ochenta y algunas de las vacilaciones del \u00faltimo Marx acerca de la relaci\u00f3n entre la revoluci\u00f3n en Occidente y lo que pod\u00eda llegar a ser una \u00abcivilizaci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb en Rusia.<\/p>\n<p>Se ha aludido ya a una primera coincidencia entre las opiniones de Marx y de Chernichevski en los meses inmediatamente anteriores a la reforma de 1861. Se trataba entonces de la cr\u00edtica a las ilusiones liberales sobre la orientaci\u00f3n de fondo del proyecto de Alejandro II. En esas fechas \u2013y a\u00fan m\u00e1s en los meses que siguieron al decreto de emancipaci\u00f3n de los siervos\u2013 Chernichevski hab\u00eda llegado a la conclusi\u00f3n de que lo que se estaba presentando como una modernizaci\u00f3n occidentalista no era tal. En su opini\u00f3n, al hacerse al margen y parcialmente contra los deseos y esperanzas de la mayor\u00eda del campesinado la reforma corr\u00eda el peligro de quedarse en una reedici\u00f3n de lo que fuera la \u00e9poca de Pedro el Grande, cuyo rasgo principal habr\u00eda sido la conversi\u00f3n de Rusia en una potencia militar sin que cambiara sustancialmente en otros aspectos. Pero al mismo tiempo la cr\u00edtica de Chernichevski a la reforma de 1861 se diferenciaba de las reticencias anticapitalistas existentes en los ambientes intelectuales rusos de la \u00e9poca. Chernichevski no compart\u00eda el desprecio de los eslav\u00f3filos por la industrializaci\u00f3n europea, ni el populismo aristocratizante de T\u00f3lstoi, ni el liberalismo conservador te\u00f1ido de paneslavismo de Dostoievski ni el prurito german\u00f3fobo de Herzen. Su concepci\u00f3n de la \u00abaut\u00e9ntica civilizaci\u00f3n\u00bb del futuro para Rusia trataba de amalgamar la conservaci\u00f3n de la cultura solidaria e integrada de la vieja comuna rural con una reforma moral e intelectual que ten\u00eda mucho que aprender de Alemania, Francia e Inglaterra. No, desde luego, el liberalismo econ\u00f3mico, ni tampoco el liberalismo pol\u00edtico conservador de la \u00e9poca; sino la disponibilidad t\u00e9cnica en el desarrollo agr\u00edcola, el sentido de la unidad nacional, la tolerancia y la ilustraci\u00f3n. Su optimismo de la voluntad respecto de los pueblos que llegan tarde a la historia, y se\u00f1aladamente sobre el futuro de Rusia por comparaci\u00f3n con los pa\u00edses de la Europa occidental, no se basaba en la idealizaci\u00f3n de la comuna rural gen\u00e9ricamente entendida, sino en la consideraci\u00f3n de que la persistencia de \u00e9sta hasta fechas relativamente tard\u00edas constitu\u00eda un hecho positivo porque permit\u00eda aprender no s\u00f3lo de los errores sino tambi\u00e9n de los ensayos logrados en otros lugares de Europa. Ahora bien, en la argumentaci\u00f3n de Chernichevski, recoger los frutos de esta particularidad exig\u00eda el conocimiento de \u00ablos otros\u00bb y, por tanto, la superaci\u00f3n del patriotismo metaf\u00edsico y la toma de conciencia por parte del campesinado servil respecto de los males del \u00abasiatismo\u00bb en Rusia, esto es, respecto de las consecuencias sociales y culturales de la inexistencia de derechos, de la arbitrariedad, del atraso econ\u00f3mico, de la ineficacia administrativa y de la indiferencia en lo que hace a la participaci\u00f3n ciudadana en la vida pol\u00edtica, en los asuntos de la colectividad.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo es en cambio el fundamento del pesimismo de la inteligencia de Chernichevski en los a\u00f1os de la reforma, de su escepticismo sobre la proximidad de una salida positiva en 1858. Es de notar tambi\u00e9n en este caso la similitud de su punto de vista y el de Marx. Pues ambos expresaron la lucidez ante las dificultades de la encrucijada social, econ\u00f3mica y pol\u00edtica del momento <em>mediante una acentuaci\u00f3n de la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas<\/em>. He aqu\u00ed la opini\u00f3n de Chernichevski: \u00abExisten en la historia situaciones tales que no tienen una salida positiva, no porque no se la pueda concebir, sino porque la voluntad de la cual depende esa salida de ning\u00fan modo puede aceptarla. \u00bfQu\u00e9 le queda por hacer al observador honesto en tales casos? \u00bfAcaso enga\u00f1arse con las tentaciones de la posibilidad, incluso de la verosimilitud, de esa aceptaci\u00f3n? No sabemos qu\u00e9 har\u00e1, pero sabemos al menos lo que no debe hacer: empe\u00f1arse en cegar a otros. Debe, por tanto, guardarse de contagiar a otros la peste ideol\u00f3gica si por desgracia la sufre\u00bb.<\/p>\n<p>Es posible que algunas de las similitudes y coincidencias entre las opiniones de Chernichevski y de Marx tuvieran un fondo filos\u00f3fico m\u00e1s general. Y en tal sentido un estudio comparativo de los juicios respectivos sobre el positivismo de \u00e9poca, sobre los or\u00edgenes del darwinismo social y sobre el desarrollo simult\u00e1neo de liberalismo y cesarismo en Europa probablemente tendr\u00eda el inter\u00e9s adicional de mostrar hasta qu\u00e9 punto, con muchos quil\u00f3metros de distancia y aun sin existir contacto directo entre los autores, tambi\u00e9n en las ciencias sociales los grandes temas brotan y son tratados a veces de forma similar. Pero aun dejando este asunto para ocasi\u00f3n m\u00e1s propicia, vale la pena subrayar aqu\u00ed que algunos rasgos comunes en la formaci\u00f3n intelectual de Marx y de Chernichevski explican tal vez esas coincidencias: como Marx, tambi\u00e9n Chernichevski se form\u00f3 en Hegel; como Marx, se rebel\u00f3 frente al conservadurismo pol\u00edtico en Hegel, el aspecto idealista de su dial\u00e9ctica y el esp\u00edritu de sistema; como Marx, tambi\u00e9n Chernichevski encontr\u00f3 provisionalmente en el materialismo antropol\u00f3gico feuerbachiano el ant\u00eddoto para lo que uno y otro consideraron peligroso atractivo especulativo de aquel sistema; como Marx, tambi\u00e9n Chernichevski se volvi\u00f3 hacia la econom\u00eda pol\u00edtica inglesa para buscar en ella cr\u00edticamente la explicaci\u00f3n a las realidades pol\u00edtico-sociales que le preocupaban; y como Marx, tambi\u00e9n Chernichevski asumi\u00f3 la defensa de Hegel frente a aquellos que le trataban como a perro muerto. Esto \u00faltimo tiene importancia directa para nuestro tema, pues no deja de ser un s\u00edntoma que uno y otro reivindicaran el esquema hist\u00f3rico-dial\u00e9ctico hegeliano precisamente al abordar el asunto de la comuna rural rusa, y ambos ya en trabajos de madurez. En efecto, la justificaci\u00f3n filos\u00f3fica de la <em>obschina<\/em> por Chernichevski tiene muchos puntos de contacto con el concepto del \u00faltimo Marx, el cual atribuy\u00f3 a aqu\u00e9lla una funci\u00f3n que es a la vez conservadora de valores culturales tradicionales y revolucionaria desde el punto de vista de las relaciones sociales, enriquecedora vuelta a los or\u00edgenes.<sup>120<\/sup> En uno y otro caso se tiene la impresi\u00f3n de que el dial\u00e9ctico retorno a un principio enriquecido cultural y socialmente (el comunitarismo igualitario t\u00e9cnicamente perfeccionado que se postula) cumple el papel de justificaci\u00f3n te\u00f3rica de una aspiraci\u00f3n (ahorrar a los hombres los horrores de la altura de la historia, de la civilizaci\u00f3n capitalista) que chocaba ya en la Rusia de entonces con numerosos obst\u00e1culos reconocidos por el pesimismo de la inteligencia: El hegelismo de Chernichevski, como el del viejo Marx, habr\u00eda sido por tanto la forma mediante la cual se hace concordar el an\u00e1lisis y el ideal, la explicaci\u00f3n cient\u00edfica y la voluntad pol\u00edtico-moral. Tal es el trasfondo te\u00f3rico del entusiasmo de Marx al constatar la quiebra del \u00aboptimismo ruso\u00bb, esto es, de la idealizaci\u00f3n de lo viejo, del antiguo comunitarismo como mera reacci\u00f3n rom\u00e1ntica anticapitalista sin consciencia de los factores disolventes en acto<sup>121<\/sup>.<\/p>\n<p>De la facilidad con que Marx capt\u00f3 la inflexi\u00f3n que, por influencia de Chernichevski, se estaba produciendo en los medios revolucionarlos rusos dan cuenta los ya aludidos comentarios a la obra de Flerovski. Pero hay m\u00e1s. La edici\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em>, publicada en abril de 1872, prescind\u00eda de la referencia negativa a Herzen contenida en la edici\u00f3n alemana e inclu\u00eda un elogio de Chenichevski que luego figurar\u00e1 tambi\u00e9n en el ep\u00edlogo a la segunda edici\u00f3n de la obra fechado en Londres el 24 de enero de 1873. A ese cambio contribuyeron sin duda motivos pol\u00edticos o de oportunidad que tienen que ver con la relaci\u00f3n establecida por Marx con los nuevos \u00abamigos rusos\u00bb. Pero no s\u00f3lo ni primordialmente. Pues la referencia de Marx al \u00abgran sabio y cr\u00edtico\u00bb Chernichevski est\u00e1 en un contexto en el cual se habla de los hombres que despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n continental de 1848 aspiraban a tener \u00abalguna importancia cient\u00edfica\u00bb y se contrapone precisamente al \u00absincretismo sin nervio\u00bb de John Stuart Mill.<sup>122<\/sup> Adem\u00e1s, de la correspondencia con Danielson se sigue que en esas fechas Marx conoc\u00eda mejor la obra cient\u00edfica de Chernichevski (sus escritos econ\u00f3micos) que la actividad de \u00e9ste como publicista y fil\u00f3sofo social. En cualquier caso Marx proyectaba tratar ambos aspectos del quehacer de Chernichevski, el cient\u00edfico en el segundo volumen de <em>El Capital<\/em> y el pol\u00edtico-social (o tal vez las dos cosas juntas) en un ensayo aparte que sirviera para dar a conocer la personalidad del ruso en Occidente.<sup>123<\/sup> Como tantos otros proyectos del viejo Marx, tampoco \u00e9ste lleg\u00f3 a realizarse. Marx sigui\u00f3 con mucha simpat\u00eda una audaz iniciativa de Lopatin para liberar a Chernichevski (que acab\u00f3 con la detenci\u00f3n del primero), coloc\u00f3 en su despacho londinense una fotograf\u00eda de aqu\u00e9l, pero no pudo escribir lo que se propon\u00eda. La enfermedad, el retraso con que recibi\u00f3 el material que hab\u00eda pedido a Danielson y otras ocupaciones frustraron el proyecto. Con ello se perd\u00eda la ocasi\u00f3n de un encuentro intelectual que, por motivos distintos a lo ocurrido en el caso de la relaci\u00f3n con Herzen, deja un hueco que no pudo ser cubierto por la posterior aproximaci\u00f3n leninista a Chernichevski.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del \u00abdescubrimiento\u00bb \u2013si se me permite hablar as\u00ed\u2013 de Chernichevski, esta doble relaci\u00f3n cient\u00edfica y pol\u00edtica con los rusos de la d\u00e9cada de los setenta tuvo en el pensamiento de Marx otras repercusiones que merecen ser subrayadas. En primer lugar est\u00e1 el esbozo de una nueva valoraci\u00f3n del papel potencial de los distintos grupos sociales actuantes en la Rusia de la \u00e9poca. En tal sentido es significativo el hecho de que ya en 1871, en la Conferencia de la AIT celebrada en Londres, Marx apoyara \u2013frente a las reticencias de otras delegaciones\u2013 la posici\u00f3n de N. I. Utin; pues, de acuerdo con ella, se estaba admitiendo que la particularidad rusa permit\u00eda una confluencia de los estudiantes pobres con los trabajadores y defendiendo que, pese al escaso n\u00famero de obreros industriales all\u00ed existentes, era posible superar la fase de las sociedades secretas y crear una secci\u00f3n de la Internacional. La base de la argumentaci\u00f3n de Utin y de Marx fue en aquella oportunidad la constataci\u00f3n del esp\u00edritu de socialidad y de solidaridad de que daba muestras la minor\u00eda aludida. Tal declaraci\u00f3n, adem\u00e1s de poner de manifiesto la punta antisectaria de las intervenciones de Marx en los organismos de la AIT<sup>124<\/sup>, supon\u00eda admitir impl\u00edcitamente una cierta modificaci\u00f3n del concepto habitual, europeo-occidental, de clase obrera (respondiendo positivamente, por tanto, el interrogante que unos a\u00f1os antes planteara Engels en sus cartas a la revista <em>Commonwealth<\/em>) y dedicar una mayor atenci\u00f3n a la funci\u00f3n del campesinado en Rusia. En los a\u00f1os siguientes Marx precisar\u00eda, en contextos casi siempre pol\u00e9micos, esa nueva valoraci\u00f3n del papel del estudiantado y del campesinado rusos. Por lo que hace a los primeros obtuvo informaci\u00f3n de Lopatin y Danielson acerca de las dimensiones del nihilismo de la \u00e9poca en relaci\u00f3n con la actividad de Nechaev. La opini\u00f3n que se form\u00f3 al respecto fue, de un lado, ratificadora de su impresi\u00f3n sobre la profundidad del proceso de disoluci\u00f3n que afectaba a la sociedad rusa y, de otra, cr\u00edtica de los m\u00e9todos utilizados por los estudiantes y de su forma de entender la intervenci\u00f3n en la vida pol\u00edtica.<sup>125<\/sup> El punto de vista de Marx sobre el campesinado ruso ser\u00eda motivo de elaboraci\u00f3n m\u00e1s detallada en los borradores de la carta que escribi\u00f3 a Vera Zasulich en marzo de 1881, aunque la reflexi\u00f3n sobre aspectos decisivos para este tema ocup\u00f3 buena parte de la actividad cient\u00edfica del autor de <em>El Capital<\/em>, centrada precisamente en el estudio de la renta territorial y, m\u00e1s en general, de los problemas agrarios<sup>126<\/sup>.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la relaci\u00f3n con los rusos reforz\u00f3 el anterior convencimiento de Marx sobre la inevitabilidad y la inminencia de la revoluci\u00f3n en Rusia. Aunque el pron\u00f3stico de 1858, en el momento del anuncio de la emancipaci\u00f3n de los siervos, no se cumpli\u00f3, Marx sigui\u00f3 pensando que todas las condiciones estaban ya dadas para que aqu\u00e9lla se produjera y manifest\u00f3 tal seguridad con mayor fuerza a medida que fue conociendo de cerca la actividad de los grupos antizaristas. Desde 1870 hasta 1883 Marx vio en todos y cada uno de los principales acontecimientos internos e internacionales por los que pas\u00f3 o en los que estuvo implicado el absolutismo zarista un pre\u00e1mbulo de la revoluci\u00f3n. Es por tanto una curiosa iron\u00eda el que, a la larga, se haya impuesto una interpretaci\u00f3n del pensamiento marxiano seg\u00fan la cual nuestro hombre se interes\u00f3 s\u00f3lo por la revoluci\u00f3n europeo-occidental. Los hechos son, sin embargo, inequ\u00edvocos y cualquier investigaci\u00f3n detallada de las manifestaciones de Marx en los doce \u00faltimos a\u00f1os de su vida tiene que llegar a la conclusi\u00f3n de su convencimiento en lo que respecta a la proximidad de la revoluci\u00f3n rusa. Sin \u00e1nimo de exhaustividad se pueden mencionar al menos cinco pasos relevantes que prueban lo dicho. Primero, la visi\u00f3n del conflicto franco-prusiano en 1870 como una oportunidad hist\u00f3rica en la cual la firma de una paz honorable potenciar\u00eda la revoluci\u00f3n rusa en ciernes; segundo, la visi\u00f3n del replanteamiento de la cuesti\u00f3n oriental, esto es, de 1a nueva guerra ruso-turca en 1877 como un giro crucial en la historia europea, cuya consecuencia ser\u00eda el que \u00abla revoluci\u00f3n se inicia ahora en el Este\u00bb; tercero, el tratamiento espec\u00edfico del tema de la revoluci\u00f3n rusa en relaci\u00f3n con la persistencia de la comuna rural en 1881; cuarto, la interpretaci\u00f3n del terrorismo populista de finales de la d\u00e9cada de los setenta y, en medida mayor a\u00fan, del atentado que cost\u00f3 la vida a Alejandro II como una ratificaci\u00f3n de la madurez de las condiciones para el cambio revolucionario, y quinto, la admisi\u00f3n expl\u00edcita de la complementariedad entre revoluci\u00f3n rusa y revoluci\u00f3n proletaria en Europa occidental, en 1882, al firmar con Engels el pr\u00f3logo a la segunda edici\u00f3n rusa del <em>Manifiesto comunista<\/em>.<sup>127<\/sup><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed se ha hablado de convencimiento. Para ser m\u00e1s precisos y reflejar con m\u00e1s verdad el pensamiento de Marx al respecto habr\u00eda que decir que no fue s\u00f3lo convencimiento razonablemente arg\u00fcido sino tambi\u00e9n <em>deseo de que las cosas ocurrieran as\u00ed, esperanza de la revoluci\u00f3n rusa<\/em>. Lo que, por lo general, complica el buen entendimiento de esta posici\u00f3n, tanto para el marxismo occidental como para el marxismo ruso, es que aquel convencimiento y este deseo fueron motivados y argumentados, en el caso de Marx, casi siempre en contra de la corriente. En efecto, la esperanza y el convencimiento de Marx a este respecto no tienen nada que ver con el esp\u00edritu regeneracionista de Herzen en su consideraci\u00f3n salvadora de una Europa en decadencia, tampoco coinciden con las esperanzas de la mayor\u00eda de los activistas del populismo de la \u00e9poca, pero al mismo tiempo est\u00e1n muy lejos de la visi\u00f3n economicista que se empecina en la idea del atraso econ\u00f3mico ruso as\u00ed como de la mera y chata consideraci\u00f3n geopol\u00edtica. Que el convencimiento de Marx en lo relativo a la inminencia y a la inevitabilidad de la revoluci\u00f3n en Rusia tiene tanto de an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n en el continente como de afirmaci\u00f3n de la voluntad es algo patente, por ejemplo, en la carta que escribi\u00f3 a los socialdem\u00f3cratas alemanes durante el conflicto franco-prusiano, recomend\u00e1ndoles manifestarse en contra de la anexi\u00f3n de Alsacia-Lorena y en favor de una paz honorable con Francia, pues su argumento central all\u00ed es que dicha paz tendr\u00eda como contrapartida, por fin, la guerra de Alemania contra Rusia y el desencadenarse de la revoluci\u00f3n en este \u00faltimo pa\u00eds<sup>128<\/sup>. La misma afirmaci\u00f3n de la voluntad, el mismo deseo lo encontramos, impl\u00edcita o expl\u00edcitamente, en sus declaraciones sobre la guerra ruso-turca, momento en el cu\u00e1l \u2013como en 1853\u2013 Marx se puso del lado turco aduciendo, por una parte, la valent\u00eda del campesinado de aquella nacionalidad y, por otra, la esperanza de que la guerra misma, independientemente de quien la ganara, fuera el golpe definitivo para el Imperio de los zares y potenciara la revoluci\u00f3n en Rusia<sup>129<\/sup>. Declaraciones as\u00ed ponen de manifiesto una vez m\u00e1s lo que hay de continuidad en el pensamiento de Marx para el tema que nos ocupa aqu\u00ed: vinculaci\u00f3n del cambio en Rusia a la necesidad de la guerra, conducida \u00e9sta desde el Oeste o provocada desde Turqu\u00eda, pero siempre con la intervenci\u00f3n decisiva en la misma de las potencias occidentales. S\u00edntoma anecd\u00f3tico de esta continuidad de pensamiento es el que, al replantearse la \u00abcuesti\u00f3n de Oriente\u00bb en 1877-1878, Marx volviera a dirigirse a un viejo conocido urquhartista para seguir denunciando lo que consideraba rusofilia del gobierno ingl\u00e9s de entonces<sup>130<\/sup>.<\/p>\n<p>Esta insistencia de Marx en su idea de vincular la revoluci\u00f3n rusa a la necesidad de la guerra contra Rusia desde el Oeste o desde Oriente est\u00e1 cargada de implicaciones. Una de ellas es la relativa ambivalencia sobre el potencial car\u00e1cter de la revoluci\u00f3n rusa en tales condiciones. En sus \u00faltimos a\u00f1os Marx parece haber oscilado entre un concepto de revoluci\u00f3n rusa en la que el rasgo central ser\u00eda el hundimiento del Imperio, algo as\u00ed como una beneficiosa cat\u00e1strofe natural, y la dificultad de definir la naturaleza econ\u00f3mica y social de lo que de ah\u00ed pod\u00eda brotar. Dejando para m\u00e1s adelante la estimaci\u00f3n del esfuerzo te\u00f3rico de Marx, en los borradores de la carta a Vera Zasulich, para hallar una soluci\u00f3n positiva a dicha cuesti\u00f3n desde el punto de vista te\u00f3rico, se puede a\u00f1adir aqu\u00ed lo que Marx <em>no<\/em> cre\u00eda que fuera a ser la revoluci\u00f3n rusa. Tal vez el paso m\u00e1s expl\u00edcito al respecto se encuentra en sus comentarios cr\u00edticos al ensayo de Bakunin sobre estatismo y anarqu\u00eda. En efecto, Bakunin apuntaba all\u00ed muy agudamente una posible implicaci\u00f3n futura de la adopci\u00f3n de una perspectiva nacional-alemana al caracterizar las revoluciones en ciernes, y se\u00f1aladamente la relaci\u00f3n entre la revoluci\u00f3n alemana y la de los pueblos eslavos, a saber: la posibilidad de que los eslavos, mayoritariamente campesinos, acabaran convirti\u00e9ndose en siervos del proletariado alem\u00e1n, con lo que se reproducir\u00eda una situaci\u00f3n similar a la existente entonces entre el proletariado y la burgues\u00eda. La especulaci\u00f3n de Bakunin era relevante porque hac\u00eda pasar al primer plano de la discusi\u00f3n el v\u00ednculo entre revoluci\u00f3n y permanencia de las nacionalidades abordando, por tanto, una preocupaci\u00f3n muy sentida por las diferentes corrientes de la Internacional y una dificultad apreciable en todos los programas de la \u00e9poca. La opini\u00f3n de Bakunin era, en sustancia, que impedir aquel potencial desarrollo negativo de las cosas exig\u00eda reafirmar la necesidad de \u00abla revoluci\u00f3n socialista radical\u00bb <em>tambi\u00e9n<\/em> en Rusia. Esta opini\u00f3n dio pie a Marx para aclarar el propio punto de vista. Interjecciones aparte, la respuesta de Marx fue esta: que una revoluci\u00f3n <em>social radical<\/em> depende de ciertas condiciones hist\u00f3ricas de desarrollo econ\u00f3mico previo o, lo que es lo mismo, de que el proletariado industrial haya alcanzado con anterioridad un peso cuantitativo y cualitativo importante en la masa del pueblo; que s\u00f3lo en ese caso es posible hacer por el campesinado al menos tanto como lo que hizo la revoluci\u00f3n francesa, y que, en consecuencia, no se pod\u00eda pretender realizar en pueblos de campesinos y pastores \u2013como los rusos y los eslavos en general\u2013 una revoluci\u00f3n social a la europea. De acuerdo con este razonamiento, la equiparaci\u00f3n de los contenidos sociales de las revoluciones rusa y alemana (o europeo-occidental en general) era puro voluntarismo con olvido de las condiciones econ\u00f3micas.<sup>131<\/sup><\/p>\n<p>La respuesta de Marx a Bakunin aclara, efectivamente, lo que Marx <em>no<\/em> cre\u00eda que fuera a ser la revoluci\u00f3n rusa. Pero en su recordatorio del <em>abc<\/em> del socialismo \u2013para decirlo con palabras que meses despu\u00e9s emplear\u00eda Engels en su pol\u00e9mica con otro ruso, Piotr Nikititch Tkatchov\u2013 deja a un lado la principal preocupaci\u00f3n de aqu\u00e9l, esto es, el tipo de relaci\u00f3n entre revoluciones con distinto contenido social, complicadas, adem\u00e1s, por diferencias culturales muy marcadas. Como dec\u00eda Brecht de la buena gente que pone la piedra en lugar equivocado y ayuda con ello, cuando la miramos, a descubrir el lugar verdadero, as\u00ed tambi\u00e9n en este caso la objeci\u00f3n de Bakunin apunta hacia un problema insuficientemente argumentado por Marx. Se entra as\u00ed en una segunda implicaci\u00f3n de la insistencia de Marx en vincular la revoluci\u00f3n rusa a la guerra de los alemanes contra Rusia. Ya en los a\u00f1os cincuenta la argumentaci\u00f3n de Marx presentaba una circularidad que tiene todo el aspecto de nudo gordiano, pues se daba como causa principal de la demora de la revoluci\u00f3n en Occidente la existencia del baluarte reaccionario representado por la Rusia zarista, pero se hac\u00eda depender el hundimiento de este baluarte de la intervenci\u00f3n militar de potencias occidentales a cuyos gobiernos el propio Marx, como comunista, no pod\u00eda dejar de criticar (y no s\u00f3lo, desde luego, en el aspecto internacional de la cuesti\u00f3n, como es sabido). La forma de romper el nudo la conocemos: aliarse con reaccionarios que son \u00abrevolucionarios\u00bb en pol\u00edtica exterior. Pero en la segunda mitad de la d\u00e9cada de los setenta ese nudo se enredaba todav\u00eda un poco m\u00e1s en la argumentaci\u00f3n de Marx, dado que, por una parte, hab\u00eda intensificado la denuncia del papel conservador de las potencias occidentales (desde la Comuna de Par\u00eds no s\u00f3lo de las potencias europeas, sino tambi\u00e9n de los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica) y, por otra parte, admit\u00eda la interrelaci\u00f3n de los procesos revolucionarios ruso y europeo-occidental. \u00bfC\u00f3mo, admitida la guerra como un imperativo, poner de acuerdo a rusos y alemanes en un objetivo que por encima de los contenidos sociales de las revoluciones respectivas se dec\u00eda com\u00fan? Recoger ese cabo suelto seguramente es tarea del futuro. No obstante, para recogerlo hay que aceptar previamente que ah\u00ed estuvo uno de los mayores obst\u00e1culos frente al que se estrell\u00f3 el internacionalismo decimon\u00f3nico. S\u00f3lo un dato m\u00e1s al respecto: m\u00e1s all\u00e1 de la capacidad del propio Marx para arg\u00fcir su tesis del v\u00ednculo necesario entre guerra y revoluci\u00f3n (dicho sea de paso, casi contra todos: contra proudhonianos franceses, contra bakuninistas, contra los populistas rusos agobiados por la nueva oleada patri\u00f3tica que provoc\u00f3 la guerra ruso-turca, contra la tibieza del movimiento obrero ingl\u00e9s y contra el exceso nacionalista de algunos de sus compatriotas), basta con hojear las publicaciones de los principales dirigentes revolucionarios de la \u00e9poca que tuvieron relaci\u00f3n con Marx para darse cuenta de la impotencia en que se encontraban a la hora de buscar una soluci\u00f3n simplemente te\u00f3rica al problema, no digamos programas de actuaci\u00f3n.<sup>132<\/sup> (Cierto es que el temor de Bakunin sobre el sometimiento de los campesinos eslavos al proletariado alem\u00e1n no se cumpli\u00f3; cierto tambi\u00e9n que cuando el genio pol\u00edtico de Vladimir Ilich, con la contribuci\u00f3n del azar hist\u00f3rico, logr\u00f3 cortar el nudo gordiano que Marx leg\u00f3 la vieja idea de la guerra de Alemania contra Rusia produjo parte del fruto esperado, pero para entonces la conversi\u00f3n de la vieja idea en metaf\u00edsica nacionalista germ\u00e1nica tuvo igualmente su peso en que ocurriera lo menos esperado, la derrota de la revoluci\u00f3n en Alemania.)<sup>133<\/sup><\/p>\n<p>As\u00ed pues, si el aspecto de la continuidad en el pensamiento ele Marx sobre Rusia se encuentra en las manifestaciones sobre la pol\u00edtica internacional, en su estimaci\u00f3n de las coyunturas y en el an\u00e1lisis de las correlaciones de fuerzas en el continente europeo, la nota de la novedad hay que buscarla en aquello a lo que dedic\u00f3 m\u00e1s tiempo desde la crisis de la Internacional: el estudio de la particularidad rusa. Estudio que abarc\u00f3 facetas varias, desde la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la propiedad comunal hasta las condiciones de la agricultura a partir de la evoluci\u00f3n de la servidumbre, desde el mercado financiero al sistema fiscal y desde las repercusiones econ\u00f3micosociales de la introducci\u00f3n del ferrocarril hasta la comparaci\u00f3n con el desarrollo hist\u00f3rico de la otra gran potencia emergente en la \u00e9poca, los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica. En total, varios metros c\u00fabicos de informaci\u00f3n econ\u00f3mica y estad\u00edstica le\u00eddos, anotados o extractados que nos muestran al viejo Marx, a pesar de los achaques, como el devorador de libros que siempre fue, observado con prevenci\u00f3n por sus \u00edntimos razonablemente preocupados porque <em>El Capital<\/em> no se acababa nunca. Y es que desde que Marx empezara su obra, el mundo, por as\u00ed decirlo, se hab\u00eda hecho m\u00e1s grande. El \u00abtodo art\u00edstico\u00bb al que aqu\u00e9l aspiraba como forma de exposici\u00f3n habr\u00eda exigido ya entonces el trabajo de investigaci\u00f3n de m\u00e1s de un hombre. No es extra\u00f1o, por tanto, que a la muerte de Marx su colaborador de siempre, el que hab\u00eda seguido paso a paso la gestaci\u00f3n de <em>El Capital<\/em>, se encontrara con la sorpresa de que el amigo desaparecido dejaba mucho m\u00e1s material en bruto para investigar que escritos para publicar. Entre la aspiraci\u00f3n al \u00abtodo art\u00edstico\u00bb y aquel material en bruto queda la iron\u00eda de Balzac en <em>Le chef d&#8217;oeuvre inconnu<\/em>, recomendada un d\u00eda por Marx a Engels. Pero quedan tambi\u00e9n algunos resultados del convencimiento de Marx de que el caso ruso exig\u00eda una investigaci\u00f3n particular. Tal fue la tercera consecuencia \u2013y, vista con perspectiva hist\u00f3rica, la m\u00e1s interesante\u2013 de aquella paradoja de 1870, del trato de Karl Marx con los \u00abamigos rusos\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>1 Eleanor Aveling Marx hizo publicar una edici\u00f3n (incompleta y poco cuidada) de las <em>Revelations<\/em> en 1899, en Londres. David Riazanov trabaj\u00f3 sobre ella y la cotej\u00f3 con la colecci\u00f3n de art\u00edculos inicialmente publicados por Karl Marx en la <em>Free Press<\/em> de Londres. Cf. al respecto, <em>Karl Marx on anglo-russian relations<\/em>, Londres, New York Publications, 1983. Despu\u00e9s de la sustituci\u00f3n de Riazanov por V. Adoratski en el Instituto Marx-Engels de Mosc\u00fa los vol\u00famenes correspondientes de las ediciones rusa y alemana aparecieron sin el texto de las <em>Revelaciones<\/em>. El motivo de esta omisi\u00f3n fue el desacuerdo de la historiograf\u00eda staliniana con el punto de vista mantenido por Marx sobre la historia de Rusia y la po1\u00edtica exterior del absolutismo zarista. A finales de los a\u00f1os sesenta apareci\u00f3 una excelente edici\u00f3n inglesa de los ensayos de Marx: <em>Secret Diplomatic History of the Eighteenth Century<\/em>, Londres, Lawrence and Wishart, 1969 (traducci\u00f3n castellana en KARL MARX\/F. ENGELS, <em>Escritos sobre Rusia, I, Historia diplom\u00e1tica y secreta del siglo XVIII<\/em>, M\u00e9xico, Pasado. y Presente, 1980). Cf. tambi\u00e9n Maximilien Rubel, presentaci\u00f3n de Karl MARX y Friedrich ENGELS, <em>\u00c9crits sur le tsarisme et la Commume russe<\/em>, Cahiers de l&#8217;l.S.E.A., tomo III, n.\u00ba 7, julio de 1969. M\u00e1s informaci\u00f3n sobre los avatares de este texto de Marx en la URSS hay en la Introducci\u00f3n del propio Rubel a <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, Buenos Aires, Ediciones Libera, 1965. El trabajo de Rubel ha sido decisivo para la recuperaci\u00f3n de este texto de Marx.<br \/>\n2 Principalmente las cartas a la redacci\u00f3n de <em>Otiechestviennie Zapiski<\/em> [Anales patrios] (escrita por Marx a finales de 1877), y a Vera Zasulich (8-3-1881); pero tambi\u00e9n otras piezas de la correspondencia de la misma \u00e9poca.<br \/>\n3 Cartas a A. Sorge (5-11-1880) y a Jenny Longuet (11-4-1881). Cf. tambi\u00e9n los testimonios de N. A. Morozov en <em>Conversaciones con Marx y Engels<\/em> (ed. de H. M. Enzensberger), traducci\u00f3n castellana en Barcelona, Anagrama, 1974, vol. II, p\u00e1g. 473, y de G. A. Lopatin, <em>ibid<\/em>., p\u00e1g. 507.<br \/>\n4 En OME (Obras de Marx y Engels), 9, Barcelona, Cr\u00edtica, 1978, p\u00e1gs. 337-374. Se trata del pr\u00f3logo a la segunda edici\u00f3n rusa del <em>Manifiesto comunista<\/em>, fechado en Londres el 21 de enero de 1882.<br \/>\n5 Esa contraposici\u00f3n est\u00e1 ya en la carta a Engels del 13-2-1863. Es sabido, por otra parte, que la frase de Marx \u00abyo no soy marxista\u00bb fue pronunciada en el contexto del debate con \u00abmarxistas\u00bb franceses, se\u00f1aladamente con Brousse y Malon. El ensayo del historiador franc\u00e9s Jules Michelet, <em>L\u00e9gendes d\u00e9mocratiques du Nord<\/em>, que dio lugar a una sonada pol\u00e9mica con Herzen, puede verse en una reedici\u00f3n relativamente reciente: Par\u00eds, P.U.F., 1968.<br \/>\n6 Desde 1877 Marx -y tambi\u00e9n Engels- critic\u00f3 en varias ocasiones la direcci\u00f3n que estaba tomando la socialdemocracia alemana. Cf. D. McLellan, <em>Karl Marx: su vida y sus ideas<\/em>, traducci\u00f3n castellana: Barcelona, Cr\u00edtica, 1977, sobre la carta de Marx y Engels en ese sentido a Bebel y otros dirigentes socialdem\u00f3cratas alemanes (la referencia est\u00e1 en las p\u00e1ginas 502-503). Por esas mismas fechas Marx se lamentaba, en carta a A. Sorge, del \u00abesp\u00edritu corrompido que se est\u00e1 dejando sentir en nuestro partido\u00bb y de cierto \u00abcretinismo parlamentario\u00bb en el mismo. La cr\u00edtica al infantilismo anarquizante contrapuesta a la sobriedad de los miembros de <em>Narodnaia volia<\/em> est\u00e1 en la carta a Jenny Longuet del 11-3-1881. Sobre las reticencias que tanto en marxistas occidentales como orientales produjeron las ya citadas cartas de Karl Marx a la redacci\u00f3n de O.Z. y a Vera Zasulich, v\u00e9ase m\u00e1s adelante.<br \/>\n7 Sobre el punto de vista de la socialdemocracia europeo-occidental posterior a Marx en este asunto informa Bo Gustaffson, <em>Marxismo y revisionismo<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Barcelona, Grijalbo, 1975. Me he referido a las diferencias de apreciaci\u00f3n sobre el futuro de la sociedad rusa entre el \u00faltimo Marx y el joven Lenin en \u00abLa revoluci\u00f3n rusa como problema hist\u00f3rico\u00bb, <em>El Viejo Topo<\/em>, extra 2, Barcelona, 1978. Una panor\u00e1mica muy completa del debate sobre este punto en el marxismo ruso es la que proporciona BERND RABEHL, \u00abLa controversia en el interior del marxismo ruso\u00bb, ensayo incluido en la edici\u00f3n castellana citada de la <em>Historia diplom\u00e1tica y secreta del siglo XVIII<\/em>.<br \/>\n8 La rusofobia estuvo siempre latente o expl\u00edcita en la socialdemocracia alemana. De ello da testimonio el folleto de W. Liebknecht titulado \u00ab\u00bfDebe Europa convertirse en cosaca?\u00bb. Por eso mismo la obra de Rosa Luxemburg sobre los acontecimientos rusos de 1905 caus\u00f3 gran esc\u00e1ndalo. Ya en 1907 empezaron las justificaciones del imperialismo alem\u00e1n \u00abdesde un punto de vista socialista\u00bb. En los debates inmediatamente anteriores al voto a favor de los cr\u00e9ditos de guerra por parte de la socialdemocracia alemana en 1914 la rusofobia reapareci\u00f3, unida entonces a la utilizaci\u00f3n oportunista de opiniones de Marx. En el otro lado Stalin intervino personalmente para censurar la publicaci\u00f3n de un art\u00edculo escrito por Engels en 1890 sobre la pol\u00edtica exterior del zarismo. Cf. M. RUBEL, Avertissement a \u00abLa politique ext\u00e9rieur du. tsarisme\u00bb de F. Engels, en <em>\u00c9crits sur le tsarisme et la commune russe<\/em>, cit. pp. 1377-1378. Detalles sobre la infiltraci\u00f3n nacionalista en la tradici\u00f3n marxista pueden verse en H. B. DAVIS, <em>Nationalism and socialism. Marxism and labor theories of nationalism to 1917<\/em>, Nueva York, Monthly Review Press, 1967 (no comparto, sin \u00b7embargo, la conclusi\u00f3n ecl\u00e9ctica del autor).<br \/>\n9 Cf. Boars NICOLAIEVSKI, \u00abMarx und das russische Problem\u00bb, publicado inicialmente en <em>Die Geselltschaft<\/em>, 1, 4, julio de 1924 (traducci\u00f3n castellana en K. MARX\/F. ENGELS, <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, II, M\u00e9xico, Pasado y presente, 1980, pp. 9&#8211;17). Los trabajos de Riaz\u00e1nov al respecto pueden consultarse en una reciente traducci\u00f3n inglesa: <em>Karl Marx on anglo-russian relations<\/em>, cit. En castellano, y sobre este mismo tema, se puede consultar su ensayo titulado \u00abKarl Marx y el origen de la hegemon\u00eda de Rusia en Europa\u00bb, en <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, ed. cit., I, pp. 9-87, y \u00abVera Zasulich y Karl Marx\u00bb, en <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, ed. cit., II, pp. 21-27.<\/p>\n<p>En-su art\u00edculo juvenil \u00abLa revoluci\u00f3n contra <em>El Capital<\/em>\u00bb, Antonio Gramsci capt\u00f3 muy bien la complicaci\u00f3n que la cuesti\u00f3n rusa introduc\u00eda en el esquema m\u00e1s divulgado de la principal obra marxiana. Cosa tanto m\u00e1s de notar cuanto que Gramsci no tenia entonces ning\u00fan conocimiento de los textos del \u00faltimo Marx. Por otra parte, y aunque siguiendo una direcci\u00f3n en mi opini\u00f3n equivocada, Karl Korsch vio tal vez mejor que ning\u00fan otro te\u00f3rico marxista el giro que respecto de la cuesti\u00f3n rusa tom\u00f3 el pensamiento de Marx. a partir de sus relaciones con los populistas rusos.<br \/>\n10 Adem\u00e1s de la edici\u00f3n francesa de los escritos de Marx y de Engels sobre el zarismo y la comuna rusa ya citada (edici\u00f3n que fue la base para la recuperaci\u00f3n de tales escritos en Alemania (y en Italia en los a\u00f1os setenta), se puede consultar tambi\u00e9n del mismo Rubel, <em>Marx et Engels devant la r\u00e9volution russe<\/em>, Par\u00eds, Payot, 1971, as\u00ed como <em>Marx critique du marxisme<\/em>, Par\u00eds, 1974.<br \/>\n11 Hay antecedentes: H. KRAUSE, <em>Marx und Engels und das zeitgen\u00f6ssische Russland<\/em>, Marburger Abhandlungen zur Geschichte und Kultur Osteouropas, band 1, W. Schwitz Verlag, Griesse, 1958; H. Hirsch, <em>Friedrich Engels in selbstzeugnissen und Dokumenten<\/em>, Hamburgo, Rowohlt, 1968. Un programa de investigaci\u00f3n sumamente interesante en P. P. POGGIO, \u00abL&#8217;evoluzione socio-economico-politica in Russia da 1800 al 1904, en <em>Quaderni de la Fondazione Feltrinelli<\/em>, n.\u00ba 6, Mil\u00e1n, 1979 (dedicado a \u00abProblemi dell\u2019organizzazione delle fonti\u00bb). Del mismo P. P. POGGIO, <em>Comune contadina e rivoluzione in Rusia<\/em>, Mil\u00e1n, Jaca Book, 1976. En lo que sigue he utilizado igualmente documentaci\u00f3n y opiniones (no siempre compartidas) de: J. CAMATTE, <em>Comunidad y comunismo en Rusia<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Madrid, ZYX, 1975; RUDl DUTSCHKE, <em>Lenin. Tentativa de poner a Lenin sobre los pies<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Barcelona, Icaria, 1976; H. EATON, \u00abMarx and the Russians\u00bb, <em>Journal of the History of Ideas<\/em>, enero-marzo de 1980, vol. XLI, n.\u2022 1, pp, 89-111.<br \/>\n12 Un ejemplo de la persistencia del primero de los t\u00f3picos es la Introducci\u00f3n de Shlomo Avinari a <em>Karl Marx on colonialism and modernization. His despatches and other writings on China, India, M\u00e9xico, the Middle East and North Africa<\/em>. Nueva York, Doubleday, 1968. La charlataner\u00eda de los llamados \u00abnuevos fil\u00f3sofos\u00bb y otros neoliberales que pretenden empalmar absolutismo zarista, autoritarismo de Marx y totalitarismo estalinista queda al descubierto cuando se comprueba que durante toda su vida Marx fue un furibundo critico de la pol\u00edtica zarista; que en los a\u00f1os cincuenta si hay exceso en su obra es, como se ver\u00e1, precisamente el contrario del que le atribuyen los modernos antimarxistas; y que, finalmente, el Marx que aprendi\u00f3 ruso en su vejez era un combatiente contra la utilizaci\u00f3n dogm\u00e1tica y mecanicista de su propia obra. En donde se demuestra una vez m\u00e1s que el verdadero dogmatismo (aunque se llame \u00abliberal\u00bb) procede de la ignorancia.<br \/>\n13 Ejemplos de eso cada vez hay m\u00e1s en Europa occidental. Para citar uno s\u00f3lo C0RNELIUS CARTORIADIS, <em>Devant la guerre<\/em>, Par\u00eds, Fayard, 1981. Es curioso constatar que cuando remite la rusofobia tradicional alemana, con todas las implicaciones pol\u00edticas y culturales que eso puede tener para el futuro de Europa, el complejo de superioridad tienda a instalarse en Par\u00eds y lo haga en la forma de cr\u00edtica del pacifismo alem\u00e1n por subalternidad respecto del militarismo ruso. Resulta penoso, en cualquier caso, tener que contar tambi\u00e9n a Octavio Paz entre los que utilizan a un Marx, el de la d\u00e9cada de los cincuenta del siglo pasado, no s\u00f3lo en la consabida l\u00ednea rus\u00f3foba, sino incluso para atemorizar al movimiento pacifista occidental. Cf. \u00abPacifismo y nihilismo\u00bb, <em>El Pa\u00eds<\/em>, 11-8-1983, donde se hace prestar a Marx su contribuci\u00f3n p\u00f3stuma a la mierda ahist\u00f3rica reinante.<\/p>\n<p>Creo que puede hablarse con propiedad de hipocres\u00eda en este contexto, pues si en los tiempos de Michelet apenas se tenia documentaci\u00f3n sobre la Rusia oficial y la del subsuelo, hace ya algunas d\u00e9cadas que funcionan centros hist\u00f3ricos especializados en Birmingham, en Glasgow, en Londres, en Colonia, en M\u00fcnster, en Amsterdam, en Par\u00eds, en Harvard, en Roma y en otras ciudades como para seguir con las monsergas especulativas acerca de la siempre igual-esencia-del-alma-rusa-por-encima-de-los-tiempos. Como escribiera Edmund Wilson (otro, por cierto, que se decidi\u00f3 a estudiar ruso en la madurez) hace ya tiempo, el prejuicio y los clich\u00e9s siguen obstaculizando el entendimiento. Cf.<em> A window on Rusia<\/em>. Farrar, Strauss and Giroux, New York, 1972<br \/>\n14 Es de notar el inter\u00e9s que muestra la historiograf\u00eda sovi\u00e9tica reciente por la relaci\u00f3n y las influencias entre pensadores democr\u00e1ticos y socialistas rusos y europeo-occidentales durante el siglo pasado. Ese inter\u00e9s incluye una recuperaci\u00f3n de la figura de Herzen en su esfuerzo por integrar en la concepci\u00f3n propia la herencia socialista europeo-occidental. Cf. I. KOVALCHENKO y G. KUCHERENKO, \u00abEl pensamiento social progresista de Rusia y Europa occidental en el siglo XIX. Problemas de influencia rec\u00edproca\u00bb, en <em>Ciencias Sociales<\/em> 3 (41), 1980.<br \/>\n15 En la nota previa a la edici\u00f3n francesa del art\u00edculo de Engels sobre el paneslavismo democr\u00e1tico. Cf. <em>\u00c9crits<\/em>, cit., pp. 1291-1293.<br \/>\n16 Herzen vivi\u00f3 en Francia y en Italia, donde estableci\u00f3 numerosas relaciones, en 1847; en Ginebra en 1849 y en Njza en 1850. Su c\u00e9lebre ensayo <em>Rusia<\/em> fue publicado en 1849. En \u00e9l elaboraba por vez primera la idea de una transformaci\u00f3n socialista en Rusia sobre la base de la <em>obschina<\/em>. Un par de a\u00f1os antes hab\u00eda sido publicada la obra de Haxtbausen sobre la situaci\u00f3n interior, la vida popular y las particularidades de la organizaci\u00f3n agr\u00edcola en Rusia, libro prohibido -por la censura zarista y que Herzen utiliz\u00f3 en apoyo de su tesis.<br \/>\n17 OME, 5, p\u00e1g. 171.<br \/>\n18 OME, 10, pp. 172-178.<br \/>\n19 El ensayo de Engels se public\u00f3 en dos partes en la NGR, 15. y 16 de febrero de 1849. Cf. <em>\u00c9crits<\/em>, cit., p\u00e1gs. 1.293 y ss. (corresponden a MEW, 5, p\u00e1gs. 270-286). Este punto de vista de Engels ha motivado un excelente comentario cr\u00edtico de Roman Roldosky, \u00abF. Engels und das Problem des Geschichtslosen V\u00f6olker\u00bb, en <em>Archiv f\u00fcr Sozialgeschichte<\/em>, IV, 1964, p\u00e1gs, 87-282 (hay traducci\u00f3n castellana: Barcelona, Fontamara, 1982).<br \/>\n20 Ibid., p\u00e1gs. 1.295 y ss.<br \/>\n21 OME, 10, p\u00e1gs. 212-218.<br \/>\n22 OME, 10, p\u00e1gs. 72-73: \u00abS\u00f3lo la guerra contra Rusia es una guerra de la Alemania revolucionaria, una guerra en la cual puede lavar sus pecados del pasado, en la cual puede recobrarse, en la cual puede derrotar a sus propios aut\u00f3cratas, en la cual -como cuadra a un pueblo que se sacude las cadenas de una prolongada e inerte esclavitud- adquiere la propaganda de la civilizaci\u00f3n al precio del sacrificio de sus hijos, y se libera internamente al liberar al exterior.\u00bb<br \/>\n23 Cf. David McLellan, <em>Karl Marx: su vida y sus ideas<\/em>, ed. cit., p\u00e1g. 285.<br \/>\n24 Los c\u00edrculos intelectuales rusos de los a\u00f1os treinta del siglo pasado en los que destacaron Stank\u00e9vitch y Bielinski, y en los que se formaron Herzen y Ogarev, pasaron desapercibidos para la gran mayor\u00eda de los dem\u00f3cratas y socialistas europeo-occidentales. S\u00f3lo con mucha posterioridad hubo noticia de la difusi\u00f3n del socialismo fourierista a trav\u00e9s del c\u00edrculo Butachevich-Petrachevski, del que form\u00f3 parte Dostoiewski en 1845.<br \/>\n25 La negativa a encontrarse con Herzen, que vivi\u00f3 en Londres en 1852, est\u00e1 en la carta de Marx a Engels del 13-2-1855. El incidente con Bakunin en 1848, en la versi\u00f3n de este \u00faltimo, ha sido recogido por H. M. ENZENSBERGER, <em>Conversaciones con Marx y Engels<\/em>, ed. cit., vol I, p\u00e1g. 95.<br \/>\n26 Tambi\u00e9n en los acontecimientos pol\u00edticos espa\u00f1oles de esos a\u00f1os vio Marx la mano de Rusia ayudada por la \u00abingenuidad\u00bb de Palmerston. Comentando la insurrecci\u00f3n de la isla de Le\u00f3n, Marx alude al \u00abinmenso inter\u00e9s que se toma Rusia por las conmociones en la pen\u00ednsula\u00bb, y lo atribuye a su intenci\u00f3n de \u00abcrear una divisi\u00f3n en el Oeste, provocando disensiones entre Francia e Inglaterra. Cf. al respecto: K. MARX\/F. ENGELS, <em>Revoluci\u00f3n en Espa\u00f1a<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Barcelona, Ariel, 1970 (3.\u00aa ed.), p\u00e1gs. 46-47. (Se trata de un art\u00edculo aparecido en <em>New York Daily Tribune<\/em> del primero de septiembre de 1854.)<br \/>\n27 V\u00e9ase R. PAYNE en su antolog\u00eda de escritos de Marx publicada con el t\u00edtulo de <em>The unknown Karl Marx<\/em> (traducci\u00f3n castellana: <em>El desconocido Karl Marx<\/em>, Barcelona, Bruguera, 1975).<br \/>\n28 Tambi\u00e9n en R. PAYNE, <em>ibid<\/em>., p\u00e1gs. 210 y ss.: \u00abEsta es una ocasi\u00f3n apropiada para hacer justicia a m\u00edster David Urquhart, el infatigable antagonista de lord Palmerston durante veinte a\u00f1os, un aut\u00e9ntico adversario al que no se pod\u00eda intimidar ni silenciar, para el que no valieron sobornos ni halagos, mientras Palmerston lograba, con lisonjas y ofrecimientos, convertir a todos, sus restantes enemigos en seres rid\u00edculos.\u00bb<br \/>\n29 Marx a Engels (9-3-1853).<br \/>\n30 David McLellan, en obra cit., p\u00e1g. 332, califica esta opini\u00f3n de \u00abextra\u00f1a\u00bb y la pone en relaci\u00f3n con el af\u00e1n de Marx por combatir a Herzen y a Bruno Bauer.<br \/>\n31 V\u00e9ase R. PAYNE, ed. cit., pp. 134-135.<br \/>\n32 \u00abLuego de una entrevista que mantuve con \u00e9l, inst\u00f3 al se\u00f1or Tucker, de Londres, a publicar una parte de mis art\u00edculos en forma de panfleto. Este panfleto [el anti-Palmerston] fue difundido a continuaci\u00f3n en quince o veinte mil ejemplares.\u00bb En <em>Herr Vogt<\/em> (traducci\u00f3n castellana: Madrid, Zero, 1972) Marx dice que \u00ablos escritos de Urquhart sobre Rusia y contra Palmerston\u00bb le interesaron vivamente, pero no le convencieron.<br \/>\n33 OME, 40, p. 111; OME, 41, p. 141; OME, 41, p. 394; y OME, 41, p. 395. La referencia tal vez m\u00e1s cr\u00edtica a David Urquhart est\u00e1 en el cap\u00edtulo dedicado a \u00abMaquinismo y gran industria\u00bb (libro primero, volumen segundo, secci\u00f3n IV, cap\u00edtulo XIII). El contexto es el an\u00e1lisis de la gran industria aplicada a la agricultura. Al referirse al lado negativo de dicha aplicaci\u00f3n, Marx cita a Urquhart: \u00abDivid\u00eds al pueblo en dos campos hostiles, campesinos pesados y enanos reblandecidos. \u00a1Santo cielo! Una naci\u00f3n escindida en intereses agr\u00edcolas e intereses comerciales que se llama a s\u00ed misma sana, hasta se considera ilustrada y civilizada no s\u00f3lo a pesar de, sino precisamente a causa de esa separaci\u00f3n monstruosa e innatural.\u00bb Tras lo cual Marx comenta: \u00abEste paso muestra al mismo tiempo la fuerza y la debilidad de un tipo de cr\u00edtica capaz de juzgar y condenar el presente, pero no de entenderlo.\u00bb<br \/>\n34 Marx a Engels (14-5-1868: \u00ab[Maurer] fue tambi\u00e9n uno de los primeros en denunciar a los rusos, antes incluso que Urquhart.\u00bb Despu\u00e9s de la muerte de Karl Marx la opini\u00f3n de Engels sobre David Urquhart se hizo mucho m\u00e1s distante. As\u00ed, en su ensayo acerca de \u00abLa pol\u00edtica exterior del zarismo\u00bb, escrib\u00eda: \u00abUrquhart acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en algo parecido a un profeta oriental; en vez de atenerse a los hechos hist\u00f3ricos, ense\u00f1\u00f3 una doctrina secreta, esot\u00e9rica, con un lenguaje misterioso, hiperdiplom\u00e1tico, lleno de alusiones a datos que no eran s\u00f3lo desconocidos para la generalidad, sino que incluso nunca fueron aclarados del todo [&#8230;] Hombre de gran m\u00e9rito, Urquhart fue adem\u00e1s un verdadero hidalgo de la vieja escuela y, sin embargo, los diplom\u00e1ticos rusos bien podr\u00edan decir que si m\u00edster David Urquhart no hubiese existido, habr\u00eda que inventarlo\u00bb (MEW, 32, p\u00e1gs. 13-41: reproducido en <em>\u00c9crits<\/em>, cit., p\u00e1gs. 1.379-1.380).<br \/>\n35 En <em>Herr Vogt<\/em>, Marx afirma que se dedic\u00f3 a un largo an\u00e1lisis de los <em>Parliamentary Debates<\/em> de Hansard (res\u00famenes de los debates que ten\u00edan lugar en las dos c\u00e1maras inglesas) y de los <em>Blue Books<\/em> de 1807 a 1850. No deja de ser curioso, por otra parte, que el texto de la pol\u00e9mica con Vogt \u2013otra de las cosas que aplazaron el trabajo cient\u00edfico de Marx\u2013 sea probablemente el m\u00e1s autobiogr\u00e1fico de los ensayos marxianos.<br \/>\n36 V\u00e9ase en este sentido D. R. Riaz\u00e1nov, \u00abKarl Marx y el origen de la hegemon\u00eda de Rusia en Europa\u00bb, en ed. cit., p\u00e1gs. 9-16. Riaz\u00e1nov exagera al retrotraer a la \u00e9poca de la Nueva Gaceta Renana el convencimiento de Marx sobre la connivencia ruso-inglesa.<br \/>\n37 H .J. T. Palmerston hab\u00eda sido tory hasta 1830, a\u00f1o en el que se pas\u00f3 al partido whig, Fue ministro de Asuntos Exteriores de 1830 a 1834, nuevamente en 1835 hasta 1841 y, una vez m\u00e1s, desde 1846 a 1851. Al a\u00f1o siguiente pas\u00f3 a dirigir el ministerio del Interior, cargo que ocup\u00f3 hasta 1855. Finalmente fue primer ministro de 1855 a 1858 y, otra vez, de 1859 a 1865.<br \/>\n38 El comienzo del reinado de Alejandro II (1855), el final de la guerra de Crimea y el tratado de paz de Par\u00eds (1856) neutralizando el mar Negro para todos los barcos de guerra se\u00f1alan una nueva fase de la historia de Rusia, marcada por las medidas liberalizadoras cuya causa \u00faltima fue el esfuerzo econ\u00f3mico y militar que Rusia tuvo que realizar durante la guerra. As\u00ed lo reconocer\u00eda tambi\u00e9n el propio Marx algunos a\u00f1os despu\u00e9s. Es verdad, por tanto, que el bloqueo econ\u00f3mico brit\u00e1nico sobre Rusia durante la guerra de Crimea no dio los resultados esperados por el gabinete Palmerston (restauraci\u00f3n de Polonia, devoluci\u00f3n de Finlandia a Suecia y de Georgia y Crimea a Turqu\u00eda), pero tuvo importantes consecuencias en un plazo m\u00e1s amplio.<br \/>\n39 <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, I, cit., p\u00e1g. 148.<br \/>\n40 <em>Ibid<\/em>.<br \/>\n41 En \u00abKarl Marx y el origen de la hegemon\u00eda en Europa\u00bb, ed. cit., p\u00e1g. 43. Riaz\u00e1nov encuentra diferencias notables entre las opiniones de Marx y las de Engels sobre Rusia, e incluso ve en alg\u00fan p\u00e1rrafo de <em>Herr Vogt<\/em> una pol\u00e9mica indirecta contra Engels. Cf., ed. cit., p\u00e1g. 82. No he podido estudiar ese punto. Es seguro, en cambio, que a finales de la d\u00e9cada de los setenta hubo diferencias de criterio entre Marx y Engels sobre Rusia. Sobre el comienzo de la crisis del absolutismo en Rusia v\u00e9ase P. ANDERSON, <em>El estado absolutista<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Madrid, Siglo XXI, 1979, pp. 335-369.<br \/>\n42 Herzen public\u00f3 su ensayo en franc\u00e9s, residiendo en Niza, en 1850. Su c\u00e9lebre carta a Jules Michelet, \u00abEl pueblo ruso y el socialismo\u00bb, fue publicada, tambi\u00e9n en franc\u00e9s, en 1852. Ambos textos se pueden leer ahora en castellano, Madrid, Siglo XXI, 1979 (con una excelente introducci\u00f3n de F. Venturi).<br \/>\n43 Marx a Lassalle (15-9-1860), en MEW, XXX, 547. Cf. tambi\u00e9n M. RUBEL, <em>Cr\u00f3nica de Marx<\/em>, traducci\u00f3n castellana, Barcelona, Anagrama, 1972. En esta correspondencia Marx se ve obligado a una precisi\u00f3n: despu\u00e9s de manifestar a Lassalle que es evidente que en Alemania se odia a Rusia, a\u00f1ade que \u00abodiar y comprender son dos cosas muy distintas\u00bb y que su opini\u00f3n sobre Rusia no es mero odio sino \u00abfruto de largos a\u00f1os de estudio de la diplomacia rusa\u00bb.<br \/>\n44 Ch. Dana a Marx (8-3-1860), en MEW, XIV, 679.<br \/>\n45 Recogido en H. M. ENZENSBERGER, <em>Conversaciones<\/em>, cit., I, p\u00e1gs. 234-235.<br \/>\n46 Ibid., p\u00e1gs. 236-237.<br \/>\n47 <em>NYDT<\/em>, 7-4-1853, y <em>NYDT<\/em>, 19-4-1853. Cf. <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, Buenos Aires, Ediciones Libera, 1965, p\u00e1g;. 131 y ss.<br \/>\n48 \u00abNo se trata, por tanto, de si Inglaterra ten\u00eda o no derecho a conquistar la India, sino de si preferimos una India conquistada por los turcos, los persas o los rusos a una India conquistada por los brit\u00e1nicos\u00bb, en <em>NYDT<\/em>, 8-8-1853: K. Marx\/F. Engels, <em>Acerca del colonialismo<\/em>, Editorial Progreso, s\/f, p\u00e1g. 48. Se trata del art\u00edculo titulado \u00abFuturos resultados de la dominaci\u00f3n brit\u00e1nica en la India\u00bb.<br \/>\n49 As\u00ed, por ejemplo: \u00abEl detener los planes de anexi\u00f3n rusos es algo de la mayor importancia. Aqu\u00ed van de la mano los intereses de la democracia revolucionar\u00eda y de Inglaterra. Ninguna de las dos puede dejar al zar que convierta Constantinopla en una de las capitales de Rusia\u00bb, en <em>NYDT<\/em>, 12-3-1853.<br \/>\n50 En \u00abLa dominaci\u00f3n brit\u00e1nica en la India\u00bb (<em>NYDT<\/em>, 11-7-1853) Marx consideraba los aspectos destructivos y civilizatorios de la colonizaci\u00f3n inglesa afirmando que \u00abla miseria ocasionada por la dominaci\u00f3n brit\u00e1nica\u00bb hab\u00eda sido infinitamente m\u00e1s intensa que todas las calamidades experimentadas hasta entonces en aquel pa\u00eds\u00bb. Pese a lo cual no cre\u00eda que hubiera que lamentar la desaparici\u00f3n de las comunidades rurales all\u00ed. Su conclusi\u00f3n era esta: \u00abDe lo que se trata es de saber si la humanidad puede cumplir su misi\u00f3n sin una revoluci\u00f3n a fondo en el estado social de Asia. Si no puede, entonces, y a pesar de todos sus cr\u00edmenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la. historia para realizar dicha revoluci\u00f3n\u00bb. Cf. K. MARX\/F. ENGELS, <em>Acerca del colonialismo<\/em>, cit., p\u00e1gs. 18-26. Cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, al volver a valorar la tensi\u00f3n entre la misi\u00f3n destructiva del industrialismo ingl\u00e9s y sus aspectos civilizadores de culturas materiales y productores de miseria moral, Marx conclu\u00eda: \u00abAqu\u00ed no hemos dado sino un breve cap\u00edtulo, muy suavizado, de la historia real de la dominaci\u00f3n brit\u00e1nica en la India. En presencia de tales hechos, las personas imparciales y razonables podr\u00e1n, tal vez, verse inducidas a preguntar si no tiene raz\u00f3n un pueblo para intentar expulsar a los conquistadores extranjeros que han cometido tales abusos con sus s\u00fabditos\u00bb (<em>NYDT<\/em>, 28-8-1857), en <em>Acerca del colonialismo<\/em>, cit., p\u00e1g. 76.<br \/>\n51 <em>NYDT<\/em>, 12-4-1853.<br \/>\n52 Cf. \u00abInvestigaci\u00f3n de las torturas de la India\u00bb, en <em>Acerca del colonialismo<\/em>, cit., p\u00e1gs. 71-76. Ya en 1853 hab\u00eda captado Marx el m\u00e1s negro de los rasgos del colonialismo: \u00abLa profunda hipocres\u00eda y la barbarie propias de la civilizaci\u00f3n burguesa se presentan desnudas ante nuestros ojos cuando, en lugar de observar esa civilizaci\u00f3n en su casa, donde adopta formas honorables, la contemplamos en las colonias, donde se nos ofrece sin ning\u00fan embozo\u00bb (<em>NYDT<\/em>, 8-8-1853). Pero entonces Marx consideraba eso s\u00f3lo como el lado malo del periodo burgu\u00e9s de la historia que estaba llamado \u00aba sentar las bases materiales de un nuevo mundo\u00bb (<em>ibid<\/em>.). La evoluci\u00f3n del pensamiento de Marx a trav\u00e9s de sus art\u00edculos en <em>New York Daily Tribune<\/em> presenta la dificultad de que muchos de ellos fueron recortados por el editor. Cf. sobre esto <em>\u00c9tudes de marxologie<\/em>, 4, Cahiers de l&#8217;I.S.E.A., enero de 1961. p\u00e1g. 156.<br \/>\n53 \u00abEl rasgo peculiar de la pol\u00edtica rusa es la identidad tradicional no s\u00f3lo de sus objetivos, sino de la forma de dedicarse a ellos. No hay hecho en relaci\u00f3n con la actual cuesti\u00f3n oriental que no resulte una cita de otras p\u00e1ginas de la historia\u00bb (<em>NYDT<\/em>, 12-8-1853), en <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, ed. cit., p\u00e1gs. 176-178.<br \/>\n54 <em>NYDT<\/em>, 14-6-1853: \u00abLo que obtuvo Rusia durante los \u00faltimos sesenta a\u00f1os equivale en extensi\u00f3n e importancia al imperio que ya antes ten\u00eda en Europa\u00bb.<br \/>\n55 <em>NYDT<\/em>, 9-6-1853.<br \/>\n56 <em>NYDT<\/em>, 11-6-1854.<br \/>\n57 <em>Ibid<\/em>.: \u00abEl ej\u00e9rcito ruso, con su enorme cantidad de soldados y sus enjambres de oficiales, no puede producir jefes para reemplazar a Paskevicht y a Gortschakof cuando los dos tienen m\u00e1s de setenta a\u00f1os y Luders, el m\u00e1s joven, ha pasado ya de los sesenta\u00bb<br \/>\n58 <em>NYDT<\/em>, 12-8-1853. Cf. tambi\u00e9n <em>NYDT<\/em>, 24-9-1853, en <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, cit., pp. 185-186.<br \/>\n59 <em>NYDT<\/em>, 5-3-1853. Una argumentaci\u00f3n parecida hay al final del art\u00edculo publicado en <em>NYDT<\/em> el 2 de febrero de 1854.<br \/>\n60 <em>NYDT<\/em>, 5-8-1853; <em>NYDT<\/em>, 30-12-1853, y <em>NYDT<\/em>, 2-2-1854.<br \/>\n61 Cf. <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, I, cit., p\u00e1g. 270. Se trata de un art\u00edculo publicado el 20 de agosto de 1855. Un an\u00e1lisis estrat\u00e9gico del desarrollo de la guerra hay en <em>NYDT<\/em>, 1-1-1855. En esas fechas Marx era muy cr\u00edtico respecto de la conducci\u00f3n de la guerra por parte del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s. Pensaba, en cambio, que \u00abAustria y Prusia unidas son capaces -si consideramos solamente las posibilidades militares- de obligar a Rusia a una paz vergonzosa\u00bb.<br \/>\n62 <em>NYDT<\/em>, 27-4-1855, en <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, cit., pp. 198-199. No obstante, en el momento de hacer la anterior consideraci\u00f3n, Marx segu\u00eda pensando, de todas formas, que la coincidencia entre los comienzos de la crisis comercial y una guerra que ten\u00eda ya dimensiones europeas -conducida, adem\u00e1s, en su opini\u00f3n, por cabezas ineptas- permitir\u00edan recuperar al proletariado la posici\u00f3n que perdi\u00f3 en 1848.<br \/>\n63 Notable en este sentido es el art\u00edculo de <em>NYDT<\/em>, 24-10-1854: \u00abEste contraste entre la Rusia religiosa y Francia e Inglaterra laicas merece un examen profundo y prolijo que no podemos hacer ahora porque nuestro objeto es simplemente llamar la atenci\u00f3n sobre unos hechos que son grandes y nuevos\u00bb. Al parecer, Marx no volvi\u00f3 sobre el tema.<br \/>\n64 El alcance de tal afirmaci\u00f3n no tiene por qu\u00e9 exagerarse. La falta de historia se refiere propiamente a la sociedad civil. Los mismos literatos rusos de la \u00e9poca ironizaban sobre ese punto. Por lo dem\u00e1s, v\u00e9ase A. HERZEN, <em>El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia<\/em>, ed. cit., p\u00e1g. 60: \u00abLa historia de los eslavos es pobre. A excepci\u00f3n de Polonia, pertenecen m\u00e1s a la geograf\u00eda que a la historia\u00bb.<br \/>\n65 La queja de Herzen, en carta a Jules Michelet: \u00abMe parece que se ocupan demasiado de la Rusia oficial, de la Rusia del zar, y muy poco de la Rusia del pueblo, de la Rusia sagrada [&#8230;] Para m\u00ed hay algo tr\u00e1gico en esa distracci\u00f3n senil con que el viejo mundo confunde todas las nociones concernientes a su antagonista\u00bb. Cf. \u00abEl pueblo ruso y el socialismo\u00bb, en <em>El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia<\/em>, ed. cit., p\u00e1gs. 220-226. Marx ley\u00f3 el texto de Herzen puesto que cita alguna frase textual del mismo en la mencionada carta a Engels de 1855. Sobre los sarcasmos de Dostoiewski, v\u00e9ase <em>Diario de un escritor<\/em>, en Obras Completas (ed. Vergara), VIII, p. 44 y ss.<br \/>\n66 MEW, XXX, 334. Un contrapunto sarc\u00e1stico sobre el comienzo de la \u00abhistoria interior rusa\u00bb, en F. M. Dostoiewski, <em>Diario de un escritor<\/em>, en Obras, ed. castellana citada, vol. VIII, p. 65. Dostoiewski recuerda la celebrada broma de L\u00e9rrnontov comparando a Rusia con lli\u00e0 M\u00faromets, h\u00e9roe de leyenda que permaneci\u00f3 treinta a\u00f1os cruzado de brazos hasta que de pronto se puso en marcha.<br \/>\n67 Sobre la relaci\u00f3n del grupo de A. Herzen -entonces establecido en Londres- y la resistencia antiabsolutista en el interior de Rusia informa FRANCO VENTURI, <em>El populismo ruso<\/em>, vol. I, trad. castellana, Alianza, Madrid, pp. 221 ss. La influencia de Herzen fue muy notable en la d\u00e9cada de los sesenta.<br \/>\n68 En carta dirigida a Proudhon en 1860 Herzen escrib\u00eda: \u00abNuestra aristocracia son t\u00e1rtaros ascendidos al rango de alemanes\u00bb. Esa misma idea estaba ya en <em>El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia<\/em>: ,\u00abEl poder imperial del zar pertenece al pasado (&#8230;) No es ruso sino profundamente alem\u00e1n; alem\u00e1n bizantinizado. Dos nombres para la muerte (ed. cit:, p. 63). Una interesante discusi\u00f3n sobre el \u00abtartarismo\u00bb ruso en relaci\u00f3n con el t\u00f3pico europeo-occidental hay en D. Chizhevski, <em>Historia del esp\u00edritu ruso<\/em>, trad. castellana, Alianza, Madrid, 1967, vol, 2, pp. 14 ss.<br \/>\n69 MEW, XXIX, 359. El paso de Marx contin\u00faa con una alusi\u00f3n a los \u00abcuentos de hadas\u00bb inventados por Haxthausen sobre la comuna rural rusa. No parece, sin embargo, que en esa fecha Marx hubiera le\u00eddo todav\u00eda la obra de Haxthausen. En cualquier caso, entonces pensaba que la <em>obschina<\/em> era una creaci\u00f3n literaria de aqu\u00e9l, recogida luego por los eslav\u00f3filos y por Herzen. En opini\u00f3n de Marx, los acontecimientos rusos estaban probando el error de tales idealizaciones. Marx revisarla este punto en la d\u00e9cada de los setenta.<br \/>\n70 Cf. al respecto M. RUBEL, <em>Cr\u00f3nica de Marx (Datos sobre su vida y su obra),<\/em> trad. castellana: Anagrama, Barcelona, 1972, p. 70. La carta de Marx a Engels lleva la fecha 22-X-1858.<br \/>\n71 <em>NYDT<\/em>, 17-IX-1857 (\u00abInvestigaci\u00f3n de las torturas en la India\u00bb), y <em>NYDT<\/em>, 31-VIII-1858 (\u00abEl comercio del opio\u00bb), en K. MARX y F. ENGELS, <em>Acerca del colonialismo<\/em>, ed. cit. En esos art\u00edculos se acent\u00faa la denuncia del car\u00e1cter destructivo de la llamada misi\u00f3n civilizadora inglesa en Oriente y se defiende la raz\u00f3n hist\u00f3rica de pueblos que \u00abintentan expulsar a los conquistadores europeos que han cometido tales abusos con sus s\u00fabditos\u00bb.<br \/>\n72 <em>NYDT<\/em>, 19-X-1858. Reproducido en K. MARX y F. ENGELS, <em>\u00c9crits sur le tsarisme et la commune ruse<\/em>, ed. de M. Rubel cit., pp. 1315-1318.<br \/>\n73 Leon T\u00f3lstoi nos ha dejado un testimonio de primera mano sobre la orientaciones de la nobleza rusa por esas fechas; en una carta dirigida a V. P. Botkin, publicista liberal que estuvo vinculado a Herzen, escrib\u00eda: \u00abHasta ahora [1858] una cosa ha quedado de manifiesto. La nobleza presiente que no tiene m\u00e1s prerrogativas que el r\u00e9gimen de servidumbre, raz\u00f3n por la cual se aferra encarnizadamente al <em>status quo<\/em>. El noventa por ciento de los nobles son enemigos de la emancipaci\u00f3n. Pero en ese noventa por ciento hay actitudes distintas: los hay que, confusos e irritados, no saben a qu\u00e9 atenerse; otros odian hasta la idea misma de la emancipaci\u00f3n; otros, los m\u00e1s, se muestran tercos pero sumisos\u00bb. C.f. K. LOMUNOV, \u00abLeon T\u00f3lstoi y el movimiento revolucionario ruso\u00bb, en AAVV, <em>L.T. y la contemporaneidad<\/em>, Academia de Ciencias de la URSS, Mosc\u00fa, 1980. La desconfianza de T\u00f3lstoi tanto en lo que se refiere al papel de la nobleza como a la orientaci\u00f3n del gobierno est\u00e1 ya documentada en 1856. V\u00e9ase al respecto LEON T\u00d3LSTOI, <em>Cartas<\/em>, trad. castellana, Bruguera, Barcelona, 1984, pp. 21-22.<br \/>\n74 Marx insistir\u00eda en la cr\u00edtica de este punto de vista ingenuo en pol\u00e9mica con Karl Vogt (MEW, XIV, 497-500). Detalles sobre las ilusiones suscitadas en el mundo rural por el anuncio de las medidas emancipadoras, en F. VENTURI, obra citada, vol. 1, pp. 353 ss.<br \/>\n75 La posici\u00f3n de Herzen \u2013compartida en 1858 por muchos dem\u00f3cratas rusos\u2013 puede resumirse as\u00ed: lo esencial era lograr la emancipaci\u00f3n de los siervos independientemente de que esto se hiciera por arriba, por voluntad del zar, o por ahajo; de ah\u00ed que concluyera en <em>Kolokol<\/em> que \u00absobre los medios no tenemos nada que objetar\u00bb. El punto de vista de Chernichevski apareci\u00f3 en el segundo n\u00famero de <em>Sovremennik<\/em>. Suele considerarse, sin embargo, que poco despu\u00e9s se produce un giro en el pensamiento de Chemichevski que le aleja de Herzen y, m\u00e1s en general, de la euforia liberal sobre las medidas emancipadoras. Cf. sobre esto l. PATlN, <em>El pensamiento socialista en Rusia<\/em>, Progreso, Mosc\u00fa, 1979, pp. 62 ss.<br \/>\n76 En F. VENTURI, obra citada, vol. I, p. 316. Venturi valora el viaje de Chernichevski a Londres en 1859 como una manifestaci\u00f3n clara de las diferencias con Herzen. Al parecer, dicho viaje estuvo motivado por la impresi\u00f3n negativa que al grupo de <em>Sovremennik<\/em> le caus\u00f3 la postura liberal de <em>Kolokol<\/em> por esas fechas. A su regreso a Rusia, Chernichevski habr\u00eda comentado a Dobroli\u00fabol que \u00abHerzen era un Kavelin al cuadrado\u00bb, expresi\u00f3n inequ\u00edvoca si se tiene en cuenta que Kavelin era entonces el principal exponente de la corriente liberal de Petersburgo. Aunque no est\u00e1 probada la atribuci\u00f3n directa a Chernichevski de la carta citada en el texto, parece clara la influencia de \u00e9ste en su redacci\u00f3n. Ecos de la discrepancia entre Herzen y Chernichevski pueden encontrarse en el movimiento populista ruso de la d\u00e9cada siguiente.<br \/>\n77 Hay otro aspecto que ya entonces diferenciaba a Chernichevski tanto de los liberales como de los eslav\u00f3filos y que sin duda habr\u00eda de atraer la simpat\u00eda de Marx, a saber: la cr\u00edtica de las exageraciones patri\u00f3ticas sobre el destino de Rusia y, como consecuencia, su percepci\u00f3n desapasionada y en absoluto particularista de la relaci\u00f3n entre Rusia y Europa occidental. Chernichevski no cre\u00eda que la misi\u00f3n de la vieja Rusia fuera precisamente vivificar \u00abla moribunda Europa\u00bb. Es m\u00e1s, ridiculiz\u00f3 con acritud tales pretensiones y lleg\u00f3 a escribir pol\u00e9micamente que \u00abEuropa no tiene nada que aprender de nosotros\u00bb.<br \/>\n78 <em>NYDT<\/em>, 17-1-1859. Cf. <em>\u00c9crits<\/em>, cit. p. 1.321.<br \/>\n79 Ibid. La comparaci\u00f3n entre el zar Alejandro II y el papa P\u00edo IX est\u00e1 tambi\u00e9n en <em>Herr Vogt<\/em> (MEW, XIV, p. 498): \u00abEl \u00abbenevolente\u00bb zar ha descubierto que una verdadera emancipaci\u00f3n de los siervos es incompatible con la autocracia al igual que el benevolente papa P\u00edo IX descubri\u00f3 que la liberaci\u00f3n de Italia era incompatible con las condiciones de existencia del Papado\u00bb.<br \/>\n80 <em>NYDT<\/em>, 31-VIII-1858. Cf. K. MARX y F. ENGELS, <em>Acerca del colonialismo<\/em>, ed. cit., p. 105. La exclamaci\u00f3n final parece apuntar a una anterior referencia a Goethe y supone una reconsideraci\u00f3n del olimpismo te\u00f1ido de etnocentrismo. Expresiones as\u00ed, junto con la descripci\u00f3n de las atrocidades de la acumulaci\u00f3n primitiva y 1a cr\u00edtica al car\u00e1cter formal de la democracia pol\u00edtica burguesa, contribuyeron al acercamiento de los primeros populistas a Marx. Este punto ha sido suficientemente argumentado por A. Walicki, <em>The controversy over capitalism. Studies in the social philosophy of the russian populist<\/em>, University Press, Oxford, 1969.<br \/>\n81 Sobre este punto v\u00e9ase PIERRE LEON, <em>Historia econ\u00f3mica y social del mundo<\/em>, vol. 4 (<em>La dominaci\u00f3n del capitalismo, 1840-1914<\/em>), trad. castellana: Encuentro, Madrid, 1978.<br \/>\n82 En 1860 Marx no ten\u00eda a\u00fan datos sobre los comienzos de la industrializaci\u00f3n en Rusia. Este tema se ha discutido luego prolijamente. W. L. BLACKWELL, <em>The beginnings of Russian industrialisation (1800-1860)<\/em>, Princeton, 1968, considera las d\u00e9cadas inmediatamente anteriores a 1860 como per\u00edodo preparatorio de la industrializaci\u00f3n. M. E. FALKUS, <em>The industrialisation of Russia (1700-1914)<\/em>, Londres, 1972, afirma que las f\u00e1bricas privadas que empleaban mano de obra asalariada en 1860 se hab\u00edan convertido en elemento significativo de la estructura industrial rusa. Existe acuerdo en reconocer que el n\u00famero de obreros asalariados aument\u00f3 de forma considerable entre 1830 y 1860, alcanzando la cifra de 565.000 en esta \u00faltima fecha. Se trata, en cualquier caso, de un proletariado industrial de creaci\u00f3n reciente muy vinculado a\u00fan a las tradiciones campesinas. Para hacerse una idea de lo que esta cifra pod\u00eda representar en los a\u00f1os inmediatamente anteriores a la reforma hay que recordar que el censo ruso de 1857\u2013-conocido por Marx\u2013 revelaba la existencia de casi 24 millones de siervos sin contar los directamente dependientes de la Corona.<br \/>\n83 M. SACRIST\u00c1N Luz\u00f3n, \u00abKarl Marx como soci\u00f3logo de la ciencia\u00bb, <em>mientras tanto<\/em>, 16-17, Barcelona (agosto-noviembre de 1983), p. 29.<br \/>\n84 <em>NYDT<\/em>, 17-1-1859: \u00ab\u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n los campesinos sobre un per\u00edodo de prueba de doce a\u00f1os en el que tendr\u00e1n que hacer frente a duras prestaciones y al final del cual habr\u00e1n de pasar a una situaci\u00f3n que el actual gobierno no se atreve a describir en detalle?\u00bb.<br \/>\n85 <em>Ibid<\/em>. En ese contexto Marx recuerda que las sublevaciones de los siervos contra los amos eran una constante en Rusia al menos desde 1812 y que las rebeliones se hab\u00edan multiplicado desde la guerra de Crimea. Todo lo cual le hace suponer que el descontento ir\u00eda en aumento despu\u00e9s de la Reforma.<br \/>\n86 <em>NYDT<\/em>, 17-1-1859. Cf. K. MARX y F. ENGELS, <em>\u00c9crits<\/em> (ed. M. Rubel, cit.), pp. 1.327-1.328.<br \/>\n87 V\u00e9ase, por ejemplo, la carta escrita a Lassalle el 15 de septiembre de 1860: \u00abEs evidente que en Alemania se odia a Rusia [&#8230;] Pero odiar y comprender son dos cosas muy distintas\u00bb. Marx a\u00f1ade all\u00ed que su posici\u00f3n sobre Rusia no es mera continuaci\u00f3n del odio de la \u00e9poca de <em>Nueva Gaceta Renana<\/em>, sino \u00abfruto de largos a\u00f1os de estudio de la diplomacia rusa\u00bb.<br \/>\n88 MEW, XIV, 497.<br \/>\n89 Cf. F. VENTURI, <em>El populismo ruso<\/em>, vol. 1, ed. cit., pp. 282 ss., 407 ss. y 434 ss. Sobre la extensi\u00f3n de la represi\u00f3n en los medios intelectuales es interesante el testimonio de L. T\u00f3lstoi en cartas a A. T. Tolstaia y al zar Alejandro II. V\u00e9aselas en L. T\u00d3LSTOI, <em>Cartas<\/em>, ed. citada, pp. 73-74 y 77-78.<br \/>\n90 K. Marx a F. Engels (13-II-1863). En esa fecha Marx intentaba redactar un manifiesto sobre Polonia, pero aquejado por la enfermedad no lleg\u00f3 a darle forma.<br \/>\n91 Cartas a F. Engels (7-VI-1864) y a L. Philips (25-VI-1864). De esos meses es tambi\u00e9n el <em>Memorial<\/em> dirigido a Lincoln en nombre del Consejo General de la AIT para felicitarle por su elecci\u00f3n como presidente de los Estados Unidos. Marx escribi\u00f3 en \u00e9l: \u00abDesde el comienzo de aquella lucha gigantesca de Am\u00e9rica, los trabajadores de Europa han comprendido instintivamente que la bandera estrellada llevaba los destinos de su clase\u00bb.<br \/>\n92 El discurso de K. Marx est\u00e1 publicado \u2013con una nota introductoria de M. Rubel\u2013 en <em>Cahiers d&#8217;ISEA<\/em>, n.\u00ba. 109 (enero de 1961), pp. 79 ss. Rubel \u2013discutiendo con otras interpretaciones\u2013 fecha el discurso en enero de 1867. Una traducci\u00f3n francesa del original ingl\u00e9s del mismo hay en K. MARX y F. ENGELS, <em>\u00c9crits sur le tsarisme et la commune russe<\/em>, cit., pp. 1.329 ss.<br \/>\n93 La misma argumentaci\u00f3n aparece en las cartas que Engels envi\u00f3 al director de la revista brit\u00e1nica <em>Commonwealth<\/em> y que fueron publicadas entre marzo y abril de 1866. Cf. al respecto <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, Libera, Buenos Aires, 1965, pp. 106-115: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienen que ver con Polonia las clases trabajadoras?\u00bb. Engels adelanta ah\u00ed una afirmaci\u00f3n que ayuda a comprender mejor el cambio de talante de Marx en los a\u00f1os siguientes: \u00abCuando las clases trabajadoras de Rusia (si en ese pa\u00eds existe una cosa as\u00ed, en el sentido en que lo entendemos en Europa occidental) establezcan un programa pol\u00edtico y en ese programa est\u00e9 la liberaci\u00f3n de Polonia, entonces, y s\u00f3lo entonces, Rusia como naci\u00f3n quedar\u00e1 tambi\u00e9n para su escena y s\u00f3lo el gobierno del zar ser\u00e1 acusado\u00bb.<br \/>\n94 Reproducido en <em>\u00c9crits<\/em>, ed. cit., pp. 1422-1423. El punto de vista de Marx lleva impl\u00edcito no s\u00f3lo la desconfianza respecto de los gobiernos franc\u00e9s, ingl\u00e9s y prusiano de la \u00e9poca en lo tocante a la cuesti\u00f3n polaca, sino tambi\u00e9n el desprecio por lo que \u00e9l consideraba como rusofilia de los proudhonianos. La misma idea en Engels, \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienen que ver con Polonia las clases trabajadoras?\u00bb, en <em>Marx y Engels contra Rusia<\/em>, ed. cit., pp. 106-107.<br \/>\n95 Cf. D. McLellan, <em>Karl Marx: su vida y sus ideas<\/em>, trad. castellana citada, p. 417.<br \/>\n96 K. Marx a F. Engels (23-X-1867).<br \/>\n97 Los miembros de la primera <em>Zemlia i volia<\/em> eran conscientes de la inmadurez del movimiento revolucionario en Rusia; por eso en sus relaciones con los rebeldes polacos tend\u00edan a considerar que si los polacos se adelantaban, ellos no podr\u00edan hacer otra cosa que orientar a la opini\u00f3n p\u00fablica rusa en favor de Polonia. Franco Venturi, en obra citada, vol. 1. pp. 466-467, reproduce algunas de las cl\u00e1usulas del acuerdo al que los revolucionarios polacos y rusos llegaron inmediatamente antes de 1863. El punto principal del mismo \u2013formalismos aparte\u2013 era fomentar la participaci\u00f3n de los militares rusos residentes en Varsovia en el caso de que estallara la insurrecci\u00f3n antizarista. Cuando \u00e9sta estall\u00f3 los grupos revolucionarios rusos hicieron lo posible por apoyarla, aunque no sin reticencias, Las detenciones y deportaciones fueron muy numerosas en esos a\u00f1os.<br \/>\n98 K. Marx a F. Engels (2-XI-1867).<br \/>\n99 N. I. Sazonov a K. Marx (10-V-1860): \u00abSu \u00e9xito es inmenso entre la gente que piensa aqu\u00ed. Si le interesa saber la repercusi\u00f3n que sus doctrinas encuentran en Rusia le dir\u00e9 que a principios de este a\u00f1o el profesor I. K. Babst ha dado en Mosc\u00fa un curso p\u00fablico de econom\u00eda pol\u00edtica cuya primera lecci\u00f3n no ha sido otra cosa que la par\u00e1frasis de su reciente publicaci\u00f3n\u00bb. Cf. M. Rubel, <em>Cr\u00f3nica de Marx,<\/em> ed. cit. Por otra parte, y todav\u00eda antes de la publicaci\u00f3n de <em>El Capital<\/em> en ruso. P.N. Tkachev (con el que luego polemizar\u00eda Engels) hizo una utilizaci\u00f3n de <em>Zur Kritik<\/em> desde una perspectiva revolucionaria que oscilaba del economicismo m\u00e1s crudo al voluntarismo. Cf. al respecto A. WALICKI, <em>Populismo y marxismo en Rusia<\/em>, trad. castellana: Estela, Barcelona, 1971, pp. 104-105.<br \/>\n100 K. Marx a L. Kugelmann (12-X-1868).<br \/>\n101 K. Marx a F. Engels (14-III-1868 y 25-III-1868). Cf. tambi\u00e9n L. KRADER, \u00abEvoluci\u00f3n, revoluci\u00f3n y Estado: Marx y el pensamiento etnol\u00f3gico\u00bb, en <em>Historia del marxismo<\/em>, vol 2, Bruguera, Barcelona, 1980, p. 130.<br \/>\n102 K. Marx a F. Engels (2-VII-1868). Pavel Fedorovich Lilienfeld, terrateniente de origen alem\u00e1n, hab\u00eda sido gobernador de San Petersburgo.<br \/>\n103 K. Marx a L. Kugelmann (29-Xl-1869): \u00abAdem\u00e1s tengo que trabajar el ruso. Me han enviado desde San Petersburgo un libro sobre la situaci\u00f3n de la clase obrera en Rusia, etc.\u00bb. Cf tambi\u00e9n la carta que Marx dirigi\u00f3 a S. Meyer el 21-1-1871, en la que comunica su intenci\u00f3n de leer a Chernichevski.<br \/>\n104 K. Marx a S. Meyer (21-I-1871).<br \/>\n105 K. Marx a Engels (10-II-1870).<br \/>\n106 Ibid. En una nueva carta dirigida a Engels dos d\u00edas despu\u00e9s, Marx insist\u00eda: \u00abEste valiente ruso ense\u00f1a a sus compatriotas la forma de cambiar en su contrario el odio reciproco que alimentan todas esas razas\u00bb. Luego de lo cual a\u00f1ade otro de los motivos de su inter\u00e9s: \u00abSu libro muestra irrefutablemente que la situaci\u00f3n actual en Rusia se ha hecho inmantenible, que la emancipaci\u00f3n de los siervos ha acelerado el proceso de disoluci\u00f3n y que es inminente una espantosa revoluci\u00f3n. En todo esto se reconoce la base real del nihilismo infantil actualmente en boga entre los estudiantes rusos\u00bb.<br \/>\n107 K. Marx a F. Engels (14-IV-1870). Por alg\u00fan tiempo Marx pens\u00f3 que las pruebas de la traducci\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em> hab\u00edan sido destruidas por orden del censor. Se trata seguramente de un malentendido debido a la confusi\u00f3n con otra publicaci\u00f3n en la que se citaban extensos pasos de su libro. V\u00e9ase al respecto la carta de S. Meyer citada m\u00e1s arriba.<br \/>\n108 Sobre la figura de V. V. Bervi (Flerovskj), v\u00e9ase l. PATIN, <em>El pensamiento socialista en Rusia<\/em>, cit., pp. 172-186. Muy ilustrativas son las p\u00e1ginas que le\u00b7 dedica Franco Venturi en <em>El populismo ruso<\/em>, cit, vol. 2, pp. 756&#8211; 760 y 768-769.<br \/>\n109 <em>Otechestvennie Zapiski<\/em> y <em>Nedelia<\/em> formularon serios reparos al cuadro pintado por Flerovski. Cf. I. PATIN, obra citada, p. 174 y 186. El editor de <em>La situaci\u00f3n de la clase obrera en. Rusia<\/em> fue N. P. Poliakov, el mismo que publicada poco despu\u00e9s la traducci\u00f3n rusa de <em>El Capital<\/em>.<br \/>\n110 MEW, XVI, 407. Cf. <em>\u00c9crits<\/em>, cit., p. 1427.<br \/>\n111 N. I. Utin a K. Marx (12-III-1870). Sobre la relaci\u00f3n de Marx con los rusos de Ginebra informa D. Mc LELLAN, \u00abMarxist or populist? The Russian section of the First International\u00bb, en <em>\u00c9tudes de Marxologie<\/em>, 8 (1964). A\u00f1os antes, N. l. Utin hab\u00eda estado vinculado al grupo de <em>Kolokol<\/em>. Cf. tambi\u00e9n H. EATON, \u00abMarx and the Russians\u00bb, <em>Journal of the History of Ideas<\/em>, vol. XLI, n.\u00ba 1 (enero-marzo de 1980), p. 95.<br \/>\n112 A. Serno-Solovievich hab\u00eda polemizado agriamente con el grupo de <em>Kolokol<\/em> en marzo de 1867 en un art\u00edculo titulado \u00abAsuntos de nuestra casa\u00bb en el que contrapon\u00eda las figuras de Herzen y Chernichevski. En 1868 choc\u00f3 con la tendencia bakuninista, lo cual le impuls\u00f3 a escribir a Marx desde Ginebra. Probablemente \u00e9sa fue la primera noticia que Marx tuvo de la discrepancia de los revolucionarios rusos de la nueva generaci\u00f3n respecto de las orientaciones de Herzen y Ogar\u00ebv. En cualquier caso, unos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1872, Marx recordar\u00eda \u00abLos asuntos de nuestra casa\u00bb de Serna para criticar al \u00absocialista aficionado\u00bb Herzen. Cf. K. MARX y F. ENGELS, <em>Scritti italiani<\/em>, ed. de G. Bossio, Mil\u00e1n-Roma, 1956. Detalles sobre la interesante evoluci\u00f3n de A. Serno-Soloviev\u00edch hay en F. VENTURI, obra citada, vol. I, pp. 472 ss.<br \/>\n113 MEW, XVI, 407 ss. Se trata de la respuesta del Consejo General de la AIT a los miembros del Comit\u00e9 de la secci\u00f3n rusa de Ginebra. La respuesta ha sido reproducida por M. Rubel en su edici\u00f3n de los <em>\u00c9crits<\/em>, cit., pp. 1426-1427.<br \/>\n114 En el primer manifiesto sobre la guerra franco-prusiana K. Marx escrib\u00eda: \u00abAl fondo de esta lucha suicida se alza la siniestra figura de Rusia. Es un mal presagio que la se\u00f1al para el desencadenamiento de esta guerra se haya dado cuando el gobierno ruso acababa de terminar sus l\u00edneas estrat\u00e9gicas de ferrocarril y estaba ya concentrando tropas en direcci\u00f3n al Prut. Por muchas que sean las simpat\u00edas que los alemanes puedan despertar justamente en una guerra defensiva contra la agresi\u00f3n bonapartista, las perder\u00e1n de golpe si permiten que el gobierno prusiano pida o acepte la ayuda de los cosacos\u00bb. Cf. K. MARX, <em>La guerra civil en Francia<\/em>, trad. castellana, ECP, Barcelona, 1968, p. 40.<br \/>\n115 Ibid., p. 51. En el mismo contexto, la denuncia del \u00able\u00f3n rugiente del patriotismo alem\u00e1n\u00bb como actitud subalterna respecto de la Rusia zarista: \u00abEstos patriotas alemanes que fingen indignarse a la vista de las fortificaciones francesas de Metz y Estrasburgo no ven ning\u00fan mal en la vasta red de fortificaciones moscovitas de Varsovia, Modlin e Ivangorod. Se les extrav\u00edan los ojos ante los horrores de una invasi\u00f3n bonapartista, pero los cierran ante la ignominia de una tutela de la autocracia zarista\u00bb.<br \/>\n116 Se ha discutido mucho acerca del sentido omniabarcador con que a veces se emplea el t\u00e9rmino \u00abpopulismo\u00bb para designar al conjunto del movimiento revolucionario ruso del \u00faltimo tercio del siglo XIX. En tal sentido siguen siendo pertinentes las precisiones de A. WALICKI en el cap\u00edtulo primero de <em>The controversy over Capitalism (Studies in the social philosophy of the Russian populists)<\/em>, Oxford University Press, 1969. Interesantes tambi\u00e9n las consideraciones de M. I. Gefter en su pr\u00f3logo a V. E. TVARDOVSKAIA, <em>El populismo ruso<\/em>, trad. castellana: Siglo XXI, M\u00e9xico, 1978; y la Introducci\u00f3n de F. Venturi a la segunda edici\u00f3n de su libro sobre el populismo varias veces citado.<br \/>\n117 Detalles sobre las personalidades rusas que se relacionaron con Marx en H. Eaton, \u00abMarx and tbe Russian\u00bb, cit., pp. 89-111. Sobre la distinci\u00f3n marxiana entre \u00abamigos pol\u00edticos\u00bb y \u00abamigos cient\u00edficos\u00bb hay que ver el testimonio de Kovalevski en H. M. ENZENSBERGER, ed., Conversaciones con Marx y Engels, vol. 2, Anagrama, Barcelona, 1974. Sobre las sospechas de Marx aporta noticias V. N. Smirnov, ibid., p. 427.<br \/>\n118 El recuerdo de Hyndmann ha sido recogido tambi\u00e9n por H. M. Enzensberger en obra citada, vol. 2, p. 454. Se sabe que en 1877 Marx entabl\u00f3 amistad en Karlsbad con el historiador del juda\u00edsmo H. Graetz. Cf. M. Rubel, <em>Cr\u00f3nica de Marx<\/em>, ed. cit., p. 147. Detalles sobre el antisemitismo al final de la \u00e9poca de Alejandro II en C. S. INGERFLOM, \u00abId\u00e9ologie r\u00e9volutionaire et mentalit\u00e9 antis\u00e9mite: les socialistas russes face aux progroms de 1881-1883&#8243;, <em>Annales<\/em>, 9.37, n.\u00ba. 3 (mayo-junio de 1982).<br \/>\n119 Lopatin inform\u00f3 a Marx sobre Chernichevski en junio de 1870. De Lopatin dice Venturi que \u00aben su antiliteraria sequedad\u00bb fue una de las figuras m\u00e1s interesantes de todo el populismo ruso. \u00c9ste es, con todo, uno de los casos en que el t\u00e9rmino \u00abpopulismo\u00bb resulta demasiado abarcador. Sobre la opini\u00f3n que Marx ten\u00eda de Lopatin v\u00e9ase la carta de aqu\u00e9l a Lavrov (11-2-1875); en el mismo sentido el testimonio de J. P. Richter, en H. M. ENZENSBERGER, ed., obra citada, vol. 2, p. 414.<br \/>\n120 N. G. CHERNICHEVSKI, <em>Selected Philosophical Essays<\/em>, Ediciones en lenguas extranjeras, Mosc\u00fa, 1953. Para los rasgos del pensamiento de Chernichevski aqu\u00ed aducidos: A. WALICKI, <em>Populismo y marxismo en Rusia<\/em>, ed. citada, p. 16 ss.; \u00edd., \u00abHegel Feuerbach and the Russian \u00abphilosophical left\u00bb\u00bb, en <em>Annali Feltrinelli<\/em>, Mil\u00e1n, a\u00f1o VI (1963); I. PANTIN, \u00abChernichevski fundador del socialismo en Rusia\u00bb, en <em>El pensamiento socialista en Rusia<\/em>, cit., pp. 29-82 tambi\u00e9n el cap\u00edtulo que le dedica F. Venturi en <em>El populismo ruso<\/em>, vol. 1, ed. citada.<br \/>\n121 Por lo que hace a Chernichevski la quiebra del \u00aboptimismo\u00bb de los a\u00f1os cincuenta, basada en una idealizaci\u00f3n de la comuna rural rusa, parece haber sido muy radical. Walicki cita una carta, escrita ya desde el exilio siberiano, en la que Chernichevski escrib\u00eda: \u00abEstoy harto de todo esto [&#8230;] Me producen n\u00e1useas los campesinos y la propiedad campesina de la tierra\u00bb\u00b7. Pero lo que Marx conoci\u00f3 de Chernichevski es anterior a 1862.<br \/>\n122 OME-40, 14. El <em>Esbozo de la econom\u00eda pol\u00edtica seg\u00fan Mill<\/em> parece haber sido la primera obra de Chernichevski conocida por Marx.<br \/>\n123 K. Marx a N. F. Danielson (12-XII-1872): \u00abDeseo publicar algo sobre la vida de Chern., sobre su personalidad, para despertar la simpat\u00eda hacia \u00e9l en Occidente\u00bb. K. Marx a N. F. Danielson (1813-1873): \u00abDepende por completo de usted el que yo pueda abordar el aspecto cient\u00edfico de su [de Chemichevski] actividad o tambi\u00e9n el otro aspecto. En el segundo volumen de mi obra naturalmente s\u00f3lo figurar\u00e1 como economista\u00bb.<br \/>\n124 Sobre esto v\u00e9ase M. RUBEL, \u00abKarl Marx et la Premi\u00e8re Internationale. Una chronologie\u00bb, en <em>Cahiers de I.S.E.A<\/em>., n.\u00ba 8 (agosto de 1964), pp. 6-82. El mismo Rubel proporciona datos de inter\u00e9s en \u00abLa charte de la Premi\u00e8re Internationale. Essai sur le \u00abmarxisme\u00bb dans l&#8217;Association Intemationale des Travailleurs\u00bb, en <em>Marx critique du marxisme<\/em>, ed. cit., pp. 25-41.<br \/>\n125 La correspondencia con Danielson muestra que Marx se interes\u00f3 mucho por la vinculaci\u00f3n de Nachaev a Bakunin en 1871 con motivo del juicio del primero, acusado del asesinato del estudiante Ivanov. En varias ocasiones desde esa fecha hasta 1877 Marx critic\u00f3 tanto los m\u00e9todos como la ignorancia de algunos de los estudiantes rusos. Cf. K. Marx a F. Engels (l8-VII-1877). Polemizando tambi\u00e9n con lo que cre\u00eda bakuninismo ruso el tono de Engels era a\u00fan m\u00e1s duro en 1870. Cf. F. Engels a K. Marx (29-IV-1870): \u00abSl algo puede arruinar el movimiento europeo-occidental, ese algo es la importaci\u00f3n de estos 40.000 \u00abnihilistas\u00bb rusos cultivados, ambiciosos y hambrientos, todos ellos aspirantes a oficiales sin ej\u00e9rcito\u00bb. Sobre la personalidad de Nechaev y su relaci\u00f3n con el movimiento estudiantil en Rusia, as\u00ed como sobre el sentido del nihilismo ruso de la \u00e9poca informa F. VENTURI, <em>El populismo ruso<\/em>, vol. 2, ed. cit., pp. 583-628. Sugerentes a este respecto son tambi\u00e9n las consideraciones de F. M. Dostoievski, en su <em>Diario de un escritor<\/em>, al comentar el material preparatorio para su novela inspirada en el asunto Nechaev, <em>Demonios<\/em>. La tesis de Dostoievski se resume as\u00ed: el nihilismo es la herencia del liberalismo desencantado.<br \/>\n126 Trataremos este punto con detalle en la tercera parte del presente ensayo [NE: que no lleg\u00f3 a publicarse]<br \/>\n127 Entre otros se han tenido en cuenta los siguientes pasos: K. Marx al comit\u00e9 del partido socialdem\u00f3crata alem\u00e1n (5-IX-1870), carta recogida por M. Rubel en <em>Cr\u00f3nica de Marx<\/em>, ed. cit., pp. 124-125; K. Marx a F. Fleckles (21-1-1877), en MEW, XXXIV, 243; K. Marx a F. A. Sorge (27-IX-1877), reproducida en <em>\u00c9crits sur le tsarisme<\/em>, cit., p. 1368; K. Marx a W. A. Freund (primavera de 1878), en MEW, XXXIV, 245; K. Marx a W. Liebknecht (4-11-1878), en MEW, XXXIV, 317-318; borradores de la carta de K. Marx a V. Zasulich (8-III-1881), en <em>Escritos sobre Rusia<\/em>, 2: <em>El porvenir de la comuna rural rusa<\/em>, Cuadernos de Pasado y Presente, M\u00e9xico, 1980; K. Marx a J. Longuet (ll-IV-1881), en MEW, XXXV, 178 y en <em>\u00c9crits sur le tsarisme<\/em>, cit., 1430; pr\u00f3logo a la segunda edici\u00f3n rusa del <em>Manifiesto<\/em>, en OME 9, 337.<br \/>\n128 \u00abLa guerra entre Alemania y Rusia emancipar\u00e1 a Europa de la dictadura\u00b7 moscovita, har\u00e1 que Rusia sea absorbida por Alemania, permitir\u00e1 al continente occidental desarrollarse pac\u00edficamente y desencadenar\u00e1 la revoluci\u00f3n rusa.\u00bb<br \/>\n129 K. Marx a F. A. Sorge (27-IX-1877): \u00abEsta crisis es un nuevo giro en la historia europea. Rusia [&#8230;] est\u00e1 desde hace tiempo a las puertas de una conmoci\u00f3n; todas las condiciones est\u00e1n dadas para ello. Los valientes turcos han acelerado en varios a\u00f1os la explosi\u00f3n [ &#8230; ] Todas las capas de la sociedad rusa se hallan en plena descomposici\u00f3n econ\u00f3mica, moral e intelectualmente\u00bb.<br \/>\n130 M. RUBEL, <em>Cr\u00f3nica de Marx<\/em>, ed. cit., p. 146.<br \/>\n131 MEW, XVIII, 633. El paso es de 1873. La misma argumentaci\u00f3n aparece en la respuesta que en 1875 dio Engels a P. N. Tkatchov. Algunos autores tienden a contraponer ciertos pasos de este escrito de Engels al punto de vista del viejo Marx sobre Rusia, se\u00f1aladamente en lo relativo a la estimaci\u00f3n de la vitalidad de la comuna rural rusa y, por implicaci\u00f3n, al contenido de la revoluci\u00f3n rusa. Creo que esa opini\u00f3n es exagerada. Pero el asunto exige un estudio comparativo que tenga sobre todo en cuenta las fechas de cada una de las declaraciones de Marx y de Engels. Mientras tanto se puede a\u00f1adir que este escrito de Engels (a quien Marx recomend\u00f3 para la ocasi\u00f3n \u00abmano izquierda\u00bb) mejora las anteriores exposiciones de Marx en algunos puntos. Por ejemplo, no se deja coger en la discusi\u00f3n meramente verbal sobre la \u00abrevoluci\u00f3n social\u00bb rusa (\u00abLa \u00fanica cuesti\u00f3n que aqu\u00ed se plantea es \u00e9sta: cu\u00e1l ser\u00e1 el resultado de esta revoluci\u00f3n. Tkatchov dice que ser\u00e1 una revoluci\u00f3n social. Lo cual es pura tautolog\u00eda, pues toda revoluci\u00f3n es una revoluci\u00f3n social desde el momento en que conduce a una nueva clase al poder y permite a esta clase transformar la sociedad a su imagen. Lo que Tkatchov quiere decir es que esta revoluci\u00f3n ser\u00e1 socialista\u00bb); es m\u00e1s sistem\u00e1tico que anteriores declaraciones de Marx sobre las condiciones de la revoluci\u00f3n rusa; y m\u00e1s prudente al abordar el tema de la relaci\u00f3n entre guerra y revoluci\u00f3n rusa, pues, por una parte, no considera estrictamente necesaria la guerra de Alemania contra Rusia para hacer caer el Imperio de los zares (\u00abhay en su interior elementos que trabajan con fuerza en la ruina del mismo\u00bb) y, por otra, no descarta la hip\u00f3tesis de que una guerra ganada por el zarismo (contra Turqu\u00eda o contra Austria) tuviera el efecto contrario, esto es, retrasar el comienzo de la revoluci\u00f3n en Rusia. Cf. <em>\u00c9crits sur le tsarisme<\/em>, cit., pp. 1335- 1342. Volveremos sobre el texto de Engels al ocuparnos del estudio marxiano de la comuna rural rusa.<br \/>\n132 Todav\u00eda en vida de Marx, Engels hubo de desplegar todas sus dotes de polemista para aclarar las dudas de Bernstein y de Kautsky, entre otros. V\u00e9ase, por ejemplo, F. Engels a E. Bernstein (22-II-1882) y F. Engels a K. Kautsky (7-II-1882), en AAVV, <em>Les marxistes et la question nationale<\/em>, Maspero Par\u00eds, 1974, pp. 101-109. En sus \u00faltimos a\u00f1os el propio Marx abandon\u00f3 la idea de la conexi\u00f3n necesaria entre guerra europea y revoluci\u00f3n rusa. Eso al menos es lo que parece seguirse de una carta escrita a Danielson el 19 de septiembre de 1880: \u00abEspero que no habr\u00e1 una guerra general en Europa. Pues aunque esta guerra no pudiera detener el desarrollo social o, por mejor decir, econ\u00f3mico, en sus efectos \u00faltimos -al contrario: podr\u00eda intensificado-, llevarla consigo, durante un periodo m\u00e1s o menos largo y con toda seguridad, un in\u00fatil agotamiento de las fuerzas\u00bb. Este cambio de opini\u00f3n explicar\u00eda el hecho de que ni en los borradores de la carta a Vera Zasulich (1881) ni en el pr\u00f3logo a la edici\u00f3n rusa del Manifiesto (1882) se haga referencia a la guerra en relaci\u00f3n con el futuro de la revoluci\u00f3n rusa. \u00b7<br \/>\n133 Terminada la guerra ruso-turca, Engels -que, como se ha dicho, era ya bastante cauto en el tema de la conexi\u00f3n necesaria entre la guerra de Alemania contra Rusia y la revoluci\u00f3n rusa- escribi\u00f3: \u00abSer\u00eda buena cosa que los acontecimientos de Rusia llegaran r\u00e1pidamente a la crisis y se eliminara, con una revoluci\u00f3n interna all\u00ed, la perspectiva de guerra. Pues la situaci\u00f3n se est\u00e1 haciendo muy favorable a Bismarck. Una guerra simult\u00e1nea contra Rusia y Francia se convertir\u00eda en una lucha por la existencia nacional que inflamar\u00eda las pasiones nacionalistas, con lo que nuestro movimiento se arruinar\u00eda durante a\u00f1os\u00bb (F. Engels a K. Marx, 9-IX-1879).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 25 de agosto de 2022 se cumplieron diez a\u00f1os del fallecimiento de Francisco Fern\u00e1ndez Buey. Se organizaron diversos actos<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":13964,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1948,17,1544,1814],"tags":[],"class_list":["post-13962","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-francisco-fernandez-buey","category-historia","category-karl-marx","category-rusia"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13962","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13962"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13962\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/13964"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13962"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13962"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/espai-marx.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13962"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}